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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier: Formas de la alteridad</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Otro</i> humanismo por articular</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Enrique D&iacute;az &Aacute;lvarez*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Licenciado en Ciencia Pol&iacute;tica, UNAM. Doctor en Filosof&iacute;a por la Universidad de Barcelona. El presente art&iacute;culo forma parte de una estancia posdoctoral en el Centro de Estudios Pol&iacute;ticos de la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la UNAM, bajo el marco del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM 2010.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:endial@yahoo.com">endial@yahoo.com</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Partiendo de un contexto de intenso contacto intercultural marcado por la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, un profundo proceso de urbanizaci&oacute;n mundial y las amplias migraciones humanas, el presente art&iacute;culo aboga por des&#45;velar el car&aacute;cter nacional&#45;etnoc&eacute;ntrico que ha marcado al humanismo cl&aacute;sico, para proponer articular uno de corte pluralista, que incorpore y est&eacute; atento a otros relatos y formas de vida no occidentaloc&eacute;ntricas. El reto parece claro: una &eacute;poca marcada por la incomprensi&oacute;n y el conflicto de interpretaciones exige pensar en formas de comunicarse y solidarizarse entre diversos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Humanismo, pluralismo, interculturalidad, alteridad, hermen&eacute;utica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 21 de septiembre de 2010    <br> 	Fecha de aprobaci&oacute;n: 20 de noviembre de 2010</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>S&oacute;lo si creemos en esa aventura com&uacute;n podremos    <br> 	dar sentido a nuestros itinerarios espec&iacute;ficos. Y s&oacute;lo    <br> 	si creemos que todas las culturas son igual de dignas    <br> 	tenemos derecho a valorarlas e incluso a juzgarlas,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	en funci&oacute;n precisamente de los valores inherentes a    <br> 	ese destino com&uacute;n, que est&aacute;n por encima de todas    <br> 	nuestras civilizaciones, de todas nuestras tradiciones    <br> 	y de todas nuestras creencias.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Amin Maalouf</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>DES&#45;VELAR EL CAR&Aacute;CTER NACIONAL Y EPISTOLAR DEL HUMANISMO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su c&eacute;lebre y pol&eacute;mica respuesta a la <i>Carta sobre el humanismo</i> de Heidegger, Peter Sloterdijk hace un recorrido cr&iacute;tico del concepto de humanidad que ha sobrevivido desde Cicer&oacute;n. A partir de una frase del poeta Jean Paul, en donde afirma que los libros son voluminosas cartas a los amigos, Sloterdijk define la esencia y funci&oacute;n del humanismo como <i>una telecomunicaci&oacute;n fundadora de amistad por medio de la escritura.</i> Con esta corrosiva lectura epistolar del humanismo, este pensador pone en evidencia que un elemento primordial del humanismo cl&aacute;sico ha sido la conversaci&oacute;n de pensadores e int&eacute;rpretes que han forjado una amistad &#151;o sociedad literaria&#151; gracias a la lectura. Desde este punto de vista, entrar en dicha comunidad o rep&uacute;blica de las letras, implicaba compartir un culto com&uacute;n por obras can&oacute;nicas, un c&iacute;rculo de iniciados que ha sobrevivido a trav&eacute;s del tiempo y el espacio debido a las nuevas interpretaciones compartidas sobre lo que es o debe ser "lo humano".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su cr&iacute;tica frontal del humanismo cl&aacute;sico, Sloterdijk denuncia que el tema latente a este proyecto se ha caracterizado por pretender rescatar al ser humano del salvajismo. As&iacute;, menciona que la tesis humanista podr&iacute;a resumirse en que <i>la lectura correcta domestica,</i> esta conjetura de que el acto de leer educa, que Sloterdijk no duda en calificar de buc&oacute;lica, ha sido en efecto parte central de un proyecto que ha sobrevivido hasta nuestros d&iacute;as y que hoy, con el avance de las telecomunicaciones y la redefinici&oacute;n de lo pr&oacute;ximo y lo lejano que ello conlleva, parece estar en una crisis profunda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buena parte de la culpa de esta decadencia estriba en que, como menciona Sloterdijk, detr&aacute;s de esta escuela domesticadora se halla en juego una <i>antropodicea,</i> es decir, una definici&oacute;n del ser humano de cara a su franqueza biol&oacute;gica y a su ambivalencia moral. Hoy en d&iacute;a, insiste el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, la pretensi&oacute;n de conocimiento alrededor de una supuesta naturaleza del ser humano, encubierta en preguntas en torno a qu&eacute; es o c&oacute;mo podremos convertirnos en un ser humano "real" o "verdadero", no tiene sentido si no es formulada con respecto a los medios masivos de comunicaci&oacute;n por intermedio de los cuales las personas concretas se orientan y con&#45;forman (Sloterdijk, 1999).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sloterdijk vincula la consolidaci&oacute;n de las identidades colectivas, principalmente las nacionales, al desarrollo de la alfabetizaci&oacute;n y la lectura. Particularmente entiende que, entre los siglos XIX y XX, el humanismo dio un giro pragm&aacute;tico y program&aacute;tico que termin&oacute; transform&aacute;ndolo y ampliando su alcance; de un modelo de sociedad literaria termin&oacute; convirti&eacute;ndose en norma de la sociedad pol&iacute;tica. De ah&iacute; en adelante, menciona Sloterdijk: "los pueblos se organizan como ligas alfabetizadas de amistad compulsiva, conjuradas en torno a un canon de lectura asociado en cada caso con un espacio nacional" (Sloterdijk, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al leer estas palabras de Sloterdijk es inevitable dejar de pensar en dos publicaciones del a&ntilde;o 1983, que han tenido enorme influencia en la concepci&oacute;n te&oacute;rica alrededor del origen del Estado&#45;naci&oacute;n y los nacionalismos: <i>Comunidades imaginadas,</i> de Benedict Anderson, que analiza y revela el papel que juega la categor&iacute;a de la imaginaci&oacute;n dentro de la construcci&oacute;n de la comunidad nacional; y <i>La invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n,</i> de Eric Hobsbawm, que puso en evidencia la enorme importancia que han tenido mitos y ficciones diversas para cohesionar las identidades nacionales. En el caso de Sloterdijk parece evidente que sigue la estela de ese texto cl&aacute;sico de Anderson que, desde una perspectiva antropol&oacute;gica, define a la naci&oacute;n en tanto comunidad pol&iacute;tica imaginada como inherentemente limitada y soberana: "&#91;...