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<institution><![CDATA[,El Colegio de la Frontera Norte programa de Doctorado en Ciencias Sociales ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jeffrey C. Alexander (2000), <i>Sociolog&iacute;a cultural. Formas de clasificaci&oacute;n en las sociedades complejas</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alejandro Monsiv&aacute;is Carrillo*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Espa&ntilde;a, Editorial Anthropos/FLACSO, 271 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Estudiante del programa de Doctorado en Ciencias Sociales, El Colegio de la Frontera Norte. Se le puede enviar correspondencia a Blvd. Abelardo L Rodr&iacute;guez, 2925, Zona del R&iacute;o, Tijuana B.C., C.P. 22320</i>. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:carlosm@posgrado.colef.mx">carlosm@posgrado.colef.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando uno se acerca al libro <i>Sociolog&iacute;a cultural,</i> lo hace con dos preguntas. La primera es: &iquest;por qu&eacute; sociolog&iacute;a <i>cultural</i> y no sociolog&iacute;a <i>de la cultura?</i> O sea, &iquest;en qu&eacute; consiste ese giro que sustituye un sustantivo por un adjetivo? La segunda interrogante tiene un tono conspirativo: &iquest;qu&eacute; est&aacute; tramando Jeffrey Alexander? Esta suspicacia tiene su fundamento en el eje rector tanto del fecundo di&aacute;logo que este autor ha sostenido con los cl&aacute;sicos, como de la fina cr&iacute;tica que ha dirigido a los te&oacute;ricos sociales contempor&aacute;neos: la intenci&oacute;n de formular una teor&iacute;a multidimensional de la sociedad (Alexander, 1989). La factura parsoniana de esta ambici&oacute;n es expl&iacute;cita. Alexander se reconoce como heredero de la tradici&oacute;n del estructural&#45;funcionalismo, que fue el paradigma dominante en la sociolog&iacute;a norteamericana hacia la mitad del siglo. Por lo mismo, hay que destacar que este &eacute;nfasis en lo cultural no forma parte de una focalizaci&oacute;n de su proyecto te&oacute;rico. En cambio, constituye la marca m&aacute;s n&iacute;tida de la orientaci&oacute;n vigente de sus intenciones de s&iacute;ntesis conceptual. La propuesta radica en establecer la centralidad ordenadora de la cultura en cada resquicio de la estructura social &#151;"la materia es esp&iacute;ritu" ser&iacute;a una analog&iacute;a apropiada&#151;. La teor&iacute;a sociol&oacute;gica contempor&aacute;nea debe tomar en cuenta, por lo tanto, en cada uno de sus subsistemas, el car&aacute;cter significante, textual, de las instituciones y la acci&oacute;n social. Una concepci&oacute;n de la cultura como una fuerza activa y creadora por m&eacute;rito propio, con el estatus de una variable independiente, capaz de moldear y mediatizar las estructuras sociales, es la caracter&iacute;stica del "programa fuerte" de la "sociolog&iacute;a cultural" que esgrime Alexander. El "programa d&eacute;bil" se identifica as&iacute; con la sociolog&iacute;a de la cultura, limitada a ser una disciplina entre otras, donde persiste la idea de que la cultura es una suerte de variable "suave", que toma la forma de ideolog&iacute;as, sentimientos o s&iacute;mbolos que se destilan desde las variables "duras" de las bases estructurales y morfol&oacute;gicas de la sociedad. Este programa, nos indica el autor, ha sido sostenido, de diversos modos y en distintos sentidos, por la gran mayor&iacute;a de las escuelas, aportaciones y te&oacute;ricos sociales que se han ocupado de la cultura &#151;basta que se mencione a la Escuela de Birmingham, la Escuela de Frankfurt, Pierre Bourdieu y Michel Foucault como ejemplos de este "programa d&eacute;bil" para levantar pol&eacute;mica&#151;. &iquest;De d&oacute;nde proviene, entonces, el impulso para un "programa fuerte"? &#151;es la pregunta menos grave que se puede formular desde las simpat&iacute;as sentidas hacia estos representantes cr&iacute;ticos de la teor&iacute;a social&#151;. El tejido conceptual de Alexander se alimenta de distintas y numerosas fuentes, pero la raigambre de su proyecto nos lo indica con contundencia: "Si la ciencia social hoy debe desarrollar una teor&iacute;a cultural, &eacute;sta debe