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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Reflexiones: Apuntes bibliogr&aacute;ficos</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Estados Unidos y el mundo en el siglo XXI</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Arturo Borja Tamayo<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>*</sup><i>Director ejecutivo de Comexus y profesor afiliado de la Divisi&oacute;n de Estudios Internacionales, CIDE.</i> <a href="mailto:arturo.borja@comexus.org.mx">arturo.borja@comexus.org.mx</a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Veremos en el siglo XXI el fin de Estados Unidos como la gran potencia dominante en la pol&iacute;tica internacional? &iquest;Est&aacute; Estados Unidos en camino de perder las ventajas comparativas en materia econ&oacute;mica, tecnol&oacute;gica y militar que lo han colocado por encima de las otras grandes potencias en el &uacute;ltimo siglo? &iquest;Contemplaremos en el siglo XXI el desplazamiento de Estados Unidos por nuevas potencias como China y la India o por potencias que ya han desempe&ntilde;ado ese papel anteriormente, como Europa y Rusia?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas preguntas aparecen recurrentemente en el debate pol&iacute;tico estadounidense. En la coyuntura m&aacute;s reciente, los serios problemas y limitaciones que enfrent&oacute; la pol&iacute;tica exterior del presidente Bush hijo &#150;con las intervenciones militares en Irak y Afganist&aacute;n, que se extendieron por m&aacute;s de seis a&ntilde;os&#150; y la profunda crisis financiera, que desde Estados Unidos se ha extendido al resto del mundo, han producido una serie de libros que plantean la cuesti&oacute;n de la posible decadencia de Estados Unidos. Las respuestas y argumentos que el lector encuentra en estos trabajos son muy variados. En ocasiones se complementan y con frecuencia tambi&eacute;n se contradicen. En este ensayo bibliogr&aacute;fico se comentan cinco de estos libros, seleccionados tanto por el peso de sus argumentos, como por la difusi&oacute;n que han logrado entre el p&uacute;blico lector de Estados Unidos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un primer acercamiento al tema lo encontramos en el trabajo de Andrew J. Bacevich titulado <i>Los l&iacute;mites del poder. El fin del excepcionalismo americano. </i>El libro forma parte de un proyecto colectivo titulado <i>The American Empire Project, </i>que ha producido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os obras de autores como Chalmers Johnson (2006) y Noam Chomsky (2003), quienes comparten una visi&oacute;n cr&iacute;tica de la pol&iacute;tica y del Estado norteamericano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento central de Bacevich es que los graves problemas que enfrenta la sociedad estadounidense no son el resultado de los acontecimientos externos, sino del modelo de vida que ha adoptado su sociedad y el papel de los intereses que han atrapado al Estado, volvi&eacute;ndolo prisionero de una ideolog&iacute;a de seguridad nacional que da como resultado una postura expansionista que pr&aacute;cticamente justifica la intervenci&oacute;n armada de Estados Unidos en cualquier parte del mundo. Todo esto con la excusa de defender la libertad y la democracia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta ideolog&iacute;a, que determina m&aacute;rgenes muy estrechos para el debate en Washington, no es algo nuevo. El autor nos dice que los or&iacute;genes de esta complicada situaci&oacute;n actual se remontan a la presidencia de Truman durante la segunda posguerra. De ah&iacute; en adelante, y siempre con el manejo h&aacute;bil de la amenaza externa, los distintos gobernantes fueron alterando la esencia del sistema pol&iacute;tico, creando la "presidencia imperial" y trastocando el equilibrio entre los tres poderes de la Uni&oacute;n y el sistema de pesos y contrapesos dise&ntilde;ado por los padres fundadores de la rep&uacute;blica americana. Nos dice tambi&eacute;n que los estadounidenses se acostumbraron a la abundancia y a la expansi&oacute;n imperial que permitir&iacute;a la continuaci&oacute;n de ese estilo de vida. No se dieron cuenta de que al perpetuar estas tendencias perversas, en realidad estaban sacrificando la libertad, que estaba en la base del proyecto original de naci&oacute;n. La ideolog&iacute;a de la seguridad nacional se apoder&oacute; as&iacute; del Estado. La administraci&oacute;n de Bush hijo simplemente reforz&oacute; el modelo de vida basado en el consumismo excesivo y el desperdicio de recursos. Las decisiones que su administraci&oacute;n tom&oacute; despu&eacute;s del 11 de septiembre no hicieron m&aacute;s que confirmar el expansionismo imperialista caracter&iacute;stico del Estado de seguridad nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este aparato burocr&aacute;tico masivo que ha surgido, el Estado de seguridad nacional, no rinde cuentas y, parad&oacute;jicamente, ha sido considerado ineficiente por distintos presidentes, que han recurrido a la figura de "asesores especiales" para intentar romper su coraza burocr&aacute;tica protectora. Bacevich plantea dos puntos clave para mostrar lo absurdo que ha alcanzado esta situaci&oacute;n: primero, el Estado de seguridad nacional fue incapaz de evitar el 11 de septiembre. Segundo, ante la pregunta de si en realidad esta pesada maquinaria burocr&aacute;tica no produce valor agregado en t&eacute;rminos de la seguridad de la sociedad, el autor afirma: "si la respuesta es negativa entonces quiz&aacute;s el momento ha llegado para considerar el desmantelamiento de un aparato que claramente no sirve para un prop&oacute;sito &uacute;til" (Bacevich, 2008: 101).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro fue publicado antes de la elecci&oacute;n del presidente Obama, pero de cualquier forma, el autor es pesimista sobre la posibilidad de que esto pueda cambiar por la llegada de uno u otro presidente:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una condici&oacute;n de crisis semipermanente que se extiende a trav&eacute;s de generaciones ha distorsionado nuestra constituci&oacute;n con resultados casi desastrosos. Imaginar en esta coyuntura que la instalaci&oacute;n de una figura fresca en la Casa Blanca o la transferencia del control del Congreso de un partido a otro, o que un esfuerzo m&aacute;s por arreglar el aparato de seguridad nacional har&aacute; realmente alguna diferencia, es ignorar d&eacute;cadas de experiencia (Bacevich, 2008: 122).