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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El tiempo de la libertad: La cultura política popular en Oaxaca, 1750-1850]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Peter Guardino, <i>El tiempo de la libertad. La cultura pol&iacute;tica popular en Oaxaca, 1750&#45;1850</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Brian Connaughton</b><sup>*</sup></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Oaxaca, Universidad Aut&oacute;noma Benito Ju&aacute;rez de Oaxaca/Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana Iztapalapa/El Colegio de San Luis/El Colegio de Michoac&aacute;n/Congreso del estado de Oaxaca, 2009.</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Iztapalapa, </i><sup>*</sup><a href="mailto:tani@xanum.uam.mx">tani@xanum.uam.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peter Guardino retoma en este libro acerca de Oaxaca una tem&aacute;tica ya trabajada en una obra previa sobre Guerrero: el nexo entre la cultura pol&iacute;tica de las elites y los grupos populares en el M&eacute;xico de los siglos XVIII y XIX. En su perspectiva en torno a Guerrero, el autor se acercaba a una regi&oacute;n mexicana singularmente connotada por sus confrontaciones pol&iacute;ticas a lo largo del siglo XIX e incluso en el XX.<sup><a href="#nota">1</a></sup> No obstante, me parece que la estructura de estas obras es radicalmente diferente. Para Guerrero, Guardino puso al centro del an&aacute;lisis la formaci&oacute;n del Estado&#45;naci&oacute;n mexicano y quiso mostrar que los campesinos de Guerrero participaron en la gesta nacional. Como muchos cre&iacute;an que el liberalismo decimon&oacute;nico en M&eacute;xico era eminentemente elitista y euroc&eacute;ntrico, parec&iacute;a dif&iacute;cil argumentar que era factible ligar a campesinos d&iacute;scolos a un proyecto nacional liberal. Pese a ello, cuando los liberales llegaron a la Ciudad de M&eacute;xico para desplazar a Antonio L&oacute;pez de Santa Anna en 1855, lo hicieron con la fuerza de los pintos &#151;soldados guerrerenses de Juan &Aacute;lvarez&#151;. El autor se dedic&oacute; a mostrar la historia previa de este fen&oacute;meno de acoplamiento de intereses campesinos &#151;bajo un liderazgo carism&aacute;tico&#151; al liberalismo mediante la "traducci&oacute;n" del federalismo liberal en una serie de metas precisas para los pueblos de Guerrero: menos impuestos, m&aacute;s ayuntamientos en mayor n&uacute;mero de pueblos, menos interferencia externa, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la obra acerca de Guerrero, Guardino entr&oacute; en un profundo debate sobre la participaci&oacute;n popular &#151;s&iacute; o no, o hasta qu&eacute; punto&#151; en la pol&iacute;tica mexicana del siglo XIX. No me cabe duda, a Guardino le encanta el debate y le fascinan los retos, as&iacute; que llev&oacute; la problem&aacute;tica a una regi&oacute;n muy distinta y le dio otro giro. En vez de poner mayor &eacute;nfasis en la formaci&oacute;n del Estado&#45;naci&oacute;n, privilegi&oacute; la cultura pol&iacute;tica. Se dedic&oacute;, adem&aacute;s, a contrastar dos puntos dis&iacute;miles dentro de la geograf&iacute;a oaxaque&ntilde;a: la ciudad de Antequera &#151;que con la Independencia se llamar&iacute;a Oaxaca&#151; y la Alcald&iacute;a Mayor, eventualmente Distrito de Villa Alta. La primera era epicentro de las redes comerciales que ligaban Oaxaca a fuerzas econ&oacute;micas m&aacute;s all&aacute; de la entidad. La segunda, un productor de mantas de algod&oacute;n, algo de grana cochinilla, poqu&iacute;sima miner&iacute;a de plata y mucha agricultura de subsistencia, cuyos nexos externos eran mayormente con la ciudad de Antequera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La formaci&oacute;n del