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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Julia Estela Monárrez Fragoso (2009), Trama de una injusticia. Feminicidio sexual sistémico en Ciudad Juárez]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Julia Estela Mon&aacute;rrez Fragoso (2009), <i>Trama de una injusticia. Feminicidio sexual sist&eacute;mico en Ciudad Ju&aacute;rez</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Salvador Cruz Sierra*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, El Colegio de la Frontera Norte y Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, 328 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador de El Colegio de la Frontera Norte, Ciudad Ju&aacute;rez.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Correspondencia:</b><i>     <br> avenida Insurgentes 3708,     <br> colonia Los Nogales, C. P. 32350,     <br> Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua, M&eacute;xico.     <br> </i>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:scruz@colef.mx">scruz@colef.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Trama de una injusticia </i>aborda la violencia sexual feminicida en Ciudad Ju&aacute;rez, de 1993 a 2004. Es un trabajo de investigaci&oacute;n, que teje de manera exhaustiva y detallada informaci&oacute;n de fuentes hemerogr&aacute;ficas, informes de instancias judiciales y de organizaciones no gubernamentales, que llevan a la autora a construir la base de datos "feminicidio"; que provee informaci&oacute;n amplia para confrontar hechos concretos con declaraciones de funcionarios y reconstrucci&oacute;n de historias por parte de familiares de las v&iacute;ctimas, en un marco te&oacute;rico&#150;conceptual pertinente y cr&iacute;tico. La propuesta de Julia Mon&aacute;rrez hace &eacute;nfasis en la connotaci&oacute;n sexual de los asesinatos, dentro de las formas en que se presenta el feminicidio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los aportes principales es la categor&iacute;a conceptual, propia de la realidad del fen&oacute;meno en el contexto fronterizo, denominado por ella feminicidio sexual sist&eacute;mico; que le permite explicar las formas atroces de violencia sexual, que se estampan en los cuerpos de las v&iacute;ctimas. La lectura del texto remite y hace pensar en la sexualidad de los hombres y la condici&oacute;n masculina, que parece hacen del cuerpo de las v&iacute;ctimas el signo del estigma para "re&#150;marcar" el lugar de la mujer en la sociedad; primero, la marca de un ser y cuerpo para otros, ente despose&iacute;do de su cualidad de sujeto;y como re&#150;marcaci&oacute;n, el demostrar la superioridad mediante la imposici&oacute;n, no s&oacute;lo de una sexualidad abyecta, proyecci&oacute;n de su verdugo, dir&iacute;a yo, de una masculinidad impotente y derrotada, sino tambi&eacute;n, como expresi&oacute;n suprema de poder, el aniquilamiento total del otro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis del feminicidio sexual sist&eacute;mico no se circunscribe al acto homicida, Mon&aacute;rrez lo contextualiza en la trama social, pol&iacute;tica, cultural y econ&oacute;mica que lo propicia. Resulta de una riqueza excepcional la visi&oacute;n integral con la que va entretejiendo, mediante un trabajo detallado y sistem&aacute;tico, como una labor de hormiga, la malla que da sentido al entramado entre la v&iacute;ctima, su familia, el contexto fronterizo, el gobierno, el proceso de industrializaci&oacute;n y el sistema capitalista, as&iacute; como el conjunto de instancias judiciales que violentan de forma sistem&aacute;tica a las v&iacute;ctimas y sus familias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qui&eacute;n, qui&eacute;nes o qu&eacute; es lo responsable de esta atrocidad? El Estado d&eacute;bil, fallido o asesino, que mediante su participaci&oacute;n c&oacute;mplice y evasiva dice poco y hace nada para detener la masacre; sus instituciones, que atrofian la impartici&oacute;n de justicia y responsabilizan a las propias v&iacute;ctimas y sus familias; el neoliberalismo que cosifica a la mujer como mano de obra devaluada o los hombres de carne y hueso, referidos por las autoridades como enfermos o delincuentes, cuya sexualidad perversa e irrefrenable se satisface con el asesinato sexual de mujeres. Sin lugar a dudas todos estos aspectos, como lo demuestra la autora, est&aacute;n posibilitando el feminicidio, pero &iquest;qui&eacute;n es el victimario? y &iquest;qu&eacute; caracter&iacute;sticas se le atribuyen?