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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>En los bordes de lo pol&iacute;tico</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alejandro L&oacute;pez Gallegos*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Jacques Ranci&egrave;re, Buenos Aires, Ediciones la Cebra, 2007, 123 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Estudios Sociales, l&iacute;nea de Procesos Pol&iacute;ticos por la UAM&#150;Iztapalapa. Profesor titular de tiempo parcial en la Licenciatura en Sociolog&iacute;a de la UAM&#150;Azcapotzalco. </i>Correo electr&oacute;nico: &lt;<a href="mailto:alejolo@yahoo.com.mx">alejolo@yahoo.com.mx</a>&gt;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Democracia. Democracia por todos lados. Se halla en todas partes, a toda hora y reclama de manera incesante nuestra atenci&oacute;n. Parece imposible que escape de nuestra mente. Pero &iquest;se piensa realmente en ella? Acaso lo que existe es, m&aacute;s bien, una cierta urgencia por resolver, un sentimiento de que la democracia est&aacute; en constante peligro; en medio de las amenazas constantes, la &uacute;nica consigna es actuar para protegerla. Todo a partir de un supuesto, seg&uacute;n el cual sabemos de qu&eacute; se trata la democracia. Pero, &iquest;lo sabemos? Quiz&aacute; hoy una provocaci&oacute;n mayor sea volver a pensar, desde sus aspectos m&aacute;s b&aacute;sicos, qu&eacute; es la democracia: &iquest;qu&eacute; es el pueblo, el <i>d&eacute;mos,</i> de la democracia? &iquest;Qu&eacute; es la igualdad y cu&aacute;l es su relaci&oacute;n con la democracia? Desde estas interrogantes se puede abordar la lectura de este libro del fil&oacute;sofo franc&eacute;s Jacques Ranci&egrave;re.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es conocida &#150;y c&eacute;lebre&#150; la colaboraci&oacute;n de Ranci&egrave;re con Louis Althusser en <i>Para leer El capital.</i> Menos conocida es su trayectoria intelectual m&aacute;s reciente. Baste decir, por el momento, que la reflexi&oacute;n de Ranci&egrave;re se puede ubicar en el contexto de lo que se denomina <i>teor&iacute;a radical,</i> un tema que, al menos, tendr&iacute;a la virtud de permitirnos ubicar a un conjunto de pensadores contempor&aacute;neos, en quienes la insatisfacci&oacute;n con el pensamiento democr&aacute;tico liberal hegem&oacute;nico es notoria. Nos referimos a pensadores como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Slavoj Zizek, Ettiene Balibar, Alain Badiou, por mencionar s&oacute;lo a algunos. Y en cuanto a la trayectoria de su propia obra, el libro que comentamos en esta ocasi&oacute;n ocupa un lugar de importancia. Aunque apenas en fecha  reciente se tradujo al espa&ntilde;ol, esta obra fue publicada originalmente en  franc&eacute;s en 1990 y re&uacute;ne un conjunto de conferencias ofrecidas por el fil&oacute;sofo franc&eacute;s &#150;el detalle no deja tener su relevancia&#150; ante p&uacute;blicos latinoamericanos entre 1986 y 1988. Es el antecedente directo de una reflexi&oacute;n que alcanza su expresi&oacute;n definida en <i>El desacuerdo. Pol&iacute;tica y filosof&iacute;a,</i> publicado en espa&ntilde;ol en 1996. As&iacute; que constituye una estaci&oacute;n de parada obligatoria para quien se interese por este pensamiento te&oacute;rico radical acerca de la democracia.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Situemos, primero, algunas coordenadas b&aacute;sicas de este libro para invitar a su lectura. Es inevitable que el trabajo de Ranci&egrave;re se inscriba dentro de una reflexi&oacute;n, muy espec&iacute;ficamente francesa, acerca de la democracia: la de Claude Lefort y su idea de la <i>invenci&oacute;n democr&aacute;tica.