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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La inteligencia rebelde. La izquierda en el debate público en México, 1968-1989]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Carlos Illades, <i>La inteligencia rebelde. La izquierda en el debate p&uacute;blico en M&eacute;xico, 1968&#45;1989</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge Vel&aacute;zquez Delgado* </b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Oc&eacute;ano, 2012, 250 p.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2">* <i>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Iztapalapa</i>. <a href="mailto:ficinos08@gmail.com" target="_blank">ficinos08@gmail.com</a></font>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El grave problema de la izquierda latinoamericana en general, pero en particular de la mexicana, radica en la incapacidad que ha mostrado por reconocer y reconocerse en sus propios l&iacute;mites expresados a trav&eacute;s de su larga y compleja trayectoria hist&oacute;rica, en la que cabe todo: mitos, leyendas e infinidad de an&eacute;cdotas, desde las m&aacute;s agudas narraciones en las que se tienen m&uacute;ltiples cr&oacute;nicas de sus haza&ntilde;as y derrotas, hasta los an&aacute;lisis m&aacute;s serios y conspicuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, <i>La inteligencia rebelde...</i> resulta un interesante trabajo de reconstrucci&oacute;n que adopta por eje tem&aacute;tico el importante debate de la izquierda mexicana durante los a&ntilde;os previos a lo que es, sin duda alguna, su m&aacute;s grave y sentida derrota: la ca&iacute;da del comunismo. De esta manera se puede hacer un preciso corte hist&oacute;rico a trav&eacute;s del cual se narra la reflexi&oacute;n de la experiencia vital de las generaciones que vivieron en aquellas d&eacute;cadas; mismas que, para quienes crecimos y maduramos asimilando dicha experiencia, quedaron en nuestra memoria como los <i>a&ntilde;os maravillosos</i> del corto siglo xx; pero tambi&eacute;n, indudablemente, como los <i>a&ntilde;os duros.</i> Esto por la capacidad represiva del r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano, en su innegable participaci&oacute;n y colaboraci&oacute;n en la guerra sucia, como lo que &eacute;sta fue y signific&oacute; para miles de activistas y militantes pol&iacute;ticos de la izquierda latinoamericana: pr&aacute;cticamente la cancelaci&oacute;n de la democracia y de todo eventual proceso democr&aacute;tico en <i>nuestra Am&eacute;rica.</i> Estos a&ntilde;os de sangre y plomo definen las heridas profundas que han llevado sobre sus espaldas esas generaciones que nunca mostraron apat&iacute;a por la reflexi&oacute;n, la imaginaci&oacute;n y el debate cr&iacute;tico, pues, de alguna manera, lo que estaba en el centro de la discusi&oacute;n era el modo de asumir la violencia como parte innegable de los diversos imaginarios pol&iacute;ticos que sellaron la suerte y destino de dichas generaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es muy cierto que la izquierda se instituye en la realidad mexicana como parte del profundo anhelo de justicia, libertad, igualdad y democracia. Se habla aqu&iacute; de una particular continuidad hist&oacute;rica que, respondiendo a sus oscilaciones &#151;las cuales no son m&aacute;s que las de la propia historia en su compleja imbricaci&oacute;n, esto es, respondiendo a factores end&oacute;genos y ex&oacute;genos&#151; se liga estrechamente con el humanismo de la Colonia, con las tesis liberales de la Independencia, pero sobre todo con el liberalismo decimon&oacute;nico, que encuentra en Benito Ju&aacute;rez su m&aacute;s significativa y trascendente figura hist&oacute;rica. Sin embargo, con el anarquismo de los hermanos Flores Mag&oacute;n y con la Revoluci&oacute;n mexicana (1910&#45;1917), se producen las expresiones m&aacute;s radicales de la tradici&oacute;n libertaria e igualitaria mexicana. Por