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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Luis González: el taller, la verdad y la gracia]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="Verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luis Gonz&aacute;lez: el taller, la verdad y la gracia<a name="n0b"></a><a href="#n0a">*</a></b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Adolfo Gilly**</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:agilly@servidor.unam.mx">agilly@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Para Mathilde,    <br> ni&ntilde;a de los asombros y de los gatos</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El doctor Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez &#151;don Luis, en lo que sigue&#151; tiene entre muchos otros un libro sencillo y capital: <i>El oficio de historiar</i> (1988), que a tantos nos ha guiado por el sendero de la ense&ntilde;anza de la historia. Desde el t&iacute;tulo mismo, don Luis se declara artesano con taller y oficio: un oficio que pide el rigor del conocimiento cient&iacute;fico y el refinamiento de la expresi&oacute;n art&iacute;stica. De don Luis y de este oficio quiero hablar hoy, seg&uacute;n sucede a quienes comparten un arte, sean aprendices o maestros, orfebres, pintores, ebanistas, poetas, pescadores, actores itinerantes o historiadores, que cuando se juntan se ponen a conversar de sus mesteres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"A los historiadores les encanta presentarse como artesanos, como gente de arte", anota Antoine Prost (1999), historiador, en un ensayo sobre las pr&aacute;cticas y los m&eacute;todos de la historia."Bloch habla de s&iacute; mismo como de un 'artesano, envejecido en el oficio' &#91;...&#93; Este tipo de met&aacute;foras florecen entre los historiadores de todos los pa&iacute;ses y todas las &eacute;pocas. Seg&uacute;n ellos, se requiere un largo aprendizaje para hacerse historiador. Es un oficio que, en cierto modo, se aprende en el hacerlo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta coqueter&iacute;a de los historiadores, me parece, es propia de todos los gremios que trabajan sobre la materia con el cuerpo y con las manos. Pero si alguien extra&ntilde;o al gremio o aprendiz del oficio toma demasiado al pie de la letra la afirmaci&oacute;n, hasta el m&aacute;s artesano de los historiadores salta a responderle que, al igual que en las ciencias de la naturaleza, el conocimiento hist&oacute;rico se sustenta en pruebas, es riguroso en cuanto a la selecci&oacute;n, la evaluaci&oacute;n y la cr&iacute;tica de sus evidencias y, como recuerda E. P.Thompson, tiene su propio "discurso de la prueba" y su modo particular de presentarla. Say no more: no digas m&aacute;s que cuanto tus evidencias te autoricen, dice un viejo consejo de historiadores ingleses. "Una afirmaci&oacute;n s&oacute;lo tiene derecho a hacerse si puede ser verificada", escribe Marc Bloch.Citas semejantes podr&iacute;an extenderse hasta el lado de all&aacute; del horizonte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace cierto tiempo esta cuesti&oacute;n de la prueba, obvia en apariencia, est&aacute; otra vez en el centro de las discusiones sobre el conocimiento de la historia. En una entrevista de 1997, Carlo Ginzburg menciona el tema:</font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace diez a&ntilde;os, el discurso esc&eacute;ptico en las ciencias humanas a tendido a invalidar la noci&oacute;n de prueba. Creo sin embargo que se ha exagerado el peso de las representaciones excluyendo todo discurso referente a la prueba. Tengo la impresi&oacute;n de que esta noci&oacute;n recupera importancia en la reflexi&oacute;n de muchos historiadores.</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, los caminos para demostrar la verdad tienen que ver con el contexto, el estado de la documentaci&oacute;n y el de la reflexi&oacute;n. &#91;...&#93; Pero la preocupaci&oacute;n por la verdad est&aacute; unida a la historia como proyecto intelectual desde Herodoto. Creo que es un grave error rechazar la noci&oacute;n de prueba como instrumento para acercarse a la verdad y hacerla visible y convincente.