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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>L&oacute;pez Moya, Mart&iacute;n de la Cruz (2010), <i>Hacerse hombres cabales. Masculinidad entre tojolabales</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis Escalona&#45;Victoria</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: CIESAS, UNICACH</b></font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social, Unidad Sureste, M&eacute;xico.</i></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recibida: 24 de noviembre de 2014.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de una aproximaci&oacute;n etnogr&aacute;fica a la vida de los habitantes de un peque&ntilde;o poblado tojolabal de Chiapas, M&eacute;xico, Mart&iacute;n L&oacute;pez efectu&oacute; un estudio acerca de las formas locales de hacerse hombres. El libro nos presenta, as&iacute;, esas formas espec&iacute;ficas de hacerse hombres entre habitantes de un poblado rural del sur de Chiapas, sobre la base de registros etnogr&aacute;ficos de interacciones cotidianas y de conversaciones acerca de las expectativas que se tienen sobre los hombres adultos. Cultivar la tierra, viajar, aprender espa&ntilde;ol o tener hijos se vuelven formas locales de mostrar que se es un hombre, en la misma trayectoria de vida y en la convivencia cotidiana. Pero, adem&aacute;s de estos registros etnogr&aacute;ficos espec&iacute;ficos, el an&aacute;lisis de los mismos vincula este caso particular con los estudios sobre masculinidad y g&eacute;nero en las ciencias sociales. Por ello, diversos temas presentes en esta literatura de masculinidad y g&eacute;nero se tocan en el trabajo de Mart&iacute;n L&oacute;pez a partir de un conjunto de ideas b&aacute;sicas: a) las categor&iacute;as y distinciones de g&eacute;nero son producidas socialmente; b) pueden ser analizadas como representaciones sociales que las personas producen y reproducen cotidianamente &#151;representaciones en t&eacute;rminos de entendimientos impl&iacute;citos o de sentido com&uacute;n, pero tambi&eacute;n relacionadas con formas de actuar en un modo casi teatral&#151;; c) llevan a la generaci&oacute;n de modelos de lo que debe ser socialmente la distinci&oacute;n sexual entre hombres y mujeres y, por ello, contribuyen a la reproducci&oacute;n &#151;competida, disputada&#151; de una de las distinciones b&aacute;sicas de las relaciones de poder. Revisemos el texto a partir de las ideas del autor con respecto a algunos de estos temas, considerando su perspectiva relacional, de proceso y multidimensional del g&eacute;nero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un primer tema es el del g&eacute;nero como una categor&iacute;a fundacional &#151;entre otras&#151; de la vida social, que tiene implicaciones en la diferenciaci&oacute;n de poder, pues produce consecuencias en la demarcaci&oacute;n de los espacios, los tiempos y las formas de autoridad, capacidad de representaci&oacute;n, participaci&oacute;n en ciertos espacios de decisi&oacute;n u oportunidades de aprendizaje y de viaje, por ejemplo. Las pr&aacute;cticas cotidianas generan en s&iacute; mismas una diferenciaci&oacute;n entre los espacios y tiempos masculinos y femeninos que parecen naturalizar la distinci&oacute;n. El libro nos describe estas formas cotidianas de establecer diferencias cotidianas entre los habitantes de este pueblo, pero que tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en los pueblos de la regi&oacute;n tojolabal. Por ejemplo, la tierra &#151;en propiedad ejidal&#151; est&aacute; en manos de los hombres, que son a su vez los jefes de familia. Como miembros reconocidos del ejido, ellos son los que asisten a las reuniones o asambleas y son los que ocupan los cargos directivos del ejido. Por ser ellos los proveedores y los representantes de la familia, y a veces de la comunidad ejidal, son tambi&eacute;n quienes viajan para trabajar