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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Derechos y democracia<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pietro Costa**</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesor de historia del derecho medieval y moderno en la Universidad de Florencia, Italia. Tambi&eacute;n ha sido profesor en las universidades de Macerata y Salerno. Es director de la revista Quaderni Fiorentini per la Storia del Pensiero Giuridico Moderno. Algunos de sus libros son Civitas. Storia della cittadinanza in Europa, Roma&#45;Bari: Laterza, 4 vols., 19992001, con Danilo Zolo; Lo Stato di diritto. Storia, teoria, critica, Mil&aacute;n: Feltrinelli, 2002; Iurisdictio. Semantica del potere politico nella pubblicistica medievale, Mil&aacute;n, Giuffr&eacute;, 2002; Democrazia politica e Stato costituzionale, N&aacute;poles: Editoriale Scientifica, 2006; Il diritto di uccidere. L'enigma della pena di morte, Mil&aacute;n: Feltrinelli, 2010.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n del italiano: Israel Covarrubias<a href="#notas">***</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL NEXO ENTRE DERECHOS Y DEMOCRACIA: UNA CARACTER&Iacute;STICA DE LA "MODERNIDAD"</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Democracia"<sup><a href="#notas">1</a></sup> evoca el poder de un pueblo y no el poder de un individuo o s&oacute;lo de algunos, antes bien el de muchos. Son los muchos que (al menos en &uacute;ltima instancia) detentan el poder y son muchos los llamados (de alguna manera) a ejercerlo. El t&eacute;rmino "democracia" est&aacute;, por consiguiente, ligado a la idea de una mayor&iacute;a investida, en cuanto tal, del poder de decidir. Sin embargo, la democracia no est&aacute; conectada con la "regla de la mayor&iacute;a", en su dimensi&oacute;n estrictamente procedimental: incluso un colegio aristocr&aacute;tico puede adoptarla como un mecanismo &uacute;til para alcanzar una decisi&oacute;n. Lo que vuelve democr&aacute;tico a un r&eacute;gimen es el hecho de que en &eacute;l el "mayor n&uacute;mero" de personas es llamado para gobernar (Bobbio, 1981: 34&#45;35).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "mayor n&uacute;mero" es un t&eacute;rmino vago y relativo: sirve para recordar simplemente que el pasaje de la mayor&iacute;a a la totalidad es uno de los problemas (o de los dilemas) recurrentes de la democracia, incluso en su trayectoria moderna. Si adem&aacute;s observamos a la democracia en el espejo de sus primeras definiciones te&oacute;ricas (en Plat&oacute;n o Arist&oacute;teles), es presentada no como r&eacute;gimen de "todos", sino como poder de una parte, que a pesar de ser mayoritario (el peque&ntilde;o pueblo contra los mejores), es obstaculizado porque no es capaz de colmar el vac&iacute;o que separa a los "muchos" de la totalidad. Precisamente es el nexo entre mayor&iacute;a, subalternidad y parcialidad, el vicio de origen que por un largo periodo relega la palabra "democracia" a los m&aacute;rgenes de la cultura pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica, del mundo antiguo hasta la sociedad del antiguo r&eacute;gimen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En aquel periodo de tiempo, en cambio, ser&aacute; constante la atenci&oacute;n al tema de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica; es decir, el compromiso civil de los sujetos y su participaci&oacute;n en la vida de la <i>polis.</i> Sin embargo, no fue la palabra "democracia" la que se emple&oacute; para expresarla; la suerte nos ha llevado a una distinta constelaci&oacute;n lexical, dominada por el t&eacute;rmino "rep&uacute;blica".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta el siglo XVIII, se recurr&iacute;a principalmente al l&eacute;xico republicano en la discusi&oacute;n del compromiso pol&iacute;tico y del activismo c&iacute;vico que, por su parte, no fue proclive a traducir el <i>ethos</i> participativo en el lenguaje de los derechos. Estos &uacute;ltimos se hab&iacute;an desarrollado lentamente entre los pliegues de la refinada cultura jur&iacute;dica del <i>ius commune,</i> para recibir despu&eacute;s un impulso determinante por la afirmaci&oacute;n del paradigma iusnaturalista. A lo largo del siglo XVIII se difunde la convicci&oacute;n de la existencia de un nexo "natural" (fundante) entre el individuo y los derechos que pretenden proteger esencialmente el <i>proprium</i> del sujeto, su apropiaci&oacute;n&#45;propiedad y su libertad "privada" (su libertad <i>uti singulus),</i> mientras que la participaci&oacute;n pol&iacute;tica parece intentar hacer suyo el l&eacute;xico de los derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso desde este punto de vista, las revoluciones de finales del siglo XVIII constituyeron un evento determinante. Es con la guerra de Independencia en Am&eacute;rica y despu&eacute;s con la Revoluci&oacute;n francesa que el lenguaje de los derechos celebrar&aacute; su triunfo (sobre el terreno de la ret&oacute;rica pol&iacute;tica como de la proyecci&oacute;n constitucional) y no s&oacute;lo involucrar&aacute; el espacio "privado" del sujeto, sino extender&aacute; sus efectos al terreno de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, la imagen de la participaci&oacute;n sufrir&aacute; a su vez el efecto de la penetrante presencia de los derechos en el discurso p&uacute;blico de la revoluci&oacute;n: con creciente insistencia la actividad pol&iacute;tica ser&aacute; incluida y presentada como el ejercicio de un derecho; no menos importante, es un derecho distinto de la libertad&#45;propiedad, ya que al estar conectado con una dimensi&oacute;n distinta de la libertad, ser&aacute; el &aacute;mbito ya exaltado por Rousseau como la expresi&oacute;n de un sujeto que finalmente puede adherirse a la dignidad del "ciudadano".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los hombres de la Revoluci&oacute;n, participar en la vida de la <i>polis</i> es ejercer un derecho: es este el punto de conjunci&oacute;n entre dos universos de discurso &#151;el l&eacute;xico (originalmente iusnatural) de los derechos y el l&eacute;xico republicano (democr&aacute;tico)&#151;, destinados a un largo y durable matrimonio en todo el arco de tiempo de la modernidad. Los derechos son m&uacute;ltiples y no todos tienen relaci&oacute;n (al menos en modo directo) con la organizaci&oacute;n de la <i>polis;</i> de hecho, algunos de estos tutelan la relaci&oacute;n entre el individuo y la <i>res publica,</i> decretan su relevancia y garantizan su respeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Involucrada en el nuevo discurso de los derechos, la participaci&oacute;n pol&iacute;tica no puede sino resentir los efectos de un principio que en los derechos era un componente esencial: la igualdad. Los derechos teorizados por el iusnaturalismo de los siglos XVII y XVIII &#151;la libertad y la propiedad&#151; eran derechos del ser humano como tal, independientes de las diferenciaciones y jerarqu&iacute;as pol&iacute;tico&#45;sociales. Y son estos los derechos que la Revoluci&oacute;n quiere bajar del cielo a la tierra para transformarlos en el fundamento del nuevo orden, finalmente emancipado de las desigualdades de jerarqu&iacute;a y de los v&iacute;nculos feudales. La naci&oacute;n de Siey&eacute;s, el <i>mythomoteur</i> de la Revoluci&oacute;n, es una naci&oacute;n que, coincidiendo con el Tercer Estado y expulsando de su seno a los pocos "privilegiados", es una naci&oacute;n de iguales: una naci&oacute;n compuesta por individuos igualmente libres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inseparable del nuevo orden de la libertad y la propiedad, la igualdad es uno de los grandes s&iacute;mbolos de la Revoluci&oacute;n y, al mismo tiempo, la principal piedra de esc&aacute;ndalo: ya en los a&ntilde;os de aquella es alrededor de la igualdad (en la especificaci&oacute;n de su sentido, extensi&oacute;n y aplicaci&oacute;n) que florecer&aacute;n conflictos lacerantes, cuyo destino es su extensi&oacute;n mucho m&aacute;s all&aacute; del colapso de la Revoluci&oacute;n. Ya desde ese momento surgen tres conexiones tem&aacute;ticas importantes que se presentan con insistencia a pesar de la diversidad de las soluciones de vez en vez sugeridas. En primer lugar, el nuevo modelo pol&iacute;tico (republicano&#45;democr&aacute;tico) es pensado a partir de una antropolog&iacute;a rigurosamente individualista: el escenario est&aacute; ocupado no por los grupos sociales y entidades colectivas, sino por los individuos en singular (Bovero, 2000: 18ss.; Duso, 2004: 107&#45;138). Es por ellos y a trav&eacute;s de ellos que cobra forma el "poder del <i>demos".</i> En segundo lugar (y en consecuencia), la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los sujetos pasa a trav&eacute;s de la titularidad y el ejercicio de los derechos pol&iacute;ticos. El nexo entre derechos y democracia es, en este sentido, estrecho: un rasgo esencial de la democracia aparece ya en la atribuci&oacute;n de los derechos pol&iacute;ticos al "mayor n&uacute;mero" de sujetos. En tercer lugar, el nexo entre derechos (pol&iacute;ticos) y democracia pone en juego y reclama la igualdad, al grado de que no es fortuito el hecho de volverse uno de los componentes fundamentales de la ret&oacute;rica democr&aacute;tica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente es de estos nexos (y de sus transformaciones) que quiero ocuparme en este trabajo. Por lo tanto, el objetivo de este art&iacute;culo no ser&aacute; la democracia como tal, analizada en todos sus componentes; a ella la observar&eacute; s&oacute;lo desde el &aacute;ngulo visual ofrecido por el discurso de los derechos. En consecuencia, es necesario advertir que ser&aacute; posible &uacute;nicamente una representaci&oacute;n esquem&aacute;tica de sus fases de desarrollo y no un an&aacute;lisis extenso y m&aacute;s fino del fen&oacute;meno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier manera, queda como una constante la necesidad de tener presentes tres distintos "niveles de realidad", involucrados en la relaci&oacute;n que se est&aacute; instaurando entre los "derechos" y la "democracia". En efecto, los derechos (y a trav&eacute;s de ellos, la democracia) gozan de un estatuto de existencia complejo y diferenciado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, los derechos, a partir del siglo XVIII hasta hoy, son un instrumento eficaz de la ret&oacute;rica pol&iacute;tica y una apuesta de los principales conflictos pol&iacute;tico&#45;sociales. Su conexi&oacute;n con el principio de igualdad refuerza su valor proyectual, su capacidad de cuestionar el orden socio&#45;jur&iacute;dico existente y prefigurar una alternativa. El encuentro entre derechos y democracia es posible, por lo tanto, sobre el terreno del discurso p&uacute;blico, en aquella "esfera p&uacute;blica" donde m&uacute;ltiples actores sociales manifiestan opciones &eacute;ticas y proyectos pol&iacute;ticos diversos y contrastantes (Eder, 2011: 247&#45;279).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, los derechos no s&oacute;lo desarrollan una funci&oacute;n ret&oacute;rica, sino ejercen tambi&eacute;n un papel ordenador en el momento en que se vuelven parte de un andamiaje normativo (de una carta constitucional, de un c&oacute;digo) y se presentan como pretensiones (al menos en potencia) susceptibles de su realizaci&oacute;n (incluso coactiva). Sin embargo, la correspondencia entre la formulaci&oacute;n jur&iacute;dico&#45;prescriptiva de un derecho y su efectivo goce por parte del titular no est&aacute; dada ni es autom&aacute;tica; es necesario, por lo tanto, tener presente al menos en la base &#151;es esta la tercera l&iacute;nea de an&aacute;lisis&#151; la probable disonancia entre la previsi&oacute;n normativa y la din&aacute;mica social concreta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos tres niveles est&aacute;n conectados estrechamente y co&#45;presentes, adem&aacute;s, en un determinado contexto. Empero, cambia seg&uacute;n las circunstancias su peso espec&iacute;fico. Con relaci&oacute;n al siglo XIX (y en alguna medida tambi&eacute;n durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX) es suficiente tener presente las resistencias, los conflictos y la lentitud que caracteriz&oacute; el proceso de extensi&oacute;n del sufragio para darse cuenta de que, en ese periodo, es sobre todo en el terreno de la "esfera p&uacute;blica" que fue posible el encuentro entre los derechos y la democracia. La democracia se presenta como una instancia de <i>democratizaci&oacute;n</i> (Barberis, 2004: 21&#45;41) y se traduce en una aut&eacute;ntica "lucha por los derechos" que, en nombre de la igualdad, exige la superaci&oacute;n de las exclusiones presentes por la "ciudadan&iacute;a activa". Gradualmente (y en tiempos distintos seg&uacute;n el contexto) la vacuna electoral se extiende: los derechos pol&iacute;ticos son depositados en circuitos cada vez m&aacute;s amplios de sujetos hasta la introducci&oacute;n del sufragio universal; y en cada una de estas fases los derechos pol&iacute;ticos no son s&oacute;lo el objetivo de una reivindicaci&oacute;n hacia el futuro, sino tambi&eacute;n son un componente primordial de un espec&iacute;fico andamiaje pol&iacute;tico&#45;constitucional. De cualquier forma, queda la multiplicidad de las dimensiones que caracterizan el estatuto de los derechos pol&iacute;ticos en el horizonte de una democracia en formaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS DERECHOS POL&Iacute;TICOS Y LA TEOR&Iacute;A "CL&Aacute;SICA" DE LA REPRESENTACI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n pol&iacute;tica tiende a coincidir con la titularidad y con el ejercicio de una espec&iacute;fica clase de derechos &#151;los derechos pol&iacute;ticos&#151; y se realiza en el cuadro de una rep&uacute;blica caracterizada por la forma representativa. De Burke a Siey&eacute;s, a Hamilton, el nexo entre participaci&oacute;n, derechos pol&iacute;ticos y representaci&oacute;n, a pesar de estar en contextos y culturas pol&iacute;ticas distintas, se presenta como consolidado y destinado a un &eacute;xito duradero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la forma representativa del Estado la que imprime a los derechos pol&iacute;ticos su contenido espec&iacute;fico: la elecci&oacute;n de una clase de individuos llamada para asumir las decisiones pol&iacute;ticamente determinantes. La teor&iacute;a moderna de la representaci&oacute;n se funda sobre una declaraci&oacute;n de imposibilidad; siendo imposible convocar, para usar la expresi&oacute;n de Siey&eacute;s, <i>la nation en corps,</i> siendo no factible el modelo del <i>&aacute;gora</i> en el "gran Estado", es necesario introducir un mecanismo a dos tiempos: el <i>demos</i> escoge a sus delegados y &eacute;stos &uacute;ltimos deciden. El contenido primario de los derechos pol&iacute;ticos no es la decisi&oacute;n, sino la selecci&oacute;n de aquellos que deciden. La distinci&oacute;n&#45;conexi&oacute;n (t&iacute;picamente moderna) entre Estado y sociedad est&aacute; en perfecta sinton&iacute;a con este mecanismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierto, para mantener establecida la unidad de fondo del orden general interviene el v&iacute;nculo representativo. Sin embargo, este v&iacute;nculo no cancela ni mitiga la distinci&oacute;n entre sociedad y Estado, entre electores y elegidos, al contrario, presupone un salto cualitativo entre ellos: los representantes son, en efecto, pre&#45;seleccionados de los representados, pero act&uacute;an y deciden en nombre y por cuenta no ya de los electores, sino de la naci&oacute;n. Es la naci&oacute;n y no s&oacute;lo el colegio electoral (los ciudadanos de Bristol del c&eacute;lebre discurso de Burke) la estrella polar que debe guiar la obra de los representantes. La representaci&oacute;n no ser&aacute; concebida como un espejo de las voluntades y los intereses de los electores individuales. La C&aacute;mara de representantes ser&aacute; presentada no como la caja de resonancia o el lugar de la composici&oacute;n de las voluntades individuales ya formadas, sino como el motor de un proceso decisional capaz de alejarse de la inmediatez de los intereses particulares y de tomar los intereses durables de la totalidad (Pasquino, 1987: 77&#45;98; Carini, 1990 y 1991; Accarino, 1999; Duso, 2003; Hofmann, 2007; Costa, 2004: 15&#45;61).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son los electos que como representantes de la naci&oacute;n otorgan a &eacute;sta &uacute;ltima voz y visibilidad. La prohibici&oacute;n del mandato imperativo, reiteradamente confirmado por el constitucionalismo del siglo XIX, es la consecuencia clara de una visi&oacute;n de la representaci&oacute;n que quiere asegurar a los representantes la m&aacute;s amplia autonom&iacute;a de las decisiones. En este cuadro es oportuno situar el nexo biun&iacute;voco entre participaci&oacute;n y derecho de voto. El voto hace visible la centralidad del consenso y el papel activo de los ciudadanos en el proceso de legitimaci&oacute;n del Estado. Ello confiere un poder a los sujetos: aquel de seleccionar y colocar a algunos individuos en el v&eacute;rtice del aparato pol&iacute;tico&#45;institucional. Al mismo tiempo, ratifica la diferencia estructural entre electores y elegidos, desde el momento en que estos &uacute;ltimos son, en efecto, designados por los primeros, pero act&uacute;an en nombre y por cuenta de una naci&oacute;n cuya voluntad no existe si no es a trav&eacute;s de ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, por un lado el voto constituye la valorizaci&oacute;n simb&oacute;lica del v&iacute;nculo que aproxima a los ciudadanos al poder, la multitud a la clase en el gobierno, pero, por el otro, confirma la distancia real de los muchos del proceso decisional: los muchos delegan y los pocos deciden. Si, por un lado, la representaci&oacute;n permite subrayar la relaci&oacute;n que vincula a los ciudadanos con la <i>res publica,</i> por su parte corroborar&aacute; el alejamiento entre la voluntad de la naci&oacute;n soberana y los deseos de los sujetos representados, a partir del momento en que la voluntad de la primera est&aacute; obligada a coincidir con las decisiones de los representantes. La representaci&oacute;n ayuda, en resumidas cuentas, no a reunir, sino a crear la voluntad de la naci&oacute;n: desempe&ntilde;a un papel constitutivo, no s&oacute;lo declarativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, desde sus or&iacute;genes el nexo vinculante entre la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y ejercicio del derecho de voto (en el cuadro de los nuevos reg&iacute;menes representativos) produjo un doble efecto: sobre el plano simb&oacute;lico valoriza el protagonismo de los ciudadanos&#45;electores, pero al mismo tiempo contrae la participaci&oacute;n pol&iacute;tica en la simple decisi&oacute;n del representante y la separa program&aacute;ticamente de la participaci&oacute;n activa en el proceso decisional. Sin duda, la cualitativa diferenciaci&oacute;n de los muchos frente a los pocos fue un componente constitutivo del mecanismo democr&aacute;tico&#45;representativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s, cuando descendemos del cielo de los principios hacia el terreno del concreto funcionamiento de los sistemas representativos, vemos que la diferenciaci&oacute;n (entre quien elige y quien decide) &#151;una diferenciaci&oacute;n, por decirlo de alguna manera, consustancial al mecanismo representativo&#151; estuvo acompa&ntilde;ada por la diferenciaci&oacute;n social pensada como presupuesto del derecho de voto, har&aacute; depender su existencia de una serie de requisitos (el censo y el g&eacute;nero, para no hablar de la edad). Esta diferenciaci&oacute;n se agravaba adem&aacute;s por la adopci&oacute;n de una destreza institucional sobre cuya importancia y difusi&oacute;n ha llamado la atenci&oacute;n oportunamente Bernard Manin (1995: 131ss.): la diferencia del r&eacute;gimen que caracterizaba al electorado activo del electorado pasivo. Tanto en Francia como en Estados Unidos fue tomada en serio la exigencia de que la designaci&oacute;n de los representantes fuera posible al considerar la excelencia social de los candidatos (y se recurr&iacute;a, para este fin, a distintos expedientes: introducir requisitos m&aacute;s exigentes para el electorado pasivo o irrumpir en el procedimiento electoral).