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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Como si yo fuera otro</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Hugo Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Pitol, S. (2010), <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada (ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones)</i>, M&eacute;xico: Almad&iacute;a.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>*</i></sup> <i>Profesor Investigador de la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM).</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:plomo@mexico.com">plomo@mexico.com</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"En todo lo que he escrito me presento por todas partes" (p. 46), afirma Sergio Pitol en <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada</i>, cuyo subt&iacute;tulo recuerda la previa existencia de otras dos autobiograf&iacute;as suyas tambi&eacute;n sin desperdicio: <i>El arte de la fuga</i> (M&eacute;xico: Era, 1996), y <i>Autobiograf&iacute;a precoz</i>, reimpresa en <i>Obras reunidas</i> (vol. IV, M&eacute;xico: FCE, 2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuenta Daniel Sada que Pitol "ense&ntilde;a a sus lectores a amar lo que &eacute;l ama". Los seis ensayos que componen <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada</i> reinciden en ese magisterio. Gui&ntilde;os, m&aacute;s que eso, declaraciones de amor a Ch&eacute;jov, Tolstoi, Gogol ("mis &aacute;ngeles tutelares"), Dickens, Mann, Conrad, Borges, Svevo y muchos m&aacute;s, colman relatos cuya excepcionalidad es doble: la de la cr&iacute;tica literaria que en Pitol alcanza notas de aguda y oblicua transparencia; y la de una invitaci&oacute;n a leer sin prisa ni programa pero con la militancia y pasi&oacute;n del esteta. La confesi&oacute;n es plena: "soy hijo de la lectura" (p. 12). &iquest;Por qu&eacute; Pavese, Schulz, Cervantes, Gald&oacute;s, Rulfo, Tabucchi, Bellow? Mi narrativa se hunde en ellos; soy ellos, insiste un generoso Pitol que ense&ntilde;a a amar a Alfonso Reyes: "En una &eacute;poca de ventanas y puertas cerradas, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes. Evocarlo me hace recordar uno de sus primeros cuentos: <i>La cena</i>. Buena parte de lo que m&aacute;s tarde he hecho no es sino un mero juego de variaciones sobre aquel relato" (p. 104).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La habilidad de Pitol para contagiar alegr&iacute;a por la literatura, despierta en quien lo lee curiosidad por enterarse de los signos y horizontes de una obra reconocida con el Premio Cervantes. <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada</i> es noble tambi&eacute;n en esas se&ntilde;ales. Mi literatura, escribe Pitol, es fruto de experiencias de viajes y de los libros le&iacute;dos y rele&iacute;dos. Aqu&iacute;, como tambi&eacute;n en otros de sus t&iacute;tulos (<i>Pasi&oacute;n por la trama</i>, <i>El viaje</i>, <i>El mago de Viena</i>, <i>El arte de la fuga</i>), Pitol sit&uacute;a y comparte el efecto sobre su escritura de un elemento crucial: el viaje y la extranjer&iacute;a que sus desplazamientos buscaron. Viajar para perder pa&iacute;ses, certezas y hasta im&aacute;genes de uno mismo, escribi&oacute; Pitol en <i>El arte de la fuga</i>. "Me mov&iacute; siempre al azar para perderme" (p. 59), pues "de la &uacute;nica influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo" (p. 114), frasea con los mismos acentos y elocuencia en <i>Una</i> a<i>utobiograf&iacute;a soterrada</i>. Son, explica quien fuese diplom&aacute;tico en Par&iacute;s, Mosc&uacute;, Praga y Budapest, 28 a&ntilde;os de residencia en Europa e incluso China a los que, cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s, Pitol observa sin nostalgias ("M&aacute;s valdr&iacute;a un voto de no dirigir nunca la mirada hacia