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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Escribir contra la cultura<a href="#nota"><sup>*</sup></a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lila Abu&#45;Lughod**</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Antrop&oacute;loga de origen palestino. Profesora e investigadora de la Universidad de Columbia en Nueva York, destacada en el &aacute;rea de la antropolog&iacute;a, estudios de g&eacute;nero y de la mujer, especialista en el mundo &aacute;rabe.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s: Pilar Castro G&oacute;mez<a href="#nota">***</a></font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Writing Culture</i> (Clifford y Marcus, 1986), compilaci&oacute;n que marc&oacute; una nueva e importante forma de cr&iacute;tica de las premisas de la antropolog&iacute;a cultural, excluy&oacute; a dos grupos importantes: las feministas y las <i>halfies<sup><a href="#nota">1</a></sup></i> &#151;personas cuya identidad cultural o nacional es mixta debido a la migraci&oacute;n, a la educaci&oacute;n en el extranjero o al parentesco&#151; ya que sus circunstancias exponen y cuestionan con nitidez lo fundamental de dichas premisas. En la introducci&oacute;n de su libro, Clifford (1986a) se disculpa por la ausencia feminista, nadie menciona a las <i>halfies</i> o a los antrop&oacute;logos ind&iacute;genas con quienes se relacionan. Quiz&aacute; no son lo suficientemente numerosos o no se han autodefinido como grupo.<sup><a href="#nota">2</a></sup> La importancia de estos dos grupos no radica en un reclamo moral de superioridad o en la ventaja que pudieran tener al hacer antropolog&iacute;a, sino en los dilemas especiales que enfrentan, dilemas que revelan con crudeza los supuestos problemas de la antropolog&iacute;a cultural: la existencia de una distinci&oacute;n fundamental entre el yo y el otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este ensayo indago c&oacute;mo las feministas y las <i>halfies,</i> debido a la forma en que la pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica altera la frontera entre el yo y el otro, nos permiten reflexionar sobre la naturaleza convencional y los efectos pol&iacute;ticos de esta distinci&oacute;n, y en &uacute;ltima instancia tambi&eacute;n reconsiderar el valor del concepto cultural del que dependen. Argumentar&eacute; que la "cultura" opera en el discurso antropol&oacute;gico para validar las separaciones que inevitablemente conlleva una jerarqu&iacute;a. Por consiguiente, los antrop&oacute;logos deber&iacute;an ahora dedicarse &#151;sin exagerar las expectativas del poder de sus textos para cambiar el mundo&#151; a desarrollar una variedad de estrategias para escribir contra la cultura. Para quienes les interesen las estrategias textuales, examino las ventajas de lo que llamo "etnograf&iacute;as de lo particular" como instrumentos de un humanismo estrat&eacute;gico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los yos y los otros</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece ser que a los antrop&oacute;logos les gustar&iacute;a trabajar en sus teor&iacute;as, pr&aacute;cticas y escritura etnogr&aacute;fica contra la cultura, a pesar de la gran utilidad que tiene esta noci&oacute;n (especialmente cuando se utiliza para distinguirla de las "culturas"). Una forma &uacute;til de empezar a entender el por qu&eacute; es considerar qu&eacute; elementos, compartidos con la antropolog&iacute;a feminista y las <i>halfies,</i> esclarecen la distinci&oacute;n fundamental yo/otro para el paradigma de la antropolog&iacute;a. Marilyn Strathern (1985, 1987a) plantea algunos de los temas concernientes al feminismo en ensayos que citan tanto Clifford como Rabinow en <i>Writing Culture.</i> Su tesis es que la relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y el feminismo es inc&oacute;moda. Esta tesis la lleva a tratar de entender por qu&eacute; el feminismo, a pesar de su ret&oacute;rica radical, b&aacute;sicamente no ha alterado la antropolog&iacute;a y por qu&eacute; ha obtenido mucho menos de la antropolog&iacute;a que &eacute;sta del feminismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incomodidad, sostiene Strathern, surge del hecho de que a pesar de que hay un inter&eacute;s com&uacute;n en las diferencias, las pr&aacute;cticas acad&eacute;micas de las feministas y los antrop&oacute;logos est&aacute;n "estructuradas de forma diferente respecto a la manera en que se organiza el conocimiento y se marcan los l&iacute;mites" (Strathern, 1987a: 289), especialmente en "la naturaleza <i>de la relaci&oacute;n de los investigadores con su tema"</i> (Strathern, 1987a: 284). Las estudiosas del feminismo, unidas por su com&uacute;n oposici&oacute;n a los hombres o al patriarcado, producen un discurso compuesto de muchas voces: "descubren el yo que se vuelve consciente de la opresi&oacute;n del Otro" (Strathern, 1987a: 289). Los antrop&oacute;logos, cuyo objetivo es "encontrar el sentido de las diferencias" (Strathern, 1987a: 286), tambi&eacute;n constituyen sus "yos" en relaci&oacute;n con otro, pero no perciben ese otro como "expuesto a la agresi&oacute;n" (Strathern, 1987a: 289).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al destacar la relaci&oacute;n yo/otro, Strathern nos lleva al n&uacute;cleo del problema; sin embargo, se aleja de la problem&aacute;tica del poder (que se considera formativo en el feminismo) en su planteamiento, curiosamente no cr&iacute;tico, de la antropolog&iacute;a. Cuando define la antropolog&iacute;a como una disciplina que "contin&uacute;a reconoci&eacute;ndose como el estudio de la conducta social o de la sociedad, en t&eacute;rminos de sistemas y representaciones colectivas" (Strathern, 1987a: 281), minimiza la distinci&oacute;n yo/otro. Al caracterizar la relaci&oacute;n yo otro antropol&oacute;gico como no adversaria, ignora su aspecto m&aacute;s fundamental. El objetivo declarado de la antropolog&iacute;a puede ser "el estudio del hombre &#91;sic&#93;", pero es una disciplina que se ha desarrollado a partir de la divisi&oacute;n hist&oacute;ricamente construida entre los pa&iacute;ses de Occidente y los que no lo son; ha sido y contin&uacute;a siendo sobre todo el estudio del otro no occidental por el yo occidental, incluso si en su nueva apariencia busca de manera expl&iacute;cita dar voz al Otro o presentar un di&aacute;logo entre el yo y el otro, ya sea textualmente o por medio de una explicaci&oacute;n del encuentro en el trabajo de campo (como en la obra de Crapanzano, 1980; Dumont, 1978; Dwyer, 1982; Rabinow, 1977; Riesman, 1977; Tedlock, 1983 y Tyler, 1986). Y la relaci&oacute;n entre Occidente y los pa&iacute;ses no occidentales, por lo menos desde el nacimiento de la antropolog&iacute;a, se ha constituido por la dominaci&oacute;n occidental. Esto sugiere que la incomodidad que Strathern percibe en la relaci&oacute;n entre el feminismo y la antropolog&iacute;a se podr&iacute;a entender mejor como resultado de procesos diametralmente opuestos de autoconstrucci&oacute;n por oposici&oacute;n a otros, procesos que comenzaron desde diferentes puntos de la divisi&oacute;n del poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fuerza imperecedera de lo que Morsy (1988: 70) llama "hegemon&iacute;a de la tradici&oacute;n de lo particular del otro" en antropolog&iacute;a, es traicionada al defender las excepciones. Antrop&oacute;logos (por ejemplo, Ortner, 1991: 163&#45;189) que realizan trabajo de campo en Estados Unidos o Europa se preguntan si no se han borrado las fronteras disciplinarias entre la antropolog&iacute;a y otras &aacute;reas como la sociolog&iacute;a o la historia. Una forma de conservar sus identidades como antrop&oacute;logos es hacer que las comunidades que estudian parezcan el "otro". Esto se puede garantizar con el estudio de las comunidades &eacute;tnicas y los desamparados;<sup><a href="#nota">3</a></sup> tambi&eacute;n concentr&aacute;ndonos en la "cultura" (o en el m&eacute;todo que se basa en el holismo, como sostiene Appadurai), por razones que abordar&eacute; m&aacute;s adelante. Hay dos cuestiones aqu&iacute;. Una es la convicci&oacute;n de que no se puede ser objetivo con la cultura propia, algo que afecta a los antrop&oacute;logos indigenistas (occidentales o no occidentales). La segunda es el entendimiento t&aacute;cito de que la antropolog&iacute;a estudia a los no occidentales; las <i>halfies,</i> que estudian a sus pares o a comunidades no occidentales con quienes se relacionan, todav&iacute;a se reconocen con m&aacute;s facilidad como antrop&oacute;logos que los estadounidenses que estudian a sus compatriotas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la antropolog&iacute;a contin&uacute;a practic&aacute;ndose como el estudio por un yo occidental no problem&aacute;tico y an&oacute;nimo de "otros" encontrados all&aacute; afuera, la teor&iacute;a feminista &#151;pr&aacute;ctica acad&eacute;mica que tambi&eacute;n maneja los yos y los otros como dados en su relativamente corta historia&#151; ha llegado a darse cuenta del peligro de tratar a los yos y a los otros como dados. Es &uacute;til e informativo, para el desarrollo de una cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a, considerar la trayectoria que ha llevado en dos d&eacute;cadas a lo que algunos llamar&iacute;an crisis de la teor&iacute;a feminista, de los otros, y del desarrollo del postfeminismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde Simone de Beauvoir se ha aceptado que, al menos en el Occidente moderno, las mujeres han sido la otra parte del yo de los hombres. El feminismo es un movimiento que se ha dedicado a ayudar a que las mujeres sean ellas mismas y sujetos, en lugar de objetos y la otra parte de los hombres.<sup><a href="#nota">4</a></sup> La crisis de la teor&iacute;a feminista (relacionada con una crisis del movimiento de las mujeres) que sigui&oacute; de cerca los intentos feministas de cambiar en yos a quienes se hab&iacute;an convertido en otros &#151;o, para utilizar el dicho popular, dejar que las mujeres hablen&#151; era el problema de la "diferencia". &iquest;Por qui&eacute;nes hablaban las feministas? Dentro de este movimiento, las objeciones de las lesbianas, de las mujeres afroamericanas y otras "mujeres de color" cuyas experiencias eran diferentes de las de las mujeres blancas, de clase media y heterosexuales problematizaron la identidad de las mujeres como sujetos. El trabajo intercultural sobre mujeres tambi&eacute;n dej&oacute; claro que lo masculino y lo femenino no tienen, como solemos decir, el mismo significado en otras culturas, tampoco las vidas de las mujeres del tercer mundo se parecen a las de las mujeres occidentales. Como se&ntilde;ala Harding (1986: 246), "una vez que 'mujer' se deconstruye en 'mujeres' y se reconoce que el 'g&eacute;nero' no tiene referentes fijos, el feminismo se disuelve como teor&iacute;a que pudiera reflejar la voz de un interlocutor determinado".