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mecanismo representativo (en su estructuraci&oacute;n constitutiva as&iacute; como en su aplicaci&oacute;n) se acomoda sin esfuerzo a un sistema socialmente diferenciado y estratificado, ofreciendo un notable soporte simb&oacute;lico y argumentativo, por un lado, a la fidelidad de los representados, inducidos a sentirse parte activa en el funcionamiento del conjunto, y por la otra, a la autonom&iacute;a decisional de la clase dirigente, emancipada de cualquier v&iacute;nculo en las confrontaciones de las aspiraciones inmediatas y particulares de los electores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, cuando se observa el funcionamiento concreto del sistema, los perfiles son menos claros: la separaci&oacute;n entre electores y representantes, te&oacute;ricamente clara y constitutiva de la teor&iacute;a moderna de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, se descompone en una compleja relaci&oacute;n entre notables y <i>clientes,</i> fundada, por un lado, sobre el antiguo y persistente modo de proceder a partir de la "condescendencia" (de las clase inferiores en las confrontaciones de las clases socialmente elevadas), sobre la cual Bagehot no dejaba de insistir, pero tambi&eacute;n, por el otro, la presi&oacute;n que los intereses locales y sectoriales de los electores terminaban por ejercer sobre sus representantes.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuadro originario de los reg&iacute;menes democr&aacute;tico&#45;representativos estaba destinado a cambiar en el curso del tiempo, cada vez m&aacute;s cuanto m&aacute;s se extend&iacute;a el circuito de los titulares de los derechos pol&iacute;ticos. Sin embargo, ser&iacute;a muy simplista deducir de la llegada del sufragio universal la desaparici&oacute;n de la mec&aacute;nica de la dimensi&oacute;n "aristocr&aacute;tica" (la dial&eacute;ctica entre los pocos y los muchos) que emergi&oacute; como una caracter&iacute;stica constitutiva de los reg&iacute;menes democr&aacute;tico&#45;representativos (Manin, 1995; Manin, Przeworski y Stokes, 1999: 29SS.; Karsenti, 2006: 415&#45;430).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para aliviar dudas sobre tal conclusi&oacute;n intervinieron, entre el siglo XIX y XX (en un periodo donde era ya una realidad convincente en muchas partes la tendencia a la extensi&oacute;n del sufragio), las reflexiones de Mosca, Pareto, Michels, Weber, coincidentes en poner la atenci&oacute;n en los &eacute;xitos generados por la organizaci&oacute;n de los nuevos partidos de masas, a pesar de ser el escenario de una democracia ya muy alejada de su matriz de los siglos XVIII y XIX. No bastaba la extensi&oacute;n del sufragio para suprimir de ra&iacute;z la tensi&oacute;n entre el poder de los muchos y el poder de los pocos. En efecto, esta tensi&oacute;n estaba vinculada con la esencia de la democracia representativa, aun antes de los "accidentes" de sus distintas traducciones pol&iacute;tico&#45;institucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es el nexo fuerte entre participaci&oacute;n y derecho de voto en el cuadro del esquema democr&aacute;tico&#45;representativo el que impone la distinci&oacute;n cualitativa entre los muchos que eligen y los pocos que deciden. Y es precisamente este nexo el que ser&aacute; expuesto a cr&iacute;ticas feroces, a lo largo de una trayectoria ideal que encuentra en Rousseau un punto de origen y sigue (radicalmente transformada pero reconocible) con Marx y la tradici&oacute;n que de &eacute;l deriva. Cierto, la l&iacute;nea Spinoza&#45;Rousseau&#45;Marx (si se puede usar esta f&oacute;rmula simplista) se queda en los m&aacute;rgenes del desarrollo de la democracia en Occidente. Sin embargo, si miramos no al orden normativo y a las estructuras pol&iacute;tico&#45;institucionales, sino al "discurso pol&iacute;tico" (un discurso refractario que s&oacute;lo se mueve en los cauces del orden existente y es proclive a dar voz a exigencias insatisfechas e im&aacute;genes alternativas), nos damos cuenta que la palabra "democracia" evoca un nivel de participaci&oacute;n que con frecuencia excede los l&iacute;mites del mecanismo representativo. Y tambi&eacute;n cuando es admitido el dispositivo de la representaci&oacute;n para la futura sociedad finalmente "democratizada", tambi&eacute;n en este caso la eficacia ret&oacute;rica, la fuerza comunicativa y atrayente de la palabra "democracia" reside en el <i>pathos</i> participativo o directamente en los entusiasmos regeneradores que suscita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la fascinaci&oacute;n de la participaci&oacute;n era fuerte y exig&iacute;a dos estrategias distintas (pero al menos parcialmente convergentes): el intento de imaginar una participaci&oacute;n directa del <i>demos</i> en el proceso decisional superando las estrecheces de la representaci&oacute;n; o bien, cuando se pretend&iacute;a evitar un ataque frontal al mecanismo representativo, la tendencia era a dirigir la atenci&oacute;n sobre sus caracter&iacute;sticas peculiares y en espec&iacute;fico sobre la distancia cualitativa que separaba a los muchos de los pocos y la participaci&oacute;n (electoral) de la decisi&oacute;n (pol&iacute;tica). En ambos casos, como sea, fue reforzada en la esfera p&uacute;blica la exigencia y la expectativa de participaci&oacute;n que era propuesta de nuevo con una insistencia significativa, si tomamos en cuenta las desilusiones que puntualmente iban encontrando.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS "LUCHAS POR LOS DERECHOS" EN EUROPA EN EL SIGLO XIX</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n (componente esencial del modelo democr&aacute;tico&#45;republicano) coincide, en la modernidad, con la titularidad y con el ejercicio de los derechos pol&iacute;ticos. Y los derechos son inseparables (hasta su primera declinaci&oacute;n iusnatural) del principio de igualdad: jur&iacute;dicamente iguales en la esfera de las relaciones privadas, los ciudadanos ser&aacute;n iguales tambi&eacute;n frente a la rep&uacute;blica y todos gozar&aacute;n de los mismos derechos pol&iacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, una proposici&oacute;n de este tipo es problem&aacute;tica, como sabemos, incluso cuando la Revoluci&oacute;n francesa se encuentra a&uacute;n en pleno desarrollo. Si ninguno duda del principio de igualdad (clave, de cara a un orden que quiere escapar de una vez por todas del r&eacute;gimen "antiguo"), inciertas y controvertidas son las modalidades y la extensi&oacute;n de su aplicaci&oacute;n. Los sujetos son, en efecto, iguales (con m&aacute;s precisi&oacute;n: <i>deben</i> ser tratados como si fuesen, en algunos casos, iguales): es necesario identificar con precisi&oacute;n a los sujetos a quienes se les conferir&aacute;n los derechos. La aplicaci&oacute;n del principio de igualdad vuelve apremiante la interrogante &iquest;qui&eacute;n es el sujeto?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una pregunta de este g&eacute;nero no es acad&eacute;mica ni casual o gratuita la respuesta: es de la compleja intersecci&oacute;n de tradiciones culturales, perspectivas &eacute;tico&#45;religiosas e intereses econ&oacute;mico&#45;sociales que brotan las im&aacute;genes antropol&oacute;gicas en las cuales la cultura dominante se reconoce. Entre los siglos XVIII y XIX, una convicci&oacute;n compartida es que el sujeto, el sujeto <i>per excellence,</i> sea el individuo propietario, masculino, adulto, blanco. Es por esta espec&iacute;fica clase de sujetos que vale, sin l&iacute;mite alguno, el principio de igualdad en derechos. Cuanto m&aacute;s los individuos est&aacute;n alejados de encarnar el modelo socio&#45;antropol&oacute;gico presupuesto, tanto m&aacute;s se multiplican sus "incapacidades" jur&iacute;dicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La par&aacute;bola moderna de la democracia se desarrolla a partir de esta r&iacute;gida delimitaci&oacute;n de la clase de los sujetos a los cuales es posible atribuir el <i>status</i> de titulares de derechos pol&iacute;ticos: los modelos democr&aacute;tico&#45;representativos, en su fase inaugural, se apoyan sobre una base num&eacute;rica, en el mejor caso exigua (con la excepci&oacute;n ef&iacute;mera de la Francia revolucionaria). La legitimidad y el funcionamiento del orden pol&iacute;tico presuponen, en efecto, la participaci&oacute;n y el consenso (el voto) de todos. Los "todos", sin embargo, son en realidad los "pocos": los sujetos <i>pleno iure</i> son todos (y solamente) los individuos comprendidos en un circuito delimitado por los par&aacute;metros del censo y g&eacute;nero, mientras que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n queda "fuera" de este conjunto r&iacute;gidamente delimitado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, es comprensible que a lo largo del siglo XIX (y en cierta medida, en los inicios del siglo XX) el tema de la democracia se despliegue m&aacute;s en el espacio de la "esfera p&uacute;blica" que sobre el terreno de la concreta organizaci&oacute;n pol&iacute;tico&#45;institucional: la democracia cobra forma en el discurso p&uacute;blico como una instancia de <i>democratizaci&oacute;n,</i> como un proyecto de sociedad en la cual son abatidos los v&iacute;nculos que impiden al "mayor n&uacute;mero" la participaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El centro promotor de la democratizaci&oacute;n (su principal dispositivo ret&oacute;rico) es la igualdad, empleada como instrumento capaz de sacar a la luz las diferencias y denunciar la ilegitimidad de las barreras que fragmentan la sociedad nacional creando clases de ciudadanos rec&iacute;procamente extra&ntilde;os. Es el nexo participaci&oacute;n&#45;igualdad&#45;derechos el que sigue sosteniendo las reivindicaciones democr&aacute;ticas en el curso del siglo XIX,<sup><a href="#notas">4</a></sup> tal vez impl&iacute;citamente, actuando entre las l&iacute;neas de distintas proclamas reivindicativas, pero con frecuencia abiertamente, como sucedi&oacute; por ejemplo en los movimientos de impronta republicana, muy vivo en Francia de la primera mitad del siglo XIX y proclives a relacionar los objetivos y las conquistas de 1848 con la revoluci&oacute;n incompleta de 1793.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta perspectiva que son conducidos los ataques a los v&iacute;nculos censitarios del sufragio, a los cuales la &eacute;lite pol&iacute;tica y social y una parte consistente de la opini&oacute;n p&uacute;blica opondr&aacute;n una resistencia tenaz. La introducci&oacute;n del sufragio universal evoca para los principales exponentes del liberalismo decimon&oacute;nico el fantasma del terror jacobino. Liberar los derechos pol&iacute;ticos de la propiedad para volverlos una prerrogativa del ciudadano en cuanto tal, es hacer un uso (como dec&iacute;a Guizot) destructivo de la igualdad: es emplearla como un dique que cancela las distinciones, los m&eacute;ritos, la excelencia, sustituyendo el primado de la cualidad, el gobierno de la &eacute;lite, por el dominio del n&uacute;mero, de la cantidad (de la masa indiscriminada).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si es adoptado el principio "un hombre, un voto", se desploma la relaci&oacute;n entre propiedad y participaci&oacute;n pol&iacute;tica, los &aacute;rbitros de la situaci&oacute;n ser&aacute;n los no propietarios: ya mayor&iacute;a aplastante en el pa&iacute;s, ellos tendr&aacute;n, a trav&eacute;s de sus diputados, mayor&iacute;a en la C&aacute;mara representativa y podr&aacute;n, con procedimientos formalmente leg&iacute;timos, violar el derecho de propiedad y atentar contra la libertad. El fantasma jacobino se materializa en el m&aacute;s asfixiante de "los grandes miedos" del constitucionalismo del siglo XIX: la tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a, el despotismo de una masa que, utilizando los derechos pol&iacute;ticos como un caballo de Troya, se sirve de las instituciones parlamentarias para desmantelar el orden de la propiedad y la libertad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no ser&aacute; sofocada desde su ra&iacute;z la igualdad: es entendida como una urgencia llena de temperamentos, en la convicci&oacute;n de que su aplicaci&oacute;n extensiva conducir&iacute;a al sofocamiento del componente "aristocr&aacute;tico" del orden democr&aacute;tico&#45;representativo, con el doble resultado de hacer imposible un "gobierno de los mejores", y de abrir la puerta a una participaci&oacute;n que llevar&iacute;a a la ruina la libertad&#45;propiedad, aut&eacute;ntico fundamento de la civilizaci&oacute;n moderna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ninguna de las partes involucradas, los derechos pol&iacute;ticos son "solamente" derechos pol&iacute;ticos: no lo son a los ojos de aquellos que se oponen a extender sus atribuciones y no lo son para quien defiende su m&aacute;xima expansi&oacute;n. A pesar de estar colocados en orillas opuestas de la esfera p&uacute;blica, partidarios y adversarios del proceso de democratizaci&oacute;n siguen pensando (sobre todo antes de 1848, pero tambi&eacute;n en alguna medida a lo largo del siglo XIX) que en el conflicto en torno a los derechos pol&iacute;ticos est&aacute; en juego no s&oacute;lo la participaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n una apuesta mucho m&aacute;s alta: la forma y la estructura que soportan el orden socio&#45;pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los te&oacute;ricos y los militantes que est&aacute;n exigiendo la extensi&oacute;n del sufragio, el horizonte de expectativas no se agota en una celebraci&oacute;n de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. En el movimiento complejo que explota en Francia en 1848, las reivindicaciones espec&iacute;ficamente republicanas se entrecruzan con los programas de los socialismos nacientes y el objetivo com&uacute;n termina por ser, a la par de la conquista del sufragio general y a trav&eacute;s de &eacute;ste, la fundaci&oacute;n de una rep&uacute;blica que se quiere "pol&iacute;tica" y "social": fundada sobre los derechos pol&iacute;ticos iguales y precisamente por eso empe&ntilde;ada en una pol&iacute;tica de apoyo a los "ciudadanos en desgracia" (para usar la f&oacute;rmula de 1793). Atribuir a la lucha por los derechos pol&iacute;ticos un m&eacute;rito m&aacute;s amplio y ambicioso no es una tendencia exclusivamente francesa: el movimiento contempor&aacute;neo a la experiencia francesa por la reforma electoral en Gran Breta&ntilde;a &#151; el "cartismo"&#151; no duda identificar en la extensi&oacute;n del sufragio el trampol&iacute;n para comenzar las profundas reformas sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la instauraci&oacute;n de una nueva sociedad la principal (incluso si no es exclusiva) v&iacute;a de sentido del proceso de democratizaci&oacute;n exigido por numerosos protagonistas del discurso p&uacute;blico decimon&oacute;nico. Que la futura sociedad democr&aacute;tica sea una sociedad "distinta" (y que su diferencia est&eacute; m&aacute;s all&aacute; de la simple extensi&oacute;n del sufragio) es una expectativa compartida tanto por aquellos que se oponen a los limites censitarios del derecho al voto como por aquellos que critican la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de democratizaci&oacute;n invocado en Europa en el siglo XIX por una parte (heterog&eacute;nea y a la larga minoritaria) de la opini&oacute;n p&uacute;blica se dirige a tirar los dos par&aacute;metros principales de la diferenciaci&oacute;n pol&iacute;tica: el censo y el g&eacute;nero. Incluso la literatura de car&aacute;cter emancipador, empe&ntilde;ada en combatir la antigua y tensa idea de la natural vocaci&oacute;n dom&eacute;stica de la mujer y de su consiguiente incapacidad para entablar una relaci&oacute;n directa (y jur&iacute;dicamente formalizada) con la <i>res publica,</i> comparte dos convicciones identificables, como sabemos, con el clima de las revoluciones del siglo XVIII: la centralidad del discurso de los derechos y el recurso al principio de la igualdad para denunciar la ilegitimidad de la discriminaci&oacute;n persistente y las incapacidades jur&iacute;dicas. Sin embargo, es t&iacute;pica del movimiento de las mujeres la percepci&oacute;n (que se agudiza tiempo despu&eacute;s) de la compleja dial&eacute;ctica entre igualdad y diferencia y, por consiguiente, proclive a evitar un compromiso "jacobino" del igualitarismo para valorizar la especificidad del g&eacute;nero (Rosi Doria, 2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente la conciencia de que la diferencia femenina puede volverse de elemento discriminante en recurso para reforzar, en el movimiento emancipador, la expectativa de que la democratizaci&oacute;n de la sociedad puede y debe traducir una renovaci&oacute;n profunda de la pol&iacute;tica, una transformaci&oacute;n de las modalidades y de los contenidos de la participaci&oacute;n. Una vez m&aacute;s, la lucha por la democracia no persigue s&oacute;lo el objetivo de una extensi&oacute;n del sufragio, sino que importa su sentido &uacute;ltimo de expectativas m&aacute;s ambiciosas, que revisten la forma general de la sociedad finalmente "democratizada".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la lucha por la democracia, con independencia de cu&aacute;les sean las discriminaciones (de censo y/o de g&eacute;nero) que se desean derribar, regresan (a pesar de la diversidad de los enfoques y de los proyectos) algunos lugares ret&oacute;ricos fundamentales: el &eacute;nfasis igualitario, el nexo entre derechos pol&iacute;ticos&#45;democracia, una fuerte instancia de participaci&oacute;n (que con fatiga se mantiene en el estrecho halo de la l&oacute;gica representativa) y, finalmente, una suerte de sobredeterminaci&oacute;n simb&oacute;lica de la democracia pol&iacute;tica, la convicci&oacute;n de que el alargamiento del sufragio habr&iacute;a posibilitado una profunda transformaci&oacute;n de las relaciones de poder y de la estratificaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierto, Marx continuar&aacute; ironizando sobre las f&aacute;bulas jur&iacute;dicas y sobre el "Estado libre", sobre la democratizaci&oacute;n perseguida por el partido obrero alem&aacute;n; un partido olvidadizo que no necesita "liberar" el Estado, sino liberarse del Estado para dirigir la pol&iacute;tica a la sociedad, y sin tener noticias de las cosas en la cornisa de la "democracia vulgar" (jur&iacute;dico&#45;electoral) se abre a la fase definitiva de la lucha de clases (Marx, 1962: 29). Es con esta herencia marxista que la socialdemocracia alemana (superado el <i>imprinting</i> lassalliano y vuelta ortodoxamente marxista) debe hacer las cuentas; y se abre en su interior un complejo y lacerante debate (destinado a regresos continuos, <i>mutatis mutandis,</i> a lo largo del siglo XX), donde la idea de un uso puramente instrumental de los derechos pol&iacute;ticos choca con una creciente valorizaci&oacute;n de la democracia parlamentaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, con independencia de los &eacute;xitos del debate, la socialdemocracia alemana (y los partidos socialistas europeos) seguir&aacute; movi&eacute;ndose, hacia finales del siglo XIX, en la estela de una tradici&oacute;n que resulta sustancialmente compacta al menos sobre un punto: considerar la introducci&oacute;n o el reforzamiento de la democracia no un fin que encuentra en s&iacute; mismo una fundaci&oacute;n suficiente, sino un importante instrumento, el punto de Arqu&iacute;medes que permita una salto hacia el futuro, el pasaje a una forma de sociedad alternativa y mejor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la celebraci&oacute;n de la igualdad y el ataque a los privilegios, el juego de los proyectos y las expectativas, la tensi&oacute;n, en cierta medida religiosa, hacia el futuro, se consumen en la esfera p&uacute;blica, circulan en el espeso ret&iacute;culo de la comunicaci&oacute;n social, con una vivacidad y una movilidad que contrastan con la viscosidad y lentitud de las transformaciones pol&iacute;tico&#45;institucionales. Sin embargo, ello no permite imprimir al discurso p&uacute;blico el car&aacute;cter de una gratuita producci&oacute;n verbal y escrita y atribuirle &#151;por conversi&oacute;n a la din&aacute;mica de los intereses y al ordenamiento de las instituciones&#151; el papel de un motor autosuficiente de la historia. Antes bien, es la continua interacci&oacute;n de los distintos "niveles de realidad" el escenario en el cual es posible seguir la par&aacute;bola de la democracia. Al contrario, la lucha por los derechos pol&iacute;ticos ha producido efectos indirectos pero consistentes, desde el momento en que ha contribuido a extender espacios de libertad (pi&eacute;nsese en la libertad de asociaci&oacute;n) todav&iacute;a duramente hostiles en la Europa del siglo XIX.