&#93; es imaginada porque a&uacute;n los miembros de la naci&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a no conocer&aacute;n jam&aacute;s a la mayor&iacute;a de sus compatriotas, no los ver&aacute;n ni oir&aacute;n siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comuni&oacute;n" (Anderson, 2007: 23).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde entonces se ha arraigado la idea de que la representaci&oacute;n, como facultad abstracta, es el factor clave en la construcci&oacute;n de una idea de naci&oacute;n; en tanto que la cultura e identidad nacional exige a sus miembros familiarizarse y solidarizarse con lo ausente, con los an&oacute;nimos y desconocidos. Lo radicalmente nuevo de este v&iacute;nculo nacional es que radica en una <i>imagen com&uacute;n</i> y con ello en la idea de compartir algo. Para Sloterdijk, el centro del poder de los <i>humanismos nacionales,</i> que tuvieron su apogeo entre 1789 y 1945, resid&iacute;a en un conjunto de fil&oacute;logos que se sab&iacute;an responsables de una misi&oacute;n importante: iniciar y vincular a millones de desconocidos al c&iacute;rculo de destinatarios de esas ejemplares cartas a los amigos (Sloterdijk, 1999). En este sentido, los maestros y fil&oacute;logos humanistas tuvieron un papel clave en tanto que ellos detentaban el conocimiento privilegiado de los autores y escritos que pasaban por fundadores de la comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por esto que para Sloterdijk el humanismo nacional no era otra cosa que la facultad de imponer a los j&oacute;venes la lectura de los cl&aacute;sicos y de establecer la validez universal de esas lecturas nacionales. Entendiendo esto, no sorprende que el autor de <i>Esferas</i> califique a los estados nacionales como productos literarios y postales, es decir, ficciones de un destino de amistad entre <i>compatriotas remotos,</i> basados en una <i>afinidad emp&aacute;tica</i> entre lectores inspirados por autores de propiedad com&uacute;n: "&iquest;qu&eacute; son las naciones modernas sino poderosas ficciones de p&uacute;blicos letrados, convertidos a partir de los mismos escritos en arm&oacute;nicas alianzas de amistad?" (Sloterdijk, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sloterdijk entiende que si la &eacute;poca del humanismo nacional&#45;burgu&eacute;s lleg&oacute; irremisiblemente a su fin, no es porque los seres humanos ya no se sientan inclinados a seguir cumpliendo su tarea literaria nacional, sino porque el arte de escribir cartas inspiradoras de amor a una naci&oacute;n de amigos, aun cuando adquiri&oacute; un car&aacute;cter profesional, ya no es suficiente para anudar un v&iacute;nculo telecomunicativo entre los habitantes de la moderna sociedad de masas. A partir de la revoluci&oacute;n medi&aacute;tica, tras el fin de la ii Guerra Mundial &#151;y catapultada por la televisi&oacute;n y las revoluciones de redes actuales&#151;, el sentimiento de pertenencia de las personas en las sociedades contempor&aacute;neas se ha vuelto a establecer sobre nuevas y diferentes bases.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esto Sloterdijk no pretende decir que la literatura haya llegado a su fin, sino que ya han pasado los d&iacute;as de su sobrevaloraci&oacute;n como portadora de los genios y v&iacute;nculos nacionales. Considera que la s&iacute;ntesis nacional ya no pasa predominantemente por libros o cartas, sino por los nuevos medios pol&iacute;tico&#45;culturales de la telecomunicaci&oacute;n. Desde este punto de vista, si la era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo est&aacute; en decadencia es porque se ha vuelto insostenible la ilusi&oacute;n de que las grandes estructuras pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas puedan seguir siendo organizadas siguiendo el modelo amigable de la sociedad literaria. Ante esta evidencia, Sloterdijk entiende que no hay que ser visionario o hacer un gran esfuerzo para entender que estas bases vinculantes o comunicativas son decididamente post&#45;literarias, post&#45;epistologr&aacute;ficas y, consecuentemente, post&#45;human&iacute;sticas (Sloterdijk, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, Sloterdijk ignora y subestima la capacidad que sigue teniendo la literatura en tanto forma de conocimiento y empat&iacute;a entre extra&ntilde;os, es evidente que su &aacute;cida cr&iacute;tica hacia el humanismo cl&aacute;sico y la antropolog&iacute;a soterrada que sustenta, es muy sugerente en t&eacute;rminos interculturales. Las corrientes humanistas, suscribo, deben trascender la &oacute;ptica nacional y actualizarse en clave pluralista partiendo de que la diversidad cultural no es una norma a prescribir, sino un <i>hecho</i> social que condiciona nuestras sociedades modernas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>UN HUMANISMO PARA LOS DIVERSOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En pleno siglo XXI, la vocaci&oacute;n humanista no puede ignorar o menospreciar que el proceso de urbanizaci&oacute;n mundial, aunado al flujo de capital, informaci&oacute;n y representaciones heterog&eacute;neas que han secundado la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, ha interiorizado en los sujetos la certeza de compartir un mismo h&aacute;bitat con extra&ntilde;os; mientras a <i>nivel virtual</i> las telecomunicaciones nos conectan y aproximan cotidianamente con los h&aacute;bitos y relatos de culturas lejanas geogr&aacute;ficamente, a <i>nivel f&iacute;sico</i> los espacios p&uacute;blicos de las ciudades occidentales se han convertido en el escenario donde se concentra la diferencia y se manifiesta la multiculturalidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si algo nos sugiere esta doble dimensi&oacute;n de contacto intercultural, es que el humanismo ya no puede tratar de educar o domesticar al hombre &#151;para seguir con el l&eacute;xico de Sloterdijk&#151; en una idea de <i>nosotros</i> cerrada u org&aacute;nica que suele acabar en ideas de superioridad civilizatoria delirantes e injustificables; por el contrario, tendr&iacute;a que canalizar los esfuerzos para informarnos y familiarizarnos con los cada vez m&aacute;s visibles relatos, representaciones y formas de vida extra&ntilde;as a las nuestras. Si por un lado suscribo la denuncia cr&iacute;tica de Sloterdijk hacia el car&aacute;cter nacional y epistolar del humanismo hegem&oacute;nico, por otro pienso que subestima el papel vinculante que la literatura y la lectura hermen&eacute;utica pueden seguir teniendo en una era de cosmopolitizaci&oacute;n<sup><a href="#notas">1</a></sup> y urbanizaci&oacute;n como la nuestra. Evidentemente ya no se trata de pensar ese v&iacute;nculo imaginario en t&eacute;rminos nacionales, sino interculturales. Es decir, como un medio f&eacute;rtil y potente para reconocer en esa diversidad y pluralidad manifiesta, lo com&uacute;n. Dialogar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una perspectiva hermen&eacute;utico&#45;intercultural, las preguntas que la tradici&oacute;n de pensamiento humanista debe plantearse sobre la formaci&oacute;n y el cuidado del hombre ya no pueden girar alrededor de una esencia atemporal de lo humano, ni pueden fundamentarse en esa racionalidad transhist&oacute;rica ilustrada, sino actualizarse con base en nuestra condici&oacute;n concreta, dial&oacute;gica y plural. Lejos de homogeneizar o postular una idea o esencia de <i>ser</i> verdaderamente humano, <i>otro humanismo</i> de corte pluralista tendr&iacute;a que recordarnos que a pesar de la diversidad y particularidad cultural manifiesta, todos los hombres han compartido, y comparten una humanidad com&uacute;n que se manifiesta, como menciona Richard Rorty, en coincidencias tan modestas y aparentemente superficiales como el <i>sentir</i> un cari&ntilde;o especial por nuestros padres o hijos (Rorty, 2000: 236&#45;237).