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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El centinela Insobornable: Algunas Fuentes y consecuencias del pensamiento de Antonio Caso]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Ezcurdia Corona y Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Prado, <i>El centinela Insobornable. Algunas Fuentes y consecuencias del pensamiento de Antonio Caso</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Laura Ang&eacute;lica Moya L&oacute;pez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Azcapotzalco/Almaqui Editores, 2012, 219 p.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Sociolog&iacute;a UAM&#45;Azcapotzalco</i> * <a href="mailto:laml10@yahoo.com">laml10@yahoo.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lleg&oacute; a mis manos una obra cuidada, profunda y que denota un amplio conocimiento de la producci&oacute;n filos&oacute;fica de uno de los m&aacute;s importantes intelectuales del siglo XX en M&eacute;xico. Por supuesto, me refiero al centinela insobornable que fue don Antonio Caso. Deseo realizar s&oacute;lo dos tipos de consideraciones, ambas ligadas al significado que tuvo para m&iacute; el acto de la lectura de este magn&iacute;fico libro: la primera se ubica en las coordenadas de estudio de la sociolog&iacute;a y de la historia de las ciencias sociales, en el recuerdo y olvido de las herencias intelectuales; y la segunda se refiere a los lectores contempor&aacute;neos de Antonio Caso, cuando <i>La persona humana y el Estado totalitario</i> fue publicado en 1941.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar me referir&eacute; a la lectura de los sucesores de Antonio Caso. Una de las preguntas que constantemente nos hemos planteado quienes nos dedicamos a la escritura de la historia, a la sociolog&iacute;a de las ciencias sociales y en general a la recuperaci&oacute;n de legados intelectuales, es &iquest;por qu&eacute; y para qu&eacute; recuerdan? y &iquest;qu&eacute; olvidan de la fijaci&oacute;n de su pasado las comunidades disciplinares? Otra pregunta, no menos importante es &iquest;por qu&eacute; la recuperaci&oacute;n de obras seminales de importantes intelectuales como lo fue Antonio Caso, est&aacute;n predominantemente ligadas a los contornos sociales de un acto conmemorativo? Se editan obras completas, se elaboran profundas y s&oacute;lidas investigaciones como las realizadas por Hern&aacute;ndez Prado y Ezcurdia Corona, al publicar exitosamente <i>El centinela insobornable. Algunas fuentes y consecuencias del pensamiento de Antonio Caso.</i> Se preparan homenajes y se fijan peque&ntilde;os lugares de memoria al llamar con el nombre del afamado fil&oacute;sofo mexicano a calles, plazas, auditorios y hasta c&aacute;tedras. El problema es que, como producto de la reiteraci&oacute;n cotidiana de los nombres o la inmediatez de la emoci&oacute;n conmemorativa, estos actos, por su propia naturaleza, quedan muy lejos de la difusi&oacute;n de largo alcance de un autor y su obra. Siempre falta por comprender c&oacute;mo se producen la fijaci&oacute;n de legados, las tradiciones heredadas y su reinterpretaci&oacute;n o invenci&oacute;n en el presente, as&iacute; como la definici&oacute;n de algunas identidades intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura del libro de Hern&aacute;ndez Prado y Ezcurdia Corona me ha llevado a compartir con sus autores otras inquietudes. De ah&iacute; que si las preguntas anteriores pueden constituir un gran universo para la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, y en los terrenos de la sociolog&iacute;a nos preguntamos: &iquest;c&oacute;mo construyen su sentido de continuidad en el tiempo las comunidades cient&iacute;ficas y los p&uacute;blicos lectores?, es decir, &iquest;de qu&eacute; manera se establecen los v&iacute;nculos intelectuales con los antecesores, c&oacute;mo se reconocen, identifican y diferencian con sus contempor&aacute;neos y cu&aacute;les son los mecanismos de transmisi&oacute;n de los legados a las generaciones sucesoras?