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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Crecimiento, distribuci&oacute;n y pobreza en M&eacute;xico (nota)<a href="#nota">*</a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp; </p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Enrique Hern&aacute;ndez Laos</b></font></p>      <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde principios de los ochenta es usual el an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre el crecimiento, la distribuci&oacute;n del ingreso y la pobreza en los pa&iacute;ses en desarrollo. Los m&aacute;s recientes an&aacute;lisis de este 'tri&aacute;ngulo' destacan que, en tanto el crecimiento econ&oacute;mico es 'bueno' para los pobres, una distribuci&oacute;n concentrada del ingreso no favorece la erradicaci&oacute;n de la pobreza, en la medida en que la distribuci&oacute;n regula la cuant&iacute;a de la elasticidad&#45;crecimiento tendiente a reducirla. De ah&iacute; que el t&eacute;rmino crecimiento 'pro&#45;pobre' haga referencia a aquel patr&oacute;n de crecimiento que favorece m&aacute;s que proporcionalmente la reducci&oacute;n de la pobreza, debido a una evoluci&oacute;n favorable a los pobres en materia de distibuci&oacute;n de los ingresos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n que se comenta examina la naturaleza de la relaci&oacute;n entre crecimiento, distribuci&oacute;n y pobreza, enfocada al caso de M&eacute;xico en el per&iacute;odo 1992&#45;2006. Se parte de la cuantificaci&oacute;n de la incidencia de la pobreza realizada por el Coneval, la cual aplica la metodolog&iacute;a preliminar sugerida por el Comit&eacute; T&eacute;cnico para la Medici&oacute;n de la Pobreza en el a&ntilde;o 2003. De acuerdo con esas mediciones, durante la d&eacute;cada de los noventa no se habr&iacute;a registrado un patr&oacute;n definido en las tendencias de mediano plazo, en la medida en que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de esa d&eacute;cada la econom&iacute;a nacional apenas si hab&iacute;a alcanzado a revertir las desfavorables tendencias derivadas de la crisis de 1995&#45;1996. A partir del a&ntilde;o 2000, por el contrario, el pa&iacute;s mostr&oacute; tendencias muy claras hacia la disminuci&oacute;n de la pobreza, tanto en los &aacute;mbitos rural como urbano, y en las tres medidas de pobreza, esto es, la alimentaria, la de capacidades y la de patrimonio. Esas tendencias se destacan claramente al aplicar el filtro Hodrick&#45;Presscott a las series estad&iacute;sticas de la incidencia de la pobreza en M&eacute;xico. Por su magnitud, el abatimiento de las condiciones de pobreza en el pa&iacute;s, en el primer sexenio del nuevo siglo, se comparan favorablemente con lo alcanzado por pa&iacute;ses exitosos en el combate a la pobreza como Chile y China, y mucho m&aacute;s acentuado hab&iacute;a sido nuestro desempe&ntilde;o en esa direcci&oacute;n que en pa&iacute;ses como Brasil o la India. Como paso preliminar en el an&aacute;lisis se aplic&oacute; el algoritmo de Datt y Ravallion para separar los efectos 'crecimiento' y 'distribuci&oacute;n' en la explicaci&oacute;n de la reducci&oacute;n de la pobreza. De esos ejercicios se deriva que, durante los noventa, el escaso aumento tendencial de la pobreza obedeci&oacute; a efectos 'distribuci&oacute;n' adversos a su abatimiento, acompasados de un nulo efecto 'crecimiento'. Por el contrario, en el sexenio 2000&#45;2006, el abatimiento de la pobreza alimentaria fue consecuencia sobre todo de efectos favorables en la 'distribuci&oacute;n' del ingreso, aunque en el proceso influy&oacute; tambi&eacute;n el efecto 'crecimiento'; este &uacute;ltimo fue proporcionalmente mayor en los casos de la pobreza de capacidades y de patrimonio. Tendencias similares se observan en los &aacute;mbitos rurales y urbanos, con el se&ntilde;alamiento de que el efecto 'distribuci&oacute;n' fue m&aacute;s significativo en el primero, y el efecto 'crecimiento' en el segundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se examinaron, entonces, algunas particularidades del proceso. En ese sentido, se detecta un notable cuasi&#45;estancamiento