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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La enseñanza de la historia como ejercicio de memoria y resistencia frente al olvido: la experiencia de Uruguay. Entrevista con el historiador Gerardo Caetano]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La ense&ntilde;anza de la historia como ejercicio de memoria y resistencia frente al olvido: la experiencia de Uruguay. Entrevista con el historiador Gerardo Caetano<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Buriano y Silvia Dutr&eacute;nit*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesoras&#150;investigadoras titulares del Instituto Mora. Historiadoras y Doctoras en Estudios Latinoamericanos. Correos electr&oacute;nicos: <a href="mailto:aburiano@mora.edu.mx" target="_blank">aburiano@mora.edu.mx</a> y <a href="mailto:sdutrenit@mora.edu.mx" target="_blank">sdutrenit@mora.edu.mx</a></i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Hace apenas tres meses, cuando comenzaba el oto&ntilde;o aqu&iacute;, en el hemisferio norte, conversamos con el historiador uruguayo Gerardo Caetano, quien impart&iacute;a un seminario sobre Pol&iacute;ticas sobre derechos humanos y archivos de la represi&oacute;n: pasado y futuro en el Instituto Mora y en la Flacso.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Caetano ha dedicado pr&aacute;cticamente su vida acad&eacute;mica y profesional al estudio de la historia pol&iacute;tica uruguaya de entre siglos. Se trata, sin duda, de un agudo conocedor del siglo XX. Investigador por vocaci&oacute;n, con amplia trayectoria en el trabajo archiv&iacute;stico, autor de decenas de trabajos y numerosos libros principales en la historiograf&iacute;a nacional, es adem&aacute;s un analista pol&iacute;tico de gran receptividad en un p&uacute;blico diverso. Hace apenas dos a&ntilde;os, la Presidencia de la Rep&uacute;blica de Uruguay le encarg&oacute;, junto a dos distinguidos universitarios </i>&#151;<i>Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n y &Aacute;lvaro Rico</i>&#151; <i>la tarea de llevar adelante la investigaci&oacute;n sobre los detenidos desaparecidos y los ni&ntilde;os secuestrados en cautiverio. Con ello, el presidente Tabar&eacute; V&aacute;zquez reafirmaba su decisi&oacute;n de dar cumplimiento al art&iacute;culo </i>4&deg; <i>de la ley de Caducidad de la Pretensi&oacute;n Punitiva del Estado cuyo mandato obliga a dicha investigaci&oacute;n y que, </i>en los hechos, <i>nunca se hab&iacute;a cumplido desde su promulgaci&oacute;n en diciembre de 1986 y su ratificaci&oacute;n en el refer&eacute;ndum de 1989.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Esta investigaci&oacute;n y este incumplimiento est&aacute;n relacionados &iacute;ntimamente con un periodo de la historia reciente, en que el Uruguay, como en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, se </i>vivi&oacute; <i>el ejercicio del terrorismo de Estado. Un saldo de acontecimientos traum&aacute;ticos colectivos, como las violaciones a los derechos humanos, los delitos permanentes y el consecuente tejido social da&ntilde;ado, es la expresi&oacute;n m&aacute;s patente de los a&ntilde;os del autoritarismo y la dictadura que cubrieron desde finales de los sesenta hasta mediados de los ochenta del siglo XX. Ante esta situaci&oacute;n y con estrategias que responden a diversos intereses coyunturales y de m&aacute;s largo aliento, se busc&oacute; en sucesivos gobiernos pos&#150;dictatoriales generar una visi&oacute;n normalizadora del pasado, y en especial, del presente que se iba construyendo. Con relativo &eacute;xito, esta pol&iacute;tica procur&oacute; instalarse en el espacio p&uacute;blico hasta relegar todo esfuerzo por conocer la historia vivida, que era la historia omitida hasta entonces.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Memoria e Historia se vinculan de manera especial y pol&eacute;mica cuando la mirada est&aacute; dirigida a etapas que fracturan las sociedades y dejan como saldo dolor, miedo, trauma y visiones enfrentadas desde las razones mismas del porqu&eacute; se lleg&oacute; al advenimiento de los Estados represivos. Una resistencia mayor a incorporar el relato amplio y plural de ese pasado traum&aacute;tico pesa no s&oacute;lo en la memoria p&uacute;blica, sino tambi&eacute;n, en particular, en la aceptaci&oacute;n de que &eacute;ste se incorpore en los curr&iacute;cula de la ense&ntilde;anza referidos a las historias nacional, regional y universal.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El pasado traum&aacute;tico es campo de debate y de poder; </i>si <i>la historia reciente est&aacute; marcada de esa forma, encuentra una mayor resistencia para su sistematizaci&oacute;n y transmisi&oacute;n. Ello desemboca en la preocupaci&oacute;n y trabajo de Gerardo Caetano, quien comparte en estas p&aacute;ginas, en forma reflexiva, la experiencia de lo ocurrido en el caso uruguayo </i>&#151;<i>el c&oacute;mo se plantea el debate sobre la incorporaci&oacute;n de la historia reciente, qu&eacute; hay de nuevo y qu&eacute; de tradici&oacute;n, cuando el periodo por considerar en los curr&iacute;cula est&aacute; instalado en las etapas de violencia</i>&#151;. <i>Argumenta de manera particular sobre el error de imponer una </i>pol&iacute;tica <i>de olvido y la repercusi&oacute;n que tiene sobre las j&oacute;venes generaciones y las sociedades. Con ello pone &eacute;nfasis en lo fundamental, que resulta la conjunci&oacute;n del conocimiento, en este caso hist&oacute;rico, con el esfuerzo &eacute;tico de contribuir a la salud democr&aacute;tica y republicana de la sociedad.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Asimismo, lo argumenta desde la convicci&oacute;n de que el docente no s&oacute;lo es articulador y transmisor de conocimiento: es tambi&eacute;n un ciudadano comprometido con una comunidad pol&iacute;tica sustentada en derechos; entre ellos, el de la verdad.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Gerardo, quisi&eacute;ramos que nos ubicaras en la pol&eacute;mica desatada en torno a la incorporaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza de la historia reciente con la connotaci&oacute;n que &eacute;sta tiene, en los programas de educaci&oacute;n b&aacute;sica del Uruguay.