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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Howard Becker, <i>Manual de escritura para cient&iacute;ficos sociales. C&oacute;mo empezar y terminar una tesis, un libro o un art&iacute;culo</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Patricia Escand&oacute;n*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>trad. de Teresa Arij&oacute;n, Buenos Aires, Siglo XXI, 2011, 240 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIALC&#45;UNAM</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con su caracter&iacute;stica lucidez y punter&iacute;a l&eacute;xica, Fernando Savater afirm&oacute; que las trayectorias humanas no son ecuaciones ni problemas, sino historias y que las personas siempre nos asemejaremos m&aacute;s a los cuentos que a las cuentas. No obstante &#151;y aunque en rigor no sea algo del todo justificado&#151;, sabemos que el p&uacute;blico en general suele ver en los c&aacute;lculos y en los experimentos de laboratorio un halo beat&iacute;fico de certidumbre y solidez que, en cambio, no concede a los estudios sobre las acciones del hombre. Es decir, que las ciencias "duras" aparecen como reales, consistentes y confiables, en tanto que sus contrapartes "humanas" siempre son sospechosas de inconstancia o veleidad. De ah&iacute; que, cuando se trata de exponer o publicar los resultados de su labor, los acad&eacute;micos de humanidades y ciencias sociales regularmente se vean aquejados por un mal al que los cient&iacute;ficos son del todo inmunes: el s&iacute;ndrome de la inseguridad frente a la pantalla electr&oacute;nica o el papel en blanco. Rara vez el punto es que duden respecto de aquelo <i>que</i> hay que decir, sus titubeos se dan frente al <i>c&oacute;mo</i> hay que decirlo para que resulte persuasivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, de una u otra manera y l&eacute;venos el tiempo que nos leve, a la postre todos solventamos nuestras dificultades y escribimos, seg&uacute;n los mejores o peores procedimientos que hayamos aprendido a lo largo de nuestra formaci&oacute;n universitaria y que luego aplicamos en nuestra carrera profesional. Pero, sea o no que lo reconozcamos en p&uacute;blico, no es infrecuente que sintamos inconformidad frente al producto acabado &#151;libros, cap&iacute;tulos, art&iacute;culos&#151; y que, al&aacute; en lo m&aacute;s profundo, alberguemos casi siempre la sensaci&oacute;n de que pudimos haber desarrollado la exposici&oacute;n de una manera "m&aacute;s elocuente o m&aacute;s acertada".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &eacute;stas y otras razones, e independientemente de la especialidad que cultivemos, <i>el Manual de escritura para cient&iacute;ficos sociales</i> toca algunos de nuestros puntos m&aacute;s sensibles y por elo vale la pena examinarlo, teniendo en mente que no se dirige tanto a estudiantes cuanto a profesionales consolidados. Y no nos enga&ntilde;emos por su subt&iacute;tulo, quiz&aacute; poco afortunado porque evoca los muy comerciales y manidos textos de "auto&#45;ayuda", &eacute;ste simplemente no cae en tal clasificaci&oacute;n. Cabe igualmente advertir que esta obra del soci&oacute;logo Howard Becker no constituye ninguna novedad editorial, al menos no para la academia estadounidense. Su primera edici&oacute;n en ingl&eacute;s apareci&oacute; en 1986, bajo el pie de imprenta de la Universidad de Chicago, a la que tambi&eacute;n se debe la reedici&oacute;n de 2007. Y apenas, en el a&ntilde;o que corre, Siglo XXI Argentina la ha sacado a la luz p&uacute;blica en castelano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien espere encontrar en este libro consideraciones epistemol&oacute;gicas sobre las ciencias sociales que orienten o simplifiquen la construcci&oacute;n de un texto quedar&aacute; defraudado desde las p&aacute;ginas iniciales. Con mayor raz&oacute;n habr&aacute; de renunciar a la expectativa de proveerse aqu&iacute; de recetas o plantilas m&aacute;gicas aplicables a cualquier proyecto o escrito. Lo que Becker ofrece en realidad son reflexiones muy pertinentes, basadas en su larga experiencia de investigaci&oacute;n y docencia, sobre los supuestos y errores m&aacute;s comunes que rodean a la escritura de textos acad&eacute;micos de ciencias sociales y humanidades, am&eacute;n de un conjunto de &uacute;tiles consejos y sugerencias para neutralizarlos o evitarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entremos en materia. El primero y m&aacute;s nocivo de estos mitos es asumir que un texto sale de la cabeza del autor directo al papel, conceptualmente completo y