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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Conferencias</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Cartografiar el cambio</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alan Knight*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Conferencia impartida el 13 de octubre de 2006 en el marco de la C&aacute;tedra Alfonso Reyes. "Sed de Ideas 2006: Cartografiar el cambio", Monterrey, Nuevo Le&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Consejero de la C&aacute;tedra Alfonso Reyes.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por "cartografiar el cambio" entiendo &#45;en parte porque as&iacute; me lo explicaron&#45; un enfoque en las fronteras, especialmente aquella que es m&aacute;s vecina y relevante, la cual va desde Tijuana hasta Matamoros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fronteras &#45;como los pa&iacute;ses, los Estados, las revoluciones&#45; son de diversos tipos; algunas son metaf&oacute;ricas como las de la ciencia, la "nueva frontera" del presidente Kennedy o, en las palabras inmortales del Capit&aacute;n James T. Kirk, "el espacio, la &uacute;ltima frontera...". Aun si descartamos las met&aacute;foras para enfocarnos en fronteras "reales", hay varias, de las cuales Alistair Hennesy, en su valioso libro sobre la frontera latinoamericana, considera hasta ocho: las fronteras de las misiones, de los ind&iacute;genas, de los cimarrones, las mineras, agrarias, ganaderas, m&aacute;s la "anglo&#45;hispana" (una frontera pol&iacute;tico&#45;cultural) y la frontera pol&iacute;tica (Hennessy, 1978).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fronteras pol&iacute;ticas y fronteras demogr&aacute;ficas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para contener el tema dentro de los l&iacute;mites de una ponencia breve, y conforme el sabio dicho del fil&oacute;sofo medieval Guillermo de Ockham, <i>entia non sunt multiplicanda,</i> voy a colapsar todas las categor&iacute;as en nada m&aacute;s dos: pol&iacute;ticas y demogr&aacute;ficas, que tambi&eacute;n pueden llamarse fronteras de asentamiento (<i>settlement</i>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fronteras pol&iacute;ticas definen y demarcan las unidades pol&iacute;ticas, particularmente a las naciones (en las cuales me enfocar&eacute;), pero tambi&eacute;n las unidades subnacionales &#45;por ejemplo los estados de la Federaci&oacute;n Mexicana&#45; y hasta los municipios, de los cuales la historia de M&eacute;xico est&aacute; llena de conflictos sobre los l&iacute;mites municipales, y a veces tambi&eacute;n los estatales, de ah&iacute; la creaci&oacute;n de nuevos estados &#45;como Aguascalientes en 1853&#45; y los esfuerzos, hasta ahora vanos, para establecer los estados del Istmo o de la Huasteca. En el caso del nivel local, los l&iacute;mites entre pueblos y haciendas, pueblos y pueblos, fueron cruciales en la gestaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n y la reforma agraria, y en varias ocasiones el estatus pol&iacute;tico del pueblo fue de igual forma clave; haciendo eco de Marte R. G&oacute;mez, Raymond Craib se&ntilde;ala: "la reconstrucci&oacute;n posrevolucionaria fue llevada a cabo tanto por cadenas de medir (<i>measuring chains</i>)... como por armas de fuego" (2004: 230). Estas fronteras interiores, y las mejor conocidas exteriores, tienen en com&uacute;n el hecho de ser trazadas en mapas; son obras de autoridades pol&iacute;ticas, primero, y de cartografistas despu&eacute;s, por lo tanto, son f&aacute;ciles de discernir en los mapas, aun si su significado social no queda tan claro u obvio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a las fronteras demogr&aacute;ficas, &eacute;stas no son tan claramente trazadas, puesto que no corresponden a decisiones autoritativas pol&iacute;ticas, sino al movimiento del pueblo, es decir, a m&uacute;ltiples decisiones descentralizadas y an&aacute;rquicas. La forma m&aacute;s c&eacute;lebre de este tipo de fronteras es la de asentamiento, en donde los pioneros entran y se asientan en una "tierra de nadie". Sin embargo, esta imagen, como la imagen de mapas multicolores con sus l&iacute;neas pol&iacute;ticas bien trazadas, tambi&eacute;n puede ser enga&ntilde;osa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "tierra de nadie" posiblemente sea, en realidad, "tierra de poca gente" o "de gente que no cuenta". Cuando el general Julio Roca alcanz&oacute; la "conquista del desierto" en la Argentina de 1880, tuvo que derrocar y eliminar a los indios de la