</font></p></blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las escuelas relativistas, por el contrario, sostienen que las narrativas hist&oacute;ricas son en realidad ficciones verbales cuyos contenidos mezclan lo inventado con lo descubierto y cuyas formas se aproximan m&aacute;s a la empresa literaria que a la cient&iacute;fica. Esta visi&oacute;n, no ya para el cient&iacute;fico sino para el artesano que hay en cada historiador, es una ofensa a su oficio, a su arte y a su ciencia en cuanto productor de objetos del conocimiento: narraciones ver&iacute;dicas, cuadros verdaderos, descripciones ajustadas a realidades, todas ellas &#151;narraciones, cuadros, descripciones&#151; sujetas a verificaci&oacute;n, correcci&oacute;n, falseamiento, exigencias distantes de los productos en apariencia similares del oficio literario. En cambio, com&uacute;n a ambos es la exigencia de belleza seg&uacute;n el canon propio de cada uno de ellos y la medida misteriosa de ese atributo inmaterial. M&aacute;s a&uacute;n: la exigencia de belleza, uno de cuyos caminos en el oficio hist&oacute;rico es la ret&oacute;rica, sirve para reforzar, no para eludir, la exigencia de prueba y de verdad. La construcci&oacute;n estil&iacute;stica de la narraci&oacute;n hist&oacute;rica &#151;lo que los franceses llaman <i>la mise en intrigue</i> y los anglosajones <i>the emplotment</i>&#151; no est&aacute; destinada a hacerla veros&iacute;mil, sino a resaltar las pruebas &#151;las evidencias&#151; de su veracidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Otra vez Ginzburg (1999):</b></font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La moda de reducir la historia a una ret&oacute;rica no se puede rechazar con el argumento de que la relaci&oacute;n entre historia y ret&oacute;rica ha sido siempre tenue y marginal. En mi opini&oacute;n, esa reducci&oacute;n puede y debe ser rechazada redescubriendo la riqueza intelectual de la tradici&oacute;n iniciada por Arist&oacute;teles, en particular su argumento central: que las pruebas, lejos de ser incompatibles con la ret&oacute;rica, son su n&uacute;cleo central.</font></p></blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"El estilo no es la vestimenta del pensamiento, sino parte de su esencia", anotaba un cuarto de siglo antes Peter Gay en <i>El estilo en historia</i> (1974:189).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este discurso sobre las pruebas y el estilo &iquest;nos alej&oacute; del artesano en su taller que don Luis, como Marc Bloch, quiere ver en cada historiador? El artesano hace, se dir&aacute;, sin tener que probar nada. Su prueba es su obra: su cofre de madera, su reja de metal, su joya de plata, su artesonado, su c&uacute;pula, su escultura, su cuadro, su dise&ntilde;o de carrocer&iacute;a. S&iacute; y no. Pues para hacer o fabricar su obra tuvo que unir lo que ser&iacute;a su oficio y su imaginaci&oacute;n con lo que ser&iacute;an sus pruebas duras: la nobleza y la adecuaci&oacute;n de los materiales y los instrumentos con los cuales la hace y la trabaja. El objeto a crear est&aacute; primero imaginado en su cabeza, en estado de hip&oacute;tesis.Tiene que ser construido con los materiales adecuados y a la mano; tiene que ser &uacute;til, es decir, servir a una necesidad humana, tiene que ser &uacute;nico; tiene que ser, en su &aacute;mbito, bello.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta clase de objetos salen del taller que en San Jos&eacute; de Gracia tiene instalado don Luis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esos artesanos trabajan la materia con sus manos, la miden, la tocan, la acarician. El oficio de historiar, que implica narrar pero no es lo mismo que el de novelar, tiene parecida relaci&oacute;n con las manos. Para comprobarlo, no hay que observar al historiador en su estudio cuando est&aacute; escribiendo. Hay que irlo a buscar a los archivos, a las construcciones antiguas, a los lugares de los hechos, a los m&uacute;ltiples sitios adonde su saber y su pasi&oacute;n lo llevan. Una vez all&aacute;, hay que mirar qu&eacute; hacen sus manos con los papeles, los documentos, los testimonios materiales que le dicen del