</i><sup><a href="#nota">2</a></sup> El argumento es conocido. La democracia es un tipo de sociedad donde la sede del Poder esta vac&iacute;a, y quien la ocupe s&oacute;lo lo puede hacer de forma temporal, y es necesario que ello ocurra as&iacute;. La democracia se debe autolimitar si quiere persistir. Porque en el seno de la propia democracia est&aacute; la ambici&oacute;n de llenar ese vac&iacute;o en la sede del poder. Pero hacerlo nos conduce hacia el totalitarismo. La democracia debe frenar las ambiciones que ella misma desata.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ranci&egrave;re ofrece otra respuesta a esta problematizaci&oacute;n de la democracia. Y lo hace, por decirlo as&iacute;, desde el otro lado de la moneda. En efecto, si Lefort define a la democracia a partir de la experiencia del totalitarismo estalinista, Ranci&egrave;re lo hace a partir de una situaci&oacute;n en la cual la democracia parece haber triunfado globalmente. En Lefort, la experiencia del totalitarismo sirve para hacernos aceptar la "limitaci&oacute;n" de la democracia. En Ranci&egrave;re, el triunfo "global" de la democracia debe hacernos comprender la posibilidad de una transformaci&oacute;n radical a partir de la propia democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, el punto de partida de Ranci&egrave;re es esa sobreestimaci&oacute;n de la "autolimitaci&oacute;n" como actitud pol&iacute;tica generalizada. Lo que caracteriza al triunfo global de la democracia es la absoluta legitimaci&oacute;n de la "prudencia", de un callado e insensible transcurrir de la administraci&oacute;n de la pol&iacute;tica. Ranci&egrave;re conceptualiza esto en t&eacute;rminos de una paradoja acad&eacute;mica: justo en el momento en que la filosof&iacute;a pol&iacute;tica parece recobrar su espacio para expresar el fen&oacute;meno pol&iacute;tico, despu&eacute;s de su secuestro por un sociologismo extremo. La pol&iacute;tica misma parece dejar de ser un problema, de ser interesante; m&aacute;s materia de destreza t&eacute;cnica que de especulaci&oacute;n propiamente filos&oacute;fica:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vivimos, seg&uacute;n se dice, el fin de las divisiones pol&iacute;ticas, de los desgarramientos sociales y de los proyectos ut&oacute;picos. Hemos entrado en la &eacute;poca del esfuerzo productivo com&uacute;n y de la libre circulaci&oacute;n del consenso nacional y la competencia internacional &#91;...&#93; &iquest;Acaso no es justamente este momento &#91;...&#93; que la pol&iacute;tica pasa a ocupar la funci&oacute;n que le asignara el proyecto filos&oacute;fico, la de acabar con los des&oacute;rdenes de la pol&iacute;tica? (pp. 21&#150;22).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actual propensi&oacute;n a la "prudencia", a la "sabia administraci&oacute;n" es, seg&uacute;n el fil&oacute;sofo franc&eacute;s, una ignorancia intencional acerca de las dimensiones del fen&oacute;meno pol&iacute;tico. Los actuales administradores estatales quieren una pol&iacute;tica "no politizada". &Eacute;ste es el problema que se plantea en el ensayo que abre el libro &#150;"El fin de la pol&iacute;tica o la utop&iacute;a realista"&#150;. Ranci&egrave;re constata que este "fin de la pol&iacute;tica" no es esencialmente contempor&aacute;neo, no es una etapa en una escala evolutiva del desarrollo pol&iacute;tico de las sociedades. Es m&aacute;s bien un proyecto viejo enunciado por Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles, reconvertido en la primera etapa moderna por Alexis de Tocqueville, y finalmente realizado en las sociedades posmodernas de los pa&iacute;ses de capitalismo avanzado. &iquest;De qu&eacute; se trata? Para los fil&oacute;sofos pol&iacute;ticos hay un "desorden" fundamental en la sociabilidad humana. Es la existencia de este desorden lo que pone en marcha la actividad del pensamiento sobre la pol&iacute;tica.