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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alegor&iacute;a del patrimonio</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elizabeth Giraldo Giraldo*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Choay, F., <i>Alegor&iacute;a del patrimonio, </i>Barcelona: Gustavo Gili, 2007, 264 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Historiadora egresada de la Facultad de Ciencias Humanas y Econ&oacute;micas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medell&iacute;n. Actualmente cursa estudios de Maestr&iacute;a en Urbanismo, en el &Aacute;rea de An&aacute;lisis, Teor&iacute;a e Historia de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n del patrimonio se nos presenta cada d&iacute;a como una necesidad cultural, a la que las naciones, entidades de apoyo internacional, universidades, t&eacute;cnicos y pensadores de todo el mundo destinan grandes inversiones de dinero, investigaci&oacute;n y conocimiento. Un p&uacute;blico cada vez mayor consume con apetito voraz y visita aquello que del pasado, en este caso patrimonio arquitect&oacute;nico y urbano, se ha logrado conservar mediante enormes inversiones econ&oacute;micas principalmente de los estados. Hoy presenciamos lo que la autora ha denominado un <i>culto al patrimonio, </i>en el que, desde las m&aacute;s peque&ntilde;as localidades con su arquitectura modesta hasta las grandes ciudades con sus conjuntos urbanos, edificios emblem&aacute;ticos y grandes colecciones muse&iacute;sticas, buscan consagrar el pasado, atraer a un p&uacute;blico cada vez m&aacute;s numeroso y adicionalmente obtener cuantiosas ganancias. Para la comprensi&oacute;n de este fen&oacute;meno con alcances mundiales Choay desarrolla una reflexi&oacute;n que va desde lo filos&oacute;fico hasta lo antropol&oacute;gico, pasando por lo hist&oacute;rico, que aclara la distancia conceptual entre monumento y monumento hist&oacute;rico, seguida por la b&uacute;squeda de los or&iacute;genes del monumento hist&oacute;rico, y finaliza con un an&aacute;lisis societal de las consecuencias del tratamiento contempor&aacute;neo sobre el patrimonio y la imperativa necesidad de antropologizarlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MONUMENTO Y MONUMENTO HIST&Oacute;RICO</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monumento es entendido como un acontecimiento cultural que materializa desde su creaci&oacute;n la voluntad de rememoraci&oacute;n de un grupo, que relaciona temporalidades pasadas, presentes y futuras en el devenir de la cultura que lo crea. El monumento contemplado de esta manera hace parte del tiempo vivido de los grupos humanos, cumple una funci&oacute;n predeterminada de memoria, que no requiere de una exaltaci&oacute;n objetivada de su existencia; por el contrario reposa en la evocaci&oacute;n de una memoria viva, posee un mensaje que los distintos actores culturales comprenden desde su aparici&oacute;n y su sucesiva continuaci&oacute;n en el tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La paulatina construcci&oacute;n de la idea de monumento hist&oacute;rico, por el contrario, responde a una transformaci&oacute;n de la forma en que Occidente se relaciona con la entidad tiempo, con su pasado y la memoria. Una ruptura marcada por la constituci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico en Europa implic&oacute; el distanciamiento de la naturaleza, el devenir hist&oacute;rico, y por ende el del hombre en s&iacute; mismo. Bajo los reg&iacute;menes de la conciencia y la raz&oacute;n, la mirada sobre el mundo se fractur&oacute;. Ya el pasado no hac&iacute;a parte de una historia en com&uacute;n, significaba ahora un pasado perdido que pod&iacute;a ser estudiado y clasificado, tra&iacute;do al presente como vestigios de culturas ya perdidas y lejanas. Vestigios que a <i>posteriori, </i>ser&aacute;n valorados por su car&aacute;cter est&eacute;tico o hist&oacute;rico como partes fundacionales de la cultura, pero nunca vueltos a ser creados como parte viva de la memoria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para llegar a este estado del monumento hist&oacute;rico es necesario realizar el mismo itinerario que Choay nos propone, pues para su cristalizaci&oacute;n fue necesario el paso de casi seis siglos no lineales, mediados por la consolidaci&oacute;n del pensamiento moderno en Occidente, con vueltas y venidas para llegar finalmente a su consagraci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MONUMENTO HIST&Oacute;RICO, OR&Iacute;GENES</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la &eacute;poca <i>antiquizante </i>del <i>quatroccento </i>y el proyecto humanista se produce el primer alejamiento con los objetos del pasado como antig&uuml;edades. Es el mismo momento en el que se inician el arte y la historia como actividades aut&oacute;nomas, donde especialmente el arte como historia influy&oacute; en la fractura que posibilit&oacute; la aparici&oacute;n de la noci&oacute;n de monumento hist&oacute;rico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Herederos de esta relaci&oacute;n