o para hacer tr&aacute;mites, por lo que conocen otros lugares y aprenden a hablar m&aacute;s fluidamente el espa&ntilde;ol. Algunos aprenden especialmente a tratar con los funcionarios, comerciantes, empleados de organizaciones y predicadores, o se convierten en ellos al ocupar puestos en la burocracia civil y religiosa o al iniciar negocios m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la comunidad. No es que las mujeres no salgan o no asistan a asambleas ni aprendan a hablar espa&ntilde;ol. El efecto no es diferenciador absoluto, sino relativo, porque m&aacute;s hombres salen, conocen otros contextos y aprenden espa&ntilde;ol, que mujeres. Son, por ejemplo, las mujeres solteras las que m&aacute;s suelen viajar y ganar dinero, o van a trabajar a la milpa en las &eacute;pocas de m&aacute;s demanda de mano de obra; pero no las casadas. Adem&aacute;s, no todas las mujeres solteras salen m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de la comunidad a viajar, a estudiar, a trabajar o a conocer. En el espacio dom&eacute;stico, las tareas cotidianas son principalmente responsabilidad de las mujeres, aunque la representaci&oacute;n y la autoridad recaen en el hombre adulto; incluso la militancia de los miembros de la familia en organizaciones, iglesias y partidos se define por la preferencia o la militancia del hombre adulto de la casa: la mujer e hijos deben pertenecer a la iglesia y la organizaci&oacute;n del marido/padre. Al casarse, la mujer debe ir a casa de sus suegros y aprender su forma de vida, que ser&aacute;, ulteriormente, la forma de vida de la casa de su esposo. En general, hay distinciones de espacios, tiempos y pr&aacute;cticas que est&aacute;n atravesados por la distinci&oacute;n de g&eacute;nero y producen una condici&oacute;n espec&iacute;fica para los hombres frente a las mujeres. Se trata del viejo tema de las diferenciaciones de g&eacute;nero en la vida cotidiana. Pero, &iquest;c&oacute;mo se producen estas distinciones?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo tema es el de la contribuci&oacute;n que se hace socialmente a la reproducci&oacute;n de esta condici&oacute;n de hombre como un resultado instituido de la masculinidad, pero al mismo tiempo recreado en cada generaci&oacute;n. El estudio nos muestra que, m&aacute;s que ser un producto de la condici&oacute;n sexuada del cuerpo, la masculinidad implica una serie de actitudes y de actuaciones que requieren de la valoraci&oacute;n y vigilancia de los participantes de las interacciones en su conjunto. En este sentido, es muy ilustrativa la cita de la p&aacute;gina 48: "Cuando el chiquero no sirve y el puerco logra salir y da&ntilde;ar los cultivos vecinos, la mujer se queja de la hechura del cerco diciendo: 'Qu&eacute; &iquest;no fue un hombre quien hizo este chiquero?'" Tambi&eacute;n est&aacute; la referencia al consejo que le da una madre a su hijo: que no se case con una mujer m&aacute;s grande, porque si ella es mayor, no va a poder mandarla. Hacer un chiquero, tener hijos, obligar a una muchacha a tener sexo como una forma de iniciar un matrimonio, mandar en la casa, son no s&oacute;lo acciones pr&aacute;cticas en s&iacute; mismas, con una l&oacute;gica de fines espec&iacute;ficos, sino que tambi&eacute;n pueden ser actuaciones frente al p&uacute;blico, formas de mostrar que se es un hombre ante los dem&aacute;s. Estas acciones son parte de las formas en que la masculinidad se construye socialmente, como un producto del monitoreo de los dem&aacute;s, e incluso en contra de los deseos inmediatos del mismo hombre sujeto a esta socializaci&oacute;n. El caso presentado en la introducci&oacute;n es paradigm&aacute;tico en este sentido. Se trata de un hombre casado que trabaja en la cl&iacute;nica y, por ello, aprendi&oacute; el uso de anticonceptivos y planificaci&oacute;n familiar. &Eacute;l quiere que su esposa use un dispositivo para no tener hijos sin