Estado&#45;naci&oacute;n no desaparece de la obra, pero s&iacute; se subordina a la problem&aacute;tica de la pluralidad y los intereses dispares. No es preciso apostar todo al Estado&#45;naci&oacute;n para tener cultura pol&iacute;tica. Tampoco es preciso, o muchas veces posible, negarse a toda vinculaci&oacute;n con otros intereses para tener un proyecto pol&iacute;tico propio. La hegemon&iacute;a imperial espa&ntilde;ola, o incluso la hegemon&iacute;a liberal del Estado&#45;naci&oacute;n, no es de una sola pieza, sin pliegues o arrugas, sin discontinuidades. Prevalecer no s&oacute;lo implica imponer, sino ceder y conceder, entreverar intereses y no s&oacute;lo aplastar los ajenos. Sistemas legales, como el espa&ntilde;ol, tuvieron que abrir espacios para encauzar intereses encontrados y, al hacerlo, dieron pie a una larga y rica participaci&oacute;n de los subalternos en los instrumentos de gobierno. Traspasar instituciones civiles y religiosas de Espa&ntilde;a a Am&eacute;rica implic&oacute; poner cabildos gubernamentales, cofrad&iacute;as religiosas y met&aacute;foras pol&iacute;ticas al servicio de los dominados, y no s&oacute;lo extender los valores y modalidades de los dominadores. Gozar de los servicios y los impuestos pagados por las poblaciones americanas conllev&oacute; incluirlas en la concepci&oacute;n holista y patriarcal dominante para constituir metaf&oacute;ricamente el cuerpo pol&iacute;tico del reino. Pero al volverlos partes del cuerpo, entidades funcionales y corporativas dentro del &oacute;rgano vivo del Imperio, se les reconoci&oacute; una vitalidad propia y una justificaci&oacute;n si eran capaces de entenderla y aprovecharla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos 1 y 2 el autor ofrece una visi&oacute;n de la incorporaci&oacute;n y vivencia de la cultura pol&iacute;tica colonial por parte de los diversos grupos de la ciudad de Antequera y los ind&iacute;genas de Villa Alta. En la ciudad se articulaba la sociedad corporativa por medio del ayuntamiento, los gremios artesanales, las cofrad&iacute;as y la participaci&oacute;n en ceremonias tanto civiles como religiosas. Decretos y leyes &#151;que se pregonaban p&uacute;blicamente&#151; pretend&iacute;an involucrar a todos en las redes del poder p&uacute;blico. Sin embargo, la integraci&oacute;n de los miembros de la ciudad &#151;incluidos pueblos aut&oacute;nomos o semiaut&oacute;nomos que la urbe engull&iacute;a paulatinamente&#151; no era perfecta. Los grandes comerciantes resguardaban su honor y su separaci&oacute;n &eacute;tnica de la mayor&iacute;a de los habitantes, mientras los grupos populares se mezclaban mucho m&aacute;s libremente entre s&iacute;. Los cuerpos que pretend&iacute;an dar expresi&oacute;n y lograr la presencia de los diversos grupos en el todo corporativo no tuvieron una jerarqu&iacute;a vertical claramente delineada. Si bien las elites asum&iacute;an su car&aacute;cter &eacute;tnico espa&ntilde;ol como signo de superioridad, el autor no encuentra referencias raciales de importancia entre los dem&aacute;s grupos. Las elites viven en y del enlace entre lo local y lo supraregional, expresando un extra&ntilde;o desligue dentro del cuerpo pol&iacute;tico citadino. La religi&oacute;n y las funciones eclesi&aacute;sticas involucran a todos dentro de una visi&oacute;n patriarcal &#151;jer&aacute;rquica&#151; de una gran familia con el rey a la cabeza, pero simult&aacute;neamente prometen la igualdad cristiana de todas las almas. La mujer debe aceptar un lugar subordinado a los varones, salvo cuando &eacute;stos no cumplen su papel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 2, el autor profundiza su esfuerzo por desmontar la visi&oacute;n de una sociedad corporativa sin fisuras, al extender el an&aacute;lisis a los pueblos ind&iacute;genas de Villa Alta. Los profundos