pampa, es decir, el desierto conquistado no fue un desierto real. De igual modo, conforme la frontera estadounidense avanzaba hacia el oeste, penetraba no un territorio vac&iacute;o, sino en uno ocupado por los habitantes originales, los ind&iacute;genas (<i>native americans</i>), cuya poblaci&oacute;n era relativamente escasa y cuyos derechos, por lo tanto, fueron descartados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mismo proceso ya se hab&iacute;a visto en el Gran Chichimeca del norte de M&eacute;xico (la Nueva Espa&ntilde;a), penetrado por las misiones y presidios coloniales, con avances y retiradas (como la gran rebeli&oacute;n de los indios Pueblo en 1680) y que continu&oacute; hasta fines del siglo XIX, con la llegada de los ferrocarriles y las &uacute;ltimas campa&ntilde;as contra los indios b&aacute;rbaros del norte. Por su parte, cabe destacar que Monterrey todav&iacute;a fue v&iacute;ctima de sus ataques hasta la d&eacute;cada de los setenta del siglo XIX.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fronteras argentinas, mexicanas y estadounidenses fueron "demogr&aacute;ficas" en el sentido que sus avances introdujeron m&aacute;s poblaci&oacute;n y fomentaron la formaci&oacute;n de mayores concentraciones de poblaci&oacute;n (misiones, minas, pueblos, haciendas, colonias, ciudades). Pero el crecimiento demogr&aacute;fico fue relativo, ya que los pioneros no entraron en tierras vac&iacute;as, m&aacute;s bien remplazaron a poblaciones aut&oacute;ctonas minoritarias. Para llevar a cabo este proceso los pioneros libraron guerras, introdujeron nuevas formas de producci&oacute;n (la miner&iacute;a, la ganader&iacute;a, la agricultura) y vieron su avance, en palabras de Sarmiento: "como el triunfo de la civilizaci&oacute;n sobre la barbarie" es decir que el avance demogr&aacute;fico fue, casi siempre, un fen&oacute;meno de conquista y control, requisitos necesarios para la "civilizaci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como procesos din&aacute;micos, tales fronteras se han visto a manera de motores o forjadores de la historia, m&aacute;s que nada por el norteamericano Frederick Jackson Turner (y su escuela), que consider&oacute; la frontera como la encrucijada de la historia norteamericana y, de ah&iacute;, del car&aacute;cter estadounidense: atrevido, individualista, innovador e igualitario (Billington, 1961). Uno podr&iacute;a agregar: violento, ingobernable y racista. Con respecto a esta postura, los cr&iacute;ticos han hecho pedazos la tesis de Turner y no valdr&iacute;a la pena repetir los argumentos en pro (que son pocos) y en contra (que son numerosos), aunque cabe destacar que, no obstante la verdad concreta, el mito de la frontera sigue vigente, inspirando no solamente las pel&iacute;culas de Hollywood, sino tambi&eacute;n el discurso pol&iacute;tico, tanto el progresista (la "Nueva Frontera" de JFK) como el conservador (la belicosa ret&oacute;rica seudo&#45;vaquera de George W. Bush).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El</b> <b>mito fronterizo en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contraparte latinoamericana m&aacute;s cercana quiz&aacute;s se ve en Brasil, con los bandeirantes paulistas (Vianna Moog, 1964); de la misma forma, el norte de M&eacute;xico tiene sus mitos fronterizos que, por ejemplo, nutrieron la auto&#45;imagen de los l&iacute;deres sonorenses de la Revoluci&oacute;n Mexicana como hombres audaces, innovadores, representantes de la "frontera n&oacute;mada" (Aguilar, 1985), desde&ntilde;osos de sus atrasados compatriotas del sur, a quienes &#45;despu&eacute;s de 1915&#45; trataron de gobernar como proc&oacute;nsules imperiales mandados a lejanas tribus salvajes (Knight, 1986).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas dos formas de frontera &#45;la pol&iacute;tica y la demogr&aacute;fica&#45; pueden coincidir o no. En la segunda mitad del siglo XIX, la frontera norte de M&eacute;xico fue tanto un l&iacute;mite pol&iacute;tico como una frontera demogr&aacute;fica, donde la poblaci&oacute;n fue escasa y, por lo tanto, el control del centro, la producci&oacute;n econ&oacute;mica y las muestras de la civilizaci&oacute;n tambi&eacute;n faltaron. El caso de Monterrey es ilustrativo. En 1869, la ciudad contaba con apenas 14,000 habitantes (el 1.3% del tama&ntilde;o actual). De la misma manera, las fronteras internas de Brasil fueron tanto pol&iacute;ticas y nacionales como demogr&aacute;ficas. En ambos casos, la l&oacute;gica pol&iacute;tica exigi&oacute; el fomento del asentamiento y el avance de la frontera