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia del humanismo cl&aacute;sico, el pluralista debe renunciar a establecer una ontolog&iacute;a particular &#151;que siempre conlleva el riesgo de provocar una cruzada etnoc&eacute;ntrica&#151;, y partir del hecho de que la pluralidad cultural nos obliga, como hecho, a tratar de conocer e informarnos sobre las diversas manifestaciones de lo humano. Comunicarnos. En este sentido, humanizar ser&iacute;a estar dispuesto a, y ser capaz de escuchar e imaginar al <i>otro,</i> esto es, poder traducir e interpretar al extra&ntilde;o al grado de familiarizarnos con experiencias, concepciones de bien, formas de vida y relatos ajenos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lejos de caer en un "buenismo", la idea que gira entorno a esta disposici&oacute;n hermen&eacute;utica&#45;cosmopolita hacia el <i>otro</i> es dotar a los sujetos de sociedades multiculturales de herramientas y virtudes p&uacute;blicas, para mediar y solucionar de forma deliberativa el inevitable conflicto de intereses y valores &eacute;tico&#45;pol&iacute;ticos entre seres diversos que comparten espacios p&uacute;blicos de realizaci&oacute;n. En s&iacute;ntesis, la finalidad de un humanismo en clave pluralista podr&iacute;a centrarse en visibilizar y revalorar otros relatos, as&iacute; como desarrollar en sujetos con diferentes identidades colectivas la capacidad para advertir, en el <i>otro,</i> esa condici&oacute;n com&uacute;n que denominamos humanidad; pensando que la solidaridad humana no es sino el reconocimiento de una humanidad que nos es com&uacute;n (Rorty, 1991: 207).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que intelectuales y gobernantes conservadores como Samuel P. Huntington o Nicolas Sarkozy se pregunten en pleno siglo XXI lo que significa ser norteamericano o franc&eacute;s, est&aacute; directamente relacionado con el papel que han jugado la nueva relaci&oacute;n entre lo local y lo global, as&iacute; como la inmigraci&oacute;n y urbanizaci&oacute;n en la transformaci&oacute;n de las sociedades modernas. Parece claro que la proximidad y simultaneidad global, aunada a la obsesi&oacute;n contempor&aacute;nea por definirnos y entendernos como distintos, exige una nueva forma de relacionarse con la <i>alteridad.</i> Aunque es evidente que todo "yo" implica "otro", y todo "nosotros" se distingue de un "ellos", la omnipresencia del contacto y conflicto intercultural exige poner nuestra cultura pol&iacute;tica a la altura de los retos que plantea la globalizaci&oacute;n; de ah&iacute; que suscriba la necesidad de reconocer y re&#45;construir al <i>otro,</i> es decir a esa comunidad, religi&oacute;n, naci&oacute;n y/o civilizaci&oacute;n que ha sido inculcada en nuestro imaginario y discurso como "enemiga" o "b&aacute;rbara", lejos de los prejuicios y t&oacute;picos comunes (Maalouf, 2009: 338; Todorov, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un gran reto del <i>otro humanismo</i> de car&aacute;cter pluralista ser&aacute; desacreditar la unilateralidad encubierta del proyecto humanista cl&aacute;sico que, como desnud&oacute; Sloterdijk, oblig&oacute; a sus miembros a la lectura de relatos y textos can&oacute;nicos como parte de un modelo que pretend&iacute;a alcanzar un solo ideal de hombre culto, juicioso o prudente. Adem&aacute;s de su etnocentrismo encubierto, la ingenuidad del humanismo literario cl&aacute;sico ha quedado en evidencia a lo largo de la historia en cr&iacute;menes de <i>lesa humanidad</i> perpetrados por sujetos educados y cultivados con esas lecturas "exquisitas" o "adecuadas". Hoy en d&iacute;a, es dif&iacute;cil seguir sosteniendo aquella premisa idealizada de que la educaci&oacute;n y la lectura correcta, por s&iacute; solas, pueden amansar o erradicar la barbarie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de un di&aacute;logo intercultural no debe desacreditar, sino representar una alternativa para renovar o actualizar al humanismo desde una &oacute;ptica no indiferente a la diversidad cultural. La tensi&oacute;n entre pluralismo y humanismo &#151;reavivada en una &eacute;poca marcada por las pol&iacute;ticas de identidad y reconocimiento&#151; no debe resultar o traducirse en un antihumanismo. Hacerlo ser&iacute;a desechar o ignorar su capacidad para generar, enraizar y extender la posibilidad de di&aacute;logo, conmensurabilidad y solidaridad humana a partir de una <i>educaci&oacute;n sentimental.</i> El reto parece resumirlo Amin Maalouf en un par de preguntas: "&iquest;Sabremos, en los a&ntilde;os venideros, edificar entre los hombres, por encima de todas las fronteras, una solidaridad de un nuevo tipo; universal, compleja, sutil, meditada, adulta? &#91;...&#93;. &iquest;Una solidaridad que pueda trascender las naciones, las comunidades, las etnias, sin acabar con la pl&eacute;tora de las culturas?" (Maalouf, 2009: 237).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para responderlas quiz&aacute; podr&iacute;amos aprender del &eacute;xito del nacionalismo, ya no s&oacute;lo como movimiento pol&iacute;tico, cultural y social, sino en tanto proyecto est&eacute;tico&#45;ideol&oacute;gico capaz de arraigar una potente solidaridad entre sujetos diversos y an&oacute;nimos. Y es que si algo dej&oacute; claro el nacionalismo es que s&oacute;lo es posible vincular a extra&ntilde;os provocando en ellos pasiones o emociones comunes. En este sentido, parece que es tiempo que la filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica supere el trauma que represent&oacute; la nefasta movilizaci&oacute;n de las pasiones por parte de movimientos fascistas durante la II Guerra Mundial y reconsidere moralmente la importancia de una nueva educaci&oacute;n y cultivo de sentimientos como la fraternidad, la solidaridad o la simpat&iacute;a entre extra&ntilde;os. Pensar responsablemente sobre las emociones. El contacto con otras formas e historias de vida a trav&eacute;s de la representaci&oacute;n po&eacute;tica, audiovisual o teatral, son hoy en d&iacute;a necesarias