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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Brian Connaughton (coord.), <i>Religi&oacute;n, pol&iacute;tica e identidad en la Independencia de M&eacute;xico</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jes&uacute;s Hern&aacute;ndez Jaimes</b>*</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana/ Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, 2010, 594 p.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas Universidad Aut&oacute;noma de Tamaulipas</i> * <a href="mailto:jhjaimes@yahoo.com.mx">jhjaimes@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la crisis de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola y algunas de las novedades institucionales que de ella derivaron &#151;la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz y la supresi&oacute;n de la Inquisici&oacute;n&#151;, y debido a la insurgencia en la Nueva Espa&ntilde;a la religi&oacute;n se convirti&oacute; en motivo de discusi&oacute;n. A partir de ese periodo, sin duda revolucionario, sucedieron transformaciones significativas en las instituciones eclesi&aacute;sticas y en las pr&aacute;cticas religiosas, as&iacute; como en la manera de entender las mismas dentro del nuevo orden pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y cultural. La colecci&oacute;n de ensayos reunidos en este libro da cuenta de dicho proceso durante un vasto arco temporal que inicia en la segunda mitad del siglo XVIII 	 y se extiende a lo largo del XIX 	.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de suma importancia advertir que no es un libro acerca del papel de la Iglesia en el proceso pol&iacute;tico y militar que concluy&oacute; con la Independencia de M&eacute;xico, como se podr&iacute;a inferir del t&iacute;tulo. Se trata de trece estudios sobre los cambios que en ese contexto experimentaron las instituciones y pr&aacute;cticas religiosas, cuyas manifestaciones tuvieron ritmos, consecuencias, profundidades sociales y prolongaciones cronol&oacute;gicas diversas. Tambi&eacute;n es pertinente subrayar que, si bien la mayor parte de los procesos particulares analizados en cada texto tienen una relaci&oacute;n directa con los acontecimientos ocurridos entre 1810 y 1821, varios de ellos en realidad tienen una historia trans&#45;secular que permite rastrearlos desde el siglo XVIII 	 y seguirlos a lo largo de la centuria siguiente. En cierto sentido, se trata de un libro con una cronolog&iacute;a abierta, en la cual el momento de la Independencia es s&oacute;lo un mirador privilegiado para otear en diversas direcciones temporales y espaciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La rese&ntilde;a no seguir&aacute; el orden de los trece ensayos, sino el que, en mi opini&oacute;n, poseen los acontecimientos estudiados por su contribuci&oacute;n sustancial a la generaci&oacute;n o aceleraci&oacute;n de los dem&aacute;s sucesos. Desde esta perspectiva, me parece que los vaivenes que afectaron a la Inquisici&oacute;n constituyen un hito fundamental en la forma de pensar y vivir las pr&aacute;cticas religiosas de los hombres de aquellos y los siguientes a&ntilde;os. Esta cuesti&oacute;n es analizada por Gabriel Torres Puga en el art&iacute;culo "Las dos supresiones de la Inquisici&oacute;n de M&eacute;xico, 1813 y 1820". En &eacute;l calibra los complejos y contradictorios cambios que supuso la supresi&oacute;n. Se&ntilde;ala la imposibilidad de hacer compatible dicho tribunal, pese a los esfuerzos en ese sentido, con el emergente liberalismo. A fin de cuentas, recalca el autor, con la extinci&oacute;n definitiva de tan pol&eacute;mica instituci&oacute;n se agot&oacute; un modelo de catolicismo autoritario, el cual tuvo que resignarse a perder su capacidad de coacci&oacute;n de las expresiones que podr&iacute;an interpretarse como her&eacute;ticas, en un momento en que la exigencia de libertad de pensamiento resultaba ya inconciliable con el celeb&eacute;rrimo tribunal. Una vez derribado el dique, fue imposible acallar las discusiones de naturaleza pol&iacute;tica y teol&oacute;gica que en el pasado hab&iacute;an sido marginadas a la clandestinidad y contenidas con relativo &eacute;xito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la agon&iacute;a y desaparici&oacute;n de la Inquisici&oacute;n afloraron las pol&eacute;micas, otrora her&eacute;ticas, incluso entre los mismos ministros de la Iglesia. Es el caso del que se ocupa Alicia Tecuanhuey Sandoval, en su art&iacute;culo "Los hermanos Troncoso. La vocaci&oacute;n de dos curas por reformar la Iglesia