<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1870-0063</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Andamios]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Andamios]]></abbrev-journal-title>
<issn>1870-0063</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1870-00632009000200007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Ciencia Política a examen. Trayectoria, debates e identidad. Entrevistas a Andreas Schedler, Francisco Valdés Ugalde y Víctor Alarcón Olguín]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ortiz Leroux]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sergio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pérez Vega]]></surname>
<given-names><![CDATA[Moisés]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A02"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) Academia de Ciencia Política y Administración Urbana ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<aff id="A02">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) Academia de Ciencia Política y Administración Urbana ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<volume>6</volume>
<numero>11</numero>
<fpage>151</fpage>
<lpage>191</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-00632009000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1870-00632009000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1870-00632009000200007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La Ciencia Pol&iacute;tica a examen. Trayectoria, debates e identidad. Entrevistas a Andreas Schedler, Francisco Vald&eacute;s Ugalde y V&iacute;ctor Alarc&oacute;n Olgu&iacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Sergio Ortiz Leroux<i><b><sup>*</sup></b></i> y Mois&eacute;s P&eacute;rez Vega<sup>**</sup></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor investigador de tiempo completo de la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la UACM.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ortizleroux@hotmail.com">ortizleroux@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesor investigador de tiempo completo de la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la UACM.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:moyvega@hotmail.com">moyvega@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Ciencia Pol&iacute;tica es una disciplina joven. A diferencia del Derecho, la Sociolog&iacute;a o la Econom&iacute;a, no cuenta con m&aacute;s de medio siglo de vida, primero en Europa y Estados Unidos, y despu&eacute;s en Am&eacute;rica Latina y M&eacute;xico. A pesar de su corta edad, existe ya un acerbo de conocimientos acumulados sobre su estatuto epistemol&oacute;gico y sobre sus fortalezas y debilidades tanto a nivel te&oacute;rico como metodol&oacute;gico; conocimientos que, evidentemente, est&aacute;n sujetos a constante examen y actualizaci&oacute;n. En esta ocasi&oacute;n, queremos hacer un nuevo corte de caja sobre el estado actual de la Ciencia Pol&iacute;tica. Lo hacemos porque estamos convencidos de que el proceso de maduraci&oacute;n de una disciplina cient&iacute;fica, al igual que sucede en los seres humanos, est&aacute; directamente asociado al balance cr&iacute;tico y autocr&iacute;tico sobre sus haberes pasados y deberes futuros. Para cumplir este cometido, hemos entrevistado en distintos momentos a tres exponentes clave de la ciencia pol&iacute;tica que se realiza en M&eacute;xico: Andreas Schedler, Francisco Vald&eacute;s Ugalde y V&iacute;ctor Alarc&oacute;n Olgu&iacute;n. Las preguntas de la entrevista han sido las mismas en los tres casos. Las respuestas, obviamente, difieren o coinciden en mayor o menor medida, pero en todos los casos expresan un inter&eacute;s o pasi&oacute;n com&uacute;n: contribuir a que la Ciencia Pol&iacute;tica adquiera la mayor&iacute;a de edad. Andreas Schedler es Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica por la Universidad de Viena; profesor investigador de la Divisi&oacute;n de Estudios Pol&iacute;ticos del Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;micas (CIDE); investigador Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), y autor de numerosos art&iacute;culos y libros en el &aacute;rea de la pol&iacute;tica comparada, de la cual es una de las autoridades m&aacute;s reconocidas en el mundo entero. Francisco Vald&eacute;s Ugalde es Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica por la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales (FCPYS) de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM); investigador titular "C" en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM; investigador Nivel II del SNI; presidente del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) , y autor de numerosos art&iacute;culos y libros sobre temas como la Reforma del Estado y la teor&iacute;a de las instituciones y la decisi&oacute;n social. V&iacute;ctor Alarc&oacute;n Olgu&iacute;n, por su parte, es Maestro en Gobierno y Estudios Internacionales por la Universidad de Notre Dame; profesor&#150;investigador nivel "C" en el &Aacute;rea de Procesos Pol&iacute;ticos del Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#150;Iztapalapa (UAM&#150;I), y autor de numerosos art&iacute;culos y libros sobre teor&iacute;a y metodolog&iacute;a pol&iacute;ticas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agradecemos, finalmente, a Alejandra Rosas Zambrano y a &Aacute;ngela Oyhandy Cioffi por su colaboraci&oacute;n en la transcripci&oacute;n de las entrevistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Comencemos esta pl&aacute;tica con una reflexi&oacute;n general que nos ayudar&aacute; a definir las coordenadas de nuestro tema de conversaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; debemos entender hoy por ciencia pol&iacute;tica? &iquest;En qu&eacute; momento se encuentra actualmente la ciencia pol&iacute;tica en el mundo: en un momento de crisis o en uno de refundaci&oacute;n? A partir de la respuesta a lo anterior, &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an sus principales fortalezas y debilidades tanto a nivel te&oacute;rico como metodol&oacute;gico?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ANDREAS SCHEDLER (AS): Son varias preguntas a la vez. La pregunta de qu&eacute; es la ciencia pol&iacute;tica la respondo de manera bastante sencilla: no es el m&eacute;todo lo que la define, sino su lugar institucional. La ciencia pol&iacute;tica es lo que se hace en las universidades y centros de investigaci&oacute;n en ciencia pol&iacute;tica. Luego, si preguntamos si la ciencia pol&iacute;tica en el mundo est&aacute; en crisis o no, mi respuesta ser&iacute;a m&aacute;s compleja, aunque esencialmente optimista. Yo no la veo en crisis. Al contrario, veo una disciplina fuerte, vibrante, innovadora. Hay muchos campos de investigaci&oacute;n y reflexi&oacute;n que nos ofrecen un desarrollo vertiginoso, controversias apasionantes, estudios sofisticados, cuidadosos e iluminadores. A mi propio campo de investigaci&oacute;n, el estudio comparado de procesos de democratizaci&oacute;n, lo vivo as&iacute;, como un espacio de investigaci&oacute;n y discusi&oacute;n vibrante, con mucha relevancia, mucho movimiento, procesos continuos de aprendizaje. Claro que hay mucha heterogeneidad. Al lado de las praderas florecientes, tambi&eacute;n encontramos campos &aacute;ridos, des&eacute;rticos, petrificados. Al lado de los estudios sofisticados, originales y apasionantes, nos topamos con muchos trabajos simplones, repetitivos y aburridos. Pero en su conjunto, el paisaje de la ciencia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea no ofrece un panorama de crisis. De ninguna manera. En medio de (y por medio de) controversias fuertes, a diario seguimos descubriendo y aprendiendo muchas cosas sobre la pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FRANCISCO VALD&Eacute;S UGALDE (FVU): Son tres preguntas muy importantes y que ata&ntilde;en al coraz&oacute;n de la problem&aacute;tica que la ciencia pol&iacute;tica atraviesa hoy en d&iacute;a. Creo que por ciencia pol&iacute;tica debe entenderse, como siempre se ha entendido y en esto no creo que haya cambios fundamentales en cuanto al objeto, la disciplina que explica las razones y las causas que motivan la organizaci&oacute;n de la actividad pol&iacute;tica, entendida como la acci&oacute;n p&uacute;blica destinada a la construcci&oacute;n de instituciones, normas y finalidades en torno a la distribuci&oacute;n del poder, que normalmente se estructuran en sistemas pol&iacute;ticos y que, a fin de cuentas, culminan en las preguntas principales de la disciplina: &iquest;qu&eacute; es el Estado en cada momento del desarrollo pol&iacute;tico humano?, y &iquest;qu&eacute; es el Estado a nivel de las sociedades particulares en las que existe como instituci&oacute;n? A partir de la idea de que la ciencia pol&iacute;tica busca explicar conductas y c&oacute;mo &eacute;stas se entrelazan con instituciones y normas, c&oacute;mo la din&aacute;mica de interacci&oacute;n de los agentes sociales y pol&iacute;ticos dan como resultado formas espec&iacute;ficas de estructuraci&oacute;n de lo p&uacute;blico, me parece que esto es el objeto central de la ciencia pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en relaci&oacute;n con el momento en que se encuentra la ciencia pol&iacute;tica en el mundo, de crisis o refundaci&oacute;n, yo m&aacute;s bien veo un proceso caracterizado por rupturas y por acumulaci&oacute;n incremental. Con frecuencia se habla de una distinci&oacute;n muy tajante entre la ciencia pol&iacute;tica positiva y la ciencia pol&iacute;tica normativa, la ciencia pol&iacute;tica y la teor&iacute;a pol&iacute;tica, o entre la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y la explicaci&oacute;n o el an&aacute;lisis pol&iacute;tico; ciertamente son distinciones necesarias dependiendo del nivel de estudio en el que se sit&uacute;e el profesional de la ciencia pol&iacute;tica, pero que no en todos los casos me parecen ni tajantemente separadas, ni contradictorias entre s&iacute; como cuerpos de doctrina o de explicaci&oacute;n. S&iacute; creo que en el momento actual de la ciencia pol&iacute;tica es muy importante construir los puentes entre todas ellas; creo que la ciencia pol&iacute;tica ha avanzado mucho en el estudio de lo que conocemos como ciencia pol&iacute;tica positiva o de la pol&iacute;tica realmente existente en los estados democr&aacute;ticos. Pongo el &eacute;nfasis en los estados democr&aacute;ticos porque, como todos compartimos en la disciplina, estamos en un mundo crecientemente democr&aacute;tico, aunque no totalmente democr&aacute;tico. Pero digamos que un n&uacute;mero considerable de sistemas pol&iacute;ticos son hoy sistemas democr&aacute;ticos en los cuales por lo menos hay la libertad para elegir gobernantes y removerlos del cargo, aunque esto no necesariamente caracterice a la mayor parte de la poblaci&oacute;n mundial. En eso tenemos todav&iacute;a un problema con el Estado no democr&aacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que la ciencia pol&iacute;tica ha avanzado mucho en entender los procesos dentro del estado democr&aacute;tico y sus diferentes sistemas pol&iacute;ticos, pero creo que se ha quedado rezagada en la comprensi&oacute;n de los fen&oacute;menos autoritarios y totalitarios, tanto los que permanecen <i>per </i>se, como, por ejemplo, el caso de China, donde vive un porcentaje important&iacute;simo del g&eacute;nero humano, la sexta parte, y de una gran cantidad de situaciones intermedias, que han pasado de autoritarismos a democracias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, creo que el avance para comprender los procesos electorales y de decisi&oacute;n p&uacute;blica de agregaci&oacute;n de preferencias, de organizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, de conformaci&oacute;n de nuevas realidades estatales, de organizaci&oacute;n de la pluralidad en los estados democr&aacute;ticos, ha sido muy significativo. Contamos hoy con evidencia y con informaci&oacute;n emp&iacute;rica que llena realmente gigantescas bases de datos que permiten a los estudiosos analizar fen&oacute;menos para los cuales antes no se contaba con tanta informaci&oacute;n; lo mismo me refiero, por ejemplo, a temas de opini&oacute;n p&uacute;blica, las series de encuestas, la tradici&oacute;n de encuestar de manera sistem&aacute;tica. La acumulaci&oacute;n de informaci&oacute;n en ese aspecto es muy importante y constituye una fuente de informaci&oacute;n y de estudio que actualmente ha sido mucho m&aacute;s explorada que en el pasado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a las situaciones intermedias de transiciones del autoritarismo a la democracia, hablando en t&eacute;rminos generales (porque obviamente hay subregiones y casos que podemos reagrupar a su vez en otras categor&iacute;as), la ciencia pol&iacute;tica pec&oacute; de un cierto exceso de optimismo y de simplismo. Empiezo por el simplismo, que consisti&oacute; en considerar a una gran cantidad de casos que ahora vemos que ten&iacute;an m&aacute;s diferencias que identidades, o diferencias lo suficientemente significativas como para no agruparlos de la misma forma, cuyo tr&aacute;nsito de formas autoritarias a sistemas electorales pluralistas y sistemas pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos (entre comillas) ha sido mucho m&aacute;s compleja de lo que la teor&iacute;a de las transiciones supon&iacute;a; pongo un solo ejemplo para no abrumar con la gran cantidad a que se pueden aludir: las transiciones que ocurrieron de dictaduras militares a la instauraci&oacute;n de sistemas democr&aacute;ticos son relativamente m&aacute;s s&uacute;bitas, desde el punto de vista de que al producirse la ruptura de la dictadura y los acuerdos b&aacute;sicos para fundar o re fundar un Estado democr&aacute;tico, caracteriz&oacute; transiciones, dig&aacute;moslo as&iacute;, "n&iacute;tidas", no porque sean totalmente claras, no porque hayan sido todos resultados de procesos felices o, por el contrario, muy complejos, pero revelan un paso donde uno puede encontrar el inicio de la democracia en un momento claro del tiempo, y de ah&iacute; en adelante un desmontaje de las formas autoritarias. Hasta cierto punto, cada caso fue distinto, y los otros casos, que son casos de "dictablandas" en los que no hab&iacute;a ni un autoritarismo dictatorial pleno, ni tampoco una democracia pluralista competitiva, que es requisito de la poliarqu&iacute;a, o requisito de la democracia, como queramos llamarle, entendiendo por esto la existencia y presencia de elecciones libres, de ciudadanos capaces de informarse de las diferentes alternativas, de libertad para la organizaci&oacute;n de los partidos y las alternativas pol&iacute;ticas, y de claros t&eacute;rminos en los mandatos que los gobernantes tienen en cuanto al tiempo de ocupaci&oacute;n de sus cargos para la renovaci&oacute;n electoral de los mismos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos dos tipos de transici&oacute;n, para seguir usando la palabra, aunque probablemente no sea la m&aacute;s adecuada, revelan problemas que no ha sabido resolver bien la ciencia pol&iacute;tica, porque en la medida en que se estudia el fen&oacute;meno democr&aacute;tico, el modelo de estudio tiende a ser el modelo de la democracia estadounidense, porque adem&aacute;s es desde la democracia estadounidense y desde la academia estadounidense, y con algunas contribuciones europeas, que emanan las teor&iacute;as y las herramientas de estudio m&aacute;s desarrolladas y sofisticadas. Por ejemplo, cuando se trata de estudiar procesos electorales, tenemos una gran sociolog&iacute;a electoral formada en comunidades acad&eacute;micas de sociedades en las que hay una tradici&oacute;n m&aacute;s antigua de estudio de los procesos electorales, lo mismo de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Pero resulta que las caracter&iacute;sticas de esas sociedades son, al mismo tiempo que un objeto de estudio, un elemento que contribuye a conformar la herramienta con la que se estudia, y si esa herramienta se traslada a otras realidades, aunque no es totalmente inv&aacute;lido hacerlo, no siempre se "trasplantan" con las mediaciones metodol&oacute;gicas y epistemol&oacute;gicas y te&oacute;ricas que considero que deber&iacute;an hacerse.