<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su experiencia con la crisis de identidad o subjetividad, la teor&iacute;a feminista ofrece a la antropolog&iacute;a dos recordatorios &uacute;tiles. Primero, el yo siempre est&aacute; en construcci&oacute;n, nunca es una entidad natural o terminada aunque tenga esa apariencia. Segundo, el proceso de creaci&oacute;n de un yo por oposici&oacute;n a otras formas conlleva la violencia de la represi&oacute;n o la ignorancia de otras formas de ser diferente. Las y los te&oacute;ricos del feminismo se han visto forzados a investigar las implicaciones en la formaci&oacute;n de la identidad y las posibilidades para la acci&oacute;n pol&iacute;tica de manera que el g&eacute;nero, como un sistema de diferencias, se entrecruza con otros sistemas de diferencias incluidas en el mundo capitalista moderno, en la raza y en la clase.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;D&oacute;nde deja esto a la antrop&oacute;loga feminista? Strathern la caracteriza como experimentando una tensi&oacute;n, "atrapada entre estructuras &#91;...&#93; enfrentada de dos diferentes maneras a la antropolog&iacute;a misma o a su tema" (1987: 286). El aspecto m&aacute;s interesante de la situaci&oacute;n de la feminista es lo que comparte con la <i>halfie:</i> una habilidad bloqueada para asumir con comodidad el yo antropol&oacute;gico. Para ambos, aunque de diferentes maneras, el yo est&aacute; dividido, atrapado en la intersecci&oacute;n de sistemas de diferencias. Me preocupan menos las consecuencias existenciales de dicha divisi&oacute;n (esto se ha analizado convincentemente en otras partes (por ejemplo, Joseph, 1988; Kondo, 1986; Narayan, 1989), que la conciencia que tales divisiones generan en tres cuestiones cruciales: la posicionalidad, la audiencia y el poder inherente en las distinciones del yo y el otro. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando el "otro" que el antrop&oacute;logo estudia se construye simult&aacute;neamente, al menos en parte, como un yo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No resulta f&aacute;cil para las feministas y los antrop&oacute;logos <i>halfies</i> evitar el asunto de la posicionalidad. Cuando no hay posicionalidad queda claro que cada perspectiva viene de alg&uacute;n lugar, al igual que cualquier acto del habla. Los antrop&oacute;logos culturales nunca han estado completamente convencidos de la ideolog&iacute;a de la ciencia, y desde siempre han cuestionado el valor, la posibilidad y la definici&oacute;n de objetividad.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Pero, &iquest;son todav&iacute;a renuentes a analizar las implicaciones de la situacionalidad actual de su conocimiento? <sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos objeciones comunes entrelazadas en el trabajo de las antrop&oacute;logas feministas, o en el de los antrop&oacute;logos nativos o semi nativos, que se refieren a la parcialidad revelan la persistencia de los ideales de objetividad. La primera tiene que ver con la parcialidad (como prejuicio o posici&oacute;n) del observador; la segunda con la naturaleza incompleta de la situaci&oacute;n presentada. Las <i>halfies</i> est&aacute;n m&aacute;s relacionadas con la primera, las feministas con la segunda. Estudiar la sociedad de uno supuestamente presenta un problema: ganar suficiente distancia. Ya que para las <i>halfies</i> el Otro es, en cierto modo, el yo, se dice que el peligro de identificaci&oacute;n y de f&aacute;cil desliz hacia la subjetividad<sup><a href="#nota">8</a></sup> es lo que comparten con los antrop&oacute;logos ind&iacute;genas. Estas preocupaciones sugieren que el antrop&oacute;logo todav&iacute;a se define como un ser que debe permanecer separado del Otro, aunque expl&iacute;citamente busque zanjar la cuesti&oacute;n. Incluso Bourdieu (1977: 1&#45;2), que con perspicacia analiz&oacute; los efectos que esta posici&oacute;n de externo tiene sobre los (mal)entendidos del antrop&oacute;logo de la vida social, no puede deslindarse de esta opini&oacute;n. El punto obvio que no percibe es que el yo exterior no siempre permanece afuera. El antrop&oacute;logo tiene una relaci&oacute;n definitiva con el Otro de la investigaci&oacute;n, no s&oacute;lo como occidental, sino como franc&eacute;s en Argelia durante la guerra de independencia, o estadounidense en Marruecos durante la guerra &aacute;rabe israel&iacute; de 1987, o ingl&eacute;s en la India poscolonial. Lo que llamamos afuera es una posici&oacute;n dentro de una entidad hist&oacute;rica&#45;pol&iacute;tica m&aacute;s amplia. No menos que la <i>halfie,</i> "quien permanece" est&aacute; en una posici&oacute;n espec&iacute;fica en relaci&oacute;n con la comunidad estudiada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los debates sobre las antrop&oacute;logas feministas sugieren una segunda fuente de incomodidad sobre la posicionalidad. Aunque se presentan como estudiosas del g&eacute;nero son desestimadas ya que s&oacute;lo muestran un panorama parcial de las sociedades que estudian, porque supuestamente s&oacute;lo estudian a las mujeres. Los antrop&oacute;logos estudian a la sociedad sin m&aacute;s nombres. El estudio de las mujeres es una forma con nombre r&aacute;pidamente segmentada, como se&ntilde;ala Strathern (1985).<sup><a href="#nota">9</a></sup> No obstante, con facilidad podr&iacute;a argumentarse que la mayor&iacute;a de los estudios sociales han sido tambi&eacute;n parciales. Como indican las revisiones que ha realizado Weiner (1976) de los estudios sobre los isle&ntilde;os Trobriand de Malinowski, o los bastante bien estudiados abor&iacute;genes australianos de Bell (1983) han sido estudios sobre los seres humanos.<sup><a href="#nota">10</a></sup> Esto no implica que sean menos valiosos, s&oacute;lo nos recuerda que constantemente debemos atender la posicionalidad del yo antropol&oacute;gico y sus representaciones de los otros. Entre otros, James Clifford (1986a: 6) ha sostenido convincentemente que las representaciones etnogr&aacute;ficas siempre son "verdades parciales". Es necesario reconocer que son verdades posicionadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escisi&oacute;n del yo crea para los dos grupos mencionados un segundo problema que est&aacute; esclareciendo la antropolog&iacute;a en general: las audiencias m&uacute;ltiples. A pesar de que todos los antrop&oacute;logos est&aacute;n empezando a sentir lo que podr&iacute;a llamarse el efecto Rushdie &#151;los efectos de vivir en una era global cuando los sujetos de sus investigaciones empiezan a leer sus trabajos y los gobiernos de los pa&iacute;ses donde trabajan proh&iacute;ben libros y niegan visas&#151;, las antrop&oacute;logas feministas y las <i>halfies</i> enfrentan de manera conmovedora muchas responsabilidades. En vez de tener una audiencia primaria, como la de otros antrop&oacute;logos, las antrop&oacute;logas feministas escriben para los antrop&oacute;logos y las feministas, dos grupos cuya relaci&oacute;n con su tema est&aacute; en desventaja, y responsabilizan a los etn&oacute;grafos de diferentes formas.<sup><a href="#nota">11</a></sup> Adem&aacute;s, los c&iacute;rculos feministas incluyen feministas que no son occidentales, con frecuencia procedentes de sociedades que las antrop&oacute;logas feministas han estudiado y tienen que asumir la responsabilidad de un modo nuevo.<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dilemas de las <i>halfies</i> son incluso m&aacute;s radicales. Como antrop&oacute;logos escriben para sus pares, la mayor&iacute;a de ellos occidentales. Identificados tambi&eacute;n con comunidades fuera de Occidente o con subculturas dentro de Occidente, son confrontados por miembros preparados de dichas comunidades. M&aacute;s importante a&uacute;n, no s&oacute;lo porque se posicionan con referencia a dos comunidades, sino porque cuando presentan al Otro se presentan a s&iacute; mismos y hablan con una conciencia compleja del Otro, y se aseguran de que as&iacute; se entienda. Tanto los antrop&oacute;logos <i>halfies</i> como las feministas se ven forzados a confrontar directamente las pol&iacute;ticas y la &eacute;tica de sus representados. No hay soluciones f&aacute;ciles para sus dilemas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer asunto que los antrop&oacute;logos <i>halfies</i> y las feministas, a diferencia de los antrop&oacute;logos que trabajan con sociedades occidentales (otro grupo para el que el yo y el otro est&aacute;n de alguna forma involucrados), nos fuerzan a confrontar es la duda de sostener que estas relaciones entre el yo y el otro est&eacute;n libres de v&iacute;nculos de poder; esto a causa de la discriminaci&oacute;n sexual, racial o &eacute;tnica que pueden haber vivido &#151;como mujeres, como individuos de padres de diferentes etnias, o como extranjeros&#151; por ser otro frente a un yo dominante, ya sea en la vida diaria en Estados Unidos, Gran Breta&ntilde;a o Francia, o en la academia occidental. Esta no es s&oacute;lo una experiencia de diferencia, sino de inequidad. Sin embargo, mi argumento es estructural no experiencial. Las mujeres, los negros y la mayor&iacute;a de los no occidentales hist&oacute;ricamente han sido constituidos como los otros en los principales sistemas pol&iacute;ticos de los cuales ha dependido el mundo inequitativo del capitalismo. Los estudios feministas y los estudios negros han avanzado lo suficiente en la academia para dejar ver que al ser sujetos de estudio de los "hombres blancos" (para usar una abreviaci&oacute;n de una posici&oacute;n&#45;sujeto hist&oacute;ricamente constituida), &eacute;stos se convierten en sus voceros, y se vuelven signos e instrumentos de su poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la antropolog&iacute;a se siguen eludiendo los temas fundamentales de dominaci&oacute;n, a pesar de una larga historia de t&iacute;mida oposici&oacute;n al racismo, la literatura autocr&iacute;tica &#151;que prolifera con rapidez&#151; sobre los v&iacute;nculos de la antropolog&iacute;a, el colonialismo (por ejemplo, Asad, 1973; Clifford, 1983; Fabian, 1983; Hymes, 1969; Kuper, 1988) y la experimentaci&oacute;n con t&eacute;cnicas de etnograf&iacute;a para mitigar la incomodidad del poder del antrop&oacute;logo sobre el sujeto antropol&oacute;gico. Incluso los intentos para considerar a los informantes como asesores y "dejar hablar al otro" en textos dial&oacute;gicos o polif&oacute;nicos (Tedlock, 1987) &#151;descolonizaciones sobre el nivel del texto&#151; dejan intacta la configuraci&oacute;n del poder global en la cual la antropolog&iacute;a, vinculada a otras instituciones del mundo, est&aacute; basada. Para ver la peculiaridad de esta iniciativa es necesario considerar un caso an&aacute;logo. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a nuestra reacci&oacute;n si los acad&eacute;micos hombres plantearan su deseo de "permitir que las mujeres hablen" en sus textos, mientras contin&uacute;an dominando todo el conocimiento acerca de ellas, controlando la escritura y otras pr&aacute;cticas acad&eacute;micas y respaldando as&iacute; sus posiciones respecto a una organizaci&oacute;n particular de la vida econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a sus egos escindidos, los antrop&oacute;logos feministas y <i>halfies</i> se desplazan inc&oacute;modamente entre hablar "por" a hablar "desde". Su situaci&oacute;n nos permite ver con m&aacute;s claridad que las pr&aacute;cticas divisorias son m&eacute;todos fundamentales para imponer la desigualdad, ya sea porque las diferencias se vuelven naturales, como en el g&eacute;nero o la raza, o simplemente se elaboren, como argumentar&eacute; sucede con el concepto de cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La cultura y las diferencias</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de cultura es un t&eacute;rmino escondido en todo lo que se acaba de decir sobre antropolog&iacute;a. La mayor&iacute;a de los antrop&oacute;logos estadounidenses creen o act&uacute;an como si "cultura", t&eacute;rmino notoriamente resistente a la definici&oacute;n y a la ambig&uuml;edad del referente, fuera, sin lugar a dudas, el verdadero objeto de la indagaci&oacute;n antropol&oacute;gica. No obstante, tambi&eacute;n se puede argumentar que la cultura es importante para la antropolog&iacute;a porque la distinci&oacute;n antropol&oacute;gica entre el yo y el otro se basa en ella. La cultura es una herramienta para hacer otras herramientas. Como un discurso profesional que se explica sobre el significado de cultura con el fin de responder, explicar y entender las diferencias culturales, la antropolog&iacute;a tambi&eacute;n ayuda a construirla, producirla y mantenerla. El discurso antropol&oacute;gico da a las diferencias culturales (y a la separaci&oacute;n entre grupos de personas que ello implica) el aspecto de obvio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este aspecto, el concepto de cultura opera muy parecido a su predecesor &#151;la raza&#151; aunque en su forma del siglo XX tiene algunas ventajas pol&iacute;ticas importantes. A diferencia de la raza, e incluso del sentido de cultura del siglo XIX como sin&oacute;nimo de civilizaci&oacute;n (en comparaci&oacute;n con barbarismo), el concepto actual permite no dos sino m&uacute;ltiples diferencias. Esto de inmediato frena el paso f&aacute;cil a la jerarquizaci&oacute;n; el cambio a "cultura" (con "c" min&uacute;scula y la posibilidad de una "s" al final, como se&ntilde;ala Clifford, 1988a: 234) tiene un efectorelativo. Sin embargo, una de las ventajas m&aacute;s importantes de la cultura es que elimina las diferencias del reino de lo natural y lo innato. Ya sea que se conciba como un conjunto de conductas, costumbres, tradiciones, normas, planes, recetas, instrucciones o programas (para hacer un listado del rango de definiciones que Geertz &#91;1973: 44&#93; proporciona), la cultura se aprende y puede cambiar. Sin embargo, a pesar del prop&oacute;sito antiesencialista, el concepto de cultura conserva algunas de las tendencias que son &uacute;tiles para congelar las diferencias que se consideran poco comunes. Esto es f&aacute;cil de ver si consideramos un &aacute;rea en la que haya habido un cambio de una cultura a otra. El orientalismo como discurso acad&eacute;mico entre otras cosas es, seg&uacute;n Said "un estilo de pensamiento basado en la distinci&oacute;n ontol&oacute;gica y epistemol&oacute;gica de 'Oriente' y (la mayor&iacute;a de las veces) 'Occidente'" (1987: 2). Lo que &eacute;l muestra es c&oacute;mo se relacionan entre si geograf&iacute;a, raza y cultura; el orientalismo establece diferencias entre "occidentales" y "orientales" de manera tan r&iacute;gida que tambi&eacute;n pueden considerarse naturales. En el siglo XX, las diferencias culturales, no la raza, fueron el tema b&aacute;sico de los eruditos orientalistas dedicados a interpretar los fen&oacute;menos "culturales" (principalmente la religi&oacute;n y el idioma) a los cuales se atribuyen ahora las diferencias b&aacute;sicas en desarrollo, desempe&ntilde;o econ&oacute;mico, gobierno, car&aacute;cter y dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos movimientos anticoloniales y luchas de la actualidad han trabajado en lo que podr&iacute;a llamarse orientalismo inverso, en el que las tentativas de revertir la relaci&oacute;n de poder avanzan en la b&uacute;squeda de la valorizaci&oacute;n del yo que en el sistema anterior hab&iacute;a sido devaluado como otro. Una petici&oacute;n gandhiana para m&aacute;s espiritualidad de la India hind&uacute;, en comparaci&oacute;n con el materialismo y la violencia de Occidente, y una petici&oacute;n isl&aacute;mica para una fe m&aacute;s grande en Dios en comparaci&oacute;n con la inmortalidad y la corrupci&oacute;n de Occidente son dos peticiones que aceptan los t&eacute;rminos esencialistas de las construcciones orientalistas. Aunque se volteen de cabeza preservan el r&iacute;gido sentido de diferencia basado en la cultura. Un paralelismo se puede hacer con el feminismo. Es un principio b&aacute;sico del feminismo que "las mujeres se hacen, no nacen as&iacute;". Ha sido importante para la mayor&iacute;a de las feministas atribuir las diferencias de sexo a la cultura, no a la biolog&iacute;a ni a la naturaleza. Aunque esto ha inspirado a algunas te&oacute;ricas feministas a ocuparse de los efectos sociales y personales de g&eacute;nero como un sistema de diferencias, para muchos otros ha llevado a indagaciones y estrategias construidas sobre la noci&oacute;n de una cultura de las mujeres. El feminismo cultural (v&eacute;ase Echols, 1984) adquiere diferentes formas, pero tiene muchas de las cualidades del orientalismo inverso antes discutido. Para las feministas francesas, como lrigaray (1985a, 1985b), Cixous (1983) y Kristeva (1981), masculino y femenino, si no de hecho macho y hembra, esencialmente representan modos diferentes de ser. Las feministas angloamericanas toman un enfoque diferente. Algunas intentan "describir" las diferencias culturales entre hombres y mujeres, Gilligan (1982) y sus seguidoras (por ejemplo, Belenky <i>et al.,</i> 1986) que crean la noci&oacute;n de "una voz diferente" son ejemplos conocidos. Otras intentan "explicar" las diferencias, ya sea por medio de una teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica (por ejemplo, Chodorow, 1978), una teor&iacute;a derivada del marxismo sobre los efectos de la divisi&oacute;n del trabajo y el papel de las mujeres en la reproducci&oacute;n social (Hartsockv, 1985), un an&aacute;lisis de la pr&aacute;ctica materna (Ruddick, 1980), o incluso una teor&iacute;a de la explotaci&oacute;n sexual (MacKinnon, 1982). Bastantes teorizaciones y pr&aacute;cticas feministas intentan construir o reformar la vida social conforme a esta "cultura de mujeres".<sup><a href="#nota">13</a></sup> Ha habido propuestas para una universidad centrada en la mujer (Rich, 1979), una ciencia feminista, una metodolog&iacute;a feminista de las ciencias duras y de las ciencias sociales (Meis, 1983; Reinhan, 1983; Smith, 1987; Stanley y Wise, 1983; v&eacute;ase Harding, 1987 para una cr&iacute;tica sensata), e incluso una espiritualidad y ecolog&iacute;a feminista. Estas propuestas casi siempre se construyen sobre valores tradicionalmente asociados con las mujeres en Occidente: el sentido de proteger a los dem&aacute;s y vincularse, la crianza materna, la inmediatez de la experiencia, involucrarse con lo corporal (contra lo abstracto) y dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta valorizaci&oacute;n de las feministas culturales, como los orientalistas inversos, de las cualidades previamente devaluadas atribuidas a ellas puede ser provisionalmente &uacute;til para forjar un sentido de unidad y hacer luchas de empoderamiento. No obstante, debido a que deja en su lugar la divisi&oacute;n que estructur&oacute; las experiencias del yo y la opresi&oacute;n en que se fundan, perpet&uacute;a algunas tendencias peligrosas. Primera, las feministas culturales pasan por alto la relaci&oacute;n que tienen y las formas en que se definen unos y otros; segunda, tambi&eacute;n pasan por alto las diferencias dentro de cada categor&iacute;a construida por las pr&aacute;cticas divisorias, diferencias de clase, raza y sexualidad (para repetir la letan&iacute;a feminista de categor&iacute;as problem&aacute;ticamente abstractas), as&iacute; como origen &eacute;tnico, experiencia personal, edad, modo de sustento, salud, vivienda rural o urbana y experiencia hist&oacute;rica; tercera, quiz&aacute; la m&aacute;s importante, ignoran las formas en que las experiencias se han construido hist&oacute;ricamente y cambiado con el tiempo. Tanto el movimiento feminista cultural como el revivalista suelen depender de nociones de autenticidad y del retorno a valores positivos que no representan al otro dominante. Como es obvio en la mayor&iacute;a de los casos extremos, estos movimientos borran la historia. Las invocaciones a las diosas de Creta en algunos c&iacute;rculos feministas y, de una forma m&aacute;s compleja y seria, la poderosa invocaci&oacute;n al Profeta de ciertos movimientos isl&aacute;micos de la comunidad del siglo xvii son buenos ejemplos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto es que la noci&oacute;n de cultura que ambos tipos de movimientos utilizan no parece garantizar un escape de la tendencia hacia el esencialismo. Podr&iacute;a argumentarse que los antrop&oacute;logos emplean "cultura" de formas m&aacute;s consistentes y sofisticadas y que su compromiso con esta, como herramienta anal&iacute;tica, es m&aacute;s s&oacute;lido. Sin embargo, incluso ahora muchos de ellos est&aacute;n preocupados por los aspectos que suelen congelar las diferencias. Appadurai (1988), por ejemplo, en su convincente argumento se&ntilde;ala que "los nativos" son producto de la imaginaci&oacute;n antropol&oacute;gica; tambi&eacute;n muestra la complicidad del concepto antropol&oacute;gico de cultura como un "encarcelamiento" continuo de personas no occidentales en tiempo y lugar. Al neg&aacute;rseles las mismas oportunidades de desplazamiento, viajes e interacci&oacute;n geogr&aacute;fica que los occidentales dan por hecho, a las culturas