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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Una teor&iacute;a sobre el comportamiento de los partidos pol&iacute;ticos competitivos<sup><a href="#notas">*</a></sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Kaare Strom</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n: Elena Jim&eacute;nez Lara y V&iacute;ctor Alarc&oacute;n Olgu&iacute;n</font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tradici&oacute;n de la elecci&oacute;n racional ha generado tres modelos sobre el comportamiento de los partidos pol&iacute;ticos competitivos: el partido que va en busca del voto, el partido que va en busca del cargo p&uacute;blico y el partido que va en busca de la pol&iacute;tica. A pesar de lo &uacute;til que resulta en el an&aacute;lisis de la competencia electoral entre partidos y la conducta de coalici&oacute;n, estos modelos sufren de varias limitaciones te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas, y no est&aacute;n bien especificadas las condiciones bajo las cuales se aplica cada modelo. Este art&iacute;culo discute las relaciones entre las conductas de b&uacute;squeda del voto, de los cargos p&uacute;blicos y de las pol&iacute;ticas, as&iacute; como desarrolla una teor&iacute;a unificada de los factores organizacionales e institucionales que restringen la conducta del partido en las democracias parlamentarias. Los partidos que buscan el voto, los cargos p&uacute;blicos y las pol&iacute;ticas emergen como casos especiales de comportamiento competitivo de partido bajo condiciones organizacionales e institucionales espec&iacute;ficas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de Downs (1957) las teor&iacute;as de la elecci&oacute;n racional han venido a jugar un papel cada vez m&aacute;s importante en el estudio de los partidos pol&iacute;ticos competitivos. Los esfuerzos por desarrollar tales modelos de partidos pol&iacute;ticos han sido de gran beneficio para la ciencia pol&iacute;tica. Las teor&iacute;as basadas en suposiciones simplistas de los objetivos del partido y el votante han generado resultados influyentes (aunque a menudo controversiales). Pero, pese a que los modelos de elecci&oacute;n racional de partidos pol&iacute;ticos han sido tan poderosos como sugerentes, han fallado en generar alguna teor&iacute;a coherente de la conducta del partido competitivo, tampoco han producido resultados robustos que se apliquen bajo diversas condiciones ambientales. Hay poca teor&iacute;a que nos ayude a elegir entre los modelos existentes, y a saber donde fallan sus supuestos, con frecuencia nos quedamos en la oscuridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede decirse que la caracter&iacute;stica y virtud definitoria de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional es precisamente su resistencia a la explicaci&oacute;n <i>ad hoc</i> y su b&uacute;squeda de resultados en equilibrio independientes de las peculiaridades estructurales. Sin embargo, los neoinstitucionalistas, los que est&aacute;n dentro y fuera de la tradici&oacute;n de elecci&oacute;n racional, han cuestionado dicha concepci&oacute;n de "teor&iacute;a pura" (March y Olsen, 1984; Schlesinger, 1984; Shepsle, 1979). M&aacute;s a&uacute;n, la renuencia de muchos te&oacute;ricos de la elecci&oacute;n racional a aplicar sus modelos de competencia electoral m&aacute;s all&aacute; de candidatos individuales en contextos institucionales simples ha limitado su influencia al estudio emp&iacute;rico de los partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi objetivo en este art&iacute;culo es proporcionar un marco en el cual se explique el comportamiento de los partidos pol&iacute;ticos que compiten en las democracias parlamentarias avanzadas.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Al hacerlo, mantengo el supuesto de que los l&iacute;deres de partido son agentes racionales, pero que enfatizan en las restricciones impuestas por los contextos organizacionales e institucionales. Un prop&oacute;sito es mostrar que los modelos existentes dependen de supuestos organizacionales e institucionales diferentes, generalmente impl&iacute;citos. Otro objetivo es identificar las condiciones bajo las cuales ocurren las diferentes formas de comportamiento del partido y por tanto, volver <i>end&oacute;gena</i> dicha variable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo tiene seis partes. En la primera identifico tres modelos del comportamiento de partido desarrolladas en la literatura de la elecci&oacute;n racional. En la segunda se critican estos modelos. La parte tres comienza a construir una teor&iacute;a de c&oacute;mo los tres objetivos especificados en estos modelos est&aacute;n interrelacionados. Despu&eacute;s procedo a desarrollar una concepci&oacute;n organizacional de partidos pol&iacute;ticos y a discutir c&oacute;mo las propiedades organizacionales afectan la conducta del partido. En la quinta secci&oacute;n, ampl&iacute;o el an&aacute;lisis a las instituciones dentro de las cuales operan los partidos; y luego relaciono los rasgos de este contexto con los objetivos del partido. Finalmente, sintetizo la discusi&oacute;n de las restricciones organizacionales e institucionales para poder especificar m&aacute;s a plenitud las condiciones bajo las cuales se aplican mejor los diferentes modelos del comportamiento de partido. El objetivo no s&oacute;lo es integrar estos distintos modelos, sino tambi&eacute;n mejorar nuestra comprensi&oacute;n de la conducta del partido bajo condiciones menos delimitadas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS TRES MODELOS DEL COMPORTAMIENTO DE PARTIDO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los te&oacute;ricos de la elecci&oacute;n racional han desarrollado un conjunto de teor&iacute;as de la conducta competitiva de partido. De acuerdo con los objetivos estipulados por los partidos pol&iacute;ticos, podemos distinguir los siguientes: <i>1)</i> quienes buscan el voto, <i>2)</i> quienes buscan el cargo p&uacute;blico y <i>3)</i> quienes buscan la pol&iacute;tica, entre los modelos del comportamiento de partido. Estos modelos que pueden subdividirse a&uacute;n m&aacute;s, han sido desarrollados para una variedad de prop&oacute;sitos te&oacute;ricos y han influenciado el estudio de los partidos m&aacute;s all&aacute; de la literatura formal. Perm&iacute;tasenos considerarlos sucesivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1. El partido que busca el voto</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este modelo deriva del trabajo original de Downs (1957) sobre competencia electoral, en el cual los partidos son "equipos de hombres" que buscan maximizar su apoyo electoral con el prop&oacute;sito de controlar el gobierno. Por tanto, los partidos downsinianos no s&oacute;lo son buscadores de votos, sino <i>maximizadores</i> del voto. &Eacute;ste es el &uacute;nico objetivo que Downs atribuye a los partidos pol&iacute;ticos y es la base de su teor&iacute;a de la competencia electoral. Sin embargo, la justificaci&oacute;n de Downs del supuesto de la b&uacute;squeda de voto sigue sin ser desarrollada. Debido parcialmente a este descuido, los te&oacute;ricos subsecuentes han enmendado su en distintas formas. Si la votaci&oacute;n es variable y la b&uacute;squeda del voto sirve b&aacute;sicamente a las ambiciones por un cargo p&uacute;blico, entonces en un simple distrito tiene m&aacute;s sentido maximizar las mayor&iacute;as relativas que los votos (Hinich y Ordeshook, 1970). Y, en competencias multidistritales, el o la l&iacute;der del partido racional maximiza su probabilidad de ganar una mayor&iacute;a absoluta de los esca&ntilde;os en disputa (Robertson, 1976). Sin embargo, todos estos modelos alternativos pertenecen a la familia de los <i>partidos que buscan el voto.</i> Sus implicaciones han sido exploradas profusamente en los modelos espaciales de competencia electoral (Enelow y Hinich, 1984; Ordeshook, 1986).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2. El partido que busca el cargo p&uacute;blico</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos que buscan el cargo p&uacute;blico no pretenden maximizar sus votos sino su control sobre el cargo pol&iacute;tico. En este art&iacute;culo, los beneficios del cargo p&uacute;blico se refieren a los bienes privados otorgados a los beneficiarios de nombramientos gubernamentales y locales de alcance pol&iacute;tico discrecional. La actitud del buscador del cargo p&uacute;blico consiste en perseguir esos bienes por encima de su valor pol&iacute;tico o electoral. El cargo pol&iacute;tico bien puede contribuir al &eacute;xito electoral o la eficacia pol&iacute;tica, pero para los prop&oacute;sitos concretos, el comportamiento motivado por tales expectativas no es considerado como b&uacute;squeda del cargo p&uacute;blico (Budge y Laver, 1986). Mientras que el partido de b&uacute;squeda del voto est&aacute; familiarizado con la tarea de la competencia electoral, el partido que busca el cargo p&uacute;blico se ha desarrollado principalmente en el estudio de las coaliciones del gobierno en las democracias parlamentarias. El partido que busca el cargo p&uacute;blico, tal como lo describen te&oacute;ricos de dicho tipo de coalici&oacute;n, por ejemplo Riker (1962) y Leiserson (1968), apunta a maximizar su control en el cargo elegido, a menudo definido operacionalmente en t&eacute;rminos de las agendas del gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3. El partido que busca la pol&iacute;tica</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El partido que busca la pol&iacute;tica maximiza su efecto en la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Como su contraparte que busca el cargo p&uacute;blico, el modelo en busca de la pol&iacute;tica se deriva principalmente de los estudios de coalici&oacute;n. Dentro de las teor&iacute;as de la competencia electoral ha emergido una literatura m&aacute;s peque&ntilde;a sobre los partidos que buscan la pol&iacute;tica (Chappell y Keech, 1986; Hanson y Stuart, 1984; Petry, 1982; Wittman, 1973, 1983). Este modelo fue desarrollado en respuesta a los axiomas de la "pol&iacute;tica ciega" de la primera generaci&oacute;n de los estudios de teor&iacute;a del juego de la formaci&oacute;n del gobierno y, espec&iacute;ficamente, el supuesto de que todas las coaliciones viables son igualmente confiables. En cambio, la teor&iacute;a de la coalici&oacute;n basada en la pol&iacute;tica asume que las coaliciones las efectuar&aacute;n los partidos que est&aacute;n "conectados" (Axelrod, 1970), o por lo menos cercanos unos a otros en el espacio pol&iacute;tico. Sin embargo, la actividad pol&iacute;tica se presenta t&iacute;picamente como un complemento &#45;en lugar de ser un sustituto&#45; de la motivaci&oacute;n por el cargo pol&iacute;tico (Axelrod, 1970; Browne, 1973; De Swaan, 1973; Lijphart, 1984; Luebbert, 1986). La coalici&oacute;n orientada a la pol&iacute;tica asume de manera com&uacute;n que los partidos tambi&eacute;n buscan el cargo pol&iacute;tico por lo menos instrumentalmente, ya que el cargo de elecci&oacute;n es considerado una condici&oacute;n previa para la influencia pol&iacute;tica. Por lo tanto, el partido que busca la pol&iacute;tica se ocupa de la agenda gubernamental, as&iacute; como de la disposici&oacute;n ideol&oacute;gica de la coalici&oacute;n en la que participa (Budge y Laver, 1986). Como la compensaci&oacute;n entre estos dos objetivos nunca ha sido resuelta, el partido que busca la pol&iacute;tica ha sido el modelo de comportamiento competitivo de partido menos desarrollado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>UNA CR&Iacute;TICA A LOS TRES MODELOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno f&aacute;cilmente encuentra fallas en cada modelo de comportamiento de partido. Algunas deficiencias son comunes a los tres modelos, en tanto que otras son propias de una teor&iacute;a espec&iacute;fica. Revisar&eacute; esta cr&iacute;tica brevemente, comenzando con el desajuste emp&iacute;rico de cada modelo y luego me mover&eacute; hacia cuestiones m&aacute;s generales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1.&nbsp;El partido que busca el voto</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica del supuesto de maximizaci&oacute;n del voto es sencilla y de sentido com&uacute;n. Las suposiciones y la l&oacute;gica del modelo downsiniano han sido ampliamente criticadas (por ejemplo: Barry, 1970; Riker, 1962; Robertson, 1976; Strokes, 1963). Las cr&iacute;ticas al modelo en busca del voto se han referido a la deserci&oacute;n del votante medio de los dos partidos brit&aacute;nicos m&aacute;s grandes como evidencia del descontento, que tuvo lugar despu&eacute;s de mediados de los setenta. Consid&eacute;rese por ejemplo, la plataforma electoralmente suicida adoptada por el Partido Laborista brit&aacute;nico en 1983. En sistemas multipartidarios un gran n&uacute;mero de partidos que dan cobertura a grupos sociales en declive o peque&ntilde;os, tal como ocurre con el Partido del Pueblo Sueco en Finlandia, de manera similar desaf&iacute;a la l&oacute;gica de la competencia &#151;atrapa todo&#151; (Kirchheimer, 1966). Lo mismo ocurri&oacute; con un n&uacute;mero de partidos stalinistas de l&iacute;nea dura espectacularmente fallidos a lo largo del mundo occidental. Incluso las versiones relajadas de b&uacute;squeda del voto (maximizaci&oacute;n de la mayor&iacute;a relativa y satisfacci&oacute;n del voto) concuerdan con estos casos de manera muy pobre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2.&nbsp;El partido que busca el cargo p&uacute;blico</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este modelo ha sido ampliamente criticado por los postulantes de la coalici&oacute;n orientada a la pol&iacute;tica (v&eacute;ase arriba). Evidentemente, muchos partidos renuncian en forma voluntaria a los beneficios de ocupar un cargo p&uacute;blico. Los participantes en gobiernos de coalici&oacute;n con frecuencia renuncian a la mitad del periodo parlamentario, incluso cuando no hay oportunidad de unirse a un gobierno alternativo. Por ejemplo, los partidos laicos de centro en Italia con frecuencia se han involucrado en este tipo de comportamiento (Marradi, 1982). De manera m&aacute;s usual, el alto &iacute;ndice de gobiernos minoritarios en muchas democracias parlamentarias indica timidez para ocupar un cargo. Las proto&#45;coaliciones a menudo permanecen minimizadas debido a que los partidos marginales declinan invitaciones para participar en coaliciones mayoritarias (Luebbert, 1986; Storm, 1984).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3. El partido que busca la pol&iacute;tica</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como este modelo de comportamiento de partido est&aacute; menos desarrollado que los otros dos, es tambi&eacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de refutar. Sin embargo, ning&uacute;n partido deber&iacute;a participar en el gobierno sin hacer efectivo un cambio de pol&iacute;tica que lo favorezca. En su an&aacute;lisis reciente de las pol&iacute;ticas de coalici&oacute;n en Irlanda, Laver (1990) encuentra que Fine Gael ha recibido retribuciones pol&iacute;ticas m&iacute;nimas en sus coaliciones gubernamentales y electorales hechas con el Partido Laborista. En un sentido m&aacute;s amplio, en ausencia de fuertes expectativas de ventaja partidaria, la motivaci&oacute;n de la pol&iacute;tica es dif&iacute;cil de reconciliar con la delegaci&oacute;n de amplias jurisdicciones hacia los gobiernos subnacionales, grupos de inter&eacute;s o los ciudadanos en su conjunto. Los sistemas pol&iacute;ticos con partidos orientados a la pol&iacute;tica debieran exhibir altos grados de gobierno de partido (Castles y Wildenmann, 1986; Katz, 1986). Un partido que busca la pol&iacute;tica pura no deber&iacute;a consentir, y mucho menos promover, la institucionalizaci&oacute;n del corporativismo, el pluralismo disgregado, o la democracia de refer&eacute;ndum (Katz, 1987), puesto que estas pr&aacute;cticas reducen generalmente la influencia de los partidos en las pol&iacute;ticas.