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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Jerarquía, división competencial en relación con los tratados internacionales en derecho mexicano]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">La pr&aacute;ctica internacional mexicana</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jerarqu&iacute;a, divisi&oacute;n competencial en relaci&oacute;n con los tratados internacionales en derecho mexicano<a href="#notas">*</a></b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Ram&oacute;n Coss&iacute;o D&iacute;az**</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n.</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">SUMARIO:     <br>  I. <i>Sobre el concepto de "orden jur&iacute;dico nacional" y las caracter&iacute;sticas de las normas que lo integran.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </i>II. <i>Sobre la relaci&oacute;n jer&aacute;rquica entre las "leyes generales" y los tratados internacionales.    <br>   </i>III. <i>Conclusi&oacute;n.    <br>   </i>IV. <i>Anexos.</i></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente voto desarrollar&aacute; las razones por las cuales vot&eacute; en contra de los argumentos y conclusiones a las que lleg&oacute; la mayor&iacute;a en relaci&oacute;n con la determinaci&oacute;n de la jerarqu&iacute;a de los tratados internacionales en nuestro orden jur&iacute;dico interno. Estas razones son complejas y de varios niveles, por lo que intentar&eacute; ordenarlas met&oacute;dicamente para facilitar su exposici&oacute;n y comprensi&oacute;n. En primer t&eacute;rmino, las razones en contra de la existencia de un "orden jur&iacute;dico nacional" que comprende a la Constituci&oacute;n y a otras normas del orden jur&iacute;dico mexicano como la expresi&oacute;n de la "ley suprema de la uni&oacute;n"; en este caso existen razones, tanto jur&iacute;dico&#150;te&oacute;ricas, de historia de la dogm&aacute;tica jur&iacute;dica y de derecho positivo, que me llevan a no compartir la resoluci&oacute;n de la mayor&iacute;a y que me parece, adem&aacute;s, hacen inconsistente la posici&oacute;n de la mayor&iacute;a en relaci&oacute;n con el desarrollo jurisprudencial de este tribunal en la novena &eacute;poca respecto al concepto de &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales y las relaciones de jerarqu&iacute;a y distribuci&oacute;n competencial. En segundo t&eacute;rmino, las razones en contra de la jerarqu&iacute;a de los tratados en relaci&oacute;n con las dem&aacute;s normas dentro de este supuesto "orden jur&iacute;dico nacional", la supremac&iacute;a de los tratados frente a las "leyes generales". Estas razones utilizadas para fijar la jerarqu&iacute;a de normas de derecho interno se refieren b&aacute;sicamente al hecho que nos encontremos en un "mundo globalizado" y a la existencia de ciertos principios en el derecho internacional. Dentro de esta misma l&iacute;nea de justificaci&oacute;n, nos muestran una lista descriptiva de derecho comparado que no es exhaustiva, ni explicita los par&aacute;metros para la selecci&oacute;n de ordenamientos jur&iacute;dicos a comparar, pero que, aun haci&eacute;ndolo, no nos permitir&iacute;a en sentido alguno llegar a las conclusiones que se pretenden, como lo veremos m&aacute;s adelante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. SOBRE EL CONCEPTO DE "ORDEN JUR&Iacute;DICO NACIONAL" Y LAS CARACTER&Iacute;STICAS DE LAS NORMAS QUE LO INTEGRAN</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posici&oacute;n de la mayor&iacute;a en la resoluci&oacute;n considera que de la mera lectura del art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n federal se advierte: "con claridad que fue intenci&oacute;n del Constituyente establecer un conjunto de disposiciones de observancia general que, en la medida en que se encuentran apegadas a lo previsto en la Constituci&oacute;n general de la Rep&uacute;blica, constituyen la ley suprema de la Uni&oacute;n". La mayor&iacute;a considera, entonces, que lo que hay que determinar para resolver el problema de la jerarqu&iacute;a de normas en el derecho mexicano es aquello que significa esta "ley suprema" y cu&aacute;les son las normas que la integran, en particular, en lo que se refiere a las leyes del congreso de la uni&oacute;n que emanan de la constituci&oacute;n federal. De este modo, las leyes del congreso de la uni&oacute;n a las que se refiere el art&iacute;culo 133 analizado, establece la mayor&iacute;a, no pueden ser las leyes federales, ya que las mismas se encuentran sujetas a la distribuci&oacute;n competencial establecida entre la Federaci&oacute;n y los estados por el art&iacute;culo 124 de la Constituci&oacute;n, y estas normas que integran la supuesta "ley suprema de la Uni&oacute;n" deben incidir no solamente en el &aacute;mbito federal, sino que "v&aacute;lidamente pueden incidir en todos los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales que integran al Estado mexicano". Estas normas las denominan "leyes generales", y existen, afirma la mayor&iacute;a, desde el texto original de la Constituci&oacute;n de 1917, aunque es ahora cuando se utilizan con mayor intensidad. En estos casos, el constituyente o el &oacute;rgano de reforma de la Constituci&oacute;n, seg&uacute;n sea el caso, <i>renunciaron expresamente </i>a su potestad distribuidora de las competencias estatales, estableci&eacute;ndose esta renuncia como una excepci&oacute;n al art&iacute;culo 124 constitucional. Esta categor&iacute;a de leyes tiene, entonces, dos notas materiales necesarias para su identificaci&oacute;n: a) No respetan la divisi&oacute;n competencial establecida en la Constituci&oacute;n entre &aacute;mbitos federal y local, y b) Se ha renunciado a la facultad constitucional de distribuci&oacute;n de competencias para que la ejercite el legislador ordinario; el ejemplo elegido por la mayor&iacute;a deriva de algunas de las tesis emitidas en una controversia constitucional, la 29/2000 en materia de educaci&oacute;n, en particular a los par&aacute;metros que debe de sujetarse el Distrito Federal y los estados en la materia.