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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Renta b&aacute;sica y justicia social. &iquest;Por qu&eacute; los fil&oacute;sofos no est&aacute;n de acuerdo?<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Philippe Van Parijs**</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesor de la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Sociales y Pol&iacute;ticas de la Universidad de Lovaina, donde es adem&aacute;s titular de la C&aacute;tedra Hoover de &Eacute;tica Econ&oacute;mica y Social.</i></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s: Bruno Giovanni Herrera Espinosa<a href="#nota">***</a></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">Revisi&oacute;n de la traducci&oacute;n: Alfredo Echegollen Guzm&aacute;n<a href="#nota">****</a></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>DESACUERDO EN UN TAXI PARISINO</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que tengo que decirles hoy es la continuaci&oacute;n de una conversaci&oacute;n que tuve en Par&iacute;s en noviembre de 1987. Adem&aacute;s del conductor y yo, hab&iacute;a tres personas m&aacute;s encerradas en un taxi que nos llevaba en una tarde lluviosa y fr&iacute;a a la fiesta de clausura de una conferencia a la que hab&iacute;amos asistido: dos caballeros norteamericanos y nuestro anfitri&oacute;n franc&eacute;s. Aquella ma&ntilde;ana en la planta baja del <i>Hotel des Grands Hommes</i> tuve una conversaci&oacute;n extremadamente interesante, pero francamente decepcionante, con el caballero norteamericano que estaba sentado junto al conductor. Yo hab&iacute;a comprado su, por entonces, &uacute;nico libro justo despu&eacute;s de haber llegado a Oxford como estudiante de postgrado en 1974. Sin embargo, no lo le&iacute; hasta muchos a&ntilde;os despu&eacute;s. Cuando finalmente encontr&eacute; el tiempo para leerlo a principios de los ochentas, tras estudiarlo y despu&eacute;s ense&ntilde;arlo, estaba profundamente impresionado pero tambi&eacute;n algo intrigado. Hab&iacute;a elaborado una lista de preguntas, algunas de las cuales tuve el gusto de plantear al autor personalmente en un par de largos desayunos privados que tuvimos en los m&aacute;rgenes de la conferencia que se organiz&oacute; para celebrar la publicaci&oacute;n de la traducci&oacute;n al franc&eacute;s de su libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">John Rawls &#151;quiz&aacute; lo habr&aacute;n reconocido&#151; educada y pacientemente contest&oacute; las muchas preguntas que pude hacerle en ese momento, incluyendo la que formul&eacute; con gran agitaci&oacute;n: si era tan claro para &eacute;l como lo era para m&iacute; que sus principios de justicia no s&oacute;lo justificaban alguna clase de "m&iacute;nimo social", sino a&uacute;n m&aacute;s espec&iacute;ficamente la forma incondicional de m&iacute;nimo social que yo hab&iacute;a empezado a defender con un grupo de colegas de varios pa&iacute;ses con quienes hab&iacute;a fundado la Red Europea de la Renta B&aacute;sica <i>(Basic Income European Network).</i> Yo estaba ansioso por insistir en que el c&eacute;lebre principio de la justicia distributiva no requer&iacute;a simplemente que uno debiera maximizar los ingresos de los desfavorecidos, sino el &iacute;ndice mencionado, adem&aacute;s del ingreso, la riqueza, los poderes o capacidades <i>(powers)</i> y las bases sociales del respeto de s&iacute; mismo <i>(self&#45;respect).</i> Y seguramente, una vez que estas dimensiones se tomen en cuenta, el caso de una renta b&aacute;sica incondicional se ver&aacute; particularmente s&oacute;lido, en tanto que su naturaleza incondicional lo hace m&aacute;s como un fondo de riqueza, aumenta el poder del m&aacute;s d&eacute;bil en los contextos del empleo as&iacute; como en lo familiar, y adem&aacute;s evita la estigmatizaci&oacute;n y la humillaci&oacute;n que tienden a asociarse con la focalizaci&oacute;n en los realmente necesitados. Adem&aacute;s, tanto en un art&iacute;culo previo as&iacute; como en <i>Teor&iacute;a de la justicia,</i> Rawls tom&oacute; el concepto por entonces innovador del "impuesto negativo sobre el ingreso" para ejemplificar la implementaci&oacute;n institucional del principio de la diferencia; ello en un tiempo en el que, por ejemplo, James Tobin usaba este concepto en un sentido amplio que cubr&iacute;a lo que &eacute;l llamaba <i>demogrant,</i><sup><a href="#nota">1</a></sup> es decir, precisamente un ingreso universal b&aacute;sico.<sup><a href="#nota">2</a></sup> As&iacute; que, el caso rawlsiano sobre la renta b&aacute;sica me pareci&oacute; abrumador. S&oacute;lo se necesitaba explicitarlo adecuadamente.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, para mi sorpresa, el mismo John Rawls no estuvo de acuerdo. A la hora del desayuno, amablemente me dijo que, contrariamente a lo que el principio de diferencia puede ciertamente sugerir, su propio buen juicio era que los surfistas de Malib&uacute; no pod&iacute;an pretender leg&iacute;timamente que los beneficios p&uacute;blicos subsidiaran ese estilo de vida.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Esta respuesta me dej&oacute; tan perplejo que no pude resistir la tentaci&oacute;n de plantear una cuesti&oacute;n de nuevo ya que compart&iacute;amos un taxi al final del d&iacute;a. Especialmente porque esperaba incorporar el apoyo de los otros caballeros norteamericanos que ven&iacute;an apretujados conmigo en el asiento trasero. Recuerdo muy v&iacute;vidamente haber le&iacute;do un sorprendente art&iacute;culo de uno de ellos, en el cual, notablemente, la distribuci&oacute;n incondicional de un mismo n&uacute;mero de conchas de almeja a todos los sobrevivientes de un naufragio jug&oacute; un papel esencial (Dworkin, 1981b). Dif&iacute;cilmente se puede esperar de alguien que haya asignado ese rol central a la concesi&oacute;n incondicional de una misma cantidad de unidades de intercambio <i>(numeraire)</i> en la exposici&oacute;n de su concepci&oacute;n de la justicia distributiva que sea hostil a la renta universal b&aacute;sica. Sin embargo me enfrentaba a otra desilusi&oacute;n. Ya que Ronald Dworkin &#151;ese era el nombre del caballero que estaba sentado en el asiento trasero&#151; tambi&eacute;n cre&iacute;a en la legitimidad de alg&uacute;n tipo de provisi&oacute;n de un ingreso m&iacute;nimo, pero s&oacute;lo para aquellas personas aptas y disponibles para trabajar. Ciertamente, result&oacute; para mi consternaci&oacute;n que "Ronnie" &#91;Dworkin&#93; pensaba que "Jack" &#91;Rawls&#93; era muy flexible con respecto a los solicitantes de asistencia social. Antes de que Jack tuviera tiempo de tranquilizar a Ronnie, y por lo tanto ayudarme a entender mejor lo que me hab&iacute;a costado tanto trabajo digerir en el desayuno, el taxi lleg&oacute; a su destino. De esta forma se detuvo la conversaci&oacute;n abruptamente, pero no mis ideas sobre este confuso desacuerdo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;POR QU&Eacute; EST&Aacute;N EN DESACUERDO LOS LIBERALES&#45;IGUALITARIOS?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que quiero hacer hoy es volver al tema de la conversaci&oacute;n que tuvimos en el taxi a la luz de un n&uacute;mero de desarrollos posteriores, que incluyen la conferencia "&iquest;Por qu&eacute; debemos alimentar a los surfistas?" (Van Parijs, 1991) que pronunci&eacute; en Harvard en 1990 por invitaci&oacute;n de John Rawls y Amartya Sen, as&iacute; como de los principales cambios que Rawls y Dworkin hicieron a sus respectivas teor&iacute;as de la justicia distributiva desde sus formulaciones cl&aacute;sicas en <i>Teor&iacute;a de la justicia</i> y "&iquest;Qu&eacute; es la igualdad?" (Dworkin, 1981a y 1981b). Concedo que hacer esto s&oacute;lo equivale a una interpretaci&oacute;n muy estrecha del subt&iacute;tulo de la conferencia de hoy: "por qu&eacute; los fil&oacute;sofos no est&aacute;n de acuerdo". No todos los fil&oacute;sofos que comparten una opini&oacute;n definida sobre la relaci&oacute;n que existe entre la renta b&aacute;sica y la justica social estuvieron apretujados en aquel taxi parisino. Sin embargo, de alguna forma la estrechez de la interpretaci&oacute;n hizo la cuesti&oacute;n m&aacute;s interesante. Precisamente porque Rawls, Dworkin y yo parec&iacute;amos compartir las mismas intuiciones &eacute;ticas b&aacute;sicas sobre lo que la justica requiere y aun as&iacute; parec&iacute;amos estar en total desacuerdo sobre si una renta b&aacute;sica incondicional estaba justificada. A la vez, la relevancia del debate p&uacute;blico apenas ha disminuido, ya que cualquier concepci&oacute;n plausible de la justicia debe ser capaz de acoger algo m&aacute;s cercanamente a estas intuiciones. As&iacute; que al menos aqu&iacute; lo doy por sentado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El campo intuitivo que comparten las tres concepciones de la justicia distributiva sobre las cuales me enfocar&eacute; puede caracterizarse afirmando que son tanto liberales como igualitarias. Son <i>liberales</i> en el sentido de que no se apoyan sobre ninguna concepci&oacute;n espec&iacute;fica de la vida buena. Y son <i>igualitarias</i> en el sentido de que permiten como m&aacute;ximo cuatro clases de justificaci&oacute;n para la distribuci&oacute;n desigual de cualquier recurso que sea de importancia para nuestras vidas. Pueden dar cabida a las desigualdades justificadas en virtud de ser</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1)&nbsp;Sensibles a la responsabilidad:</i> algunas personas pueden merecidamente tener m&aacute;s que otras en virtud de sus preferencias o de las elecciones que han hecho (es lo que distingue entre las concepciones de la <i>igualdad de oportunidades</i> y las de <i>igualdad de resultados</i>)<i>;</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2)&nbsp;Sensibles a la eficiencia:</i> algunas personas pueden merecidamente tener m&aacute;s que otras porque el hecho de reducir la brecha involucrar&iacute;a un gasto inaceptable (esto es lo que hace la diferencia entre las concepciones del igualitarismo <i>laxo</i> y las del igualitarismo <i>estricto</i>)<i>;</i></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3)&nbsp;Restringidas por la libertad:</i> algunas personas pueden merecidamente tener m&aacute;s que otras porque el hecho de reducir la brecha requerir&iacute;a una violaci&oacute;n a la libertad formal de al menos algunas personas (esto es su "soberan&iacute;a individual" o "auto propiedad" (<i>self&#45;ownership</i>) y sus "libertades fundamentales");</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>4)&nbsp;Restringidas por la dignidad:</i> algunas personas pueden merecidamente tener m&aacute;s que otras porque el hecho de reducir la brecha requerir&iacute;a negar el respeto debido al menos a algunas personas (esto es su "igualdad de estatus" y las "bases sociales del autorrespeto").