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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La gran serpiente cornuda: Indios de Chiapas, no escuchen a Napoleón]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Secci&oacute;n</font><font face="verdana" size="4"> Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Laughlin, Robert, 2002, <i>La gran serpiente cornuda. Indios de Chiapas, no escuchen a Napole&oacute;n</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Lourdes Herrasti Maci&aacute;</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Programa de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Mesoam&eacute;rica y el Sureste, UNAM, M&eacute;xico.</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Egresada de la Maestr&iacute;a en Ciencias Sociales y Human&iacute;sticas CESMECA&#45;UNICACH</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este sugerente t&iacute;tulo, Robert Laughlin nos introduce en un documento que resulta singularmente extra&ntilde;o e interesante: una proclama firmada en 1812 por el Duque del Infantado y dirigida a los habitantes de ultramar con la orden de ser traducida a las lenguas nativas. Con ella se convoca a los pueblos ind&iacute;genas a mantener la lealtad a la Madre Patria y a no dejarse seducir por las fuerzas de Napole&oacute;n, quien ocupaba tierras espa&ntilde;olas y era la imagen misma del mal y la traici&oacute;n, por lo que se le personificaba, entre otras cosas, como a una "serpiente cornuda". M&aacute;s all&aacute; de lo interesante que resulta el an&aacute;lisis de un documento como la proclama mencionada, lo que desde mi punto de vista el autor ofrece es lo que ha sido, despu&eacute;s de la Conquista y a lo largo de nuestra historia, el encuentro con "el otro": el ind&iacute;gena con el espa&ntilde;ol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si su quehacer como antrop&oacute;logo y su conocimiento de la lengua permitieron a Rober Laughlin (autor del <i>Diccionario Tzotzil de Zinacant&aacute;n</i> publicado por el <i>Smithsonian Institute</i> en 1975) realizar un magn&iacute;fico an&aacute;lisis y sacar de este singular documento todo el jugo posible, su enorme sentido del humor hizo que este libro, adem&aacute;s de ser interesante para acad&eacute;micos y especialistas orientados al estudio de las relaciones entre M&eacute;xico y Espa&ntilde;a en aquel momento de la historia, fuera tambi&eacute;n fascinante y divertido; el autor nos permite participar en la sorpresas que le causan sus descubrimientos y las numerosas citas en ning&uacute;n momento hacen que el texto sea farragoso, pues Laughlin va entretejiendo detalles de todo tipo que completan el panorama. As&iacute; encontramos datos sobre las preocupaciones de las autoridades, los tormentos de los diputados, las infidelidades de los integrantes de las Cortes de C&aacute;diz o las debilidades del "Pr&iacute;ncipe de la Paz", Manuel de Godoy y &Aacute;lvarez de Faria. Tambi&eacute;n hay informaci&oacute;n sobre Chiapas, ya sea sobre la rebeli&oacute;n ind&iacute;gena en Chamula, durante el siglo XVIII, o sobre la compra, por parte de la elite de San Crist&oacute;bal, de la mayor parte del &aacute;rea norte para establecer fincas cafetaleras y ranchos ganaderos en el siglo XIX, o sobre la manera en que Vict&oacute;rico Grajales orden&oacute; la quema de santos en las plazas de cada pueblo y prohibi&oacute; el habla de las lenguas ind&iacute;genas; y por supuesto, se habla tambi&eacute;n sobre la rebeli&oacute;n zapatista. Diversos son los episodios de este recuento de horrores con los que han violados los derechos humanos de los ind&iacute;genas, tanto por acci&oacute;n como por omisi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro mantiene a los lectores en permanente estado de seducci&oacute;n al presentar, como dice Robert Laughlin, este "teatro del absurdo" por medio del cual podemos, entre otras cosas, observar con claridad la forma en que Espa&ntilde;a ve&iacute;a a los habitantes ind&iacute;genas de ultramar y, por otra parte, las enormes similitudes en el ejercicio de la pol&iacute;tica y sus estrategias en aquel tiempo y en la actualidad, a pesar de que nos separan muchos a&ntilde;os. La lectura del texto genera claridad acerca de la forma en que, durante La Colonia, se dio el encuentro con el "otro" y, al mismo tiempo, genera m&uacute;ltiples interrogantes sobre la pol&iacute;tica indigenista de hoy y sobre los cambios (o ausencia de ellos) que han tenido lugar en el encuentro con el "otro".