atr&aacute;s. Se corre el riesgo de que esa vuelta se transforme en un acto de penitencia o expiaci&oacute;n, o llegue uno a enternecer ante inepcias que deber&iacute;an avergonzarlo", <i>Pasi&oacute;n por la trama</i>, p. 18), pero s&iacute; con un punto de genuino y divertido asombro. "Me pasma el joven que he sido. Utilizar&eacute; la tercera persona <i>como si yo fuera otro</i>", apunta Pitol en <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada</i> (p. 24), para despu&eacute;s narrar las haza&ntilde;as de un joven que, llegado en 1953 a La Habana, vivir&iacute;a en "El Shangai" una exultante juerga por la que al d&iacute;a siguiente llevar&iacute;a unos zapatos que no eran los suyos. "Salvo <i>Tiempo cercado</i>, todos mis libros fueron escritos en el extranjero. Enviaba mis manuscritos a las editoriales de M&eacute;xico, y un a&ntilde;o m&aacute;s o menos despu&eacute;s recib&iacute;a yo los primeros ejemplares" (p. 48), recuerda un Pitol que en el viaje constante, el oficio de traductor y la ignorancia de las modas o grupos intelectuales de M&eacute;xico, cifra la feliz pero esmerada aprehensi&oacute;n de su estilo: "Era como escribir en el desierto, y en esa soledad casi absoluta fui descubriendo mis procedimientos y midiendo mis fuerzas &#91;...&#93;. Cada autor ha de crear su propia po&eacute;tica. Cada uno constituir&aacute;, o tal vez sea mejor decir encontrar&aacute;, la forma que su escritura requiera, ya que sin la existencia de una forma no hay narrativa posible" (pp. 48, 105).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que Pitol ha escrito cinco novelas, tantos y cuantos ensayos y cuentos, es un dato que <i>Una autobiograf&iacute;a soterrada</i> instrumenta como p&oacute;rtico hacia lo m&aacute;s trascendente: los principios y estructuras, el coraz&oacute;n y la carpinter&iacute;a, de la obra de Pitol. "Las creaturas que he inventado durante medio siglo de trabajo", explica el autor de <i>La vida conyugal</i> ("novela que describe 40 a&ntilde;os de alegre descomposici&oacute;n matrimonial", p. 89), no habr&iacute;an sido posibles sin el concurso de dos elementos pegados a su piel: una concepci&oacute;n de la realidad "diferente a un aspecto deficiente y parasitario de la existencia, alimentado por el conformismo, la mala prensa, los discursos pol&iacute;ticos, los intereses creados y las telenovelas" (<i>Pasi&oacute;n por la trama</i>, p. 21); y el ensamble de relatos bajo una estructura siempre misteriosa, nunca fija sino provocativa y enga&ntilde;osamente inacabada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La novela, parafrasea Pitol a Henry James, "es una impresi&oacute;n personal y directa de la vida" (p. 106). Pero sucede que un escritor, para serlo, produce "mentiras verdaderas" (Vargas Llosa) que sue&ntilde;an lo real y confunden los planos de lo cierto e imaginado. "La verdad no es necesariamente lo contrario de la ficci&oacute;n", dice Juan Jos&eacute; Saer. "Una autobiograf&iacute;a es una ficci&oacute;n entre muchas posibles", considera Enrique Vila&#45;Matas, el escritor catal&aacute;n que publicara una entrevista a Marlon Brando que imagin&oacute; tanto que no sabe ya si fue verdad o deseo. Pitol, que en sus primeros cuentos concibiera una ciudad (San Rafael) para sus personajes, pertenece a esa tribu de prestidigitadores literarios (Onetti, Faulkner, Rulfo, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Monterroso) capaces de inventarse un pueblo, un universo entero, en el que la vida y la ficci&oacute;n resultan inseparables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"A&uacute;n y siempre considero la realidad como la madre de la imaginaci&oacute;n" (p. 41). Sin tramas literarias, a&ntilde;ade Pitol, "la vida me ha parecido siempre disminuida. Contar cosas reales y deshacer y al mismo tiempo potenciar su realidad ha sido mi vocaci&oacute;n" (p. 112). "El