para desechar la implantaci&oacute;n de una idea monol&iacute;tica de lo humano que, sospechosa y peligrosamente, siempre coincide con el imaginario y cosmovisi&oacute;n de las comunidades hegem&oacute;nicas occidentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para interiorizar y dar paso a una ampliaci&oacute;n de las responsabilidades y simpat&iacute;as hacia sujetos de otras culturas, una educaci&oacute;n humanista atenta a la diversidad podr&iacute;a girar alrededor de una lectura com&uacute;n y compartida de ciertos textos pero, a diferencia del humanismo cl&aacute;sico, tendr&aacute; que ampliar su espectro fuera del propio imaginario cultural o nacional. Es decir, que no debe limitarse, como menciona Edward W Said, a ensalzar patri&oacute;ticamente las virtudes de <i>nuestra</i> cultura, <i>nuestro</i> idioma y <i>nuestras</i> grandes obras:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El humanismo es el ejercicio de las propias facultades mediante el lenguaje con el fin de comprender, reinterpretar y lidiar con los productos del lenguaje a lo largo de la historia, <i>de otros lenguajes, y de otras historias.</i> Tal como entiendo hoy en d&iacute;a su relevancia, el humanismo no es un modo de consolidar y afirmar lo que "nosotros" siempre hemos sabido y sentido, sino m&aacute;s bien un medio para cuestionar, impugnar y reformular gran parte de lo que se nos presenta como certezas ya mercantilizadas, envasadas, incontrovertibles y acr&iacute;ticamente codificadas, incluyendo las contenidas en las obras maestras agrupadas bajo la r&uacute;brica de los "cl&aacute;sicos" (Said, 2006: 49).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de lo planteado por Sloterdijk, sostengo que la dimensi&oacute;n literaria no debe ser desechada en la sociedad digital, sino que debe ser reincorporada en los programas de estudio en t&eacute;rminos trans e interculturales; las cartas a los amigos homog&eacute;neos deben ser suplantadas por textos que nos expongan y aproximen ante <i>otros heterog&eacute;neos.</i> Este denso cruce simb&oacute;lico nos permitir&aacute; conocer historias y formas de vida concretas, as&iacute; como familiarizarnos con los h&aacute;bitos y concepciones &eacute;tico&#45;pol&iacute;ticas de sujetos con identidades colectivas diferentes, con los que, cada vez m&aacute;s, compartimos espacios p&uacute;blicos urbanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consecuci&oacute;n de un di&aacute;logo intercultural en sociedades heterog&eacute;neas pasar&aacute; por la capacidad para ser cr&iacute;ticos con la propia cultura, y cultivar h&aacute;bitos que nos permitan reconocer e interesarnos por otras formas e historias de vida. Parte de este cambio implica revalorar el enorme poder y las capacidades morales que tienen sentimientos fundamentales como la amistad, la confianza o la fraternidad en los seres humanos. Factores que, independientemente de sus culturas particulares, no s&oacute;lo incitan a la acci&oacute;n, sino a la identificaci&oacute;n, la familiaridad y la ampliaci&oacute;n de la responsabilidad entre personas y culturas cada vez m&aacute;s interconectadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>HABITUARSE AL RELATO DEL <i>OTRO</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la Guerra Fr&iacute;a se han ido intensificando las cr&iacute;ticas al grandilocuente proyecto del humanismo ilustrado. El contexto antibelicista y anti&#45;segregacionista en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, aunado a la aparici&oacute;n en todo el mundo de un amplio conjunto de voces disidentes por parte de minor&iacute;as y sectores cr&iacute;ticos de esa visi&oacute;n provinciana del universalismo euroc&eacute;ntrico &#151;entre los que sobresalen los estudios poscoloniales y el feminismo&#151;, han producido, a principios del siglo XXI, una fractura y cambio de perspectiva dentro del propio humanismo. Este nuevo pensamiento cr&iacute;tico que ha puesto en cuesti&oacute;n el universalismo homog&eacute;neo y estereotipado del humanismo euroc&eacute;ntrico cl&aacute;sico, ha sido particularmente eficaz para poner en evidencia la parcialidad y pasividad de una doctrina e idea sobre lo humano que, durante siglos, sobrevivi&oacute; sin tener en cuenta la experiencia hist&oacute;rica de las mujeres, los afroamericanos, y diversos grupos marginados o precarios. Como enfatizan los autores del giro decolonial (Castro&#45;G&oacute;mez y Grosfoguel, 2007), el negarnos a escuchar y tomar en cuenta relatos <i>otros</i> es abonar una condici&oacute;n colonial que ha encontrado la forma de subalternizar e inferiorizar al "otro" no europeo hasta hoy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poniendo como caso a los Estados Unidos, Edward Said se&ntilde;ala c&oacute;mo la visi&oacute;n humanista en realidad ha sido cimentada en un concepto de identidad nacional, a&uacute;n vigente, que se restringe exclusivamente a un peque&ntilde;o grupo de la sociedad que no es representativo en la pr&aacute;ctica, pues deja sistem&aacute;ticamente afuera a grandes sectores de la misma. Si esta parcialidad es materia de an&aacute;lisis desde una perspectiva pluralista es porque se contrapone en la pr&aacute;ctica con una sociedad que es cada vez m&aacute;s heterog&eacute;nea y compleja culturalmente debido a las aceleradas migraciones desde m&uacute;ltiples pa&iacute;ses del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este irreversible cambio del paisaje o espectro de nuestras ciudades tiene profundas consecuencias para el humanismo, ya no s&oacute;lo en t&eacute;rminos cuantitativos sino, sobre todo, cualitativos. En contraste con la formaci&oacute;n human&iacute;stica en la que se form&oacute; Said entre 1950 y 1960, es importante que un nuevo humanismo sensible al imperativo que marca la diversidad cultural siga adoptando una actitud reflexiva y autocr&iacute;tica. Como menciona Said, incluso entidades antiguas como Grecia e Israel, est&aacute;n siendo sometidas a saludables revisiones que desacreditan buena parte del ideal o paradigma de la cultura europea. Actualmente son cada vez m&aacute;s los estudios que ponen en evidencia el v&iacute;nculo de estas culturas con otros pueblos; los griegos con los africanos y sem&iacute;ticos, y a la antigua Israel como parte de un crisol complejo de razas que constitu&iacute;an la Palestina multicultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como menciona Said, el universo est&eacute;tico y mental que se basaba ling&uuml;&iacute;stica, formal y epistemol&oacute;gicamente en el entorno europeo de los cl&aacute;sicos &#151;con sus iglesias, imperios, idiomas, tradiciones y obras maestras&#151; y que estuvo acompa&ntilde;ado por un aparato ideol&oacute;gico de producci&oacute;n de c&aacute;nones, s&iacute;ntesis, relevancia y conciencia, ha quedado en evidencia y se ha visto remplazado y/o acompa&ntilde;ado actualmente por un mundo mucho m&aacute;s complejo y diverso en el que confluyen innumerables corrientes contradictorias, incluso antin&oacute;micas y antit&eacute;ticas (Said, 2006: 67).