</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente los tres fil&oacute;sofos del taxi est&aacute;n lejos de quedarse solos en la "familia liberal igualitaria" as&iacute; definida e incluso en la "subfamilia" de la igualdad laxa de oportunidades a la que presuntamente pertenecen. Por ejemplo, Brian Barry y Amartya Sen f&aacute;cilmente podr&iacute;an caber en el mismo saco. As&iacute; como muchas personas que conozco en este auditorio y no dudo que muchos m&aacute;s se nos unir&iacute;an si les di&eacute;ramos suficiente tiempo para reflexionar. En este punto podr&iacute;an ser &uacute;tiles algunos matices. Sin embargo, con el fin de acercarnos lo m&aacute;s pronto posible a lo que me desconcert&oacute; tanto en el taxi, quiero concentrarme en las tres preguntas siguientes: <i>1)</i> &iquest;c&oacute;mo es que las modificaciones principales que hizo Rawls a su teor&iacute;a de la justicia distributiva la hacen menos, en lugar de m&aacute;s hostil a la justificaci&oacute;n de una renta b&aacute;sica incondicional? <i>2)</i> &iquest;C&oacute;mo es que la principal modificaci&oacute;n que hizo Dworkin a su teor&iacute;a de la justicia distributiva afecta a la relaci&oacute;n de dicha teor&iacute;a con la justificaci&oacute;n de una renta b&aacute;sica incondicional? <i>3)</i> &iquest;Por qu&eacute; mi propia teor&iacute;a de la justicia distributiva provee una justificaci&oacute;n de una renta b&aacute;sica incondicional menos contingente que las de Rawls y Dworkin?</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>JOHN RAWLS Y LOS SURFISTAS DE MALIB&Uacute;</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la formulaci&oacute;n original de Rawls sobre su principio de la diferencia, las desigualdades en las ventajas econ&oacute;micas y sociales son justas si otorgan una ventaja a aquellos que ocupan la posici&oacute;n social m&aacute;s desfavorecida, entendiendo tal ventaja en t&eacute;rminos de un &iacute;ndice de ingresos, riqueza, capacidades y prerrogativas ancladas a posiciones sociales (Rawls 1971: 62; 93). La interpretaci&oacute;n m&aacute;s directa de este principio parece implicar que las personas sin ingresos se encuentran entre los m&aacute;s desaventajados, y por lo tanto son acreedores a alg&uacute;n tipo de beneficio. &iquest;Qu&eacute; tan elevado puede ser el beneficio? Tan elevado como pueda ser sustentable; teniendo en cuenta que niveles elevados tanto de beneficios como de los impuestos que se necesitan para financiarlos podr&iacute;an inducir a los trabajadores a abandonar las f&aacute;bricas y las oficinas para emplear m&aacute;s de su tiempo en las playas. Con el fin de impedir esta contradicci&oacute;n, Rawls propuso &#151;pues se sinti&oacute; penosamente ben&eacute;volo con el asunto de los surfistas de Malib&uacute;&#151;, incluir al ocio en el &iacute;ndice de las ventajas sociales y econ&oacute;micas en cuyos t&eacute;rminos se formula su principio de la diferencia, y por lo tanto a&ntilde;adir el tiempo libre a los bienes primarios que proveen a su teor&iacute;a de la justicia social su marco fundamental. M&aacute;s espec&iacute;ficamente, &eacute;l propuso asignar un ingreso virtual equivalente al salario m&iacute;nimo a aquellos que escogieran al ocio como actividad de tiempo completo.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Por lo tanto, no se justifica ya la indulgencia para con los surfistas de tiempo completo de Malib&uacute;, a expensas del resto de la sociedad. Si quieren recibir un ingreso real y no solo virtual y si quieren recibir alimentaci&oacute;n y vivienda, tendr&aacute;n que trabajar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de este movimiento, la relaci&oacute;n entre la renta b&aacute;sica y la justicia social parece estar establecida: una justificaci&oacute;n rawlsiana de una renta b&aacute;sica incondicional est&aacute; fuera de discusi&oacute;n. &iquest;Pero realmente lo est&aacute;? Existe un aspecto crucial del principio de diferencia que me tom&oacute; veinte a&ntilde;os advertir, y que el mismo Rawls parece haber perdido de vista cuando dio su respuesta sobre el asunto de los surfistas de Malib&uacute;. Lo que se requiere <i>no</i> es que los individuos desfavorecidos sean tan ricos como les sea posible en t&eacute;rminos de un &iacute;ndice de logros especificados en una lista de ventajas econ&oacute;micas y sociales. Lo que el principio de diferencia nos exige maximizar es m&aacute;s bien <i>el valor promedio del &iacute;ndice logrado, a lo largo de las vidas de las personas que ocupan las peores posiciones sociales,</i> esto es, la posici&oacute;n social cuyos titulares tienen los beneficios m&aacute;s bajos esperados con base en la medici&oacute;n del &iacute;ndice. En otras palabras, no se trata de maximizar sustentablemente las puntuaciones de los individuos, sino las puntuaciones promedio de las posiciones sociales. &Eacute;sta es la raz&oacute;n por la cual el principio de diferencia es un principio de igualdad de oportunidades en vez de un principio de igualdad de resultados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;No es maximizar el puntaje promedio de las personas en la peor posici&oacute;n s&oacute;lo una forma tosca de maximizar el peor puntaje? Lo ser&iacute;a si las posiciones sociales estuvieran definidas, como Rawls sugiere en ocasiones que podr&iacute;an estarlo, como categor&iacute;as de ingreso o riqueza: "Por consiguiente todas las personas con menos de la mitad del ingreso y la riqueza promedio pueden considerarse como el sector menos favorecido". Tal caracterizaci&oacute;n de la categor&iacute;a m&aacute;s desfavorecida "solamente en t&eacute;rminos de un ingreso y riqueza relativos sin hacer referencia a las posiciones sociales", nos dice, "ser&aacute; lo suficientemente &uacute;til" (1971: 98). Sin embargo, como lo sugiere este pasaje, Rawls concibe las "posiciones sociales" como conceptualmente distintas de las categor&iacute;as de ingreso y riqueza a pesar de que &eacute;stas &uacute;ltimas proporcionan representantes convenientes para muchos prop&oacute;sitos pr&aacute;cticos. De hecho, ocasionalmente los llama "puntos de partida" (1971: 96) o los "llamados puntos de partida", lo cual proporciona un apoyo razonable para la perspectiva de que son m&aacute;s bien "los lugares en la sociedad donde nacen las personas" (Scanlon 1973: 1059). Para poder entender el principio de la justa igualdad de oportunidades como la definici&oacute;n de un acceso justo a las atractivas posiciones sociales desiguales, sin embargo, una posici&oacute;n social se entiende mejor no como la clase social en la cual uno crece, sino como la categor&iacute;a ocupacional, definida en cierta forma ampliamente, a la que uno pertenece a lo largo de la vida. Los ejemplos mencionados por el mismo Rawls incluyen "trabajadores no calificados", "agricultores" o "jornaleros" (2014: 96).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, entre los individuos que comparten la misma posici&oacute;n social en este sentido, el desempe&ntilde;o real a lo largo de la vida en t&eacute;rminos de ingreso, riqueza y capacidades puede variar considerablemente como resultado de sucesos que combinan el azar y la elecci&oacute;n en proporciones variables, y por lo general no medibles. Algunos siguen comprando a cr&eacute;dito mientras que otros trabajan tiempo extra. Algunos tienen hijos discapacitados y otros sufren grandes p&eacute;rdidas tras vender sus casas a ra&iacute;z de un tr&aacute;mite de divorcio muy costoso. Dentro de cada posici&oacute;n encontraremos una variaci&oacute;n considerable en los niveles de ingreso y riqueza a lo largo de la vida. Adem&aacute;s, el &iacute;ndice promedio variar&aacute; considerablemente en todas las posiciones sociales, t&iacute;picamente como una funci&oacute;n de la escasez de habilidades requeridas para ocuparlas y de la demanda social por los servicios desempe&ntilde;ados en ellas. A diferencia de las mejores posiciones, la peor posici&oacute;n, esto es, aquella con el &iacute;ndice promedio m&aacute;s bajo, ser&aacute; accesible para lo que algunas veces Rawls llama "los menos afortunados" (Rawls 2014: 153) o, m&aacute;s ambiguamente, "los menos aventajados":</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los peor situados se definen muy aproximadamente, como el traslape entre aquellos que son menos favorecidos por cada una de las tres principales clases de posibilidades. Por tanto, este grupo incluye a las personas cuyo origen familiar y de clase es m&aacute;s desventajoso que el de otros, a quienes sus dotes naturales les permiten vivir menos bien, y aquellos cuyas suerte y fortuna les resultaron relativamente desfavorables &#91;...&#93; (Rawls 1988: 258&#45;259).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si aprobamos esta interpretaci&oacute;n del principio de diferencia en t&eacute;rminos de igualdad de oportunidades, la inclusi&oacute;n del ocio en el &iacute;ndice de los beneficios econ&oacute;micos y sociales tiene implicaciones completamente diferentes. Bajo la interpretaci&oacute;n com&uacute;n en t&eacute;rminos de igualdad de resultados, considerar el ocio como un ingreso virtual despoj&oacute; a los surfistas de su derecho al beneficio al que habr&iacute;an sido acreedores si el ocio que disfrutan no se hubiera tomado en cuenta. Si, por el contrario, aceptamos la interpretaci&oacute;n en funci&oacute;n de la igualdad de oportunidades, los surfistas de Malib&uacute; no pueden esperar nada mientras el ocio no figure en el &iacute;ndice. Pues debe ser obvio que, para los est&aacute;ndares del principio de diferencia, una configuraci&oacute;n social que incluya un esquema de ingreso m&iacute;nimo sin una prueba de desempe&ntilde;o funcionar&aacute; peor, <i>ceteris paribus,</i> conforme a los est&aacute;ndares del principio de diferencia, que otra cuyo esquema de ingreso m&iacute;nimo contase con dicha prueba de desempe&ntilde;o, y que adem&aacute;s negara el ingreso a los surfistas de tiempo completo. Por consiguiente, no hay forma en la cual el principio de diferencia reducido de Rawls, correctamente entendido, pueda ser gentil con los surfistas de Malib&uacute;. Pero ahora consideremos el principio de diferencia decididamente curado de su parcialidad original gracias a la prudente inclusi&oacute;n del tiempo libre en el &iacute;ndice de los beneficios econ&oacute;micos y sociales. Esta complementaci&oacute;n provoca que el dise&ntilde;o del &iacute;ndice sea m&aacute;s delicado, pues ya no podemos contar con una correlaci&oacute;n positiva fuerte entre sus diversos componentes: el ingreso, la riqueza, las capacidades y las prerrogativas suelen ir juntos, pero entre ingreso y ocio existe un "toma&#45;y&#45;daca"<sup><a href="#nota">6</a></sup> inevitable. Qu&eacute; clase de acuerdo resultar&aacute; ser &oacute;ptimo, seg&uacute;n los est&aacute;ndares del principio de diferencia, depender&aacute; crucialmente de los pesos relativos que el &iacute;ndice atribuya al ingreso y al ocio, de una caracterizaci&oacute;n exacta de las posiciones sociales y de muchos otros factores emp&iacute;ricos contingentes. Pero una cosa es segura: una vez que ya no cuente para nada el ocio disfrutado por los ocupantes de una posici&oacute;n social a lo largo de sus vidas, los surfistas tendr&aacute;n una mayor en vez de una menor oportunidad de ser alimentados justamente, de acuerdo con el principio de diferencia de Rawls, adecuadamente interpretado en la l&iacute;nea de la igualdad de oportunidades. Ir&oacute;nicamente, el mismo movimiento que Rawls pens&oacute; como necesario para evitar que su teor&iacute;a concediera un ingreso incondicional b&aacute;sico en realidad la hizo m&aacute;s af&iacute;n a este &uacute;ltimo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL <i>TOUR DE FORCE</i> DE RONALD DWORKIN</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Y qu&eacute; hay de Dworkin? As&iacute; como la teor&iacute;a de Rawls (interpretada correctamente), la teor&iacute;a de la justicia distributiva de Dworkin es de la variedad de la igualdad laxa de oportunidades. Sin embargo est&aacute; motivada por el descontento con la teor&iacute;a de Rawls sobre la base de que esta &uacute;ltima no es suficientemente igualitaria, ni suficientemente sensible a la eficiencia <i>(efficiency&#45;sensitive)</i> yala responsabilidad <i>(responsibility&#45;sensitive).