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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Mexicanos en Chicago. Diario de campo de Robert Redfield 1924-1925]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mexicanos en Chicago. Diario de campo de Robert Redfield 1924&#150;1925</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ren&eacute;e de la Torre Castellanos*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Patricia Arias y Jorge Durand (investigaci&oacute;n y edici&oacute;n), M&eacute;xico, Universidad de Guadalajara, Centro de Investigaci&oacute;n y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social Occidente, Porr&uacute;a y El Colegio de San Luis, 2008</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Investigaci&oacute;n y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social Occidente</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Mirada antropol&oacute;gica de los mexicanos en Estados Unidos: Etnograf&iacute;a de Robert Redf&iacute;eld</b></i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro contiene textos in&eacute;ditos de uno de los antrop&oacute;logos m&aacute;s importantes de Estados Unidos, quien tambi&eacute;n es uno de los estudiosos que m&aacute;s influencia han tenido sobre la antropolog&iacute;a mexicana: Robert Redf&iacute;eld.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; Redf&iacute;eld nunca pens&oacute; que su contacto con los mexicanos le iba a transformar tanto su vida. Primero, su visita a M&eacute;xico, donde conoci&oacute; al ilustre antrop&oacute;logo Manuel Gamio, le cambi&oacute; su vocaci&oacute;n profesional de abogado a antrop&oacute;logo. Despu&eacute;s, durante sus estudios de posgrado en antropolog&iacute;a, su encuentro con los mexicanos en Chicago lo trajo de regreso a M&eacute;xico. En Tepoztl&aacute;n realiz&oacute; su trabajo de campo para la tesis del doctorado, que despu&eacute;s fuera editada en 1930 como <i>Tepoztl&aacute;n, a Mexican Village. </i>A partir de ah&iacute;, como si fuera un converso a la mexicanidad, la vida de Redfield estuvo siempre en contacto con M&eacute;xico, donde en 1930 continu&oacute; con sus famosos estudios sobre Yucat&aacute;n, y de ah&iacute;, siguiendo la ruta maya, se dirigi&oacute; hacia Guatemala. Varios de sus libros, hoy valorados como cl&aacute;sicos de la antropolog&iacute;a, tratan sobre la cultura de los mexicanos: de los ind&iacute;genas, de los campesinos, de los procesos de <i>folchrizaci&oacute;n </i>y de cambio social a partir de las relaciones entre las sociedades urbanas y las rurales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Redfield muri&oacute; en Chicago, en donde dej&oacute; guardado un tesoro: su diario de campo que escribi&oacute; cuando era estudiante del primer a&ntilde;o de antropolog&iacute;a, y durante el cual decidi&oacute; incursionar en el estudio socioetnogr&aacute;fico sobre la vida de los mexicanos en Chicago, trabajo que realiz&oacute; durante 1924 y 1925. Hoy esos papeles, publicados en este libro, documentan la primera investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica sobre los mexicanos en Estados Unidos. Este diario, escrito a mano en una libreta a rayas de pasta azul, permaneci&oacute; in&eacute;dito, casi intocado, durante 83 a&ntilde;os. Inicialmente, hasta antes de 1967, estuvo resguardado por unos amigos. Despu&eacute;s fue entregado al Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad de Chicago, donde se almacen&oacute; en una caja con el n&uacute;mero 59. Seguro que Redfield jam&aacute;s imagin&oacute; que su diario ser&iacute;a desempolvado por un par de antrop&oacute;logos venidos de M&eacute;xico, quienes, con alma de coleccionistas, rastreaban los indicios de la existencia del diario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Durand y Patricia Arias, antrop&oacute;logos incansables, eran especialistas en guiarse por el m&eacute;todo indicial y por su afinado olfato para descubrir obras de arte tras las formas del arte popular. Por ejemplo, hab&iacute;an sido capaces de ver, en las l&aacute;minas oxidadas tiradas en los basureros afuera de la Bas&iacute;lica de San Juan de los Lagos, en los Altos de Jalisco, futuros documentos gr&aacute;ficos cargados de im&aacute;genes que permitir&iacute;an decodificar la cultura religiosa de los mexicanos, los problemas del mundo rural y los riesgos y temores de los migrantes