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Localizar el documento fue el principio de la aventura que inici&oacute; Robert Laughlin en 1980. Una versi&oacute;n mecanografiada de la Proclama de 1812 hab&iacute;a sido donada al <i>Smithsonian Institute</i> en 1930 por el <i>Bureau of American Ethnology.</i> Cuando lleg&oacute; a manos de Laughlin, &eacute;l puso manos a la obra para buscar el original; se fue a Espa&ntilde;a con su familia y pas&oacute; por bibliotecas y hemerotecas sin encontrarlo. Posteriormente estableci&oacute; contacto con los descendientes del Duque del Infantado con la esperanza de que, por haber firmado &eacute;ste el documento, ellos conservaran un ejemplar. Al hurgar en estos papeles, Robert Laughlin s&oacute;lo encontr&oacute; varias menciones de la Proclama y corrobor&oacute; que hab&iacute;a sido elaborado por De Mosquera. Y ni Laughlin mismo supo con certeza qu&eacute; lo llev&oacute; a regresar una vez m&aacute;s a la Biblioteca del Congreso, tomar un libro al azar y encontrar finalmente el documento. &Uacute;nicamente le faltaba la traducci&oacute;n al tzotzil; fue en los archivos episcopales de San Crist&oacute;bal de Las Casas, a su regreso a Chiapas, donde entre bancas rotas, p&uacute;lpitos abandonados y estantes llenos de tomos antiguos, en un segundo piso al que subi&oacute; a escondidas para mirar por el ojo de la cerradura, su b&uacute;squeda qued&oacute; completa al haber encontrado la traducci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para hablar de la proclama, Robert Laughlin comienza haciendo un planteamiento sobre el momento que viv&iacute;a Espa&ntilde;a y todos los enredos entre Carlos IV, el Pr&iacute;ncipe de la Paz, Mar&iacute;a Luisa de Parma y su reto&ntilde;o Fernando, quien finalmente inici&oacute; su gobierno como "El Deseado", para convertirse tiempo despu&eacute;s en "Pepe Botella". Fueron momentos de grandes intrigas, pues con la invasi&oacute;n al territorio espa&ntilde;ol, Napole&oacute;n hab&iacute;a provocado el nacimiento de las guerrillas y la guerra de resistencia. Contin&uacute;a el planteamiento con la descripci&oacute;n de C&aacute;diz, puerto comercial amurallado, donde se reunieron espa&ntilde;oles y representantes del Nuevo Mundo para elaborar una nueva Constituci&oacute;n. As&iacute;, el autor nos habla de los efectos pol&iacute;ticos y sociales que tuvo la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz de este lado del oc&eacute;ano, en Per&uacute;, Guatemala y por supuesto M&eacute;xico. Sin embargo, a pesar de que "el le&oacute;n ten&iacute;a al &aacute;guila francesa entre los dientes", exist&iacute;a el temor por el futuro de Espa&ntilde;a y de sus colonias, y se ve&iacute;a la necesidad de alertar a los habitantes del reino con el fin de conservar la soberan&iacute;a nacional y evitar que se generara el apoyo para el "Luzbel" Napole&oacute;n, quien curiosamente alentaba a las colonias a buscar su independencia. Una vez con el panorama completo, Laughlin aborda la proclama, producto de un movimiento patri&oacute;tico alentado por la visi&oacute;n de un liberalismo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico al que, adem&aacute;s, se sum&oacute; un nacionalismo rom&aacute;ntico. Por &uacute;ltimo, el autor analiza la traducci&oacute;n de la proclama, sin dejar de preguntarse sobre la identidad del traductor, posiblemente un fraile que agreg&oacute;, <i>de su ronco pecho,</i> cuanta imagen crey&oacute; conveniente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La proclama, aunque firmada por el Duque del Infantado, fue elaborada por Joaqu&iacute;n De Mosquera y Figueroa, patriota colombiano que antes de llegar a la regencia hab&iacute;a desempe&ntilde;ado varios cargos en el Virreinato de la Nueva Espa&ntilde;a y hab&iacute;a actuado como visitador en Caracas. De