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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Przeworski, o de los l&iacute;mites y posibilidades del escepticismo y la democracia</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Sergio Ortiz Leroux*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Przeworski, Adam (2010), <i>Qu&eacute; esperar de la democracia. L&iacute;mites y posibilidades del autogobierno,</i> Buenos Aires: Siglo XXI.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Ciencias Sociales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)&#45;M&eacute;xico. Profesor&#45;investigador de la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). Director de Andamios.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ortizleroux@hotmail.com">ortizleroux@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mexicanos tenemos una relaci&oacute;n ambigua con la democracia. Durante varios lustros cre&iacute;mos que la democracia nos resolver&iacute;a &#151;casi por arte de magia&#151; muchos de los problemas, rezagos y desaf&iacute;os que distingu&iacute;an a nuestro inacabado orden civil: pobreza, desigualdad, injusticia, inequidad, falta de libertades, impunidad, etc&eacute;tera. Sin embargo, una vez que la democracia se aproxim&oacute; aunque sea t&iacute;midamente a tocar las puertas de nuestra ca&oacute;tica vida p&uacute;blica, nos desilusionamos demasiado pronto de ella. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute;? &iquest;Por qu&eacute; pasamos tan r&aacute;pidamente del encantamiento democr&aacute;tico al desencanto hacia la democracia mexicana? &iquest;Por qu&eacute; la democracia tiene actualmente en nuestro pa&iacute;s, si se me permite la expresi&oacute;n, tan "mala prensa"? Una posible respuesta a estas preguntas la ofrece Adam Przeworski en su libro <i>Qu&eacute; esperar de la democracia. L&iacute;mites y posibilidades del autogobierno.</i> Con un lenguaje claro y directo, que igual se vale de disciplinas como la historia pol&iacute;tica, la ciencia pol&iacute;tica, la sociolog&iacute;a hist&oacute;rica y la econom&iacute;a pol&iacute;tica; y de herramientas te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gicas como la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n social, la teor&iacute;a de juegos o la estad&iacute;stica, Adam Przeworski, polit&oacute;logo de origen polaco y profesor "Carroll and Milton" de Ciencia Pol&iacute;tica en la Universidad de Nueva York, afirma &#151;en pocas palabras&#151; que no se puede esperar demasiado de las democracias contempor&aacute;neas, ya que &eacute;stas enfrentan l&iacute;mites casi infranqueables relacionados con "la extensi&oacute;n de la igualdad econ&oacute;mica, la participaci&oacute;n efectiva, la agentividad perfecta y la libertad" (p. 52).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para documentar su pesimismo, o si se prefiere, su optimismo informado, Przeworski ofrece a sus m&uacute;ltiples lectores de habla hispana un libro inc&oacute;modo ("Lo que temo es que el desencanto &#91;con la democracia&#93; sea tan ingenuo como lo era la esperanza", p. 28), ambicioso ("presto atenci&oacute;n a todas las democracias que han existido en el mundo entero en la &eacute;poca moderna", p. 34), pol&eacute;mico ("el ideal de autogobierno del pueblo no fue importado de la antigua Grecia, como fue inventado por Hannah Arendt en <i>On Revolution,</i> pp. 42&#45;43) y oportuno ("No es ninguna sorpresa, que despu&eacute;s de seguir la liberalizaci&oacute;n, la transici&oacute;n y la consolidaci&oacute;n, hayamos descubierto que todav&iacute;a hay algo que mejorar: la democracia", p. 28), que se ocupa de desentra&ntilde;ar aspectos centrales de la teor&iacute;a democr&aacute;tica mediante el an&aacute;lisis exhaustivo de las fuentes de la extendida insatisfacci&oacute;n con las democracias en el mundo. Se podr&aacute; estar o no de acuerdo con las afirmaciones de Przeworski, con su escepticismo desencantado, con su individualismo metodol&oacute;gico, con su racionalidad de corte instrumental, con la forma en que selecciona e interpreta