hijo de Lenin era un cuento" es una an&eacute;cdota de Vila&#45;Matas perfecta para comprobar el sue&ntilde;o de lo real donde Pitol teje sus historias. Por un mes, recuerda Vila&#45;Matas, cre&iacute; conocer y acompa&ntilde;ar en Varsovia al hijo natural de Lenin. Luego supe que no era hijo de Lenin, que hab&iacute;a sido un invento de Sergio. "Pero la lecci&oacute;n ya estaba all&iacute;. Una lecci&oacute;n que ven&iacute;a a decirme que los personajes reales pueden llegar a convertirse en cuentos" (Pr&oacute;logo de Vila&#45;Matas a <i>Los mejores cuentos</i> de Sergio Pitol, Barcelona: Anagrama, p. 14). Cincuenta a&ntilde;os de ficci&oacute;n validan as&iacute; que la vida sea para el escritor un sin&oacute;nimo de literatura, ensue&ntilde;os y prodigios: "percibo que la realidad y la imaginaci&oacute;n han calmado sus agravios, ambas instancias han cedido su prepotencia, los ant&oacute;nimos se han disuelto &#91;...&#93; todo escritor sabe que el instinto y la inspiraci&oacute;n son sus mayores armas, las fuerzas secretas de la raz&oacute;n" (pp. 41, 54).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la estructura es lo que decide la suerte de una novela, las de Pitol, construidas y rehechas para capturar los enigmas de la realidad,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;E&#93;stablecen una oquedad en cuyo torno se mueven los personajes. El vac&iacute;o al que reiteradamente me refiero y del que depende el destino de los protagonistas jam&aacute;s se aclara. Instalo en el relato una ambig&uuml;edad y una que otra pista, casi siempre falsa. Necesito crear una realidad permeada por la niebla &#91;...&#93;. La estructura debe ser muy firme para que esa vaguedad que me interesa no se transforme en caos. La historia debe contarse y recontarse desde &aacute;ngulos distintos y en ella cada cap&iacute;tulo tiene la funci&oacute;n de aportar nuevos elementos a la trama y, a la vez, desdibujar y contradecir el bosquejo que los precedentes han establecido (pp. 66, 107).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los relatos de Pitol, ha detectado Juan Villoro, son prolijos en entresijos subterr&aacute;neos cuya especialidad es la distorsi&oacute;n de la realidad. Atender las claves de lectura que el propio Pitol desliza en esta <i>Autobiograf&iacute;a</i> provocar&aacute; en el lector, testigo implicado soy de ello, el regreso a relatos que gozamos tal vez sin aquilatar toda la belleza de una geometr&iacute;a pulida que persigue la sorpresa: "ninguna novela, ni la casi totalidad de mis cuentos, concluyen definitivamente. El final queda siempre abierto. Pero es necesario proporcionarle al lector un pu&ntilde;ado de opciones" (p. 69). <i>Vals de Mefisto</i>, un cuento magistral donde un instante de lucidez puede derruir lo m&aacute;s querido, merece, como <i>El oscuro hermano gemelo</i>, <i>Hacia Varsovia</i> y tantos otros cuentos, una segunda visita y estudio. Cinco veces habr&iacute;a que leer <i>Nocturno a Bujara</i>, recomienda Vila&#45;Matas al elegir su cuento preferido de Pitol. Como un viaje fascinante hacia una identidad que no es una sino varias, valdr&iacute;a leer una, dos, tres veces, esta <i>Autobiograf&iacute;a soterrada</i> que ampl&iacute;a, rectifica y desacraliza (para que sobre la literatura no quede sospecha de futilidad) las reales avenidas, poderes y dividendos de la ficci&oacute;n. La literatura, lo dec&iacute;a todo Piglia, "es una forma privada de la utop&iacute;a" donde Pitol, como antes Pessoa, dinamita &#151;porque so&ntilde;ar y ser feliz lo vale&#151; el mito de la personalidad individual. "Soy consciente de que al tratarme como sujeto o como objeto mi escritura queda infectada por una plaga de imprecisiones, errores, desmesuras u omisiones. Persistentemente me convierto en otro" (p. 45).</font></p>      ]]></body>
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