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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El iconoclasma er&oacute;tico de George Bataille<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Perniola<a href="#info">**</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n del italiano: Israel Covarrubias<a href="#nota">***</a></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Fil&oacute;sofo y pensador italiano. Profesor titular de est&eacute;tica en la Universidad de Roma, "Tor Vergata", Italia. Tambi&eacute;n es director de la revista italiana de estudios culturales y de est&eacute;tica &Aacute;galma.</i></font>	</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EROTISMO DE LA REPRESENTACI&Oacute;N Y EROTISMO ICONOCL&Aacute;STICO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Atribuyendo a la historia de las narradoras "el rol m&aacute;s esencial" y rebajando a meros "accesorios" los cuerpos destinados al placer, Sade en <i>Los 120 d&iacute;as de Sodoma</i> captura con la m&aacute;xima agudeza la esencia del deseo er&oacute;tico y de su dependencia con la mediaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica: "Es opini&oacute;n &#151;escribe&#151; com&uacute;nmente aceptada por los libertinos aut&eacute;nticos que las sensaciones comunicadas por los &oacute;rganos del o&iacute;do son las m&aacute;s excitantes y aquellas cuyas impresiones son las m&aacute;s vivas" (Sade, 1966&#45;1967). Por ello la escucha de la descripci&oacute;n en la medida de que se vuelve m&aacute;s detallada y especificando las acciones sexuales le parece a Sade una condici&oacute;n fundamental de la concupiscencia: el deseo er&oacute;tico no lo suscita la exposici&oacute;n de los cuerpos sino la palabra que los evoca, los analiza y cataloga, al historiar todas las extravagancias de la perversi&oacute;n, todas sus variaciones, todas sus ramificaciones y todas sus realizaciones contingentes. Existe apasionamiento er&oacute;tico s&oacute;lo a trav&eacute;s de la narraci&oacute;n de las pasiones ajenas: mientras que la sexualidad es espont&aacute;nea e inmediata, el erotismo pasa a trav&eacute;s del filtro de la imaginaci&oacute;n; esto implica y exige el doble de la narraci&oacute;n. Por ello, la realizaci&oacute;n del deseo er&oacute;tico es siempre el teatro, la representaci&oacute;n, la puesta en acto de un texto que existe con anterioridad y que es la condici&oacute;n de cualquier pasi&oacute;n. En &eacute;l, el libertinaje se distingue fundamentalmente por el simple agotamiento: es lo que nace en el espacio imaginario abierto por la narraci&oacute;n del deseo de los otros y se cumple en la repetici&oacute;n esc&eacute;nica de un modelo que asume del exterior.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia de la contribuci&oacute;n de Bataille a la historia del concepto de erotismo consiste precisamente en el rechazo de la concepci&oacute;n del libertinaje como representaci&oacute;n y en la reivindicaci&oacute;n de la seriedad &#151;o bien del car&aacute;cter risible&#151; del erotismo. En efecto, la risa es para Bataille la persecuci&oacute;n de la experiencia del conflicto y de lo negativo que Hegel hab&iacute;a denominado con el t&eacute;rmino "serio" <i>(ernst)</i> y por ende no tiene nada que ver con el placer y con lo jocoso. Seriedad y risa son extra&ntilde;as por completo al placer: su afinidad se basa en la com&uacute;n familiaridad con la muerte. El fen&oacute;meno del llanto, que puede ser suscitado tanto por el dolor como por la alegr&iacute;a, expresa bien esta conexi&oacute;n esencial entre seriedad y risa; las l&aacute;grimas brotan por una experiencia de lo imposible que subvierte todo orden, toda ejemplaridad, toda repetici&oacute;n: ellas nos dirigen al concepto de milagro que se expresa en la f&oacute;rmula "imposible, sin embargo aqu&iacute;" (Bataille, 1970&#45;1988a: 257).<sup><a href="#nota">2</a></sup> De este modo, la experiencia del erotismo no es para Bataille la representaci&oacute;n de un texto (una tragedia como en Sade o una comedia como en Restif de la Bretonne), sino acaso es un rito y un sacrificio. Un rito porque involucra la presencia real de aquello que es evocado; un sacrificio porque est&aacute; conectado con la violaci&oacute;n del tab&uacute;, la transgresi&oacute;n del modelo, la voluntad del exceso. El deseo est&aacute; completamente dislocado en relaci&oacute;n con la representaci&oacute;n libertina: no se satisface en la imitaci&oacute;n de un prototipo original, m&aacute;s bien, en su transgresi&oacute;n. Mientras el erotismo libertino nace de la narraci&oacute;n, de la mediaci&oacute;n literaria, Bataille intenta transformar la actividad literaria en algo inmediatamente er&oacute;tico y cruento, af&iacute;n a la muerte y al orgasmo. La esencia del erotismo libertino se encuentra en la representaci&oacute;n, la esencia del erotismo de Bataille est&aacute; en la ruptura de la representaci&oacute;n, es decir, en la iconoclasia.