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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Presentación: Filosofía, educación y futuro]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n. Filosof&iacute;a, educaci&oacute;n y futuro</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Xicot&eacute;ncatl Mart&iacute;nez Ruiz</b></font></p>        <p align="left">&nbsp;</p>       <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto Polit&eacute;cnico Nacional</i></font></p>       <p align="left">&nbsp; </p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ser humano se vierte en palabras. &Eacute;stas, en tanto que son tiempo, buscan su afinidad con la libertad o entran en una irremediable condena al olvido. Aunque no todas transitan hacia la libertad ni hacia el olvido, porque su ritmo es intermitente, centellean, se bifurcan. Florecer&aacute;n donde menos lo imaginemos, quiz&aacute; en el pensamiento que nos transforma. El pensamiento que fluye entre palabras y escalas de silencio encuentra en el arte de formular preguntas &#45;algunas precisas, que abrazan la complejidad humana en general&#45; una de las expresiones originarias del quehacer filos&oacute;fico. De la palabra al silencio y de &eacute;ste a la palabra hay un ritmo. El ritmo es testimonio de la sospecha profunda y tangible de nuestra existencia aqu&iacute;; al mismo tiempo, ese ritmo abraza conscientemente la vida cotidiana con una intuici&oacute;n: somos m&aacute;s que materia, somos tiempo, posibilidad y libertad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actividad filos&oacute;fica ha tenido una historia de constante autocr&iacute;tica, &eacute;sta ha sido una forma de alerta y una continua tarea de recrear la vigencia y la renovaci&oacute;n. Esa autocr&iacute;tica ha sido un quehacer din&aacute;mico, nunca est&aacute;tico, fundado en el valor de la pregunta y no en el de la respuesta fija, petrificada. El peligro de los dogmas est&aacute; all&iacute;, en la comodidad seductora de lo est&aacute;tico. Las preguntas filos&oacute;ficas en cada &eacute;poca han sido tiempo bajo circunstancias, es decir, trascendencia e inmanencia vueltas a considerar en su circunstancia hist&oacute;rica, acorde con un ritmo entre palabra y silencio, guiado por las preocupaciones de cada &eacute;poca. La indagaci&oacute;n filos&oacute;fica se ha orientado por un eje com&uacute;n: el entendimiento de la naturaleza humana y de la realidad. Si la pregunta es tiempo, lo es tambi&eacute;n quien la formula. Precisamente, la palabra est&aacute; hecha de tiempo y silencio, que constituyen la pregunta filos&oacute;fica. El aprendizaje de la filosof&iacute;a, por ello, no se restringe a los muros de un sal&oacute;n donde se ense&ntilde;a filosof&iacute;a ni queda aprisionado por un t&iacute;tulo. Esto no significa que sea un aprendizaje desordenado, por el contrario, es riguroso, met&oacute;dico, cr&iacute;tico, exige la evidencia y la construcci&oacute;n argumentada. Aprender a filosofar no s&oacute;lo conlleva esos elementos, sino tambi&eacute;n la habilidad de identificar riesgos, aquellos que envuelven a la humanidad y trascienden las trampas de la individualidad ego&iacute;sta. Esa habilidad nos alerta de que una reflexi&oacute;n vital es inaplazable en los espacios educativos. Me refiero a las causas e implicaciones de la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica, al lugar que ocupa la informaci&oacute;n en las sociedades contempor&aacute;neas y a la inversi&oacute;n econ&oacute;mica en ciencia con mayor grado de riesgo que de beneficios a futuro. Todo esto nos est&aacute; relacionando con otros lenguajes, otras sintaxis. &iquest;Qu&eacute; tanto nos transformar&aacute;? &iquest;Qu&eacute; tanto ya nos trastoc&oacute;? Lo dicho hasta aqu&iacute; agudiza la relevancia de pensar y reflexionar sobre la naturaleza del ser humano, en especial sobre su convivencia con el desarrollo tecnol&oacute;gico que no se detiene y no se detendr&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este horizonte, la filosof&iacute;a en la educaci&oacute;n no es &uacute;nicamente un ejercicio para las formaciones human&iacute;sticas