</i> De acuerdo con Dworkin (1981b: 339), Rawls no es lo suficientemente igualitario porque su teor&iacute;a de la justicia distributiva presta poca e inapropiada atenci&oacute;n a la dif&iacute;cil condici&oacute;n de los discapacitados: algunos son simplemente excluidos de toda consideraci&oacute;n porque no encajan en lo que Rawls llama "el rango normal", e incluso a otros no se les otorga ning&uacute;n tipo de compensaci&oacute;n debido a su discapacidad. A su vez, seg&uacute;n Dworkin, Rawls no es suficientemente susceptible a la eficiencia porque las ganancias, por peque&ntilde;as que sean para los desfavorecidos justifican las p&eacute;rdidas, por muy grandes que sean, para todos los dem&aacute;s (1981b: 339&#45;340). En tercer lugar, y de mucha importancia a los ojos de Dworkin, la teor&iacute;a de Rawls no es suficientemente susceptible a la responsabilidad, ya que falla al no prestar la atenci&oacute;n adecuada a la ambici&oacute;n (1981b: 343&#45;344). Uno podr&iacute;a abordar cada uno de estos supuestos defectos por separado; lo que Dworkin propone es una teor&iacute;a alternativa de la justicia distributiva que se deshaga de los tres de un plumazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;cleo de este planteamiento se logra al conjugar dos "principios gemelos" (2000: 324, 340; v&eacute;ase tambi&eacute;n 2006: 98, 103&#45;104): "la preocupaci&oacute;n igualitaria" <i>(equal concern)</i> o la idea de que para la comunidad pol&iacute;tica es igualmente importante que la vida de cada persona sea buena, y "la responsabilidad personal" o la idea de que el destino de cada persona sea sensible a sus propias elecciones. De estos principios se sigue que la justicia distributiva consiste en lograr que la participaci&oacute;n (<i>share</i>) en los recursos por parte de las personas sea tanto sensible a la ambici&oacute;n como no sensible a las dotaciones, sensible a las elecciones de las personas y no sensible a sus circunstancias (Dworkin 1981b: 311; 2000: 322&#45;323). Para dar a estas exigencias abstractas una expresi&oacute;n m&aacute;s precisa, Dworkin emplea dos dispositivos &#151;una subasta competitiva y un plan de seguros hipot&eacute;tico&#151; los cuales tienen por objetivo especificar c&oacute;mo la distribuci&oacute;n justa puede mantenerse sensible a la ambici&oacute;n mientras se vuelve no sensible las donaciones en el espacio de los recursos personales e impersonales, respectivamente. O al menos as&iacute; parece.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer dispositivo nos invita a imaginar una situaci&oacute;n en la cual un grupo de n&aacute;ufragos llegan a una isla desierta. Un subastador es el encargado de vender todos los bienes encontrados en la isla, cada uno dividido tan finamente como sea posible. Cada sobreviviente del naufragio est&aacute; dotado de un n&uacute;mero igual de conchas de almeja y est&aacute; instruido para usarlas todas, y nada m&aacute;s, para pujar p&uacute;blicamente por estos bienes sobre la base de toda la informaci&oacute;n relevante. La subasta se detiene y los bienes se distribuyen entre los n&aacute;ufragos cuando cada concha est&aacute; comprometida y cada bien asignado al mejor postor. Como resultado de este proceso, el paquete asignado a cada persona puede plausiblemente interpretarse como si tuviera el mismo <i>valor</i> que el paquete asignado a cualquier otra en el sentido de que el <i>costo de oportunidad</i> para los otros es el mismo. Lo que la subasta propone es "que la verdadera medida de los recursos sociales dedicados a la vida de una persona se fija al preguntar qu&eacute; tan importante es el recurso para otros" (1981b: 288).<sup><a href="#nota">7</a></sup> Por lo tanto, al hacer que la cantidad de los bienes que cada persona recibe sea importante por la raz&oacute;n de que son valiosos para las otras personas, se puede decir que la subasta hace que la distribuci&oacute;n de los bienes en la isla sea sensible a la ambici&oacute;n. Al otorgar a cada uno de los n&aacute;ufragos un n&uacute;mero igual de conchas, se puede decir que la subasta hace que la distribuci&oacute;n sea sensible a la dotaci&oacute;n. O al menos podr&iacute;a ser as&iacute; si solamente los recursos impersonales fueran importantes. Sin embargo, lo que las personas puedan llegar a conseguir con los bienes asignados depender&aacute; tambi&eacute;n de sus recursos personales, esto es, sus talentos. Es por esta raz&oacute;n que necesitamos un segundo dispositivo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea principal es que la disponibilidad del seguro transforme la suerte en bruto <i>(brute luck)</i> &#151;que la sensibilidad a las dotaciones nos exige neutralizar&#151; en suerte electiva <i>(option luck),</i> cuyos resultados la sensibilidad a la ambici&oacute;n nos exige asumir. La suerte en bruto no es elegida mientras la suerte electiva es el resultado de una apuesta voluntaria. Aquellos que optan por dicha apuesta y pierden no pueden reclamar a los que ganan. Y a los se abstienen de apostar no les deben nada los que apuestan y ganan, ni les deben nada a los que apuestan y pierden (1981b: 292&#45;295). En la primera mejor versi&oacute;n de este plan de seguros hipot&eacute;tico, Dworkin nos pide imaginar que conocemos la distribuci&oacute;n de todos los talentos y las discapacidades de los integrantes de nuestra sociedad, as&iacute; como nuestras preferencias personales, incluyendo nuestra aversi&oacute;n al riesgo, y nos pide especificar qu&eacute; tanto nos asegurar&iacute;amos bajo estos supuestos para cada riesgo posible, si la probabilidad de tener cualquier talento o discapacidad fuera la misma para todos, tomando en cuenta que, con suerte, las recompensas que se pagasen tendr&iacute;an que cubrir las indemnizaciones a recibir &#151;de no tener suerte&#151;, cada una ponderada por las probabilidades de las situaciones que las produjeran (1981b: 276&#45;277). Si pudiera realizarse, este ejercicio aportar&iacute;a un conjunto de vectores personal&#45;espec&iacute;ficos de sumas totales (<i>lump&#45;sum</i>) de impuestos y transferencias, cada uno correspondiendo a una posible dotaci&oacute;n de recursos personales de las personas interesadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mundo real, cada persona tiene una dotaci&oacute;n tal y, dependiendo de lo que resulte ser y de las elecciones que hayan tomado bajo el velo de la ignorancia, esto es, bajo el supuesto de distribuciones de probabilidad id&eacute;nticas para todos, terminar&aacute; con una recompensa a pag&aacute;rsele o una indemnizaci&oacute;n a recibir. La situaci&oacute;n resultante &#151;la distribuci&oacute;n <i>ex post</i> de paquetes&#151; no est&aacute; libre de envidia. Sin embargo, ella no es el reflejo injusto de la suerte en bruto <i>ex ante,</i> sino el resultado justo de la suerte electiva <i>ex post:</i> cada persona pudo haber escogido asegurarse cuantiosamente contra la discapacidad la falta de talento en cualquier caso, y si esta persona no lo hiciere, no podr&iacute;a quejarse de que ello es injusto. El dispositivo del seguro, dice Dworkin: "tiene por objetivo hacer a las personas iguales ante el riesgo <i>ex ante</i> de mala suerte y no en las circunstancias <i>ex post,</i> una vez que la mala suerte ataca" (2000: 346).<sup><a href="#nota">8</a></sup> La no sensibilidad a las dotaciones se logra al pedir a cada quien que asuma, contraf&aacute;cticamente, que las probabilidades de la buena y la mala suerte en bruto son las mismas para todos. La sensibilidad a la ambici&oacute;n exige que la gente asuma las consecuencias de las elecciones que ha hecho, o m&aacute;s bien de las elecciones que se les pueden atribuir plausiblemente bajo aquellas circunstancias contraf&aacute;cticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su formulaci&oacute;n previa (1981a y 1981b) hasta sus escritos m&aacute;s recientes sobre el tema (2000; 2002; 2004; 2006), el dispositivo del seguro figura en el n&uacute;cleo del enfoque de Dworkin. Sin embargo, como se ha explicado, tiene el prop&oacute;sito de hacer a la distribuci&oacute;n justa sensible a la dotaci&oacute;n s&oacute;lo en lo referente a recursos personales. En materia de recursos impersonales, al parecer es la subasta la que debiera guiarnos. Si esto es correcto, la distribuci&oacute;n equitativa de las conchas entre los sobrevivientes del naufragio sugiere que Dworkin estar&iacute;a a favor de un impuesto del 100% sobre todas las donaciones y legados, sugerencia confirmada ulteriormente por el recordatorio sistem&aacute;tico de Dworkin de que debe suponerse que su plan de seguros opera en un contexto de igualdad de riqueza. Sin embargo, &eacute;l se resiste a esta implicaci&oacute;n, en virtud de que esto implicar&iacute;a restringir severamente el uso que las personas podr&iacute;an hacer de sus posesiones: ellas podr&iacute;an consumir libremente lo que tienen pero les estar&iacute;a vedado d&aacute;rselo a otros. En su art&iacute;culo original, Dworkin deja de lado cautelosamente "la problem&aacute;tica cuesti&oacute;n de la herencia" (1981b: 334&#45;335). Al volver a la cuesti&oacute;n dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, &eacute;l hace una propuesta muy diferente. No se trata de la subasta sino de un segundo y distinto plan hipot&eacute;tico de seguros que deber&iacute;a guiar nuestros esfuerzos para lograr la no sensibilidad a las dotaciones impersonales: "Del mismo modo que hemos imaginado a tutores que contratar&iacute;an seguros para los discapacitados y los desempleados en nombre de personas que a&uacute;n no han nacido, podr&iacute;amos imaginarlos contratando un seguro frente a la posibilidad de tener la mala suerte de haber sido concebidos por padres que podr&iacute;an darles o legarles relativamente poco" (2000: 347&#45;348). Sin embargo, Dworkin sent&iacute;a claramente que esto no estaba del todo bien: "Estoy ansioso, como siempre, de otras sugerencias" (2002: 125).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es solamente en su respuesta a Michael Otsuka (2004) que las cosas toman su lugar. En ella admite que debi&oacute; de haber "dado una diferente (y ahora pienso que mejor) descripci&oacute;n del impuesto a las donaciones y herencias como una prima de seguros. Bajo dicha descripci&oacute;n, tales impuestos no recaen en el donante, como lo asum&iacute;a mi argumento, sino en el destinatario de la donaci&oacute;n o del legado &#91;...