demogr&aacute;fica, como dijo el argentino Alberdi: "gobernar es poblar" (Shumway, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La l&oacute;gica fue a&uacute;n m&aacute;s exigente; la frontera lejana y poco poblada conlindaba con una potencia agresiva como Estados Unidos, cuyo apetito territorial ya se hab&iacute;a demostrado en la d&eacute;cada de los cuarenta del siglo XIX. Por lo que Ju&aacute;rez, D&iacute;az y sus sucesores revolucionarios se esforzaron para promover la colonizaci&oacute;n, el desarrollo y el control pol&iacute;tico de la frontera norte por medio de las colonias militares (Ju&aacute;rez), de los ferrocarriles, de los tel&eacute;grafos (D&iacute;az), del riego, de las obras p&uacute;blicas y de la educaci&oacute;n (los gobiernos revolucionarios).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa pol&iacute;tica de "forjar patria" tuvo &eacute;xito, aunque su triunfo dependi&oacute; tambi&eacute;n de fuerzas econ&oacute;micas y demogr&aacute;ficas inexorables sobre las cuales los gobiernos &#45;incluso el gobierno m&aacute;s fuerte e intervencionista de la Revoluci&oacute;n&#151; tuvieron un control muy limitado como por ejemplo en la miner&iacute;a la inversi&oacute;n extranjera, en el comercio fronterizo, en el crecimiento demogr&aacute;fico y en la migraci&oacute;n (hacia el norte) as&iacute; como en la expansi&oacute;n econ&oacute;mica de Estados Unidos, especialmente en Texas y el sudoeste.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Coloso del Norte, en pleno auge econ&oacute;mico, era una amenaza para M&eacute;xico, pero su expansi&oacute;n estimul&oacute; el crecimiento de la franja fronteriza, que atrajo a los migrantes mexicanos &#45;el fen&oacute;meno de la migraci&oacute;n norteamericana hacia el Texas decimon&oacute;nico, no se repetir&iacute;a&#45; y facilit&oacute; el control del gobierno mexicano (sin duda, tener tres sonorenses en el Palacio Nacional ayud&oacute; al proceso). Cabe destacar que durante la Revoluci&oacute;n se plante&oacute; una secesi&oacute;n sonorense o de la p&eacute;rdida de Baja California, pero estos hechos nunca ocurrieron, incluso jam&aacute;s parecieron pasar; las secesiones reales ocurrieron en el sur: Oaxaca y Yucat&aacute;n. El norte estaba bien ligado al centro y al sur, por lo que el sonorense Alvarado fue enviado al otro extremo del pa&iacute;s, para incorporar a Yucat&aacute;n en la marcha progresiva de la Revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El crecimiento sostenido de la poblaci&oacute;n y de la econom&iacute;a fronterizas a trav&eacute;s del siglo XX, ha provocado que, en M&eacute;xico como en los Estados Unidos de Frederick Jackson Turner, la frontera &#45;la frontera demogr&aacute;fica&#45; casi se cerr&oacute;; crecieron nuevas ciudades, mejoraron las comunicaciones, aument&oacute; el control del centro. Si M&eacute;xico todav&iacute;a ten&iacute;a fronteras (demogr&aacute;ficas) a fines del siglo XX, estaban en el sur, por ejemplo, en la selva lacandona, donde miles de migrantes se asentaron en los a&ntilde;os setenta, buscando tierras, oportunidades y un escape del control "tradicional" de los caciques chiapanecos; all&aacute;, echaron los cimientos del movimiento Zapatista de los a&ntilde;os noventa (un intrigante modelo, quiz&aacute;s, de la tesis de Turner), aunque todav&iacute;a quedan regiones poco pobladas en el norte de M&eacute;xico, como tambi&eacute;n permanecen en el oeste de los Estados Unidos (el estado de Wyoming tiene una poblaci&oacute;n de medio mill&oacute;n, es decir, dos habitantes por cada kil&oacute;metro cuadrado); dichas &aacute;reas semivac&iacute;as no son fronteras demogr&aacute;ficas en el sentido cl&aacute;sico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al contrario de Turner, no creo que el cierre de la frontera mexicana sea un asunto hist&oacute;rico clave; aun si este autor tuviera raz&oacute;n en el caso norteamericano (y, como he mencionado, hay muchas dudas), la frontera mexicana es otra cosa. De hecho, ha habido muchas fronteras, cada una con sus caracter&iacute;sticas distintas: en Michoac&aacute;n, la expansi&oacute;n demogr&aacute;fica del siglo XIX produjo comunidades cat&oacute;licas, conservadoras y estables, como la de San Jos&eacute; de Gracia de Luis Gonz&aacute;lez, que as&iacute; siguieron el patr&oacute;n de los Altos de Jalisco (Gonz&aacute;lez, 1968). En la Sierra Madre Occidental de Chihuahua las colonias militares, como Namiquipa, fueron liberales y revolucionarias (Katz, 1998); y cien a&ntilde;os despu&eacute;s, la frontera lacandona incub&oacute; el