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A) Sobre esta posici&oacute;n de la mayor&iacute;a tengo una primera objeci&oacute;n de car&aacute;cter te&oacute;rico, que se refiere a la posibilidad de existencia de un "orden jur&iacute;dico nacional" derivado "con claridad" de la interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n federal. Hay que aclarar que la teor&iacute;a de los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales que se encuentran en los estados federales no es novedosa, y la podemos encontrar en la teor&iacute;a del derecho m&aacute;s autorizada desde principios del siglo XX. Esta teor&iacute;a nos lleva a entender que existen al menos dos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales que no se encuentran en una relaci&oacute;n de jerarqu&iacute;a, entre ellos, sino en una distribuci&oacute;n de competencias establecida por otra norma. Estos &oacute;rdenes no se encuentran en una relaci&oacute;n de jerarqu&iacute;a ya que uno de ellos no contiene las normas que establecen los criterios de validez o existencia de las normas que pertenecen al otro; esto es, en ninguno de ellos se establecen los procedimientos de creaci&oacute;n de las normas del otro orden jur&iacute;dico parcial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la mayor&iacute;a de los casos esta distribuci&oacute;n se encuentra en un orden distinto, en el orden constitucional. Sin embargo, que la distribuci&oacute;n de competencias se encuentre en un ordenamiento distinto no hace a este ordenamiento de manera directa un ordenamiento de jerarqu&iacute;a superior; lo que determina la jerarqu&iacute;a, insisto, es el establecimiento del procedimiento de creaci&oacute;n de normas en cada uno de los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales. El orden constitucional es jer&aacute;rquicamente superior al federal, ya que en el mismo se establecen los procedimientos, &oacute;rganos y contenidos para la creaci&oacute;n de normas federales, no porque se establezca el principio de distribuci&oacute;n competencial del art&iacute;culo 124. En este sentido, la Constituci&oacute;n puede perfectamente realizar una delegaci&oacute;n a una norma de grado inferior para la determinaci&oacute;n de las competencias entre el orden jur&iacute;dico federal y los locales, y esto en ning&uacute;n momento crea un orden jur&iacute;dico distinto de aqu&eacute;l al que las competencias se refieren, ni le concede a las normas que establecen la distribuci&oacute;n competencial una jerarqu&iacute;a superior a aquellas en las que se crean en estos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales. Esta "renuncia expresa" de competencias que identifica la mayor&iacute;a, es una mera delegaci&oacute;n al legislador ordinario para que establezca en normas federales la distribuci&oacute;n de lo que le compete a cada uno de los &oacute;rdenes parciales del ordenamiento jur&iacute;dico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto puede resultar m&aacute;s claro si comparamos otros ordenamientos jur&iacute;dicos de car&aacute;cter federal como el estadounidense, en donde la relaci&oacute;n entre orden jur&iacute;dico federal y estatal no es una relaci&oacute;n de divisi&oacute;n competencial estricta, como en el caso del sistema mexicano, sino que desde su establecimiento se previ&oacute; una prevalencia <i>(preemption) </i>de las normas federales frente a los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos locales; esta es, adem&aacute;s, la raz&oacute;n por la cual nuestro art&iacute;culo 133 tiene la redacci&oacute;n que ahora analizamos, no es porque el r&eacute;gimen federal originario del que tomamos la disposici&oacute;n haya establecido "con claridad" un orden parcial superior a los &oacute;rdenes local y estatales, sino que se hac&iacute;a &eacute;nfasis en que las normas emitidas por el legislador federal eran normas de aplicaci&oacute;n general sobre todo el territorio, independientemente de lo establecido por las normas estatales, estableciendo as&iacute; la prevalencia de la legislaci&oacute;n federal en el sistema estadounidense. La genealog&iacute;a de la expresi&oacute;n <i>supreme law of the land </i>no obedece al establecimiento de un orden jur&iacute;dico parcial con normas jer&aacute;rquicamente superiores, sino una norma que recog&iacute;a el concepto de Estado de derecho y que establec&iacute;a las medidas para el mantenimiento del pacto federal originario de los estados que conformaron la Uni&oacute;n Americana.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B) En segundo lugar, en lo que se refiere a la historia de la dogm&aacute;tica jur&iacute;dica nacional, si bien es cierto, como se afirma en la resoluci&oacute;n, que en algunos textos constitucionales hist&oacute;ricos existe menci&oacute;n de la existencia de "leyes generales", en ning&uacute;n momento queda claro que sean solamente estas leyes las jer&aacute;rquicamente superiores frente al resto de la legislaci&oacute;n federal y de la legislaci&oacute;n local. Para los tratadistas del siglo XIX, que escriben bajo la vigencia de la Constituci&oacute;n de 1957, es claro que tanto las normas federales como los tratados son inferiores a la Constituci&oacute;n, pero en ning&uacute;n momento manejan o establecen un doble concepto de leyes generales por un lado y leyes federales por el otro.