v&iacute;nculos que un&iacute;an a los miembros de pueblos fuertemente endog&aacute;micos ten&iacute;an su lado d&eacute;bil. La jerarqu&iacute;a patriarcal era subvertida parcialmente por disputas entre nobles de sangre y principales que ascend&iacute;an por el sistema de cargos. La aceptaci&oacute;n general de la obligaci&oacute;n de servicio comunitario topaba con la tendencia de unos cuantos a detentar los cargos m&aacute;s altos y obligar los dem&aacute;s a perdurar en los m&aacute;s bajos y rudos, soportando una parte mayor de los tequios comunales. Las elecciones para los cabildos exclu&iacute;an a la mayor&iacute;a de los hombres del voto y se descompon&iacute;an cuando fracciones que peleaban por el reparto de los cargos y obligaciones llevaban sus diferencias a los procesos electorales cada a&ntilde;o. Los acuerdos escritos para subsanar los desacuerdos subrayaban el ideal de unanimidad a la vez que dejaban testimonio gr&aacute;fico de persistentes confrontaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lejos de Antequera, Villa Alta se vinculaba a la capital provincial mediante el intercambio de productos comerciales, los sacerdotes de sus veinte parroquias y el alcalde mayor que resid&iacute;a all&iacute;. Los nexos eran complejos y el caso de los sacerdotes es particularmente ilustrativo. Todos los habitantes requer&iacute;an sus servicios, pero la presteza y el costo de los mismos causaban disputas. Los sacerdotes requer&iacute;an interlocutores locales ind&iacute;genas para sus enlaces, pero la duraci&oacute;n de estos ayudantes en sus cargos, su poder y pr&aacute;cticas pod&iacute;an ser disputados por los dem&aacute;s ind&iacute;genas y por los sacerdotes mismos. Los santos eran una fuerte proyecci&oacute;n de los valores cristianos que representaban los sacerdotes, pero los festejos locales y la identidad local que fomentaban pod&iacute;an escaparse del poder de aqu&eacute;llos y doblar su voluntad docente ante la contumacia o persistencia de los fieles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es tentador pensar en una ruda divisi&oacute;n entre la cultura citadina y la de los pueblos rurales de Villa Alta, pero Guardino nos previene contra una distinci&oacute;n tan contundente. La cultura pol&iacute;tica de Antequera y Villa Alta no eran id&eacute;nticas, sin embargo, compart&iacute;an nociones patriarcales, el lugar central de la figura del rey, su catolicismo mediado por los sacerdotes y la enorme importancia del sistema legal &#151;mejor documentado para Villa Alta que para Antequera por los muchos litigios llevados por los pueblos&#151;. Grupos de ind&iacute;genas letrados se encargaban de funciones gubernamentales y juicios legales para los pueblos. Servicios jur&iacute;dicos adicionales se adquir&iacute;an mediante la contrataci&oacute;n de abogados espa&ntilde;oles o la conminaci&oacute;n de los sacerdotes para orientar o representar a los pueblos en sus juicios. Los viajes a la residencia del alcalde mayor &#151;cada a&ntilde;o para la ceremonia de otorgamiento de varas de mando para los nuevos alcaldes, as&iacute; como la ida a Antequera para defender los intereses locales en lejanos litigios en la Audiencia virreinal&#151;, eran vinculaciones culturales y ejercicios de aprendizaje, como tambi&eacute;n lo eran las discusiones locales y preg&oacute;n de nuevas leyes. A&uacute;n los tumultos y amenazas de &eacute;stos ataban a los ind&iacute;genas de Villa Alta a la legitimidad del distante rey Borb&oacute;n, porque el rechazo a los abusos locales de poder se amparaba en la apelaci&oacute;n a la justicia &#151;pretendidamente di&aacute;fana&#151; del monarca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &eacute;nfasis de los pueblos en sus tradiciones como origen de sus derechos y pr&aacute;cticas, as&iacute; como