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Por consiguiente, la proliferaci&oacute;n de tales pr&aacute;cticas desde la posguerra atestigua en contra de este modelo de conducta del partido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los problemas con los tres modelos de comportamiento partidario se extienden m&aacute;s all&aacute; del encuadre emp&iacute;rico. En sus formas b&aacute;sicas, todas comparten tres supuestos significativos aunque poco realistas:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Excepto por algunos trabajaos prometedores recientes (Austen&#45;Smith y Banks, 1988; Laver y Shepsle, 1989; Schlesinger, 1985), los modelos de comportamiento de partido son generalmente <i>est&aacute;ticos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada elecci&oacute;n y cada proceso de formaci&oacute;n de un gobierno se analizan por separado, como si los partidos no tuvieran historia ni futuro (v&eacute;anse Laver y Budge, 1990). M&aacute;s a&uacute;n, las formaciones del gobierno se modelan com&uacute;nmente como si, al final del d&iacute;a, cada partido simplemente "tomara sus beneficios y se fuera a su casa". Pero seguramente los l&iacute;deres de partido no son amn&eacute;sicos ni miopes. Sus estrategias en la negociaci&oacute;n de coaliciones y elecciones est&aacute;n t&iacute;picamente condicionadas por eventos pasados, as&iacute; como por la anticipaci&oacute;n de beneficios futuros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Los tres modelos tratan a los partidos como actores<sup><a href="#notas">3</a></sup> <i>unitarios</i> y sin restricciones. De hecho, los partidos son organizaciones complejas que imponen varias restricciones en el comportamiento de sus l&iacute;deres. Por ejemplo, los l&iacute;deres de partido que con frecuencia operan bajo l&iacute;mites auto impuestos debido a "contratos" que han hecho con miembros de su organizaci&oacute;n o con otros l&iacute;deres de partido. As&iacute;, un modelo din&aacute;mico de competencia partidaria nos puede tambi&eacute;n ayudar a comprender las limitaciones en la libertad de acci&oacute;n del partido. Las restricciones pueden tambi&eacute;n ser ex&oacute;genas, como en el caso en que ciertas coaliciones o estrategias electorales est&aacute;n prohibidas por la constituci&oacute;n o por poderes extranjeros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Finalmente, la mayor&iacute;a de las teor&iacute;as ignora el contexto institucional como una determinante del comportamiento. La conducta del partido es vista estrictamente desde una perspectiva de la demanda, como si la conducta estuviera determinada &uacute;nicamente por las preferencias de los l&iacute;deres del partido. Sin embargo, la oferta de los bienes pol&iacute;ticos tales como la influencia pol&iacute;tica y los beneficios en el cargo p&uacute;blico var&iacute;a de acuerdo con caracter&iacute;sticas institucionales entre los sistemas pol&iacute;ticos. El comportamiento real de los partidos pol&iacute;ticos pudiera depender tanto de la oferta como de la demanda (Harmel y Janda, 1982). Para ponerlo de manera sencilla, debe haber recompensa para que los partidos est&eacute;n orientados a los botines.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, los tres modelos de partidos son simplificaciones por definici&oacute;n, lo que por cierto no es raz&oacute;n para rechazarlos por completo. Hay que notar tambi&eacute;n que &eacute;stos son menos modelos de comportamiento de partido que de competencia electoral y formaci&oacute;n de coaliciones. Su principal valor radica en los resultados deductivos que generan (v&eacute;ase Cyert y March, 1963, para una discusi&oacute;n similar respecto a la teor&iacute;a de la empresa). &Eacute;sta es una virtud muy sustancial. Sin embargo, como las condiciones de alcance de los modelos no est&aacute;n bien definidas, no sabemos bajo qu&eacute; condiciones podemos esperar que cada modelo genere buenas predicciones de comportamiento. Y aunque se han hecho algunas modificaciones de los supuestos b&aacute;sicos, curiosamente han existido pocos intentos por interrelacionar los objetivos de los tres partidos considerados (v&eacute;anse, sin embargo, Austen&#45;Smith y Banks, 1988; Bueno de M&eacute;squita, 1975; Laver, 1989; Schlesinger, 1985; Sj&oacute;lom, 1968).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conforme procedemos a desarrollar una teor&iacute;a m&aacute;s comprensiva del comportamiento del partido competitivo, el prop&oacute;sito es especificar las condiciones bajo las cuales aplican los diversos modelos. Por lo tanto, cada modelo se convierte en un caso especial (o un grupo de casos) bajo circunstancias institucionales y organizacionales espec&iacute;ficas y el comportamiento del partido se vuelve end&oacute;geno. Esta teor&iacute;a por tanto complementa, en vez de remplazar, a los modelos existentes de comportamiento de partido.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>UN MODELO UNIFICADO DEL COMPORTAMIENTO DE PARTIDO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una teor&iacute;a conductista m&aacute;s general de los partidos pol&iacute;ticos competitivos requiere de la comprensi&oacute;n de las interrelaciones e intercambios entre objetivos diferentes. Podemos comenzar por pensar en los partidos pol&iacute;ticos como "preocupaciones en curso", cuyos objetivos incluyen las tres metas discutidas l&iacute;neas arriba: votos, cargo p&uacute;blico y pol&iacute;ticas. Es poco probable que existan de manera pura quienes simplemente busquen el voto, el cargo p&uacute;blico o la pol&iacute;tica. Podemos identificar emp&iacute;ricamente objetivos de partido, o combinaciones de objetivos a trav&eacute;s del comportamiento manifiesto de partido. Pero la mejor manera de comprender las relaciones entre el comportamiento de quienes buscan el cargo p&uacute;blico, la pol&iacute;tica y el voto es desarrollar una teor&iacute;a unificada del partido competitivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Construyendo un espacio conductual</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideremos primero el rango de comportamientos posibles que pueden exhibir los partidos pol&iacute;ticos. Retengamos tambi&eacute;n cada uno de los tres modelos que hemos examinado como un caso extremo (o l&iacute;mite) del comportamiento de partido. Podemos pensar productivamente en la b&uacute;squeda del voto, del cargo p&uacute;blico y de la pol&iacute;tica como tres formas de comportamiento independientes y en mutuo conflicto constante, en el que los partidos pol&iacute;ticos pueden vincularse.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La <a href="#f1">figura 1</a> ilustra estas hip&oacute;tesis al construir un espacio de comportamiento tridimensional, en donde cada forma de conducta es una dimensi&oacute;n. Por lo tanto, podemos ubicar cualquier forma de comportamiento partidario en este espacio tridimensional. Perm&iacute;tasenos ir m&aacute;s all&aacute; y asumir que podemos representar cada caso de comportamiento partidario como una funci&oacute;n linear y aditiva de estas tres dimensiones de la siguiente manera:</font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donde</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6e1.jpg" alt=""></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">B = posici&oacute;n en el espacio conductual,</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">V = comportamiento en busca del voto,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O = comportamiento en busca del cargo p&uacute;blico,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P = comportamiento en busca de la pol&iacute;tica y <i>w</i><sub>1</sub> hasta <i>w</i><sub>3</sub> son coeficientes que representan los pesos de cada forma de comportamiento.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s a&uacute;n, perm&iacute;tasenos normalizar los pesos como sigue:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6e2.jpg" alt=""></i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto significa que contenemos los pesos a que sumen 1.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Bajo estos supuestos, todas las formas viables de comportamiento partidario caen el tri&aacute;ngulo <i>ABC</i> en la <a href="#f1">figura 1</a>. Un partido puro que s&oacute;lo busca el voto estar&iacute;a localizado en el punto A, un partido puro que busca s&oacute;lo el cargo p&uacute;blico en el <i>B</i> y un partido puro que s&oacute;lo busque la pol&iacute;tica estar&iacute;a en el <i>C.</i> Los partidos que no tengan valor en alguno de los tres objetivos caer&aacute;n en uno de los lados del tri&aacute;ngulo. Por lo tanto, a manera de ejemplo, los partidos que desestimen los votos caen en alg&uacute;n lugar en la l&iacute;nea <i>BC.</i> Los partidos que persiguen los tres objetivos caer&aacute;n en alg&uacute;n lugar en el interior del tri&aacute;ngulo. Si, por ejemplo, un partido coloca alg&uacute;n valor en votos, y m&aacute;s en el cargo p&uacute;blico que en las pol&iacute;ticas, caer&aacute; entonces dentro del &aacute;rea <i>ABD.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algebraicamente, podr&iacute;amos identificar cada posici&oacute;n de partido en este tri&aacute;ngulo mediante dos ecuaciones: una, dando su posici&oacute;n vertical y la otra, dando su posici&oacute;n horizontal. Este art&iacute;culo sugiere una especificaci&oacute;n parcial de estas dos ecuaciones. En otras palabras, buscar&eacute; proponer algunos factores que sistem&aacute;ticamente afectan los intercambios entre votos, cargos p&uacute;blicos y pol&iacute;ticas. Un grupo de factores se encuentra en las propiedades organizacionales de los partidos pol&iacute;ticos y especialmente en las limitaciones de los l&iacute;deres de partido. Las instituciones electorales, legislativas y gubernamentales constituyen el segundo grupo de variables que nos ayudan a comprender el comportamiento de partido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Intercambios entre objetivos diferentes</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poder especificar los pesos relativos que los partidos le dan a la b&uacute;squeda del voto, del cargo p&uacute;blico y de la pol&iacute;tica, necesitamos comprender los conflictos y los intercambios entre estos dos objetivos. Uno de esos intercambios, entre la influencia de la pol&iacute;tica y los beneficios del cargo p&uacute;blico, se relaciona con la dimensi&oacute;n horizontal en la <a href="#f1">figura 1</a>. Institucionalmente, la influencia pol&iacute;tica y los beneficios del cargo p&uacute;blico a menudo son metas compatibles, ya que el ejercicio de un cargo en el gobierno promueve las dos. Sin embargo, <i>en el interior</i> de las coaliciones del gobierno, con frecuencia los partidos negocian por separado sobre pol&iacute;tica y agendas gubernamentales.<sup><a href="#notas">6</a></sup> En tales situaciones los partidos pueden intercambiar beneficios obtenidos por influencia pol&iacute;tica, o viceversa. De ah&iacute; que el intercambio entre los beneficios pol&iacute;ticos y los del cargo p&uacute;blico surge principalmente para los partidos gobernantes. Sin embargo, los partidos comprometidos en coaliciones <i>legislativas</i> (por ejemplo, en apoyo de un gobierno minoritario) pueden enfrentar alternativas similares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo conflicto que enfrentan los partidos pol&iacute;ticos est&aacute; entre la b&uacute;squeda del voto, por un lado, y la b&uacute;squeda m&aacute;s inmediata por la pol&iacute;tica y el cargo p&uacute;blico, por el otro. Dicha contradicci&oacute;n, que est&aacute; representada por la dimensi&oacute;n vertical en la <a href="#f1">figura 1</a>, s&oacute;lo puede entenderse en t&eacute;rminos din&aacute;micos (Laver, 1989). El comportamiento del partido en el cargo p&uacute;blico afecta la realizaci&oacute;n subsecuente en las urnas. Los partidos se mueven a trav&eacute;s de ciclos de competencia electoral, negociaci&oacute;n legislativa y formaci&oacute;n del gobierno. En este proceso los votos son convertidos en beneficios de cargos p&uacute;blicos e influencia pol&iacute;tica. Los votos no tienen un valor intr&iacute;nseco para los l&iacute;deres de partido. Son solamente medios y, en sociedades democr&aacute;ticas, uno importante para obtener beneficios de cargos p&uacute;blicos o de pol&iacute;tica. Por lo tanto, los votos son valorados por su contribuci&oacute;n a estos beneficios. Esta instrumentalidad es reconocida incluso en la formulaci&oacute;n original de Downs acerca del partido que busca el voto: "Los miembros (del partido) est&aacute;n motivados por su deseo personal de ingreso, prestigio y poder que vienen de dirigir una administraci&oacute;n Como ninguna de las prerrogativas de cargo p&uacute;blico puede obtenerse sin ser elegido, la meta principal de cada partido es ganar las elecciones. Por lo tanto, todas sus acciones est&aacute;n dirigidas a maximizar votos" (Downs, 1957: 34&#45;35).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comportamiento de la b&uacute;squeda del cargo p&uacute;blico (y de la b&uacute;squeda de la pol&iacute;tica) puede entrar en conflicto con la maximizaci&oacute;n del voto, al grado de que el ejercicio del cargo puede llegar a tener subsecuentes costos electorales. Esta relaci&oacute;n, que est&aacute; bien apoyada emp&iacute;ricamente (Rose y Mackie, 1983; Storm, 1985), puede ser explicada dentro del modelo downsiniano del voto retrospectivo. De acuerdo con Downs, los partidos mantendr&aacute;n posiciones pol&iacute;ticas relativamente estables conforme avanza el tiempo. Esto ocurre porque los votantes buscan minimizar su incertidumbre sobre pol&iacute;ticas futuras y, por tanto, todo lo dem&aacute;s resulta igual, prefieren entonces a partidos <i>confiables</i> y <i>responsables.</i> Esto significa que los votantes recompensan a los partidos cuyas posiciones pol&iacute;ticas son consistentes con el tiempo, y cuyo comportamiento en cargos p&uacute;blicos concuerde con sus promesas program&aacute;ticas (Downs, 1957: 103&#45;109). Los partidos gobernantes tienen a prueba su confianza (consistencia entre promesa y actuaci&oacute;n) de manera m&aacute;s severa que la oposici&oacute;n. Adicionalmente, los partidos de oposici&oacute;n pueden buscar estrategias de coalici&oacute;n de minor&iacute;as en contra de quienes tienen el cargo (Downs, 1957: 55&#45;60), cuyas estrategias electorales son mucho m&aacute;s limitadas debido al propio ejercicio de gobierno.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como los votos s&oacute;lo son evaluados instrumentalmente, el conflicto entre la b&uacute;squeda presente del cargo p&uacute;blico (y de la pol&iacute;tica) y la b&uacute;squeda del voto futuro se reduce a un intercambio entre beneficios a corto y largo plazo.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En otras palabras, es un asunto de cu&aacute;n abruptamente los partidos reducen sus beneficios futuros. Las propiedades organizacionales de los partidos pol&iacute;ticos pueden ayudarnos a entender esta funci&oacute;n de rebaja, pero el proceso institucional por el cual est&aacute;n relacionados las pol&iacute;ticas, los beneficios de cargos p&uacute;blicos y los votos resulta igualmente crucial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dados estos conflictos entre objetivos diferentes, necesitamos ahora analizar las circunstancias que causan que los partidos se comprometan consigo mismos con una mezcla particular de objetivos. El siguiente an&aacute;lisis se dirige a dos preguntas clave: <i>1)</i> &iquest;C&oacute;mo los partidos sopesan la influencia pol&iacute;tica en contra de los beneficios que aporta el cargo p&uacute;blico? Y <i>2)</i> &iquest;C&oacute;mo la realizaci&oacute;n de esas metas a corto plazo ejerce contrapeso frente a los objetivos a largo plazo? Consideraremos primero los determinantes organizacionales de estas opciones y luego los de tipo institucional.