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mon&aacute;rrez habla del Estado masculinizado, quiz&aacute; en el sentido del dominio de los hombres. Si entendemos por masculinidad todo un mundo social organizado, que mediante discursos dominantes, redes y formas de relaci&oacute;n, pr&aacute;cticas sociales y posiciones dispares en la matriz de g&eacute;nero posibilitan un conjunto de acciones que reafirman las asimetr&iacute;as entre hombres y mujeres, materializadas en espacios sociales espec&iacute;ficos, se puede asumir al mismo Estado como masculino, pues en &eacute;l se resguarda la posibilidad de que hombres concretos accedan a posiciones de control, autoridad y con privilegios en las relaciones y actividades organizadas socialmente. O como lo refiere la autora, son las estructuras pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales las que sustentan la masculinidad hegem&oacute;nica, y en forma paralela apoyan la violencia de g&eacute;nero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sta, que trasciende los cuerpos concretos de hombres y mujeres, y adquiere forma en las instituciones, y el Estado masculino opera mediante diversos mecanismos. En este sentido, me parece central lo que Mon&aacute;rrez muestra al exhibir lo que llama la "ficci&oacute;n c&oacute;mplice"; entiendo como ficci&oacute;n el "parecer hacer", el juego de las apariencias, y complicidad que protege los intereses del patriarcado. Ella se&ntilde;ala que la dominaci&oacute;n masculina encuentra un gran soporte en la complicidad; la coerci&oacute;n, deseo, sumisi&oacute;n y complicidad parecen ser ingredientes que engrasan la maquinaria encargada de reproducir las asimetr&iacute;as de g&eacute;nero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta complicidad est&aacute; impl&iacute;cito, aunque no expl&iacute;cito, el silencio, que en una de sus acepciones la Real Academia Espa&ntilde;ola define como "sin protesta, sin quejarse, sufrir en silencio". La dominaci&oacute;n masculina para su sostenimiento y vigencia utiliza las complicidades de los hombres y mujeres que callan los abusos, excesos y la violencia ejercida sobre los m&aacute;s desfavorecidos, ante la posibilidad de perder los muchos o pocos privilegios a los que tienen acceso. La eficacia de la dominaci&oacute;n masculina estriba en la amenaza real o simb&oacute;lica de ocupar el lugar de estigma y exclusi&oacute;n de lo femenino, como el caso de las mujeres asesinadas o los homosexuales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien Julia Mon&aacute;rrez es muy clara al identificar la violencia estructural a que son sometidas las mujeres m&aacute;s marginadas, pues hace hincapi&eacute; en el peso de las condiciones de desigualdad social que las aquejan, y reconoce que esta problem&aacute;tica forma parte de una sociedad "donde hay fuerzas c&oacute;mplices que van m&aacute;s all&aacute; de los asesinos", no deja de lado la parte de la subjetividad masculina, la que se materializa en cuerpos de hombres que ejecutan el acto homicida. Para su an&aacute;lisis tiene una gran desventaja, que en la gran mayor&iacute;a de los feminicidios registrados no se ha identificado a los responsables, sin embargo, en la discusi&oacute;n planteada aqu&iacute; hace referencia a la sexualidad masculina, y aborda la relaci&oacute;n entre sexualidad y poder, entre placer y violencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El acto sexual violento realizado por el hombre es un componente importante en el feminicidio sexual sist&eacute;mico. Esto necesariamente remite a la sexualidad masculina, cuya naturaleza parece desviada, perversa, enferma. De manera ingenua, uno podr&iacute;a suponer, aunque parezca curioso, que los victimarios de las asesinadas son dominados por una libido muy selectiva, pues las requiere j&oacute;venes, de piel morena, pobres, migrantes, estudiantes o trabajadoras de maquila, pero el mismo sentido com&uacute;n nos dir&iacute;a que no, que los cuerpos de estas mujeres m&aacute;s que representar la fantas&iacute;a er&oacute;tica heterosexual masculina m&aacute;s comercial y fetichista, lo que reencarnan es la gran desigualdad que las vulnera m&aacute;s que a otras y las posiciona como objetos de desecho social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia sexual ejercida en las v&iacute;ctimas habla de c&oacute;mo ciertas expresiones de la sexualidad masculina est&aacute;n normativizadas y matizadas por las condicionantes de clase social, edad, g&eacute;nero y color de piel, entre otros aspectos. Por lo tanto, m&aacute;s que buscar el fundamento de este comportamiento sexual violento en la patologizaci&oacute;n de ciertas subjetividades masculinas o de hombres con perfiles soci&oacute;patas, que sin lugar a dudas pueden existir pero no explican su apabullante presencia, pensemos su raz&oacute;n de ser en la manera en que est&aacute; conformada la sexualidad en el mismo orden social y cultural simb&oacute;lico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al caracterizar la sexualidad masculina como genitalizada, varios te&oacute;ricos han se&ntilde;alado que cosifica y fragmenta el