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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Eduardo L. Menéndez (2002), La parte negada de la cultura. Relativismo, diferencias y racismo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Eduardo L. Men&eacute;ndez (2002), <i>La parte negada de la cultura. Relativismo, diferencias y racismo</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Barcelona, Bellaterra, 421 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rosa Mar&iacute;a Osorio*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#150;investigadora titular, CIESAS&#150;DF</i></font>.</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Hay quienes imaginan el olvido    <br> como un dep&oacute;sito desierto / una    <br> cosecha de la nada y sin embargo    <br> el olvido est&aacute; lleno de memoria</i>    <br> </font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">MARIO BENEDETTI</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tarea de rese&ntilde;ar este libro representa un doble desaf&iacute;o tanto profesional como personal. En el primer plano, debido a que considero que <i>La parte negada de la cultura</i> simboliza un fruto s&oacute;lo posible a trav&eacute;s de una larga y brillante trayectoria acad&eacute;mica, que pone de manifiesto una profunda reflexi&oacute;n epistemol&oacute;gica e hist&oacute;rica de la teor&iacute;a y de la pr&aacute;ctica de la antropolog&iacute;a como campo disciplinario. Es un texto complejo, de agudeza cr&iacute;tica y m&uacute;ltiples aportes anal&iacute;ticos, por lo que elaborar una rese&ntilde;a supone el riesgo de no recuperar de manera equilibrada los aspectos sustanciales de la obra, de sesgar la interpretaci&oacute;n de lo que el autor propone y, obviamente, la inevitable necesidad de privilegiar el enfoque de ciertos temas en menoscabo de otros. En el plano personal, y como disc&iacute;pula de Eduardo Men&eacute;ndez, presentar este libro planteaba la posibilidad &#151;quiz&aacute;s tan s&oacute;lo como tentaci&oacute;n&#151; de aproximarme desde un &aacute;ngulo que integrase a la rese&ntilde;a otras muchas ense&ntilde;anzas sobre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica de la antropolog&iacute;a que me ha dado el maestro, a trav&eacute;s de veinticinco a&ntilde;os de continuo aprendizaje. Sin embargo, a pesar de la tentaci&oacute;n, he optado por concentrarme en el contenido del texto, ya en s&iacute; mismo suficientemente denso, con la expectativa de que el lector se interese en conocerlo de primera mano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se encuentra organizado en una introducci&oacute;n y seis cap&iacute;tulos &#151;cada uno de los cuales puede ser le&iacute;do como una unidad en s&iacute;&#151;, que simult&aacute;neamente se van entrecruzando con un eje que le da sentido totalizador y continuidad a todo el trabajo, es decir, el an&aacute;lisis de aquellos aspectos negados, olvidados, secundarizados o no reconocidos por el campo disciplinario de la antropolog&iacute;a y de otras ciencias sociales, a trav&eacute;s de los cuales es posible reconocer una tendencia a la deshistorizaci&oacute;n y descontextualizaci&oacute;n de la producci&oacute;n de determinadas teor&iacute;as, metodolog&iacute;as y conceptos que sustentan dicho campo. Fundamentalmente, lo que podr&iacute;a identificarse como una especie de <i>amnesia profesional</i> &#151;a veces convenientemente selectiva&#151; de los usos, apropiaciones y aplicaciones que distintos sectores sociales han generado de los saberes socioantropol&oacute;gicos a lo largo del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el texto bien podr&iacute;a haberse titulado <i>La parte negada de la antropolog&iacute;a</i>, ya que de una manera sistem&aacute;tica pone en evidencia y cuestiona el lado oculto de nuestra disciplina, a la luz de una mirada que recupera las continuidades y discontinuidades de estas negaciones. En cada uno de los cap&iacute;tulos se enfoca el an&aacute;lisis de diversos n&uacute;cleos tem&aacute;ticos y emblem&aacute;ticos que han ido constituyendo nuestro objeto de estudio y la propia identidad disciplinaria, como son, entre otros, el relativismo y la diferencia cultural; la