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PARTIDOS POL&Iacute;TICOS COMO ORGANIZACIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las definiciones predominantes sobre partidos pol&iacute;ticos nos ofrecen escasa orientaci&oacute;n acerca de sus propiedades organizacionales. Haciendo una ligera modificaci&oacute;n a Downs, podemos definir a un partido pol&iacute;tico como una organizaci&oacute;n que busca beneficios de un cargo p&uacute;blico al conseguir la representaci&oacute;n mediante elecciones debidamente constituidas (Downs, 1957: 25; v&eacute;anse tambi&eacute;n: Epstein, 1967; Sartori, 1976; para definiciones m&aacute;s generales, v&eacute;anse: Janda, 1980; Lawson, 1976). Puede ser de utilidad aproximarse a los partidos pol&iacute;ticos concentr&aacute;ndose inicialmente en los l&iacute;deres partidarios, a quienes podemos concebir como equipos de individuos en el sentido downsiano, es decir, en tanto actores unitarios y racionales. Podemos ver entonces al dise&ntilde;o organizacional y sus consecuencias de comportamiento a trav&eacute;s de los ojos de estos l&iacute;deres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La perspectiva emprendedora</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensemos m&aacute;s espec&iacute;ficamente en los l&iacute;deres de partido como <i>emprendedores</i> (Frohlich, Oppenheimer y Young, 1971; Salisbury, 1969). Los l&iacute;deres de partido organizan a los partidos pol&iacute;ticos que proveen las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas demandadas por el electorado. Nuevos emprendedores de este tipo emergen remplazando a los actuales l&iacute;deres de partidos, o a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de nuevos partidos. Los individuos ingresan al negocio de la direcci&oacute;n partidaria por inter&eacute;s propio m&aacute;s que por altruismo. Es decir, que se convierten en l&iacute;deres de partido porque esperan beneficiarse de esta actividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tanto emprendedores, los l&iacute;deres de partido est&aacute;n inicialmente motivados por el beneficio que esperan obtener al ocupar un cargo p&uacute;blico, el cual puede ser convertido en bienes privados. Para estos emprendedores, los votos no tienen un valor intr&iacute;nseco, y el valor que asignan a los resultados de pol&iacute;tica p&uacute;blica rara vez resulta suficiente para recompensar sus esfuerzos de organizar partidos pol&iacute;ticos. Por lo tanto, los beneficios del cargo p&uacute;blico deben figurar predominantemente en los c&aacute;lculos de utilidad por parte de los individuos que se convierten en l&iacute;deres de partido. Limitados a sus propios recursos, los l&iacute;deres de partido deber&aacute;n buscar entonces los beneficios del cargo p&uacute;blico, m&aacute;s que los votos o las pol&iacute;ticas (Laver, 1981). El caso &uacute;nico de un partido dirigido por un l&iacute;der dictatorial sin cortapisas o competidores electorales deber&iacute;a ubicarse en <i>B</i> en la <a href="#f1">figura 1</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la predominancia de esta motivaci&oacute;n por el cargo p&uacute;blico no es absoluta. Despu&eacute;s de todo, se supone que los votantes buscan las pol&iacute;ticas y los l&iacute;deres de partido no est&aacute;n <i>menos</i> preocupados con las pol&iacute;ticas que los votantes ordinarios. Al contrario, los l&iacute;deres de partido est&aacute;n por lo com&uacute;n m&aacute;s orientados a las pol&iacute;ticas que el votante promedio dado que, para empezar, s&oacute;lo los individuos que est&aacute;n orientados a las pol&iacute;ticas ejercer&aacute;n puestos de liderazgo. Esto ocurre as&iacute; debido a que los l&iacute;deres suelen ser reclutados de las filas de los activistas y funcionarios del partido, quienes se han autoelegido con base en la motivaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El imperativo organizacional</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los l&iacute;deres de partido no son, sin embargo, ni dictatoriales ni irrestrictos. Independientemente de sus preferencias individuales, los l&iacute;deres est&aacute;n restringidos por las propiedades organizacionales de sus partidos. Esto significa que deben tener en cuenta las preferencias de otros individuos en su organizaci&oacute;n partidaria, y sus manos pueden estar atadas en varias proporciones por el entorno institucional en el que operan sus partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para obtener el premio de gobernar, los pol&iacute;ticos emprendedores necesitan organizaciones extraparlamentarias de partido. Los partidos pol&iacute;ticos exitosos requieren extensas capacidades organizacionales. Dichas organizaciones est&aacute;n dise&ntilde;adas para satisfacer distintas necesidades con las que se enfrentan los pol&iacute;ticos aspirantes en situaciones de competencia. Tres necesidades son particularmente persistentes: <i>1)</i> informaci&oacute;n acerca del electorado y sus preferencias, <i>2)</i> movilizaci&oacute;n en campa&ntilde;a de los seguidores, y <i>3)</i> la implementaci&oacute;n de la pol&iacute;tica del partido en las diversas instituciones a las que tiene acceso. Por lo tanto, los l&iacute;deres de partido construyen organizaciones que los ayuden a competir electoralmente asegurando informaci&oacute;n, movilizando votantes e implementando pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas organizaciones pueden ser construidas de varias maneras. Podemos pensar en <i>capital</i> (p.ej. bajo la forma de tecnolog&iacute;as de publicidad) y <i>trabajo</i> (activistas de varios tipos) como los incentivos que definen la funci&oacute;n productiva de los partidos pol&iacute;ticos. Hasta cierto punto estos est&iacute;mulos son mutuamente sustituibles. Los partidos var&iacute;an en su intensidad de trabajo o capital, y la eficiencia relativa de las organizaciones de intensidad laboral ("contagio de la izquierda") contra las organizaciones de intensidad de capital ("contagio de la derecha") es un tema de controversia acad&eacute;mica (Duverger, 1954; Epstein, 1967). En a&ntilde;os recientes los partidos intensivos en capital parecen gozar de una ventaja sobre los partidos m&aacute;s intensivos en trabajo, y cambios hacia una mayor dependencia del capital y de la tecnolog&iacute;a son evidentes incluso en los partidos socialdem&oacute;cratas, que tradicionalmente han dependido del trabajo de bajo costo. En tanto emprendedores racionales, los l&iacute;deres de partido construyen organizaciones hasta donde esperan que los rendimientos marginales equivalgan a los costos marginales. &Eacute;stos escogen la proporci&oacute;n de trabajo&#45;capital de acuerdo a c&aacute;lculos similares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Activistas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los costos que representan la organizaci&oacute;n extraparlamentaria para los l&iacute;deres de partido son muy tangibles. Los partidos de cualquier filiaci&oacute;n requieren de recursos considerables para compensar a activistas y a profesionales tales como encuestadores y agencias de publicidad. Los l&iacute;deres de partido con frecuencia est&aacute;n limitados financieramente y prefieren seguidores cuyo apoyo no es costoso. Los profesionales de campa&ntilde;a requieren por lo general de compensaci&oacute;n monetaria. Por otro lado, los activistas pueden ser a menudo retribuidos con una compensaci&oacute;n no monetaria como pueden ser las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas o la asignaci&oacute;n de puestos en el gobierno. En t&eacute;rminos monetarios, los activistas constituyen por lo general mano de obra barata. Sin embargo, los activistas pueden tener distintas preferencias sobre las pol&iacute;ticas y los beneficios en el gobierno. Para la mayor&iacute;a de los l&iacute;deres de partido, el activista ideal est&aacute; altamente motivado hacia la pol&iacute;tica y es similar al votante com&uacute;n en tanto que su apoyo puede ser intercambiado por promesas de cambios futuros a la pol&iacute;tica p&uacute;blica (Aldrich, 1983a, 1983b). En otras palabras, los l&iacute;deres de partido prefieren ofrecerles a los activistas <i>incentivos propositivos</i> (Wilson, 1973).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la compensaci&oacute;n pol&iacute;tica rara vez satisface las tareas organizacionales y los servicios profesionales. Por lo tanto, los activistas que llevan a cabo dichos servicios son al menos compensados parcialmente con beneficios privados. La mayor&iacute;a de los beneficios privados que los partidos pueden ofrecer se derivan por lo general de ocupar un cargo p&uacute;blico. La combinaci&oacute;n de beneficios en puestos o en pol&iacute;ticas que se ofrecen a los activistas afectan el equilibrio entre los pol&iacute;ticos <i>amateurs</i> y <i>profesionales</i> que son reclutados (Clark y Wilson, 1961; Wilson, 1962. Tambi&eacute;n: Soule y Clarke, 1970; Hofstetter, 1971; De Felice, 1981; Sorauf y Beck, 1988). Entre mayor sea la proporci&oacute;n de beneficios en puestos de gobierno respecto a los beneficios en pol&iacute;ticas, mayor ser&aacute; la tasa de profesionales sobre amateurs.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Problemas de incentivos</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las organizaciones de partido que son intensivas en trabajo se encuentran frecuentemente con el problema de motivar a sus activistas para que ejerzan su mejor esfuerzo en nombre del partido. Este problema puede esclarecerse mediante una sencilla aplicaci&oacute;n de los conceptos desarrollados en "la nueva econom&iacute;a de la organizaci&oacute;n" (Moe, 1984). Debido a que los recursos de los partidos normalmente dependen del cargo elegido, la compensaci&oacute;n tiende a ser <i>prospectiva.</i> Los activistas llevan a cabo varios servicios para el partido a cambio de promesas de beneficios futuros a ser entregados en cuanto el partido gane la elecci&oacute;n. Dado que muchas de las recompensas a los activistas no pueden ser otorgadas al momento que requieren de sus servicios, las organizaciones de partido enfrentan problemas de <i>intercambio no simult&aacute;neo</i> (v&eacute;ase Weingast y Marshall, 1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En virtud de que los servicios de los activistas ya se han llevado a cabo al momento de la compensaci&oacute;n, los l&iacute;deres tienen un incentivo para renegar de sus promesas. Si los activistas reconocen este problema, y dudan de que ser&aacute;n adecuadamente recompensados, sus esfuerzos de campa&ntilde;a podr&iacute;an ser minimizados. Este problema es propenso a producirse en <i>1)</i> partidos intensivos en trabajo que <i>2)</i> no con frecuencia son electos. Los partidos que dependen de servicios profesionales (intensivos en capital) generalmente deben pagar por anticipado o pactan contratos con salvaguardas y por lo tanto son menos propensos a enfrentar este problema. Los partidos gobernantes controlan mayores recursos y por lo tanto tienen mayor capacidad para ofrecer compensaciones inmediatas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este problema de incentivos es una amenaza para cualquier partido que dependa en forma significativa de activistas para sus esfuerzos de campa&ntilde;a. En muchas casos, el problema puede ser mitigado por el inter&eacute;s que tengan los l&iacute;deres de partido respecto a su reputaci&oacute;n (v&eacute;anse Kreps, 1984; Calvert, 1987). Los l&iacute;deres de partido anticipan campa&ntilde;as futuras en las que podr&aacute;n necesitar nuevamente del apoyo de los activistas. Por lo tanto, no pueden sostener una mala reputaci&oacute;n por no cumplir sus promesas. Sin embargo, el problema de incentivos se ve exacerbado en situaciones donde el desempe&ntilde;o de los activistas no es <i>observable</i> o <i>verificable</i> (Holmstrom y Tirole, 1989). Los l&iacute;deres de partido podr&iacute;an, por su parte, sin perder su reputaci&oacute;n, renegar y culpar a los activistas por no cumplir con su parte del trato. Pero la anticipaci&oacute;n de tal comportamiento por parte del liderazgo podr&iacute;a nuevamente propiciar que la mano de obra de campa&ntilde;a se reduzca.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, los l&iacute;deres y activistas tienen un inter&eacute;s mutuo en sostener mecanismos que permitan a los l&iacute;deres de partido hacer compromisos de compensaciones cre&iacute;bles con sus activistas. Una decisi&oacute;n a favor de un partido de trabajo intensivo generalmente va de la mano de una estrategia de integrar a estos trabajadores dentro del partido. Los l&iacute;deres de partido buscan prevenir que se reduzca el apoyo de los activistas ofreci&eacute;ndoles una "participaci&oacute;n" en el partido. Una manera en la que los l&iacute;deres pueden hacer m&aacute;s cre&iacute;bles sus compromisos es cediendo el control de sus partidos: pueden ofrecer a sus seguidores un control parcial o total en las decisiones de <i>pol&iacute;tica</i> o de <i>cargos</i> dentro del partido. Tres estrategias prominentes son <i>1)</i> la descentralizaci&oacute;n de decisiones pol&iacute;ticas intrapartidistas, <i>2)</i> la restricci&oacute;n del reclutamiento a puestos del partido a favor de activistas y directivos ya existentes, y <i>3)</i> la rendici&oacute;n de cuentas de los l&iacute;deres a los activistas y otros miembros. La primera de estas estrategias ofrece a los activistas influencia pol&iacute;tica, mientras que las estrategias <i>2</i> y <i>3</i> implican concesiones de puestos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Indirectamente, las &uacute;ltimas dos estrategias tambi&eacute;n pueden implicar concesiones pol&iacute;ticas. Adem&aacute;s, cada estrategia conlleva restricciones de comportamiento para los l&iacute;deres partidarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1)&nbsp;La descentralizaci&oacute;n de las decisiones pol&iacute;ticas</i> ("democracia intrapartido") es una estrategia particularmente atractiva para los activistas orientados a la pol&iacute;tica (amateurs). Estos individuos pueden ser reclutados m&aacute;s f&aacute;cilmente si se les otorga una voz directa en las decisiones pol&iacute;ticas. La descentralizaci&oacute;n puede consistir en transferir la autoridad en la toma de decisiones del liderazgo del partido o del comit&eacute; parlamentario a la conferencia anual o a otros cuerpos extraparlamentarios. El partido com&uacute;n&#45;ideal en el que los l&iacute;deres s&oacute;lo se preocupan por el cargo p&uacute;blico y los activistas se ocupan estrictamente de la pol&iacute;tica podr&iacute;a ser perfectamente descentralizado. Sin embargo, esta estrategia tiene costos evidentes para los l&iacute;deres de partido. Si la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas es descentralizada, ser&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil intercambiar pol&iacute;ticas por votos o recompensas en puestos. En el partido descentralizado pueden ser delimitadas con plataformas legislativas electoralmente sub&oacute;ptimas, y sus l&iacute;deres pueden verse restringidos al negociar coaliciones con otros partidos. Entre m&aacute;s descentralizadas sean las decisiones pol&iacute;ticas, el partido estar&aacute; m&aacute;s orientado a las pol&iacute;ticas, a expensas de la b&uacute;squeda del voto y el cargo p&uacute;blico. El conflicto entre la maximizaci&oacute;n del voto y la descentralizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica se ha sentido de manera acentuada en los a&ntilde;os recientes (especialmente a partir de 1981) en el Partido Laborista brit&aacute;nico (v&eacute;anse por ejemplo: Kavanaugh, 1985; McKenzie, 1982; Newman, 1987; Tsebelis, 1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2)&nbsp;Los l&iacute;deres de partido pueden en cambio, o adem&aacute;s, enfocarse a estrategias de puestos internos,</i> tales como <i>a)</i> aumentar las expectativas de los activistas y miembros de conseguir una movilidad organizacional ascendente o <i>b)</i> darle a dichos miembros un monopolio de la promoci&oacute;n hacia puestos m&aacute;s altos en la organizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de <i>canales impermeables de reclutamiento</i> (Putnam, 1976). Estos incentivos suelen llamar la atenci&oacute;n particularmente de los profesionistas del partido. Sin embargo, el efecto principal a largo plazo de la impermeabilidad es el de aumentar la orientaci&oacute;n de los l&iacute;deres de partido hacia las pol&iacute;ticas. Esto puede parecer parad&oacute;jico, dado que al expandir la movilidad ascendente, los canales de reclutamiento refuerzan los incentivos para quienes buscan puestos dentro de la organizaci&oacute;n. La clave es que esta rigidez en el reclutamiento limita la entrada de quienes &uacute;nicamente buscan puestos. Muchos de estos individuos encontrar&aacute;n atractiva una carrera partidista s&oacute;lo si pueden llegar a un alto nivel organizacional. Si dicha barrera es superada, s&oacute;lo los individuos que valoran altamente la pol&iacute;tica se reclutan para puestos prominentes del partido, dado que s&oacute;lo este tipo de l&iacute;deres sobresalen de las filas de los activistas. No obstante, las pr&aacute;cticas estrechamente restringidas de promoci&oacute;n profesional pueden dejar al partido con candidatos poco atractivos para ocupar cargos, y la promoci&oacute;n de amateurs sobre profesionales puede traducirse f&aacute;cilmente en costos electorales (Schlesinger, 1965; Steel y Tsurutani, 1986). Por lo tanto, siguiendo la <a href="#f1">figura 1</a>, a largo plazo los canales de reclutamiento impermeable alejan a los partidos de <i>A</i> y <i>B</i> y los acercan a C.