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ORIGEN E HISTORIA DEL EROTISMO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las l&aacute;grimas de Eros</i> fue el &uacute;ltimo libro publicado por Bataille (1970&#45;1988b): escrito muy despacio en condiciones precarias de salud entre 1959 y 1961, a&ntilde;o en el cual fue publicado en la <i>Biblioth&eacute;que Internationale d'Erotologie</i> del editor Pauvert, estaba acompa&ntilde;ado en la edici&oacute;n original de numerosas ilustraciones seleccionadas con cuidado por Bataille, que segu&iacute;an paso a paso el texto y amplificaban el inter&eacute;s y la seducci&oacute;n. En relaci&oacute;n con los numeros&iacute;simos escritos te&oacute;ricos dedicados con anterioridad al erotismo,<sup><a href="#nota">3</a></sup> <i>Las l&aacute;grimas de Eros</i> se presentan como una aut&eacute;ntica historia del erotismo que se desarrolla cronol&oacute;gicamente de la prehistoria a la edad moderna. Sin embargo, se trata de una historia extra&ntilde;a, que se cumple por completo en la prehistoria, a la cual es dedicada la primera parte del libro, y que considera la edad hist&oacute;rica aut&eacute;ntica, de la antig&uuml;edad a nuestros d&iacute;as, como el fin del erotismo. De este modo, surge en esa articulaci&oacute;n fundamental del libro el rechazo categ&oacute;rico de Bataille de considerar el mimetismo del deseo y la repetici&oacute;n libertina como elementos esenciales del erotismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Bataille es in&uacute;til el intento por comprender al erotismo si no se habla del origen: explota la duplicidad de la representaci&oacute;n cuando hace referencia a una experiencia originaria inimitable que rompe la continuidad del proceso hist&oacute;rico. Esta experiencia se vuelve, en efecto, una posibilidad siempre abierta y se reconfirma en las edades sucesivas &#151;la obra de Bataille lo demuestra&#151;, pero eso sucede precisamente porque de alg&uacute;n modo funda la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Bataille lo importante es la mirada global del conjunto: "El hombre est&aacute; siempre determinado por completo en una imagen de su creaci&oacute;n que no puede situar en el desarrollo del tiempo" (Bataille, 1970&#45;1988d: 62). Todo se ha cumplido en el primer paso: en el pasaje de la animalidad a la humanidad; "jam&aacute;s la humanidad &#151;dice Bataille&#151; tuvo despu&eacute;s de entonces un momento m&aacute;s asombroso <i>(renversant),</i> ni m&aacute;s glorioso". Este momento no puede ser imitado, sino que &uacute;nicamente revivido: el sentimiento de dar inicio a un mundo aut&eacute;ntico suspendiendo todo el pasado, que es una caracter&iacute;stica general de la vanguardia, debe ser, seg&uacute;n Bataille, atribuido a la humanidad primitiva. Nosotros nos reconocemos en ese sentimiento precisamente porque fue nutrido por aquellos que en la prehistoria cumplieron el paso sin regreso hacia la humanidad. El humanismo de Bataille es paradojal: su punto de referencia es la forma m&aacute;s primitiva y arcaica de la existencia, a la cual atribuye el descubrimiento de lo negativo y la transgresi&oacute;n. A la filosof&iacute;a de la historia, &eacute;l la sustituye con una filosof&iacute;a del origen: mientras en Hegel lo negativo es el motor del proceso hist&oacute;rico, en Bataille lo ser&aacute; la experiencia del origen de la humanidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta experiencia de la verdad er&oacute;tica ha permanecido marginal y perif&eacute;rica en el curso de la historia, ya que el proceso hist&oacute;rico ha estado dominado por la guerra, la pol&iacute;tica y el trabajo. Sin embargo, Bataille no excluye la posibilidad de que el fin de la historia abra al erotismo dimensiones nuevas y hasta el momento impensadas: "la historia &#151;escribe&#151; estar&iacute;a en mi entender liquidada si fuese reducida la disparidad de los derechos y del nivel de vida: tal ser&iacute;a la condici&oacute;n de un modo de existencia a&#45;hist&oacute;rico donde la actividad er&oacute;tica es su forma expresiva" (Bataille, 1970&#45;1988d: 163). De este modo, el erotismo anticipa el fin de la historia y preanuncia la clausura de la cultura pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica, basadas en lo &uacute;til y en el poder. Sin embargo, esto no comporta la adopci&oacute;n de un punto de vista ut&oacute;pico o prof&eacute;tico, quiz&aacute; &uacute;nicamente el prop&oacute;sito de oponer al mundo los recursos de una iron&iacute;a y de una serenidad sin ilusiones: "si el mundo se obstina a explotar, nosotros seremos quiz&aacute; los &uacute;nicos en conceder el derecho, d&aacute;ndonos al mismo tiempo aquello de hablar en vano". Lo que importa es mantener ante la cat&aacute;strofe una vivacidad ajena de las condenas morales y de las violencias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA ICONOCLASIA DE LA MUERTE Y DEL DESEO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El erotismo est&aacute; para Bataille estrechamente vinculado con el horror en las confrontaciones de la muerte. Esto no deriva s&oacute;lo del terror a la nada, sino sobre todo de la