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es verdad que por mucho tiempo la democracia es "solamente" una palabra, un proyecto, un tema agitado en el discurso p&uacute;blico del siglo XIX, pero es de igual modo verdad que ella termina por "precipitarse" en el bajo mundo de las constituciones y las instituciones, cambia su "estatuto de existencia", deja de estar (solamente) promovida y proyectada para (incluso) volverse una realidad y una experiencia. Basta echar una r&aacute;pida mirada a la historia europea (y no s&oacute;lo europea) entre los siglos XIX y XX para asistir a una suerte de marcha triunfal de la democracia pol&iacute;tica. En distintos tiempos, seg&uacute;n el pa&iacute;s que se tome en consideraci&oacute;n, pero con logros convergentes, el proceso de democratizaci&oacute;n termina por imponerse en todas partes: los v&iacute;nculos son removidos, las barreras derribadas y los derechos pol&iacute;ticos dejan de depender de la propiedad y el g&eacute;nero para volverse una expresi&oacute;n directa de la condici&oacute;n de ciudadan&iacute;a. Podr&iacute;amos hablar de un proceso de universalizaci&oacute;n de los derechos pol&iacute;ticos que lleva a una extensi&oacute;n progresiva del circuito de sus titulares (primero superando el v&iacute;nculo de la propiedad y despu&eacute;s el del g&eacute;nero) hasta hacerlo coincidir con la clase de los ciudadanos (mayores de edad), miembros de un mismo Estado; y nada nos impide hipot&eacute;ticamente sugerir que el proceso de universalizaci&oacute;n pudo (o debi&oacute;) proseguir m&aacute;s all&aacute; del circuito (de alguna manera de ah&iacute; arranca) de la ciudadan&iacute;a (Ferrajoli, 2007b).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, al historiador le queda el honor de comprender c&oacute;mo (y con cu&aacute;les conclusiones) este proceso se ha desarrollado. Por descontada hay que tomar (pero no por ello menos relevante) la referencia a los conflictos que han ocupado el camino de la democracia: se pone en acci&oacute;n utilizando las palabras, los escritos, las acciones de los protagonistas, de aquellos de primer plano, de los simples ciudadanos comprometidos en luchas con frecuencia dur&iacute;simas (pi&eacute;nsese, por ejemplo, en el sufragismo ingl&eacute;s) en las confrontaciones de una clase pol&iacute;tica y un bloque de intereses solidarios con la conservaci&oacute;n de las discriminaciones existentes. Sin embargo, ser&iacute;a ingenuo y reductivo concluir que el &eacute;xito de la democracia pol&iacute;tica fue el simple resultado de la creciente potencia de las fuerzas "antagonistas" y de la rendici&oacute;n incondicional de las clases gobernantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gradual extensi&oacute;n del sufragio coincide con profundas transformaciones, culturales y estructurales en Europa a lo largo de los siglos XIX y XX. Con la intensificaci&oacute;n y la difusi&oacute;n del proceso de industrializaci&oacute;n saltan a la vista los nodos evidentes (en los pa&iacute;ses de industrializaci&oacute;n m&aacute;s precoz) de los observadores m&aacute;s l&uacute;cidos &#151;basta referir el nombre de Lorenz Von Stein&#151; ya en la primera mitad del siglo XIX: la extensi&oacute;n de la conflictividad social y su dif&iacute;cil conciliaci&oacute;n con la conservaci&oacute;n del orden. Entre m&aacute;s se aproxima el fin de siglo, menos posible es persuadir (a pesar de Spencer) la invitaci&oacute;n a confiarse s&oacute;lo al libre juego de la oferta y la demanda, protegidos por la fuerza coactiva del Estado. Al contrario, pareciera que es urgente e indispensable repensar el papel del Estado, entenderlo como un instrumento de mediaci&oacute;n (y no s&oacute;lo de represi&oacute;n) de los conflictos sociales, incentivar su intervenci&oacute;n asistencial, reforzar sus capacidades atrayentes y centr&iacute;petas. De esta exigencia ser&aacute; expresi&oacute;n la difusi&oacute;n de las ideolog&iacute;as solidarias (comtiana y positivista), el &eacute;xito de las met&aacute;foras organicistas, la multiplicaci&oacute;n de las cr&iacute;ticas a la tradici&oacute;n "individualista": estamos en el punto de origen de un proceso que conducir&aacute;, en el siglo XX, a la plena afirmaci&oacute;n del "Estado social".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La extensi&oacute;n del sufragio no es ajena a este proceso. En efecto, la lucha por los derechos pol&iacute;ticos ha participado de una atm&oacute;sfera y ha sido avivada por expectativas preponderantemente refractarias a una mera "conciliaci&oacute;n" con lo existente: ante todo su direcci&oacute;n de sentido era la proyecci&oacute;n hacia un futuro distinto, cuya realizaci&oacute;n habr&iacute;a sido posible gracias a la introducci&oacute;n de la democracia pol&iacute;tica. S&oacute;lo en una sociedad futura, profundamente distinta de la actual, ser&iacute;a posible alejar las condiciones de minor&iacute;a que separaba una clase de ciudadanos de toda la naci&oacute;n haciendo del proletariado &#151;como escribi&oacute; Marx&#151; "una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luchar por la extensi&oacute;n del sufragio es oponerse a la condici&oacute;n de extra&ntilde;o e invisible en lo social que golpea a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Superar la discriminaci&oacute;n existente en nombre de la igualdad significa ser reconocidos como integrantes a pleno t&iacute;tulo de la sociedad. Las luchas por los derechos tienen muchos m&eacute;ritos: si, por una parte, se proponen impactar en la estratificaci&oacute;n social existente y hacer posible una distribuci&oacute;n distinta de los recursos, por otro lado responden a la necesidad de reconocimiento que constituye una de las estructuras b&aacute;sicas de la din&aacute;mica intersubjetiva (Pizzorno, 2000: 210ss.; Pizzorno, 2007; Della Porta, Greco, Szakolczai, 2000: XXIIISS.). Por lo tanto, es en la sociedad futura que ser&aacute; posible un reconocimiento concreto y tangible a partir de la extensi&oacute;n de los derechos pol&iacute;ticos. En realidad, en aparente paradoja, el efecto de reconocimiento comienza con su despliegue en el presente, como estandarte de un conflicto que har&aacute;n perentoriamente visibles los actores sociales hasta aquel momento (dados por) marginales y secundarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica sobre la cual gradualmente se inclinan las clases dirigentes en Europa entre los siglos XIX y XX, est&aacute; en sinton&iacute;a con esta demanda de reconocimiento y la satisface llev&aacute;ndosela al nuevo y ambicioso objetivo que se persigue: la integraci&oacute;n de las partes sociales bajo la &eacute;gida del Estado. Estamos frente a una complicada trama entre finalidades y estrategias distintas que, sin embargo, terminan por encontrar un punto de encuentro y equilibrio (Pizzorno, 1996: 961&#45;1031). La extensi&oacute;n del sufragio fue, en efecto, una conquista que corona el empe&ntilde;o de muchas generaciones de militantes. Cambia profundamente el ordenamiento pol&iacute;tico&#45;institucional del Estado y transforma la relaci&oacute;n entre el ciudadano y las instituciones pol&iacute;ticas (Bartolini, 2000). Sin embargo, en paralelo, en el pasaje de la democracia pensada a la democracia realizada, se vuelve problem&aacute;tica la confirmaci&oacute;n de aquel objetivo &#151;la creaci&oacute;n de una sociedad profundamente renovada&#151; que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado y alimentado la lucha por los derechos pol&iacute;ticos a lo largo del siglo XIX. El <i>pathos</i> de una renovaci&oacute;n confiada al futuro se extingue, moderado por el logro de la inclusi&oacute;n en el orden pol&iacute;tico&#45;social del presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, los perfiles no son tan claros y un&iacute;vocos y a&uacute;n por mucho tiempo (de hecho hasta la segunda posguerra en el siglo XX) tanto los antiguos miedos como las antiguas expectativas seguir&iacute;an encontrando lugar de expresi&oacute;n: frente a una C&aacute;mara de representantes electa por el sufragio universal se vuelven a sentir los temores en las confrontaciones del "dispositivo de la mayor&iacute;a", as&iacute; como, en el lado opuesto, gobierna largamente (a pesar de los miles de contrastes) la hip&oacute;tesis de un nexo fort&iacute;simo entre democracia pol&iacute;tica y transformaci&oacute;n social (pi&eacute;nsese en las dificultades internas de las izquierdas europeas, a partir de la socialdemocracia europea).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, se reduce la conflictividad en la medida en que las clases jur&iacute;dicamente discriminadas obtienen reconocimiento y ganan la plena inclusi&oacute;n (pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica y simb&oacute;lica) en la unitaria compaginaci&oacute;n de la sociedad nacional, pero al mismo tiempo aceptan (t&aacute;cita o expl&iacute;citamente) jugar su juego en el marco de los reg&iacute;menes existentes. Cambia el escenario respecto de las barricadas de 1848. Sin embargo, el juego, a pesar del cambio de ambiente, no se presenta sencillo y sin dolor. Por una parte, la conquista del sufragio universal refuerza la convicci&oacute;n de que a los ciudadanos (a "todos" los ciudadanos) se les asegure una presencia significativa sobre la escena pol&iacute;tica. Por la otra, el sufragio universal presupone la aceptaci&oacute;n del dispositivo de la representaci&oacute;n: caracterizado por la distinci&oacute;n cualitativa, del vac&iacute;o sin colmar, entre electores y electos. El momento de la participaci&oacute;n parece estar destinado otra vez a pasar a trav&eacute;s de la estrecha puerta de la simple designaci&oacute;n (de los representantes), perdiendo mucho de su <i>pathos</i> y de su atractivo simb&oacute;lico (Duso, 2006: 367&#45;390).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier modo, es necesario tomar en cuenta el fen&oacute;meno que precisamente entre los siglos XIX y XX se difunde sobre el trasfondo de la extensi&oacute;n creciente del sufragio: la transformaci&oacute;n del partido pol&iacute;tico; con m&aacute;s precisi&oacute;n, el nacimiento de un partido de tipo nuevo &#151;los partidos socialistas ser&aacute;n su primera y principal encarnaci&oacute;n&#151; que no tiene mucho que ver con el "grupo de notables" que actuaba en el cuadro del viejo sistema pol&iacute;tico censitario, ya que es una organizaci&oacute;n caracterizada por una espec&iacute;fica orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica y sostenida por las aportaciones de un n&uacute;mero relevante de inscritos, militantes y simpatizantes (Compagna, 1986; Grassi Orsini y Quagliarello, 1996; Carini, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos sentidos, el partido descompone las reglas del juego de la vieja democracia representativa. En primer lugar, ello pareciera ofrecer el tr&aacute;mite y pasaje entre los electores y los electos, garantizando la conexi&oacute;n categ&oacute;ricamente excluida de la teor&iacute;a "cl&aacute;sica" de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Los representantes siguen decidiendo en nombre de la naci&oacute;n, pero los contenidos de la decisi&oacute;n provienen ahora "de abajo", a trav&eacute;s de los canales dispuestos por el partido. Pareciera que los parlamentarios no deciden tan aut&oacute;nomamente, m&aacute;s bien anuncian decisiones que abrevan <i>de otra fuente:</i> la prohibici&oacute;n del mandato imperativo se revuelve (en la sustancia) y la misma instituci&oacute;n parlamentaria corre el riesgo ahora de aparecer carente de sentido. Son &eacute;stos los nodos que salen a la luz en el debate en la Rep&uacute;blica de Weimar, cuando Schmitt (1991: 42&#45;47; Galli, 1997; Preterossi, 1996) y (en modo distinto, pero coincidente) Leibholz (1989; Alessio, 2000) enuncian la tesis de la incompatibilidad estructural entre la nueva forma&#45;partido y las viejas instituciones parlamentarias (Scalone, 2008: 127&#45;143).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La democracia pol&iacute;tica, en el momento en el cual llega a su cumplimiento (con la difusi&oacute;n del sufragio universal), sufre una distorsi&oacute;n que a no pocos (y no banales) observadores les resulta incompatible con su estructura representativa. En efecto, existe incluso la otra cara del fen&oacute;meno: entra en crisis el viejo esquema representativo&#45;parlamentario, pero tambi&eacute;n se est&aacute; formando un grupo pol&iacute;tico&#45;social de tipo nuevo &#151;el partido&#151; que, si bien afecta los equilibrios del constitucionalismo del siglo XIX, promete favorecer la participaci&oacute;n activa, el compromiso pol&iacute;tico de los ciudadanos asegur&aacute;ndoles una presencia y una influencia no reducidas al voto sobre el escenario pol&iacute;tico, a aquel simple acto de designaci&oacute;n (es decir, al acto "instant&aacute;neo" de participaci&oacute;n seguido de largos periodos de inacci&oacute;n), que en su momento ya era blanco de la iron&iacute;a de Rousseau.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, que el partido permita un renovado protagonismo de los sujetos es (como ya he recordado) una tesis meramente consolatoria a los ojos del an&aacute;lisis politol&oacute;gico (y tambi&eacute;n jur&iacute;dico) entre los siglos XIX y XX, ya que insiste sobre la estructura jer&aacute;rquica y elitista del partido y reencuentra en sustancia y en un escenario radicalmente transformado, las apretadas oligarqu&iacute;as presentes (en otro modo) en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica de la democracia entre los siglos XVIII y XIX, compensadas simb&oacute;licamente por el sentido de una fuerte identidad colectiva y por compartir una "esperanza pol&iacute;tica" en el largo plazo (Pizzorno, 1993: 145ss.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, si al abrigo de la i Guerra Mundial, la democracia pol&iacute;tica obtuvo indudables logros sobre la impenetrable v&iacute;a de su realizaci&oacute;n (desde el momento en que se refuerza en todas partes la tendencia a la extensi&oacute;n del sufragio), al mismo tiempo corre el riesgo de volverse para una parte consistente de la opini&oacute;n p&uacute;blica un experimento peligroso y defectuoso. El nuevo papel del partido quiere aproximar a los ciudadanos al proceso decisional, pero, por un lado, reproduce en su interior jerarqu&iacute;as y oligarqu&iacute;as, mientras que, por la otra, pone en crisis el tradicional ordenamiento parlamentario. De igual modo, la creciente dependencia del parlamento por los nuevos partidos de masas actualiza, sobre todo a los ojos del electorado conservador, el riesgo de una "mayor&iacute;a desp&oacute;tica", de una revoluci&oacute;n "legal" (Di Givone, 2004: 309&#45;331).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se crea una situaci&oacute;n aparentemente parad&oacute;jica: por un lado, el parlamento se ubica ahora m&aacute;s cerca de la sociedad, reh&eacute;n de los nuevos partidos que socavan la tradicional autonom&iacute;a e independencia de sus componentes; por el otro lado lo que a&uacute;n queda de la distancia del parlamento frente a los ciudadanos acent&uacute;a la insatisfacci&oacute;n en sus consideraciones. Es un indicio de la difusi&oacute;n, entre los siglos XIX y XX, de los intentos de imaginar una representaci&oacute;n "otra"; una representaci&oacute;n que es expresi&oacute;n y portavoz de grupos sociales espec&iacute;ficos, econ&oacute;micos o profesionales, confiados en que los representantes vinculados a ellos defender&aacute;n sus intereses (Scalone, 1996; Ballini, 1997: 139&#45;341; Rossi, 2002).<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son se&ntilde;ales de una crisis destinada a terminar (en Italia y Alemania) en el colapso de la democracia parlamentaria y en la formaci&oacute;n de reg&iacute;menes que precisamente del ataque frontal a ella extraer&aacute;n elementos importantes de legitimaci&oacute;n. El advenimiento de los "totalitarismos" no fue, obvio, la conclusi&oacute;n obligada de la crisis del parlamentarismo. Sin embargo, lo cierto es que con la gran fractura provocada por la i Guerra Mundial, la trayectoria del mecanismo representativo que ven&iacute;a de los siglos XVIII y XIX parece aproximarse a su conclusi&oacute;n y se manifiesta la exigencia de repensar a fondo los componentes esenciales de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL EN LA SEGUNDA POSGUERRA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas de la democracia constitucional? Es conveniente evitar dar una respuesta clara y perentoria: enumerar las caracter&iacute;sticas de la democracia constitucional corre el riesgo, en efecto, de dar la impresi&oacute;n, en primer lugar, de que ella se realiza en modo id&eacute;ntico en los distintos pa&iacute;ses europeos y, en segundo lugar, que el nuevo r&eacute;gimen se encuentra ya contenido por completo <i>in nuce</i> en las cartas constitucionales y que los desarrollos posteriores son, de alguna manera, predeterminados y previsibles. Obviamente no es as&iacute;, y es necesario por lo tanto (para una efectiva comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno) tomar en cuenta los distintos lugares y los tiempos diversos en los cuales el nuevo "modelo" se consolida y realiza. En este trabajo no es posible recorrer ni la primera ni la segunda directriz de indagaci&oacute;n: me referir&eacute; fundamentalmente a la vicisitud italiana (proponi&eacute;ndola como una suerte de estudio de caso), en un periodo comprendido entre la segunda posguerra y el final de los a&ntilde;os setenta, y me limitar&eacute; a mencionar algunas de las caracter&iacute;sticas constitutivas del nuevo r&eacute;gimen, sin poder seguir en modo cercano la g&eacute;nesis, el desarrollo y el funcionamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una primera y esencial caracter&iacute;stica de la idea de democracia oscurecida por el constitucionalismo de la segunda mitad del siglo XX es la nueva relaci&oacute;n que se va a establecer entre los derechos y la democracia. A los derechos se les atribuye una validez "absoluta" y ellos deben por lo tanto ser sustra&iacute;dos de las decisiones discrecionales de la pol&iacute;tica. Lejos de disponer libremente de los derechos fundamentales, el soberano encuentra en los derechos, al mismo tiempo, l&iacute;mites y direcciones para su implementaci&oacute;n. Los derechos fundamentales no deben ser involucrados en el juego de la mayor&iacute;a y la minor&iacute;a: la mayor&iacute;a m&aacute;s aplastante no puede tener raz&oacute;n de los derechos, mientras son los derechos (aut&eacute;nticos instrumentos "anti&#45;mayoritarios") los que funcionan como freno en las confrontaciones del poder (de cualquier poder, Dworkin, 1982); los derechos pertenecen (para usar la feliz expresi&oacute;n de Ferrajoli) a la esfera de lo indecidible y est&aacute;n al reparo de los golpes de mano de las mayor&iacute;as parlamentarias (Ferrajoli, 2001: 15, y 2007b).