movimiento zapatista&#45;ind&iacute;gena, radical y nacionalista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas diversas comunidades comenzaron como asentamientos nuevos y, por lo tanto, gozaron de cierta autonom&iacute;a frente a las autoridades pol&iacute;ticas (tanto federales como estatales). Sin embargo, el car&aacute;cter de cada una de las comunidades y su manera de expresar sus quejas, fueron distintas: Namiquipa se rebel&oacute; contra D&iacute;az, San Jos&eacute; apoy&oacute; a los cristeros contra Calles, y los zapatistas se alzaron contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Tratado de Libre Comercio (TLC). No obstante, conforme la frontera demogr&aacute;fica se esfumaba (o, como otra cara de la moneda, el Estado cobraba fuerza, y las autonom&iacute;as locales y regionales se marchitaban), movimientos de esta &iacute;ndole eran cada vez m&aacute;s inauditos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la Revoluci&oacute;n Mexicana, las rebeliones "serranas" &#45;autonomistas, fronterizas&#45; fueron ubicuas (Knight, 1986), sin embargo no pod&iacute;an concretar sus quejas ni afianzar su autonom&iacute;a, y el Estado que surgi&oacute; de la lucha revolucionaria sigui&oacute; la cl&aacute;sica trayectoria de Tocqueville, estableciendo una autoridad m&aacute;s fuerte y acabada que no permit&iacute;a huecos en la soberan&iacute;a nacional (Lively, 1965; Foran, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los movimientos sociales m&aacute;s recientes (se llaman a veces los "nuevos movimientos sociales") tuvieron que relacionarse con el Estado &#45;el "Leviat&aacute;n en el z&oacute;calo"&#45; g&uacute;stelo o no (Foweraker y Craig, 1990), y la frontera &#45;la frontera demogr&aacute;fica, abierta, aut&oacute;noma&#45; sobrevivi&oacute; principalmente como mito en los corridos y las pel&iacute;culas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera contrastante, a trav&eacute;s de los siglos XIX y XX, las fronteras pol&iacute;ticas permanecieron y, con el fortalecimiento del Estado &#45;fen&oacute;meno ya mencionado&#45; se volvieron m&aacute;s claras y reales (s&oacute;lo hay que mirar el mapa). Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os (digamos, desde los ochenta) un coro cada vez m&aacute;s estridente ha cantado la declinaci&oacute;n de los Estados&#45;naci&oacute;n y, por lo tanto, la erosi&oacute;n de las fronteras entre ellos. Las l&iacute;neas quedan trazadas en los mapas, pero tienen menos realidad: son una "ilusi&oacute;n cartogr&aacute;fica" (Ohmae, 1995). Adem&aacute;s, vivimos una nueva &eacute;poca de globalizaci&oacute;n, en un "mundo sin fronteras", a <i>borderless world,</i> en palabras de Ohmae (1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es verdad, entonces, que &#45;habiendo visto el cierre de la frontera demogr&aacute;fica&#45; ahora experimentamos el ocaso de las fronteras pol&iacute;ticas, v&iacute;ctimas del Inexorable proceso de globalizaci&oacute;n que debilita a los Estados&#45;naci&oacute;n, borrando sus diferencias y su autonom&iacute;a, espec&iacute;ficamente, &iquest;est&aacute; la frontera norte de M&eacute;xico en v&iacute;as de desaparecer, disolvi&eacute;ndose en una nueva entidad que se ha llamado Mexam&eacute;rica, Amexica, <i>La Rep&uacute;blica del</i> norte? (Huntington, 2005)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como historiador, prefiero enfocar el problema desde una perspectiva del pasado, en vez de, o antes de, considerar la gran inc&oacute;gnita del futuro. Es verdad que, a trav&eacute;s de la historia, la relaci&oacute;n entre el Estado y los mercados ha fluctuado (Strange, 1996). Por ejemplo, el Estado colonial trat&oacute; de mantener un r&iacute;gido control mercantilista que se desmoron&oacute; a principios del siglo XIX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante dicho siglo, el comercio libre avanz&oacute;, sin embargo &#45;parad&oacute;jicamente&#45; el r&eacute;gimen que m&aacute;s promovi&oacute; la integraci&oacute;n de M&eacute;xico en la econom&iacute;a mundial fue el r&eacute;gimen autoritario &#45;la dictadura de "orden y progreso"&#45; de Porfirio D&iacute;az. Despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n &#45;pero solamente en parte debido a la lucha revolucionaria&#45; el balance se inclin&oacute; hacia el Estado, con el crecimiento del desarrollo hacia adentro, la intervenci&oacute;n estatal y la parcial retirada de M&eacute;xico de los mercados mundiales; esta tendencia culmin&oacute; en los a&ntilde;os ochenta con el Estado hipertrofiado, el