repugnancia en las confrontaciones de la putrefacci&oacute;n cadav&eacute;rica: la angustia y el asco que el hombre experimenta frente al cad&aacute;ver, as&iacute; como frente a sus <i>excreta,</i> es decir, frente a sus emisiones excrementicias, es ajeno al animal y representa un aspecto esencial de la toma de conciencia de la humanidad en cuanto tal. El disgusto que provocan la descomposici&oacute;n de la carne, la sangre menstrual, las deyecciones intestinales, el pulular inmundo de las materias m&oacute;viles, f&eacute;tidas y tibias en donde termina y comienza la vida, presenta una afinidad profunda con el deseo er&oacute;tico, a pesar de la dificultad de tomarlo y determinarlo en su esencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bataille (1970&#45;1988d: 83) presenta muchas hip&oacute;tesis para explicar el v&iacute;nculo entre horror y deseo: quiz&aacute; se debe a causa de la secreta atracci&oacute;n hacia la corrupci&oacute;n, o bien porque esconde la tentaci&oacute;n de matar, o aun est&aacute; conectado con el v&eacute;rtigo causado por la experiencia tragi&#45;c&oacute;mica de lo imposible que se realiza. Lo cierto es que el nacimiento del erotismo y el sentimiento de "pesadez" <i>(lourdeur)</i> del acto sexual son contempor&aacute;neos al surgimiento del malestar <i>(g&ecirc;ne)</i> hacia la muerte y los muertos, a la decisi&oacute;n de enterrar los cad&aacute;veres, al culto de los difuntos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el fondo, la muerte es iconocl&aacute;stica: disuelve la forma en el movimiento viscoso y nauseabundo de la materia putrefacta. Es esta destrucci&oacute;n de la imagen del hombre que la hace insoportable: cuando tal proceso ha terminado y de la masa viscosa y amorfa del cuerpo en putrefacci&oacute;n surge la imagen blanca y brillante del esqueleto, cesa el horror y la angustia. Por lo tanto, lo que resulta amenazante no es la muerte en s&iacute;, sino su obra irrefrenable de disoluci&oacute;n de toda forma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso el deseo es iconocl&aacute;stico: rompe la identidad subjetiva de quien lo prueba, disuelve la unidad de la persona y la arroja en un movimiento incontrolable y disgregador:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actividad er&oacute;tica &#151;escribe Bataille&#151; puede ser inmunda, o bien puede ser noble, et&eacute;rea, excluyendo los contactos sexuales, pero ella ilustra en el modo m&aacute;s claro un principio de las conductas humanas: lo que queremos es aquello que agota nuestras fuerzas y recursos, que pone, si es preciso, nuestra vida en peligro (Bataille, 1970&#45; 1988d: 90).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La aspiraci&oacute;n a perder y perderse encuentra en la org&iacute;a, en la fusi&oacute;n ilimitada que est&aacute; implicada en ella, la m&aacute;xima satisfacci&oacute;n: no es la expresi&oacute;n de un regreso a una unidad natural, antes bien, supone la angustia y el terror de la transgresi&oacute;n, el inmenso desorden, la confusi&oacute;n entre la vida y la muerte. Las conjunciones carnales anulan y destruyen las formas singulares de los cuerpos. Los mismos &oacute;rganos genitales le parecen a Bataille llagas destinadas a la supuraci&oacute;n; la fealdad de sus deyecciones nos dirige de nuevo a la putrefacci&oacute;n cadav&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho ah&iacute; donde la constituci&oacute;n y la permanencia de un objeto, es decir, de su forma, parece condici&oacute;n del deseo, como en la prostituci&oacute;n, intervienen elementos que nos llevan a la p&eacute;rdida y al consumo: seg&uacute;n Bataille, la fascinaci&oacute;n de la prostituta depende del lujo y de su atav&iacute;o, as&iacute; como del ocio que representa. Finalmente, "la dulzura, la turgencia, el brote l&aacute;cteo de la desnudez femenina asumen una sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida l&iacute;quida, que mira sobre la muerte como una ventana sobre el patio".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La iconoclasia del deseo aparece con toda su violencia ilimitada en el sadismo, que tiene poco que ver con el goce en el dolor del otro: acaso es el lugar donde dolor y alegr&iacute;a, angustia y placer se encuentran indisolublemente emparentados en un movimiento que involucra tanto al libertino como a su v&iacute;ctima. Un tema recurrente en <i>Las l&aacute;grimas de Eros</i> es precisamente la violencia sobre la bella apariencia de los cuerpos, la violaci&oacute;n de su integridad, en la b&uacute;squeda de una verdad m&aacute;s esencial, de una pureza m&aacute;s radical: en Bataille, el absoluto del erotismo est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la piel, en los &oacute;rganos internos que esconde, en la fiebre que los descubre, los explora, los muestra. Porque para Bataille las superficies de los cuerpos son s&oacute;lo la apariencia, la imagen, la m&aacute;scara; de este modo, el autor lleva a sus &uacute;ltimas consecuencias el movimiento er&oacute;tico del desnudamiento: llevar al