Mosquera ten&iacute;a un puesto importante en la regencia y cuando el Duque sal&iacute;a a combates &eacute;l se quedaba al frente de &eacute;sta. Antes de la proclama de 1812, De Mosquera ya hab&iacute;a acudido a la estrategia de las cartas a los s&uacute;bditos que viv&iacute;an del otro lado del oc&eacute;ano, ya para recordarles que, junto con los espa&ntilde;oles, formaban una misma familia, ya para convocarlos a que "renazcan las dulces ideas de la fraternidad y la uni&oacute;n", o para que volvieran los ojos a la "Madre Patria que no os echar&aacute; en olvido", o bien para solicitar venganza contra Napole&oacute;n, el "d&eacute;spota m&aacute;s furioso y vengativo". Pero ninguna de las misivas tuvo la distinci&oacute;n de llegar a Am&eacute;rica con la instrucci&oacute;n espec&iacute;fica de ser traducida e impresa en las lenguas del reino. En la proclama, el Duque del Infantado, regente de las cortes, pide a los ind&iacute;genas lealtad y, a cambio, promet&iacute;a no s&oacute;lo prosperidad, sino felicidad. La Proclama de 1812 fue traducida en Huitiup&aacute;n posiblemente, considera el autor, por un fraile que agreg&oacute; de su propia cosecha un vocabulario apocal&iacute;ptico y la llen&oacute; de im&aacute;genes del Antiguo Testamento. La traducci&oacute;n es una mezcla de tzeltal y tzotzil, posiblemente porque el lugar donde se realiz&oacute;, norte de Chiapas, era paso para muchos ind&iacute;genas de ambas etnias y se pretend&iacute;a que todos pudieran entender la proclama.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los agregados aparece precisamente la imagen de Napole&oacute;n, que da t&iacute;tulo al libro, como una "serpiente cornuda", con el fin de representar toda la maldad de este "codicioso monstruo (...) imagen de la traici&oacute;n y el enga&ntilde;o". Sin embargo, el traductor no consider&oacute; demasiado lo que podr&iacute;a o no significar el t&eacute;rmino localmente, o confi&oacute; en que los trescientos a&ntilde;os de conquista hubieran cambiado el significado de los s&iacute;mbolos. Como para cualquier espa&ntilde;ol, la serpiente ten&iacute;a un signo negativo y produc&iacute;a un temor m&iacute;tico. En el Pa&iacute;s Vasco se la representaba dormida en las oquedades de los Pirineos y, como en el resto de Europa, aparec&iacute;a siempre junto a la culebra y el drag&oacute;n en todos los bestiarios imaginados. Pero adem&aacute;s el traductor agreg&oacute; unos cuernos, asociados con el diablo, de acuerdo con el pensamiento judeocristiano. Cabe considerar que esta imagen no tuviera la misma significaci&oacute;n para los ind&iacute;genas meso&#45;americanos, quienes hab&iacute;an reverenciado durante varios siglos a la serpiente cubierta de plumas como s&iacute;mbolo de vida y divinidad. Esta representaci&oacute;n aparece en el tiempo de los olmecas junto con la imagen del ma&iacute;z. La sabidur&iacute;a que se le atribuye recuerda incluso al dios griego del conocimiento. Y sobre los cuernos, a pesar de que la referencia no es tan clara, Laughlin menciona que en alg&uacute;n momento apareci&oacute; en el mundo maya este dios&#45;serpiente, Kukulkan, con cuernos, posiblemente &#151;agrega&#151; como la fusi&oacute;n de un mito ancestral maya con otro con significaci&oacute;n no de maldad, sino de combate, llegado desde el "viejo continente", amalgamado a su vez con tradiciones no cristianas mucho m&aacute;s antiguas. No podemos olvidar que los cuernos tambi&eacute;n remit&iacute;an (y a&uacute;n lo hacen) a ese animal fabuloso que es el toro, s&iacute;mbolo f&aacute;lico de la fecundidad masculina y de la fuerza (por algo Dionisio, Alejandro Magno e incluso Mois&eacute;s aparecen portando toros); los cuernos estaban presentes en el altar de los sacrificios del pueblo israel&iacute; y son amuleto e imagen de la abundancia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro trata, como dice el autor, de una "divertida pero triste historia de la mirada pol&iacute;tica que el gobierno tiene sobre los ind&iacute;genas desde hace ya 200 a&ntilde;os", que nos ayuda a explicar la conquista despu&eacute;s de La Conquista, algunos de sus m&eacute;todos, de sus estrategias, de