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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[A mí también me duele: Niños y niñas víctimas de la violencia de género en la pareja]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ra&uacute;l Lizana Zamudio (2012), <i>A m&iacute; tambi&eacute;n me duele. Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero en la pareja</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>          	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ma. del Carmen Castro V&aacute;squez*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Barcelona, Gedisa, 301 pp.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#45;investigadora del Centro de Estudios de Salud y Sociedad de El Colegio de Sonora. Hermosillo, Sonora, M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ccastro@colson.edu.mx">ccastro@colson.edu.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>A los colegas de Investigaci&oacute;n     <br>y Educaci&oacute;n Popular Autogestiva, A. C.,    <br> por su trabajo a favor de los ni&ntilde;os de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando decid&iacute; rese&ntilde;ar esta obra tem&iacute;a la dificultad que representar&iacute;a para m&iacute; comprenderla en su justa dimensi&oacute;n, ya que no es mi &aacute;rea de experticia como acad&eacute;mica. Tambi&eacute;n tem&iacute;a el impacto que me dejar&iacute;a el tema per se, trat&aacute;ndose del agravio al grupo de los m&aacute;s vulnerables de toda la poblaci&oacute;n: los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, sobre todo los m&aacute;s peque&ntilde;os. Sin embargo, pens&eacute; que aunque esta rese&ntilde;a sea un granito de arena en la inmensidad del oc&eacute;ano que es el problema, hay que insistir en visibilizarlo desde todas las trincheras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia de g&eacute;nero es un problema estructural, complejo y multidimensional, y las mujeres son las principales v&iacute;ctimas de la cultura patriarcal en la que a&uacute;n est&aacute; inmersa nuestra sociedad; a partir de esta premisa, Ra&uacute;l Lizana Zamudio construye su investigaci&oacute;n y de all&iacute; el eje central de la obra: ni&ntilde;os y ni&ntilde;as v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero en la pareja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parte del valor del libro es que el autor trabaj&oacute; como terapeuta con los agresores, en los inicios de su carrera, luego atendi&oacute; a mujeres violentadas y, por &uacute;ltimo, a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como v&iacute;ctimas invisibles o apenas en la penumbra, como parte del problema de los adultos. El prologuista se refiere a Lizana como alguien que no ha perdido su capacidad de sorpresa, para seguir aprendiendo e indagando en el tema, a diferencia de muchos de sus colegas que logran poner distancia; &eacute;l mismo recuerda la expresi&oacute;n de una madre de un grupo terap&eacute;utico: "No venimos solas", que le hizo caer en la cuenta que en su experiencia profesional no hab&iacute;a volteado su mirada a esas peque&ntilde;as v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero en la pareja. Reconoce que haber atendido a agresores y agredidas le dio las herramientas profesionales y de conciencia para focalizar su trabajo en este grupo, a&uacute;n m&aacute;s invisible como v&iacute;ctima de la violencia de g&eacute;nero en la pareja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lizana se propone dos metas principales: a) acercar a los que trabajan desde la primera l&iacute;nea en la violencia de g&eacute;nero, proporcionarles explicaciones claras, sistem&aacute;ticas y fundamentadas en una amplia revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica y en la propia experiencia profesional y b) ofrecer una obra al p&uacute;blico en general, no especialista, con el fin &uacute;ltimo de contribuir a " &#91;recordarle&#93; a nuestra sociedad la necesidad de un cambio profundo y estructural en relaci&oacute;n con la desigualdad de g&eacute;nero" (p. 25); a &eacute;sta me sumo, y reconozco que la logra. El libro est&aacute; escrito en un estilo accesible y claro, sin que por ello limite el rigor y acuciosidad en las explicaciones de las distintas dimensiones del problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra est&aacute; situada en el contexto de la sociedad espa&ntilde;ola, del que se dan algunos datos, sin embargo me atrevo a asegurar que nuestra sociedad mexicana comparte muchas de sus caracter&iacute;sticas, sobre todo lo relativo a la invisibilizaci&oacute;n social, pol&iacute;tica, cultural y acad&eacute;mica del problema, y la falta de recursos para atenderlo. Los seis cap&iacute;tulos que integran el texto pretenden contribuir a explicar c&oacute;mo se desarrolla la violencia de g&eacute;nero en la pareja y c&oacute;mo afecta a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, cu&aacute;les son sus actores (agresores y agredidas), c&oacute;mo la viven ellos, cu&aacute;les son sus recursos de sobrevivencia y c&oacute;mo intervienen el Estado y la sociedad con sus alcances y limitaciones. Cuatro de los cap&iacute;tulos se centran en los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, que presentan cierto equilibrio con otros dos que muestran la participaci&oacute;n de sus madres (que sufren la violencia de pareja) y de sus padres (que la ejercen), y uno final en el que el autor plantea algunas dimensiones del trabajo de intervenci&oacute;n y terap&eacute;utico con los ni&ntilde;os y sus madres y padres. Hay que resaltar que cada cap&iacute;tulo remata con un apartado sobre ideas clave para repasar y recordar, lo cual siempre es un recurso &uacute;til.