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Porque ese desorden se expresa, en primer lugar, cuando los individuos se ocupan de los asuntos p&uacute;blicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pensamiento acerca de la pol&iacute;tica dice que ese desorden es contingente, que puede ser eliminado, que, de hecho, debe ser eliminado para aspirar a la constituci&oacute;n de una verdadera comunidad pol&iacute;tica. Plat&oacute;n dir&aacute;: es el <i>okhlos</i> democr&aacute;tico, la turba desordenada de los individuos y sus pasiones y apetitos privados. Arist&oacute;teles afirmar&aacute;: el desorden es la guerra de pobres y ricos, que ha de ser reconducido por el "arte de la pol&iacute;tica" hacia una conciliaci&oacute;n basada en la apropiada distribuci&oacute;n de las funciones y pasiones. Tocqueville se&ntilde;alar&aacute;: es la propia sociedad la que tiene sus mecanismos para pacificar las pasiones de los hombres, para que esas pasiones se complementen entre s&iacute;. En todos los casos, la apor&iacute;a pol&iacute;tica consiste en que los individuos, m&aacute;s all&aacute; de de sus condiciones sociales o econ&oacute;micas, se interesan demasiado en las cosas de la pol&iacute;tica; es mejor reconducirlos hacia el goce de los placeres privados. S&oacute;lo as&iacute; la comunidad pol&iacute;tica puede armonizarse. Sociedades sin conflicto, sin paradojas, sin desacuerdos. Los visionarios de la sociedad pos&#150;moderna creen haber alcanzado ese estadio ideal con la despolitizaci&oacute;n generalizada de la pol&iacute;tica, donde s&oacute;lo reina lo social y las sociabilidades asentadas en un individualismo que se complementa a s&iacute; mismo. As&iacute; es como se representa esta sociedad:</font></p>     <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un mundo en que todo el mundo tiene necesidad de todo el mundo, en el que est&aacute; permitido todo cuanto se enuncie bajo el emblema del goce individual, en el que todo y todos se mezclan, y que ser&iacute;a el de la multiplicidad autopacificada &#91;...&#93; racionalidad producida por el mismo desarrollo, por la autorregulaci&oacute;n consensual de las pasiones. Pluralidad, ese ser&iacute;a hoy el nombre del punto de concordancia (pp. 45&#150;46).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Sociedad autorregulada" sin intervenci&oacute;n pol&iacute;tica. Tal es la "utop&iacute;a realista" a la que se alude en el t&iacute;tulo de este primer cap&iacute;tulo. No se trata ya del <i>hombre nuevo</i> o la <i>sociedad nueva.</i> Se trata simplemente de que la sociedad desarrolle sus propias tendencias "naturales", guiada de manera ocasional por una sabia administraci&oacute;n pol&iacute;tica. &Eacute;ste es el fin "apol&iacute;tico" de la pol&iacute;tica. Pero, &iquest;realmente sucede as&iacute;? Ranci&egrave;re afirma que en nuestras sociedades &#150;se refiere espec&iacute;ficamente a Francia&#150; esta "sociedad autorregulada" se correlaciona con el auge del racismo. En cuanto el conflicto o la posibilidad de desacuerdo pol&iacute;tico es desterrado de una sociedad, lo que aparece es el odio puro hacia lo externo, hacia el otro. A las sociedades democr&aacute;ticas apol&iacute;ticas les corresponde el resurgimiento de la xenofobia, del mero odio. Y Ranci&egrave;re se pregunta, &iquest;acaso quiz&aacute;, en su intento por hacer desaparecer el "mal pol&iacute;tico" del conflicto de la comunidad pol&iacute;tica, no se desata el Mal absoluto del odio al otro? Si es as&iacute;, entonces no es trivial ni ocioso recuperar, para pensar, la pol&iacute;tica y la democracia, recuperar categor&iacute;as tan arcaicas como "lucha de pobres contra ricos", incluso "lucha de clases".