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor concluye afirmando que el poder&iacute;o militar, a pesar de todo el &eacute;nfasis que se ha puesto en la guerra de alta tecnolog&iacute;a, no es una panacea. Los resultados en Irak y en Afganist&aacute;n muestran las limitaciones de unas fuerzas armadas que se hab&iacute;an desarrollado pensando que las ventajas tecnol&oacute;gicas las har&iacute;an pr&aacute;cticamente invencibles. Estos dos conflictos muestran tambi&eacute;n que las guerras que enfrentar&aacute; Estados Unidos en el futuro no ser&aacute;n cortas, de intervenci&oacute;n r&aacute;pida y "limpia", sino largas y que pasar&aacute;n a una fase de reconstrucci&oacute;n nacional m&aacute;s complicada que el conflicto mismo. Para ello se requieren estrategias de distinto tipo y fuerzas orientadas a la reconstrucci&oacute;n nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tres lecciones m&aacute;s importantes que la visi&oacute;n pesimista de Bacevich transmite pueden resumirse as&iacute;: primero, la sociedad estadounidense deber&aacute; abandonar el consumismo insaciable, alejado de la &eacute;tica y que asume recursos inagotables y termina atentando contra la libertad. &Eacute;sta se conecta con la segunda lecci&oacute;n: se debe abandonar la pol&iacute;tica imperialista&#150;expansionista que muchos consideran indispensable para mantener la insaciable sed de productos materiales y consumo. Tercero, deber&aacute; acabarse con la presidencia imperial para restablecer los equilibrios originales del sistema pol&iacute;tico estadounidense.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>El retorno de la historia y el fin de los sue&ntilde;os</i>, Robert Kagan nos ofrece una visi&oacute;n muy distinta sobre el papel de Estados Unidos en el siglo XXI. Su interpretaci&oacute;n, en contraste con la de Bacevich, est&aacute; centrada en la pol&iacute;tica internacional. Kagan piensa que el "fin de la historia" que anunci&oacute; Fukuyama (1993) no era m&aacute;s que una ilusi&oacute;n idealista que, como ya ha ocurrido antes en la historia de las relaciones internacionales, anunciaba la "paz perpetua" y el predominio del liberalismo. Kagan (2008) considera que ni la naturaleza humana ni la pol&iacute;tica internacional cambiaron con la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n de Rep&uacute;blicas Socialistas Sovi&eacute;ticas y el fin de la guerra fr&iacute;a. El retorno de la historia, aludido en el t&iacute;tulo del libro, se refiere, precisamente, a que, a principios del siglo XXI, tal y como ocurr&iacute;a antes de la segunda guerra mundial, nos encontramos en un mundo de grandes potencias que luchan por sus intereses internacionales y tienen ideolog&iacute;as opuestas. Esto determina, como ha ocurrido a lo largo de la historia, la amenaza de conflictos entre las grandes potencias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor identifica como potencias nacionalistas emergentes a Rusia, China, Jap&oacute;n, la India e Ir&aacute;n. Para su argumento son especialmente importantes las dos primeras porque cree que ellas pueden encabezar, en el siglo XXI, un bloque o asociaci&oacute;n de potencias aut&oacute;cratas. El r&eacute;gimen ruso, encabezado por Putin, est&aacute; siguiendo lo que Kagan llama el "modelo chino". El elemento b&aacute;sico del modelo es un gobierno central fuerte y eficiente en la promoci&oacute;n del crecimiento econ&oacute;mico, que impone orden y estabilidad internamente &#150;un gobierno autocr&aacute;tico&#150;. Adem&aacute;s de China, Singapur se podr&iacute;a identificar como otro ejemplo del modelo. Al igual que China en el Sur y Este de Asia, Rusia buscar&iacute;a consolidar una esfera de influencia en Europa del Este y Asia Central. Existen otros pa&iacute;ses autocr&aacute;ticos, tales como Bielorrusia, Uzbekist&aacute;n, Kazajst&aacute;n, Tayikist&aacute;n, Ir&aacute;n, Venezuela, Vietnam, Egipto y Arabia Saud&iacute;, entre otros, que podr&iacute;an alinearse internacionalmente con un bloque encabezado por Rusia y China.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a este bloque autocr&aacute;tico est&aacute; la alianza democr&aacute;tica transatl&aacute;ntica, compuesta b&aacute;sicamente por Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea. Con el objetivo de extender el orden liberal&#150;democr&aacute;tico a la "comunidad internacional", la alianza transatl&aacute;ntica ha realizado intervenciones militares en Yugoslavia, en Kosovo, en Afganist&aacute;n y en Irak. Ha extendido tambi&eacute;n la OTAN hacia Europa del Este y ha buscado influir en la pol&iacute;tica interna de pa&iacute;ses como Ucrania y Georgia. Kagan piensa que estas acciones han sido interpretadas claramente como hostiles por China y Rusia, que las ven como precedentes para el reconocimiento internacional del derecho de intervenci&oacute;n preventiva que, en el futuro, podr&iacute;a dirigirse contra ellas u otros pa&iacute;ses que no tengan reg&iacute;menes democr&aacute;ticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se estar&iacute;an as&iacute; estableciendo las principales alianzas internacionales que marcar&aacute;n el escenario geoestrat&eacute;gico del siglo XXI: el eje de las democracias y la asociaci&oacute;n de aut&oacute;cratas (en estos t&eacute;rminos los describe Kagan). A diferencia de lo que ocurri&oacute; en el mundo desde la revoluci&oacute;n francesa hasta la guerra fr&iacute;a, en la situaci&oacute;n actual no hablamos de una rivalidad ideol&oacute;gica. "En el mundo de hoy, la forma de gobierno de una naci&oacute;n, y no su 'civilizaci&oacute;n' o su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica, puede ser la mejor forma de predecir sus alineamientos geopol&iacute;ticos" (Kagan, 2008: 73). El autor menciona dos acontecimientos que muestran c&oacute;mo se delinea esta rivalidad geoestrat&eacute;gica. La primera es la creaci&oacute;n de la Organizaci&oacute;n de Cooperaci&oacute;n de Shangai. La segunda es el abierto apoyo militar ruso a las fuerzas separatistas en Georgia. Kagan identifica dos "fallas tect&oacute;nicas" en las que existen las mayores posibilidades de conflicto en el siglo XXI entre la alianza transatl&aacute;ntica y la alianza aut&oacute;crata. La primera es la "falla euro&#150;rusa" en las fronteras occidental y sudoccidental de Rusia. La segunda es la "falla asi&aacute;tica", que comprende un arco que se extiende del Noreste asi&aacute;tico hacia el Sureste asi&aacute;tico y termina en Asia Central. Al buen lector no escapar&aacute; la contradicci&oacute;n en la que cae Kagan cuando nos dice primero que la geograf&iacute;a no ser&aacute; determinante en el siglo XXI, y luego se basa en ella para identificar las "fallas tect&oacute;nicas" del sistema internacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; papel juega Estados Unidos en este escenario? Kagan afirma que en la imaginaci&oacute;n del pueblo estadounidense, su pa&iacute;s, despu&eacute;s de la guerra fr&iacute;a, desempe&ntilde;aba el papel de un <i>reluctant sheriff </i>internacional que no buscaba el predominio global. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, Washington sigui&oacute; una pol&iacute;tica exterior agresiva, "insistiendo en la preservaci&oacute;n y, de ser posible, la extensi&oacute;n del predominio regional en Asia del Este, Medio Oriente, el Hemisferio Occidental hasta hace poco, Europa, y ahora crecientemente en Asia Central" (Kagan, 2008: 50). Simult&aacute;neamente, se adopt&oacute; una doctrina militar de alta tecnolog&iacute;a y se desarrollaron nuevos armamentos que colocan a Estados Unidos en "una categor&iacute;a especial de s&uacute;per poder militar" que no hab&iacute;a tenido antes (Kagan, 2008: 50). Con esta pol&iacute;tica exterior Washington ha buscado construir un mundo que responda a sus valores, obligando con frecuencia a otros a someterse a sus intereses.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kagan est&aacute; convencido de que, a pesar de las predicciones que se han hecho a partir de la intervenci&oacute;n en Irak en el sentido de una declinaci&oacute;n del poder&iacute;o norteamericano, ello no ocurrir&aacute; en el siglo XXI. &Eacute;l cree que, ante la nueva configuraci&oacute;n de poder que est&aacute; surgiendo en el sistema internacional, Estados Unidos deber&iacute;a asumir el liderazgo y crear un "concierto de democracias" que incluya a la Uni&oacute;n Europea, la India, Jap&oacute;n y otras potencias emergentes como Brasil. Este "concierto de democracias" ser&iacute;a un complemento a la ONU, y representa la forma m&aacute;s efectiva de enfrentar los riesgos geopol&iacute;ticos que plantea la posible consolidaci&oacute;n de un bloque de potencias autocr&aacute;ticas. La inacci&oacute;n plantear&iacute;a graves riesgos. Kagan cita como un ejemplo concreto la posibilidad de que Ir&aacute;n desarrolle armamentos nucleares, puesto que podr&iacute;a alterar el balance estrat&eacute;gico que todav&iacute;a es favorable a Estados Unidos y las potencias democr&aacute;ticas. En la conclusi&oacute;n el autor regresa a su planteamiento inicial en el que refuta a Fukuyama: "La gran falacia de nuestra era ha sido creer que el orden liberal internacional est&aacute; basado en el triunfo de las ideas y en el desarrollo natural del progreso humano" (Kagan, 2008: 102). El regreso de la historia y el final de los sue&ntilde;os consiste b&aacute;sicamente en asumir la posibilidad de conflicto internacional como un elemento natural de la pol&iacute;tica internacional. Para Kagan, en &uacute;ltima instancia, en el siglo XXI el papel de Estados Unidos ser&aacute; muy semejante al que jug&oacute; en la segunda mitad del siglo previo, el del l&iacute;der indiscutido del mundo democr&aacute;tico que encabezar&aacute; el combate contra las fuerzas opuestas. En el nuevo escenario geopol&iacute;tico &eacute;stas &uacute;ltimas no est&aacute;n representadas por una gran potencia basada en una ideolog&iacute;a anticapitalista, sino por potencias pragm&aacute;ticas, exitosamente capitalistas, pero basadas en una forma de gobierno autocr&aacute;tico. Despu&eacute;s de leer la conclusi&oacute;n del autor, uno se queda con la idea de que, no obstante sus esfuerzos por refutarlo, al final &eacute;l mismo termina ofreciendo una prescripci&oacute;n que recupera el idealismo liberal de Fukuyama.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los cinco trabajos incluidos en este ensayo bibliogr&aacute;fico, el lector encontrar&aacute; en los de Fareed Zakaria (<i>El mundo post&#150;americano</i>, 2008) y Thomas Barnett (<i>Las grandes potencias, Am&eacute;rica y el mundo despu&eacute;s de Bush, </i>2009) los m&aacute;s completos, ambiciosos e interesantes. Las dos preguntas centrales son en ambos casos las mismas: &iquest;cu&aacute;les son los retos que plantea el mundo del siglo XXI a Estados Unidos? y, &iquest;cu&aacute;l es la mejor forma en la que Estados Unidos debe responder a estos retos? El argumento y las respuestas de los dos autores tienen un primer elemento en com&uacute;n. Ellos sugieren que, en ning&uacute;n caso, el contexto internacional de este siglo debe interpretarse por los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de Estados Unidos como una amenaza. Comparten tambi&eacute;n, por la misma raz&oacute;n, una visi&oacute;n extremadamente cr&iacute;tica de la pol&iacute;tica exterior adoptada por el presidente Bush hijo despu&eacute;s de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El punto central del libro de Zakaria (2008) es que, principalmente en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, se ha cerrado la brecha que separaba a Estados Unidos de otras potencias. Su trabajo consiste en mostrar al lector por qu&eacute; ser&iacute;a un error interpretar esta tendencia como algo negativo para Estados Unidos. Barnett, por su parte, maneja como argumento principal que los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de Estados Unidos perdieron la capacidad de pensar en t&eacute;rminos de una estrategia global (<i>grand strategy</i>). Esto les ha impedido concentrarse en el que debe ser el papel principal de Washington en la pol&iacute;tica internacional: acelerar el proceso de globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica e incorporar al mismo aquellas regiones que han quedado fuera (a las que el autor se refiere como "el vac&iacute;o", <i>the gap</i>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo punto importante de coincidencia entre los dos autores es que ven el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n como el resultado del predominio que Estados Unidos ha tenido desde el siglo XX. La globalizaci&oacute;n refleja la aceptaci&oacute;n internacional de los valores liberales y democr&aacute;ticos promulgados por Estados Unidos. Precisamente por esto, los dos autores creen que este contexto internacional puede ser positivo para el futuro de la naci&oacute;n estadounidense.