<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1665-2037</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Política y gobierno]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Polít. gob]]></abbrev-journal-title>
<issn>1665-2037</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C., División de Estudios Políticos]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1665-20372015000100008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La política comparada de las elecciones autoritarias: Un debate en torno a The Politics of Uncertainty: Sustaining and Subverting Electoral Authoritarianism de Andreas Schedler]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greene]]></surname>
<given-names><![CDATA[Kenneth F.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Slater]]></surname>
<given-names><![CDATA[Dan]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A02"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A03"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A03">
<institution><![CDATA[,Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C.  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Texas  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Austin ]]></addr-line>
</aff>
<aff id="A02">
<institution><![CDATA[,Universidad de Chicago  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<volume>22</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>227</fpage>
<lpage>246</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1665-20372015000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1665-20372015000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1665-20372015000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font size="4" face="verdana">Debate</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La pol&iacute;tica comparada de las elecciones autoritarias. Un debate en torno a <i>The Politics of Uncertainty: Sustaining and Subverting Electoral Authoritarianism</i> de Andreas Schedler</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Kenneth F. Greene, Dan Slater y Andreas Schedler* </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*  Profesores de Ciencia Pol&iacute;tica en la Universidad de Texas&#45;Austin, la Universidad de Chicago y el CIDE, respectivamente. </i></font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota del editor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las dictaduras ya no son como antes. Los reg&iacute;menes militares y de partido &uacute;nico est&aacute;n desapareciendo y, hoy en d&iacute;a, la mayor&iacute;a de los aut&oacute;cratas organiza elecciones multipartidarias. Andreas Schedler llama a estos reg&iacute;menes <i>autoritarismos electorales:</i> practican el autoritarismo detr&aacute;s de las fachadas institucionales de la democracia representativa, celebran elecciones multipartidarias violando los principios democr&aacute;ticos de manera sistem&aacute;tica y profunda. Obviamente, para los mexicanos este tipo de r&eacute;gimen no es extra&ntilde;o. Lo vivimos durante d&eacute;cadas de gobierno posrevolucionario. Sin embargo, lo que puede resultar sorprendente es que dichos reg&iacute;menes se han vuelto la forma m&aacute;s com&uacute;n de dictadura en el mundo. <i>The Politics of Uncertainty</i> estudia las dif&iacute;ciles relaciones entre el gobierno y la oposici&oacute;n en estos peculiares reg&iacute;menes: los autoritarismos electorales. En su parte anal&iacute;tica, el libro desarrolla una teor&iacute;a de las elecciones autoritarias, que se basa en una teor&iacute;a general de la pol&iacute;tica bajo reg&iacute;menes autoritarios, ambas construidas en torno a los "conflictos por la incertidumbre". En su parte emp&iacute;rica, el libro analiza la din&aacute;mica interna de las autocracias electorales sustentada en una base de datos original sobre las elecciones autoritarias en el mundo entero.