la unanimidad que pon&iacute;an como ideal de la armon&iacute;a social, pusieron anclas dif&iacute;ciles de alterar al llegar los cambios borb&oacute;nicos y liberales, pero los pueblos estaban lejos de una paz inm&oacute;vil; no hubo homogeneidad entre todos sus miembros ni una actitud uniforme ante todos los aspectos de su vida y retos que encaraban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estas fisuradas sociedades corporativas de Antequera y Villa Alta entrar&iacute;an las Reformas Borb&oacute;nicas y luego las corrientes liberales del siglo XIX. Los resultados, como lo indica el autor, no podr&iacute;an ser simples r&eacute;plicas de los deseos de los reformadores de una estirpe y otra; deb&iacute;an representar las complejidades acumuladas por la historia en ambas entidades, a la vez que reflejar las pretensiones de las nuevas ideas y pr&aacute;cticas fomentadas mediante el discurso, las ceremonias, instituciones y modalidades pol&iacute;ticas in&eacute;ditas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guardino enfatiza el esfuerzo borb&oacute;nico por reconjugar la vida colonial en Oaxaca con la disminuci&oacute;n de los poderes corporativos de la Iglesia, los gremios y los pueblos indios, adem&aacute;s de un discurso orientado a la eficiencia econ&oacute;mica y la insistencia en leyes generales por encima de las costumbres diferenciadas. No obstante, resalta las cortapisas a esta nueva pol&iacute;tica en la implementaci&oacute;n: los bur&oacute;cratas locales no fueron siempre fieles transmisores de los ideales borb&oacute;nicos, el relativo declive de los v&iacute;nculos entre Villa Alta y los comerciantes de Antequera disminu&iacute;a el apremio citadino por transformar su <i>Hinterland</i>, y los subalternos pod&iacute;an evadir los esfuerzos gubernamentales por registrarlos y fiscalizarlos por origen sociorracial en Antequera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sustituci&oacute;n de la coacci&oacute;n econ&oacute;mica mediante el repartimiento forzoso de bienes y cr&eacute;dito por un r&eacute;gimen de intercambios libre en Villa Alta tropez&oacute; con la codicia del nuevo personal burocr&aacute;tico y la falta de convicci&oacute;n de que la libertad fuera efectiva para fomentar el comercio. La reforma eclesi&aacute;stica relacionada con los cobros por servicios religiosos fue aceptada y promovida mediante aranceles fijos por servicios espec&iacute;ficos emitidos por los obispos, pero los sacerdotes a menudo se inconformaron y los pueblos se dividieron entre grupos beneficiados y perjudicados. El esfuerzo por crear escuelas en todos los pueblos ind&iacute;genas tropez&oacute; con la insuficiencia de maestros urbanos, el nombramiento de maestros locales por los mismos cabildos ind&iacute;genas y un entorpecimiento del esfuerzo de castellanizaci&oacute;n y aculturaci&oacute;n por la falta de una divulgaci&oacute;n amplia de los textos cuyo uso se deseaba. Los cobros fiscales incrementados de la era borb&oacute;nica dependieron, asimismo, de los viejos cuerpos de gremios y pueblos indios para implementarse y bregaron contra un supuesto cambio inspirado en el individualismo, pero el limitante mayor de las Reformas Borb&oacute;nicas para transformar la cultura pol&iacute;tica, seg&uacute;n el autor, fue su elitismo pues restringi&oacute; a un selecto n&uacute;mero de administradores y aliados cercanos, el nuevo discurso y sus metas. Las Reformas Borb&oacute;nicas pretend&iacute;an implantar los cambios desde arriba, y no convencer e involucrar a los habitantes en los cambios desde abajo. De modo que quiz&aacute; las nuevas ideas se transmitieron cada vez m&aacute;s a trav&eacute;s de los muchos litigios de la &eacute;poca, a falta de otros medios efectivos de inclusi&oacute;n y diseminaci&oacute;n de los nuevos