pasado, y se ver&aacute; que esas manos se mueven y se aproximan a ellos de modo diferente que las manos del lego o las del curioso. M&iacute;renlo manejar un legajo, abrir una caja, dar vuelta una hoja o tocar un muro cuando est&aacute; investigando, y van a reconocer ese mecanismo intelectual y sensorial que es el investigador de las cosas del tiempo pasado, tanto m&aacute;s sensible a los menores indicios cuanto m&aacute;s educado y entrenado en ubicar e interpretar cada huella, "la marca, perceptible para los sentidos, que ha dejado un fen&oacute;meno en s&iacute; mismo imposible de aprehender", como dec&iacute;a Marc Bloch (1997:71 y 2001). Pues los historiadores est&aacute;n "condenados a conocer el pasado por sus huellas".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un ejemplar insigne en territorio mexicano de esta inquieta e inquietante especie es don Luis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nunca lo vi en un archivo, es cierto. Pero he visto a otros como &eacute;l, c&oacute;mo mueven las manos y tocan los papeles y de repente se les iluminan los ojos y le dicen a uno con excitado asombro: "Mira esta carta de Manuel Calero, qui&eacute;n hubiera dicho que estaba aqu&iacute;". Es el "residuo de sorpresa y por tanto de riesgo" que, dec&iacute;a tambi&eacute;n Bloch (1997:86), lleva siempre consigo la investigaci&oacute;n documental, en la cual ve&iacute;a algo de voluntaria "apuesta con el destino".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vi en cambio a don Luis en el patio de su casa donde Armida de la Vara y &eacute;l nos recibieron, a Carolina y a m&iacute;, un d&iacute;a 19 de marzo de 1989, nos agasajaron, nos apapacharon, nos mostraron su torre biblioteca y, por supuesto, nos llevaron a dar una vuelta por San Jos&eacute; de Gracia. All&iacute; vi al historiador en su contexto y, mejor que si lo hubiera visto dando clases, pude despu&eacute;s imaginar a ese personaje y a sus manos en una biblioteca o un archivo. En el ejemplar del libro que me regal&oacute; ese d&iacute;a, <i>El oficio de historiar</i>, vuelvo a leer ahora en las primeras p&aacute;ginas una menci&oacute;n de Daniel Cos&iacute;o Villegas:"Para &eacute;l un libro de historia deb&iacute;a ser una novela con protagonistas y hechos ciertos, una novela verdadera". A lo cual a punto y seguido agrega: "Sospecho que mi correctora habitual cree del mismo modo, pero Armida, adem&aacute;s, quiere una historia did&aacute;ctica".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La afirmaci&oacute;n de don Daniel, cuando all&aacute; por 1970 fue escrita por Paul Veyne (1971:10): "la historia es una novela verdadera", provoc&oacute; comentarios diversos.Tiendo ahora a creer que sus significados son similares, pero no id&eacute;nticos, cuando Paul Veyne (1998), hace apenas tres a&ntilde;os, afirma: "Pienso que la historia no sirve m&aacute;s que la astrolog&iacute;a. Es una cuesti&oacute;n de pura curiosidad o, por lo menos, as&iacute; hay que tratarla. La historia no demuestra nada y no permite extraer lecciones eternas...".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejando de lado la punta pol&eacute;mica de Veyne, que s&iacute; conoce su oficio y su verdad, pues eterno s&oacute;lo Dios que como en Oaxaca dicen nunca muere, me inclino a pensar que ni Daniel Cos&iacute;o Villegas, ni Armida de la Vara, ni Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez, habr&iacute;an estado dispuestos a seguir hasta el fin al colega franc&eacute;s en estas opiniones derivadas sobre el oficio com&uacute;n a todos ellos; aunque los tres, s&iacute; me aventuro a suponer, estar&iacute;an de acuerdo en aquello de la incurable curiosidad que, como todos sabemos, es la que mueve al historiador y la que mata al gato. No s&eacute; si los gatos viven en el asombro permanente. S&eacute;, en cambio, que suena verdadera la descripci&oacute;n de Paul Veyne de la curiosidad del historiador: "es bien sabido cu&aacute;l es el esfuerzo caracter&iacute;stico del oficio de historiador y lo que le otorga su sabor: asombrarse de lo que aparece obvio".