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Ya en el siglo XX, los tratadistas dominantes abandonan de manera expresa y por completo la posibilidad de adopci&oacute;n de una relaci&oacute;n prevalente de la legislaci&oacute;n federal frente a la legislaci&oacute;n local, para entender que ambas se encuentran en un mismo nivel jer&aacute;rquico teniendo cada una su materia propia, transformando la mencionada relaci&oacute;n de prevalencia en un problema de aplicaci&oacute;n directa de la Constituci&oacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya en el siglo XX, algunos autores pretenden establecer un concepto dual de las normas emitidas por el Poder Legislativo, sin embargo, esta dualidad proviene de una matriz te&oacute;rica diversa y tiene consecuencias que en nada se asemejan a lo que la mayor&iacute;a ha determinado en la resoluci&oacute;n que ahora analizamos. Estos autores se fundamentan en el t&eacute;rmino que "emanen" de la Constituci&oacute;n contenido en el art&iacute;culo 133, generando una dualidad entre las leyes materialmente "emanadas" de la Constituci&oacute;n y un concepto de ley que s&oacute;lo formalmente emana, pero que no constituye el "cuerpo y alma de la ley fundamental", esto es que si bien formalmente siguen el mismo procedimiento formal de creaci&oacute;n, materialmente "son normas que hacen expl&iacute;cito el sentido pleno de los textos constitucionales, son, por decirlo as&iacute;, la Constituci&oacute;n misma, fuerza viva que se desarrolla siguiendo sus leyes internas para explicar a los hombres todo lo que es, pero sin salirse nunca ni de su cuerpo ni de su alma, sin transformarse en lo que no es". Para estos autores dichas normas, sobra decirlo, son derecho constitucional de manera directa.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Finalmente, est&aacute; el grupo de autores que han sostenido la existencia de un tercer orden distinto a los &oacute;rdenes federal y locales, &eacute;stos han entendido que ese tercer orden competencial se refiere solamente a la Constituci&oacute;n o, de un modo mucho mas refinado te&oacute;ricamente, que solamente contiene ciertas funciones que se refieren a la Constituci&oacute;n misma, pero en ning&uacute;n caso estos autores consideran la existencia de un orden intermedio entre el orden constitucional y los &oacute;rdenes federal y locales.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La l&iacute;nea de desarrollo jurisprudencial que ha adoptado la Suprema Corte de Justicia en la novena &eacute;poca, en relaci&oacute;n con los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales, pareciera seguir elementos semejantes a las &uacute;ltimas teor&iacute;as mencionadas; esta l&iacute;nea jurisprudencial, sin embargo, se ha hecho m&aacute;s compleja en el transcurso del tiempo y con relaci&oacute;n a problemas concretos que se han presentado en las distintas v&iacute;as de control constitucional competencia de este Tribunal.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Esta l&iacute;nea interpretativa desarrolla de forma progresiva los distintos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos que componen el Estado mexicano y ha consolidado las reformas constitucionales relativas a la formaci&oacute;n de nuevos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales. En este sentido, resulta curioso que si un orden jur&iacute;dico de la magnitud del supuesto "orden nacional" se encontraba establecido "con claridad" por el Constituyente y encontraba sus or&iacute;genes desde antes de la Constituci&oacute;n de 1857, no existiera menci&oacute;n alguna del pretendido "orden nacional" en ninguna de las tesis relevantes de esta l&iacute;nea de desarrollo interpretativo. Lo que nos parece es que la Suprema Corte ha establecido una l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n que sistematiza y se adecua a los elementos positivos y constitucionales del orden jur&iacute;dico mexicano, y que en ning&uacute;n momento contempla la existencia de este "orden nacional". La incorporaci&oacute;n de este orden es, adem&aacute;s, completamente inadecuada y equivoca con relaci&oacute;n no a las teor&iacute;as, sino a consideraciones de derecho positivo, como enseguida mostrar&eacute;. Lo m&aacute;s grave, es que parece que este "orden nacional" surge hasta el momento que se presenta la necesidad de contar con la existencia de un ordenamiento superior al federal y los locales y, de este modo, justificar la superior jerarqu&iacute;a de los tratados internacionales en el ordenamiento jur&iacute;dico mexicano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C) Finalmente, para terminar con la primera parte de este voto, me referir&eacute; al concepto que maneja la resoluci&oacute;n de leyes generales como leyes que no respetan la divisi&oacute;n competencial entre Federaci&oacute;n y estados. En este sentido, el concepto elaborado por la mayor&iacute;a es totalmente novedoso, las normas generales a las que se refieren en el texto de la resoluci&oacute;n que existen desde el siglo XIX, o que encontramos en el texto original de la Constituci&oacute;n de 1917, en ning&uacute;n momento corresponde con el significado que se le pretende asignar. En el ordenamiento jur&iacute;dico mexicano encontramos una gran cantidad de "leyes generales" que no se ajustan a las notas materiales de identificaci&oacute;n establecidas en la resoluci&oacute;n, sino que son materias eminentemente federales, como ejemplo podemos