la evidencia hist&oacute;rica, pero lo que en todo caso no podr&aacute; ponerse en tela de juicio es que estamos ante un libro serio y riguroso, con modelos anal&iacute;ticos sofisticados y argumentos finamente tejidos e hilvanados, que no pasar&aacute; desapercibido seguramente por los cr&iacute;ticos y defensores de la democracia contempor&aacute;nea. De ahora en adelante, cualquier estudioso del funcionamiento real de las democracias contempor&aacute;neas tendr&aacute; que justificar las razones por las cuales incluy&oacute; o, en su caso, ignor&oacute; entre sus fuentes bibliogr&aacute;ficas las reflexiones penetrantes del autor, entre otras publicaciones, de <i>Democracia y mercado: reformas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas en la Europa del Este y Am&eacute;rica latina</i> (Cambridge, 1995); <i>Democracy and Development</i> (2000); <i>Las reformas econ&oacute;micas en las nuevas democracias</i> (Alianza, 2003); <i>Democracia sustentable</i> (Paid&oacute;s, 2003); <i>States and Markets</i> (Cambridge University Press, 2003) y <i>Democracy and the Rule of Law</i> (Cambridge University Press, 2003).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya desde las primeras p&aacute;ginas del libro, el polit&oacute;logo de origen polaco saca a relucir su esp&iacute;ritu desacralizador: "me propongo desmitificar, liberar nuestra comprensi&oacute;n de las democracias reales de la perspectiva de sus or&iacute;genes" (p. 33). Para cumplir su objetivo de tintes heterodoxos, nuestro autor somete las ideas de los padres fundadores de la democracia moderna a la prueba de formol de las herramientas anal&iacute;ticas de la ciencia social contempor&aacute;nea. Al final de este singular &#151;por decir lo menos&#151; experimento metodol&oacute;gico, el ideal original de la democracia no sale bien librado, ya que &eacute;ste responde menos al sue&ntilde;o de autogobierno del pueblo y m&aacute;s a las acciones e intereses reales y concretos de <i>Los Federalistas,</i> padres fundadores de la democracia moderna:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo sostengo &#91;afirma Przeworski&#93; dos tesis: (1) El ideal que, de modo m&aacute;s manifiesto, justific&oacute; la fundaci&oacute;n de las instituciones representativas y su gradual evoluci&oacute;n hacia la democracia era l&oacute;gicamente incoherente y pr&aacute;cticamente irrealizable, (2) Las acciones de los fundadores pueden ser vistas como una racionalizaci&oacute;n de sus intereses; espec&iacute;ficamente, las instituciones que crearon proteg&iacute;an sus privilegios (p. 45).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la fuente de la inflaci&oacute;n normativa, seg&uacute;n Przeworski, no se encuentra exclusivamente en los ideales pol&iacute;ticos de <i>Los Federalistas,</i> sino tambi&eacute;n, y sobre todo, en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Jean Jacques Rousseau: "En el ideal original de autogobierno, elaborado por Rousseau &#91;...&#93;, las personas son libres porque cuando el pueblo gobierna nadie obedece m&aacute;s que a s&iacute; mismo" (p. 48). Desde el primer momento, este ideal enfrent&oacute;, seg&uacute;n afirma el tambi&eacute;n profesor de la Universidad de Chicago, algunos problemas l&oacute;gicos y pr&aacute;cticos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo es l&oacute;gicamente coherente si todos est&aacute;n de acuerdo sobre el orden legal en el que todos quieren vivir. El principio de que el pueblo, en singular, se gobierna a s&iacute; mismo no se traduce f&aacute;cilmente en un sistema institucional en el que las personas &#151;en plural&#151; se gobiernan a s&iacute; mismas. Por lo tanto, pas&oacute; a ser un tema de discusi&oacute;n el hecho de si era posible implementar este principio mediante instituciones representativas: en un momento determinado s&oacute;lo gobiernan algunas personas. Cuando la realidad de las divisiones sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas se hizo evidente, la idea de que todo el pueblo pudiera ser representado simult&aacute;neamente por alguien se hizo insostenible. Entonces, ser gobernado por equipos de pol&iacute;ticos seleccionados en elecciones peri&oacute;dicas se transform&oacute; en la segunda mejor posibilidad (pp. 48&#45;49).