tanto, no es casual que lo que debati&oacute; la izquierda intelectual del periodo 1968&#45;1989, haya sido la Revoluci&oacute;n mexicana, en sus or&iacute;genes, principios, efectos, alcances, as&iacute; como sus l&iacute;mites hist&oacute;ricos e ideol&oacute;gico&#45;pol&iacute;ticos. Exist&iacute;a, pues, una agenda dom&eacute;stica para establecer una discusi&oacute;n de largo alcance y fuertes repercusiones sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es esto lo que Carlos Illades quiere mostrar al analizar el debate de lo que &#151;en esa amplia coyuntura hist&oacute;rica&#151; la llamada <i>inteligencia rebelde</i> asumi&oacute; como el norte de la reflexi&oacute;n y acci&oacute;n pol&iacute;tica de aquellos a&ntilde;os. Por otro lado, deja pendiente el compromiso de analizar la izquierda actual y sugiere que para tal proposito es esencial tomar como punto de referencia 1989.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar es necesario entender que indudablemente la izquierda ha sido y es parte de la <i>raz&oacute;n p&uacute;blica.</i> Su presencia es, por lo mismo, m&aacute;s que testimonial. Por esa raz&oacute;n, es evidente que trasciende dicho l&iacute;mite una vez que los m&aacute;s graves problemas nacionales son analizados con un fuerte y responsable sentido cr&iacute;tico. En este sentido, se podr&iacute;a sostener que la izquierda funda y desarrolla un pensamiento que no tiene sosiego. Este simple y fundamental hecho permite su reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica, de acuerdo con la necesaria y urgente cuesti&oacute;n de estudiar sus propias inquietudes y experiencias, sin que por ello deje de ser parte de una fuerza social que establece propuestas y alternativas a los  graves y profundos problemas de la sociedad. Dichos problemas, independientemente de ser ignorados por el impenetrable r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano, responden a la vez a los grandes cambios hist&oacute;ricos que modelan y templan el clima hist&oacute;rico, el cual, al parecer, implica cambiar de ropajes, abandonando con ello principios y valores que forjan la a&ntilde;eja tradici&oacute;n cultural y pol&iacute;tica de dicha fuerza hist&oacute;rica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hacer esto motiva a pensar que la izquierda es tambi&eacute;n un duro y s&oacute;lido bloque monol&iacute;tico incapaz de renovarse y ajustar teor&iacute;a y pr&aacute;ctica a los nuevos tiempos. Sin embargo, lo que en &uacute;ltima instancia la distingue de otras fuerzas pol&iacute;ticas es que no todos est&aacute;n dispuestos a renunciar completamente a lo que supone asumir el compromiso hist&oacute;rico por promover un cambio fundamental y, de ser posible, radical para nuestra sociedad. Por ello, una cosa es verse obligada a reformular constantemente sus t&aacute;cticas de lucha, y otra muy diferente renunciar a la concepci&oacute;n sobre la urgente necesidad de cambiar o modificar sustancialmente el r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano, con el fin de establecer los cimientos de la futura cultura pol&iacute;tica sustentada en la tesis socialista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante se&ntilde;alar que toda esa izquierda a trav&eacute;s de sus m&uacute;ltiples ramificaciones, pero sobre todo como parte indiscutible de la mentalidad moderna, contin&uacute;a siendo el punto de referencia axial, el cual, por medio de la conciencia que se adquiere en la historia reciente de la lucha de clases (en el &aacute;mbito global, nacional o regional), constituye la subjetividad de una impresionante cantidad de activistas, militantes, simpatizantes e intelectuales, quienes se identifican y asumen como parte de ella. Algunos de ellos son simples pasajeros temporales, mientras que otros abren m&aacute;s su biograf&iacute;a personal y conservan dicha identidad por un tiempo m&aacute;s prolongado. Tal vez, los menos son los que luchan toda la vida: los llamados <i>imprescindibles.