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para discutir c&oacute;mo debe reaccionar Estados Unidos ante este nuevo entorno, Zakaria (2008) hace una comparaci&oacute;n sugerente con la trayectoria de Inglaterra. La diferencia fundamental que establece entre las dos grandes potencias consiste en que el reto que enfrentaba Inglaterra a principios del siglo XX era econ&oacute;mico, mientras que el que enfrenta Estados Unidos al iniciar el XXI es pol&iacute;tico. Inglaterra decay&oacute; como gran potencia porque en realidad no contaba con la base econ&oacute;mica para competir exitosamente con las potencias emergentes de aquel momento hist&oacute;rico: Estados Unidos, Alemania y Jap&oacute;n. Sobre todo los dos primeros, cuando estall&oacute; la primera guerra mundial, superaban ya a Inglaterra en capacidad de producci&oacute;n industrial y en el desarrollo tecnol&oacute;gico en los sectores econ&oacute;micos estrat&eacute;gicos. La gran habilidad pol&iacute;tica de l&iacute;deres ingleses como Winston Churchill prolong&oacute; el papel central de Inglaterra en pol&iacute;tica internacional hasta la segunda posguerra, pero econ&oacute;micamente la decadencia era inevitable desde finales del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zakaria piensa que, a diferencia de Inglaterra, Estados Unidos hoy cuenta con la base econ&oacute;mica para mantenerse como una gran potencia. Su econom&iacute;a sigue siendo competitiva internacionalmente y mantiene su liderazgo en tecnolog&iacute;as claves para el futuro, como la nanotecnolog&iacute;a y la biotecnolog&iacute;a. Por otra parte, &eacute;l ve al sistema universitario estadounidense como otra gran ventaja comparativa, pues no s&oacute;lo forma excelentes recursos humanos nacionales, sino que representa el lugar de destino m&aacute;s importante para los mejores estudiantes y cient&iacute;ficos internacionales. El verdadero reto para que Estados Unidos no siga la suerte de la Inglaterra posvictoriana, nos dice Zakaria, es pol&iacute;tico. Si la sociedad y, sobre todo, la elite pol&iacute;tica de dicho pa&iacute;s no logran entender que el surgimiento de nuevas potencias no representa una amenaza para Estados Unidos, podr&iacute;a darse un escenario en el que predominen las fuerzas aislacionistas que apoyan las respuestas unilaterales a los problemas de la pol&iacute;tica internacional. La gran disfuncionalidad que ha mostrado en d&eacute;cadas recientes el sistema pol&iacute;tico estadounidense es vista por el autor como un factor de riesgo ante estos retos. Tambi&eacute;n lo es la incapacidad de algunos sectores productivos para entender que, aun cuando las manufacturas han emigrado del territorio estadounidense, la econom&iacute;a mantiene ventajas en sectores productivos de punta y en los servicios. Si finalmente prevalecieran las fuerzas aislacionistas, nos dice el autor,</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En generaciones posteriores, cuando los historiadores escriban acerca de estos tiempos, ellos podr&aacute;n se&ntilde;alar que, en las primeras d&eacute;cadas del siglo XXI, Estados Unidos triunf&oacute; en su gran misi&oacute;n hist&oacute;rica, globalizar al mundo. Pero tambi&eacute;n podr&aacute;n escribir que, en el camino, se olvid&oacute; de globalizarse a s&iacute; mismo (Zakaria, 2008: 48).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia a que otras potencias incrementen su peso en el sistema internacional y, consecuentemente, se cierre la brecha entre ellas y Estados Unidos es inevitable, nos dice el autor. Para que dicha tendencia se convierta en una fuerza positiva para Estados Unidos, &eacute;stos deben cambiar su enfoque y objetivos b&aacute;sicos en pol&iacute;tica internacional. Zakaria piensa que la unipolaridad que ha experimentado Estados Unidos desde la ca&iacute;da de la URSS, si bien le dio algunas ventajas, volvi&oacute; a este pa&iacute;s "arrogante, descuidado y flojo" (2008: 219). El autor compara la posici&oacute;n de Estados Unidos en ese periodo con la estrategia de negocios de la General Motors que ha terminado por llevarla a la quiebra. Esto se agrav&oacute; con el unilateralismo, el desprecio por los tratados internacionales y la arrogancia imperial que caracterizaron a la presidencia de Bush hijo. Como resultado, el antiamericanismo en el mundo ha alcanzado niveles superiores a los que se dieron durante la guerra de Vietnam.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor dedica un par de cap&iacute;tulos a analizar los casos de China y la India como las dos nuevas potencias m&aacute;s importantes en t&eacute;rminos econ&oacute;micos. China lleva, sin embargo, una gran ventaja a la India en desarrollo econ&oacute;mico y representa el candidato m&aacute;s importante para disputar a Estados Unidos la supremac&iacute;a econ&oacute;mica que ha gozado desde principios del siglo XX. Pero, para el autor, esto no necesariamente se reflejar&aacute; en una rivalidad pol&iacute;tica internacional. &Eacute;l cree que, en ambos casos, el objetivo central es fundamentalmente interno y centrado en el crecimiento de la econom&iacute;a y la resultante reducci&oacute;n de la pobreza. Por otra parte, Zakaria hace una sugerente reflexi&oacute;n sobre las ra&iacute;ces filos&oacute;ficas de la pol&iacute;tica exterior de China y la India. Ni el confucionismo ni el hinduismo, nos dice el autor, se basan en el concepto occidental de Dios y de la religi&oacute;n. No est&aacute; presente, por lo tanto, en esas culturas, el celo "civilizador" del cristianismo o del islamismo, y no se busca propagar una fe o sistema de valores para "salvar" a las naciones "paganas". Esta visi&oacute;n oriental del mundo podr&iacute;a marcar diferencias importantes en pol&iacute;tica internacional con la perspectiva que ha prevalecido en Occidente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nuevo enfoque que Zakaria sugiere busca lograr una mejor combinaci&oacute;n entre el poder "duro"&#150;que ha prevalecido en la posguerra fr&iacute;a&#150; y el poder "suave" de Estados Unidos.