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cuestiones aparecen como tel&oacute;n de fondo de una preocupaci&oacute;n que atraviesa el coraz&oacute;n de <i>El centinela insobornable,</i> cuando en el "Pre&aacute;mbulo" y las "Reflexiones finales" los autores consideran que Antonio Caso ha sido un intelectual vanguardista, que ha permanecido ignorado y su obra ha sido mal comprendida en los contornos del proceso civilizatorio y de modernizaci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la lectura contempor&aacute;nea que Hern&aacute;ndez Prado realiz&oacute; de una parte sustantiva de la obra de Caso, ha considerado que en M&eacute;xico requerimos de un nacionalismo democr&aacute;tico como sustrato cultural para una recepci&oacute;n amplia y profunda del pensamiento dem&oacute;crata conservador, personalista y cristiano de Antonio Caso. Merece ser recordado por muy buenas razones, dice este coautor: por su defensa en favor de la libertad de pensamiento en las universidades de M&eacute;xico y de la libertad humana en el mundo, aunada a su consecuente reivindicaci&oacute;n de la democracia constitucional, electoral y representativa en contra de los reg&iacute;menes totalitarios que se perfilaron durante la segunda etapa de su vida intelectual y que amenazaban entonces con dominar el mundo: el socialismo sovi&eacute;tico y el nazismo alem&aacute;n. Yo le dir&iacute;a a Hern&aacute;ndez Prado que este sustrato cultural es d&eacute;bil por dos razones: una alude a creencias y valores d&eacute;bilmente arraigados en la cultura pol&iacute;tica mexicana. Me refiero a un c&oacute;digo liberal ciudadano y personalista como dir&iacute;a Antonio Caso, que permanece subsumido frente al predominio de pr&aacute;cticas clientelares, escasa orientaci&oacute;n de la acci&oacute;n a partir de la legalidad y la participaci&oacute;n ciudadana, y una profunda resistencia al reconocimiento del otro y sus argumentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe un segundo tipo de razones por las cuales el liberalismo humanista de Caso y sus fuentes, espl&eacute;ndidamente analizados por Hern&aacute;ndez Prado y Ezcurdia Corona, dif&iacute;cilmente han encontrado un mayor reconocimiento en la historia intelectual de M&eacute;xico y en la vida p&uacute;blica. Y en lo que estoy pensado es en razones que tienen que ver con la transmisi&oacute;n intergeneracional, de patrimonios de conocimiento. Este es el tipo de registro cultural en el que podr&iacute;amos ubicar esta obra. Existe para m&iacute; un problema de transmisi&oacute;n intergeneracional, de lectura del legado de Caso y, en consecuencia, un vac&iacute;o en la escritura de una historia efectual que articule su pensamiento con las interpretaciones posteriores de su obra y a la luz del horizonte de comprensi&oacute;n en el presente, sobre los dilemas que enfrenta el pensamiento filos&oacute;fico&#45;cultural en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se recuerda al fil&oacute;sofo, as&iacute; como a muchos otros intelectuales, como resultado de una brecha abierta entre el pasado en su calidad de fuente de orientaci&oacute;n en el presente y con un horizonte futuro, hoy marcado por el riesgo y las urgencias cotidianas. El olvido ha sido producto &#151;dicho en palabras de interlocutores de Caso como Medina Echavarr&iacute;a, el soci&oacute;logo del exilio espa&ntilde;ol&#151; de un vaciamiento de <i>historicidad,</i> no de historia, sino de <i>historicidad,</i> en la reflexi&oacute;n que opera en las ciencias sociales y en la filosof&iacute;a. Por esta raz&oacute;n y en t&eacute;rminos de nuestra experiencia contempor&aacute;nea de la temporalidad, se ha abierto a&uacute;n m&aacute;s la brecha entre espacio de experiencia y horizonte de expectativas, bajo el predominio de un r&eacute;gimen de historicidad muy presentista, que prolonga nuestra vivencia de un presente continuo en el que escasamente se recuerda e integra a los predecesores fundacionales en el &aacute;mbito de las ciencias sociales, la filosof&iacute;a, la historia y menos a&uacute;n en la vida p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es justamente en el marco de estas rupturas, en las correas de transmisi&oacute;n intergeneracional de legados intelectuales, en las que se ubican los m&eacute;ritos de <i>El centinela insobornable,</i> pues tiende un puente accesible y a la vez profundo entre la obra de Caso y las interpretaciones que se han realizado de su obra entre sus contempor&aacute;neos y sucesores: entre disc&iacute;pulos como Samuel Ramos, los contempor&aacute;neos como su colega y maestro Pedro Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a o el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Gaos. El puente tendido por Hern&aacute;ndez Prado y Ezcurdia Corona se une a las cadenas de sucesi&oacute;n existentes, tambi&eacute;n con otros estudiosos de la obra de Caso como Fernando Salmer&oacute;n, Rosa Krauze, Ra&uacute;l Cardiel, Juan Hern&aacute;ndez Luna y otros excelentes investigadores del movimiento atene&iacute;sta como Fernando Curiel, Javier Garciadiego, &Aacute;lvaro Matute, Rafael Moreno, Leonardo Mart&iacute;nez Carrizales o la propia Carmen Rovira. Las novedosas interpretaciones de Hern&aacute;ndez Prado y Ezcurdia Corona forman parte de esta cadena de lectura y resignificaci&oacute;n de su obra. Entre los m&eacute;ritos de este libro est&aacute; justamente re&#45;establecer nuestro v&iacute;nculo intergeneracional con el liberalismo humanista de Caso. En este terreno, me parece que tenemos una sustantiva aportaci&oacute;n en el &aacute;mbito de la historia cultural en nuestro pa&iacute;s. Queda pendiente para la sociolog&iacute;a de los textos explicarse los problemas derivados de las recepciones lentas, ausentes o interrumpidas de ciertas tradiciones intelectuales.