<sup><a href="#notas">7</a></sup> En la democracia constitucional el poder del <i>demos</i> se ejerce en los corredores reconstituidos por los derechos fundamentales. La imagen de la democracia del siglo XIX se aleja: no s&oacute;lo porque la democracia constitucional coincide ya no exclusivamente con los derechos pol&iacute;ticos sino con todos los derechos (asumidos como) fundamentales, pero tambi&eacute;n porque en ella la relaci&oacute;n entre los derechos y el soberano se ha invertido: lejos de ser otorgados por el soberano, es sobre el soberano que los derechos se imponen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XIX est&aacute; lejos incluso en otro punto de vista: ya se ha agotado la imagen de aquel <i>demos</i> con el cual la democracia est&aacute; vinculada, etimol&oacute;gica y conceptualmente. En realidad, entre los siglos XIX y XX comienza a ser cuestionada la imagen (para entendernos, rousseauniana) de la democracia: la idea de un pueblo capaz de expresar una voluntad unitaria que permea y plasma los m&aacute;s diversos sectores del ordenamiento. No s&oacute;lo la naciente sociolog&iacute;a pol&iacute;tica (de Mosca y Pareto, hasta llegar a Weber), sino tambi&eacute;n la jurispublicidad (pi&eacute;nsese, en Orlando y Jellinek y despu&eacute;s en Kelsen) arrojaba agua sobre el foco de los entusiasmos de 1848: la democracia (el otorgamiento de los derechos pol&iacute;ticos al "mayor n&uacute;mero" de los ciudadanos en el cuadro del sistema representativo) no es el gobierno del pueblo por el pueblo (o m&aacute;s a&uacute;n: la superaci&oacute;n marxista de la disociaci&oacute;n entre pol&iacute;tica y sociedad). No lo es (para Pareto y Michels) no s&oacute;lo porque la sociedad y el ordenamiento en su conjunto no pueden sino ser desiguales y jer&aacute;rquicos, sino porque tambi&eacute;n el proceso mismo de participaci&oacute;n democr&aacute;tica recrea desde su interior (en el seno de los nuevos partidos de masas) una &eacute;lite dirigente, sustancialmente separada de la masa de los inscritos. Para Kelsen, la democracia representativa, cuando se le presenta como el medio para asegurar la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de "todos", es un mito, una ficci&oacute;n legitimadora, mientras su n&uacute;cleo racional es favorecer la formaci&oacute;n de la clase dirigente (la selecci&oacute;n de los capaces, para usar la expresi&oacute;n de Orlando).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La democracia ya en los inicios del siglo XX hab&iacute;a sido expuesta al ba&ntilde;o helado del desencanto. En efecto, cuando ella vuelve a ser una bandera, una palabra de orden pronunciada en el ambiente de un gigantesco conflicto, cuando se vuelve un s&iacute;mbolo transportable de la ret&oacute;rica antitotalitaria, la desilusi&oacute;n debe ceder el lugar a un renovado entusiasmo y el nexo entre democracia y poder "permitido" y "participativo" se vuelve fuerte y constitutivo. Es un nexo valorizado incluso en la asamblea constituyente italiana: el pueblo, por la Constituci&oacute;n, es sin duda soberano. Sin embargo, el punto es que la imagen del pueblo que los constituyentes comparten est&aacute; muy alejada de aquella "rousseauniana". Ahora son otras las ascendencias culturales, heterog&eacute;neas pero coincidentes al subrayar el papel de las colectividades, de los grupos, de las "formaciones sociales" (para usar el l&eacute;xico de la Constituci&oacute;n). El individuo del cual la Constituci&oacute;n celebra los derechos es un individuo "social", miembro activo de m&uacute;ltiples comunidades, y el pueblo es, en efecto, todav&iacute;a el titular de la soberan&iacute;a, pero lejos de ser presentado como una suma de individuos libres de contactos y de v&iacute;nculos "horizontales" (como deseaba Rousseau), es descrito como el tejido conectivo de los grupos e individuos interactuantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que la democracia rousseauniana sea producto de una estaci&oacute;n ahora cerrada es una convicci&oacute;n que est&aacute; ganando terreno. En 1942, Schumpeter (1955), con su famoso <i>Capitalism, Socialism and Democracy,</i> contrapone a la doctrina que &eacute;l define "cl&aacute;sica" de la democracia, seg&uacute;n la cual el sistema pol&iacute;tico gravita alrededor de la "voluntad del pueblo", un enfoque realista, que sustituye la imagen demi&uacute;rgica del pueblo por la descripci&oacute;n de una arena donde se desarrolla una (reglamentada) competencia entre formaciones rivales. Todav&iacute;a es la idea de la democracia como instrumento que asegura un recambio (relativamente sin dolor) de la clase dirigente. El "pueblo" escoge: pero el "pueblo", releva, no en cuanto es capaz de expresar una "voluntad general", sino en la medida en que est&aacute; compuesto por una multiplicidad de individuos y grupos a los cuales los l&iacute;deres ofrecen, seg&uacute;n una l&oacute;gica concurrente an&aacute;loga a la del mercado, propuestas pol&iacute;ticas diversas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al monismo de la visi&oacute;n "cl&aacute;sica" de la democracia se est&aacute; sustituyendo un enfoque pluralista, que domina la ciencia pol&iacute;tica norteamericana desde los a&ntilde;os cincuenta del siglo XX en adelante, pero involucra tambi&eacute;n la cultura y la pr&aacute;ctica de la democracia en Europa. Sobre la l&iacute;nea de la teor&iacute;a schumpeteriana es puesta a punto &#151;si se piensa en las contribuciones de Robert Dahl (1981; 1990; 1994; 2001)&#151; una teor&iacute;a de la democracia que se separa definitivamente de la idea del poder unitario del <i>demos</i> e insiste en su fragmentaci&oacute;n en el interior de una pluralidad de grupos sociales en competici&oacute;n. Es su interacci&oacute;n conflictiva y "contractual" la que hace posible el funcionamiento de la democracia. Por consiguiente, ella evoca no el poder de un sujeto, sino el poder de muchos; no una "monarqu&iacute;a", antes bien, es una poliarqu&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la democracia constitucional cambian respecto al modelo de los siglos XVIII y XIX, tanto la visi&oacute;n de los derechos como la concepci&oacute;n del <i>demos,</i> ubicados en un paradigma abiertamente pluralista (Ridola, 1997; Barbano, 1999). De cualquier modo, no est&aacute;n ausentes las herencias recuperadas de la tradici&oacute;n: permanece como tema importante la participaci&oacute;n pol&iacute;tica, que sigue proponi&eacute;ndose con fuerza a pesar de que el cuadro donde tiene lugar ha cambiado profundamente, y vuelven a presentarse reivindicaciones emparentadas con aquellas "luchas por los derechos" que hab&iacute;an atravesado todo el siglo XIX. Al mismo tiempo, ambos temas &#151;la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y las luchas por los derechos&#151; se manifiestan en formas sensiblemente distintas de aquellas del pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con la participaci&oacute;n, la principal fractura ya se hab&iacute;a abierto (como lo he recordado) entre los siglos XIX y XX, cuando con la entrada en escena de los nuevos partidos de masas amenazaba con quebrar la fr&aacute;gil cristaler&iacute;a del parlamentarismo liberal. El ascenso de los reg&iacute;menes totalitarios hab&iacute;a cancelado uno de los t&eacute;rminos del problema (el mecanismo democr&aacute;tico&#45;representativo), pero hab&iacute;a reforzado el nexo entre participaci&oacute;n pol&iacute;tica y partido presentando &eacute;ste &uacute;ltimo como el &uacute;nico y obligado <i>trait d'union</i> entre las masas y el Estado. Con el regreso a la democracia en la segunda posguerra, frente a la tesis (caracter&iacute;stica de los totalitarismos) de la necesaria unicidad del partido (el partido&#45;iglesia como lo llamaba Panunzio) se le opone, en nombre de la libertad y el pluralismo, el derecho de dar vida a las m&aacute;s diversas organizaciones pol&iacute;ticas, mientras al mismo tiempo es reintroducida la estructura democr&aacute;tico&#45;representativa destruida por el fascismo y por el nacionalsocialismo. Ni siquiera en este caso, sin embargo, est&aacute; en acto un simple "regreso" a la situaci&oacute;n de inicios de siglo. No tienen m&aacute;s eco los gritos de alarma que Schmitt y Leibholz hab&iacute;an lanzado en los a&ntilde;os veinte en las confrontaciones de los partidos de masas, rechazados por corromper y vaciar todas las instituciones de la representaci&oacute;n. Al contrario, se le reserva al partido un papel de primer plano en el nuevo orden constitucional (Fioravanti, 1997: 195&#45;205). El mismo Leibholz (1989: 32&#45;33; 328&#45;329), en algunas p&aacute;ginas escritas en la segunda posguerra, matiza la severidad de su diagn&oacute;stico y toma en consideraci&oacute;n la insustituible mediaci&oacute;n pol&iacute;tica de los partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos se encaminan a dominar el escenario pol&iacute;tico en la Italia republicana: la nueva democracia constitucional se vale de la forma&#45;partido como su esencial instrumentaci&oacute;n, al grado de confiarle el honor de posibilitar la participaci&oacute;n pol&iacute;tica (Ventrone, 1996), que, seg&uacute;n los constituyentes, es un derecho&#45;deber de todo ciudadano y es al mismo tiempo el principal cemento de la unidad nacional. En realidad, el nexo entre participaci&oacute;n, partidos y rep&uacute;blica, promocionado por los constituyentes, se vuelve r&aacute;pidamente problem&aacute;tico. La intensificaci&oacute;n del conflicto entre los distintos partidos (ya en acci&oacute;n durante los trabajos de la asamblea constituyente) alcanza su punto culminante en el curso de la Guerra Fr&iacute;a: en un clima caracterizado por la contraposici&oacute;n de "bloques" y de "fe" incompatibles, los partidos terminan por parecerles a sus miembros no s&oacute;lo articulaciones diversas de una misma comunidad pol&iacute;tica, sino la principal "reserva de identidad" por alcanzar, alimentando el choque entre "religiones" contrapuestas (Scoppola, 1991; Rusconi, 1993: 15ss.; Fioravanti, 2003: 301&#45;314).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n pasa a trav&eacute;s del canal del partido y a su vez el partido incide sobre el segundo elemento que la democracia constitucional toma de la tradici&oacute;n decimon&oacute;nica, pero modificada en profundidad: una tensi&oacute;n reivindicativa que se expresa a trav&eacute;s de la referencia (no exclusiva, sino relevante) a los "derechos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las constituciones (todas las constituciones de la segunda posguerra) se fundan sobre los derechos: "todos" los derechos reivindicados con pasi&oacute;n en el ambiente de los conflictos que hab&iacute;an incendiado Occidente a partir de las revoluciones de finales del siglo XVIII son ahora asumidos como el fundamento de la nueva democracia. Sin embargo, ser&iacute;a fr&iacute;o hipotetizar, sobre la base de esta constataci&oacute;n, que ellos han perdido, en la segunda mitad del siglo XX, su fascinaci&oacute;n ret&oacute;rica y simb&oacute;lica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, los derechos no son m&aacute;s <i>moral rights</i> (para usar la terminolog&iacute;a milliana y anglosajona), sino que pertenecen a pleno t&iacute;tulo al derecho positivo y pueden, de hecho, decirse "fundamentales" (incluso) en tanto son mirados junto a los fundamentos del ordenamiento (Palombella, 2002). Por consiguiente, es atajada la v&iacute;a recorrida por la ret&oacute;rica pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dica de los siglos XVIII y XIX: fundada sobre la contraposici&oacute;n entre "derechos morales" y "derechos positivos", entre aspiraciones fundadas desde el punto de vista &eacute;tico, social, hist&oacute;rico, pero a&uacute;n no reconocidas por el ordenamiento y tomadas de manera formal en el plano jur&iacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los derechos morales se han vuelto, en tanto constitucionalizados, derechos "positivos". La vieja v&iacute;a se ha interrumpido, pero hay otra que se manifiesta m&aacute;s accesible, abierta por las constituciones mismas en raz&oacute;n de su original caracter&iacute;stica: su conformaci&oacute;n (en buena medida) proyectual. La Constituci&oacute;n de 1948 no se limita a la organizaci&oacute;n de los poderes y a la caracterizaci&oacute;n (quiz&aacute; en un pre&aacute;mbulo: era una hip&oacute;tesis desarrollada en los debates constituyentes, pero despu&eacute;s desechada) de algunos principios de manera general, sino que dedica toda su primera parte a una caracterizaci&oacute;n puntillosa de derechos de cuyo conjunto surge una imagen precisa de sociedad: no es una descripci&oacute;n (una transcripci&oacute;n jur&iacute;dica) de una realidad en acci&oacute;n, antes bien, es la proyecci&oacute;n de un orden destinado a realizarse en el tiempo gracias a la acci&oacute;n del legislador (Fioravanti, 2004 y 2009), llamado por lo tanto a desempe&ntilde;ar una acci&oacute;n reformadora, impuesta por el car&aacute;cter vinculante de todos los derechos fundamentales (no s&oacute;lo los derechos civiles y de las libertades "negativas", sino tambi&eacute;n los derechos sociales y la "libertad de la necesidad").</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es el vac&iacute;o mediante el cual la "lucha por los derechos" se presenta de nueva cuenta en el escenario de la democracia constitucional. En efecto, son los derechos, constitucionalmente garantizados, los que imprimen a la democracia una dimensi&oacute;n din&aacute;mica y proyectiva: la tensi&oacute;n hacia el futuro (caracter&iacute;stica de toda la l&oacute;gica emancipatoria del siglo XIX) es ahora un componente interno del r&eacute;gimen democr&aacute;tico&#45;constitucional. La sociedad futura no est&aacute; "afuera" del ordenamiento vigente: est&aacute; "adentro" de este, al estar contenida <i>in nuce</i> en su Constituci&oacute;n, que a trav&eacute;s de los derechos fundamentales impone al ordenamiento un movimiento y una transformaci&oacute;n. Es emblem&aacute;tico en este sentido el Art&iacute;culo tercero de la Carta constitucional, que atribuye a la rep&uacute;blica el honor de ocuparse de la puesta en marcha de una igualdad que, entendida en su lado "sustancial", implica una profunda revisi&oacute;n de la existente estratificaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es comprensible entonces que en la Italia republicana, vuelva a ser cultivada la ret&oacute;rica de la igualdad y los derechos. A&uacute;n son los derechos la puesta en juego, pero el eje de la argumentaci&oacute;n se ha desplazado: no se lucha <i>por</i> los derechos, sino <i>por medio</i> de los derechos; el objetivo no es meterlos al ordenamiento, que ya los contiene, sino tomarlos seriamente, valorar su impulso reformador, llevarlos a la pr&aacute;ctica. Es la implementaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n uno de los nodos del conflicto pol&iacute;tico&#45;social en los a&ntilde;os cincuenta y sesenta: se multiplican las denuncias apasionadas de Calamandrei (1956) sobre la Constituci&oacute;n descuidada y traicionada, mientras, sobre el lado opuesto, tiene lugar el intento de desjuridificar las prescripciones constitucionales m&aacute;s peligrosas en las confrontaciones del existente equilibrio pol&iacute;tico&#45;social present&aacute;ndolas como indicaciones meramente "program&aacute;ticas", incapaces de cortar la plena discrecionalidad del legislador (Gregorio, 2006: 849&#45;913).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La realizaci&oacute;n de los derechos y la implementaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n se vuelven una bandera de los partidos y de los movimientos de izquierda, que desde una estrategia elaborada de este modo pueden obtener dos importantes ventajas: por un lado, pueden alimentar la tensi&oacute;n hacia el futuro y detener la promesa de una sociedad distinta y m&aacute;s justa, reforzando con ello la confianza de los inscritos y su lealtad en las confrontaciones del liderazgo; por el otro, pueden presentar la prometida transformaci&oacute;n como el cumplimiento del ordenamiento existente, y no ya como su revolucionaria subversi&oacute;n, y sobre esta base acreditarse como fuerzas capaces de mantener bajo control el conflicto social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los derechos siguen proponi&eacute;ndose como una palabra de orden eficaz y como el principal coeficiente de una democratizaci&oacute;n que no se agota con la Constituci&oacute;n, pero extrae de esta &uacute;ltima un fundamento distinto y nuevas modalidades de desarrollo. El &eacute;xito de esta estrategia no radica, por su parte, solamente en su eficacia ret&oacute;rica, sino se vincula con el conjunto de la coyuntura pol&iacute;tico&#45;social dominada, en el primer trienio republicano, por las perspectivas y por las pol&iacute;ticas de bienestar y keynesianas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los derechos no son el &uacute;nico componente de la democracia constitucional. Una caracter&iacute;stica suya no menos importante es el abandono del monismo rousseauniano. Por consiguiente, si por un lado se desarrollan y se intensifican las luchas por los derechos (o por medio de los derechos), concebidas como volantes de una extensi&oacute;n de la democracia garantizada por la Constituci&oacute;n, por otro lado se consolida una sociedad plural, poli&aacute;rquica, caracterizada por la presencia de grupos diversos, que representan intereses espec&iacute;ficos, en competici&oacute;n entre ellos. En resumidas cuentas, est&aacute;n madurando los presupuestos de un tipo de r&eacute;gimen que en los a&ntilde;os setenta ser&aacute; definido como neocorporativo (Schmitter, 1974: 85&#45;131).<sup><a href="#notas">8</a></sup> Se refuerza la tendencia de las grandes organizaciones (sindicatos) para monopolizar su funci&oacute;n representativa y para instaurar relaciones de colaboraci&oacute;n rec&iacute;proca, en una concertaci&oacute;n que involucra a los poderes p&uacute;blicos e incide sobre la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social de los gobiernos (Pizzorno, 1980).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una sociedad donde los protagonistas parecen ser los grupos antes que los individuos, el incremento de las negociaciones pol&iacute;ticas y de colaboraci&oacute;n entre las principales organizaciones actuantes en el terreno econ&oacute;mico&#45;social ponen de manifiesto un tipo de representaci&oacute;n que tambi&eacute;n en el pasado hab&iacute;a exigido (pero sin mucho &eacute;xito) un puesto al sol: la representaci&oacute;n de los intereses (Bobbio: 1988: 3&#45;27). El espectro de la representaci&oacute;n se vuelve a&uacute;n m&aacute;s complejo: ya su esquema "cl&aacute;sico" hab&iacute;a sido seriamente modificado (pero no cancelado) por la clara presencia de los partidos (Morlino, 2008) que, jugando sobre el car&aacute;cter din&aacute;mico y procedimental, abierto al futuro, del orden democr&aacute;tico&#45;constitucional, hac&iacute;an el conflicto a un solo tiempo leg&iacute;timo y controlado. Con el perfilarse de la f&oacute;rmula "neocorporativa", aquel modelo de integraci&oacute;n (de car&aacute;cter exquisitamente pol&iacute;tico, y por decirlo de alg&uacute;n modo, "general") tendr&aacute; que ver con una estrategia en cierta medida distinta, que no se juega en el "buen uso" del conflicto, sino en su potencial superaci&oacute;n; una estrategia preocupada por el presente m&aacute;s que por el futuro, por los intereses m&aacute;s que por los fines "&uacute;ltimos", por la conciliaci&oacute;n m&aacute;s que por choque (Regini, 1982: 137162).