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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>&iquest;Qui&eacute;nes somos?:</b></i><b> la resurrecci&oacute;n del nativismo estadounidense</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gabriela De la Paz*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Huntington, S. P. (2004). <i>Who are We? The Challenges to America's National Identity.</i> New York: Simon &amp; Schuster.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*ITESM, Campus Monterrey</i></font><i>.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Samuel Huntington escribe un nuevo libro, <i>Who are we?,</i> que va acorde con el neoconservadurismo que est&aacute; en boga en Estados Unidos. A partir de un cap&iacute;tulo del controvertido "El choque de civilizaciones", el profesor de Harvard empez&oacute; a advertir, desde noviembre de 2000, sobre la amenaza que representan los inmigrantes mexicanos para el estilo de vida, los valores y las instituciones estadounidenses coincidiendo con el regreso inminente de ultraconservadores a la Casa Blanca. <i>Who are we?,</i> nos dice el autor, responde a una inquietud surgida en su sal&oacute;n de clases, misma que ya se hab&iacute;a reflejado en otros art&iacute;culos, como "La erosi&oacute;n del inter&eacute;s nacional" (1997), donde advert&iacute;a acerca del riesgo de que los inmigrantes tuvieran una voz en la toma de decisiones sobre pol&iacute;tica exterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro se divide en cuatro partes que, a trav&eacute;s de doce cap&iacute;tulos, exploran la identidad americana, que es en s&iacute;, el tema a tratar. La primera explora la crisis de la identidad nacional y lo que significa ser "nacional" o de otra nacionalidad. La segunda analiza los componentes de la identidad americana: la cultura anglo&#45;protestante, la religi&oacute;n y la cristiandad y su ciclo de vida. La tercera examina los retos que enfrenta la identidad americana. Esta es la parte m&aacute;s criticada, la que apareci&oacute; en el art&iacute;culo que <i>Foreign Policy</i> public&oacute; en la edici&oacute;n de mayo&#45;junio de este a&ntilde;o. Del cap&iacute;tulo 7 al 9, Samuel Huntington examina el surgimiento de las identidades subnacionales y las asimilaciones forzadas y voluntarias a lo largo de la historia estadounidense, para rematar en lo que &eacute;l considera el mayor reto: la inmigraci&oacute;n mexicana y la hispanizaci&oacute;n de Estados Unidos. Finaliza con la cuesti&oacute;n de la identidad americana en el mundo de la posguerra fr&iacute;a y las repercusiones que han tenido para su pa&iacute;s la recepci&oacute;n de estos nuevos inmigrantes y su v&iacute;nculo con la pol&iacute;tica nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta y &uacute;ltima parte tiene que ver con la renovaci&oacute;n de la identidad americana. Al igual que en <i>Choque de civilizaciones,</i> Huntington hace referencia a las fallas civilizacionales, es decir, las l&iacute;neas donde dos o m&aacute;s civilizaciones se encuentran y las nuevas tendencias que generan. As&iacute; llega hasta el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo en el que habla de los Estados Unidos del siglo XXI, su vulnerabilidad, la importancia creciente de la religi&oacute;n; el dilema de ser cosmopolitas (aceptar el multiculturalismo), o de ser imperialistas; o una forma de recuperar el nacionalismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Samuel Huntington resalta la forma en que la inmigraci&oacute;n europea de los siglos XVII y XVIII configur&oacute; a Estados Unidos y c&oacute;mo su identidad (y su fortaleza) radica en ser una naci&oacute;n fundada por colonos blancos, de nacionalidad brit&aacute;nica y religi&oacute;n protestante. Sin embargo, pasa por alto que el primer cargamento de esclavos negros lleg&oacute; al pa&iacute;s en 1619, un a&ntilde;o antes de que un grupo de peregrinos desembarcara en Norteam&eacute;rica, llevando el Mayflower Compact bajo el brazo. De modo que &eacute;sta es una de las tantas "desviaciones hist&oacute;ricas" que