de la econom&iacute;a nacional en los &uacute;ltimos tres lustros. En efecto, el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de M&eacute;xico entre 1992 y 2006 fue notoriamente inferior que el registrado por los pa&iacute;ses que han tenido un favorable abatimiento de la pobreza como en el caso de Chile y China. En este caso, M&eacute;xico se encuentra, adem&aacute;s, muy por atr&aacute;s de otros pa&iacute;ses cuyo crecimiento ha sido tambi&eacute;n din&aacute;mico como Corea, la India y a&uacute;n Brasil. Durante los noventa, el escaso crecimiento econ&oacute;mico de M&eacute;xico se bas&oacute; en la expansi&oacute;n de las exportaciones, proceso considerablemente socavado por el paralelo &#45;y m&aacute;s que proporcional&#45; crecimiento de las importaciones. Empero, en los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os el 'motor' representado por el sector externo de la econom&iacute;a mexicana perdi&oacute; parte considerable de su dinamismo, lo que explica el tambi&eacute;n muy precario crecimiento entre 2000 y 2006. La cuantificaci&oacute;n de las 'fuentes' del crecimiento pone en claro que, a pesar de la relativamente favorable acumulaci&oacute;n de capital, se registr&oacute; un casi nulo crecimiento de la productividad multifactorial, a consecuencia de la falta de difusi&oacute;n de los avances tecnol&oacute;gicos registrados en el sector exportador, y como resultado de las notables ineficiencias en la utilizaci&oacute;n de los recursos en la mayor&iacute;a de las actividades dom&eacute;sticas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enfoc&aacute;ndonos en el &uacute;ltimo sexenio (2000-2006), cabe entonces preguntarse: &iquest;por qu&eacute; tan magro crecimiento econ&oacute;mico incidi&oacute; de manera tan determinante en el abatimiento de la pobreza en la sociedad mexicana? La respuesta se&ntilde;ala que el escaso crecimiento reciente fue de naturaleza 'pro&#45;pobre.' Una mirada a diversos indicadores permite detectar algunas de las caracter&iacute;sticas de este proceso. Vale apuntar, en primer lugar, la gradual redistribuci&oacute;n funcional del ingreso en nuestro pa&iacute;s a partir de 1997, que en promedio acrecent&oacute; la participaci&oacute;n de los asalariados en el ingreso en m&aacute;s de un punto porcentual en los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os. Ese proceso se detecta m&aacute;s claramente al examinar las cuentas institucionales de los hogares mexicanos, que a partir del a&ntilde;o 2000 registraron aumentos reales cercanos a 2% en el ingreso promedio de los hogares, despu&eacute;s del deterioro consolidado sufrido durante los noventa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso tambi&eacute;n se detecta con informaci&oacute;n &#45;medida en t&eacute;rminos reales&#45; de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). No s&oacute;lo los ingresos de los hogares aumentaron en t&eacute;rminos reales a partir del a&ntilde;o 2000, sino adem&aacute;s en los siguientes seis a&ntilde;os se habr&iacute;an registrado procesos redistri&#45;butivos del ingreso, como lo ponen de manifiesto diversos indicadores de la desigualdad en su distribuci&oacute;n. La descomposici&oacute;n de la significativa disminuci&oacute;n del coeficiente de Gini apunta a que, a diferencia de lo ocurrido en los noventa, en el primer sexenio del nuevo siglo los ingresos laborales contribuyeron de manera muy favorable a ese abatimiento, tanto los de naturaleza salarial como los de los trabajadores por cuenta propia. En este proceso &#45;y en t&eacute;rminos estad&iacute;sticos&#45; el efecto de las transferencias (p&uacute;blicas y privadas) fue cercano a cero, esto es, no habr&iacute;a influido en las tendencias hacia la menor desigualdad a escala nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo apunta a que la menor desigualdad en la distribuci&oacute;n se localiza, muy probablemente, en las modalidades de la operaci&oacute;n y el funcionamiento de los mercados laborales, tanto de la fuerza de trabajo asalariada como de la no asalariada. En este sentido, destaca el aumento en el n&uacute;mero de perceptores promedio por hogar, principalmente en