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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La proliferaci&oacute;n de los signos: la teor&iacute;a social en tiempos de globalizaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Ponce*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Roberto Follari, Nilda Bistu&eacute; y Claudia Yarza, <i>La proliferaci&oacute;n de los signos: la teor&iacute;a social en tiempos de globalizaci&oacute;n. </i>Rosario: Homo Sapiens, 2004, 122 pp</b>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Fil&oacute;sofo. (Q.E.P.D.)</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El prop&oacute;sito de Roberto Follari en el libro que comentamos puede interpretarse como el de un renovado intento por colaborar con la desalienaci&oacute;n de las ciencias sociales. Lo cual implica unos cuantos supuestos y problemas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, para quien as&iacute; quiera verlo, se podr&iacute;a hablar de cierto "malestar" en las ciencias sociales, esta vez de nuevo cu&ntilde;o quiz&aacute;s, am&eacute;n del que ya traen <i>ab origine </i>por la tensi&oacute;n te&oacute;rico pol&iacute;tica en la que nacen. Provenientes de contextos capitalistas, signadas por la conflictividad, si el concepto mismo de sociedad es contradictorio, como dice Adorno, las ciencias sociales no pueden serlo menos, reflej&aacute;ndose esto en su ausencia de paradigmas a la Jun.<sup><a href="#notas">1</a></sup> En este caso, nuestro autor se refiere a dos campos significativos como el de los estudios de la cultura y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, transidos de controversias ya en sus propios arranques protocolares, pero con fuertes pretensiones de hegemon&iacute;a no s&oacute;lo acad&eacute;mica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, es indudable que, para Roberto Follari, las ciencias sociales &#151;tambi&eacute;n aqu&iacute;, ya lejos del &aacute;rea geocultural en que se originaron y precisamente por esa tendencia que Gramsci llamaba la "occidentalizaci&oacute;n del planeta"&#151; tienen la capacidad, con las debidas mediaciones, de permitirnos comprender y explicar nuestro mundo social y posibilitar su transformaci&oacute;n emancipadora. Lo cual habla de una normatividad inescapable y no menos problem&aacute;tica que las comanda. Pueden afirmar o negar el orden vigente. Este ser&iacute;a un supuesto fuerte en la medida en que la cr&iacute;tica deviene ingrediente constitutivo, estructurante, de las mismas: empezando porque desde la partida la "llevan puesta", al poder ya siempre registrar mundos sociales alternativos, volviendo posible, adem&aacute;s de la falsaci&oacute;n l&oacute;gica del registro, su impugnaci&oacute;n pr&aacute;ctica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por propia naturaleza, a su vez, el capitalismo (en cuyo seno hoy estas ciencias se desenvuelven) est&aacute; llamado a generar la opci&oacute;n radical por su sustituci&oacute;n: no puede ser cambiado sin su aniquilamiento. Aqu&iacute; no hay "mejoras" que se salven de la inconsistencia te&oacute;rica o de ca&iacute;das en lo paradojal, de lo que fue conspicuo testigo la izquierda socialista en pr&aacute;cticamente todo el mundo. En &uacute;ltimo an&aacute;lisis, algo nos avisa que la figura presente de la sociedad, lo que es, no agota su realidad. "Todo lo que existe merece perecer", dec&iacute;a un notorio pensador de vertiente cr&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A todo esto, la afirmaci&oacute;n de que se puede procurar la desalienaci&oacute;n de las ciencias sociales, se convierte entonces en un aserto problem&aacute;tico. Follari se mueve en ese horizonte. A partir de la presunci&oacute;n de criticidad, si las ciencias sociales nacen y operan en una sociedad alienada y de ella reciben su car&aacute;cter, &iquest;c&oacute;mo es posible la cr&iacute;tica misma en ese campo?, es una interrogante que se hace presente a lo largo de todo el texto. No resulta sencillo "dar cuenta de la alienaci&oacute;n con herramientas alienadas", como conclu&iacute;a Adorno tras su colaboraci&oacute;n con Lazarsfeld. Follari escribe porque apuesta a esa posibilidad: la de reobrar sobre s&iacute;, que todo discurso posee. Si no hay un m&aacute;s all&aacute; o