estudiadas por los antrop&oacute;logos tambi&eacute;n se les suelen negar en la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros, incluida yo (1990b), hemos sostenido que las teor&iacute;as culturales tambi&eacute;n suelen enfatizar demasiado la coherencia. Clifford se&ntilde;ala que tanto "la disciplina del trabajo de campo antropol&oacute;gico al constituir su autoridad construye y reconstruye otros yos culturalmente coherentes y explicativos" (Clifford, 1988b: 112), y esa etnograf&iacute;a es una forma de colecci&oacute;n cultural (como coleccionar arte) en la cual "las experiencias y los hechos se seleccionan, se agrupan, se separan de su temporalidad ocasional y proporcionan un valor imperecedero en su nuevo acomodo" (Clifford, 1988a: 231). Las met&aacute;foras org&aacute;nicas de integridad y la metodolog&iacute;a del holismo que caracterizan a la antropolog&iacute;a favorecen la cohesi&oacute;n, y a su vez contribuyen a percibir que las comunidades est&aacute;n vinculadas y diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, la diferenciaci&oacute;n no tiene que implicar valores; el distintivo de la antropolog&iacute;a del siglo XX ha sido su promoci&oacute;n del relativismo cultural por encima de la evaluaci&oacute;n y el juicio. Si la antropolog&iacute;a siempre ha sido, hasta cierto grado, una forma de (auto) cr&iacute;tica cultural (Marcus y Fischer, 1986), tambi&eacute;n ha sido un elemento del rechazo a la jerarquizaci&oacute;n de las diferencias. Sin embargo, ninguna posici&oacute;n ser&iacute;a posible sin diferencias. Valdr&iacute;a la pena pensar en las implicaciones que la antropolog&iacute;a de altos vuelos tiene al sostener y perpetuar una creencia en la existencia de culturas que se identifican como diferentes y separadas de la nuestra.<sup><a href="#nota">14</a></sup> &iquest;Las diferencias siempre pasan desapercibidas en las jerarqu&iacute;as?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Orientalismo,</i> Said apoya la eliminaci&oacute;n de "Oriente" y "Occidente", pero hacerlo no significa que borre todas las diferencias, sino que reconoce m&aacute;s, as&iacute; como las complejas formas en que se interceptan. M&aacute;s importante, su an&aacute;lisis de un &aacute;rea busca mostrar c&oacute;mo y cu&aacute;ndo ciertas diferencias, en este caso de personas y lugares vinculadas a ellas, se complican en la dominaci&oacute;n de uno por otro. &iquest;Deber&iacute;an los antrop&oacute;logos tratar con semejante suspicacia "cultura" y "culturas" como t&eacute;rminos clave en un discurso en el que la otredad y las diferencias han llegado a tener, como se&ntilde;ala Said,"cualidades de talism&aacute;n"? (1989: 213).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tres formas de escribir contra la cultura</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la "cultura", opacada por la coherencia, la intemporalidad y la diferenciaci&oacute;n es la principal herramienta antropol&oacute;gica para hacer al "otro" y a las diferencias, como revelan las feministas y los <i>halfies,</i> suele ser una relaci&oacute;n de poder, entonces quiz&aacute; los antrop&oacute;logos deber&iacute;an considerar estrategias para escribir contra la cultura. Discutir&eacute; tres estrategias que considero prometedoras, aunque de ninguna manera agotan las posibilidades, el tipo de proyectos que describir&eacute; &#151;te&oacute;rico, sustantivo y textual&#151; tienen sentido para los antrop&oacute;logos conscientes de los temas de posicionalidad y responsabilidad y est&aacute;n interesados en hacer de la pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica algo m&aacute;s que s&oacute;lo apoyar las inequidades globales. No obstante, concluir&eacute; considerando las limitaciones de todas las reformas antropol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Discurso y pr&aacute;ctica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La discusi&oacute;n te&oacute;rica, debido a que es el modo de interactuar de los antrop&oacute;logos, proporciona un espacio para refutar la "cultura". Me parece que las discusiones actuales y la utilizaci&oacute;n de dos t&eacute;rminos cada vez m&aacute;s populares &#151;pr&aacute;ctica y discurso&#151; indican un alejamiento de la cultura. Aunque siempre existe el peligro de que estos t&eacute;rminos lleguen a ser usados s&oacute;lo como sin&oacute;nimos de cultura, fueron planeados para permitirnos analizar la vida social sin asumir el grado de cohesi&oacute;n que el concepto cultura ha llegado a tener. En antropolog&iacute;a, la pr&aacute;ctica est&aacute; asociada con Bourdieu (1977; v&eacute;ase tambi&eacute;n Ortner, 1984) cuyo enfoque est&aacute; construido en torno a problemas de contradicci&oacute;n, malentendidos y falsas apreciaciones, y favorece estrategias, intereses e improvisaciones sobre los tropos culturales m&aacute;s est&aacute;ticos y homogeneizados de normas, modelos y textos. El discurso (cuyos usos discuto en L. Abu&#45;Lughod, 1989 y Abu&#45;Lughod y Lutz, 1990) tiene m&aacute;s fuentes y significados en antropolog&iacute;a. En su derivaci&oacute;n foucaultiana, cuando se relaciona con nociones de formaciones discursivas, aparatos y tecnolog&iacute;as, se utiliza para rechazar la distinci&oacute;n entre ideas y pr&aacute;cticas, o entre texto y mundo que el concepto cultura tambi&eacute;n fomenta con facilidad. En su sentido m&aacute;s socioling&uuml;&iacute;stico llama la atenci&oacute;n para los usos sociales de recursos verbales. En cualquier caso permite la posibilidad de reconocer dentro de un grupo social el juego de aseveraciones m&uacute;ltiples, cambiantes y competitivas para efectos pr&aacute;cticos. Tanto la pr&aacute;ctica como el discurso son &uacute;tiles porque funcionan en contra de la supuesta infinitud, por no mencionar el idealismo.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;nculos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra estrategia para escribir contra la cultura es reorientar los problemas o temas que los antrop&oacute;logos abordan. Un tema importante podr&iacute;a ser los v&iacute;nculos e interconexiones hist&oacute;ricas y contempor&aacute;neas entre una comunidad y el antrop&oacute;logo que trabaja ah&iacute; y escribe sobre &eacute;sta, adem&aacute;s del mundo al que pertenece y le permite estar en ese lugar en particular estudiando dicho grupo. Es m&aacute;s un proyecto pol&iacute;tico que existencial, sin embargo, los antrop&oacute;logos reflexivos que nos han ense&ntilde;ado a considerar el encuentro en el campo de trabajo como un sitio para la construcci&oacute;n de "hechos" etnogr&aacute;ficos nos han alertado sobre una dimensi&oacute;n importante del v&iacute;nculo. Otro tipo significativo de v&iacute;nculos ha recibido menos atenci&oacute;n. Pratt se&ntilde;ala una mistificaci&oacute;n en la escritura etnogr&aacute;fica de "un programa m&aacute;s amplio de la expansi&oacute;n europea donde el etn&oacute;grafo, sin importar sus propias actitudes al respecto, est&aacute; atrapado y determina la relaci&oacute;n material del etn&oacute;grafo con el grupo que estudia" (1986: 42). Necesitamos cuestionar los procesos hist&oacute;ricos por los cuales personas como nosotros nos interesamos en estudios antropol&oacute;gicos sobre individuos como esos; tambi&eacute;n cuestionar la situaci&oacute;n actual mundial que nos permita comprometernos con este tipo de trabajo en un lugar en particular, as&iacute; como qui&eacute;n nos ha precedido e incluso est&aacute; ahora con nosotros: turistas, viajeros, misioneros, asesores del Organismo para el Desarrollo Internacional (aid, por sus siglas en ingl&eacute;s) y trabajadores del Cuerpo de Paz (Peace Corps). Necesitamos preguntar c&oacute;mo est&aacute; vinculada esta "voluntad de conocimiento" del Otro con el mundo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas preguntas no pueden hacerse en general, deber&iacute;an hacerse en las inmediaciones y contestarse indagando situaciones, configuraciones e historias espec&iacute;ficas. Incluso aunque no aludan directamente al lugar del etn&oacute;grafo, ni se involucren en una sobresistematizaci&oacute;n que amenaza borrar las interacciones locales, estudios como los de Wolf (1982), sobre la larga historia de la interacci&oacute;n entre sociedades occidentales y comunidades de lo que ahora se llama el Tercer Mundo, son representativos para responder tales preguntas; de igual manera, los estudios de Mintz (1985) que rastrean los complejos procesos de transformaci&oacute;n y explotaci&oacute;n del az&uacute;car en Europa y otras partes del mundo. El giro antropol&oacute;gico hacia la historia, que analiza los v&iacute;nculos entre presente y pasado de comunidades particulares, es tambi&eacute;n un avance importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No todos los proyectos sobre vinculaci&oacute;n necesitan ser hist&oacute;ricos. Los antrop&oacute;logos se preocupan cada vez m&aacute;s por las vinculaciones nacionales e internacionales entre las personas, las formas culturales, los medios de comunicaci&oacute;n, las t&eacute;cnicas y las mercanc&iacute;as;<sup><a href="#nota">16</a></sup> estudian la articulaci&oacute;n del mundo capitalista y las pol&iacute;ticas internacionales con las situaciones de las personas que viven en comunidades particulares. Todos estos proyectos, que implican un cambio de perspectiva para incluir el fen&oacute;meno de vinculaci&oacute;n, exponen las deficiencias del concepto de cultura y el car&aacute;cter esquivo de las entidades designadas por el t&eacute;rmino cultura. Aunque pudiera haber una tendencia en el nuevo trabajo &uacute;nicamente para ampliar el objetivo, como cambiar de posici&oacute;n: de cultura a naci&oacute;n, idealmente se prestar&iacute;a atenci&oacute;n a las agrupaciones, identidades e interacciones cambiantes en todo el territorio. Si alguna vez los antrop&oacute;logos consideraron algunas comunidades como unidades aisladas, ciertamente la naturaleza de las interacciones globales en el presente hace que eso sea imposible.<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Etnograf&iacute;as de lo particular</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera estrategia para escribir contra la cultura depende de la aceptaci&oacute;n de la noci&oacute;n de antropolog&iacute;a de Geertz, en la que se han basado todos en este "momento experimental" (Marcus y Fischer, 1986), quien toma el asunto de la textualidad con seriedad; tambi&eacute;n ha sustentado (1975, 1988) que una de las principales cosas que hacen los antrop&oacute;logos es escribir, y lo que escriben es ficci&oacute;n (lo que no significa que sea ficticio).