y art&iacute;sticas, sino un medio para estar alerta ante la tecnolog&iacute;a, la informaci&oacute;n, la comunicaci&oacute;n y los riesgos que ya hemos sembrado para el futuro. Por tanto, la presencia del ejercicio filos&oacute;fico y la persistencia de las pr&aacute;cticas &eacute;ticas son imprescindibles en las formaciones cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas. La incorporaci&oacute;n de enfoques human&iacute;sticos en la innovaci&oacute;n, en el desarrollo tecnol&oacute;gico y en los avances cient&iacute;ficos ocurre en diversas universidades cuya visi&oacute;n est&aacute; volcada hacia el futuro, aunque esto no ha pasado a la agenda educativa de la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses. En nuestro siglo &#45;como en el pasado&#45;, los j&oacute;venes y adultos que estudian filosof&iacute;a asumen, de una manera u otra, el ejercicio de la pregunta y la consecuente b&uacute;squeda de su respuesta; son claramente conscientes de su finitud y, al mismo tiempo, de la posibilidad de su opuesto: la infinitud. En ambos casos se transita hacia una condici&oacute;n inaplazable, que es el tiempo. &Eacute;ste se abre simult&aacute;neamente en sus dos haces, lo finito y lo infinito. Por ello, a la inmensidad y a la dimensi&oacute;n de la b&uacute;squeda filos&oacute;fica no las afecta el car&aacute;cter mezquino del ego&iacute;smo finito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actividad filos&oacute;fica tiene correspondencias con su tiempo. All&iacute;, en la correspondencia, comienza el di&aacute;logo y se da significado o se resignifica nuestro mundo, all&iacute; ocurre la coherencia del quehacer del fil&oacute;sofo con su tiempo. Para lograr esa correspondencia entre la filosof&iacute;a y lo que continuamente preocupa al ser humano es imprescindible el di&aacute;logo. Tanto en la filosof&iacute;a como en la ciencia, la formulaci&oacute;n de preguntas constituye el inicio del conocimiento, pero tambi&eacute;n del di&aacute;logo que se desdobla en otras preguntas, que se abre para indagar m&aacute;s y procurar un entendimiento m&aacute;s completo. La apertura y la continua formulaci&oacute;n de preguntas no son una deficiencia del quehacer filos&oacute;fico, sino aquello que lo distingue. El preguntar ya es conciencia y conocimiento. En ese preguntar se halla la relevancia de la filosof&iacute;a para nuestro siglo, su significado y su naturaleza nos arrojan de nuevo a las preguntas elementales para un ser humano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vivir es transitar por una b&uacute;squeda similar a la labor del fil&oacute;sofo. En el mejor de los casos, nos aproxima a un entendimiento de la existencia. Con esto quiero decir que la filosof&iacute;a, de alguna manera, se actualiza y confluye en todo ser humano, como un r&iacute;o que se une al mar. El di&aacute;logo, la pregunta y la b&uacute;squeda de entendimiento configuran una sintaxis estable, pero de dinamismo constante, como la conocida imagen del r&iacute;o de Her&aacute;clito; una sintaxis hecha de nuevos problemas o de antiguos/nuevos temas, neologismos y riesgos que aparecen en el horizonte y nos conciernen como especie. Algunos de ellos, incorporados al quehacer filos&oacute;fico actual, muestran el imprescindible lugar que ocupa la filosof&iacute;a en el siglo XXI. Mencionar&eacute; ciertos temas. El desarrollo de la inteligencia artificial y la posibilidad inminente de crear una s&uacute;per inteligencia no humana en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas (Bostrom, 2014). La reflexi&oacute;n y las acciones para entender c&oacute;mo la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica &#45;que hoy nos comunica e informa&#45; ha intervenido en nuestras relaciones humanas, y nos avisa sobre la urgencia de establecer una &eacute;tica adecuada a este tiempo (Floridi, 2013). La manera en que se ha fomentado la biolog&iacute;a sint&eacute;tica y se ha invertido en ella sin claras regulaciones &eacute;ticas y con el gran riesgo de intervenir en la creaci&oacute;n o modificaci&oacute;n de los ciclos de la vida, las bacterias sint&eacute;ticas o nuevas