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;El tema de la pertinencia o no de ense&ntilde;ar el pasado reciente en la curr&iacute;cula del sistema educativo p&uacute;blico y privado no es ninguna novedad en el Uruguay. Sobre esto, el pa&iacute;s tiene una larga tradici&oacute;n y, en realidad, este pseudodebate que se ha planteado en este &uacute;ltimo tiempo, como una rutilante &#151;e interesada&#151; novedad, algo que en el Uruguay ha sido en verdad tradicional, no puede sino ser entendido en el marco de otro tipo de debates de &iacute;ndole mucho m&aacute;s pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica que educativa. En el Uruguay, ya desde el siglo XIX, el pasado reciente fue objeto de ense&ntilde;anza curricular. Es m&aacute;s, si uno recorre los manuales y los libros vinculados con el estudio curricular de la Historia Nacional, Latinoamericana o Universal, o si recorre los programas educativos desde el novecientos para ac&aacute;, con lo que se encuentra es con el hecho de que el pasado reciente siempre estuvo en los programas curriculares y siempre fue objeto de an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Doy ejemplos de esto porque nada es m&aacute;s persuasivo que hablar de lo concreto:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Los manuales de HD, del Hermano Damasceno,<sup><a href="#notas">1</a></sup> tal vez el m&aacute;s exitoso constructor de manuales de historia en lo que resulta toda una curiosidad dentro de un pa&iacute;s tan laico como el Uruguay. La primera edici&oacute;n de su manual <i>Ensayo de Historia Patria, </i>que es de 1901, como todas sus revisiones y reediciones posteriores, termina sus an&aacute;lisis y su relato precisamente el a&ntilde;o previo a la edici&oacute;n del manual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2)&nbsp;Otro ejemplo relevante y enjundioso lo proporcionan los cl&aacute;sicos Anales...<sup><a href="#notas">2</a></sup> de esa figura gigantesca que fue el siempre venerable Eduardo Acevedo, dedicados tambi&eacute;n al estudio y revisi&oacute;n de la historia uruguaya, los que tambi&eacute;n terminaban su narraci&oacute;n un a&ntilde;o antes de su publicaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto el Hermano Damasceno como Eduardo Acevedo, insospechados por cierto de "izquierdistas", llegaban en sus manuales hasta el presente, recog&iacute;an el estudio de la historia reciente como un imperativo de su quehacer.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) Otro ejemplo m&aacute;s cercano en el tiempo est&aacute; dado por el primer Codicen,<sup><a href="#notas">3</a></sup> luego de la dictadura; aquel pol&eacute;mico Codicen presidido nada menos que por Juan Pivel Devoto<sup><a href="#notas">4</a></sup> y en el que tambi&eacute;n revistaban figuras consulares de la educaci&oacute;n uruguaya, como Aldo Solari o Elida Tuana,<sup><a href="#notas">5</a></sup> entre otros. En aquellos a&ntilde;os dif&iacute;ciles y controversiales, en los que el campo de la educaci&oacute;n fue un campo de batallas de muy diversa &iacute;ndole &#151;ideol&oacute;gicas, pedag&oacute;gicas, etc.&#151;, el propio Pivel Devoto da una gran batalla por la ense&ntilde;anza del pasado reciente, que est&aacute; plenamente documentada en las actas del Codicen, incluso discrepando duramente con Aldo Solari, por ejemplo, que ten&iacute;a al respecto ideas distintas. Y la postura de Pivel prevalece, incluso en el enfrentamiento que sostiene sobre el particular frente a la Comisi&oacute;n de Educaci&oacute;n y Cultura de la C&aacute;mara de Representantes. Invito en verdad a releer los argumentos s&oacute;lidos y contundentes del c&eacute;lebre historiador nacionalista en la defensa de sus convicciones acerca de lo que juzgaba como absoluta necesidad de que el pasado reciente estuviera en los planes y en los programas educativos, as&iacute; como en los manuales de estudio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>En la pol&eacute;mica actual, &iquest;qu&eacute; v&iacute;nculos puedes establecer con el deseo de ciertos sectores a imponer el olvido sobre el pasado traum&aacute;tico cuyo conocimiento documentado apenas emerge en el pa&iacute;s a partir de la investigaci&oacute;n del equipo de historiadores del que eres integrante? &iquest;Cu&aacute;l es la posici&oacute;n del Codicen?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;La iniciativa que ha tenido el Codicen actual de reforzar la presencia del pasado reciente, tanto a nivel de la Historia Uruguaya como de la Historia Latinoamericana y Universal, en los planes de ense&ntilde;anza, en los programas y en los manuales, puede merecer distintos adjetivos, pero no el de novedoso. Su propuesta recoge y se asienta en una buena tradici&oacute;n del sistema educativo uruguayo. Ella va a contracorriente de aquella visi&oacute;n arcaica e inconsistente seg&uacute;n la cual "la historia que pod&iacute;a ser ense&ntilde;ada llegaba hasta 1830, porque despu&eacute;s de esa fecha todo era pol&iacute;tica". &iexcl;Qu&eacute; triste visi&oacute;n desde todo punto de vista! &iexcl;Qu&eacute; anacr&oacute;nica y reaccionaria! Esa postulaci&oacute;n ignoraba adem&aacute;s algo b&aacute;sico, que ya lo dec&iacute;a Croce, pero que ha sido tan reiterado por historiadores de todas las filiaciones y colores, aquello tan cierto como evidente de que "toda historia es contempor&aacute;nea".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En verdad, t&uacute; puedes ense&ntilde;ar y debatir acerca de la Prehistoria o sobre Egipto, Grecia, Roma o los tiempos del Cristianismo primitivo, y construir visiones pol&iacute;ticamente muy sesgadas y propuestas violatorias de la laicidad m&aacute;s elemental. Tambi&eacute;n lo mismo ocurre con el abordaje de las &eacute;pocas m&aacute;s remotas de las luchas por la Independencia, de los encuentros y desencuentros entre Artigas, Rivera u Oribe,<sup><a href="#notas">6</a> </sup>advirtiendo c&oacute;mo los temores respecto a visiones tendenciosas y a la promoci&oacute;n &#151;directa o indirecta&#151; de debates y controversias que son radicalmente contempor&aacute;neos y que tienen alcances pol&iacute;ticos, no depende de cu&aacute;n reciente o no es la historia que se ense&ntilde;a. El problema de c&oacute;mo se puede ense&ntilde;ar Historia desde la defensa m&aacute;s irrestricta de la laicidad, &uacute;nico camino genuino de respetar al alumno, no tiene que ver con cu&aacute;n reciente o lejano es el pasado que se aborda. sino con el rigor empleado en el estudio de los temas y en las formas de su ense&ntilde;anza.