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, en la concreta din&aacute;mica pol&iacute;tico&#45;social las distinciones no son tan claras y las dos estrategias (la lucha por los derechos &#151;o por medio de los derechos&#151; y las instancias de democratizaci&oacute;n, por un lado, y por el otro, la atenci&oacute;n a la din&aacute;mica de los intereses y el intento de representarlos eficazmente) se entrecruzan e influyen rec&iacute;procamente y los partidos son cada vez m&aacute;s proclives a descuidar las grandes concepciones pol&iacute;ticas para volverse mediadores de intereses particulares (Ridola, 1988: 3&#45;27). No es fortuito que ambas estrategias sean atacadas con fuerza &#151;a partir de finales de los a&ntilde;os sesenta&#151; por sectores de la esfera p&uacute;blica que se estaban convenciendo de que las instancias regenerativas &#151;vivas en el <i>ethos</i> y en el imaginario de la resistencia&#151; se hab&iacute;an ya destemplado, sustituido, en los partidos de la izquierda "hist&oacute;rica", por una aceptaci&oacute;n comprometida con lo existente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un ejemplo, en cierta medida paradigm&aacute;tico, de las m&uacute;ltiples declinaciones a las cuales se presta la realizaci&oacute;n del modelo democr&aacute;tico&#45;constitucional es ofrecido por el derecho al trabajo y su evoluci&oacute;n. Las relaciones de trabajo hab&iacute;an sido el epicentro de los principales conflictos sociales de los siglos XIX y XX e incluso en el primer trienio republicano siguieron siendo un importante laboratorio de los principios de la libertad y la igualdad enunciados por la Constituci&oacute;n. Sin embargo, el terreno era impenetrable y a&uacute;n en los a&ntilde;os cincuenta el respeto a las libertades fundamentales (la libertad de expresi&oacute;n del pensamiento, la libertad de asociaci&oacute;n) parec&iacute;a detenerse en el umbral de la f&aacute;brica, bloqueadas por la disciplina impuesta por el "sujeto fuerte" de la relaci&oacute;n de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, una estrategia sugerida por algunos juristas del trabajo (como lo fue Natoli) gravita en torno al papel de los derechos fundamentales y a su vocaci&oacute;n "expansiva", a su necesaria vigencia en todo sector de la vida social y, por lo tanto, tambi&eacute;n en el interior de las relaciones de trabajo. En esta perspectiva, la implementaci&oacute;n de la democracia constitucional pasa a trav&eacute;s de una lucha por los derechos que se dirige a la posibilidad de otorgar al individuo, al trabajador, todas las libertades constitucionalmente garantizadas. De la eficacia de esta estrategia, sin embargo, se comienza a dudar hacia finales de los a&ntilde;os sesenta, cuando juristas como Mancini y Giugni sugieren combatir en otra direcci&oacute;n: no mirar solamente a los "derechos del sujeto", no observar &uacute;nicamente el <i>empowerment</i> de una posici&oacute;n estrictamente individual, sino mirar a las relaciones de poder y a las fuerzas en acci&oacute;n, desplazar la atenci&oacute;n del sujeto individual hacia el sujeto colectivo, de los derechos hacia el poder, y ofrecer al sindicato la posibilidad de actuar como un interlocutor autorizado y respetado de la contraparte (Romagnoli, 1991; Cazzetta, 2007; Ichino, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos frente a modos distintos de hacer las cuentas con el modelo democr&aacute;tico&#45;constitucional, que se har&aacute;n sentir incluso durante el par&eacute;ntesis formativo de la principal reforma del sector: el Estatuto de los trabajadores de 1970. No obstante, el estatuto terminar&aacute; no por sancionar la victoria de una parte de las dos perspectivas, sino por valer como una cornisa dentro de la cual la teorizaci&oacute;n del contrapoder sindical y la exigencia de proteger la dignidad y los derechos del trabajador sobre el lugar de trabajo surgir&aacute;n como estrategias complementarias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es lo que suceder&aacute; en otros sectores del ordenamiento, impactados entre los a&ntilde;os sesenta y setenta por el largo recorrido de la implementaci&oacute;n constitucional: las luchas por los derechos se intensifican y se traducen en reformas significativas, de las cuales el Estatuto de los trabajadores es s&oacute;lo un ejemplo. El frente de las reivindicaciones es amplio y articulado. Eso echa sus ra&iacute;ces en el cambio general de los valores compartidos y del imaginario colectivo (en alg&uacute;n modo coincide con el proceso de "modernizaci&oacute;n" que est&aacute; impactando Italia entre los a&ntilde;os cincuenta y sesenta), pero su punto de articulaci&oacute;n con la democracia sigue siendo el discurso de los derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; en acci&oacute;n la convicci&oacute;n de que la democracia coincida con el potenciar y extender los derechos fundamentales asegurados por la Constituci&oacute;n y todav&iacute;a la democracia se traduce en una instancia de "democratizaci&oacute;n" de la sociedad y de su ordenaci&oacute;n. Aspectos importantes de la vida individual y colectiva son alcanzados y transformados por una ola reformadora que parece encontrar crecientes consensos en la esfera p&uacute;blica. S&oacute;lo es posible en este trabajo una sumaria e incompleta caracterizaci&oacute;n: pensemos en las reformas que expanden la esfera de la libertad y de la autodeterminaci&oacute;n individual (tales como las leyes sobre el divorcio, el aborto, la objeci&oacute;n de conciencia al servicio militar); pensemos en las intervenciones que, en nombre de la igualdad, pretenden remover las discriminaciones que golpean a las mujeres, a los menores, a los homosexuales, a los que est&aacute;n en desventaja; pensemos finalmente en las batallas que sostienen los derechos del individuo en contra de la presi&oacute;n "totalizante" de las instituciones &#151;la c&aacute;rcel, el manicomio, el hospital&#151; y producen efectos relevantes (de la ley Basaglia al reconocimiento de los "derechos de los enfermos") (Rodot&aacute;, 1995a: 356ss.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El elenco est&aacute; incompleto y las indicaciones son sumarias, pero (espero) sean suficientes para llamar la atenci&oacute;n sobre los m&uacute;ltiples componentes de aquel proceso (en desarrollo entre los a&ntilde;os sesenta y setenta) que gira alrededor de la relaci&oacute;n democracia&#45;democratizaci&oacute;n. Democracia significa (a partir de las constituciones de la segunda posguerra) pluralismo, participaci&oacute;n y derechos. Sin embargo, la relaci&oacute;n que es instaurada entre estos componentes, en el largo proceso de "aseguramiento" de la Constituci&oacute;n, es complejo. La participaci&oacute;n pasa (como ya estaba previsto por los constituyentes) a trav&eacute;s del canal del partido, que adopta el discurso de los derechos dentro de un programa de largo t&eacute;rmino funcional al reforzamiento de la lealtad de sus miembros y a su integraci&oacute;n en el ordenamiento existente (Pizzorno, 1977: 407433). No obstante, la integraci&oacute;n depende a su vez no s&oacute;lo de la ret&oacute;rica reivindicativa del partido, sino tambi&eacute;n de la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica de las principales organizaciones de intereses, capaces de colaborar con los poderes p&uacute;blicos y de influir la pol&iacute;tica econ&oacute;mico&#45;social del gobierno (y aumentan, por lo tanto, las correlaciones y los entramados de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y la representaci&oacute;n de los intereses). Al mismo tiempo, si bien la forma&#45;partido mira a la concentraci&oacute;n y al agotamiento en s&iacute; mismo de la instancia de participaci&oacute;n y de la ret&oacute;rica de los derechos, &eacute;stas en realidad parecen poseer una vitalidad y una "reserva de sentido" ulteriores, la cual el discurso p&uacute;blico sigue descubriendo para poner en el debate la autosuficiencia de los poderes<sup><a href="#notas">9</a></sup> y oponer a un incontrolable "gobierno" de los sujetos el primado del individuo y de su autodeterminaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las tres primeras d&eacute;cadas de la Rep&uacute;blica italiana despu&eacute;s de la segunda posguerra, la democracia constitucional delineada y proyectada por la asamblea constituyente, se ha desarrollado a lo largo de tres direcciones, distintas pero conectadas: la centralidad de los derechos, la dominaci&oacute;n de la forma&#45;partido y el protagonismo de los jueces. Sin embargo, a partir de los a&ntilde;os ochenta cada uno de estos elementos sufri&oacute; transformaciones relevantes que inciden sobre la caracterizaci&oacute;n general de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os del siglo pasado apareci&oacute; la crisis del Estado social que hab&iacute;a encontrado su terreno de insurgencia en la Europa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, de igual modo es la ocasi&oacute;n ideal para proponer un salto de calidad en las constituciones de la segunda posguerra. Con los a&ntilde;os ochenta, si no es posible registrar una abrupta e inmediata disminuci&oacute;n de la tradici&oacute;n del bienestar, es f&aacute;cil sin embargo tomar los signos de un creciente alejamiento de ella, a causa del &eacute;xito (en apariencia radical) de un modelo distinto, vinculado al desarrollo de un sistema postfordista y postindustrial de producci&oacute;n, a la desregulaci&oacute;n de los mercados financieros y al triunfo de las pol&iacute;ticas thatcherianas y reaganianas; un modelo de inspiraci&oacute;n neoliberal, indiferente con relaci&oacute;n a la cuesti&oacute;n p&uacute;blica, a sus controles y a sus pol&iacute;ticas redistributivas (Ferrara, 1993a; Ferrara, 1993b; Ferrara y Gualmini, 1999; Ferrara, 2005; Rosanvallon, 1997; Ritter, 2003; Handler, 2004).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un modelo con estas caracter&iacute;sticas era compatible con la ingenier&iacute;a institucional de la democracia representativa, que se ha venido formando, entre los siglos XVIII y XIX, en la cornisa de una antropolog&iacute;a (que los cr&iacute;ticos llamar&aacute;n) "individualista" y en los surcos de una igualdad pensada en su valoraci&oacute;n jur&iacute;dico&#45;formal ("contractual", "conmutativa"), capaz de reflejar y respetar la l&oacute;gica del intercambio mercantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, es en las confrontaciones de la nueva democracia (de la democracia constitucional que se fija en la segunda posguerra) que la crisis del Estado social se perfila como una seria amenaza. Un car&aacute;cter constitutivo de aquella democracia es, en efecto, el principio de invisibilidad de los derechos: es con "todos" los derechos (y no s&oacute;lo con los derechos de la libertad) que ella se quiere vincular y es en la igualdad (la igualdad "sustancial", en el tenor de que la rep&uacute;blica pueda volver "m&aacute;s iguales" a sus ciudadanos) que encuentra la democracia su proyecci&oacute;n din&aacute;mica y futura. Es verdad que todos los derechos asegurados en la Constituci&oacute;n miran al futuro y pueden ser asumidos como criterios de transformaci&oacute;n del ordenamiento en su conjunto, pero son particularmente los derechos sociales los que parecen encerrar las promesas de renovaci&oacute;n formuladas en los a&ntilde;os de la lucha contra los totalitarismos. Poner en cuesti&oacute;n (o incluso s&oacute;lo en par&eacute;ntesis) la implementaci&oacute;n de los derechos sociales y los efectos redistributivos de la igualdad "sustancial" significa atentar contra un nodo vital de la democracia constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, un s&iacute;ntoma (y al mismo tiempo una caja de resonancia) de las dificultades que se ir&aacute;n encontrando los derechos sociales est&aacute; se&ntilde;alado por la tendencia desde hace tiempo presente en la Uni&oacute;n Europea: la tendencia de asumir la libertad (la libre circulaci&oacute;n de las mercanc&iacute;as) como el principio gu&iacute;a de la Uni&oacute;n, confi&aacute;ndole a la pol&iacute;tica nacional la implementaci&oacute;n de los derechos sociales. Con aparente paradoja, es acaso en tiempos recientes (a pesar de la crisis planetaria del Estado social) que la Uni&oacute;n Europea ha decidido dar una mayor visibilidad a los derechos sociales (a partir del Acuerdo sobre la pol&iacute;tica social incluido en el Tratado de Maastricht (1992) y despu&eacute;s con la Carta de Niza, en el 2000). Esta reciente orientaci&oacute;n est&aacute; dictada quiz&aacute; por la exigencia de salvaguardar la cohesi&oacute;n social manteniendo bajo el nivel de conflictividad; por su parte, es una exigencia que no deja de sentirse tambi&eacute;n en el interior de los pa&iacute;ses miembros: en ning&uacute;n caso, una preocupaci&oacute;n de este tipo parece suficiente para impedir la contracci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de bienestar y para mantener en calma la centralidad del principio de la igualdad "sustancial" (Cantaro, 2000: 97&#45;120; Cantaro, 2007; Roccella, 2001: 329&#45;343; Romagnoli, 2001: 133&#45;143; Giubboni: 2003; Sciarra, 2006: 41&#45;54).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesta en duda la oportunidad (o directamente la posibilidad) de una pol&iacute;tica del bienestar, se debilita la imagen de una democracia dirigida hacia el futuro, confinada en la progresiva implementaci&oacute;n de la igualdad. La dial&eacute;ctica entre democracia y democratizaci&oacute;n &#151;aquella tensi&oacute;n entre presente y futuro que hab&iacute;a caracterizado toda la historia de la democracia y se hab&iacute;a presentado de nuevo, en el interior del ordenamiento democr&aacute;tico constitucional&#151; observa comprometida su condici&oacute;n de posibilidad, una vez agotados los efectos promotores de la igualdad. Un elemento constitutivo de la democracia constitucional se tambalea y su crisis repercute sobre cada uno de los elementos angulares del edificio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un elemento involucrado en la crisis de la estaci&oacute;n del bienestar &#151;un elemento importante del proyecto constitucional&#151; es el partido pol&iacute;tico. Fue el partido el que se propuso como el despacho de la ciudadan&iacute;a activa, del ejercicio de aquel derecho/deber de participaci&oacute;n celebrado por el <i>ethos</i> republicano&#45;democr&aacute;tico, y fue el partido el instrumento principal de mediaci&oacute;n entre ciudadanos y Estado. Las instancias de democratizaci&oacute;n, en las primeras tres d&eacute;cadas republicanas hab&iacute;an encontrado en los partidos una orilla importante. En efecto, entre los a&ntilde;os sesenta y setenta se hab&iacute;an multiplicado los movimientos contestatarios que se canalizaban en el cauce predispuesto de los partidos y se hab&iacute;a acentuado la distancia entre el discurso p&uacute;blico y la "cultura de partido". Sin embargo, en su conjunto a&uacute;n quedada firme la conexi&oacute;n entre las expectativas de una progresiva democratizaci&oacute;n de la sociedad y el papel de los partidos, en la medida en la cual estos suger&iacute;an, en la realizaci&oacute;n de los derechos y en la extensi&oacute;n de la democracia, el punto fundamental de su proyecto pol&iacute;tico en el largo plazo. Precisamente todav&iacute;a era la promesa de una mejor sociedad futura la que garantizaba al partido la confianza de los inscritos y simpatizantes y al mismo tiempo le permit&iacute;a acreditarse como un instrumento de integraci&oacute;n de las masas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando esta promesa deja de ser formulada con convicci&oacute;n o no aparece m&aacute;s cre&iacute;ble, el partido pierde r&aacute;pidamente su capacidad de proponerse como colector de los valores y proyectos a largo t&eacute;rmino y deja de funcionar como veh&iacute;culo de identidad y reconocimiento para mostrarse en toda su desnuda realidad de m&aacute;quina pol&iacute;tica: salen al descubierto las tendencias olig&aacute;rquicas y autorrefenciales (por otra parte consustanciales a su estructura) y se vuelven dominantes los mecanismos clientelares y los estrechos v&iacute;nculos con particulares agregaciones de intereses (tambi&eacute;n estos implementados en todas las fases de la democracia representativa), mientras las instancias de participaci&oacute;n activa a la <i>polis,</i> si bien a&uacute;n vivas y vitales, buscan canales alternativos para manifestarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo elemento atenuado por la tempestad provocada por la crisis del Estado social es aquel principio de invisibilidad de los derechos compartidos tanto por las asambleas constituyentes en la segunda posguerra como por los redactores de la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos del Hombre. M&uacute;ltiples documentos internacionales en la segunda mitad del siglo XX reiteradamente han confirmado aqu&eacute;l principio, pero sin que sus buenas intenciones normativas hayan permitido contrastar en los pa&iacute;ses la progresiva erosi&oacute;n de las pol&iacute;ticas de bienestar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los derechos ("todos" los derechos) eran, como hemos visto, la palanca (simb&oacute;lica y ret&oacute;rica) y al mismo tiempo el objetivo del proceso de democratizaci&oacute;n comenzado y promovido en las tres primeras d&eacute;cadas republicanas. No apenas se expande el terreno que hace posible (o al menos cre&iacute;ble) la relaci&oacute;n de complementariedad entre los distintos derechos y su nexo con la democracia, decae otro de los elementos caracter&iacute;sticos de la democracia constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No por esto se ha reducido la relevancia de los derechos en la din&aacute;mica social y en el discurso p&uacute;blico de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas: la "revoluci&oacute;n de los derechos" ha caracterizado profundamente nuestra civilidad jur&iacute;dica, pero el sentido de la reivindicaci&oacute;n se ha transformado profundamente. Separados de la dial&eacute;ctica democracia/ democratizaci&oacute;n, los derechos pierden su atractivo como gu&iacute;as de la transformaci&oacute;n social (que por otra parte deja de ser el objetivo de largo periodo de las grandes organizaciones pol&iacute;ticas y sindicales) y se vuelven instrumentos de una extendida micro&#45;conflictividad social: momentos de un <i>adversarial legalism</i> (Kagan, 2001; Burke, 2002) que prospera en el vac&iacute;o abierto por la fragmentaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico, y est&aacute; tipol&oacute;gica y conceptualmente alejada de la "lucha por los derechos" (o por medio de los derechos) caracter&iacute;stica de las tres d&eacute;cadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Derechos y conflicto siguen estando ligados, pero los t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n han cambiado: el conflicto social se resuelve en una fina multiplicaci&oacute;n de contrastes individuales y a su vez todo el discurso de los derechos cambia en profundidad. Ha cambiado (como ya lo he recordado) por los efectos derivados de la crisis del Estado social; pero ha cambiado tambi&eacute;n porque en tiempos recientes se ha transformado la visi&oacute;n del sujeto, en consecuencia con la impresionante difusi&oacute;n de las biotecnolog&iacute;as. El nexo entre autonom&iacute;a individual y derecho, que pod&iacute;a ser dada por evidente en el momento fundacional de la democracia constitucional, en nuestro presente est&aacute; en el centro de una contienda entre opuestas e inconciliables visiones &eacute;tico&#45;antropol&oacute;gicas: a la lucha por los derechos (y por medio de los derechos) se le sustituye una lucha <i>"en torno</i> a los derechos"; un conflicto en el cual la puesta en juego no parece ser (al menos en modo directo) la democracia, acaso lo es la tutela de la autonom&iacute;a individual en las confrontaciones de las pretensiones biopol&iacute;ticas de un molesto "poder social" (Rodot&aacute;, 1995b y 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, el concepto mismo de derecho del individuo es sujeto hoy a tensiones m&uacute;ltiples, que involucran la antropolog&iacute;a "individualista" subyacente a la par&aacute;bola de la democracia: en la creciente co&#45;presencia de culturas diversas en un mismo espacio sociopol&iacute;tico, la tutela de los derechos individuales debe encontrar una no siempre f&aacute;cil composici&oacute;n con la valorizaci&oacute;n de las identidades colectivas (Kymlicka, 1999; Belvisi, 2000; Casals, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los derechos siguen siendo importantes en las pr&aacute;cticas sociales y en el discurso p&uacute;blico, pero su relaci&oacute;n con la democracia ha cambiado. Del mismo modo, ha cambiado r&aacute;pidamente, pero no ha desaparecido, el protagonismo de los jueces que la revoluci&oacute;n de los derechos hab&iacute;a exigido: el <i>adversarial legalism</i> no puede sino reforzar la visibilidad y la relevancia social de la funci&oacute;n jurisdiccional (y por otra parte la creciente complejidad &#151;y el exasperado desorden&#151; del sistema normativo todav&iacute;a m&aacute;s que en el pasado tiene necesidad del juez como de una indispensable v&aacute;lvula de clausura del ordenamiento). Pierde terreno la idea de un juez que, en cuanto <i>policy maker,</i> act&uacute;a en coherencia con las distintas instituciones de la rep&uacute;blica, para realizar los derechos y extender la democracia. Pero no por eso se suprime la tensi&oacute;n entre los jueces y la clase pol&iacute;tica. Al contrario, esa tensi&oacute;n se acent&uacute;a, desde el momento en que la magistratura se ha propuesto con insistencia como la principal instancia de control de la clase pol&iacute;tica y como una importante fuente de reconocimiento en la esfera p&uacute;blica (Pizzorno, 1998), mientras la clase pol&iacute;tica se sustrae del an&aacute;lisis del poder judicial e incluso derriba las relaciones de fuerza existentes para sacar ventaja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rechazo de las pol&iacute;ticas de bienestar, la crisis (o la transformaci&oacute;n) de los partidos, la debilidad del nexo entre derechos y democracia no son los &uacute;nicos componentes de un cambio que ha impactado en la sociedad y en el sistema pol&iacute;tico en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Es necesario al menos mencionar (aunque sea imposible analizarlo m&aacute;s detalladamente) dos fen&oacute;menos, ambos determinantes para el destino de la democracia: por un lado, el proceso de erosi&oacute;n de la soberan&iacute;a nacional, asediada por los crecientes poderes de m&uacute;ltiples organismos supranacionales y supraestatales (Ferrarese, 2006), debilita la calidad de una democracia cuya par&aacute;bola hist&oacute;rica se ha desarrollado en el interior de las espec&iacute;ficas comunidades estatales (Baldasarre, 2002; Greblo, 2004); por el otro lado, la cada vez mayor incidencia de la maquinaria multimedial sobre el proceso decisional de los ciudadanos parece poner en crisis la idea de un sujeto libre y aut&oacute;nomo, idea tambi&eacute;n conectada con la consolidaci&oacute;n de la democracia (Zolo, 1992 y 2008).