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sh/v16n31/a7f.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, deseo referirme a otros lectores de la obra de Caso, m&aacute;s remotos, pero que nos transmiten claros testimonios sobre la recepci&oacute;n y lectura muy inmediata que tuvo el libro de Caso el cual es objeto de un riguroso an&aacute;lisis en <i>El centinela insobornable.</i> Me refiero a <i>La persona humana y el Estado totalitario</i> de 1941, obra que tuvo interlocutores feroces frente a los que el maestro <i>aguant&oacute;</i> &#151;estoicamente&#151; <i>vara.</i> En 1943, el Centro de Estudios Sociales de corta vida en El Colegio de M&eacute;xico, entonces encabezado por Alfonso Reyes, convoc&oacute; a un Seminario sobre la Guerra para discutir sus causas econ&oacute;micas, geopol&iacute;ticas y humanas, as&iacute; como las consecuencias previsibles y el problema de la recomposici&oacute;n del tejido social; las relaciones de Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina y la coexistencia de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos y dictatoriales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Convocaron los organizadores nada menos que a Jos&eacute; Iturriaga, V&iacute;ctor Urquidi, Daniel Cos&iacute;o Villegas, Vicente Herrero, Gilberto Loyo y al propio Antonio Caso. Entre la concurrencia se encontraban el d&iacute;a de la exposici&oacute;n de Caso, Jos&eacute; Medina Echavarr&iacute;a (organizador del seminario), Jos&eacute; Gaos, un ac&eacute;rrimo comunista como Ram&oacute;n Iglesia; Juan Roura Parella y tambi&eacute;n Alfonso Reyes. <i>La persona humana...</i> estaba reci&eacute;n publicado y a su autor se le pidi&oacute; que lo expusiera y que debatiera sobre las causas humanas de la guerra. Como buen conocedor de las pasiones humanas, el maestro Caso se refiri&oacute; a la soberbia, la ira y la envidia como aquel conjunto de emociones alejadas del alma, que desorganizan al mundo, cuando se intentaba justamente acomodarlo seg&uacute;n la pasi&oacute;n de uno. Bajo la tesis personalista, Caso defendi&oacute; la idea del hombre como mediador entre los valores eternos y su realizaci&oacute;n hist&oacute;rica; de ah&iacute; su cr&iacute;tica a la deificaci&oacute;n del Estado, tal y como se presentaba en el nacionalismo alem&aacute;n y el estado totalitario del comunismo, cuyo denominador com&uacute;n era el capitalismo de Estado, la anulaci&oacute;n de la libertad y de la persona humana. A don Antonio Caso le llovieron preguntas que respondi&oacute; desde su &uacute;nica trinchera, la personalista, y sin moverse de ella. Jos&eacute; Gaos, el fil&oacute;sofo transterrado, le se&ntilde;al&oacute; que hablar de causas humanas de la guerra apelaba a una naturaleza humana inmutable, propia de la tradici&oacute;n hist&oacute;rico&#45;filos&oacute;fica escol&aacute;stica y cristiana que cobijaba Caso. Si las pasiones eran el detonador de la conflagraci&oacute;n, &iquest;acaso no cabr&iacute;a preguntarse si su causa no ser&iacute;a otra pasi&oacute;n como podr&iacute;a ser el cansancio de la paz, el af&aacute;n de cambiar o las ganas de morir? La experiencia hist&oacute;rica individual e hist&oacute;rica, insist&iacute;a Gaos, exhib&iacute;a casos parad&oacute;jicos: la naturaleza humana era tan inmutablemente mudable que el hombre no pod&iacute;a dejar de mudar de la vida a la muerte, de la paz a la guerra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras tanto, Juan Roura Parella coincid&iacute;a con Caso en el sentido de que hab&iacute;a una serie de necesidades vitales y espirituales que satisfac&iacute;an al hombre en guerra, lo que remit&iacute;a a las etapas m&aacute;s tempranas de conformaci&oacute;n de la personalidad humana en la infancia; tambi&eacute;n a la estructuraci&oacute;n de las sociedades humanas en sus &eacute;pocas m&aacute;s primitivas y, en ambos casos, a las pulsiones de vida y muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que los &aacute;nimos se exaltaron por la b&uacute;squeda de diagn&oacute;sticos m&aacute;s pr&aacute;cticos y menos te&oacute;ricos sobre la guerra, Jos&eacute; Medina le preguntaba a Caso &#151;algo que seguramente Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Prado habr&aacute; escuchado una y otra vez cuando polemizan fil&oacute;sofos y soci&oacute;logos&#151;: Medina coincid&iacute;a con Gaos en el sentido de que dif&iacute;cilmente puede hablarse de una naturaleza humana permanente, o de los instintos de agresividad como sustratos profundos de la guerra. Medina le preguntaba a Caso por las condiciones que hac&iacute;an posible o har&iacute;an posible el personalismo. A&ntilde;os atr&aacute;s, Medina ya se hab&iacute;a referido a la crisis por la que atravesaba la filosof&iacute;a, despu&eacute;s de la primera posguerra al no penetrar en los problemas del mundo real, tal y como se presentaban en esa circunstancia. De ah&iacute; que el soci&oacute;logo Medina increpara al fil&oacute;sofo Caso al decirle que se sent&iacute;a aplastado por las ideas filos&oacute;ficas y que se conformar&iacute;a con la demostraci&oacute;n de la existencia de sistemas sociales que hac&iacute;an posible el personalismo y otros que simplemente lo tornaban imposible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya a punto del colapso, Ram&oacute;n Iglesia le coment&oacute; a Caso que su ponencia y reciente libro adolec&iacute;an del viejo defecto de toda concepci&oacute;n providencialista de la historia: los hechos siempre quedaban sin explicaci&oacute;n. La concepci&oacute;n providencialista era plenamente satisfactoria para el creyente, pero no para el hombre que aspiraba a comprender. El creyente como tal, dec&iacute;a Ram&oacute;n Iglesia, no aspira comprender, pues ello ser&iacute;a pecado de soberbia. El fil&oacute;sofo y el cient&iacute;fico, s&iacute; quer&iacute;an comprender. El problema del pensamiento de Caso era que ubicaba sus creencias en el centro de su interpretaci&oacute;n de la historia, de tal manera que los pecados del hombre pol&iacute;tico (la ira, la soberbia, la envidia) quedaban sublimados en los reg&iacute;menes totalitarios. Iglesia increpaba a Caso sobre la identificaci&oacute;n que estableci&oacute; entre fascismos y comunismo, bajo el denominador com&uacute;n de capitalismo de Estado. Esta denominaci&oacute;n hab&iacute;a sido un c&oacute;modo expediente para quienes no hab&iacute;an querido ver la novedad del comunismo y tambi&eacute;n para quienes hab&iacute;an querido encubrir que el fascismo era una forma de defensa del capitalismo. Dec&iacute;a Ram&oacute;n Iglesia: &iquest;por qu&eacute; si ambos <i>ismos</i> se acercaban tanto, las democracias de aqu&eacute;l tiempo no se acercaban y negociaban con la URSS?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caso <i>jal&oacute; parejo</i> y sostuvo tres ideas importantes: una, que el cristianismo era una religi&oacute;n cuyo reino no era de este mundo, en otras palabras, le dijo a Ram&oacute;n Iglesia que no hab&iacute;a entendido nada. Dos, que el capitalismo de Estado s&iacute; era el denominador com&uacute;n de dos reg&iacute;menes, uno racista y el otro clasista. A Medina le record&oacute; que el personalismo no era s&oacute;lo una teor&iacute;a filos&oacute;fica, sino que ya exist&iacute;an ensayos de construcci&oacute;n de una sociedad personalista y que los contornos de su planteamiento no eran metaf&iacute;sicos, sino que estaba discutiendo abiertamente sobre la vida social que mucho ten&iacute;a de metaf&iacute;sica. Finalmente, sostuvo la idea de que en los instintos b&eacute;licos s&iacute; existen ciertas disposiciones cong&eacute;nitas de la naturaleza humana que podr&iacute;an variar, pero no mucho, de ah&iacute; que la sociedades actuales eran todo menos coros de &aacute;ngeles, a pesar de tanta civilizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este registro de lectura de los contempor&aacute;neos de Caso y su obra, todav&iacute;a est&aacute; a la espera de un anclaje cultural eficaz entre nosotros, los sucesores generacionales del afamado fil&oacute;sofo, en un contexto que yo no llamar&iacute;a nacionalismo democr&aacute;tico, sino en el de una democracia eficaz, de sustrato liberal. Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Prado y Jos&eacute; Ezcurdia Corona nos lanzan magn&iacute;ficas interpretaciones para acercarnos a Caso y convertirlo de una vez por todas en un verdadero antecesor.</font></p>      ]]></body>
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