<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1665-952X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Economía UNAM]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Economía UNAM]]></abbrev-journal-title>
<issn>1665-952X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Económicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1665-952X2009000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Crisis, consumismo, dolarización]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Crisis, consumerism, dollarization]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ibarra]]></surname>
<given-names><![CDATA[David]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<volume>6</volume>
<numero>16</numero>
<fpage>9</fpage>
<lpage>22</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1665-952X2009000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1665-952X2009000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1665-952X2009000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[En este articulo, David Ibarra analiza las causas y la evolución de la actual crisis económica. Considera que en la actualidad se imponen los dictados impersonales y automáticos de la supuesta eficiencia del mercado sobre la intervención del Estado, a la que se considera causante de los problemas económicos y sociales. Hace un recuento de los procesos más significativos de la crisis internacional, resaltando los excesos y fallas en la aplicación de los principios neoliberales, que hicieron depender el crecimiento económico del consumo privado y dieron lugar a una expansión explosiva del sector financiero. El autor examina las medidas aplicadas para superar la crisis. En este artículo se aborda la situación en México. Se hace referencia crítica al manejo de la política económica. Se señala que México "sigue rezagado en concebir e instrumentar acciones estratégicas integradas con el doble propósito de romper escollos estructurales (bancos, balanza de pagos, tributación, empleo), así como atender simultáneamente una coyuntura extremadamente desfavorable". El autor considera que la estrategia debiera centra en reconstruir y corregir las deficiencias de nuestro sistema financiero, proteger a la economía popular y romper los prejuicios ideológicos en torno a la intervención estatal, a la creencia en la santidad del mercado y del presupuesto equilibrado en tiempos de crisis. El trabajo finaliza con un apartado de conclusiones, en el que apunta la evolución de las medidas anticrisis, que han ido desde el trato ortodoxo hasta la inducción de cambios institucionales en el sector financiero. Se señala que se aplican ya medidas de corte Keynesiano y acciones monetarias audaces a pesar de que subsisten obstáculos ideológicos, que se tocan intereses poderosos que originan temores y resistencias para cambiar las reglas de juego. En México los rezagos en reconocer la gravedad de la situación apenas ha recibido respuestas de las políticas públicas reactivas, tímidas y claramente insuficientes. Apenas se ha dado comienzo a la reestructuración de las políticas públicas frente a la crisis y a ganar políticamente la aceptación de los ciudadanos, empresarios y trabajadores hacia los programas de gobierno.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this article, David Ibarra analyzes the causes and evolution of the current economic crisis. He reviews the most significant processes involved in the international crisis and examines how counter-measures have evolved. He goes on to point out that Mexico continues to be far behind in conceiving and implementing strategic actions to overcome structural dangers and simultaneously deal with an extremely unfavorable immediate situation. Ibarra proposes a strategy focused on rebuilding our financial system and correcting its deficiencies, protecting the population's economic welfare, and breaking down the ideological prejudices about state intervention and the belief in the sanctity of the market and having a balanced budget in times of crisis. The author concludes that internationally, anti-crisis measures have evolved from orthodox treatment to introducing institutional changes in the financial sector, and by now, the measures being introduced are Keynesian together with audacious monetary actions, despite all ideological barriers, the powerful interests that generate fear, and the resistance to changing the rules of the game. By contrast, Mexico is way behind in recognizing the gravity of the situation, and its public policy responses are reactive, timid and clearly insufficient. Government public policies responding to the crisis have barely begun to be restructured and to be politically accepted by the public, the business community and workers.]]></p></abstract>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Crisis, consumismo, dolarizaci&oacute;n</b></font></p>       <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Crisis, consumerism, dollarization</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>David Ibarra</b></font></p>      <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><em>Presidente del Comit&eacute; Editorial ECONOM&Iacute;Aunam</em> &lt;<a href="mailto:dibarra@prodigy.net.mx">dibarra@prodigy.net.mx</a>&gt;</font></p>       <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este articulo, David Ibarra analiza las causas y la evoluci&oacute;n de la actual crisis econ&oacute;mica. Considera que en la actualidad se imponen los dictados impersonales y autom&aacute;ticos de la supuesta eficiencia del mercado sobre la intervenci&oacute;n del Estado, a la que se considera causante de los problemas econ&oacute;micos y sociales. Hace un recuento de los procesos m&aacute;s significativos de la crisis internacional, resaltando los excesos y fallas en la aplicaci&oacute;n de los principios neoliberales, que hicieron depender el crecimiento econ&oacute;mico del consumo privado y dieron lugar a una expansi&oacute;n explosiva del sector financiero. El autor examina las medidas aplicadas para superar la crisis.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se aborda la situaci&oacute;n en M&eacute;xico. Se hace referencia cr&iacute;tica al manejo de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Se se&ntilde;ala que M&eacute;xico "sigue rezagado en concebir e instrumentar acciones estrat&eacute;gicas integradas con el doble prop&oacute;sito de romper escollos estructurales (bancos, balanza de pagos, tributaci&oacute;n, empleo), as&iacute; como atender simult&aacute;neamente una coyuntura extremadamente desfavorable". El autor considera que la estrategia debiera centra en reconstruir y corregir las deficiencias de nuestro sistema financiero, proteger a la econom&iacute;a popular y romper los prejuicios ideol&oacute;gicos en torno a la intervenci&oacute;n estatal, a la creencia en la santidad del mercado y del presupuesto equilibrado en tiempos de crisis. El trabajo finaliza con un apartado de conclusiones, en el que apunta la evoluci&oacute;n de las medidas anticrisis, que han ido desde el trato ortodoxo hasta la inducci&oacute;n de cambios institucionales en el sector financiero. Se se&ntilde;ala que se aplican ya medidas de corte Keynesiano y acciones monetarias audaces a pesar de que subsisten obst&aacute;culos ideol&oacute;gicos, que se tocan intereses poderosos que originan temores y resistencias para cambiar las reglas de juego. En M&eacute;xico los rezagos en reconocer la gravedad de la situaci&oacute;n apenas ha recibido respuestas de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas reactivas, t&iacute;midas y claramente insuficientes. Apenas se ha dado comienzo a la reestructuraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas frente a la crisis y a ganar pol&iacute;ticamente la aceptaci&oacute;n de los ciudadanos, empresarios y trabajadores hacia los programas de gobierno.</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">In this article, David Ibarra analyzes the causes and evolution of the current economic crisis. He reviews the most significant processes involved in the international crisis and examines how counter&#45;measures have evolved. He goes on to point out that Mexico continues to be far behind in conceiving and implementing strategic actions to overcome structural dangers and simultaneously deal with an extremely unfavorable immediate situation. Ibarra proposes a strategy focused on rebuilding our financial system and correcting its deficiencies, protecting the population's economic welfare, and breaking down the ideological prejudices about state intervention and the belief in the sanctity of the market and having a balanced budget in times of crisis. The author concludes that internationally, anti&#45;crisis measures have evolved from orthodox treatment to introducing institutional changes in the financial sector, and by now, the measures being introduced are Keynesian together with audacious monetary actions, despite all ideological barriers, the powerful interests that generate fear, and the resistance to changing the rules of the game. By contrast, Mexico is way behind in recognizing the gravity of the situation, and its public policy responses are reactive, timid and clearly insufficient. Government public policies responding to the crisis have barely begun to be restructured and to be politically accepted by the public, the business community and workers.</font></p>        <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin el menor atisbo de duda, el modo de manejar la econom&iacute;a se ha alterado no s&oacute;lo en t&eacute;rminos de avances y afinamientos t&eacute;cnicos, sino en la sustancia de la ideolog&iacute;a y de las metas que la animan en tanto disciplina social. Importan menos el crecimiento, el empleo y la equidad distributiva; vale m&aacute;s la estabilidad de precios y la ampliaci&oacute;n de las libertades econ&oacute;micas individuales; se prefiere la fusi&oacute;n global de las econom&iacute;as a la autonom&iacute;a de respuesta de los gobiernos a las demandas ciudadanas, aunque ello implique cesi&oacute;n o restricci&oacute;n al ensanchamiento de los derechos colectivos. En una palabra, se sustituye al m&aacute;ximo el intervencionismo pol&iacute;tico de los estados nacionales poniendo en su lugar los dictados impersonales, autom&aacute;ticos del eficientismo del mercado. Al efecto, la administraci&oacute;n keynesiana de la demanda &#45;para sostener desarrollo y empleo&#45;, fue reemplazada desde los a&ntilde;os setenta por pol&iacute;ticas neoliberales de corte monetario. As&iacute; se produce un cambio con escasos precedentes hist&oacute;ricos en la concepci&oacute;n y encauzamiento de las  pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de muchos pa&iacute;ses del Primer Mundo y tambi&eacute;n de la periferia. El neoliberalismo global<sup><a href="#nota1">1</a></sup> reemplaza el orden econ&oacute;mico internacional de Bretton Woods.