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este nuevo papel es muy diferente del papel tradicional de s&uacute;per potencia. Requiere consultas, cooperaci&oacute;n e incluso compromiso. El poder se deriva de la determinaci&oacute;n de la agenda, la definici&oacute;n de los temas y de la movilizaci&oacute;n de coaliciones. No es una jerarqu&iacute;a de arriba abajo en la que Estados Unidos toma sus decisiones y despu&eacute;s le informa a un mundo agradecido (o en silencio). Pero es un papel crucial porque, en un mundo con muchos jugadores, determinar la agenda y organizar coaliciones se vuelven formas primarias de poder. El jefe del Consejo que puede guiar gentilmente a un grupo de directores independientes es, en efecto, una persona muy poderosa (Zakaria, 2008: 233).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro concluye con seis lineamientos sugeridos por el autor para el nuevo papel de Estados Unidos. Primero, para evitar la "trampa imperial" en la que cay&oacute; Gran Breta&ntilde;a al escoger pelear la guerra de los Boers, Estados Unidos debe aceptar que no puede involucrarse en todas las crisis que ocurren en el mundo. Segundo, construir un sistema de instituciones, reglas y mecanismos de soluci&oacute;n de problemas internacionales y ser el primero en respetarlas. Tercero, tal y como lo hizo en su tiempo Bismarck, el canciller alem&aacute;n, Estados Unidos no debe tratar de competir con las otras potencias, sino actuar en concierto con ellas ejerciendo liderazgo. Cuarto, a pesar de lo que afirman algunos internacionalistas, la declinaci&oacute;n de Estados Unidos como gran potencia y el surgimiento de nuevas potencias, no necesariamente lleva al caos en la pol&iacute;tica internacional. La interdependencia y globalizaci&oacute;n han transformado la pol&iacute;tica internacional. Ante esta nueva realidad, Estados Unidos deber&aacute; ser flexible y adaptable, porque no ser&aacute; posible imponer soluciones basadas en la noci&oacute;n tradicional de poder. Quinto, en lugar de pensar siempre en soluciones militares, ante los problemas del futuro, Estados Unidos deber&aacute; pensar en t&eacute;rminos de construcci&oacute;n nacional y ayuda para el desarrollo. El autor cita el caso de Pakist&aacute;n como el mejor ejemplo para ilustrar esta recomendaci&oacute;n. Sexto, Estados Unidos deber&aacute; buscar legitimidad para su poder internacional, aspecto que el gobierno de Bush hijo nunca entendi&oacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barnett, por su parte, piensa que el referente hist&oacute;rico que Estados Unidos debe tener presente para enfrentar exitosamente los retos de la globalizaci&oacute;n es, precisamente, el de la expansi&oacute;n e integraci&oacute;n que logr&oacute; Estados Unidos en su territorio. El &eacute;xito que ha tenido el capitalismo en este pa&iacute;s y su capacidad para incorporar al desarrollo econ&oacute;mico a las masas de emigrantes de Europa, Asia y Am&eacute;rica Latina, deber&iacute;a ser la gu&iacute;a de la transformaci&oacute;n que se requiere a nivel internacional. La clave est&aacute; en lograr que las poblaciones de los pa&iacute;ses del tercer mundo sean incorporadas como consumidores para que la globalizaci&oacute;n se profundice. Es necesario, nos dice el autor, como lo est&aacute;n haciendo China y la India, llegar "a la base de la pir&aacute;mide", que es donde realmente se encuentran los grupos sociales que, incorporados como consumidores, permitir&iacute;an hablar de una nueva o segunda ola de globalizaci&oacute;n. En este esquema que Barnett propone, China juega un papel importante. Gracias a sus enormes necesidades de materias primas, est&aacute; penetrando en los mercados africanos y latinoamericanos con grandes inversiones y financiamiento para obras de infraestructura. El autor piensa que esto no debe ser visto como una amenaza por Estados Unidos. Al contrario, esto ayudar&aacute; a la expansi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n, el proceso con el cual se crearon Estados Unidos y despu&eacute;s de ah&iacute; se ha exportado al resto del mundo. Es un contexto internacional que favorece los intereses de Estados Unidos, y China representa un socio en esta empresa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, Barnett piensa que la mejor forma de desactivar los retos del terrorismo isl&aacute;mico y Al Qaeda es lograr que el grueso de la poblaci&oacute;n de esos pa&iacute;ses se incorpore a los mercados internacionales como consumidores. &Eacute;se es el mejor ant&iacute;doto al radicalismo isl&aacute;mico. Por otro lado, el autor nos dice que otro error que no debe cometer la pol&iacute;tica exterior de Estados Unidos es la fijaci&oacute;n con imponer la democracia en otras regiones. En pa&iacute;ses como Irak, China, Rusia y muchos de los pa&iacute;ses africanos, no existen las condiciones para que la democracia eche ra&iacute;ces. Se puede intentar estimularla, pero imponerla, como se ha intentado en Irak y Afganist&aacute;n, s&oacute;lo producir&iacute;a otros fracasos y altos costos internos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno puede estar o no de acuerdo con el argumento de Barnett, pero si uno est&aacute; interesado en el gran debate actual sobre el futuro del capitalismo y de Estados Unidos, en su libro encontrar&aacute; una defensa franca y articulada sobre los beneficios que traer&iacute;a la profundizaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n a Estados Unidos y al mundo &#150;en su argumento, en especial, a aquellos sectores que se encuentran en "la base de la pir&aacute;mide" o en los "vac&iacute;os" de la globalizaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo libro incluido en este ensayo es el de George Friedman, titulado <i>Los siguientes 100 a&ntilde;os. Un pron&oacute;stico para el siglo 21 </i>(2009). Aunque no se menciona en el t&iacute;tulo, igual que los libros que he comentado anteriormente, &eacute;ste tambi&eacute;n gira en torno al papel que jugar&aacute; Estados Unidos en este siglo. A diferencia de los otros, el periodo que se cubre se extiende m&aacute;s en el futuro, terminando a finales del siglo actual. Friedman presenta su trabajo como un ejercicio de pron&oacute;sticos sobre la pol&iacute;tica internacional con base en la geopol&iacute;tica. &Eacute;sta, nos dice Friedman,</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es un m&eacute;todo para pensar acerca del mundo y pronosticar lo que pasar&aacute; m&aacute;s adelante. Los economistas hablan de una mano invisible, en la que las actividades de inter&eacute;s propio y de corto plazo de la gente llevan a lo que Adam Smith llam&oacute; "la riqueza de las naciones". La geopol&iacute;tica aplica el concepto de la mano invisible al comportamiento de las naciones y otros actores internacionales &#91;&hellip;&#93; la geopol&iacute;tica y la econom&iacute;a asumen que los actores son racionales (Friedman, 2009: 10).