&#93;" (2004: 353). El resultado de esta revisi&oacute;n es que la sensibilidad a las dotaciones ahora se alcanza a trav&eacute;s de un solo plan hipot&eacute;tico de seguros en el cual las donaciones y las sucesiones se agrupan junto con los talentos y las discapacidades entre las dimensiones de la buena y la mala suerte en bruto para ser transformadas en suerte electiva por el r&eacute;gimen de seguros. En la primera mejor versi&oacute;n de este plan, se nos pide que imaginemos todas las combinaciones posibles de dotaciones personales e impersonales junto con sus probabilidades asociadas y calcular qu&eacute; tan cuantiosa podr&iacute;a ser la prima que estuvi&eacute;ramos dispuestos a pagar o qu&eacute; tan elevada podr&iacute;a ser la indemnizaci&oacute;n que quisi&eacute;ramos recibir en cada una de estas situaciones posibles, bajo la suposici&oacute;n de que tenemos la misma probabilidad que cualquier otra persona de estar en cada una de ellas, y bajo la constricci&oacute;n de que las primas deben cubrir probabil&iacute;sticamente las indemnizaciones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>RONALD DWORKIN Y LOS RECOLECTORES DE LAS PLAYAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que emerge es un constructo fascinante &#151;un genuino <i>tour de force</i> intelectual&#151;, a pesar de que es uno que involucra una intimidante cantidad de gimnasia intelectual, y adem&aacute;s requiere de informaci&oacute;n que inevitablemente no est&aacute; disponible, e incluso si lo estuviera para algunas personas no se podr&iacute;a esperar que fuese verazmente revelada.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Dworkin est&aacute; consciente de estas dificultades y por lo tanto recurre al</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">nivel de aseguramiento de todo tipo que podemos suponer con seguridad que <i>la mayor&iacute;a de las personas razonables</i> habr&iacute;an contratado si la riqueza de la comunidad hubiera sido dividida equitativamente y si, pese a que todos conocieran las probabilidades generales de distintas formas de mala suerte, nadie tuviera ninguna raz&oacute;n para pensar que &eacute;l mismo ya hubiese tenido esa mala suerte o hubiese tenido mejores o peores probabilidades de sufrirla que cualquier otra persona (2006: 115&#45;116, cursivas m&iacute;as).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s expl&iacute;citamente:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una comunidad que adopta el esquema de seguridad de preocupaci&oacute;n igualitaria debe abordar la cuesti&oacute;n contraf&aacute;ctica estad&iacute;sticamente antes que individualmente. Debe preguntar, en general, <i>qu&eacute; nivel de cobertura contra los</i> <i>riesgos de una caracter&iacute;stica dada parecer&iacute;a razonable para la mayor&iacute;a de las personas en la comunidad, o para la persona promedio, o algo de ese tipo,</i> dada la estructura de primas probable y dadas las necesidades, gustos y ambiciones de la mayor&iacute;a de las personas. Se requiere por supuesto de juicio para responder incluso una pregunta tan vaga, y diferentes ciudadanos y funcionarios podr&iacute;an responderla de forma distinta. Pero casi todas las respuestas se encontrar&iacute;an dentro de un cierto rango (2000: 345, cursivas m&iacute;as).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que el costo de obtener informaci&oacute;n individualizada confiable ser&iacute;a sumamente alto, usar supuestos razonables sobre el promedio puede proporcionar desviaciones considerables de las elecciones que algunos individuos habr&iacute;an hecho, estando a&uacute;n en el inter&eacute;s de todos (2002: 111&#45;112).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La aproximaci&oacute;n resultante, que Dworkin conjetura, ser&aacute; la de un r&eacute;gimen financiado impositivamente que cubre un n&uacute;mero espec&iacute;fico de riesgos. &iquest;Qu&eacute; clase de gravamen? Un impuesto progresivo al ingreso m&aacute;s que impuestos diferenciados de suma total sobre las donaciones, debido a la dificultad de identificar y evaluar el valor de los talentos de una persona (v&eacute;anse 1981b: 325&#45;326; 2002:126&#45;9). &iquest;Qu&eacute; tipo de riesgos espec&iacute;ficos? En primer lugar, "las discapacidades ordinarias", tales como la ceguera o la sordera, con un nivel de prima e indemnizaci&oacute;n fijada en funci&oacute;n de la persona promedio (1981b: 277&#45;279). En segundo lugar, la carencia de habilidades suficientes para lograr un nivel m&iacute;nimo de ingresos. Esto puede tomar un n&uacute;mero de formas diferentes, desde un subsidio por desempleo hasta programas de entrenamiento y empleo, m&aacute;s o menos disuasivos para los "gorrones" (2000: 336&#45;338). Pero puede conjeturarse que la pol&iacute;tica m&iacute;nima de ingreso que la persona promedio (o la mayor&iacute;a de las personas razonables) podr&iacute;an suscribir garantizar&iacute;a un nivel de ingreso no m&aacute;s bajo que los subsidios por desempleo ni los salarios m&iacute;nimos en el Reino Unido y en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica (1981b: 320), o al menos no m&aacute;s bajos que el umbral de la pobreza de la comunidad (2000: 335), y adem&aacute;s "estipular&aacute; que el beneficiario intenta mitigar su situaci&oacute;n mediante la b&uacute;squeda de empleo" (2000: 336, v&eacute;anse tambi&eacute;n 1981b: 325&#45;326; 2002: 114). A fin de dar cabida a consideraciones moderadamente paternalistas y de cerrarle al paso a los vividores (<i>free riders</i>)<i>,</i> parte de este esquema de renta m&iacute;nima se puede proporcionar en especie, especialmente en la forma de un paquete b&aacute;sico de asistencia m&eacute;dica (2002: 114&#45;115).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de todos estos compromisos, el enfoque sobre la justicia as&iacute; resumido es, de acuerdo con Dworkin, superior al de Rawls, sobre todo porque es m&aacute;s sensible a la responsabilidad. Particularmente, aquellos que eligen una forma de vida improductiva deben pagar el precio de esta elecci&oacute;n al neg&aacute;rseles una renta. En contraste a lo que &eacute;l identifica como la perspectiva de Rawls, aquellos que optan por la "ociosidad" no pueden sobrevivir a expensas de la "clase media trabajadora" (2000: 330&#45;331). La concepci&oacute;n de la justicia distributiva de Rawls es, afirma Dworkin, inapropiadamente blanda con aquellos que "prefieren recolectar en las playas" (<i>comb beaches</i>) (2006: 104). Esta cr&iacute;tica no es exactamente justa para Rawls por dos razones. En primer lugar, no toma en cuenta la inclusi&oacute;n del ocio por parte de Rawls en el &iacute;ndice de ventajas, motivada justamente por este tipo de cr&iacute;tica. En segundo lugar y de modo m&aacute;s fundamental, malinterpreta el principio de diferencia al aplicarlo a los puntajes de los individuos en vez de a las expectativas de vida asociadas a las posiciones sociales: una vez que se interpreta en t&eacute;rminos de igualdad de oportunidades, el principio de diferencia es mucho m&aacute;s sensible a la responsabilidad de lo que Dworkin lo hace parecer. Es m&aacute;s, surge la pregunta de si la versi&oacute;n m&aacute;s coherente de la teor&iacute;a de Dworkin no lo obliga a ser m&aacute;s blando con los recolectores de las playas de lo que &eacute;l est&aacute; inclinado a ser.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dworkin concede desde una etapa temprana, como lo har&iacute;a Rawls, que aunque el plan de seguros justificara un sistema de transferencias enfocado a los desempleados involuntarios, "quiz&aacute; una forma m&aacute;s general de transferencia, como un impuesto negativo al ingreso, probar&iacute;a en el balance ser m&aacute;s eficiente y justo, a pesar de las dificultades que presentan tales esquemas. Y cualesquiera que sean los instrumentos que se hayan escogido para acercar la distribuci&oacute;n a la igualdad de recursos, indudablemente alg&uacute;n tipo de ayuda se destina a aquellos que han evitado trabajar en vez de buscar empleo" (1983: 208). Sin embargo, est&aacute; claro que, desde la perspectiva de Dworkin, tal indulgencia para con los recolectores de playas ser&iacute;a un punto de partida deplorable para lo que la justicia requiere: "Esto es lamentable, ya que ofende a uno de los dos principios que en conjunto crean la igualdad de los recursos. Sin embargo nos acercamos m&aacute;s a aqu&eacute;l ideal al tolerar esa desigualdad que al negar la ayuda al n&uacute;mero mucho mayor que trabajar&iacute;a si pudiera hacerlo" (<i>ib&iacute;d</i>.). Uno podr&iacute;a interpretar en la misma l&iacute;nea la concesi&oacute;n ulterior que Dworkin hace en sus escritos m&aacute;s recientes cuando agrega la pobreza infantil a los riesgos que el esquema de seguridad deber&iacute;a darnos la posibilidad de prevenir: "&iquest;cu&aacute;nta seguridad contratar&iacute;an los ni&ntilde;os y en qu&eacute; t&eacute;rminos en contra de nacer de padres indigentes y desempleados?" (2000: 339). Como es dif&iacute;cil apartar a los ni&ntilde;os de la pobreza evitando, ya sea privarlos de sus padres &#151;algo que Dworkin no propugna&#151; o ya sea apartando tambi&eacute;n a los padres de la pobreza &#151;hayan ellos o no "evitado trabajar en vez de buscar empleo"&#151;, esta sensible extensi&oacute;n del esquema de seguridad genera indulgencia para una desviaci&oacute;n adicional a la que la justicia idealmente requerir&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, y de forma an&aacute;loga al ejemplo de Rawls, la &uacute;nica revisi&oacute;n importante de Dworkin a su concepci&oacute;n de la justicia distributiva desde su art&iacute;culo original &#151;a saber, la integraci&oacute;n completa de los recursos impersonales al plan de seguros en la versi&oacute;n de su teor&iacute;a de 2004&#151; hace que el sostener a los recolectores de la playa se convierta en una posible implicaci&oacute;n de la justicia misma. En el primer intento de Dworkin de ampliar el plan de seguros a donaciones y herencias (como se describe en la secci&oacute;n previa), suger&iacute;a que los r&eacute;ditos de los impuestos justificados de esta forma debieran estar etiquetados para gastos espec&iacute;ficos: "no para los subsidios del desempleo ni asistencia m&eacute;dica pero s&iacute; para la educaci&oacute;n p&uacute;blica, pr&eacute;stamos de educaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n as&iacute; como otros programas que disminuyen el impacto de cualquier estratificaci&oacute;n econ&oacute;mica que persista despu&eacute;s de que el impuesto haya sido recaudado" (2000: 349). &iquest;A qu&eacute; se debe tal restricci&oacute;n? A que la desigualdad en la riqueza heredada s&oacute;lo es importante en su perspectiva para fines de comparaci&oacute;n, y por lo tanto los impuestos y las transferencias deben enfocarse exclusivamente a "proteger en contra de la estratificaci&oacute;n econ&oacute;mica" al permitir que (algunos de) los menos ricos "alcancen" (<i>catch up</i>) a los ricos. Esta sugerencia, que sabiamente no se repite cuando se le dio forma final y m&aacute;s coherente al programa amplio de seguros (2004: 353), es poco convincente, y de hecho, francamente bizarra por tres razones:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, no hay raz&oacute;n por la cual las personas debieran interesarse m&aacute;s en la dotaci&oacute;n de sus recursos impersonales s&oacute;lo por su posici&oacute;n relativa en la jerarqu&iacute;a de clases, que por el valor absoluto de lo que les permiten adquirir, tal como comprar una casa cuando se empieza una familia, o establecerse en una actividad m&aacute;s agradable, pero menos lucrativa que la que, de otra forma, estar&iacute;an obligados a aceptar. En segundo lugar, si existe un caso plausible para que los r&eacute;ditos de los impuestos a las donaciones y los legados sean etiquetados de alguna forma, &eacute;ste debe ser el de proveer un capital universal b&aacute;sico, tal como lo propuso toda una l&iacute;nea de reformadores sociales, desde Paine (1796) y Huet (1853) hasta Ackerman y Alstott (1999). Finalmente