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay numerosas razones hist&oacute;ricas, geopol&iacute;ticas, sociol&oacute;gicas y econ&oacute;micas que explican la mudanza. En cualquier caso se postula al Estado no como el proveedor de soluciones a los problemas de la vida econ&oacute;mica y social de los pa&iacute;ses, sino como la fuente y ra&iacute;z de los mismos. Ello justifica liberar de trabas a los mercados, cuyos mecanismos llevan por sendas supuestamente eficientes a econom&iacute;a y sociedad, al desarrollo sin inflaci&oacute;n ni corrupci&oacute;n, a la reducci&oacute;n de la actividad y politiquer&iacute;a de los gobiernos. En lo externo, se postula la supresi&oacute;n de las fronteras econ&oacute;micas y la creaci&oacute;n de un sistema global de mercados frecuentemente oligopolizados, donde mercader&iacute;as y capitales gozan de plena libertad de movimiento. Y en lo interno, se emprende la privatizaci&oacute;n de empresas p&uacute;blicas, la desregulaci&oacute;n de los mercados &#45;singularmente los financieros&#45;, la reducci&oacute;n de los impuestos directos a los grupos pudientes, el otorgamiento de independencia a los bancos centrales, mientras se limita m&aacute;s y m&aacute;s gasto y actividades gubernamentales en la b&uacute;squeda del presupuesto equilibrado y de la multiplicaci&oacute;n de los negocios privados.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mediante esa gran transformaci&oacute;n, el sustento, la mejora del bienestar general de cada pa&iacute;s, queda fincado no en las acciones del Estado, sino en la actuaci&oacute;n de mercados libres, en teor&iacute;a capaces de absorber cualquier impacto imprevisto, auxiliados cuando m&aacute;s por pol&iacute;ticas monetarias expurgadas hasta donde es posible de toda influencia gubernamental. Hay manifiesta desconfianza neoliberal en los pol&iacute;ticos y los gobiernos, por considerarlos proclives a la corrupci&oacute;n y a permutar el bien colectivo por ventajas electorales o beneficios transitorios. En cambio, hay confianza plena en las tesis financieras conservadoras sintetizadas en la "hip&oacute;tesis de los mercados eficientes". Tal hip&oacute;tesis sostiene que los mercados financieros aportan siempre informaci&oacute;n suficiente para realizar las transacciones a los precios correctos, mientras son inmunes a la corrupci&oacute;n y se equilibran autom&aacute;ticamente, haciendo casi imposible la aparici&oacute;n de desequilibrios graves o persistentes.</font></p>       <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El cambio del paradigma econ&oacute;mico</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esas tesis, menos te&oacute;ricas que ideol&oacute;gicas, contradicen flagrantemente la historia de la inestabilidad de los mercados financieros en sus ciclos repetitivos de auge y depresi&oacute;n, manifiestos desde la <i>Crisis de los Tulipanes</i> en el siglo XVII hasta las debacles contempor&aacute;neas que, una y otra vez, han requerido de la intervenci&oacute;n estatal para suavizar sus peores efectos. Hoy, entre las causas concretas de la crisis financiera global figura de manera innegable una combinaci&oacute;n de deficiencias institucionales y hasta corruptelas: fallas en los criterios rectores del gobierno corporativo del sector financiero, en los sistemas de evaluaci&oacute;n de las empresas calificadoras, en la cobertura y profundidad de sistemas re&#45;gulatorios, as&iacute; como en la protecci&oacute;n diferencial de riesgos entre los grupos beneficiados y los perjudicados.<sup><a href="#nota2">2</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios desajustes y desfalcos se han creado o recrudecido como compa&ntilde;eros inseparables de la desregulaci&oacute;n excesiva de los mercados que permitieron, por ejemplo, el libertinaje de la banca al asumir riesgos excesivos en aras de multiplicar las ganancias y el <i>shareholder value</i> de los intermediarios financieros y accionistas. Entonces, no es de extra&ntilde;ar la mayor volatilidad de los mercados en el per&iacute;odo neoliberal. Entre 1993 y 1997 se han identificado 139 episodios financieros cr&iacute;ticos contra s&oacute;lo 38 entre 1945 y 1971.<sup><a href="#nota3">3</a></sup> De otra manera, ser&iacute;an inconcebibles eventos como los de la debacle de los mercados de valores de 1987, la quiebra del <i>hedge fund</i> Long Term Capital Management, el desmoronamiento del Bearn Stearns, la contabilidad creativa de Enron y de la firma de contadores Arthur Anderson, como el desfalco de 50 mil millones de d&oacute;lares ideado por el hasta entonces respetable financiero Bernard Madoff de Wall Street.<sup><a href="#nota4">4</a></sup> Obs&eacute;rvese, adem&aacute;s, que la Reserva Federal, como muchos otros reguladores, tienen obsesi&oacute;n por cuidar de la inflaci&oacute;n en el &aacute;mbito de los mercados ordinarios, pero descuidan con frecuencia la formaci&oacute;n de burbujas inflacionarias especulativas en los mercados de activos &#45;acciones, bienes inmobiliarios&#45;, cuyo comportamiento es distinto al normal.<sup><a href="#nota5">5</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a tales realidades, el Estado progresivamente dej&oacute; de fijar y supervisar las reglas sociales del juego, para convertirse en espectador y, acaso, ejecutor de las decisiones del mercado, de la elite financiera o de las normas del Estado neoliberal de derecho.<sup><a href="#nota6">6</a></sup> Con tales criterios el n&uacute;cleo central del manejo econ&oacute;mico es desplazado de los gobiernos y ministerios hacendarios a los bancos centrales, frecuentemente influidos m&aacute;s de la cuenta por los grandes consorcios financieros. En lugar del uso del gasto p&uacute;blico y los impuestos &#45;con el fin de amortiguar o suprimir los efectos de las recesiones econ&oacute;micas&#45;, la herramienta macroecon&oacute;mica preferida, consisti&oacute; en la manipulaci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s y en menor escala de los tipos de cambio, despu&eacute;s del fracaso de la idea de lograr el mismo objetivo mediante la regulaci&oacute;n de la oferta monetaria.<sup><a href="#nota7">7</a></sup> Por tanto, la tarea de administrar la macroeconom&iacute;a, salvo en per&iacute;odos de aguda contracci&oacute;n, cuando la pol&iacute;tica monetaria pierde su capacidad de revitalizar la actividad econ&oacute;mica &#45;como ocurre hoy en d&iacute;a&#45;, &oacute;en manos de los bancos centrales.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El consumo sustituye a la inversi&oacute;n como motor econ&oacute;mico y como el centro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Entre 1966 y 2007, el consumo en Estados Unidos ha crecido de menos de 65% a m&aacute;s de 70% del producto.<sup><a href="#nota8">8</a></sup> El financiamiento dirigido a familias e incluso a gobiernos se dedica preferentemente a promoverlo y sostenerlo, como medio de estabilizar el crecimiento del conjunto de la econom&iacute;a. Ese proceder tiene las ventajas de la eficacia de atender demandas pol&iacute;ticas frecuentemente exigentes y la de simplificar la ejecuci&oacute;n de las acciones p&uacute;blicas, pr&aacute;cticamente sin planeaci&oacute;n ni proyectos de formaci&oacute;n de capital.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consonancia, la tributaci&oacute;n se desplaza gradualmente de los ingresos al consumo, se reducen los impuestos directos y se elevan los que recaen sobre la masa del gasto de las familias, esto es, los grav&aacute;menes indirectos. Los efectos no se hacen esperar: se refuerzan tendencias hacia la concentraci&oacute;n del ingreso y los patrones de gasto de las familias se escinden en el consumo popular y el de los grupos pudientes.<sup><a href="#nota9">9</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre es m&aacute;s f&aacute;cil gravar a la masa desorganizada de consumidores que a la elite con recursos financieros, pol&iacute;ticos y jur&iacute;dicos puestos al servicio de su defensa. Incluso toma carta de naturalizaci&oacute;n &#45;negando la experiencia hist&oacute;rica&#45; la idea de que el papel redistribuidor de la pol&iacute;tica fiscal est&aacute; del lado del gasto, no en el de la tributaci&oacute;n. A primera vista, acentuar los impuestos al consumo parecer&iacute;a contrario con la tesis de alentarlo, como principal arma antirrecesiva. Sin embargo, al otro lado de la pinza conservadora neoliberal y de los <i>supply&#45;siders,</i> est&aacute; la idea que todo auge est&aacute; asentado en rebajas impositivas, &#45;esto es, en la merma de los m&aacute;rgenes estatales de maniobra&#45; y, asimismo, en que los impuestos directos y los d&eacute;ficit absorben ahorros, elevan las tasas de inter&eacute;s y reducen la inversi&oacute;n.<sup><a href="#nota10">10</a></sup></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El paradigma en marcha</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sea como sea, se crean incentivos deliberados al gasto privado en sustituci&oacute;n del gasto p&uacute;blico &#45;como lo atestigua la agobiante avalancha publicitaria comercial y bancaria&#45;. Dado el enorme peso macroecon&oacute;mico del consumo de las familias &#45;entre 60 y 70% del producto de los pa&iacute;ses&#45;, los esfuerzos de banca y gobiernos alientan eficazmente el consumismo y el endeudamiento privados, como v&iacute;a para sostener y estabilizar los ritmos de actividad econ&oacute;mica y multiplicar los beneficios financieros.