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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El ensayo como una poética del pensamiento: Entrevista con Liliana Weinberg]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El ensayo como una po&eacute;tica del pensamiento. Entrevista con Liliana Weinberg</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Norma Garza Sald&iacute;var*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctora en letras modernas. Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:ngarzasaldivar@correo.unam.mx">ngarzasaldivar@correo.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liliana Weinberg es ya una referencia obligada para el estudio del ensayo literario hispanoamericano; ensayista que se ha dedicado a la reflexi&oacute;n te&oacute;rica sobre este g&eacute;nero tan pol&eacute;mico, sobre todo en el &aacute;mbito acad&eacute;mico. Originaria de Argentina y naturalizada mexicana hace 25 a&ntilde;os, gan&oacute; recientemente el Cuarto Premio Internacional de Ensayo convocado por la Editorial Siglo XXI, con su obra <i>Pensar el ensayo. </i>Es doctora en letras hisp&aacute;nicas por El Colegio de M&eacute;xico; investigadora del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos (CCYDEL) de la UNAM; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, y profesora de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ha obtenido la Distinci&oacute;n Universidad para j&oacute;venes acad&eacute;micos en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n en Humanidades (1995) y el Premio de Ensayo Literario Hispanoamericano Lya Kostakowsky, otorgado por la Fundaci&oacute;n Cardoza y Arag&oacute;n (1997), as&iacute; como el reconocimiento Catedr&aacute;tico UNAM (1997). Del mismo modo, ha participado en diversos proyectos auspiciados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (Conacyt) y por la UNAM y es autora de cinco libros en su especialidad: <i>Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada y la interpretaci&oacute;n del "Mart&iacute;n Fierro" </i>(1992); <i>El ensayo, entre el para&iacute;so y el infierno </i>(2001); <i>Umbrales del ensayo </i>(2004); <i>Literatura latinoamericana: descolonizar la imaginaci&oacute;n </i>(2004); <i>Situaci&oacute;n del ensayo </i>(2006), y se encuentra en prensa <i>Pensar el ensayo </i>(2007); ha sido editora de otros. Adem&aacute;s, ha escrito diversos cap&iacute;tulos y art&iacute;culos en libros y revistas especializados. Dirige trabajos de investigaci&oacute;n y tesis en los niveles de licenciatura, maestr&iacute;a y doctorado, en su mayor&iacute;a dedicados al ensayo y a la literatura latinoamericana. Esta entrevista se realiz&oacute; en mayo de 2007.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Acabas de ganar el Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI con el trabajo </i>Pensar el ensayo, <i>que pr&oacute;ximamente veremos impreso como libro. En esta coyuntura, &iquest;cu&aacute;l crees que sea el lugar del ensayo como g&eacute;nero y de qu&eacute; manera interviene &eacute;ste como una forma de pensar la realidad?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Si pensamos en la tradicional "familia de los g&eacute;neros", descubriremos que el ensayo es uno de los miembros m&aacute;s j&oacute;venes del clan, y el que tiene incluso un acta de nacimiento. En efecto, aunque se pueden trazar los antecedentes del ensayo antes de Montaigne, sin duda es &eacute;l quien lo hace cristalizar, al punto de que la "ley" del g&eacute;nero &#151;para decirlo con una noci&oacute;n de Derrida que me gusta mucho&#151; est&aacute; ya contenida en los <i>Essais </i>de Montaigne: de alg&uacute;n modo, muchas de las potencialidades del ensayo est&aacute;n ya contempladas por la obra del gran escritor gasc&oacute;n, aunque existen otras, como su v&iacute;nculo con el periodismo o las formaciones intelectuales, que por supuesto no pod&iacute;a &eacute;l siquiera imaginar. Pero en tanto relaci&oacute;n cr&iacute;tica de un sujeto con el mundo, de una po&eacute;tica del pensar, de un ejercicio del juicio, ya est&aacute; contemplado en Montaigne. Y sin duda, el ensayo es el g&eacute;nero que se concibe como una forma de intervenci&oacute;n en la realidad mediada por la palabra, por el libro. Es una forma de pensar la realidad desde una biblioteca, desde un mirador privado abierto a lo p&uacute;blico. Montaigne otorga a sus ensayos un sesgo en muchos sentidos autobiogr&aacute;fico, marcadamente personal, antirret&oacute;rico, y hasta cierto punto bastante privado. Y a lo largo del tiempo, el ensayo deber&aacute; enfrentar nuevos desaf&iacute;os, de los que saldr&aacute; airoso: el desaf&iacute;o epistemol&oacute;gico, con Bacon y Locke, o el desaf&iacute;o ideol&oacute;gico, con Voltaire, Rousseau, y en nuestro continente, Monteagudo, por ejemplo, o el cient&iacute;fico, con Humboldt y los ensayistas&#150;observadores&#150;viajeros, o el literario, filos&oacute;fico, etc&eacute;tera. Y otro de los grandes desaf&iacute;os para el ensayo ser&aacute; su di&aacute;logo con la prensa peri&oacute;dica y las nuevas exigencias editoriales, como los grandes tirajes y el surgimiento de fen&oacute;menos como la opini&oacute;n p&uacute;blica o su compleja relaci&oacute;n con la cultura de masas, que le plantear&aacute;n demandas y exigencias in&eacute;ditas; pero todo est&aacute; de alg&uacute;n modo en Montaigne, como en una semilla. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me ha interesado tambi&eacute;n examinar el ensayo desde la perspectiva del g&eacute;nero literario, pero tambi&eacute;n desde esa perspectiva m&aacute;s amplia sobre g&eacute;nero y enunciado que plantea Bajt&iacute;n, o de texto, como lo hace Lotman, o desde las cuestiones tan productivas que puede suscitar el enfoque del discurso y la pr&aacute;ctica en Foucault, o la formaci&oacute;n discursiva tambi&eacute;n en Foucault y en Said, la escritura en Barthes, o de estilo en Glaudes (con el importante precedente en el medio hispanoamericano de Juan Marichal), para citar algunos pocos ejemplos. E incluso el propio tratamiento que del problema del g&eacute;nero ofrecen autores tan diversos como los formalistas o, m&aacute;s cercanamente a nosotros, Bourdieu, para quien un g&eacute;nero es un efecto del campo. Las distintas formas de abordaje del ensayo, en lugar de obligarnos a tomar partido por unos u otros enfoques, nos conducen a enriquecer el an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo que mereci&oacute; el premio que acabas de mencionar se dedica a reabrir el problema del pensar activo del ensayo. All&iacute; planteo, entre otras cuestiones, el v&iacute;nculo fuerte entre ensayo y paradoja. Pero para pensar el ensayo, para hablar del ensayo, parto de la lectura de varios textos fundamentales, y es a partir de la interpretaci&oacute;n de dichos ensayos y de mi di&aacute;logo con ellos como me asomo a ciertos temas que considero mayores para una reflexi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Generalmente, cuando se habla de ensayo, se entiende como una parte de la literatura y se le llama ensayo literario; sin embargo, creo que esto es un poco ambiguo, pues encontramos ensayos en la secci&oacute;n de no&#150;ficci&oacute;n, aunque del mismo modo, no todo lo que se encuentra en esa secci&oacute;n es ensayo. &iquest;C&oacute;mo entender, pues, el "ensayo literario"? </i>&#151;Aqu&iacute;, como de costumbre, una pregunta planteada espec&iacute;ficamente sobre el ensayo nos lleva a problemas que ata&ntilde;en a toda la literatura. &iquest;Qui&eacute;n decide la adscripci&oacute;n gen&eacute;rica de lo que se est&aacute; leyendo? Por una parte, para seguir una l&iacute;nea af&iacute;n a las cuestiones de recepci&oacute;n, se podr&iacute;a decir que se trata de la decodificaci&oacute;n que hacen los propios lectores; esto es, para algunas corrientes te&oacute;ricas, ser&iacute;an los lectores quienes decidir&iacute;an en qu&eacute; marco colocar el texto que tienen ante sus ojos. Pero, por otro lado, sabemos bien que detr&aacute;s de los lectores est&aacute;n las formas de leer de una &eacute;poca, una cierta comunidad hermen&eacute;utica, un campo espec&iacute;fico. Y sabemos tambi&eacute;n que hay, en el propio texto, marcas, indicadores, convenciones, que conducen a acuerdos de lectura y de legibilidad, a contratos de veridicci&oacute;n, y que son tambi&eacute;n decisivos para la legibilidad de un texto. El propio texto, adem&aacute;s, traza su propia genealog&iacute;a, su propio v&iacute;nculo o toma de distancia respecto de una tradici&oacute;n, su espacio simb&oacute;lico de interlocuci&oacute;n, el propio campo en que se inscribe, de tal manera que no hay una "esencia intemporal" que determine que tal ensayo es literario y tal otro ensayo es pol&iacute;tico, sino que tiene que ver tanto con marcas textuales como con env&iacute;os contextuales que el propio texto est&aacute; haciendo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, el texto tambi&eacute;n es una intervenci&oacute;n en cierto espacio social y una puesta en di&aacute;logo con ciertos marcos institucionales, de tal modo que se debe tomar en cuenta la "instituci&oacute;n" literaria o sociol&oacute;gica, por ejemplo, que determina, o cuando menos orienta, la recepci&oacute;n del texto. El caso m&aacute;s llamativo de esto es el del ensayo de interpretaci&oacute;n, que puede ser le&iacute;do como obra literaria o como obra de an&aacute;lisis hist&oacute;rico o sociol&oacute;gico, a partir de una compleja red de acuerdos y resonancias que se establecen entre las huellas que dej&oacute; el autor en el texto, el texto mismo, el proceso de lectura, las instituciones habilitantes de la lectura, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Tu formaci&oacute;n es tambi&eacute;n como antrop&oacute;loga; en este sentido, &iquest;cu&aacute;l crees que sea el lugar del ensayo en las ciencias sociales? </i>&#151;En su etapa de consolidaci&oacute;n, las ciencias sociales procuraron deslindarse del ensayo. Sin embargo, en nuestros d&iacute;as, y de manera contrastante, nos encontramos con que el discurso de los estudios culturales o de g&eacute;nero se aproxima mucho al del ensayo, y enfatiza ciertos rasgos, como la experiencia y el testimonio autobiogr&aacute;fico o la memoria. He procurado hacer un estudio muy minucioso del tema en otro lugar, donde expongo que en a&ntilde;os recientes la preocupaci&oacute;n por deslindar ensayo, filosof&iacute;a y ciencias humanas y sociales pasa sobre todo por cuestiones discursivas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, Jean&#150;Michel Berthelot dice que hablar de las reglas de la escritura cient&iacute;fica es hablar de una confrontaci&oacute;n permanente entre exigencias de formalizaci&oacute;n o esquematizaci&oacute;n y desarrollos literarios. Las primeras nos llevan al lento movimiento de codificaci&oacute;n de la escritura cient&iacute;fica que acompa&ntilde;a, a partir del siglo XVII, su matematizaci&oacute;n. De Locke ac&aacute;, la ciencia ha debido enfrentar el problema del lenguaje, en cuanto el creciente proceso de formalizaci&oacute;n y especializaci&oacute;n del discurso cient&iacute;fico se encontr&oacute; a su paso con el desaf&iacute;o de describir y comentar en lengua natural un cierto n&uacute;mero de procedimientos espec&iacute;ficos