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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n del <i>Dossier</i>: Crisis financiera, crisis estructural</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nuevo siglo pareci&oacute; empezar con buenas perspectivas. La corriente dominante en el pensamiento econ&oacute;mico y en el pol&iacute;tico se hab&iacute;a concentrado en la producci&oacute;n de modelos matem&aacute;ticos capaces de controlar el riesgo involucrado en inversiones financieras de diverso tipo. Se repartieron muchos premios Nobel a economistas que produjeron modelos, que luego usaron para fundar fondos de inversi&oacute;n. Para esa corriente de pensamiento las depresiones econ&oacute;micas hab&iacute;an sido superadas. En 2007, los economistas y pol&iacute;ticos adscritos al pensamiento dominante tuvieron que reconocer que una crisis recesiva no s&oacute;lo era posible, sino que hab&iacute;a irrumpido sin que se dieran cuenta y, por tanto, no hab&iacute;an hecho nada para evitarlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estallido de la burbuja inmobiliaria en agosto de 2007 marc&oacute; el inicio de una fase recesiva s&oacute;lo comparable a la de 1929 por varias razones: primero, porque la recesi&oacute;n no se circunscribi&oacute; a un pa&iacute;s, o a un grupo de pa&iacute;ses, como hab&iacute;a ocurrido en las crisis anteriores. Segundo, en esta crisis la recesi&oacute;n se generaliz&oacute; pr&aacute;cticamente a todos los pa&iacute;ses. Tercero, tuvo un rasgo distintivo de enorme importancia: su epicentro no se localizaba en alg&uacute;n pa&iacute;s emergente. Por el contrario, su origen estuvo en Estados Unidos y otros pa&iacute;ses desarrollados. Cuarto, su profundidad, es decir, la disminuci&oacute;n de los niveles de producci&oacute;n y la destrucci&oacute;n de puestos de trabajo, era similar a la de 1929, e incluso en ciertos indicadores esa disminuci&oacute;n era a&uacute;n mayor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis, pues, estaba de nuevo presente, con las caracter&iacute;sticas que, seg&uacute;n el pensamiento hegem&oacute;nico de los centros acad&eacute;micos de los pa&iacute;ses desarrollados, el avance cient&iacute;fico hab&iacute;a superado. Es significativo que uno de los economistas de reconocida influencia en la academia estadounidense, laureado con el premio Nobel, hubiera afirmado que el estudio de las depresiones s&oacute;lo ten&iacute;a sentido para los historiadores, ya no para los economistas o polit&oacute;logos. En 2007, el colapso econ&oacute;mico se volvi&oacute; de inmediato un colapso de ese pensamiento dominante y, con ello, regresaron a la discusi&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica los planteamientos de autores, como Marx, Keynes, Kalecki, Minsky y otros m&aacute;s, que sosten&iacute;an que las crisis, recesiones y depresiones eran inherentes al funcionamiento de las econom&iacute;as capitalistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera que, para esta importante corriente de pensamiento, resultaba indispensable que se establecieran organizaciones e instituciones con el cometido expreso de evitar que las crisis se convirtieran en depresiones. As&iacute; hab&iacute;a ocurrido despu&eacute;s de la Gran Depresi&oacute;n de 1929 a 1933, cuando los gobiernos, los bancos centrales y organismos estatales creados <i>ex profeso</i>, a partir de leyes, normas de operaci&oacute;n y arreglos pol&iacute;ticos tuvieron a su cargo evitar que la crisis ocurriera de nuevo. Lo hicieron exitosamente durante 35 a&ntilde;os y el mundo vivi&oacute; lo que se denomin&oacute; su edad de oro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los problemas fiscales de los gobiernos y la incapacidad para seguir cumpliendo con los compromisos del Estado benefactor llevaron al agotamiento de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de inspiraci&oacute;n keynesiana. Las viejas propuestas liberales &#151;planteadas a finales del siglo XIX, se repitieron antes de la crisis de 1929 y, otra vez, despu&eacute;s del fin de la segunda guerra mundial&#151; cobraron fuerza y lograron que el cuestionamiento de la visi&oacute;n de un Estado con responsabilidades en la conducci&oacute;n del rumbo econ&oacute;mico se convirtiera en un valor aceptado por casi todos los actores pol&iacute;ticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reapareci&oacute; con renovada energ&iacute;a la visi&oacute;n de que los mercados deb&iacute;an funcionar libremente y que el equilibrio al que llegar&iacute;an con la operaci&oacute;n de la fuerza desigual de los participantes en cada mercado se acercar&iacute;a al &oacute;ptimo. Esta nueva visi&oacute;n liberal, de all&iacute; su designaci&oacute;n de neoliberales, se impuso pol&iacute;ticamente y los diversos mercados fueron liberados de manera sucesiva. En particular, en el mercado financiero desde finales del siglo XX fueron elimin&aacute;ndose instituciones centrales para el control de los riesgos bancarios y financieros. Las restricciones establecidas para que los bancos comerciales no tomaran riesgos por encima de un m&uacute;ltiplo definido de su capital se levantaron, permiti&eacute;ndoles operar con las libertades normativas de los bancos de inversi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La atenci&oacute;n de la academia y de las fuerzas pol&iacute;ticas dominantes se concentr&oacute; en la expansi&oacute;n de las actividades financieras, dedicando un empe&ntilde;o especial en producir innovaciones que fueran operativas en tiempo real en el mundo entero. Se desarrollaron, adem&aacute;s, modelos matem&aacute;ticos para evaluar el riesgo crediticio, entendido como una funci&oacute;n predecible de los resultados probables de miles de casos. Esto funcion&oacute; durante un tiempo, provocando un desplazamiento de las actividades productivas hacia las financieras. La distribuci&oacute;n del ingreso, t&iacute;picamente desigual en el modo de producci&oacute;n capitalista, se concentr&oacute; brutalmente en la c&uacute;spide. Los grandes ricos hab&iacute;an depositado su patrimonio en activos financieros. Hubo una redistribuci&oacute;n hacia las finanzas. La financiarizaci&oacute;n se volvi&oacute; dominante. Esto ha sido denominado de diversas maneras; quiz&aacute;s una de las mejores es la de "capitalismo de los administradores de dinero", formulada por Minsky en uno de sus &uacute;ltimos trabajos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este dossier, <i>Andamios </i>convoc&oacute; a la comunidad acad&eacute;mica a discutir el tema. En las p&aacute;ginas que siguen aparecen reflexiones que, desde diferentes perspectivas, analizan las consecuencias de la crisis. El recorrido no es, por supuesto, exhaustivo. Cubre, sin embargo, un abanico de asuntos de indudable pertinencia. La convocatoria de nuestra revista propone ampliar la discusi&oacute;n, con un planteamiento que no se restrinja a lo financiero, ni siquiera a lo econ&oacute;mico solamente, sino que integre contenidos pol&iacute;ticos, laborales, ambientales, etc&eacute;tera. De su cumplimiento da prueba la selecci&oacute;n de art&iacute;culos que aparecen a continuaci&oacute;n. Publicamos, adem&aacute;s, la traducci&oacute;n de la primera parte de una investigaci&oacute;n de enorme valor, realizada por Clive Dilnot, titulada "El triunfo y los costos de la avaricia", la que se acompa&ntilde;a con una selecci&oacute;n bibliogr&aacute;fica de publicaciones recientes sobre la crisis.</font></p>      ]]></body>
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