al cruzar la frontera hacia el otro lado. Esas l&aacute;minas que los Durand&#150;Arias encontraron y rescataron de la basura, de tiendas de antig&uuml;edades, de casas particulares, despu&eacute;s de ser catalogadas por ellos, hoy conforman una de las colecciones m&aacute;s ricas de exvotos religiosos, tanto por su valor est&eacute;tico como por ser considerados documentos hist&oacute;ricos para el estudio de la cultura de los migrantes a lo largo del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales de 2008, este par de antrop&oacute;logos, que fueron influenciados por Redfield a trav&eacute;s de las ense&ntilde;anzas del maestro &Aacute;ngel Palerm, transforman un archivo con papeles amarillentos en un objeto de culto para los antrop&oacute;logos y de paso para los estudiosos de la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#150;Estados Unidos. De nuevo Robert Redfield regresa a M&eacute;xico a trav&eacute;s de esta hermosa e interesante edici&oacute;n de sus notas de investigaci&oacute;n. En este libro no s&oacute;lo rescatan documentos in&eacute;ditos de Redfield, que por s&iacute; mismos revisten un especial sentido para la historia de cuatro disciplinas: la antropol&oacute;gica, la de los estudios sobre migraci&oacute;n m&eacute;xico&#150;estadounidense, la de los estudios urbanos y, finalmente, la de los estudios ch&iacute;canos. Los editores, debido a que las notas de Redfield no estaban hechas para ser publicadas, tuvieron que ingeni&aacute;rselas para hacerlas legibles y publicables. Tuvieron que descifrar garabatos, tachados, leer entre l&iacute;neas, atar cabos con otros datos que contextualizaran las referencias, y usar tinta m&aacute;gica para redibujar las letras debilitadas por el paso del tiempo. Tambi&eacute;n consiguieron fotograf&iacute;as, mapas urbanos, tarjetas postales y anuncios, propaganda y gr&aacute;ficos para documentar el Chicago que los mexicanos habitaron en la d&eacute;cada de los veinte. Su olfato de coleccionistas de arte popular los llev&oacute; a rastrear informaci&oacute;n en los lugares y los objetos menos pensados: en el Museo de Artes de Chicago.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro, adem&aacute;s, nos ofrece tres cap&iacute;tulos extraordinarios que s&oacute;lo los autores&#150;editores, dada su trayectoria especializada en los temas urbanos y de migraci&oacute;n, podr&iacute;an escribir con tal maestr&iacute;a. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo nos introduce en el valor que tiene el publicar este diario de campo, que en primera instancia documenta "el proceso de investigaci&oacute;n y no el producto".<sup><a href="#nota">1</a></sup> Los autores indican que:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El diario de campo muestra, de manera ejemplar, la aplicaci&oacute;n de las ense&ntilde;anzas metodol&oacute;gicas de sus maestros, es decir, de lo que Redfield hab&iacute;a aprendido en cuanto a las maneras de hacer investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica. En &eacute;l conocimos c&oacute;mo buscaba y recopilaba la informaci&oacute;n; la manera de avanzar y tomar decisiones para ordenar; clasificar, construir el dato etnogr&aacute;fico; c&oacute;mo convert&iacute;a la informaci&oacute;n que recib&iacute;a en dato relevante para sus intereses anal&iacute;ticos. Se puede decir que esa investigaci&oacute;n pionera sobre los "mexicanos en Chicago" le sirvi&oacute; a Redfield como un laboratorio para poner a prueba sus conocimientos, desarrollar habilidades, seleccionar t&eacute;cnicas de campo, disciplinar su desencanto cuando la investigaci&oacute;n no avanzaba como &eacute;l quer&iacute;a (p. 15).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo desarrolla el paisaje sociocultural de la ciudad de Chicago durante la d&eacute;cada de los veinte: una ciudad en pleno crecimiento industrial, cuya oferta de mano de obra se convirti&oacute; en un mosaico racial, nacional y cultural; italianos, polacos, chinos y, finalmente, mexicanos. Estos &uacute;ltimos llegaron a habitar una de las residencias m&aacute;s paup&eacute;rrimas de la ciudad: Hull House, que era, nos dicen los autores, "un espacio fatalmente tugurizado" (p. 40). Ah&iacute; viv&iacute;an los mexicanos, hacinados en cuartos oscuros e insalubres. Tambi&eacute;n vivieron en un barrio al lado de los jud&iacute;os, alemanes, irlandeses y polacos en Brighton