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la primera conclusi&oacute;n de Ranci&egrave;re es cautelosa: observar en el conflicto &#150;sea como "guerra envidiosa de los pobres contra los ricos" o como la simple proliferaci&oacute;n de la opini&oacute;n an&aacute;rquica de la multiplicidad de individuos&#150;, el obst&aacute;culo que impide el surgimiento de la buena "comunidad pol&iacute;tica", que impide incluso que la "buena" democracia se establezca, es ignorar sus funciones reguladoras. El conflicto pol&iacute;tico, en efecto, sugiere Ranci&egrave;re, evita que el odio se transforme en una fuerza "naturalizada", en una "guerra racial":</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; sea necesario &#91;...&#93; pensar que tanto la guerra pol&iacute;tica entre partidos, como la guerra social de pobres y ricos &#91;...&#93; comportaban por s&iacute; mismas y en su entrelazamiento conflictivo, el poder mal comprendido de remediar el mal radical. Como si esa guerra entre pobres y ricos hubiese, a su manera, pacificado una guerra m&aacute;s antigua (pp. 54&#150;55).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la pregunta es: &iquest;qu&eacute; es este conflicto que cumple funciones reguladoras? &iquest;Y c&oacute;mo concebirlo consustancialmente con la democracia? Es que la comunidad pol&iacute;tica s&oacute;lo puede surgir como "espacio pol&eacute;mico". &iquest;Qu&eacute; hay, por decirlo as&iacute;, antes del surgimiento de este espacio pol&eacute;mico? La inercia de lo social, con su divisi&oacute;n de tareas; la anarqu&iacute;a de la persecuci&oacute;n de los placeres privados. Antes de la constituci&oacute;n de la comunidad pol&iacute;tica, cada individuo ocupa su lugar en la divisi&oacute;n puramente social de las tareas y de los bienes. Hay superiores e inferiores en ambos sentidos. La sociedad es vista como el orden natural y jer&aacute;rquico de grupos y de individuos. Seg&uacute;n Ranci&egrave;re, en una situaci&oacute;n como &eacute;sta no hay verdadera "comunidad". Porque la comunidad tiene que ver, ante todo, con la comunicaci&oacute;n y no con la adecuada repartici&oacute;n de los cuerpos, las funciones y los bienes. S&oacute;lo empieza a haber comunidad, a existir comunicaci&oacute;n entre las partes de la comunidad, cuando una parte levanta una voz que debe ser atendida, con lo que proclama su resistencia a ser lo que socialmente se le dice que es. Lo social es mudo. La pol&iacute;tica surge con la voz en forma de contestaci&oacute;n, de pol&eacute;mica, de conflicto. El momento de emergencia de esa voz pol&eacute;mica es democr&aacute;tico, porque establece la igualdad; la igualdad pol&eacute;mica de quienes no est&aacute;n de acuerdo, pero tiene la misma capacidad de entrar en discusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; desembocamos en los siguientes dos ensayos: "Los usos de la democracia" y "La comunidad de los iguales". Ranci&egrave;re es inequ&iacute;voco: la democracia tiene que ver de manera fundamental con la igualdad. Pero debido a que ello es as&iacute;, las concepciones predominantes acerca de la democracia tienden a dividirse en dos posiciones que, parad&oacute;jicamente, parecen no querer tom&aacute;rsela en serio. Para unos, la democracia no puede ser el ideal de la igualdad total, sino el conjunto de reglas y procedimientos que permitir&aacute;n, en otro momento, redistribuir progresiva y sabiamente lo que produce la desigualdad. Para otros, la democracia es la mascarada, la justificaci&oacute;n formal de una estructura que reproduce continuamente la desigualdad. Frente a ambas posiciones habr&aacute; que reafirmar la consustancialidad de democracia e igualdad. Pero para lograrlo de manera convincente ser&aacute; necesario reformular algunos de los t&eacute;rminos que hacen vulnerable esta asociaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por principio de cuentas, la afirmaci&oacute;n fuerte de que la democracia tiene que ver fundamentalmente con la igualdad de ninguna manera significa una primac&iacute;a de lo colectivo sobre lo