valores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, la segunda mitad de la obra se ocupa de medir la transformaci&oacute;n de la cultura pol&iacute;tica a partir de 1808 y la invasi&oacute;n napole&oacute;nica a Espa&ntilde;a. Un sistema centrado en el rey se encontr&oacute; repentinamente sin monarca por la truculencia bonapartista, el mismo sistema que incluso bajo el esfuerzo borb&oacute;nico por lograr la racionalizaci&oacute;n, eficiencia y &aacute;giles intercambios culturales y econ&oacute;micos no se ocup&oacute; de persuadir y convencer, ni tuvo medios efectivos para ello, pas&oacute; a una din&aacute;mica de debate y cambios veloces a nivel gubernamental. Con los ruidos en la cima de la estructura pol&iacute;tica, todas las fuerzas contendientes requer&iacute;an buscar y agenciarse el apoyo popular. La competencia por las lealtades, dinero y colaboraci&oacute;n b&eacute;lica de los habitantes introduc&iacute;a un nuevo elemento de igualdad en la sociedad estamental, muy por encima de las mudanzas de las d&eacute;cadas anteriores. Desde noviembre de 1812 hasta abril de 1814, las tropas de Jos&eacute; Mar&iacute;a Morelos y Pav&oacute;n ocuparon la ciudad de Antequera e implantaron su propio discurso eclesi&aacute;stico y civil, as&iacute; como ceremonias c&iacute;vicas y religiosas que auguraban quiz&aacute; mayores cambios todav&iacute;a. Sin embargo, es importante subrayar que el texto de Peter Guardino no pone la Independencia al centro de los cambios en la cultura pol&iacute;tica, sino la competencia por las lealtades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que es sintom&aacute;tica tanto de la crisis del Imperio, como de la proliferaci&oacute;n de propuestas pol&iacute;ticas para sanar la situaci&oacute;n. Paralelamente a propuestas absolutistas y el &eacute;nfasis de Morelos en condenar la opresi&oacute;n colonial pero no al rey, la convocatoria a Cortes en C&aacute;diz ofrec&iacute;a todav&iacute;a otro polo pol&iacute;tico deseoso de atraer las lealtades de los habitantes. La Constituci&oacute;n de C&aacute;diz fue puesta en vigor en Oaxaca en 1814 y nuevamente &#151;tras el sexenio absolutista que sigui&oacute; al retorno de Fernando VII a Espa&ntilde;a&#151; a partir de 1820: dram&aacute;ticamente se dio fin a la Inquisici&oacute;n, termin&oacute; el tributo ind&iacute;gena e iniciaron las elecciones populares para el ayuntamiento de Antequera. Incertidumbre, rumores, suspicacias, confrontaciones y un incremento paulatino del sentido de igualdad alimentaron las transformaciones de estos a&ntilde;os, pero pr&aacute;cticamente todos los cambios se daban con mayor fuerza en Antequera que en Villa Alta. En la capital se imprim&iacute;an o repart&iacute;an los folletos y peri&oacute;dicos que alimentaban la discusi&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada de 1820 la cultura org&aacute;nica del Antiguo R&eacute;gimen empezaba a disolverse en Oaxaca. Mientras los restos de la sociedad corporativa, la simbolog&iacute;a, as&iacute; como muchas pr&aacute;cticas religiosas y las ceremonias c&iacute;vicas lograban a&uacute;n imponer un sentido de continuidad persistente, las elecciones &#151;pese a su car&aacute;cter indirecto&#151; comenzaron a dividir a la sociedad en partidos, propiciando movilizaciones seg&uacute;n intereses y corrientes ideol&oacute;gicas. Incluso surgieron sociedades guadalupanas para contrastar la influencia conservadora de las cofrad&iacute;as en las elecciones. Sin embargo, el producto final no fue un paso suave hacia la modernidad democr&aacute;tica, desde 1828, cuando Antonio L&oacute;pez de Santa Anna durante su fase yorkina ocup&oacute; la ciudad, se vio que las alianzas hacia fuera y el uso de la fuerza militar pod&iacute;an compensar cualquier tropiezo electoral local. Adem&aacute;s, el autor enfatiza