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ilustrar el impacto cultural que ha representado este cambio, Said pone como ejemplo sus propias clases como catedr&aacute;tico en una prestigiosa universidad norteamericana. A diferencia de principios de los a&ntilde;os sesenta cuando comenz&oacute; a dar clases, los alumnos ya no son en su mayor&iacute;a varones arios, sino mujeres y hombres de m&uacute;ltiples comunidades culturales, &eacute;tnicas, y con diversas lenguas:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un hecho universalmente admitido que, mientras que las humanidades sol&iacute;an ser el estudio de los textos cl&aacute;sicos informados por las culturas griegas, romana y hebrea antiguas, hoy d&iacute;a hay un p&uacute;blico mucho m&aacute;s variopinto y de origen verdaderamente multicultural que est&aacute; exigiendo y consiguiendo que se preste atenci&oacute;n a un gran abanico de pueblos y culturas anteriormente descuidados o desatendidos que han invadido el espacio indisputado que otrora ocupaban las culturas europeas (Said, 2006: 66).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El giro pluralista del humanismo ser&aacute; clave pensando en el establecimiento y consolidaci&oacute;n del di&aacute;logo intercultural, porque implica relativizar las respuestas de la propia tradici&oacute;n, y adoptar una mentalidad y relaci&oacute;n abierta con la alteridad. El hecho de que nuestra misma condici&oacute;n humana nos obligue a interpretar constantemente nuestro entorno y forma de vida permite pensar que, en un mundo cada vez m&aacute;s contrastante e interconectado, se deben desarrollar actitudes y habilidades hermen&eacute;uticas que nos permitan observar y enfrentarnos a una realidad cada vez m&aacute;s compleja y diversa desde diferentes perspectivas. De ah&iacute; que sea importante el intento por ser cada vez m&aacute;s sensibles o receptivos a las corrientes hist&oacute;ricas, te&oacute;ricas y a las formas de vida no europeas o norteamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El humanismo euroc&eacute;ntrico y nacionalista debe ser desechado para dar paso a uno en clave posnacional y pluralista, pensando en que no existe, y es in&uacute;til seguir pregunt&aacute;ndose sobre una sola naturaleza humana correcta. Es necesario interiorizar que ninguna sociedad actual puede reducir su identidad hist&oacute;rica y cultural a una &uacute;nica tradici&oacute;n, raza o religi&oacute;n, como un paso para idear una situaci&oacute;n de interacci&oacute;n y convivencia c&iacute;vica de muchas tradiciones, representaciones y relatos que, como han demostrado los comunitaristas, siempre han existido dentro de las fronteras nacionales (Said, 2006: 69).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los retos que tiene <i>otro humanismo</i> a principios de milenio, es proporcionar modelos, h&aacute;bitos mentales y formas de expresi&oacute;n que faciliten o favorezcan la discusi&oacute;n e interacci&oacute;n sim&eacute;trica entre sujetos diversos culturalmente. Algo que s&oacute;lo ser&aacute; posible cuando se pongan en cuesti&oacute;n y eliminen diversos prejuicios que fueron tolerados o incluso impulsados por el humanismo eurocentrista, el nacionalismo o los fundamentalismos religiosos. El primer paso es reconocer, por un lado, la propia hibridaci&oacute;n de nuestra cultura, y por el otro que muchas de las representaciones que tenemos de los <i>otros</i> est&aacute;n viciadas por un v&iacute;nculo o implicaci&oacute;n con el poder, la posici&oacute;n social, la fe o un supuesto destino nacional. De otra forma ser&aacute; dif&iacute;cil aceptar que somos resultado del contacto, ni se pretender&aacute; una comunicaci&oacute;n abierta y simb&oacute;licamente densa con el <i>otro.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El abrirse a otras tradiciones, ayudar&aacute; a romper los estigmas y malas interpretaciones que siguen siendo difundidas y arraigadas, en gran medida, por los sistemas educativos y los medios de comunicaci&oacute;n que, en su mayor&iacute;a, siguen atendiendo a los intereses nacionales. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, por poner un ejemplo claro y reciente, han proliferado y se han radicalizado los discursos que atribuyen o vinculan a los atentados suicidas con un supuesto car&aacute;cter violento del Islam. Estos c&iacute;rculos conservadores han distorsionado la visi&oacute;n de Oriente, e ignorado que existen millones de musulmanes que no son integristas, sino que son personas que no s&oacute;lo condenan tales pr&aacute;cticas sino que han sufrido tambi&eacute;n en carne propia m&uacute;ltiples atentados perpetrados por fundamentalistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las interpretaciones reduccionistas del Islam generalmente olvidan u ocultan las numerosas aberraciones que son y han sido cometidas simult&aacute;neamente por el fundamentalismo jud&iacute;o, cristiano, o hind&uacute;. Las bondades de un humanismo pluralista nos ayudar&iacute;an a ser conscientes y reconocer, por ejemplo, que el actual conflicto no es entre Oriente y Occidente, sino entre este &uacute;ltimo y el fundamentalismo isl&aacute;mico. Es esta incomprensi&oacute;n y prejuicios mutuos los que nos urgen, como menciona Said, a recuperar una de las funciones b&aacute;sicas de la vocaci&oacute;n human&iacute;stica; mantener una perspectiva laica y equilibrada que condene el fanatismo religioso, cualquiera que &eacute;ste sea, y con ello se evite increpar exclusivamente al fundamentalismo ajeno o extranjero (Said, 2006: 73).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como recuerda Said (2006: 76), el humanismo no es un movimiento cultural e intelectual exclusivamente occidental, sino que ha sido desarrollado por tradiciones indias, chinas, africanas, japonesas, etc&eacute;tera, y tampoco se puede negar que la contribuci&oacute;n isl&aacute;mica represent&oacute; un gran impulso en el auge del humanismo; doscientos a&ntilde;os antes de que el humanismo se asentara en la Italia de los siglos XIV y XV, se practicaba ya en las <i>madaris</i> &#151;escuelas y universidades musulmanas&#151; de Sicilia, T&uacute;nez, Bagdad y Sevilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habr&iacute;a que recordar que uno de los ejemplos hist&oacute;ricos m&aacute;s importantes del pluralismo religioso, la tolerancia y el di&aacute;logo intercultural hasta nuestros d&iacute;as se dio en el Al&#45;&Aacute;ndalus medieval. Durante ese periodo conocido como la <i>convivencia,</i> y en una &eacute;poca en que la mayor&iacute;a de Europa viv&iacute;a bajo continuas guerras y un exacerbado fanatismo religioso, C&oacute;rdoba se consolid&oacute; como un espacio ejemplar de con&#45;vivencia cultural y religiosa entre musulmanes, jud&iacute;os y cristianos, tan arm&oacute;nico como plural. En esa ciudad, como en ninguna otra del mundo medieval, se desarrollaron y transmitieron disciplinas como las matem&aacute;ticas, la filosof&iacute;a, la traducci&oacute;n, la astronom&iacute;a, la poes&iacute;a, la arquitectura y otras humanidades (Jahanbehloo, 2007: 69).