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espec&iacute;ficamente, seg&uacute;n Andreas Schedler todos los reg&iacute;menes autoritarios padecen dos formas de incertidumbre. Padecen incertidumbres institucionales: su permanencia en el poder nunca es segura. Y padecen incertidumbres informativas: nunca pueden saber con certeza qu&eacute; tan seguros est&aacute;n en el poder. Aunque la literatura comparada apenas ha reconocido estas incertidumbres, Schedler las identifica como los ejes centrales de las luchas de los reg&iacute;menes dictatoriales. Los actores pol&iacute;ticos est&aacute;n expuestos a estas incertidumbres, pero tambi&eacute;n se esfuerzan por influir en ellas y usarlas en su favor de manera activa. Tanto gobierno como oposici&oacute;n luchan de manera competitiva por estas dobles incertidumbres. En las autocracias electorales, esta lucha se despliega principalmente en la arena electoral y por esta razon las autocracias electorales son diferentes de otras autocracias. Al admitir elecciones multipartidarias los autoritarismos electorales abren una arena de lucha que cambia su l&oacute;gica interna de conflicto. <i>The Politics of Uncertainty</i> descifra su l&oacute;gica distintiva mediante las lentes del "institucionalismo pol&iacute;tico", que toma en serio las instituciones formales dictatoriales pero tambi&eacute;n la lucha pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Andreas Schedler hace importantes contribuciones a la teor&iacute;a de los reg&iacute;menes autoritarios, al debate sobre c&oacute;mo conceptualizar y medir los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos y a nuestro entendimiento acerca de las consecuencias que tiene para los ciudadanos comunes la manera en que se ejerce y estructura el poder pol&iacute;tico. <i>The Politics of Uncertainty</i> estudia la l&oacute;gica interna distintiva del conflicto pol&iacute;tico en los reg&iacute;menes autoritarios electorales. Mediante el an&aacute;lisis sistem&aacute;tico de una rica base de datos originales sobre conflictos institucionales entre el gobierno y la oposici&oacute;n, Andreas Schedler ofrece una visi&oacute;n fresca de los patrones de competitividad electoral, la manipulaci&oacute;n de resultados electorales, la protesta pre y post electoral, y de las trayectorias de los distintos tipos de reg&iacute;menes electorales autoritarios. En las p&aacute;ginas que siguen, dos reconocidos expertos en reg&iacute;menes autoritarios, Kenneth F. Greene y Dan Slater (de las universidades de Texas&#45;Austin y Chicago, respectivamente), ofrecen una variedad de comentarios y cr&iacute;ticas sobre <i>The Politics of Uncertainty.</i><sup><a href="#nota">1</a></sup> Andreas Schedler cierra el debate con respuestas a algunas de las cuestiones planteadas por ellos.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Julio R&iacute;os Figueroa</font></p>  	      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Kenneth F. Greene, La disputa por las autocracias</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nadie m&aacute;s pudo haber escrito este libro. Eso parece una declaraci&oacute;n gen&eacute;rica debido a que, por supuesto, no existen dos autores que tengan el mismo enfoque, pero nadie m&aacute;s pod&iacute;a haber escrito un libro sobre reg&iacute;menes autoritarios electorales porque, literalmente, Andreas Schedler invent&oacute; el concepto hace diez a&ntilde;os. Antes de ese momento, todos &eacute;ramos conscientes de la existencia de distintos tipos de autoritarismo, pero no ten&iacute;amos una idea clara en la disciplina respecto a qu&eacute; hacer con ellos. Y esta confusi&oacute;n provoc&oacute; varios errores anal&iacute;ticos, entre los que quiero destacar dos: lo que podemos llamar el "amontonamiento conceptual", en un extremo, y "la proliferaci&oacute;n conceptual" en el otro. Una de las grandes contribuciones del libro de Andreas Schedler es crear una categor&iacute;a conceptual s&oacute;lida anal&iacute;ticamente para evitar ambos extremos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos acad&eacute;micos prominentes sostuvieron que, a pesar de las diferencias, deber&iacute;amos agrupar subtipos de autoritarismo en una sola categor&iacute;a. Los problemas de