etnicidad y la multiplicidad cultural, la relaci&oacute;n biolog&iacute;a&#150;cultura y los procesos de medicalizaci&oacute;n y biologizaci&oacute;n de la vida cotidiana; el papel del antrop&oacute;logo como investigador y la relaci&oacute;n con sus sujetos de estudio; la antropolog&iacute;a aplicada, los usos y consecuencias pol&iacute;tico&#150;ideol&oacute;gicas que ha tenido &#151;y puede seguir teniendo&#151; la producci&oacute;n antropol&oacute;gica respecto de concepciones racistas plasmadas en pol&iacute;ticas de Estado que hist&oacute;ricamente han marcado nuestras sociedades. Al respecto, Men&eacute;ndez subraya el papel de las condiciones socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas que han permeado y moldeado la producci&oacute;n, apropiaci&oacute;n y uso social de los saberes cient&iacute;ficos &#151;en particular los antropol&oacute;gicos&#151;, as&iacute; como los ocultamientos u olvidos derivados de un quehacer profesional que impulsa, ignora o no cuestiona esta instrumentaci&oacute;n de los saberes y pone el acento cr&iacute;tico en aquellos aspectos que es necesario recordar, que no conviene olvidar para evitar, en lo posible, repetir.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se inicia con un excelente pr&oacute;logo que, a manera de homenaje, escriben Rosario Otegui y Josep M. Comelles, destacados disc&iacute;pulos que hacen un reconocimiento a la obra de Men&eacute;ndez por lo que &eacute;sta ha significado en la producci&oacute;n antropol&oacute;gica de habla hispana, en particular sus contribuciones a la antropolog&iacute;a m&eacute;dica de tradici&oacute;n latina. Aciertan cuando se&ntilde;alan que "es un libro maduro, transparente y aut&eacute;ntico [...] Nos conduce, a lo largo de p&aacute;ginas intensas, por una reflexi&oacute;n te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gica a preguntarnos el porqu&eacute; de los olvidos, las negaciones y las desapariciones en distintos niveles del conocimiento y desarrollo de las ciencias sociales en general y de la antropolog&iacute;a en particular. Nos lleva al lado oscuro de nuestra historia, de nuestra identidad" (p. 1 6).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte del texto se presenta un an&aacute;lisis del desarrollo hist&oacute;rico de la antropolog&iacute;a, haciendo hincapi&eacute; en los criterios que definen su constituci&oacute;n como campo disciplinario diferenciado y especializado, a lo largo de un proceso de institucionalizaci&oacute;n y profesionalizaci&oacute;n de las ciencias sociohist&oacute;ricas, en aquellos contextos de producci&oacute;n cient&iacute;fica. El autor reconstruye dichos procesos a partir del reconocimiento de diversos periodos de crisis que han marcado la antropolog&iacute;a, en las que evidencia los olvidos y negaciones de los antrop&oacute;logos antecesores a dichos periodos y los analiza como procesos potencialmente necesarios de ruptura, construcci&oacute;n y redefinici&oacute;n de nuestra disciplina, que incluyen el replanteamiento y revisi&oacute;n de sus tem&aacute;ticas, enfoques te&oacute;ricos, metodolog&iacute;as, zonas de inter&eacute;s y, de manera muy importante, de sus sujetos de estudio. Men&eacute;ndez pone de relieve la articulaci&oacute;n entre las tendencias de la producci&oacute;n antropol&oacute;gica y las condiciones sociales, econ&oacute;micas y sobre todo los intereses geopol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos dominantes en cada periodo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer t&eacute;rmino, examina la crisis que tuvieron los presupuestos ideol&oacute;gicos subyacentes en las teor&iacute;as evolucionistas (en cuanto racistas) que prevalecieron en el origen disciplinario hacia fines del siglo XIX. Propone el establecimiento de dos modalidades de la producci&oacute;n antropol&oacute;gica: en primer t&eacute;rmino, el modelo antropol&oacute;gico reconstructivo conjetural (1880&#150;1920), con una fuerte influencia de la antropolog&iacute;a alemana, y posteriormente, el modelo antropol&oacute;gico cl&aacute;sico (1920&#150;1950), que incluye rasgos ahist&oacute;ricos, homogeneizantes y predominantemente enfocados en lo simb&oacute;lico; sus caracter&iacute;sticas