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3) La rendici&oacute;n de cuentas personal (del liderazgo)</i> es un tercer factor que los l&iacute;deres de partido pueden manipular para atraer seguidores. La rendici&oacute;n de cuentas se refiere a la facilidad con la cual los directivos de partido pueden remplazarse a criterio de los activistas y los miembros, con base en el desempe&ntilde;o que hayan mostrado en sus cargos. Los amateurs est&aacute;n "vitalmente interesados en mecanismos que aseguren la rendici&oacute;n de cuentas intrapartidaria de los funcionarios y l&iacute;deres de partido" (Wilson, 1973: 107). Una organizaci&oacute;n con un alto nivel de rendici&oacute;n de cuentas de sus l&iacute;deres atrae por tanto a activistas amateurs a costos m&aacute;s bajos que en organizaciones con menor rendici&oacute;n de cuentas. Sin embargo, los l&iacute;deres de partido ofrecen concesiones de rendici&oacute;n de cuentas s&oacute;lo como un &uacute;ltimo recurso. En la medida que los miembros del partido est&aacute;n autorizados a remplazar a sus superiores, los l&iacute;deres de partido se tornan vulnerables, y se comprometen las expectativas de ganancias a largo plazo. Bajo estas circunstancias, los l&iacute;deres descartan m&aacute;s beneficios futuros y muestran menor preocupaci&oacute;n por elecciones futuras. Cuando las &eacute;lites son vulnerables y las tasas de rotaci&oacute;n esperadas dentro del partido sean altas, como en el PRI mexicano, los l&iacute;deres suelen "tomar el dinero y echarse a correr" (Putnam, 1976: 67). En segundo lugar, la rendici&oacute;n de cuentas de los l&iacute;deres puede propiciar una mayor orientaci&oacute;n a la pol&iacute;tica a expensas de beneficios en puestos, dado que los l&iacute;deres deben mostrar una mayor preocupaci&oacute;n por las preferencias pol&iacute;ticas de sus seguidores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento reci&eacute;n expuesto genera un n&uacute;mero de posturas acerca de la relaci&oacute;n entre la organizaci&oacute;n de partido y su comportamiento. Recordemos que la b&uacute;squeda del voto es puramente instrumental para la obtenci&oacute;n del cargo p&uacute;blico o para beneficios de pol&iacute;tica. El tipo ideal de l&iacute;der de partido est&aacute; predominantemente motivado por la b&uacute;squeda de cargo p&uacute;blico. Un l&iacute;der de partido emprendedor sin restricciones busca por tanto conseguir influencia pol&iacute;tica y de voto s&oacute;lo en la medida que &eacute;stos contribuyan a sus recompensas particulares con un puesto. Pero los l&iacute;deres de partido rara vez se encuentran irrestrictos, y bajo restricciones resultan distintos comportamientos del partido. Cuando los l&iacute;deres sacrifican poder organizacional o influencia pol&iacute;tica, se produce un comportamiento de partido miope y electoralmente ineficiente.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Las concesiones de los l&iacute;deres son particularmente probables en organizaciones de partidos intensivos en mano de obra. En resumen, la mezcla de beneficios pol&iacute;ticos o de cargos p&uacute;blicos que buscan los l&iacute;deres de partido en condiciones restrictivas depende de estas caracter&iacute;sticas organizacionales:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1.&nbsp;La descentralizaci&oacute;n de las decisiones pol&iacute;ticas</i> aumenta el grado de b&uacute;squeda de pol&iacute;ticas a expensas de votos y cargos p&uacute;blicos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2.&nbsp;Las estructuras de reclutamiento impermeable</i> (donde todos los funcionarios y candidatos de alto nivel son reclutados de niveles m&aacute;s bajos del partido) hacen, de manera similar, m&aacute;s propenso al partido a buscar objetivos de pol&iacute;tica.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3. La rendici&oacute;n de cuentas del personal</i> propicia principalmente altas tasas de desinter&eacute;s por beneficios futuros, lo cual implica una menor preocupaci&oacute;n por los votos. En segundo lugar, se tender&aacute; a intercambiar los beneficios de cargos p&uacute;blicos por influencia pol&iacute;tica.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PARTIDOS E INSTITUCIONES POL&Iacute;TICAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora vayamos a los efectos de las instituciones pol&iacute;ticas sobre el comportamiento del partido. Las instituciones pol&iacute;ticas relevantes son lo que en un sentido amplio Schlesinger (1985: 1154) llama la "estructura de oportunidades pol&iacute;ticas", esto es, los cargos p&uacute;blicos que buscan los partidos, las reglas para obtenerlos y los patrones generales de comportamiento que les rodean para conseguirlos. Las instituciones pol&iacute;ticas afectan la conducta del partido de dos maneras distintas. Una forma de influencia es <i>directa,</i> en la que los partidos, al margen de sus caracter&iacute;sticas organizacionales, enfrentan diferentes incentivos en contextos institucionales diferentes. La segunda consecuencia es la del efecto <i>indirecto</i> de las instituciones a trav&eacute;s de diferentes tipos de organizaci&oacute;n partidaria. Los efectos de la segunda pueden ser identificados mediante un examen de las causas de las propiedades organizacionales que afectan el comportamiento del partido, tales como la democracia interna, los patrones de reclutamiento y rendici&oacute;n de cuentas del liderazgo. El inter&eacute;s en esta secci&oacute;n estar&aacute; en los efectos directos, pero perm&iacute;tasenos primero abordar brevemente un lazo indirecto especialmente importante entre las instituciones y el comportamiento del partido. Este factor es el financiamiento p&uacute;blico de los partidos pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los subsidios p&uacute;blicos han cambiado dram&aacute;ticamente el ambiente de muchos sistemas de partido parlamentarios desde 1950. Por supuesto, el financiamiento p&uacute;blico tiene varias formas, con consecuencias diferentes para el comportamiento de los partidos. Los subsidios para los representantes legislativos y sus liderazgos tienen presumiblemente efectos modestos en el comportamiento extraparlamentario del partido. Los donativos a asociaciones locales bajo el supuesto de votos o membres&iacute;as (como en Escandinavia) pueden incluso aumentar la intensidad laboral. Pero los subsidios m&aacute;s significativos tienden a estar atados a las campa&ntilde;as nacionales. El acceso f&aacute;cil o libre a la televisi&oacute;n y otras coberturas medi&aacute;ticas, as&iacute; como la ayuda financiera a medios y publicaciones partidarios que est&aacute;n entre las formas de subsidio m&aacute;s importantes, tienen el efecto de disminuir las restricciones sobre los l&iacute;deres del partido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autonom&iacute;a de los l&iacute;deres de partido est&aacute; por lo tanto reforzada por generosos subsidios p&uacute;blicos, especialmente si &eacute;stos est&aacute;n canalizados a las organizaciones centrales del partido. Su efecto primario es reducir el costo de los diferentes incentivos a los l&iacute;deres del partido. Espec&iacute;ficamente, el financiamiento p&uacute;blico tiende a subsidiar incentivos de <i>capital,</i> por ejemplo, al facilitar campa&ntilde;as centradas en medios. Adem&aacute;s, los subsidios financieros directos pueden ser usados m&aacute;s f&aacute;cilmente en campa&ntilde;as intensivas de capital. En consecuencia, los l&iacute;deres de partido pueden sustituir capital por incentivos laborales. Hay que considerar el hecho de que en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os el financiamiento p&uacute;blico de partidos pol&iacute;ticos se ha vuelto predominante en el mundo occidental (Paltiel, 1981; Von Beyme, 1985). Esta tendencia ha coincidido con la creciente capitalizaci&oacute;n y profesionalizaci&oacute;n de las campa&ntilde;as electorales. As&iacute;, las finanzas p&uacute;blicas del partido generalmente facilitan la intensificaci&oacute;n del capital, con los efectos discutidos arriba sobre el comportamiento del partido. En resumen, las finanzas p&uacute;blicas del partido reducen los incentivos para las estrategias de compromiso discutidas previamente en las organizaciones de trabajo intensivo. Por lo tanto, el financiamiento p&uacute;blico reduce la intensidad del comportamiento del partido que busca la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, nuestro inter&eacute;s central aqu&iacute; est&aacute; en los efectos <i>directos</i> de las instituciones en el comportamiento del partido. Para este prop&oacute;sito necesitamos examinar la conversi&oacute;n de votos en los bienes que los l&iacute;deres de partido desean intr&iacute;nsecamente. El intercambio electoral provee a los partidos de los votos que pueden ser cambiados por beneficios pol&iacute;ticos o por cargos gubernamentales. El proceso por el que los votos se traducen en bot&iacute;n pol&iacute;tico e influencia pol&iacute;tica est&aacute; moldeado por una variedad de instituciones pol&iacute;ticas. La <a href="#f2">figura 2</a> ofrece un resumen esquem&aacute;tico de estos procesos de conversi&oacute;n en tres marcos institucionales, identificados aqu&iacute; como <i>1)</i> electoral, <i>2)</i> legislativo y <i>3)</i> gubernamental (Schlesinger, 1985 para un marco relacionado que se aplica a los partidos estadounidenses).<sup><a href="#notas">10</a></sup> La <a href="#f2">figura 2</a> ilustra la complejidad de competencia del partido, as&iacute; como su car&aacute;cter din&aacute;mico. El comportamiento de partido en alg&uacute;n momento afecta las ganancias futuras y est&aacute; determinado a la luz de estas expectativas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La competencia electoral es el proceso por el cual los partidos intercambian beneficios (o promesas de &eacute;stos) derivados de su control de las instituciones pol&iacute;ticas por apoyo electoral. Asumo por simplicidad que los beneficios que proporcionan los partidos a los votantes son beneficios pol&iacute;ticos. En primer lugar, las promesas pol&iacute;ticas generalmente son la forma menos costosa para los partidos de asegurar el apoyo electoral.<sup><a href="#notas">11</a></sup> De acuerdo con el argumento de Downs de que los partidos son llevados a mantener posiciones pol&iacute;ticas consistentes conforme avanza el tiempo (Downs, 1957: 103&#45;09), la posici&oacute;n pol&iacute;tica en una elecci&oacute;n est&aacute; determinada parcialmente por posiciones pol&iacute;ticas previas, incluyendo obligatoriamente para quienes detentan el cargo, la pol&iacute;tica gubernamental. Las decisiones de voto, como se ilustra en la <a href="#f2">figura 2</a>, se asumen como una funci&oacute;n de las posiciones pol&iacute;ticas presentes y pasadas de los diversos partidos.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es percibida por los l&iacute;deres de partido, la competitividad electoral es la incertidumbre agregada de las contiendas electorales. Espec&iacute;ficamente, la competitividad es el nivel en que se espera que los resultados electorales var&iacute;en a lo largo del conjunto de posiciones pol&iacute;ticas factibles. Entre m&aacute;s se espera que los resultados electorales var&iacute;en a trav&eacute;s de las posiciones pol&iacute;ticas, m&aacute;s competitiva es la elecci&oacute;n. Y entre mayor sea la competitividad electoral, m&aacute;s intensamente los partidos persiguen los votos. Como lo hace notar Schlesinger (1965), a mayor competitividad los partidos son forzados a enfocarse en los objetivos fundamentales (supervivencia electoral).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituciones electorales</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los votos fueran realmente buscados por su valor intr&iacute;nseco para los l&iacute;deres de partido, no habr&iacute;a raz&oacute;n para extender esta discusi&oacute;n sobre las instituciones pol&iacute;ticas. Pero por supuesto que no lo son. Los votos primero que nada son convertidos en asientos parlamentarios o pesos legislativos. Este proceso puramente mec&aacute;nico est&aacute; definido por las leyes electorales. En la mayor&iacute;a de las democracias, este proceso genera fuertes correlaciones positivas entre las fuerzas electorales y legislativas. Sin embargo, esta correlaci&oacute;n no es de ninguna manera perfecta y con frecuencia se dan distorsiones significativas (sobre las leyes electorales y sus efectos v&eacute;anse: Bogdanor y Butler, 1983; Carstairs, 1980; Duverger, 1954; Greenberg y Shepsle, 1987; Grofman y Lijphart, 1986; Rae, 1971; Riker, 1982b).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablando de manera general, las distorsiones son mayores en distritos uninominales que en los sistemas de representaci&oacute;n proporcional (RP). En el &uacute;ltimo escenario dependen mucho m&aacute;s de la magnitud del distrito, los umbrales electorales, los esca&ntilde;os suplementarios y la f&oacute;rmula particular de RP aplicada. En muchos casos, los efectos de distorsi&oacute;n predecibles favorecen a los partidos grandes y colocan en desventaja a los peque&ntilde;os. Sin embargo, efectos m&aacute;s perversos e impredecibles no son extra&ntilde;os. En las elecciones de 1950 los conservadores quedaron atr&aacute;s del Partido Laborista brit&aacute;nico en el voto popular, pero ganaron la mayor&iacute;a en la C&aacute;mara de los Comunes. De igual forma, en 1978 el Partido Nacional Neozeland&eacute;s obtuvo entre los votantes una mayor&iacute;a confortable de 11 lugares en la C&aacute;mara de Representantes, a pesar de quedar en segundo lugar respecto de los laboristas. En las elecciones irlandesas de 1987, Fianna F&aacute;il gan&oacute; seis asientos y se hizo del gobierno, a pesar de no obtener los votos de primera preferencia. En ese mismo a&ntilde;o, durante las elecciones de Australia, el Partido Laborista experiment&oacute; lo mismo. Abundan ejemplos similares.