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No creo que estemos en una refundaci&oacute;n; tampoco en una crisis total de la ciencia pol&iacute;tica. Yo se&ntilde;alar&iacute;a que uno de los principales elementos, uno de los principales problemas a los cuales se enfrenta hoy la teor&iacute;a pol&iacute;tica es c&oacute;mo poder vincular explicaciones positivas, para seguir usando nuestra "jerga", con apreciaciones de car&aacute;cter normativo; c&oacute;mo vincular lo que realmente ocurre en la pol&iacute;tica, es decir, actores que buscan la satisfacci&oacute;n de ciertos intereses, para lo cual se organizan en formas de acci&oacute;n colectiva y llevan a cabo determinado tipo de procesos, con lo que, en teor&iacute;a, la pol&iacute;tica democr&aacute;tica nos dice que deber&iacute;a ser un estado democr&aacute;tico. Y el contraste que tenemos entre unas cosas y las otras ha dado lugar a un conjunto de preocupaciones y reflexiones sobre la &eacute;tica de los pol&iacute;ticos, sobre la intensidad de la participaci&oacute;n de los ciudadanos, sobre la rendici&oacute;n de cuentas y la transparencia en los actos de la autoridad p&uacute;blica, sobre el grado de institucionalizaci&oacute;n de los derechos en las instituciones que supuestamente deber&iacute;an procurarlos y garantizarlos. Como todas &eacute;stas son &aacute;reas, aspectos de la realidad pol&iacute;tica en las que encontramos siempre la tensi&oacute;n entre realidad y valores, entre conocimiento y deontolog&iacute;a, me parece que ah&iacute; hay un n&uacute;cleo muy importante que la ciencia pol&iacute;tica no ha logrado abordar en forma central, y creo que est&aacute; destinado a adquirir importancia creciente en el futuro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir con este punto, es muy importante no perder de vista que, por m&aacute;s positiva que sea la explicaci&oacute;n, si estamos hablando de un estado democr&aacute;tico, estamos siempre hablando de una decisi&oacute;n que se tom&oacute; para que ese Estado fuera democr&aacute;tico, y cuando una sociedad tom&oacute; esa decisi&oacute;n lo hizo en un momento determinado del tiempo para organizarse pol&iacute;ticamente de manera democr&aacute;tica, incrust&oacute; valores en las instituciones que le dieron vida. Esos valores se confrontan de manera sistem&aacute;tica con las pr&aacute;cticas y las pr&aacute;cticas van moldeando los valores y as&iacute; sucesivamente. Ciertamente, estamos lejos de un ideal en cuanto a la integraci&oacute;n intelectual entre ambas dimensiones de los problemas pero, desde el punto de vista de la ciencia pol&iacute;tica, el no perder de vista esta interacci&oacute;n es muy importante porque no podemos limitarnos simplemente a explicar las conductas de los actores pol&iacute;ticos para aducir conclusiones fatalistas. Creo que en ese sentido la ciencia pol&iacute;tica tiene otros deberes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&Iacute;CTOR ALARC&Oacute;N OLQU&Iacute;N (VAO) : Gracias por darme la oportunidad de intercambiar estas ideas con los lectores de <i>Andamios. </i>Me parece un ejercicio muy valioso hacer de vez en vez esta suerte de corte de caja. Creo que la ciencia pol&iacute;tica vive un momento que, si bien para muchos es de crisis, para otros &#151;entre los cuales me encuentro&#151; puede verse como el nacimiento de una ciencia pol&iacute;tica latinoamericana. La idea de "crisis de la ciencia pol&iacute;tica" nos ha llegado desde los paradigmas de las sociedades m&aacute;s democr&aacute;ticas y desarrolladas, con ciertos cortes basados en el institucionalismo, el <i>rational choice </i>y la cuantificaci&oacute;n. Pero, curiosamente, en nuestras sociedades &#151;donde todav&iacute;a estamos saliendo de la oscuridad autoritaria y en las que tenemos otros cortes valorativos&#151;, nuestros referentes hist&oacute;ricos, de sociabilidad y desempe&ntilde;o cultural han prefigurado nuestras trayectorias de muy diversa manera. Ciertamente, a lo mejor eso no nos dice mucho. Entonces, me parece que lo que puede ser interesante para nosotros es preguntarse c&oacute;mo &#151;a pesar de que se afirma que la ciencia pol&iacute;tica est&aacute; en crisis o muerta&#151; se est&aacute; prefigurando un momento fundacional muy atractivo de la ciencia pol&iacute;tica en nuestros pa&iacute;ses. &iquest;En qu&eacute; radica la fortaleza de esa refundaci&oacute;n &#151;m&aacute;s bien verdadera fundaci&oacute;n&#151; de una ciencia pol&iacute;tica latinoamericana? Creo que en el creciente inter&eacute;s que existe desde el seno de la academia por crear su propia identidad. Nosotros hemos vivido de identidades prestadas en muchos sentidos. Yo, por ejemplo, pertenezco quiz&aacute; a la primera generaci&oacute;n de polit&oacute;logos que no somos tr&aacute;nsfugas de otras disciplinas, como la sociolog&iacute;a, el derecho o la historia. Nosotros, m&aacute;s bien, nos beneficiamos de los historiadores pol&iacute;ticos, los soci&oacute;logos pol&iacute;ticos y los constitucionalistas. Nuestro bagaje, entonces, se ha enriquecido por esas tres importantes tradiciones, y adem&aacute;s por la incorporaci&oacute;n de una cuarta tradici&oacute;n: la de la ciencia pol&iacute;tica cuantitativa. En consecuencia, somos una generaci&oacute;n h&iacute;brida, que va de lo cultural a lo racional, de lo valorativo a lo estrictamente param&eacute;trico, por poner as&iacute; las coordenadas. Ello, parad&oacute;jicamente, tambi&eacute;n implica una debilidad para mi generaci&oacute;n, que todav&iacute;a no termina de colocarse en un lado o en otro, aunque uno pudiera poner en duda si ello es estrictamente necesario. En cambio, las apuestas que est&aacute;n dando las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes son m&aacute;s claras y m&aacute;s abiertas, aunque igual de pol&eacute;micas. Con menos dudas, las nuevas generaciones abrazan abiertamente la vertiente cuantitativa, tal como se cultiva en espacios como el Instituto Tecnol&oacute;gico Aut&oacute;nomo de M&eacute;xico (ITAM) o el CIDE. De alguna manera, FLACSO es una instituci&oacute;n h&iacute;brida, una suerte de v&iacute;nculo entre una y otra tradici&oacute;n. Otras instituciones, como la uam y la UNAM, contin&uacute;an desarrollando cierto tipo de tradici&oacute;n de ciencia pol&iacute;tica, donde todav&iacute;a tienen peso la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica, la historia y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, mientras que hay otra vertiente que, como en El Colegio de M&eacute;xico (COLMEX) o el Instituto Nacional de Administraci&oacute;n P&uacute;blica (INAP), el componente administrativo es un rasgo muy definido. Esto quiz&aacute; sea importante contextualizarlo para instituciones incipientes dentro de la disciplina como la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). Dir&iacute;a, entonces, que estamos en un contexto de fortaleza para las generaciones previas y actuales, y las debilidades estar&iacute;an circunscritas m&aacute;s bien a lo que todav&iacute;a no se hace plenamente en las revistas acad&eacute;micas. Las agendas de investigaci&oacute;n tienen todav&iacute;a un alto nivel de volatilidad. Salvo en temas espec&iacute;ficos como pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, elecciones o partidos, todav&iacute;a estamos lejos de estudiar puntualmente al poder Legislativo, al poder Judicial y, evidentemente, hacer un balance de lo que fue el sistema pol&iacute;tico mexicano y el presidencialismo. Si ese es el panorama general, el problema, en todo caso, es que todav&iacute;a no tenemos un aprendizaje muy s&oacute;lido en t&eacute;rminos de metodolog&iacute;as, t&eacute;cnicas y grupos de trabajo establecidos, que permitan pasar del individualismo que prevalece en nuestro quehacer hacia una ciencia pol&iacute;tica transdisciplinaria e interinstitucional, que adem&aacute;s pueda desarrollarse colectivamente en cooperaci&oacute;n con las propias instituciones evaluadas. Todav&iacute;a prevalece la idea de que la academia no debe entrar a las instituciones y que las instituciones no deben entrar a la academia. En alg&uacute;n momento, esto fue una fortaleza para la autonom&iacute;a de la investigaci&oacute;n, que evidentemente debe prevalecer. Pero, al mismo tiempo, nos cre&oacute; la debilidad de que las instituciones siguen siendo grandes desconocidos en muchos aspectos, no solamente en el aspecto descriptivo, sino realmente en el aspecto de la evaluaci&oacute;n o de la pr&aacute;ctica profesional. Las generaciones j&oacute;venes, ciertamente, tienen menos miedo, m&aacute;s audacia y frescura para interactuar con las instituciones. No tienen el prurito de que te est&aacute;s desvirtuando o contaminando, o de que la investigaci&oacute;n acabe teniendo un sesgo no cient&iacute;fico. En fin, este balance &#151;hecho un poco a vuelo de p&aacute;jaro&#151; me permite afirmar que la ciencia pol&iacute;tica no est&aacute; en crisis, sino en un proceso de verdadera fundaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>En un famoso art&iacute;culo titulado "&iquest;Hacia d&oacute;nde va la ciencia pol&iacute;tica?", el polit&oacute;logo italiano Giovanni Sartori ha desatado la pol&eacute;mica entre la comunidad politol&oacute;gica al afirmar que la ciencia pol&iacute;tica no va "a ning&uacute;n lado". Los argumentos del profesor Sartori pueden sintetizarse en cuatro puntos: </i>a) <i>el objeto de su cr&iacute;tica no es la ciencia pol&iacute;tica en general, sino la ciencia pol&iacute;tica estadounidense; </i>b) <i>el modelo cient&iacute;fico a seguir por la ciencia pol&iacute;tica ha sido y debe seguir siendo la econom&iacute;a, a pesar de las diferencias insalvables que existen entre el comportamiento econ&oacute;mico, que se apega a un solo criterio (utilidad, maximizaci&oacute;n del inter&eacute;s), y el comportamiento pol&iacute;tico, que supone una variedad de motivaciones; </i>c) <i>la ciencia pol&iacute;tica dominante ha adoptado un modelo inapropiado de ciencia (extra&iacute;do de las ciencias duras), ha fracasado en su intento en establecer una identidad (como ciencia blanda) por no determinar su metodolog&iacute;a propia y ha ignorado la l&oacute;gica pura y simple. A la hora de "aterrizar" estas premisas, dirige su cr&iacute;tica al excesivo cuantitativismo y a la falta de nexo entre teor&iacute;a y pr&aacute;ctica que han caracterizado a la ciencia pol&iacute;tica estadounidense en d&eacute;cadas recientes, y </i>d) <i>la alternativa que propone ante esta crisis es resistir a la cuantificaci&oacute;n de la disciplina, es decir, "pensar antes que contar y usar la l&oacute;gica al pensar". &iquest;Cu&aacute;l es su reacci&oacute;n ante la posici&oacute;n pesimista de Sartori acerca de la ciencia pol&iacute;tica estadounidense? &iquest;Se ha privilegiado en &eacute;sta el m&eacute;todo sobre la relevancia de la investigaci&oacute;n y la cuantificaci&oacute;n sobre la l&oacute;gica?