hay en sus p&aacute;ginas. A&uacute;n as&iacute;, asegura que m&aacute;s que inmigrantes, los primeros llegados fueron colonos y con esta frase los lleva a un estatus superior que a los inmigrantes, pues les otorga el derecho de quedarse con las tierras descubiertas:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de las tribus indias, que pod&iacute;an ser asesinadas o empujadas al oeste, no hab&iacute;a aqu&iacute; ninguna sociedad y ellos &#91;los colonos&#93; vinieron con el fin de crear sociedades que encarnaran y reforzaran la cultura y los valores que trajeron consigo desde su pa&iacute;s de origen<sup><a href="#notas">1</a></sup> (Huntington, 2004: 40).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta misma ola migratoria llegaron personas de otros pa&iacute;ses del norte de Europa y se asentaron al lado de los primeros inmigrantes, sin que eso implicara asimilarse al estilo de vida. Si bien es cierto que la caracter&iacute;stica en com&uacute;n fue su origen saj&oacute;n y la variaci&oacute;n en las sectas cristianas que llegaron<sup><a href="#notas">2</a></sup>, las colonias eran tan independientes entre s&iacute;, que poco importaba que no compartieran la misma nacionalidad o religi&oacute;n, como ocurr&iacute;a en Maryland, Nueva York y Georgia, por ejemplo. Las colonias estaban en v&iacute;speras de desarrollar una cultura propia, algo que ocurrir&iacute;a mucho despu&eacute;s de 1776, cuando los intereses comerciales y los principios pol&iacute;ticos &#151;no la religi&oacute;n, ni la raza&#151; fueron la amalgama de la nueva naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute;, la siguiente gran ola de inmigrantes ocurri&oacute; a finales del siglo XIX, cuando ya puede hablarse de un nacionalismo americano, al que, por cierto, la mayor&iacute;a de los historiadores estadounidenses ven como algo negativo, pues el nativismo atentaba violentamente contra los reci&eacute;n llegados. Sin embargo, a pesar de las cifras que inundan el libro, el autor pasa por alto que esta segunda ola migratoria estaba compuesta por gente de Europa del sur, principalmente, y que muchos de ellos eran jud&iacute;os o cat&oacute;licos. Es decir, que siguiendo los mismos criterios que Samuel Huntington aplica a los mexicanos, la amenaza a los valores anglo&#45;protestantes deber&iacute;a provenir desde esta &eacute;poca, pero Huntington la minimiza para resaltar la inmigraci&oacute;n mexicana de hoy. No obstante, comete el error de "ignorar" que los barrios Little Italy (Nueva York) y Chinatown (San Francisco) surgen a partir de 1 880, creados tanto por la identificaci&oacute;n racial y cultural como por el rechazo de los americanos a aceptar a quienes llegaban con idiomas, comidas, costumbres y religiones diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reacci&oacute;n de los estadounidenses de esa &eacute;poca se dio en dos vertientes: una, negativa, encarnada en los movimientos nativistas que atacaban a los inmigrantes porque cre&iacute;an que les tra&iacute;an enfermedades, creaban inseguridad y les robaban los trabajos. Esto no es distinto de lo que Huntington dice en <i>Who are We?</i> sobre los mexicanos y que forma parte de la plataforma m&aacute;s radical de los republicanos. Otra, positiva, con el movimiento progresista, que pretend&iacute;a corregir el impacto de la industrializaci&oacute;n que atra&iacute;a a estos inmigrantes y obligaba a buscar nuevos esquemas en la administraci&oacute;n y la econom&iacute;a. La expansi&oacute;n de los negocios, como hoy, ocasionaba flujos migratorios masivos hacia los n&uacute;cleos urbanos donde estaban las f&aacute;bricas y los barrios de inmigrantes. As&iacute; surgi&oacute; la idea, en el n&uacute;cleo de las clases media y alta, de organizar a los nuevos e inculcarles sus valores victorianos, sin perder la identidad estadounidense que se estaba consolidando.