extremo, abrir, desollar y, viceversa, estar expuesto, abierto, desollado, quiere decir perderse en un abismo que corta la tranquila redondez enga&ntilde;osa de los cuerpos. Sobre este argumento las p&aacute;ginas m&aacute;s impresionantes de Bataille son, sin duda, aquellas dedicadas a la evocaci&oacute;n del suplicio chino del Leng&#45;Tch'e, que consist&iacute;a en cortar en pedazos al condenado vivo y que fue practicado bajo la dinast&iacute;a Manch&uacute;; Bataille reproduce en la edici&oacute;n original de <i>Las l&aacute;grimas de Eros</i> las fotograf&iacute;as horripilantes del suplicio acaecido el 10 de abril de 1905 sobre la persona que asesin&oacute; al pr&iacute;ncipe Ao&#45;Han&#45;Ouan: esto expresa, a su juicio, la identidad entre erotismo, religi&oacute;n y horror.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, el movimiento que anima al erotismo de Bataille es un movimiento filos&oacute;fico; el verdadero objeto del deseo es la totalidad del ser, el universo: s&oacute;lo en el erotismo, en efecto, se entra "en un mundo extremadamente diferente en el cual los objetos son al mismo tiempo plano del sujeto, en donde forman con el sujeto una totalidad soberana que ninguna atracci&oacute;n separa" (Bataille, 1970&#45;1988d: 97). El mundo del erotismo se encuentra en el punto opuesto al mundo servil de la utilidad y de la producci&oacute;n: tiene su fin en s&iacute; mismo, su propio sentido, su justificaci&oacute;n. Las determinaciones del sujeto y objeto pierden su raz&oacute;n de ser; se fundan en la com&uacute;n pasi&oacute;n de perderse sin l&iacute;mites y reservas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL EROTISMO EN LA ANTIG&Uuml;EDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Bataille la Antig&uuml;edad es el inicio del fin del erotismo. Su valoraci&oacute;n de Dionisio en el &aacute;mbito de un erotismo iconocl&aacute;stico transgresor de la norma es prudente y sustancialmente distinto de los entusiasmos incondicionales del joven Nietzsche. Claro, Dionisio es el dios que disuelve las formas, las identidades particulares, en una org&iacute;a ritual donde sexualidad y violencia se confunden; es el opuesto de Apolo, quien tutela y conserva la imagen; es el dios de la ebriedad, del derroche, de la dilapidaci&oacute;n jocosa de las riquezas; es el dios de los pobres y de las mujeres, del sacrificio cruel, de la fiesta, del &eacute;xtasis y sin embargo Bataille no logra encontrar, para describir el mundo dionisiaco, las palabras ardientes y emocionantes con que ha evocado el mundo prehist&oacute;rico. Su conexi&oacute;n con el trabajo de los campos, con la cultura de la vid y, por ende, con el mundo servil de la utilidad y de las preocupaciones materiales, el car&aacute;cter limitado de la locura a la que empuja a sus adeptos, la relativa facilidad con que degenera en el vulgar libertinaje o bien su recuperaci&oacute;n en ceremonias refinadas y endulzadas, inducen a Bataille a un cierta indisimulada sospecha hacia Dionisio, que en muchos sentidos le deber&iacute;a ser pr&oacute;ximo o simp&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta desconfianza instintiva de Bataille resulta ampliamente justificada por algunos estudios cl&aacute;sicos que han puesto en evidencia el car&aacute;cter doble y ambiguo de Dionisio y del bacanal. Por ejemplo, seg&uacute;n Ren&eacute; Girard (1972: 190) el significado fundamental del "dionisismo" est&aacute; m&aacute;s en el restablecimiento de la calma que en la violencia: "La legitimidad del dios &#151;escribe Girard&#151; es reconocible no s&oacute;lo por el hecho de que este perturba la paz sino en tanto que &eacute;l mismo restaura la paz que hab&iacute;a perturbado, y que justifica <i>a posteriori</i> haberla perturbado". Incluso si abreva de la violencia y si queda empapado de violencia, el rito dionisiaco estar&iacute;a orientado hacia la paz, hacia el restablecimiento de las formas, la armon&iacute;a social, la renovaci&oacute;n de las normas de convivencia: Girard pone el acento en Dionisio como "guardi&aacute;n celoso de la legalidad", "defensor de las leyes humanas y divinas", que limita y domina la violencia mediante el <i>sparagm&oacute;s,</i> la convulsi&oacute;n dionisiaca, y de este modo propone una concepci&oacute;n del sacrificio como <i>Ersatz,</i> como suced&aacute;neo de la violencia, que se encuentra en las ant&iacute;podas de Bataille.