Estado obeso, en palabras del expresidente Carlos Salinas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fronteras y globalizaci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, el balance ha cambiado otra vez &#45;en M&eacute;xico y cuantiosas partes del mundo&#45; con el adelgazamiento del Estado y el auge de los mercados. Novedosa en ciertos aspectos, la globalizaci&oacute;n actual tambi&eacute;n repite procesos hist&oacute;ricos. La primera gran transformaci&oacute;n globalizadora ocurri&oacute; a principios del siglo XIX, cuando el comercio mundial creci&oacute;, creando por primera vez un mercado global unificado en el que M&eacute;xico particip&oacute; (O'Rourke y Williamson, 2002); en la segunda mitad de dicho siglo tambi&eacute;n hubo un flujo migratorio que, en t&eacute;rminos relativos, tuvo m&aacute;s impacto que el actual, ya que en 1914, alrededor de 15 por ciento de la poblaci&oacute;n de los Estados Unidos estaba constituida por inmigrantes, mientras que en 1998 el porcentaje era de 10 por ciento. Por consiguiente, no debemos exagerar lo novedoso de la coyuntura actual, ni descartar el uso de la historia en su an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, como dijo Her&aacute;clito, no se puede poner el pie en el mismo r&iacute;o dos veces. Las cosas cambian (la primera "lecci&oacute;n de la historia") y la historia no se repite mec&aacute;nica y previsiblemente (la segunda). El gran error de numerosas interpretaciones actuales &#45;las que prev&eacute;n la erosi&oacute;n y hasta la desaparici&oacute;n de las fronteras y los Estados&#45;naci&oacute;n&#45; es que se basan en un burdo reduccionismo econ&oacute;mico, que asume que el modelo econ&oacute;mico determina todo lo dem&aacute;s; en esto, se parecen a las antiguas y dogm&aacute;ticas teor&iacute;as marxistas (los marxistas de hoy son menos, pero m&aacute;s flexibles), aunque son propaladas por economistas neocl&aacute;sicos. Cabe destacar que hay contextos en que el reduccionismo econ&oacute;mico tiene sentido, pero el campo del nacionalismo y del proceso de forjar (y mantener) la naci&oacute;n no cuadran de manera adecuada, como tampoco en el campo de la religi&oacute;n (otro tema de gran importancia contempor&aacute;nea), es decir, las fases de globalizaci&oacute;n y de integraci&oacute;n econ&oacute;mica mundial no conducen necesariamente a la ca&iacute;da de las fronteras, como lo esperaban los grandes liberales decimon&oacute;nicos como Cobden y Bright.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XIX vio, al mismo tiempo, y a veces en los mismos pa&iacute;ses, el crecimiento del liberalismo econ&oacute;mico y del nacionalismo. En M&eacute;xico, las dos tendencias fueron plasmadas en la figura de Benito Ju&aacute;rez. Hoy en d&iacute;a, los procesos de globalizaci&oacute;n (la segunda fase, si se quiere) tampoco han apagado el fuego del nacionalismo, al contrario, a veces parecen haber agregado combustible a las llamas, tanto en el Medio Oriente como en los Balcanes. Am&eacute;rica Latina no es un caso extremo, pero en Argentina, Ecuador y Bolivia tambi&eacute;n se han visto reacciones nacionalistas al neoliberalismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico ha manejado sus relaciones con el <i>hegem&oacute;n</i> continental, tanto prudente como pragm&aacute;ticamente (ha tenido casi dos siglos de pr&aacute;ctica); las iniciativas &#45;algunos dir&iacute;an los disparates&#45; del expresidente Luis Echeverr&iacute;a fueron ins&oacute;litos o, para decirlo de otra manera, hay poco chavismo en la tradici&oacute;n pol&iacute;tico&#45;diplom&aacute;tica mexicana; en esto, la tradici&oacute;n oficial refleja la opini&oacute;n p&uacute;blica (lo que no lo hace en otros renglones de la pol&iacute;tica).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante cierta tradici&oacute;n anti&#45;americana, los mexicanos por lo general han tenido una actitud pragm&aacute;tica hacia los Estados Unidos, la supuesta xenofobia de la Revoluci&oacute;n Mexicana ha sido bastante exagerada (los brotes xenof&oacute;bicos m&aacute;s extremos se enfocaron en los chinos y los gachupines, no en los gringos) (Knight, 1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del siglo XX, los mexicanos se dieron cuenta de los beneficios del comercio, de la inversi&oacute;n y del mercado de trabajo de los Estados Unidos, asimismo admiraron ciertos aspectos (no todos) de la cultura <i>gringa.