este aglomeramiento conceptual son inmediatamente evidentes para el an&aacute;lisis causal al leer los estudios sobre la perdurabilidad autoritaria inspirados en la teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n, que propone una afinidad entre la riqueza nacional y la democracia. Los an&aacute;lisis emp&iacute;ricos de Przeworski y sus colegas (Przeworski, <i>etal,</i> 2000) as&iacute; como el planteado por Boix y Stokes (2003), se equivocan malamente en predecir el destino de los reg&iacute;menes autoritarios electorales: sus modelos predicen incorrectamente el tipo de r&eacute;gimen en 13 por ciento de los reg&iacute;menes autoritarios cerrados, pero predicen incorrectamente m&aacute;s de 60 por ciento de las autocracias h&iacute;bridas, una categor&iacute;a que incluye los reg&iacute;menes autoritarios electorales. Para dar algunos ejemplos concretos, el modelo indica que hacia 1990 Singapur deber&iacute;a haber sido una democracia con una probabilidad de 98 por ciento; M&eacute;xico y Taiw&aacute;n deber&iacute;an haber sido democracias con una probabilidad de 89 por ciento, y Malasia deber&iacute;a haberse democratizado con una probabilidad de 69 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andreas Schedler nos muestra que los reg&iacute;menes electorales autoritarios pueden ser m&aacute;s resistentes al cambio y pueden sobrevivir como autocracias relativamente ricas porque los actores en el poder convierten una debilidad potencial en una fortaleza. Al contrario de los reg&iacute;menes autoritarios cerrados, que no permiten la competencia partidaria por cargos p&uacute;blicos o instituyen elecciones totalmente manipuladas, las autocracias electorales mantienen una arena electoral abierta. Esto canaliza las energ&iacute;as de la oposici&oacute;n, principal aunque no exclusivamente, hacia los partidos pol&iacute;ticos que a su vez juegan en dos niveles: por un lado, compiten por los votos para derrotar al gobierno en las urnas, por el otro, presionan para lograr la reforma institucional que haga que los votos cuenten. Los actores de oposici&oacute;n est&aacute;n inmersos en un ambiente estrat&eacute;gico mucho m&aacute;s complicado que el destacado por otros enfoques de la estabilidad autoritaria a los que Schedler se refiere como teor&iacute;as centradas en la sociedad, el Estado y las &eacute;lites. Estos enfoques resaltan condiciones espec&iacute;ficas y est&aacute;ticas para el cambio de r&eacute;gimen, mientras que Schedler se centra en un proceso contingente de movimientos de ajedrez hacia atr&aacute;s y hacia adelante que pueden involucrar la progresi&oacute;n hacia la democracia o el endurecimiento autoritario. Estos movimientos transcurren en un mismo pa&iacute;s a trav&eacute;s del tiempo, lo que hace que el proceso de las transiciones sea mucho m&aacute;s complicado y que exija la comprensi&oacute;n y el conocimiento del pa&iacute;s espec&iacute;fico. En resumidas cuentas, contra el "amontonamiento conceptual", Schedler fruct&iacute;feramente distingue los reg&iacute;menes autoritarios cerrados de los reg&iacute;menes autoritarios electorales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, es interesante que Schedler tambi&eacute;n agrupa de modo fruct&iacute;fero en la categor&iacute;a electoral autoritaria reg&iacute;menes que a menudo fueron tratados como diferentes. El segundo problema que el campo experiment&oacute; antes de que Andreas Schedler creara el concepto de autoritarismo electoral fue una proliferaci&oacute;n de subtipos conceptuales para describir las autocracias. Us&aacute;bamos conceptos como reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos, reg&iacute;menes de partido dominante, democracias reducidas, reg&iacute;menes h&iacute;bridos, reg&iacute;menes mixtos, reg&iacute;menes semiautoritarios, dictaduras disfrazadas, entre otros. El costo de dividir los reg&iacute;menes autoritarios en categor&iacute;as cada vez m&aacute;s peque&ntilde;as es que sol&iacute;amos escribir art&iacute;culos y libros sobre los pa&iacute;ses en t&eacute;rminos