individual. De hecho, dice Ranci&egrave;re, &eacute;ste es un malentendido que proviene de una mala lectura &#45;que, sin embargo, se ha convertido en lugar com&uacute;n para la cultura contempor&aacute;nea&#45; de la democracia antigua, de la democracia griega. Para ser m&aacute;s precisos, una mala lectura de la forma en que el pensamiento griego entendi&oacute; su democracia. Porque en ninguna parte de los escritos de Plat&oacute;n o de Arist&oacute;teles, dice el fil&oacute;sofo franc&eacute;s, la democracia es contrapuesta a la expresi&oacute;n de los individuos. Antes bien, lo contrario. Con iron&iacute;a, Ranci&egrave;re observa que la descripci&oacute;n realizada por Plat&oacute;n de la Atenas democr&aacute;tica bien podr&iacute;a ser utilizada para describir a las sociedades democr&aacute;ticas individualistas posmodernas del capitalismo avanzado. Por tanto, no hubo una destrucci&oacute;n del ideal democr&aacute;tico con el surgimiento de la sociedad moderna y su individualismo. El autor sostiene que la cr&iacute;tica que le adjudica a la democracia el papel de m&aacute;scara que oculta las desigualdades reales, que la democracia por s&iacute; misma no puede hacer nada para resolver esas desigualdades, se fundamenta, quiz&aacute; sin saberlo, en una forma reaccionaria de pensamiento; a saber, el pensamiento conservador que vio en la Revoluci&oacute;n francesa la empresa de demolici&oacute;n del orden org&aacute;nico y natural de esa sociedad, colocando en su lugar la libertad corrosiva de los individuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, igualdad no significa homogeneidad, primac&iacute;a de lo colectivo sobre lo individual. Por lo mismo, la democracia permite, en efecto, construir una igualdad efectiva, a despecho de lo que dicen los esc&eacute;pticos desde el procedimentalismo democr&aacute;tico. Pero no ser&aacute; esa igualdad que sostiene la cr&iacute;tica social de la democracia. Ranci&egrave;re lo dice sin ambages:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La idea de igualdad social es una contradicci&oacute;n <i>in adjecto"</i> (p. 109). La apuesta es radical. Si la igualdad ha de seguir consider&aacute;ndose como un principio fundador del pensamiento de izquierda &#45;o de una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre la democracia&#45;, Ranci&egrave;re sugiere que no ha de hac&eacute;rsele equivalente &#45;o al menos, no s&oacute;lo&#45; a pr&aacute;cticas e instituciones de redistribuci&oacute;n de tareas y recompensas sociales. Cuando s&oacute;lo se la concibe de este modo, la igualdad, tarde o temprano, termina siendo su contrario, desencadenando la envidia y el sentimiento de injusticia. Ranci&egrave;re ilustra esto con la referencia a la idea de "igualdad mediante el trabajo", propia del socialismo ut&oacute;pico franc&eacute;s. &iquest;Por qu&eacute;, se pregunta Ranci&egrave;re, se arruina el principio igualitario del trabajo? Porque al pretender que el trabajo sea considerado como la &uacute;nica actividad verdaderamente humana &#45;y por tanto lo que hace a los seres humanos universalmente iguales&#45;, se deja de lado la forma en que los individuos se relacionan con los frutos del trabajo. Es decir, hay una irreductible diferencia entre la l&oacute;gica de la distribuci&oacute;n &#45;y redistribuci&oacute;n&#45; de las tareas sociales y la l&oacute;gica de distribuci&oacute;n y redistribuci&oacute;n de los bienes sociales. A partir de esta irreductibilidad se asoma el rostro de la envida, pronta a suspender cualquier solidaridad que se pueda desprender del proceso de trabajo. Porque toda distribuci&oacute;n de tareas y bienes siempre entra&ntilde;a la sospecha de que alguien me ha esquilmado algo, de que otro goza m&aacute;s que yo debido a la forma de la distribuci&oacute;n. Ranci&egrave;re ilustra perfectamente esta l&oacute;gica de la