enfermedades (Bostrom, 2013). La precariedad de la subsistencia alimentaria actual, que se agudiza conforme aumenta la poblaci&oacute;n del planeta: surgen all&iacute; temas &eacute;ticos, de justicia, de equidad, de una profunda raigambre humana y social. Por &uacute;ltimo, la alteraci&oacute;n del medio ambiente y los inminentes efectos irreversibles que hoy podemos observar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor&iacute;a de las sociedades contempor&aacute;neas comparten experiencias relacionadas con estas preocupaciones. Ser&iacute;a reductivista pensar en &eacute;stas &uacute;nicamente en su inmediatez o a corto plazo. La complejidad que las teje nos empuja a mirar a largo plazo, una visi&oacute;n que el astr&oacute;nomo Martin Rees ha desplegado con claridad (Rees, 2003). Es en la consideraci&oacute;n del futuro donde se intensifica la relevancia de la filosof&iacute;a y su presencia en la educaci&oacute;n contempor&aacute;nea. Presencia y persistencia confluyen en dos preguntas simples, pero a la vez intrincadas: &iquest;cu&aacute;l es el valor que le damos al futuro? y &iquest;en verdad nuestras acciones presentes le conceden un valor al futuro? La pertinencia de estas preguntas es innegable, pero el sentido o la relevancia que les conceda cada quien pueden variar. Aqu&iacute;, soy esc&eacute;ptico, porque pareciera que nuestras acciones y prioridades revelaran que el futuro carece de valor. Sin embargo, la experiencia humana, en su naturaleza misma, alimenta la preocupaci&oacute;n por el futuro de quienes no somos nosotros, es decir, de aquellos que todav&iacute;a no nacen o que apenas comienzan su vida. Aqu&iacute;, vislumbro esperanza. En otro lugar he transitado por esta misma reflexi&oacute;n acerca de los riesgos que estamos generando y del futuro como preocupaci&oacute;n filos&oacute;fica establecida desde el presente (Mart&iacute;nez Ruiz, 2015). En dicha preocupaci&oacute;n por las generaciones futuras est&aacute; una de las afluentes de nuestra condici&oacute;n humana: la trascendencia. La anulaci&oacute;n de la trascendencia mediante la cancelaci&oacute;n del futuro del ser humano, tal como lo conocemos, est&aacute; lejos de ser una mera hip&oacute;tesis. Hoy tenemos suficientes evidencias significativas para alertarnos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si trascender nuestra finitud es perdurar en los otros o si esa b&uacute;squeda por la trascendencia se vuelve saber sobre la naturaleza &uacute;ltima de la realidad, entonces all&iacute; surge un entendimiento de la existencia del ser humano, de los otros y de nosotros, de los que a&uacute;n no nacen y todav&iacute;a son futuro. Pero si nuestro presente anula las posibilidades de existencia futura para los otros, entonces nuestras acciones est&aacute;n anulando la posibilidad misma de la trascendencia y de la libertad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos del consumo desmedido que devasta el medioambiente, de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n, la inversi&oacute;n econ&oacute;mica desproporcionada y no regulada en rob&oacute;tica y en el desarrollo de una s&uacute;per inteligencia artificial, as&iacute; como de la biolog&iacute;a sint&eacute;tica constituyen, por consiguiente, un llamado a reflexionar, para actuar sobre la ra&iacute;z misma de la creciente individualidad egocentrista que anula el futuro y ha configurado los riesgos que nos rodean. Riesgos conocidos, no son nuevos, pero la velocidad a la que se presentan, su inmediatez y la manera en que se adaptan para subsistir les dan una gran potencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Merece una menci&oacute;n aparte el incremento y el cultivo de una individualidad ego&iacute;sta desarrollada mediante la tecnolog&iacute;a. Los temas de la individualidad y el egocentrismo son muy antiguos tanto en Occidente como en no Occidente, pero su combinaci&oacute;n con la tecnolog&iacute;a llama la atenci&oacute;n. Veamos el uso de las sencillas y cotidianas aplicaciones <i>(apps),</i> que de ser grandes ayudas para la vida diaria pasan a convertirse en el cultivo de un tema moral: el apego. El