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AS: En t&eacute;rminos globales, no comparto el diagn&oacute;stico de Sartori. Ciertamente, hoy en d&iacute;a tenemos una ciencia pol&iacute;tica muy diferente a la que ten&iacute;amos todav&iacute;a hace unos 15 o 20 a&ntilde;os. Hemos presenciado cuatro tendencias muy notables: el uso creciente de m&eacute;todos cuantitativos (estad&iacute;sticos); una mayor reflexi&oacute;n y exigencia respecto a m&eacute;todos y dise&ntilde;os de investigaci&oacute;n; la creciente hegemon&iacute;a de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, y la expansi&oacute;n de m&eacute;todos formales (modelos matem&aacute;ticos). El maestro Sartori nada m&aacute;s nombra la primera tendencia y la describe de manera bastante parcial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, hay innumerables trabajos cuantitativos que son muy, muy malos: simples, previsibles, descuidados. Trabajos insufribles que cargan con todos los pecados que critica Sartori: abordan temas irrelevantes, prescinden de toda reflexi&oacute;n conceptual, alcanzan la profundidad te&oacute;rica de una pecera, hacen malabares alegres con datos de mala calidad, eligen m&eacute;todos estad&iacute;sticos cuestionables y al final interpretan sus resultados con aires de certidumbre y una ret&oacute;rica de grandes hallazgos que no tiene sustento en los trazos tenues de evidencia emp&iacute;rica que posiblemente encontraron. Sin embargo, hay que ver dos cosas. Primero, que la mala calidad no es un dominio exclusivo de los estudios cuantitativos. Dudo mucho que la calidad de los estudios cualitativos sea mejor en promedio. Segundo, la mayor&iacute;a de la "basura" cuantitativa no entra en las revistas o las editoriales de primera. No pasa por nuestros filtros disciplinarios de excelencia. Quiz&aacute;s hay que a&ntilde;adir: todav&iacute;a no. Ciertamente, existe la tendencia inquietante de premiar la sofisticaci&oacute;n cuantitativa por encima de la reflexi&oacute;n sustantiva. Los m&eacute;todos son herramientas. No los debemos convertir en objetos de veneraci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expansi&oacute;n de m&eacute;todos cuantitativos ha sido s&oacute;lo una de las transformaciones recientes que ha sufrido (o gozado) la ciencia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Otra ha consistido en el establecimiento firme de un debate metodol&oacute;gico mucho m&aacute;s extenso, exigente y sofisticado de lo que exist&iacute;a hace veinte a&ntilde;os. El detonador de este debate a medianos de los noventa fue el multicitado libro de Gary King, Robert Keohane y Sidney Verba (El <i>dise&ntilde;o de la investigaci&oacute;n social. La inferencia cient&iacute;fica en los estudios cualitativos, </i>Alianza Editorial, Madrid, 2000). Ha sido el libro metodol&oacute;gico m&aacute;s influyente de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. No por las verdades que profesa, sino por las discusiones que ha provocado. Antes ten&iacute;amos libros metodol&oacute;gicos de un nivel de abstracci&oacute;n muy alto sobre la filosof&iacute;a o sociolog&iacute;a de las ciencias, junto con libros muy concretos sobre m&eacute;todos espec&iacute;ficos de investigaci&oacute;n: c&oacute;mo hacer entrevistas, c&oacute;mo examinar archivos, c&oacute;mo correr regresiones, etc&eacute;tera. En cambio, el libro de King, Keohane y Verba se situaba en un nivel intermedio de abstracci&oacute;n sobre el dise&ntilde;o de la investigaci&oacute;n. En esencia, fue un esfuerzo por extender los c&aacute;nones de razonamiento de los estudios cuantitativos "positivos" a los estudios cualitativos. Muchos lo denunciaron como un proyecto de aspiraciones "coloniales" y creo que ten&iacute;an raz&oacute;n. El caso es, sin embargo, que ha sido un proyecto sumamente exitoso. Desde su aparici&oacute;n, las exigencias metodol&oacute;gicas se han redefinido. Ahora, cuando realizamos trabajos de investigaci&oacute;n, estamos obligados a un nivel de reflexi&oacute;n mucho mayor acerca de nuestro dise&ntilde;o de investigaci&oacute;n, nuestra elecci&oacute;n de m&eacute;todos y nuestra interpretaci&oacute;n de evidencia emp&iacute;rica. Muchos de los grandes libros que se publicaron en los a&ntilde;os sesenta y setenta, ahora no pasar&iacute;an como tesis doctorales en una universidad de primera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, la nueva conciencia metodol&oacute;gica me parece saludable. Nos exige claridad y transparencia en nuestros dise&ntilde;os de investigaci&oacute;n. Al mismo tiempo, como las discusiones metodol&oacute;gicas en el <i>mainstream </i>de la disciplina se dan en clave positivista, generan ciertas patolog&iacute;as, tambi&eacute;n entre colegas y estudiantes que se sit&uacute;an dentro de la tradici&oacute;n cualitativa. El positivismo privilegia la observaci&oacute;n. Es una declaraci&oacute;n de fe en nuestros ojos, nuestro sentido de la vista. Creemos lo que vemos. Nos agarramos de lo que vemos. En el momento en que trascendemos la esfera de hechos y acciones "simple y claramente observables" para estudiar el mundo simb&oacute;lico de discursos y significados, las reglas de observaci&oacute;n factual e inferencia causal que aprendemos del positivismo ya no sirven para mucho. Querer seguir aplic&aacute;ndolas a la tarea de descifrar mundos simb&oacute;licos a veces lleva a malabares y distorsiones considerables. Por ejemplo, a estudiantes de tesis que quieren hacer un an&aacute;lisis de discursos los he visto agonizar terriblemente tratando de identificar hechos observables y construir hip&oacute;tesis causales. El positivismo no entiende bien el hecho fundamental de que todos los fen&oacute;menos sociales que estudiamos son construcciones sociales. No podemos observarlos sin antes comprenderlos. La primac&iacute;a que el positivismo da a la observaci&oacute;n convierte el techo de nuestro edificio metodol&oacute;gico en su fundamento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FVU: Creo que en aspectos que abord&eacute; previamente hay ya ciertos componentes que permiten acercarnos a este punto. Voy a tratar de hacerlo paso a paso con la par&aacute;frasis que hacen de los argumentos de Giovanni Sartori. Ciertamente creo que el objeto de su cr&iacute;tica no es la ciencia pol&iacute;tica en general, sino la ciencia pol&iacute;tica al estilo estadounidense. Creo que hemos tendido con frecuencia &#151;y se ve reflejado muchas veces cuando se dirigen tesis, por ejemplo en los estudios sobre los Congresos, ante la carencia o la escasez de metodolog&iacute;as para estudiar los Congresos en realidades como las de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina o de Asia&#151; a acudir a los modelos con los cuales se ha explicado el Congreso de los Estados Unidos o el Parlamento ingl&eacute;s o la Asamblea francesa, pero creo que aqu&iacute; estamos frente a realidades m&aacute;s complejas que esas metodolog&iacute;as no necesariamente reflejan. Eso me parece que no es necesariamente una responsabilidad de la ciencia pol&iacute;tica estadounidense: es en todo caso una falla de los cient&iacute;ficos sociales que la toman como referencia obligada, y tienen que hacerlo, pero trasladan marcos conceptuales de manera mec&aacute;nica al estudio de las condiciones de otros lugares y eso s&iacute; es algo que forma parte de nuestra responsabilidad: reformular la metodolog&iacute;a frente al estudio de realidades en las cuales la cultura pol&iacute;tica, los valores o las tradiciones var&iacute;an grandemente. Consideremos simplemente las variables de tiempo; no es lo mismo estudiar un congreso formado por parlamentarios que acaban de emerger en el tiempo y que antes no exist&iacute;an como tales &#151;porque estos sistemas pol&iacute;ticos no ten&iacute;an parlamentos o ten&iacute;an parlamentos de oropel para justificar y afianzar el autoritarismo&#151; que Congresos que tienen 200 o 300 a&ntilde;os de historia y que han estado casi de manera permanente actuando, generando una tradici&oacute;n y una cultura pol&iacute;tica, en los cuales los congresistas est&aacute;n formados por todo un conjunto de pr&aacute;cticas y reglas de las que carecen otros fen&oacute;menos congresuales m&aacute;s recientes, a los cuales es imposible analizar de la misma forma. Otro tanto puede decirse del presidencialismo o del estudio de los poderes ejecutivos. Se traslada con frecuencia una serie de variables muy escuetas basadas en un sistema presidencial como el estadounidense que se implant&oacute; (y evolucion&oacute;) previamente, para entender el sistema presidencial en sociedades que lo implantaron tard&iacute;amente y como copia. No olvidemos que el sistema estadounidense innov&oacute; en su propia realidad, que tuvo profundas ra&iacute;ces en su origen, en su formaci&oacute;n, y que por lo tanto uno y otros no pueden ser explicados de la misma forma. Aqu&iacute; est&aacute; uno de los problemas principales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la influencia de la econom&iacute;a sobre la ciencia pol&iacute;tica, creo que, efectivamente, a partir de la econom&iacute;a se estructur&oacute; una versi&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica que podemos datar en textos fundadores como los de Duncan Black, Anthony Downs, James Buchanan, Gordon Tullock, William Riker y otros, en los cuales, a partir de los modelos de la microeconom&iacute;a neocl&aacute;sica, se traslad&oacute; la caracterizaci&oacute;n de la conducta individual a la pol&iacute;tica. Creo que ese influjo ayud&oacute; mucho a aplicar m&eacute;todos formales de la econom&iacute;a bajo el supuesto de que los actores pol&iacute;ticos son actores racionales que buscan finalidades y que al hacerlo producen resultados buscados o no buscados de su acci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema es que, a diferencia de la econom&iacute;a, o de c&oacute;mo estaba planteada en el esquema de la microeconom&iacute;a, la explicaci&oacute;n de la pol&iacute;tica se enfrent&oacute; de inmediato al problema de las instituciones lo que ahora, <i>mutatis mutandis, </i>le est&aacute; pasando a la propia econom&iacute;a. Esta disciplina est&aacute; volviendo a tener que v&eacute;rselas con la explicaci&oacute;n de las instituciones. Entonces, me parece que la aportaci&oacute;n que se hizo desde esa perspectiva es un buen influjo; es una ayuda, un insumo importante porque al final de cuentas la econom&iacute;a es, de las ciencias sociales, la m&aacute;s formalizada, y que nos permiti&oacute; pasar de una tradici&oacute;n de descripci&oacute;n gruesa a una disciplina que se preocupa m&aacute;s por la explicaci&oacute;n anal&iacute;tica, en lo cual sigo viendo un m&eacute;rito importante. Pero, al mismo tiempo, cuando se simplifican demasiado las variables explicativas, corremos el riesgo de perder variables importantes, es decir, si tenemos demasiado fijas en el tiempo las variables relevantes de an&aacute;lisis, podemos perder completamente de vista la percepci&oacute;n de una situaci&oacute;n concreta, de una regi&oacute;n particular, en donde los datos hist&oacute;ricos, en donde las influencias culturales, en donde las pr&aacute;cticas de los agentes, en donde las caracter&iacute;sticas de las instituciones son muy distintas o difieren de manera muy relevante para poder ser entendidas con aquella simplificaci&oacute;n intelectiva. De ah&iacute; entonces que creo que el influjo de la econom&iacute;a, o el proyecto de una teor&iacute;a econ&oacute;mica de la pol&iacute;tica, fue plenamente justificada en su momento, pero se ha olvidado con frecuencia que los te&oacute;ricos que lo hicieron en realidad lo que buscaban era c&oacute;mo a partir de ah&iacute; podr&iacute;an dar un segundo paso: fundar una teor&iacute;a de la pol&iacute;tica, y ese segundo paso los sucesores de aquellos fundadores no lo hemos dado en la manera necesaria. Recuerdo con nitidez, por ejemplo, c&oacute;mo en el texto de la <i>Teor&iacute;a econ&oacute;mica de la democracia, </i>escrito por Anthony Downs en los a&ntilde;os cincuenta, al hablar de la racionalidad de los pol&iacute;ticos y de que el pol&iacute;tico actuar&aacute; siempre conforme a su inter&eacute;s y no conforme al inter&eacute;s p&uacute;blico, introduc&iacute;a, sin embargo, una observaci&oacute;n que afirmaba que esto ser&iacute;a as&iacute; "a <i>menos que las reglas constitucionales, legales y culturales se lo impidan". </i>Y entonces, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; con ese reto? Eso es nuestro objeto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; es lo que puede hacer que un pol&iacute;tico haga que su inter&eacute;s particular, que es leg&iacute;timo e inevitable por lo dem&aacute;s, al entrar en la instituci&oacute;n y en los procedimientos institucionales de la pol&iacute;tica, converja <i>a fortiori </i>con el inter&eacute;s p&uacute;blico? Y si no lo hace, &iquest;cu&aacute;les son los incentivos negativos suficientemente poderosos para que su inter&eacute;s se vea forzado a efectivamente confluir con el inter&eacute;s p&uacute;blico? Ah&iacute; tenemos un ejemplo de problema muy claro de combinaci&oacute;n entre la explicaci&oacute;n positiva y la teor&iacute;a normativa del que no se ha ocupado suficientemente la ciencia pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, respecto al modelo de ciencia, ciertamente el problema de la cuantificaci&oacute;n puede volverse una man&iacute;a: la man&iacute;a de hacer bases de datos, cuantificarlo todo. Aqu&iacute; estamos frente a un problema delicado; esos m&eacute;todos son de gran ayuda, pueden contribuir a clarificar, a generar explicaciones, pero la aplicaci&oacute;n <i>per se </i>del m&eacute;todo a cualquier cosa no contribuye a explicar nada; cuando uno explica, lo que hace es responder a una pregunta, y a esa pregunta se responde siempre, inicialmente, con una hip&oacute;tesis; despu&eacute;s esa hip&oacute;tesis permite encontrar o buscar las dimensiones del problema, y de acuerdo con las dimensiones que tiene el problema se eligen los instrumentos que deben aplicarse. Si no se sigue ese camino, que es elemental en cualquier ciencia, tanto en las ciencias naturales como en las ciencias sociales, el debate sobre m&eacute;todos es irrelevante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAO: Coincidir&iacute;a en buena medida con el diagn&oacute;stico de Sartori. Curiosamente, quiz&aacute; valdr&iacute;a la pena recordar aqu&iacute; a uno de los grandes cl&aacute;sicos que est&aacute; precisamente a caballo dentro de este proceso: Karl Mannheim, quien en <i>Ideolog&iacute;a y Utop&iacute;a </i>(Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1987) dedica un cap&iacute;tulo muy importante a la cuesti&oacute;n de la existencia o no de la ciencia pol&iacute;tica. Incluso, &eacute;l es uno de los primeros que afirman que la ciencia pol&iacute;tica como tal no existe. Mannheim da una respuesta muy anticipatoria y muy en el corte de los argumentos que a&ntilde;os m&aacute;s tarde encontramos en Sartori. Curiosamente, si nos remontamos a hablar, no de la ciencia pol&iacute;tica, sino de las ciencias sociales en general, Mannheim dirig&iacute;a su atenci&oacute;n al compromiso inicial de quienes intentamos comprender a la sociedad y su condici&oacute;n general: creaci&oacute;n, naturaleza, historia, desarrollo y consecuencias. En realidad, tendr&iacute;amos que hacer una buena separaci&oacute;n de los actores que participamos en este proceso. Hasta ahora, nosotros hemos sido actores hermen&eacute;uticos e ideol&oacute;gicos y no hemos sido actores cient&iacute;ficos. Como actores hermen&eacute;uticos, nos dedicamos b&aacute;sicamente a interpretar, es decir, anteponemos nuestra percepci&oacute;n personal antes que desarrollar la capacidad de observar al objeto de estudio; entramos con una visera que anticipa en mucho lo que ya queremos ver, leer o decidir. Por tanto, al tener esta condici&oacute;n hermen&eacute;utica, somos extremadamente ideol&oacute;gicos y, en consecuencia, construimos m&aacute;s en funci&oacute;n de las utop&iacute;as y las ideolog&iacute;as que en funci&oacute;n de la realidad misma. Ahora, &iquest;qu&eacute; concluye Mannheim en <i>Ideolog&iacute;a