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pr&eacute;stamos a las familias crecen con rapidez en Estados Unidos, s&oacute;lo superados por los de car&aacute;cter intra&#45;financiero. Seg&uacute;n datos de la Reserva Federal entre 1975 y 2006, esos cr&eacute;ditos suben de 30 a 44% de la cartera acumulada de pr&eacute;stamos no financieros, rebasando con creces al monto del endeudamiento empresarial (34%). Con la distribuci&oacute;n del ingreso concentr&aacute;ndose en casi todas las latitudes, el cr&eacute;dito al consumo se convierte en una especie de placebo al rezago de las percepciones de las clases medias y de otros segmentos de la poblaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Estados Unidos los saldos acumulados del endeudamiento de las familias durante la d&eacute;cada de los setenta (saldos del cr&eacute;dito al consumo y del cr&eacute;dito inmobiliario) sol&iacute;an ser entre 15 y 20% inferiores a los del sector empresarial. La situaci&oacute;n cambia paulatinamente hasta invertirse con creces durante los a&ntilde;os noventa en consonancia con los cambios implantados en las pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas.<sup><a href="#nota11">11</a></sup> As&iacute;, el endeudamiento de las familias crece en m&aacute;s de 3 millones de millones de d&oacute;lares hasta sumar 1.7 veces el producto norteamericano de 1997. El uso repetido de las tasas de inter&eacute;s para combatir cualquier barrunto recesivo, tienden a deprimirlas y hasta tornarlas negativas &#45;como ocurri&oacute; en 2001 y ocurre en la actualidad&#45; con gravedesaliento por otra v&iacute;a al ahorro.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obs&eacute;rvese, asimismo, la magnitud y duraci&oacute;n de la burbuja inmobiliaria norteamericana. A partir de 1991, los precios de la vivienda crecieron sin freno alrededor de 9% anual hasta 2005&#45;2006. En consecuencia, se cre&oacute; una sensaci&oacute;n de enriquecimiento de las familias que alent&oacute; su gasto e incluso la utilizaci&oacute;n de sus bienes inmobiliarios como garant&iacute;a de nuevos pr&eacute;stamos. Cuando explota la burbuja del cr&eacute;dito, las familias norteamericanas se vieron empobrecidas y enormemente endeudadas, al punto de usar las tarjetas de cr&eacute;dito para cubrir vencimientos hipotecarios y trasmitir al sector real de la econom&iacute;a, v&iacute;a consumos contra&iacute;dos, los efectos de la debacle financiera.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el fondo, quiz&aacute; el peor problema de la crisis internacional estriba en que los consumidores de muchos pa&iacute;ses industrializados han llegado o est&aacute;n llegando al l&iacute;mite de su capacidad de endeudamiento, agravado por la depreciaci&oacute;n de sus activos inmobiliarios, de sus carteras accionarias y de la p&eacute;rdida de ingresos por desempleo. La cuesti&oacute;n cobra virulencia por cuanto la globalizaci&oacute;n cambia el reparto del ingreso y del poder pol&iacute;tico en favor de las utilidades y en contra de empleados y trabajadores. La alta movilidad de los capitales y el fen&oacute;meno del <i>off shoring</i> desplaza industrias y ocupaciones bien remuneradas a los pa&iacute;ses de menores costos. Por eso, de 1975 a 2005, en el promedio de 16 pa&iacute;ses de la ocde, los trabajadores han visto reducir de 75 a 66% su tajada en el valor agregado total de esas econom&iacute;as.<sup><a href="#nota12">12</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En apariencia, el control de la econom&iacute;a se despolitiza, cuando en la realidad, gobierno y empresas ceden a los bancos centrales y a los intermediarios financieros las funciones macroecon&oacute;micas principales, mutaci&oacute;n intr&iacute;nsicamente pol&iacute;tica. A los primeros, se da el poder anejo al control de la macroeconom&iacute;a. A los segundos, amplias libertades y beneficios extraordinarios, muy superiores (40%) al promedio corporativo en Estados Unidos. De aqu&iacute; que el ingreso neto del conjunto de los sectores financiero e inmobiliario resulte 50% por encima del producto generado por todas las manufacturas de ese pa&iacute;s.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se olvida, sin embargo, que en per&iacute;odos de contracci&oacute;n econ&oacute;mica aguda, cuando m&aacute;s se necesita, la tasa de inter&eacute;s pierde su capacidad para revitalizar la actividad productiva. La ruptura de ese mecanismo de transmisi&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria hace casi in&uacute;til las inyecciones de liquidez de los bancos centrales cuando nadie puede o quiere asumir m&aacute;s riesgos: los bancos no prestan, ocupados en equilibrar sus balances o enjugar p&eacute;rdidas. Y las empresas y familias tampoco demandan financiamiento al deteriorarse el clima de inversi&oacute;n o reducirse sus ventas e ingresos. Sea como sea, normas regulatorias de manga ancha, permitieron asumir riesgos astron&oacute;micos a las instituciones financieras, se toleraron dict&aacute;menes de empresas calificadoras incapaces de evaluar con rigor los estados contables de los emisores de deuda o el valor del papel emitido, as&iacute; como el predominio de sistemas de gobierno corporativo de bancos y empresas centrados en la maximizaci&oacute;n de beneficios cortoplacistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al desentenderse parcialmente de la macroeconom&iacute;a, los gobiernos han tendido a endeudarse menos atendiendo a razones puramente econ&oacute;micas &#45;aunque algunos lo hagan a gran escala por motivos geopol&iacute;ticos&#45;<sup><a href="#nota13">13</a></sup> mientras las empresas y los hogares llevan sobre sus hombros la doble carga de mantener la demanda agregada y sobrellevar la espiral ascendente de pr&eacute;stamos. Por eso, se ha desplomado el ahorro de muchos pa&iacute;ses industrializados, singularmente en Estados Unidos,<sup><a href="#nota14">14</a></sup> en tanto se fomenta un endeudamiento insostenible y un consumismo desenfrenado que complican enormemente la soluci&oacute;n de la crisis financiera global.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo corporativo y de las instituciones financieras en el sentido de elevar al m&aacute;ximo las cotizaciones accionarias &#45;el <i>shareholder value&#45;</i> se ha convertido en presi&oacute;n irresistible por sostener y elevar el reparto de dividendos. As&iacute; se refuerza el consumismo tanto como la inversi&oacute;n conspicua (residencias de lujo, casas veraniegas) poco productivas, si se les compara con la formaci&oacute;n de capital dentro de las empresas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El consumismo tambi&eacute;n cobra expresi&oacute;n en alimentar y ser alimentado por los agudos desequilibrios en el comercio y las transacciones internacionales, especialmente concentrados entre algunos pa&iacute;ses.<sup><a href="#nota15">15</a></sup> Estados Unidos en tanto la econom&iacute;a m&aacute;s poderosa, due&ntilde;a de la principal moneda internacional de reserva, ha estado en posici&oacute;n de financiar f&aacute;cilmente sus enormes d&eacute;ficit comerciales (790 miles de millones de d&oacute;lares en 2008). Sin embargo, est&aacute; llegando a fronteras dif&iacute;ciles de rebasar. Por primera vez desde el a&ntilde;o 2000, el ingreso proveniente de las inversiones for&aacute;neas de Estados Unidos, fueron menores a la suma de intereses y utilidades pagadas a extranjeros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diez pa&iacute;ses asi&aacute;ticos han acumulado reservas por 3.4 millones de millones de d&oacute;lares (60% del total del mundo). S&oacute;lo China y Jap&oacute;n poseen m&aacute;s de un mill&oacute;n de millones de d&oacute;lares en papel norteamericano. En t&eacute;rminos funcionales, como afirma Soros,<sup><a href="#nota16">16</a></sup> el d&eacute;ficit fiscal estadounidense financia su d&eacute;ficit comercial en la medida que los acreedores siguen tomando el papel de deuda de ese pa&iacute;s.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los desajustes comerciales norteamericanos han inundado al mundo de d&oacute;lares y forzado al ahorro externo a cubrir los excesos de la demanda de ese pa&iacute;s. En parte, el fen&oacute;meno est&aacute; asociado a la transferencia de inversiones y capacidades productivas al Este Asi&aacute;tico o a las limitaciones del sector productivo norteamericano para abastecer con suficientes bienes de consumo a su poblaci&oacute;n.<sup><a href="#nota17">17</a></sup> Otra manera de ver el mismo fen&oacute;meno, consiste en atribuirlo al exceso de ahorro de las naciones asi&aacute;ticas y a la resistencia a revaluar sus monedas. En cualquier caso, al invertirse esos recursos excedentarios en valores de Estados Unidos, intensifican la inflaci&oacute;n de activos y la aparici&oacute;n de burbujas especulativas en diversos sectores de la econom&iacute;a. Lo que ocurre en el sistema internacional de pagos, refuerza el punto subrayado con anterioridad: el f&aacute;cil acceso al cr&eacute;dito externo (deuda) o al cr&eacute;dito interno (tarjetas de cr&eacute;dito e hipotecas), han sostenido el fen&oacute;meno consumista de la econom&iacute;a estadounidense.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta ahora, el sistema norteamericano hab&iacute;a sido capaz de digerir la ruptura de diversas burbujas especulativas, localizadas en mercados espec&iacute;ficos: la de los bonos&#45;basura de los ochenta, emitidos por las compras apalancadas de empresas; la ca&iacute;da de los mercados de valores de 1987, la de las instituciones de ahorro y pr&eacute;stamo; la del fondo de riesgo "Long Term Capital Management" (1993), la del Nasdaq del 2000. Sin embargo, el dilema de hoy es m&aacute;s general, por cuanto involucra la ruptura integral de la burbuja del cr&eacute;dito que arrastra consigo al conjunto del sector econ&oacute;mico l&iacute;der, centro del manejo macroecon&oacute;mico y canal fundamental en el financiamiento de la producci&oacute;n y del consumo. El problema no es de iliquidez centrado en mercados o activos espec&iacute;ficos (inmobiliarios), sino de solvencia que afecta casi todos los balances de las instituciones financieras,<sup><a href="#nota18">18</a></sup> con el riesgo de prolongar y ahondar la recesi&oacute;n, si las familias deciden o se ven forzadas a reconstituir ahorros, bajar endeudamiento, reduciendo todav&iacute;a m&aacute;s el gasto del consumo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso, ante las medidas defensivas obligadas de los pa&iacute;ses, al menos en materia de integraci&oacute;n financiera, la globalizaci&oacute;n probablemente tenga que encogerse. Sin descartar tentaciones proteccionistas, las regulaciones nacionales seguramente habr&aacute;n de reforzarse y erigir barreras a los contagios externos, siguiendo l&iacute;neas de conducta similares a las que llevaron a los pa&iacute;ses emergentes asi&aacute;ticos a acumular reservas internacionales despu&eacute;s de la crisis financiera de fines de los noventa.