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo aclara el autor desde el inicio, su objetivo consiste en identificar las tendencias mayores que afectar&aacute;n el papel de Estados Unidos en el mundo y, obviamente, los detalles de los acontecimientos podr&aacute;n ser err&oacute;neos en el libro. Otra forma de calificar el ejercicio anal&iacute;tico de Friedman es de una "especulaci&oacute;n informada" sobre el futuro de Estados Unidos y la pol&iacute;tica internacional. El resultado es interesante y sugerente en algunos de sus pasajes, pero finalmente, m&aacute;s cercano a la ciencia ficci&oacute;n que al an&aacute;lisis riguroso. Como veremos a continuaci&oacute;n, una de las debilidades del libro es que con frecuencia habla de cambios importantes en el sistema internacional o del surgimiento de nuevas potencias, sin explicar cu&aacute;les son los fundamentos geopol&iacute;ticos, tecnol&oacute;gicos o econ&oacute;micos que llevan al autor a asumir esos cambios como tendencias relevantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hilo conductor del argumento es el hecho de que Estados Unidos seguir&aacute; siendo la gran potencia en el siglo XXI y que su objetivo geopol&iacute;tico b&aacute;sico consistir&aacute; en evitar que otra potencia controle la masa continental euro&#150;asi&aacute;tica. Esta calidad de potencia dominante solamente se pone en duda hacia el final del siglo por disputas sobre el control de Am&eacute;rica del Norte que comentar&eacute; m&aacute;s adelante. En la introducci&oacute;n, el autor nos dice que "si hubiera un solo argumento que yo pudiera expresar sobre el siglo XXI, ser&iacute;a que la edad europea ha terminado, y que la edad norteamericana ha comenzado" (Friedman, 2009:13). Dos aspectos llaman la atenci&oacute;n del lector en la afirmaci&oacute;n anterior. Primero, la mayor&iacute;a de los historiadores marcar&iacute;an el final de la "edad europea" al t&eacute;rmino de la segunda guerra mundial y no a principios del siglo XXI. Segundo, cuando el autor habla de la "edad norteamericana", en realidad se refiere a la "edad de Estados Unidos", pues, como &eacute;l lo explica a lo largo del libro, por su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica &eacute;stos tienen acceso al oc&eacute;ano Pac&iacute;fico y al Atl&aacute;ntico, lo cual le da ventajas geopol&iacute;ticas sobre sus rivales asi&aacute;ticos y europeos. Otros factores geopol&iacute;ticos que el autor maneja tambi&eacute;n como determinantes de la supremac&iacute;a estadounidense son los demogr&aacute;ficos (en los que las tendencias de largo plazo nuevamente favorecen a Estados Unidos sobre Asia y Europa), tecnol&oacute;gicos (principalmente en las tecnolog&iacute;as de guerra espacial) y energ&eacute;ticos (&eacute;l ve como la principal fuente alternativa la energ&iacute;a solar, captada desde el espacio).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros dos cambios importantes en el panorama geopol&iacute;tico que el autor nos presenta son la desaparici&oacute;n, hacia el 2020, de Rusia y China como grandes potencias. En el caso de China, Friedman piensa que existen tensiones sociales, diferencias regionales y vulnerabilidad econ&oacute;mica que le impedir&aacute;n consolidarse como una gran potencia. La combinaci&oacute;n de estos factores producir&aacute; una crisis pol&iacute;tica que regresar&aacute; a China al escenario que se daba antes de Mao, uno de fuertes rivalidades regionales y un gobierno central luchando infructuosamente por mantener el control. Como en el pasado, China terminar&aacute; defendi&eacute;ndose contra la penetraci&oacute;n extranjera y siendo incapaz de proyectar su poder hacia el exterior. En el caso de Rusia, son dos las debilidades principales que llevan a Friedman a predecir su desintegraci&oacute;n: sus tendencias demogr&aacute;ficas (una poblaci&oacute;n que decrecer&aacute; a tasas altas en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas) y la problem&aacute;tica que le plantea la indefinici&oacute;n de sus fronteras. Ser&aacute;n justamente, nos dice Friedman, conflictos que se originar&aacute;n en su frontera occidental con Europa (involucrando a los pa&iacute;ses b&aacute;lticos, Polonia y Ucrania) y en la regi&oacute;n del C&aacute;ucaso, lo que llevar&aacute; al debilitamiento y desintegraci&oacute;n de la Federaci&oacute;n Rusa. En el C&aacute;ucaso, Estados Unidos y Turqu&iacute;a apoyar&aacute;n a rep&uacute;blicas isl&aacute;micas como Chechenia y a Georgia en su enfrentamiento con Mosc&uacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pron&oacute;stico de Friedman contin&uacute;a hacia mediados del siglo XXI cuando el surgimiento de nuevas potencias delinear&aacute; el que ser&aacute; el siguiente conflicto mundial, que tendr&aacute; lugar principalmente con tecnolog&iacute;a militar ubicada en el espacio. En Europa surgir&aacute;n dos nuevas grandes potencias. Por un lado, Polonia, que aprovechar&aacute; el caos que ocasionar&aacute; en Europa del Este el desmembramiento de la Federaci&oacute;n Rusa. Por el otro, Turqu&iacute;a que, como ya ha ocurrido en el pasado, se convertir&aacute; en la potencia isl&aacute;mica m&aacute;s poderosa, expandi&eacute;ndose hacia el C&aacute;ucaso, el Cercano Oriente y Asia Central. &Eacute;ste, sin duda, resulta uno de los supuestos m&aacute;s pol&eacute;micos del libro. Uno se pregunta cu&aacute;les son los factores o tendencias que llevan a Friedman a ver espec&iacute;ficamente a Polonia y a Turqu&iacute;a como grandes potencias a mediados del XXI &#150;momento hist&oacute;rico que, por otra parte, no est&aacute; ya muy alejado del presente&#150;. &iquest;No existen m&aacute;s elementos en el presente para pensar que Alemania o Francia en Europa e Ir&aacute;n en el Cercano Oriente fueran mejores candidatos a grandes potencias?