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, basta una lectura del Paul Veyne de <i>C&oacute;mo se escribe la historia</i> para tocar las afinidades intelectuales con Luis Gonz&aacute;lez en el gusto de ambos por la narraci&oacute;n de cada hecho irrepetible, en su mutuo placer en la historia anticuaria "sin otro prop&oacute;sito que el de saber y comunicar lo averiguado", dir&iacute;a don Luis, y en su compartida desconfianza hacia teorizaciones y tipolog&iacute;as. No puedo decir si estas afinidades tienen un tronco com&uacute;n en un maestro al cual ambos se remiten, Henri&#45;Ir&eacute;n&eacute;e Marrou, porque hasta all&aacute; no alcanza lo que hoy creo saber. En cuanto a los m&uacute;ltiples usos de la historia de que don Luis nos convers&oacute; en un encuentro organizado por Alejandra Moreno Toscano y el Archivo General de la Naci&oacute;n en Baja California Sur all&aacute; por 1979 (Gonz&aacute;lez, 1980), donde record&oacute; que sus maestros Jos&eacute; Miranda y Silvio Zavala eran de la com&uacute;n idea de que la historia es un conocimiento a la vez leg&iacute;timo y perfectamente in&uacute;til (tal in&uacute;til como la astrolog&iacute;a, dir&iacute;a Paul Veyne llevando la cuesti&oacute;n a sus extremos), prefiero aqu&iacute; replegarme, inveterado aprendiz del oficio, sobre una vieja pregunta de Marc Bloch: "&iquest;Es posible conocerse a s&iacute; mismo sin acordarse?".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me atrevo a creer que de esto se trata cuando don Luis entra en sus dominios, la microhistoria, y empieza a contarnos los secretos y las recetas de su arte. Leer&eacute; algunos sin temor a la infidencia,porque s&eacute; que el verdadero secreto del artesano no est&aacute; en las palabras con que explica su oficio sino en las manos con que trabaja su materia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escribe don Luis en "Teor&iacute;a de la microhistoria" (1999:227&#45;234):</font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como las dem&aacute;s ciencias hist&oacute;ricas, la micro no puede prescindir del rigor de la prueba, de la aproximaci&oacute;n a lo real.</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La piedad por lo que ha sido exige un gran esfuerzo hermen&eacute;utico &#91;...&#93; Tengo para m&iacute; que el entendimiento de las personas es la estaci&oacute;n m&aacute;s importante del quehacer hist&oacute;rico.</font></p></blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al tratar de comprender entra uno en el camino misterioso de la inspiraci&oacute;n y por &eacute;l camina durante todo el viaje de vuelta. Para los &uacute;ltimos tramos del camino no sirven las reglas. La anticuaria es ciencia en las etapas recolectora, depuradora y hermen&eacute;utica, e intuici&oacute;n en las siguientes.</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo bueno en la microhistoria es la expresi&oacute;n inspirada en el lenguaje com&uacute;n. Ni la pompa del pico de oro ni la desnuda monserga del cient&iacute;fico. S&iacute; el habla de los buenos conversadores, el encanto de los cuenteros. Sin encanto no hay microhistoria que valga.</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya lo dijo Goethe: "Escribir historia es un modo de deshacerse del pasado". Sobre todo si es un poco cr&iacute;tica, la historia realiza una aut&eacute;ntica catarsis. La microhistoria puede convertirse en el saber disruptivo que libere a los lugare&ntilde;os de su pasado.</font></p></blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anoto que en las breves citas de don Luis, aparecen cinco leves palabras para acercarse a ese saber: piedad,entendimiento, misterio, inspiraci&oacute;n, intuici&oacute;n. Cada uno sabr&aacute; c&oacute;mo dosificar estos ingredientes impalpables en su propia receta. El discretamente orgulloso maestro artesano cumpli&oacute; a su tiempo, a los cuarenta y dos a&ntilde;os de su edad, el rito de pasaje de cualquier oficio verdadero: hacer una obra maestra. Se llama <i>Pueblo en vilo</i> (1999), aunque seg&uacute;n su autor debi&oacute; llamarse <i>Historia universal de San Jos&eacute; de Gracia</i>. No har&eacute; aqu&iacute; un nuevo e innecesario elogio m&aacute;s de esta obra. Quiero recordar, empero, algo que ya muchos habr&aacute;n