su mirada, y c&oacute;mo a&uacute;n hoy permanecen vigentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece absurdo que los ind&iacute;genas pudieran estar interesados en las preocupaciones que atormentaban a los diputados en las Cortes de C&aacute;diz; en este mundo tan distante no s&oacute;lo geogr&aacute;ficamente, sino simb&oacute;licamente, de la vida y de los afanes ind&iacute;genas. Pero causa especial extra&ntilde;eza y curiosidad pensar, en el caso de que realmente se haya le&iacute;do la proclama (pues de eso no se tiene certeza), la reacci&oacute;n y la forma de percibir todas las im&aacute;genes que ah&iacute; se encuentran y que hablan de Napole&oacute;n como un enga&ntilde;ador, un anticristo que declara ser due&ntilde;o del Universo, como la revelaci&oacute;n de las fuerzas del mal, como el demonio dirigido por Sat&aacute;n, como un drag&oacute;n, mientras que a Fernando VII se le reconoce como el sustituto de Dios en la tierra, el Salvador heroico que ama y protege a sus "hijos los indios". La mirada espa&ntilde;ola, con sus intenciones y su verbo manipulador, gener&oacute; un discurso apto posiblemente para campesinos espa&ntilde;oles, en el que se encontraba algo de lo que los criollos quer&iacute;an escuchar y las autoridades eclesi&aacute;sticas promover, pero nada que realmente tuviera que ver con lo que los ind&iacute;genas pudieran a&ntilde;orar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La proclama implica el reconocimiento de algunos hechos y el desconocimiento de otros. Hay, en principio, claridad acerca del fracaso de un proyecto educativo que hubiera permitido a los ind&iacute;genas, despu&eacute;s de rescien&#45;tos a&ntilde;os, conocer el espa&ntilde;ol. Paralelamente, permanece la certidumbre de que las lenguas ind&iacute;genas contin&uacute;an en uso permanente en una gran parte del pa&iacute;s. Hay un reconocimiento tambi&eacute;n de que la elite ind&iacute;gena no era un camino de comunicaci&oacute;n con el resto de sus cong&eacute;neres pues, como dice J. P. Sartre: "se les hab&iacute;a marcado con hierro candente los principios de la cultura occidental, eran mentiras vivientes que no ten&iacute;an nada que decir a sus hermanos" (en el pr&oacute;logo al libro de Franz Fanon, <i>Los condenados de la tierra).</i> La proclama de 1812 evidenciaba tambi&eacute;n el desconocimiento de lo que se viv&iacute;a en los pueblos ind&iacute;genas, pues parece absurda la simple propuesta de que los ind&iacute;genas pudieran estar interesados en los conflictos de los europeos y en tomar partido por alguno de ellos. Este &uacute;ltimo punto posiblemente no es tan absurdo si consideramos que, a pesar de la distancia con la corona y sus quehaceres, el temor estribaba en que el Capit&aacute;n General de la Provincia de Guatemala "y su compa&ntilde;ero del alma el arzobispo", representantes de la oligarqu&iacute;a y sumamente conservadores, pudieran tener una influencia en las localidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto al tono de la proclama, independientemente del florido lenguaje que la adorna hay, por supuesto, una amenaza velada; pero es principalmente una proclama benevolente y predomina la idea de protecci&oacute;n a los s&uacute;bditos y una oferta descabellada que ofrece prosperidad y "felicidad" para los pueblos indios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo curioso es que, a lo largo del texto, irremediable y continuamente viene a la mente la similitud entre esta Proclama de 1812 con el acontecer pol&iacute;tico de la actualidad. La misma relaci&oacute;n: una enorme distancia cultural entre unos marginados e ind&iacute;genas y otros, poderosos y educados en los principios de la cultura occidental. Similar situaci&oacute;n de hambre y pobreza, y los mismos protagonistas: el Gobernador, el Obispo, la autoridad eclesi&aacute;stica m&aacute;s conservadora, los l&iacute;deres militares y los diputados son los que toman las decisiones. Las estrategias tambi&eacute;n son las mismas: el equilibrio entre amenaza y promesa que a&uacute;n hoy se repiten desde el poder, todos los d&iacute;as, ya sea desde el p&uacute;lpito en los templos