mencionar: la Ley General de Deuda P&uacute;blica, la Ley General de Instituciones y Sociedades Mutualistas de Seguros, la Ley General de las Personas con Discapacidad, Ley General de Organizaciones y Actividades Auxiliares de Cr&eacute;dito, la Ley General de Sociedades Mercantiles, Ley General de Medios de Impugnaci&oacute;n en Materia Electoral, Ley General de Sociedades Cooperativas, Ley de T&iacute;tulos y Operaciones de Cr&eacute;dito, entre otras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto podr&iacute;a ser simplemente un error en la nomenclatura de las leyes, y no negamos la existencia de leyes emitidas por el legislador que s&iacute; establecen la concurrencia entre Federaci&oacute;n, estados y municipios. Sin embargo, si analizamos con m&aacute;s cuidado el concepto de leyes que establecen la concurrencia entre la Federaci&oacute;n, estados y municipios, encontraremos que este tipo de leyes claramente no existe desde el texto original de la Constituci&oacute;n de 1917, mucho menos desde la Constituci&oacute;n de 1857. La primera ley que se emite mediante competencia delegada en la Constituci&oacute;n para la determinaci&oacute;n de esta concurrencia, es la Ley de Educaci&oacute;n que, mediante reforma de diciembre de 1934, establece la distribuci&oacute;n de la funci&oacute;n social educativa entre Federaci&oacute;n, estados y municipios.<sup><a href="#notas">8</a></sup> La segunda delegaci&oacute;n a la Federaci&oacute;n de la competencia para establecer la concurrencia entre Federaci&oacute;n, estados y municipios fue en materia de asentamientos humanos; para esto, sin embargo, pasan casi 40 a&ntilde;os desde la competencia en materia de educaci&oacute;n, adicion&aacute;ndose la fracci&oacute;n XXIX&#150;C al art&iacute;culo 73, mediante reforma publicada el 6 de febrero de 1976. Posteriormente, encontraremos las delegaciones en materia de salud; en materia de equilibrio ecol&oacute;gico y de la protecci&oacute;n al ambiente y en materia de acuacultura.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Finalmente, no desconozco la existencia de otras leyes generales que se refieren a facultades concurrentes entre Federaci&oacute;n, estados y municipios, como la Ley General de Protecci&oacute;n Civil o la Ley General de Bases de Coordinaci&oacute;n del Sistema Nacional de Seguridad P&uacute;blica; sin embargo, estas leyes no distribuyen la facultad entre los distintos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos parciales, sino solamente establecen sistemas de coordinaci&oacute;n sobre las facultades constitucionalmente concurrentes de los distintos &oacute;rdenes que componen el sistema constitucional mexicano. Estas leyes tampoco se ajustan a la definici&oacute;n utilizada en la resoluci&oacute;n a la que se refiere el presente voto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. SOBRE LA RELACI&Oacute;N JER&Aacute;RQUICA ENTRE LAS "LEYES GENERALES" Y LOS TRATADOS INTERNACIONALES</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte de la resoluci&oacute;n, se expresan las razones por las cuales se considera que los tratados internacionales son superiores no solamente a todas aquellas normas que no constituyen esta "ley suprema de la Uni&oacute;n", sino tambi&eacute;n a las mismas leyes generales con las que comparten el supuesto "orden nacional" que hemos analizado en la primera parte. En resumen, la mayor&iacute;a utiliza argumentos de tres tipos: A) De interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los "principios o gu&iacute;as" contenidos en la Constituci&oacute;n que permiten al Estado mexicano "insertarse" en el contexto internacional; B) De ciertos principios de derecho internacional, desde los cuales se pretende establecer la jerarqu&iacute;a de derecho interno, utilizando b&aacute;sicamente la Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados y, C) De derecho comparado, elaborando una lista descriptiva de la situaci&oacute;n que guardan los tratados internacionales en otros sistemas jur&iacute;dicos en donde se pretende encontrar una "tendencia contempor&aacute;nea" hacia una "mayor integraci&oacute;n internacional". Todo lo anterior, la mayor&iacute;a lo encamina a corroborar la interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 133 constitucional a la que nos referimos en la primera parte de este texto, poniendo de manifiesto, se afirma en la resoluci&oacute;n, "la congruencia existente entre la intenci&oacute;n originaria del Constituyente de incluir como ley suprema de la Uni&oacute;n a los tratados internacionales, y la interpretaci&oacute;n del texto constitucional atendiendo a las condiciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales que priman hoy en el mundo globalizado y que, a su vez, resultan determinantes para la inserci&oacute;n del M&eacute;xico contempor&aacute;neo en &eacute;ste".