erguirse sobre la sociolog&iacute;a "religiosa" de Durkheim" (Alexander, 2000:250). Tal afirmaci&oacute;n, nos indica de varios modos, no amenaza la secularidad de la ciencia y s&iacute;, en cambio, le otorga la "musicalidad" del sentido. <i>Sociolog&iacute;a cultural</i> constituye una apuesta compleja para analizar la permeabilidad de la cultura en los distintos conglomerados de las pr&aacute;cticas sociales, e invita a repensar las disposiciones metodol&oacute;gicas que son necesarias para incidir en la espesura de la emocionalidad colectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La publicaci&oacute;n actual, no obstante, deja dudas con respecto a sus criterios de edici&oacute;n. Este libro es un conjunto de art&iacute;culos dispares en su tem&aacute;tica y en su extensi&oacute;n. El motivo recurrente que los une es la definici&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las categor&iacute;as de an&aacute;lisis de una sociolog&iacute;a cultural. Sin embargo, no est&aacute;n ordenados cronol&oacute;gicamente y s&oacute;lo uno de los nueve cap&iacute;tulos tiene la fecha de su aparici&oacute;n inicial; del resto, tres de ellos escritos en colaboraci&oacute;n con Phillip Smith y uno con Steven Jay Sherwood, no se indica ni cu&aacute;ndo ni d&oacute;nde fueron presentados a la opini&oacute;n p&uacute;blica. Uno esperar&iacute;a que la secuencia de los art&iacute;culos tuviera entonces una l&oacute;gica conceptual, pero esto tampoco sucede. Los tres cap&iacute;tulos donde se abordan los alcances del "programa fuerte" de la sociolog&iacute;a cultural repiten los mismos argumentos, desarrollados con mayor o menor profundidad seg&uacute;n el texto. La exposici&oacute;n detallada del funcionamiento operativo de este planteamiento "musculoso" de la cultura se halla en los dem&aacute;s trabajos que componen el libro. Los temas son: la simbolizaci&oacute;n de la sociedad del riesgo; la inserci&oacute;n de los discursos sobre la tecnolog&iacute;a y las computadoras en un sistema de clasificaci&oacute;n m&iacute;tico; los elementos que conforman el discurso polarizador de la sociedad civil; y los elementos simb&oacute;licos preparatorios para la guerra del Golfo P&eacute;rsico. En el mismo sentido, resulta particularmente ilustrativa de la perspectiva integral del m&eacute;todo de Alexander la periodizaci&oacute;n que realiza de la teor&iacute;a social desde la mitad del siglo a la fecha. En ella se defiende la idea de que las corrientes de teorizaci&oacute;n social son portadoras de una cosmovisi&oacute;n, que representan el esp&iacute;ritu de una &eacute;poca. El an&aacute;lisis del caso Watergarte, como un proceso donde tiene lugar un ritual de purificaci&oacute;n de lo que es percibido como el centro moral de la sociedad norteamericana, es tambi&eacute;n uno de los trabajos m&aacute;s elaborados del libro. En este mismo se discuten los retos de una sociolog&iacute;a postdurkhemiana, que se traducen en los aspectos constitutivos de la sociolog&iacute;a cultural. A nuestro juicio, en esta discusi&oacute;n se encuentra la columna vertebral del pensamiento actual de Alexander.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este autor nos indica que el Durkheim de <i>Las formas elementales de la vida religiosa</i> ten&iacute;a en mente el desarrollo de una l&oacute;gica cultural de la sociedad, que insistiera en la centralidad del significado en la vida moderna. Esta idea contrasta con el desencantamiento del mundo que Weber atribuy&oacute; a las estructuras racionales de la modernidad. La sociolog&iacute;a religiosa de Durkheim, nos dice Alexander, puede ser le&iacute;da como una met&aacute;fora, como una teor&iacute;a general de la sociedad y como una teor&iacute;a espec&iacute;fica de determinados procesos sociales. Si bien como teor&iacute;a de la sociedad tiene serias limitaciones, por restringir el calificativo de "social" a la experiencia sacra, como met&aacute;fora y como teor&iacute;a particular tiene todav&iacute;a mucho por decir. La met&aacute;fora de la experiencia social como experiencia religiosa alude a la vivencia del sentido, a la ebullici&oacute;n constante de misterios y significados profundos que se cuelan por los intersticios de la