<sup><a href="#nota">18</a></sup> Ciertamente, la pr&aacute;ctica de la escritura ha recibido bastante atenci&oacute;n de quienes participaron en <i>Writing Culture,</i> y de una cantidad a&uacute;n mayor de personas que no estaban involucradas. Gran parte de la hostilidad hacia sus proyectos surge de la sospecha de que las pol&iacute;ticas etnogr&aacute;ficas tambi&eacute;n han fracasado en la po&eacute;tica de su literatura. Sin embargo, han hecho surgir un problema que no puede ignorarse. En la medida en que los antrop&oacute;logos representan a otros por medio de su escritura etnogr&aacute;fica, seguramente el grado al cual esas personas aparecen como "otro", tambi&eacute;n determinar&aacute;, en parte, c&oacute;mo escriben sobre ellos. &iquest;Hay formas de escribir de manera que se considere a los otros como menos otros?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo sostendr&iacute;a que una herramienta muy &uacute;til para alterar el concepto de cultura y subvertir el proceso de "otredad" que conlleva es escribir "etnograf&iacute;as de lo particular". Las generalizaciones &#151;forma caracter&iacute;stica de operaci&oacute;n y estilo de la escritura de las ciencias sociales&#151; ya no pueden considerarse descripciones neutrales (Foucault, 1978; Said, 1978; Smith, 1987), en antropolog&iacute;a tienen dos efectos desafortunados de los que vale la pena abstenerse. Los analizar&eacute; antes de presentar algunos ejemplos de mi propio trabajo de lo que espero lograr por medio de las etnograf&iacute;as de lo particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No me ocupar&eacute; de todos los asuntos que surgen sobre las generalizaciones. Por ejemplo, con frecuencia se se&ntilde;ala que la forma de generalizar el discurso cient&iacute;fico social facilita la abstracci&oacute;n y la cosificaci&oacute;n. La soci&oacute;loga feminista Dorothy Smith expuso el problema claramente en su cr&iacute;tica al discurso sociol&oacute;gico se&ntilde;alando:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">que el discurso entra en la compleja organizaci&oacute;n de actividades de los individuos mismos y sus relaciones a trav&eacute;s de conceptos como clase, modernizaci&oacute;n y organizaci&oacute;n formal. Entonces se crea un mundo de objetos constituidos te&oacute;ricamente y el discurso desaparece de la vida y del trabajo de los individuos, y libera a la investigaci&oacute;n sociol&oacute;gica de explorar un campo de entidades conceptuales (1987: 130).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros cr&iacute;ticos se han enfocado en diferentes errores. Por ejemplo, la antropolog&iacute;a interpretativa, en su cr&iacute;tica de la b&uacute;squeda de leyes generales del positivismo, se&ntilde;ala como error tener en cuenta la centralidad del significado para la experiencia humana. No obstante, el resultado ha sido sustituir la generalizaci&oacute;n de significados por generalizaciones sobre la conducta humana.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n quiero aclarar que el argumento para la particularidad no es tal: no debe confundirse con argumentos para privilegiar micro o macro procesos. Los etnometod&oacute;logos &#91;...&#93; y otros estudiosos de la vida diaria buscan formas de generalizar las micro interacciones, mientras que los historiadores, podr&iacute;a decirse, est&aacute;n buscando las particularidades de los macro procesos. Tampoco es necesario preocuparse por los aspectos espec&iacute;ficos de la vida de los individuos ya que implica ignorar las fuerzas y din&aacute;micas que no son locales. Por el contrario, los efectos de los procesos que no son locales, y a largo plazo se manifiestan s&oacute;lo local y espec&iacute;ficamente, se producen en las acciones de individuos que viven sus vidas de manera particular y se inscriben en su cuerpo y en sus palabras. Abogo por una forma de escritura que comunique mejor esto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los antrop&oacute;logos tienen dudas sobre las generalizaciones por dos razones. La primera es que, como parte de un discurso profesional de "objetividad" y conocimientos, inevitablemente es un lenguaje de poder. Por un lado es el idioma de aquellos que parecen estar distanciados y fuera de lo que est&aacute;n describiendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De nuevo, la cr&iacute;tica del discurso sociol&oacute;gico de Smith es relevante. Ella ha sostenido (1987: 62) que este modo, al parecer distante, de reflexionar sobre la vida social en la actualidad est&aacute; establecido: representa la perspectiva de quienes se involucran en estructuras profesionales, gerenciales y administrativas y por tanto es parte de "el aparato normativo de esta sociedad". Est&aacute; cr&iacute;tica m&aacute;s bien se aplica a la antropolog&iacute;a con su perspectiva intrasocial y sus or&iacute;genes en la exploraci&oacute;n y colonizaci&oacute;n del mundo no europeo, que a la gesti&oacute;n de grupos sociales internos como trabajadores, mujeres, negros, pobres o prisioneros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, incluso si no revelamos el juicio sobre qu&eacute; tanto pueden asociarse las ciencias sociales con los aparatos de administraci&oacute;n, tenemos que reconocer que todos los discursos profesionalizados por naturaleza reafirman las jerarqu&iacute;as. La misma brecha entre los discursos profesionales y autoritarios de generalizaci&oacute;n y los lenguajes de la vida diaria (la nuestra y la de otros) se hace presente de manera fundamental entre el antrop&oacute;logo y la gente sobre la que escribe y facilita la construcci&oacute;n de objetos antropol&oacute;gicos diferentes y al mismo tiempo inferiores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, el grado al que los antrop&oacute;logos pueden acercarse m&aacute;s al lenguaje de la vida diaria y al lenguaje del texto invierte el modo de hacer al otro. El problema es, como sugieren las antrop&oacute;logas feministas cuando reflexionan sobre la situaci&oacute;n, que podr&iacute;a haber riesgos profesionales para los etn&oacute;grafos que quieren seguir esta estrategia. He argumentado en otras partes (1990a) que la nueva y atinada observaci&oacute;n de Rabinow sobre las pol&iacute;ticas de la escritura etnogr&aacute;fica &#151;que tienen que encontrarse m&aacute;s cerca de casa y de la academia, que del mundo colonial y neocolonial&#151; nos ayudan a entender unas cuantas cosas acerca de la antropolog&iacute;a feminista y su inquietud, que incluso alguien como Clifford revela en su ensayo de introducci&oacute;n de <i>Writing Culture.<sup><a href="#nota">19</a></sup></i> Su excusa para excluir a las antrop&oacute;logas feministas fue el hecho de que no estuvieran participando en la innovaci&oacute;n textual. Si reconoci&eacute;ramos la dudosa distinci&oacute;n que &eacute;l supone existe entre la innovaci&oacute;n textual y las transformaciones de contenido y teor&iacute;a, podr&iacute;amos conceder que las antrop&oacute;logas feministas han contribuido muy poco a la nueva ola de experimentaci&oacute;n con la forma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero entonces, un modo de reflexionar actual nos proporcionar&iacute;a pistas del porqu&eacute;. Sin hacer siquiera las preguntas b&aacute;sicas sobre los individuos, las instituciones, los patrones y ocupaci&oacute;n, podemos recurrir a las pol&iacute;ticas del proyecto feminista mismo. Dedicado a asegurar que las vidas de las mujeres est&eacute;n representadas en las descripciones de las sociedades, en sus experiencias, y tomando en cuenta el g&eacute;nero mismo teorizado en explicaciones de c&oacute;mo funciona la sociedad, las feministas acad&eacute;micas se han interesado por el antiguo sentido pol&iacute;tico de la representaci&oacute;n. El conservadurismo en la forma puede haber sido &uacute;til porque el objetivo era convencer a los colegas de que la antropolog&iacute;a que toma en cuenta el g&eacute;nero es una antropolog&iacute;a mucho mejor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda presi&oacute;n sobre la antropolog&iacute;a feminista es la necesidad de reivindicar el profesionalismo. Contrario a lo que Clifford escribe (1986a: 21), las mujeres han producido "formas no convencionales de escritura". &Eacute;l las ignor&oacute; y no tom&oacute; en cuenta a algunos antrop&oacute;logos profesionales como Bowen (Bohannon) (1954), Briggs (1970), y Cesara (Poewe) (1982) que han experimentado con la forma.<sup><a href="#nota">20</a></sup> De una manera m&aacute;s significativa, hay tambi&eacute;n algo que podr&iacute;a ser considerado como una "tradici&oacute;n de mujer" alternativa dentro de la escritura etnogr&aacute;fica. Sin embargo, no es profesional y s&oacute;lo con reticencia podr&iacute;a ser recuperada y analizada por las antrop&oacute;logas feministas inseguras de su profesi&oacute;n. Me estoy refiriendo a las excelentes y populares etnograf&iacute;as escritas por esposas "sin formaci&oacute;n acad&eacute;mica" de antrop&oacute;logos como <i>Guests of the Sheik</i> de Elizabeth Fernea (1965), <i>Nisa</i> de Marjorie Shostak (1981), <i>The Spirit of the Drum</i> de Edith Turner (1987) y <i>The House of Lim</i> de Margery Wolf (1968). Estos trabajos est&aacute;n dirigidos a audiencias un poco diferentes de las de los escritores profesionales de etnograf&iacute;as est&aacute;ndares; estas mujeres tambi&eacute;n han seguido convenciones diferentes: son m&aacute;s abiertas respecto a su posicionalidad, menos impositivas de su autoridad cient&iacute;fica y m&aacute;s orientadas hacia los individuos y las familias particulares. &#91;...&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo problema con la generalizaci&oacute;n se deriva no de su participaci&oacute;n en los discursos autoritarios de profesionalismo, sino de los efectos de homogeneidad, cohesi&oacute;n y atemporalidad que suele producir. Cuando se generalizan las experiencias y conversaciones de una cantidad espec&iacute;fica de personas en una comunidad, se suelen atenuar y homogeneizarse las diferencias entre ellas. La apariencia de una falta de diferenciaci&oacute;n interna facilita la concepci&oacute;n de un grupo de personas como entidad diferente y vinculada como "el Pueblo Nuer", los balineses y Awlad'Ali Bedouin que hacen esto o aquello y dicen tal y tal. El esfuerzo para producir descripciones etnogr&aacute;ficas de creencias o acciones de las personas tiende a restar importancia a las contradicciones, a los conflictos de intereses, a las dudas y discusiones, sin mencionar las motivaciones y circunstancias cambiantes. La supresi&oacute;n del tiempo y del conflicto hacen de lo que est&aacute; dentro del l&iacute;mite establecido por la homogeneizaci&oacute;n algo fijo y esencial. Estos efectos son momentos especiales para los antrop&oacute;logos porque contribuyen a la ficci&oacute;n de otros esencialmente diferentes y diferenciados que pueden ser separados de alguna clase de yo igualmente esencial. Como he argumentado, en tanto que la diferencia es jer&aacute;rquica y las afirmaciones de separaci&oacute;n una forma de negar la responsabilidad, la generalizaci&oacute;n en s&iacute; debe tratarse con desconfianza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por estas razones propongo que experimentemos con etnograf&iacute;as narrativas de lo particular en la tradici&oacute;n de la escritura basada en el trabajo de campo.