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no s&oacute;lo C&oacute;rdoba, tambi&eacute;n Toledo, Palermo o Constantinopla se constituyeron como centros urbanos multiconfesionales, y fueron testigos de un enriquecimiento e intercambio intercultural sin precedentes. Aunque estas ciudades estaban controladas por las reglas de la jerarqu&iacute;a cristiana o isl&aacute;mica que, seg&uacute;n el contexto, detentaron el poder, funcionaron por algunos periodos como un oasis de paz y de mutuo reconocimiento multicultural, en medio de largos y cruentos periodos de guerras religiosas. M&eacute;dicos, traductores, comerciantes, diplom&aacute;ticos y cl&eacute;rigos de ambas confesiones religiosas, jugaron un papel predominante en el florecimiento y la gestaci&oacute;n de proyectos culturales realmente cosmopolitas, como universidades y bibliotecas. Proyectos que s&oacute;lo fueron truncados por ambiciones imperialistas de ambas corrientes, generalmente impulsadas por el ascenso y capricho de reyes y l&iacute;deres fundamentalistas.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La educaci&oacute;n intercultural tendr&iacute;a que poner en evidencia la visi&oacute;n unitaria, monocultural y reduccionista de la propia identidad nacional; recuperar y difundir casos hist&oacute;ricos de tolerancia intercultural como el de la Andaluc&iacute;a medieval, pero sobre todo reivindicar y desarrollar el acto de leer, traducir y reflexionar comprensivamente textos relevantes de otras culturas como un medio privilegiado para adoptar e imaginarse en el lugar de <i>otros seres humanos concretos.</i> La lectura, en su dimensi&oacute;n hermen&eacute;utica, conlleva la comprensi&oacute;n y re&#45;vivencia de la experiencia personal que est&aacute; estrechamente ligada con un proceso colectivo de transmisi&oacute;n de conocimiento, no s&oacute;lo hist&oacute;rico, sino de h&aacute;bitos, actitudes, emociones, conductas y sentimientos (Dilthey, 1978: 239); es decir, de forma de ver la vida. El humanismo pluralista tendr&iacute;a que buscar que los sujetos se habit&uacute;en a ponerse en el lugar de personas con entornos, itinerarios y circunstancias de vida muy distintos. Entre m&aacute;s satanizados por los discursos nacionales o religiosos heredados mejor. Desde esta perspectiva, m&aacute;s que fundamentarse en normas y principios abstractos, la &eacute;tica intercultural tendr&iacute;a que ser sensible y saber valorar a las diversas manifestaciones de lo humano, as&iacute; como saber apreciar los casos y experiencias humanas concretas, sin que esto represente dejar de ser cr&iacute;tico con ellas.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL UNIVERSALISMO POR&#45;VENIR</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sentimiento de pertenencia a una cultura mundial, como podr&iacute;a ser la democr&aacute;tica o la de la defensa de los Derechos Humanos, sugiere la idea del di&aacute;logo intercultural y una disposici&oacute;n a acoger y administrar las diferencias culturales, religiosas y &eacute;tnicas. Como menciona Ramin Jahanbehloo, la diversidad s&oacute;lo se podr&aacute; garantizar en un espacio en el que se reconozca su valor en un contexto en el que las distintas identidades culturales muestren inter&eacute;s por la cultura humana en su conjunto. La cosmopolitizaci&oacute;n e interconexi&oacute;n del mundo nos obliga a informarnos e imaginarnos en el lugar de otras formas culturales, especialmente, como dije, de aquellas sistem&aacute;ticamente estigmatizadas y/o con las que se mantiene un contacto m&aacute;s pr&oacute;ximo o estrecho. El desarrollo de una cultura de di&aacute;logo hermen&eacute;utico y &eacute;tico en el que los interlocutores traten de aprender de otras culturas nos impele a hallar una &eacute;tica de comprensi&oacute;n mutua que fomente el cultivo de disposiciones y valores compartidos por todos los ciudadanos. Tenemos la necesidad de entendernos y deliberar entre diversos. La comunicaci&oacute;n intercultural presupone que cualquier individuo puede entrar y salir de cualquier sistema de valores, incluyendo el suyo propio, por m&aacute;s dif&iacute;cil u obtuso que esto resulte de entender por parte de relativistas culturales y nacionalistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reconocer a cada ser humano como un interlocutor permite pensar en la posibilidad de plantear lugares comunes, al margen de la diversidad cultural manifiesta, para el establecimiento del di&aacute;logo intercultural. Esta din&aacute;mica, implica la adopci&oacute;n de un universalismo interactivo atento a la diversidad cultural. Como menciona Seyla Benhabib, m&aacute;s que centrarse en una suerte de racionalidad com&uacute;n, la pretensi&oacute;n de universalidad debe centrar sus objetivos en la ampliaci&oacute;n del juicio y la profundizaci&oacute;n del encuentro, interpretaci&oacute;n y di&aacute;logo con <i>otras</i> experiencias, cosmovisiones y formas de vida particulares:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El universalismo interactivo reconoce la pluralidad de modos de ser humano, y las diferencias entre seres humanos, sin avalar todas estas pluralidades y diferencias como v&aacute;lidas moral y pol&iacute;ticamente. Si bien admite que las disputas normativas pueden solucionarse racionalmente, y que la equidad, la reciprocidad y alg&uacute;n procedimiento de universalizabilidad son constituyentes, es decir, condiciones necesarias del punto de vista moral, el universalismo interactivo ve <i>la diferencia como un punto de partida</i> para la reflexi&oacute;n y la acci&oacute;n. En este sentido la "universalidad" es un ideal regulativo que no niega nuestra identidad materializada y enraizada, sino que apunta a <i>desarrollar actitudes morales y alentar transformaciones pol&iacute;ticas</i> que puedan producir un punto de vista aceptable para todos (Benhabib, 2006: 176. Cursivas m&iacute;as).