los deciles m&aacute;s bajos de la distribuci&oacute;n, producto tanto del avance de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica, como de las estrategias seguidas por los pobres para hacer frente a situaciones econ&oacute;micas cr&iacute;ticas. En este proceso sobresale la significativa reducci&oacute;n del abanico de ingresos &#45;tanto salariales como no salariales&#45; a consecuencia de la disminuci&oacute;n de la oferta de trabajadores sin educaci&oacute;n formal y hasta con primaria, lo que habr&iacute;a repercutido en aumentos m&aacute;s que proporcionales en las remuneraciones reales al trabajo en la parte baja de la escala de ingresos. Por otra parte, destaca tambi&eacute;n el aumento de la oferta de trabajadores con est&aacute;ndares intermedios y superiores de instrucci&oacute;n formal, lo que provoc&oacute; el efecto contrario, es decir, tendieron a reducirse las remuneraciones reales en la parte alta de la distribuci&oacute;n, contrario a lo sucedido en los noventa. En consecuencia, ambos movimientos provocaron una disminuci&oacute;n en el abanico de las percepciones al trabajo que, en su conjunto, coadyuv&oacute; al abatimiento de la desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso de los hogares, como lo muestran varios indicadores a escala sectorial, regional y por niveles de escolaridad de la fuerza laboral.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para profundizar el an&aacute;lisis, el trabajo se orient&oacute; al examen de las particularidades de la pobreza en las zonas rurales y urbanas, toda vez que la inserci&oacute;n de los pobres en el aparato productivo difiere marcadamente entre ambos &aacute;mbitos geogr&aacute;ficos. En el medio rural, el efecto 'crecimiento' se bas&oacute;, adem&aacute;s del aumento en el n&uacute;mero de perceptores medios por hogar, en el acrecentamiento de la productividad laboral en el sector agropecuario nacional, especialmente en los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os. La informaci&oacute;n procesada de la Secretar&iacute;a de Agricultura, Ganader&iacute;a, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentaci&oacute;n (SAGARPA) demuestra, adem&aacute;s, que en cinco cultivos b&aacute;sicos en tierras de temporal &#45;ma&iacute;z, trigo, frijol, arroz y sorgo&#45; los rendimientos medios por hect&aacute;rea habr&iacute;an aumentado de manera significativa &#45;sobre todo a partir del a&ntilde;o 2000&#45; acompa&ntilde;ados, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, de aumentos en los precios relativos de esos cultivos b&aacute;sicos. Tanto el aumento de los perceptores, como el de la productividad y de los rendimientos medios por hect&aacute;rea, provocaron, entonces, aumentos de los ingresos reales de los hogares rurales, toda vez que buena parte de los jefes de hogares rurales se ocupa en labores agropecuarias de la econom&iacute;a nacional.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aumento de los ingresos medios reales en los hogares rurales en el &uacute;ltimo sexenio, es confirmado por la informaci&oacute;n procesada de la ENIGH. Esa informaci&oacute;n pone de manifiesto los procesos redistributivos del ingreso acaecidos, los cuales muestran disminuciones significativas en el coeficiente de Gini. Y aunque se modific&oacute; la estructura de los ingresos de los hogares, esto es, se acrecent&oacute; la participaci&oacute;n de los ingresos por transferencias, tanto privadas &#45;remesas&#45; como p&uacute;blicas &#45;programas sociales&#45; en estos a&ntilde;os, la descomposici&oacute;n del coeficiente de Gini pone de manifiesto que s&oacute;lo los ingresos laborales (los salariales y los derivados de negocios propios) contribuyeron al abatimiento de las desigualdades, ya que en el &aacute;mbito rural el papel desempe&ntilde;ado por las transferencias fue pr&aacute;cticamente nulo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo &aacute;mbito rural destacan, por &uacute;ltimo, las mutaciones sucedidas en el empleo y en los ingresos registrados en el sector agropecuario nacional. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupaci&oacute;n y Empleo (ENOE), se redujo de manera considerable &#45;a trav&eacute;s de migraciones de tipo kusnetzianas&#45; la fuerza de trabajo, tanto en los noventa como en el &uacute;ltimo sexenio. Lo m&aacute;s notorio, empero, es que la disminuci&oacute;n se concentr&oacute; en la fuerza de trabajo sin instrucci&oacute;n y con s&oacute;lo primaria, a expensas de su acrecentamiento con niveles medios &#45;y a&uacute;n superiores&#45; de educaci&oacute;n, en lo que parecer&iacute;a ser un proceso gradual de modernizaci&oacute;n de este todav&iacute;a importante sector de la econom&iacute;a nacional. Como consecuencia, el aumento de las retribuciones de los primeros y las disminuciones de los &uacute;ltimos en el sector rural se evidencia, de manera muy clara, el ya se&ntilde;alado proceso de estrechamiento del abanico de las retribuciones laborales. Ello muy probablemente est&aacute; en la base de las tendencias distributivas hacia menores est&aacute;ndares de desigualdad en la distribuci&oacute;n de los ingresos rurales de la econom&iacute;a mexicana. a estructura y los cambios de la pobreza en el medio urbano ofrecen caracter&iacute;sticas diferentes a las encontradas en el &aacute;mbito rural de la econom&iacute;a. Primeramente, a lo largo de los noventa, por los efectos derivados de la crisis, el sector urbano no registr&oacute; tendencia alguna en la incidencia de la pobreza, toda vez que ambos efectos &#45;crecimiento y distribuci&oacute;n&#45; tuvieron movimientos contrarios que tendieron a cancelarse. Empero, la historia es diferente para el per&iacute;odo 2000&#45; 2006; en este sexenio, tanto los efectos 'crecimiento' como 'distribuci&oacute;n' fueron favorables al abatimiento de la pobreza urbana. En este sentido, destaca el hecho de que la demograf&iacute;a ejerci&oacute; efectos poco importantes, quiz&aacute; por el hecho de que la transici&oacute;n demogr&aacute;fica en las &aacute;reas urbanas del pa&iacute;s se encuentra mucho m&aacute;s avanzada de lo que registra en las rurales. Adem&aacute;s, el an&aacute;lisis del efecto 'crecimiento' en las &aacute;reas urbanas apunta a que este efecto fue m&aacute;s significativo en t&eacute;rminos de empleo que de productividad multifactorial, toda vez que los sectores urbanos de la econom&iacute;a &#45;el secundario y el terciario&#45; registraron muy escasas ganancias de productividad multi&#45;factorial. Por el contrario, el efecto empleo &#45;sobre todo en el sector terciario&#45; fue m&aacute;s significativo, sobre todo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente en actividades informales urbanas de muy baja productividad y remuneraciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evoluci&oacute;n de los principales indicadores salariales en t&eacute;rminos reales refleja el precario dinamismo en materia de productividad: tanto los salarios m&iacute;nimos como los contractuales, en la manufactura, en la construcci&oacute;n y en el comercio, registraron reducciones del alguna significaci&oacute;n durante los noventa, y su recuperaci&oacute;n a partir del a&ntilde;o 2000 habr&iacute;a sido muy lenta y restringida. De hecho, ese comportamiento estar&iacute;a reflejando lo agudo de la crisis de los noventa en los sectores preferentemente urbanos de la econom&iacute;a, los cuales han tardado mucho m&aacute;s tiempo en recuperarse de lo que se observ&oacute; en los sectores rurales.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El otro elemento determinante del escaso efecto 'crecimiento' sobre el abatimiento de la pobreza urbana fue el empleo. Si bien &eacute;ste se acrecent&oacute; marginalmente en los noventa en el sector secundario, su aumento a partir del a&ntilde;o 2000 en ese sector fue pr&aacute;cticamente nulo, lo que refleja el escaso dinamismo de las exportaciones en el &uacute;ltimo sexenio. El sector terciario, por el contrario, mostr&oacute; un mayor dinamismo en materia de creaci&oacute;n de empleos, especialmente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, constituy&eacute;ndose en el reducto para los nuevos entrantes a la fuerza de trabajo, preferentemente en el sector informal urbano de la econom&iacute;a.