mexicana". Seg&uacute;n nos refiere Tecuanhuey, entre la segunda jura de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz en 1820 y la proclamaci&oacute;n de la Independencia al interior de la Iglesia hubo debates en torno al papel que le correspond&iacute;a en el nuevo contexto. No faltaron quienes, como los hermanos Juan y Jos&eacute; Mar&iacute;a Troncoso, pidieran o al menos sugirieran una reforma radical de la estructura y ritualidad de la Iglesia, que entra&ntilde;aba una especie de retorno a la Iglesia primitiva. Sosten&iacute;an que no deb&iacute;a haber oposici&oacute;n entre religi&oacute;n y Estado, aunque cre&iacute;an que la primera deb&iacute;a estar al servicio de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese contexto de cambios pol&iacute;ticos e institucionales, la Iglesia tuvo serios aprietos para adaptarse a dichas veleidades, de modo que no pudo evitar caer en contradicciones, como ilustra Michel A. Polushin en su trabajo "Una modernidad protoconservadora, la moralidad neoescol&aacute;stica y la Iglesia en Chiapas". La instituci&oacute;n trat&oacute; de adecuar su discurso y funci&oacute;n al orden constitucional; luego se pleg&oacute; nuevamente a las exigencias de la monarqu&iacute;a absoluta. Al mismo tiempo, trat&oacute; de respaldar la campa&ntilde;a realista en contra de la insurgencia, hecho que supuso una politizaci&oacute;n del discurso, a contrapelo de la pol&iacute;tica ilustrada borb&oacute;nica de las d&eacute;cadas anteriores, la cual pretend&iacute;a acotar la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Iglesia. De ello nos habla Brian Connaughton.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Connaughton muestra el dualismo del discurso religioso contrainsurgente que tendi&oacute; a ver la rebeli&oacute;n como un proceso que atentaba contra la religi&oacute;n, la moral y no s&oacute;lo contra el orden pol&iacute;tico. El discurso estaba plet&oacute;rico de alusiones b&iacute;blicas y a la patr&iacute;stica. Desde esta perspectiva, el primer liberalismo tuvo un efecto similar que &#151;seg&uacute;n algunos hombres de aquellos a&ntilde;os&#151; ocasion&oacute; el mismo demonio cuando se rebel&oacute; en el para&iacute;so, ansioso de libertad con respecto a cualquier forma de autoridad. No pas&oacute; mucho tiempo para que la Iglesia tuviera que buscar acomodarse a la ret&oacute;rica liberal; primero con la segunda jura de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz y luego con la Independencia. En estos reajustes ret&oacute;ricos no pudo evitar que su legitimidad menguara y convertirse en blanco de la cr&iacute;tica, tanto desde adentro como desde afuera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Iglesia ten&iacute;a que defender la legitimidad realista y responder al discurso insurgente que insist&iacute;a no s&oacute;lo en un estricto apego a la doctrina cristiana, sino que presentaba a los realistas como enemigos del Rey y de la religi&oacute;n cat&oacute;lica. De ello habla Carlos Herrej&oacute;n Peredo, en su ensayo "Tradici&oacute;n, modernidad y los apremios del momento: <i>El Despertador Americano",</i> donde analiza el discurso insurgente y al cual atribuye un fundamento en la teolog&iacute;a natural, que permite embonarlo con el <i>iusnaturalismo,</i> pero sin romper con la tradici&oacute;n y la teolog&iacute;a revelada. Contra lo que algunos historiadores afirman &#151;a partir de una lectura equivocada del <i>Despertador Americano&#151;,</i> Herrej&oacute;n se&ntilde;ala que Hidalgo siempre fue un partidario de la Independencia y nunca proclam&oacute; la fidelidad a Fernando VII, como s&iacute; lo hizo Ignacio Allende.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La disputa propagand&iacute;stica entre insurgentes y realistas contribuy&oacute; a mermar la legitimidad de la Iglesia y a debilitarla. Una consecuencia &#151;pero tambi&eacute;n causa de este fen&oacute;meno&#151; fue la actitud que adoptaron los mismos cl&eacute;rigos ante la sublevaci&oacute;n. &Eacute;ste es el motivo de reflexi&oacute;n de Salvador Aguirre y Andrew Fisher. En su art&iacute;culo, "Ambig&uuml;edades convenientes. Los curas del arzobispado de M&eacute;xico frente al conflicto insurgente", Aguirre se ocupa menos de los ministros abiertamente partidarios de la insurgencia o de la causa realista y m&aacute;s de los llamados curas <i>neutrales</i> o <i>ambiguos.