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero donde es m&aacute;s evidente la idea de iconoclasma de Bataille es en su total desconocimiento del erotismo romano, que es precisamente un erotismo basado en la representaci&oacute;n, en la imitaci&oacute;n, en su doble. Com&uacute;nmente se suele advertir que en el erotismo los romanos no han inventado nada (Lo Duca, 1959: 57), la originalidad del mundo romano se encuentra m&aacute;s bien en un movimiento que se dirige en una direcci&oacute;n opuesta al origen: no es el prototipo, sino la copia, no el <i>&agrave;galmaa</i><sup><a href="#nota">4</a></sup><i>,</i> sino el simulacro. Quien ha sabido capturar y desarrollar este aspecto del mundo romano ha sido un autor cercano a Bataille, Pierre Klossowski, que conecta estrechamente la seducci&oacute;n er&oacute;tica con una representaci&oacute;n carente de original, con una exterioridad sustra&iacute;da de una vez por todas de lo aut&eacute;ntico, en una multiplicaci&oacute;n vertiginosa que hace desaparecer el modelo. Las matronas romanas que en los tiempos de Tiberio se registraban como alcahuetas, para poder exhibir su cuerpo desnudo en el escenario y prostituirse con los espectadores actuaban bajo el influjo de una imagen, como aquellos que las buscaban (Klossowski, 1968). El hecho de que ofrecieran su cuerpo como un simulacro de carne de la divinidad implic&oacute; un ate&iacute;smo radical que valoraba la representaci&oacute;n, la apariencia, la funci&oacute;n en cuanto tal. De este modo, Klossowski rompe la duplicidad del espect&aacute;culo libertino aboliendo no la copia &#151;como en Bataille&#151; sino el prototipo y la conexi&oacute;n del erotismo con la repetici&oacute;n infinitamente degradada t&iacute;pica del paganismo decadente y no con una experiencia que est&aacute; en el origen del tiempo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL EROTISMO CRISTIANO MEDIEVAL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El erotismo de Bataille parece depender del cristianismo medieval en dos aspectos: la sospecha y la condena de la desnudez, la concepci&oacute;n de la sexualidad como pecado por expiar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La demonizaci&oacute;n del desnudo, su reducci&oacute;n a una cosa rid&iacute;cula, infame, bestial, es evidente en tantas esculturas y pinturas medievales, que representan el juicio universal o ilustran las penas de los condenados al infierno con un realismo a un solo tiempo macabro y lascivo (Villeneuve, 1963): "si el Medievo ha representado la desnudez es para expresar el horror". Y precisamente esta "obscenizaci&oacute;n" de la figura humana, reducida a algo s&oacute;rdido, repugnante, monstruoso, es parad&oacute;jicamente pr&oacute;ximo al exceso iconocl&aacute;stico de Bataille, a su incontenible deseo de destrucci&oacute;n de las apariencias, a la necesidad de lo absoluto que anima su indagaci&oacute;n. Por lo tanto, entre las obscenidades diab&oacute;licas de las iglesias medievales francesas y el erotismo de Bataille existe una relaci&oacute;n muy estrecha: la obscenidad es seg&uacute;n Bataille "aquella animalidad natural cuyo horror nos funda humanamente" (Bataille, 1970&#45;1988d: 129); su erotismo siempre va m&aacute;s all&aacute; de la belleza formal de la cara y del cuerpo y se desliza hacia lo obsceno y lo bestial. As&iacute; pues, la atracci&oacute;n hacia un buen cuerpo es inseparable del horror y la angustia que su obscenidad contenida y escondida pueden desencadenar. Por lo tanto, los artistas medievales que esculp&iacute;an diablos escatol&oacute;gicos y sadomasoquistas eran para Bataille mejores conocedores de la esencia del erotismo que sus colegas renacentistas, ingenua y superficialmente hechizados por la belleza del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo aspecto en donde la herencia cristiana medieval act&uacute;a sobre Bataille es en relaci&oacute;n con la experiencia de la sexualidad como mal y la expiaci&oacute;n que &eacute;sta supone. La violaci&oacute;n de las formas, la transgresi&oacute;n de las normas es dif&iacute;cilmente separable de la noci&oacute;n cristiana del pecado y del presupuesto oculto de que el pecado por excelencia es aquel sexual. Uno de los aspectos originales del cristianismo ha sido precisamente el de conectar fuertemente el erotismo con el mal: se vuelve "el mal inexpiable", "una esencia del mal". As&iacute;, el cristianismo confiere al erotismo una dimensi&oacute;n soberana que era extra&ntilde;a a la Antig&uuml;edad. El erotismo pecaminoso del aquelarre nace de la revuelta contra el mundo servil de la utilidad y del trabajo y confiere al pecador una posibilidad de grandeza y de soberan&iacute;a: como escrib&iacute;a Baudelaire, "la voluntad &uacute;nica y suprema del amor est&aacute; en la certeza de poner en acto el mal. Y el hombre y la mujer saben desde el nacimiento que en el mal radica toda voluntad" (citado en Bataille, 1970&#45;1988c: 127).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre estas premisas se empalma la tem&aacute;tica de la culpa y la expiaci&oacute;n, al que es dedicado el segundo volumen de la <i>Suma ateol&oacute;gica,</i> intitulado precisamente <i>El culpable,</i> y tambi&eacute;n el volumen de ensayos <i>La literatura y el mal.