planificaci&oacute;n; la esposa se queja y el caso llega hasta la asamblea, en la que el padre y el hermano de la esposa cuestionan a ese hombre como hombre por no querer tener hijos &#151;lo que implica que tal vez no sabe trabajar y mantenerlos, o que no pens&oacute; bien que el matrimonio es para eso&#151;. La asamblea, a solicitud de la esposa y su familia, es la que demanda a un hombre el ser hombre, el actuar como se espera que lo haga. Las expectativas de las personas y el temor a la mala actuaci&oacute;n, la sanci&oacute;n o la verg&uuml;enza son parte fundamental de la reproducci&oacute;n de las ideas acerca de qu&eacute; es ser un hombre. Es decir, no es la condici&oacute;n individual de una persona la que lleva a la construcci&oacute;n de un hombre, sino la interacci&oacute;n con los dem&aacute;s. La masculinidad es, entonces, un fen&oacute;meno relacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema es el del aprendizaje de esta masculinidad. Hacerse hombres no es una condici&oacute;n, sino un proceso que implica, incluso, un estado cambiante &#151;dir&iacute;a hasta incierta&#151; dependiendo de la actuaci&oacute;n de las personas en su trayectoria de vida y, m&aacute;s que eso, de su actuaci&oacute;n como hombre en cada momento. No hay una ventaja impl&iacute;cita en los bienes o condiciones de la masculinidad &#151;tierra, esposa o hijos, por ejemplo&#151;, sino que se hace, a partir de ellas, una buena actuaci&oacute;n, se representa adecuadamente el papel. La condici&oacute;n de hombre se gana &#151;&iquest;ganar es la palabra adecuada?&#151; con la forma en que se toma ventaja de las condiciones que la fundamentan &#151;propiedad, trabajo, aprendizaje del espa&ntilde;ol, conocimiento de otros lugares&#151; y se hace una buena actuaci&oacute;n frente a los dem&aacute;s al cumplir con las expectativas que del hombre se tienen. Un buen ejemplo de ello est&aacute; en la descripci&oacute;n que se hace de ciertas formas de matrimonio. En algunos casos, cuando la entrega de la novia ya acordada se retrasa desde la perspectiva del novio y su familia, o cuando hay necesidad de una mujer en casa para el trabajo dom&eacute;stico, el muchacho casadero es presionado para apurar el matrimonio. Una forma de hacerlo es lo que se llama 'jalar a la muchacha": esperar a la chica cuando vuelve del trabajo, aproximarse, tomarla del cabello largo y llevarla aparte para obligarla a tener sexo. El joven y su familia ser&aacute;n sujetos a sanciones por parte de la familia de ella y de las autoridades locales, pero aseguran que la muchacha se casar&aacute; con el joven y llegar&aacute; a la casa como nuera. El joven muestra con esta acci&oacute;n que sabe ser hombre, que ha aprendido a serlo, en una acci&oacute;n que, adem&aacute;s, es fundamental en la trayectoria del hombre que inicia un matrimonio. Pero esto no es un acto aislado porque su actuaci&oacute;n cotidiana est&aacute; sujeta a la vigilancia de los familiares y vecinos. Aunque, por ejemplo, se acepta que su autoridad puede conducirle a golpear a su esposa e hijos, est&aacute; siempre sujeto a la evaluaci&oacute;n de su actuaci&oacute;n: si es responsable o no, si pega con raz&oacute;n y no "de balde". Ser hombre es tener autoridad, pero debe usarla razonablemente de acuerdo con ciertos l&iacute;mites que est&aacute;n siempre en discusi&oacute;n. En general, estas acciones implican un aprendizaje y una evaluaci&oacute;n sociales; con ellas, los hombres se hacen y se reafirman &#151;o no&#151; casi cotidianamente. En ese sentido, el t&iacute;tulo del libro es afortunado: hacerse hombres cabales. El ser hombre es un proceso social, no una condici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tema m&aacute;s es el de la multiplicidad de representaciones de la masculinidad. El autor utiliza una perspectiva sobre el g&eacute;nero en la que, a pesar de hablar de un modelo de masculinidad, de