se&ntilde;alado pero que toca a los temas que hoy anduve recorriendo. En "Introducci&oacute;n a un libro de microhistoria", pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n de <i>Pueblo en vilo</i>, este historiador que se define a s&iacute; mismo como "un pr&oacute;fugo de la cultura ranchera" enumera y desmenuza sus fuentes, explica los m&uacute;ltiples archivos, dice su deuda literaria con Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez, Juan Jos&eacute; Arreola y Juan Rulfo, menciona las operaciones cr&iacute;ticas del oficio y explica su construcci&oacute;n de la obra como narraci&oacute;n y como descripci&oacute;n, como poblaci&oacute;n y como geograf&iacute;a, como tiempo humano y como territorio. Enumera sus gustos: "Me gustan las nimiedades, me regocijan los pormenores despreciados por los grandes esp&iacute;ritus, tengo la costumbre de ver y complacerme en peque&ntilde;eces invisibles para los dotados con alas y ojos de &aacute;guila". Describe sus trabajos: "Practiqu&eacute; caminatas a pie y a caballo, recorr&iacute; en todas direcciones la tierra donde crece la historia que cuento; convers&eacute;, como ya lo dije, con la gente del campo y del pueblo". Hasta nos dice sus costumbres de escritura:"escribo en el sosiego de la madrugada, de las cuatro a las nueve". Despu&eacute;s, al llegar la tarde, Armida de la Vara tomaba esas hojas, copiaba, suger&iacute;a, enmendaba y tecleaba, hasta que a d&uacute;o terminaron la historia universal. Nos dice por fin en esta sorprendente lecci&oacute;n sobre su oficio aquello que est&aacute; en el origen de toda obra hist&oacute;rica grande: no s&oacute;lo qu&eacute; escribo y c&oacute;mo lo hago sino tambi&eacute;n, sobre todo, para qui&eacute;n escribo, a qui&eacute;nes me dirijo, qui&eacute;nes son mis interlocutores m&aacute;s cercanos:</font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos apuntes no fueron pensados, por lo menos en un principio, para un p&uacute;blico acad&eacute;mico. Al investigar y escribir, el autor tuvo m&aacute;s presentes a sus paisanos que a sus colegas, y no creo que deba arrepentirse de la clase escogida para ser la destinataria principal.</font></p></blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no hay buen artesano: pintor, orfebre, ebanista, historiador, que a la hora de su obra maestra no piense tambi&eacute;n en el juicio de sus pares, no lo valore, lo tema y lo agradezca. "Mentir&iacute;a si afirmara que &uacute;nicamente busco el benepl&aacute;cito de los destinatarios directos de este libro", escribe don Luis discretamente: "Me agradar&iacute;a que pudiera ser &uacute;til m&aacute;s all&aacute; de los linderos de la meseta del Tigre, m&aacute;s all&aacute; de San Jos&eacute; y sus pueblos amigos y rivales". Parece que el deseo fue cumplido con creces, como pudo verse en el homenaje que en el veinticinco aniversario de <i>Pueblo en vilo</i> le hicieron a su autor los tres Colegios: el de Jalisco, el de M&eacute;xico y el de Michoac&aacute;n, donde don Luis habl&oacute; del "pueblo en vilo" y la "ciudad en flor" y, con aquel orgullo modoso de que antes dec&iacute;amos, reclam&oacute; para s&iacute; y para los suyos la cultura, las costumbres y la estirpe de los rancheros, ese "quinto bueno y bronco de M&eacute;xico", como alguna vez los hab&iacute;a clasificado. De ese mismo fondo de sapiencia y experiencia sali&oacute; sin duda una de las joyas &uacute;nicas del taller de este orfebre: ese ensayo que se llama "Del hombre a caballo y la cultura ranchera", que hoy aparece cobijado en el volumen <i>La querencia</i> (1997). Tambi&eacute;n de este volumen, colecci&oacute;n de escritos tan terrestre y entra&ntilde;able como su t&iacute;tulo, quiero aqu&iacute; recordar un ensayo donde oficio y arte se suman en una propuesta de trabajo construida como un modelo de este g&eacute;nero. Se llama "Para una historia pur&eacute;pecha", data de 1987 y, hasta donde mi conocimiento llega, sigue en pie y en espera: una historia en busca de un autor (1997:335 y 339).