<sup><a href="#nota19">19</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &iacute;ntima relaci&oacute;n, est&aacute; otro peligro relacionado con el posible resquebrajamiento de la burbuja del d&oacute;lar. El reciclaje de los ahorros superavitarios de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos y petroleros que financian el consumo excesivo norteamericano, parece sujeto a creciente incertidumbre. Es decir, las estrategias simbi&oacute;ticas de crecimiento de unos, v&iacute;a la exportaci&oacute;n y, la de otros, v&iacute;a la expansi&oacute;n del consumo, quiz&aacute; est&eacute;n llegando a su l&iacute;mite. El acrecentamiento del d&eacute;ficit fiscal norteamericano (estimado en 1.3 millones de millones de d&oacute;lares en 2009) y las acciones de la Reserva Federal al acrecentar enormemente la liquidez y reducir casi a cero la tasa de redescuento, acentuar&aacute;n la abundancia de d&oacute;lares en los mercados internacionales, haciendo cada vez m&aacute;s necesaria su devaluaci&oacute;n, sin que haya refugio alterno suficiente en las otras monedas de reserva. Las p&eacute;rdidas de los gobiernos y pa&iacute;ses tenedores de divisas son y seguir&aacute;n siendo enormes, mientras la adquisici&oacute;n de activos norteamericanos resulta cada vez menos atractiva (acciones a la baja, bonos con tasas de inter&eacute;s cerca de cero o negativas, bienes inmobiliarios con sobre&#45;oferta y precios en mercado descenso).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos, en s&iacute;ntesis, en el umbral de otro cambio paradigm&aacute;tico en el orden econ&oacute;mico internacional cuya fisonom&iacute;a apenas se perfila. Es claro que los mercados habr&aacute;n de quedar sometidos a regulaciones y supervisi&oacute;n m&aacute;s estrecha, que ser&aacute; necesario limitar los abusos y contagios financieros de la globalizaci&oacute;n, que es impostergable la reestructuraci&oacute;n del sistema financiero internacional y de los pa&iacute;ses, sin matar iniciativas innovadoras. En conjunto, esos y otros temas ponen en el centro del debate pol&iacute;tico la redefinici&oacute;n de los papeles rec&iacute;procos de la intervenci&oacute;n estatal <i>versus</i> el mercado. El p&eacute;ndulo ideol&oacute;gico comienza a regresar despu&eacute;s de tres o cuatro d&eacute;cadas de neoliberalismo rampante. La cuesti&oacute;n consiste en encontrar mejor equilibrio entre eficiencia y equidad, libertades individuales y libertades colectivas, inter&eacute;s nacional e intereses globales, poder econ&oacute;mico y poder pol&iacute;tico.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La situaci&oacute;n en M&eacute;xico</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, la situaci&oacute;n es algo distinta, pero no mejor. El riesgo de desmoronamiento de la banca es menor, pero mayores las probabilidades de incurrir en desorden econ&oacute;mico con seria descomposici&oacute;n social. El abatimiento pronosticado del crecimiento y del empleo podr&iacute;a recrudecer los problemas de un pa&iacute;s cuyos estratos pobres absorben 35% de la poblaci&oacute;n, donde el sector informal carente de protecci&oacute;n representa 30 a 40% de la fuerza de trabajo y donde la v&aacute;lvula de escape de la emigraci&oacute;n estar&aacute; cada vez m&aacute;s cerrada.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sector financiero se ha especializado en otorgar cr&eacute;dito caro a las compras y viajes de las familias, alentando patrones de consumo insostenibles en un pa&iacute;s pobre y en financiar papel gubernamental con tasas de inter&eacute;s sensiblemente superiores a las que prevalecen o prevalec&iacute;an en los mercados externos. El cr&eacute;dito a la producci&oacute;n est&aacute; en alto grado ausente y se ha dejado a cargo principalmente de instituciones del exterior que ya cierran la llave a las empresas nacionales ante la crisis internacional. En general, el planteamiento estrat&eacute;gico nacional ensay&oacute;, con deliberaci&oacute;n o sin ella, usar la demanda de consumo para sostener y hacer crecer a la econom&iacute;a, mientras la pol&iacute;tica fiscal se torn&oacute; crecientemente pasiva. El intento llama la atenci&oacute;n por las extremas discrepancias distributivas que invalidan o acortan la vida de los principales instrumentos consumistas modernos (tarjetas de cr&eacute;dito, cr&eacute;dito hipotecario, uso de derivados).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que el ritmo de ascenso econ&oacute;mico decrece aproximadamente 50% de compararse el per&iacute;odo 1950&#45;1973 con el de 1973&#45;2007, conviene examinar con m&aacute;s detalle la evoluci&oacute;n de los principales componentes de la demanda agregada. El coeficiente de la inversi&oacute;n, despu&eacute;s de caer apreciablemente en la d&eacute;cada de los ochenta con fluctuaciones c&iacute;clicas, queda congelado alrededor de 20% del producto, sin que haya sido factor decisivo en impulsar m&aacute;s vigorosamente el crecimiento. Aqu&iacute; la inversi&oacute;n privada, nacional y extranjera, apenas compens&oacute; el desplome de la inversi&oacute;n p&uacute;blica de casi 11% del producto en 1980 a menos de 4% en 2007. No siendo equivalente perfecto una de la otra, el cambio ha causado marcado deterioro en la infraestructura nacional y p&eacute;rdida de competitividad externa.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; el componente m&aacute;s din&aacute;mico de la demanda agregada ha resultado ser el consumo privado, cuya participaci&oacute;n en el producto sube de 65 a 70% entre 1980 y 2007, mientras el gasto corriente del gobierno se conserva alrededor de 10%, tambi&eacute;n del producto. Por caminos distintos, al igual que el modelo norteamericano, el consumo y no tanto la formaci&oacute;n de capital es la variable que m&aacute;s ha influido en imprimir alguna estabilidad al crecimiento de la econom&iacute;a.<sup><a href="#nota20">20</a></sup> La pol&iacute;tica monetaria y financiera ha facilitado la evoluci&oacute;n descrita del consumo pero la ha sujetado a mantener en rangos financiables los desequilibrios de la balanza de pagos y a moderar las presiones inflacionarias. En ausencia de pol&iacute;ticas comerciales e industriales activas, ambas condiciones se suman para explicar un estilo de desarrollo poco din&aacute;mico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La misma pasividad de las estrategias desarrollistas y comerciales, contribuy&oacute; a la dilapidaci&oacute;n de los extraordinarios flujos de divisas recibidas por el pa&iacute;s entre 1993 y 2007: ah&iacute; cuentan los super&aacute;vit (60&#45;80 mil millones de d&oacute;lares anuales) del Tratado de Libre Comercio de Norteam&eacute;rica, las remesas de transterrados (20 mil millones), los saldos netos de las maquiladoras (17 mil millones), los ingresos de divisas petroleras (15&#45;30 mil millones), la inversi&oacute;n extranjera (15&#45;20 mil millones).<sup><a href="#nota21">21</a></sup> M&aacute;s que aprovechar en beneficio propio los ingresos for&aacute;neos en edificar una base productiva s&oacute;lida, el pa&iacute;s se transform&oacute; en distribuidor de prosperidad a muchas regiones del mundo, como lo atestiguan los enormes d&eacute;ficit comerciales que se tienen con China, Jap&oacute;n y otros Pa&iacute;ses Asi&aacute;ticos, con la Uni&oacute;n Europea y hasta con naciones latinoamericanas (Brasil). <sup><a href="#nota22">22</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con datos del Banco de M&eacute;xico, en el a&ntilde;o 2000, las empresas privadas absorbieron, en porcentaje del producto, 20% de los saldos acumulados de deuda y s&oacute;lo 16% en 2007. En contraste, los saldos del cr&eacute;dito nacional al consumo son ya 30% superiores a los de las empresas.<sup><a href="#nota23">23</a></sup> De otro lado, el endeudamiento externo del Estado disminuye en t&eacute;rminos relativos, mientras el privado aumenta, ya representa entre 50 y 70% del total nacional con riesgo de inducir desestabilizaciones cambiarias &#45;y de precios&#45; frente a la inevitable acumulaci&oacute;n de vencimientos de las empresas, la dificultad presente de renovar los cr&eacute;ditos for&aacute;neos, as&iacute; como la presencia en la balanza de pagos de d&eacute;ficit crecientes a financiar en la balanza de pagos. Debido a ello, se suscita especulaci&oacute;n cambiaria ante las evidentes perspectivas devaluatorias e inflacionarias. As&iacute;, con alta probabilidad, el mercado de divisas, seguir&aacute; inestable, pese a las intervenciones del Banco de M&eacute;xico que ya han usado m&aacute;s de 16 millones de d&oacute;lares de las reservas acumuladas. Por eso, no podr&iacute;a descartarse que la econom&iacute;a mexicana se adentra en un per&iacute;odo recesivo con riesgos inflacionarios dado su alto coeficiente de importaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la d&eacute;cada de los noventa, los gobiernos mexicanos se han inclinado por acudir a los pr&eacute;stamos internos a fin de reducir la deuda internacional, acumular reservas internacionales y sostener la rentabilidad de la banca comercial. Ese proceder, ante la cerraz&oacute;n del cr&eacute;dito externo a la producci&oacute;n, significa hoy que los requerimientos financieros del Estado, constri&ntilde;en por otra v&iacute;a, el financiamiento al sector productivo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy por hoy, la pol&iacute;tica monetaria nacional sufre los dilemas propios de atender a objetivos encontrados. El combate al receso econ&oacute;mico llevar&iacute;a a reducir la tasa de inter&eacute;s para reanimar la demanda interna, como hacen muchos otros pa&iacute;ses, a&uacute;n con resultados dudosos. Sin embargo, la inflaci&oacute;n atribuible a la reciente depreciaci&oacute;n cambiaria y, sobre todo, la defensa de la balanza de pagos en franco deterioro,<sup><a href="#nota24">24</a></sup> aconsejar&iacute;an sostener o acrecentar los niveles de la propia tasa de inter&eacute;s e incluso aumentar los diferenciales respecto a las internacionales con la esperanza de favorecer el ahorro, atenuar el alza de precios y atraer del exterior capitales de corto plazo. En otras palabras hay tensi&oacute;n entre los imperativos de crear liquidez y los objetivos de la estabilizaci&oacute;n de precios; como entre los de fortalecer la demanda corriente o alentar el ahorro nacional. De otro lado, la ley se&ntilde;ala al Banco de M&eacute;xico, el prop&oacute;sito exclusivo de perseguir la estabilidad de precios, sin responsabilizarse por el crecimiento econ&oacute;mico o el empleo. Queda plasmada as&iacute;, otra oposici&oacute;n flagrante entre las acciones contrac&iacute;clicas anunciadas reiteradamente por el Poder Ejecutivo y las pol&iacute;ticas estabilizadoras del banco central.