<sup><a href="#nota">21</a></sup> Al contar historias de individuos particulares en lugar y tiempo, estas etnograf&iacute;as compartir&iacute;an elementos con la "tradici&oacute;n alternativa de las mujeres" que discutimos antes. Yo esperar&iacute;a que complementaran y no reemplazaran a otro tipo de proyectos antropol&oacute;gicos, como discusiones te&oacute;ricas y exploraci&oacute;n de nuevos t&oacute;picos en antropolog&iacute;a &#91;...&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los antrop&oacute;logos habitualmente generalizan sobre las comunidades al decir que est&aacute;n caracterizadas por ciertas instituciones, normas o formas de hacer las cosas. Por ejemplo, casi siempre se suele decir cosas como "Los Bongo&#45;Bongo son pol&iacute;gamos". Sin embargo, uno se puede negar a generalizar de esta manera y m&aacute;s bien preguntar c&oacute;mo un conjunto concreto de individuos &#151;por ejemplo, un hombre y sus tres esposas en una comunidad beduina de Egipto que conozco desde hace una d&eacute;cada&#151; viven la "instituci&oacute;n" que llamamos poligamia. Enfatizar la peculiaridad de este tipo de matrimonio y elaborar por medio de discusiones, recuerdos, desacuerdos y acciones dar&iacute;a como resultado varios puntos te&oacute;ricos. Primero, negarse a generalizar destacar&iacute;a la calidad de esta tipicidad producida de manera tan regular en los relatos sociales cient&iacute;ficos convencionales. Segundo, mostrar las circunstancias actuales y las historias detalladas de los individuos y sus relaciones indicar&iacute;a que tales particularidades, siempre presentes (como sabemos por nuestras experiencias personales), tambi&eacute;n son cruciales para la constituci&oacute;n de la experiencia. Tercero, reconstruir los argumentos, justificaciones e interpretaciones de lo que ellos y otros est&aacute;n haciendo explicar&iacute;a c&oacute;mo se desarrolla la vida social, mostrar&iacute;a que aunque los t&eacute;rminos de sus discursos est&aacute;n establecidos (y, como en cualquier sociedad, incluyen varios discursos algunas veces contradictorios y con frecuencia cambiantes), dentro de estos l&iacute;mites, la gente refuta las interpretaciones de lo que est&aacute; sucediendo, siente el dolor y vive su vidas. En un sentido esto no es nuevo, por ejemplo, Bourdieu (1977) teoriza sobre la pr&aacute;ctica social de manera similar. Pero la diferencia aqu&iacute; ser&iacute;a buscar medios textuales que representen c&oacute;mo sucede esto, en vez de simplemente hacer aseveraciones de que s&iacute; est&aacute;n representados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al concentrarse en los individuos particulares y en sus relaciones cambiantes, necesariamente se subvertir&iacute;an las connotaciones m&aacute;s problem&aacute;ticas de la cultura: homogeneidad, coherencia y atemporalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fuentes consultadas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abu&#45;Lughod, L. (1986), <i>Veiled Sentiments: Honor and Poetry in a Bedouin Society,</i> Nueva York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873944&pid=S1870-0063201200020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1989), <i>Zones of theory in the anthropology of the Arab world,</i> Annual Review of Anthropology 18: 276&#45;306.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873946&pid=S1870-0063201200020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990a), <i>Can there be feminist ethnography? Women and Performance:</i> A Journal of Feminist Theory 5: 7&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873948&pid=S1870-0063201200020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990b) <i>Shifting politics in Bedouin love poetry. In Language and the</i> <i>Politics of Emotion,</i> en C. Lutz y L. Abu&#45;Lughod, (eds.), Nueva York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873950&pid=S1870-0063201200020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abu&#45;Lughod, L. y Lutz, C (1990), "Introduction: discourse, emotion, and the politics of everyday life", en Altorki, Soraya, y Camillia El&#45;Solh (1988), <i>Arab Women in the Field: Studying Your Own Society,</i> Syracuse, Nueva York: Syracuse University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873952&pid=S1870-0063201200020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Appadurai, A. (1988), <i>Putting hierarchy in its place,</i> Cultural Anthropology 3: 36&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873954&pid=S1870-0063201200020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arens, W. (1979), <i>The Man&#45;Eating Myth: Anthropology and Anthropology,</i> Nueva York: OUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873956&pid=S1870-0063201200020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asad, T. (1973), <i>Anthropology and the Colonial Encounter,</i> Londres: Ithaca Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873958&pid=S1870-0063201200020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1983), <i>Anthropological conceptions of religion: reflections on</i> <i>Geertz,</i> Man 18: 237&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873960&pid=S1870-0063201200020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Belenky, M., Clinchy, B., Goldberger, N., y Tarule, J. (1986), <i>Women's Ways of Knowing,</i> Nueva York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873962&pid=S1870-0063201200020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bell, D. (1983), <i>Daughtersof the Dreaming,</i> Melbourne: McPhee Gribble/N. Sydney: George Allen &amp; Unwin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873964&pid=S1870-0063201200020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bowen, E. S. (1954), <i>Return to Laughter,</i> Garden City, NY: Anchor Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873966&pid=S1870-0063201200020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, P. (1977), <i>Outline of a Theory of Practice,</i> Trans. R. Nice, Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873968&pid=S1870-0063201200020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Briggs, J. (1970), <i>Never in Anger,</i> Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873970&pid=S1870-0063201200020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cesara, M. (1982), <i>Reflectionsof a Woman Anthropologist: No Hiding Place,</i> Londres y Nueva York: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873972&pid=S1870-0063201200020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chodorow, N. (1978), <i>The Reproduction of Mothering,</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873974&pid=S1870-0063201200020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cixous, H. (1983), "The laugh of the Medusa", en <i>The Signs Reader,</i> K. Cohen y P. Cohen, trans., E. Abel y E. Abe, Chicago: University of Chicago Press, pp. 279&#45;97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873976&pid=S1870-0063201200020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clifford, J. (1983), "Power in dialogue in ethnography", en G. W Stocking, Jr., (ed.), <i>Observers Observed: Essays on Ethnographic Fieldwork,</i> Madison: University of Wisconsin Press, pp. 121&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873978&pid=S1870-0063201200020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1986a), "Introduction: partial truths", en J. Clifford y G. Marcus, (eds.), <i>Writing Culture: The Poeticsand Politics of Ethnography,</i> Berkeley: University of California Press, pp. 1&#45;26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873980&pid=S1870-0063201200020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1986b), "On ethnographic allegory", en J. Clifford y G. Marcus, (eds.), <i>Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography,</i> Berkeley: University of California Press, pp. 98&#45;121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873982&pid=S1870-0063201200020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988a), "On collecting art and culture", en <i>The Predicament</i> <i>of Culture: Twentieth&#45;Century Ethnography, Literature, and Art,</i> Cambridge: Harvard University Press, pp. 215&#45;51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873984&pid=S1870-0063201200020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988b), "On ethnographic self fashioning", en <i>The Predicament</i> <i>of Culture: Twentieth&#45;Century Ethnography, Literature, and Art,</i> Cambridge: Harvard University Press, pp. 92&#45;113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873986&pid=S1870-0063201200020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clifford, J. y Marcus, G. E. (eds.) (1986), <i>Writing Culture: ThePoeticsand Politics of Ethnography,</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873988&pid=S1870-0063201200020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988), <i>Aestheticized emotions and critical hermeneutics. Culture,</i> <i>Medicine and Psychiatry,</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873990&pid=S1870-0063201200020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crapanzano, V. (1977), <i>On the writing of ethnography,</i> Dialectical Anthropology.