</i> Considera que esta neutralidad a menudo era m&aacute;s aparente que real, por ello y para una mejor comprensi&oacute;n sugiere dividir a los curas considerados como tales en al menos tres categor&iacute;as: pacifistas, simuladores y negociadores. Por su parte, Fisher, en el art&iacute;culo "Relaciones entre fieles y p&aacute;rrocos en la Tierra Caliente de Guerrero durante la &eacute;poca de la insurgencia, 1775&#45;1826", observa que hubo un resquebrajamiento de la legitimidad de los p&aacute;rrocos de la regi&oacute;n, lo cual se evidencia en los siguientes a&ntilde;os a 1821.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; con la religiosidad popular en un contexto de debilidad institucional y disminuci&oacute;n de legitimidad de la Iglesia cat&oacute;lica? Cuatro ensayos, con enfoques distintos, pero igualmente interesantes, se ocupan de la cuesti&oacute;n. Matthew D. O'Hara ("El capital espiritual y la pol&iacute;tica local: la Ciudad de M&eacute;xico y los curatos rurales en el M&eacute;xico central") sugiere que "el debilitamiento de la iglesia institucional durante la primera parte del siglo XIX 	 ofrec&#91;e&#93; una suerte de tregua contra los ataques a la religi&oacute;n popular del siglo XVIII 	, fortaleciendo el control laico de la vida religiosa e infundiendo nuevo vigor a las pr&aacute;cticas locales". En este tenor, analiza las disputas que tuvieron los p&aacute;rrocos con sus feligreses indios por los recursos antes destinados a financiar los costos del culto y que en muchos casos pasaron a manos de los ayuntamientos. Observa c&oacute;mo el nuevo marco e imaginario pol&iacute;tico min&oacute; la autoridad de los cl&eacute;rigos ante los indios, quienes utilizaron el lenguaje moderno para defender sus derechos, mientras que los primeros siguieron recurriendo al lenguaje tradicional. En su art&iacute;culo, "De la unanimidad al debate. La cultura religiosa de la &eacute;lite de Orizaba, 1765&#45;1834", David Carbajal L&oacute;pez estudia los cambios en las pr&aacute;cticas religiosas de las &eacute;lites orizabe&ntilde;as mediante el funcionamiento de sus cofrad&iacute;as, la fundaci&oacute;n de capellan&iacute;as y disposiciones testamentarias. Observa un cambio acentuado a partir de 1821, el cual atribuye al hecho de que la religi&oacute;n pas&oacute; de ser un acto de veneraci&oacute;n a uno de discusi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Margaret Chowning, en su art&iacute;culo "La feminizaci&oacute;n de la piedad en M&eacute;xico: g&eacute;nero y piedad en las cofrad&iacute;as de espa&ntilde;oles. Tendencias coloniales y poscoloniales en los arzobispados de Michoac&aacute;n y Guadalajara", destaca el incremento de la presencia activa de las mujeres en algunas formas de sociabilidad religiosa como las cofrad&iacute;as, pero sobre todo en la asociaci&oacute;n de la Vela Perpetua, fundada en 1840 en San Miguel de Allende, y que a la postre devendr&iacute;a en organizaci&oacute;n nacional. Muestra que la feminizaci&oacute;n de la fe estuvo acompa&ntilde;ada y propiciada por la desmasculinizaci&oacute;n, crisis y desaparici&oacute;n de las cofrad&iacute;as. Argumenta que ello se debi&oacute; a los cambios en el discurso &#151;concretamente a la difusi&oacute;n de los principios liberales, un tanto hostiles a esas formas de organizaci&oacute;n corporativas&#151;, as&iacute; como a la crisis econ&oacute;mica que afect&oacute; a las cofrad&iacute;as del centro de M&eacute;xico. De igual modo, se&ntilde;ala como causa y efecto de dicha feminizaci&oacute;n de la piedad, el surgimiento de nuevas formas seculares de sociabilidad masculina, como las logias mas&oacute;nicas, los clubes pol&iacute;ticos, las sociedades econ&oacute;micas y cient&iacute;ficas. En ellas se reprodujo la discriminaci&oacute;n de las mujeres, antes presente en las cofrad&iacute;as. Estas formas de sociabilidad secular compet&iacute;an con las de car&aacute;cter religioso, aunque su organizaci&oacute;n y algunas funciones fueran las mismas. Concluye que la Vela Perpetua propici&oacute; un papel m&aacute;s protag&oacute;nico de las mujeres dentro de la Iglesia, pues ya no estaban subordinadas a los hombres como en las cofrad&iacute;as. Incluso, algunos hombres que ingresaron a esa sociedad tuvieron que aceptar el liderazgo femenino, a pesar de que era un espect&aacute;culo "muy impropio y muy inconveniente", como dijo en 1887 el obispo de Guadalajara, Manuel Monsuri.