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de describir los cap&iacute;tulos, quiero agregar que es interesante que una obra de esta importancia ofrezca en l&iacute;nea un documento: (<a href="http://www.gedisa.com/descargas/Texto_adicional_Trauma_y_maltrado.pdf)" target="_blank">http://www.gedisa.com/descargas/Texto_adicional_Trauma_y_maltrado.pdf)</a>, que complementa la reflexi&oacute;n sobre el trauma y el maltrato en la vida de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero en la pareja. El autor mantiene el mismo estilo de escritura, as&iacute; como la l&iacute;nea de exposici&oacute;n; brinda los elementos te&oacute;ricos y clarifica la propia posici&oacute;n; sin embargo, queda la duda de por qu&eacute; no se incluy&oacute; en el cuerpo del libro como un cap&iacute;tulo, lo que la hubiera mejorado a&uacute;n m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo, el autor refiere las posturas te&oacute;ricas que definieron la violencia de g&eacute;nero como un asunto de derechos humanos y de salud p&uacute;blica. Hace un recuento de los nombres con los que &eacute;sta se ha analizado, desde el primero, acu&ntilde;ado como violencia dom&eacute;stica (1960), donde el problema ten&iacute;a la cortina impenetrable de lo privado; luego se us&oacute; el de violencia familiar, violencia intrafamiliar (m&aacute;s en Sudam&eacute;rica), violencia conyugal o marital y violencia de la pareja. Pero hasta aqu&iacute; segu&iacute;a sin reconocerse el abuso del poder y la desigualdad dentro de la relaci&oacute;n y que las v&iacute;ctimas, las agredidas, eran las mujeres. Fueron los grupos de mujeres activistas y terapeutas quienes finalmente acu&ntilde;aron el t&eacute;rmino de violencia de g&eacute;nero, para explicitar estas desigualdades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as pas&oacute; algo similar. Lizana Zamudio se&ntilde;ala que la lista es m&aacute;s corta, pero igual la evoluci&oacute;n ha sido lenta. Las primeras referencias como problema reconocido lo se&ntilde;alaban como hijos de mujeres golpeadas, hijos de mujeres abusadas, hijos de la violencia marital, y quedaba claro que a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as s&oacute;lo se les tomaba como "hijos de...", t&eacute;rminos que no alud&iacute;an a sus condiciones de v&iacute;ctimas. Al avanzar un poco en esta evoluci&oacute;n se empez&oacute; a hablar de ni&ntilde;os testigos y ni&ntilde;os expuestos; pero los testigos no necesariamente son afectados, s&oacute;lo observan. El estar expuestos no refleja los da&ntilde;os que les puede causar la situaci&oacute;n de violencia. Sin embargo, ellos experimentan, hacen, sienten mucho m&aacute;s, son v&iacute;ctimas, son personas da&ntilde;adas por esta situaci&oacute;n en distintos grados y gravedad. Por eso, Lizana aboga por que la referencia debe ser a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero en la pareja. En la misma t&oacute;nica de sentar las bases conceptuales, &eacute;l desentra&ntilde;a varios mitos que mantiene la invisibilizaci&oacute;n o, cuando menos, relativizada la gravedad del problema, entre &eacute;stos se mencionan los siguientes:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que han visto violencia entre sus padres no les perjudica necesariamente &#91;...&#93;. A los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que no han visto violencia entre sus padres no tiene por qu&eacute; afectarles &#91;...&#93;. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que han vivido esta violencia tienden a olvidar que ha pasado y siguen con sus vidas &#91;...&#93;. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que han vivido esta violencia no se dan cuenta de lo que pasa en sus casas o no lo entienden &#91;...&#93;. Es mejor no ahondar en las heridas de estos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, no tocar el tema con ellos &#91;...&#93;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, este apartado muestra que, a trav&eacute;s de los mitos, se mantienen creencias y estereotipos basados en ideas sexistas y patriarcales, al final la funci&oacute;n de los mitos, afirma el autor, es "intentar que no haya conciencia de la gravedad del problema y sus consecuencias &#91;...&#93; porque si hay conciencia, esto implicar&aacute; la necesidad de hacer cambios &#91;...&#93; cuestionar una serie de valores" (pp. 42 y 43).