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, cuando una sociedad vive un pasado traum&aacute;tico, en este caso una dictadura civil militar que adem&aacute;s de arrasar con todas las libertades y con la democracia, incorpora de manera sistem&aacute;tica e institucional pr&aacute;cticas abominables de terrorismo de Estado, la no incorporaci&oacute;n expl&iacute;cita de su estudio y ense&ntilde;anza en el sistema educativo no solamente es un horror en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica educativa, sino que tiene implicaciones inadmisibles en planos centrales del compromiso educativo y c&iacute;vico como los de la memoria, la defensa irrenunciable en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica de verdad, en t&eacute;rminos de visi&oacute;n de una cultura de paz, en t&eacute;rminos de una construcci&oacute;n radical de una cultura al servicio de los derechos humanos. Sobre este particular, la omisi&oacute;n de incorporar como objeto de estudio y ense&ntilde;anza los terribles acontecimientos ocurridos desde los a&ntilde;os cincuenta hasta los ochenta no solamente es un horror, sino que en realidad implica la defensa indirecta de una orientaci&oacute;n general signada por la imposici&oacute;n interesada de pol&iacute;ticas de olvido. Cuando una pol&iacute;tica educativa, por ejemplo, prescribe que el pasado reciente se incorpore formalmente en la ense&ntilde;anza, sus ejecutores no pueden ignorar que ese pasado reciente ingresar&aacute; en los educandos y en la ciudadan&iacute;a toda por otras v&iacute;as. La puja entre las pol&iacute;ticas de la memoria nunca perfila una pugna dicot&oacute;mica entre una pol&iacute;tica del olvido y otra pol&iacute;tica de la memoria. Lo que se pone en conflicto y en debate, como siempre que abordamos el estudio del pasado, son formas y contenidos contrapuestos sobre esa historia que en forma inexorable llegar&aacute;, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, a nuestro presente. El debate real entonces debe apuntar a cu&aacute;les son las formas m&aacute;s pluralistas y rigurosas, a trav&eacute;s de las cuales ese pasado reciente, signado por el horror, llegar&aacute; a la percepci&oacute;n cr&iacute;tica de los educandos. En esa direcci&oacute;n, "esconder" el pasado reciente de los planes de ense&ntilde;anza me parece la peor opci&oacute;n. Tambi&eacute;n la m&aacute;s riesgosa, la menos pluralista, la que menos instrumentos le otorga a la rep&uacute;blica para preservar los valores irrenunciables de la laicidad. Y en esta idea estoy tanto con Pivel Devoto como con Barr&aacute;n.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando, por ejemplo, en el Uruguay se quiso lapidar la b&uacute;squeda de cualquier forma de esclarecimiento en torno al destino de los detenidos&#150;desaparecidos y de los ni&ntilde;os secuestrados, se hablaba de que este tema hab&iacute;a sido laudado por el art&iacute;culo 4&deg; de la Ley de Caducidad.<a href="#notas"><sup>8</sup></a> Ya conocemos la historia uruguaya al respecto: luego de la aprobaci&oacute;n en el Parlamento el 22 de diciembre de 1986 de la Ley de Caducidad, el entonces Presidente no encontr&oacute; mejor camino que cumplir con los mandatos de investigaci&oacute;n de aquel c&eacute;lebre art&iacute;culo 4&deg;que transferir la responsabilidad de las investigaciones sobre los detenidos desaparecidos al entonces Fiscal Militar, Coronel Jos&eacute; Sambuccetti, y al entonces Instituto del Ni&ntilde;o, las indagatorias acerca de los ni&ntilde;os secuestrados. La falta absoluta de voluntad de verdad sobre estos temas no admit&iacute;a disfraz alguno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde entonces, hemos tenido que soportar la "cantinela" oficial sobre que hab&iacute;a que dar vuelta a la p&aacute;gina para construir el futuro, que el olvido impuesto desde el Estado "era el precio de la paz " (!!!) y que si persist&iacute;amos en la actitud de mirar para atr&aacute;s, corr&iacute;amos el peligro de volvernos "estatuas de sal". En realidad, a trav&eacute;s de todos esos discursos, que por cierto configuraban una pol&iacute;tica de olvido, lo que se estaba tratando de meter de la peor manera (que es de contrabando), era justamente una "historia oficial": nada hab&iacute;a ocurrido, o si algo hab&iacute;a ocurrido, no era conveniente elucidarlo en el debate p&uacute;blico, tanto hacia la ciudadan&iacute;a como hacia las nuevas generaciones que no hab&iacute;an vivido de modo directo lo ocurrido. Ese intento, que por supuesto ha comenzado a frustrarse (aunque aqu&iacute; cabe y mucho aquello de que las tareas democr&aacute;ticas m&aacute;s centrales son aquellas inacabadas e inacabables), supon&iacute;a en verdad una suerte de "historia oficial": desde el absurdo del olvido y del silencio impuestos se invitaba, desde el Estado, a dar vuelta a una p&aacute;gina que no estaba construida, se le impon&iacute;a discretamente a una sociedad la no verdad y hasta la indiferencia frente a una p&aacute;gina hist&oacute;rica signada por la violencia y el terror, una p&aacute;gina que nunca esa sociedad hab&iacute;a podido leer. Eso es mucho peor a&uacute;n que una p&aacute;gina que se intente vanamente de completar en forma totalitaria o en forma parcial y sesgada por motivos ideol&oacute;gicos y/o partidarios desde el Estado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, puede decirse que quienes una y otra vez plantearon la necesidad de que no se incorporaran los temas de los conflictos de los sesenta y de la dictadura a la ense&ntilde;anza, al sistema educativo, en realidad no quer&iacute;an s&oacute;lo el olvido, sino que tambi&eacute;n pretend&iacute;an arraigar sin debate en la "sabidur&iacute;a convencional" la ya cl&aacute;sica versi&oacute;n de la "teor&iacute;a de los dos demonios". En el Uruguay hab&iacute;amos tenido dictadura y terrorismo de Estado en respuesta a la violencia previa de la llamada "subversi&oacute;n". Con asombro y honda preocupaci&oacute;n democr&aacute;tica, hemos le&iacute;do declaraciones de ex&#150;presidentes, en las que se llega a sostener, ante la imposibilidad ya de la negaci&oacute;n frente a la acumulaci&oacute;n irrebatible de pruebas y documentos, que s&iacute; era cierto que hab&iacute;a habido violencia durante la dictadura, pero &#151;en una expresi&oacute;n extremista y m&aacute;s que sesgada de la "teor&iacute;a de los dos demonios"&#151; que mientras hab&iacute;a habido "una violencia absolutamente ileg&iacute;tima que era la violencia revolucionaria en su origen y en su implementaci&oacute;n", la otra violencia del Estado y de los militares "por lo menos hab&iacute;a sido leg&iacute;tima en su origen". M&aacute;s all&aacute; de todas las evidencias que echan por tierra la "teor&iacute;a de los dos demonios" (las Fuerzas Armadas Hab&iacute;an dado por derrotada la "violencia revolucionaria" en 1972, la gran mayor&iacute;a de los detenidos desaparecidos nunca fueron combatientes armados, etc., etc.), frente a este tipo de declaraciones cabe reflexionar si no estamos enfrent&aacute;ndonos a la emergencia de una nueva teor&iacute;a, la "teor&iacute;a de un &uacute;nico demonio"; en este caso, la "violencia revolucionaria", con la consiguiente exculpaci&oacute;n del terrorismo de Estado puesto en pr&aacute;ctica, vale aclararlo, antes y despu&eacute;s del golpe de Estado de 1973. Se ha dicho hasta el cansancio, pero ante la persistencia de tales expresiones se impone reiterarlo: si todos los terrorismos, vengan de donde vengan, de derecha o de izquierda, son ileg&iacute;timos y repudiables, ninguno lo es tanto como el "terrorismo de Estado", que hace de este &uacute;ltimo (precisamente el "garante de los derechos ciudadanos", el "escudo de los d&eacute;biles") el perpetrador todopoderoso de las peores aberraciones contra los derechos de quienes est&aacute; obligado a defender y proteger.