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Asia del Este, por otra parte, el autor cree que la ca&iacute;da china dar&aacute; lugar al fortalecimiento y expansi&oacute;n de Jap&oacute;n. &Eacute;ste se convertir&aacute; en otra potencia emergente y, como lo hizo en la primera mitad del siglo XX, cuestionar&aacute; el statu quo internacional marcado por la supremac&iacute;a estadounidense. El 24 de noviembre del 2050, d&iacute;a de Acci&oacute;n de Gracias en Estados Unidos, Friedman pronostica el ataque que iniciar&aacute; el tercer conflicto mundial. Jap&oacute;n y Turqu&iacute;a formar&aacute;n la coalici&oacute;n agresora, y Estados Unidos y Polonia la alianza de potencias atacadas por sorpresa, d&aacute;ndose ciertos paralelismos con el ataque japon&eacute;s a Pearl Harbor. En el escenario de Friedman para el siglo XXI, sin embargo, no son naves marinas las que son destruidas por los japoneses, sino naves espaciales que controlan el sistema de defensa de Estados Unidos. Despu&eacute;s de la sorpresa inicial, nos dice Friedman, las fuerzas de Estados Unidos y Polonia terminar&aacute;n imponi&eacute;ndose, lo cual dar&aacute; paso a una nueva edad dorada para Estados Unidos. Como ocurri&oacute; en las d&eacute;cadas que siguieron a la segunda posguerra, se dar&aacute;n importantes avances tecnol&oacute;gicos y una elevaci&oacute;n en los niveles de riqueza. Una de las tecnolog&iacute;as que m&aacute;s impacto tendr&aacute; en esa etapa ser&aacute; la rob&oacute;tica, que permitir&aacute; sustituir mano de obra justo cuando la explosi&oacute;n demogr&aacute;fica en el mundo estar&aacute; controlada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que producir&aacute; este &uacute;ltimo cambio tecnol&oacute;gico ocasionar&aacute;n el conflicto con el cual el autor cierra su an&aacute;lisis del siglo XXI. &Eacute;l cree que esto se dar&aacute; en la d&eacute;cada del 2080 y tendr&aacute; lugar en Am&eacute;rica del Norte entre Estados Unidos y M&eacute;xico. &iquest;C&oacute;mo dejar a Canad&aacute; fuera del an&aacute;lisis del futuro de Am&eacute;rica del Norte? Friedman ni siquiera menciona al pa&iacute;s del norte del continente. En las primeras d&eacute;cadas del siglo continuar&aacute; la migraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos. El grueso de &eacute;sta se concentrar&aacute; en el espacio geogr&aacute;fico de Texas y los territorios del suroeste que M&eacute;xico cedi&oacute; a Estados Unidos despu&eacute;s de la guerra de 1847. A diferencia de las otras migraciones a Estados Unidos, la mexicana no se asimilar&aacute; a la sociedad y cultura estadounidenses debido a la cercan&iacute;a del pa&iacute;s de origen de los migrantes. As&iacute;, cuando los avances en la rob&oacute;tica, hacia la segunda mitad del siglo XXI, permitan la sustituci&oacute;n masiva de mano de obra en Estados Unidos, el gobierno de este pa&iacute;s intentar&aacute; regresar a M&eacute;xico a millones de trabajadores indocumentados con d&eacute;cadas de residencia en Estados Unidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tendencias actuales de la econom&iacute;a mexicana permiten a Friedman predecir que M&eacute;xico se convertir&aacute; en una potencia hacia finales del XXI, en posici&oacute;n de plantear un reto a Estados Unidos por la supremac&iacute;a de Am&eacute;rica del Norte. En esta crisis, la poblaci&oacute;n de origen mexicano en Estados Unidos jugar&aacute; un papel similar a la de los franco&#150;canadienses de Quebec en Canad&aacute;. Dicha comunidad contar&aacute; entonces con representaci&oacute;n en los congresos estatales y en el federal en Washington, y sus demandas de autonom&iacute;a y autogobierno se ir&aacute;n radicalizando hasta el punto de plantear la secesi&oacute;n de Estados Unidos y el reconocimiento del presidente de M&eacute;xico como su l&iacute;der pol&iacute;tico. Hacia la d&eacute;cada del 2090 esto llevar&aacute; a un conflicto entre los dos pa&iacute;ses. Es justamente en este punto, sin predecir el resultado de dicho conflicto, donde Friedman concluye su an&aacute;lisis. La pregunta que plantea al final del libro es la siguiente: "Por lo tanto, cuando el siglo XXI se acerque a su fin, la pregunta ser&aacute;: Am&eacute;rica del Norte es el centro de gravedad del sistema internacional, pero &iquest;qui&eacute;n controlar&aacute; Am&eacute;rica del Norte?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos ver, la mayor&iacute;a de los autores cuyos trabajos se comentan en este ensayo plantean una visi&oacute;n optimista sobre Estados Unidos en el siglo XXI. Con excepci&oacute;n de Bacevich, quien s&iacute; es pesimista sobre el futuro del capitalismo estadounidense, los dem&aacute;s consideran que existen y existir&aacute;n las condiciones para que Estados Unidos se mantenga como la gran potencia en este siglo. Al inicio de este ensayo yo adelantaba que estamos frente a un debate recurrente sobre la decadencia de Estados Unidos. En contraste con las rondas anteriores que ha tenido este debate c&iacute;clico,<sup><a href="#notas">1</a></sup> sin embargo, sorprende que los autores no planteen o contemplen la posibilidad de la decadencia estadounidense como &eacute;sta se ha planteado anteriormente. Barnett, por ejemplo, cuyo libro est&aacute; publicado en el 2009, no considera la crisis financiera actual un factor importante y pr&aacute;cticamente est&aacute; ausente de su an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un par de coincidencias interesantes entre los autores &#150;nuevamente con excepci&oacute;n de Bacevich&#150; son creer que el centro gravitacional del poder internacional se est&aacute; desplazando hacia la regi&oacute;n Asia&#150;Pac&iacute;fico. Tambi&eacute;n lo es considerar a China, la India y Rusia como las potencias emergentes que podr&aacute;n hacer sombra a la hegemon&iacute;a de Estados Unidos en el nuevo siglo &#150;con excepci&oacute;n del trabajo predictivo, que raya en la ciencia ficci&oacute;n, de Friedman.