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cap&iacute;tulos dos y tres se refieren a c&oacute;mo viven los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as la violencia y cu&aacute;les son las consecuencias de ella en sus vidas. Sobre lo primero, el autor detalla que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as est&aacute;n conscientes de la violencia que vive la madre y de que el agresor es su padre, las dos personas con mayor v&iacute;nculo en sus vidas. Lizana describe el ciclo de violencia (acumulaci&oacute;n de tensi&oacute;n, episodio de violencia y manipulaci&oacute;n afectiva o reconciliaci&oacute;n), y refiere que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as saben identificar estos momentos, aprenden a decodificar la tensi&oacute;n y los da&ntilde;os que se producir&aacute;n despu&eacute;s, hasta llegar a una etapa de desesperanza, una vez que la violencia se ha vuelto cr&oacute;nica. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as experimentan sentimientos de culpa y responsabilidad, se enfrentan a la disyuntiva de actuar o no y c&oacute;mo protegerse de la violencia, y, ante &eacute;sta, dise&ntilde;an estrategias, muchas veces ineficaces al no impedirla, o bien ser ellos mismos violentados por el padre, para mantener el control.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la relaci&oacute;n entre hermanos y hermanas aparece el cuidado mutuo y la solidaridad como estrategias para vivir la violencia, mientras que en otras redes como los amigos(as), familiares y personal de salud, no se comenta porque les da verg&uuml;enza la situaci&oacute;n, el temor al rechazo y a las represalias por parte del padre por solicitar ayuda. A esto se suma que estas mismas redes no saben c&oacute;mo actuar ante la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto de violencia, la relaci&oacute;n con el mundo cambia, sobre todo con la madre y el padre, las dos personas m&aacute;s importantes. Con la primera aparecen la culpa, la responsabilidad y el cuidado, entre otros sentimientos encontrados que generan tensi&oacute;n en su relaci&oacute;n. Con el padre, las relaciones son a&uacute;n m&aacute;s confusas, hay sentimientos de cari&ntilde;o y odio a la vez, existe la necesidad de su atenci&oacute;n y tambi&eacute;n la de sacarlo de sus vidas. Esto genera en los y las peque&ntilde;as gran dolor, incertidumbre y ansiedad, circunstancia que contin&uacute;a a pesar de la separaci&oacute;n definitiva del padre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n de violencia en ocasiones tiene consecuencias muy graves para el resto de la vida de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as; el cap&iacute;tulo tres est&aacute; dedicado a esta problem&aacute;tica. Entre las repercusiones m&aacute;s visibles est&aacute;n los problemas de baja autoestima, ansiedad, estr&eacute;s, miedo, rabia y violencia hacia otros, culpa, verg&uuml;enza, s&iacute;ntomas de depresi&oacute;n; pero el com&uacute;n denominador es la ansiedad e inseguridad inmediata y sostenida, aun con altibajos. Lizana enfatiza las precauciones para no caer en un diagn&oacute;stico psicopatol&oacute;gico de conductas originadas en la violencia de g&eacute;nero en la pareja. Los y las ni&ntilde;as enfrentan dificultades para entablar relaciones sociales, y usan la violencia como la forma de hacerlo. La escuela es el espacio donde escapan temporalmente de la violencia; sin embargo, presentan problemas de aprendizaje en general debido a la angustia por la situaci&oacute;n en casa, o bien porque est&eacute;n tan cansados que no puedan participar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor califica a las consecuencias en el &aacute;mbito de las creencias y los valores como las m&aacute;s da&ntilde;inas, con efectos perdurables. Se refieren a creencias y valores sexistas que reproducen los roles de g&eacute;nero; esto influye en el establecimiento posterior de relaciones sociales y la probabilidad de que los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as reproduzcan la violencia. Tambi&eacute;n est&aacute;n las creencias y valores abusivos, es decir, se puede pasar sobre quien sea, normalizando el da&ntilde;o que se causa, la violencia est&aacute; justificada y no se siente culpa o responsabilidad por ejercerla. La violencia cr&oacute;nica influye en la apropiaci&oacute;n de creencias sobre un mundo peligroso, inseguro; construyen una contradicci&oacute;n entre el amar y el da&ntilde;ar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n la violencia deja sus efectos en el desarrollo f&iacute;sico de las y los ni&ntilde;os mermando su salud, y haci&eacute;ndolos m&aacute;s proclives a los abusos f&iacute;sicos e incluso a los sexuales, da&ntilde;ando seriamente la sexualidad. La violencia mina las condiciones materiales de vida de las familias, ya que el padre controla y decide sobre los ingresos econ&oacute;micos, y el acceso a ciertos productos y servicios. Todas estas consecuencias se conjugan deteriorando el desarrollo general de los y las ni&ntilde;as, quienes ante la violencia pueden aprender lo que el autor denomina <i>roles inversos,</i> es decir, cuando los ni&ntilde;os asumen que su principal rol es cuidar