envidia cuando hace referencia a la comunidad de Icaria, el proyecto comunista ut&oacute;pico que Etiene Cabet trat&oacute; de establecer en Texas:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, aquellos que parten a Am&eacute;rica queman sus naves. Se expatrian y entregan todos sus bienes a la comunidad para ir a fundar Icaria en el desierto. Los que se quedan en Francia sacan un doble provecho de ellos. Disfrutan anticipadamente al ver su sue&ntilde;o fraternal realizado por el trabajo de otros. Si m&aacute;s tarde llegan a venir, gozar&aacute;n de los frutos de ese trabajo fundador &#91;...&#93;. Pero la relaci&oacute;n tambi&eacute;n puede ser inversa: aquellos que se van dejan la miseria y la represi&oacute;n del viejo mundo; dejan a los que se quedan la preocupaci&oacute;n de ser comunistas y fraternales en el mundo de la explotaci&oacute;n y de procurar encontrar suficiente trabajo para sostener con sus subvenciones a los hermanos de Icaria (p. 106).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sospecha termina instal&aacute;ndose, as&iacute;, entre los trabajadores comunistas, lo que destruye su solidaridad. La envidia, en cierto modo, es una variante del problema de la <i>igualdad simple,</i> formulado ya por Michael Walzer: la mera redistribuci&oacute;n simple de los bienes produce la l&oacute;gica autodestructiva de la envidia y la acumulaci&oacute;n; para evitarlo habr&aacute; de constituirse una identidad que vigile el cumplimiento del principio igualitario de la distribuci&oacute;n. Pero as&iacute; se habr&aacute; anulado el propio principio igualitario: la entidad tendr&aacute; que ser superior a la comunidad de los iguales. Por supuesto, Ranci&egrave;re no seguir&aacute; el camino de Walzer para resolver el enigma de la igualdad. Para nuestro autor la igualdad relevante en t&eacute;rminos de la democracia no es la que proviene de la redistribuci&oacute;n de tareas y bienes &#45;al menos, no en principio&#45;, sino lo que llamar&aacute; la <i>igualdad de las inteligencias.</i> Lo que Ranci&egrave;re sostiene es que hay que partir de otra captaci&oacute;n universalista de lo humano. No es el trabajo sino la comunicaci&oacute;n la dimensi&oacute;n universalista de lo humano. Por ello, la experiencia de la igualdad &#45;y de la desigualdad&#45; se capta primeramente en el acto del habla. Primero, del lado de la igualdad, porque todo intercambio de actos de habla implica el supuesto de que aqu&eacute;l a quien me dirijo tiene la misma capacidad que yo de entender lo que digo. Segundo, por el lado de la desigualdad, porque &eacute;sta siempre tendr&aacute; que <i>explicarse,</i> es decir, justificarse a trav&eacute;s de un acto de habla.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, la igualdad democr&aacute;tica es esta igualdad de los seres parlantes. La igualdad, por tanto, no es del orden institucional, organizacional o sociol&oacute;gico. Es del orden de la virtualidad, aunque no por ello menos material. Es del orden de la experiencia m&aacute;s que de la organizaci&oacute;n. De esta forma, la igualdad no es un estatuto; es actualizable y moment&aacute;nea. Pero no por ello deja de tener efectos en lo social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ranci&egrave;re no afirma que la persecuci&oacute;n de la igualdad social sea in&uacute;til o innecesaria, o que incluso se haya dejado de buscar. &iquest;No es acaso un hecho que los gobiernos contempor&aacute;neos, nominalmente de izquierda o de derecha, apelan por igual a la necesidad de sociedades m&aacute;s igualitarias? &iquest;Acaso no estamos rodeados de iniciativas, desde los gobiernos y los c&iacute;rculos empresariales, para aliviar la creciente desigualdad, desde iniciativas filantr&oacute;picas, hasta modelos renovados de pol&iacute;tica social? La b&uacute;squeda de la igualdad social es la