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MANIERISMO Y BARROCO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia del erotismo &#151;mejor dicho, en su decadencia&#151; un particular relieve es otorgado por Bataille a la pintura de D&uuml;rer, Cranach, Baldung Grien y al manierismo de la escuela de Fontainebleau. Las razones de estas predilecciones parecen derivar del sujeto mismo de tales obras: Lucrecias que se perforan, Venus exang&uuml;es y febriles, Judith todav&iacute;a sucias de sangre El mismo t&iacute;tulo del libro, <i>Las l&aacute;grimas de Eros,</i> fue extra&iacute;do de un cuadro que por mucho tiempo era atribuido a Rosso Fiorentino, que expone a la Venus que llora la muerte de Adonis. El "&aacute;ngel extravagante" que domina a estas producciones y que favorece las m&aacute;s extra&ntilde;as aproximaciones y las m&aacute;s atrevidas representaciones anima una voluntad de exceso y transgresi&oacute;n que es esencial en el erotismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, existe una afinidad m&aacute;s profunda y constitutiva entre el manierismo y el iconoclasma er&oacute;tico de Bataille que sobrepasa la mera tem&aacute;tica de los cuadros. Hunde sus ra&iacute;ces en la relaci&oacute;n problem&aacute;tica, inquieta e irresoluble del pintor manierista en sus confrontaciones con la tradici&oacute;n pict&oacute;rica y con la representaci&oacute;n iconogr&aacute;fica. En el siglo XVI el fuego de la iconoclasia religiosa ardi&oacute; m&aacute;s que en alg&uacute;n otro periodo de la historia moderna: el problema de la legalidad de las im&aacute;genes se transform&oacute; de disputa teol&oacute;gica en apasionado tema de choque religioso, social, pol&iacute;tico. La pr&aacute;ctica de las artes dejo de ser ingenua: termin&oacute; por involucrarse en los grandes problemas de la existencia. Por eso las espadas oscilantes de las Lucrecias, de las Venus y de las Judith manieristas laceran conjuntamente la carne y el cuadro: traicionan el trabajo de una b&uacute;squeda que no se satisface con la plena belleza, y que busca un absoluto m&aacute;s all&aacute; de la superficie de la piel y de la tela, hasta poner al desnudo los pliegues m&aacute;s &iacute;ntimos del cuerpo como en las mesas anat&oacute;micas de los siglo XVI y XVII, hasta volver ilimitadamente exteriores los pliegues m&aacute;s rec&oacute;nditos del alma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero esta exteriorizaci&oacute;n er&oacute;tica y espiritual llega siempre en Bataille con la angustia y la perturbaci&oacute;n m&aacute;s profunda: por lo general es una experiencia dolorosa activada sobre el modelo de la agon&iacute;a de Cristo; se queda bajo el signo de la ausencia, de lo negativo, del horror; no conoce resurrecciones. Esto explica el total extra&ntilde;amiento de Bataille al arte y al mundo barroco que supo transformar la exterioridad y la apariencia en lugares de consolaci&oacute;n y gloria. En conjunto con el mundo romano, el Barroco es el otro gran ausente en <i>Las l&aacute;grimas de Eros.</i> El mundo de Don Juan, el de Bernini, o incluso el de Rubens le es ajeno: la enorme dilapidaci&oacute;n ostentosa de riquezas del Barroco no encuentra lugar en su econom&iacute;a general. El hecho es que m&aacute;s all&aacute; de las posibles conexiones tem&aacute;ticas, en la base del Barroco est&aacute; una revaloraci&oacute;n de la imagen, una soluci&oacute;n finalmente serena al problema de la muerte, una voluntad de volver suyas y dominar las negatividades m&aacute;s remotas que est&aacute;n en las ant&iacute;podas del iconoclasma de Bataille y que a lo mucho es cercano al simulacro en Klossowski.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solamente en un lugar las ideas de Bataille sobre el erotismo revelan una cierta proximidad con el mundo barroco, o mejor con uno de sus presupuestos: ah&iacute; en donde &eacute;l habla de la apat&iacute;a y de la indiferencia de los libertinos de Sade: "todos los grandes libertinos &#151;escribe Bataille&#151; los cuales s&oacute;lo viven para el placer, son grandes s&oacute;lo porque han anulado en s&iacute; mismos cualquier capacidad de placer" (Bataille, 1970&#45;1988d: 154). El erotismo barroco se funda precisamente sobre esta contracci&oacute;n radical del sentir, sobre la experiencia de la indiferencia, la cual s&oacute;lo permite la acumulaci&oacute;n de una inmensa cantidad de energ&iacute;a disponible para cualquier uso, as&iacute; como llegar a un tipo de sensibilidad totalmente diferente, distinta en relaci&oacute;n con la com&uacute;n manera de sentir, no implicada en la pura presencia de las cosas. Sin embargo, de estas premisas Bataille no extrae de ninguna manera una aceptaci&oacute;n ilimitada de las apariencias y del placer que &eacute;stas otorgan, sino al contrario, una conclusi&oacute;n casi pante&iacute;sta: la apat&iacute;a ser&iacute;a id&eacute;ntica a la teopat&iacute;a. Incluso, si nuestro autor se muestra indeciso de esta conclusi&oacute;n que se encuentra entre sus cartas in&eacute;ditas (Bataille, 1970&#45;1988d: 156&#45;157), Bataille entiende siempre a la apat&iacute;a como sin&oacute;nimo de destrucci&oacute;n infinita; en el mundo barroco la apat&iacute;a es, en cambio, la premisa de la construcci&oacute;n espectacular de un mundo sin fundamento metaf&iacute;sico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA PARADOJA ICONOCL&Aacute;STICA Y LA PORNOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La paradoja del iconoclasma er&oacute;tico de Bataille se encuentra en