apego y la sociedad que cultiva el individualismo alimentando la configuraci&oacute;n de un ego&iacute;smo como distintivo de &eacute;xito se fomenta con los desarrollos tecnol&oacute;gicos. Todo ello significa una serie de confluencias que podemos integrar &#45;en un sentido m&aacute;s complejo y con sus implicaciones &eacute;ticas y ontol&oacute;gicas&#45;al t&eacute;rmino <i>appego,</i> el cual conlleva la ra&iacute;z del problema &eacute;tico: el egocentrismo que puede obnubilar el valor del futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una inquietud impl&iacute;cita en esa obnubilaci&oacute;n. Si la tecnolog&iacute;a es neutra y su desarrollo no se detendr&aacute; &#45;tal como lo revelan nuestras &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas&#45;, pero tiene el poder de transformar nuestras vidas, entonces ofrece grandes beneficios para la humanidad, pero al mismo tiempo conlleva la posibilidad de un gran riesgo. La neutralidad termina en el momento en que inicia la intenci&oacute;n que le demos al desarrollo tecnol&oacute;gico actual. A primera vista, no hay alarma o inquietud en ese desarrollo, pero si sumamos los diversos desajustes que est&aacute;n ocurriendo en los ecosistemas planetarios, entonces la neutralidad ha dado paso a una intencionalidad desequilibrada que genera m&aacute;s desajustes que beneficios para la humanidad. Es all&iacute;, en la sutil y precisa direcci&oacute;n que demos al car&aacute;cter neutro de la tecnolog&iacute;a, donde reside la importancia de la conciencia &eacute;tica y su aplicaci&oacute;n en un horizonte de innovaciones tecnol&oacute;gicas, en una &eacute;poca que nos ha vuelto instrumentos de nuestros <i>appegos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hablar de futuro hablo de la preocupaci&oacute;n impl&iacute;cita por el tiempo. &Eacute;ste ha sido uno de los grandes temas filos&oacute;ficos de Occidente y no Occidente. Somos tiempo, y gran parte de las preocupaciones por la naturaleza humana regresan a la pregunta sobre el tiempo. Pero &iquest;a qu&eacute; me refiero con el tiempo futuro? El futuro del que hablo es el que nace, como posibilidad, en el presente. Este presente es a la vez nuestra acumulaci&oacute;n de pasado. El tiempo pasado es y no es, simult&aacute;neamente. Es, en tanto que en &eacute;l se halla la historia acumulada e innegable que nos conforma; pero no es, en el sentido de su inmovilidad, de que ya no se altera. Por ello, me refiero a que no hay futuro sino presente, pero no hay presente sin la posibilidad de futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como posibilidad, el futuro significa construcci&oacute;n, y es all&iacute; donde tienen pertinencia las tres palabras, filosof&iacute;a, educaci&oacute;n y futuro. En esta construcci&oacute;n del futuro hay un entramado por el que caminamos ahora; su valor preciado se desvela o se vela en el transitar por el tiempo presente. La libertad y la dignidad para reconocer esa construcci&oacute;n futura son nuestras, nos pertenecen. Por ello, al hablar de futuro hablo en realidad del presente, porque el tiempo que condena al futuro es el presente. El pasado y el futuro confluyen en la unidad que es nuestro presente. La conciencia de esa confluencia brota ante un saber evidente e intuitivo: si somos tiempo, tambi&eacute;n somos posibilidad y libertad. Tiempo, posibilidad y libertad fundan otra sincron&iacute;a, la que hoy bosquejo, accesible e inaccesible, lejana y cercana, evocada con tres palabras: filosof&iacute;a, educaci&oacute;n y futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre el valor que el ser humano le da al futuro es un tema de estudio pertinente en los espacios educativos de nuestro tiempo. Existen diversas v&iacute;as para abordarlo, una de ellas se encuentra en la intersecci&oacute;n entre la &eacute;tica, la filosof&iacute;a de la informaci&oacute;n y una filosof&iacute;a sobre los avances cient&iacute;fico&#45;tecnol&oacute;gicos. Pero esa v&iacute;a se asocia, necesariamente, a diversos campos del conocimiento, como son las ingenier&iacute;as y las formaciones en tecnolog&iacute;a. Cuando consideramos el valor