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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Magdalena Vences Vidal, <i>La Virgen de la Antigua en Iberoam&eacute;rica</i></b><i></i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Patricia Escand&oacute;n*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"> <b>M&eacute;xico, CIALC&#45;UNAM/El Colegio de Michoac&aacute;n A.C., 2013, 404 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIALC&#45;UNAM.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quienes son expertos en historia del arte han dicho ya muchas y muy autorizadas cosas respecto de <i>La Virgen de la Antigua en Iberoam&eacute;rica,</i> libro que hoy rese&ntilde;amos, de modo que no tendr&iacute;a caso que yo incidiera nuevamente en esas cuestiones. Aunque, por otro lado, tampoco podr&iacute;a hacerlo, pues no tengo ni la formaci&oacute;n ni los conocimientos necesarios para opinar en la materia.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; que, en consecuencia y por elecci&oacute;n, he de bordar por las orillas, como se dice coloquialmente, para referirme a aquello que, en tanto legos &#45;que supongo es una condici&oacute;n que varios compartimos&#45;, puede aportarnos esta obra que la doctora Magdalena Vences nos ofrece y a la que, por cierto, le dedic&oacute; muchos e intensos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n, seg&uacute;n me consta personalmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Den ustedes un paseo, cualquier d&iacute;a, por la catedral de M&eacute;xico. Det&eacute;nganse en alguna o algunas de sus capillas y contemplen la mir&iacute;ada de santos, santas, cristos y v&iacute;rgenes de sus retablos. M&aacute;s all&aacute; de saber vagamente que esas im&aacute;genes son representaciones de los seres que pueblan el reino celestial y que tienen por trabajo recibir, entregar y apoyar las peticiones de una multitud de suplicantes devotos en la oficina ejecutiva de Dios, lo cierto es que la mayor&iacute;a de nosotros nos quedamos perplejos y sumidos en una ignorancia total respecto de la identidad y el simbolismo que entra&ntilde;an tales figuras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hubo un tiempo en que las santas im&aacute;genes tuvieron en estas tierras significados precisos y claros. En alguna etapa sus nombres, atributos e historias fueron conocidos al dedillo por los fieles que las veneraban y que llevaban hasta sus pies, peanas o pedestales sus fervorosas plegarias. Y si esas &eacute;pocas eran, por cierto, bastante menos ilustradas que la nuestra &iquest;qu&eacute; es lo que explica que hayamos llegado a semejante grado de analfabetismo iconogr&aacute;fico?, &iquest;por qu&eacute; nuestros tatarabuelos y choznos, que en lo general ni siquiera pod&iacute;an descifrar las letras del alfabeto latino, sab&iacute;an tanto de ellas como para considerarlas casi miembros de su familia?, &iquest;y c&oacute;mo es que ahora nosotros las desconocemos del todo?, &iquest;qu&eacute; mecanismo o acontecimiento vino a romper la cadena de aquel conocimiento centenario y generacional?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de nuestra involuci&oacute;n o retroceso en la cultura del santoral cristiano y sus representaciones es larga de contar y, naturalmente, no es &eacute;ste el lugar ni el momento para detallarla. Sin embargo, bastar&aacute; con decir que, en el &aacute;mbito nacional, su origen mucho tiene que ver con la acci&oacute;n secularizadora de Ju&aacute;rez y con la furia iconoclasta de algunos de sus muy liberales ministros. Y, ya en fechas m&aacute;s pr&oacute;ximas, le debe no poco al fantasma antifide&iacute;sta, individual, profano y materializado que recorre no s&oacute;lo Europa &#45;como dir&iacute;a Marx&#45; sino a la aldea global de cabo a rabo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como sea, y m&aacute;s all&aacute; de las discusiones eruditas entre especialistas a las que este libro