el hecho de que su negaci&oacute;n tan clara y persistente de la representaci&oacute;n se posiciona en un modo que atribuye a la imagen en general y a la art&iacute;stica en particular un papel fundamental: de los grafitis de la prehistoria hasta la pintura surrealista, Bataille desarrolla un comentario apasionado a la representaci&oacute;n art&iacute;stica, donde no es posible dudar sobre su capacidad de mediaci&oacute;n entre sexualidad y cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta confianza que fundaba la distinci&oacute;n entre erotismo y pornograf&iacute;a se ha extinguido. La difusi&oacute;n de la pornograf&iacute;a ha vuelto obsoleta toda representaci&oacute;n meramente simb&oacute;lica de la sexualidad. A esto le subyace una desmitificaci&oacute;n y una secularizaci&oacute;n del deseo sexual que puede parecer a los cultores del erotismo una se&ntilde;al significativa del retroceso y de la banalizaci&oacute;n de la vida contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fetichismo de la imagen ha tomado el lugar del teatro er&oacute;tico t&iacute;pico del libertinaje cl&aacute;sico; la estructura del deseo ha cambiado en una direcci&oacute;n que excluye tanto a la iconoclasia como a la mediaci&oacute;n simb&oacute;lica del arte. El paso sucesivo parece ser el de una reducci&oacute;n de los cuerpos reales a cuasi&#45;cuerpos, a huellas, simulacros, holograf&iacute;as. La problem&aacute;tica cl&aacute;sica del erotismo ya debe confrontarse con esta nueva situaci&oacute;n. La &uacute;ltima ense&ntilde;anza que se puede extraer de Bataille abreva de su coraje intelectual, del hecho de que &eacute;l jam&aacute;s se hizo a un lado en relaci&oacute;n con las consecuencias m&aacute;s radicales: si la relaci&oacute;n entre sexualidad y cultura se ha fragmentado, &eacute;sta puede ser restablecida s&oacute;lo cuando se acepte el desaf&iacute;o que implica la pornograf&iacute;a contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bataille, G. (1988a), "Les Larmes et les Rois", en George Bataille, <i>Aeuvres</i> <i>Compl&egrave;tes,</i> tomo VIII, Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889958&pid=S1870-0063201400010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1988b), "Les Larmes d'Eros", en George Bataille, <i>Aeuvres</i> <i>Compl&egrave;tes,</i> tomo X, Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889960&pid=S1870-0063201400010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1988c), "L'&Eacute;rotisme", en George Bataille, <i>Aeuvres Compl&egrave;tes,</i> tomo X, Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889962&pid=S1870-0063201400010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1988d), "L'Histoire de l'&Eacute;rotisme", en George Bataille, <i>Aeuvres Compl&egrave;tes,</i> tomo VIII, Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889964&pid=S1870-0063201400010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Girard, R. (1972), <i>La Violence et le Sacr&eacute;,</i> Par&iacute;s: Grasset.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889966&pid=S1870-0063201400010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1961), <i>Mensonge Romantique et V&eacute;rite Romanesque,</i> Par&iacute;s: Grasset.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889968&pid=S1870-0063201400010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Klossowski, P. (1968), <i>Origines Cultuelles et Mythique d'un Certain Comportement des Dames Romaines,</i> Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889970&pid=S1870-0063201400010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo Duca, J. (1959), <i>Histoire de l'&Eacute;rotisme,</i> Par&iacute;s: Pauvert.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889972&pid=S1870-0063201400010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sade, D. A. F. De (1966&#45;1967), "Les 120 Journ&eacute;es de Sodome", en D. A. F. De Sade, <i>Aeuvres Compl&egrave;tes,</i> tomo XIII, Par&iacute;s: Au Circle du Libre Pr&eacute;cieux.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889974&pid=S1870-0063201400010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villeneuve, R. (1963), <i>Le Diable. Erotologie de Satan,</i> Par&iacute;s: Pauvert.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889976&pid=S1870-0063201400010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Cap&iacute;tulo publicado originalmente en Perniola, M. (1998), <i>Philosophia sexualis. Scritti su George Bataille,</i> Verona: Ombre corte edizioni. p. 137&#45;150.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>***</sup> Profesor&#45;investigador de tiempo completo adscrito a la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la UACM.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:icovarrubias76@hotmail.com">icovarrubias76@hotmail.com</a>.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Este mimetismo del deseo ha sido subrayado por Girard (1961).