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873992&pid=S1870-0063201200020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dumont, J. (1978), <i>The Headman and I,</i> Austin: University of Texas Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873994&pid=S1870-0063201200020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1986), <i>Prologue to ethnography or prolegomena to anthropology:</i> Ethos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873996&pid=S1870-0063201200020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dwyer, K. (1982), <i>Moroccan Dialogues: Anthropology in Question,</i> Baltimore: The Johns Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=873998&pid=S1870-0063201200020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fabian, J. (1983), <i>Time and the Other: How Anthropology Makes Its Object,</i> Nueva York: Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874000&pid=S1870-0063201200020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fahim, H., (ed.) (1982), <i>Indigenous Anthropology in Non&#45;Western Countries,</i> Durham, Carolina del Norte: North Carolina Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874002&pid=S1870-0063201200020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fernea, E. W. (1965), <i>Guests of the Sheik: An Ethnography of an Iraqi</i> <i>Village,</i> Garden City, NY: Anchor Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874004&pid=S1870-0063201200020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fischer, M. J. (1984), <i>Towards a third world poetics: seeing through short stories and films in the Iranian culture area:</i> Knowledge and Society 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874006&pid=S1870-0063201200020000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1986), "Ethnicity and the post&#45;modem arts of memory", en <i>Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874008&pid=S1870-0063201200020000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, M. (1978), <i>Discipline and Punish,</i> Nueva York: Partheon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874010&pid=S1870-0063201200020000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedl, E. (1989), <i>Women of Deh Koh: Lives in an Iranian Village,</i> Washington, DC: Smithsonian Institution Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874012&pid=S1870-0063201200020000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geertz, C. (1973), <i>The impact of the concept of culture on the concept of man,</i> The Interpretation of Cultures, Nueva York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874014&pid=S1870-0063201200020000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1975), <i>Thick description: toward an interpretive theory of culture,</i> In The Interpretation of Cultures, Nueva York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874016&pid=S1870-0063201200020000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988) <i>Works and Lives: The Anthropologist as Author,</i> Stanford: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874018&pid=S1870-0063201200020000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gilligan, C. (1982), <i>In a Different Voice,</i> Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874020&pid=S1870-0063201200020000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gordon, D. (1988), <i>Writing culture, writing feminism:</i> The poetics and politics of experimental ethnography. Inscriptions 3/4: 7&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874022&pid=S1870-0063201200020000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haraway, D. (1985), <i>A manifesto for cyborgs: science technology and socialist</i> <i>feminism in the 1980s,</i> Socialist Review 80: 65&#45;107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874024&pid=S1870-0063201200020000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harding, S. (1986), <i>The Science Question in Feminism,</i> Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874026&pid=S1870-0063201200020000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1987), <i>The method question.</i> Hypatia 2: 19&#45;35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874028&pid=S1870-0063201200020000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hartsock, N. (1985), <i>Money, Sex, and Power: Toward a Feminist Historical</i> <i>Materialism,</i> Boston: Northeastern University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874030&pid=S1870-0063201200020000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hymes, D. (1969), <i>Reinventing Anthropology,</i> Nueva York: Pantheon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874032&pid=S1870-0063201200020000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lrigaray, L. (1985a), <i>Speculum of the Other Woman,</i> G. C. Gill, trans., Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874034&pid=S1870-0063201200020000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1985b), <i>This Sex Which Is Not One,</i> C. Porter with C. Burks, trans., Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874036&pid=S1870-0063201200020000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joseph, S. (1988), "Feminization, familism, self, and politics: research as a Mughtaribi", en S. AItorki y C. El&#45;Solh, (eds.), <i>Arab Women in the Field: Studying Your Own Society,</i> Syracuse, NY: Syracuse University Press, pp. 25&#45;47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874038&pid=S1870-0063201200020000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kondo, D. (1986), <i>Dissolution and reconstitution of self: implications for</i> <i>anthropological epistemology,</i> Cultural Anthropology 1: 74&#45;88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874040&pid=S1870-0063201200020000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kristeva, J. (1981), <i>Women's time,</i> A. Jardine and H. Blake, trans., Signs 7: 13&#45;35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874042&pid=S1870-0063201200020000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kuper, A. (1988), <i>The Invention of Primitive Society: Transformation of an Illusion,</i> Boston y Londres: Routledge and Kegan Paul.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874044&pid=S1870-0063201200020000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MacKinnon, C. (1982), <i>Feminism, Marxism, method, and the state: an</i> <i>agenda for theory,</i> Signs 7: 515&#45;44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874046&pid=S1870-0063201200020000700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcus, G. y Clifford, J. (1985), <i>The Making of ethnographic texts:</i> <i>preliminary report,</i> Current Anthropology 26: 267&#45;71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874048&pid=S1870-0063201200020000700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcus, G. y Fischer, M. J. (1986), <i>Anthropology as Cultural Critique: An Experimental Moment in the Human Sciences,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874050&pid=S1870-0063201200020000700054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meis, M. (1983), <i>Towards a methodology for feminist research. In Theories of Women's.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874052&pid=S1870-0063201200020000700055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mintz, S. (1985), <i>Sweetness and Power: The Place of Sugar in Modern History,</i> Nueva York: Viking.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874054&pid=S1870-0063201200020000700056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morsy, S. (1988), "Fieldwork in my Egyptian homeland: toward the demise of anthropology's distinctive other hegemonic tradition", en S. AItorki y C. El&#45;Solh, (eds.), <i>Arab Women in the Field: Studying Your Own Society,</i> Syracuse: Syracuse University Press, pp. 69&#45;90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874056&pid=S1870-0063201200020000700057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nader, L. (1969), <i>"Up the anthropologist" &#45; perspectives gained from</i> <i>studying up,</i> en D. Hymes (ed.), pp. 284&#45;311.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874058&pid=S1870-0063201200020000700058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Narayan, K. (1989), <i>Saints, Scoundrels, and Storytellers,</i> Filadelfia: University of Pennsylvania Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874060&pid=S1870-0063201200020000700059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortner, S. B. (1984), <i>Theory in anthropology since the sixties. Comparative</i> <i>Studies,</i> en Society and History 26: 126&#45;66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874062&pid=S1870-0063201200020000700060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1991), "Reading America. Preliminary Notes on Class and Culture", en Fox, Richard G. (ed.), <i>Recapturing Anthropology.</i> <i>Working in the present.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874064&pid=S1870-0063201200020000700061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pratt, M. L. (1986), <i>Fieldwork in common places,</i> en Writing Culture: The Poetics and Politics.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874066&pid=S1870-0063201200020000700062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rabinow, P. (1977), <i>Reflections on Fieldwork in Morocco,</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874068&pid=S1870-0063201200020000700063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reinharz, S. (1983), "Experimental analysis: a contribution to feminist research", en G. Bowles y R. D. Klein, (eds.), <i>Theories of Women's Studies,</i> Londres y Boston: Roudedge and Kegan Paul, pp. 162&#45;191.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874070&pid=S1870-0063201200020000700064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rich, A. (1979), <i>Toward a woman&#45;centered university,</i> en <i>On Lies, Secrets</i> <i>and Silence,</i> Nueva York: W W Norton &amp; Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874072&pid=S1870-0063201200020000700065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Riesman, P. (1977), <i>Freedom in Fulani Social Life,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874074&pid=S1870-0063201200020000700066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruddick, S. (1980), <i>Maternal thinking,</i> en Feminist Studies 6, (2): 342&#45;67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874076&pid=S1870-0063201200020000700067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sacks, K. B. (1989), <i>Toward a unified theory of class, race, and gender,</i> American Ethnologist 16(3): 534&#45;50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874078&pid=S1870-0063201200020000700068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Said, E. (1978), <i>Orientalism,</i> Nueva York: Pantheon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874080&pid=S1870-0063201200020000700069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1989), <i>Representing the colonized: anthropology's interlocuters</i>, Critical Inquiry 15: 205&#45;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874082&pid=S1870-0063201200020000700070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shostak, M. (1981), <i>Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman,</i> Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874084&pid=S1870-0063201200020000700071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, D. (1987), <i>The Everyday World as Problematic,</i> Boston: Northeastern University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874086&pid=S1870-0063201200020000700072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stanley, L. y Wise, S. (1983), <i>Breaking Out: Feminist Consciousness and Feminist Research,</i> Londres: Roudedge and Kegan Paul.