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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre la crisis de legitimidad del sistema político mexicano: notas para un nuevo acuerdo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre la crisis de legitimidad del sistema pol&iacute;tico mexicano: notas para un nuevo acuerdo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ra&uacute;l Romero*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Rubio, L. y E. Jaime (2008), <i>El acertijo de la legitimidad. Por una democracia eficaz en un entorno de legalidad y desarrollo. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&#150;CIDAC.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Pasante de sociolog&iacute;a. Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cancerbero8311@gmail.com">cancerbero8311@gmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo establecer un marco institucional que a la vez que promueva el desarrollo del pa&iacute;s, sea leg&iacute;timo? &Eacute;sta es la pregunta central que gu&iacute;a la discusi&oacute;n del libro que nos presentan Luis Rubio &#151;doctor en Ciencia Pol&iacute;tica por la Brandeis University, columnista del diario <i>Reforma </i>y presidente del Centro de Investigaci&oacute;n para el Desarrollo A.C. (CIDAC)&#151; y Edna Jaime &#151;Licenciada en Ciencias Sociales por el Instituto Tecnol&oacute;gico Aut&oacute;nomo de M&eacute;xico (ITAM) y columnista del peri&oacute;dico <i>El Economista</i>&#151;, el cual busca desentra&ntilde;ar los or&iacute;genes de la crisis de legitimidad que vive el sistema pol&iacute;tico en M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n los autores, el principal d&eacute;ficit del Estado mexicano es su falta de legalidad, problema que encuentra sus ra&iacute;ces en la propia conformaci&oacute;n del Estado&#150;naci&oacute;n. Al respecto, sostienen que la naci&oacute;n mexicana es producto de una imposici&oacute;n de fuerzas extranjeras, de ah&iacute; que el Estado mexicano no sea fruto de un contrato social a la manera de Rousseau. Dicho de otra forma, M&eacute;xico, al igual que muchos otros pa&iacute;ses que fueron colonias, se caracteriza por contar con estructuras pol&iacute;ticas y legales impuestas por fuerzas externas&#150;superiores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y aunque esto sea cierto, tambi&eacute;n es importante recordar que durante la Colonia &#151;no as&iacute; en la Conquista&#151;, los pueblos originarios que fueron derrotados y asimilados, "reconocieron" las figuras de poder impuestas por la corona espa&ntilde;ola, que tuvo que hacer ciertas concesiones o tolerar formas distintas de organizaci&oacute;n, siempre y cuando &eacute;stas no atentaran contra sus intereses. As&iacute; sucedi&oacute; hasta la Independencia, cuando las clases mestizas, apelando a su soberan&iacute;a y capacidad de autogobierno, reclamaron para s&iacute; las estructuras de poder de la nueva naci&oacute;n. Es decir, la batalla no s&oacute;lo fue por la posesi&oacute;n de los medios de producci&oacute;n, sino tambi&eacute;n vino acompa&ntilde;ada de un discurso de identidad y renovaci&oacute;n de las instituciones pol&iacute;ticas. A esto siguieron a&ntilde;os pol&iacute;ticamente bastante convulsos e inestables: desde conflictos internos (conservadores vs. liberales), invasiones extranjeras (EUA y Francia), hasta la pretensi&oacute;n por parte de los Habsburgo de restaurar el Imperio. Por eso, se&ntilde;alan los autores, Porfirio D&iacute;az construy&oacute; una legitimidad basada en el proceso de pacificaci&oacute;n, modernizaci&oacute;n y crecimiento econ&oacute;mico, pero fue, sobre todo, una legitimidad pasajera, atada a la persona.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La necesidad de modernizar el sistema pol&iacute;tico mexicano para hacerlo acorde con un contexto mundial diferente, los conflictos por la direcci&oacute;n del pa&iacute;s, aunados a la ambici&oacute;n de Porfirio D&iacute;az por perpetuarse en el poder, entre otros factores, fracturaron los acuerdos m&iacute;nimos que hab&iacute;an permitido el proceso de pacificaci&oacute;n y la existencia de gobiernos reconocidos como leg&iacute;timos, o al menos no impugnados.