que le damos al futuro, podemos dimensionar el rol imprescindible que desempe&ntilde;an las instituciones educativas enfocadas en la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Los progresos tecnol&oacute;gicos, la tecnificaci&oacute;n y el avance cient&iacute;fico nos muestran, por una parte, los beneficios; mas, por otra parte, se observa la secuencia de riesgos para la existencia humana y del planeta ya mencionados; all&iacute; se abre una visi&oacute;n cr&iacute;tica frente a nosotros. Desde ambas perspectivas podemos hacer un llamado a no caer en la indiferencia, a no cerrar los ojos ante las evidencias de la contraparte de los beneficios que han tra&iacute;do los desarrollos tecnol&oacute;gicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comienzo con el cierre de este hilo de pensamientos. La preocupaci&oacute;n m&aacute;s profunda que subyace al nexo entre filosof&iacute;a, educaci&oacute;n y futuro es riesgo irreversible de la existencia humana, la destrucci&oacute;n plausible del potencial del futuro. Octavio Paz, un poeta y no un fil&oacute;sofo, en <i>Conjunciones y disyunciones</i> (1996) identific&oacute; una de esas causas, que plasm&oacute; con claridad desde el siglo XX: "Las ciencias son poder, son conocimiento y son fraternidad. En cuanto a la t&eacute;cnica: es un instrumento no una filosof&iacute;a ni una deidad... La famosa enajenaci&oacute;n, de la que tanto y tan vano se ha hablado, consiste esencialmente en convertirnos en instrumentos de nuestros instrumentos" (p. 18). Reformulando la idea de Paz en estos d&iacute;as, pensemos: &iquest;nos hemos vuelto instrumentos de nuestros dispositivos tecnol&oacute;gicos de informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n? Vale la pena autoindagar si nos hemos vuelto &#45;quiz&aacute; sin notarlo&#45; instrumentos de nuestros propios instrumentos. A mediados del siglo XX, y en una reflexi&oacute;n similar, el cient&iacute;fico Erwing Schr&ouml;dinger (2009) escribi&oacute; en su libro <i>Ciencia y humanismo:</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero adem&aacute;s muy dudoso que la felicidad de la humanidad haya aumentado gracias a los progresos t&eacute;cnicos e industriales que ha aportado el r&aacute;pido auge de la ciencia natural. No puedo extenderme en detalles y no mencionar&eacute; los futuros progresos que probablemente contaminar&aacute;n de radioactividad artificial la superficie de la tierra. (p. 13)</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de Schr&ouml;dinger sobre los progresos cient&iacute;ficos a futuro le da una dimensi&oacute;n mayor a la reflexi&oacute;n hasta aqu&iacute; esbozada: la duda de algo que damos por supuesto. Una seria duda acerca de si la felicidad del ser humano se ha incrementado con la promesa de la ciencia y del desarrollo tecnol&oacute;gico. Si aplicamos esa duda a lo que vivimos hoy, primeramente, cabr&iacute;a considerar c&oacute;mo las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n est&aacute;n cambiando la manera en que los seres humanos suelen entender los conceptos fundamentales de la filosof&iacute;a, tales como la mente, la conciencia, la experiencia, el razonamiento, el conocimiento, la verdad, la &eacute;tica y la l&iacute;nea que separa lo humano de lo artificial. Estos temas tienen, hoy, una dimensi&oacute;n que no est&aacute; ausente de la influencia de los mecanismos y sistemas computacionales, la infoesfera y la conectividad global. De cierta manera, ya en la d&eacute;cada de 1940, esas preocupaciones fueron parte del pensamiento de Alan Turing, John Von Newman y Norbert Wiener; algunas de sus formulaciones se expresaron en torno a la teor&iacute;a inform&aacute;tica, los desarrollos electr&oacute;nicos y la posibilidad de la inteligencia artificial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior nos lleva a reconsiderar la relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a, educaci&oacute;n y futuro desde campos de estudio emergentes. Campos que animan la creaci&oacute;n de nuevos centros de investigaci&oacute;n, nuevas c&aacute;tedras, temas de estudio no tradicionales que disuelven cada vez m&aacute;s