bien armado (como Atenea de la frente de su padre, Zeus). Y tal supuesto dista de ser la reverente creencia estudiantil respecto de los escritos de sus maestros o de los autores que leen, lo que hasta cierto punto es natural. Tambi&eacute;n, y por desgracia con demasiada frecuencia, lo hacen suyos muchos experimentados investigadores respecto de la producci&oacute;n de sus colegas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda falacia es acreditar por verdad irrefutable que s&oacute;lo hay una <i>&Uacute;nica&#45;forma&#45;correcta</i> de hacer las cosas, en este caso, de elaborar un texto. Una forma &#151;suponemos&#151; que conocen y dominan todos los <i>dem&aacute;s</i> (particular pero no exclusivamente los autores consagrados), aunque, por alguna ignota e injusta raz&oacute;n, no nosotros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer problema no es consecuencia tan ostensible de nuestras incerti&#45;dumbres y temores personales, si bien se relaciona con elos: se trata del peso de los c&oacute;digos y c&aacute;nones de la academia estadounidense que, en tiempos glo&#45;balizados, se hacen extensivos a todos y que nos obligan a entregar materiales a la imprenta perentoriamente y en cantidad considerable, una especie de fabricaci&oacute;n en serie. No hacerlo as&iacute; nos pone en trance de ser tachados de "improductivos" y de ver mermados nuestra posici&oacute;n o nuestros ingresos. Por elo escribimos con rapidez y de cualquier manera, lo que casi siempre resulta en textos de calidad cuestionable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;nica soluci&oacute;n posible a este conjunto de elementos inhibidores es tan simple cuanto evidente: escribir y <i>editar incansablemente.</i> Becker reitera que la clave consiste en perder el miedo a trazar con gran empuje ese boceto tosco que es un primer borrador porque, en principio, <i>no lo mostraremos a nadie.</i> Aqu&iacute;, imperiosamente, procede olvidarse de los potenciales o ulteriores procesos de revisi&oacute;n, cr&iacute;tica o dictamen a cargo de nuestros pares. Si hay errores o divagaciones e incluso dislates, no importa: s&oacute;lo se trata de fijar en estos brochazos iniciales algunas de las ideas centrales que luego articular&aacute;n nuestro discurso. M&aacute;s tarde, un segundo borrador suprimir&aacute; toda la "paja" para dejar a la vista s&oacute;lo el "grano" y un tercero, o cuarto, o quinto, etc., desarrolar&aacute; y enlazar&aacute; pr&iacute;stinamente los argumentos que, si todav&iacute;a se desea, podr&aacute;n afinarse y perfeccionarse en la que consideremos la versi&oacute;n final.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo mediante el laborioso trabajo de editar y reeditar nuestros textos podemos hacer de elos veh&iacute;culos eficientes (y, legado el caso, hasta arm&oacute;nicos y elegantes) para la comunicaci&oacute;n de nuestras ideas, aunque lo cierto es que a muchos repugna sentarse en el banco del artesano a desbastar y pulir sus obras. Quiz&aacute; a este respecto, no est&aacute; de m&aacute;s recordar que quien tiene por herramienta primordial de trabajo a la lengua &#151;no a los n&uacute;meros ni a las f&oacute;rmulas&#151; para modelar y transmitir sus halazgos y teor&iacute;as, bien puede tomarse la molestia de ajustarla y ponerla a punto cada vez que la emplea profesionalmente, esto si espera que le sirva con eficacia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la estructura y contenido de los textos que tenemos en preparaci&oacute;n, Howard Becker refresca nuestra memoria sobre los beneficios de ir haciendo amarres s&oacute;lidos y visibles entre lo que enunciamos en los t&iacute;tulos y subt&iacute;tulos y lo que desarrollamos debajo de elos. Los criterios que rigen aqu&iacute; deben ser los de la coherencia y la pertinencia, es decir, estar alertas para rehuir la divagaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En materia de teor&iacute;as, hip&oacute;tesis o desarrolos, tambi&eacute;n es ordinario que caigamos en la trampa de quererlo hacer todo desde el principio y por nuestra propia cuenta. Es decir, que nos olvidamos de que el conocimiento y la ciencia son bienes colectivos y acumulativos, con lo que dejamos de aprovechar o de beneficiarnos de lo que ya han hecho otros. Becker ilustra el problema equiparando la elaboraci&oacute;n de un escrito con la de una mesa. Si en la construcci&oacute;n de &eacute;sta podemos incorporar piezas prefabricadas (molduras, etc.), sin que nadie en su sano juicio nos regatee la paternidad de la obra concluida &iquest;por qu&eacute; perseveramos en perder el tiempo intentando fabricar <i>todas</i> las piezas que sirven a nuestro discurso? Ya est&aacute;n hechas, s&oacute;lo utilic&eacute;moslas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay a&uacute;n en este manual diversos consejos y recomendaciones m&aacute;s puntuales que no por elo habr&aacute; que echar en saco roto. Como, por ejemplo, la sugerencia de recurrir preferentemente a la voz activa en vez de la pasiva y la de acostumbrarnos a optar por hacer del sujeto que afirma en primera persona del singular y no una del plural. Aparte de las razones que para elo esgrime Becker, a m&iacute; me parece que el acatamiento a ambas sutilezas estil&iacute;stico&#45;gramaticales denota la voluntad del autor de asumir abiertamente una responsabilidad personal sobre aquelo que asevera en sus escritos. Finalmente, se aconseja tambi&eacute;n no abusar del palabrer&iacute;o hueco o pedante; la idea es aspirar antes a la claridad que a la apariencia de elevad&iacute;sima erudici&oacute;n. Para lo que no sobra cuidarse de las repeticiones, met&aacute;foras y circunloquios in&uacute;tiles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El colof&oacute;n de todas estas cavilaciones y sugerencias de Howard Becker no pod&iacute;a ser m&aacute;s penetrante: "La lecci&oacute;n principal no son las especificidades de lo que he dicho sino la lecci&oacute;n<i>zen</i> de prestar atenci&oacute;n" (p. 117). En efecto: a fuerza de vivir inmersos en un sistema "productivista" de premios y castigos, se nos escapa que antes que puntos para el ascenso en el escalaf&oacute;n, boletos para el turismo acad&eacute;mico, salvoconductos para el siguiente grado universitario o armas de ataque contra las posturas ideol&oacute;gicas contrarias de los colegas, una ponencia, una tesis, un art&iacute;culo o un libro son medios de difusi&oacute;n de nuestras ideas y planteamientos. Constituyen, de hecho, nuestra voz dirigida a un interlocutor, individual o colectivo y, por respeto a &eacute;ste, todo aquelo que le digamos merece que le dediquemos toda nuestra concentraci&oacute;n, toda nuestra atenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todas las bondades que le he encontrado y de las que ya he dado cuenta, hay empero algo que objetar a esta edici&oacute;n de Siglo XXI: la deficiente traducci&oacute;n del ingl&eacute;s que, sorprendentemente, fue sometida al escrutinio de un revisor quien, al parecer, tampoco hizo mucho por ella. No reparo ni me quejo, por cierto, de las formas de conjugaci&oacute;n verbal &#151;habituales en Argentina y Uruguay&#151; del presente de indicativo para la segunda persona del singular, como "pod&eacute;s" o "ten&eacute;s", meras modalidades regionales que no deben incomodar a ning&uacute;n hispanohablante. Mis impugnaciones van, por ejemplo, hacia el abundante y mal uso del adjetivo "bizarro". En correcto castelano, el vocablo <i>bizarro</i> (que, seg&uacute;n el diccionario se origina en una voz italiana que significa "iracundo") alude a aquel o aquelo que es "valiente" o "espl&eacute;ndido"; pero en modo alguno puede adjudic&aacute;rsele a lo "raro" o "estramb&oacute;tico", como en sus acepciones inglesa o francesa, que son las que conserva, intactas, la traductora. Parecer&iacute;a demasiado lamentarse por cosa tan nimia como una palabra y, sin embargo, en el contexto, los alcances son mayores, pues no es lo mismo referirse a un estilo de escritura "galardo" que a uno "disparatado". Y la diferencia es, s&iacute;, una sola palabra.. mal empleada. Pero las cosas no terminan aqu&iacute;, tambi&eacute;n hay otras perlas como la expresi&oacute;n "despu&eacute;s de hora" (trasunto literal de <i>after hours),</i> que si figura al&iacute; quiz&aacute; se deba a que ofrece un aspecto m&aacute;s original o m&aacute;s innovador que las tradicionales alternativas de la lengua espa&ntilde;ola: "fuera del horario laboral" o "fuera del horario h&aacute;bil". Y &iquest;qu&eacute; decir de la in&uacute;til redundancia acu&ntilde;ada en la frase "largos periodos de tiempo"?, &iquest;acaso en nuestro idioma hay periodos de espacio o de lugar que ameriten la aclaraci&oacute;n?, &iquest;o se tratar&aacute; m&aacute;s bien de una transcripci&oacute;n mec&aacute;nica de <i>long periods of time?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cosas no menoscaban el valor de la obra, pero s&iacute; resultan irritantes y mucho m&aacute;s en un manual dedicado a la escritura, por lo que cabr&iacute;a esperar que, antes de planear futuras ediciones de &eacute;l, la prestigiosa casa Siglo XXI tomara las medidas pertinentes.</font></p>      ]]></body>
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