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A) En la primera l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n, se afirma que la Constituci&oacute;n mexicana contiene en su texto una "visi&oacute;n internacionalista", haciendo referencia a diversos principios de los que se advierte una "vocaci&oacute;n para la convivencia pac&iacute;fica con las naciones que integran la comunidad internacional" y que, si bien no establecen de manera expresa la jerarqu&iacute;a de los tratados, expresan "el reconocimiento del Constituyente a la necesidad de establecer principios o gu&iacute;as que permitan al Estado mexicano insertarse en el contexto internacional". Estos "principios o gu&iacute;as" los encontraremos, se afirma en la resoluci&oacute;n, en el art&iacute;culo 3o. que, aun cuando se refiere a la educaci&oacute;n que deba impartirse en el pa&iacute;s, "refleja un esp&iacute;ritu de cooperaci&oacute;n internacional, que solamente puede construirse mediante la participaci&oacute;n de aquellos individuos que han aprendido a desarrollar arm&oacute;nicamente sus capacidades intelectuales, interiorizando los principios de dignidad de la persona, democracia, nacionalismo y solidaridad internacional". Asimismo, encontr&eacute; las limitaciones del art&iacute;culo 15 y los principios de pol&iacute;tica exterior del art&iacute;culo 89. Tambi&eacute;n encontramos, en un sentido m&aacute;s formal, la fijaci&oacute;n de la extensi&oacute;n y l&iacute;mites del mar territorial y el espacio a&eacute;reo con relaci&oacute;n al derecho internacional, lo que de acuerdo con la mayor&iacute;a afirma un reconocimiento expreso a la aplicabilidad de la normas de derecho internacional dentro del territorio nacional, determinando la extensi&oacute;n del territorio "por encima de cualquier norma interna"; estos principios adquieren, adem&aacute;s, una mayor relevancia en "el mundo globalizado contempor&aacute;neo", "en los albores del siglo XXI" donde debemos interpretar el texto "con las condiciones sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas" a partir de las que se suscita el problema.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se entiende c&oacute;mo estas razones puedan justificar la jerarqu&iacute;a de los tratados en relaci&oacute;n con las dem&aacute;s normas del sistema jur&iacute;dico mexicano, menos a&uacute;n en relaci&oacute;n con la categor&iacute;a de normas generales establecida en la misma resoluci&oacute;n. El hecho de que se imparta la educaci&oacute;n dentro del sistema educativo nacional "fomentando" la "solidaridad internacional", que encontremos art&iacute;culos en la Constituci&oacute;n relativos a la pol&iacute;tica exterior o nos encontremos en un "Estado globalizado", en ning&uacute;n momento se convierten en razones jur&iacute;dicas para sostener la jerarqu&iacute;a de las normas en el orden jur&iacute;dico interno. La jerarqu&iacute;a depende de relaciones normativas expresas que se dan mediante los procedimientos de creaci&oacute;n normativa, no por una pretendida "vocaci&oacute;n internacionalista" del Estado mexicano.<sup><a href="#notas">10</a></sup> El &uacute;nico argumento jur&iacute;dico que encuentro en esta primera l&iacute;nea argumental es el que se refiere a la jerarqu&iacute;a constitucional del derecho internacional establecida en las fracciones V y VI del art&iacute;culo 42 de la Constituci&oacute;n (que, por lo dem&aacute;s, est&aacute;n relacionados con los p&aacute;rrafos cuarto, quinto y octavo del art&iacute;culo 27). Sin embargo, es claro que en estos casos hay una remisi&oacute;n constitucional directa al derecho internacional, mediante la cual la Constituci&oacute;n incorpora las normas relativas a la extensi&oacute;n y l&iacute;mites del mar territorial y al espacio a&eacute;reo (adem&aacute;s de la determinaci&oacute;n de la zona econ&oacute;mica exclusiva, conforme al p&aacute;rrafo 8o. del art&iacute;culo 27). En este caso, las normas de derecho internacional se convierten en normas de rango y jerarqu&iacute;a constitucional por determinaci&oacute;n expresa de la propia Constituci&oacute;n, estableciendo los &aacute;mbitos de validez espacial del sistema jur&iacute;dico mexicano; lo que no se alcanza a entender es por qu&eacute; esta incorporaci&oacute;n constitucional expresa de ciertas normas relativas a una materia espec&iacute;fica, justificar&iacute;a la posici&oacute;n jer&aacute;rquica de las dem&aacute;s normas de derecho internacional dentro del ordenamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B) La segunda l&iacute;nea de justificaci&oacute;n se refiere a la existencia de principios de derecho internacional establecidos en ciertos instrumentos firmados y ratificados por el Estado mexicano, en particular la Convenci&oacute;n de Viena para el Derecho de los Tratados.<sup><a href="#notas">11</a></sup> De este instrumento, la resoluci&oacute;n extrae los principios del art&iacute;culo 27: la no posibilidad de invocar las disposiciones de derecho interno como justificaci&oacute;n del incumplimiento de un tratado y del art&iacute;culo 26: formulaci&oacute;n del principio de <i>pacta sunt servanda. </i>La resoluci&oacute;n concluye que la aplicaci&oacute;n y cumplimiento de los tratados no puede quedar supeditado a las leyes ordinarias (generales o de otro tipo), pues ello implicar&iacute;a el incumplimiento de las obligaciones que "libre y soberanamente" ha contra&iacute;do con otro u otros Estados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos argumentos de derecho internacional son argumentos correctos y pueden funcionar para justificar ciertas posiciones te&oacute;ricas sobre la relaci&oacute;n de derecho internacional y derecho interno.