<sup><a href="#notas">13</a></sup> Las distorsiones producidas por el sistema electoral pueden, al menos en casos extremos, afectar el comportamiento del partido. Entre m&aacute;s impredecible es la relaci&oacute;n entre las fuerzas electorales y legislativas, menos ser&aacute;n los incentivos para que los partidos maximicen sus votos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituciones legislativas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, las fuerzas legislativas son menos interesantes que el poder de negociaci&oacute;n legislativo, que a su vez debe traducirse en la obtenci&oacute;n de cargos gubernamentales. Este proceso puede ser afectado por una variedad de caracter&iacute;sticas mec&aacute;nicas y estructurales (Laver y Schodield, 1990; Strom, 1990). Las provisiones constitucionales tales como los procedimientos de investidura y el empleo de <i>formadores</i> o <i>informadores</i> coalicionales en el proceso de formaci&oacute;n de gobierno pueden favorecer a ciertos partidos o coaliciones. En situaciones donde ning&uacute;n partido tiene mayor&iacute;a, el proceso por el cual se forman las coaliciones y se designa a los primeros ministros puede deberse en mucho o en poco a las mayor&iacute;as relativas legislativas. Las preferencias partidarias de un influyente jefe de Estado (como en Finlandia) podr&iacute;an estructurar de manera similar tanto al proceso de formaci&oacute;n de coalici&oacute;n, como a los prospectos de los diferentes partidos pol&iacute;ticos (Luebbert, 1986, 221&#45;31; Nousiainen, 1988). Estos son temas de <i>control de la agenda,</i> que merecen m&aacute;s atenci&oacute;n de la que reciben por lo com&uacute;n en los estudios te&oacute;ricos coalicionales de formaci&oacute;n de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, aqu&iacute; el &eacute;nfasis ser&aacute; sobre la conversi&oacute;n de la representaci&oacute;n legislativa en poder de negociaci&oacute;n. Con excepci&oacute;n de sistemas bipartidistas puros, el poder de negociaci&oacute;n no es una funci&oacute;n simple de ponderaci&oacute;n legislativa. Aunque la traducci&oacute;n de los votos en esca&ntilde;os es puramente mec&aacute;nica, la conversi&oacute;n adicional de la fuerza legislativa en poder de negociaci&oacute;n depende en mucho de la l&oacute;gica interpartidaria de comportamiento estrat&eacute;gico, que es m&aacute;s compleja. Han existido varios intentos influyentes de formalizar la discusi&oacute;n del poder de negociaci&oacute;n a trav&eacute;s de la construcci&oacute;n de los &iacute;ndices de poder (v&eacute;anse especialmente: Banzhaf, 1965; Shapley y Shubik, 1954; Holler, 1982). Estos &iacute;ndices tienen las desventajas pr&aacute;cticas de <i>1)</i> requerir la especificaci&oacute;n de una regla fija de decisi&oacute;n (que normalmente se configura como mayor&iacute;a simple &#91;50% + 1&#93;) y <i>2)</i> la suposici&oacute;n <i>a priori</i> de que todas las coaliciones son igualmente factibles. Aplicado a la formaci&oacute;n de gobierno, el primer supuesto no se sostiene en los casos en que son factibles los gobiernos minoritarios (Strom, 1984); mientras que la segunda suposici&oacute;n ocurrir&aacute; m&aacute;s com&uacute;nmente cuando las posiciones pol&iacute;ticas afecten la probabilidad de las coaliciones.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Sin embargo, los &iacute;ndices de poder son al menos heur&iacute;sticamente valiosos en el estudio de la formaci&oacute;n de coaliciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="/img/revistas/anda/v10n23/a6t1.jpg" target="_blank">tabla 1</a> presenta los valores del &iacute;ndice de poder Shapley&#45;Shubik para un sistema hipot&eacute;tico de cuatro partidos bajo dos resultados electorales distintos, as&iacute; como un &iacute;ndice modificado basado en el supuesto de que los gobiernos requieren <i>vialidad pol&iacute;tica,</i> aunque no necesariamente un nivel de mayor&iacute;a. Una coalici&oacute;n pol&iacute;tica viable no puede ser derrotada por cualquier coalici&oacute;n espacialmente conectada (Budge y Laver, 1986). Los valores Shapley&#45;Shubik modificados que aqu&iacute; presentamos muestran la proporci&oacute;n de las coaliciones viables de pol&iacute;tica en la cual un partido espec&iacute;fico es de crucial importancia (Laver y Budge, 1990).<sup><a href="#notas">15</a></sup> Deben verse &uacute;nicamente como un indicador general y s&oacute;lo sobre impactos pol&iacute;ticos de consideraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la <a href="/img/revistas/anda/v10n23/a6t1.jpg" target="_blank">tabla 1</a> se destacan varios elementos. Primero, incluso los valores regulares de Shapley&#45;Subik en el escenario 1 indican que ning&uacute;n partido tiene un poder de negociaci&oacute;n igual a su peso legislativo. Cuando se considera la viabilidad pol&iacute;tica, parad&oacute;jicamente el partido m&aacute;s peque&ntilde;o posee por mucho el mayor poder. Notemos tambi&eacute;n que si los escenarios 1 y 2 son dos elecciones consecutivas, el partido <i>B</i> gana esca&ntilde;os pero pierde todo su poder de negociaci&oacute;n entre estas dos elecciones. Finalmente, las ponderaciones legislativas est&aacute;n considerablemente m&aacute;s distorsionadas en el espacio pol&iacute;tico unidimensional que bajo una mayor dimensionalidad. Incluso nuestro ejemplo bidimensional ofrece ponderaciones de negociaci&oacute;n mucho m&aacute;s cercanas a la proporcionalidad num&eacute;rica, a pesar de que en nuestro ejemplo ambos partidos est&aacute;n en los extremos de ambas dimensiones. El &iacute;ndice regular de Shapley&#45;Shubik, que es equivalente a una dimensionalidad espacial irrestricta, muestra la menor distorsi&oacute;n. La distorsi&oacute;n de los pesos legislativos en poder de negociaci&oacute;n parece decrecer con el n&uacute;mero de dimensiones espaciales relativas al n&uacute;mero de partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elaboremos sobre este punto. Consideremos la dimensionalidad espacial del juego interpartidario como un conjunto de restricciones en el marco de coaliciones posibles. Si cada posible ordenamiento de partidos se conecta con alguna dimensi&oacute;n espacial y es por lo tanto viable,<sup><a href="#notas">16</a></sup> entonces no hay restricciones espaciales en la formaci&oacute;n de coaliciones y las cuestiones de pol&iacute;tica eliminan a las opciones no viables. Los &iacute;ndices de poder convencional reflejan esta suposici&oacute;n. Si, en el otro extremo, s&oacute;lo son posibles las coaliciones conectadas a una &uacute;nica dimensi&oacute;n, entonces el conjunto viable se ve reducido dr&aacute;sticamente. Esta restricci&oacute;n del conjunto de coaliciones viables desalienta particularmente a los partidos situados en los extremos de la dimensi&oacute;n existente. En la medida en que pasamos de un dominio espacial irrestricto a una dimensi&oacute;n &uacute;nica, se pueden observar m&aacute;s y mayores distorsiones en los pesos de negociaci&oacute;n de los partidos que se encuentran cerca de los extremos de las dimensiones todav&iacute;a permitidas. La dimensionalidad del dominio irrestricto aumenta dr&aacute;sticamente con el n&uacute;mero de partidos.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Por lo tanto, la distorsi&oacute;n de los pesos de la negociaci&oacute;n (relativos a la ponderaci&oacute;n legislativa) es una funci&oacute;n decreciente del n&uacute;mero de dimensiones espaciales relativas al n&uacute;mero de los partidos.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Entre mayor sea esta distorsi&oacute;n, menor ser&aacute; el incentivo para la maximizaci&oacute;n del voto. En otras palabras, el comportamiento de b&uacute;squeda del voto est&aacute; positivamente correlacionado con el n&uacute;mero de dimensiones espaciales relativas al n&uacute;mero de partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, el valor instrumental de los votos se condiciona a&uacute;n m&aacute;s. Entre m&aacute;s est&eacute; en el panorama esa interacci&oacute;n estrat&eacute;gica, los beneficios de fuerza electoral ser&aacute;n menos predecibles. No obstante, si un partido gana una mayor&iacute;a parlamentaria (o una mayor&iacute;a calificada si es requerida) por su propia cuenta, el elemento de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica se colapsar&aacute;. En sistemas bipartidistas puros, desde luego las mayor&iacute;as siempre emergen. Conforme aumenta el n&uacute;mero de partidos, disminuye la probabilidad de mayor&iacute;a de un solo partido, y se multiplican las complejidades de la interacci&oacute;n estrat&eacute;gica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituciones gubernamentales</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera y &uacute;ltima etapa en la conversi&oacute;n de votos a beneficios pol&iacute;ticos y puestos depende del control ejercido desde el cargo electo. Las teor&iacute;as formales del comportamiento de partido asumen por lo com&uacute;n que la continuidad del gobierno es una condici&oacute;n por lo menos necesaria y posiblemente suficiente para los beneficios pol&iacute;ticos y de puestos (Laver y Budge, 1990; Strom, 1984). Por supuesto, el control de la parte ejecutiva <i>conduce</i> a tales beneficios. Bajo las circunstancias m&aacute;s concebibles, los partidos gobernantes tienen mayor acceso a la influencia pol&iacute;tica y a beneficios en puestos que la oposici&oacute;n. Pero el grado en el que sus titulares son favorecidos var&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos diferenciales est&aacute;n determinados en parte por las propiedades del gobierno en lo particular, y en parte por el sistema pol&iacute;tico como un todo. Un gobierno minoritario probablemente tenga que compartir influencia pol&iacute;tica (y quiz&aacute; recompensas) con la oposici&oacute;n en mayor grado que un gobierno mayoritario bajo circunstancias que por lo dem&aacute;s podr&iacute;an ser iguales. Tambi&eacute;n existen diferencias sistem&aacute;ticas entre los distintos contextos nacionales en lo que respecta a la distribuci&oacute;n de los beneficios. Algunos arreglos institucionales favorecen a los partidos gobernantes m&aacute;s que a otros. Pensemos en cada forma de gobierno como en una distribuci&oacute;n modal de la influencia pol&iacute;tica y de puestos entre el gobierno y la oposici&oacute;n. As&iacute;, por tanto, podemos hablar de <i>diferenciales sist&eacute;micos de beneficios en puestos</i> y <i>diferenciales de influencia pol&iacute;tica</i> entre los partidos de gobierno y los de oposici&oacute;n. Asumamos que ambos tipos de beneficios var&iacute;an uno del otro en forma independiente. Y asumamos finalmente que ambos tipos de beneficios son una adici&oacute;n constante en el corto plazo.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#f3">figura 3</a> muestra la distribuci&oacute;n hipot&eacute;tica de la influencia pol&iacute;tica y los beneficios en puestos entre el gobierno y la oposici&oacute;n en cuatro tipos de reg&iacute;menes. Para simplificar, las sumas de la influencia pol&iacute;tica y los beneficios en puestos se han colocado en 1 para ambos. Los beneficios controlados por los partidos gobernantes est&aacute;n representados por puntos etiquetados G, y los de la oposici&oacute;n con la letra O. Las letras <i>w, c, i,</i> y <i>p</i> representan tipos de reg&iacute;menes. Representan tipos ideales que se derivan de la literatura comparada sobre instituciones pol&iacute;ticas. Dos de estos conceptos son tomados de Lijphart (1984).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el modelo <i>Westminster</i> (w), que se aproxima al de Gran Breta&ntilde;a y Nueva Zelanda, el gobierno controla la mayor parte tanto de la influencia pol&iacute;tica como de los beneficios de los puestos. El caso contrario es el modelo de <i>Consenso</i> (c), ejemplificado por las democracias conasociativas de Suiza y B&eacute;lgica, donde ambos tipos de beneficios son compartidos m&aacute;s equitativamente entre el gobierno y la oposici&oacute;n (Lijphart, 1977). Los datos "fuera de la diagonal" son casos mixtos. En los reg&iacute;menes <i>Proporcionales (p)</i> los beneficios del cargo son compartidos mucho m&aacute;s equitativamente que los de influencia pol&iacute;tica (Lehmbruch, 1967). Los ejemplos emp&iacute;ricos de este tipo de r&eacute;gimen son m&aacute;s dif&iacute;ciles de identificar, aunque Austria entre 1945 y 1966 es una posibilidad.<sup><a href="#notas">20</a></sup> El cuarto y &uacute;ltimo tipo de r&eacute;gimen se identifica como <i>Inclusionario</i> (i) y est&aacute; caracterizado por un gran diferencial de beneficios en los cargos y un diferencial peque&ntilde;o en la influencia pol&iacute;tica. Noruega y Suecia, con sus arreglos de poder corporativista compartido, pueden aproximarse a este modelo (Kvavik, 1976; Martin, 1984; Olsen, 1983).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe advertir que en los cuatro tipos de reg&iacute;menes, el gobierno goza de un diferencial de beneficio positivo en ambas dimensiones. No obstante, el tama&ntilde;o relativo de este diferencial var&iacute;a, as&iacute; como lo hace el volumen total de beneficios. El comportamiento de partido var&iacute;a de la misma manera. En las democracias Westminster, los partidos tienen mayores incentivos para gobernar que en los sistemas de Consenso. Esto es cierto al margen de que los partidos busquen pol&iacute;ticas o cargos p&uacute;blicos. Adem&aacute;s, los cambios esperados en la distribuci&oacute;n de los beneficios pueden afectar el comportamiento de partido. Si los partidos esperan que los diferenciales de beneficios aumenten en el futuro, &eacute;stos ser&aacute;n m&aacute;s propensos a maximizarlos a largo plazo, mientras que la expectativa opuesta llevar&iacute;a a rebajar marcadamente la utilidad de ocupar el cargo en el futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces ahora podemos resumir los efectos principales de las caracter&iacute;sticas institucionales en el comportamiento del partido competitivo. Las instituciones, o m&aacute;s bien las expectativas de partido respecto a sus efectos, influyen en el comportamiento de partido de diversas maneras. M&aacute;s espec&iacute;ficamente:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;A mayor grado de competitividad electoral (la incertidumbre de las contiendas electorales), los partidos buscar&aacute;n m&aacute;s los votos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;A mayor certidumbre de que los votos se traducir&aacute;n precisamente en fuerza legislativa (esca&ntilde;os), los partidos pondr&aacute;n m&aacute;s &eacute;nfasis en los objetivos electorales.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;A mayor correlaci&oacute;n entre el peso legislativo y el poder de negociaci&oacute;n, ser&aacute; menor la reducci&oacute;n de votos futuros. El caso extremo aqu&iacute; es el del sistema bipartidista, donde los poderes de negociaci&oacute;n son una funci&oacute;n positiva del peso legislativo, y donde la interacci&oacute;n estrat&eacute;gica del partido se colapsa. As&iacute;, los partidos en sistemas competitivos bipartidistas ser&aacute;n buscadores de votos por excelencia.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;Incluso en los sistemas multipartidistas, un partido mayoritario monopoliza el poder de negociaci&oacute;n (asumiendo que gobierna la regla mayoritaria simple). As&iacute;, a mayor probabilidad de una mayor&iacute;a legislativa de un solo partido, m&aacute;s partidos valorar&aacute;n a los votos en un sistema multipartidista. Dado que esta probabilidad disminuye con la fragmentaci&oacute;n del sistema de partido, tambi&eacute;n as&iacute; disminuyen los incentivos para el comportamiento de b&uacute;squeda del voto.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;Mientras mayor sea la dimensionalidad del espacio pol&iacute;tico relativo al n&uacute;mero de partidos, menor ser&aacute; la distorsi&oacute;n del peso legislativo en el poder de negociaci&oacute;n. Por lo tanto, a mayor n&uacute;mero de dimensiones espaciales, mayor ser&aacute; la valoraci&oacute;n de los votos. Tambi&eacute;n, entre menor sea el n&uacute;mero de partidos, mayor ser&aacute; el valor de los votos (v&eacute;ase arriba el punto 4).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;Mientras mayor sea la disponibilidad relativa de los beneficios de los cargos comparada con la influencia pol&iacute;tica, mayor ser&aacute; la propensi&oacute;n hacia el comportamiento de b&uacute;squeda de cargos p&uacute;blicos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7.&nbsp;Mientras mayor sea el diferencial de beneficios en puestos entre el gobierno y la oposici&oacute;n, en lo relativo al diferencial de influencia pol&iacute;tica, mayor ser&aacute; la propensi&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos hacia el comportamiento de b&uacute;squeda de cargos p&uacute;blicos.