un afuera del lenguaje, como &eacute;l glosa a Lacan, es indudable que el lenguaje funda "hacia dentro" la reflexividad como condici&oacute;n de la cr&iacute;tica. No sin referencialidad, las ciencias sociales son una empresa sobremanera ling&uuml;&iacute;stica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a que desalienar a las ciencias sociales? &iquest;Qu&eacute; es lo que les impedir&iacute;a ser (o llegar a ser) ellas mismas, alcanzar su sentido genuino? &iquest;Es que lo hay realmente? &iquest;Bastar&iacute;a, para demarcarlo, enlistar las caracter&iacute;sticas de un supuesto <i>status </i>te&oacute;rico relativamente "can&oacute;nico"? &iquest;O en otro caso, podr&iacute;an ser "ciencias sociales" sin ser pol&iacute;ticamente cr&iacute;ticas?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto, como dijimos, puede ser tomado como una b&uacute;squeda en esta direcci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n que atraviesa el libro podr&iacute;a formularse as&iacute;: &iquest;pueden las ciencias sociales, en cualquiera de sus campos o subdisciplinas, desentenderse sin m&aacute;s de la cuesti&oacute;n pol&iacute;tico econ&oacute;mica como mediaciones a la base de la vida social? &iquest;Pueden desentenderse de la cuesti&oacute;n social misma para devenir mera construcci&oacute;n (o aun re&#150;construcci&oacute;n, leg&iacute;tima por otra parte) discursiva sin relaci&oacute;n con la conflictividad y las contradicciones hist&oacute;rico pr&aacute;cticas que la signan? &iquest;No se tratar&iacute;a nuevamente de un intento por construir unas ciencias sociales "sin sociedad" o bastante al margen de ella? Es decir, la pregunta por la (des&#150;) alienaci&oacute;n de las ciencias sociales, nos remite a la de su misma "posibilidad" en un sentido cercano a Kant, dando por sentado que aqu&iacute; la "trascendentalidad" se vuelve hist&oacute;rica e inevitable el dibujo de una circularidad hermen&eacute;utico&#150;cr&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al "malestar" se&ntilde;alado, como dijimos, Follari se refiere al caso de los estudios de la cultura, por un lado, y el de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica o &eacute;tica como suced&aacute;neos de la teor&iacute;a pol&iacute;tica, por otro. En el primero, nuestro autor se&ntilde;ala la presencia de posiciones cada vez menos antag&oacute;nicas con el capitalismo globalizado; por tanto, un cierto adaptacionismo creciente. Teniendo su origen en la izquierda brit&aacute;nica (Willams, Hoggart, etc.) y en su valoraci&oacute;n de la cultura de masas, pasan a Estados Unidos y de ah&iacute; a Latinoam&eacute;rica con el sello de la microhistoria, la aproximaci&oacute;n a lo cotidiano, el privilegio del punto de vista "etno", entre sus caracter&iacute;sticas principales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ser&aacute; en Latinoam&eacute;rica donde el s&iacute;ntoma de la despolitizaci&oacute;n y el aflojamiento cr&iacute;tico se har&aacute;n particularmente notorios. Mientras se agrava la cuesti&oacute;n social en medio de la agresi&oacute;n neoliberal, se socava la capacidad conciente de negaci&oacute;n, instal&aacute;ndose con fuerza "la superficialidad del campo de la imagen". Ello es notado por Follari en autores como Garc&iacute;a Canclini y Mart&iacute;n Barbero, en los que aparecen tres problemas ligados entre s&iacute;: el autorreferencialismo metate&oacute;rico; la estanflaci&oacute;n (entendida como el estancamiento conceptual con inflaci&oacute;n de la producci&oacute;n ret&oacute;rica) y una confusa saga entre lo universal y lo diverso, con predominio de esto &uacute;ltimo; y p&eacute;rdida de marcos estructurales con resultados despolitizantes (esfum&aacute;ndose aqu&iacute; el imperativo hist&oacute;rico moral, universalmente v&aacute;lido, de lucha contra la explotaci&oacute;n). Se trata del centramiento de los signos sobre s&iacute; mismos, lo que lleva a la impresi&oacute;n "de que la realidad material hubiera eclipsado tras una densa marea de textualidades y representaciones".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios de la cultura se presentan, por otro lado, con amplia acogida acad&eacute;mica, convirti&eacute;ndose en una voz investida de los privilegios del <i>stablishment, </i>aunque se precie de antiacad&eacute;mica y antioficial, al servicio de la celebraci&oacute;n "del &uacute;nico mundo posible en cuanto inevitable": &eacute;ste.