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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las reglas del libre albedr&iacute;o</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Paola V&aacute;zquez Almanza<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Bartra, R. (2012), <i>Cerebro y libertad. Ensayo sobre la moral, el juego y el determinismo,</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Estudiante del doctorado en Estudios Pol&iacute;ticos y Sociales de la UNAM</i>. Direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:paovaal@gmail.com">paovaal@gmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el a&ntilde;o 2006 Roger Bartra se acerc&oacute; a los debates m&aacute;s recientes en la filosof&iacute;a y la neurociencia con su libro <i>Antropolog&iacute;a del cerebro. La conciencia y los sistemas simb&oacute;licos.</i> Ah&iacute; plante&oacute; la provocativa idea de que la conciencia no se encuentra encerrada en el cerebro, sino extendida en una red simb&oacute;lica de naturaleza cultural. Bartra llam&oacute; a esta pr&oacute;tesis externa de la conciencia, esa especie de circuito neuronal externo al cr&aacute;neo: exocerebro. Ahora, en <i>Cerebro y libertad. Ensayo sobre la moral, el juego y el determinismo,</i> Bartra retoma su idea del exocerebro y de las redes simb&oacute;licas y, a partir de ello, coloca los problemas de la libertad y de la moral en el terreno de la conciencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si uno sigue los debates que provocan entre neurocient&iacute;ficos y fil&oacute;sofos los temas del libre albedr&iacute;o, la conciencia y el cerebro, r&aacute;pidamente se puede percatar de las muchas inc&oacute;gnitas que siguen atribulando a los cient&iacute;ficos. Tanto fil&oacute;sofos como neurocient&iacute;ficos y f&iacute;sicos desmenuzan y estudian el problema del libre albedr&iacute;o y la conciencia, pero sin reconocer que las pistas para entender el fen&oacute;meno no yacen dentro de su propia disciplina &uacute;nicamente. La exig&uuml;idad de di&aacute;logo entre disciplinas lleva a conclusiones deterministas que niegan la libertad, a dualismos o a visiones que abrazan el azar y el caos. Menciono el que hasta ahora ha sido el tono en el que se han desarrollado las discusiones en torno a la conciencia, el cerebro y la libertad, para advertir la magnitud, el valor, la actualidad y la originalidad de las propuestas de Bartra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La finalidad de <i>Cerebro y libertad,</i> como el mismo autor escribe, es hallar pistas para "enfrentar los grandes retos a los que nos confrontamos cuando tratamos de entender el sentido de la libertad humana" (p. 16). Bartra nos invita e introduce a la cuesti&oacute;n con un relato de la cl&aacute;sica pel&iacute;cula del expresionismo alem&aacute;n: <i>Las manos de Orlac.</i> Al seguir la s&iacute;ntesis que se hace de la historia del protagonista, un pianista que lucha por el control de sus acciones, el lector es enfrentado al problema de la oposici&oacute;n entre determinismo y libertad. Sin notarlo siquiera, los lectores nos sumergimos en el tema y seguimos atentamente las provocativas preguntas que Bartra plantea: "&iquest;Hasta qu&eacute; punto el cuerpo &#151;y especialmente el cerebro&#151; permite que la conciencia decida libremente? &iquest;Qu&eacute; l&iacute;mites impone la materia cerebral al libre albedr&iacute;o de los individuos?" (p. 9).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un primer cap&iacute;tulo, el autor se sirve de la discusi&oacute;n entre Albert Einstein y Rabindranath Tagore para ilustrar dos formas opuestas de abordar el problema de la libertad y exponer c&oacute;mo desde estos enfoques la libertad se expresa como la "contraposici&oacute;n entre mente y cuerpo, libre albedr&iacute;o y determinismo, causalidad mental y f&iacute;sica o entre raz&oacute;n y causa" (p. 20). <i>Grosso modo,</i> se puede decir que Tagore intent&oacute; filtrar en la discusi&oacute;n la idea de la indeterminaci&oacute;n, consider&aacute;ndola una escapatoria de la cadena causal. En cambio para Einstein el libre albedr&iacute;o, como propiedad de la conciencia, vendr&iacute;a a ser una mera ilusi&oacute;n. Estas primeras reflexiones nos permiten ubicar en un panorama amplio la postura del autor y comprender cu&aacute;les son los extremos de los que intenta escapar. Pero si Bartra no comparte estas visiones hegem&oacute;nicas, &iquest;c&oacute;mo propone analizar la libertad? Cuando el autor afirma que existen explicaciones claramente materialistas y no