Park, vecindad cercana a las terminales de ferrocarril, en cuya industria se empleaban los mexicanos adem&aacute;s de las empacadoras y sider&uacute;rgicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo nos esboza el perfil acad&eacute;mico de Redfield y el ambiente intelectual que se viv&iacute;a en el Departamento de Sociolog&iacute;a de la famosa escuela de Chicago durante los a&ntilde;os en que &eacute;l escribi&oacute; su diario de campo: "Fue la &eacute;poca de mayor creatividad y liderazgo de la Escuela de Chicago en la sociolog&iacute;a estadounidense" (p. 57). La ciudad era un gran proyecto donde conflu&iacute;a una energ&iacute;a interdisciplinaria: soci&oacute;logos, ge&oacute;grafos, historiadores, ec&oacute;nomos, trabajadores de servicio social y administradores sumaban esfuerzos para estudiar a los diferentes grupos de inmigrantes que conformaban el mosaico cultural de la vida urbana de Chicago. Tambi&eacute;n los autores resaltan la aportaci&oacute;n del estudio de los mexicanos a la investigaci&oacute;n sociol&oacute;gica que se estaba realizando en la ciudad de Chicago y el valor que hoy reviste para quienes se especializan en el estudio de la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#150;Estados Unidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los siguientes cap&iacute;tulos (IV&#150;VI) corresponden a las anotaciones de la carpeta del diario de campo. El V, titulado "Los otros documentos de la caja 59", contiene el material recolectado durante el trabajo etnogr&aacute;fico realizado por Robert Redfield. El VI es un excelente cap&iacute;tulo in&eacute;dito de un antrop&oacute;logo desconocido: Manuel Bueno, quien fue enlace y contacto de Redfield, y cuyo manuscrito documenta de manera puntillosa la vida, organizaci&oacute;n y valores culturales de los mexicanos. El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo es un breve art&iacute;culo de Redfield, publicado en 1929, donde rese&ntilde;a de manera descriptiva el estudio etnogr&aacute;fico de Manuel Gamio sobre el fen&oacute;meno migratorio de los mexicanos a Estados Unidos. Despu&eacute;s de leerlos, uno confirma la riqueza que nos brinda acceder al diario de campo, a lo no publicado. Por ello mis comentarios se centrar&aacute;n en sus contenidos, privilegiando dos temas: la identidad/alteridad/diferencia del mexicano en Estados Unidos, y su resistencia a la cultura norteamericana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los renglones del diario escrito por Redfield se puede leer la historia de varios fen&oacute;menos: de la interracialidad; la identidad mexicana posrevolucionaria; el proceso de industrializaci&oacute;n; las redes y asociaciones de ayuda; las condiciones materiales (laborales y residenciales) de los mexicanos en Estados Unidos; las formas de inserci&oacute;n urbana en ese pa&iacute;s a trav&eacute;s de las iglesias; la idiosincrasia o identidad de los mexicanos y c&oacute;mo eran vistos por los norteamericanos; las actividades y espacios de socializaci&oacute;n de los mexicanos en los a&ntilde;os veinte, como una importante etapa de la vida de la ciudad de Chicago; la historia de los migrantes; el choque cultural entre los mexicanos y los norteamericanos, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el diario de campo observamos distintos rostros de los mexicanos. Su identidad se va delineando en un di&aacute;logo &#150;no siempre respetuoso&#150; con los estadounidenses (blancos, anglosajones y protestantes) y en la demarcaci&oacute;n de la diferenciaci&oacute;n, que incluso provoca conflictos culturales con los otros inmigrantes, especialmente con los polacos y los negros. Por ejemplo, Redfield registra que una profesora de ingl&eacute;s opinaba que los mexicanos "son gente salvaje e inmanejable, pero son siempre d&oacute;ciles y tratables". Aunque los mexicanos eran considerados como salvajes, los norteamericanos ve&iacute;an con esperanza la posibilidad de transformarlos culturalmente, de convertirlos al protestantismo, de que aprendieran ingl&eacute;s, de hacerlos ciudadanos mediante papeleos y de que se organizaran en asociaciones voluntarias como lo acostumbran ellos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n eran valorados, desde la perspectiva capitalista de los empleadores, como mano de obra para explotar. As&iacute; lo expres&oacute; un empleador de una f&aacute;brica de colchones, quien opinaba que los mexicanos eran muy buenos: "Ah&iacute; los hombres se encargan de los trabajos comunes y las mujeres cosen" (p. 129). Pero tambi&eacute;n, en este roce intercultural afloraba el problema de la discriminaci&oacute;n racial. Los mexicanos no eran vistos como otro grupo nacional sino como otra raza catalogada como inferior. Esto se nota claramente en la afirmaci&oacute;n de otro empleador, que comentaba que ninguno de sus conocidos contratar&iacute;a a un mexicano porque "son una clase de trabajadores poco confiables y &#91;...