pr&aacute;cticamente intraducibles fuera del campo, as&iacute; como ante la necesidad de encontrar un lenguaje depurado, abstracto, un&iacute;voco y universal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si a todo ello sumamos la emergencia, en el siglo XX, de un discurso espec&iacute;fico en el &aacute;mbito de las disciplinas sociales y human&iacute;sticas, descubriremos que el problema de la escritura cient&iacute;fica se vincula adem&aacute;s con la tensi&oacute;n entre, por una parte, esquematizaciones y, por la otra, desarrollos literarios. Este fen&oacute;meno se complica en una triple exigencia: primero, reducci&oacute;n de la escritura literaria, presentada como fuente de confusiones, al papel instrumental, en tanto simple comentario "comunicativo"; segundo, la introducci&oacute;n, en ciencias humanas, de un debate entre formalizaci&oacute;n y producci&oacute;n discursiva como normas escriturales relevantes para dos registros epistemol&oacute;gicos diferentes y recurrentes: el cient&iacute;fico y el hermen&eacute;utico; tercero, un fuerte debate entre formalizaci&oacute;n y relato como normas de escritura en dos registros epistemol&oacute;gicos diferentes: el modelo de la cientificidad de las ciencias de la naturaleza y la especificidad hermen&eacute;utica de las ciencias humanas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el avance de los estudios culturales, poscoloniales y de g&eacute;nero se fue abriendo paso un nuevo problema de l&iacute;mites entre ensayo y ciencias sociales, ahora complicado por la fuerte tensi&oacute;n entre la mirada predominantemente hist&oacute;rica y la mirada crecientemente espacial. En "Contrapunteo estadounidense/latinoamericano de los estudios culturales", George Y&uacute;dice, especialista en estudios culturales, industrias culturales en Am&eacute;rica y estudioso de la relaci&oacute;n entre procesos de globalizaci&oacute;n, posmodernidad y cuestiones identitarias, establece un balance comparativo del tema, anunciado en el t&iacute;tulo a trav&eacute;s de una declarada referencia a la obra de Fernando Ortiz. He aqu&iacute; entonces el primero de los datos a tomar en cuenta: una mayor densidad en las redes intertextuales, un marcado inter&eacute;s por los gui&ntilde;os, las referencias, las alusiones, los juegos de palabras, en cuanto se considera que ellos mismos abren nuevas resonancias y sentidos. Te comento que es frecuente que en nuestro medio se considere que precisamente gracias a la ensay&iacute;stica latinoamericana los estudios culturales aparecieron en nuestra regi&oacute;n mucho antes que en Estados Unidos y que los aportes latinoamericanos en este sentido han sido de gran val&iacute;a.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Qu&eacute; caracter&iacute;sticas fundamentales piensas que tendr&iacute;a el texto cient&iacute;fico a diferencia del human&iacute;stico?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Siguiendo a Berthelot, el texto cient&iacute;fico se inscribe necesariamente en una red de referencias y reenv&iacute;os intertextuales expl&iacute;citos y generalmente sistem&aacute;ticos &#151;y, a&ntilde;adir&iacute;a yo, en muchos casos, de alta densidad&#151; que toman las formas de la cita, la menci&oacute;n, la nota y otros, y que le permiten confirmar a su vez que ese texto se inscriba en un contexto cient&iacute;fico que cubre los requisitos de rigor, cientificidad, disciplina, especialidad, adscripci&oacute;n expl&iacute;cita a una corriente, etc&eacute;tera. En realidad, siguiendo tambi&eacute;n a Bourdieu, podemos afirmar que el texto refiere simb&oacute;licamente al sistema de autoridades y jerarqu&iacute;as que se da en el campo cient&iacute;fico. Por otra parte, todos los aspectos literarios a que pudiera apelar un texto cient&iacute;fico se reducen al papel de mero comentario, porque son concebidos como fuente de confusi&oacute;n. A este respecto, pensemos en los ensayos de interpretaci&oacute;n, que tuvieron tanta importancia para Am&eacute;rica Latina, y que fueron muy cuestionados en los comienzos de la etapa de formalizaci&oacute;n de las ciencias sociales en Am&eacute;rica Latina, precisamente por su valor literario, su voluntad de estilo, su alto nivel metaf&oacute;rico, y su falta de m&eacute;todos de "control" de la informaci&oacute;n. Incluso en muchos casos se los mand&oacute; literalmente a archivar, o se los consider&oacute; simplemente antecedentes del desarrollo de la antropolog&iacute;a o la sociolog&iacute;a cient&iacute;ficas. Hoy el ensayo de interpretaci&oacute;n se est&aacute; revalorando en la medida en que atiende, creo yo, al &aacute;mbito de los valores de una cultura dada y precisamente, en muchos casos, indaga el lenguaje de una comunidad determinada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y otro fen&oacute;meno interesante es el que se est&aacute; dando hoy, porque a partir del postestructuralismo y la expansi&oacute;n del discurso de los estudios culturales, postcoloniales, etc&eacute;tera, los l&iacute;mites con el ensayo volvieron a quedar puestos a prueba: con s&oacute;lo pensar en el ensayo de Roland Barthes tenemos un ejemplo claro. En nuestros d&iacute;as hay un resurgir del discurso autobiogr&aacute;fico, del testimonio, de la narrativa de la propia experiencia y de la subjetividad, que los aproximan al ensayo. El texto cient&iacute;fico se caracteriza entonces por presentar una lengua espec&iacute;fica y un dominio circunscrito dado por los datos duros procedentes de la experiencia y la observaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en nuestros d&iacute;as hay un creciente inter&eacute;s por la dimensi&oacute;n pragm&aacute;tica del