y a&uacute;n m&aacute;s importante, una vez que extendido a todas las situaciones definidas tanto por las dotaciones personales como las impersonales, no existe raz&oacute;n por la cual el plan de seguros hipot&eacute;tico cree tales lazos entre recompensas e indemnizaciones espec&iacute;ficas. Sin embargo, tampoco existe raz&oacute;n alguna por la cual las personas solamente deban interesarse en conseguir un poder adquisitivo m&iacute;nimo, independientemente de qu&eacute; tan estrecho sea el margen de elecci&oacute;n que tengan para lograrlo. Bajo el velo de la ignorancia de Dworkin, los "locos", que solamente est&aacute;n interesados en el dinero, elegir&aacute;n estar obligados a aceptar cualquier trabajo si ocurriese que fueran poco calificados, de modo que podr&iacute;an reducir los impuestos si resultase que tuvieran habilidades altamente lucrativas. Sin embargo, los "flojos", que s&oacute;lo se interesan por su calidad de vida, optar&iacute;an por un plan que les otorgue una renta m&iacute;nima incluso si no optasen por ninguno de los trabajos a los que sus escasas habilidades o sus obligaciones familiares les dan acceso, lo cual les har&iacute;a pagar impuestos m&aacute;s altos si resultase que sus habilidades les dieran acceso a un trabajo bien remunerado que no piensan desempe&ntilde;ar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo esta luz, el enfoque de la sensibilidad a la responsabilidad de Dworkin ya no supone que "recompensar a aquellos que eligieron no trabajar con el dinero que proviene de los impuestos de quienes s&iacute; trabajan" es "esencialmente incorrecto porque es injusto", ni "que las transferencias forzadas de la hormiga a la cigarra sean esencialmente injustas" (2000: 329). Aunque es improbable que un impuesto negativo modesto sobre la renta sea un&aacute;nimemente escogido bajo el velo de la ignorancia &#151;los "locos" no optar&iacute;an por ello&#151;, parece m&aacute;s plausible que los "flojos", tal como se describieron anteriormente, escogieran algo como eso, no como una forma de aprovecharse <i>(free&#45;riding)</i> del trabajo de los "locos", sino como parte de su propio plan actuarial de seguros hipot&eacute;tico justo y sensible a la ambici&oacute;n. En el primer mejor plan individualizado, la m&eacute;trica del mercado impulsado por la responsabilidad implica que los "flojos", que escoger&iacute;an declinar actividades recompensadas por el mercado, tendr&iacute;an que asumir, en la forma de una renta m&aacute;s baja, el costo de oportunidad de sus elecciones. Pero esto posiblemente no implica que cualquier transferencia al ocioso voluntario pudiera ser una concesi&oacute;n a la injusticia, al menos dentro del marco de la (impracticable) primera mejor versi&oacute;n del esquema de Dworkin. &iquest;Qu&eacute; tal si cambi&aacute;semos a la segunda mejor, y m&aacute;s realista, versi&oacute;n del plan, cuyo objetivo es rastrear las elecciones de "la persona promedio" o de las "las personas m&aacute;s sensatas"? Ciertamente, no deber&iacute;a imitar el esquema preferido por los flojos, pero tampoco el de los locos, como Dworkin tan ansiosamente lo dio por hecho. Partir del plan preferido por los locos no es ni m&aacute;s ni menos lamentable que hacerlo desde el de los flojos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ir&oacute;nicamente, resulta por lo tanto que las principales revisiones hechas por Rawls y por Dworkin en sus respectivas teor&iacute;as de la justicia distributiva &#151;esto es, la inclusi&oacute;n del tiempo libre en el principio de diferencia y la inclusi&oacute;n de las donaciones y las herencias bajo el plan de seguros&#151; tienen una consecuencia en com&uacute;n. El hecho de permitir que los recolectores de las playas y los surfistas de Malib&uacute; sean frugalmente alimentados no tiene que considerarse como una concesi&oacute;n deplorable para los vividores, sino que puede pensarse &#151;bajo condiciones contingentes, pero aun as&iacute; f&aacute;cticamente plausibles&#151; como parte de la estructura b&aacute;sica suscrita por la concepci&oacute;n igualitaria de la justicia sensible a la responsabilidad. Sin embargo, en ambos casos esto sigue siendo una justificaci&oacute;n muy condicional de una muy modesta renta incondicional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA M&Aacute;S ALTA RENTA B&Aacute;SICA SUSTENTABLE</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Real Freedom for All</i> (1995), propuse otra concepci&oacute;n laxa de la justicia distributiva en t&eacute;rminos de igualdad de oportunidades, pero una que termina otorgando una primera mejor justificaci&oacute;n para una renta b&aacute;sica incondicional. &iquest;C&oacute;mo es ello posible? En el marco de nuestra discusi&oacute;n anterior, esta pregunta se puede contestar m&aacute;s convenientemente si regresamos a la teor&iacute;a de Dworkin. Como se mencion&oacute; anteriormente, inicialmente parec&iacute;a que Dworkin ofrec&iacute;a una concepci&oacute;n dual de la justicia distributiva con la subasta competitiva que cubr&iacute;a los recursos impersonales y el plan de seguros hipot&eacute;tico que cubr&iacute;a los recursos personales. Subsecuentemente confin&oacute; la subasta a la funci&oacute;n (crucial), tras bastidores, de justificar el uso de la m&eacute;trica del mercado, y sujet&oacute; tanto los recursos personales como los impersonales al esquema de seguros. Puede decirse del planteamiento que desarroll&eacute; en <i>Real Freedom for All</i> que hace exactamente lo contrario. Esto implica aumentar dram&aacute;ticamente el alcance de la subasta mientras que se relega un an&aacute;logo funcional del plan de seguros &#151;el criterio de la diversidad no dominada&#151; a un papel residual contra&iacute;do. &iquest;Qu&eacute; motiv&oacute; esta jugada? Fundamentalmente la convicci&oacute;n de que las oportunidades que recibimos en vida no pueden conceptualizarse adecuadamente &#151;como lo hacen Dworkin y la mayor&iacute;a de los planteamientos liberal&#45;igualitarios de la justicia distributiva (pero no Rawls)&#151; en t&eacute;rminos de nuestras dotaciones de recursos personales e impersonales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intuici&oacute;n subyacente es captada en formato d&eacute;bil por las llamadas teor&iacute;as de eficiencia salarial del desempleo involuntario, tal como las desarrollaron Joseph Stiglitz, George Akerlof, Samuel Bowles y otros. A trav&eacute;s de diversos mecanismos, se puede incrementar la productividad de los trabajadores como resultado de que sus empleadores les paguen un salario mayor al requerido para retenerlos. El resultado es que el salario que maximiza ganancias excede el salario de equilibrio del mercado laboral y por lo tanto el desempleo involuntario persistir&aacute; en situaci&oacute;n de equilibrio &#151;en contraste con los llamados modelos walrasianos, donde la productividad no responde al nivel de pago y donde el salario medio es por lo tanto, necesariamente, el salario de equilibrio del mercado. Al parecer, incluso en las m&aacute;s perfectas circunstancias competitivas &#151;informaci&oacute;n completa, entrada y salida exentas de costo, ausencia de legislaci&oacute;n salarial o de negociaci&oacute;n colectiva, etc&eacute;tera&#151;, se puede esperar que a las personas dotadas con los mismos recursos personales e impersonales se les otorguen oportunidades muy desiguales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que se capta en el aire altamente purificado de estos modelos te&oacute;ricos es solamente la peque&ntilde;a y bien ordenada punta de un iceberg inmenso y desordenado. En la vida real, las oportunidades que disfrutamos est&aacute;n configuradas en formas complejas y altamente impredecibles por la interacci&oacute;n de nuestros rasgos gen&eacute;ticos con un sinn&uacute;mero de circunstancias: desde haber tenido un maestro de primaria agradable o un socio de negocios creativo, hasta haber aprendido el idioma adecuado u obtenido una propina por el trabajo correcto en el momento preciso. Una vez que tenemos todo esto en mente, ya no tiene sentido tratar de imaginar, como nos lo demanda el primer mejor planteamiento de Dworkin, todas las posibles dotaciones de recursos personales e impersonales que podr&iacute;amos haber tenido, y determinar en qu&eacute; grado nos habr&iacute;amos asegurado en contra de aquellas dotaciones que pudi&eacute;semos considerar desafortunadas. La alternativa es observar directamente los empleos y otros nichos de mercado incorporando recompensas muy desiguales, a las que tenemos un acceso muy desigual por una desordenada combinaci&oacute;n de factores. Son estas recompensas, y no s&oacute;lo la cantidad mucho menor que toma la forma de donaciones y legados la que debe convertirse en objeto de la subasta de Dworkin. &Eacute;sta es la principal caracter&iacute;stica distintiva del planteamiento propuesto en <i>Real Freedom for All.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Innecesario decir que esta asimilaci&oacute;n de empleos a recompensas no est&aacute; libre de controversias. &iquest;No es socavada, por ejemplo, por el hecho de que uno generalmente necesita hacer algo con el fin de obtener un empleo y mantenerlo? Este hecho innegable no crea una diferencia fundamental con respecto a las donaciones o los legados. Asistir educadamente a las aburridas reuniones de t&eacute; de tu t&iacute;a podr&iacute;a ser una de las condiciones necesarias para no ser olvidado en su testamento. Pero esta inversi&oacute;n tuya no te hace "merecer" el gran trozo de riqueza que posee una persona con la que casualmente est&aacute;s relacionado. De forma similar, el hecho de que uno tenga que ir a la oficina cada ma&ntilde;ana y trabajar ah&iacute;, no lo hace "merecer" el salario completo que uno pueda ganar, en virtud de una combinaci&oacute;n de circunstancias, que en su mayor&iacute;a no son menos arbitrarias que el hecho de que uno de nuestros padres tiene una hermana rica. En lenguaje dworkiniano, nuestras elecciones y esfuerzos movidos por la ambici&oacute;n, incluyendo aquellos que involucran la suerte electiva, operan todos en el trasfondo de una masiva suerte en bruto. Sea lo que haya sido que alimentara convicci&oacute;n de aplicar impuestos a las donaciones y herencias en el dispositivo de la subasta, deber&iacute;a extenderse resueltamente gravar los empleos, distribuyendo los r&eacute;ditos justo como las conchas de Dworkin en la forma de una renta b&aacute;sica incondicional. Lo que se haya conseguido de ese modo no debe malinterpretarse como una igualaci&oacute;n de resultados &#151;este es un malentendido tan tentador como serio aqu&iacute; como lo ser&iacute;a en el caso del principio de diferencia de Rawls&#151;, sino como una igualaci&oacute;n de oportunidades. Al conceder una renta b&aacute;sica para todos, uno iguala lo que reciben las personas, y no lo que logran con lo que reciben.