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la banca comienza a debilitarse, las primeras manifestaciones del receso de empleo y consumo, elevaron peligrosamente las deudas vencidas de las tarjetas de cr&eacute;dito y de los pr&eacute;stamos inmobiliarios, induciendo a restringir m&aacute;s y m&aacute;s los financiamientos de la banca comercial, mientras cobran tasas monstruosas de inter&eacute;s y enormes comisiones en defensa activa de sus utilidades.<sup><a href="#nota25">25</a></sup> La cartera vencida de las tarjetas de cr&eacute;dito ascend&iacute;a a 6.5% en septiembre de 2007 para subir a 16&#45;17% en la actualidad, si los c&aacute;lculos son rigurosos. A su vez, la morosidad en los adeudos inmobiliarios salta de 2.6 a 4.0%, pese a que ya ha comenzado la venta de carteras emponzo&ntilde;adas. En consecuencia, pronto la econom&iacute;a nacional no s&oacute;lo seguir&aacute; careciendo de cr&eacute;ditos a la producci&oacute;n, sino tambi&eacute;n al consumo, acentuando la contracci&oacute;n de los m&aacute;rgenes de maniobra entre ingresos y capacidad de gasto de la poblaci&oacute;n y de las empresas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica monetaria del pa&iacute;s ya se topa con l&iacute;mites a su eficiencia macroecon&oacute;mica. Primero, como ocurre en el mundo, los bancos aunque dispongan de liquidez, reh&uacute;san correr riesgos, prestar m&aacute;s; de su lado, las familias dif&iacute;cilmente podr&iacute;an seguir endeud&aacute;ndose. Segundo, las restricciones monetarias enderezadas a frenar la inflaci&oacute;n o atraer capitales for&aacute;neos de corto plazo, hoy ser&iacute;an contraproducentes ante la crisis o ineficaces en su capacidad de recoger recursos externos. Tercero, la esterilizaci&oacute;n de las entradas de d&oacute;lares a fin de frenar las presiones inflacionarias tambi&eacute;n ha perdido toda justificaci&oacute;n y, adem&aacute;s, implicar&iacute;an seguir acumulando p&eacute;rdidas cambiarias que ha puesto al Banco de M&eacute;xico en n&uacute;meros rojos, hasta hacerlo perder todo su capital contable.<sup><a href="#nota26">26</a></sup> Qui&eacute;rase o no, las circunstancias est&aacute;n forzando el retorno de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas al regazo de los centros hacendarios de decisi&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, M&eacute;xico sigue rezagado en concebir e instrumentar acciones estrat&eacute;gicas integradas con el doble prop&oacute;sito de romper escollos estructurales (bancos, balanza de pagos, tributaci&oacute;n, empleo), as&iacute; como atender simult&aacute;neamente una coyuntura extremadamente desfavorable. En consecuencia, m&aacute;s que seguir enredados en diferencias ideol&oacute;gicas dilatorias, costosas, entre planteamientos incompatibles de los centros pol&iacute;ticos y burocr&aacute;ticos, el pa&iacute;s necesita reconocer la profundidad de la crisis y consensuar un s&oacute;lido programa de emergencia y una ley, tambi&eacute;n de emergencia, que hagan a un lado obst&aacute;culos a la acci&oacute;n gubernamental y privada, que impriman congruencia a los paquetes de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sean monetarias y fiscales o de otro g&eacute;nero.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estrategia idealmente debiera centrarse en tres cuestiones esenciales: primero, reconstruir y corregir las deficiencias de nuestro sistema financiero que al no prestar a la producci&oacute;n, resulta indiferente a la generaci&oacute;n de empleos y a la clausura de los desequilibrios del comercio exterior, dos de los problemas estructurales m&aacute;s serios y m&aacute;s da&ntilde;inos para la estabilidad econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s. Segundo, proteger a la econom&iacute;a popular no con emplastos demag&oacute;gicos o electoreros, sino con el impulso al empleo y a medidas graduales, largamente aplazadas: servicios universales de salud, accesos ampliados a la educaci&oacute;n en todos sus niveles, creaci&oacute;n de seguros compensatorios al desempleo, inversi&oacute;n estatal masiva cuya ejecuci&oacute;n se difiere una y otra vez, en obras p&uacute;blicas (regeneraci&oacute;n de distritos de riego, caminos, infraestructura escolar u hospitalaria, etc&eacute;tera). Tercero, romper los prejuicios ideol&oacute;gicos en torno a la intervenci&oacute;n estatal (sea en materia de programaci&oacute;n, regulaci&oacute;n o pol&iacute;tica industrial, de preparaci&oacute;n de proyectos de inversi&oacute;n), a la creencia en la santidad del mercado y del presupuesto equilibrado en tiempos de crisis.</font></p>       <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mundo la secuencia de medidas anticrisis evolucionan desde el reconocimiento del problema y el incremento ortodoxo de la liquidez bancaria (primera etapa), a la aceptaci&oacute;n de remedios monetarios entremezclados con otros keynesianos con ampliaci&oacute;n de los alcances del intervencionismo estatal (segunda etapa) y a la inducci&oacute;n de cambios institucionales en el sector financiero (tercera etapa).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pa&iacute;ses industrializados y muchos emergentes ya instrumentan pol&iacute;ticas audaces que combinan el m&aacute;s recio keynesianismo fiscal con acciones monetarias igualmente atrevidas. As&iacute; lo demuestran las acciones de los gobiernos ingl&eacute;s, franc&eacute;s, alem&aacute;n y los de otras muchas naciones. En Estados Unidos, los rescates multimillonarios de los sectores financiero y automotriz (700 mil millones de d&oacute;lares del Plan Paulson), la compra estatal de acciones y de carteras emponzo&ntilde;adas, la estatizaci&oacute;n de algunas instituciones, las ayudas a las familias sobreendeudadas, la inundaci&oacute;n deliberada de liquidez en los mercados norteamericanos (la Reserva Federal gastar&aacute; 800 miles de millones de d&oacute;lares en apoyos, fondeados con la simple emisi&oacute;n monetaria) y ahora el plan de reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica del Presidente Obama.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior, no significa que se haya resuelto la crisis en los centros del Primer Mundo, ni que se hayan superado todos los obst&aacute;culos &#45;ideol&oacute;gicos, econ&oacute;micos, institucionales&#45; en el laberinto de medidas ensayadas o por ensayar, origen de dilaciones, acaso inevitables, en la b&uacute;squeda de soluciones firmes. Con todo, all&aacute; se avanza en desbrozar el camino al menos cuando se fusionan pol&iacute;ticas neoliberales y keynesianas o se reestructura el &aacute;mbito institucional (desaparici&oacute;n parcial de la banca de inversi&oacute;n en Estados Unidos, estatizaci&oacute;n del Banco Northern Rock, en Inglaterra) y se ensancha el papel del Estado y de la democracia en la econom&iacute;a.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todav&iacute;a no se acierta por entero al tratamiento de una crisis de alcances mayores y de caracter&iacute;sticas distintas (rompimiento de la burbuja del cr&eacute;dito y quiz&aacute; la de la dolarizaci&oacute;n) a las anteriores. Como es natural, hay tensiones pol&iacute;ticas asociadas a la grave erosi&oacute;n y a la necesidad correlativa de reformar al sector m&aacute;s influyente de las econom&iacute;as industrializadas y regresar el manejo macroecon&oacute;mico a los centros hacendarios. Tocar intereses poderosos crea temores y resistencias a la implantaci&oacute;n de nuevas reglas del juego que resguarden a la sociedad de la repetici&oacute;n de debacles semejantes a las que se padecen en la actualidad. Prevalecen desacuerdos, confrontaciones e ideas distintas sobre los alcances del intervencionismo estatal. Veamos algunos: aliento a las fusiones de instituciones da&ntilde;adas con consorcios privados sanos<sup><a href="#nota27">27</a></sup> o a la adquisici&oacute;n gubernamental de activos emponzo&ntilde;ados versus la inyecci&oacute;n directa de capital, sea desde la toma de acciones preferentes sin derecho a voto hasta el control p&uacute;blico &#45;estatizaci&oacute;n&#45; de los bancos.<sup><a href="#nota28">28</a></sup> O sobre la distribuci&oacute;n de los est&iacute;mulos entre gasto p&uacute;blico y reducciones impositivas &#45;motivo del rechazo de los legisladores republicanos al plan del Presidente Obama&#45;. O la b&uacute;squeda restringida de respuestas en los &aacute;mbitos nacionales versus la adopci&oacute;n de medidas concertadas a escala regional o universal. Como tambi&eacute;n sobre el alcance de la reestructuraci&oacute;n de los sistemas de supervisi&oacute;n y control p&uacute;blico sobre el sector financiero. O sobre el grado de concentraci&oacute;n de los apoyos gubernamentales a favor del sector financiero, sus dirigentes o accionistas versus una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa que limite las cargas sobre los contribuyentes, beneficie a las familias sobreendeudadas y a ciertos sectores productivos estrat&eacute;gicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fondo de los titubeos en la configuraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, surge de la dificultad de combatir la crisis cuando se quiere preservar el sistema financiero en manos privadas. Quiz&aacute;, ser&iacute;a m&aacute;s pr&aacute;ctico y directo, inyectar capital estatal a los bancos, poner las decisiones en manos p&uacute;blicas y reanudar de inmediato los flujos de cr&eacute;dito al sector real de las econom&iacute;as, independientemente de que despu&eacute;s se privaticen de nuevo a las instituciones financieras.<sup><a href="#nota29">29</a></sup> Sin duda, en esa hip&oacute;tesis se cometer&aacute;n errores e incurrir&aacute;n en costos, magnificados por la tarea imposible de valuar las carteras bancarias emponzo&ntilde;adas y la de abrir las llaves del cr&eacute;dito en circunstancias recesivas que afectar&aacute;n de modo distinto a las diversas empresas y actividades econ&oacute;micas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, la ideolog&iacute;a todav&iacute;a viva que califica de malos administradores financieros a gobierno y funcionarios p&uacute;blicos, se topa con la ineficiencia privada que ha llevado al mundo a una crisis singularmente costosa, a&uacute;n en t&eacute;rminos de la moralidad de los negocios. Se torna cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil la aceptaci&oacute;n ciudadana de la socializaci&oacute;n de p&eacute;rdidas y rescates, mientras siguen privados los beneficios y las extraordinarias remuneraciones a los administradores financieros.