texto, y &eacute;ste es un tema que hoy reviste el mayor inter&eacute;s para el estudio del ensayo: &iquest;qui&eacute;n lo escribe?, &iquest;para qui&eacute;n est&aacute; escrito?, &iquest;c&oacute;mo lograr, como dice Berthelot, una organizaci&oacute;n circular entre recepci&oacute;n y producci&oacute;n? Esto &uacute;ltimo es importante, dado que en particular el texto cient&iacute;fico es indisociable de una comunidad que lo recibe, lo eval&uacute;a, lo cita, lo retoma, y construye a trav&eacute;s de &eacute;l su saber, de tal modo, que el propio modo de exposici&oacute;n lo legitima. E incluso hay autores fundamentales, como Bourdieu o Latour, que insisten en que no se puede contemplar el discurso cient&iacute;fico como neutral; recordemos que Bourdieu ha empleado el modelo de "Mercado de bienes simb&oacute;licos" para analizar la l&oacute;gica de distintos campos, y que Latour afirma que escribir un art&iacute;culo cient&iacute;fico implica hacer una serie de "estrategias", establecer alianzas, marcar tomas de posici&oacute;n, distancias, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso del ensayo, en cambio, esa comunidad de "artesanos de la prueba", como los llama Bachelard, se ve sustituida por una comunidad virtual no profesional, que se define por una sensibilidad est&eacute;tica y hermen&eacute;utica y una amplia libertad de interpretaci&oacute;n y evocaci&oacute;n de referentes: los aspectos alusivos, connotativos, incluso la impertinencia conceptual, confirman que se trata de una comunidad ilustrada de libre elecci&oacute;n, a la vez que impermeable a las demandas de las instituciones cient&iacute;ficas. El autor presenta la figura de un lectorado virtual construido no por especialistas sino por seres de pensamiento. El ensayo instaura una jerarqu&iacute;a entre el ejercicio textual limitado, escolar y t&eacute;cnico, respecto de una aventura intelectual y una hermen&eacute;utica de las profundidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Crees que por esos diferentes registros epistemol&oacute;gicos es que se suscita el debate entre los defensores de las ciencias sociales y los defensores del ensayo?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Para los primeros, en cuanto no hay pretensi&oacute;n de objetividad, explicitaci&oacute;n de la metodolog&iacute;a seguida, aporte de datos controlados y contrastables, validaci&oacute;n de pruebas, di&aacute;logo con representantes del campo, etc&eacute;tera, el ensayo no tiene validez epistemol&oacute;gica. Para los segundos, mientras que los cient&iacute;ficos sociales hacen alarde de datos duros pero no pueden llegar a ninguna conclusi&oacute;n de peso, los grandes ensayos nos entregan precisamente interpretaciones mucho m&aacute;s ricas y sugestivas, aunque no est&eacute;n probadas cient&iacute;ficamente en cuanto no son falseables, no est&aacute;n emp&iacute;ricamente controladas ni son generalizables. Es posible plantear cuatro ejemplos que corresponden a otros tantos grandes ensayos de interpretaci&oacute;n, que, marginados durante varios a&ntilde;os en el momento de consolidaci&oacute;n de las ciencias sociales, vuelven hoy a ser recuperados en su valor epist&eacute;mico. Los <i>Siete ensayos </i>de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui (1928), <i>Casa grande y senzala </i>de Gilberto Freyre (1933), <i>Radiograf&iacute;a de la pampa </i>de Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada (1933), <i>Contrapunteo cubano del tabaco y el az&uacute;car </i>de Fernando Ortiz (1940) y <i>El laberinto de la soledad </i>(1950), de Octavio Paz. Recordemos el singular valor de esta "familia" integrada por los ensayos de interpretaci&oacute;n, que espera todav&iacute;a un estudio de conjunto y el trazo de sus v&iacute;nculos geneal&oacute;gicos. Son textos fundamentales que proporcionan una matriz interpretativa de lo nacional pero que desembocan en el an&aacute;lisis de procesos que superan lo nacional, y se basa en el rastreo de elementos que proceden predominantemente del &aacute;mbito de la historia, la cultura y la literatura. Consultan los textos en busca de esas claves que ellos mismos integrar&aacute;n en una nueva matriz interpretativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos &aacute;mbitos los ensayos de interpretaci&oacute;n han sido fuertemente impugnados por muchos representantes de las ciencias sociales "duras" o "cient&iacute;ficas", en cuanto se los acusa de particularismo, <i>dilettantismo, </i>intuicionismo, etc&eacute;tera. Sin embargo, tambi&eacute;n en a&ntilde;os recientes muchos vuelven al ensayo de interpretaci&oacute;n como una forma capaz de ofrecer ciertas visiones de conjunto y ciertas observaciones de una enorme lucidez que la mayor&iacute;a de monograf&iacute;as no puede brindar. &iquest;A qu&eacute; se debe esto? Te adelanto una hip&oacute;tesis: este tipo de ensayos parte de la intuici&oacute;n de que ciertos fen&oacute;menos e instituciones s&oacute;lo se pueden entender a la luz del horizonte moral y de sentido en que se inscriben, e intuyeron la existencia de esa semi&oacute;sfera que se debe explorar muchas veces a trav&eacute;s de fuentes ins&oacute;litas para el trabajo cient&iacute;fico tradicional: s&iacute;mbolos, conductas, expresiones marginales y prohibidas del lenguaje, rasgos de la vida cotidiana, esos que hoy se denominan "entrelugares" a los que es impensable acceder desde los enfoques ortodoxos y tradicionales. Y las expresiones art&iacute;sticas y literarias son por supuesto lugares privilegiados para esa indagaci&oacute;n, as&iacute; como lo son fuentes no convencionalmente valoradas por eruditos de archivo o que rara vez fueron