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, cabe destacar que una grave omisi&oacute;n en el trabajo de Samuel Huntington es minimizar las repercusiones que tuvieron los diferentes or&iacute;genes de M&eacute;xico y Estados Unidos. De hecho, ignora por completo que M&eacute;xico fue colonizado por Espa&ntilde;a y que, al igual que Estados Unidos, tiene un origen europeo. Tambi&eacute;n pasa por alto la expansi&oacute;n americana a costa del norte de M&eacute;xico, para explicar una posible causa de la inmigraci&oacute;n mexicana. El af&aacute;n es centrarse en lo que &eacute;l llama "el reto hispano"<sup><a href="#notas">3</a></sup>: una creciente inmigraci&oacute;n ilegal de mexicanos que rechazan asimilarse, como si muchos antrop&oacute;logos no hubieran dicho ya que en realidad las culturas (italiana, rusa, jud&iacute;a, polaca, coreana, etc.) no se fundieron en una sola, sino que han coexistido una al lado de la otra. Si hubiera esa integraci&oacute;n entre los distintos grupos &eacute;tnicos (a la que &eacute;l se opone), nunca habr&iacute;an existido leyes de segregaci&oacute;n racial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Samuel Huntington se centra en estas diferencias y en las cifras de lo que &eacute;l considera una invasi&oacute;n o reconquista de espacios perdidos por parte de los mexicanos, de las cuales &#151;por supuesto&#151; no aporta pruebas. En su af&aacute;n de desprestigiar a los mexicanos, el autor no menciona ni las aportaciones de los m&eacute;xico&#45;americanos (o el conjunto de los hispanos o latinos) a la cultura estadounidense; ni las razones por las cuales &eacute;stos se quedan a vivir all&aacute;; ni las pol&iacute;ticas restrictivas que los confinan al estrato socioecon&oacute;mico m&aacute;s bajo; o mucho menos, jam&aacute;s entrevista o cita a fuentes hispanas, para corroborar ese supuesto rechazo a la asimilaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington hace suya la preocupaci&oacute;n de los estadounidenses conservadores que ven nuevas caras que no conocen al cruzar por sus barrios. De pronto el espa&ntilde;ol es una presencia constante, y las tasas de natalidad (ayudadas por la inmigraci&oacute;n masiva) convierten a los mexicanos en algo que ya no se queda en la frontera con M&eacute;xico o en los estados aleda&ntilde;os, sino que puede encontr&aacute;rseles por todo el pa&iacute;s. As&iacute;, Huntington se une a los conservadores que siempre est&aacute;n en guerra y a la espera de un enemigo (los rusos u Osama bin Laden) que les ense&ntilde;e lo que son, ya que por ellos mismos no son capaces de saberlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Samuel Huntington podr&iacute;a haber hecho eco a la frase m&iacute;tica &#151;de "How the West was Won" acu&ntilde;ada por otro nativista&#151; al escribir sobre c&oacute;mo el Oeste se vuelve a "perder de nuevo". La alarma de Huntington proviene del futuro y de quienes, como &eacute;l, est&aacute;n preocupados porque la tasa de reemplazo poblacional no vendr&aacute; por parte de beb&eacute;s anglosajones, sino de toda una gama de ni&ntilde;os afro&#45;americanos, indo&#45;americanos e hispano&#45;americanos, por mencionar los tres m&aacute;s importantes, que podr&iacute;an dar un giro distinto a la historia y la cultura de Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello el gran argumento es el rechazo al multiculturalismo, al que la misma frase <i>E Pluribus Unum</i><sup><a href="#notas">4</a></sup> hace referencia. El autor desprecia los avances de la d&eacute;cada de 1960 en la que se corrigieron los errores que divid&iacute;an a la sociedad norteamericana en castas, colores y clases. Mientras la Suprema Corte de Justicia corrige los errores e intenta cumplir el mandato constitucional de igualdad de oportunidades, Samuel Huntington ense&ntilde;a la vieja cara del sur esclavista y fisi&oacute;crata con una variable catastrofista: "Si el multiculturalismo predomina y si el consenso en la democracia liberal se desintegra, los Estados Unidos pueden unirse a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en el c&uacute;mulo de cenizas de la historia".