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos resumir la discusi&oacute;n de los determinantes organizacionales e institucionales del comportamiento competitivo de partido. Las <a href="#f4">figuras 4</a> y <a href="/img/revistas/anda/v10n23/a6f5.jpg" target="_blank">5</a> nos proporcionan modelos te&oacute;ricos de las relaciones arriba analizadas. Cada figura representa el argumento tal como se vincula con una relaci&oacute;n entre los tres objetivos de inter&eacute;s del partido. Juntos, estos modelos nos ayudan a ubicar a cada partido en el espacio de comportamiento de la <a href="#f1">figura 1</a>. Tambi&eacute;n podemos representar estas funciones algebraicamente de la siguiente manera:<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6e3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6e4.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donde</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>D =</i> democracia intrapartidaria,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>R =</i> permeabilidad del reclutamiento,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>L =</i> rendici&oacute;n de cuentas del liderazgo,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>C =</i> competitividad electoral,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>E =</i> distorsi&oacute;n del sistema electoral,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>S =</i> dimensionalidad espacial,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>N =</i> n&uacute;mero de partidos,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>B =</i> diferencial del beneficio de cargos,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>I =</i> diferencial de la influencia pol&iacute;tica,</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">a<sub>1</sub> y a<sub>2</sub> son constantes,</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b<sub>1</sub> hasta b<sub>12</sub> son coeficientes, y</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">e<sub>1</sub> y e<sub>2</sub> son factores de error.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#t2">tabla 2</a> presenta los s&iacute;mbolos esperados de los coeficientes en las ecuaciones (3) y (4). La ecuaci&oacute;n (3) es sobre la dimensi&oacute;n vertical en la <a href="#f1">figura 1</a> y la ecuaci&oacute;n (4) es sobre la horizontal. Estas formulaciones nos permiten acercarnos a la prueba emp&iacute;rica de las proposiciones que hemos postulado en este art&iacute;culo. Podemos notar que la negociaci&oacute;n intertemporal entre los votos y los beneficios inmediatos es m&aacute;s compleja, involucrando tanto determinantes organizacionales como institucionales. El conflicto entre la influencia pol&iacute;tica y el cargo p&uacute;blico es menos complejo y definido organizacionalmente de una manera m&aacute;s estricta.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="t2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6t2.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ALGUNOS CASOS ESPECIALES</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto regresamos a los modelos originales de comportamiento de partido en tanto casos especiales. En otras palabras, ahora podemos especificar las condiciones bajo las cuales los partidos son m&aacute;s propensos a buscar el voto, el cargo p&uacute;blico o la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El partido que busca el voto</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El partido que busca el voto es antes que nada una caracter&iacute;stica de la pol&iacute;tica bipartidista, donde la interacci&oacute;n estrat&eacute;gica de partido desaparece y el poder del voto lleva virtualmente de manera directa a la influencia pol&iacute;tica y a los beneficios de puestos. Por la misma raz&oacute;n, los partidos con un alto porcentaje de voto esperado (cerca de 50%) en sistemas multipartidarios competitivos se parecen a los sistemas bipartidistas en lo que respecta a la b&uacute;squeda del voto. Sin embargo, para partidos m&aacute;s peque&ntilde;os en sistemas multipartidarios, la b&uacute;squeda del voto puede implicar costos en los beneficios del cargo p&uacute;blico y en influencia pol&iacute;tica. Los partidos con l&iacute;deres que no rinden cuentas, con bajo nivel de democracia intrapartidaria y con canales permeables de reclutamiento son m&aacute;s propensos a hacer estos sacrificios. Los partidos intensivos en capital con grandes subsidios p&uacute;blicos son m&aacute;s propensos a tener estas caracter&iacute;sticas organizacionales. Finalmente, los votos ser&aacute;n buscados con m&aacute;s diligencia por aquellos partidos con alta dimensionalidad espacial en pol&iacute;ticas de poca fragmentaci&oacute;n. As&iacute;, partidos como los dem&oacute;cratas cristianos alemanes y los conservadores brit&aacute;nicos deber&iacute;an exhibir este tipo de comportamiento. La primera columna en la <a href="#t3">tabla 3</a> presenta un resumen de las condiciones que m&aacute;s conducen el comportamiento en b&uacute;squeda del voto.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="t3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/anda/v10n23/a6t3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El partido que busca el cargo p&uacute;blico</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El partido que busca el cargo p&uacute;blico en el corto plazo est&aacute; patrocinado de diversas formas por las condiciones institucionales opuestas a las que conducen el comportamiento en b&uacute;squeda del voto. El comportamiento de b&uacute;squeda del cargo deber&iacute;a prevalecer bajo formas de gobierno sin competencia electoral con sistemas multipartidistas, en sistemas electorales impredeciblemente distorsionados y en condiciones de negociaci&oacute;n espacialmente restringidas. Como complemento, la b&uacute;squeda del cargo p&uacute;blico es promovida por altos diferenciales de beneficio en puestos, y asociados al diferencial de influencia pol&iacute;tica (como en los reg&iacute;menes proporcionales); bajos niveles de democracia intrapartidaria y estructuras permeables de reclutamiento. Como en el caso de los partidos en busca del voto, las organizaciones partidarias de finanzas y capital intensivos son m&aacute;s propensas a la b&uacute;squeda del cargo p&uacute;blico. Estas condiciones se resumen en la segunda columna de la <a href="#t3">tabla 3</a>. Los partidos italianos (com&uacute;nmente percibidos como notorios buscadores del cargo p&uacute;blico) cumplen muchas de estas condiciones organizacionales e institucionales (con la excepci&oacute;n del sistema electoral). Por lo tanto, los dem&oacute;cratas cristianos Italianos y los socialdem&oacute;cratas pueden ser los mejores ejemplos de este tipo de comportamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El partido que busca la pol&iacute;tica</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos que busca la pol&iacute;tica son promovidos por varias caracter&iacute;sticas institucionales que tambi&eacute;n fomentan un comportamiento de b&uacute;squeda de cargos p&uacute;blicos: elecciones no competitivas, sistemas multipartidistas, leyes electorales que generan resultados impredecibles, y una negociaci&oacute;n interpartidaria espacialmente restringida. Sin embargo, varias restricciones espaciales pueden promover comportamientos que busquen la pol&iacute;tica a&uacute;n m&aacute;s que el cargo. Al contrario de los partidos que buscan el cargo, los partidos en busca de las pol&iacute;ticas tambi&eacute;n est&aacute;n apoyados por reg&iacute;menes con amplios diferenciales de influencia pol&iacute;tica relativos a los diferenciales de beneficio del puesto. Existen dos propiedades organizacionales que distinguen a los partidos que buscan la pol&iacute;tica de los partidos que buscan el cargo: <i>1)</i> altos niveles de democracia dentro del partido y <i>2)</i> estructuras impermeables de reclutamiento. Es probable que estas propiedades sean favorecidas por una organizaci&oacute;n intensiva en trabajo y por subsidios p&uacute;blicos modestos. Esta mezcla de condiciones es m&aacute;s dif&iacute;cil de ser ejemplificada, aunque los socialdem&oacute;cratas finlandeses podr&iacute;an ser una aproximaci&oacute;n razonable.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos discutido aqu&iacute; tres modelos o familias de modelos bien conocidos sobre el comportamiento competitivo del partido. Estos modelos, que han contribuido sustancialmente al estudio comparativo de los partidos pol&iacute;ticos, apenas comienzan a estar exitosamente interrelacionados. Por ejemplo, la competencia electoral de partidos en las democracias parlamentarias se estudia com&uacute;nmente en un notorio aislamiento te&oacute;rico con respecto del proceso de formaci&oacute;n gubernamental. Una teor&iacute;a m&aacute;s completa del comportamiento de partido debe arriesgarse a integrar estas teor&iacute;as din&aacute;micamente. Dicha teor&iacute;a tambi&eacute;n debe incorporar factores institucionales y organizacionales, que por lo com&uacute;n han sido inadecuadamente abordados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo representa un intento de llevar a cabo tal integraci&oacute;n, bas&aacute;ndose en el nuevo institucionalismo. El an&aacute;lisis ha sido relativamente informal, y con el objetivo de desarrollar hip&oacute;tesis probabil&iacute;sticas que puedan someterse a prueba. El siguiente paso consiste precisamente en desarrollar estas hip&oacute;tesis. Para ello necesitamos datos sistem&aacute;ticos sobre la organizaci&oacute;n de los partidos y las instituciones. Algunos de estos datos (sobre leyes electorales y competitividad) ya est&aacute;n disponibles. Otros datos importantes han sido generados recientemente, como en lo que respecta a las posiciones pol&iacute;ticas de los partidos y los gobiernos (v&eacute;anse Budge, Roberston y Hearl, 1987; Laver y Budge, 1990). Proyectos de investigaci&oacute;n en curso contribuir&aacute;n a nuestro conocimiento sistem&aacute;tico de la organizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos. Las preguntas que hemos planteado requieren el uso de todas estas fuentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una tarea igualmente importante es la de identificar aspectos del comportamiento de partido que requieran un mejor entendimiento te&oacute;rico. Entre los aspectos del comportamiento competitivo de partido que llaman nuestra atenci&oacute;n est&aacute;n <i>1)</i> la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, <i>2)</i> el comportamiento de coalici&oacute;n en el proceso de formaci&oacute;n de gabinetes, <i>3)</i> la b&uacute;squeda de beneficios en puestos y en influencia pol&iacute;tica mientras se est&aacute; en el gobierno, y <i>4)</i> la distribuci&oacute;n de los recursos en las campa&ntilde;as electorales. Hasta ahora, las primeras dos preguntas han sido investigadas m&aacute;s adecuadamente que las &uacute;ltimas dos. Esto es as&iacute; en parte por la mayor disponibilidad de datos sobre estos aspectos del comportamiento de partido. Los puntos <i>3)</i> y <i>4)</i> llaman a intensas investigaciones te&oacute;ricas guiadas en el estrato de pa&iacute;s&#45;a&#45;pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la amplia gama de discusi&oacute;n de este art&iacute;culo, muchas preguntas importantes no se han tocado o desarrollado. Un primer tema que merecer&iacute;a mayor atenci&oacute;n es el del efecto de las instituciones en los factores organizacionales que condicionan el comportamiento de partido. Segundo, hemos apenas sugerido rasgos acerca de que la relaci&oacute;n causal entre las instituciones y la estrategia de partido puede revertirse a largo plazo, en tanto que el dise&ntilde;o de instituciones pol&iacute;ticas puede ser end&oacute;geno al comportamiento de partido. Esto quiere decir que el dise&ntilde;o de instituciones electorales, legislativas y gubernamentales est&aacute; sujeto a la manipulaci&oacute;n del inter&eacute;s propio. Las leyes electorales son un claro ejemplo. As&iacute; pueden identificarse c&iacute;rculos viciosos o virtuosos de comportamiento de partido y de desarrollo institucional. Tercero, he asumido de manera general que todos los efectos causales son independientes, es decir, que no hay interacci&oacute;n entre las variables explicativas y que funciones tales como las ecuaciones (3) y (4) son lineales.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque son &uacute;tiles como puntos de partida, estas suposiciones no son m&aacute;s que simplificaciones heur&iacute;sticas. Finalmente, no hemos abordado de lleno los efectos conductuales de la interacci&oacute;n estrat&eacute;gica del partido. La continuaci&oacute;n de estos temas constituye una amplia agenda para investigaciones futuras.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aldrich, J. H. (1983a), "A Downsian Spatial Model with Party Activism", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 77, Texas: unt. p. 974&#45;990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889025&pid=S1870-0063201300030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1983b), "A spatial model with party activists: Implications for electoral dynamics", en <i>Public Cltoice,</i> n&uacute;m. 41 Holanda: Martinus Nijhoff Publishers. p. 63&#45;100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889027&pid=S1870-0063201300030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Austen&#45;Smith, D. y Banks, J. (1988), "Elections, Coalitions, and Legislative Outcomes", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 82 Texas: UNT. p. 405&#45;422.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889029&pid=S1870-0063201300030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Axelrod, R. (1970), <i>Conflict of Interest,</i> Chicago: Markham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889031&pid=S1870-0063201300030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Banzhaf, J. (1965), "Weighted Voting doesn't Work: a Mathematical Analysis", en <i>Rutgers Law Review,</i> n&uacute;m. 19 Estados Unidos. p. 317&#45;343.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889033&pid=S1870-0063201300030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barry, B. (1970), <i>Sociologists, Economists, and Democracy,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889035&pid=S1870-0063201300030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bogdanor, V. y Buder, D. (eds.), (1983), <i>Democracy and Elections,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889037&pid=S1870-0063201300030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Browne, E. (1973), <i>Coalition Theories: A Logical and Empirical Critique,</i> Beverly Hills: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889039&pid=S1870-0063201300030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Budge, I. y Laver, M. (1986), "Office Seeking and Policy Pursuit in Coalition Theory", en <i>Legislative Studies Quarterly,</i> n&uacute;m. 11. p. 485&#45;506.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889041&pid=S1870-0063201300030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Budge, I., Robertson, D. y Hearl, D. (eds.), (1987), <i>Ideology, Strategy, and Party Change: Spatial Analyses of Post&#45;War Election Programmes in</i> 19 <i>Democracies,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889043&pid=S1870-0063201300030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bueno de Mesquita, B. (1975), <i>Strategy, Risk and Personality in Coalition Politics. The case of India.</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889045&pid=S1870-0063201300030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Calvert, L. (1987), "Reputation and legislative leadership", en <i>Public Choice,</i> n&uacute;m. 55. p. 81&#45;119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889047&pid=S1870-0063201300030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carstairs, A. (1980), <i>A Short History of Electoral Systems in Western Europe,</i> Londres: Allen and Unwin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889049&pid=S1870-0063201300030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castles, F. y Wildenmann, R. (eds.), (1986), <i>Visions and Realities of Party Government,</i> Berlin: Walter de Gruyter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889051&pid=S1870-0063201300030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chappell, W. y Keech, W. (1986), "Policy Motivation and Party Differences in a Dynamic Spatial Model of Party Competition", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 80. p. 881&#45;899.