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A manera de conclusi&oacute;n, ofrezco dos reflexiones que surgen como resultado de la lectura de los cinco libros aqu&iacute; rese&ntilde;ados. La primera tiene que ver con la facilidad con la que se descarta a la Uni&oacute;n Europea como un actor importante en la pol&iacute;tica internacional del siglo XXI. En mi opini&oacute;n, no obstante la emergencia de otras potencias como China, la India y Rusia y la persistencia del poder&iacute;o estadounidense, el experimento que representa la integraci&oacute;n de las democracias europeas podr&iacute;a ofrecernos grandes sorpresas en el futuro. Si bien a Barnett le parece adecuado tomar la integraci&oacute;n de Estados Unidos en el siglo XIX como el modelo para la profundizaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n, creo que la experiencia de la integraci&oacute;n europea puede verse como un proceso de construcci&oacute;n nacional/multinacional con mayor relevancia hist&oacute;rica para el futuro. A diferencia de la expansi&oacute;n estadounidense hacia el Oeste, en Europa estamos presenciando la integraci&oacute;n de unidades pol&iacute;ticas preexistentes como naciones independientes. Puesto que incorpora a los votantes al proceso e implica la creaci&oacute;n de nuevas instituciones supranacionales, en ocasiones parece estancarse o incluso retroceder (pensemos por ejemplo en el reciente rechazo a la Constituci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea). Pero esto es normal en un proceso de ingenier&iacute;a institucional que es consensuado entre las sociedades europeas. En contraste tambi&eacute;n con la formaci&oacute;n de Estados Unidos como naci&oacute;n, la experiencia europea tiene como una prioridad la justicia social y ofrece un modelo m&aacute;s humano que el del capitalismo estadounidense, en el que claramente se contempla un papel importante para el Estado como regulador de los mercados. Muchos analistas internacionales &#150;entre ellos los de la escuela realista de la teor&iacute;a de relaciones internacionales y varios de los que aqu&iacute; se han comentado&#150; tienen todav&iacute;a la fijaci&oacute;n con el poder internacional entendido en su concepci&oacute;n tradicional, medido b&aacute;sicamente a trav&eacute;s del poder&iacute;o militar. Sin embargo, creo que es fundamental que los analistas de las relaciones internacionales piensen m&aacute;s en el bienestar social y menos en el poder tradicional. Es justamente en este sentido en el que creo que el experimento europeo tiene m&aacute;s que ofrecer como punto de referencia hist&oacute;rico y para el futuro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda es que la interpretaci&oacute;n que me parece la m&aacute;s acertada es la de Fareed Zakaria. Creo que &eacute;l, mejor que los otros autores rese&ntilde;ados, captura n&iacute;tidamente los dilemas que enfrentan Estados Unidos en el momento actual. Su an&aacute;lisis muestra convincentemente que la brecha con las otras potencias se ha reducido y que, como resultado, ser&aacute; indispensable para Washington lograr consensos y apoyar y promover instituciones y soluciones multilaterales a los problemas internacionales. La alternativa, como bien lo plantea Zakaria en su libro, y que se ha experimentado con la administraci&oacute;n de Bush, es el unilateralismo en asuntos internacionales y el predominio de la postura aislacionista dentro de Estados Unidos. El triunfo de esta postura al t&eacute;rmino de la primera guerra mundial y el fracaso del presidente Woodrow Wilson para que el Congreso ratificara el ingreso de su pa&iacute;s a la Sociedad de las Naciones &#150;la antecesora del la ONU&#150; trajo consecuencias funestas en asuntos internacionales. Afortunadamente, el triunfo electoral reciente del ahora presidente Obama y sus primeros pronunciamientos en pol&iacute;tica exterior, parecieran indicar que el gobierno de Estados Unidos se est&aacute; moviendo, justamente, en la direcci&oacute;n que Zakaria propone en su sugerente libro: hacia la b&uacute;squeda de soluciones multilaterales y consensuadas con las otras potencias del sistema internacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A ANALIZADA</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bacevich, Andrew J. 2008. <i>The Limits of Power. The End of American Exceptionalism, </i>Nueva York, Metropolitan Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450538&pid=S1870-3550200900010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barnett, Thomas P. M. 2009. <i>Great Powers. America and the World after Bush, </i>Nueva York, G. P. Putnam's Sons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450540&pid=S1870-3550200900010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, George. 2009. <i>The Next 100 Years. A Forecast for the 21st Century, </i>Nueva York, Double Day.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450542&pid=S1870-3550200900010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kagan, Robert. 2008. <i>The Return of History and the End of Dreams</i>, Nueva York, Alfred A. Knopf.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450544&pid=S1870-3550200900010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zakaria, Fareed. 2008. <i>The Post&#150;American World, </i>Nueva York, W. W. Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450546&pid=S1870-3550200900010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A CONSULTADA </b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chomsky, Noam. 2003. <i>Hegemony or Survival</i>, Nueva York, Metropolitan Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450550&pid=S1870-3550200900010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Johnson, Chalmers. 2006. <i>Nemesis: The Last Days of the American Republic</i>, Nueva York, Metropolitan Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450552&pid=S1870-3550200900010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fukuyama, Francis. 1993. <i>The End of History and the Last Man, </i>Nueva York, Avon Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5450554&pid=S1870-3550200900010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas" id="notas"></a>NOTA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El lanzamiento del Sputnik por los sovi&eacute;ticos en la d&eacute;cada de los cincuenta y los avances del capitalismo japon&eacute;s a principios de la de los ochenta generaron en Estados Unidos un profuso debate sobre la posible decadencia de este pa&iacute;s.</font></p>      ]]></body><back>
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