principales ser&iacute;an una concepci&oacute;n hol&iacute;stica y central de la cultura, la metodolog&iacute;a cualitativa de investigaci&oacute;n y el trabajo de campo de larga duraci&oacute;n, desarrollado en la comunidad, a trav&eacute;s de los estudios locales o etnograf&iacute;as, que intentaban revelar la diversidad/diferencia cultural, mediante la recuperaci&oacute;n de la perspectiva emic. Se asum&iacute;a que la antropolog&iacute;a era la disciplina que estudiaba al otro, al diferente cultural y/o socioecon&oacute;micamente, caracterizando as&iacute; una identidad epistemol&oacute;gica y profesional y fundamentando en esta visi&oacute;n sus principales aportes. El trabajo de campo y la diferencia cultural del antrop&oacute;logo respecto de sus sujetos de estudio marcaron una orientaci&oacute;n predominantemente empirista, donde los planteamientos te&oacute;ricos fueron desarrollados con menor profundidad que las etnograf&iacute;as, a trav&eacute;s de las cuales el antrop&oacute;logo garantizaba "su objetividad" en funci&oacute;n del distanciamiento cultural que manten&iacute;a en (su) relaci&oacute;n con los sujetos que estudiaba.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto que Men&eacute;ndez desarrolla profusamente es la contribuci&oacute;n de los cient&iacute;ficos (entre ellos los antrop&oacute;logos) al establecimiento de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, de transformaci&oacute;n social, que impuso el nazismo, con una marcada orientaci&oacute;n racista, de control, estigmatizaci&oacute;n y exterminio, que propici&oacute; una notable ideologizaci&oacute;n y politizaci&oacute;n de la disciplina, a partir de los usos instrumentados de la relaci&oacute;n cultura&#150;biolog&iacute;a, el cuerpo como laboratorio experimental, la limpieza &eacute;tnico&#150;racial, y los consecuentes criterios t&eacute;cnico&#150;ideol&oacute;gicos que sustentaron las pol&iacute;ticas nazis. Una parte de la historia (vergonzante) de la ciencias &#151;de manera sobresaliente la medicina&#151; que ha sido sistem&aacute;ticamente silenciada, borrada, por el conjunto de la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica, no s&oacute;lo desde la antropolog&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde fines del siglo XIX y durante la primera mitad del XX se identifica un fuerte impulso que en los pa&iacute;ses centrales se dio a sus respectivas antropolog&iacute;as nacionales, las cuales devinieron hegem&oacute;nicas, dada la existencia de fuertes intereses colonialistas y de expansi&oacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica. Durante esta etapa, el autor analiza c&oacute;mo se fue transformando la relaci&oacute;n entre el sujeto de estudio y el antrop&oacute;logo, en gran parte derivado del reordenamiento geopol&iacute;tico mundial, resultado de los procesos de colonizaci&oacute;n e independencia de los pa&iacute;ses donde trabajaban los antrop&oacute;logos y la consiguiente transformaci&oacute;n de las sociedades en que viv&iacute;an sus sujetos de estudio. Actualmente es reconocida la articulaci&oacute;n hist&oacute;rica entre antropolog&iacute;a y colonialismo, pero durante mucho tiempo &eacute;sta fue negada, ocultada u olvidada, y cuando fue puesta en evidencia, hacia la d&eacute;cada de los cincuenta y sobre todo de los sesenta, se gener&oacute; una nueva etapa de crisis, de revisi&oacute;n cr&iacute;tica y autocr&iacute;tica de la disciplina.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo segundo, Men&eacute;ndez centra su an&aacute;lisis en los significados del estudio del otro, la construcci&oacute;n de las alteridades y el estudio de la diferencia, como categor&iacute;as fundacionales e identitarias de la antropolog&iacute;a y focaliza los cambios (pendulares) en las distintas aproximaciones antropol&oacute;gicas a la relaci&oacute;n sujeto&#150;cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor analiza algunas tendencias surgidas en las d&eacute;cadas de 1970 y 1980, que contin&uacute;an hasta la actualidad y que han impulsado una transformaci&oacute;n de los sujetos de estudio cl&aacute;sicos, con lo cual se genera una crisis/ malestar como consecuencia de la p&eacute;rdida de