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su propuesta, don Luis delimita el tema y sus motivos:</font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cincuenta y tantas minor&iacute;as, con m&aacute;s derecho al territorio mexicano que la mayor parte de la poblaci&oacute;n que vive ahora en M&eacute;xico, padecen una situaci&oacute;n de arrimadas. &#91;...&#93; Para obtener el restablecimiento de la justicia se requiere una mejor conciencia hist&oacute;rica en los despojados". Y aqu&iacute; cita don Luis a Guillermo Bonfil: "En tanto relaci&oacute;n de agravios, la historia de los pueblos indios es sustento de reivindicaciones".</font></p></blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Que ya no existen fuentes? No es verdad, dice don Luis: "Pese a todo, en el caso del pueblo purh&eacute; son accesibles, para los historiadores con oficio y gusto, numerosas y fecundas fuentes de investigaci&oacute;n". Para ese historiador, por si aparece, comienza a enumerarlas: huellas terrestres, restos arqueol&oacute;gicos, historia oral, libros de frailes y sacerdotes, acervos episcopales, pleitos por tierras en el Archivo General de la Naci&oacute;n y en el Archivo de la Reforma Agraria,archivos locales de parroquias, de municipios, de haciendas o de familias. Los registros del gobierno civil, nos dice, son muy importantes "sobre todo al producirse la desamortizaci&oacute;n, momento en que los burgueses de mediados del siglo XIX se echan encima de las tierras de los pueblos, no sin antes escribir y dejar archivados los papeles legitimadores del robo o la compra de las tierras de cofrad&iacute;a, comunidad, propias y ejidos". Menciona tambi&eacute;n los relatos de viajeros, los informes de gobernadores, las obras etnogr&aacute;ficas para el pasado reciente y concluye con una propuesta hecha en su momento y viva todav&iacute;a, de la cual tomo tres p&aacute;rrafos medulares para cerrar con su propia palabra de investigador y maestro este conversar sobre el oficio, el arte y la ciencia de Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez:</font></p>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay de donde echar mano para rehacer acabadamente la trayectoria de la etnia purh&eacute;, siempre y cuando se arrojen por la borda los rollos o los mitos sin fundamento, hechura de los pa&iacute;ses imperialistas de la &eacute;poca moderna, que suelen nublar la visi&oacute;n de algunos historiadores; siempre y cuando se abandone la pereza mental que consiste en asumir im&aacute;genes esparcidas en art&iacute;culos irresponsables y publicaciones panfletarias, y se emprendan estudios a fondo de los testimonios existentes; siempre y cuando se tenga la suficiente preparaci&oacute;n, el oficio y el instrumental t&eacute;cnico necesario para hacer historia fidedigna; siempre y cuando se propongan metas y se adopten m&eacute;todos eficaces y eficientes para conseguir la imagen hist&oacute;rica de la etnia y la cultura pur&eacute;pechas, que tenga validez cient&iacute;fica en los grupos acad&eacute;micos, en el mundo dominado por la racionalidad.</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No propongo la hechura de una historia del pueblo y la cultura pur&eacute;pecha destinada al c&iacute;rculo acad&eacute;mico o a la &eacute;lite cient&iacute;fica, sino la elaboraci&oacute;n de una historia o una serie de im&aacute;genes hist&oacute;ricas que puedan ser compartidas por todos los miembros de la etnia en cuesti&oacute;n, sean o no profesionistas, lo mismo alfabetas que analfabetas. Esto presupone que la etnohistoria no s&oacute;lo quede en un sesudo tratado. Debe ser una historia que recupere los medios de comunicaci&oacute;n prehisp&aacute;nicos: el cuento oral, la canci&oacute;n, la pintura y el teatro hist&oacute;rico. Imagino la eficacia que tendr&iacute;a el uso por parte de los etnohistoriadores, de los medios modernos de comunicaci&oacute;n (cine, tele, radio y libros de im&aacute;genes), para mantener la identidad de la etnia purh&eacute; y conseguir su libertad y su desarrollo. &#91;...&#93;</font></p></blockquote>     <blockquote>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablamos de un pueblo y una cultura cuya revitalizaci&oacute;n es importante no s&oacute;lo para ellos mismos, sino para el conjunto de M&eacute;xico y la humanidad. En este momento de crisis, las tablas de salvaci&oacute;n las est&aacute;n aportando, en todo el mundo, las culturas vern&aacute;culas.