</i> Desde este punto de vista, es posible detectar que gran parte de quienes formaron la <i>inteligencia rebelde</i> nominalmente pertenecen a tal estirpe, otros simplemente fueron devorados por el sistema.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, de acuerdo con el corte hist&oacute;rico establecido por Illades, las dos d&eacute;cadas comprendidas por la inteligencia rebelde fueron a&ntilde;os de agitada lucha pol&iacute;tica, tanto te&oacute;rica como pr&aacute;ctica, en la cual lo urgente era redefinir las grandes coordenadas de la subjetividad en referencia a los grandes cambios y convulsiones de la historia. No se trataba, como se ha mencionado, de simples cambios de ropajes o de abandonar todo en un pol&eacute;mico voluntarismo racionalista, adecu&aacute;ndose todo a las volubles y desp&oacute;ticas circunstancias, al capricho imprescindible de la astuta Historia. A fin de cuentas, la cuesti&oacute;n en aquellos a&ntilde;os, como en estos tiempos, no era ni es aparentar ser de izquierda, pues en esos a&ntilde;os todos o casi todos presum&iacute;an serlo. La cuesti&oacute;n sigue siendo c&oacute;mo mantenerse frente al naufragio, sin asumir acr&iacute;ticamente la penuria de la derrota. O, peor</font> <font face="verdana" size="2">a&uacute;n, ser arrastrado por los estridentes cantos de sirena que ofrece el atractivo de convertirse o ser convertido en un nuevo tipo de&nbsp;intelectual org&aacute;nico, que ofrece pluma y cabeza al detestable y, al parecer, eterno r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano.&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para explicar la izquierda mexicana es necesario remontarse a sus or&iacute;genes &#151;tarea imposible de realizar dada su larga y extensa historia, de aqu&iacute; la importancia de se&ntilde;alar los l&iacute;mites de lo que se quiere narrar desde una v&aacute;lida reconstrucci&oacute;n historiogr&aacute;fica&#151;. De este modo y s&oacute;lo como referencia para dar sentido al debate analizado, Carlos Illades advierte la importancia de marcar el papel central que desempe&ntilde;&oacute; la historiograf&iacute;a liberal en la cultura pol&iacute;tica mexicana en su doble despliegue hist&oacute;rico real; es decir, como fuerza pol&iacute;tica y social de corte liberal, y como fuerza pol&iacute;tica y social conservadora. Dichas fuerzas, unificadas o separadas, han establecido</font> <font face="verdana" size="2">y establecen las coordenadas de lo que piensan debe ser el modo de desarrollo de la sociedad mexicana en su inevitable incrustaci&oacute;n con el proceso mundial de acumulaci&oacute;n capitalista. Frente a dichas fuerzas, la identidad de la izquierda se templa a trav&eacute;s de las diversas expresiones de su praxis pol&iacute;tica, con el prop&oacute;sito de incidir, de este modo, en contener o dar otro sentido a los modelos de desarrollo econ&oacute;mico que se implementan en la sociedad mexicana. As&iacute;, la historia de la izquierda mexicana es la de una cuestionable paradoja, pues al ser un interlocutor privilegiado, en la que el pensamiento siempre est&aacute; en movimiento, su suerte no pasa de ser el desd&eacute;n y el ninguneo por parte del poder pol&iacute;tico en este deleznable r&eacute;gimen.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/sh/v16n32/a8i1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para lograr su objetivo, Illades hace depender su an&aacute;lisis del corte hist&oacute;rico ya referido, con el agregado de se&ntilde;alar que la comprensi&oacute;n del debate se reduce, en este caso, exclusivamente a tratar a las tres revistas de izquierda m&aacute;s simb&oacute;licas y representativas de aquellos tormentosos, pero &#151;parad&oacute;jicamente&#151; alegres a&ntilde;os. Dichas revistas fueron: <i>Historia y Sociedad, Coyoac&aacute;n</i> y <i>Cuadernos Pol&iacute;ticos.