identidad y/o una falta de autorreconocimiento disciplinarios en lo que respecta tanto a sus sujetos de estudio como al papel que desempe&ntilde;a el trabajo de campo en la investigaci&oacute;n, dos de sus rasgos m&aacute;s distintivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un contexto de crisis econ&oacute;mica en pa&iacute;ses latinoamericanos, transformaci&oacute;n de los sistemas pol&iacute;ticos, aumento creciente de los procesos migratorios internacionales y del surgimiento de movimientos nacionalistas en los pa&iacute;ses centrales, lo que se observa en el campo acad&eacute;mico&#150;profesional es una tendencia a la diversificaci&oacute;n de los posibles sujetos sociales que formar&aacute;n parte del campo de estudio antropol&oacute;gico, a partir de ciertos rasgos idiosincr&aacute;sicos que les dan identidad y son reivindicados por su diferencia particular y por la relaci&oacute;n que esta condici&oacute;n peculiar establece con los otros sujetos. De esta manera, a los sujetos de estudio "tradicionales" &#151;grupos &eacute;tnicos ind&iacute;genas, campesinos, obreros&#151; se a&ntilde;aden o superponen sujetos sociales seg&uacute;n su g&eacute;nero, orientaci&oacute;n sexual, enfermedad, discapacidad, pertenencia a movimientos sociales, entre otras categor&iacute;as, con la salvedad de que ahora estos sujetos de estudio son "redescubiertos" en el seno de la propia sociedad en la que el antrop&oacute;logo reside. Es decir, el otro diferente investigado, convive en la propia sociedad con el investigador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta tendencia a la diversificaci&oacute;n de los sujetos sociales, Men&eacute;ndez nos muestra que hay tambi&eacute;n un cambio de las maneras en que el antrop&oacute;logo concibe y se aproxima a la relaci&oacute;n sujeto&#150;cultura. Si bien de acuerdo con el modelo antropol&oacute;gico cl&aacute;sico, el sujeto reproduc&iacute;a homog&eacute;neamente la cultura de su grupo social de pertenencia &#151;su comunidad, su etnia&#151;, por tanto, el sujeto era recuperado como unidad de expresi&oacute;n de su cultura, homog&eacute;nea, arm&oacute;nica, original, coherente, analiz&aacute;ndose como sujeto integrado (en y a trav&eacute;s de la cultura), con un enfoque que pulverizaba o secundarizaba la subjetividad del mismo como parte de su materia de estudio, excepto en algunas corrientes como la de cultura y personalidad que intentaban recuperar una perspectiva mediadora entre el sujeto y la cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta cr&iacute;tica a esta postura se ubica en el replanteamiento del estudio del sujeto, su identidad y subjetividad recuperadas dentro del encuadre anal&iacute;tico, aunque no siempre se acompa&ntilde;e de un desarrollo te&oacute;rico de esta categor&iacute;a, dirigiendo sus intereses al polo opuesto, donde el sujeto aparece entonces como el centro del an&aacute;lisis, secundarizando la cultura. Surge ahora un individuo fragmentado cuya identidad aparece centrada en su situacionalidad particular, espec&iacute;fica, misma que lo hace diferente a los otros sujetos sociales, aunque todos coexistan y formen parte de una misma cultura, o compartan diversas culturas (como lo proponen las teor&iacute;as del sujeto h&iacute;brido). El extremo de esta tendencia "subjetivista" llevar&aacute; a proponer al investigador mismo como un posible sujeto de estudio, susceptible de analizar su propia diferencia, considerarse a s&iacute; mismo como un otro al cual puede describir y examinar autorreflexivamente. De esta manera, el antrop&oacute;logo que antes estudiaba a los otros que viv&iacute;an fuera del nosotros se dedica ahora a investigar a los otros que coexisten dentro del nosotros e incluso puede llegar a plantear el estudio de nosotros mismos, mirados como otros.