recolectados por los cient&iacute;ficos sociales, debido a su particularidad, su excepcionalidad y sobre todo el desprecio que por ellas suele sentir el mundo intelectual. Por ejemplo &iquest;c&oacute;mo animizar y trazar las vidas paralelas a la vez que contrastantes entre el tabaco y el az&uacute;car sin recurrir a datos que s&oacute;lo se obtienen por sensibilidad y capacidad de observaci&oacute;n, registro y memoria? Refranes, an&eacute;cdotas, insultos, miradas, contrastes, cantos, gestos, actitudes, bravuconadas, sancionadas, castigadas, ocultas por la cultura oficial, emergen para arrojar nueva luz a trav&eacute;s de la prosa magn&iacute;fica de nuestros grandes ensayistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>Quiz&aacute;, entonces, lo que caracteriza al ensayista sea una mayor libertad interpretativa, apoyada justamente en un contrapunteo de &aacute;mbitos y voces que se integran en el texto, en el ensayo, donde, de alg&uacute;n modo, el lector participa a trav&eacute;s de la experiencia de la lectura y, a la vez, esa lectura trastoca su manera de ver la realidad.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;En efecto, el proceso interpretativo es fundamental en el ensayo. Un ensayista como Paz logra as&iacute; a trav&eacute;s de ant&iacute;tesis incluyentes o excluyentes no s&oacute;lo sintetizar y contraponer los procesos a trav&eacute;s de elementos polares, sim&eacute;tricos, sino adem&aacute;s acentuar su din&aacute;mica. En el ensayo de Ortiz, el principio constructivo del texto, el contrapunteo, se apoya a su vez en los procesos de contrapunteo y transculturaci&oacute;n que el autor "lee" en el afuera del texto (la historia y la literatura), y opera ordenando los inn&uacute;meros datos contenidos del ensayo a la vez que otorg&aacute;ndoles una estructura que del mismo modo nos remite a una nueva interpretaci&oacute;n del afuera del ensayo mediante un contrapunto creativo y casi musical. Y al hacerlo pliega al lector en esta experiencia, a trav&eacute;s de ese elemento afectivo que consiste en "liberar en el lector la emoci&oacute;n del autor"; emoci&oacute;n que, en el caso del ensayo, como lo mostr&oacute; Luk&aacute;cs, es tambi&eacute;n la intelectualidad como vivencia sentimental. Hay adem&aacute;s un enlace entre experiencia inmediata, situacional y el horizonte de sentido: contrapunto a la vez que integraci&oacute;n siempre din&aacute;mica entre "uno y el universo" (tomo esta expresi&oacute;n del libro hom&oacute;nimo de ensayos de Ernesto S&aacute;bato). En t&eacute;rminos kantianos, se dir&iacute;a que hay un libre juego entre la imaginaci&oacute;n y el entendimiento, entre la plasmaci&oacute;n de un algo inmediato prerreflexivo y lo subjetivo universal. Si el arte no tuviera todas estas capacidades ser&iacute;a insignificante, se reducir&iacute;a a simple diversi&oacute;n, ser&iacute;a inocente, como dir&iacute;a Paul Ricoeur. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo de interpretaci&oacute;n, considerado por muchos insuficiente o caprichosamente sustentado, se vio como lo comentamos antes contundentemente desplazado en distintos campos de la comunidad acad&eacute;mica por el discurso de las ciencias sociales. Pero varias d&eacute;cadas m&aacute;s tarde una nueva generaci&oacute;n habr&iacute;a de retomar las dos herencias en una nueva e interesante s&iacute;ntesis: un nuevo tipo de ensayo de corte acad&eacute;mico, que cumple los requisitos de sustento cient&iacute;fico, rigor demostrativo y cuidado en la prosa se encuentra ahora a su vez <i>normalizado.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>En alguno de tus ensayos mencionas a Theodor Adorno y dices que el ensayo se vuelve un "desenmascarador de toda pretensi&oacute;n de existencia de conceptos absolutos"; entonces, &iquest;de qu&eacute; forma crees que el ensayo utiliza los conceptos, y c&oacute;mo relacionarlos con la subjetividad del punto de vista y con la actividad est&eacute;tica?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Por mi parte estoy completamente de acuerdo con Adorno: el ensayo desenmascara toda falsa pretensi&oacute;n de objetividad y originariedad. Esto no significa descalificar el trabajo del fil&oacute;sofo &#151;aunque en nuestros d&iacute;as, con excepci&oacute;n de muchos trabajos en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a de la mente, la filosof&iacute;a del lenguaje o la filosof&iacute;a de la ciencia, en el orden &eacute;tico y est&eacute;tico se expande el ensayo filos&oacute;fico y desplaza al viejo tratado&#151;. Si el fil&oacute;sofo adopta una postura universalista y objetiva, debemos tambi&eacute;n recordar que se trata de la adopci&oacute;n de una postura, de una posici&oacute;n particular que tiene que ver con un acuerdo o convenci&oacute;n respecto del modo que se trabaja en el campo. En cambio el ensayista no oculta su toma de posici&oacute;n, su relaci&oacute;n con la historia, con el presente, con la ideolog&iacute;a y las estructuras de sentimiento de su &eacute;poca. El "yo opino", que resulta indeseable en un trabajo filos&oacute;fico o cient&iacute;fico, resulta condici&oacute;n necesaria en el ensayo, porque el ensayo hace siempre ostensible su punto de vista.