racionalizaci&oacute;n burocr&aacute;tica. Como teor&iacute;a particular, proporciona elementos para definir una hermen&eacute;utica de los procesos rituales, de la experiencia trascendente y dirigida por valores. Hay que acercarse a las objetivaciones humanas a trav&eacute;s de los c&oacute;digos culturales y las narraciones m&iacute;ticas en las que se encuentran insertas. Los peligros ambientales de la sociedad contempor&aacute;nea o los avances tecnol&oacute;gicos &#151; Alexander analiza el desarrollo de las computadoras hasta 1975, fecha en que se inici&oacute; la rutinizaci&oacute;n de su uso en EU&#151; no son hechos objetivos de por s&iacute;; est&aacute;n atravesados por connotaciones mitol&oacute;gicas. En estos casos lo que se puede ver es la prevalencia de un sistema de clasificaci&oacute;n que define un polo salv&iacute;fico y otro apocal&iacute;ptico, donde se alternan las representaciones p&uacute;blicas y sociales de los riesgos ambientales y del progreso cient&iacute;fico. Lo que nos muestra Alexander es que la representaci&oacute;n de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica siempre est&aacute; mediada por sentimientos que le atribuyen un papel redentor de la vida humana, o bien, una voluntad mal&eacute;fica y destructora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los elementos de la elaboraci&oacute;n del &uacute;ltimo Durkheim que son centrales para la sociolog&iacute;a cultural son los de clasificaci&oacute;n, solidaridad y morfolog&iacute;a. El criterio de clasificaci&oacute;n remite a una estructura de la organizaci&oacute;n simb&oacute;lica que apareja los significados en las dimensiones de lo sagrado y lo profano. Seg&uacute;n nos indica el autor, todo tipo de experiencia humana significante se aglutina en estos dos polos, siguiendo un mecanismo descrito tambi&eacute;n por Levi&#45;Strauss y Roland Barthes, que consiste en disponer binariamente la semantizaci&oacute;n de los fen&oacute;menos que transcurren en el mundo cotidiano. Adquiere una connotaci&oacute;n sacra todo evento o afecto que motiva una vivencia intensificada del sentido. Lo profano, con un sentido m&aacute;s ambiguo, designa por igual lo rutinario, la normatividad y los roles, que las impurezas contaminantes del polo sagrado. Por medio de estos procesos de clasificaci&oacute;n se llega al nivel de la solidaridad a trav&eacute;s de la teor&iacute;a ritual. Los rituales proporcionan un momento, un lugar y la acci&oacute;n social requerida para que se ponga en juego la clasificaci&oacute;n simb&oacute;lica, a trav&eacute;s de las etapas sucesivas de sacralizaci&oacute;n, contaminaci&oacute;n y purificaci&oacute;n. En ellas se define una din&aacute;mica social que vincula a todos los miembros de una comunidad. La crisis pol&iacute;tica motivada por el caso Watergate, entre 1972 y 1974, que condujo hasta la dimisi&oacute;n voluntaria del presidente Nixon, se inicia cuando los procesos de ritualizaci&oacute;n pusieron de manifiesto que los elementos centrales de la religi&oacute;n civil estadounidense estaban amenazados por fuerzas contaminantes. Esto es, cuando se incentiv&oacute; la percepci&oacute;n p&uacute;blica de que los valores de la democracia, la ley, la honestidad y la responsabilidad, legado de los grandes presidentes &#151;Washington, Lincoln&#151; y los reformadores heroicos &#151;Sam Ervin&#151; que constituyen el n&uacute;cleo de la sociedad norteamericana, estaban siendo contaminados por enemigos turbios &#151;el fascismo, el comunismo&#151;, por delitos de corrupci&oacute;n y personalismo perpetrados por gente como el presidente Nixon, y afectados por esc&aacute;ndalos como el Watergate. Lo que se vio en esos d&iacute;as, nos dice Alexander, fue la recreaci&oacute;n de la solidaridad norteamericana con el fin de purificar lo que consideraba sus valores fundacionales. En momentos como ese, indica, es preciso diferenciar la renovaci&oacute;n de la solidaridad v&iacute;a el ritual, de sus alcances emp&iacute;ricos en la integraci&oacute;n social que propicia. Es decir, hay que identificar plenamente los sistemas de clasificaci&oacute;n simb&oacute;lica que est&aacute;n en juego, por un lado y, por el otro, reconocer a los actores sociales y