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;En su obra <i>Milagros y traumas de la comunicaci&oacute;n</i> (Buenos Aires, Amorrortu, 2010: 16&#45;17), el autor despliega con cierto br&iacute;o el tema del milagro vinculado al del trauma en el r&eacute;gimen de la comunicaci&oacute;n de la edad contempor&aacute;nea y en abierta referencia a Bataille. Cito en extenso: "&#91;...&#93; el milagro define la experiencia de la soberan&iacute;a que se manifiesta cuando logramos sustraernos al mundo de la utilidad y accedemos a una plena experiencia del presente. Esto ocurre, seg&uacute;n aquel autor &#91;se refiere a Bataille&#93;, en una serie de acontecimientos que incluyen el arte y lo sagrado, la risa y el llanto, la sexualidad y la muerte. El encuentro con estos acontecimientos genera una especie de ebriedad, una sensaci&oacute;n milagrosa, el ingreso en un estado extraordinario que libera de las cadenas de lo cotidiano. Por eso, el t&eacute;rmino no debe entenderse con referencia exclusiva a una trascendencia. En opini&oacute;n de Bataille, las palabras <i>miracle</i> y <i>miraculeux</i> deben entenderse en un sentido literal: del lat&iacute;n <i>mirus,</i> que significa <i>admirable, maravilloso, sorprendente.</i> Asimismo, el contexto al que remite el milagro se relaciona con la etimolog&iacute;a de <i>mirus,</i> af&iacute;n a la ra&iacute;z indoeuropea que dio origen al griego &#956;&#949;&#953;&#948;&#953;&#945;&#969 que significa <i>sonre&iacute;r</i> y del cual proviene el <i>smile</i> ingl&eacute;s. Por lo dem&aacute;s, s&oacute;lo el ser humano sonr&iacute;e. Si en otros libros Bataille fue el fundador de una antropolog&iacute;a er&oacute;tica, que ve&iacute;a precisamente en el erotismo el car&aacute;cter distintivo del ser humano, aqu&iacute; parece orientarse hacia una antropolog&iacute;a sonriente: de hecho, el instante milagroso es aquel en que la espera termina en &iexcl;nada! El pensador franc&eacute;s parece repetir la c&eacute;lebre definici&oacute;n de Kant seg&uacute;n la cual la risa es un afecto que deriva de una expectaci&oacute;n tensa, que repetidamente se esfuma en la nada" <i>(Nota del traductor).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Adem&aacute;s de su libro <i>L'erotisme</i> (Bataille, 1970&#45;1988c), es importante su trabajo incompleto <i>L'histoire de l'&eacute;rotisme</i> (Bataille, 1970&#45;1988d) escrito entre 1950&#45;1951 como continuaci&oacute;n al volumen <i>La part maudite:</i> publicado p&oacute;stumamente en el volumen VIII de las <i>Aeuvres compl&egrave;tes</i> (1976), y que a pesar del t&iacute;tulo, es una obra esencialmente te&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Como se hizo notar en la nota bio&#45;bibliogr&aacute;fica del autor, Perniola dirige la revista italiana de estudios culturales <i>&Agrave;galma</i> (<a href="http://www.agalmaweb.org" target="_blank">www.agalmaweb.org</a>), en cuyo n&uacute;mero inaugural (n&uacute;m. 1, junio de 2000), sugiere que: <i>"&agrave;galma</i> en griego antiguo quiere decir ornamento, regalo, imagen y proviene de los verbos <i>ag&agrave;llo</i> (glorificar, exaltar), <i>ag&agrave;llomai</i> (exultar, gozar). En esta palabra, dotada de una rica significaci&oacute;n se entrecruzan el valor econ&oacute;mico, el aspecto est&eacute;tico y el poder simb&oacute;lico. No es fortuito que haya sido retomada por Lacan, para quien en esta palabra se puede configurar el objeto de deseo" (Nota del traductor)<i>.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="info"></a><b>**</b> Fil&oacute;sofo y pensador italiano. Profesor titular de est&eacute;tica en la Universidad de Roma, "Tor Vergata", Italia. Tambi&eacute;n es director de la revista italiana de estudios culturales y de est&eacute;tica <i>&Aacute;galma.</i> Formado en la c&eacute;lebre escuela de estudios est&eacute;ticos que fund&oacute; Luigi Payreson en la Universidad de Turin, donde tambi&eacute;n se formar&iacute;an fil&oacute;sofos como Gianni Vattimo y Umberto Eco, Mario Perniola es uno de los pensadores m&aacute;s destacados del campo de la est&eacute;tica en el panorama internacional actual. Su p&aacute;gina electr&oacute;nica es: <a href="http://www.marioperniola.it" target="_blank">www.marioperniola.it</a>. Entre sus m&uacute;ltiples libros traducidos al espa&ntilde;ol se encuentran: <i>El sex appeal de lo inorg&aacute;nico,</i> Madrid, Trama editorial, 1998; <i>La est&eacute;tica del siglo veinte,</i> Madrid, Antonio Machado Libros, 2001; <i>El arte y su sombra,</i> Madrid, C&aacute;tedra, 2002; <i>Enigmas. Egipcio, barroco y neobarroco en la sociedad y el arte,</i> Murcia, Cendeac, 2006; <i>Contra la comunicaci&oacute;n,</i> Buenos Aires, Amorrortu, 2006; <i>Los situacionistas. Historia cr&iacute;tica de la &uacute;ltima vanguardia del siglo XX,</i> Madrid, Ediciones Acuarela/Antonio Machado Libros, 2007; <i>Del sentir,</i> Valencia, Pre&#45;textos, 2008; <i>Milagros y traumas de la comunicaci&oacute;n,</i> Buenos Aires, Amorrortu, 2010; <i>La sociedad de los simulacros,</i> Buenos Aires, Amorrortu, 2011; <i>Berlusconi o el 68 realizado,</i> Buenos Aires, Las Cuarenta, 2013.</font></p>      ]]></body><back>
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