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s que en principios o nociones abstractas y ahist&oacute;ricas de ser humano, el universalismo democr&aacute;tico interactivo debe apelar a la responsabilidad e imaginaci&oacute;n individual para ponerse en el lugar de <i>otro concreto</i> (Benhabib, 2006: 182&#45;183). Esta ampliaci&oacute;n o mirada cosmopolita requerir&aacute;, m&aacute;s que de normas y principios imperativos, del contacto con historias de vidas concretas &#151;y diferentes a las nuestras&#151; que permitan destruir los estereotipos y prejuicios que frecuentemente impiden despertar el reconocimiento, la simpat&iacute;a y la solidaridad entre seres culturalmente distintos. La ampliaci&oacute;n de nuestro universo u horizonte moral requiere de ejemplos que nos inciten a encarnar, aunque sea por unos minutos, otros escenarios y formas de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como Judith Butler, entiendo que el ser capaz de reconocer que los patrones de universalidad &#151;incluyendo la idea de lo humano contemplada en la ampliamente aceptada noci&oacute;n de Derechos Humanos&#151;, corresponden o han sido hist&oacute;ricamente determinados, constituye una forma de exponer y aceptar los l&iacute;mites de los conceptos de universalidad actuales. Para Butler, la disposici&oacute;n a revisar constantemente los patrones existentes, desde una perspectiva m&aacute;s amplia e incluyente, no es en modo alguno una empresa autodestructiva, sino crucial para el futuro de la propia democracia:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importante tarea que nos plantea la diferencia cultural no es otra que articular la universalidad a trav&eacute;s de un dif&iacute;cil proceso de traducci&oacute;n. Esta tarea pretende transformar los t&eacute;rminos mismos de que est&aacute; formada la universalidad y darles nueva significaci&oacute;n; de ah&iacute; que el movimiento de esa transformaci&oacute;n no anticipada establezca <i>el universal como aquello que todav&iacute;a ha de lograrse</i> y que, a fin de resistir a la domesticaci&oacute;n, nunca se podr&aacute; lograr de forma total y definitiva (Butler, 1999: 66. Cursivas m&iacute;as).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos interculturales es muy sugerente vincular estrechamente esta noci&oacute;n de universalismo <i>siempre por articular</i> con la tarea de la <i>traducci&oacute;n cultural,</i> entendida como un proceso que permite comprender, dentro de las diferentes afirmaciones del universal que pueden entrar en juego, qu&eacute; versiones del universal se proponen, y en qu&eacute; tipo de exclusiones se basan. Esta actualizaci&oacute;n interactiva y hermen&eacute;utica de la &eacute;tica, ajena al rigorismo &eacute;tico de principios, permite argumentar que los seres humanos no s&oacute;lo son capaces de abstraer y razonar, sino de disponer de ciertos h&aacute;bitos y capacidades morales, emocionales y cognitivas que les permiten traducir o interpretar las concepciones de bien o justicia del <i>otro.</i> En este sentido, como menciona Butler, lo que todav&iacute;a no ha sido "aprehendido" por el universal es lo que esencialmente lo constituye (Butler, 1999); un ejercicio hermen&eacute;utico de traducci&oacute;n que enfatiza el desaf&iacute;o de incluir y contemplar a quienes no est&aacute;n comprendidos en &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mirada de <i>otro humanismo</i> &#151;pluralista con disposici&oacute;n a entrar en contacto con la alteridad&#151; es apropiada para combatir o erradicar aquellos prejuicios y estereotipos que el nacionalismo y el fundamentalismo religioso han edificado en torno al <i>otro,</i> en teor&iacute;as tan monol&iacute;ticas, parciales y beligerantes como <i>el choque de civilizaciones</i> de Huntington.<sup><a href="#notas">4</a></sup> En una &eacute;poca en que el <i>riesgo</i> (Beck, 2005) se ha consolidado como el elemento que priva en el discurso y los imaginarios colectivos &#151;ejemplo y consecuencia son los ej&eacute;rcitos que se movilizan e invaden naciones en busca de un solo sujeto, la aprobaci&oacute;n de una ley demencial y racista en Arizona, o la expulsi&oacute;n de los gitanos de Francia&#151;, urge reflexionar de una forma cr&iacute;tica sobre los excesos y las contradicciones de la praxis pol&iacute;tica hegem&oacute;nica en Occidente. El tr&aacute;nsito de la mera coexistencia a la con&#45;vivencia y di&aacute;logo democr&aacute;tico pasa por reconocer las limitaciones de la propia perspectiva, as&iacute; como desarrollar nuestra capacidad para interpretar e imaginarnos en el lugar del <i>otro</i> en el sentido del pensamiento ampliado <i>(enlarged thought)</i> que plantea Hannah Arendt, y lejos de los estereotipos y prejuicios heredados. Re&#45;construirnos entre diversos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posibilidad de reconocer la humanidad del <i>otro</i> no pasa por la homogeneizaci&oacute;n o estandarizaci&oacute;n de una supuesta esencia humana, sino por aceptar la pluralidad radical como aquello que tenemos en com&uacute;n; de otra forma no podremos compartir temas y sensibilidades comunes entre sujetos y comunidades diferentes. Humanizarnos, desde esta perspectiva, radicar&iacute;a en el hecho de reconocernos mutuamente como interlocutores, y con ello en desarrollar la disposici&oacute;n y el esfuerzo por traducir, interpretar y encontrar sentido a las m&uacute;ltiples representaciones e imaginarios culturales que nos rodean.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consecuci&oacute;n del di&aacute;logo intercultural, en este sentido, est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a un h&aacute;bito o disposici&oacute;n cosmopolita por parte de los sujetos culturales involucrados por interpretar y ponerse en el lugar del <i>otro.</i> Un esfuerzo que permite conocer y comprender las distintas variables de lo humano. El hecho de que el punto de vista del universalismo generalmente haya estado sustentado por conceptos, principios, normas y puntos de vista abstractos, neutros o imparciales, ha representado, dentro de la filosof&iacute;a moral, una marginaci&oacute;n de la experiencia, sensibilidad y forma de vida particular de los sujetos concretos. Esta renuncia a profundizar en la contingencia y el contexto, debe ser cuestionada por toda perspectiva &eacute;tica pluralista que busque, a la luz de la globalizaci&oacute;n y cosmopolitizaci&oacute;n, ya no la mera indiferencia o tolerancia entre comunidades cerradas, sino una comunicaci&oacute;n e interacci&oacute;n real entre sujetos diversos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anderson, B. (2007), <i>Comunidades imaginadas,</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (FCE).