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En clave przeworskiana, la realidad imperfecta de las democracias realmente existentes acab&oacute; gan&aacute;ndole la partida a los ideales geom&eacute;tricos de la democracia. M&aacute;s all&aacute; de los sue&ntilde;os metaf&iacute;sicos de los fil&oacute;sofos, se encuentran las duras maderas de la pol&iacute;tica, las cuales, por ejemplo, le han presentado cuatro desaf&iacute;os a las democracias contempor&aacute;neas: "(1) la incapacidad de generar igualdad en el terreno socioecon&oacute;mico, (2) &#91;la de&#93; de hacer sentir a la gente que su participaci&oacute;n es efectiva, (3) de asegurar que los gobiernos hagan lo que se supone que deben hacer y no hagan lo que no se les ha mandado a hacer, y (4) de equilibrar orden con no interferencia" (pp. 33&#45;34).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Przeworski dedica los distintos cap&iacute;tulos de su libro a analizar los diferentes principios o condiciones de posibilidad del ideal de autogobierno: igualdad, participaci&oacute;n, agentividad <i>(agency)</i> y libertad. Cada uno de los cap&iacute;tulos del presente volumen puede ser estudiado de manera independiente, pues en ellos se analizan detalladamente un amplio ramillete de temas y problemas que en su conjunto podr&iacute;an ser las entradas de una enciclopedia de la democracia. Sin querer ser exhaustiva, la lista de llamadas que analiza el autor es la siguiente: aristocracia y democracia; democracia y propiedad; democracia y distribuci&oacute;n del ingreso; democracia y participaci&oacute;n; el papel del pueblo entre elecciones; votar, elegir y la paz civil; estructura del gobierno; equilibrio de poderes; neutralidad y supermayor&iacute;a; la democracia y la regla de mayor&iacute;a; ciudadanos y gobiernos; libertad como derechos enumerados; etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sensaci&oacute;n que queda despu&eacute;s del viaje por la enciclopedia przeworskiana de la democracia no s&oacute;lo es de agotamiento (&iexcl;atenci&oacute;n: lectores perezosos o distra&iacute;dos, abst&eacute;nganse de leer esta obra!), sino principalmente de escepticismo. La democracia de hoy no es lo que lo que se prometi&oacute; que ser&iacute;a. En efecto, la igualdad en la que pensaban los padres fundadores no era una igualdad econ&oacute;mica ni social, sino una igualdad pol&iacute;tica formal, una igualdad ante la ley que diera a todos iguales oportunidades de influir en los resultados colectivos. La participaci&oacute;n, por su parte, no puede ser igual y efectiva, ya que no hay ninguna forma de toma decisiones colectiva, salvo la unanimidad, capaz de dar eficacia causal a la participaci&oacute;n individual. El autogobierno colectivo, entonces, se alcanza no cuando cada votante tiene influencia causal en el resultado final, sino cuando la elecci&oacute;n colectiva es resultado de la suma de voluntades individuales. En el caso de la agentividad, existen costos inevitables: los gobernados deben dar a los gobiernos cierto margen para su acci&oacute;n. El autogobierno, por tanto, no se implementa en una serie de referendos sino en elecciones peri&oacute;dicas con mandatos amplios y a menudo vagos. Finalmente, pero no al &uacute;ltimo, la libertad es un principio dif&iacute;cil de realizar, ya que no existe un equilibrio entre el orden y la no interferencia (libertad negativa). M&aacute;s bien lo que hay es una serie de equilibrios inestables que ning&uacute;n dise&ntilde;o institucional podr&aacute; resolver de una vez y para siempre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegados a este punto, valdr&iacute;a la pena detenernos un momento a fin de preguntarle al autor y de paso a nosotros mismos: &iquest;Podremos avanzar en el presente o en el futuro en el terreno de la igualdad, la participaci&oacute;n, la agentividad y la libertad sin renunciar a la democracia? &iquest;Tendremos que quedarnos