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">William Taylor funge como abogado del diablo en su art&iacute;culo "Santuarios y milagros en la secuela de la Independencia mexicana", cuando se pregunta si de verdad surgieron nuevas pr&aacute;cticas de religiosidad popular despu&eacute;s de 1821 o s&oacute;lo se trat&oacute; de una continuidad sin el control del clero. Hace notar que, a partir de esa fecha, las autoridades civiles &#151;ya no la Iglesia ni la Inquisici&oacute;n&#151; tuvieron que encarar el problema de la excesiva credulidad del pueblo. Ello signific&oacute; una relajaci&oacute;n en el control de la ritualidad popular, lo cual podr&iacute;a generar la impresi&oacute;n de su revitalizaci&oacute;n, sin que necesariamente haya ocurrido as&iacute;. Sin embargo, concede que hay evidencias de que las &eacute;lites sociopol&iacute;ticas tuvieron especial inter&eacute;s en fomentar la consolidaci&oacute;n de ciertas devociones. El mejor ejemplo lo constituye el culto guadalupano, que si bien creci&oacute; por la politizaci&oacute;n de que fue objeto durante la guerra insurgente, despu&eacute;s de la Independencia se expandi&oacute; gracias a la promoci&oacute;n abierta o impl&iacute;cita que las &eacute;lites referidas llevaron a cabo, quiz&aacute; m&aacute;s que los mismos cl&eacute;rigos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos &uacute;ltimos ensayos se ocupan de un tema distinto, pero vinculado al tema central del libro: las secuelas econ&oacute;micas que sufri&oacute; la Iglesia a partir de 1810 y algunos cambios en su papel como actor econ&oacute;mico. Seg&uacute;n nos ilustra Juvenal Jaramillo M., en su texto "La econom&iacute;a decimal de la Iglesia de Michoac&aacute;n a finales del r&eacute;gimen colonial", en el obispado de Michoac&aacute;n el sistema de arrendamiento del cobro de los diezmos imperante hasta 1808 proporcion&oacute; ping&uuml;es ganancias al cabildo catedralicio de Valladolid. En &eacute;se y el siguiente a&ntilde;o hubo malas cosechas que afectaron la recaudaci&oacute;n. Luego vino la guerra que merm&oacute; significativamente los ingresos decimales porque tanto realistas como insurgentes echaron mano de dichos recursos. Al mismo tiempo, el deterioro de la planta productiva y el desorden administrativo tambi&eacute;n contribuyeron a menguar la recaudaci&oacute;n. Muchos arrendatarios dejaron de pagar la renta porque los mataron, otros huyeron y sus propiedades fueron saqueadas. La guerra abri&oacute; un espacio de poder para los militares realistas, que les permiti&oacute; intervenir en las rentas eclesi&aacute;sticas con el pretexto de la necesidad de recursos para combatir la insurrecci&oacute;n. La crisis recaudatoria se acentu&oacute; entre 1810 y 1814, pero para 1821 hay se&ntilde;ales de una clara recuperaci&oacute;n de la agricultura y de la recaudaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Francisco Javier Cervantes, "El dilema de las rentas eclesi&aacute;sticas en una era de cambio: Puebla <i>ca.</i> 1765&#45;1847", muestra la articulaci&oacute;n entre el capital eclesi&aacute;stico y el desarrollo del capitalismo en dicha ciudad. Esta relaci&oacute;n estuvo mediada por los mayordomos y administradores de los bienes de las instituciones eclesi&aacute;sticas, quienes estaban vinculados a menudo por lazos familiares con miembros del clero. Ellos eran los intermediarios entre las instituciones religiosas y los empresarios. De hecho, a veces las l&iacute;neas de parentesco inclu&iacute;an a todos los participantes en este proceso de financiamiento. En ocasiones, los mismos mayordomos incursionaban en el mundo de los negocios, gracias al papel referido y al acceso a los recursos eclesi&aacute;sticos. En suma, si bien sugiere mayor circunspecci&oacute;n de los eclesi&aacute;sticos en su papel como agentes financieros respecto al periodo colonial, muestra que encontraron los mecanismos para continuar con dicha funci&oacute;n, por dem&aacute;s necesaria para la actividad empresarial de esos a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espero haber mostrado en esta apretada s&iacute;ntesis &#151;la cual no hace justicia plena a la calidad de cada de uno de los trabajos&#151;, que se trata de un libro que tiene la rara virtud de poseer una columna vertebral clara y por dem&aacute;s interesante. Muestra los resultados de investigaci&oacute;n de historiadores con una trayectoria s&oacute;lida, combinados con los de algunos j&oacute;venes. Entrelaza la experiencia y sapiencia de muchos a&ntilde;os de trabajo de los primeros y la mirada fresca de los segundos sobre temas poco explorados del siglo XIX 	. Es un libro que ilustra, obliga a la reflexi&oacute;n, pero sobre todo deja abiertas muchas interrogantes para investigaciones en busca de autor acerca de los cambios en la religiosidad popular a lo largo del siglo XIX 	.</font></p>      ]]></body>
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