<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro tiene una gran cantidad de tergiversaciones y contradicciones, empezando por el anglo&#45;protestantismo como g&eacute;nesis de Estados Unidos y las incongruencias sobre c&oacute;mo Huntington percibe al catolicismo. Si los mexicanos son peligrosos porque son cat&oacute;licos; despu&eacute;s critica al catolicismo o se refiere a &eacute;l como si no fuera una religi&oacute;n emanada del cristianismo (y a los jud&iacute;os los trata como si fueran una secta cristiana). Pero en otras p&aacute;ginas afirma que "cuando importantes cantidades de inmigrantes cat&oacute;licos llegaron, eventualmente fue posible aceptar el catolicismo como una denominaci&oacute;n dentro del amplio marco del Cristianismo" (2004: 85).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington es incongruente porque no usa el mismo criterio con que juzga a los mexicanos para todos los grupos &eacute;tnicos. Por ejemplo, los descendientes de los jud&iacute;os que llegaron a Estados Unidos a principios de 1890 y que hablaban el yiddish, no son una amenaza a pesar de no ser cristianos y de mantenerse aparte de los otros grupos &eacute;tnicos. Ni porque constantemente presionan al Congreso a aliarse con Israel pese al alto costo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que esta alianza representa para Estados Unidos en Medio Oriente. Sin embargo, Huntington no cree que los jud&iacute;os sean un peligro para la identidad americana, a pesar de que no son cristianos y de que est&aacute;n sobrerrepresentados en la pol&iacute;tica, como dej&oacute; ver en el art&iacute;culo para <i>Foreign Affairs</i> de 1997. Todo porque siguen siendo un grupo peque&ntilde;o (2004: 297&#45;298).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;qu&eacute; podemos esperar de alguien que fue rechazado dos veces por la Academia Nacional de Ciencias al ser calificado como "pseudo&#45;cient&iacute;fico"? Lo que s&iacute; podemos ver es que sus fuentes lo acercan fuertemente con "escritores y cient&iacute;ficos sociales", como Josiah Strong (&iexcl;un fan&aacute;tico convertido en cient&iacute;fico!), que Arthur Schessinger, Jr. identifica como el "te&oacute;logo de la expansi&oacute;n" del siglo XIX, el mismo que proporcion&oacute; las justificaciones para la guerra con M&eacute;xico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los argumentos sobre la reconquista de los mexicanos son tan huecos que s&oacute;lo podemos pensar que Samuel P. Huntington intenta alarmar, sin raz&oacute;n, para ganar el apoyo de la ultraderecha norteamericana en un tiempo donde la contienda electoral se define por guerras culturales y en el que Huntington quiere iniciar una nueva o lanzar una doctrina que lleve su nombre. Este libro es una apolog&iacute;a anacr&oacute;nica del nativismo, con la desventaja que muchos de los m&eacute;xico&#45;americanos a los que ataca, s&iacute; votan y pueden convertirse para &eacute;l en una pesadilla peor que la que previ&oacute; en 1997, porque no apoyar&iacute;an a la derecha ultraconservadora, sino a los liberales dem&oacute;cratas que favorecen el multiculturalismo que tanto desprecia.</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La traducci&oacute;n corresponde a la autora.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> De hecho, Alan Wolfe, en "Native Son" (2004, mayo/junio. <i>Foreign Affairs,</i> 83 (3), 1 22) hace un breve recuento de las diferencias entre las iglesias de origen calvinista en Estados Unidos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Aqu&iacute; hay que resaltar que el ensayo "The Hispanic Challenge", publicado en la edici&oacute;n mayo/junio 2004 de la revista <i>Foreign Policy</i> no es una s&iacute;ntesis de todo el libro, sino del cap&iacute;tulo 9: "Mexican Immigration and Hispanization".</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> De muchos, uno &#45;en lat&iacute;n.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Huntington, S. (1997, septiembre/octubre). The Erosion of the National Interest. <i>Foreign Affairs,</i> 76 (5), 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2169452&pid=S1870-3569200500010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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