&#93; no pod&iacute;an mezclarlos con otros trabajadores &#91;porque&#93; los trabajadores blancos no soportaban tener un mexicano en sus campamentos" (p. 103).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Redfield tambi&eacute;n registra la autopercepci&oacute;n de los mexicanos, quienes despreciaban a los polacos porque a ellos les daban los buenos trabajos y eran inmorales. Tambi&eacute;n documenta que durante esa etapa empiezan los roces y conflictos con los negros porque comparten el mismo vecindario. El concepto de <i>la raza, </i>tan ausente en la pol&iacute;tica <i>mestizadora </i>de M&eacute;xico, y que despu&eacute;s enarbolar&aacute; el movimiento chicano, se comienza a percibir en los discursos de identidad&#150;alteridad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual manera, los mexicanos manifestaban tener bien claro que no quer&iacute;an cambiar de patria, religi&oacute;n ni bandera. Estaban dispuestos a rechazar las bondades que pod&iacute;an obtener por la ciudadan&iacute;a, a fin de no perder su nacionalidad. El mexicano parec&iacute;a valorar al extremo su patriotismo: ve&iacute;a como una traici&oacute;n a la patria la oferta de tramitar los papeles para conseguir la ciudadan&iacute;a, y con ello acceder a servicios p&uacute;blicos. Quiz&aacute; esto se pueda comprender porque muchos mexicanos, en los a&ntilde;os veinte, anhelaban regresar a M&eacute;xico, como le confi&oacute; el se&ntilde;or Guti&eacute;rrez a Redfield: "Siempre pienso en regresar. Pero, usted sabe, pienso que me voy el mes que viene, el que viene, pero no me voy. Ahora pienso que me voy en junio" (p. 132). Durand y Arias consideran que en esa primera generaci&oacute;n de inmigrantes hab&iacute;a un patriotismo mexicano propio de la &eacute;poca revolucionaria, ya que "contaban con una opci&oacute;n de vida en M&eacute;xico" (p. 78), situaci&oacute;n que despu&eacute;s cambi&oacute; con los primeros mexicanos nacidos en Estados Unidos en los a&ntilde;os cuarenta: los ch&iacute;canos. Aunque no eran la mayor&iacute;a, hab&iacute;a algunos mexicanos seducidos por los yanquis, y que no eran bien vistos por sus compatriotas, como era el se&ntilde;or Gordinez <i>(sic), </i>que un d&iacute;a escuch&oacute; en la oficina del c&oacute;nsul que un mexicano le comentaba: "aunque nos hagamos ciudadanos aqu&iacute;, siempre seremos mexicanos" (p. 125). Tambi&eacute;n hab&iacute;a intentos de mexicanos por transformar el valor de la idea del patriotismo entre sus connacionales. Por ejemplo, el peri&oacute;dico <i>El heraldo de las Americas </i>exhortaba a que los mexicanos, sin perder sus fiestas patrias y su identificaci&oacute;n con la raza mexicana, abrigaran un "patriotismo a la americana".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el diario de campo de Redfield fue escrito desde la perspectiva de un estadounidense, en sus l&iacute;neas se manifiesta su mirada intersubjetiva capaz de hacer comprensible la relaci&oacute;n del mexicano con Chicago desde miradas y posiciones variadas, que nos permiten reconstruir los rostros culturales de los mexicanos desde el di&aacute;logo y las tensiones interculturales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es, sin duda, el mayor m&eacute;rito de Redfield como antrop&oacute;logo, en cuyo diario se inscribe y se puede leer la polifon&iacute;a cultural que configura la identidad del mexicano en tierras de yanquis.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b><a name="nota"></a>Nota</b></i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Parafraseando a Clifford Geertz en su obra <i>El antrop&oacute;logo como autor </i>(Barcelona, Paid&oacute;s, 1989).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5415940&pid=S1665-8906200900020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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