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin olvidar los dilemas propios de cada pa&iacute;s, el hecho de la integraci&oacute;n interdependiente de los mercados hace que el remedio de fondo de la crisis resida en reestructuraci&oacute;n global de los sectores financieros de los pa&iacute;ses para evitar medidas de alcances limitados e incongruentes entre s&iacute;. A ello habr&iacute;a que adosar programas audaces de gasto p&uacute;blico en inversi&oacute;n, empleo y pol&iacute;ticas redistributivas decididas (fiscales y de otra &iacute;ndole) que reanimen el gasto de la poblaci&oacute;n y estimulen a la inversi&oacute;n. En este &uacute;ltimo aspecto, el precedente exitoso del <i>New Deal</i>del Presidente Roosevelt podr&iacute;a ser aleccionador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, los rezagos en el reconocimiento de las dimensiones coyunturales y estructurales del problema, han tomado por sorpresa al gobierno. Las respuestas a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas han sido en el mejor de los casos, reactivas, t&iacute;midas y claramente insuficientes; apenas nos encontramos en la primera de las tres etapas ya mencionadas de combate a la crisis. El &eacute;nfasis de las agendas propositivas de los principales partidos pol&iacute;ticos abundan en medidas paliativas de los efectos del receso econ&oacute;mico en la poblaci&oacute;n, posturas entendibles en un a&ntilde;o electoral. Pero casi no contienen se&ntilde;alamientos sobre los cambios de fondo que exigir&iacute;a encauzar a la econom&iacute;a por mejores sendas. A reserva de conocer el detalle de sus contenidos pareciera olvidarse hasta la reestructuraci&oacute;n obligada del presupuesto del a&ntilde;o en curso en funci&oacute;n de los imperativos impuestos por la crisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio, en las propias agendas partidistas se incorporan mudanzas institucionales &#45;reforma laboral, reforma legislativa, etc&eacute;tera&#45; que llevar&iacute;an a gastar el capital pol&iacute;tico de gobierno y partidos, en cuestiones importantes, pero quiz&aacute; alejadas de la necesaria concentraci&oacute;n de esfuerzos en aliviar el creciente desempleo o marginaci&oacute;n de la fuerza de trabajo.<sup><a href="#nota30">30</a></sup> En esencia, todav&iacute;a no se despeja el debate sobre los alcances de la intervenci&oacute;n estatal, ni el papel de la pol&iacute;tica fiscal en el combate a la crisis. Tampoco hay planteamiento alguno sobre la reestructuraci&oacute;n de una banca parasitaria que no atiende las necesidades financieras del pa&iacute;s. Y silencio sobre la manera de aliviar el estrangulamiento externo de pagos, ante la ca&iacute;da de los ingresos, el angostamiento del cr&eacute;dito externo y la aguda dependencia de insumos y bienes finales de importaci&oacute;n. En suma apenas se ha dado comienzo a la reestructuraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas frente a la crisis y a ganar pol&iacute;ticamente la aceptaci&oacute;n de los ciudadanos, empresarios y trabajadores hacia los programas de gobierno.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>NOTAS</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota1"></a>1. Las tendencias enunciadas pueden, lo mismo, resultar de planteamientos, creencias o dogmas, arraigadas en gobiernos y sociedades, o bien disfrazar estrategias conservadoras encaminadas a concentrar pragm&aacute;ticamente el poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico en las elites. A t&iacute;tulo ilustrativo, obs&eacute;rvese como las cr&iacute;ticas y el destierro de las ideas keynesianas no impidieron a varios gobiernos (Reagan, Bush), a constre&ntilde;ir el gasto social, producir enormes d&eacute;ficit fiscales, sea con el incremento del gasto militar o con el prop&oacute;sito publicitado de promover la inversi&oacute;n con reducciones impositivas en beneficio de los estratos de alto ingreso.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota2"></a>2.&nbsp;En rigor, la corrupci&oacute;n y los manejos sesgados de personas y grupos son funci&oacute;n del clima cultural, social y de negocios, m&aacute;s que ser atribuibles exclusivamente a funcionarios p&uacute;blicos o privados. La corrupci&oacute;n del dinero tiene muchas vertientes. Una de ellas, es la depredaci&oacute;n del medio ambiente y la indiferencia ante el calentamiento global en aras de abaratar los costos de las empresas. Otra, la aceptaci&oacute;n moral que los directores de las empresas l&iacute;deres en Estados Unidos merecen ganar alrededor de 400 veces m&aacute;s que el trabajador promedio o que en M&eacute;xico 10% de la poblaci&oacute;n m&aacute;s rica tome para s&iacute; 40% del producto, en tanto que 10% m&aacute;s pobre apenas perciba poco m&aacute;s de 2% del mismo. En definitiva, lo que importa es tener pol&iacute;ticas p&uacute;blicas coherentes entre s&iacute;, y con respecto a los objetivos perseguidos, hacer avanzar la moralidad ciudadana, desterrar la impunidad, establecer controles efectivos, transparencia informativa, en vez de pensar que la honestidad profesional o de otro g&eacute;nero es monopolio de tal o cual instituci&oacute;n o de tal o cual grupo.</font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota3"></a>3.&nbsp;V&eacute;ase Bordo, M. y Eichengreen, B. (2008), <i>Bretton Woods and the Great Inflation,</i> NBER, Working Paper 14532, Cambridge, Mass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974461&pid=S1665-952X200900010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>        <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota4"></a>4.&nbsp;La literatura especializada sobre las crisis y fluctuaciones financieras, es enorme. V&eacute;ase una muestra relevante: Minsky, H. (1986), <i>Stabilizing an Unstable Economy,</i> Yale Univesity Press;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974463&pid=S1665-952X200900010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Brenner, R. (2006), <i>The Economics of Global Turbulence,</i> Verso, Londres;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974464&pid=S1665-952X200900010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Shiller, R. (2008), <i>The Subprime Solution,</i> Princeton University Press, Princeton, N. J.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974465&pid=S1665-952X200900010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Shiller, R. (2003), <i>The New Financial Order,</i> Princeton University Press, Princeton, N.J.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974466&pid=S1665-952X200900010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Glyn, A. (2006), <i>Capitalism Unleashed,</i> Oxford University Press, U.K.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974467&pid=S1665-952X200900010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Cooper, G. (2008), <i>The Origin of Financial Crisis,</i> Vintage Books, N. York;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974468&pid=S1665-952X200900010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Eichengreen, B. (2002), <i>Capital Flows and Crisis,</i> MIT Press,Cambridge Mass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974469&pid=S1665-952X200900010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Krugman, P. (1998), <i>Currencies and Crises,</i> MIT Press, Cambridge, Mass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974470&pid=S1665-952X200900010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Greenspan, A. (2007), <i>The Age of Turbulence,</i> The Penguin Press, N.York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974471&pid=S1665-952X200900010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota5"></a>5.&nbsp;En los mercados de bienes de consumo cuando bajan los precios, se restringe la oferta. En el mercado inmobiliario cuando bajan los precios, la intenci&oacute;n de vender multiplica la oferta. Por eso, aqu&iacute; no siempre opera el comportamiento t&iacute;pico previsto por la econom&iacute;a neocl&aacute;sica.</font></p>          <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota6"></a>6.&nbsp;V&eacute;anse Bourdieu, P. (2000), <i>Les Structures Sociales de l&eacute;conomie,</i> Editions du Seuil, Paris;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974474&pid=S1665-952X200900010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> J Shulman, B. (2005), <i>The Betrayal of Work,</i> Luo Press, N. York;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974475&pid=S1665-952X200900010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Brenner, R. (2006 ), <i>The Economics of Global Turbulence,</i> Verso, London;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974476&pid=S1665-952X200900010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Bauman, Z. (2007), <i>Vida de Consumo,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974477&pid=S1665-952X200900010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Morris, CH. (2008), <i>The Trillion Dollar Meltdown,</i> Public Affairs, N. York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974478&pid=S1665-952X200900010000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>           <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota7"></a>7.&nbsp;V&eacute;ase, Friedman, M. (1968) "The Role of Monetary Policy", <i>American Economic Review</i> No. 58, pp. 1&#45;17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974480&pid=S1665-952X200900010000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>            <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota8"></a>8.&nbsp;En M&eacute;xico ocurre algo semejante al ascender el consumo privado de 65 a 70% del producto entre 1980 y 2007, mientras la participaci&oacute;n de la inversi&oacute;n ha quedado congelada alrededor de 20 por ciento.</font></p>             <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota9"></a>9.&nbsp;V&eacute;anse Autor, D., Lawrence F. Katz y Melissa S. Kearney (2005) <i>Trends in U. S. Wage Inequality,</i> NBER Washington;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974483&pid=S1665-952X200900010000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Wojciech, K. <i>et al.