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889053&pid=S1870-0063201300030000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clark, P. y Wilson, J. (1961), "Incentive Systems: a Theory of Organizations", en <i>Administrative</i> Science <i>Quarterly,</i> n&uacute;m. 6. p.129&#45;166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889055&pid=S1870-0063201300030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cotter, C., Gibson, J., Bibby, J. y Hucksbom, R. (1984), <i>Party Organization</i> in <i>American Politics,</i> Nueva York: Praeger.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889057&pid=S1870-0063201300030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cyert, R. y March, J. (1963), <i>A Behavioral Theory of the Firm,</i> Nueva Jersey: Prentice&#45;Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889059&pid=S1870-0063201300030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Felice, G. (1981), "Separating Professionalism from Pragmatism. A Research Note on the Study of Political Parties", en <i>American Journal of Political Science,</i> n&uacute;m. 25. p. 796&#45;807.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889061&pid=S1870-0063201300030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Swaan, A. (1973), <i>Coalition Theories and Cabinet Formation,</i> Amsterdam: Elsevier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889063&pid=S1870-0063201300030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Downs, A. (1957), <i>A Economic Theory of Democracy,</i> Nueva York: Harper and Row.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889065&pid=S1870-0063201300030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duverger, M. (1954), <i>Political Parties,</i> Londres: Methuen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889067&pid=S1870-0063201300030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enelow, J. y Hinich, M. (1984), <i>The Spatial Theory of Voting: an Introduction,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889069&pid=S1870-0063201300030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Epstein, L. (1967), <i>Political Parties in Western Democracies,</i> Nueva York: Praeger.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889071&pid=S1870-0063201300030000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fiorina, M. (1981), <i>Retrospective Voting</i> in <i>American National Elections,</i> Nuevo Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889073&pid=S1870-0063201300030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frohlich, N., Oppenheimer, J. y Young, O. (1971), <i>Political Leadership</i> <i>and Collective Goods,</i> Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889075&pid=S1870-0063201300030000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Greenberg, J. y Shepsle, K. (1987), "The Effect of Electoral Rewards in Multiparty Competition With Entry", en <i>American Political</i> <i>Science Review,</i> n&uacute;m. 81. p. 525&#45;537.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889077&pid=S1870-0063201300030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grofrnan, B. y Lijphart, A. (eds.), (1986), <i>Electoral Laws and Their</i> <i>Political Consequences,</i> Nueva York: Agathon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889079&pid=S1870-0063201300030000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hansson, I. y Stuart, C. (1984), "Voting Competitions With Interest Politicians: Platforms do not Converge to the Preferences of the Median Voter", en <i>Public Choice,</i> n&uacute;m. 44. p. 431&#45;441.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889081&pid=S1870-0063201300030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harmel, R. y Janda, K. (1982), <i>Parties and Their Environments: Limits to</i> <i>Reform?</i> Nueva York: Longman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889083&pid=S1870-0063201300030000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hinich, M. y Ordeshook, P. (1970), "Plurality Maximization vs. Vote Maximization: a Spatial Analysis With Variable Participation", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 64. p. 772&#45;791.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889085&pid=S1870-0063201300030000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hofstetter, R. (1971), "The Amateur Politician: a Problem in Construct Validation", en <i>Midwest Journal of Political Science,</i> n&uacute;m. 15. p. 31&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889087&pid=S1870-0063201300030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holler, M. (ed.), (1982), <i>Power. Voting and Voting Power.</i> Wilnburg: Physica&#45;Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889089&pid=S1870-0063201300030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmstrom, B. y Tir&oacute;le, J. (1989), "The Theory of the Firm", en Richard Schmalensee y Robert D. Willig, (eds.), <i>Handbook of Industrial Orgabization,</i> Amsterdam: North&#45;Holland. p. 61&#45;133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889091&pid=S1870-0063201300030000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Janda, K. (1980), <i>Political Parties: a Cross&#45;National</i> Survey, Nueva York: Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889093&pid=S1870-0063201300030000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Katz, R. (1986), "Party Government: a Rationalistic Conception", en Francis G. Castles y Rudolf Wildenmann (eds.), <i>Visions and Realities of Party Government,</i> Berlin: Walter de Groyter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889095&pid=S1870-0063201300030000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1987), <i>Party</i> Governments: <i>Europe and American Experiences,</i> Berlin: Walter de Gruyter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889097&pid=S1870-0063201300030000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kavanaugh, D. (1985), "Power in British Political Parties: Iron Law or Special Pleading?", en <i>West European Politics,</i> vol. 8 n&uacute;m. 3. p. 5&#45;22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889099&pid=S1870-0063201300030000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kirchheimer, O. (1966), "The Transformation of Western European Party Systems", en Joseph La Palombara y Myron Weiner (eds.), <i>Political Parties and Political Development,</i> Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889101&pid=S1870-0063201300030000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kreps, D. (1984), <i>Corporate Culture and Economic Theory,</i> Mimeo. Stanford: Stanford University.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kvavik, R. (1976), <i>Interest groups</i> in <i>Norwegian Politics,</i> Oslo: Universitetsforlaget.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889104&pid=S1870-0063201300030000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laver, M. (1981), <i>The Politics of Private Desires,</i> Harmondsworth: Penguin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889106&pid=S1870-0063201300030000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1989), "Party Competition and Party System Change", en <i>Journal of Theoretical Politics,</i> n&uacute;m. 1. p. 301&#45;324.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889108&pid=S1870-0063201300030000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990), "The ReIationship Between Coalition and Party Policy in Ireland", en Michael J. Laver y Ian Budge (eds.), <i>Party Policy</i> <i>and Coalition Government in Western Europe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889110&pid=S1870-0063201300030000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laver, M. y Schofield, N. (1990), <i>Multiparty Government: the Politics of</i> <i>Coalition</i> in <i>Europe,</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889112&pid=S1870-0063201300030000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laver, M. y Shepsle, K. (1989), "Government Coalitions and Intraparty Politics", Mimeo. Cambridge: Harvard University.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lawson, K. (1976), <i>The Comparative Study of Political Parties,</i> Nueva York: St. Martin's.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889115&pid=S1870-0063201300030000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lehmbruch, G. (1967), <i>Proporzdemokratie: Politisches System and Po&#45;litische Kultur</i> in <i>der Schweiz und in &Oacute;sterreich.</i> Tubinga: Mohr.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889117&pid=S1870-0063201300030000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leiserson, M. (1968), "Factions and Coalitions in One&#45;Party Japan", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 62. p. 770&#45; 787.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889119&pid=S1870-0063201300030000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lijphart, A. (1977), <i>Democracy in Plural societies,</i> Nuevo Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889121&pid=S1870-0063201300030000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1984), <i>Democracies,</i> Nuevo Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889123&pid=S1870-0063201300030000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luebbert, G. (1986), <i>Comparative Democracy: Policy Making and Governing Coalitons in Europe and Israel,</i> Nueva York: Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889125&pid=S1870-0063201300030000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luther, R. (1989), "Dimensions of Party System Change: The Case of Austria", en <i>West European Politics,</i> Vol. 12, n&uacute;m. 4. p. 3&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889127&pid=S1870-0063201300030000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McKenzie, R. (1982), "Power in the Labour Party: the Issue of 'Intra&#45;Party Democracy'", en Dennis Kavanaugh (ed.), <i>The Politics of</i> <i>the Labour Party,</i> Londres: Allen and Unwin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889129&pid=S1870-0063201300030000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">March, J. y Olsen, J. (1984), "The New Institutionalism: Organizational Factors in Political Life", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 78. p. 734&#45;749.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889131&pid=S1870-0063201300030000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marradi, A. (1982), "lIaly: from 'Centrism' to Crisis of the Center&#45;Left Coalitions", en Eric C. Browne y John Dreijmanis (eds.), <i>Government Coalitions in Western Democracies,</i> Nueva York: Longman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889133&pid=S1870-0063201300030000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Martin, A. (1984), "Trade Unions in Sweden: Strategies and Responses to Change and Crisis", en Peter Gourevitch, Andrew Martovits, Andrew Martin y George Ross (eds.), <i>Unions and Economic Crisis,</i> Nueva York: Allen and Unwin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889135&pid=S1870-0063201300030000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moe, T. (1984), "The New Economics of Organization", en <i>American Joumal of Political Science,</i> n&uacute;m. 28. p. 739&#45;777.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889137&pid=S1870-0063201300030000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Newman, M. (1987), "Conflict and Cohesion in the British Labour Party and French Communist Party", en <i>Western European Politics,</i> vol. 10, n&uacute;m. 2. p. 116&#45;92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889139&pid=S1870-0063201300030000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nousiainen, J. (1988), "Bureaucratic Tradition, Semi&#45;Presidential Rule and Parliamentary Government: the Case of Finland", en <i>European Joumal of Political Research,</i> vol. 16, n&uacute;m. 2. p. 229&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889141&pid=S1870-0063201300030000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olsen, J. (1983), <i>Organized democracy,</i> Bergen: Universitetsforlaget.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889143&pid=S1870-0063201300030000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ordesbook, P. (1986), <i>Game Theory and Political Theory,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889145&pid=S1870-0063201300030000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paltiel, K. (1981), "Campaign Finance: Contrasting Practices and Reforms", en David Butler, Howard R. Penniman y Austin Ranney (eds.), <i>Democracy at the Polls,</i> Washington, DC: American Enterprise Institute.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889147&pid=S1870-0063201300030000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Petry, F. (1982), "Vote&#45;Maximizing Versus Utility&#45;Maximizing Candidates: Comparing&#45;Dynamic Models of Bi&#45;Party Competition", en <i>Quality and Quantity,</i> n&uacute;m. 16. p. 500&#45;526.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889149&pid=S1870-0063201300030000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Putnam, R. (1976), <i>The Comparative Study of Political Elites,</i> Englewood Cliffs, Nueva Jersey: Prentice Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889151&pid=S1870-0063201300030000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rae, D. (1971), <i>The Political Consequences of Electoral Laws,</i> Nuevo Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889153&pid=S1870-0063201300030000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Riker, W. (1962), <i>The Theory of Political Coalitions,</i> Nuevo Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889155&pid=S1870-0063201300030000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1982), <i>Liberalism Against Populism: a Confrontation Between</i> <i>the Theory of Democracy and the Theory of Social Choice,</i> San Francisco: Freeman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889157&pid=S1870-0063201300030000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1982b), "The Two&#45;Party System and Duverger's Law: an Essay on the History of Political Science", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 76. p. 753&#45;766.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889159&pid=S1870-0063201300030000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robertson, D. (1976), <i>A Theory of Party Competition,</i> Nueva York: Wiley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889161&pid=S1870-0063201300030000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rose, R. y Mackie, T. (1983), "Incumbency in Government: Asset or Liability?", en Hans Daalder y Peter Mair (eds.), <i>Western European Party Systems: Continuity and Change,</i> Beverly Hills: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889163&pid=S1870-0063201300030000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salisbury, R. (1969), "An Exchange Theory of Interest Groups", en <i>Midwest Journal of Political Science,</i> n&uacute;m. 13. p. 1&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889165&pid=S1870-0063201300030000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori, G. (1976), <i>Parties and Party Systems,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889167&pid=S1870-0063201300030000600071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schlesinger, J. (1965), "Political Party Organization", en James G. March (ed.), <i>Handbook of Organizations,</i> Chicago: Rand McNally.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889169&pid=S1870-0063201300030000600072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1984), "On the Theory of Party Organization", en <i>Journal of</i> <i>Politics,</i> n&uacute;m. 6. p. 369&#45;400.