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este escenario, es inevitable hablar de crisis: en general de la democracia y, en particular, de la democracia que se ha construido en Italia despu&eacute;s de las tres primeras d&eacute;cadas republicanas. Colin Crouch (2003: 25ss.; tambi&eacute;n Salvadori, 2009: 54ss.) sugiere persuasivamente hablar de posdemocracia, para indicar una situaci&oacute;n en la cual las principales caracter&iacute;sticas del modelo han cambiado, permaneciendo a&uacute;n vigente las principales reglas formales o procedimentales contempladas en el proceso. Es un diagn&oacute;stico que se ubica en la l&iacute;nea, a pesar de su acentuado pesimismo, de la caracterizaci&oacute;n bobbiana de las "promesas no cumplidas" de la democracia (Bobbio, 1984), las cuales sin esfuerzo podr&iacute;amos actualizar y extender. Incluso si miramos r&aacute;pidamente el itinerario que he intentado trazar es f&aacute;cil caracterizar las distorsiones que el modelo democr&aacute;tico&#45;representativo ha sufrido en su larga trayectoria hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta trayectoria al menos tres elementos son recurrentes: el reclamo de la igualdad (la necesidad de ser tratado por los otros como su "igual"; aquella necesidad que ya Pudendorf (1758: 153) hab&iacute;a expresado con una frase pintoresca: <i>"utique non canis sum; sed aeque homo, atque</i> tu"<sup><a href="#notas">10</a></sup>); la exigencia de no ser los destinatarios pasivos de decisiones incontrolables, sino volverse parte activa, en alguna medida corresponsable, de la vida de la <i>polis;</i> la tendencia para proyectar la satisfacci&oacute;n de ambas exigencias en el futuro (en una sociedad renovada y distinta a la realidad presente).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo el periodo de la modernidad, la necesidad de participar se ha expresado en la forma sugerida por el dominante lenguaje de los derechos: democracia y derechos pol&iacute;ticos se conectan estrechamente y la democratizaci&oacute;n de la sociedad coincide con la realizaci&oacute;n del sufragio universal. Participar significa votar y el derecho de voto (en el cuadro de la dominante l&oacute;gica representativa) es un simple poder de designaci&oacute;n de representantes, ejercido presuponiendo una fractura cualitativa entre electores y elegidos (tutelada por la prohibici&oacute;n general del mandato imperativo). El dogma de la soberana autonom&iacute;a del representante, es constantemente "falsificado" por la difusi&oacute;n y por la relevancia de las estructuras clientelares y por los mecanismos de intercambio existentes entre los electores y el candidato, y posteriormente es puesto en cuesti&oacute;n por la difusi&oacute;n de la forma&#45;partido (que quiere ofrecer a las masas un canal directo de participaci&oacute;n). A su vez, el partido, por un lado, no cancela, sino reencuentra en su interior la presi&oacute;n de los intereses sectoriales y de las probadas l&oacute;gicas clientelares, mientras, por otra parte, tiene lugar una estructura olig&aacute;rquica y jer&aacute;rquica relativamente impermeable a las presiones y exigencias que provienen "desde abajo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier modo, la participaci&oacute;n de los sujetos (de "todos" los sujetos) en el proceso decisional resulta ser una promesa no cumplida (o quiz&aacute; una promesa imposible) de la democracia. A pesar de que no ha coincidido con un capilar y efectivo empoderamiento de todos los sujetos, el &eacute;xito de la democracia y la difusi&oacute;n del sufragio universal ha promovido (por una singular heterog&eacute;nesis de los fines) el "reconocimiento igual" de los ciudadanos y de su integraci&oacute;n en la unidad de la sociedad nacional&#45;estatal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el pasaje a la democracia constitucional el cuadro cambia: los derechos esenciales para la democracia no son &uacute;nicamente los derechos pol&iacute;ticos, sino tambi&eacute;n los derechos civiles y sociales; la participaci&oacute;n pasa fundamentalmente a trav&eacute;s del canal del partido pero adopta tambi&eacute;n un significado m&aacute;s amplio y se vuelve &#151;para usar la definici&oacute;n eficaz de Marshall (2002: 10)&#151; "una forma de igualdad humana fundamental conectada con el concepto de plena pertenencia a una comunidad"; permanece s&oacute;lida la promoci&oacute;n de su implementaci&oacute;n, la tensi&oacute;n hacia el futuro, la dial&eacute;ctica entre democracia y democratizaci&oacute;n, a partir del momento en que la Constituci&oacute;n predispone las reglas para su implementaci&oacute;n y se proyecta hacia un "todav&iacute;a no" que constituye el horizonte de sentido del orden que ella funda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, las promesas de la democracia constitucional tendr&aacute;n que dirimir viejas y nuevas dificultades (la relaci&oacute;n instituida entre la participaci&oacute;n y la forma&#45;partido, la viscosidad de los intereses sectoriales, el funcionamiento del conflicto pol&iacute;tico, la presi&oacute;n de las coyunturas econ&oacute;mico&#45;sociales) y finalmente son engullidas por la vor&aacute;gine de las transformaciones m&aacute;s recientes, que amenazan con ahogar la savia de la cual el orden constitucional se hab&iacute;a nutrido. Son presionadas algunas caracter&iacute;sticas de la democracia constitucional, entre las cuales se encuentra aquella que hab&iacute;a sido la base indispensable de toda la par&aacute;bola democr&aacute;tica: la promoci&oacute;n de su arquitectura, el horizonte de una temporalidad que alcanza el futuro, sustituto de la concentraci&oacute;n del "aqu&iacute; y ahora" de la necesidad y el consumo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, ser&iacute;a muy simplista concluir que de la larga y ardiente par&aacute;bola democr&aacute;tica s&oacute;lo queda una (humeante) pila de cenizas. Al menos un legado importante puede ser mencionado; un elemento que, si bien se queda en los m&aacute;rgenes de la visi&oacute;n "cl&aacute;sica" de la democracia, es un rasgo caracter&iacute;stico de la democracia constitucional de la segunda posguerra: el pluralismo; y es con la tutela de la pluralidad (de las opiniones, de los intereses, de las pol&iacute;ticas) que muchas de las reglas procedimentales sobrevivientes en la posdemocracia mantienen un nexo funcional (sacando provecho por conversi&oacute;n de una significativa legitimaci&oacute;n, que nos ayuda a no minimizar su importancia).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, conviene se&ntilde;alar (a pesar de la imposibilidad de un an&aacute;lisis refinado) una ulterior herencia de la tradici&oacute;n democr&aacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, es a&uacute;n perceptible la exigencia de la igualdad de reconocimiento que alimenta desde los or&iacute;genes las luchas por los derechos y la democracia. Si esta exigencia aparece ya satisfecha para los miembros de las sociedades nacional&#45;estatales de Occidente (los protagonistas del proceso de democratizaci&oacute;n de los comienzos hasta tiempos recientes), nuevos actores han entrado en escena, ya que se asiste a la producci&oacute;n (con personajes distintos) del mismo drama: la creciente presencia de los "migrantes" en nuestras sociedades opulentas pareciera actualizar el nexo entre derechos y participaci&oacute;n y proponer de nueva cuenta, en este escenario, la alternativa entre reconocimiento y desconocimiento, entre inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n (Dryzek, 2000: 85ss.). En segundo lugar, est&aacute; vivo a&uacute;n el n&uacute;cleo originario (o si se prefiere, el <i>mythomoteur)</i> de la democracia: la necesidad de ser miembros activos de una comunidad, de ser los protagonistas y no s&oacute;lo los destinatarios pasivos de las decisiones, de ser precisamente "sujetos", no "objetos" del control de otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se desarrollan bajo nuestros ojos directrices y movimientos que testimonian la irreducible vitalidad de esta exigencia, pero al mismo tiempo sugieren su satisfacci&oacute;n superando o renovando los <i>topoi</i> de la tradici&oacute;n democr&aacute;tica. Por ejemplo, es acentuada la necesidad de darle el control a los sujetos, para ir m&aacute;s all&aacute; de la a&ntilde;eja distinci&oacute;n entre p&uacute;blico y privado, de las m&aacute;s diversas organizaciones que erogan servicios fundamentales para la vida cotidiana de los ciudadanos, sin embargo son refractarias a cualquier acondicionamiento que emane "desde abajo" (Hirst, 1999: 42ss.). Las instancias de democratizaci&oacute;n, si por un lado parecen perder mordazmente en relaci&oacute;n con la esfera p&uacute;blica, regresan a proponerse con relaci&oacute;n a poderes "otros": si un viejo frente parece ya comprometido, otros frentes se abren para un juego que, en sus din&aacute;micas elementales y profundas, parecieran mantener su reconocible continuidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&oacute;lo para las instituciones de gobierno puede ser v&aacute;lido el nexo democracia&#45;participaci&oacute;n&#45;control; y no s&oacute;lo para el centro, sino tambi&eacute;n para la periferia. En efecto, no es nuevo el frente que se abre evocando la dial&eacute;ctica "centro&#45;periferia": al contrario, estamos frente a uno de los m&aacute;s antiguos bancos de prueba de la democracia. Es un movimiento "de abajo hacia arriba", la met&aacute;fora recurrente en toda la literatura democr&aacute;tica: es eso que est&aacute; en la base lo que es llamado a la fundaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n de lo que est&aacute; arriba. Toda la tradici&oacute;n federalista llama a esta met&aacute;fora y se cruza con la problematizaci&oacute;n de la democracia.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una tradici&oacute;n que constantemente ha acompa&ntilde;ado, como una suerte de contra&#45;melod&iacute;a, la construcci&oacute;n de la democracia en Italia, a pesar del predominio del alineamiento centralista. De alguna manera, el centralismo est&aacute; afectado por las directrices "regionalistas" presentes en la asamblea constituyente; sin embargo, en las tres primeras d&eacute;cadas republicanas no s&oacute;lo es lenta y contrasta la implementaci&oacute;n del t&iacute;tulo vii de la Constituci&oacute;n, sino sobre todo es deudora de la forma&#45;partido (y de su estructuraci&oacute;n centralista) la organizaci&oacute;n efectiva de la participaci&oacute;n, a pesar de la presencia de nuevas instituciones regionales. Es s&oacute;lo con la crisis que impacta, a partir de los a&ntilde;os ochenta, a la democracia constitucional en su conjunto, y por lo tanto tambi&eacute;n el nexo entre participaci&oacute;n y partidos, que adquieren un nuevo vigor e impulso, en toda Europa, los movimientos regionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No me interesa en este art&iacute;culo evaluar la declinaci&oacute;n "identitaria" presente en la idea de participaci&oacute;n de muchos movimientos autonomistas (en Italia, la Liga del Norte) hacia finales del siglo pasado (Diamanti, 1995 y 1996; Tambini, 2001; Vandelli, 2002). Sin embargo, es significativo el desarrollo de una tendencia de car&aacute;cter m&aacute;s general (e independiente del fen&oacute;meno de la Liga): la tendencia a concebir la comunidad local como el lugar de realizaci&oacute;n de una democracia que compense las deficiencias de participaci&oacute;n imputables a los partidos tradicionales (Eder, 1993: 101ss.; Allegretti, 1995: 21ss.; Bobbio, 2002; Della Porta, 2002 y 2004; Biorcio, 2003; Vitale, 2007). Es la hip&oacute;tesis de una democracia "participativa" y "deliberativa" que, en el m&aacute;s estrecho espacio de una "peque&ntilde;a patria", intente involucrar en el proceso de&#45;cisional al mayor n&uacute;mero posible de individuos (Budge, 1996; Elster, 1998; Dryzek, 2000; Fung, Wright, Abers, 2003; Sousa Santos, 2003; Behrouzi, 2005; Bobbio, 2006: 11&#45;26; Delwit, 2007; P&aacute;llinger, 2007).<sup><a href="#notas">12</a></sup> Regresa en formas nuevas y distintas la antigua necesidad de hacer de cada uno un sujeto activo, part&iacute;cipe en primera persona en una actividad de gobierno que no puede ser delegada a las instituciones, sino debe ser entendida como "un proceso de decisiones interactivo, din&aacute;mico, complejo &#91;...&#93;" (Moro, 1998: 31; tambi&eacute;n 2005). La comunidad local pareciera ser el espacio m&aacute;s favorable para la experimentaci&oacute;n de un tipo de participaci&oacute;n capaz de superar los l&iacute;mites verticales y formales de la democracia representativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la crisis de la soberan&iacute;a nacional la que induce a la valorizaci&oacute;n de las peque&ntilde;as patrias y los lugares "descentrados", buscando en ellos el terreno de desarrollo de nuevas formas de participaci&oacute;n y democracia; y es la misma crisis la que permite la formaci&oacute;n de movimientos pol&iacute;ticos que se mueven expl&iacute;citamente en un horizonte transnacional (Della Porta, 2003) y en su interior a su vez proponen el tema de la legitimaci&oacute;n democr&aacute;tica del orden pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con independencia de sus desarrollos y sus &eacute;xitos de las m&uacute;ltiples iniciativas de salvar o transformar o refundar la democracia, parecieran presentarse a&uacute;n una vez m&aacute;s las exigencias y los s&iacute;mbolos fundamentales que sugieren pensar la democracia (Lefort, 1994: 4583) como un fen&oacute;meno m&aacute;s complejo que una forma de gobierno o una f&oacute;rmula pol&iacute;tica: no s&oacute;lo un orden confiado a las artes de una conocida ingenier&iacute;a institucional, sino un horizonte dentro del cual la afirmaci&oacute;n de s&iacute;, la reivindicaci&oacute;n de los derechos y la exigencia de reconocimiento se traduzcan en discurso y permitan la cr&iacute;tica de lo existente y la imaginaci&oacute;n de alternativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Accarino, B. (1999), <i>Rappresentanza,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871390&pid=S1870-0063201200010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alessio, M. (2000), <i>Democrazia e rappresentanza. Gerhard Leibholz nel</i> <i>periodo di Weimar,</i> N&aacute;poles: Vivarium.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871392&pid=S1870-0063201200010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Allegretti, U. (2009), <i>Lamministrazione dall'attuazione costituzionale alla</i> <i>democrazia partecipativa,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871394&pid=S1870-0063201200010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995), "Autonomia regionale e unit&aacute; nazionale", en <i>Le Regioni,</i> vol. XXIII, n&uacute;m. 1, enero&#45;febrero, Padua: Il Moulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871396&pid=S1870-0063201200010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Almagisti, M. (2008), <i>La qualit&uuml; della democrazia in Italia. Capitale sociale</i> <i>e politica,</i> Roma: Carocci.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871398&pid=S1870-0063201200010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bacelli, L. (2003), <i>Critica del repubblicanesimo,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871400&pid=S1870-0063201200010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Baldassarre, A. (2002), <i>Globalizzazione contro democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871401&pid=S1870-0063201200010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ballini, P. L. (1997), "Rappresentanza degli interessi, voto plurimo, suffragio universale: da Rudini a Luzzatti (1896&#45;1911). Temi da un dibattito", en Pier Luigi Ballini (coord.), <i>Idee di rappresentanza e sistemi elettorali in Italia fra Otto e Novecento,</i> Venecia: Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871403&pid=S1870-0063201200010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barbano, F. (1999), <i>Pluralismo: un lessico per la democrazia,</i> Tur&iacute;n: Bollati Boringhieri.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871405&pid=S1870-0063201200010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barberis, M. (2004), "Constant e la democrazia", en Gian Mario Bravo (coord.), <i>La democrazia tra liberta e tirannide della maggioranza nellOttocento,</i> Florencia: Olschki.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871407&pid=S1870-0063201200010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolini, S. (2000), <i>The Political Mobilization of the European Left, 18601980: The Class Cleavage,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871409&pid=S1870-0063201200010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beaud, O. (2002), <i>La potenza dello Stato,</i> N&aacute;poles: Edizioni Scientifiche Italiane (ESI).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871411&pid=S1870-0063201200010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Behrouzi, M. (2005), <i>Democracy as the Political Empowerment of the Citizen. Direct&#45;deliberative e&#45;Democracy</i>, Lanham: Lexington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871413&pid=S1870-0063201200010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Belvisi, F. (2000), <i>Societa multiculturale, diritti, costituzione: unaprospettiva</i> <i>realista,</i> Bolo&ntilde;a: Clueb.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871415&pid=S1870-0063201200010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Berger, S. (coord.) (1983), <i>Lorganizzazione degli interessi nell'Europa</i> <i>occidentale. Pluralismo, corporativismo e la trasformazione della politica,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871416&pid=S1870-0063201200010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Biorcio, R. (2003), <i>Sociolog&iacute;a politica: partiti, movimenti sociali e</i> <i>partecipazione,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871418&pid=S1870-0063201200010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Bobbio, L. (2006), "Dilemmi della democrazia rappresentativa", <i>Democrazia e diritto,</i> n&uacute;m. 4, pp. 11&#45;26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871419&pid=S1870-0063201200010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2002), <i>I governi locali nelle democrazie contemporanee</i>, Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871421&pid=S1870-0063201200010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bobbio, N. (1988), "Rappresentanza e interessi", en Gianfranco Pasquino (coord.), <i>Rappresentanza e democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871423&pid=S1870-0063201200010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1984), <i>Il futuro della democrazia,</i> Tur&iacute;n: Einaudi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871425&pid=S1870-0063201200010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1981), "La regola della maggioranza: limiti e aporie", en Norberto Bobbio, Claus Offe, Siro Lombardini (coords.), <i>Democrazia, maggioranza e minoranze,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871427&pid=S1870-0063201200010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bordogna, L., Provasi, G. (1984), <i>Politica, economia e rappresentanza degli interessi. Uno studio sulle recenti difficolta delle democrazie occidentali,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871429&pid=S1870-0063201200010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bovero, M. (2000), <i>Contro il governo dei peggiori: una grammatica della</i> <i>democracia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871431&pid=S1870-0063201200010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Budge, I. (1996), <i>The New Challenge of Direct Democracy,</i> Cambridge: Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871433&pid=S1870-0063201200010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burke, T. (2002), <i>Lawyers, Lawsuits, and Legal Rights. The Battle over Litigation in American Society,</i> Berkeley&#45;Los &Aacute;ngeles: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871435&pid=S1870-0063201200010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caciagli, M. (1996), <i>Clientelismo, corrupci&oacute;n y criminalidad organizada. Evidencias emp&iacute;ricas y propuestas te&oacute;ricas a partir de los casos</i> <i>italianos,</i> Madrid: Centro de Estudios Constitucionales (CEC).