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874088&pid=S1870-0063201200020000700073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strathern, M. (1985), <i>Dislodging a worldview: challenge and counter&#45;challenge in the relationship between feminism and anthropology,</i> en Australian Feminist Studies I: 1&#45;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874090&pid=S1870-0063201200020000700074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1987), <i>An awkward relationship: the case of feminism and anthropology,</i> Signs 12: 276&#45;92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874092&pid=S1870-0063201200020000700075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tediock, D. (1983), <i>The Spoken Word and the Work of Interpretation,</i> Filadelfia: University of Pennsylvania Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874094&pid=S1870-0063201200020000700076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1987), <i>Questions concerning dialogical anthropology,</i> en Journal of Anthropological Research 43: 325&#45;37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874096&pid=S1870-0063201200020000700077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tuhami (1980), <i>Portrait of a Moroccan,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874098&pid=S1870-0063201200020000700078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, E. (1987), <i>The Spirit and the Drum: A Memoir of Africa,</i> Tucson: University of Arizona Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874100&pid=S1870-0063201200020000700079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tyler, S. (1986), "Post&#45;modern ethnography: from document of the occult to occult document", en J. Clifford y G. Marcus, (eds.), <i>Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography,</i> Berkeley: University of California Press, pp. 122&#45;140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874102&pid=S1870-0063201200020000700080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weiner, A. (1976), <i>Women of Value, Men of Renown,</i> Austin: University of Texas Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874104&pid=S1870-0063201200020000700081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wolf, E. R. (1982), <i>Europe and the People without History,</i> Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874106&pid=S1870-0063201200020000700082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wolf, M. (1968), <i>The House of Lim,</i> Nueva York: Appelton&#45;Century&#45;Crofts.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=874108&pid=S1870-0063201200020000700083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota">Notas</a></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Richard G. Fox, <i>Recapturing Anthropology: Working in the Present,</i> Santa Fe: School of American Research Press, 1991, pp. 137&#45;154, 161&#45;162. Reproducido con permiso y revisado por la autora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*** Traductora especializada, Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). Ha vertido al castellano obras como <i>La guerra global de clases,</i> de Jeff Faux, publicada por la UACM (2008).</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>Halfies</i> es un t&eacute;rmino que tom&eacute; prestado de Kirin Narayan, comunicaci&oacute;n personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> De igual manera, Marcus y Clifford (1985) y Marcus y Fischer (1986) toman en cuenta a las feministas como fuente importante de cr&iacute;tica cultural y antropol&oacute;gica aunque no discuten su trabajo. Sin embargo, Fischer (1984, 1986, 1988) desde hace mucho tiempo est&aacute; interesado en el fen&oacute;meno de la biculturalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Todav&iacute;a no es com&uacute;n que los antrop&oacute;logos de esta sociedad y de otras hagan lo que Laura Nader (1969) recomendaba: "estudiar".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sus diversas estrategias est&aacute;n basadas en esta divisi&oacute;n y en la serie de oposiciones (cultura/naturaleza, p&uacute;blico/privado, trabajo/casa, transcendente/inmediato, abstracto/ particular, objetividad/subjetividad, autonom&iacute;a/vinculaci&oacute;n, etc&eacute;tera) que se asocian con <i>a)</i> las mujeres a quienes se les deber&iacute;a permitir unirse al mundo valorado de los hombres, para que sean como ellos o tengan los mismos privilegios, <i>b)</i> los principios y el trabajo de las mujeres, aunque sean diferentes, deber&iacute;an valorarse igual que los del hombre, o <i>c)</i> mujeres y hombres deber&iacute;an cambiar y entrar en las esferas del otro para borrar las diferencias de g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> A&ntilde;ade Harding, no disuelve el feminismo como identidad pol&iacute;tica, pero el asunto m&aacute;s apremiante en los c&iacute;rculos feministas es c&oacute;mo desarrollar una pol&iacute;tica de solidaridad, coalici&oacute;n o afinidad construida en el reconocimiento de la diferencia, y no en la solidaridad de un yo unitario definido por sus oposiciones hacia otro que antes se defini&oacute; como tal. El pensamiento m&aacute;s interesante sobre este tema ha sido el de Haraway (1985).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Para una deliberaci&oacute;n de la convergencia de la cr&iacute;tica antropol&oacute;gica y la feminista, v&eacute;ase Abu&#45;Lughod (1990a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El punto central del discurso de Edward Said a la Asociaci&oacute;n Antropol&oacute;gica Estadounidense en 1988, fue que los antrop&oacute;logos ten&iacute;an que prestar atenci&oacute;n no s&oacute;lo al "lugar antropol&oacute;gico" sino tambi&eacute;n a la "situaci&oacute;n cultural en la cual el trabajo antropol&oacute;gico se realiza" (1989: 212).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> La mayor parte de la literatura sobre antropolog&iacute;a ind&iacute;gena se acepta con las ventajas y desventajas de esta identificaci&oacute;n. V&eacute;ase Fahim (1982) y Altorki y El&#45;Solh (1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> V&eacute;ase tambi&eacute;n mi an&aacute;lisis del estudio de g&eacute;nero en la antropolog&iacute;a del Medio Oriente (Abu&#45;Lughod, 1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> De forma paralela, se cree que quienes estudian la experiencia negra, estudian una forma de experiencia notable. Se podr&iacute;a se&ntilde;alar, y se ha hecho por personas como Adrienne Rich, que la forma de experiencia universal de la que difiere es en s&iacute; misma parcial, es la experiencia de los blancos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Crapanzano (1977) ha escrito perspicazmente sobre el proceso regular de distanciarse de la experiencia del trabajo de campo y buscar identificarse con la audiencia antropol&oacute;gica por la que todos los antrop&oacute;logos atraviesan cuando regresan del campo de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Esto est&aacute; sucediendo, por ejemplo, en los acalorados debates en el campo de estudio de las mujeres de Medio Oriente sobre qui&eacute;n tiene el derecho de hablar por ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> A algunos les gustar&iacute;a hacer la distinci&oacute;n entre "las mujeres" y "feminismo", pero en casi toda la literatura se mezclan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Arens (1979), por ejemplo, ha preguntado provocativamente por qu&eacute; los antrop&oacute;logos se aferran con tanta tenacidad a la creencia de que en algunas culturas el canibalismo es un ritual aceptado, cuando la evidencia (relatos de testigos visuales) es tan escasa (si no es que ausente, como &eacute;l sostiene).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> En mi propio trabajo sobre una comunidad beduina egipcia, empec&eacute; a pensar en t&eacute;rminos de discursos en vez de cultura solamente, porque deb&iacute;a encontrar la forma de que tuviera sentido al hecho de que parece haber dos discursos contradictorios sobre las relaciones interpersonales &#151;el discurso de honor y modestia y el po&eacute;tico de vulnerabilidad y apego&#151; que proporcionaban informaci&oacute;n y eran usados por los mismos individuos en contextos diferentes (Abu&#45;Lughod, 1986). En una reflexi&oacute;n reciente sobre las respuestas beduinas a la muerte (Abu Lughod, no disponible). Tambi&eacute;n tuve que encontrar el sentido al hecho de que hubiera m&uacute;ltiples discursos sobre la muerte en dicha comunidad. No s&oacute;lo la gente manejaba explicaciones contradictorias de muertes espec&iacute;ficas (invocaci&oacute;n, en el caso de una muerte por accidente, estupidez, ciertas acciones por parte de miembros de la familia, el ojo &#91;del diablo&#93;, el destino y la voluntad de Dios), pero los dos discursos principales &#151;el isl&aacute;mico de la voluntad de Dios y el de los lamentos rituales funerales&#151; estaban relacionados con grupos sociales diferentes, hombres y mujeres, y funcionaban para mantener y justificar las diferencias de poder entre ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Dos nuevas publicaciones: <i>Public Culture: Bulletin of the Center for Transnational Cultural Studies and Diaspora,</i> y <i>A Journal of Transnacional Studies,</i> tienen foros para discutir estos asuntos transnacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> V&eacute;ase J. Abu&#45;Lughod (1989) para evidencias de un "sistema mundial" en el siglo xiii.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Dummont (1986) recientemente ha reiterado esto al declarar que los cambios en la teor&iacute;a social son s&oacute;lo cambios metodol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Para un debate m&aacute;s detallado e interesante de la incomodidad de Clifford con el feminismo, v&eacute;ase Gordon (1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> A esta lista podr&iacute;an agreg&aacute;rsele m&aacute;s nombres, incluso lo m&aacute;s reciente de Friedl (1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Mi propio experimento en este tipo de narrativa etnogr&aacute;fica est&aacute; en prensa: Abu&#45;Lughod.</font></p>      ]]></body><back>
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