y Utop&iacute;a? </i>Si nosotros queremos pasar a ser aut&eacute;nticamente cient&iacute;ficos &#151;y dejar por un momento de lado la parte hermen&eacute;utica y ut&oacute;pica&#151;, tenemos que ir a la parte objetiva. Ciertamente, no podemos ser neutrales, no podemos desprendernos de todo lo que somos y todo lo que pensamos, pero s&iacute; podemos ser objetivos en funci&oacute;n de que le demos un peso espec&iacute;fico al m&eacute;todo. Desde luego, el m&eacute;todo no es una camisa de fuerza, sino una gu&iacute;a, ya que nos permite tener ciertos elementos de consenso. En cierto sentido, lo que hemos construido como m&eacute;todo cient&iacute;fico, busca construir precisamente ese tipo de consensos; consensos sobre conceptos, sobre t&eacute;cnicas, sobre c&oacute;mo resolver una cosa frente a otra. Esto es, precisamente, lo que no hemos sabido construir. Carecemos en la ciencia pol&iacute;tica de verdaderos grupos de investigaci&oacute;n, como s&iacute; existen, por ejemplo, en las ciencias duras, que al mismo tiempo est&aacute;n observando una misma estrella en cinco o seis partes del mundo, y &eacute;sta se ve desde un &aacute;ngulo de observaci&oacute;n de 360 grados. Nosotros tenemos todav&iacute;a perspectivas muy individualistas, que a lo mejor enfocan 30 o 40 grados de un fen&oacute;meno, pero hasta que no tengamos la informaci&oacute;n complementaria de los dem&aacute;s no podremos tener una verdadera idea objetiva de lo que es realmente ese fen&oacute;meno. Sin embargo, no dejamos de opinar, decidir o generar influencia en ciertas acciones, a&uacute;n desde la peque&ntilde;a parcela de realidad con la que estamos trabajando. En consecuencia, los presupuestos l&oacute;gicos con los cuales muchas veces construimos nuestros lenguajes, valores y par&aacute;metros son muy elementales o extremadamente incompletos, dado que no hemos generado la verdadera hibridez o la verdadera integraci&oacute;n en diversos niveles y escalas para enriquecer nuestro propio lenguaje. Nuestras escalas de medici&oacute;n y escalas conceptuales, incluso nuestras escalas valorativas, son muy elementales. Resulta impresionante encontrar, por ejemplo, que en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica sigamos remont&aacute;ndonos a los modelos heredados de hace m&aacute;s de dos mil quinientos a&ntilde;os para seguir indagando qu&eacute; es democracia y qu&eacute; no es democracia, justicia o &eacute;tica. En cambio, lo que es muy claro es que la evoluci&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica, siguiendo la idea de Sartori, ha encontrado un campo muy fruct&iacute;fero en la econom&iacute;a. Y al encontrar ese campo fruct&iacute;fero en la econom&iacute;a, se retorna a una parte original de la ciencia social. De hecho, cuando la sociolog&iacute;a nace deriva precisamente de los desarrollos que hacen los f&iacute;sicos y los matem&aacute;ticos, y que dan origen a la primera econom&iacute;a pol&iacute;tica. De ah&iacute; lo vigoroso que para muchos sigue siendo el paradigma del <i>rational choice, </i>que es uno de los enfoques paradigm&aacute;ticos en la ciencia pol&iacute;tica estadounidense. Sin embargo, el asunto clave es que mientras no tengamos una fuerza interpretativa, argumentativa o valorativa que logre integrar preguntas de investigaci&oacute;n pertinentes para que esos datos no sustituyan sino complementen a la teor&iacute;a y le den la proyecci&oacute;n que necesita para tener una visi&oacute;n m&aacute;s integrada, la ciencia pol&iacute;tica no podr&aacute; ir m&aacute;s all&aacute; del paradigma que hasta ahora ha intentado ser la m&aacute;quina que intenta jalar a todos los dem&aacute;s vagones. El problema es que si esa m&aacute;quina empieza a mostrar visos de agotamiento, porque no est&aacute; encontrando las teor&iacute;as ni est&aacute; teniendo la capacidad de lectura adecuada para ir a la par de los fen&oacute;menos que se van desarrollando, pues evidentemente estaremos haciendo s&oacute;lo "metodolog&iacute;a para metod&oacute;logos", como se&ntilde;alara en su momento otro gran autor de las ciencias sociales latinoamericanas: Jos&eacute; Medina Echevarr&iacute;a, en un ep&iacute;grafe de uno de sus textos de los a&ntilde;os cincuenta. Es decir, no estamos haciendo una metodolog&iacute;a para interpretar la realidad o para responder realmente a problemas concretos, sino solamente para alimentar una discusi&oacute;n inocua entre los propios metod&oacute;logos. De alguna manera, nos peleamos por definir la bondad de una t&eacute;cnica a partir de unos cuantos puntos decimales, y no por si realmente estamos resolviendo el problema del hambre, el problema de la marginaci&oacute;n o el problema de la distribuci&oacute;n del ingreso. Entonces, efectivamente, ah&iacute; est&aacute; la econom&iacute;a, porque todos nos vemos involucrados en la asignaci&oacute;n de recursos, discutir preferencias y resolver cuestiones cuantitativas; pero hay una gran diferencia entre una t&eacute;cnica que sirva para tomar una decisi&oacute;n y otra que sirva simplemente     para probar la bondad del instrumento. Eso es lo que me parece que en buena medida resalta Sartori. No es perjudicial en s&iacute; mismo lo cuantitativo, pero no debemos olvidar que lo cuantitativo est&aacute; en asociaci&oacute;n con otras cuestiones de importancia a las que nosotros como cient&iacute;ficos sociales debemos estar comprometidos: por ejemplo, c&oacute;mo aplicar una mejor pol&iacute;tica p&uacute;blica, c&oacute;mo determinar que haya menos discriminaci&oacute;n, etc&eacute;tera. El asunto de fondo es, me parece, que la ciencia pol&iacute;tica &#151;con un m&eacute;todo objetivo, con sus conceptos, con sus valores y con sus procedimientos establecidos por consenso&#151; pueda impactar a una buena toma de decisi&oacute;n o a una buena interpretaci&oacute;n de la realidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional ha pretendido constituirse en el enfoque hegem&oacute;nico de la ciencia pol&iacute;tica. Quiz&aacute; por ello, se han acentuado recientemente las cr&iacute;ticas internas (dentro de y cerca de los supuestos del enfoque) y externas (fuera de y lejos de los supuestos del enfoque) al mismo. Entre las primeras, sobresalen aquellas que destacan su monismo metodol&oacute;gico (A. Sen), la problem&aacute;tica relaci&oacute;n entre actores y estructura (D. North) y sus "patolog&iacute;as" metodol&oacute;gicas </i>(I. <i>Shapiro). Entre las segundas, destacan las cr&iacute;ticas de corte sociol&oacute;gico y culturalista que resaltan la importancia de las estructuras sociales, por un lado, y de la cultura, por el otro, en el an&aacute;lisis de los procesos pol&iacute;ticos, dimensiones que com&uacute;nmente son dejadas de lado por el programa original del enfoque de la elecci&oacute;n racional. &iquest;C&oacute;mo evaluar estas cr&iacute;ticas en su justa dimensi&oacute;n? &iquest;Pueden explicarse los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, en principio, en t&eacute;rminos del individuo y sus preferencias, y no en t&eacute;rminos de elites, grupos y clases sociales o de estructuras y sus correspondientes funciones?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AS: Tomo primero la &uacute;ltima pregunta, que me parece sencilla, y la respondo abrazando el llamado "individualismo metodol&oacute;gico", lo que no tiene nada de original. A estas alturas, ya casi todos los polit&oacute;logos somos individualistas metodol&oacute;gicos. La idea es sencilla: aunque nuestras explicaciones recurran a actores colectivos, organizaciones grandes, clases sociales o estructuras profundas de la sociedad, en &uacute;ltima instancia nuestra cadena de explicaci&oacute;n tiene que pasar por individuos. Si no podemos se&ntilde;alar c&oacute;mo nuestra explicaci&oacute;n opera a nivel individual, en t&eacute;rminos del razonamiento, la acci&oacute;n e interacci&oacute;n de actores individuales, tenemos que sospechar de ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cuesti&oacute;n diferente es c&oacute;mo evaluamos la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional. En esencia, la teor&iacute;a de elecci&oacute;n racional (que prefiero ver escrita con min&uacute;sculas, para que no parezca denominaci&oacute;n religiosa) descansa sobre la premisa fundamental de que los actores pol&iacute;ticos se mueven de manera estrat&eacute;gica. Persiguen sus fines tomando en cuenta que no est&aacute;n solos en el mundo. Saben que pueden fracasar f&aacute;cilmente si ignoran las voluntades y los recursos de otros actores. La inteligencia estrat&eacute;gica es la inteligencia de actuar frente a otros cuyos intereses e ideas no necesariamente coinciden con los nuestros. Aun cuando queremos ser buenos y miramos m&aacute;s all&aacute; de nuestros intereses propios, tenemos que actuar de manera estrat&eacute;gica. Recordemos la distinci&oacute;n que dibuj&oacute; Max Weber entre la &eacute;tica de las buenas intenciones <i>(Gesinnungsethik) </i>y la &eacute;tica de la responsabilidad <i>(Verantwortungsethik). </i>La primera es una &eacute;tica solitaria, que se contenta con querer y hacer lo que alg&uacute;n canon de buen comportamiento nos prescribe, sin importar las consecuencias. La segunda es una &eacute;tica social, que sabe que las buenas intenciones muchas veces nos llevan a resultados desastrosos. Por lo tanto, filtra sus decisiones morales por los lentes de la racionalidad estrat&eacute;gica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si la racionalidad estrat&eacute;gica es ubicua en nuestra vida cotidiana, es muy plausible que en pol&iacute;tica sea la racionalidad dominante. La pol&iacute;tica es un juego complejo entre aliados y adversarios. Es un espacio de poder, una arena plural en donde ideas divergentes, intereses opuestos y actores desiguales se encuentran, compiten y cooperan. Pol&iacute;tico que no toma en cuenta a los dem&aacute;s, que no piensa de manera estrat&eacute;gica, ser&aacute; un pol&iacute;tico fracasado por m&aacute;s aspiraciones de h&eacute;roe o redentor solitario que tenga. Si no se anticipa a los planes de sus aliados y adversarios, no va a ser nunca un agente de cambio, sino un objeto de l&aacute;stima. Lo anterior quiere decir que para la esfera competitiva del poder, el supuesto b&aacute;sico de la teor&iacute;a de elecci&oacute;n racional me parece acertado. Quieran lo que quieran, los actores pol&iacute;ticos quieren tener &eacute;xito, y para obtenerlo tienen que ser estrat&eacute;gicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, las versiones m&aacute;s sencillas de elecci&oacute;n racional se basan en concepciones de racionalidad muy estrechas. B&aacute;sicamente, estipulan que los actores pol&iacute;ticos se mueven por intereses personales y materiales de corto plazo. Lo &uacute;nico que cuenta son los c&aacute;lculos econ&oacute;micos: lo dem&aacute;s es ret&oacute;rica. Los motivos normativos solamente cuentan cuando los intereses personales son indeterminados. En lo personal, no comparto esta visi&oacute;n de la pol&iacute;tica como esfera enteramente amoral. Aunque concedo, tristemente, que a&uacute;n en democracia la pol&iacute;tica muchas veces se encarga ella misma de confirmar el cinismo o "realismo" desencantado. Tambi&eacute;n hay que decir que la teor&iacute;a de elecci&oacute;n racional se ha hecho cada vez m&aacute;s sofisticada, construyendo modelos cada vez m&aacute;s complejos que incluyen muchos elementos que van m&aacute;s all&aacute; del modelo microecon&oacute;mico inicial. Ya no es raro ver que explicaciones de <i>rational choice </i>incorporen elementos de racionalidad cognitiva (percepciones e informaci&oacute;n), racionalidad expresiva (la sinceridad de las "se&ntilde;ales" que emiten los actores) y racionalidad normativa (demandas por equidad o concepciones de justicia, por ejemplo).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FVU: La teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, m&aacute;s que pretender constituirse en el enfoque hegem&oacute;nico de la ciencia pol&iacute;tica ha tenido una influencia considerable sobre la pr&aacute;ctica de la ciencia pol&iacute;tica. Hay dos razones para entender esto y aceptar incluso buena parte de las explicaciones que nos ha proporcionado. Por una parte, al considerar al actor pol&iacute;tico como un actor que toma decisiones racionales y busca maximizar beneficios en funci&oacute;n de su esquema de preferencias, es l&oacute;gico que la ciencia pol&iacute;tica busque los cursos de acci&oacute;n que siguen estos actores, los resultados que obtienen y la forma en que interact&uacute;an con los dem&aacute;s actores en este proceso de maximizaci&oacute;n, para usar el propio lenguaje de la teor&iacute;a. Esta forma de explicaci&oacute;n tiene grandes ventajas, pero tambi&eacute;n l&iacute;mites; las cr&iacute;ticas que se han hecho y que se mencionan en la propia pregunta, cr&iacute;ticas desde adentro y cr&iacute;ticas desde fuera del esquema de la elecci&oacute;n racional, han levantado varios aspectos importantes respecto de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional. Uno de ellos es el que no todas las acciones de los actores pol&iacute;ticos son acciones racionales o bien, si consideramos que todas sus acciones deben tratarse como si fueran racionales, tenemos situaciones en las cuales las pasiones, los sentimientos, la cultura pol&iacute;tica, etc&eacute;tera, son m&aacute;s dif&iacute;ciles de analizar y de incorporar a la explicaci&oacute;n bajo este supuesto que si ampliamos los supuestos y admitimos de que hay componentes de otro tipo en el mismo actor, y conformamos ese actor como una entidad m&aacute;s compleja. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, tambi&eacute;n est&aacute; el tema de que al final de cuentas los actores no act&uacute;an en el vac&iacute;o, act&uacute;an en una estructura de relaciones. Siempre esa estructura de relaciones est&aacute; compuesta por las acciones y formas de comportamiento de los otros actores, y en ese sentido a m&iacute; me parece que este programa de la ciencia pol&iacute;tica, fundado en la elecci&oacute;n racional, ha permitido llegar a conclusiones importantes sobre los procesos pol&iacute;ticos. Tampoco debemos olvidar que regularmente toma por dados elementos del contexto y esta aceptaci&oacute;n axiom&aacute;tica es con frecuencia la admisi&oacute;n de que se act&uacute;a bajo circunstancias parecidas a las de las democracias desarrolladas, lo que se estrella en los pa&iacute;ses de desarrollo pol&iacute;tico distinto, de reciente democratizaci&oacute;n, o en pa&iacute;ses no democr&aacute;ticos en los que la estructura de relaci&oacute;n entre los actores es muy diferente. Me parece que autores como Douglas North han hecho un gran servicio y una gran aportaci&oacute;n al estudiar la forma en que se vinculan los actores con las estructuras y, sin dar por supuestas las caracter&iacute;sticas de las estructuras, las describe y las incorpora a partir de los elementos singulares que cada una de &eacute;stas tiene en diferentes contextos; eso permite que vuelva a entrar el tema de la cultura, el tema del nivel de desarrollo pol&iacute;tico de un pa&iacute;s, el tema de la segmentaci&oacute;n y de la polarizaci&oacute;n social. En sociedades con grados de polarizaci&oacute;n muy alto y de desigualdad muy grande, los procesos pol&iacute;ticos con frecuencia generan un contexto estructural de acci&oacute;n de los actores, en los que se producen deformaciones l&oacute;gicas de algunos de los supuestos de la elecci&oacute;n racional. Uno de esos elementos es sin duda el que en democracias poco desarrolladas, la igualdad pol&iacute;tica, la naturalizaci&oacute;n de los derechos impersonales, el acceso de libre entrada a todos los agentes sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos a las instituciones; no son hechos que puedan considerarse naturales sino, por el contrario, excepcionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces creo que en balance, la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional ha hecho contribuciones importantes, pero en definitiva se ha encontrado tambi&eacute;n con realidades que implican su modificaci&oacute;n y su contrastaci&oacute;n en forma significativa, y en este sentido me parece que el dato de hegemon&iacute;a, o supuesta hegemon&iacute;a, no es tan importante como el de la valoraci&oacute;n de sus contribuciones frente a lo que a&uacute;n no puede explicar la ciencia pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAO: Como ustedes saben, hace poco tiempo me di a la tarea de coordinar un volumen sobre metodolog&iacute;as pol&iacute;ticas y el subt&iacute;tulo que escog&iacute; fue: "Enfoques, procesos e instituciones" <i>(Metodolog&iacute;as para el An&aacute;lisis Pol&iacute;tico. Enfoques, procesos e instituciones, </i>UAM/Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico, 2006), en el entendido de que ello respond&iacute;a, precisamente, a la necesidad de complementaci&oacute;n &#151;m&aacute;s que de subdivisi&oacute;n a la manera de Gabriel Almond&#151; entre las escuelas y sectas de la ciencia pol&iacute;tica. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en la ciencia pol&iacute;tica hay muy poca posibilidad de hibridez y mestizaje. Yo, abiertamente, estoy mucho m&aacute;s en la l&oacute;gica del mestizaje, la hibridaci&oacute;n y la inter&#150;conectividad que refleja lo que son actualmente las sociedades modernas. Por tanto, soy partidario de una ciencia pol&iacute;tica que, m&aacute;s que rivalizar, demuestre que cada uno de sus campos es pertinente porque ha logrado explicar una parte de la realidad. Desde luego, alguien dir&aacute;: "eso es eclecticismo", pues s&iacute;, lo es. Frente al purismo ideol&oacute;gico o el purismo hermen&eacute;utico, creo que la ciencia pol&iacute;tica que practican ahora las nuevas generaciones tiene una mayor soltura, una mayor interacci&oacute;n y una verdadera complementariedad. Nosotros, evidentemente, no dejamos de tener explicaciones sociales, hist&oacute;ricas, culturales, racionales o econ&oacute;micas de alcance comprehensivo. Todo sigue siendo parte de esa gran radiograf&iacute;a que tenemos que construir alrededor de todos los fen&oacute;menos que nos interesan. Entonces, el hecho de que el <i>rational choice </i>se quiera entronizar como la versi&oacute;n m&aacute;s preferente o la m&aacute;s espec&iacute;fica, bueno eso s&iacute; es un problema. Porque entonces los otros enfoques estar&iacute;an subordinados o simplemente no ser&iacute;an v&aacute;lidos para quienes se concentran en normar sus criterios o tomar sus decisiones mediante la teor&iacute;a de juegos, la teor&iacute;a de escenarios o la prospectiva. Si esas formas de interpretar la realidad excluyen lo que son las externalidades, entonces estar&iacute;amos explicando solamente el 10 o el 20% de la realidad. M&aacute;s bien, dir&iacute;a que muchas veces los modelos de elecci&oacute;n racional explican las limitaciones que tenemos en t&eacute;rminos de informaci&oacute;n, de capacidad interpretativa y de visi&oacute;n integradora del fen&oacute;meno pol&iacute;tico. Por eso, mi apuesta es al rev&eacute;s: defender la idea de integraci&oacute;n a partir de tomar tanto como se pueda de los distintos elementos disponibles y, evidentemente, tener la objetividad de se&ntilde;alar "de esto estoy tomando esto", porque la explicaci&oacute;n que deriva para llegar a ese resultado se encuentra fundamentada en "esto y en aquello". Si estoy tomando factores sociol&oacute;gicos, culturalistas o filos&oacute;ficos es por un conjunto de razones que deben quedar explicitadas desde la definici&oacute;n del objeto de estudio. De ah&iacute; que resulte muy importante la honestidad del investigador, quien tiene que mostrar y explicar la baraja completa. Esto es lo que me parece interesante del reto: poder jugar con un repertorio de t&eacute;cnicas y de opciones. Eso, curiosamente, es lo que no ten&iacute;amos nosotros y en muchos sentidos carec&iacute;amos de buenas metodolog&iacute;as de ense&ntilde;anza y de buenas metodolog&iacute;as de interacci&oacute;n o de involucramiento de la gente con su propio objeto de estudio y con su propio instrumental t&eacute;cnico. Creo que uno de los procesos m&aacute;s importantes y novedosos de la ciencia pol&iacute;tica actual es que ha pretendido concentrar una sola manera de ense&ntilde;anza basada en el <i>rational choice; </i>sin embargo, me parece que esta suerte de monismo metodol&oacute;gico termina traicionando a la propia pluralidad que debe disponer no s&oacute;lo un cientista pol&iacute;tico sino en general todo cientista social o profesional que, al igual que el m&eacute;dico, debe tener acceso a todas las posibles t&eacute;cnicas para poder "salvar al paciente", si se me permite la analog&iacute;a. Creo que un polit&oacute;logo tiene, efectivamente, todo el derecho a confesarse partidario del <i>rational choice. </i>Empero, eso no debe ser limitativo o no tendr&iacute;a porque ser motivo de que independientemente de ello no pueda tener la posibilidad de interactuar. Eso es lo que hicieron, en su momento, gente como Adam Przeworski y Gerald A. Cohen, entre otros, quienes ligaron el marxismo con la elecci&oacute;n racional. El marxismo anal&iacute;tico y la elecci&oacute;n racional parecieran ser un ornitorrinco; sin embargo, curiosamente es una buena combinaci&oacute;n de preguntas y m&eacute;todos de investigaci&oacute;n que provienen tanto del <i>corpus </i>del pensamiento marxista como del instrumental de la elecci&oacute;n racional. Imagin&eacute;monos qu&eacute; habr&iacute;a sucedido si Karl Marx hubiera tenido en su tiempo el instrumental o la preparaci&oacute;n matem&aacute;tica que tienen ahora un Anthony Downs o un Amartya Sen. En muchos temas, como por ejemplo la llamada "renta b&aacute;sica" &#151;que es un asunto de enorme actualidad para la ciudadan&iacute;a y el republicanismo&#151;, se podr&iacute;an hacer varias conexiones con la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional. Temas que vendr&iacute;an apoyados, evidentemente, por preguntas &eacute;ticas clave como: &iquest;qu&eacute; es una sociedad justa?, y &iquest;c&oacute;mo podemos hacer que la distribuci&oacute;n del ingreso sea m&aacute;s equitativa? En realidad, la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional no ha salido bien librada como paradigma dominante de las cr&iacute;ticas como las que se han se&ntilde;alado. Por el contrario, los mismos cultivadores de la elecci&oacute;n racional han reconocido la importancia de combinar su propio n&uacute;cleo de conceptualizaci&oacute;n con otros ejes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la elecci&oacute;n racional ha terminado de generar lo que ahora se conoce como el "gran vecindario del neo&#150;institucionalismo": los institucionalistas culturalistas, los institucionalistas hist&oacute;ricos, los institucionalistas sociol&oacute;gicos, los blandos o duros. Al final de cuentas han tenido que admitir muchas de estas interacciones para dar salida a las cr&iacute;ticas que han surgido al paso del tiempo dentro del paradigma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El proceso de maduraci&oacute;n de cualquier ciencia est&aacute; directamente relacionado con la consolidaci&oacute;n de una identidad diferenciada de otras disciplinas cient&iacute;ficas. &iquest;Podemos hablar actualmente de una ciencia pol&iacute;tica madura? &iquest;Qu&eacute; avances existen en materia de identidad en la ciencia pol&iacute;tica? &iquest;En d&oacute;nde rastrear las se&ntilde;as de la identidad disciplinar: en las tem&aacute;ticas que se abordan, en el m&eacute;todo que se utiliza o en ambas?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AS: La identidad de la disciplina es primariamente tem&aacute;tica. En las sociedades modernas, funcionalmente diferenciadas (como dice la teor&iacute;a de los sistemas), la pol&iacute;tica se ha constituido como una esfera aut&oacute;noma, con l&oacute;gica propia, separada de otras esferas como la econom&iacute;a (aunque dependiente de ellas e influyente en ellas). La ciencia pol&iacute;tica estudia esta esfera aut&oacute;noma de la pol&iacute;tica. En esencia, es el estudio del Estado moderno &#151;sus estructuras y procesos internos, sus relaciones con la sociedad y el sistema internacional. En este sentido, tenemos un campo propio de investigaci&oacute;n que delimita las fronteras sustantivas de la disciplina. En cambio, no tenemos un m&eacute;todo de investigaci&oacute;n que sea propio de la ciencia pol&iacute;tica. Es decir, no tenemos ni un m&eacute;todo <i>com&uacute;n </i>ni uno que fuera <i>propio </i>de la disciplina.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, ojo, esto no quiere decir que no compartamos est&aacute;ndares de excelencia en nuestra labor de investigaci&oacute;n. Desde la perspectiva de muchos, lo que define la ciencia es el famoso m&eacute;todo cient&iacute;fico (siempre evocado en singular, como si hubiera uno s&oacute;lo). Desde la perspectiva de muchos tambi&eacute;n, lo que define el m&eacute;todo cient&iacute;fico es un conjunto de reglas que nos dicen, paso por paso, c&oacute;mo debemos proceder para generar conocimientos nuevos. Es una perspectiva burocr&aacute;tica de la ciencia. Concibe a los investigadores como una suerte de funcionarios p&uacute;blicos que aplican de manera mec&aacute;nica reglas preestablecidas a situaciones predefinidas. No es as&iacute;. La investigaci&oacute;n es mucho m&aacute;s compleja y creativa que las rutinas administrativas y mucho menos previsible y aburrida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que hacemos cuando tratamos de realizar investigaci&oacute;n emp&iacute;rica de primera no es aplicar un conjunto de reglas, sino balancear un conjunto de criterios. Siempre enfrentamos <i>trade&#150;offs </i>en las ciencias sociales. &iquest;Queremos estudiar poco, pero de manera profunda, o mucho, aunque sea de manera superficial? &iquest;Buscamos explicaciones parsimoniosas que nos explican una fracci&oacute;n de la realidad o explicaciones comprensivas que reflejan la complejidad de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos? &iquest;Queremos desarrollar conceptos ricos que captan finamente las particularidades de ciertos casos o conceptos m&aacute;s delgados que puedan viajar a trav&eacute;s del tiempo y el espacio?, etc&eacute;tera. El libro de King, Keohane y Verba sigue la tradici&oacute;n metodol&oacute;gica que podemos llamar burocr&aacute;tica o legislativa, que pretende definir cat&aacute;logos de reglas para las ciencias sociales. En cambio, un tratado metodol&oacute;gico que discute de manera muy did&aacute;ctica nuestra necesidad cotidiana de ponderar criterios diversos y muchas veces divergentes es el libro de John Gerring, <i>Social Science Methodology: A Criterial Framework </i>(Cambridge University Press, Cambridge, uk, 2001). En la ciencia pol&iacute;tica, no compartimos reglas burocr&aacute;ticas, pero s&iacute; creo (tentativamente) que compartimos de manera muy amplia est&aacute;ndares de excelencia. La ciencia es controversia, vive del debate cr&iacute;tico. Sin embargo, en las aproximadamente dos d&eacute;cadas que ya llevo en esta chamba, una y otra vez me han sorprendido las coincidencias que encontramos entre colegas cuando discutimos trabajos de investigaci&oacute;n, evaluamos manuscritos, calificamos tesis o entrevistamos candidatos para posiciones de investigaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FVU: Continuando con algunos de los elementos de la respuesta anterior, la ciencia pol&iacute;tica es una ciencia que ha tenido un avance importante al convertirse en una disciplina mucho m&aacute;s anal&iacute;tica, que incluso utiliza m&eacute;todos de car&aacute;cter algebraico y cuantitativos importantes, pero al mismo tiempo, insistir&iacute;a, es una ciencia a la cual le falta m&aacute;s capacidad para explicar a la mayor parte del mundo. Normalmente, cuando se trata de comunidades acad&eacute;micas muy densas, como la de los Estados Unidos, Inglaterra o Francia y algunos otros pa&iacute;ses que tienen una base universitaria y acad&eacute;mica importante y desarrollada, se producen tradiciones y l&iacute;neas de trabajo y de investigaci&oacute;n que abordan much&iacute;simos cient&iacute;ficos sociales que generan una gran cantidad de publicaciones. Pero tenemos otras regiones en las cuales hay un raquitismo institucional de la academia, como en los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, por ejemplo, en los cuales todav&iacute;a falta esta identidad de la ciencia pol&iacute;tica, porque adem&aacute;s es una ciencia que se va haciendo conforme van transform&aacute;ndose las estructuras pol&iacute;ticas y los comportamientos de los agentes y, en buena medida, se desarrolla en un contexto de cambio social de naturaleza diferente al que se presenta en otras realidades. En este sentido entonces me parece