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871437&pid=S1870-0063201200010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Calamandrei, P. (1956), <i>La costituzione inattuata,</i> Mil&aacute;n&#45;Roma: Avanti! </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871439&pid=S1870-0063201200010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&aacute;ntaro, A. (2007), <i>Il diritto dimenticato. Il lavoro nella costituzione</i> <i>europea,</i> Tur&iacute;n: Giappichelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871440&pid=S1870-0063201200010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000), "Lavoro e diritti sociale nella 'costituzione europea'", en Pietro Barcellona (coord.), <i>Lavoro: declino o metamorfosi?,</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli, pp. 97&#45;120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871442&pid=S1870-0063201200010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carini, C. (2001), <i>Pensiero politico, rappresentanza, forme di governo fra Ottocento e Novecento,</i> Florencia: Centro Editoriale Toscano (CET).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871444&pid=S1870-0063201200010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (coord.), (1991), <i>La rappresentanza tra due rivoluzioni (17891848),</i> Florencia: CET.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871446&pid=S1870-0063201200010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (coord.), (1990), <i>Dottrine e istituzioni della rappresentanza</i> <i>(XVII&#45;</i> <i>XIX</i> <i>secolo),</i> Florencia: CET.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871448&pid=S1870-0063201200010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casals, N. T. (coord.), (2006), <i>Group Rights as Human Rights: A Liberal Approach to Multiculturalism,</i> Dordrecht: Springer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871450&pid=S1870-0063201200010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cazzetta, G. (2007), <i>Scienza giuridica e trasformazioni sociali. Diritto e lavoro in Italia tra Otto e Novecento,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871452&pid=S1870-0063201200010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Compagna, L. (1986), <i>Lidea dei partiti da Hobbes a Burke,</i> N&aacute;poles: Bibliopolis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871454&pid=S1870-0063201200010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Costa, P. (2005), "Un diritto giusto? Giusnaturalismo e democrazia nel secondo dopoguerra", en Paulo Ferreira da Cunha (coord.), <i>Direito natural, justica e pol&iacute;tica,</i> Coimbra: Coimbra Editora, pp. 213&#45;244.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871456&pid=S1870-0063201200010000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2004), "El problema de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica: una perspectiva hist&oacute;rica", <i>Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid,</i> n&uacute;m. 8, Madrid: Facultad de Derecho&#45;Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, pp. 15&#45;61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871458&pid=S1870-0063201200010000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crouch, C. (2003), <i>Postdemocrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871460&pid=S1870-0063201200010000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , Dore, R. (comps.), (1990), <i>Corporatism and Accountability.</i> <i>Organized Interests in British Public Life,</i> Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871462&pid=S1870-0063201200010000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dahl, R. A. (2001), <i>La teoria democratica nel nuovo secolo,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871464&pid=S1870-0063201200010000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1994), <i>Prefazione alla teoria democratica,</i> Mil&aacute;n: Edizioni di Comunit&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871466&pid=S1870-0063201200010000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990), <i>La democrazia e i suoi critici,</i> Roma: Editori Riuniti.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871468&pid=S1870-0063201200010000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1981), <i>Poliarchia. Partecipazione e opposizione nei sistemi politici,</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871470&pid=S1870-0063201200010000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Della Porta, D. (2011), "Movimenti sociali e stato democratico", en Alessandro Pizzorno (coord.), <i>La democrazia di fronte allo Stato. Una discussione sulle difficolta della politica moderna,</i> Mil&aacute;n: Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, pp. 193&#45;229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871472&pid=S1870-0063201200010000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (coord.), (2004), <i>Comitati di cittadini e democrazia urbana,</i> Soveria Mannelli: Rubbettino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871474&pid=S1870-0063201200010000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2003), <i>I new global: chi sono e cosa vogliono i critici della</i> <i>globalizzazione,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871476&pid=S1870-0063201200010000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2002), <i>La politica locale: potere, istituzioni e attori tra centro e</i> <i>periferia,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871478&pid=S1870-0063201200010000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , Greco, M., Szakolczai, A. (2000), "Identit&aacute;, riconoscimento, scambio: una introduzione", en Donatella della Porta, Monica Greco, Arpad Szakolczai (coords.), <i>Identita, riconoscimento,</i> <i>scambio. Saggi in onore di Alessandro Pizzorno,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871480&pid=S1870-0063201200010000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Delwit, P. (2007), <i>Towards</i> <i>DIY&#45;Politics?Participatory and Direct Democracy</i> <i>at the Local Level in Europe,</i> Brujas: Van de Broele.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871482&pid=S1870-0063201200010000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diamanti, I. (1996), <i>Il male del Nord. Lega, localismo, secessione,</i> Roma: Donzelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871484&pid=S1870-0063201200010000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995), <i>La Lega. Geograf&iacute;a, storia e sociologia di un soggetto</i> <i>politico,</i> Roma: Donzelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871486&pid=S1870-0063201200010000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Di Givone, A. (2004), "Le tecniche del costituzionalismo del Novecento per limitare la tirannide della maggioranza", en Gian Mario Bravo (coord.), <i>La democrazia tra liberta e tirannide della maggioranza nell'Ottocento,</i> Florencia: Olschki, pp. 309&#45;331.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871488&pid=S1870-0063201200010000800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dryzek, J. S. (2000), <i>Deliberative and Beyond. Liberals, Critics, Contestations,</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871490&pid=S1870-0063201200010000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duso, G. (2006), "La democrazia e il potere di governo", <i>Filosof&iacute;a Politica,</i> vol. XX, n&uacute;m. 3, diciembre, Bolo&ntilde;a: Il Moulino, pp. 367&#45;390.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871492&pid=S1870-0063201200010000800054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2004), "Genesi e aporie dei concetti della democrazia moderna", en Giuseppe Duso (coord.), <i>Oltre la democrazia,</i> Roma: Carocci, pp. 107&#45;138.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871494&pid=S1870-0063201200010000800055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2003), <i>La rappresentanza politica. Genesi e crisi del concetto,</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871496&pid=S1870-0063201200010000800056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dworkin, R. (1982), <i>I diritti presi sul serio,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871498&pid=S1870-0063201200010000800057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eder, K. (2011), "The Transformations of the Public Sphere and their Impact on Democratization", en Alessandro Pizzorno (coord.), <i>La democrazia di fronte allo Stato. Una discussion sulle difficolt&agrave; della politica moderna,</i> Mil&aacute;n: Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, pp. 247&#45;279.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871500&pid=S1870-0063201200010000800058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993), <i>The New Politics of Class. Social Movements and Cultural</i> <i>Dynamics in Advanced Societies,</i> Londres: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871502&pid=S1870-0063201200010000800059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eisenstadt, S. N., Roniger, L. (1984), <i>Patrons, Clients and Friends. Interpersonal Relations and the Structure of Trust in Society,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871504&pid=S1870-0063201200010000800060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, J. (coord.), (1998), <i>Deliberative Democracy,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871506&pid=S1870-0063201200010000800061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrajoli, L. (2007a), <i>Principia iuris. Teoria del diritto e della democrazia. 1. Teoria del diritto,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871508&pid=S1870-0063201200010000800062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2007b), <i>Principia iuris. Teoria del diritto e della democrazia. 2.</i> <i>Teoria della democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871510&pid=S1870-0063201200010000800063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2001), <i>Diritti fondamentali,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871512&pid=S1870-0063201200010000800064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrara, M. (2005), <i>The Boundaries of Welfare. European Integration and the New Spatial Politics of Social Solidarity,</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871514&pid=S1870-0063201200010000800065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , Gualmini, E. (1999), <i>Salvati dall'Europa? Welfare e lavoro in Italia</i> <i>fragli anni '70 e gli anni '90: le riforme fatte e quelle che restano da</i> <i>fare,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871516&pid=S1870-0063201200010000800066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993a), <i>Modelli di solidarieta. Politica e riforme nelle democrazie,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871518&pid=S1870-0063201200010000800067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (coord.), (1993b), <i>Stato sociale e mercato mondiale. Il welfare state</i> <i>europeo sopravvivera alla globalizzazione dell'economica?,</i> Tur&iacute;n: Fondazione Giovanni Agnelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871520&pid=S1870-0063201200010000800068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrarese, M. R. (2006), <i>Diritto sconfinato. Inventiva giuridica e spazi nel</i> <i>mondo globale,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871522&pid=S1870-0063201200010000800069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fioravanti, M. (2009), <i>Costituzionalismo. Percorsi della storia e tendenze attuali,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871524&pid=S1870-0063201200010000800070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2004), <i>Costituzione e popolo sovrano. La Costituzione italiana</i> <i>nella storia del costituzionalismo moderno,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871526&pid=S1870-0063201200010000800071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2003), "Le trasformazioni del modello costituzionale", en Gabriele De Rosa, Giancarlo Monina (coords.), <i>Lltalia repubblicana nella crisi degli anni Settanta.</i> <i>iv.</i> <i>Sistema politico e istituzioni,</i> Soveria Mannelli: Rubbettino, pp. 301&#45;314.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871528&pid=S1870-0063201200010000800072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1997), "Giuristi e dottrine del partito politico: gli anni Trenta e Quaranta", en Claudia Franceschini, Sandro Guerrieri, Giancarlo Monina (coords.), <i>Le idee costituzionali della resistenza,</i> Roma: Presidenza del Consiglio dei Ministri, pp. 195&#45;205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871530&pid=S1870-0063201200010000800073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fung, A., Wright, E. O., Abers, R. (coords.), (2003), <i>Deepening Democracy. Institutional Innovations in Empowered Participatory Governance,</i> Londres&#45;Nueva York: Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871532&pid=S1870-0063201200010000800074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Galli, C. (1997), <i>Genealogia della politica. Carl Schmitt e la crisi del pensiero politico moderno,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871534&pid=S1870-0063201200010000800075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gauchet, M. (2005), <i>La democrazia contro se stessa,</i> Troina: Citt&aacute; Aperta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871536&pid=S1870-0063201200010000800076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geuna, M. (1998), "La tradizione republicana e i suoi interpreti: famiglie teoriche e discontinuit&aacute; concettuali", <i>Filosof&iacute;a Politica,</i> vol. XII, n&uacute;m. 1, abril, Bolo&ntilde;a: Il Moulino, pp. 101&#45;132.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871538&pid=S1870-0063201200010000800077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ginsborg, P. (2006), <i>La democrazia che non c'&egrave;,</i> Tur&iacute;n: Einaudi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871540&pid=S1870-0063201200010000800078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giuboni, S. (2003), <i>Diritti sociali e mercato. La dimensione sociale dell'integrazione europea,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871542&pid=S1870-0063201200010000800079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grassi Orsini, F., Quagliarello, G. (coords.), (1996), <i>Il partito politico dalla grande guerra al fascismo. Crisi della rappresentanza e riforma dello Stato nell'eta dei sistemi politici di massa (1918&#45;1925)</i>, Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871544&pid=S1870-0063201200010000800080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Greblo, E. (2004), <i>A misura del mondo. Globalizzazione, democrazia, diritti,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871546&pid=S1870-0063201200010000800081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gregorio, M. (2006), "Quale costituzione? Le interpretazioni della giuspubblicistica nell'immediato dopoguerra", <i>Quaderni Fiorentini,</i> n&uacute;m. 35, tomo ii, Florencia&#45;Mil&aacute;n: Universit&aacute; degli Studi de Firenze/Giuffr&eacute;, pp. 849&#45;913.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871548&pid=S1870-0063201200010000800082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Handler, J. F. (2004), <i>Social Citizenship and Workfare in the United States and Western Europe,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871550&pid=S1870-0063201200010000800083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hisrt, P. (1999), <i>Dallo statalismo al pluralismo. Sagg sulla democrazia associativa,</i> Tur&iacute;n: Bollati Boringhieri.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871552&pid=S1870-0063201200010000800084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hofmann, H. (2007), <i>Rappresentanza&#45;rappresentazione,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871554&pid=S1870-0063201200010000800085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmes, S. (1996), "Vincoli costituzionali e paradosso della democrazia", en Gustavo Zagrebelsky, Pier Paolo Portinaro, Jorg Luther (coords.), <i>Il futuro della costituzione,</i> Tur&iacute;n: Einaudi, pp. 67&#45;208.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871556&pid=S1870-0063201200010000800086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ichino, P. (comp.), (2008), <i>Il diritto del lavoro nell'ltalia repubblicana.</i> <i>Teorie e vicende dei giuslavoristi dalla Liberazione al nuovo secolo,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871558&pid=S1870-0063201200010000800087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kagan, R. A. (2001), <i>Adversaria! Legalism. The American Way of Law,</i> Cambridge, Mass.&#45;Londres: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871560&pid=S1870-0063201200010000800088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Karsenti, B. (2006), "Elezione e giudizio di tutti", <i>Filosof&iacute;a Politica,</i> vol. XX, n&uacute;m. 3, diciembre, Bolo&ntilde;a: Il Moulino, pp. 415&#45;430.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871562&pid=S1870-0063201200010000800089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kosof, A. (1989), <i>The Civil Rights Movement and Its Legacy,</i> Nueva York: Franklin Watts.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871564&pid=S1870-0063201200010000800090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kymlicka, W (1999), <i>La cittadinanza multiculturale</i>, Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871566&pid=S1870-0063201200010000800091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lefort, C. (1994), "Droits de l'homme et politique", en Claude Lefort, <i>Linvention d&eacute;mocratique</i>, 2a ed., Par&iacute;s: Fayard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871568&pid=S1870-0063201200010000800092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lehmbruch, G., Schmitter, P. C. (comps.), (1982), <i>La politica degli interessi</i> <i>nei paesi industrializzati,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871570&pid=S1870-0063201200010000800093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leibholz, G. (1989), <i>La rappresentazione nella democrazia,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871572&pid=S1870-0063201200010000800094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maczak, A. (2005), <i>Ungleiche Freundschaft. Klientelbeziehungen von der</i> <i>Antike bis zur Gegenwart,</i> Osnabr&uuml;ck: Fibre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871574&pid=S1870-0063201200010000800095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Magrin, G. (2007), <i>La repubblica dei moderni. Diritti e democrazia nel</i> <i>liberalismo rivoluzionario,</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871576&pid=S1870-0063201200010000800096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manin, B. (1995), <i>Principes du gouvernement repr&eacute;sentatif,</i> Par&iacute;s: Calmann&#45;L&eacute;vy.