metaf&iacute;sicas para comprender que la autoconciencia es un proceso que no ocurre totalmente dentro del cerebro, est&aacute; sugiriendo que se ubique en un contexto m&aacute;s extenso nuestro problema, es decir, recomienda que se incluya en el an&aacute;lisis el contorno social y cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado <i>Un experimento con la libertad</i> se mencionan los famosos experimentos que Benjamin Libet realiz&oacute; en la d&eacute;cada de I960. El autor nos explica que Libet lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la acci&oacute;n intencional se inicia inconscientemente, pero que tambi&eacute;n observ&oacute; que la conciencia puede controlar el resultado del proceso; existe pues, un "poder de veto". Aunque Libet crey&oacute; en la existencia de algo que los deterministas no suelen mencionar, "un 'campo mental consciente' capaz de actuar sin conexiones neuronales que funcionasen como mediadoras" (p. 35), su idea en lugar de esclarecer las cosas abri&oacute; la puerta al dualismo y a instancias misteriosas no materiales como las que sol&iacute;a sugerir Descartes. De ah&iacute; que Bartra insista en que tanto el dualismo como el determinismo provocan malentendidos igualmente da&ntilde;inos, y sugiera colocar en su lugar el tema en un nivel m&aacute;s alto de complejidad, es decir, acercarse a las estructuras sociales y culturales, sin olvidar, claro, las estructuras qu&iacute;micas, neuronales y f&iacute;sicas. Cabe mencionar que en este giro Bartra evita escapar de un determinismo f&iacute;sico a un determinismo social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de algunos ejemplos, Bartra ilumina el v&iacute;nculo existente entre la responsabilidad que tienen los individuos por sus acciones, los castigos y recompensas conducentes, y la moral. Para adentrarse en este tema tan espinoso, el autor retoma y se&ntilde;ala los puntos endebles de las ideas de Marc D. Hauser y de Paul Churchland. Hauser planteaba, adosando su teor&iacute;a a las ideas de John Rawls y Noam Chomsky, que existe un "m&oacute;dulo cerebral innato responsable del proceso inconsciente y autom&aacute;tico que genera juicios sobre lo justo y lo incorrecto" (p. 47). Aqu&iacute;, Hauser lleva a los terrenos de la &eacute;tica los postulados de Noam Chomsky que Bartra critic&oacute; duramente en <i>Antropolog&iacute;a del cerebro.</i> Por su parte, Churchland se mueve en direcci&oacute;n contraria a Hauser y entiende el cerebro como un procesador que puede hacer uso de andamios sociales exteriores al cr&aacute;neo. Pero tanto a Hauser como a Churchland se les escapa, explica Bartra, que el proceso de toma de decisiones no s&oacute;lo se da dentro de la cabeza, sino que ocurre en la relaci&oacute;n entre cerebro y contorno social. Antes de plantear una propuesta para compensar las deficiencias de las perspectivas anteriores, Bartra se detiene en las ideas de David Hume y Antonio Damasio sobre las emociones sociales para comprobar que &eacute;stas son un ejemplo de lo que sucede en los circuitos h&iacute;bridos de la conciencia, en las redes que unen el exocerebro con el cerebro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de Hume, Damasio y las emociones sociales, Bartra dedica un cap&iacute;tulo a la exploraci&oacute;n de los textos sobre el juego escritos por Johan Huizinga, Roger Caillois y Jean Piaget con dos prop&oacute;sitos principales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero es pensar el juego como una pr&oacute;tesis que estimula procesos simb&oacute;licos de sustituci&oacute;n de un cerebro incompleto, es decir, ver en el juego posiblemente la expresi&oacute;n primigenia de la presencia de redes exocerebrales. El segundo consiste en acercarse al juego entendi&eacute;ndolo como una actividad que mezcla orden y libertad, un espacio en el que conviven reglas escritas con la expresi&oacute;n de la libertad de acci&oacute;n y que por tanto "implica la expresi&oacute;n de alguna forma de voluntad libre de determinantes funcionales, pero al mismo tiempo regulada" (p. 85). No est&aacute; de m&aacute;s recordar que esta coexistencia de la espontaneidad con la determinaci&oacute;n fue tratada ya por Bartra en su trabajo <i>Las redes imaginarias del poder pol&iacute;tico,</i> aunque por supuesto en otro terreno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en <i>Antropolog&iacute;a del cerebro</i> se estudi&oacute; el habla, las artes, la m&uacute;sica y las memorias artificiales, en este libro se exploran otras manifestaciones simb&oacute;licas del medio cultural que nos rodean y que se cristalizan