individuales o sobre peque&ntilde;os grupos de pa&iacute;ses que a menudo no nos dec&iacute;an nada del otro. Con frecuencia, los acad&eacute;micos que trabajaban sobre M&eacute;xico permanec&iacute;an ignorantes de la literatura sobre las autocracias asi&aacute;ticas y los que trabajaban sobre Europa Oriental no estaban en comunicaci&oacute;n con quienes trabajaban sobre &Aacute;frica. Nuestra mentalidad pueblerina incluso llev&oacute;, en algunos casos, a un falso regionalismo unificado por una d&eacute;bil l&oacute;gica hist&oacute;rica y cultural en lugar de una l&oacute;gica pol&iacute;tica. Por ejemplo, la literatura sobre M&eacute;xico en las d&eacute;cadas de 1950 y 1960 frecuentemente se refiri&oacute; al pa&iacute;s como una democracia peculiar que era muy parecida a la de Estados Unidos, con la diferencia de que un s&oacute;lo partido ganaba pr&aacute;cticamente todas las elecciones (v&eacute;ase, por ejemplo, el libro <i>La cultura c&iacute;vica</i> de Verba y Almond, 1963). En la d&eacute;cada de 1970, nuestro falso regionalismo volte&oacute; hacia el sur y M&eacute;xico se convirti&oacute; en un r&eacute;gimen burocr&aacute;tico&#45;autoritario como en los casos de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay &#151;con la &uacute;nica diferencia de que &iexcl;en M&eacute;xico se llevaban a cabo elecciones, el ej&eacute;rcito no estaba en el poder y la represi&oacute;n no era tan severa!</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de Schedler de autoritarismo electoral nos da una perspectiva global. Hasta 1994, M&eacute;xico probablemente era m&aacute;s como Taiw&aacute;n bajo el Partido Nacionalista Chino (KMT) entre 1987 y 2000 que como el m&aacute;s cercano Uruguay bajo el gobierno militar. La pol&iacute;tica mexicana quiz&aacute; era m&aacute;s similar a la de Senegal entre 1978 y 2000 con el gobierno del Partido Socialista, que a la de Estados Unidos. Reunir a estos pa&iacute;ses que mantienen alg&uacute;n nivel de competencia formal por los votos bajo reg&iacute;menes que mantienen instrumentos autoritarios constituye la base para superar el falso regionalismo y, a la vez, ayuda a los acad&eacute;micos que trabajan sobre casos muy diferentes a comunicar la manera en que estos reg&iacute;menes funcionan y persisten o fracasan. &Eacute;ste es un logro important&iacute;simo y es un elemento clave de lo que la pol&iacute;tica comparada debe hacer: comparar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Andreas tiene un alcance ambicioso, es conceptualmente innovador y te&oacute;ricamente rico. Quiero dedicar algunos p&aacute;rrafos a estimular a nuestro estimado autor respecto de algunas cuestiones que, me parece, a&uacute;n debemos resolver. En lo relativo al progreso conceptual, pienso que todav&iacute;a tenemos mucho que hacer para superar los desacuerdos centrales entre los acad&eacute;micos sobre los aspectos b&aacute;sicos de autocracias h&iacute;bridas. Espec&iacute;ficamente, &iquest;cu&aacute;les son los reg&iacute;menes que cuentan como autocracias electorales? Steven Levitsky y Lucan Way ofrecen el concepto alternativo de autoritarismo competitivo, que pretende moverse en el mismo espacio h&iacute;brido entre la democracia y la autocracia (Levitsky y Way, 2010, p. 339), aunque s&oacute;lo 54 por ciento de los pa&iacute;ses y a&uacute;n menos de los a&ntilde;os respectivos se traslapan con los de Schedler. Si nos restringimos a las autocracias electorales competitivas de Schedler, dado que Levitsky y Way excluyen conceptualmente las autocracias hegem&oacute;nicas, la coincidencia entre pa&iacute;ses es todav&iacute;a relativamente baja, de 61 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cuesti&oacute;n clave para la clasificaci&oacute;n de los reg&iacute;menes tiene simplemente que ver con qu&eacute; tan autoritario puede ser un r&eacute;gimen para seguir contando como h&iacute;brido. En los niveles superiores, la competencia electoral es tan claramente una farsa que no pueden llevarse a cabo las negociaciones a dos niveles sobre la naturaleza misma