</font></p></blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo para m&iacute; que este escrito es uno de aquellos donde, a lo largo de su obra, Luis Gonz&aacute;lez escogi&oacute; resumir su oficio, su arte y su idea de la historia bajo la forma encubierta de una ejemplar propuesta de conocimiento de uno de los pueblos de M&eacute;xico. Pues, como Bloch nos dec&iacute;a, &iquest;es posible conocerse as&iacute; mismo sin acordarse?</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bloch, Marc (1997), <i>Apologie pour l'histoire ou M&eacute;tier d'historien</i>, Armand Colin, Par&iacute;s. En espa&ntilde;ol: <i>Apolog&iacute;a para la historia o el oficio del historiador</i>, 2001, M&eacute;xico, FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6371997&pid=S1870-3925200200020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gay, Peter (1974), <i>Style in History</i>, Nueva York, Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6371999&pid=S1870-3925200200020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ginzburg, Carlo (1997), "Le sorcier, le juge et l'historien", entrevista realizada por Martine Fournier, <i>Sciences Humaines</i>, no. 78, diciembre, recopilada en Jean&#45;Claude Ruano&#45;Borbalan, L'histoire au jourd'hui, Par&iacute;s, pp. 385&#45;391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372001&pid=S1870-3925200200020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999), <i>History, Rhetoric, and Proof</i>, Hanover&#45;London, University Press of New England.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372003&pid=S1870-3925200200020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez, Luis (1980), "De la m&uacute;ltiple utilizaci&oacute;n de la historia", en Carlos Pereyra, <i>et al.</i>, <i>Historia &iquest;para qu&eacute;?</i>, M&eacute;xico, FCE, pp. 53&#45;74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372005&pid=S1870-3925200200020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988), <i>El oficio de historiar</i>, Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372007&pid=S1870-3925200200020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1997), <i>La querencia</i>, M&eacute;xico, Cl&iacute;o.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372009&pid=S1870-3925200200020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999a), <i>Todo es historia</i>, M&eacute;xico, Cal y Arena, 5&ordf; ed.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372011&pid=S1870-3925200200020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999b), <i>Pueblo en vilo. Microhistoria de San Jos&eacute; de Gracia</i>, M&eacute;xico, Cl&iacute;o (1&ordf; ed., El Colegio de M&eacute;xico, 1968).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372013&pid=S1870-3925200200020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prost, Antoine (1999), "Les pratiques et les m&eacute;thodes", en JeanClaude Ruano&#45;Borbalan, <i>L'histoire aujourd'hui, Sciences Humaines</i>, Paris, pp. 385&#45;391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372015&pid=S1870-3925200200020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veyne, Paul (1971), <i>Comment on &eacute;crit l'histoire</i>, Par&iacute;s, Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372017&pid=S1870-3925200200020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1998), "L'histoire ne d&eacute;montre rien", entrevista con Martine Fournier, <i>Sciences Humaines</i>, no. 88, noviembre, recopilada en Jean&#45;Claude Ruano&#45;Borbalan, <i>L'histoire aujourd'hui</i>, Par&iacute;s, pp. 427&#45;433.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6372019&pid=S1870-3925200200020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n0a"></a><a href="#n0b">*</a> Texto originalmente presentado en el IV Coloquio de Historia en homenaje al Dr. Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez, de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de Morelos, Facultad de Humanidades, Cuernavaca, 7 y 8 de diciembre de 2001.</font></p>     ]]></body>
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