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864221&pid=S1870-0063201100020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benhabib, S. (2006), <i>El ser y el otro en la &eacute;tica contempor&aacute;nea,</i> Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864223&pid=S1870-0063201100020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beck, U. (2005), <i>La mirada cosmopolita o la guerra es la paz,</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864225&pid=S1870-0063201100020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Butler, J. (1999), "La universalidad de la cultura", en Marta Nussbaum, <i>Los l&iacute;mites del patriotismo. Identidad, pertenencia y "ciudadan&iacute;a</i> <i>mundial",</i> compilado por Joshua Cohen, Barcelona: Paid&oacute;s, pp. 59&#45;66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864227&pid=S1870-0063201100020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castro&#45;G&oacute;mez, S., Grosfoguel, R. (eds.) (2007), <i>El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epist&eacute;mica m&aacute;s all&aacute; del capitalismo global,</i> Bogot&aacute;: Siglo del Hombre/Instituto de Estudios Contempor&aacute;neos&#45;Universidad Central/Instituto de Estudios Sociales y Culturales&#45;Pontificia Universidad Javierana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864229&pid=S1870-0063201100020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dilthey, W (1978), <i>El mundo hist&oacute;rico,</i> M&eacute;xico: FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864231&pid=S1870-0063201100020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jahanbehloo, R. (2007), <i>Elogio a la diversidad,</i> Barcelona: Arcadia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864233&pid=S1870-0063201100020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maalouf, A. (2009), <i>El desajuste del mundo,</i> Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864235&pid=S1870-0063201100020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nussbaum, M. C. (2008), <i>Paisajes del pensamiento,</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864237&pid=S1870-0063201100020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Shea, S., (2006), <i>Sea of Faith: Islam and Christianity in the Medieval Mediterranean,</i> Londres: Profile Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864239&pid=S1870-0063201100020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rorty, R., (2000), <i>Verdad y progreso,</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864241&pid=S1870-0063201100020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1991), <i>Contingencia, iron&iacute;a y solidaridad,</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864243&pid=S1870-0063201100020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Said, E. W, (2006), <i>Humanismo y cr&iacute;tica democr&aacute;tica,</i> Barcelona: Debate.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864245&pid=S1870-0063201100020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sloterdijk, P. (1999), "Reglas para el parque humano. Una respuesta a la <i>Carta sobre el humanismo".</i> Versi&oacute;n en l&iacute;nea disponible en <a href="http://cinosargo.bligoo.com/content/view/501153/Normas&#45;para&#45;el&#45;parque&#45;humano&#45;Peter&#45;Sloterdijk.html#content&#45;top" target="_blank">http://cinosargo.bligoo.com/content/view/501153/Normas&#45;para&#45;el&#45;parque&#45;humano&#45;Peter&#45;Sloterdijk.html#content&#45;top</a>. 6 de junio de 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864247&pid=S1870-0063201100020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todorov, T. (2008), <i>El miedo a los b&aacute;rbaros,</i> Barcelona: C&iacute;rculo de Lectores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864249&pid=S1870-0063201100020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ulrich Beck reflexiona sobre la necesidad de establecer una diferenciaci&oacute;n entre globalizaci&oacute;n y lo que denomina <i>cosmopolitizaci&oacute;n,</i> entendida como el proceso multidimensional, forzoso e involuntario que se plasma en la <i>praxis,</i> con la institucionalizaci&oacute;n de movimientos globales como el reconocimiento universal de los derechos humanos, la protecci&oacute;n al medio ambiente y la consolidaci&oacute;n de organismos y empresas trasnacionales. Desde este punto de vista, la cosmopolitizaci&oacute;n de las relaciones sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas es una condici&oacute;n o denominador com&uacute;n que determina la realidad interdependiente e interconectada que caracteriza al siglo XXI. Un fen&oacute;meno que no debe identificarse o reducirse con el globalismo econ&oacute;mico de mercado que defiende el neoliberalismo. Tanto las organizaciones supranacionales como los movimientos antiglobalizaci&oacute;n, son indicios o conatos de un cosmopolitismo interiorizado que pone de manifiesto el hecho, hist&oacute;ricamente irreversible, de que los seres humanos de distintas ciudades y localidades del globo viven ya en una <i>relaci&oacute;n de interdependencia</i> real que incide en sus vidas cotidianas (Beck, 2005: 19).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Los m&uacute;ltiples conflictos de interpretaciones religiosas, plenamente manifestadas en las cruzadas medievales o en la <i>Jihad</i> y <i>Fatwa</i> vigentes, han eclipsado en el imaginario colectivo moderno momentos hist&oacute;ricos suficientemente amplios y bien documentados para demostrar que jud&iacute;os, musulmanes y cristianos han convivido pac&iacute;fica y fruct&iacute;feramente mediante relaciones de mutua comprensi&oacute;n y respeto. Conocer y difundir estos procesos y coyunturas hist&oacute;ricas, representar&iacute;a alejarse de una postura maniquea y estigmatizadora del <i>otro.</i> V&eacute;ase por ejemplo O'Shea (2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para Rorty la gran utilidad e innovaci&oacute;n de Freud radica en su capacidad de apartarnos de lo universal y dirigirnos hacia lo concreto, disuadi&eacute;ndonos de encontrar verdades universales, creencias imprescindibles, y orientarnos a las contingencias personales de nuestro pasado individual y a las ciegas marcas que nuestras acciones llevan y terminan representando para el individuo en un elemento crucial para la percepci&oacute;n de s&iacute;, pero tambi&eacute;n pueden ser comunes a los miembros de una comunidad hist&oacute;ricamente condicionada (Rorty, 1991: 54&#45;57).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En este sentido, no es fortuito el gran recibimiento que tuvo entre los islamistas esta conocida tesis de Huntington. Al respecto, Todorov recuerda que en 2001 un periodista de Al&#45;Yazira le pregunt&oacute; a Osama Bin Laden su opini&oacute;n acerca del "choque de las civilizaciones" a lo que &eacute;ste respondi&oacute;: "No hay la menor duda al respecto. El 'choque de civilizaciones' es una historia muy clara, que demuestra el Cor&aacute;n y las tradiciones del Profeta, y ning&uacute;n verdaderamente creyente que proclame su fe deber&iacute;a dudar de estas verdades" (Todorov, 2008: 135).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Enrique D&iacute;az &Aacute;lvarez.</b> Es licenciado en Ciencias Pol&iacute;ticas por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y Doctor en Filosof&iacute;a por la Universidad de Barcelona. Su l&iacute;nea de investigaci&oacute;n gira alrededor de la hermen&eacute;utica intercultural; la forma de vida y el espacio p&uacute;blico urbano; y la literatura como forma de expresi&oacute;n pol&iacute;tica. Recientemente public&oacute; una entrevista a Chantal Mouffe: "El sistema democr&aacute;tico funciona sobre la base de reconocer al <i>otro</i> como adversario" para la secci&oacute;n "Masa Cr&iacute;tica" de la Revista <i>Barcelona Metr&oacute;polis.</i></font></p>      ]]></body><back>
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