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889171&pid=S1870-0063201300030000600073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1985), "The New American Political Party", <i>American Political</i> <i>Science Review,</i> n&uacute;m. 79. p. 1152&#45;1169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889173&pid=S1870-0063201300030000600074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shapley, Ll. y Martin S. (1954), "A Method of Evaluating Power in a Committee System", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 48. p. 787&#45;792.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889175&pid=S1870-0063201300030000600075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shepsle, K. (1979), "Institutional Arrangement and Equilibrium in Multidimensional Voting Models", en <i>American Journal of Political Science,</i> n&uacute;m. 23. p. 27&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889177&pid=S1870-0063201300030000600076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sjoblom, G. (1968), <i>Party Strategies</i> in <i>a Multiparty System,</i> Lund: Studenditteratur.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889179&pid=S1870-0063201300030000600077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sorauf, F. y Beck, P. (1988), <i>Party Politics in America,</i> Glenview, IL: Scott Foresman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889181&pid=S1870-0063201300030000600078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Soule, J. y Ouke, J. (1970), "Amateurs and Professionals: a Study of Delegates to the 1968 Democratic National Convention", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 64. p. 888&#45;898.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889183&pid=S1870-0063201300030000600079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Steel, B. y Tsurutani, T. (1986), "From Consensus to Dissensus: a Note on Postindustrial Political Parties", en <i>Comparative Politics,</i> n&uacute;m. 18. p. 235&#45;248.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889185&pid=S1870-0063201300030000600080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stokes, D. (1963), "Spatial Models of Party Competition", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 57. p. 368&#45;391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889187&pid=S1870-0063201300030000600081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strom, K. (1984), "Minority Governments in Parliamentary Democracies: the Rationality of Non&#45;Winning Cabinet Solutions", en <i>Comparative Political Studies,</i> n&uacute;m. 17. p. 199&#45;227.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889189&pid=S1870-0063201300030000600082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1985), "Party Goals and Government Performance in Parliamentary Democracies", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 79. p. 738&#45;754.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889191&pid=S1870-0063201300030000600083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990), <i>Minority Government and Majority Rule,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889193&pid=S1870-0063201300030000600084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tsebelis, G. (1988), "Why do Eoglish Labour Party Activists Commit Political Suicide?", Ponencia presentada en el encuentro anual de la American Political Science Association, Washington, DC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889195&pid=S1870-0063201300030000600085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Von Beyme, K. (1985), <i>Political Parties in Western Democracies,</i> Nueva York: S1. Martin's.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889197&pid=S1870-0063201300030000600086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weingast, B. y William, J. (1988), "The Industrial Organization of Congress; or, why Legislatures, Like Firms, are not Organized as Markets", en <i>Journal of Political Economy,</i> n&uacute;m. 96. p. 132&#45;163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889199&pid=S1870-0063201300030000600087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wilson, J. (1962), <i>The Amateur Democrat,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889201&pid=S1870-0063201300030000600088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1973), <i>Political Organizations,</i> Nueva York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889203&pid=S1870-0063201300030000600089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wittman, D. (1973), "Parties as Utility Maximizers", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 67. p. 490&#45;498.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889205&pid=S1870-0063201300030000600090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1983), "Candidate Motivation: a Synthesis of Alternative Theories", en <i>American Political Science Review,</i> n&uacute;m. 77. p.142&#45;157.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=889207&pid=S1870-0063201300030000600091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El presente trabajo apareci&oacute; en la revista <i>American Journal of Political Science,</i> v. 34, n&uacute;m. 2, 1990, p. 565&#45;598.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La teor&iacute;a desarrollada aqu&iacute; no est&aacute; dirigida a aplicarse ni a partidos en estados de un solo partido o autoritarios, ni a organizaciones en sociedades democr&aacute;ticas para las cuales la respuesta electoral o la oficina administrativa son de poca importancia. M&aacute;s a&uacute;n, los argumentos presentados aqu&iacute; asumen un m&iacute;nimo de estabilidad pol&iacute;tica. Estas restricciones est&aacute;n basadas en dos supuestos fundamentales en el an&aacute;lisis: <i>1)</i> que los beneficios perseguidos por los partidos pol&iacute;ticos pueden ser obtenidos m&aacute;s eficientemente por medio de elecciones y las instituciones relacionadas discutidas aqu&iacute; y <i>2)</i> que los l&iacute;deres de partido pueden tener expectativas razonables en relaci&oacute;n con futuras recompensas. N&oacute;tese adem&aacute;s que la teor&iacute;a se aplica especialmente a los partidos en reg&iacute;menes parlamentarios, aunque la mayor&iacute;a de los argumentos pudieran ser de alcance general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Se puede argumentar que los partidos que buscan la pol&iacute;tica pueden delegar voluntariamente autoridad a otras instituciones en casos en que esperan que esas instituciones alternativas sean m&aacute;s eficientes para alcanzar sus propios objetivos pol&iacute;ticos. Sin embargo, la proliferaci&oacute;n de estructuras de quienes dise&ntilde;an pol&iacute;ticas alternativas a lo largo del mundo occidental parece ser much&iacute;simo m&aacute;s grande y mucho m&aacute;s ampliamente sustentada en esta explicaci&oacute;n. Parece improbable que tantos partidos pudieran tener tan altas expectativas para un rango tan grande de instituciones alternativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Es justo a&ntilde;adir que muchos modelos de partido que buscan la pol&iacute;tica reconocen, al menos impl&iacute;citamente, la importancia de pol&iacute;ticas intrapartidistas. Esto parece ser que alienta frecuentemente la suposici&oacute;n de motivaci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero ha habido pocos intentos por desarrollar expl&iacute;citamente tales argumentos. V&eacute;ase Laver y Schofield (1990) para una cr&iacute;tica amplia sobre la hip&oacute;tesis de que los partidos son actores unitarios. El trabajo formal que hace m&aacute;s flexible a este supuesto todav&iacute;a est&aacute; en su infancia. V&eacute;ase Luebbert (1986) para una inquietante discusi&oacute;n informal sobre las pol&iacute;ticas intra&#45;partidistas, y a Laver y Shepsle (1989) para un an&aacute;lisis formal innovador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Los comportamientos de b&uacute;squeda de voto, del cargo p&uacute;blico y de la pol&iacute;tica no necesitan estar mutuamente en conflicto. Por ejemplo, un partido puede por coincidencia preferir sinceramente la posici&oacute;n de pol&iacute;tica que es adem&aacute;s electoralmente &oacute;ptima. En este an&aacute;lisis, sin embargo, me concentrar&eacute; en el caso m&aacute;s interesante y general donde los objetivos del partido entran en conflicto. La discusi&oacute;n que sigue identifica situaciones en las cuales los conflictos tienen una alta probabilidad de surgir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Tambi&eacute;n asumimos que estos pesos no sean negativos: 0 = &le; w<sub>1</sub>, w<sub>2</sub>, w<sub>3</sub> &le; 1</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La mayor parte de la literatura sobre la formaci&oacute;n del gobierno trata, en efecto, como algo separado, las negociaciones sobre pol&iacute;ticas y agendas. Sin embargo, v&eacute;ase Laver y Shepsle (1989) para una discusi&oacute;n interesante en sentido contrario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> En este contexto defino el corto plazo como el periodo electoral en curso y el largo plazo como lo que va m&aacute;s all&aacute; de ese periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Las concesiones por parte del liderazgo a las bases del partido tambi&eacute;n son dif&iacute;ciles de revertir (excepto cuando el partido se desempe&ntilde;a manifiestamente mal) en gran medida debido a los efectos de la burocratizaci&oacute;n (Cotter <i>et al.,</i> 1984). Por lo tanto, los partidos m&aacute;s establecidos tienen una mayor probabilidad de tener l&iacute;deres acotados. Al no haber avanzado desde los niveles bajos del partido, los l&iacute;deres de nuevos partidos son m&aacute;s proclives a buscar el cargo p&uacute;blico. Los l&iacute;deres de nuevos partidos pueden, por supuesto, haber participado en otros partidos, pero con frecuencia han obtenido la experiencia y la visibilidad requeridas en otras esferas de la vida, como los medios de comunicaci&oacute;n, las artes, el ej&eacute;rcito, los deportes o la academia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> El financiamiento p&uacute;blico del partido no es el &uacute;nico factor institucional que puede afectar significativamente la organizaci&oacute;n del partido y, por lo tanto, indirectamente su comportamiento. Otros factores &#151;tales como, el federalismo (para un ejemplo emp&iacute;rico, v&eacute;ase Luther, 1989), la separaci&oacute;n de poderes y las restricciones de concesiones&#151; pudieran tener similarmente ramificaciones importantes. Sin embargo, los subsidios p&uacute;blicos del partido se distinguen por tener efectos observables y consistentes, lo cual los inclina a una explicaci&oacute;n te&oacute;rica bastante directa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> En su an&aacute;lisis del "nuevo partido pol&iacute;tico americano", Schlesinger (1985) distingue entre <i>1)</i> la estructura de oportunidades pol&iacute;ticas, <i>2)</i> el sistema de partido y <i>3)</i> la organizaci&oacute;n del partido. Por la estructura de las oportunidades pol&iacute;ticas, Schlesinger implica b&aacute;sicamente lo mismo que es discutido m&aacute;s adelante en las secciones sobre instituciones gubernamentales y electorales. Su concepto de sistema de partido depende de la competitividad electoral, que es el tema de la siguiente secci&oacute;n de este art&iacute;culo. La organizaci&oacute;n del partido, por supuesto, ya ha sido discutida. Puesto que Schlesinger est&aacute; comprensiblemente menos preocupado por las <i>coaliciones intrapartidarias,</i> le dedica poca atenci&oacute;n a los temas que se discuten en este art&iacute;culo bajo el t&iacute;tulo "Instituciones legislativas". De cualquier manera, nuestras preocupaciones y enfoques son similares en muchos sentidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Muchos partidos pol&iacute;ticos en sociedades clientelares negocian varios bienes privados por votos. Sin embargo, esta forma de intercambio es claramente costosa para los partidos y depende de su habilidad para extraer de sus clientes recursos distintos a los votos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Por econom&iacute;a, en la <a href="#f2">figura 2</a> la influencia electoral de posiciones pol&iacute;ticas pasadas est&aacute; representada como indirecta. Las posiciones pasadas restringen las pol&iacute;ticas presentes debido al costo electoral de inconsistencia. Pero las posiciones pol&iacute;ticas pasadas tambi&eacute;n pueden tener un efecto directo en el sentido de que los votantes pueden revocarlas o ya han construido su identidad de partido sobre ellos (Fiorina, 1981).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> En los casos irland&eacute;s y australiano, los resultados se debieron, por lo menos parcialmente, a sus sistemas de voto preferencial, que premian las preferencias partidarias m&aacute;s all&aacute; del primer lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> La suposici&oacute;n de que las posiciones pol&iacute;ticas afectan la probabilidad de las coaliciones no debe basarse en ninguna presunci&oacute;n de que los partidos buscan <i>intr&iacute;nsecamente</i> las pol&iacute;ticas. En un modelo din&aacute;mico, los partidos pueden preferir coaliciones pol&iacute;ticas consistentes (e.g., espacialmente conectadas) para poder ser confiables y responsables, y evitar por ende el castigo de los votantes en la siguiente elecci&oacute;n (Downs, 1957: 103&#45;09).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Una coalici&oacute;n <i>viable</i> es definida aqu&iacute; como cualquier coalici&oacute;n que no puede ser derrotada por alguna coalici&oacute;n mayoritaria que est&eacute; espacialmente conectada en una dimensi&oacute;n admisible. Mientras el criterio mayoritario es un requisito muy restrictivo, la viabilidad es claramente uno mucho m&aacute;s permisivo. Sin embargo, puede decir m&aacute;s acerca de las normas institucionales bajo las cuales operan comunmente los gobiernos parlamentarios. La yuxtaposici&oacute;n de los dos &iacute;ndices de negociaci&oacute;n debe proporcionar un buen sentido intuitivo de los efectos potenciales de las limitaciones institucionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> El comportamiento en busca de la pol&iacute;tica no implica que &uacute;nicamente se formar&aacute;n las coaliciones conectadas. El requisito de la conectividad est&aacute;, de hecho, basado en t&eacute;rminos de conectividad nos ayuda a simplificar el argumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Por simplicidad, asumo que el n&uacute;mero de partidos y la dimensionalidad del espacio pol&iacute;tico est&aacute;n dados ex&oacute;gena e independientemente. En realidad, estas variables pueden ser interdependientes. Por un lado, el n&uacute;mero de dimensiones pol&iacute;ticas puede restringir el n&uacute;mero de partidos. Por el otro lado, los partidos pueden buscar estrat&eacute;gicamente expandir el n&uacute;mero de las dimensiones pol&iacute;ticas (Riker, 1982a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;Si el n&uacute;mero de partidos es muy reducido, esta restricci&oacute;n es poco probable que ocurra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> La &uacute;ltima suposici&oacute;n es eminentemente plausible para los beneficios en puestos, aunque quiz&aacute; no tanto para la influencia pol&iacute;tica. A largo plazo, la suma de ambos tipos de beneficios puede cambiar (o a menudo incrementarse). Efectivamente, en situaciones de poca competitividad electoral, los partidos pol&iacute;ticos racionales suman sus esfuerzos para aumentar los beneficios totales. Las pol&iacute;ticas italianas de posguerra parecen ser particularmente interpretables en estos t&eacute;rminos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Este ejemplo se lo debo a Wolfgang C. M&uuml;ller.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> La formulaci&oacute;n algebraica en la ecuaci&oacute;n (4) asume que los partidos se comprometen hasta cierto punto, con un comportamiento de b&uacute;squeda del cargo p&uacute;blico (por ejemplo: que <i>w</i><sub>2</sub> es mayor que cero).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> La ecuaci&oacute;n (3), por ejemplo, puede ser expresada m&aacute;s apropiadamente como una funci&oacute;n log&iacute;stica.</font></p>      ]]></body><back>
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