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El terrorismo de Estado habr&iacute;a sido una r&eacute;plica necesaria que despu&eacute;s, en alg&uacute;n sentido, se excedi&oacute;, pero, bueno... &iexcl;Ya no podemos silenciar nuestro repudio c&iacute;vico frente a este tipo de ideas, mucho menos cuando se las quiere trasmitir a las nuevas generaciones. Del mismo modo, existe tambi&eacute;n lo que podr&iacute;amos calificar como la impunidad terminol&oacute;gica, tan impulsada desde ciertos sectores: no hablar de dictadura, sino de "gobierno de facto"; no hablar de tortura, sino de "excesos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata en suma de filtrar de contrabando una versi&oacute;n normalizadora de una experiencia de horror como es la del "terrorismo de Estado". Entonces, ac&aacute; hay que asumir el conflicto en t&eacute;rminos muy radicales: no es la puja entre el olvido y la memoria. No. Es la puja entre dos memorias. Es la puja entre lo que Hanna Arendt ha llamado el "testamento ciudadano que selecciona y nombra", que debate, que pluraliza las visiones, pero desde el reconocimiento de los hechos y desde la preservaci&oacute;n de su significaci&oacute;n. Y del otro lado, tenemos justamente la visi&oacute;n que quiere la memoria autoritaria, que es la memoria que se impone sobre la base del recuerdo impuesto, de la costumbre. A este respecto, hay un texto memorable de Nora Rabotnikof, en donde, trabajando precisamente en las categor&iacute;as de Maquiavelo sobre la "memoria del principado" y la "memoria de la rep&uacute;blica", sostiene hasta qu&eacute; punto ambas se contraponen en clave c&iacute;vica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>En tu opini&oacute;n, &iquest;qu&eacute; papel deben desempe&ntilde;ar los historiadores ante la necesidad de que la sociedad procese el trauma que cre&oacute; en ella el terror de Estado? &iquest;Y cu&aacute;l deber&iacute;a ser la funci&oacute;n del historiador docente frente al problema concreto?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;A m&iacute; siempre me ha hecho mucha gracia cuando dicen: "este es un tema que hay que dejar a los historiadores". Bueno, finalmente los historiadores llegamos al tema. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;an que hici&eacute;ramos? &iquest;Quer&iacute;an acaso que call&aacute;ramos o que nos hici&eacute;ramos "los distra&iacute;dos" frente a la documentaci&oacute;n abrumadora del horror absoluto, frente a las evidencias incontrastables de que el Uruguay hab&iacute;a vivido un terrorismo de Estado impulsado en forma sistem&aacute;tica e institucional desde el gobierno dictatorial, desde las Fuerzas Armadas y con una participaci&oacute;n civil mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que se conoce y hasta se hubiera podido imaginar? &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;an? &iquest;Acaso supon&iacute;an que para preservarnos de las esperables acusaciones de sesgo dej&aacute;ramos el tema para tiempos m&aacute;s lejanos y acept&aacute;ramos pasivos la tesis esgrimida por el actual Teniente General Rosales,<a href="#notas"><sup>9</sup></a> de que todo hab&iacute;a respondido a "eventuales acciones incorrectas cometidas por integrantes de las Fuerzas" a t&iacute;tulo individual? &iquest;Esperaban acaso que valid&aacute;ramos con un silencio c&oacute;mplice las visiones elusivas y en algunos casos mentirosas de los Informes de las tres armas al Presidente V&aacute;zquez en el 2005? All&iacute; est&aacute;n los documentos que, aunque sea por esta &uacute;nica vez, hablan por s&iacute; mismos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Qu&eacute; reacci&oacute;n produjo esta intensa, pero inicial exploraci&oacute;n en los archivos de seguridad nacional entre los sectores militares y civiles c&oacute;mplices de las atrocidades cometidas durante esos a&ntilde;os? &iquest;C&oacute;mo se incorporar&aacute;n los nuevos conocimientos emanados de esos archivos a la ense&ntilde;anza de la historia nacional del Uruguay? </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Por supuesto que, como era previsible, se nos agravi&oacute;; resulta interesante constatar que antes de la publicaci&oacute;n de los cinco tomos de la investigaci&oacute;n<sup><a href="#notas">10</a></sup> y nunca despu&eacute;s, al menos en forma directa, se nos acus&oacute; de "historiadores oficiales". No necesito decirles, pues me conocen bien y conocen a quienes me acompa&ntilde;aron en la tarea que asumimos este requerimiento bien lejos de aspiraciones tendenciosas ideol&oacute;gicas o partidistas, mucho menos desde el inter&eacute;s de respaldar al gobierno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo hicimos y es muy importante se&ntilde;alar que siempre fuimos respetados en esa idea por las autoridades actuales, por un compromiso c&iacute;vico con la verdad, desde valores republicanos inclaudicables, sin aceptar remuneraci&oacute;n alguna por el trabajo. Y esto &uacute;ltimo vale especialmente para la acci&oacute;n de &Aacute;lvaro Rico, quien tuvo a su cargo la ardua tarea de la coordinaci&oacute;n ejecutiva de la investigaci&oacute;n, mientras Barr&aacute;n y yo nos encargamos de su supervisi&oacute;n acad&eacute;mica y de contribuir en algunos relevamientos documentales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y debe se&ntilde;alarse que esta es una tarea que apenas empieza, que no va a terminar nunca, porque &iquest;qui&eacute;n puede decir que vio todos los documentos y que hizo todas las preguntas respecto a este tema? No pudimos acceder a archivos fundamentales como los del OCOA<sup><a href="#notas">11</a></sup> y el del SID;<sup><a href="#notas">12</a></sup> tampoco a los fondos documentales del archivo de la DIPBA<sup><a href="#notas">13</a> </sup>en la actual Comisi&oacute;n Provincial de la Memoria en la ciudad de La Plata; en este &uacute;ltimo caso, por justos recaudos judiciales en relaci&oacute;n a la utilizaci&oacute;n de buena parte de esos documentos (nada menos que cuatro millones aproximadamente) en procesos judiciales en curso. &iquest;Cu&aacute;ntos archivos todav&iacute;a no hemos podido consultar? &iquest;Cu&aacute;ntos documentos todav&iacute;a permanecen ocultos? Y frente a todo esto, &iquest;qu&eacute; es lo que revela la experiencia internacional? Revela que siempre hay nuevos documentos que encontrar y que a&uacute;n los mismos documentos siempre merecen preguntas