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Sin embargo, sostener que &eacute;ste es el fundamento para la determinaci&oacute;n de la jerarqu&iacute;a de derecho interno es circular y equ&iacute;voco. Que la Convenci&oacute;n de Viena sea un instrumento firmado "libre y soberanamente" por el Estado mexicano, en ning&uacute;n momento implica que la misma no pueda ser incumplida mediante normas de derecho interno, enti&eacute;ndase que el hecho de que el Estado mexicano haya firmado la Convenci&oacute;n, no le puede otorgar jerarqu&iacute;a interna a la Convenci&oacute;n misma, esto es claramente un razonamiento circular y autoreferente, no podemos establecer la jerarqu&iacute;a de las dem&aacute;s normas de derecho internacional frente al derecho interno mediante las normas o principios establecidos en una norma de derecho internacional firmada y ratificada y, por tanto, transformada en una norma de derecho interno. El &uacute;nico modo para determinar la jerarqu&iacute;a de normas de derecho interno es desde el derecho interno mismo y, en particular, desde la &uacute;ltima norma positiva de ese derecho, desde la norma constitucional. Por otro lado, la posici&oacute;n contenida en la resoluci&oacute;n es similar a afirmar que un individuo no puede incumplir un contrato ya que voluntariamente lo firm&oacute;; en este sentido, el individuo como el Estado pueden incumplir el contrato o el tratado, lo cual traer&aacute; aparejadas consecuencias normativas espec&iacute;ficas como en la responsabilidad civil o responsabilidad internacional, pero en ning&uacute;n momento se puede extraer del sujeto o del Estado la posibilidad de incumplimiento, ya que nos encontrar&iacute;amos frente a una norma que no puede ser incumplida, lo que es inaceptable desde el punto de vista jur&iacute;dico, ya que, en ese momento, la misma dejar&iacute;a de ser norma jur&iacute;dica que regula relaciones normativas, para convertirse en una ley natural descriptiva de relaciones causales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C) Finalmente, la resoluci&oacute;n se apoya en una descripci&oacute;n de distintos sistemas jur&iacute;dicos comparados de la cual parece extraer una tendencia internacional a una mayor integraci&oacute;n internacional. Esta tendencia, afirma la resoluci&oacute;n, permite corroborar la interpretaci&oacute;n hecha en la primera parte al poner de manifiesto la "intenci&oacute;n originaria del Constituyente de incluir como ley suprema de la Uni&oacute;n a los tratados internacionales, y la interpretaci&oacute;n del texto constitucional atendiendo a las condiciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales que priman hoy en el mundo globalizado y que, a su vez, resultan determinantes para la inserci&oacute;n del M&eacute;xico contempor&aacute;neo en &eacute;ste".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nuevo no se entiende por qu&eacute; una lista arbitraria de sistemas de derecho comparado constituye un argumento para la interpretaci&oacute;n de la jerarqu&iacute;a de normas en el orden jur&iacute;dico interno. Lo que es m&aacute;s, un an&aacute;lisis de los elementos distintivos de los sistemas rese&ntilde;ados, nos deber&iacute;a llevar a una conclusi&oacute;n contraria a la que se afirma en la resoluci&oacute;n. En los pa&iacute;ses de derecho anglosaj&oacute;n analizados, Estados Unidos de Am&eacute;rica y Reino Unido, los tratados internacionales tienen la misma jerarqu&iacute;a que sus normas de derecho interno, en el caso estadounidense igual que las leyes federales, y en caso de conflicto en ambos casos se aplica el principio de <i>lex posterior derogat priori. </i>En el caso de los Estados europeos: Espa&ntilde;a y Francia, existen disposiciones expresas en sus Constituciones sobre la jerarqu&iacute;a de los tratados internacionales; en el primero se establece, adem&aacute;s, un sistema de control previo de tratados que no permite la ratificaci&oacute;n de tratados que puedan ir contra disposiciones constitucionales. En el caso ruso, estamos frente a una situaci&oacute;n similar, dada la determinaci&oacute;n expresa de la jerarqu&iacute;a interna de los instrumentos internacionales. En cuanto a los Estados latinoamericanos, Brasil establece jerarqu&iacute;a de tratados al mismo nivel que las leyes ordinarias, exceptuando de manera expresa a los tratados de derechos humanos;<sup><a href="#notas">13</a></sup> Argentina tiene disposici&oacute;n expresa con jerarqu&iacute;a especial a nivel constitucional establecida para ciertos instrumentos enumerados, en el caso de Costa Rica, tambi&eacute;n existe cl&aacute;usula constitucional expresa de jerarqu&iacute;a superior a las leyes. En el caso de Senegal y Argelia, tambi&eacute;n tienen cl&aacute;usula constitucional expresa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas condiciones, la lista de derecho comparado lo &uacute;nico que nos podr&iacute;a indicar, si realmente queremos extraer una conclusi&oacute;n general de una descripci&oacute;n gen&eacute;rica de varios sistemas de incorporaci&oacute;n, es que en algunos pa&iacute;ses el Poder Constituyente ha establecido expresamente la jerarqu&iacute;a superior de los tratados internacionales frente a la legislaci&oacute;n interna. Esto podr&iacute;a sugerir la tendencia para una posible futura reforma constitucional en materia de jerarqu&iacute;a de tratados internacionales: el establecimiento de la diferencia de los instrumentos de derechos humanos y el resto de los instrumentos internacionales, y el establecimiento expreso de la jerarqu&iacute;a de los tratados en relaci&oacute;n con el orden jur&iacute;dico interno. Lo anterior, entonces, nos indicar&iacute;a la jerarqu&iacute;a que el derecho internacional deber&iacute;a tener si dese&aacute;ramos seguir esta pretendida tendencia internacional que identifica la resoluci&oacute;n. Sin embargo, esto en ning&uacute;n momento indica, ni puede indicar, la jerarqu&iacute;a de los tratados internacionales en el ordenamiento constitucional positivo vigente en nuestro pa&iacute;s. Este alto tribunal se encuentra encargado de la interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica y arm&oacute;nica de la Constituci&oacute;n, no de la integraci&oacute;n de tendencias internacionales o de abiertamente sustituirse en el &oacute;rgano de reforma de la Constituci&oacute;n para la incorporaci&oacute;n de estas tendencias. Finalmente, si