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En oposici&oacute;n a los anteriores, Follari propone, en campos emparentables, contiguos al multiculturalismo y a los estudios poscoloniales, autores que muestran precisamente las posibilidades cr&iacute;ticas que faltan en los primeros. Zizek, Jameson, Casullo, Mora&ntilde;a, Reynoso, son comentados prolijamente. Vale la pena recorrer el an&aacute;lisis del texto de E. Lander, en su propia compilaci&oacute;n en torno a la "colonialidad del saber", para hacerse de las claves de la cr&iacute;tica de nuestro autor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su hip&oacute;tesis expresa es que nos encontramos, entonces, ante una tendencia m&aacute;s general en el campo de las ciencias sociales, dentro de la cual los estudios de la cultura o la filosof&iacute;a pol&iacute;tica son un ejemplo entre otros, donde la actual "crisis de la proyectualidad" mueve a preguntar por lo abstracto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su balance apunta, en definitiva, a esta tendencia que se abre en dos grandes vertientes, aparentemente contradictorias pero complementarias: a) una progresiva y abierta mercantilizaci&oacute;n, en servicio directo de intereses gerenciales, ya de las empresas o del Estado, en nombre de un supuesto "nuevo modelo cient&iacute;fico", presentado como de corte interdisciplinario, pero con dudosos criterios metodol&oacute;gicos para establecerse como tal; y b) la consagraci&oacute;n de una ciencia "d&eacute;bil", globalizada, con disminuci&oacute;n de la negatividad en lo ideol&oacute;gico y con ca&iacute;da de lo emp&iacute;rico y lo te&oacute;rico en pro de lo simplemente ret&oacute;rico, debilitada epistemol&oacute;gicamente, en orden a una "innovaci&oacute;n" sin criterios precisables.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo el signo de la penetraci&oacute;n de la cultura en el capital y viceversa, las ciencias sociales se muestran condicionadas, en plena cultura de mercado, por la virtualizaci&oacute;n de lo econ&oacute;mico, propia de lo financiero. Esto, combinado con la catarata de est&iacute;mulos perceptivos operada desde el creciente universo massmedi&aacute;tico, hace que el mundo se vuelva f&aacute;bula y, la realidad, ficci&oacute;n. El trabajo material, el esfuerzo f&iacute;sico presentes en la reproducci&oacute;n de la vida (la antigua "clase obrera", en suma), quedan opacados tras el c&uacute;mulo de incitaciones medi&aacute;ticas al consumo, volviendo indiscernible el aserto de que mientras haya capital habr&aacute; siempre trabajo explotado. Otro factor condicionante lo constituye, para Follari, la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica acelerada hasta l&iacute;mites autodestructivos, frente a la que el consumo nuevamente adquiere rasgos compulsivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus p&aacute;ginas finales, el texto cierra con notable lucidez el estado de cosas que viene describiendo, refiri&eacute;ndose al efecto de "relaci&oacute;n en espejo" que se produce con la asimilaci&oacute;n del cient&iacute;fico a su objeto de an&aacute;lisis, hasta quedar entrampado en &eacute;l. El dicho <i>adorniano </i>se cumple al quedar las ciencias sociales constitutivamente afectadas por la situaci&oacute;n y los nuevos procesos que desencadena: convertidas en un saber que ignora sus fuentes y ya lejos de su control, "hacen pero no lo saben".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>Este tema se halla l&uacute;cidamente analizado por el propio Follari en <i>Epistemolog&iacute;a y sociedad </i>(Buenos Aires: Homo Sapiens, 2000).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=833256&pid=S1870-0063200500030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Es destacable el "uso" espistemol&oacute;gico que Follari hace aqu&iacute; de un agudo planteo que al respecto propone Jeffrey Alexander acerca de la "centralidad de los cl&aacute;sicos" en las ciencias sociales. <i>Cf. </i>A. Giddens <i>et al., La teor&iacute;a social hoy </i>(Madrid: Alianza, 1990).</font></p>     ]]></body>
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