cuerpo propio y ajeno, que fetichiza ciertas partes corporales, y que se preocupa por el tama&ntilde;o del pene, por el rendimiento y desempe&ntilde;o sexual m&aacute;s que por un placer compartido. En cierta forma, estos aspectos remiten a la conformaci&oacute;n de la identidad masculina, cuyo peso reposa sobre la virilidad. En este sentido, y como garante de ella, la centralidad del pene demuestra su importancia simb&oacute;lica; el falo, que representa el vigor, la determinaci&oacute;n, la eficacia, pero tambi&eacute;n la dureza, la fuerza y la penetraci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu (2000) debate sobre la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica del acto sexual, y analiza que es concebido por el hombre como una manera de dominaci&oacute;n, apropiaci&oacute;n, y "posesi&oacute;n". Penetrar es una forma de afirmaci&oacute;n de la virilidad. Si se entiende la subjetividad como una posici&oacute;n en el &aacute;mbito ps&iacute;quico, en donde lo masculino se instaura como el sujeto deseante, activo y la mujer como objeto de deseo para otro, y como tal ubicada en una posici&oacute;n pasiva, entenderemos su correlato en los roles sexuales activo&#150;pasivo, en donde m&aacute;s all&aacute; del acto f&iacute;sico penetrar&#150;ser penetrado, se organiza el deseo masculino&#150;activo como de posesi&oacute;n, dominaci&oacute;n er&oacute;tica, y el femenino como subordinaci&oacute;n er&oacute;tica, ambas expresiones erotizadas en hombres y mujeres. Asimismo, estas dicotom&iacute;as activo&#150;pasivo, masculino&#150;femenino tambi&eacute;n constituyen la fuente de formas de dominaci&oacute;n vigentes en el cuerpo social; en las relaciones entre hombres y mujeres y entre grupos de unos y otras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La afirmaci&oacute;n de la virilidad vincula la sexualidad y el poder; el control, sometimiento, dominaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n puede dar cabida a la humillaci&oacute;n y al castigo. Es decir, tambi&eacute;n provee de la capacidad para el ejercicio de la violencia. En este sentido, Bourdieu se&ntilde;ala:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para obtener actos tales como matar, torturar o violar, la voluntad de dominaci&oacute;n, de explotaci&oacute;n o de opresi&oacute;n, se ha apoyado en el temor "viril" de excluirse del mundo de los "hombres" fuertes, de los llamados a veces "duros" porque son duros respecto a su propio sufrimiento y, sobre todo, respecto al sufrimiento de los dem&aacute;s &#151;asesinos, torturadores y jefecillos de todas las dictaduras y de todas las instituciones totalitarias (2000, 71).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, pareciera que detr&aacute;s de esta cara dura y violenta de la virilidad se esconde el miedo a lo femenino, sin lugar a dudas podr&iacute;a tener raz&oacute;n; pero por otra parte, tambi&eacute;n puede hablar de una derrota y fracaso del patriarcado. En el asesinato de mujeres, el ejercicio de poder y violencia sobre los cuerpos femeninos representan la expresi&oacute;n &uacute;ltima del sexismo, "aquella que se manifiesta precisamente cuando el hombre siente que pierde el control, o no lo ha llegado a tener", como se&ntilde;ala Mar&iacute;a Jes&uacute;s Izquierdo (2008).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso del feminicidio sexual sist&eacute;mico que analiza Mon&aacute;rrez, la sexualidad es el objeto de castigo de quien asesina; la vejaci&oacute;n sexual infringida en el cuerpo que muestra una "sexualidad abyecta, vulgar, corrupta, nauseabunda y f&aacute;cil no es la de la mujer, no es la del cad&aacute;ver, es la sexualidad del agresor en conjunci&oacute;n con quienes supuestamente deben garantizar la preservaci&oacute;n de la vida humana" (p.262), podr&iacute;amos decir que es la del verdugo, del sistema patriarcal, que en un acto de poder extremo marca con el sello del estigma al cuerpo de la mujer.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuerpo inerte, mutilado y violado es el portador emp&iacute;rico de la dominaci&oacute;n masculina, pero su funci&oacute;n simb&oacute;lica lo exhibe como cuerpo de desperdicio. Se&ntilde;ala la autora: "Es a trav&eacute;s de sus cuerpos asesinados como se va a establecer mecanismos de control para las dem&aacute;s mujeres, sus familiares y para el cuerpo social, por medio de los procesos del g&eacute;nero y el capitalismo" (p.259). Podr&iacute;amos pensar que es un llamado a la sociedad en su conjunto para decir desvergonzadamente qui&eacute;n ejerce el poder y hasta d&oacute;nde lo tiene, claro en un sistema corrupto donde reina la impunidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta llamada de atenci&oacute;n a la sociedad, tal parece que opera en los receptores un mecanismo de despersonalizaci&oacute;n y proyecci&oacute;n, y entonces se les refiere como "aquellas mujeres que son asesinadas", "son las otras", muchas veces despojadas de toda identidad y cualidad humana. Esto es justo otra forma de violencia que se les propina a las v&iacute;ctimas y sus familias; su desdibujamiento y paso por la indiferencia de las autoridades y, muchas veces, por la sociedad en su conjunto. Sin embargo, indica Mon&aacute;rrez: "Los cuerpos violentados no existen en el vac&iacute;o: son parte de una sociedad que permite el asesinato de mujeres" (p. 11).