nuevas, interpelaciones nuevas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De modo que el avance que los historiadores hacen en relaci&oacute;n con el esclarecimiento de hechos vinculados con el terrorismo de Estado necesariamente tiene que pasar como un eje central de los nuevos programas educativos, recogiendo una vieja tradici&oacute;n en el pa&iacute;s, afirmando la necesidad de que hechos traum&aacute;ticos colectivos, como las violencias de los a&ntilde;os sesenta o las aberraciones del terrorismo de Estado durante la dictadura, puedan ser objeto de una pol&iacute;tica de memoria radical, de una pol&iacute;tica de verdad radical, soportes ineludibles de una aut&eacute;ntica pol&iacute;tica de derechos humanos, de una visi&oacute;n republicana y democr&aacute;tica de la justicia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el terrorismo de Estado es sometido a una visi&oacute;n de normalizaci&oacute;n, o a una visi&oacute;n del estilo de la "teor&iacute;a de los dos demonios", o a una visi&oacute;n de banalizaci&oacute;n de los testimonios del horror, &iquest;qu&eacute; es lo que ocurre? Y bueno, ocurre que la tensi&oacute;n del di&aacute;logo de los derechos se afloja y entonces el terrorismo de Estado obtiene finalmente su triunfo p&oacute;stumo. &iquest;Qu&eacute; es lo que busc&oacute; el terrorismo de Estado? Paralizar por la v&iacute;a del terror a una sociedad que quer&iacute;a transformarse. &iquest;Qu&eacute; es lo que busca siempre el terrorismo de Estado? Mantener el <i>status quo. </i>Una sociedad que asume que no debe trasmitir a las futuras generaciones las atrocidades de la pr&aacute;ctica sistem&aacute;tica e institucional del terrorismo de Estado es una sociedad que asume que, finalmente, el terror ha permeado con &eacute;xito en el esp&iacute;ritu c&iacute;vico de los ciudadanos. Lo quiera o no, est&aacute; convalidando el <i>status quo, </i>no solamente sobre el pasado, que ya es grave, sino sobre el futuro, que es mucho m&aacute;s grave a&uacute;n. Como dir&iacute;a Hanna Arendt, se est&aacute; escamoteando el testamento ciudadano: ese imperativo &eacute;tico y a la vez c&iacute;vico que lleva a que toda ciudadan&iacute;a bregue por revelar a sus hijos y a sus nietos un relato del pasado radicado en la aspiraci&oacute;n y el rigor de la verdad, duela lo que duela. S&oacute;lo legando testamentos ciudadanos se preservan derechos, se preservan rebeld&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La experiencia internacional revela que estas pol&iacute;ticas de la desmemoria finalmente terminan siendo pol&iacute;ticas que m&aacute;s temprano que tarde caen por su peso. &iquest;Por qu&eacute;? Y bueno, miremos a la Espa&ntilde;a de hoy y a los debates suscitados a prop&oacute;sito de la llamada Ley de la Memoria, nada menos que 71 a&ntilde;os despu&eacute;s del inicio de la Guerra Civil. Llega un momento en que los nietos y los bisnietos, tanto de las v&iacute;ctimas como de los victimarios, quieren saber de sus abuelos y de sus bisabuelos. Por eso yo creo que la pretensi&oacute;n de una "historia oficial", adem&aacute;s de ser una tentaci&oacute;n profundamente autoritaria, resulta finalmente un intento vano, termina cayendo por su propio peso. Luz Ibarburu<sup><a href="#notas">14</a> </sup>y tantas, tantas madres murieron sin saber qu&eacute; hab&iacute;a pasado con sus hijos, con sus compa&ntilde;eros. Cuando yo escucho que todo "esto se va a solucionar" &#151;como si adem&aacute;s la experiencia del terrorismo de Estado admitiera soluci&oacute;n; es una herida que no tiene forma de cicatrizar&#151;, "cuando se mueran los combatientes de un lado y del otro", en verdad siento una profunda irritaci&oacute;n c&iacute;vica. En primer lugar, la idea es de una crueldad absoluta, porque por v&iacute;a directa o indirecta est&aacute; legitimando o aceptando, por ejemplo, que Luisa Cuestas,<sup><a href="#notas">15</a></sup> que hoy tiene ochenta y siete a&ntilde;os, se muera sin saber, como hasta el d&iacute;a de hoy no sabe, qu&eacute; pas&oacute; con su hijo. Luisa Cuestas podr&aacute; morir, pero el reclamo por el esclarecimiento de qu&eacute; pas&oacute; con su hijo seguir&aacute;. Y algo clave para que esa demanda siga es que el pasado reciente, sobre todo si fue traum&aacute;tico, se incorpore de la manera m&aacute;s rigurosa y profesional posible a la ense&ntilde;anza y al plano de nuestros debates c&iacute;vicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con Jos&eacute; Rilla escribimos, en el a&ntilde;o 1987, la <i>Breve historia de la dictadura.</i><sup><a href="#notas">16</a></sup> A m&iacute;, una de las cosas que me afecta m&aacute;s es que veinte a&ntilde;os despu&eacute;s se sigue leyendo y se sigue dando en las bibliograf&iacute;as como referencia. A m&iacute; me preocupa mucho, como expresi&oacute;n de una sociedad que en verdad no ha avanzado todo lo que hubiera debido en relaci&oacute;n con la interpelaci&oacute;n de un pasado traum&aacute;tico como el de la dictadura. Y eso tiene mucho que ver con el hecho de que se bloque&oacute; el acceso a archivos documentales fundamentales: no hubo por parte del Estado una actitud proactiva en la apertura de los archivos de la represi&oacute;n; que no se impuls&oacute; la accesibilidad de los investigadores, pero tambi&eacute;n la de los ciudadanos en relaci&oacute;n con los repositorios documentales que guardaban informaci&oacute;n fundamental respecto a lo que hab&iacute;a ocurrido.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Te pedimos, Gerardo, que abundes un poco en torno a la pol&eacute;mica que suscit&oacute; la comisi&oacute;n formada por los acad&eacute;micos Carlos Demasi, &Aacute;lvaro Rico, Vania Markari&aacute;n para determinar los contenidos curriculares en torno a la historia reciente, as&iacute; como acerca de la argumentaci&oacute;n en el sentido de que la sociedad tiene la </i>"<i>sensaci&oacute;n t&eacute;rmica</i>"<i> de que existe un </i>"<i>exceso de pasado</i>"<i>, que se desea impulsar una historia oficial</i>"<i> en torno a la dictadura.