en el hogar, el sistema de parentesco, la comida y el vestido. El viaje que en estas p&aacute;ginas se realiza por "el peque&ntilde;o mundo de la familia, el hogar, la comida y el vestido, nos ayuda a entender la inmediatez del enjambre de s&iacute;mbolos que nos envuelve" (p.127). El hogar, el vestido, la comida y las relaciones de parentesco pueden ser entendidas entonces como pr&oacute;tesis cognitivas. La trascendencia de la noci&oacute;n de entorno se hace m&aacute;s clara aun cuando Bartra nos comenta la interesant&iacute;sima idea del <i>Umwelt,</i> desarrollada por Jakob von Uexk&uuml;ll y de la que deriva la hip&oacute;tesis de que la conciencia no es &uacute;nicamente un "yo" alojado en el cerebro, sino que incluye al entorno. En este sentido el planteamiento del entorno social ser&aacute; clave, primero, porque en &eacute;l se aprecia la necesidad generalizada que han tenido los humanos de clasificar, codificar, marcar, se&ntilde;alizar y decorar mediante s&iacute;mbolos las partes de un sistema. Y segundo, porque la idea del mundo circundante permite plantear el problema del libre albedr&iacute;o de los humanos de una forma en que puede tener una soluci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; el problema del libre albedr&iacute;o puede entenderse mejor a partir este punto de vista? B&aacute;sicamente porque los sistemas simb&oacute;licos son estructuras que se han ido construyendo, "no s&oacute;lo como expresi&oacute;n social de m&oacute;dulos cerebrales, sino como fruto de la interacci&oacute;n entre los sistemas neuronales sociodependientes y las texturas culturales que rodean a las personas. Se trata de un proceso de autorregulaci&oacute;n" (p. 124). Y en este paisaje la toma de decisiones vendr&iacute;a a ser un proceso, una especie de juego, que incluye tanto las ideas que fluyen del cerebro como las sensaciones y se&ntilde;ales que proceden de los sistemas simb&oacute;licos que nos rodean.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegado a este punto Bartra se pregunta si esta meditaci&oacute;n deliberada, este juego divagante nos permite tomar decisiones voluntarias y libres. &Eacute;l responde que s&iacute;, que ese juego que une la actividad cerebral con los circuitos simb&oacute;licos del entorno permite la toma de decisiones voluntarias y rompe las cadenas deterministas. La toma de decisiones es "gracias precisamente a las redes exocerebrales que permiten la existencia de una singularidad presente solamente entre los humanos. Esta singularidad asegura la coexistencia del indeterminismo y la deliberaci&oacute;n. Con ello se abre la puerta a comportamientos que no son azarosos pero que tampoco se encuentran determinados por una cadena de causas y efectos anclada en el cerebro" (p. 149).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de concluir que el libre albedr&iacute;o es posible, Roger Bartra nos da un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo y unas reflexiones finales en las que traza un hilo conductor y seductor entre personajes tan diversos como Jos&eacute; Ortega y Gasset, Henry James, William James, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Ernst Cassirer, Maurice Merleau&#45;Ponty, Friederich Hayek, Douglass North y Antonio Damasio. Especialmente resulta fascinante el seguimiento y el recuento que se hace del pensamiento de Jakob von Uexk&uuml;ll a trav&eacute;s de los diversos pensadores a los que influy&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Cerebro y libertad</i> toca as&iacute; problemas sumamente complejos y profundiza en temas que no est&aacute;n del todo resueltos y que incluyen discusiones filos&oacute;ficas y pol&iacute;ticas de la moral. Bartra encuentra los insumos para sus argumentos en lugares tan diversos como la literatura, la neurociencia, la filosof&iacute;a y la antropolog&iacute;a, y se dirige de un campo de conocimiento a otro para finalmente establecer un v&iacute;nculo firme y coherente entre &eacute;stos. Esta facilidad de esbozar de manera sencilla y cr&iacute;tica el complejo pensamiento cient&iacute;fico s&oacute;lo reafirma la sensibilidad e inteligencia del autor para hacer confluir lo que usualmente se disocia. Adem&aacute;s de ser un excelente ensayo, &eacute;ste es un verdadero ejercicio interdisciplinario que procura borrar la tradicional frontera entre las humanidades y las ciencias, as&iacute; como evita trazar una frontera entre el cerebro y el exocerebro, entre circuitos neuronales y las pr&oacute;tesis culturales.</font></p>      ]]></body>
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