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, destaca el abatimiento &#45;de m&aacute;s de una quinta parte&#45; del empleo de personas sin instrucci&oacute;n y, en cerca de una d&eacute;cima parte en el de los ocupados con instrucci&oacute;n primaria que laboran en actividades secundarias. En contraste, aument&oacute; el empleo de personas con mayores niveles educativos, no s&oacute;lo en el sector secundario sino tambi&eacute;n en el terciario de la econom&iacute;a, en el cual, sin embargo, proliferan todav&iacute;a los empleos con precarios niveles de instrucci&oacute;n. Por ello, cabe afirmar que el comportamiento del empleo por niveles de instrucci&oacute;n descrito explica la reducci&oacute;n del abanico de las remuneraciones reales en los sectores urbanos del pa&iacute;s, toda vez que en este proceso salieron ganando las remuneraciones de los empleos de menor instrucci&oacute;n formal, a costa del deterioro de los ingresos reales que reciben los empleos con mayores est&aacute;ndares educativos, tambi&eacute;n contrario a lo ocurrido durante los noventa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el comportamiento diferencial del empleo y de las remuneraciones en los sectores urbanos de la econom&iacute;a habr&iacute;a dado la pauta para los procesos redistributivos del ingreso, observados a partir del a&ntilde;o 2000. Aunque el empleo urbano no deja de tener una significativa segmentaci&oacute;n, aplicando la metodolog&iacute;a de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT) para la medici&oacute;n de la informalidad, se detecta que por la operaci&oacute;n del mercado laboral, &eacute;sta se abati&oacute; en el &uacute;ltimo sexenio en varios puntos porcentuales, si se compara el promedio con el registrado hacia mediados de la d&eacute;cada de los noventa, cuando la econom&iacute;a nacional se encontraba en plena fase recesiva a consecuencia de la crisis.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuantificaci&oacute;n de diversos &iacute;ndices de desigualdad en la distribuci&oacute;n de los ingresos urbanos apunta, entonces, a un abatimiento de la concentraci&oacute;n de los ingresos urbanos, medida en t&eacute;rminos del coeficiente de Gini. Si bien el proceso redistributivo en las &aacute;reas urbanas fue menos significativo que el de las rurales, cabe preguntarse: &iquest;cu&aacute;les fueron las fuentes de la modesta redistribuci&oacute;n de los ingresos urbanos? Las pruebas estad&iacute;sticas ofrecidas en la investigaci&oacute;n ponen en claro que, tambi&eacute;n en el caso urbano, el proceso redistributivo fue consecuencia de la operaci&oacute;n de las fuerzas del mercado laboral, que tendieron a favorecer con mayores ingresos reales los estratos de menores ingresos, tanto en el sector informal como entre los asalariados formales urbanos. Con todo, la magnitud del proceso en las &aacute;reas urbanas fue de menores proporciones, en comparaci&oacute;n con lo sucedido en las &aacute;reas rurales de la geograf&iacute;a nacional.</font> </p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anteriormente descrito, entonces, el abatimiento de la pobreza en M&eacute;xico entre el 2000 y el 2006 obedeci&oacute;, primordialmente, a efectos de un gradual &#45;pero significativo&#45; proceso redistributivo del ingreso. Por ello, en la investigaci&oacute;n que nos ocupa se apunta, por &uacute;ltimo, que esos procesos redistributivos generados en el &uacute;ltimo sexenio podr&iacute;an dar lugar a fen&oacute;menos de causaci&oacute;n acumulativa. En este sentido, se argumenta que, los movimientos tendientes hacia una menor desigualdad en la distribuci&oacute;n de los ingresos podr&iacute;an, eventualmente, mejorar de manera marginal el desempe&ntilde;o de la econom&iacute;a y acelerar su crecimiento, lo que a su vez repercutir&iacute;a en menores est&aacute;ndares en la desigualdad de la distribuci&oacute;n de los ingresos en el mediano plazo, y a su vez, ello podr&iacute;a generar posteriores reducciones de la pobreza.