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que respecta al trabajo de campo de larga duraci&oacute;n, se observa un malestar producto de la p&eacute;rdida de sentido de este rasgo caracter&iacute;stico, en tanto que se cuestiona el poco impacto que los estudios de este tipo pueden tener en la transformaci&oacute;n de la realidad, y por otro lado, en la p&eacute;rdida de la pretendida objetividad de la disciplina en funci&oacute;n de que ya no existe una distancia cultural y espacial con los sujetos de estudio. Parad&oacute;jicamente a esta crisis interna, se advierte una consolidaci&oacute;n del proceso de institucionalizaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a en t&eacute;rminos profesionales, al mismo tiempo que se percibe una reivindicaci&oacute;n de uno de los rasgos distintivos de la antropolog&iacute;a, la metodolog&iacute;a cualitativa, desde sectores pol&iacute;ticos y acad&eacute;micos que tradicionalmente no los hab&iacute;an recuperado, sobre todo en el campo de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, de la epidemiolog&iacute;a, de la sociolog&iacute;a. A partir de este periodo se observa una creciente hegemonizaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a norteamericana como el centro de producci&oacute;n m&aacute;s importante a escala internacional, al mismo tiempo que identificamos una homogeneizaci&oacute;n de los marcos te&oacute;ricos desde donde se trabaja. Si bien se desarrolla esta tendencia a hablar del multiculturalismo, del punto de vista del actor, de la diversidad cultural y la diferencia social, del retorno a lo local, al mismo tiempo hay una homogeneizaci&oacute;n de los marcos te&oacute;ricos desde los cuales se analiza dicha diferenciaci&oacute;n y &eacute;stos tienen que ver con los producidos en Estados Unidos. Con relaci&oacute;n a esto, Men&eacute;ndez concluye que hay una tendencia fenomenol&oacute;gica que reivindica este retorno a lo local, una posici&oacute;n empirista que secundariza a la teor&iacute;a, y una recuperaci&oacute;n de la experiencia como categor&iacute;a central, as&iacute; como el estudio de lo obvio como parte del sentido com&uacute;n. Finalmente propone el an&aacute;lisis de tres vertientes de la antropolog&iacute;a seg&uacute;n la manera en que encuadren la relaci&oacute;n entre sujeto y cultura. Dichas tendencias ser&iacute;an la teor&iacute;a de las pr&aacute;cticas, la teor&iacute;a de los discursos y la teor&iacute;a de las intencionalidades, cada cual con una determinada orientaci&oacute;n en sus marcos te&oacute;ricos y conceptuales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los aspectos desarrollados en el libro es el uso y desuso de algunos conceptos b&aacute;sicos de la antropolog&iacute;a social, los cuales han sido apropiados, olvidados, reinventados a trav&eacute;s del tiempo, centr&aacute;ndose en revisar la historia de la producci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de diferentes conceptos clave, tales como cultura, hegemon&iacute;a, sociedad civil, pobreza, redes sociales, clase social y, de manera muy extensa, el concepto de <i>habitus</i>. El autor se&ntilde;ala que existe una continua producci&oacute;n de conceptos similares &#151;en ocasiones incluso intercambiables&#151;; sin embargo, reconoce un uso ahist&oacute;rico de &eacute;stos y de las teor&iacute;as que los incluyen, y un continuo redescubrimiento de lo que con anterioridad ha sido planteado por otros autores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proceso de olvido y negaci&oacute;n puede ser explicado a partir de distintas vetas, como ser&iacute;an el proceso de construcci&oacute;n del conocimiento, las condiciones sociales e ideol&oacute;gicas que moldean la producci&oacute;n institucional, el narcisismo profesional e individual, la resignificaci&oacute;n derivada de un uso t&eacute;cnico o aplicado, el uso y apropiaci&oacute;n transdisciplinaria de los conceptos, la orientaci&oacute;n productivista y la existencia de un mercado cient&iacute;fico de saberes que impulsa la innovaci&oacute;n y reduce los tiempos de producci&oacute;n cient&iacute;fica que permiten explicar el olvido como actualizaci&oacute;n continua del presente. El olvido as&iacute; considerado tiene una funci&oacute;n de negaci&oacute;n de la historia de la disciplina, de los usos y de los malos usos de la propia producci&oacute;n. Subraya la utilizaci&oacute;n e instrumentaci&oacute;n que de los distintos conceptos hacen no s&oacute;lo los acad&eacute;micos, sino tambi&eacute;n los conjuntos sociales y diversos sectores sociales y pol&iacute;ticos, sus implicaciones y consecuencias