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;No existe acaso el riesgo de sobrepasar la meta? &iquest;C&oacute;mo puede uno estar seguro de que s&oacute;lo se est&aacute; gravando el componente de "premio" de los empleos? En la perspectiva del igualitarismo laxo que <i>Real Freedom for All</i> propone establecer, esto es muy simple: solamente cobrar impuestos a modo de maximizar sustentablemente el rendimiento fiscal (<i>tax yield</i>)<i>,</i> recurriendo s&oacute;lo a impuestos predecibles, completamente anticipados por todos los agentes econ&oacute;micos. M&aacute;s expl&iacute;citamente, tomar en cuenta consideraciones de eficiencia &#151;tal como el igualitarismo laxo recomienda que hagamos&#151; implica suscribir aquellas desigualdades que son m&aacute;s que una compensaci&oacute;n para los esfuerzos productivos, t&iacute;picamente de mayor compromiso que s&oacute;lo beber t&eacute; ocasionalmente con nuestra t&iacute;a. No s&oacute;lo avala grandes recompensas para aquellos que casualmente est&eacute;n dotados con talentos m&aacute;s valiosos, sino tambi&eacute;n, por ejemplo, para aquellos que eventualmente toman ventaja de la informaci&oacute;n distribuida desigualmente en una econom&iacute;a en flujo permanente, o para aquellos que reciben m&aacute;s que su salario de reserva porque se espera que estimule su productividad. Tratar de capturar completamente el componente de premio de los empleos involucrar&iacute;a un costo "irrazonable" (<i>unreasonable</i>) en el sentido rawlsiano de empeorar la situaci&oacute;n de los desfavorecidos. En el marco de las recompensas propongo, que un igualitarismo sensible a la eficiencia requiere que el beneficio otorgado a aquellos m&aacute;s modestamente dotados sea el m&aacute;s alto posible. &iquest;C&oacute;mo deben determinarse los montos de esas donaciones?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; es cuando me pongo del lado de Dworkin al usar la m&eacute;trica del costo de oportunidad, esto es, en t&eacute;rminos del costo que tiene para otros lo que la donaci&oacute;n exige, el cual se calcula con los precios apropiados del mercado. Si, y s&oacute;lo si, esta m&eacute;trica se adopta, obtendremos una inferencia s&oacute;lida &#151;en el contexto de una econom&iacute;a libre de discriminaci&oacute;n regulada de tal forma que los precios siguen la pista de los costos de oportunidad&#151; en favor de una renta en efectivo incondicionalmente universal otorgada a todos y pagada con los impuestos predecibles de todas las actividades del mercado. &iquest;A qu&eacute; nivel? Al m&aacute;s alto sustentable, es el que mi igualitarismo laxo recomienda. Esto significa que las bases de los impuestos &#151;ganancias, ingreso de capital, transacciones, consumo, valor agregado, etc&eacute;tera&#151; as&iacute; como las tasas y perfiles de los impuestos &#151;lineal, progresivo, regresivo o alguna combinaci&oacute;n&#151; deben escogerse con el fin de maximizar sustentablemente el rendimiento fiscal, bajo la restricci&oacute;n de que sea predecible. La predictibilidad es esencial con el fin de prevenir que la estructura institucional (en tanto distinta de la suerte electiva ajena) tome de un agente econ&oacute;mico m&aacute;s que el valor del beneficio incorporado en sus actividades, y por lo tanto, con el fin de asegurar que, sujeto a que los mercados est&eacute;n funcionando apropiadamente, todos obtengan al menos el ingreso b&aacute;sico universal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Deber&iacute;a darse una cantidad igual a todos de una sola vez a una cierta edad o distribuirla a lo largo de sus vidas, esto es, posiblemente en una proporci&oacute;n menor en la infancia y mayor en la vejez? Debido a motivos parcialmente paternalistas, <i>Real Freedom for All</i> favorece la &uacute;ltima opci&oacute;n, al igual que favorece otorgar parte del apoyo en especie, particularmente en la forma de educaci&oacute;n y asistencia m&eacute;dica gratuitas o subsidiadas en gran parte (v&eacute;ase Van Parijs, 1995: cap. 2). &iquest;Cu&aacute;nto y de qu&eacute; forma? Un experimento mental tras el velo de la ignorancia nos debe proveer de los lineamientos para responder a tales preguntas: "Suponiendo que no tuvi&eacute;semos nada m&aacute;s que el subsidio universal b&aacute;sico y que adem&aacute;s no supi&eacute;ramos nada sobre nuestra esperanza de vida, estado de salud y riesgos, &iquest;c&oacute;mo querr&iacute;amos distribuirlo a lo largo de nuestra vida y cu&aacute;nto desear&iacute;amos asignar a ciertos gastos espec&iacute;ficos?".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esto a&ntilde;ado, en <i>Real Feedom for All,</i> una restricci&oacute;n de diversidad sin dominaci&oacute;n: la justicia requiere que ninguna dotaci&oacute;n integral (esto es, personales e impersonales) para una persona en particular resulte ser un&aacute;nimemente peor que la dotaci&oacute;n integral de cualquier otra persona. Pens&eacute; que esta concesi&oacute;n al enfoque convencional basado en las dotaciones, era necesaria para lidiar con casos notorios de discapacidad que generan desventajas s&oacute;lo muy parcialmente solventadas por un menor acceso a los empleos y otras oportunidades del mercado. Pero ahora creo que esta adici&oacute;n no es esencial. Una vez que se ha reconocido que la justicia distributiva debe definirse en primera instancia a nivel global,<sup><a href="#nota">10</a></sup> la clase de experimento mental requerido para aplicar el criterio de la diversidad sin dominaci&oacute;n se vuelve a&uacute;n m&aacute;s truculento de lo que es en un contexto dom&eacute;stico, e incluso mucho menos apto para justificar firmemente transferencias significativas. Para hacer frente a desventajas de car&aacute;cter no pecuniario, uno podr&iacute;a apoyarse en el ejercicio tras el velo de la ignorancia mencionado previamente como una gu&iacute;a para consagrar parte del subsidio a la asistencia m&eacute;dica, tomando en cuenta que dicha asistencia debe estructurarse ampliamente para cubrir, por ejemplo, los dispositivos privados y los acuerdos colectivos que faciliten la movilidad de los ciegos o los discapacitados. Adem&aacute;s, mientras la redistribuci&oacute;n basada en los subsidios puede y debe organizarse en la mayor escala posible, este experimento mental puede ser preferentemente organizado en un nivel descentralizado para que sea sensible a las circunstancias locales y a las preferencias. De modo que los ejercicios basados en el velo de la ignorancia todav&iacute;a tienen un papel que jugar, pero est&aacute;n relegados a una funci&oacute;n subordinada. En fuerte contraste con el &uacute;ltimo Dworkin, una distribuci&oacute;n igual o al menos justa de las conchas para usos m&uacute;ltiples es el instrumento b&aacute;sico. Fundamentalmente, la justicia se logra al garantizar a cada ser humano un derecho m&iacute;nimo a los recursos mundiales tan alto como pueda ser sustentable, en la forma de un subsidio universal e incondicional, presumiblemente en efectivo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>TRES IM&Aacute;GENES ESTILIZADAS DE LA SOCIEDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de lo anterior, el n&uacute;cleo de lo que <i>Real Freedom for All</i> propuso puede expresarse como una articulaci&oacute;n de cuatro elementos. En primer lugar, existe una perspectiva &eacute;tica, compartida con Dworkin, de que la distribuci&oacute;n justa de bienes respecto de los cual nadie tenga derechos previos &#151;como aquellos encontrados por los sobrevivientes del naufragio en (la primera) isla de Dworkin o los empleos escasos en mi econom&iacute;a walrasiana&#151; requiere valoraci&oacute;n por parte de los mercados apropiados. Hacer que la gente pague el verdadero costo de lo que se apropia no s&oacute;lo es eficiente sino justo. En segundo lugar est&aacute; la interpretaci&oacute;n, compartida con Rawls, del igualitarismo laxo en t&eacute;rminos de un <i>maxim&iacute;n</i> sustentable. La igualaci&oacute;n involucra un costo irrazonable cuando provoca que los m&aacute;s desfavorecidos empeoren. En tercer lugar, existe una imagen estilizada de la sociedad como una inmensa m&aacute;quina de distribuci&oacute;n de donaciones, en contraste tanto con la comunidad de Dworkin de individuos desigualmente dotados y con el sistema de Rawls de posiciones sociales interrelacionadas. Son estas donaciones las que deben ser vistas como el sustrato de las oportunidades de las personas. Por lo tanto, es su valor el que debe ser igualado entre individuos, en cualquier caso en la medida recomendada por el criterio <i>maxim&iacute;n</i> sustentable laxo igualitario. Y en cuarto lugar, existe un experimento mental reminiscente de los planteamientos de Norman Daniels (1985) o Ronald Dworkin (2000: cap. 8) sobre asistencia m&eacute;dica, acerca de la forma concreta &#151;perfiles de vida, efectivo contra especie&#151; que debe adoptar el m&aacute;s alto subsidio b&aacute;sico sustentable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos cuatro elementos se combinan para proveer una teor&iacute;a de la justicia distributiva que expresa, como la de Dworkin o la de Rawls, una concepci&oacute;n liberal igualitaria sensible a la responsabilidad y sensible a la eficiencia. La diferencia clave entre Dworkin y Rawls reside en la imagen estilizada de la sociedad que es necesaria para conceptualizar las desigualdades y caracterizar a la justicia. Los clivajes (<i>cleavages</i>) en el taxi de Par&iacute;s no fueron entre distintas intuiciones fundamentales sobre los requerimientos de la justicia sino entre convicciones distintas en cuanto a c&oacute;mo cobra m&aacute;s sentido la representaci&oacute;n de nuestras sociedades y las desigualdades entre sus miembros. Dworkin opta por la perspectiva m&aacute;s com&uacute;n que es adoptada por la mayor&iacute;a de los economistas y muchos de los fil&oacute;sofos que han escrito acerca de la justicia distributiva. Los miembros de la sociedad est&aacute;n dotados desigualmente de poder adquisitivo, talentos, capacidades, etc&eacute;tera, y la justicia requiere que las desigualdades en estas dotaciones internas deban ser corregidas a trav&eacute;s de la distribuci&oacute;n de dotaciones externas. Sin embargo, es solamente en el equilibrio general walrasiano que las dotaciones internas y externas as&iacute; definidas agotan los factores que determinan las oportunidades de vida de las personas. En nuestro mundo desordenado, muchos otros factores juegan un papel que no puede ser relegado al margen como ruido al azar. M&aacute;s que cualquier caracter&iacute;stica espec&iacute;fica, es la inadecuaci&oacute;n de esta imagen estilizada la que motiva mi insatisfacci&oacute;n con la teor&iacute;a de Dworkin y otros planteamientos "ususales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La imagen estilizada de Dworkin es la m&aacute;s com&uacute;n, compartida por ejemplo con Richard Musgrave, Richard Arneson, Gerald A. Cohen y Amartya Sen, pero Rawls propuso una imagen radicalmente diferente. Las personas pueden establecerse en posiciones sociales diferentes por toda clase de razones y las personas establecidas en la misma posici&oacute;n social alcanzan muy diferentes niveles en el &iacute;ndice de ventajas sociales y econ&oacute;micas a lo largo de sus vidas, tambi&eacute;n por todo tipo de razones. Sin embargo, la noci&oacute;n de posici&oacute;n social es enga&ntilde;osa. Funciona mejor en una sociedad con un n&uacute;mero de ocupaciones distintas y estables en las cuales las personas tiendan a permanecer durante la mayor parte de sus vidas. Aplicarla a escala mundial (de forma contraria a la concepci&oacute;n del nivel mundial de la justicia del propio Rawls) y en un mundo en el cual la gente cambia de posiciones constantemente no es imposible. El principio de diferencia simplemente nos pide que nos concentremos en el &iacute;ndice de ventajas sociales y econ&oacute;micas que puedan esperar aquellos que han estado todas sus vidas en la peor posici&oacute;n social, seg&uacute;n la definici&oacute;n del &iacute;ndice. Sin embargo, en cuanto se involucran los trabajos de medio tiempo, carreras truncas, o un desempleo de largo tiempo, nos topamos con la dif&iacute;cil pregunta de c&oacute;mo construir la m&eacute;trica en t&eacute;rminos de qu&eacute; posiciones sociales tengan que compararse, dentro y a trav&eacute;s de los reg&iacute;menes, en particular la pregunta de c&oacute;mo medir los componentes del &iacute;ndice que tienden a estar inversamente correlacionados, en particular el ingreso y el ocio. La soluci&oacute;n propuesta por el mismo Rawls est&aacute; predispuesta en contra del ocio y cualquier resoluci&oacute;n bienestarista es inaceptable para &eacute;l.<sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La alternativa que yo propongo evita, como la de Rawls, la reducci&oacute;n convencional de oportunidades para las dotaciones. Al mismo tiempo, esquiva tanto la necesidad de una nomenclatura de posiciones sociales como la necesidad de proveer un &iacute;ndice neutro (<i>unbiased</i>) que las hiciera comparables. En su lugar, propongo centrarme en las donaciones que todos recibimos, cada una medida por su costo de oportunidad aproximado a los precios del mercado. Maximizar el valor de la donaci&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a es una forma no s&oacute;lo de maximizar la capacidad de consumo de aquellos con la menor capacidad, sino tambi&eacute;n, al ampliar el rango de ocupaciones que podr&iacute;an ocupar viablemente, su capacidad para escoger el tipo de vida que ellos quieren vivir. Tiene, debemos admitirlo, sus propias limitaciones, en particular el hecho de que deja fuera del alcance de la justicia distributiva todas aquellas donaciones que recibimos &#151;incluyendo sin duda algunas de las m&aacute;s importantes en nuestras vidas, tales como el amor de aquellos que amamos&#151; que no est&aacute;n sujetas a impuestos en s&iacute; mismas ni son principalmente una forma de acceder a posiciones que producen a su vez un ingreso gravable.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Sin embargo, tal vez esto sea lo mejor. Quiz&aacute; una concepci&oacute;n de la justicia que impulse el poder de mercado de aquellos que tienen menos poder en el mismo nos sirva bastante bien. De hecho, esto sin duda nos sirve mejor, comparado con las alternativas discutidas, mientras la movilidad crece, la globalizaci&oacute;n se profundiza y el mercado se ampl&iacute;a y estrecha su control. Y aun as&iacute;, quiz&aacute; parad&oacute;jicamente, la renta b&aacute;sica incondicional que acaba justificando constituye una poderosa herramienta para proteger nuestras vidas en contra de la movilidad forzada, la globalizaci&oacute;n destructiva y el sometimiento al despotismo del mercado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ackerman, B., Alstott, A. (1999), <i>The Stakeholder Society,</i> New Haven&#45;Londres: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896138&pid=S1870-0063201400020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barry, B. (2005), <i>Why Does Social Justice Matter?,</i> Nueva York: Wiley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896140&pid=S1870-0063201400020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000), "Universal Basic Income and the Work Ethic", en <i>Boston</i> <i>Review. A Political and Literary Forum,</i> vol. 25, n&uacute;m. 5, octubre&#45;noviembre, Boston, MA: Boston Review, pp. 14&#45;15; tambi&eacute;n en Joshua Cohen y Joel Rogers (eds.) (2001), <i>What's Wrong with a Free Lunch?,</i> Boston: Beacon Press (con textos de Philippe Van Parijs, William A. Galston, Herbert A. Simon, y otros).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896142&pid=S1870-0063201400020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1997), "The Attractions of Basic Income", en Jane Franklin (ed.), <i>Equality,</i> Londres: Institute for Public Policy Research (IPPR), pp. 157&#45;171.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896144&pid=S1870-0063201400020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1996a), "Real Freedom and Basic Income", en <i>Journal of</i> <i>Political Philosophy</i> vol.4, n&uacute;m. 3, septiembre&#45;noviembre, Boston, MA: Association for Political Theory/John Wiley &amp; Sons, pp. 242&#45;276; tambi&eacute;n en Andrew Reeve y Andrew Williams (eds.) (2003), <i>Real Libertarianism Assessed. Political Theory After Van Parijs,</i> Londres: Palgrave Macmillan, pp. 53&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896146&pid=S1870-0063201400020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1996b), "Surfers' Saviour", en <i>Citizen's Income Bulletin,</i> n&uacute;m. 22, julio, Londres: Citizen's Income Research Group (CIRG), pp. 1&#45;4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896148&pid=S1870-0063201400020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1994), "Justice, Freedom, and Basic Income", en Horst Siebert (ed.), <i>The Ethical Foundations of the Market Economy,</i> Tubinga&#45;Ann Arbor, Michigan: Mohr/The University of Michigan Press, pp. 61&#45;89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896150&pid=S1870-0063201400020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1992), "Equality Yes, Basic Income No", en Philippe Van Parijs (ed.), <i>Arguing for Basic Income. Ethical Foundations for a Radical Reform,</i> Londres: Verso, pp. 128&#45;140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896152&pid=S1870-0063201400020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Daniels, N. (1985), <i>Just Health Care,</i> Cambridge: Cambridge University Press (CUP).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896154&pid=S1870-0063201400020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dworkin, R. 2006. <i>Is Democracy Possible Now? Principles for a New Political Debate,</i> Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press (PUP).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896156&pid=S1870-0063201400020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2004), "Ronald Dworkin Replies", en Justine Burley (ed.), <i>Dworkin and his Critics with Replies by Dworkin,</i> Oxford: Blackwell, pp. 339&#45;395.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896158&pid=S1870-0063201400020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2002), <i>"Sovereign Virtue</i> revisited", en <i>Ethics,</i> vol. 113, n&uacute;m 1, octubre&#45;diciembre, Chicago: The University of Chicago Press, pp. 106&#45;143.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896160&pid=S1870-0063201400020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000), <i>Sovereign Virtue: The Theory and Practice of Equality.</i> Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press (HUP).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896162&pid=S1870-0063201400020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990), "Foundations of Liberal Equality", en G. B. Peterson (ed.), <i>The Tanner Lectures on Human Values,</i> vol. XI, Salt Lake City: University of Utah Press, pp. 1&#45;119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896164&pid=S1870-0063201400020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1983), "Why Liberals Should Believe in Equality?", en <i>The</i> <i>New York Review of Books,</i> vol. 30, n&uacute;m. 1, 3 de febrero, Nueva York: The New York Review of Books (NYREV) Inc., pp. 32&#45;35; reimpreso como "Why Liberals Should Care about Equality?", en (1985), <i>A Matter of Principle,</i> Oxford: Oxford University Press (OUP), pp. 205&#45;213.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896166&pid=S1870-0063201400020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1981a), "What is Equality? Part 1: Equality of Welfare", en <i>Philosophy &amp; Public Affairs,</i> vol. 10, n&uacute;m. 3, verano, Princeton, New Jersey: PUP, pp. 185&#45;246; recogido en (2000), <i>Sovereign Virtue,</i> Cambridge, MA: HUP, pp. 11&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896168&pid=S1870-0063201400020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1981b), "What is Equality? Part 2: Equality of Resources", en <i>Philosophy &amp; Public Affairs,</i> vol. 10, n&uacute;m. 4, oto&ntilde;o, Princeton, New Jersey:: PUP, pp. 283&#45;345; tambi&eacute;n en (2000), <i>Sovereign Virtue,</i> Cambridge, Massachusetts: HUP, pp. 65&#45;119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896170&pid=S1870-0063201400020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huet, F. (1853), <i>Le R&egrave;gne social du christianisme,</i> Par&iacute;s&#45;Bruselas: Firmin Didot/Decq.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896172&pid=S1870-0063201400020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otsuka, M. (2004), "Liberty, Equality, Envy, and Abstraction", en J. Burley (ed.), <i>Dworkin and his Critics,</i> Oxford: Blackwell, pp. 70&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896174&pid=S1870-0063201400020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paine, T. (1948) &#91;1796&#93;, "Agrarian Justice", en Philip S. Foner (ed.), <i>The Life and Major Writings of Thomas Paine,</i> Nueva York: The Citadel Press, pp. 605&#45;623.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896176&pid=S1870-0063201400020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, J. (2014), <i>Teor&iacute;a de la justicia,</i> 10a reimpr., M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (FCE).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896178&pid=S1870-0063201400020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2011), <i>Liberalismo pol&iacute;tico,</i> 7a reimpr., M&eacute;xico: FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896180&pid=S1870-0063201400020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2001), <i>Justice as Fairness. A Restatement,</i> Cambridge, Massachusetts: HUP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896182&pid=S1870-0063201400020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999a) &#91;1971&#93;, <i>A Theory of Justice,</i> Cambridge, Massachusetts: HUP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896184&pid=S1870-0063201400020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999b), <i>Collected Papers</i> (Samuel Freeman, ed.), Cambridge, Massachusetts&#45;Londres: HUP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896186&pid=S1870-0063201400020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993), <i>Political Liberalism,</i> Nueva York: CUP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896188&pid=S1870-0063201400020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988), "The Priority of Right and Ideas of the Good", en <i>Philosophy &amp; Public Affairs,</i> vol. 17, n&uacute;m. 4, oto&ntilde;o, Princeton, Nueva Jersey: PUP, pp. 251&#45;276; tambi&eacute;n en John Rawls (1999), <i>Collected Papers</i> (Samuel Freeman, ed.), Cambridge, Massachusetts&#45;Londres: HUP, pp. 449&#45;472.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896190&pid=S1870-0063201400020000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1974), "A Reply to Alexander and Musgrave", en <i>Quarterly</i> <i>Journal of Economics,</i> vol. 88, n&uacute;m. 4, noviembre, Oxford: OUP, pp. 633&#45;655; tambi&eacute;n en John Rawls (1999), <i>Collected Papers</i> (S. Freeman ed.), Cambridge, Massachusetts: HUP, pp. 232&#45;53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896192&pid=S1870-0063201400020000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1967), "Distributive Justice", en Peter Laslett y W. G. Runciman (eds.), <i>Philosophy, Politics, and Society,</i> Third Series, Oxford: Blackwell, pp. 58&#45;82; tambi&eacute;n en John Rawls (1999), <i>Collected Papers,</i> (Samuel Freeman, ed.), Cambridge, Massachusetts&#45;Londres: HUP, pp. 130&#45;153.