que la amplitud de fen&oacute;menos no suficientemente explicados, como el populismo, el cesarismo, la desafecci&oacute;n sobre la democracia en buena parte de las poblaciones y de las ciudadan&iacute;as de Am&eacute;rica Latina y de otras regiones del mundo, son asuntos que requieren explicaciones no tradicionales. Para esto, es necesaria una visi&oacute;n amplia que tome en consideraci&oacute;n qu&eacute; explicaciones se han dado en distintas partes del mundo, en otros momentos de la historia y tratar de entender hoy cu&aacute;l es la influencia de comportamientos concretos, c&oacute;mo se conduce la cultura, c&oacute;mo act&uacute;an los individuos y los actores pol&iacute;ticos propiamente definidos en contextos mucho m&aacute;s complejos y diversos de los que presupone en general la ciencia pol&iacute;tica surgida <i>en </i>la democracia. Esto va junto con otro elemento importante que ya abordamos antes en la entrevista, que es la vinculaci&oacute;n entre la teor&iacute;a normativa y la teor&iacute;a positiva. La ciencia pol&iacute;tica, en su mayor producci&oacute;n, ha sido una ciencia pol&iacute;tica que ha desmentido muchas de las caracter&iacute;sticas normativas de la teor&iacute;a pol&iacute;tica, pero muchos de sus resultados a&uacute;n est&aacute;n por analizarse en t&eacute;rminos de qu&eacute; implican desde el punto de vista normativo. Retomo el ejemplo que mencion&eacute; anteriormente: el propio Anthony Downs, uno de los autores seminales de la ciencia pol&iacute;tica moderna, consideraba que los actores racionales en la pol&iacute;tica actuar&aacute;n siempre maximizando sus posibilidades de obtenci&oacute;n de poder y renta, sin embargo tambi&eacute;n se&ntilde;alaba que esto s&oacute;lo podr&iacute;a ser regulado en la medida en que existieran normas de tipo constitucional y legal (que no excluyen paralelismos en lo cultural) que puedan disciplinar y controlar la forma en que se produce este fen&oacute;meno. No debe espantar a nadie que los pol&iacute;ticos quieran poder, para eso est&aacute;n, para querer el poder y usar el poder; el problema es otro: c&oacute;mo, para qu&eacute; y en qu&eacute; contexto usan el poder, y de ah&iacute; entonces que la teor&iacute;a positiva, por lo menos en casos como los de nuestros pa&iacute;ses, requiera mejores explicaciones acerca de qu&eacute; recomendaciones normativas de transformaci&oacute;n pol&iacute;tica se pueden extraer de las ense&ntilde;anzas que nos da la explicaci&oacute;n del comportamiento y las instituciones pol&iacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAO: Yo dir&iacute;a que en ambos. Si se me permite ser un poco autobiogr&aacute;fico y recordar c&oacute;mo empec&eacute; a estudiar ciencia pol&iacute;tica a principios de los a&ntilde;os ochenta, cuando entr&eacute; a la licenciatura en la UNAM, dir&iacute;a que ahora &#151;m&aacute;s de 25 a&ntilde;os despu&eacute;s&#151; veo las cosas con absoluto optimismo, ya que el aprendizaje ha sido continuo. El desaf&iacute;o, ciertamente, ha sido muy fuerte, en el sentido de las innovaciones que las nuevas generaciones han introducido incluso para modificar el entorno de la investigaci&oacute;n. Sin embargo, creo que estos elementos nos permiten hablar de "una comunidad politol&oacute;gica" que se refleja no solamente en el n&uacute;mero de instituciones que existen ahora en el &Aacute;rea Metropolitana de la Ciudad de M&eacute;xico o en la fundaci&oacute;n de centros dentro de las universidades del interior de la Rep&uacute;blica, sino tambi&eacute;n se expresa en el fortalecimiento de la organizaci&oacute;n disciplinaria desde el punto de vista profesional. Por ejemplo, el que exista ahora una Asociaci&oacute;n Latinoamericana de Ciencia Pol&iacute;tica (de la cual tengo el honor de formar parte actualmente de su Consejo Directivo) o que existan una gran cantidad de congresos y eventos que se suceden a&ntilde;o con a&ntilde;o, nos da una idea de la enorme movilidad pr&aacute;ctica y concreta de los polit&oacute;logos, y nos da una idea de que hay una comunidad politol&oacute;gica real, concreta y cotidiana. Ahora bien, &iquest;qu&eacute; tan fuerte es esa identidad y qu&eacute; tanto &#151;como se&ntilde;alan&#151; esa comunidad se ha construido a partir de las tem&aacute;ticas o del m&eacute;todo? Creo que lo que hasta ahora ha predominado m&aacute;s han sido las tem&aacute;ticas, las cuales han surgido en buena medida por la necesidad de la coyuntura pol&iacute;tica en que se mueven nuestras sociedades. De repente nos vimos inmersos en las transiciones y ahora estamos inmersos en la construcci&oacute;n institucional, en el aprendizaje de cambio de paradigma de la cultura autoritaria a la cultura democr&aacute;tica. De alguna manera estamos tratando de responder a las exigencias que plantean los propios actores pol&iacute;ticos que est&aacute;n a cargo de las decisiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, creo que la academia todav&iacute;a est&aacute; por detr&aacute;s de las necesidades reales que marcan las instituciones o los hacedores de decisi&oacute;n pol&iacute;tica, por lo que tenemos que apresurar el paso. Es decir, debemos tener una ciencia pol&iacute;tica m&aacute;s protag&oacute;nica, con mayor solidez en nuestro instrumental y discurso. Quiz&aacute;s ahora con mucha timidez tenemos la idea de que la ciencia pol&iacute;tica es sin&oacute;nimo de encuestas o de grupos de enfoque, o incluso es una ciencia que tiene que someterse cada vez m&aacute;s a los esquemas de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Estamos preocupados por capacitar a los pol&iacute;ticos para que &eacute;stos se muevan bien, se expresen bien y tengan "buena apariencia", pero no los capacitamos para que tengan buenas propuestas o sepan resolver a cabalidad los problemas de la construcci&oacute;n eficaz de las decisiones. Los polit&oacute;logos no hemos sido capaces de enriquecer propuestas, de integrar programas de gobierno adecuados, a fin de que eso sea lo que predomine en una campa&ntilde;a y no solamente la imagen. Entonces, nosotros tenemos que vigilar que el cuerpo de la "ciencia pol&iacute;tica" crezca arm&oacute;nicamente. Es precisamente este desarrollo arm&oacute;nico, esta complementaci&oacute;n o esta visi&oacute;n de conjunto lo que debemos tratar que prevalezca. Como ya lo he afirmado, creo que son igualmente perjudiciales tanto una ciencia pol&iacute;tica demasiado ideologizada como una ciencia pol&iacute;tica demasiado cuantitativa. Siempre los extremos son nocivos. En cambio, si buscamos ese punto intermedio, ese espacio de convergencia en donde todos los elementos puedan ser factibles de ser captados o aplicados seg&uacute;n la necesidad del momento, podr&iacute;amos darnos un mejor sentido de identidad. Sin embargo, creo que la identidad de los polit&oacute;logos se ha venido fortaleciendo por el peso de la necesidad de interacci&oacute;n entre colegas y grupos de investigaci&oacute;n. En efecto, la manera en que se comunican unos con otros, la mayor facilidad con que ahora se encuentran an&aacute;lisis que no solamente est&aacute;n centrados en el t&iacute;pico estudio de caso &#151;ubicado en un solo pa&iacute;s, con un solo actor&#151;, sino que incluso presentan intentos de comparaci&oacute;n, con datos que al menos provienen de otras latitudes o regiones del mundo, son, entre otros, elementos que nos permiten hablar de la presencia de una comunidad politol&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La ciencia pol&iacute;tica ha tenido un desarrollo desigual. En los pa&iacute;ses desarrollados (Estados Unidos y Europa), se definen las agendas de investigaci&oacute;n, se perfeccionan los m&eacute;todos y las t&eacute;cnicas, y se concentran las facultades, institutos y publicaciones especializados. Ante esta situaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; estrategia deben asumir los polit&oacute;logos de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos? &iquest;Su ventaja comparativa est&aacute; en la imitaci&oacute;n y /o continuaci&oacute;n de las agendas y m&eacute;todos hegem&oacute;nicos o en la innovaci&oacute;n de los mismos? En suma, el problema se reduce a la pregunta: &iquest;imitaci&oacute;n u originalidad?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AS: La mera imitaci&oacute;n no nos lleva a ninguna parte. Ciencia que no es innovadora deja de ser ciencia. Cualquier practicante de la ciencia pol&iacute;tica, est&eacute; en donde est&eacute;, dentro o fuera de los Estados Unidos, si quiere ser exitoso en la disciplina, si quiere tener voz y peso propios, tiene que ser innovador. La ciencia demanda eso: la "contribuci&oacute;n" de un trabajo es lo nuevo que aporta. Si no tiene un elemento innovador que pueda demostrar, ning&uacute;n trabajo vuela. En ese sentido, me parece clar&iacute;simo que tenemos que apostar por la innovaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, tambi&eacute;n est&aacute; clar&iacute;simo que no podemos ser innovadores sin descansar sobre lo que ya se ha hecho. Un estudio que no est&eacute; anclado en la investigaci&oacute;n existente no puede ser innovador. He visto colegas que llegan a afirmar: "Yo estudio la pol&iacute;tica mexicana y ni leo lo que escriben los gringos sobre M&eacute;xico, porque quiero desarrollar mi propia teor&iacute;a original." Al final, esas personas no van a saber, ni tienen modo de saber, si son originales o no, porque carecen de los puntos de referencia necesarios. Quien ignora lo viejo, no sabr&aacute; reconocer lo nuevo. En las ciencias, ni el nacionalismo cient&iacute;fico ni el individualismo vanidoso tienen sentido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay que asumirnos ni como perif&eacute;ricos, ni como meros consumidores de teor&iacute;as ajenas, ni como simples exportadores de materias primas (datos y relatos). No hay que exagerar la importancia de nuestra ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica, sea en M&eacute;xico o en otro lugar de la periferia o semiperiferia capitalista. El lugar en s&iacute; no significa demasiado. Significa que hay realidades pol&iacute;ticas y sociales que conocemos de cerca, mientras los colegas de otros pa&iacute;ses o regiones tienen que emprender viajes extensos de "trabajo de campo" para medio entenderlas. Significa tambi&eacute;n que muchas veces tenemos menos recursos que nuestros colegas del norte, menos infraestructura, menos autonom&iacute;a pol&iacute;tica, menos capital social, menor reputaci&oacute;n institucional. Las cosas cuestan m&aacute;s trabajo: el idioma ingl&eacute;s sigue siendo un umbral alto y no tenemos las redes sociales de los egresados de Berkeley o de Princeton. Pero el reto b&aacute;sico es el mismo: vincularnos con la comunidad acad&eacute;mica dentro y fuera, y tratar de hacer nuestra contribuci&oacute;n, sea emp&iacute;rica, te&oacute;rica, conceptual o metodol&oacute;gica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">FVU: Esta pregunta nos lleva al problema de la relaci&oacute;n entre pa&iacute;ses desarrollados y pa&iacute;ses no desarrollados, lo que conduce a la definici&oacute;n de las agendas de investigaci&oacute;n. Creo que esto se relaciona de nuevo con el tema de la formaci&oacute;n de muchos cient&iacute;ficos sociales en los pa&iacute;ses avanzados, que aprenden a investigar sobre la base de los supuestos de las estructuras y los procesos que se observan en esos pa&iacute;ses desarrollados y, con excepci&oacute;n de ciertos reductos que se dedican al estudio de los pa&iacute;ses no avanzados, la contrastaci&oacute;n de estas metodolog&iacute;as y teor&iacute;as con la realidad de pa&iacute;ses no avanzados a&uacute;n est&aacute; en pa&ntilde;ales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A m&iacute; me parece que la estrategia que deben asumir los polit&oacute;logos de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos no es desechar lo que se ha hecho y lo que se ha avanzado en distintas tradiciones en los pa&iacute;ses centrales, sino reflexionar, analizar y confrontar a partir de su propia realidad, la verdad o falsedad de esos paradigmas y afirmaciones que derivan de los estudios realizados en otros pa&iacute;ses.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece que esto es un ejercicio de confrontaci&oacute;n de las teor&iacute;as con el estudio de la realidad propia, y que en este sentido la disyuntiva de la imitaci&oacute;n de los patrones y agendas cient&iacute;ficas de los pa&iacute;ses desarrollados contra la innovaci&oacute;n o el absoluto cambio o rechazo de esos paradigmas para establecer otros de nuevo tipo, es un ejercicio quim&eacute;rico. Me parece que como en toda disciplina y como en toda ciencia, la imitaci&oacute;n y la originalidad van juntas, si no se replican experimentos que se han hecho en otras partes, en latitudes distintas, entonces no se tiene la prueba de si ese modelo puede tener un significado en una realidad distinta. Al final de cuentas estamos frente a la acci&oacute;n pol&iacute;tica de los seres humanos y eso tiene universalidad sobre la que ya los cl&aacute;sicos de la ciencia pol&iacute;tica y de la teor&iacute;a pol&iacute;tica, los fundadores en el siglo XVI y despu&eacute;s, establecieron de manera ejemplar y singular paradigmas esenciales que siguen estando ah&iacute; presentes y representan a&uacute;n un reto para la investigaci&oacute;n el d&iacute;a de hoy. Menciono tres nombres simplemente y ustedes me van a entender: Maquiavelo, Hobbes y Kant. Ninguno de ellos ha perdido actualidad, todos requieren de nuevo una relectura a partir de las condiciones actuales y en medio est&aacute; toda la investigaci&oacute;n y toda la teor&iacute;a que, insisto, tanto en el &aacute;mbito de la explicaci&oacute;n positiva como de la recomendaci&oacute;n normativa en la teor&iacute;a, se ha hecho acerca del desarrollo pol&iacute;tico de los pueblos, que es lo que importa explicar y estimular. A m&iacute; me parece que en ese sentido no hay una disyuntiva, creo que lo importante es saber ser cient&iacute;fico en las condiciones en que se practica la ciencia, y un aspecto que me parece muy importante y que ya mencion&eacute; un poco antes, que me parece complementario de esta agenda, es que mientras no se densifiquen las comunidades de la ciencia pol&iacute;tica en realidades como las nuestras, en pa&iacute;ses como los de Am&eacute;rica Latina, y se conviertan en verdaderas comunidades profesionales dedicadas al estudio de la realidad pol&iacute;tica, la