hacerse hombres, se identifican tambi&eacute;n ciertas formas de manipular y de cuestionar esa idea aparentemente dominante. La idea dominante, de alguna manera ya esbozada, es sintetizada en la noci&oacute;n de hombres cabales: saber pensar, saber actuar, saber trabajar, saber ser responsable, saber representar, saber pegar y castigar. Nuevamente, el caso del aprendiz de ayudante de m&eacute;dico, conocedor de los anticonceptivos y reproductor de un discurso sobre la paternidad responsable, es un buen ejemplo de estos cuestionamientos y de estas reinterpretaciones de hacerse hombres. Dos casos m&aacute;s, presentados tambi&eacute;n en el libro, resultan interesantes y ampl&iacute;an la visi&oacute;n de los mecanismos fallidos de la imposici&oacute;n de un modelo de masculinidad. Lipe es un hombre casado con hijos y con tierra, es decir, tiene un capital como hombre; sin embargo, no ha representado el papel de hombre adecuadamente, no act&uacute;a como hombre ni parece preocuparse por aprender c&oacute;mo hacerlo ni por la vigilancia de los dem&aacute;s. Parece m&aacute;s bien evadir &#151;no cuestionar&#151; el modelo de masculinidad dominante. Por ello, es un hombre despechado, hecho a un lado y sujeto a burlas por parte de los dem&aacute;s. Incluso enfrentaba una amenaza de ser expulsado del pueblo porque, adem&aacute;s de no saber ser hombre, confirmaba su fallo al hacer peque&ntilde;os hurtos de ma&iacute;z en las milpas de los vecinos, mostrando as&iacute; que era harag&aacute;n y que no pod&iacute;a mantener a su familia por s&iacute; mismo. Otro caso es el de Tino, un joven que fall&oacute; al jalar a la muchacha con la que quer&iacute;a iniciar un proceso de matrimonio, urgido en parte por sus propios padres, que necesitaban una mujer en casa. Tino hizo todo lo prescrito, pero la muchacha logr&oacute; escapar de &eacute;l. Por ello, el joven elabor&oacute; un argumento que permitiera explicar ese fallo que cuestiona la "naturalidad" de la masculinidad: s&oacute;lo una intervenci&oacute;n sobrenatural pod&iacute;a explicar esa actuaci&oacute;n fallida: la mujer hizo brujer&iacute;a y le quit&oacute; la fuerza que necesitaba para consumar su acci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las acciones, entonces, no siempre llevan a la confirmaci&oacute;n de la masculinidad de un hombre en particular, sino que pueden, por el contrario, ridiculizar o avergonzar a los participantes. Al mismo tiempo, estas acciones podr&iacute;an llevar, en algunos casos, a cuestionar en s&iacute; mismos los modelos de masculinidad esperados. Podr&iacute;amos decir, agregando al argumento del autor, que la masculinidad no es s&oacute;lo un modelo finito, sino tambi&eacute;n un objeto de reflexi&oacute;n y de entendimiento que se produce y cuestiona en una arena de disputa por lo que significa ser hombre. En s&iacute;ntesis, la masculinidad, de acuerdo con este an&aacute;lisis, no es una condici&oacute;n, sino un proceso; no es individual, es referencial en el contexto de las interacciones cotidianas; y no es unilineal, sino de m&uacute;ltiples dimensiones, disputada, y a veces reelaborada. Es, por todo ello, una construcci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, el estudio de Mart&iacute;n L&oacute;pez constituye un an&aacute;lisis de la condici&oacute;n social de la masculinidad &#151;y del g&eacute;nero&#151;. Pero, m&aacute;s all&aacute; de eso, nos propone una perspectiva relacional, de proceso y multidimensional de la masculinidad. M&aacute;s que confirmar la presencia &#151;casi evidente&#151; de una distinci&oacute;n masculino/ femenino, los casos permiten un adentramiento en los complejos mecanismos de su reproducci&oacute;n a partir de la colaboraci&oacute;n y vigilancia social, la socializaci&oacute;n/ aprendizaje y la actuaci&oacute;n/representaci&oacute;n. Es decir, la masculinidad es el resultado no de mecanismos autom&aacute;ticos de