pueda dar lugar (y no dudo que lo har&aacute;), para los que estamos fuera del reducido cen&aacute;culo de los entendidos, queda claro que el de la autora, dedicado a una de las advocaciones marianas, no es uno de esos textos que polarizan o cavan fosos, sino, muy por el contrario, es de los que tienden puentes de comunicaci&oacute;n. En este caso, entre dos eras: una pret&eacute;rita &#45;la que pacientemente amas&oacute; y model&oacute; nuestras creencias y tradiciones&#45; con la actual, que vive inmersa en una perenne b&uacute;squeda y definici&oacute;n de esa cosa huidiza, cambiante, que llamamos nuestra identidad. Es decir, que &eacute;ste es el tipo de obra que nos ayuda, primero a conectarnos con aquello que fuimos y luego a explicarnos parte de la trayectoria que nos ha conducido hasta el punto de lo que hoy somos. Afirmo esto en el sentido m&aacute;s amplio posible, ya que, aparte de objeto de culto religioso, la Virgen de la Antigua es uno m&aacute;s de nuestros lazos transatl&aacute;nticos hisp&aacute;nicos que no se forjaron por naturaleza o por eventualidad, sino de manera deliberada y consciente, y justamente para eso, para amalgamar, para crear identidad com&uacute;n en las poblaciones de lengua espa&ntilde;ola de ambos litorales oce&aacute;nicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo pronto, y ya que no hay tiempo para tratar sobre las representaciones de otros pa&iacute;ses hispanoamericanos, en el contexto de M&eacute;xico, la Virgen de la Antigua es esa imagen que todav&iacute;a podemos apreciar en la catedral, dentro de la quinta capilla lateral (contada desde la puerta hacia adentro) o la primera inmediata al brazo del crucero de la ep&iacute;stola. Pero aqu&iacute; de nuevo topamos con la mencionada pared de la ignorancia lit&uacute;rgica &iquest;y qu&eacute; cosa es el lado de la ep&iacute;stola? Pues el costado izquierdo del altar, lo que implicar&iacute;a que, desde la perspectiva de los fieles, ser&iacute;a el derecho. Y en todos los templos se le llama de la "ep&iacute;stola" a partir de 1488, cuando un exsecretario pontificio y obispo italiano, Agust&iacute;n Patrizi, autor de un libro ceremonial, decidi&oacute; que sonaba fatal y muy r&uacute;stico decir s&oacute;lo el "lado izquierdo", cuando en ese mismo punto se le&iacute;a en misa la ep&iacute;stola o carta apost&oacute;lica, raz&oacute;n por la cual bautiz&oacute; as&iacute; a tal costado, quedando el opuesto con la denominaci&oacute;n de "el lado del evangelio".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresemos al asunto que nos concierne, y como puntualmente nos refiere la autora, aunque la Virgen de la Antigua, de origen sevillano, lleg&oacute; al parecer mucho tiempo antes, y seg&uacute;n conseja a trav&eacute;s de la copia que trajo un devoto donante espadero, el tibio fomento a su culto arranc&oacute; en realidad en el primer tercio del siglo XVII, inicialmente a cargo de los m&uacute;sicos de la catedral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la oficializaci&oacute;n no le llegar&iacute;a sino unas d&eacute;cadas despu&eacute;s, en 1647 con la organizaci&oacute;n de una Congregaci&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora de la Antigua. Fue s&oacute;lo entonces cuando se sac&oacute; a la imagen de su arrumbamiento, detr&aacute;s del altar mayor, y se le dispuso en una decente capilla y en retablo propio. Esto hubiera sido imposible si el cabildo catedral &#45;o cuerpo colegiado de cl&eacute;rigos que auxilian a un obispo en el gobierno y administraci&oacute;n de la di&oacute;cesis&#45; no hubiera intervenido y tomado el asunto por su cuenta. Sobre la identidad de tal corporaci&oacute;n y para ponerlo en t&eacute;rminos simples, hay que decir que, descontando a los obispos, los cabildos catedralicios constitu&iacute;an la aristocracia eclesi&aacute;stica, los m&aacute;s importantes personajes de sotana dentro de una di&oacute;cesis, y el hecho de que estos se&ntilde;ores de