nos referimos a la situaci&oacute;n del derecho internacional en el derecho estadounidense, del cual extraemos varios de los elementos de nuestro propio sistema y no cuenta con cl&aacute;usula constitucional expresa, nos damos cuenta que los tratados tienen la misma jerarqu&iacute;a que las leyes ordinarias y que, mediante una ley ordinaria federal, se pueden derogar las disposiciones contenidas en un tratado internacional, como lo hemos tratado en la primera parte de este voto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe ning&uacute;n elemento constitucional, te&oacute;rico o hist&oacute;rico que me permita coincidir con la afirmaci&oacute;n de que los tratados internacionales tienen una jerarqu&iacute;a superior a las leyes. En general, me parece que desde el sistema constitucional hay que reconstruir un sistema de relaciones distinto entre los tratados y las normas de derecho interno que tendr&iacute;a que tomar como ejes fundamentales: la relaci&oacute;n de distribuci&oacute;n competencial estricta entre Federaci&oacute;n y estados, respetando la autonom&iacute;a estatal y tomando en cuenta las diversas caracter&iacute;sticas de algunos tratados, como el hecho de que algunos son de aplicaci&oacute;n directa y otros de adecuaci&oacute;n legislativa; los elementos particulares de cada uno de los instrumentos internacionales a incorporarse en el derecho interno, sus &aacute;mbitos de aplicabilidad, para establecer los elementos para identificar los casos en los cuales tenemos una genuina contradicci&oacute;n con normas de derecho interno, y en qu&eacute; casos &eacute;sta es s&oacute;lo aparente; y finalmente, las l&iacute;neas interpretativas desarrolladas consistentemente por el tribunal constitucional. Quiero subrayar, como se hace en la misma resoluci&oacute;n, que las consideraciones expresadas en este voto podr&iacute;an no aplicarse en casos de instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, los cuales tienen ciertas caracter&iacute;sticas materiales propias que podr&iacute;an, en relaci&oacute;n con elementos constitucionales diversos a los analizados, ser objeto de un tratamiento diverso al de los instrumentos internacionales en otras materias, en particular los tratados en materia comercial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><a href="/img/revistas/amdi/v8/a35a1.jpg" target="_blank">IV. ANEXOS</a></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El presente documento deriv&oacute; del voto particular que formul&oacute; el ministro Jos&eacute; Ram&oacute;n Coss&iacute;o D&iacute;az en relaci&oacute;n con el amparo en revisi&oacute;n 120/2002. Se agradece el apoyo del licenciado Ra&uacute;l Mej&iacute;a Garza para la elaboraci&oacute;n de este documento. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Existen otras notas materiales, adem&aacute;s de la indicada, que son parte de este concepto de "normas generales", pero &eacute;stas son caracter&iacute;sticas secundarias y ser&aacute;n tratadas posteriormente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2 </sup>Sobre la naturaleza general de la legislaci&oacute;n federal y su prevalencia v&eacute;ase Gibbon <i>v. </i>Orden 22 U. S. (9 Wheat.) 1 (1824); sobre los tipos generales de prevalencia v&eacute;ase English v. General Electric Co., 496 U. S. 72,79 (1990). Mediante la aplicaci&oacute;n de la misma cl&aacute;usula constitucional <i>(supremacy clause), </i>los tratados internacionales, al igual que las normas federales, prevalecer&aacute;n generalmente sobre las normas locales, v&eacute;ase Ware v. Hylton, 3 U. S. (3 Dall.) 199 (1796) y Hauenstein v. Lynham, 100 U. S. 483 (1880); sin embargo, a nivel federal, los tratados internacionales se relacionan en un mismo plano jer&aacute;rquico con las dem&aacute;s leyes federales, aplic&aacute;ndose el principio de <i>lex posterior derogat priori </i>en caso de conflicto de normas, v&eacute;ase Chae Chang Ping v. United States, 130 U. S. 581 (1889) y Whitney v. Robertson, 124 U. S. 190, 194 (1888). En ning&uacute;n momento, la cl&aacute;usula de supremac&iacute;a en el derecho estadounidense ha generado una dualidad de normas federales ni nada parecido.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3 </sup>En este tema, es ilustrativa la rese&ntilde;a de los tratadistas del s. XIX que hace Cueva, Mario de la, <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n, </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1982, pp. 104&#150;107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938160&pid=S1870-4654200800010003500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4 </sup>En el mismo caso se encuentran Tena Ram&iacute;rez, Felipe, <i>Derecho constitucional mexicano, </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a, pp. 502 y ss;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938162&pid=S1870-4654200800010003500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Fraga, Gabino, <i>Derecho administrativo, </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a, pp. 45 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938163&pid=S1870-4654200800010003500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; y Garc&iacute;a M&aacute;ynez, Eduardo, <i>Introducci&oacute;n al estudio del derecho, </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a, pp. 80 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938164&pid=S1870-4654200800010003500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5 </sup>Las citas son de Cueva, Mario de la, <i>op. cit., </i>nota 3, pp. 113 y ss.; v&eacute;ase tambi&eacute;n Carpizo, Jorge, "La interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 