repetici&oacute;n, sino de otros que implican un trabajo de colaboraci&oacute;n y de competencia permanentes entre las personas involucradas en la interacci&oacute;n, incluidas las mujeres; es resultado de una vigilancia continua y de un aprendizaje cotidiano que se dan de frente y en referencia a los otros m&aacute;s inmediatos. Es, entonces, un proceso social: se aprende a ser hombre en la interacci&oacute;n. Al mismo tiempo es relacional pues depende, no de los individuos en sus trayectorias personales, sino de los v&iacute;nculos y las competencias con los otros implicados en los diversos escenarios de la vida cotidiana: la casa, la calle, el trabajo, el matrimonio, la procreaci&oacute;n, el viaje, etc&eacute;tera. El joven aprende a ser hombre y usa las habilidades aprendidas paulatinamente para posicionarse como tal en distintos espacios, como la asamblea, la organizaci&oacute;n religiosa o pol&iacute;tica o el trabajo. La masculinidad es, finalmente, multidimensional porque se produce en distintos escenarios y se combina con elementos como el parentesco, la edad o la propiedad, entre otros. Es tambi&eacute;n de muchas dimensiones pues, a pesar de que se producen modelos o ideas dominantes acerca de lo que debe ser un hombre, tambi&eacute;n hay formas fallidas de alcanzar el reconocimiento como hombres, como en el caso del joven que fall&oacute; al raptar a la muchacha como una forma de casarse con ella y que debi&oacute; buscar explicaciones razonables para explicar el fallo &#151;y evitar as&iacute; el cuestionamiento y la verg&uuml;enza p&uacute;blica&#151;. Tambi&eacute;n hay formas de evasi&oacute;n o de ostracismo frente a los modelos dominantes a pesar de su costo en burla y exclusi&oacute;n, o tambi&eacute;n est&aacute;n los casos de aquellos que tienen informaci&oacute;n diferente sobre alg&uacute;n elemento de la actuaci&oacute;n como hombres, por ejemplo de la paternidad, y que confrontan de manera directa las vigilancias y los condicionamientos colectivos acerca de lo que es ser un hombre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Hacerse hombres cabales</i> es un libro que nos hace pensar en la dimensi&oacute;n social del g&eacute;nero y que presenta informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica adecuada e interesante. Estudios de este tipo permitir&iacute;an una m&aacute;s completa aproximaci&oacute;n a la dimensi&oacute;n del g&eacute;nero como categor&iacute;a fundamental de la diferenciaci&oacute;n social, de la actuaci&oacute;n y del cuestionamiento de las relaciones cotidianas de poder. Nos acerca, adem&aacute;s, a las incertidumbres que en estas comunidades rurales viven los j&oacute;venes casaderos, las solteras, las nueras, los ni&ntilde;os y los que aprenden cosas nuevas sobre la paternidad, la educaci&oacute;n o el trabajo. &iquest;Qu&eacute; ocurre con las j&oacute;venes que ahora deciden ir a la universidad, o no tener hijos o no casarse?, &iquest;o con aquellos j&oacute;venes que quieren s&oacute;lo uno o dos hijos? &iquest;Qu&eacute; ocurre con los que no quieren tomar alcohol y buscan m&aacute;s educaci&oacute;n y menos trabajo agr&iacute;cola? Seguramente se puede enriquecer esta perspectiva sobre el g&eacute;nero, sobre la construcci&oacute;n social de la masculinidad, con estudios que se acerquen a este tema en otras condiciones y localidades, en donde se pueda evaluar, por ejemplo, la presencia de iglesias que promueven el control natal o desprecian el alcoholismo, o de centros de educaci&oacute;n superior que estimulan a los j&oacute;venes a mantenerse en la educaci&oacute;n profesional y a postergar la paternidad y el matrimonio. Esperamos, entonces, m&aacute;s estudios sobre masculinidad que nos permitan ampliar la mirada sobre los procesos diversos de hacerse hombres en el M&eacute;xico contempor&aacute;neo.</font></p>      ]]></body>
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