la &eacute;lite clerical se apropiaran del patrocinio de la devoci&oacute;n a Nuestra Se&ntilde;ora de la Antigua se traducir&iacute;a en muchas e importantes cosas. La primera de las cuales es que el culto a la advocaci&oacute;n empezar&iacute;a a viajar a partir de ah&iacute; con velas desplegadas y ganar&iacute;a much&iacute;simos adeptos entre los grupos m&aacute;s selectos y de mayor alcurnia de la ciudad, quienes se incorporaron en una Cofrad&iacute;a; la segunda, que los oficios y ritos se celebrar&iacute;an con gran pompa y esplendor, garantizados por el continuo flujo de donativos y limosnas de los distinguidos congregantes, hermanos y otros fieles con recursos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la veneraci&oacute;n a la Virgen de la Antigua ten&iacute;a, por origen y a la saz&oacute;n ya secularmente, una especie de sociedad o pacto sobrenatural con la Corona, con sus conquistas y con la rampante expansi&oacute;n hisp&aacute;nica. Como que en la metropolitana y patriarcal catedral de Sevilla quiso la tradici&oacute;n vincularla en principio al esforzado rey San Fernando, el III de Castilla y famoso expulsor de moros. De ah&iacute; que resultara muy adecuado que luego tomaran esa posta los Reyes Cat&oacute;licos, agentes unificadores y homologadores de la Pen&iacute;nsula, quienes la transfirieron a su nieto, Carlos V, due&ntilde;o de un enorme imperio, antes de que llegara a las piados&iacute;simas manos de un Felipe II, en cuyos dominios el sol trabajaba a destajo, y as&iacute; sucesivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, que una vez que esta imagen mariana consigui&oacute; salir de su oscuro rinc&oacute;n en la iglesia mayor de M&eacute;xico, lo hizo, como no pod&iacute;a ser menos, por la puerta grande y se ubic&oacute; en un santiam&eacute;n en la piadosa preferencia de los sectores sociales de mayor abolengo, pretensiones y caudal de la Nueva Espa&ntilde;a. Esto es, que ser devoto y formar parte de las santas corporaciones de Nuestra Se&ntilde;ora de la Antigua era timbre de poder y prestigio. Porque el caso fue que muy pronto llegaron las licencias y privilegios para entierros, recolecci&oacute;n de limosnas, indulgencias, rogativas por los difuntos y por las &aacute;nimas del Purgatorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que corr&iacute;an los a&ntilde;os la devoci&oacute;n florec&iacute;a con m&aacute;s pujanza, como lo demuestran &#45;a lo largo del resto del siglo XVII y de todo el XVIII&#45; el creciente enriquecimiento y adorno de la capilla, con renovaci&oacute;n de altares, derroche de afiligranadas maderas doradas, profusi&oacute;n de reliquias y ricas pinturas, que se acumularon en una acelerada, luminosa y espectacular carrera, cuyo abrupto cierre (que acaso fue tambi&eacute;n premonitorio de su pr&oacute;xima decadencia) lo trajo, a principios del XX, el reemplazo de aquel deslumbrante aparato barroco por las fr&iacute;as e impersonales l&iacute;neas rectas del estilo neocl&aacute;sico, que son las que actualmente vemos ah&iacute;. Y todo esto nos lo cuenta, con un riguroso respaldo documental, la fluida prosa de la doctora Vences, as&iacute; que les recomiendo leerla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero otra cuesti&oacute;n en la que cabe reparar es que el fomento devocional a la Virgen de la Antigua coincidi&oacute; precisamente con el despuntar de una advocaci&oacute;n que habr&iacute;a de hacerse, de alg&uacute;n modo, su competidora: la de la Guadalupana. De forma parad&oacute;jica y concordante, quien dio su aprobaci&oacute;n para que se imprimiese un texto rimado del presb&iacute;tero Ambrosio Sol&iacute;s Rodr&iacute;guez, que legitimaba la a&ntilde;eja tradici&oacute;n de la Virgen sevillana fue el bachiller Miguel S&aacute;nchez, el mismo que recogi&oacute;, puso por escrito y dio a prensas en 1648 la correspondiente a la de la Se&ntilde;ora del Tepeyac, en un op&uacute;sculo titulado <i>Imagen de la Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la Ciudad de la de M&eacute;xico. Celebrada en su Historia.