sectores que se involucran activamente en la formaci&oacute;n de los v&iacute;nculos solidarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer elemento de las categor&iacute;as durkhemianas que son importantes para Alexander es el de la morfolog&iacute;a. Lo que destaca de este aspecto es la superaci&oacute;n del esquema mecanisista expuesto en <i>La divisi&oacute;n social del trabajo,</i> para lograr un planteamiento multidimensional, en el que sea posible establecer la compleja interrelaci&oacute;n de la estructura social con otras dimensiones como la personalidad y el orden cultural. Alexander se muestra enf&aacute;tico en un se&ntilde;alamiento: no es admisible la consideraci&oacute;n en boga, que otorga una prioridad temporal y ontol&oacute;gica a la estructura social sobre la simbolizaci&oacute;n. La cultura, nos dice, es un emplazamiento de par&aacute;metros simb&oacute;licos, que se organiza en &aacute;mbitos de codificaci&oacute;n binaria y se dispone narrativamente en asentamientos discursivos, mismos que son constituyentes y constitutivos de las formas sociales de relaci&oacute;n. De esta manera podemos llegar a los tres componentes esenciales del "programa fuerte" de la sociolog&iacute;a cultural: 1) un radical desacoplamiento de la cultura y la estructura social, en aras de enfatizar la autonom&iacute;a y el potencial creativo de la primera; 2) la consideraci&oacute;n de lo social como un texto, lo que obliga a un acercamiento hermen&eacute;utico que sea capaz de realizar una descripci&oacute;n densa de los c&oacute;digos, las narrativas y los s&iacute;mbolos que estructuran las relaciones sociales concretas; y 3) la reinserci&oacute;n de los textos en sus contextos, esto es, el reanclaje detalladamente elaborado de la cultura en lo social, d e modo que sea posible estipular relaciones de causalidad entre actores y agencias pr&oacute;ximos, evitando la invocaci&oacute;n de fuerzas abstractas y ambiguas para explicar abtrusamente un fen&oacute;meno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "programa fuerte" mencionado requiere, de cualquier modo, de una exposici&oacute;n m&aacute;s sistem&aacute;tica. Los puntos m&aacute;s valiosos de la teorizaci&oacute;n de Alexander pueden perderse en interpretaciones equ&iacute;vocas si no precisa con mayor amplitud su sentido. Es el caso de la simbolizaci&oacute;n binaria, en la que se sustentan las nociones de lo sagrado y lo profano. En primer lugar, la explicaci&oacute;n que da al respecto es un tanto apresurada, limit&aacute;ndose a remitir al lector a determinadas fuentes. Aunque la duda no se refiere tanto a si se verifica efectivamente esta binarizaci&oacute;n, sino a las razones que tiene para considerar que son lo 'sagrado' y lo 'profano' los ejes nucleares de toda simbolizaci&oacute;n. Esto nos remite, en segundo lugar, a preguntarnos por la cualidad del afecto que subyace en estos t&eacute;rminos. En ocasiones Alexander parece atribuirle a la emocionalidad un saber especial, que es el que determina, en &uacute;ltima instancia, la sacralidad o impureza que adoptan los procesos significantes. Tal vez necesita especificar con mayor claridad la relaci&oacute;n que atribuye a las emociones y la codificaci&oacute;n simb&oacute;lica. De otro modo nos inclina a pensar que existe un caudal afectivo que pasa sin rozar el intelecto, y que consigue desbordarse llenando de significado los objetos y las prescripciones normativas, lo cual constituye, sin lugar a dudas, un argumento objetable. En tercer lugar, cuando se habla de la simbolizaci&oacute;n binaria uno puede pensar que se est&aacute; reduciendo la complejidad de los fen&oacute;menos sociales al contenido de dos categor&iacute;as. Sin embargo, lo que Alexander parece tener en mente es algo ligeramente distinto: son los procesos de representaci&oacute;n simb&oacute;lica de los fen&oacute;menos, y no los fen&oacute;menos, los que adoptan esa forma dicot&oacute;mica, por lo dem&aacute;s m&oacute;vil y polis&eacute;mica; pero no estar&iacute;a de sobra una demarcaci&oacute;n m&aacute;s n&iacute;tida al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Sociolog&iacute;a cultural</i> nos provee de un modelo que asegura que la preocupaci&oacute;n por