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, me interesa resaltar en especial la forma en que ella plantea la construcci&oacute;n del cuerpo femenino en sus dos dimensiones; la f&iacute;sica, como algo extinto, en muchos casos s&oacute;lo como mutilado, una osamenta, un n&uacute;mero de expediente, sin nombre ni identidad; y por otra, la parte simb&oacute;lica, como signo emblem&aacute;tico de la mujer estigmatizada a la que se le ha infringido castigo, y que finalmente habla de la devaluaci&oacute;n de lo femenino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta parad&oacute;jico c&oacute;mo la categor&iacute;a "mujer" adquiere en el imaginario social connotaciones de delicadeza, fragilidad, llegando a considerar que no se le puede maltratar ni con el p&eacute;talo de una rosa, pero en el otro extremo, la ideolog&iacute;a de g&eacute;nero tambi&eacute;n la ha identificado con la voluptuosidad, las artima&ntilde;as, el enga&ntilde;o y la traici&oacute;n. Por tanto, parece ser un concepto vac&iacute;o con significados m&uacute;ltiples, a veces ambivalentes, diversos y difusos, que dependen de la red de relaciones simb&oacute;licas y sociales en que se enlace y posicione el sujeto para que pueda representar, desde el amor maternal m&aacute;s sublime e idolatrado, hasta su opuesto, el desecho humano, sin val&iacute;a, derecho ni justicia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los aspectos m&aacute;s interesantes y humanos del presente trabajo es la posibilidad de que estas mujeres asesinadas adquieran el derecho a reconstruir su historia o al menos una parte, a ser reconocidas y a reconfigurar su rostro. No son s&oacute;lo mujeres osadas que transitaban de noche por lugares poco iluminados, de doble vida, que consum&iacute;an drogas o viv&iacute;an desenfrenadamente, como lo refirieron en su momento diversas autoridades, sino que tienen nombre y apellidos, ocupaban un lugar en la familia y ten&iacute;an madre, padre y hermanos, compa&ntilde;eros de trabajo y jefes; mujeres insertas en una red de relaciones sociales y afectivas, cuya existencia y presencia dotaban de sentido el mundo social al que pertenec&iacute;an.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta generosa posibilidad la ofrece Mon&aacute;rrez con la restauraci&oacute;n de algunos aspectos de la vida de diez v&iacute;ctimas, a trav&eacute;s de la reconfiguraci&oacute;n de la materialidad inexistente por medio de la narrativa de "la persona que habla de la que ya no existe" (p.203). Esta reconstrucci&oacute;n, como le he llamado, del rostro de la v&iacute;ctima, no s&oacute;lo se limita a desmitificar las concepciones falsas de victimolog&iacute;a de las ni&ntilde;as y mujeres asesinadas y sus familias, como lo propone la autora, sino que su trabajo va m&aacute;s all&aacute;, pues al darle voz a los familiares es posible dotar a las v&iacute;ctimas de su cualidad humana, del sentido de pertenencia al cuerpo social, de ser parte de nosotros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro trasmite emociones muy fuertes, pero m&aacute;s que compadecernos de las victimadas y del dolor desgarrador que relatan y trasmiten los familiares, ojal&aacute; nos haga reflexionar sobre nuestro propio silencio, indiferencia y responsabilidad compartida por la reproducci&oacute;n de un orden social asim&eacute;trico, mis&oacute;gino y homof&oacute;bico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, Pierre. 2000. <i>La dominaci&oacute;n masculina</i>. Madrid: Anagrama.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6419952&pid=S1870-3925201000010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Izquierdo, Mar&iacute;a Jes&uacute;s. 2008. Lo que cuesta ser hombre: costes y beneficios de la masculinidad. Ponencia presentada en el Congreso Emakunde, Donostia San Sebasti&aacute;n.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6419953&pid=S1870-3925201000010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Real Academia Espa&ntilde;ola. 2009. <a href="http://www.rae.es/rae.html" target="_blank">http://www.rae.es/rae.html</a> (3 de noviembre de 2009).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6419954&pid=S1870-3925201000010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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