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No voy a meterme ahora en el relato sobre las apariciones de Mar&iacute;a a Juan Diego ni en otras prolijidades que son de todos conocidas, pero s&iacute; debo se&ntilde;alar que esta antigua devoci&oacute;n, originalmente s&oacute;lo de indios, salt&oacute; por entonces la frontera de aquella humilde rep&uacute;blica, para hermanar bajo su milagroso y democr&aacute;tico manto a criollos y mestizos por igual, siendo muy eficazmente espoleada, entre otros, por la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y el clero secular, hasta cubrir toda la Nueva Espa&ntilde;a y luego trascender con vigor creciente a la etapa y linderos nacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n es indispensable subrayar que mariofan&iacute;as como la de la Guadalupana y la de la virgen de Ocotl&aacute;n, Tlaxcala; o milagrer&iacute;as como las de la Se&ntilde;ora de Jacona, en Michoac&aacute;n, la de Zapopan en Jalisco, la de Juquila en Oaxaca y un largo etc., tanto en M&eacute;xico como en Hispanoam&eacute;rica, son tradiciones p&iacute;as cinceladas, pulidas y perfeccionadas por el estrato clerical durante el siglo XVII, a las que de inmediato dio una gustosa y general acogida la feligres&iacute;a de las localidades bendecidas y aun la de m&aacute;s extensas comarcas. De esa misma centuria, aunque ampliadas y corregidas en los a&ntilde;os 700, datan igualmente obras como el <i>Zodiaco Mariano</i> del jesuita Francisco Florencia, que conforma un nutrido cat&aacute;logo de santuarios y portentos obrados por las distintas advocaciones de la Virgen en tierras novohispanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta epidemia de militante marianismo registrada en los 600, desde luego no puede leerse como la entusiasta respuesta de la gente a un s&uacute;bito inter&eacute;s de la Madre de Dios por aparecerse y meter mano en los asuntos y problemas de los mortales americanos, sino que ha de verse m&aacute;s bien en los t&eacute;rminos de un proceso inductivo y consciente de identificaci&oacute;n y arraigo de las comunidades. Puesto en otras palabras, lo que en la fase de constituci&oacute;n de los estados nacionales hicieron los himnos patrios y las banderas para aglutinar a sus sociedades, mucho tiempo atr&aacute;s ya lo hab&iacute;an hecho los santos y milagrosos patrones al congregar en voluntaria unidad a los fieles del terru&ntilde;o, de la alcald&iacute;a, del reino, del imperio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegados a este punto, nuevamente, se yergue la figura de Nuestra Se&ntilde;ora de la Antigua que, llevada en el poderoso e imponente barco de un culto catedralicio, cuya primera cubierta era ocupada sin discusi&oacute;n por la crema y nata de la sociedad novohispana, cubr&iacute;a serena el trayecto identitario entre ambos hemisferios imperiales. Y si no borraba las l&iacute;neas divisorias entre los ricos y los pobres, entre los indios, las castas y los blancos, s&iacute; pregonaba en cambio por los mares que todos confraternizaban por el solo hecho de ser s&uacute;bditos de Su Cat&oacute;lica Majestad, y por haber sido elegidos y bendecidos desde las alturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No me queda sino reiterar lo que ya he venido diciendo en estas cortas l&iacute;neas, les aconsejo lean <i>La Virgen de la Antigua en Iberoam&eacute;rica.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si no por otra cosa &#45;y los beneficios son m&uacute;ltiples, lo garantizo&#45; aunque s&oacute;lo sea por calar en las convicciones m&aacute;s profundas de nuestros ancestros y en sus formas de sociabilizaci&oacute;n ritual, que mucha cuenta dar&aacute;n ellas de las bases de nuestras creencias y de nuestra forma peculiar de percibir al mundo.</font></p>     ]]></body>
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