preocupaci&oacute;n constante de los gobiernos. Incluso es una preocupaci&oacute;n constante en relaci&oacute;n con la democracia. Buena parte del pensamiento contempor&aacute;neo acerca de la democracia constata a diario que &eacute;sta se encuentra en constante peligro porque no hay una "ciudadan&iacute;a" a la altura de sus obligaciones para sostenerla. Y, por supuesto, en buena medida ello es as&iacute; porque los todav&iacute;a&#45;no&#45;buenos&#45;ciudadanos carecen de los recursos que los har&iacute;an razonables, participativos, responsables, atentos, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ranci&egrave;re, este tipo de pensamiento ser&iacute;a una especie de formaci&oacute;n reactiva frente a los efectos propios de la democracia en tanto dispositivo que pone en acto la igualdad universal de los hombres. Porque la <i>igualdad de los seres parlantes</i> &#45;que tambi&eacute;n llama <i>igualdad de las inteligencias&#151;</i> no est&aacute; por fuerza en relaci&oacute;n con la posesi&oacute;n o carencia de recursos, sino de una capacidad ontol&oacute;gica humana, cuya puesta en acci&oacute;n puede sorprender y de hecho causa conmoci&oacute;n en quien la percibe. As&iacute; lo se&ntilde;ala Ranci&egrave;re cuando menciona a los obreros franceses en huelga en 1848, o a los estudiantes en huelga en 1986. La igualdad que ambos movimientos ponen de manifiesto es, simplemente, la que se da entre individuos que asumen la creencia de que ellos tambi&eacute;n, cualesquiera que sean sus limitaciones cognitivas, pueden opinar seriamente acerca de los asuntos p&uacute;blicos que piensan que los afectan a ellos y a otros, y que sus opiniones deben ser consideradas con toda seriedad por los dem&aacute;s y por los gobiernos. En esto, tan simple pero tan dif&iacute;cil, reside para Ranci&egrave;re la <i>participaci&oacute;n democr&aacute;tica.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una cr&iacute;tica a otras dos concepciones de la participaci&oacute;n. Por un lado, aquella que ver&iacute;a en la participaci&oacute;n democr&aacute;tica algo que siempre est&aacute; por venir y que se expresar&iacute;a s&oacute;lo muy local o parcialmente: la participaci&oacute;n de los "buenos ciudadanos", limpia, razonable, sin estridencias. Por otro, aquella concepci&oacute;n que retraduce en otras formas un viejo tema de izquierda: la movilizaci&oacute;n y participaci&oacute;n total. Frente a ambas, Ranci&egrave;re opone lo que llama "un conjunto contingente de pr&aacute;cticas y discursos", por los cuales la "comunidad de los iguales" surge de tanto en tanto para "democratizar" el gobierno y las sociedades. El autor recupera, as&iacute; &#45;pero ninguna tiene de por s&iacute; un privilegio normativo&#45; las m&uacute;ltiples formas de "protesta y participaci&oacute;n popular"; todo aquello en lo que unos ven simplemente "desorden", "inmadurez" o "crimen", o que otros ven como "insuficiente" o "precario": manifestaciones callejeras, ocupaciones de f&aacute;bricas, barricadas y bloqueos, etc&eacute;tera. Todas estas pr&aacute;cticas y discursos contingenes <i>son</i> la democracia en acci&oacute;n. Conclusi&oacute;n que invita a la pol&eacute;mica y a la incomodidad. Porque Ranci&egrave;re parece no ofrecer aquello que, seg&uacute;n algunos, deber&iacute;a interesarnos m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; instituciones, qu&eacute; organizaciones, qu&eacute; procedimientos, qu&eacute; reglas permitir&iacute;an tener un mejor orden democr&aacute;tico? Aqu&iacute; su opini&oacute;n es radicalmente antiinstitucional: la democracia y la igualdad no se encuentran en las instituciones, reglas o procedimientos; es lo que est&aacute; detr&aacute;s de ellas, es el terreno ignorado de donde surgen las instituciones actuales, y es en ese terreno de pol&eacute;micas, intervenciones callejeras, presencia