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los canales por los cuales se fundamenta esta hip&oacute;tesis radican en los efectos diferenciales que ejercen los patrones de consumo de los hogares pobres versus los de los hogares no pobres. Los primeros, al consumir una mayor proporci&oacute;n de bienes y servicios b&aacute;sicos, dirigen sus adquisiciones hacia la compra de art&iacute;culos m&aacute;s intensivos en empleo, y con una menor intensidad de capital y de importaciones, que los que adquieren los hogares no pobres. Para evaluar la viabilidad de este hip&oacute;tesis, en el estudio se realizaron algunos ejercicios de simulaci&oacute;n num&eacute;rica, con informaci&oacute;n de la ENIGH y mediante la aplicaci&oacute;n de la matriz de insumo&#45;producto del 2003 recientemente publicada por el INEGI. Esos ejercicios ponen de manifiesto, sin duda, que la hip&oacute;tesis propuesta podr&iacute;a tener suficiente apoyo en la realidad mexicana, y no ser&iacute;a descabellado esperar eventualmente la presencia de movimientos de causaci&oacute;n cumulativa para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n incluye algunas recomendaciones de pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social, que razonablemente podr&iacute;an ser atendidas si lo que se desea es un abatimiento sustentable de la pobreza en nuestro pa&iacute;s en el mediano y largo plazos. En primer lugar, se se&ntilde;ala que si bien las reducciones basadas en la redistribuci&oacute;n de los ingresos son necesarias, en un pa&iacute;s como M&eacute;xico pueden resultar insuficientes. Por ello, deber&aacute; ponerse mayor &eacute;nfasis en el futuro en acelerar los procesos de crecimiento econ&oacute;mico, para sacar del estancamiento a una econom&iacute;a que ya va para tres d&eacute;cadas de muy magro desenvolvimiento. En segundo lugar, se destaca la pertinencia de las pol&iacute;ticas educativas en el combate a la pobreza, por lo que cabe insistir en la necesidad de profundizar su expansi&oacute;n hacia las zonas con mayores carencias de la sociedad, no s&oacute;lo en t&eacute;rminos cuantitativos sino tambi&eacute;n cualitativos, dado el notable rezago que muestra la calidad educativa nacional en la actualidad. A escala rural, se recomienda aprovechar la reciente coyuntura de aumentos en los precios de los cultivos alimenticios b&aacute;sicos, para impulsar programas de desarrollo de zonas temporaleras orientadas a esos cultivos, en los cuales la profundizaci&oacute;n del sector financiero deber&aacute; desempe&ntilde;ar un papel mucho m&aacute;s relevante del que opera en la actualidad. A escala urbana, el abatimiento de la pobreza pasa, en nuestra opini&oacute;n, por la reducci&oacute;n de la magnitud del sector informal. Empero, en la medida en que el crecimiento econ&oacute;mico sea precario, y no se acrecienten los est&aacute;ndares de productividad multifactorial, resulta evidente que no se generar&aacute;n empleos de calidad en el sector formal de la econom&iacute;a, lo que continuar&aacute; redundando en el aumento de la informalidad. Por ello, se requiere fortalecer por todos los medios los est&aacute;ndares productivos de la econom&iacute;a, a la par de extender gradual pero firmemente la cobertura del sistema financiero hacia los n&uacute;cleos menos favorecidos de la sociedad, quiz&aacute; a trav&eacute;s de programas de micro&#45;financiamiento que atiendan las necesidades de los pobres para acrecentar sus activos productivos que les permita salir de la informalidad. La reducci&oacute;n de &eacute;sta no se lograr&aacute; solamente con cambios en el marco legal, por m&aacute;s &eacute;nfasis que se quiera poner en ello por parte de las autoridades. Todo lo anterior parecer&aacute;n s&oacute;lo buenos deseos, a la sombra de la aguda crisis que se nos viene encima, de no ser capaces de sortearla de manera adecuada, con el menor perjuicio para los mexicanos, especialmente para los que menos tienen.</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Esta nota ofrece un sumario muy abreviado del estudio presentado por el autor al Coneval con el t&iacute;tulo: Crecimiento, distribuci&oacute;n y pobreza en M&eacute;xico (1992&#45;2006), que pr&oacute;ximamente ser&aacute; publicado por esa instituci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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