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;No hubo una comisi&oacute;n. El Codicen lo que hizo fue una convocatoria a concurso para que un conjunto de historiadores desarrollaran programas de capacitaci&oacute;n y en uno de los casos, un manual gu&iacute;a para la ense&ntilde;anza del pasado reciente. Yo no me present&eacute; a ese concurso por muchas razones; primero, por problemas de tiempo. Yo, por otra parte, no de ahora, siempre, hasta por un problema de vocaci&oacute;n historiogr&aacute;fica, siempre estudi&eacute; el pasado reciente. O sea, &iquest;qu&eacute; se provoc&oacute; de nuevo en torno a eso? A mi juicio, un pseudodebate. Se supon&iacute;a la iniciativa de que este grupo buscaba construir una historia de izquierda que sesgara, una "historia hemipl&eacute;jica" que sesgara la mirada sobre el pasado de la dictadura y que en ese sentido buscara de alguna manera construir, en el sistema educativo, una usina de socializaci&oacute;n pol&iacute;tica a favor de la izquierda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de que yo creo que el Codicen cometi&oacute; algunos errores en la implementaci&oacute;n de esta iniciativa; por ejemplo, no haber convocado en los tribunales para el concurso de los docentes que se encargar&iacute;an de estas tareas a figuras acad&eacute;micamente s&oacute;lidas, pero con procedencias pol&iacute;ticas y partidarias pluralistas, estimo que todo el debate que se impuls&oacute; fue desmedido e interesado. Hay algo de lo que mencionaron que me parece fundamental, que es esa influencia de la llamada "sensaci&oacute;n t&eacute;rmica". A m&iacute; una y otra vez me dicen: "pero las encuestas revelan que la mayor&iacute;a de la sociedad uruguaya est&aacute; cansada del pasado, que ya no quiere escuchar m&aacute;s". Para m&iacute; eso no quiere decir nada, absolutamente nada. Yo no investigo para ganar votos, ni nunca lo voy a hacer. No me interesa investigar lo que supuestamente la mayor&iacute;a de la sociedad uruguaya quiere que yo investigue. Yo no quiero aportar un <i>best seller, </i>mucho menos en relaci&oacute;n con estos temas fundamentales para la salud democr&aacute;tica y republicana de la sociedad. No quiero hacer lo que hacen los canales de televisi&oacute;n que venden chatarra porque supuestamente han detectado que los ciudadanos es lo que m&aacute;s consumen. Me rebelo frente a ese tipo de juicios, pues en realidad lo que se hace la mayor&iacute;a de las veces es crear y planificar un espectador chatarra desde la oferta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo estoy obligado como intelectual, hasta por razones del oficio y sin sentido de mesianismo alguno, a mirar m&aacute;s lejos, incluso a contribuir a construir un lector, incluso pele&aacute;ndome con ese supuesto o real "lector prototipo". Yo creo que el ciudadano democr&aacute;tico al que yo aspiro para el Uruguay o para cualquier sociedad, es un ciudadano que, m&aacute;s all&aacute; o m&aacute;s ac&aacute; de sensaciones t&eacute;rmicas, no admite el silencio sobre sus pasados traum&aacute;ticos, que no admite como legado la no verdad respecto a un periodo en que se violaron desde el Estado derechos tan fundamentales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la defensa de estas convicciones, que m&aacute;s de uno podr&aacute; calificar de idealistas (adjetivo que me parece muy honroso y que agradezco), me lleva a pelearme con la sociedad, no me importa en absoluto. No me importa que mi obra sea impopular; yo no hago lo que hago en el campo intelectual para ser popular. Yo lo hago por un compromiso &eacute;tico y despu&eacute;s por un compromiso con el oficio. Adem&aacute;s, las sensaciones t&eacute;rmicas son tan vol&aacute;tiles y tan manipuladas. Porque dando incluso por bueno ese diagn&oacute;stico que me merece tantas dudas, en caso de que fuera verdad, &iquest;por qu&eacute; la mayor&iacute;a de la sociedad uruguaya no querr&iacute;a o&iacute;r hablar m&aacute;s del pasado? Existe por cierto el abuso del pasado. Tzvetan Todorov y muchos otros autores han investigado y muy bien sobre este tema. Pero m&aacute;s all&aacute; de ello, resulta poco controvertible que en la sociedad uruguaya, los ciudadanos han estado bombardeados largamente con todo un mensaje que apunta hacia all&iacute;, a la ruptura con el pasado. A m&iacute; cuando me cuentan, por ejemplo, que en Turqu&iacute;a, donde el c&oacute;digo penal turco todav&iacute;a incorpora como delito la aceptaci&oacute;n (&iexcl;la aceptaci&oacute;n!) de la responsabilidad del Estado turco en relaci&oacute;n con el genocidio armenio, s&iacute; siento una profunda rebeld&iacute;a y repudio frente a ello; no puedo, sin embargo, sorprenderme.<sup><a href="#notas">17</a></sup> El negacionismo que, como tantas veces se ha dicho, resulta inherente a las pr&aacute;cticas de genocidio, el negacionismo tambi&eacute;n funciona en relaci&oacute;n con las pr&aacute;cticas de violaciones a los derechos humanos cometidas durante las dictaduras. Y una pr&eacute;dica tan insistente y prolongada, por cierto que obtiene resultados, m&aacute;s all&aacute; de que yo crea que, m&aacute;s temprano que tarde, es una pol&iacute;tica destinada a perecer. Lo que hay que hacer es apresurar esa derrota.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, si yo acepto la sensaci&oacute;n t&eacute;rmica y educo en funci&oacute;n de lo que supuestamente la sociedad quiere que yo eduque, bueno, ya sabemos en funci&oacute;n de qu&eacute; voy a educar. La agenda de la educaci&oacute;n no se define en las mediciones &#151;por otra parte, tan sospechosas por lo general&#151; del <i>rating </i>o de lo que supuestamente una&#150;sociedad&#150;quiere&#150;escuchar. La democracia no se construye, mucho menos en el terreno educativo, de acuerdo con la medici&oacute;n de <i>ratings. </i>Una sociedad que acepta la pasividad de filosof&iacute;as como la del no te metas, va a ser una sociedad del temor a luchar por los derechos de los otros, una sociedad profundamente individualista, una sociedad que no va a abrazar las causas internacionales, una sociedad que va a interponer intereses espurios y coyunturales a la afirmaci&oacute;n de valores. Por supuesto que a esa sociedad el esclarecimiento de los pasados traum&aacute;ticos le va a "aburrir". Yo no quiero esa sociedad ni mucho menos la quiero para mis hijos. Y digo esto, repito, sin caer en la tentaci&oacute;n igualmente repudiable del mesianismo, de creer que los contenidos de la ense&ntilde;anza deben ser fijados por los docentes en forma monop&oacute;lica, sin cotejo con la ciudadan&iacute;a, de acuerdo con pautas y procedimientos democr&aacute;ticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo creo que la incorporaci&oacute;n del pasado reciente a los <i>curr&iacute;cula </i>del sistema educativo debe hacerse en t&eacute;rminos del mayor rigor, de la mayor profundidad. En ese marco, el docente debe ser al mismo tiempo investigador e innovador en sus pr&aacute;cticas de ense&ntilde;anza. En esa direcci&oacute;n debe emerger una nueva l&oacute;gica de ense&ntilde;anza&#150;aprendizaje en la que se involucre al alumno no solamente como un receptor pasivo de nuevos contenidos, sino justamente como un agente interactivo y cr&iacute;tico, que sea capaz de incorporar, de manera no complaciente, la avidez por saber, el derecho y el reconocimiento del derecho a saber, que tambi&eacute;n debe ser el derecho a escarbar y a no aceptar ninguna versi&oacute;n que se le pretenda ofrecer como definitiva. En tanto futuro ciudadano, ese nuevo alumno