cat&oacute;licos, evang&eacute;licos o de cualquier denominaci&oacute;n, en la escuela, en la casa y, por supuesto, en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, tanto en tiempos de campa&ntilde;a como en la cotidianeidad de la vida. Cabe recordar que durante el conflicto zapatista el Gobierno se mostr&oacute; dispuesto a castigar severamente a los ind&iacute;genas que hab&iacute;an trastornado el orden p&uacute;blico y, simult&aacute;neamente, a darles la oportunidad de entregarse al considerar que, sin ser malas personas, eran guiados por la ignorancia y el temor a cabecillas ajenos a sus intereses. El autor nos recuerda que esta mezcla de amenaza y promesa fue utilizada en Chamula en 1869, cuando el Gobierno mexicano emiti&oacute; otra proclama en la que dec&iacute;a que: "los pueblos todos de Indios sublevados", se ofrec&iacute;a el perd&oacute;n si se entregaban y, en caso contrario, se les amenazaba con la muerte de ellos y sus familias: "si huyen padecer&aacute;n y luego vendr&aacute; la muerte, si huyen no podr&aacute;n cuidar sus sementeras y no tendr&aacute;n que comer. Como lo que quieren es injusto todos los santos est&aacute;n enojados y por esos se cay&oacute; La Iglesia de Chamula. Los cabecillas est&aacute;n enga&ntilde;&aacute;ndolos. El presidente est&aacute; enojado y dice va a mandar soldados para acabar con ustedes. Vengan y presenten sus armas". Esta proclama contrasta con el tono de benevolencia de la de 1812, pues la amenaza est&aacute; mucho m&aacute;s velada, pero tiene mensajes extra&ntilde;amente similares a los enviados, en la d&eacute;cada de los noventa, al Ej&eacute;rcito Zapatista.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n encontramos, en la Proclama de 1812, el mismo &aacute;nimo utilitario que sugiere promesas descabelladas e incumplibles, como el ofrecimiento de felicidad, caminos, hospitales, educaci&oacute;n y abundantes cosechas que se olvidan una vez resuelto el conflicto o ganada la campa&ntilde;a. Como dice Robert Laughlin, era "un informe de gobierno excepto por la falta de estad&iacute;sticas". Y si al principio fue necesario que corriera mucha sangre y la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena disminuy&oacute; tanto que hubo que traer negros para ayudar en los trabajos, para el momento de la Proclama de 1812 esta arrogancia se hab&iacute;a convertido en manipulaci&oacute;n abierta, en amenaza velada, en una recomendaci&oacute;n de un superior a un inferior. Imponer una mirada no deja de ser una guerra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero adem&aacute;s de las promesas es necesario denostar al contrincante. Si Napole&oacute;n era una "serpiente cornuda", Felipe Calder&oacute;n utiliz&oacute; im&aacute;genes igualmente distorsionadas para combatir a L&oacute;pez Obrador cuando, mientras uno abrazaba ancianos y besaba ni&ntilde;os, el otro aparec&iacute;a amenazante y desquiciado; la amenaza roja que nos llevar&iacute;a al comunismo a ultranza. Persiste la creencia de que el futuro depende de una sola persona, ya sea de un malvado o de un salvador, como lo fue Fernando VII en su momento. Tambi&eacute;n encontramos el mismo manejo de la informaci&oacute;n no para que el mundo ind&iacute;gena tuviera acceso a ella, sino para permitir la manipulaci&oacute;n. La Proclama de 1812 es entonces, finalmente, una muestra de la antigua pr&aacute;ctica de la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica, presente incluso, durante la conquista en la alianza de espa&ntilde;oles con tlaxcaltecas. Es el mismo conflicto donde los ind&iacute;genas se encuentran atrapados entre la Iglesia, el Estado y su deseo de mantener una identidad propia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prevalece sobre todo la misma mirada de los europeos de aquel tiempo, convencidos de su superioridad frente a los indios. Dicha mirada se trasluce, como se puede ver en la proclama, como un trato a los ind&iacute;genas como si fueran menores de edad o ignorantes. Y tambi&eacute;n es el mismo cogollo del conflicto. Igual ocurri&oacute; en 1812, en 1778 en Chamula y en 1994 en Los Altos, por nombrar tres momentos clave de la historia. Es una mirada que