</i> (2007) <i>Uncovering the American Dream,</i> Working paper No. 13345, NBER, Washington;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974484&pid=S1665-952X200900010000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Greenhouse, S. (2008), The Big Squeeze, Knopf, N. York;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974485&pid=S1665-952X200900010000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Aron&#45;Dine, A. y  Shapiro, I. (2007), <i>Share of National Income going to Wages and Salaries at Record Low in 2006,</i> Center &#45;5 on Budget and Policy Priorities, Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974486&pid=S1665-952X200900010000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota10"></a>10.&nbsp;V&eacute;ase Rubin, R. (2001), "Comment on Fiscal Policy" en <i>American Econmic Policy</i> in the 1990s, compiladores Frankel, J. y Orszag, P., MIT Press, Cambridge, Mass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974488&pid=S1665-952X200900010000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->; Stiglitz, J. (2002), <i>Wither Reform,</i> conferencia dictada en ECLAC, Santiago de Chile;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974489&pid=S1665-952X200900010000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Gray, J. (2000), <i>Las dos caras del neoliberalismo,</i> Paid&oacute;s, Madrid;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974490&pid=S1665-952X200900010000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Buchanan, J. (1985), <i>Liberty Market and the State,</i> New York University Press, N. York;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974491&pid=S1665-952X200900010000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Ibarra, D. (2008), <i>La   degradaci&oacute;n de las utop&iacute;as,</i> Facultad de Econom&iacute;a, UNAM, M&eacute;xico;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974492&pid=S1665-952X200900010000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Rodrick, D. "Getting Intervention Right", <i>Economic Policy</i> No. 20, pp. 55&#45;107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974493&pid=S1665-952X200900010000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota11"></a>11.&nbsp;V&eacute;ase, Federal Reserve System (2008), <i>Flow of Funds Accounts of the United States,</i>Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974495&pid=S1665-952X200900010000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota12"></a>12.&nbsp;Glyn, A. (2006), <i>Capitalism Unleashed,</i> Oxford University Press, Oxford. p. 190.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974497&pid=S1665-952X200900010000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota13"></a>13.&nbsp;Estados Unidos es un caso especial. Las guerras en Irak y Afganist&aacute;n, as&iacute; como la reducci&oacute;n de impuestos del gobierno republicano, explican un d&eacute;ficit fiscal de 455 mil millones de d&oacute;lares en 2008. En rigor, ni los gobiernos de Reagan, ni los de los Thatcher han dejado de utilizar el arsenal keynesiano del gasto p&uacute;blico. A ello se suman las medidas antirrecesivas m&aacute;s recientes para hacer llegar las proyecciones de la Oficina Congresional del Presupuesto a 1.3 millones de millones de d&oacute;lares en 2009. El desajuste fiscal es enorme y habr&aacute; de crecer debido a los programas fiscales anti&#45;recesivos que comienzan a instrumentarse. (V&eacute;ase Millstein, I. y Vojta, G. (2009) "Financial Disaster Recovery", <i>Directorship,</i> n&uacute;mero correspondiente a diciembre 2008 y enero 2009).</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota14"></a>14.&nbsp;Entre 1950 y 1980, el coeficiente de ahorro de las familias norteamericanas oscil&oacute; entre 8 y 9.5% de su ingreso disponible, en a&ntilde;os recientes promedia menos de 1%. Y su consumo contribuy&oacute; con m&aacute;s de 80% al crecimiento de la demanda durante el auge de 1995&#45;2000, cuando antes representaba bastante menos. Tambi&eacute;n se ha registrado la ca&iacute;da del ahorro por el impulso a la demanda en muchos otros pa&iacute;ses: Inglaterra, Italia, Holanda, Canad&aacute;, Australia. V&eacute;anse, Glyn, A. (2006), <i>Capitalism Unleashed,</i> Oxford University Press, Inglaterra;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974500&pid=S1665-952X200900010000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> U. S. National Income and Product Accounts, Washington.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota15"></a>15.&nbsp;Seg&uacute;n el FMI, los d&eacute;ficit estimados en cuenta corriente de los Estados Unidos fluctuar&aacute; alrededor de &#45;5% del producto en el bienio 2007&#45;2008, los de Inglaterra de casi &#45;4%, los de Espa&ntilde;a &#45;10%, los de Italia &#45;3%, los de Francia &#45;2%. En contraste China alcanza un super&aacute;vit 10%, Malasia del 15%, Tailandia 4.5%, Bahrain 20%, Kuwait 43%, Arabia Saudita casi 30%, Rusia 5 por ciento.</font></p>          <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="nota16"></a></sup>16 Soros, G. (2008), "The New Paradigm for Financial Markets", <i>Public Affairs,</i> N. Y.; Perelstein, J. (2009), Macroeconomic "Imbalances in the", <i>Working Paper</i> n&uacute;m. 554, Levy Economics Institute, N. York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974503&pid=S1665-952X200900010000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>           <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <sup><a name="nota17"></a></sup>17 V&eacute;ase Ibarra, D. (2006), <i>La reconfiguraci&oacute;n econ&oacute;mica internacional, </i>Facultad de Econom&iacute;a, UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974505&pid=S1665-952X200900010000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="nota18"></a></sup>18&nbsp;V&eacute;anse Boone, P. y Johnson, S. (2008), <i>Time to Recapitalize Banks Fully,</i> Paterson Institute for International Economics, Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974507&pid=S1665-952X200900010000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>            <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota19"></a>19 V&eacute;ase Eichengreen, B. (2009), "Bad Credit History", <i>Current History,</i> n&uacute;m. 714, Vol. 108, pp.14-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974509&pid=S1665-952X200900010000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota20"></a>20.&nbsp;En Estados Unidos el consumo como proporci&oacute;n del producto ha crecido de menos de 65% a &aacute;s del 70% entre 1981 y 2007.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota21"></a>21.&nbsp;Los montos entre par&eacute;ntesis son cifras anuales representativas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota22"></a>22.&nbsp;En 2007 los d&eacute;ficit con China sumaban 28 mil millones de d&oacute;lares, con Jap&oacute;n m&aacute;s de 11 mil millones, con la Uni&oacute;n Europea, 16 mil   millones, con Taiw&aacute;n m&aacute;s de 5 mil y con Corea   alrededor de 12 mil. El super&aacute;vit de 80 mil millones de   d&oacute;lares con Estados Unidos, no alcanza a compensar el drenaje de divisas con esos otros pa&iacute;ses y regiones.</font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota23"></a>23.&nbsp;V&eacute;ase Banco de M&eacute;xico, <i>Reporte sobre el Sistema Financiero</i> 2007, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974514&pid=S1665-952X200900010000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota24"></a>24. El sector externo se hunde por razones asociadas tanto al consumismo, como a la ausencia de pol&iacute;ticas industriales y de fomento de las exportaciones. Las compras de bienes de consumo son altas y crecientes, con tasas medias de crecimiento y montos que exceden a las compras de bienes de capital durante la d&eacute;cada actual y a&uacute;n antes. En la medida que desaprendimos a producir, las importaciones crecen desmesuradamente para abastecer la demanda final de las familias, como para adquirir insumos con que sostener la producci&oacute;n. La situaci&oacute;n es riesgosa vista desde el &aacute;ngulo de la dependencia externa de bienes esenciales. En 2007, las importaciones de alimentos y productos agr&iacute;colas ascendieron casi a 50% (49%) del producto de ese sector. Y las compras externas de manufacturas resultaron 54% superiores al valor agregado interno en el mismo sector. En contraste, los pilares en que hab&iacute;a descansado la obtenci&oacute;n de divisas se debilitan: ventas de petr&oacute;leo, exportaciones de maquiladores, remesas de transterrados, turismo, inversi&oacute;n extranjera. En 2007 el d&eacute;ficit comercial creci&oacute; 80% y en el ejercicio siguiente volvi&oacute; a subir. Todav&iacute;a los desajustes son relativamente peque&ntilde;os respecto al producto, pero tienden a crecer con rapidez y enfrentan la cerraz&oacute;n del financiamiento externo.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota25"></a>25.&nbsp;T&oacute;mese un caso concreto: al cierre de 2008, BBVA Bancomer obtuvo utilidades en M&eacute;xico por 31,500 millones de pesos, 17% superiores a los del ejercicio previo <i>(La Jornada,</i> jueves 29 de enero de 2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974517&pid=S1665-952X200900010000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>        <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota26"></a>26.&nbsp;V&eacute;ase Banco de M&eacute;xico (2008), <i>Informe anual 2007,</i> M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2974519&pid=S1665-952X200900010000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota27"></a>27. Ese tipo de arreglos tiene varios inconvenientes. A&uacute;n si resultan exitosos tienden a formar oligopolios enormes y no acrecientan la capacidad neta de otorgar cr&eacute;dito de las instituciones fusionadas. M&aacute;s a&uacute;n, tienden a deteriorar la posici&oacute;n financiera de los bancos fusionantes, como lo demuestran los casos de HBOS que casi llevan a la nacionalizaci&oacute;n o quiebra de Lloyds. O las de Merryll Lynch que han obligado a Bank of America a requerir de apoyos gubernamentales, as&iacute; como JP Morgan que absorbi&oacute; a Bearn Stearns y a Washington Mutual.</font></p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota28"></a>28.