debe estar "vacunado" contra toda pretensi&oacute;n de "historia oficial", del signo que sea. Ser&aacute; un alumno acostumbrado metodol&oacute;gicamente a dudar, a no aceptar acr&iacute;ticamente la postura del profesor, a seguir buscando y a seguir preguntando. Incorporar el pasado reciente estimula la b&uacute;squeda de una actitud diferente por parte del alumno, cimiento de la forja consiguiente de un ciudadano activo, vital, que incorpore como pr&aacute;ctica de vida el ejercicio sin mengua de los derechos y el cumplimiento de sus correspondientes obligaciones. En ese nuevo alumno, se radicar&aacute; con profundidad ese derecho inalienable que es el derecho a saber y el derecho al pasado, que es un derecho fundamental. Si yo no incorporo radicalmente la ense&ntilde;anza del pasado reciente con nuevos contenidos, pero tambi&eacute;n con nuevas estrategias pedag&oacute;gicas, tratando de que esa brecha que siempre hay entre los avances de la academia y el c&oacute;mo se educa trate de recortarse y que haya un flujo permanente de encuentro entre el investigador y el docente a todos los niveles, el cambio ser&aacute; s&oacute;lo cosm&eacute;tico. Se trata, en suma, de buscar precisamente que una sociedad comience a cargarse de verdad como factor de prevenci&oacute;n frente a la hip&oacute;tesis de que nuevamente puedan volverse a violar los derechos humanos. Estas nuevas actitudes y destrezas en docentes y alumnos coadyuvar&aacute;n como prevenci&oacute;n respecto a generar una reserva (yo no s&eacute; si es moral o si es pol&iacute;tica) en t&eacute;rminos de rebeld&iacute;a, que contribuya, como reaseguro, contra violaciones a los derechos humanos, tanto en el campo nacional como en el internacional. Esto &uacute;ltimo tambi&eacute;n es fundamental: no basta generar respecto a estos temas visiones nacionales ni mucho menos nacionalistas. Hace falta establecer concepciones aut&eacute;nticamente internacionalistas, humanistas en una perspectiva global, que hagan sentir como propias y no ajenas cualquier genocidio, terrorismo o violaci&oacute;n a los derechos humanos all&iacute; donde estos extremos se produzcan. De all&iacute; que la incorporaci&oacute;n del pasado reciente a la ense&ntilde;anza formal e informal deba ser acompa&ntilde;ada con la implementaci&oacute;n de recomendaciones como la de la Asamblea General de Naciones Unidas de enero de 2005, en el sentido de implementar en todos los pa&iacute;ses del mundo el d&iacute;a de conmemoraci&oacute;n del Holocausto en tanto "memoria ejemplar" en prevenci&oacute;n de la reiteraci&oacute;n de todo genocidio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Consideras entonces que la actualizaci&oacute;n de la curr&iacute;cula de ense&ntilde;anza de la historia uruguaya se inscribe en la necesidad de la incorporaci&oacute;n plena del pa&iacute;s a la mundializaci&oacute;n de los valores humanos? </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Para que la ense&ntilde;anza rigurosa del pasado reciente sea posible, hay que invertir y trabajar mucho. Por ejemplo, hay que capacitar mucho a los docentes y hay que evitar el provincianismo. Porque &eacute;ste es otro mal del Uruguay, discutir esto como si fuera s&oacute;lo un problema del Uruguay. Yo, cuando discut&iacute;a estos temas, dec&iacute;a dos cosas iniciales. Primero: est&aacute;n discutiendo como novedad un tema que en el Uruguay tiene m&aacute;s de cien a&ntilde;os; segundo: est&aacute;n discutiendo como excepcional y con un extremo provincianismo un tema que es mundial. El a&ntilde;o pasado, en Alemania y Francia, se incorpor&oacute; en el sistema educativo un manual construido por historiadores de primer nivel, alemanes y franceses, sobre las relaciones franco&#150;alemanas en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. M&aacute;s a&uacute;n, incorporaron a texto expreso y con especial desarrollo la consideraci&oacute;n anal&iacute;tica de la Segunda Guerra mundial. Eso implicaba hablar sin ambajes del Holocausto, pero implicaba tambi&eacute;n hablar de Vichy. Supon&iacute;a volver a recordar el debate de historiadores. En &eacute;l varios historiadores alemanes revisionistas hab&iacute;an reclamado el "fin de la auto flagelaci&oacute;n alemana", con la tesis peregrina acerca de que el Holocausto hab&iacute;a sido un genocidio m&aacute;s en la historia. Y all&iacute; J&uuml;rgen Habermas yo creo que da la clave cuando responde a ese intento revisionista y normalizador con las preguntas centrales: "&iquest;qu&eacute; significa ser alem&aacute;n despu&eacute;s de Auschwitz? &iquest;C&oacute;mo ser alem&aacute;n despu&eacute;s de Auschwitz?" Y la respuesta de entonces de Habermas sigue siendo la &uacute;nica posible: "S&oacute;lo a trav&eacute;s del patriotismo de la constituci&oacute;n", entendido como s&oacute;lo la adhesi&oacute;n a valores universales que problematizan las herencias recibidas y que generan una rebeld&iacute;a frente al futuro, sustentada en reclamo de derechos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solamente eso permite la condici&oacute;n de alemanes y la condici&oacute;n de cualquier otra identidad nacional, despu&eacute;s de tantos genocidios y de tanto terrorismo de Estado. Y del lado franc&eacute;s, ello implicar&aacute; el reconocimiento de Vichy y aun de las claudicaciones de la resistencia al nazismo, que no fue tan heroica como siempre se dijo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si yo educo en forma irresponsable en el nacionalismo extremo, la xenofobia est&aacute; a un paso, est&aacute; a un paso. Y no estamos lejos de estos problemas en el R&iacute;o de la Plata. Acaba de realizarse una investigaci&oacute;n en el Instituto &#91;Gino&#93; Germani de Buenos Aires, donde una encuesta sobre adolescentes argentinos revela algo asombroso: fueron confirmadas una vez m&aacute;s las proclividades xen&oacute;fobas de siempre frente a jud&iacute;os y a gitanos, frente a bolivianos y ecuatorianos, pero por primera vez un cuarenta por ciento de los adolescentes argentinos dijo que no quer&iacute;a vivir al lado de un uruguayo. Los investigadores que vienen haciendo esta investigaci&oacute;n desde hace mucho tiempo se sent&iacute;an muy sorprendidos y obviamente la &uacute;nica raz&oacute;n que manejaban para explicar semejante cambio en tan poco tiempo ten&iacute;a que ver con el manejo medi&aacute;tico del conflicto de las pasteras sobre el R&iacute;o Uruguay.