ciencia pol&iacute;tica no va a avanzar de manera lo suficientemente fuerte y significativa como para representar una densidad te&oacute;rica y de masa cr&iacute;tica como la que se ha conseguido en otros pa&iacute;ses que han dedicado a la formaci&oacute;n de instituciones universitarias y centros de investigaci&oacute;n no s&oacute;lo muchos a&ntilde;os, sino tambi&eacute;n much&iacute;simos recursos, a diferencia de nuestros pa&iacute;ses, en que la ciencia sigue siendo asignatura pendiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAO: El problema es si la imitaci&oacute;n <i>per se </i>te crea un cargo de conciencia o no. Desde luego, todo mundo aspira a ser original. Nadie estar&iacute;a en contra de esta propuesta. Ahora bien, el problema comienza cuando nosotros ubicamos aquello que no nos funciona, no nos interesa o no nos parece conveniente bajo el concepto de imitaci&oacute;n; quiz&aacute;s en este momento dir&iacute;amos que a lo mejor se trata de una falsa dicotom&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute;? Porque en un momento dado lo importante es, por ejemplo, &iquest;c&oacute;mo garantizar que una comunidad pueda resolver sus problemas de transporte? La pregunta es la misma en Tailandia, M&eacute;xico o Suecia, porque se tiene que resolver una necesidad de la gente. La diferencia, en todo caso, no est&aacute; en el "qu&eacute;" sino en el "c&oacute;mo". Eso s&iacute; puede marcar diferencias entre escuelas, m&eacute;todos, corrientes e ideolog&iacute;as, estemos o no desconociendo la pertinencia o la validez de algo que si bien no lo vea cercano a mi propia experiencia, piense que pueda ser &uacute;til para mi propia realidad. Entonces, evidentemente, esa s&iacute; es una premisa con la que todo proceso de interacci&oacute;n, de mestizaje, de hibridez o de adaptaci&oacute;n tiene que hacerse cargo. Sin embargo, no podemos llegar al extremo opuesto, que sostiene que simplemente por el hecho de que algo viene de afuera no lo vamos a hacer, no est&aacute; adaptado o no tiene nada que ver con nuestra realidad. M&aacute;s bien, si estamos hablando de una ciencia pol&iacute;tica que trascienda fronteras y par&aacute;metros, entonces lo &uacute;nico que ponemos por delante es la pertinencia objetiva de codificar y de entender problemas comunes, como por ejemplo el sida. Los protocolos de investigaci&oacute;n no distinguen si es en &Aacute;frica o en Europa; evidentemente hay diferencias entre los protocolos de investigaci&oacute;n que permiten investigar, por ejemplo, con cuatro reactivos en Europa y con un solo reactivo en &Aacute;frica, pero en el fondo ambos tienen el mismo objetivo e intenci&oacute;n: resolver un problema com&uacute;n. Lo que no tenemos en la ciencia pol&iacute;tica es esa experiencia. Eso es lo que s&iacute; veo en el problema de la "imitaci&oacute;n" (entre comillas): la auto&#150;limitaci&oacute;n que muchas veces genera esa distancia y el prejuicio que muchas veces impide que nosotros verdaderamente podamos hacerlo, sea por falta de recursos o porque realmente no tenemos todav&iacute;a un nivel de experiencia, lo que no significa que seamos mejores o peores. Simplemente tenemos otro contexto u otra realidad. Creo, entonces, que este tipo de situaciones depende de qu&eacute; tanto en Am&eacute;rica Latina &#151;y especialmente en M&eacute;xico&#151; se fue construyendo una ciencia pol&iacute;tica enga&ntilde;osamente muy autosuficiente. M&eacute;xico es un pa&iacute;s que tiene una recepci&oacute;n muy grande de gente de muchos lados, pero curiosamente los mexicanos &#151;salvo cuando salimos a estudiar a alguna universidad del extranjero&#151; no mantenemos la misma din&aacute;mica de investigaci&oacute;n o de grupos de investigaci&oacute;n como s&iacute; la tienen los chilenos, los argentinos o los colombianos, quienes, evidentemente, por sus circunstancias pol&iacute;ticas se han visto m&aacute;s obligados a quedarse fuera de sus pa&iacute;ses. Me llama mucho la atenci&oacute;n, por ejemplo, c&oacute;mo se ha "latinoamericanizado" la ciencia pol&iacute;tica estadounidense, en particular dos o tres nacionalidades son las que tienen mayor cantidad de polit&oacute;logos como l&iacute;deres en sus respectivos campos. Por citar algunos nombres importantes: Gerardo Munck, Guillermo O'Donnell, Jorge Dom&iacute;nguez y Arturo Valenzuela, entre otros. O el caso de Andreas Schedler, de origen austriaco, quien est&aacute; haciendo pol&iacute;tica comparada a gran nivel en una instituci&oacute;n mexicana. Todo esto te habla de que la desfocalizaci&oacute;n o desregionalizaci&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica es quiz&aacute; un elemento que empieza a permear en la propia identidad disciplinar. De ah&iacute; que ya no podamos hablar de una ciencia pol&iacute;tica nacional o regional en sentido estricto. Estamos viendo una globalizaci&oacute;n e interacci&oacute;n que est&aacute; facilitando que muchas cosas puedan ser r&aacute;pidamente adoptadas. Simplemente las estamos incorporando como parte de nuestro bagaje cotidiano, sin prejuiciar si vienen de fuera o de lejos. Esta actitud est&aacute; mucho m&aacute;s enraizada en las nuevas generaciones que en mi propia generaci&oacute;n. Por ejemplo, en los a&ntilde;os ochenta discut&iacute;amos apasionadamente las fortalezas y debilidades de las corrientes del marxismo: el trotskismo, el estalinismo, el mao&iacute;smo. Incluso, cuando el eminente profesor Marcos Kaplan (q.e.p.d.) se atrevi&oacute; a darnos por primera vez a Agnes Heller y la llamada "Escuela de Budapest", todo el mundo se le qued&oacute; viendo c&oacute;mo diciendo: "&iquest;de qu&eacute; me est&aacute; usted hablando?, &iquest;marxismo c&aacute;lido contra marxismo fr&iacute;o?". O cuando lleg&oacute; Antonio Gramsci, todos los que eran ortodoxos (mao&iacute;stas, trotskistas o estalinistas) se vieron invadidos o pervertidos por un conjunto de actores que ven&iacute;an de otro lado: la Europa de la cr&iacute;tica cultural, el eurocomunismo o el resurgimiento de la socialdemocracia. Finalmente, eso es lo que est&aacute; pasando hoy en d&iacute;a con la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional. En vez de tener explosiones catastr&oacute;ficas, estamos presenciando procesos centr&iacute;petos, es decir, elementos que todav&iacute;a se han logrado fusionar o amalgamar. Esa es una de las grandes virtudes que no ha sido suficientemente valorada, por lo menos en nuestro propio espacio latinoamericano. Todo ello, creo, ha fortalecido mucho la identidad disciplinaria en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>En M&eacute;xico, la producci&oacute;n cient&iacute;fica de corte politol&oacute;gico ha tendido a intensificarse como consecuencia del proceso de cambio pol&iacute;tico suscitado en d&eacute;cadas recientes. Al respecto, cabe preguntarse: &iquest;el diagn&oacute;stico cr&iacute;tico de Sartori sobre la ciencia pol&iacute;tica estadounidense puede extenderse a la ciencia pol&iacute;tica mexicana? &iquest;Observa un predominio del enfoque de la elecci&oacute;n racional o de la cuantificaci&oacute;n en las principales revistas mexicanas en temas de ciencia pol&iacute;tica? &iquest;Cu&aacute;l su perspectiva sobre el estado actual de la ciencia pol&iacute;tica en M&eacute;xico?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AS: La ciencia pol&iacute;tica mexicana no es la estadounidense. Todav&iacute;a anda en otro mundo. En buena parte. Igual que en muchas latitudes fuera de Estados Unidos, se mueve todav&iacute;a en un mundo m&aacute;s relajado y m&aacute;s protegido. Las presiones y las exigencias m&uacute;ltiples que se viven en la academia estadounidense, muchas veces no se viven de la misma manera ni en Europa, ni en Jap&oacute;n, ni en la India, ni en M&eacute;xico ni en Am&eacute;rica Latina en general. Hay mucha gente en M&eacute;xico que hace ciencia pol&iacute;tica, pero muchos de ellos trabajan en condiciones bastante complicadas. Las universidades privadas en M&eacute;xico son colegios, f&aacute;bricas de docencia que no dejan gran espacio para la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. Las universidades p&uacute;blicas de provincia muchas veces est&aacute;n sujetas a los vaivenes de su dependencia pol&iacute;tica, del gobernador en turno, al tiempo que se devoran en la grilla interna propia de comunidades peque&ntilde;as e inseguras. En general, ni los privados ni los p&uacute;blicos tienen la infraestructura y los recursos necesarios para sostener la investigaci&oacute;n de punta. La Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la UNAM, la mayor casa de estudios pol&iacute;ticos en el pa&iacute;s, s&iacute; tiene la autonom&iacute;a y los recursos requeridos, pero los dilapida generosamente en nombre de una concepci&oacute;n pol&iacute;tica de la ciencia pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el grueso de la producci&oacute;n "seria" en ciencia pol&iacute;tica se da en un pu&ntilde;ado de instituciones que todos conocemos. Me van a crucificar por mis generalidades que no hacen justicia a las excepciones notables de excelencia, relevancia e innovaci&oacute;n que tambi&eacute;n existen. Pero en t&eacute;rminos generales, la ciencia pol&iacute;tica mexicana sigue siendo muy parroquial y "rollera". Le hace mucha falta una mayor presencia de aquella ciencia pol&iacute;tica que critica Sartori con tanta elocuencia. Le hace falta m&aacute;s investigaci&oacute;n emp&iacute;rica y sistem&aacute;tica, m&aacute;s generaci&oacute;n de datos, m&aacute;s estad&iacute;stica y matem&aacute;tica, mayor atenci&oacute;n a los c&aacute;nones de observaci&oacute;n e inferencia, mayor vinculaci&oacute;n con la literatura comparada. Aun cuando no comparto premisas positivistas fundamentales, opino que a la ciencia pol&iacute;tica del pa&iacute;s le caer&iacute;a muy bien una mayor dosis de positivismo emp&iacute;rico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FVU: La manera como yo lo veo es que en M&eacute;xico tuvimos una tradici&oacute;n de ciencia pol&iacute;tica, si se le puede llamar de esa manera, que se dedicaba b&aacute;sicamente a la "lectura de la bola de cristal", porque en realidad el sistema pol&iacute;tico ten&iacute;a tales caracter&iacute;sticas que, dig&aacute;moslo con toda franqueza, para los polit&oacute;logos hab&iacute;a poco trabajo, y buena parte de la supuesta politolog&iacute;a o era historiograf&iacute;a o bien era "adivinar" qui&eacute;n ser&iacute;a el pr&oacute;ximo candidato a cualquier puesto: gobernador, diputado, presidente municipal. Para eso hab&iacute;a que escrutar al partido dominante o al presidente de la Rep&uacute;blica, y el que ten&iacute;a el mejor chisme era el mejor polit&oacute;logo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se hicieron tambi&eacute;n algunos estudios sobre la relaci&oacute;n entre la sociedad, sus estructuras, su heterogeneidad y la organizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, pero eso no era propiamente ciencia pol&iacute;tica, eso era sociolog&iacute;a. O bien se hizo historia de la formaci&oacute;n de las instituciones pol&iacute;ticas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que no puede extenderse del todo el diagn&oacute;stico de Sartori sobre la ciencia pol&iacute;tica estadounidense a la ciencia pol&iacute;tica mexicana, porque tienen niveles de desarrollo muy diferentes, porque la diversidad de temas y enfoques con los que se manejan los asuntos de pol&iacute;tica mexicana, en la academia mexicana, tambi&eacute;n son diversos. Tambi&eacute;n son m&aacute;s pobres que en Estados Unidos desde el punto de vista de la densidad de los estudios, de la densidad en el sentido de la cantidad de gente estudiando los mismos fen&oacute;menos, los grupos, las comunidades, las academias, no en el sentido de la universidad, sino las academias en el sentido de las organizaciones acad&eacute;micas destinadas al estudio de los problemas parlamentarios, municipales, de los congresos, etc&eacute;tera. Yo creo que eso est&aacute; en pa&ntilde;ales, est&aacute; desarroll&aacute;ndose, est&aacute; inici&aacute;ndose; entonces es temprano para ver esto. S&iacute; detecto &#151;y me parece una contribuci&oacute;n considerablemente importante&#151; que hay una influencia de los enfoques epist&eacute;micos que provienen del individualismo metodol&oacute;gico para el estudio de la pol&iacute;tica en M&eacute;xico, algunos de los cuales se emparientan directamente con los temas de elecci&oacute;n social y elecci&oacute;n racional y me parecen ben&eacute;ficos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo generalmente me pronuncio en contra de las hegemon&iacute;as acad&eacute;micas. A m&iacute; no me gusta que exista el predominio de un solo enfoque. S&iacute; creo que debemos pasar de la descripci&oacute;n gruesa de anta&ntilde;o a los estudios de car&aacute;cter m&aacute;s explicativos, de causalidad, de por qu&eacute; pasan las cosas, y en este sentido creo que hemos empezado a tener contribuciones importantes que nos permiten distinguir entre estas grandes colecciones de hechos y narraciones acerca de c&oacute;mo se comportaba un actor, a c&oacute;mo est&aacute; interactuando hoy en un sistema pol&iacute;tico que tambi&eacute;n cambi&oacute;, pero esto tambi&eacute;n es posible porque el sistema pol&iacute;tico cambi&oacute;. Al cambiar el sistema pol&iacute;tico, y para decirlo <i>contrario sensu </i>a lo que dije respecto del momento anterior, hoy los polit&oacute;logos s&iacute; tenemos trabajo, a veces demasiado, y somos insuficientes para explicar todo lo que est&aacute; pasando. En ese sentido, entonces, creo que el diagn&oacute;stico de Sartori no puede extenderse a la totalidad; no observo un predominio del enfoque de la elecci&oacute;n racional o de la cuantificaci&oacute;n en las principales revistas mexicanas en temas de ciencia pol&iacute;tica; creo que sigue habiendo diversidad, y eso me parece tambi&eacute;n bueno, aunque, lo que s&iacute; noto, y eso s&iacute; me preocupa, es que hay poco debate, es decir, creo que se organizan pocos seminarios, congresos, coloquios entre los distintos puntos de vista para explicar los problemas, y ah&iacute; me parece que tenemos un problema de comunidad cient&iacute;fica. Deber&iacute;amos promover m&aacute;s la discusi&oacute;n y creo que las revistas pueden jugar un papel muy importante en esto, porque las revistas est&aacute;n recogiendo buena parte de lo m&aacute;s relevante de la producci&oacute;n