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896194&pid=S1870-0063201400020000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scanlon, T. (1973), "Rawls' Theory of Justice", en <i>University of Pennsylvania Law Review,</i> vol. 121, n&uacute;m. 5, mayo, Filadelfia, Pennsylvania: University of Pennsylvania Law School, pp. 1020&#45;1069.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896196&pid=S1870-0063201400020000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sturn, R., Dujmovits, R. (2000), "Basic Income in Complex Worlds. Individual Freedom and Social Interdependencies", en <i>Analyse und Kritik. Zeitschrift f&uuml;r Sozialtheorie,</i> vol. 22, n&uacute;m. 2, julio&#45;septiembre, Z&uuml;rich&#45;D&uuml;sseldorf&#45;Sttutgart: Ethics Center&#45;University of Z&uuml;rich/Department of Social Sciences&#45;University of D&uuml;sseldorf/Lucius &amp; Lucius, pp. 198&#45;222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896198&pid=S1870-0063201400020000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., Pechman, J. A., Mieszkowski, P. M. (1967), "Is a Negative Income Tax Practical?", en <i>The Yale Law Journal,</i> vol. 77, n&uacute;m. 1, noviembre, New Haven, Connecticut: The Yale Law School/The Yale Journal Inc., pp. 1&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896200&pid=S1870-0063201400020000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van Parijs, P. (2009), "Egalitarian Justice, Left Libertarianism and the Market" en Stephen de Wijze, Matthew H. Kramer, Ian Carter (eds.), <i>Hillel Steiner and The Anatomy of Justice. Themes and Challenges,</i> Londres: Routledge, pp. 145&#45;162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896202&pid=S1870-0063201400020000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2007), "International Distributive Justice", en Robert E. Goodin, Phillip Pettit, Thomas Pogge (eds.), <i>A Companion to</i> <i>Contemporary Political Philosophy,</i> 2a ed., vol. II, Oxford&#45;Nueva York: Blackwell, pp. 638&#45;652.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896204&pid=S1870-0063201400020000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2002), "Difference Principles", en Samuel Freeman (ed.), <i>The Cambridge Companion to John Rawls,</i> Cambridge, Massachusetts: CUP, pp. 200&#45;240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896206&pid=S1870-0063201400020000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2001), "Real Freedom, the Market and the Family. A Reply", en <i>Analyse und Kritik. Zeitschrift f&uuml;r Sozialtheorie</i>, vol. 23, n&uacute;m. 1, enero&#45;junio, Z&uuml;rich&#45;D&uuml;sseldorf&#45;Sttutgart: Ethics Center&#45;University of Z&uuml;rich/Department of Social Sciences&#45;University of D&uuml;sseldorf/Lucius &amp; Lucius, pp. 106&#45;131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896208&pid=S1870-0063201400020000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995), <i>Real Freedom for All. What (If Anything) Can Justify Capitalsm?,</i> Oxford: OUP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896210&pid=S1870-0063201400020000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1991), "Why Surfers Should Be Fed. The Liberal Case for an Unconditional Basic Income", en <i>Philosophy &amp; Public Affairs,</i> vol. 20, n&uacute;m. 2, primavera, Princeton, Nueva Jersey: PUP, 101&#45;131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896212&pid=S1870-0063201400020000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988), "Rawls face aux libertariens", en Catherine Audard, Jean&#45;Pierre Dupuy, Ren&eacute; S&egrave;ve (eds.), <i>Individu et justice sociale. Autour de John Rawls,</i> Paris: Le Seuil, pp. 193&#45;218; publicado en forma revisada en P. Van Parijs (1991), <i>Qu'est&#45;ce qu'une soci&eacute;t&eacute; juste?,</i> Par&iacute;s: Editions du Seuil, pp. 93&#45;218.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=896214&pid=S1870-0063201400020000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*&nbsp;Se presentaron versiones previas de esta conferencia en el seminario "&Eacute;tica, Econom&iacute;a y el Mercado" (Michael Sandel, Amartya Sen y Philippe Van Parijs, Harvard University, Department of Philosophy, primavera 2008); en el Congreso Anual de la us Basic Income Guarantee Network (Boston, marzo 9, 2008); en la conferencia "Nuevos Acercamientos a la Justicia Distributiva" (Washington University, St. Louis, mayo 13, 2008); en el Yale Law School's Legal Theory Workshop (septiembre 18, 2008); en la 25&ordf; Reuni&oacute;n Anual del Grupo de Septiembre (Nueva York, septiembre 19, 2008), y como la Conferencia Anual de la Joint Joseph Rowntree Foundation/University of York de 2009 (13 de marzo). Agradecimientos especiales a Frank Lovett, John Roemer, Michael Sandel, Tim Scanlon y Amartya Sen por su &uacute;til retroalimentaci&oacute;n. Las secciones finales tambi&eacute;n aparecen como parte de mi contribuci&oacute;n a Stephen de Wijze, Matthew H. Kramer, Ian Carter (eds.), <i>Hillel Steiner and The Anatomy of Justice. Themes and Challenges</i> (Londres: Routledge, 2009).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*** &#91;Adscripci&oacute;n institucional&#93;</i></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i> **** Revista Andamios.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> T&eacute;rmino compuesto del ingl&eacute;s &#91;<i>demo</i>(<i>graphic</i>) + <i>grant</i>&#93;<i>,</i> que en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n refiere en principio a una prestaci&oacute;n <i>(grant)</i> que se otorga con base &uacute;nicamente en criterios demogr&aacute;ficos como la edad o el sexo, y en el contexto iberoamericano ser&iacute;a un equivalente universal de "prestaciones de asistencia social a la poblaci&oacute;n en general" &#91;Nota del editor&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;V&eacute;anse Rawls (1967: 41), (1971/1999a: 275/243); Tobin <i>et al.</i> (1967).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Esto es lo que intent&eacute; hacer en las &uacute;ltimas secciones de mi contribuci&oacute;n al simposio de Par&iacute;s (Van Parijs, 1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;As&iacute; repiti&oacute; en una nota al pie parte de la versi&oacute;n escrita del discurso que dio en la conferencia de Par&iacute;s: "As&iacute; que aquellos que surfean todo el d&iacute;a en la costa de Malib&uacute; deben encontrar una forma de auto sost&eacute;n, y no ser&iacute;an acreedores a los fondos p&uacute;blicos" (Rawls, 1999b: 455, nota 7). Una versi&oacute;n revisada de la conferencia apareci&oacute; despu&eacute;s como un cap&iacute;tulo de <i>Liberalismo pol&iacute;tico,</i> donde insert&oacute; despu&eacute;s de la oraci&oacute;n que se ha mencionado: "Debe entenderse bien que este breve comentario no intenta suscribir ninguna pol&iacute;tica social particular. Hacerlo as&iacute; requerir&iacute;a de un cuidadoso estudio de las circunstancias" (Rawls, 1993: 182, nota 9).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> V&eacute;anse Rawls (1988: 257; 2001: 179). Una versi&oacute;n vaga de la misma idea se puede encontrar en la respuesta de Rawls a una sugerencia de Richard Musgrave: "Aunque me parece que la noci&oacute;n del ocio demanda una aclaraci&oacute;n, podr&iacute;a haber buenas razones para incluirla entre los bienes primarios y por lo tanto en el &iacute;ndice, como Musgrave lo propone" (Rawls 1971: 253).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Literalmente: <i>trade&#45;off,</i> t&eacute;rmino que refiere a una interacci&oacute;n de intercambio entre dos entidades o elementos en la cual uno (o ambos) pierden alguna cualidad definitoria para adquirir otra; o mientras uno aumenta o gana, el otro disminuye o pierde. Una situaci&oacute;n t&iacute;pica se presenta, por ejemplo, cuando alguien tiene que tomar una decisi&oacute;n consciente e informada en cuanto a invertir en un negocio de cierto riesgo, pero con amplias ganancias potenciales, o en otro negocio seguro, pero con un margen de ganancias modesto. Se usa a veces tambi&eacute;n en el Ajedrez para designar el sacrificio de piezas (peones, alfiles) para conservar o ganar otras de m&aacute;s valor &#91;Nota del editor&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Algunas veces Dworkin presenta la asignaci&oacute;n equitativa como uno o m&aacute;s elementos en el conjunto de las asignaciones libres de envidia <i>(envy&#45;free)</i> (1981b: 286&#45;287). Por otro lado, encuentra "dif&iacute;cil ver c&oacute;mo podr&iacute;a existir la injusticia sin la envidia en ese sentido t&eacute;cnico" (2002: 117, n. 19), lo cual sugiere que todas las asignaciones libres de envidia son, por definici&oacute;n, asignaciones equitativas. Tomar&eacute; la primera interpretaci&oacute;n como la m&aacute;s consistente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Consecuentemente, la concesi&oacute;n de Dworkin en cuanto a que la envidia <i>ex post</i> por el trabajo de la estrella de cine muestra que los recursos no est&aacute;n apropiadamente igualadas (1981: 329&#45;331) no est&aacute; justificada, como lo se&ntilde;al&oacute; &eacute;l mismo subsecuentemente (2002). Solamente la condici&oacute;n de ser libre de envidia <i>ex ante</i> es requerida por la justicia distributiva no sensible a las dotaciones y sensible a la responsabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Un primer problema intr&iacute;nseco emana de la relaci&oacute;n causal que existe entre las dotaciones y las preferencias (v&eacute;ase 1981b: 313&#45;314; 315&#45;316). &iquest;Podemos comprender un experimento mental que nos exige abstraer de nuestras dotaciones mientras que retenemos preferencias que no habr&iacute;amos tenido, si no fuese por dichas dotaciones? En segundo lugar, existe un inevitable "toma&#45;y&#45;daca" entre la especificabilidad de la deseabilidad y la especificabilidad de la probabilidad. Para que podamos determinar qu&eacute; tan atractiva o repelente encontrar&iacute;amos una dotaci&oacute;n particular de recursos personales, la nomenclatura de las dotaciones necesita ser de una escala muy fina. Pero entre m&aacute;s fina sea la escala, m&aacute;s dif&iacute;cil ser&aacute; asignarles probabilidades. En tercer lugar, existe un formidable problema de riesgo moral. Aun suponiendo que las personas fueran capaces de determinar la deseabilidad de todas las dotaciones posibles, dadas sus preferencias, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a uno esperar que ellas revelen estas preferencias honestamente?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;ase Van Parijs (2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;V&eacute;ase Van Parijs (1991: 1995: cap. 4).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n sobre la dependencia de mi imagen estilizada del mundo en la penetraci&oacute;n del mercado, v&eacute;anse especialmente Sturn &amp; Dujmovits (2000) y mi respuesta en Van Parijs (2001).</font></p>      ]]></body><back>
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