no s&oacute;lo t&eacute;cnicas sino ideol&oacute;gicas, tanto en la planificaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas como en los saberes de los conjuntos sociales y la organizaci&oacute;n de la vida cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las partes medulares del texto desarrolla una aproximaci&oacute;n a las corrientes te&oacute;ricas que destacan la recuperaci&oacute;n del denominado punto de vista del actor en t&eacute;rminos de las continuidades y discontinuidades que se observan a lo largo de la producci&oacute;n de perspectiva anal&iacute;tica; por ejemplo, cuando se hace un seguimiento del abordaje de la relaci&oacute;n sujeto&#150;estructura. Analiza de manera detallada algunos aspectos relativos al desarrollo te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gico y sociopol&iacute;tico de la disciplina (por ejemplo, cr&iacute;ticas al estructuralismo, el estudio de los movimientos sociales), que influyeron en el resurgimiento de esta orientaci&oacute;n en la d&eacute;cada de los sesenta y sobre todo en los setenta, y que llevaron a una producci&oacute;n que reivindica la perspectiva <i>emic</i>, desde la cual es posible explicar, interpretar o experimentar los comportamientos y procesos sociales, transformando el eje de la descripci&oacute;n y el an&aacute;lisis antropol&oacute;gico, ya no en la cultura o en la estructura, sino en el actor, fundamentalmente en determinadas aproximaciones que privilegian el estudio de aquellos actores que se encuentran en una posici&oacute;n subalterna en la estructura social. Men&eacute;ndez elabora una cr&iacute;tica al uso ahist&oacute;rico, esencialista, homogeneizante y reduccionista &#151;bastante generalizado en la actualidad&#151;, que determinadas corrientes antropol&oacute;gicas proponen de la denominada perspectiva del actor, dado que centra sus an&aacute;lisis b&aacute;sicamente en la estructura de significados, sesgando o ignorando la estructura social cuando explican o interpretan los procesos sociales. Esta llamada perspectiva del actor es utilizada en buena medida con un enfoque posicional y situacional que privilegia la palabra solamente de uno de los actores sociales, omitiendo o desconociendo la existencia de una heterogeneidad de actores significativos inmersos en una compleja red de relaciones de hegemon&iacute;a/subalternidad, cada uno de los cuales interviene diferencialmente en los procesos que se pretenden estudiar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor propone recuperar esta perspectiva del actor, dentro de un enfoque relacional y procesual que incluya no s&oacute;lo al conjunto de los actores sociales significativos, sus estructuras de significado e intereses, sino tambi&eacute;n a las relaciones asim&eacute;tricas en las cuales ellos est&aacute;n inmersos, condicionados por una estructura social. A manera de ejemplo, retoma los procesos de salud/enfermedad/atenci&oacute;n que &eacute;l mismo ha abordado en su experiencias de investigaci&oacute;n, ofreciendo un an&aacute;lisis pormenorizado de la trayectoria que el denominado enfoque del punto de vista del actor ha tenido hist&oacute;ricamente en la producci&oacute;n de la antropolog&iacute;a m&eacute;dica. La tarea epistemol&oacute;gica de asumir cr&iacute;ticamente desde cu&aacute;l punto de vista se est&aacute; analizando supone cuestionar tambi&eacute;n la relaci&oacute;n del antrop&oacute;logo con sus sujetos de estudio y asumir expl&iacute;citamente cu&aacute;l es la posici&oacute;n del investigador en t&eacute;rminos te&oacute;rico&#150;metodol&oacute;gicos, ideol&oacute;gicos y &eacute;ticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, hay una parte de la historia negada de la antropolog&iacute;a que se refiere a la exclusi&oacute;n de ciertas tem&aacute;ticas que no son abordadas o han sido frecuentemente relegadas en las etnograf&iacute;as, como ser&iacute;an el tema de los derechos humanos, la tortura, la violencia de Estado, los procesos pol&iacute;ticos que significan conflicto social en las poblaciones que estudian. En este sentido, el texto cierra el c&iacute;rculo de la parte negada de la cultura con un an&aacute;lisis macrosocial e hist&oacute;rico de las funciones