repetidamente que era imposible instituir un r&eacute;gimen de alternancia democr&aacute;tica, porque los pol&iacute;ticos fomentaban acusaciones mutuas de una intolerancia extrema: para los promotores de cambios igualitarios sus contrarios eran traidores, oligarcas y monopolistas que socavaban la econom&iacute;a; para los conservadores sus contrincantes eran herejes y saboteadores del orden en la sociedad. El triunfo del partido contrario no era visto como un tropiezo electoral, sino como el apocalipsis que terminar&iacute;a con la sociedad misma. El ideal de una sociedad org&aacute;nica se escond&iacute;a tras el deseo de imponer las ideas propias a toda la sociedad y exterminar a los contrarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sustituci&oacute;n del federalismo por el centralismo a partir de 1836 har&iacute;a que el partido popular &#151;llamado localmente vinagres&#151; y el partido oligarca &#151;o aceites&#151; cambiaran su orientaci&oacute;n por federalistas y centralistas, pero con muchas de las mismas tendencias de antes. El fracaso del centralismo, como respuesta al desorden de la sociedad, dio nuevas posibilidades al viejo partido popular. No obstante, Guardino tiene cuidado en demostrar que el partido popular no era liberal en el sentido de la Reforma de mediados de la d&eacute;cada de 1850: no era antieclesi&aacute;stico ni anticlerical, no pretend&iacute;a dividir la tierra corporativa en lotes individuales y ten&iacute;a un amor por la igualdad que el liberalismo de la segunda mitad del siglo XIX a menudo perder&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro termina con un largo cap&iacute;tulo final acerca de Villa Alta. A partir de la Independencia el autor encuentra que desaparecieron las luchas intestinas entre nobles de sangre y principales de esa regi&oacute;n, de manera que el sistema de cargos y obligaciones comunitarias se liber&oacute; de ese conflicto de la tard&iacute;a &eacute;poca colonial. Bajo la Constituci&oacute;n estatal de 1825, los pueblos indios se surtieron de gobiernos municipales constitucionales donde no se dio la pugna entre ayuntamientos mestizos y pueblos indios que en otras partes de M&eacute;xico. El sufragio masculino se volvi&oacute; universal, pero los principales parecen haber logrado mantener un papel extraoficial y habitualmente efectivo. Ni la transici&oacute;n al centralismo a partir de 1836 alter&oacute; la autonom&iacute;a relativa de los pueblos, porque los jueces de paz que sustituyeron a los gobiernos municipales eran escogidos muchas veces entre los mismos ind&iacute;genas. El ascenso relativo de l&iacute;deres ind&iacute;genas j&oacute;venes y letrados &#151;por la presi&oacute;n de los administradores externos&#151; caus&oacute; conflicto en los a&ntilde;os de centralismo, pero se absorbi&oacute; sin excesiva confrontaci&oacute;n cuando aquellas nuevas figuras se plegaron a la cultura local de negociaci&oacute;n y respetaron el sistema de cargos al interior de los pueblos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, la pregunta central no es si la Independencia produjo algunos cambios al interior de los pueblos ind&iacute;genas de Oaxaca, sino si result&oacute; en la formaci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a compartida en todo el estado que atravesara las divisiones &eacute;tnicas heredadas de la &eacute;poca virreinal. Aqu&iacute; el autor acaba dando una visi&oacute;n matizada. M&aacute;s que integraci&oacute;n ciudadana hubo negociaci&oacute;n. Los ind&iacute;genas deb&iacute;an cumplir a trav&eacute;s de sus gobiernos con ciertas obligaciones ciudadanas: pago de impuestos, el contingente de sangre para la leva, la proclamaci&oacute;n p&uacute;blica de las nuevas leyes y normas, as&iacute; como la adopci&oacute;n de una nomenclatura apropiada para que