y atender a sus hermanos y hermanas, incluso a su madre y padre, cubrir sus necesidades a pesar del costo emocional y f&iacute;sico que esto conlleva, pues son ellos los que deber&iacute;an recibir dichos cuidados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia puede reproducirse en las relaciones futuras de los y las ni&ntilde;as, la pueden vivir como una suerte de "herencia" o "contagio", lo que se ha denominado la <i>transgeneracionalidad</i> de la violencia; esto implica una "multiplicaci&oacute;n y propagaci&oacute;n" de ella. El autor concluye el cap&iacute;tulo argumentando que estas consecuencias no son iguales para todos, al existir ciertos factores protectores (capacidad de adaptarse, habilidad cognitiva, relaci&oacute;n con la madre con buena salud mental) y otros de riesgo (pobreza, enfermedad, ser ellos mismos v&iacute;ctimas de violencia, ser muy peque&ntilde;os o bien, estar cercanos a la adolescencia) para enfrentarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cuarto cap&iacute;tulo se desarrolla el tema de las madres que sufren violencia de g&eacute;nero en la pareja, menciona las premisas socioculturales que definen el ser madre como el rol principal de las mujeres. Hace referencia al t&eacute;rmino de <i>maternalidad</i> que incluye los cuidados, educaci&oacute;n y protecci&oacute;n que las madres dan a sus hijos e hijas; con este t&eacute;rmino el autor busca reconocer dichas tareas de las mujeres y diferenciarlo del concepto de parentalidad. Las madres que viven violencia se cuestionan sobre sus tareas, el sentirse como "mala madre" al no cumplir con las expectativas socialmente impuestas. El maltratador, por su parte, se encarga de fortalecer esta idea, hasta acabar con su maternalidad, con lo cual &eacute;l obtiene mayor control sobre ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las madres en todo momento emplean estrategias y acciones de protecci&oacute;n para sus hijos e hijas; sin embargo, dichas estrategias son peque&ntilde;os muros ante la dimensi&oacute;n de la violencia. A esto se suma que cuando las mujeres toman la decisi&oacute;n de buscar ayuda son culpabilizadas y responsabilizadas de la violencia; se les exige terminar la relaci&oacute;n, sin ofrecer los recursos para que puedan hacerlo. Esto se debe a que los profesionales que atienden estos casos reproducen la visi&oacute;n patriarcal de la sociedad provocando mayor da&ntilde;o a la madre, hijos e hijas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo cinco se analiza a los padres que ejercen la violencia de g&eacute;nero en la pareja. Encuentra como elemento com&uacute;n en estos hombres una cultura patriarcal, que refuerza la idea de la superioridad masculina sobre la femenina. Rechaza la idea de un perfil de los maltratadores, ya que cada caso requiere ser evaluado. Menciona que el uso de la violencia tiene la finalidad de solucionar algo en su vida familiar y en ese sentido es l&oacute;gico utilizarla, ya que en las sociedades patriarcales el padre es quien toma las decisiones, a &eacute;l se le debe obediencia y respeto. Por tanto, los padres perciben que la familia les pertenece, y ejercen este <i>terrorismo patriarcal</i> para someter y controlar a las v&iacute;ctimas. Estos hombres, refiere el autor, no se percatan del da&ntilde;o que causan y de que necesitan ayuda para trabajar sobre estas ideas patriarcales y sexistas. Todo esto implica un proceso profundo, y requiere un cambio en las normas socioculturales que cuestionen el rol tradicional del padre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, "La intervenci&oacute;n de ayuda: algunos elementos a considerar", se presentan reflexiones dirigidas a los actores sociales que brindan ayuda a mujeres, hijos e hijas v&iacute;ctimas de violencia. Menciona la importancia de que el personal est&eacute; capacitado, que pueda reconocer todos los estereotipos de g&eacute;nero y que adem&aacute;s se requiere de una coordinaci&oacute;n entre las dependencias sociales vinculadas a la problem&aacute;tica. En el trabajo con las mujeres, un elemento importante es respetar el tiempo y ritmo de ellas en su proceso de recuperaci&oacute;n. Con los ni&ntilde;os, el primer paso es devolverles la idea de la seguridad f&iacute;sica y emocional, construir un ambiente predecible, con l&iacute;mites y estructuras, y fortalecer la relaci&oacute;n materna como estrategia reparadora. El autor menciona que lo m&aacute;s importante de cualquier intervenci&oacute;n terap&eacute;utica es no enjuiciar, y reconocer los mecanismos de desigualdad y discriminaci&oacute;n que dan lugar a la violencia de g&eacute;nero en la pareja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi recomendaci&oacute;n es definitiva. He aprendido mucho con la lectura de esta obra, y me parece que Ra&uacute;l Lizana Zamudio cumple su prop&oacute;sito de llegar a lectoras como yo, no especialistas en el tema, adem&aacute;s de poner en escena un problema tan lacerante para nuestros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.</font></p>        ]]></body>
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