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y aqu&iacute; ingresamos a otro tema apasionante, que es el de la dimensi&oacute;n est&eacute;tica del ensayo. La actividad est&eacute;tica no tiene s&oacute;lo un car&aacute;cter reproductivo o representativo, sino que los conceptos son puntos de vista producidos constructivamente desde los que se puede poner en relaci&oacute;n una multitud de elementos desordenados de la percepci&oacute;n o del pensamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Hay, entonces, una voluntad est&eacute;tica en el ensayo? &iquest;C&oacute;mo explicarla? </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Como se ve, presentar fen&oacute;menos hist&oacute;ricos y culturales bajo forma po&eacute;tica no es s&oacute;lo presentarlos con voluntad est&eacute;tica. Como nos lo han ense&ntilde;ado tambi&eacute;n otros especialistas, el arte &#151;en nuestro caso, el ensayo&#151; nos ofrece una redescripci&oacute;n de la realidad. Las propiedades est&eacute;ticas que asignamos a los objetos les confieren una significaci&oacute;n. El arte ofrece una forma de comprensi&oacute;n donde el componente emotivo y cognitivo van de la mano. La emoci&oacute;n est&eacute;tica posee as&iacute;, y precisamente por (no a pesar de) contar con elementos emotivos, un car&aacute;cter epist&eacute;mico. Para Nelson Goodman, la diferencia entre el arte y la ciencia no pasa por la diferencia entre sentimiento y fe, sensibilidad y raz&oacute;n, verdad y belleza, sino por una diferencia entre la manera de manejar ciertas caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas de los s&iacute;mbolos. El arte nos ofrece a la vez un efecto de presentaci&oacute;n y de representaci&oacute;n. Dice Goodman que toda obra art&iacute;stica es ejemplo de s&iacute; misma. Las obras de arte constituyen los mundos en que vivimos, nos dan comprensi&oacute;n m&aacute;s que certeza, aclara Goodman. Pero a la vez, las obras de arte condensan el imaginario de una cultura, ese mundo ling&uuml;&iacute;sticamente alumbrado al que se refiere Castoriadis, esa semi&oacute;sfera lotmaniana, que hace vivible nuestro mundo. Como &eacute;l mismo menciona, el arte posee un valor epist&eacute;mico, pues hay una inteligibilidad de la realidad que nos rodea, gracias a lo cual las cosas y las situaciones no nos aparecen como ca&oacute;ticas y faltas de sentido, sino significantes y expresivas. As&iacute;, las propiedades est&eacute;ticas o art&iacute;sticas les confiere a los objetos significaci&oacute;n. La experiencia est&eacute;tica ofrece una forma de comprensi&oacute;n donde las obras de arte cumplen al mismo tiempo un papel emotivo y cognitivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Podemos pensar el ensayo como un nuevo modo de estructuraci&oacute;n argumentativa, de reconstrucci&oacute;n de los conceptos o como otra forma de integrar lo particular con lo general?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Yo propongo pensar, m&aacute;s bien, en la existencia de una "caja negra" en el ensayo, donde se cifra la clave del proceso interpretativo, y es una clave que permite entender qu&eacute; pas&oacute; dentro y fuera del ensayo, en cuanto el proceso discursivo que en &eacute;l se despliega se apoya en una narrativa postulada como exterior y replicada como interior. Se comienza a vislumbrar as&iacute; el modo en que el ensayo enlaza las experiencias &uacute;nicas y las experiencias generales, a trav&eacute;s de aquello que Goodman llam&oacute; el car&aacute;cter "ejemplarizador" y Luk&aacute;cs el car&aacute;cter "t&iacute;pico" de la obra art&iacute;stica y literaria. El enlace entre lo particular y lo general s&oacute;lo puede darse a trav&eacute;s de esta mediaci&oacute;n instituyente e instituida: para argumentar en favor de su interpretaci&oacute;n el ensayista aporta datos ya interpretados en esa direcci&oacute;n, que su propio ejemplo confirma y expande como forma de retroalimentaci&oacute;n del horizonte ya postulado. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que el ensayo representa una "po&eacute;tica del pensar": el ensayo recoge ante todo una forma de conocer activo, recoge el momento enunciativo del pensar, es un estilo del pensar y del decir. Al leer un ensayo asistimos, como dec&iacute;a Gaos, al pensar del pensador, al escribir del escritor, en un presente activo. He reflexionado mucho tambi&eacute;n sobre este "presente del ensayo", que es un elemento fundamental al que no se le ha dado la suficiente importancia. El ensayo nos conduce a la intelectualidad como vivencia sentimental (esto lo dice Luk&aacute;cs), al momento en que damos resoluci&oacute;n est&eacute;tica a problemas epist&eacute;micos o &eacute;ticos. Es una puesta en el presente vivo del acto de pensar y de representar el mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>En muchas ocasiones, el ensayo se percibe como una coartada para expresar opiniones sin argumentaci&oacute;n o ideas sin consistencia o se le acusa de una cierta liviandad que se esconde detr&aacute;s de palabras bonitas y po&eacute;ticas, de meras ocurrencias curiosas, de citas desordenadas; por otro lado, tambi&eacute;n se le considera como un gesto de rebeld&iacute;a contra la autoridad de los g&eacute;neros o de la academia; otras veces, parecer&iacute;a ser considerado como la expresi&oacute;n de pensamientos que no marchan al </i><i>comp&aacute;s o las ideas que reh&uacute;yen controles. En suma, una forma discursiva que se caracteriza por su desapego a la "verdad cient&iacute;fica" y por una mayor cercan&iacute;a a la experiencia.