</i> Adem&aacute;s, como dicha naci&oacute;n es muy heterog&eacute;nea, sus admiradores y detractores ten&iacute;an muchas opciones: los mexicanos izquierdistas y derechistas, cat&oacute;licos y protestantes, pod&iacute;an igualmente escoger o repudiar a su antojo; al mismo tiempo, los mexicanos &#45;otra vez, izquierdistas o derechistas, &eacute;lites o subalternos&#45; estaban conscientes de la amenaza norteamericana, ya sea la intervenci&oacute;n armada del pasado o la penetraci&oacute;n econ&oacute;mica y cultural del presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante el gran crecimiento del comercio, de la inversi&oacute;n y de la migraci&oacute;n, hay poca evidencia que muestre a los mexicanos anhelando que su pa&iacute;s se vuelva el estado cincuenta y uno de los Estados Unidos, incluso los fronterizos, los cuales valoran su acceso a las oportunidades norteamericanas, "no necesariamente quieren vivir en los Estados Unidos o volverse ch&iacute;canos" (Vila, 2000). En esto, se parecen a sus socios en el TLC, los canadienses, cuya nacionalidad no ha sido anulada por la estrecha integraci&oacute;n econ&oacute;mica entre Canad&aacute; y Estados Unidos; el propio TLC, aunque afianza esta integraci&oacute;n, tambi&eacute;n sirve como mecanismo para manejar la relaci&oacute;n (ineluctable) y contrarrestar el unilateralismo norteamericano (Weintraub, 1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la coyuntura actual de globalizaci&oacute;n, el TLC es tanto una defensa como una rendici&oacute;n de la soberan&iacute;a nacional; el mismo argumento se escucha, <i>mutatis mutandis,</i> en la Uni&oacute;n Europea, de hecho, la preocupaci&oacute;n por la frontera, el temor de "perder control", de da&ntilde;ar la soberan&iacute;a nacional y hasta sacrificar la "identidad nacional", se ven m&aacute;s al norte, en Estados Unidos, \ donde la pesadilla del <i>Mexam&eacute;rica</i> le quita el sue&ntilde;o al profesor Huntington y otros molestados por la migraci&oacute;n (especialmente la migraci&oacute;n ilegal) y la hispanizaci&oacute;n de la sociedad norteamericana, todo esto aunado al narcotr&aacute;fico y al terrorismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe destacar que dicha preocupaci&oacute;n no es nueva ya que, como se&ntilde;al&eacute;, Estados Unidos ten&iacute;a en 1914 una poblaci&oacute;n inmigrante mayor (en t&eacute;rminos relativos) a la de hoy, aunque es necesario indicar que el porcentaje era la mitad del que ten&iacute;a Australia (15% contra 30%). As&iacute;, la inmigraci&oacute;n provoc&oacute; temores &#45;muy exagerados, como ahora vemos&#45; que el historiador Richard Hofstadter calific&oacute; como parte del "estilo paranoico de la pol&iacute;tica norteamericana (Hofstadter, 1965).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe destacar que dicha preocupaci&oacute;n no es nueva ya que, como se&ntilde;al&eacute;, Estados Unidos ten&iacute;a en 1914 una poblaci&oacute;n inmigrante mayor (en t&eacute;rminos relativos) a la de hoy, aunque es necesario indicar que el porcentaje era la mitad del que ten&iacute;a Australia (15% contra 30%). As&iacute;, la inmigraci&oacute;n provoc&oacute; temores &#45;muy exagerados, como ahora vemos&#45; que el historiador Richard Hofstadter calific&oacute; como parte del "estilo paranoico" de la pol&iacute;tica norteamericana (<i>&Iacute;bidem</i>).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por verdaderos o paranoicos que sean estos temores, sus consecuencias incluyen los debates recientes en el Congreso estadounidense, la militarizaci&oacute;n de la frontera y hasta la construcci&oacute;n de un muro de seguridad; tengo mis dudas acerca del &eacute;xito de estas medidas, pero claramente demuestran que Estados Unidos &#45;tanto el gobierno como los ciudadanos&#45; no prev&eacute; la disoluci&oacute;n de la frontera, y los que pronostican la creaci&oacute;n de la regi&oacute;n <i>Mexam&eacute;rica,</i> a horcajadas de una frontera fantasma, son profetas falsos, al menos por ahora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La frontera todav&iacute;a tiene una gran realidad: demarca, por un lado, dos Estados&#45;naci&oacute;n cuyos pueblos no buscan una fusi&oacute;n supranacional y, por otro lado, dos sistemas diferentes de ley y de pol&iacute;tica, dos mercados de trabajo distintos, y dos culturas &#45;o, mejor dicho, toda un gama de culturas&#45; diversas. A veces, algunos latinoamericanos &#45;los brasile&ntilde;os en particular&#45; hablan como si los mexicanos hubieran vuelto la espalda al resto del continente para convertirse en ciudadanos del <i>TLCLandia,</i> pero esta opini&oacute;n me parece err&oacute;nea y basada en un reduccionismo econ&oacute;mico, seg&uacute;n el cual la infraestructura determina el resto de la superestructura (pol&iacute;tica, social, cultural). El Zollverein alem&aacute;n &#45;la asociaci&oacute;n de libre comercio formada en 1860&#45; precedi&oacute; y quiz&aacute;s ayud&oacute; la formaci&oacute;n del Estado&#45;naci&oacute;n alem&aacute;n y el segundo imperio (Reich), sin embargo sus habitantes eran alemanes &#45;cultural, hist&oacute;rica y ling&uuml;&iacute;sticamente&#45; mucho antes de que se volvieran socios econ&oacute;micos en el Zollverein (&eacute;sta, quiz&aacute;s, es una conclusi&oacute;n positiva).