fracturada con el pasado y del monumento como antig&uuml;edad, con las sucesivas destrucciones en el marco de la Revoluci&oacute;n francesa, se inician los intentos m&aacute;s notables de protecci&oacute;n y conservaci&oacute;n de ese patrimonio construido, que ante la inminente desaparici&oacute;n pasa a ser lugar de defensa, como parte de una historia que se niega por su relaci&oacute;n con el poder destituido, pero que se reivindica al ser parte de la historia de la Francia como naci&oacute;n. Con este hecho se inaugura adem&aacute;s la interpretaci&oacute;n del patrimonio como parte de la historia com&uacute;n de un pueblo, ensamblado en los proyectos de Estado&#150;naci&oacute;n europeos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a otro periodo de destrucci&oacute;n de la ciudad y su arquitectura en el siglo XIX se despliega otro momento significativo en la defensa del patrimonio. Con las consecuencias de la Revoluci&oacute;n Industrial y la sociedad industrializada sobre los tejidos urbanos tradicionales, surgen las reflexiones m&aacute;s influyentes en el pensamiento contempor&aacute;neo en cuanto a conservaci&oacute;n y tratamiento del patrimonio. La autora contrapone dos discursos, el uno franc&eacute;s y el otro ingl&eacute;s, representados por Emmanuel Viollet&#150;leduc y Ruskin; el primero defensor de la intervenci&oacute;n como forma de permanencia del hecho construido, el segundo por el contrario, abogaba por una continuidad "natural" del monumento en el tiempo, lo que conllevaba al envejecimiento normal por el transcurrir de los a&ntilde;os y el uso de los edificios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El recorrido de la consagraci&oacute;n del monumento hist&oacute;rico termina en 1960, momento que la autora se&ntilde;ala como inicio del culto al patrimonio. Desde el momento <i>antiquizante </i>y la ruptura en los a&ntilde;os sesenta, el monumento hist&oacute;rico respond&iacute;a a una relaci&oacute;n objetivada con el pasado. Ahora, en la era digital, ese pasado y ese patrimonio se nos presentan de una manera diferente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL CULTO</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel que juega el patrimonio construido hoy, nos aclara la autora, es una manifestaci&oacute;n profunda de la cultura contempor&aacute;nea, que no se explica suficientemente con los intereses que surgen de la relaci&oacute;n entre consumo, ocio y educaci&oacute;n, como principales aprovechamientos de los bienes culturales. Existe una explicaci&oacute;n profunda que se mueve entre la consternaci&oacute;n causada por el ingreso a las espacialidades digitales, que desarraigan al hombre y alteran su condici&oacute;n espacio&#150;temporal como v&iacute;as de conexi&oacute;n con la vida material y la b&uacute;squeda narcisista de verse a s&iacute; mismo en el espejo del patrimonio como un anclaje real ante la instantaneidad que provocan las nuevas tecnolog&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una especie de conmoci&oacute;n generalizada ante la desmaterializaci&oacute;n de las relaciones sociales, en el contexto de la cultura prot&eacute;tica que cada vez tiene m&aacute;s mediaciones entre el hombre y el mundo, lleva a buscar en ese pasado edificado el tiempo org&aacute;nico menos propio. La autora ve all&iacute; un peligro ante la ilusi&oacute;n de una materialidad falaz que poco tiene que ver con la capacidad edificadora del hombre, que es donde ella encuentra una salida ante la alerta del mundo digitalizado: es volver a la capacidad de articularnos con la tierra y la continuidad del tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la exposici&oacute;n de la autora, quedan cuestionamientos ineludibles: &iquest;es tan generalizada en el mundo esa relaci&oacute;n con el universo digital, o nos referimos a una porci&oacute;n m&iacute;nima de la poblaci&oacute;n con posibilidades de acceder a dichas tecnolog&iacute;as, mientras la gran mayor&iacute;a vive hoy en conexi&oacute;n vital con su entorno? Por otro lado, &iquest;la inmaterialidad de tal estadio cultural contempor&aacute;neo le hace una oposici&oacute;n real al mundo material, o por el contrario hace parte del mismo devenir del tiempo que guarda unas relaciones <i>virtuales </i>y otras <i>reales?; </i>adem&aacute;s, &iquest;no cabe la posibilidad de una simultaneidad de tiempos y espacios en los que el hombre vive como n&oacute;mada fluctuante, con la capacidad tambi&eacute;n de reproducirse culturalmente en cada uno de ellos? Evidentemente la lectura de Choay se centra en los acontecimientos de los pa&iacute;ses llamados del Primer Mundo, especialmente europeos. A nosotros, como investigadores y pensadores latinoamericanos, nos aguarda realizar nuestras propias reflexiones sobre la relaci&oacute;n que mantenemos con el pasado, que a&uacute;n cuando han estado influenciadas por las corrientes europeas, revisten matices que responden a nuestras historias particulares, que nos hacen parecidos pero no iguales a los devenires del mundo europeizante.</font></p>      ]]></body>
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