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Yo considero que en nuestros d&iacute;as el ensayo est&aacute; tironeado por demandas contrarias y muchas veces incluso contradictorias. Por una parte, la demanda propia de los medios de masas y de aquello que tan certeramente Pierre Bourdieu denomina "formas intermedias", esto es, nuevas formas art&iacute;sticas surgidas en la modernidad &#151;Bourdieu piensa particularmente en la fotograf&iacute;a en comparaci&oacute;n con la pintura, y yo lo traslado al ensayo&#151; que, en cuanto a su g&eacute;nesis, formas de entrenamiento, v&iacute;as de reconocimiento, circuitos de circulaci&oacute;n, por ejemplo, presentan caracter&iacute;sticas diversas de las artes tradicionales. Entonces, el hecho de que el ensayo comparta con otras formas la prosa no ficcional lleva a que pueda considerarse ensayo incluso el art&iacute;culo de opini&oacute;n, la rese&ntilde;a, el comentario bibliogr&aacute;fico, las notas, etc&eacute;tera, siempre y cuando se las pueda considerar medianamente bien pensadas y bien escritas. Pero al mismo tiempo sabemos que el ensayo y la prosa atraviesan nuevas demandas de trabajo art&iacute;stico, de experimentaci&oacute;n, que lo pueden acercar a manifestaciones tan exquisitas y exploratorias como las de Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Tom&aacute;s Segovia, ejemplos cabales no s&oacute;lo de lo bien pensado y lo bien dicho sino de la capacidad de exploraci&oacute;n y de trabajo art&iacute;stico sobre el lenguaje. En cuanto a la verdad del ensayo, me inclino a pensar por una parte que se trata de una interpretaci&oacute;n que tiene que ver con el orden &eacute;tico, moral, de una sociedad, de tal modo que nos tenemos que instalar en un marco propio de los valores. Si Tom&aacute;s Segovia reflexiona sobre la existencia de una "palabra inobediente", por ejemplo, &iquest;esto puede ser considerado verdadero o falso en el sentido tradicional, o debemos colocarnos en el orden de lo &eacute;tico y de lo interpretativo para entenderlo? Por otra parte, hay siempre la firma de un contrato de intelecci&oacute;n con el lector, y es precisamente este tan complejo estatuto del ensayo lo que lo vuelve apasionante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchas personas que tienden a cosificar las cuestiones, en esta &eacute;poca acelerada, individualista, de corto plazo, en que cada vez charlamos menos y escuchamos menos la posici&oacute;n del otro, el ensayo resulta un desaf&iacute;o, una forma de lectura problem&aacute;tica en cuanto es problematizadora. En nuestros d&iacute;as, ba&ntilde;ados de informaci&oacute;n y de impersonalidad, no se tiene ya mucha paciencia para ingresar a la experiencia intelectual y vital que representa el ensayo. Son hoy muchos los grandes escritores y pensadores, mi admirado John Berger entre ellos, dedicados a salvar la experiencia y pensar el modo en que la experiencia se pueda enlazar con el sentido y hacerse compartible con el otro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Se <i>puede superar la oposici&oacute;n conceptual, creo que muy cuestionada desde el pensamiento ensay&iacute;stico, como met&aacute;fora&#150;s&iacute;mbolo, imagen&#150;concepto, totalidad&#150;fragmento, poes&iacute;a&#150;filosof&iacute;a, idea&#150;alegor&iacute;a, cat&aacute;strofe&#150;esperanza, etc&eacute;tera, o &iquest;de qu&eacute; manera trabajar con estos pares dial&eacute;cticos?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Hace ya muchos a&ntilde;os, un autor considerado hoy cl&aacute;sico, Iuri Lotman, insist&iacute;a en la naturaleza relacional del texto. La clave para leer el ensayo es precisamente la puesta en relaci&oacute;n de estos pares de opuestos y de todos los que puedan surgir. El ensayo es, como lo reconoci&oacute; tambi&eacute;n Luk&aacute;cs, b&aacute;sicamente relacionalidad. Me detengo en uno de estos pares de opuestos que t&uacute; se&ntilde;alas: totalidad&#150;fragmento. En efecto, por una parte muchos cr&iacute;ticos tienden a ver el ensayo como unidad argumentativa, como organizaci&oacute;n en la cual cada elemento es solidario con un todo y existe una jerarqu&iacute;a ordenadora de las partes, de tal modo que, inversamente, es el sentido totalizador el que arroja luz sobre las partes. Sin embargo, a partir de autores como Roland Barthes, la propia obra de Montaigne fue sometida a nuevas lecturas, que privilegian el fragmento, la iluminaci&oacute;n, la existencia de ideas&#150;fuerzas que, de alg&uacute;n modo asimilable al aforismo, pueden tener vida propia, combinarse, recombinarse, enlazarse con otras coordinadas por resonancia, trazar infinitas trayectorias, infinitos movimientos asociables al fractal, a la arborescencia, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>En tu libro </i>El ensayo, entre el para&iacute;so y el infierno, <i>escribes que "el </i><i>ensayo re&uacute;ne &eacute;tica, est&eacute;tica y voluntad de conocimiento". &iquest;De qu&eacute; forma se palpa esta reuni&oacute;n de perspectivas en el discurso ensay&iacute;stico?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Mi punto de vista es, en muchos sentidos, diferente de los enfoques tradicionales, predominantemente contenidistas: por una parte, yo planteo que es prudente contemplar al ensayo (como a cualquier otra forma literaria) en su din&aacute;mica; por otra parte, que no se trata de hacer un cat&aacute;logo de los temas que trata el ensayo (como dice un autor, desde esta perspectiva habr&iacute;a que afirmar que el ensayo habla de casi cualquier cosa y de casi cualquier manera), sino que, en mi caso, prefiero hablar de la particular forma de intervenci&oacute;n social que hace el ensayo, en cuanto puesta en valor, en cuanto examen que debe respetar dos exigencias: la asunci&oacute;n responsable de un punto de vista y la puesta en valor, la interpretaci&oacute;n no gratuita sino inscrita en un horizonte de sentido, o por lo menos en busca del sentido, de un cierto tema. Desde esta perspectiva, el ensayo hace de todo tema un problema y de todo problema un tema. Y como esta interpretaci&oacute;n desde una perspectiva y hacia un sentido requiere siempre de una participaci&oacute;n interpretativa, encontramos que la dimensi&oacute;n dial&oacute;gica del ensayo es fundamental. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; Habermas dijo cosas muy certeras en torno a lo que &eacute;l denomina una "&eacute;tica del discurso", porque el interpretar activo y configurativo del ensayo re&uacute;ne as&iacute; dos aspectos b&aacute;sicos: el cognoscitivo y el comunicativo. Habermas logra hacer una importante vinculaci&oacute;n y un valioso deslinde entre hablar <i>con </i>y hablar <i>sobre: </i>hay un uso de habla puramente cognitivo y otro comunicativo, que a su vez nos conducen a la dimensi&oacute;n comunicativa, pero tambi&eacute;n a la diferencia entre epistemolog&iacute;a y hermen&eacute;utica: algo que es clave si estamos pensando en la relaci&oacute;n entre ensayo y ciencias sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Seguir&aacute; teniendo vigencia esa concepci&oacute;n de Montaigne de considerar al ensayo como "la actividad enjuiciadora del yo" y, quiz&aacute;, podr&iacute;amos agregar como actividad enjuiciadora de toda identidad? </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;En efecto, una de las principales caracterizaciones del g&eacute;nero est&aacute; ya dada por Montaigne, cuando habla del juicio como instrumento de indagaci&oacute;n de la realidad. A partir de all&iacute;, la noci&oacute;n de juicio seguir&aacute; ligada al ensayo, incluso indirectamente, a trav&eacute;s de la preocupaci&oacute;n que fil&oacute;sofos como Kant demuestran por las condiciones del juicio. Kant plantear&aacute; a prop&oacute;sito del tema la forma de enlace entre lo particular y lo universal que representa el juicio. Esto es fundamental. Y cuando Luk&aacute;cs, en su etapa de juventud, marcado por la filosof&iacute;a kantiana, habla del ensayo como juicio, est&aacute; tambi&eacute;n preocupado por esta forma de enlace que permite el juicio entre la experiencia individual y el sentido general.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por mi parte, considero que pensar el ensayo como juicio nos habilita para entenderlo en sus dimensiones epist&eacute;mica, &eacute;tica, est&eacute;tica, ideol&oacute;gica. El juicio es un enlace entre mi experiencia del mundo; esto es, entre mi forma de experimentar y tratar de entender la forma en que el mundo se da a m&iacute;, con el sentido general. Esto explica que el ensayo sea &iacute;ntimo, privado, a la vez que p&uacute;blico y social.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;<i>&iquest;Finalmente, cu&aacute;les crees que son las perspectivas del ensayo contempor&aacute;neo y hacia d&oacute;nde van encaminadas tus preocupaciones o tu inter&eacute;s en este g&eacute;nero?</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Entre los ensayos de punta, me gustar&iacute;a hablar brevemente de un texto del escritor argentino Alan Pauls en colaboraci&oacute;n con otros artistas: <i>El factor Borges. </i>Se trata de una serie de ensayos singulares, en los que el texto propiamente dicho se pone en di&aacute;logo con fotograf&iacute;as, manuscritos, fragmentos de textos de Borges &#151;ensayos, art&iacute;culos, etc&eacute;tera&#151;, de tal modo que el sentido del ensayo no surge s&oacute;lo de lo escrito por Pauls, sino tambi&eacute;n del di&aacute;logo con lo que lo acompa&ntilde;a, y que nos conduce incluso a la dimensi&oacute;n editorial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y esto a su vez me lleva a otra de mis preocupaciones, sobre el m&aacute;s ac&aacute; y el m&aacute;s all&aacute; del ensayo; esto es, por una parte, su relaci&oacute;n con la materialidad de la escritura, con el mundo editorial, las redes intelectuales y art&iacute;sticas, el campo en que se inscribe el texto; la experiencia literaria a que nos env&iacute;a el texto, y por otra parte, su inscripci&oacute;n en un horizonte general de sentido, su capacidad de llegar a cuestiones de largo aliento que tienen que ver no s&oacute;lo con la pr&aacute;ctica sino con las formaciones discursivas epocales, en ese nivel en que se enlazan, por decirlo con Benjamin, lo po&eacute;tico y lo poetizado. Tomemos como ejemplo las "Notas sobre la inteligencia americana" de Reyes: un texto maravilloso que reviste unidad de sentido, que tiene incluso una configuraci&oacute;n en espiral, primero una espiral descendente (cuando Reyes enumera las distintas formas de inferioridad con que el latinoamericano y el mexicano se consideran respecto de la cultura universal) y luego otra ascendente, asuntiva, que es respuesta est&eacute;tica a un problema &eacute;tico e hist&oacute;rico, en cuanto afirmaci&oacute;n de la inteligencia americana. En cuanto al m&aacute;s ac&aacute;, no podemos desatender el momento y el lugar en que esas "Notas" fueron redactadas y pronunciadas. No podemos olvidar tampoco que ese texto que hoy leemos como ensayo tiene su origen en una serie de notas para presentar a trav&eacute;s de una conferencia. No podemos desatender el proceso editorial a que fueron sometidas y la recepci&oacute;n que tuvieron.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto el ensayo es un recorte interpretativo, el modo de recorte nos dice ya mucho de la interpretaci&oacute;n que se est&aacute; llevando a cabo, el proceso mismo de juzgar a que se refiere Luk&aacute;cs, y que se puede rastrear antes, durante y despu&eacute;s del acto interpretativo. De all&iacute; que en muchos casos el t&iacute;tulo del ensayo sea indicativo del recorte interpretativo que se habr&aacute; de hacer. Y una vez m&aacute;s, postular un camino interpretativo es postular un tipo de di&aacute;logo con el lector.</font></p>      ]]></body>
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