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por desgracia, hay tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n m&aacute;s negativa del asunto: la noci&oacute;n de fronteras disolventes que escapan del control de los Estados s&iacute; reflejan cierta realidad. En la medida en que los mercados crecen a costa de los poderes estatales, el Estado pierde &#45;potencialmente&#45; fuentes de legitimidad; claro est&aacute;, un Estado adelgazado puede ser altamente leg&iacute;timo, un Estado obeso, &iexcl;leg&iacute;timo, pero si el adelgazamiento quita al Estado sus capacidades legitimizadoras y si, por a&ntilde;adidura, el Estado adelgazado falla en sus responsabilidades b&aacute;sicas &#45;la protecci&oacute;n de sus ciudadanos, el mantenimiento de un Estado de derecho&#45; entonces la legitimidad del Estado puede menguarse; en este escenario, el crecimiento del narcotr&aacute;fico y del crimen organizado, que ha tenido tan fuerte impacto en la frontera, ofrece la mayor prueba de esta abdicaci&oacute;n por parte del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema no es el monopolio mexicano, pero &#45;debido a su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica e historia reciente&#45; el fen&oacute;meno se ve con mucha claridad en este pa&iacute;s. Si la frontera demogr&aacute;fica se ha cerrado, no creo que presenciemos una desaparici&oacute;n comparable de las fronteras pol&iacute;ticas en general, ni de la frontera norte de M&eacute;xico en particular. Lo que s&iacute; observamos, quiz&aacute;s, es un debilitamiento del Estado, producto de dos fen&oacute;menos relacionados: por un lado, el auge reciente del mercado (otra fluctuaci&oacute;n en una larg&iacute;sima historia mundial), por otro, el crecimiento del narcotr&aacute;fico y del crimen organizado, ambos fen&oacute;menos nutridos por la globalizaci&oacute;n que vivimos hoy.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguilar, H. (1977). <i>La frontera n&oacute;mada.</i> Sonora y la Revoluci&oacute;n Mexicana. M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176079&pid=S1870-3569200700010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Craib, R. B. (2004). <i>Cartographic Mexico: A History of State Fixations and Fugitive Landscapes.</i> Durham: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176081&pid=S1870-3569200700010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Billington, R. A. (Coord.). (1961). <i>Frontier and Section. Selected Essays of Frederick Jackson Turner.</i> Englewoods Cliffs: Prentice&#45;Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176083&pid=S1870-3569200700010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Black, J. (1997). <i>Maps and Politics.</i> London: Reaktion Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176085&pid=S1870-3569200700010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foran J. (Coord.). (1997). <i>Theorizing Revolutions.</i> London: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176087&pid=S1870-3569200700010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foweraker, J. y Craig, A. L. (1990). <i>Popular Movements and Political Change in Mexico.</i> Bouldr: Lynne Rienner.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176089&pid=S1870-3569200700010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez, L. (1968). <i>Pueblo en vilo. Microhistoria de San Jos&eacute; de Gracia.</i> M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176091&pid=S1870-3569200700010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hennessy, A. (1978). <i>The Frontier in Latin American History.</i> London: Edward Arnold.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176093&pid=S1870-3569200700010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hofstadter, R. (1965). <i>The Paranoid Style in American Politics.</i> New York: Knopf.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176095&pid=S1870-3569200700010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington, S. P. (2005). <i>Who Are We?