desconoce al "otro" y no tiene idea de con qui&eacute;n habla. Pero si la mirada proyectada al mundo americano desde Espa&ntilde;a puede entenderse, la de quienes viv&iacute;an cerca de los indios y compart&iacute;an su lengua es m&aacute;s sorprendente. El responsable de la traducci&oacute;n, con su lenguaje florido, tampoco parece haber entendido nada sobre este otro mundo, y su proclama nos habla m&aacute;s de un personaje trasnochado, de una realidad de entonces y de ahora. El "otro", el ind&iacute;gena, no se conoce ni se reconoce. La distancia cultural con frecuencia parece insalvable. Eran (y siguen siendo) dos mundos que pertenec&iacute;an a culturas y a tiempos distintos, y queda la impresi&oacute;n de que no encontraron puntos de contacto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es, en resumen, un libro que habla de la incapacidad y falta de inter&eacute;s por entender y respetar al "otro"; actitudes que permanecen en la Colonia despu&eacute;s de trescientos a&ntilde;os de convivencia y que est&aacute; presente hoy, despu&eacute;s de doscientos a&ntilde;os de independencia y a pesar de que la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena suma varios millones de personas. Antes y ahora, en las relaciones que se sostienen, ya sea desde el poder central o los peque&ntilde;os poderes locales, no hay la disposici&oacute;n a ver al "otro", sino de valerse de &eacute;l, de utilizarlo, de imponerle una forma de ver. Una lamentable p&eacute;rdida en todos los sentidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kapuscinski, en su libro <i>Encuentro con el otro,</i> se pregunta sobre los caminos para poder acercarse a quien tiene otra fe, un sistema de valores distinto, diferentes costumbres y tradiciones y otra cultura. Estos encuentros, dice, permiten diversas reacciones, como abalanzarse con ferocidad, generar guerras y conflictos; tambi&eacute;n es posible pasar frente al "otro" con indiferencia, aislarse para evitar el contacto, pero finalmente cabe la posibilidad de intentar conocer y comprender al "otro" y dar lugar a esta experiencia b&aacute;sica y universal. Lamentablemente, desde La Conquista, durante La Colonia y hasta hoy en d&iacute;a, en M&eacute;xico las relaciones entre el poder y los ind&iacute;genas se han caracterizado por el etnocentrismo, por la convicci&oacute;n de la superioridad del europeo, quien abandonaba su tierra s&oacute;lo por las ventajas de la conquista y el negocio, pero no para conocer a los habitantes de otras tierras. Son relaciones te&ntilde;idas de arrogancia y desd&eacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace quinientos a&ntilde;os los espa&ntilde;oles se preguntaban si los nativos de esta tierra tendr&iacute;an alma, pero el posterior reconocimiento de "la humanidad del ind&iacute;gena" no modific&oacute; mucho su situaci&oacute;n. Someter, colonizar y dominar son acciones que contin&uacute;an repiti&eacute;ndose a pesar que, desde La Ilustraci&oacute;n, se reconoci&oacute; que el individuo no blanco y no cristiano, "ese ser monstruoso que tanto difiere de nosotros", es tambi&eacute;n un ser humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha escrito mucho sobre la necesidad de poner en pie de igualdad a todos los seres humanos, mucho se ha hablado de la tolerancia, pero las autoridades siguen actuando como lo hicieron los espa&ntilde;oles en 1812 y eso, como dice Kapuscinski, habla del fracaso del ser humano por "su incapacidad de entenderse con los otros, de meterse en su piel, pone en tela de juicio su bondad y su inteligencia".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Kapuscinski agrega algo esperanzador. Aunque el proceso transcurre en medio de dificultades, d&iacute;a con d&iacute;a crece el n&uacute;mero de comunidades que adquieren y acrecientan un sentimiento de su propio valor, de su importancia; aumenta la convicci&oacute;n para no permitir que se les trate como objeto. Y, en medio de todo, lo que encontramos es la lucha entre la corriente modernizadora de uniformar la realidad; y la contraria, de preservar las diferencias.</font></p>     ]]></body>
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