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Y advirtamos tambi&eacute;n que en el cosmopolita Uruguay, un pa&iacute;s que muy pronto, como no puede ser de otro modo, va a entrar en ese flujo de una Am&eacute;rica Latina que migra y que se mueve, &iquest;qu&eacute; es lo que revelan las encuestas? Y que cuando se les pregunta a los uruguayos si quieren vivir junto a otro latinoamericano dicen que no en un porcentaje muy importante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la necesidad de recuperar desde la radicalidad de un tropismo de verdad ese pasado reciente en el que los derechos humanos fueron conculcados de manera sistem&aacute;tica nada menos que por la instituci&oacute;n que estaba obligado a garantizarlos, el Estado, nos vincula con la emergencia de otros temas de derechos humanos que marcan la agenda de hoy y de ma&ntilde;ana. De all&iacute; que la actitud que tengamos frente a la recuperaci&oacute;n de un pasado reciente, traumatizado por la violencia y las violaciones a los derechos humanos, est&aacute; en buena medida definiendo nuestras actitudes frente a las demandas que en el mismo sentido nos aguardan en el futuro, en el porvenir.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchas perspectivas, entonces, para m&iacute; responder con verdad todos estos temas de los que hemos hablado resulta un imperativo para construir una sociedad que pueda seguir resignific&aacute;ndose en t&eacute;rminos de comunidad pol&iacute;tica sustentada en derechos. Hay ciertos temas sobre los que me he vuelto muy radical despu&eacute;s de esta experiencia, y si el costo de serlo implica malos entendidos, y bueno, que los implique. Pero creo que en esto la sociedad tiene que ser radical, en el sentido de que si no va a la ra&iacute;z, el "huevo de la serpiente" queda. Y como ya sabemos de sobra los que nos dedicamos a la historia, cuando "eso" no se saca, cuando no se rasca hasta el hueso y cuando no se limpia la ra&iacute;z del mal, y nunca se limpia del todo, nunca estamos suficientemente prevenidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* </i>Entrevista realizada el 1&deg; de octubre de 2007 en M&eacute;xico, DF.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Hermano Damasceno, <i>Ensayo de historiapatria, </i>1901. Curso de historia patria de H. D. Montevideo, Barreiro y Ramos, 1903. &#91;Las notas corresponden a las entrevistadoras&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Eduardo Acevedo, <i>Anales hist&oacute;ricos del Uruguay. </i>Barreiro y Ramos, 1934.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Codicen: Consejo Directivo Central, Organismo descentralizado responsable de la ense&ntilde;anza b&aacute;sica</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Historiador, figura principal en la historiograf&iacute;a nacional, formador de varias generaciones, abocado a la historia pol&iacute;tica. De su legado, destaca el trabajo sobre los partidos pol&iacute;ticos. Desempe&ntilde;&oacute; cargos p&uacute;blicos que lo vincularon a su trayectoria como hombre de uno de los partidos tradicionales: el partido Nacional o Blanco.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Soci&oacute;loga y pedagoga. El primero ha sido reconocido internacionalmente por el aporte de su copiosa obra cient&iacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jos&eacute; Gervasio Artigas es el h&eacute;roe nacional. Fructuoso Rivera (1830&#150;1834) y Manuel Oribe (1835&#150;1838) fueron respectivamente primero y segundo presidente constitucional del Uruguay en el siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Se refiere al historiador uruguayo Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n, autor de una vasta y referencial obra hist&oacute;rica en la que destaca su aporte al conocimiento y an&aacute;lisis de la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica, social y cultural. Barr&aacute;n, al igual que Pivel, ha ocupado cargos de responsabilidades vinculados a la educaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Se refiere a la Ley de Caducidad de la Capacidad Punitiva del Estado, aprobada por el Parlamento a la salida de la dictadura. Esta ley fue puesta a consideraci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a mediante el recurso de refer&eacute;ndum, promovido por grupos de familiares de v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n, y ratificada en las urnas el 16 de abril de 1989. En su art&iacute;culo 4to. se exenta de penalidad los cr&iacute;menes cometidos durante la d&eacute;cada dictatorial (1973&#150;1985) y se abre un resquicio para investigar las desapariciones forzadas y el cambio de identidad de menores secuestrados y otorgados en adopci&oacute;n a familias de integrantes de las fuerzas represivas. Este art&iacute;culo no fue aplicado hasta 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Teniente General Jorge Washington Rosales Sosa, Comandante en Jefe del Ej&eacute;rcito desde el 30 de octubre de 2006.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Se refiere a <i>Investigaci&oacute;n hist&oacute;rica sobre detenidos desaparecidos: en cumplimiento del </i><i>art&iacute;culo 4to. de la Ley 15 848. </i>Edici&oacute;n completa, Montevideo, Presidencia de la Rep&uacute;blica, Direcci&oacute;n Nacional de Impresiones y Publicaciones Oficiales, 2007, 5 v. Esta inmensa obra de 3600 p&aacute;ginas fue encargada por la Presidencia de la Rep&uacute;blica a la U de la R. Se realiz&oacute; bajo la coordinaci&oacute;n del polit&oacute;logo &Aacute;lvaro Rico, con la supervisi&oacute;n acad&eacute;mica de Jos&eacute; Pedro Barr&aacute;n y Gerardo Caetano, y cont&oacute; con la colaboraci&oacute;n de un equipo de diecis&eacute;is historiadores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> OCOA: Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12 </sup>SID: Servicio de Inteligencia de Defensa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> DIPBA: Direcci&oacute;n de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Cumpli&oacute; un papel destacado en la organizaci&oacute;n uruguaya Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos (Familiares).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Al igual que Ibarburu, es integrante de Familiares y se ha convertido en figura emblem&aacute;tica de la organizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Publicada por Ediciones de Banda Oriental; cuenta con numerosas reediciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Se refiere a que en el C&oacute;digo est&aacute; tipificado como delito la referencia al genocidio armenio como responsabilidad del Estado Turco.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Se refiere al diferendo que Uruguay y Argentina dilucidan en La Haya en torno a la instalaci&oacute;n de dos f&aacute;bricas (finlandesa y espa&ntilde;ola respectivamente) de producci&oacute;n de celulosa de papel en las orillas del R&iacute;o Uruguay, que comparten ambos pa&iacute;ses y que ha generado m&uacute;ltiples enfrentamientos fronterizos que exacerbaron reacciones nacionalistas.</font></p>      ]]></body>
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