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los a&ntilde;os que siguieron a la ca&iacute;da de D&iacute;az se caracterizaron por la imposici&oacute;n, con la violencia como principal instrumento pol&iacute;tico, de gobernantes. Los gobiernos posrevolucionarios continuaron con el modelo de desarrollo impulsado por D&iacute;az, al mismo tiempo que incorporaron demandas que hist&oacute;ricamente hab&iacute;an sido causa de conflicto para el Estado mexicano. Es durante esta etapa cuando el sistema pol&iacute;tico mexicano adquiere una de sus caracter&iacute;sticas que aun hoy subsiste y que mina su legitimidad. Nos referimos a la convivencia de dos estructuras de poder: la estructura formal y la estructura real.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los art&iacute;culos de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos que versan sobre este tema, se indica que ninguna persona puede reunir dos o m&aacute;s poderes; que la capacidad de legislar no puede recaer en un individuo, por lo que se deposita en un Congreso compuesto por dos c&aacute;maras (diputados y senadores), y que en cierta forma estos poderes gozan de autonom&iacute;a entre ellos. Sin embargo, en los hechos, ha sido diferente. Desde 1929, a&ntilde;o de la fundaci&oacute;n del Partido Nacional Revolucionario (PNR) , hasta los &uacute;ltimos a&ntilde;os del Partido Revolucionario Institucional (PRI) , el sistema pol&iacute;tico mexicano se ha caracterizado por una concentraci&oacute;n del poder excesiva y metaconstitucional en torno a la figura del presidente. Este fen&oacute;meno, llamado por varios estudiosos del tema "presidencialismo", es un claro ejemplo de esa estructura real del poder.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sociedad en general, los miembros de organizaciones o de partidos pol&iacute;ticos distintos al del Estado, e inclusive los diferentes grupos que conformaron el PRI, pod&iacute;an no compartir la ideolog&iacute;a oficial pero delimitaban su actuar pol&iacute;tico dentro de los m&aacute;rgenes impuestos por el grupo en el poder. Como consecuencia, nos dicen los investigadores del CIDAC, los ciudadanos de a pie se acostumbraron a esta l&oacute;gica: &iquest;por qu&eacute; respetar las leyes y el Estado de derecho si los mismos gobernantes lo quebrantan todos los d&iacute;as en todos los niveles?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en la d&eacute;cada de los 60, varios movimientos comenzaron a impugnar la legitimidad del Estado Mexicano; sin embargo, es hasta 1968, con el movimiento estudiantil encabezado por el Consejo Nacional de Huelga (CNH), cuando se constituye un actor fuerte y capaz de evidenciar e impugnar la crisis de legitimidad del Estado en el M&eacute;xico moderno. Si recordamos la definici&oacute;n weberiana del concepto de legitimidad, sobre todo cuando define al Estado como poseedor de la violencia leg&iacute;tima, vemos que tambi&eacute;n es en 1968 cuando el Estado mexicano posrevolucionario se ve obligado a reestructurarse. Desde entonces, la estrategia "integradora", basada en el corporativismo no democr&aacute;tico, se vio fracturada. El control pol&iacute;tico que hab&iacute;an construido el Estado y su partido no fue suficiente para negociar una salida pac&iacute;fica con el CNH y qued&oacute; evidenciada la ausencia de legitimidad en el gobierno de Gustavo D&iacute;az Ordaz.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, la violencia pol&iacute;tica contra la disidencia no par&oacute;. En 1971, el gobierno mexicano volvi&oacute; a utilizarla para silenciar las voces que cuestionaban sus m&eacute;todos y decisiones. La respuesta de la sociedad yde los partidos de oposici&oacute;n no se hizo esperar. Para las elecciones presidenciales de 1976, el Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN) no postul&oacute; candidato, mientras que el Partido Comunista Mexicano (PCM), que carec&iacute;a de registro legal, postul&oacute; al l&iacute;der ferrocarrilero Valent&iacute;n Campa, quien obtuvo m&aacute;s de un mill&oacute;n de votos que posteriormente fueron anulados. El triunfo de Jos&eacute; L&oacute;pez Portillo fue sumamente cuestionado y la necesidad de reorganizar una vez m&aacute;s las formas de competencia por el poder se volvi&oacute; improrrogable. La reforma pol&iacute;tica de 1977 fue otro m&aacute;s de los intentos del Estado mexicano por dotar de legitimidad su ejercicio del poder.