las casas reales del gobierno municipal fuesen nacionales. Pero en Villa Alta no hubo partidos pol&iacute;ticos, ni entusiasmo por el ej&eacute;rcito, ni participaci&oacute;n en las guerras civiles, y las polarizaciones que ocasionaban partidos, fuerzas armadas y guerras intestinas ni dividieron ni concientizaron a la poblaci&oacute;n. Las escuelas primarias requeridas en cada pueblo bajo la Constituci&oacute;n estatal de 1825, no sol&iacute;an utilizar el catecismo pol&iacute;tico que deb&iacute;a educar a los ni&ntilde;os en conceptos ciudadanos. Abundaban e influ&iacute;an m&aacute;s los sacerdotes que los administradores civiles externos. El profuso y caro ritualismo del catolicismo ind&iacute;gena resisti&oacute; los deseos de reforma de los gobernantes estatales. &Eacute;stos se conformaron con el puntual pago de impuestos a cambio del respeto cotidiano a las costumbres ind&iacute;genas y remit&iacute;an sus profundos deseos de transformaci&oacute;n y ciudadanizaci&oacute;n a un futuro nuboso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, las elecciones para los gobiernos municipales se realizaban regularmente en Villa Alta en los periodos federalistas, y tambi&eacute;n para los congresos del estado de Oaxaca. Adem&aacute;s, ir&oacute;nicamente, en el caso de las elecciones para el congreso, eleg&iacute;an a sacerdotes, administradores de distrito, jueces del estado y comerciantes, es decir, el tipo de gente prominente y externa a los pueblos ind&iacute;genas que formaban mayor&iacute;a en los congresos y los convirtieron en el baluarte del conservadurismo estatal. Pareciera que los pueblos compraron su autonom&iacute;a a cambio tanto de este comportamiento no politizado como del cumplimiento de unas cuantas obligaciones ciudadanas b&aacute;sicas como el pago de impuestos, env&iacute;o de reclutas para las fuerzas armadas y acatamiento formal de las dem&aacute;s exigencias de las fuerzas pol&iacute;ticas representadas en los gobiernos del estado. El tumulto como manifestaci&oacute;n de disgusto, el bast&oacute;n de mando como s&iacute;mbolo de autoridad, los litigios legales corporativos, los rituales de unidad de los miembros del pueblo, la desconfianza hacia los fuere&ntilde;os, el perdurable peso de los principales, y un vocabulario pol&iacute;tico h&iacute;brido que combinaban los t&eacute;rminos del Antiguo R&eacute;gimen y el Nuevo, reflejaban una cultura pol&iacute;tica que caminaba con los tiempos para permanecer lo menos transformada que fuera posible. Los gobiernos y pr&aacute;cticas de los pueblos eran Janos que miraban hacia atr&aacute;s y hacia adentro, por un lado, y hacia fuera y el futuro por el otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peter Guardino nos ofrece en su an&aacute;lisis una obra de gran actualidad por los dif&iacute;ciles temas que aborda, rica por la documentaci&oacute;n de archivo que aporta y sumamente matizada por el deseo de ver todas las facetas de un entramado complejo y de componentes disparejos. Para m&iacute; hacen falta conclusiones generales al final de la obra, pero en su conjunto creo que este libro ofrece grandes posibilidades para oxigenar el debate en torno a la historia de la cultura pol&iacute;tica en el pa&iacute;s y sus nexos con, o incluso, el papel central que debe tener en toda discusi&oacute;n de los grandes hitos de la naci&oacute;n como la Independencia, la Reforma o la Revoluci&oacute;n de 1910.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Peter Guardino, Peasants, Politics, and the Formation of Mexico's National State, Guerrero, 1800&#45;1857, California, Stanford University Press, 1996</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9554680&pid=S1665-4420201000020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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