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871578&pid=S1870-0063201200010000800097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , Przeworski, A., Stokes, S. C. (1999), "Elections and Representation", en Bernard Manin, Adam Przeworski y Susan C. Stokes (coords.), <i>Democracy, Accountability and Representation,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871580&pid=S1870-0063201200010000800098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maraffi, M. (1981), "Introduzione", en Marco Maraffi (comp.), <i>La societa neo&#45;corporativa,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871582&pid=S1870-0063201200010000800099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marshall, T. H. (2002), <i>Cittadinanza e classe sociale,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871584&pid=S1870-0063201200010000800100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marx, K. (1962), "Randglossen zum Programm der deutschen Ar&#45;beiterpartei", en Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Werke,</i> vol. 19, Berl&iacute;n: Dietz Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871586&pid=S1870-0063201200010000800101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morlino, L. (2008), <i>Democrazie tra consolidamento e crisi. Partiti, gruppi e cittadini nel Sud&#45;Europa,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871588&pid=S1870-0063201200010000800102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moro, G. (1998), <i>Manuale di cittadinanza,</i> Roma: Carocci.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871590&pid=S1870-0063201200010000800103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2005), <i>Azione civica,</i> Roma: Carocci.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871592&pid=S1870-0063201200010000800104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&aacute;llinger, Z. T. (coord.) (2007), <i>Direct Democracy in Europe. Developments</i> <i>and Prospects,</i> Wiesbaden: Springer VS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871594&pid=S1870-0063201200010000800105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palombella, G. (2002), <i>Lautorita dei diritti. l diritti fondamentali traistituzione e norme,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871596&pid=S1870-0063201200010000800106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasquino, P. (1987), "E. Siey&eacute;s, B. Constant ed il 'governo dei moderni'. Contributo alla storia del concetto di rappresentanza politica", <i>Filosof&iacute;a Politica,</i> vol. i, n&uacute;m. 1, Bolo&ntilde;a, Il Moulino, pp. 77&#45;98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871598&pid=S1870-0063201200010000800107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Piattoni, S. (2007), <i>Le virtu del clientelismo. Una critica non convenzionale,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871600&pid=S1870-0063201200010000800108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Piazza, M. (2002), <i>l limiti alla revisione costituzionale nell'ordinamento</i> <i>italiano,</i> Padua: CEDAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871602&pid=S1870-0063201200010000800109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pintori, A. (2003), <i>l diritti della democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871604&pid=S1870-0063201200010000800110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Piretti, M. S. (1995), <i>Le elezioni politiche in Italia dal 1848 a oggi,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871606&pid=S1870-0063201200010000800111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1990), <i>Lagiustizia dei numeri. Il proporzionalismo in Italia (1870</i>&#45;<i>1923),</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871608&pid=S1870-0063201200010000800112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pizzorno, A. (2007), <i>Il velo della diversita. Studi su razionalita e riconoscimento,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871610&pid=S1870-0063201200010000800113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000), "Risposte e proposte", en Donatella della Porta, Monica Greco, Arpad Szakolczai (coords.), <i>ldentita, riconoscimento, scambio. Saggi in onore di Alessandro Pizzorno,</i> Roma&#45;Bari: Laterza, pp. 197&#45;245.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871612&pid=S1870-0063201200010000800114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1998), <i>Il potere dei giudici. Stato democratico e controllo della</i> <i>virtu,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871614&pid=S1870-0063201200010000800115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1996), "Mutamenti nelle istituzioni rappresentative e sviluppo dei partiti politici", en Paul Bairoch y Eric J. Hobsbawn (coords.), <i>Storia d'Europa. Vol. V: lleta contemporanea,</i> Tur&iacute;n: Einaudi, pp. 961&#45;1030.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871616&pid=S1870-0063201200010000800116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993), <i>La radice della politica assoluta e altri saggi,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871618&pid=S1870-0063201200010000800117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1980), <i>l soggetti del pluralismo. Classi, partiti, sindacati,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871620&pid=S1870-0063201200010000800118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1977), "Scambio politico e identit&aacute; collettiva nel conflitto di classe", en Colin Crouch y Alessandro Pizzorno (coords.), <i>Lotta di classe, sindacati e stato dopo il'68,</i> Mil&aacute;n: Etas Libri.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871622&pid=S1870-0063201200010000800119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pocock, J. G. A. (1980), <i>ll momento machiavelliano. ll pensiero politico florentino e la tradizione republicana anglossasone</i>, Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871624&pid=S1870-0063201200010000800120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Preterossi, G. (1996), <i>Carl Schmitt e la tradizione moderna,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871626&pid=S1870-0063201200010000800121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pufendorf, S. (1758), <i>De officio hominis etcivis secundum legem naturalem,</i> Frankfurt&#45;Lipsiae: Broenner.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871628&pid=S1870-0063201200010000800122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regini, M. (1982), "Le tendenze neocorporative nell'Italia degli anni Settanta", en Gerhard Lehmbruch y Philippe C. Schmitter (comps.), <i>La politica degli interessi nei paesi industrializzati,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino, pp. 137&#45;162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871630&pid=S1870-0063201200010000800123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ridola, P. (1997), <i>Diritti di liberta e costituzionalismo</i>, Tur&iacute;n: Giappichelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871632&pid=S1870-0063201200010000800124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1988), "Rappresentanza e associazionismo", en Gianfranco Pasquino (coord.), <i>Rappresentanza e democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza, pp. 3&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871634&pid=S1870-0063201200010000800125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ridolfi, M. (coord.), (2005), <i>La democrazia radicale nell'Ottocento: forme della politica, modelli culturali, riforme sociali,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871636&pid=S1870-0063201200010000800126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ritter, G. (2003), <i>Storia dello Stato sociale,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871638&pid=S1870-0063201200010000800127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rodot&aacute;, S. (2006), <i>La vita e le regole: tra diritto e non diritto,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871640&pid=S1870-0063201200010000800128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995a), "Le libert&aacute; e i diritti", en Raffaele Romanelli (coord.), <i>Storia dello Stato italiano dall'Unita a oggi,</i> Roma: Donzelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871642&pid=S1870-0063201200010000800129&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995b), <i>Tecnologie e diritti,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871644&pid=S1870-0063201200010000800130&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roccella, M. (2001), "La Carta dei diritti fondamentali: un passo avanti verso l'Unione politica", <i>Lavoro e Diritto,</i> vol. XV, n&uacute;m. 2, primavera, Ferrara&#45;Bolo&ntilde;a: Dipartimento di Scienze Giuridiche, Universit&aacute; di Ferrara/Dipartimento di Politica, Istituzioni, Storia, Universit&aacute; di Bologna/Il Moulino, pp. 329&#45;343.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871646&pid=S1870-0063201200010000800131&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romagnoli, U. (2001), "Diritto del lavoro e principio di sussidiariet&aacute;", en Stefania Scarponi (coord.), <i>Globalizzazione e diritto del lavoro. ll ruolo degli ordinamenti sovranazionali,</i> Mil&aacute;n: Giuffr&eacute;, pp. 133143.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871648&pid=S1870-0063201200010000800132&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1991), <i>ll lavoro in ltalia. Ungiurista racconta,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871650&pid=S1870-0063201200010000800133&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosanvallon, P. (2008), <i>La l&eacute;gitimit&eacute; d&eacute;mocratique. lmpartialit&eacute;, r&eacute;flexivit&eacute;,</i> <i>proximit&eacute;,</i> Par&iacute;s: &Eacute;ditions du Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871652&pid=S1870-0063201200010000800134&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000), <i>La d&eacute;mocratie inachev&eacute;e. Histoire de la souverainet&eacute; du</i> <i>peuple en France,</i> Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871654&pid=S1870-0063201200010000800135&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1998), <i>Le peuple introuvable. Histoire de la repr&eacute;sentation</i> <i>d&eacute;mocratique en France,</i> Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871656&pid=S1870-0063201200010000800136&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1997), <i>La nuova questione sociale: ripensare lo Stato assistenziale</i>, Roma: Lavoro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871658&pid=S1870-0063201200010000800137&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1992), <i>Le sacre du citoyen. Histoire du suffrage universel en France,</i> Par&iacute;s: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871660&pid=S1870-0063201200010000800138&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosi Doria, A. (2007), <i>Dare forma al silenzio. Scritti di storia politica delle donne,</i> Roma: Viella.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871662&pid=S1870-0063201200010000800139&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rossi, S. (2002), <i>La rappresentanza nello Stato costituzionale. La rappresentazione degli interessi in Germania,</i> Tur&iacute;n: Giappichelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871664&pid=S1870-0063201200010000800140&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rusconi, G. E. (1993), <i>Se cessiamo di essere una nazione,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871666&pid=S1870-0063201200010000800141&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salvadori, M. L. (2009), <i>Democrazie senza democrazia,</i> Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871668&pid=S1870-0063201200010000800142&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori, G. (2007), <i>Democrazia: cosa e,</i> Mil&aacute;n: Rozzoli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871670&pid=S1870-0063201200010000800143&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1969), <i>Democrazia e definizioni,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871672&pid=S1870-0063201200010000800144&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scalone, A. (2008), "Democrazia rappresentativa, partiti, organizzazioni d'interesse", en Mario Bertolissi, Giuseppe Duso, Antonino Scalone (comps.), <i>Ripensare la costituzione. La questione della pluralit&uuml;,</i> Mil&aacute;n: Polimetrica, pp. 127&#45;143.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871674&pid=S1870-0063201200010000800145&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schmitt, C. (1991), <i>Die geistesgeschichtliche Lage des heutigen Parlamentarismus,</i> Berlin: Dunker &amp; Humblot.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871676&pid=S1870-0063201200010000800146&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schmitter, P. C. (1974), "Still the Century of Corporatism?", <i>Review of Politics,</i> vol. XXXVI, n&uacute;m. 1, enero, Notre Dame, in&#45;Nueva York: University of Notre Dame/Cambridge University Press, pp. 85131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871678&pid=S1870-0063201200010000800147&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sciarra, S. (2006), "I diritti sociali fondamentali nell'ordinamento europeo: storia e prospettive di una controversa costitu&#45;zionalizzazione", en Domenico Garofalo, Maurizio Ricci (coords.), <i>Percorsi di diritto del lavoro,</i> Bari: Cacucci, pp. 41&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871680&pid=S1870-0063201200010000800148&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scoppola, P. (1991), <i>La repubblica dei partiti,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871682&pid=S1870-0063201200010000800149&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Skinner, Q. (2001), <i>La liberta prima del liberalismo,</i> Tur&iacute;n: Einaudi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871684&pid=S1870-0063201200010000800150&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sousa Santos, B. (2003), <i>Democratizzare la democrazia,</i> Troina: Citt&aacute; Aperta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871686&pid=S1870-0063201200010000800151&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambini, D. (2001), <i>Nationalism in ltalian Politics. The Stories of the</i> <i>Northern League, 1980&#45;2000,</i> Londres&#45;Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871688&pid=S1870-0063201200010000800152&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vandelli, L. (2002), <i>Devolution e altre storie. Paradossi, ambiguita e rischi</i> <i>di un progetto politico,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871690&pid=S1870-0063201200010000800153&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van Gelderen, M., Skinner, Q. (coords.), (2002), <i>Republicanism: A Shared European Heritage,</i> Cambridge: Cambridge University Press, 2 vols.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871692&pid=S1870-0063201200010000800154&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ventrone, A. (1996), <i>La cittadinanza repubblicana,</i> Bolo&ntilde;a: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871694&pid=S1870-0063201200010000800155&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viroli, M. (1999), <i>Repubblicanesimo</i>, Roma&#45;Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871696&pid=S1870-0063201200010000800156&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&iacute;tale, T. (coord.), (2007), <i>ln nome di chi? Partecipazione e rappresentanza</i> <i>nelle mobilitazioni locali,</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871698&pid=S1870-0063201200010000800157&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zolo, D. (2008), <i>Falito della liberta. Su Bobbio,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871700&pid=S1870-0063201200010000800158&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1992), <i>ll principato democratico. Per una teoria realistica della</i> <i>democrazia,</i> Mil&aacute;n: Feltrinelli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=871702&pid=S1870-0063201200010000800159&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto publicado originalmente en: Costa P (2010), "Diritti e democrazia", en Alessandro Pizzorno (ed.), <i>La democrazia di fronte alla stato. Una discussione sulle dificolt&aacute; della politica moderna,</i> Mil&aacute;n: Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, pp. 1&#45;46.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>***</sup> Profesor&#45;investigador de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Un an&aacute;lisis ahora "cl&aacute;sico" de los significados m&uacute;ltiples del t&eacute;rmino, en Sartori (1969 y 2007). Una reflexi&oacute;n importante sobre las m&aacute;s recientes transformaciones de la democracia la ofrece Rosanvallon (2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Sobre la tradici&oacute;n republicana, v&eacute;anse Pocock (1980); Viroli (1999); Skinner (2001); Geuna (1998: 101&#45;132); Van Gelderen y Skinner (2002); Bacelli (2003); Magrin (2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Bobbio (1984: 10ss.) recuerda la prohibici&oacute;n del mandato imperativo como un dogma sistem&aacute;ticamente desatendido en la pr&aacute;ctica. Al respecto, es de gran relevancia el an&aacute;lisis hist&oacute;rico&#45;sociol&oacute;gico de las estructuras clientelares. V&eacute;anse Eisenstadt y Roniger (1984); Caciagli (1996), Maczak (2005) y Piattoni (2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Para el caso franc&eacute;s, v&eacute;anse Rosanvallon (1992, 1998 y 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Sobre este aspecto, insiste en modo oportuno Della Porta (2011: 193&#45;229). V&eacute;ase tambi&eacute;n Ridolfi (2005).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Un esfuerzo diferente de superar la persistente "distancia" de los representantes frente a los representados est&aacute; expresado por los coautores del sistema "proporcional". V&eacute;ase Piretti (1990 y 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> La tesis opuesta es sostenida, en Italia, por Pintore (2003). V&eacute;ase tambi&eacute;n Holmes (1996: 167&#45;208); con un enfoque diferente Gauchet (2005). Los derechos son puestos a salvo tambi&eacute;n de las mayor&iacute;as calificadas exigidas por la revisi&oacute;n de la constituci&oacute;n: en efecto, presentados como la forma misma del ordenamiento, ellos no pueden ser removidos por los procesos decisionales que presuponen su forma y su desarrollo en el interior de ella. Cfr. Beaud (2002) y Piazza (2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Schmitter insiste en la contraposici&oacute;n entre pluralismo y neocorporativismo, contra la tesis de quien expresa que esto &uacute;ltimo es una evoluci&oacute;n y una declinaci&oacute;n del primero. V&eacute;anse Maraffi (1981: 31ss.); Lehmbruch y Schmitter (1982); Berger (1983); Bordogna y Privasi (1984); Crouch y Dore (1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Para Bobbio (1984: 43&#45;44), la extensi&oacute;n de la democracia es sobre todo el pasaje de la democracia pol&iacute;tica a la democracia social, o bien, la extensi&oacute;n de la l&oacute;gica representativa a sectores antes dominados por organizaciones burocr&aacute;ticas y jer&aacute;rquicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> "Puesto que no soy perro, soy hombre, igual que t&uacute;". &#91;Nota del editor&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Robert D. Putnam ha insistido sobre la importancia de los grupos intermedios y de las instituciones regionales para la vitalidad de la democracia en Italia. Al respecto, v&eacute;ase Almagisti (2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Sobre la relaci&oacute;n entre democracia representativa y democracia deliberativa, v&eacute;ase Ginsborg (2006: 70ss.). Importantes reflexiones sobre la relaci&oacute;n entre la administraci&oacute;n, la Constituci&oacute;n y las transformaciones de la democracia, se encuentran en Allegretti (2009).</font></p>      ]]></body><back>
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