cruzados de brazos ante los l&iacute;mites y posibilidades del autogobierno en las democracias realmente existentes? Przeworski afirma que hay que mantener, ciertamente, una mirada cr&iacute;tica sobre la democracia, pues el reconocimiento de sus l&iacute;mites y posibilidades no es sin&oacute;nimo de complacencia sino m&aacute;s bien es una suerte de gu&iacute;a &uacute;til y eficaz para la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Sin embargo, el titular de la c&aacute;tedra "Carroll and Milton" no deja de advertirnos los peligros que provocan las expectativas irracionales y desbordadas sobre el tambi&eacute;n llamado gobierno popular, pues &eacute;stas &#151;entre otras cosas&#151; alimentan las campa&ntilde;as populistas y ciegan las reformas factibles. Por mi parte, no me resigno a caer en el escepticismo przerworskiano, pero tampoco me dejo seducir por el canto de las sirenas. Como dir&iacute;a la sabidur&iacute;a popular, "ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre". Ciertamente, cualquier programa democr&aacute;tico tiene como uno de sus puntos de partida un diagn&oacute;stico preciso y sin concesiones sobre los alcances y l&iacute;mites de las democracias contempor&aacute;neas realmente existentes. En este aspecto, la contribuci&oacute;n de Przeworski es incuestionable. Sin embargo, me parece que nuestro autor desconoce, olvida o menosprecia que eso que en el campo de <i>la pol&iacute;tica y de lo pol&iacute;tico</i> se denomina eufem&iacute;sticamente como "la realidad", se compone no solamente por una dimensi&oacute;n institucional, emp&iacute;rica o positiva, sino tambi&eacute;n se integra por una dimensi&oacute;n simb&oacute;lica o subjetiva, la cual tiene, por lo menos, la misma importancia que la base institucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La democracia, seg&uacute;n nos advierte magistralmente Alexis de Tocqueville en <i>La democracia en Am&eacute;rica,</i> vale m&aacute;s por lo que consigue que se haga que por lo que hace por s&iacute; misma. M&aacute;s que una gu&iacute;a para la acci&oacute;n o un profeta de la revelaci&oacute;n, la democracia es simplemente un detonador del cambio, pues no da al pueblo el gobierno m&aacute;s h&aacute;bil o m&aacute;s eficaz, pero logra lo que el gobierno m&aacute;s h&aacute;bil o m&aacute;s eficaz no consigue: extender por toda la sociedad una inquieta actividad, una fuerza abundante y una energ&iacute;a que no existen sin ella. La democracia es, por definici&oacute;n, un proyecto hist&oacute;rico inacabado e inacabable, dado que su sentido instituyente (sus bases simb&oacute;licas) no puede agotarse en lo instituido (sus bases institucionales).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si lo dicho aqu&iacute; tiene alg&uacute;n sentido, entonces no hay razones suficientes para compartir el escepticismo de Przeworski. Si bien es cierto que la democracia de hoy enfrenta l&iacute;mites infranqueables relacionados con la extensi&oacute;n de la igualdad econ&oacute;mica, la participaci&oacute;n efectiva, la agentividad perfecta y la libertad, tambi&eacute;n es cierto que la democracia de ma&ntilde;ana requiere mantener abiertos el debate y la realizaci&oacute;n o concreci&oacute;n hist&oacute;rica de estos principios generales del ideal de autogobierno, si es que no quiere caer en el fantasma del totalitarismo. La democracia, no se olvide, llama a m&aacute;s democracia en un v&eacute;rtigo sin principio ni fin. Por eso la libertad, la igualdad o la participaci&oacute;n en las democracias de hoy no ser&aacute;n las mismas de aquellas del ma&ntilde;ana. No lo pueden ser. Sin embargo, habr&iacute;a que reconocer que el escepticismo que Adam Przeworski nos transmite en este libro es sin duda un muy buen punto de partida para hacernos cargo de la democracia como un proyecto hist&oacute;rico abierto, no dirigido, de realizaci&oacute;n necesariamente provisional y contingente del ideal cl&aacute;sico &#151;y griego, como dir&iacute;a Cornelius Castoriadis&#151; de autogobierno.</font></p>      ]]></body>
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