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1988, el fantasma de la legitimidad reapareci&oacute;. La falta de certeza en las elecciones presidenciales &#151;dicen los autores&#151; gener&oacute; en un importante sector de la sociedad mexicana la idea de que hubo fraude en los comicios. A este conflicto siguieron otros no de menor importancia: en 1994 el alzamiento armado del Ejercito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio; la reforma electoral de 1996; y en 1997 el triunfo de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas como primer Jefe de Gobierno electo del Distrito Federal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el triunfo del Partido Acci&oacute;n Nacional en el 2000 fue para muchos analistas y organizaciones la culminaci&oacute;n del proceso transici&oacute;n democr&aacute;tica en nuestro pa&iacute;s. Vicente Fox lleg&oacute; con una alta legitimidad a la presidencia de la Rep&uacute;blica, gracias, en primer lugar, a que fue el primer candidato presidencial ganador venido de un partido distinto al PRI, y en segundo lugar &#151;no por ello menos importante&#151;, por ser electo en un proceso no cuestionado. Sin embargo, para los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su mandato las viejas estructuras que hab&iacute;an sobrevivido a la transici&oacute;n se hicieron presentes. El uso de la violencia ilegal e indiscriminada para resolver conflictos como el de Atenco y el de Oaxaca; el intento por desaforar al candidato m&aacute;s fuerte de la oposici&oacute;n, Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador, y el abierto intervencionismo de Fox en los procesos electorales del 2006, entre otros acontecimientos, hicieron ver que el autoritarismo y la lucha por el poder por el poder mismo &#151;distintivos del viejo pri&iacute;smo&#151; segu&iacute;an siendo componentes clave del sistema pol&iacute;tico mexicano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento de referirse a los resultados y a la protesta que devino de las elecciones presidenciales de 2006, Rubio y Jaime se&ntilde;alan que lo m&aacute;s preocupante es que una parte importante de la sociedad perciba como leg&iacute;tima la lucha pol&iacute;tica fuera de las instituciones legalmente reconocidas. La noci&oacute;n de que las urnas son el medio a trav&eacute;s del cual se determina el ganador de una contienda electoral qued&oacute; sumida en el lodo de esa disputa por el poder.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo anterior &#151;concluyen los autores&#151;, M&eacute;xico requiere un nuevo acuerdo pol&iacute;tico y un nuevo consenso nacional en torno al desarrollo; una reforma institucional que signifique un nuevo contrato suficientemente atractivo para que quepan todos; que la ley se constituya como una amenaza cre&iacute;ble. Un nuevo acuerdo que elimine lo que sobrevive del viejo sistema: ausencia de legalidad y mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas d&eacute;biles y, al mismo tiempo, garantice una verdadera representatividad del sistema pol&iacute;tico mexicano, permita una verdadera separaci&oacute;n de poderes y castigue a los gobiernos infractores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El mismo lema con el que D&iacute;az se hab&iacute;a rebelado contra Ju&aacute;rez y Lerdo de Tejada, fue usado despu&eacute;s por los maderistas para derrocar al propio D&iacute;az: Sufragio efectivo, no reelecci&oacute;n. Lo anterior &#151;sugieren Rubio y Jaime&#151; es prueba de que el proceso como se ha elegido a los presidentes en este pa&iacute;s carece de una legitimidad al grado tal que con el mismo discurso que llegaron al poder pueden ser derrocados.</font></p>      ]]></body>
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