la barrera entre disciplinas y, asimismo, la fundaci&oacute;n de nuevas revistas, formaciones y profesiones novedosas, enfoques no formales y nuevos empleos. Por ello, algunos de los temas de investigaci&oacute;n para la filosof&iacute;a del siglo XXI son, la naturaleza y la regulaci&oacute;n &eacute;tica de lo que llamamos agentes inform&aacute;ticos y sistemas multiagentes (SMA), los fundamentos de una &eacute;tica computacional, la &eacute;tica en y para la inteligencia artificial, la reflexi&oacute;n ontol&oacute;gica sobre la existencia de una inteligencia artificial y de robots que puedan acompa&ntilde;ar la vida humana disolviendo cada vez m&aacute;s la l&iacute;nea entre lo artificial y lo natural. Ante la posibilidad de desarrollar una s&uacute;per inteligencia, valdr&aacute; la pena considerar la idea de dios y el pensamiento metaf&iacute;sico, pero tambi&eacute;n ocupa un lugar prioritario en el tema de la informaci&oacute;n c&oacute;mo definir al ser humano de nuestro tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;De qu&eacute; manera han influido estos temas y los recientes desarrollos cient&iacute;ficos en el modo en que la filosof&iacute;a reformula sus preguntas b&aacute;sicas? El quehacer filos&oacute;fico es la creaci&oacute;n y la reformulaci&oacute;n de un preguntar distintivo, ambas caracter&iacute;sticas revelan el reconocimiento de un saber b&aacute;sico. Nuestro existir es presencia. En aquel saber, consciente de existencia y presencia, se halla la posibilidad de liberar o cancelar el despliegue del potencial humano. Este potencial se funda en un acto originario que es el de la b&uacute;squeda y el entendimiento de nuestra naturaleza y de nuestra presencia en la naturaleza que nos rodea. Buscar y entender nos constituyen. Ambas acciones est&aacute;n en nuestra raz&oacute;n de existir, reconocerlas en el presente y asegurarlas para el futuro no es algo dado, nuestro tiempo lo demuestra. Por ello, recordar el di&aacute;logo filos&oacute;fico, la b&uacute;squeda de significado de las acciones humanas y la configuraci&oacute;n del futuro son tareas del siglo XXI. Con ellas se reconoce, una vez m&aacute;s, el lugar, la presencia y la persistencia de la filosof&iacute;a en los espacios educativos de todos los niveles y formaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sea este n&uacute;mero de <i>Innovaci&oacute;n Educativa</i> un inicio, entre muchos, para considerar las tareas de nuestro tiempo.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bostrom, N. (2013). Existential risk prevention as global priority. <i>Global Policy,</i> 4(1), 15&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390170&pid=S1665-2673201500030000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bostrom, N. (2014). <i>Superintelligence: Paths, dangers, strategies.</i> Oxford, RU: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390172&pid=S1665-2673201500030000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Floridi, L. (2013). <i>The Ethics of Information.</i> Oxford, RU: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390174&pid=S1665-2673201500030000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Ruiz, X. (Coord.). (2015). <i>Infoesfera.</i> M&eacute;xico: Instituto Polit&eacute;cnico Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390176&pid=S1665-2673201500030000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paz, O. (1996). <i>Conjunciones y disyunciones.</i> En <i>Obras completas,</i> 10, <i>Ideas y costumbres II, Usos y s&iacute;mbolos.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390178&pid=S1665-2673201500030000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rees, M. (2003). <i>Our Final Hour.</i> Londres, RU: Heinemann.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390180&pid=S1665-2673201500030000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schr&ouml;dinger, E. (2009). <i>Ciencia y humanismo.</i> Barcelona, ES: Tusquets Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4390182&pid=S1665-2673201500030000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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