sociopol&iacute;ticas que han cumplido tanto el olvido como la condici&oacute;n de "desaparici&oacute;n" en la historia social de la Argentina. A trav&eacute;s de un enfoque que incorpora lo autobiogr&aacute;fico, pero que lo trasciende, Men&eacute;ndez analiza los procesos de persecuci&oacute;n, tortura y desaparici&oacute;n que se produjeron durante la dictadura militar argentina en la d&eacute;cada de los setenta y principios de los ochenta, y de una manera magistral va entretejiendo dial&eacute;cticamente las particularidades de este periodo con la propia historia de la Argentina desde su constituci&oacute;n como pa&iacute;s, en t&eacute;rminos de las huellas que los ejes de la violencia/desaparici&oacute;n y negaci&oacute;n/olvido han ido marcando la propia historia del pueblo argentino en distintos momentos, desde su fundaci&oacute;n en la &eacute;poca colonial, su composici&oacute;n poblacional heterog&eacute;nea a partir de la inmigraci&oacute;n, que a trav&eacute;s de procesos hist&oacute;ricos de olvido/negaci&oacute;n reconfiguran el imaginario colectivo produciendo y construyendo la propia nacionalidad argentina. Estos procesos de olvido y negaci&oacute;n van emergiendo como estrategias de reproducci&oacute;n ideol&oacute;gico&#150;cultural que posibilitan la continuidad de la vida cotidiana en la dimensi&oacute;n colectiva y personal, el olvido como una estrategia vital de evasi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cada una de sus partes y sobre todo en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, se comprende y recupera la l&oacute;gica de todo el libro, que, puede decirse, constituye una reivindicaci&oacute;n de la memoria, del recuerdo y de la historia, no s&oacute;lo en t&eacute;rminos de la producci&oacute;n te&oacute;rica, t&eacute;cnica e ideol&oacute;gica de la antropolog&iacute;a como campo disciplinario cient&iacute;fico, sino asimismo como un ejercicio cotidiano de reflexi&oacute;n &eacute;tica del investigador en cuanto sujeto social, que en el caso de Eduardo Men&eacute;ndez nos habla tambi&eacute;n de su compromiso pol&iacute;tico, su consistencia te&oacute;rico&#150;pr&aacute;ctica, y su coherencia profesional y personal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, creo conveniente se&ntilde;alar que, desde mi punto de vista, se facilitar&iacute;a la comprensi&oacute;n del trabajo, y se podr&iacute;a favorecer la discusi&oacute;n de sus propuestas, si se incluyeran con mayor rigurosidad las referencias a los autores de las corrientes que se mencionan a lo largo de todo el texto, ya que su identificaci&oacute;n expl&iacute;cita permitir&iacute;a contrastar el an&aacute;lisis de Men&eacute;ndez con las propias lecturas e interpretaciones que cada uno de nosotros hemos hecho respecto de dichos autores y corrientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, quisiera apuntar dos aspectos que aunque no tienen que ver con el autor, de alguna manera dejan algo que desear en el trabajo de la editorial Bellaterra. Por una parte, es de llamar la atenci&oacute;n la existencia de varios errores tipogr&aacute;ficos en la edici&oacute;n, que si bien no demeritan el contenido del texto, s&iacute; nos hablan de un deficiente cuidado de la edici&oacute;n, y por otra parte, las dificultades para conseguir el libro en M&eacute;xico, ya que a pesar de que nuestro pa&iacute;s aparece incluido en la red de distribuci&oacute;n editorial, resulta bastante complicado encontrarlo en las librer&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, deseo invitar a los lectores de la revista <i>regi&oacute;n y sociedad</i> a descubrir por s&iacute; mismos <i>La parte negada de la cultura</i>, un libro sugerente para colegas de variadas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n y procedentes de m&uacute;ltiples disciplinas sociales, ya que abre la puerta al debate con el autor y con los autores por &eacute;l analizados y cuestionados. Estimula la reflexi&oacute;n (a veces pesimista) sobre el quehacer antropol&oacute;gico en un sentido amplio y suscita el imperativo de considerar la &eacute;tica del antrop&oacute;logo y de su trabajo.</font></p>     ]]></body>
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