&nbsp;M&aacute;s recientemente parece cobrar vigencia en Estados Unidos y Alemania la idea de transferir la cartera enferma a un banco "malo", creado ex&#45;profeso con participaci&oacute;n p&uacute;blica y privada a fin de sanear a las instituciones financieras da&ntilde;adas y evadir hasta cierto punto el problema de fijar precio a los activos emponzo&ntilde;ados.</font></p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota29"></a>29.&nbsp;Adem&aacute;s del caso del banco ingl&eacute;s Northern Rock, Alemania prepara una ley que le permitir&aacute; estatizar el banco hipotecario Hypo Real Estate, que est&aacute; a punto de quebrar.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota30"></a>30. Las agendas han sido sintetizadas por el peri&oacute;dico <i>Reforma</i> (3 de febrero), como sigue, PAN: reforma laboral; reformas para contemplar reelecci&oacute;n y reducci&oacute;n de integrantes del Poder Legislativo; continuar las reformas sobre seguridad; protecci&oacute;n de la vida desde la concepci&oacute;n; reformas econ&oacute;micas en apoyo a las peque&ntilde;as y medianas empresas, flexibilizaci&oacute;n de los cr&eacute;ditos bancarios, competitividad empresarial y baja en las tasas de inter&eacute;s. PRI: ley de emergencia para enfrentar la crisis financiera; reducci&oacute;n del precio del diesel y la electricidad; reformas a la pol&iacute;tica social; hacer deducibles los impuestos de medicamentos; impulsar cambios legales en materia de pr&aacute;cticas bancarias, tarjetas de cr&eacute;dito; concluir el proceso legislativo de la Ley Antisecuestros. PRD: presentar Ley de Desarrollo Econ&oacute;mico Productivo; demandar al Presidente dar celeridad en la aplicaci&oacute;n de su plan anticrisis; aumento de recursos para obras que generen inversi&oacute;n; reducci&oacute;n de tarifas de gasolina y diesel; austeridad y racionalidad del gasto social.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bordo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Eichengreen]]></surname>
<given-names><![CDATA[B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Bretton Woods and the Great Inflation]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMass. Mass.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[NBER]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Minsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Stabilizing an Unstable Economy]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-name><![CDATA[Yale Univesity Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brenner]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Economics of Global Turbulence]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Verso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Shiller]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Subprime Solution]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton^eN. J. N. J.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Shiller]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The New Financial Order]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton^eN.J. N.J.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Glyn]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capitalism Unleashed]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cooper]]></surname>
<given-names><![CDATA[G.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Origin of Financial Crisis]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Vintage Books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Eichengreen]]></surname>
<given-names><![CDATA[B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capital Flows and Crisis]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMass. Mass.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MIT Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Krugman]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Currencies and Crises]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMass. Mass.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MIT Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenspan]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Age of Turbulence]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[N.York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The Penguin Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bourdieu]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Les Structures Sociales de léconomie]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editions du Seuil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[J Shulman]]></surname>
<given-names><![CDATA[B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Betrayal of Work]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Luo Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brenner]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Economics of Global Turbulence]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Verso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bauman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Z.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Vida de Consumo]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morris]]></surname>
<given-names><![CDATA[CH.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Trillion Dollar Meltdown]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Public Affairs]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Friedman]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[American Economic ReviewThe Role of Monetary Policy]]></source>
<year>1968</year>
<numero>58</numero>
<issue>58</issue>
<page-range>1-17</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lawrence]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Katz]]></surname>
<given-names><![CDATA[F.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kearney]]></surname>
<given-names><![CDATA[Melissa S.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Trends in U. S. Wage Inequality]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[NBER]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wojciech]]></surname>
<given-names><![CDATA[K.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Uncovering the American Dream]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[NBER]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenhouse]]></surname>
<given-names><![CDATA[S.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Big Squeeze]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Knopf]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[A.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Aron-Dine]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[I.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Shapiro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Share of National Income going to Wages and Salaries at Record Low in 2006]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Center -5 on Budget and Policy Priorities]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rubin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Comment on Fiscal Policy]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Frankel]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Orszag]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[American Econmic Policy in the 1990s]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMass. Mass.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MIT Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stiglitz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Wither Reform]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[conferencia dictada en ECLAC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gray]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las dos caras del neoliberalismo]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Buchanan]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Liberty Market and the State]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[New York University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ibarra]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La degradación de las utopías]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Economía, UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodrick]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Getting Intervention Right]]></article-title>
<source><![CDATA[Economic Policy]]></source>
<year></year>
<numero>20</numero>
<issue>20</issue>
<page-range>55-107</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>Federal Reserve System</collab>
<source><![CDATA[Flow of Funds Accounts of the United States]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Glyn]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capitalism Unleashed]]></source>
<year>2006</year>
<page-range>190</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Glyn]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Capitalism Unleashed]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Inglaterra ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Perelstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Macroeconomic "Imbalances in the"]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[N. York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Levy Economics Institute]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ibarra]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La reconfiguración económica internacional]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Economía, UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Boone]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Johnson]]></surname>
<given-names><![CDATA[S.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Time to Recapitalize Banks Fully]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paterson Institute for International Economics]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Eichengreen]]></surname>
<given-names><![CDATA[B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Bad Credit History]]></article-title>
<source><![CDATA[Current History]]></source>
<year>2009</year>
<volume>108</volume>
<numero>714</numero>
<issue>714</issue>
<page-range>14-25</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>Banco de México</collab>
<source><![CDATA[Reporte sobre el Sistema Financiero]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<nlm-citation citation-type="journal">
<source><![CDATA[La Jornada]]></source>
<year>juev</year>
<month>es</month>
<day> 2</day>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>Banco de México</collab>
<source><![CDATA[Informe anual 2007]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