</i> America's Great Debate. London: The Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176097&pid=S1870-3569200700010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Katz, F. (1998). <i>The Life and Times of Pancho Villa.</i> Stanford: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176099&pid=S1870-3569200700010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Knight, A. (1986). <i>The Mexican Revolution</i> (Vol. 1. Cambridge: Cambridge University Press).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176101&pid=S1870-3569200700010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1986). <i>The Mexican Revolution</i> (Vol. 2. Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176103&pid=S1870-3569200700010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1987). <i>U.S.&#45;Mexican Relations, 1910&#45;40. An Interpretation.</i> San Diego: Center for U.S.&#45;Mexican Studies, UCSD.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176105&pid=S1870-3569200700010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lively, J. (1965). <i>The Social and Political Thought of Alexis de Tocqueville .</i> Oxford: The Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176107&pid=S1870-3569200700010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nugent, D. (1993). <i>Spent Cartridges of Revolution. An Anthropological History of Namiquipa, Chihuahua.</i> Chicago: Chicago University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176109&pid=S1870-3569200700010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ohmae, K. (1995). <i>End of the Nation&#45;State. The Rise of Regional Economies.</i> London: Harper Collins.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176111&pid=S1870-3569200700010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990). <i>The Borderless World. Power and Strategy in the International Economy.</i> London: Collins.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176113&pid=S1870-3569200700010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Rourke, K. y Williamson, J. (2002). <i>When Did Globalization Begin?</i> European Review of Economic History 6/3 pp. 23&#45;50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176115&pid=S1870-3569200700010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shumway, N. (1993). <i>The Invention of Argentina.</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176117&pid=S1870-3569200700010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strange, S. (1994). <i>States and Markets.</i> London: Pinter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176119&pid=S1870-3569200700010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vianna Moog, C. (1964). <i>Bandeirantes and Pioneers.</i> New York: George Braziller.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176121&pid=S1870-3569200700010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vila, P. (2000). <i>Crossing Borders, Reconfirming Borders.</i> Austin: University of Texas Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176123&pid=S1870-3569200700010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weintraub, S. (2000). <i>A Marriage of Convenience: Relations Between Mexico and the United States.</i> New York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2176125&pid=S1870-3569200700010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Alan Knight.</b> Es profesor de Historia de Am&eacute;rica Latina en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Su trabajo se orienta al estudio de la pol&iacute;tica moderna de Am&eacute;rica Latina, especialmente de M&eacute;xico. Est&aacute; interesado en el an&aacute;lisis de los movimientos campesinos y las revoluciones sociales de la regi&oacute;n. Es reconocido como uno de los mejores mexicanistas. Ha participado como profesor visitante en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos. Entre sus libros se encuentran: The Mexican Revolution (1986), US&#45;Mexican Relations (1987), The Mexican Petroleum Industry in the Twentieth Century (1992) y M&eacute;xico (2002).</font></p>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Aguilar]]></surname>
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<source><![CDATA[La frontera nómada]]></source>
<year>1977</year>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI]]></publisher-name>
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<surname><![CDATA[Craib]]></surname>
<given-names><![CDATA[R. B.]]></given-names>
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