133 constitucional", <i>Estudios constitucionales, </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a&#150;UNAM, 1980, pp. 19 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938166&pid=S1870-4654200800010003500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6 </sup>En el primer caso se encuentra V&aacute;zquez Pando, Fernando Alejandro, "Notas sobre el sistema jur&iacute;dico mexicano a la luz de la Constituci&oacute;n", <i>Jur&iacute;dica, </i>M&eacute;xico, Universidad Iberoamericana, n&uacute;m. 7, 1985;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938168&pid=S1870-4654200800010003500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> en el segundo, Schmill Ord&oacute;&ntilde;ez, Ulises, <i>El sistema de la Constituci&oacute;n mexicana, </i>M&eacute;xico, Manuel Porr&uacute;a, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938169&pid=S1870-4654200800010003500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7 </sup>De este modo es ilustrativa la evoluci&oacute;n observable desde el criterio contenido en la tesis P./J. 95/99, derivada de la CC. 31/97 del Ayuntamiento de Temixco, Morelos, septiembre de 1999, de rubro: CONTROVERSIA CONSTITUCIONAL. LOS DIVERSOS &Oacute;RDENES JUR&Iacute;DICOS ESTABLECIDOS EN LA CONSTITUCI&Oacute;N FEDERAL TIENEN AUTONOM&Iacute;A FUNCIONAL Y ASIGNACIONES COMPETENCIALES; en esta controversia solamente se identifican cuatro &oacute;rdenes jur&iacute;dicos: el constitucional, el federal, el local y el del Distrito Federal, consider&aacute;ndose a&uacute;n a los municipios como parte del orden jur&iacute;dico estatal, por la dependencia a las leyes en materia municipal expedidas por las legislaturas de los estados. Esta situaci&oacute;n cambia con el criterio contenido en la tesis P./J. 136/2005, derivada de la CC. 14/2001 del Municipio de Pachuca de Soto, Hidalgo, julio de 2005, de rubro: ESTADO MEXICANO. &Oacute;RDENES JUR&Iacute;DICOS QUE LO INTEGRAN, en donde ya se reconoce la existencia de un quinto orden jur&iacute;dico con asignaciones competenciales propias, el orden jur&iacute;dico municipal; esta tesis termina de consolidar e integra en el esquema de los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos del Estado mexicano, la reforma constitucional al art&iacute;culo 115 de diciembre de 1999.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8 </sup>Vale hacer notar que la ley, aun cuando distribu&iacute;a la funci&oacute;n educativa entre Federaci&oacute;n, estados y municipios desde 1934, no se llamaba "ley general", sino que se llam&oacute; "Ley Org&aacute;nica de Educaci&oacute;n, Reglamentaria de los art&iacute;culos 3o.; 27, fracci&oacute;n III; 31, fracci&oacute;n I; 73, fracciones X y XXV; y 123, fracci&oacute;n XII, constitucionales", hasta su reforma publicada el 29 de noviembre de 1973, en donde cambi&oacute; su nombre a "Ley Federal de Educaci&oacute;n"; no obtiene el nombre de "ley general" sino hasta la reforma publicada en el <i>Diario Oficial </i>el 13 de julio de 1993. Esto significa que, a&uacute;n cuando la ley realizaba las funciones que la identificaban como una "ley general" no se identificaba como tal, por lo que existen "leyes generales" que no establecen ning&uacute;n tipo de concurrencia, y existen leyes que no son "generales", que s&iacute; lo hacen. Por tanto, la justificaci&oacute;n de la mayor&iacute;a, en el sentido de que las leyes generales existen desde antes de la Constituci&oacute;n de 1857, carece de sentido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9 </sup>Las reformas se publicaron el 3 de febrero de 1983, el 10 de agosto de 1987 y el 27 de septiembre de 2004, respectivamente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10 </sup>Adem&aacute;s de que una verdadera "vocaci&oacute;n internacionalista" se traducir&iacute;a en normas de derecho positivo que establecieran la posibilidad de delegaci&oacute;n de competencias en &oacute;rganos trasnacionales o regionales, como en el caso de Argentina o Brasil (art&iacute;culos 24 y 4o., respectivamente); o la obligaci&oacute;n de interpretaci&oacute;n de los derechos fundamentales a la luz de las declaraciones de derechos internacionales, como en el caso de Espa&ntilde;a (art&iacute;culo 10). Recordemos que en nuestro sistema no existe a&uacute;n el reconocimiento o remisi&oacute;n constitucional directa de ning&uacute;n instrumento de derechos humanos o de las sentencias de los &oacute;rganos encargados de su aplicaci&oacute;n, que solamente se encuentran contempladas a nivel legal en la Ley de Responsabilidad Patrimonial del Estado. Asimismo, la incorporaci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n de la Corte Penal Internacional no fue sino hasta junio de 2005. En estos t&eacute;rminos, la solidaridad internacional en la educaci&oacute;n parece un poco endeble para justificar por s&iacute; misma esta "vocaci&oacute;n".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11 </sup>Firmada el 23 de mayo de 1970 y aprobada el 29 de diciembre de 1972.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12 </sup>Es particularmente &uacute;til para la justificaci&oacute;n de posiciones monistas, desde la perspectiva del derecho internacional, como en el caso de Kelsen, H., <i>La transformation du droit internacional en droit interne, </i>Par&iacute;s, Editions A. Pedone, 1936.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=938176&pid=S1870-4654200800010003500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13 </sup>Materia que no se trata en la resoluci&oacute;n, y que se excluye de manera expresa.</font></p>      ]]></body><back>
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