lo sagrado y lo profano contin&uacute;a organizando la vida social, en virtud del car&aacute;cter nuclear de los sentimientos solidarios y los procesos rituales. Lo relevante de este planteamiento es que tiene en la mira una reflexi&oacute;n acerca de los procesos de integraci&oacute;n social en ese escenario contempor&aacute;neo de confluencia que es la sociedad civil. Este &aacute;mbito requiere ser investigado en sus din&aacute;micas de forjamiento y fragmentaci&oacute;n de una moralidad social, no s&oacute;lo porque conviene as&iacute; a los intereses de las ciencias sociales, enfatiza Alexander, sino porque es en este contexto donde palpita el esp&iacute;ritu de nuestra &eacute;poca. Las teor&iacute;as sociales no s&oacute;lo deben ser consideradas saberes restringidos a sus campos espec&iacute;ficos, pues al mismo tiempo encarnan una forma de ver el mundo, de definir sus antecedentes y anticipar el futuro, que est&aacute; anclada en la necesidad de clarificar el presente. Por lo tanto son relatos que funcionan de manera extra&#45;cient&iacute;fica, como una forma de verdad existencial. El "nuevo mundo" de "nuestro tiempo", al que provisionalmente se le puede llamar " neomoderno" , define su polo sacro por las coordenadas del libre mercado, la democracia y el respeto a los derechos humanos; al polo profano lo caracterizan los nacionalismos particularistas. Los discursos rom&aacute;nticos, heroicos y desencantados que caracterizaron, respectivamente, a la modernidad, la antimodernidad y la postmodernidad, definieron a su vez, sus adversarios y sus utop&iacute;as. En la actualidad, nos dice, las corrientes fecundas de integraci&oacute;n est&aacute;n representadas en el discurso de la sociedad civil. En ella encontramos una esfera de solidaridad "en la que el universalismo abstracto y las versiones particularistas de la comunidad se encuentran tensionalmente entrelazados" (Alexander, 2000:142). Las organizaciones que la componen son los tribunales, los medios de comunicaci&oacute;n de masas y la opini&oacute;n p&uacute;blica y tiene, adem&aacute;s, una estructura espec&iacute;fica donde interact&uacute;an &eacute;lites de tipo olig&aacute;rquico, organizaciones voluntarias y movimientos sociales. Lo importante es que en ella cristaliza tambi&eacute;n "un &aacute;mbito de la conciencia estructurada y socialmente establecida, que opera por encima de instituciones expl&iacute;citas e interesesautoconscientes de las &eacute;lites" (Alexander, 2000:143). Para estudiar esta dimensi&oacute;n subjetiva hay que identificar y ocuparse de los c&oacute;digos que proporcionan las categor&iacute;as de lo puro y lo impuro en la esfera civil, dentro de las cuales se clasifica al tipo de motivos atribuibles a las personas en su actuar, a la cualidad de las relaciones sociales que se pueden establecer en un momento dado, y al car&aacute;cter de las instituciones que rigen la vida social. Alexander destaca las narraciones polarizantes sobre las que se asienta la institucionalidad democr&aacute;tica y que ordenan los imaginarios colectivos. Los discursos involucrados estipulan qui&eacute;nes pueden y qui&eacute;nes no pueden ser incluidos dentro de la sociedad civil, dependiendo si a la acci&oacute;n de una persona se le atribuyen motivos racionales o irracionales, si una relaci&oacute;n social se califica de abierta o cerrada, o si una instituci&oacute;n es evaluada como apegada a la ley o se le juzga arbitraria. La lista de categor&iacute;as opuestas se extiende a&uacute;n m&aacute;s, como corresponde a un entramado complejo de correspondencias y oposiciones. La aportaci&oacute;n m&aacute;s fecunda de Alexander en este respecto es tal vez la que se refiere a la necesidad de interpretar las representaciones y los imaginarios que construyen los l&iacute;mites de la solidaridad de la sociedad civil.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alexander, Jeffrey C. (1989), <i>Las teor&iacute;as sociol&oacute;gicas desde la segunda guerra mundial. An&aacute;lisis multidimensional,</i> Barcelona, Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6366172&pid=S1870-3925200100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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