de los individuos coaligados temporalmente en una protesta hacia las injusticias, de donde surgir&aacute;n las verdaderas innovaciones institucionales de la democracia:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de participaci&oacute;n mezcla dos ideas de origen diferente: la idea reformadora de mediaci&oacute;n necesaria entre el centro y la periferia y la idea revolucionaria de actividad permanente de los sujetos ciudadanos en todos los dominios. La mezcla de ambos produce esa idea bastarda que asigna, como lugar de ejercicio para la permanencia democr&aacute;tica, la ocupaci&oacute;n de los espacios vac&iacute;os del poder. Mas la permanencia de la democracia, &iquest;no supone m&aacute;s bien su movilidad, su capacidad de desplazar los lugares y las formas de participaci&oacute;n? Este poder que algunos obreros han adquirido mostrando durante una huelga que pod&iacute;an, en esa circunstancia, administrar su f&aacute;brica, &iquest;por qu&eacute; tendr&iacute;amos que desear que encuentre su perfecci&oacute;n realiz&aacute;ndose en permanencia bajo la forma de la autogesti&oacute;n? &#91;...&#93; La verdadera participaci&oacute;n es la invenci&oacute;n de ese sujeto imprevisible que hoy d&iacute;a ocupa la calle, ese movimiento que no nace de otra cosa que de la democracia misma. La garant&iacute;a de la permanencia democr&aacute;tica no pasa por ocupar todos los tiempos muertos y los espacios vac&iacute;os por medios de formas de participaci&oacute;n o contrapoder; pasa por la renovaci&oacute;n de los actores y de la forma de su actuar, por la posibilidad, siempre abierta, de una emergencia de ese sujeto que eclipsa (pp. 87&#45;88).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto quiere decir, de manera desafiante: la democracia no es una cuesti&oacute;n de ingenier&iacute;a; ha sido hist&oacute;ricamente, lo es hoy y lo ser&aacute; siempre, una cuesti&oacute;n de lucha. Se podr&aacute; estar de acuerdo o no, se podr&aacute; matizar la afirmaci&oacute;n o no, pero la lectura del libro de Ranci&egrave;re es obligatoria para quien, desde el acuerdo o el escepticismo, quiera pensar esta presencia masiva de la "democracia".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Inevitable ser&iacute;a referir a otra obra m&aacute;s reciente para complementar esta comprensi&oacute;n: <i>El odio a la democracia,</i> publicado en 2006 por la editorial Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6159262&pid=S1870-2333200800020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Lo cual, por otra parte, reconoce expl&iacute;citamente el autor. V&eacute;ase la nota al pie de la p&aacute;gina 56.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En <i>El desacuerdo,</i> Ranci&egrave;re asienta: la filosof&iacute;a pol&iacute;tica &#45;la reflexi&oacute;n sobre la pol&iacute;tica&#45; es ante todo la constataci&oacute;n de un problema, de un encuentro con algo Real que toma la forma de "una paradoja, de un conflicto, de una apor&iacute;a espec&iacute;fica". As&iacute;, la "filosof&iacute;a se convierte en 'pol&iacute;tica' cuando acoge la apor&iacute;a o la confusi&oacute;n propia de la pol&iacute;tica". &iquest;Y cu&aacute;ndo o c&oacute;mo surge esta apor&iacute;a de la pol&iacute;tica? Cuando se constata que la pol&iacute;tica emp&iacute;rica se resiste a cada uno de los intentos por convertirla en la administraci&oacute;n racional de los bienes que competen al inter&eacute;s de toda la comunidad pol&iacute;tica. En suma, dice Ranci&egrave;re, cuando nos percatamos de que en el n&uacute;cleo de la pol&iacute;tica se encuentra el <i>desacuerdo.</i></font></p>      ]]></body><back>
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<source><![CDATA[El odio a la democracia]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
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