</i> En ellas se podr&aacute; encontrar al amplio elenco que constituy&oacute; ese sector de intelectuales de aquella ya vieja izquierda mexicana, pero, sobre todo, c&oacute;mo fueron analizados y debatidos los grandes problemas y tem&aacute;ticas de dichos a&ntilde;os. Recordemos que, de alguna manera, esa izquierda, ese sector de la intelectualidad mexicana, representa los a&ntilde;os previos a la derrota. Independientemente de lo que hoy se piense de la misma o de los caminos que cada uno de esos intelectuales adopt&oacute;, lo relevante y significativo es que fueron, qui&eacute;rase o no, los representantes ideol&oacute;gicos de un emblem&aacute;tico e imprescindible colectivo pol&iacute;tico y social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por decirlo de la manera m&aacute;s sint&eacute;tica posible, lo relevante de este grupo es el esfuerzo mostrado para comprender la realidad mexicana en su imprescindible e inevitable dinamismo. Recordemos que fueron a&ntilde;os de intensos cambios hist&oacute;ricos en los cuales, como reza la met&aacute;fora, todo terminaba por ser volatizado en el aire, pero a una velocidad de rel&aacute;mpago. Nunca se tuvo sosiego y el pensamiento debi&oacute; correr al ritmo de los acontecimientos, modificando sustancialmente la teor&iacute;a. Por ello, fueron a&ntilde;os de intensa y provocativa creaci&oacute;n que deber&iacute;a compartir el momento hist&oacute;rico con las m&aacute;s diversas e imaginativas expresiones de lucha y resistencia pol&iacute;tica. Sin embargo, lo m&aacute;s representativo del pensamiento que expuso esa intelectualidad fue, de acuerdo con Illades, intentar poner freno a los excesos del r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano, queriendo con ello realizar lo imposible: cambiar y poner l&iacute;mites al autoritarismo pri&iacute;sta. Esto se pretend&iacute;a lograr a trav&eacute;s del desarrollo de una muy vieja y conocida f&oacute;rmula: democratizar a la sociedad mexicana como a la propia izquierda y que esta &uacute;ltima abandonara, a su vez, los excesos manifestados a trav&eacute;s de sus identificadas pr&aacute;cticas estalinistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe recordar que en aquellos a&ntilde;os cobr&oacute; particular significado la guerrilla que compet&iacute;a con los resabios hist&oacute;ricos del viejo romanticismo socialista, montado a&uacute;n en clave decimon&oacute;nica. En todo caso, lo verdaderamente importante que queda como lecci&oacute;n, incluso para estos tiempos, es dejar de hacer <i>pol&iacute;tica a la mexicana.</i> Pr&aacute;ctica que, en su hibridaci&oacute;n con la experiencia del estalinismo, corre el riesgo de potencializarse de manera exponencial; pues para este mundo no hay nada peor que un bur&oacute;crata o pol&iacute;tico elevado al cuadrado. Para los j&oacute;venes de aquellos tiempos como para los de ahora, las v&iacute;as de participaci&oacute;n pol&iacute;tica eran sumamente reducidas y quedaban limitadas a pr&aacute;cticas poco atractivas, al menos desde cierto punto de vista ideol&oacute;gico y pol&iacute;tico que enfatiza la urgencia de un cambio profundo de la &eacute;tica pol&iacute;tica. Escapar de la "perversa pol&iacute;tica a la mexicana" es excluirse o reconocerse en la impunidad, el clientelismo, la corrupci&oacute;n y un largo etc&eacute;tera. De alg&uacute;n modo lo que expone este debate es la relevancia que adquiere en esas luchas la cuesti&oacute;n moral de quienes forman ese colectivo pol&iacute;tico social. Pero tambi&eacute;n se trataba de abandonar el refugio de las universidades o ser parte de la amplia fila de quienes s&oacute;lo vieron como profetas de los nuevos tiempos a Octavio Paz y a Jos&eacute; Revueltas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Insisto, las alternativas eran m&aacute;s que limitadas, generando vac&iacute;os imposibles de llenar, los cuales al final generaban ciertas condiciones para un mejor despliegue del nihilismo. &Eacute;ste era asumido a partir de diversas pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, las cuales iban desde la m&aacute;s cuestionable indiferencia, el inmovilismo, el anarquismo hasta la comprometida militancia y activismo pol&iacute;tico por medio de la construcci&oacute;n de nuevas pr&aacute;cticas organizativas, incluyendo las de orientaci&oacute;n militar. No olvidemos lo que sostiene Illades: en aquellos a&ntilde;os todo era posible, incluso la revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el autor habla del paisaje pol&iacute;tico mexicano previo a la derrota, de aquellos a&ntilde;os alegres, dram&aacute;ticos e insospechadamente tr&aacute;gicos, como qued&oacute; demostrado en M&eacute;xico en el 68, con el "halconazo", Vietnam y con el golpe de Estado en Chile. Lo que el historiador nos quiere advertir es que debe tomarse en serio esta dura pero invaluable lecci&oacute;n de la historia, pensando a la vez el significado y sentido de la derrota, en el entendido de que la Historia no ha llegado a su fin. Y que la noche neoliberal debe ser asumida como un duro par&eacute;ntesis hist&oacute;rico, el cual, una vez anunciado su declive, va dejando una profunda estela de crisis y corrupci&oacute;n, permitiendo la entrada de nueva cuenta en el debate a la urgente cuesti&oacute;n del cambio social bajo una nueva perspectiva y horizonte hist&oacute;rico. Esto &uacute;ltimo permite reconocer el imprescindible valor de esta rica experiencia intelectual, medible conforme a los retos que hoy nos impone la historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, Illades observa agudamente que la izquierda padece una especie de proverbial desconfianza hacia quienes se asumen como sus intelectuales. Sin embargo, la relaci&oacute;n entre sus formas discursivas abiertas por estos intelectuales y su compromiso militante es lo que finalmente define el camino seguido bajo el amplio abanico de posibilidades que ofrece la realidad. Es desde la dimensi&oacute;n que adquiere esta compleja relaci&oacute;n donde mejor se aprecian y valoran las disidencias discursivas en las cuales cada quien trata de resolver una cuesti&oacute;n central: c&oacute;mo ser marxista despu&eacute;s de 1968 y mantenerse como tal luego de la derrota; c&oacute;mo ser marxista evitando caer en los intricados y seductores laberintos del poder, as&iacute; como en las trampas del desencanto posmoderno. Illades lo define como un modo de comprensi&oacute;n que ha sellado la mentalidad de las &uacute;ltimas generaciones de historiadores, lo cual no obliga a pensar que son producto de las generaciones que le interesa analizar. As&iacute;, lo que la historia se llev&oacute; no fue solamente los problemas que motivaron dicha reflexi&oacute;n, que, como se se&ntilde;ala, no se alejaba de la cuesti&oacute;n mundial y pon&iacute;a particular acento en comprender la situaci&oacute;n en el pa&iacute;s. Lo que se llev&oacute; fue, al parecer, la enjundia de una clase intelectual que se neg&oacute; a aceptar "que el mercado de la obediencia paga mejor".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto, todav&iacute;a hay mucho por decir sobre aquellos a&ntilde;os de activismo y militancia, sobre todo de los miles y miles de simpatizantes, activistas y militantes de a pie, no s&oacute;lo de quienes han sido se&ntilde;alados como sus principales representantes intelectuales. No obstante, en esta historia existe una clara conclusi&oacute;n, que consiste en se&ntilde;alar que la derrota fue de una dimensi&oacute;n mayor; es decir, fue parte de la <i>derrota hist&oacute;rica del trabajo.</i> Sobre esta aguda observaci&oacute;n se deben tejer los pr&oacute;ximos an&aacute;lisis acerca de lo realmente ocurrido en torno a la izquierda y sus intelectuales. Ser&iacute;a una reconstrucci&oacute;n de gran inter&eacute;s que podr&iacute;a mostrar que, en efecto, nadie estaba preparado para medir la "magnitud del meteoro neoliberal".</font></p>      ]]></body>
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