reciente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y respecto al estado actual de la ciencia pol&iacute;tica en M&eacute;xico, mi perspectiva es que es una disciplina que requiere mayor desarrollo, que deber&iacute;a tener mucho m&aacute;s espacio en las instituciones acad&eacute;micas. Por desgracia, la formaci&oacute;n b&aacute;sica en ciencia pol&iacute;tica, es decir, en licenciatura, es muy deficiente; tenemos facultades y escuelas, con muy pocas excepciones, que en general ense&ntilde;an viejos modelos que est&aacute;n ya completamente fuera de la actualidad de la ciencia pol&iacute;tica. Me parece indispensable una renovaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza, en la licenciatura principalmente, para que luego sea posible en los otros niveles. Sin embargo, tambi&eacute;n tenemos varias instituciones que ofrecen programas de posgrado que son muy consistentes, que son muy serios, y sin embargo, son insuficientes. Es poca la masa cr&iacute;tica que re&uacute;nen como para que pudi&eacute;ramos tener una ciencia pol&iacute;tica m&aacute;s robusta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y respecto de los temas, pues me parece que actualmente se trabajan todos los temas. El problema es que la magnitud de los problemas rebasa la cantidad de investigadores, y rebasa la cantidad de investigaciones que se hacen sobre los problemas que tienen que ver con la debilidad de la democracia, la persistencia del antiguo r&eacute;gimen en muchos aspectos, las dificultades para estructurar un sistema pol&iacute;tico bajo l&oacute;gicas diferentes a las del pasado, los problemas de cultura pol&iacute;tica, etc&eacute;tera. La lista podr&iacute;a continuar hacia muchos otros aspectos que son insuficientemente estudiados. Adem&aacute;s, por desgracia, las investigaciones tienen insuficiente resonancia en la opini&oacute;n p&uacute;blica y a&uacute;n m&aacute;s insuficiente impacto en los medios pol&iacute;ticos. Tenemos una clase pol&iacute;tica profundamente anti&#150;intelectual en todos los niveles, y muy analfabeta en pol&iacute;tica y otros rubros m&aacute;s elementales, y eso es tambi&eacute;n un problema. Mientras que uno ve en los pa&iacute;ses desarrollados c&oacute;mo los pol&iacute;ticos, los gobernantes, suelen dialogar de manera continua con la academia para analizar problemas, en M&eacute;xico esto es a&uacute;n realmente escaso, y cuando ocurre, ocurre de manera muy oportunista respecto de los temas y problemas que est&aacute;n enfrente. Se hacen para hacer un poco el <i>introito </i>a la obra que permitir&aacute; legitimar una legislaci&oacute;n, como ha ocurrido recientemente con varios proyectos de ley que ni siquiera quiero mencionar para no ofender a nadie. Ah&iacute; veo que hay varios problemas que nos colocan todav&iacute;a en una posici&oacute;n de raquitismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAO: En M&eacute;xico hay instituciones, como el CIDE, el Tecnol&oacute;gico de Monterrey y el ITAM, que abiertamente han tomado la apuesta de ense&ntilde;ar este tipo de ciencia pol&iacute;tica. De hecho, ya hay generaciones completas y ello ha tenido un impacto importante en la conformaci&oacute;n de la propia clase pol&iacute;tica en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En efecto, no podr&iacute;amos entender el surgimiento de la llamada "tecnocracia" si no estuviera asociado con aquellos profesionales que vienen del campo de la econom&iacute;a y del campo de la ciencia pol&iacute;tica asociado a esos paradigmas. Como consecuencia de lo anterior, se ha dado un cambio en la &eacute;lite del poder, que originariamente proven&iacute;a de un campo muy dominado por las universidades p&uacute;blicas, particularmente la UNAM. Esta situaci&oacute;n obliga a las universidades p&uacute;blicas a empezar a saldar cuentas consigo mismas, a fin de ense&ntilde;ar no solamente un tipo de ciencia pol&iacute;tica o ciertas corrientes de la misma, sino un repertorio m&aacute;s amplio. Cuesti&oacute;n que, por cierto, no s&eacute; qu&eacute; tanto suceda a la inversa, es decir, qu&eacute; tanto est&eacute;n abiertos quienes defienden la cuantificaci&oacute;n. Ah&iacute;, creo que ellos est&aacute;n demasiado preocupados todav&iacute;a por imponer su paradigma. En contraste, una cuesti&oacute;n que me parece m&aacute;s plausible es que empiezo a encontrar entre algunos colegas de las universidades p&uacute;blicas una mayor disposici&oacute;n para hacer este ejercicio de manera m&aacute;s equilibrada y empezar a traer cosas del otro campo al suyo propio. Generalmente, &iquest;qu&eacute; es lo que suced&iacute;a en las revistas acad&eacute;micas? En las revistas predominaban los estudios de hist&oacute;rica pol&iacute;tica, los recuentos de una determinada coyuntura, y eso nos acercaba m&aacute;s a los historiadores. Ah&iacute;, por ejemplo, el gran paradigma de lo que es y lo que puede hacer la historia pol&iacute;tica es el que nos hered&oacute; Gast&oacute;n Garc&iacute;a Cant&uacute;, y, evidentemente, quien sigui&oacute; en esa escuela y sigue siendo un gran aporte es Arnaldo C&oacute;rdova. Otro que est&aacute; en esa l&iacute;nea es mi querido profesor Javier Garciadiego. En conjunto, son polit&oacute;logos, soci&oacute;logos o abogados formados alrededor de la metodolog&iacute;a hist&oacute;rica. Se trata, indudablemente, de una fuente esencial para entender la coyuntura, el contexto y la trascendencia de un per&iacute;odo de larga duraci&oacute;n. De ah&iacute; que un polit&oacute;logo no pueda prescindir de esa formaci&oacute;n. Un polit&oacute;logo sin historia y sin memoria, no me parece pensable o factible. Por otro lado, se encuentran todas las contribuciones que provienen de la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica, que para nosotros tiene su origen moderno con Pablo Gonz&aacute;lez Casanova y <i>La Democracia en M&eacute;xico </i>(Era, M&eacute;xico, 1965), primer gran estudio diagn&oacute;stico sobre las condiciones institucionales y estructurales que se presentan en una realidad dada como es el caso de M&eacute;xico. &iquest;Cu&aacute;l es la pretensi&oacute;n de ese diagn&oacute;stico? Generar los cambios necesarios para salir de una situaci&oacute;n de pobreza o de subdesarrollo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico a partir de comparar una alternativa liberal&#150;pluralista &#151;como &eacute;l lo pensaba&#151; o una alternativa marxista. Despu&eacute;s, le sigui&oacute; Daniel Cos&iacute;o Villegas, con el libro <i>El sistema pol&iacute;tico mexicano </i>(M&eacute;xico, Joaqu&iacute;n Mortiz, 1972). En &eacute;l, tambi&eacute;n hallamos las dos columnas vertebrales &#151;tanto por la vertiente liberal como por la vertiente marxista&#151; que son los primeros grandes antecedentes de lo que el institucionalismo o la versi&oacute;n sociol&oacute;gica de la ciencia pol&iacute;tica pod&iacute;a darnos de entonces a lo que sigue aconteciendo a la fecha entre el "nacionalismo" y el "neoliberalismo". Posteriormente, creo que todas las derivaciones subsecuentes &#151;y que ahora son como un tercer brazo anal&iacute;tico&#151; han confluido en los estudios de la elecci&oacute;n racional o de cuantificaci&oacute;n econ&oacute;mica. Todav&iacute;a estamos esperando el gran estudio que nos permita entender, precisamente, el valor de la cuantificaci&oacute;n por s&iacute; mismo y no como un elemento de apoyo. Nos hace falta todav&iacute;a ese gran estudio que demuestre las bondades del <i>rational choice. </i>Ahora bien, &iquest;a qu&eacute; nos ha acercado el <i>rational choice? </i>Bueno, nos ha acercado a muy buenos ejercicios aproximativos a nivel de los libros o de las revistas. Por ejemplo, en los estudios legislativos, a entender dentro de la l&oacute;gica de la toma de decisiones, a la pol&iacute;tica de coaliciones o la pol&iacute;tica de alianzas; en los estudios electorales, a entender la din&aacute;mica del voto y el comportamiento prospectivo y retrospectivo del votante mexicano. Aqu&iacute; tambi&eacute;n, hay un &aacute;rea de estudio muy interesante que hasta ahora hab&iacute;a estado postergada: la de la psicolog&iacute;a y la cultura pol&iacute;tica, que se plantea el entendimiento de los valores y actitudes de los mexicanos. Anteriormente, ya Samuel Ramos u Octavio Paz hab&iacute;an intentado comprender la naturaleza del mexicano desde una perspectiva sociol&oacute;gico&#150;antropol&oacute;gica. Igualmente, los primeros estudios cuantitativos que empiezan a hacer gentes del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, como Lucio Mendieta o Ra&uacute;l Ben&iacute;tez Zenteno, o los trabajos de Rafael Segovia sobre la politizaci&oacute;n del ni&ntilde;o mexicano, se encuentran en una l&iacute;nea de estudio similar. Pero, curiosamente, los estudios sobre &eacute;lites fueron los primeros que nos llegaron desde fuera en clave cuantitativa. Destaca, al respecto, Peter H. Smith, con su libro <i>Los laberintos del poder: El reclutamiento de las &eacute;lites pol&iacute;ticas en M&eacute;xico, 1900&#150;1971 </i>(El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico, 1982), y en clave m&aacute;s cualitativa, Roderic Ai Camp, con sus estudios sobre el reclutamiento pol&iacute;tico en M&eacute;xico. Todo esto nos da una idea de que estamos ante una disciplina que en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos no tiene m&aacute;s all&aacute; de medio siglo de vida, pero que no carece de referentes o tradiciones. Si tomamos en cuenta que la hoy Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la UNAM, fundada en 1951, fue la primera facultad de estudios de y sobre la pol&iacute;tica, y que nuestro primer titulado formal &#151;si mal no recuerdo&#151; fue Mois&eacute;s Ochoa Campos, quien escribi&oacute; una tesis sobre la reforma municipal en M&eacute;xico &#151;todav&iacute;a m&aacute;s en tono de administraci&oacute;n p&uacute;blica que propiame    nte de ciencia pol&iacute;tica&#151; mucho se ha recorrido desde entonces gracias a la presencia de pensadores como Ra&uacute;l Cardiel Reyes, V&iacute;ctor Flores Olea, Enrique Gonz&aacute;lez Pedrero, entre muchos otros quienes dieron forma a los primeros estudios politol&oacute;gicos, mismos que despu&eacute;s fueron retomados por otras instituciones. Sin embargo, ya Mois&eacute;s Ochoa se planteaba qu&eacute; podemos hacer para mejorar las instituciones. Claro, es un estudio completamente administrativo y hasta tiempos muy recientes es cuando en M&eacute;xico tambi&eacute;n tomamos en cuenta cuestiones a las que antes se les ten&iacute;a cierta aversi&oacute;n: la administraci&oacute;n p&uacute;blica y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Siempre estuvo presente la disyuntiva de si somos polit&oacute;logos y administradores p&uacute;blicos, o somos puramente polit&oacute;logos. Desde luego, cada vez estoy m&aacute;s convencido de que somos polit&oacute;logos y aparte somos algo m&aacute;s como cientistas sociales. &iquest;Por qu&eacute;? Porque estamos interactuando en m&aacute;s de un campo de conocimiento y porque los actores relevantes que dejaron alguna pauta para el desarrollo de la ciencia pol&iacute;tica, marcaron tambi&eacute;n un conjunto de derroteros sobre los cuales no podemos dejar de tener un reconocimiento general, para de ah&iacute; partir para encontrar polit&oacute;logos cada vez m&aacute;s especializados. Los dos campos de inicio en los que yo me desarroll&eacute;: la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y la historia pol&iacute;tica, se complementaron m&aacute;s tarde con la pol&iacute;tica comparada y el estudio de las instituciones pol&iacute;ticas. Ahora, mi actividad cotidiana se centra en el estudio de los partidos pol&iacute;ticos o el estudio del Congreso, que son dos &aacute;reas mucho m&aacute;s aterrizadas. Actualmente, en el campo de los partidos pol&iacute;ticos te permite especializar en el estudio de las plataformas, la selecci&oacute;n de candidatos o en los esquemas de organizaci&oacute;n y financiamiento, por ejemplo. Hemos llegado realmente a un nivel de desglose muy detallado. Incluso, m&aacute;s all&aacute; de ubicar si est&aacute;s dentro de una corriente o no, lo que s&iacute; se observa es la enorme velocidad con que los temas se van subdividiendo y eso s&iacute; creo que es algo a lo que debemos prestar atenci&oacute;n porque al rato, si no tenemos un m&iacute;nimo de auto&#150;cr&iacute;tica, vamos a llegar a un nivel tal de minuciosidad o especificidad que <i>x </i>o <i>y </i>estudio ser&aacute; &uacute;nicamente relevante para una o dos personas, o incluso solamente para el que lo escribi&oacute;. Corremos el riesgo de perder la visi&oacute;n de conjunto, la perspectiva arm&oacute;nica dentro del bosque, en nuestro af&aacute;n de llegar al descubrimiento de una subespecie microsc&oacute;pica. Claro, si alguien me demuestra que con ese descubrimiento microsc&oacute;pico el mundo se puede o no colapsar, pues entonces tendremos que considerarlo y reconocer nuestro error, que es otra gran virtud del aprendizaje que no podemos olvidar en la ense&ntilde;anza de la ciencia. Pero creo que s&iacute; hay que mantener cierto equilibrio en esta situaci&oacute;n. Los <i>journals, </i>por su parte, tambi&eacute;n tienen que generar este tipo de auto&#150;evaluaci&oacute;n: &iquest;qu&eacute; tanto realmente necesitamos salir por salir o publicar por publicar? Otro aspecto que es m&aacute;s bien de pol&iacute;tica cient&iacute;fica &#151;m&aacute;s que de ciencia pol&iacute;tica&#151; es que las instituciones se vean obligadas a demostrar resultados simplemente por cubrir las modas y los requerimientos administrativos, y no tanto como un compromiso real de interactuar y proceder a construir una ciencia pol&iacute;tica que puede llevarse su propio tiempo, que tiene que madurar, que tiene que comprobarse y generar todos los elementos de seguimiento de mediano o largo plazo. En ocasiones, un mal efecto de las pol&iacute;ticas educativas es que resulta muy f&aacute;cil hacer una encuesta o algunas interpretaciones y con eso escribimos un art&iacute;culo de corto plazo para cubrir los puntos o un requisito institucional. Realmente lo estamos haciendo por el mero af&aacute;n de resolver cosas inmediatas y no con el verdadero objetivo de realizar una investigaci&oacute;n que pueda contextualizarse en algo m&aacute;s estructural, en algo m&aacute;s arm&oacute;nico o en algo m&aacute;s interactivo que produzca un mejor y productivo resultado.</font></p>      ]]></body>
</article>