del r&eacute;gimen y se vuelve dif&iacute;cil entender por qu&eacute; las fuerzas de la oposici&oacute;n formar&iacute;an alg&uacute;n partido. Pero si bajamos el est&aacute;ndar demasiado se vuelve dif&iacute;cil distinguir a los partidos dominantes democr&aacute;ticos, como el Partido Laborista en Suecia o Israel, el Partido Liberal Democr&aacute;tico (PLD) de Jap&oacute;n, los democristianos de Italia y, en poco tiempo, el Congreso Nacional Africano (CNA) de Sud&aacute;frica. El costo de no establecer un conjunto com&uacute;n de reg&iacute;menes es que las "fuerzas malignas" que abogan en favor de una definici&oacute;n dicot&oacute;mica del tipo del r&eacute;gimen, como simplemente autoritario o democr&aacute;tico, pueden obtener la ventaja. Les damos m&aacute;s argumentos cuando discrepamos sobre hechos b&aacute;sicos como cu&aacute;les son los reg&iacute;menes que cuentan y cu&aacute;ndo los reg&iacute;menes comienzan y terminan. M&eacute;xico es un caso ilustrativo: algunos dicen que la autocracia h&iacute;brida liderada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) acab&oacute; en 1994, otros sostienen que esto sucedi&oacute; en 1997 y otros m&aacute;s en 2000. Incluso hay unos actores pol&iacute;ticos, y algunos acad&eacute;micos que conozco, que sostienen que a&uacute;n no ha acabado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un camino posible ser&iacute;a esforzarse por construir mejores medidas de las estrategias autoritarias de los reg&iacute;menes &#151;mucho mejores que los &iacute;ndices existentes de <i>Freedom House, Polity</i> o de otros tantos &iacute;ndices de derechos humanos&#151; y luego analizar el grado de autoritarismo como parte de nuestras explicaciones causales, en lugar de verlo como parte de nuestras definiciones del tipo de r&eacute;gimen. En el cap&iacute;tulo siete de su libro, Schedler se mueve en este sentido cuando compara los efectos de las herramientas autoritarias en los m&aacute;rgenes de victoria en los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos y competitivos. Seg&uacute;n mi propia propuesta m&aacute;s amplia, deber&iacute;amos trazar los puntos de corte entre las autocracias h&iacute;bridas y las democracias competitivas a partir de su uso relativo de las herramientas autoritarias. Si hici&eacute;ramos esto, un elemento autoritario importante a medir ser&iacute;a el grado de fraude electoral al contar los votos. Para m&iacute;, el fraude es el problema m&aacute;s dif&iacute;cil con el que nos enfrentamos al analizar los reg&iacute;menes h&iacute;bridos. Schedler resuelve esto parcialmente cuando distingue entre los reg&iacute;menes autoritarios electorales competitivos y los hegem&oacute;nicos; pero el fraude est&aacute; potencialmente oculto para el analista, por lo que podr&iacute;amos clasificar por error un r&eacute;gimen como competitivo cuando de hecho es hegem&oacute;nico, pese a que a&uacute;n no haya alcanzado el umbral de diez a&ntilde;os que utiliza Andreas. Si &eacute;ste fuera el caso, y el r&eacute;gimen pudiera perder el poder a pesar de los intentos de fraude electoral, cambiar&iacute;a notablemente la manera en la que pensamos en los reg&iacute;menes h&iacute;bridos (v&eacute;ase Schedler, 2013, p. 197).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&oacute;tese que aunque he estado usando la palabra "r&eacute;gimen", el autoritarismo electoral y el autoritarismo competitivo contienen una mezcla de sistemas duraderos y de aquellos que existen solamente para una o dos elecciones. Personalmente no entiendo enteramente la noci&oacute;n de un "r&eacute;gimen" de una o dos elecciones. En cierto modo, esto me recuerda la distinci&oacute;n de Juan Linz entre reg&iacute;menes autoritarios y "situaciones" autoritarias (Linz, 2000). Pero incluso las "situaciones" de Linz duraron mucho m&aacute;s tiempo. Para m&iacute;, parece como si "r&eacute;gimen" debiera implicar alg&uacute;n umbral de duraci&oacute;n. Pero entonces, &iquest;c&oacute;mo entendemos las elecciones autoritarias que ocurren en ausencia de un r&eacute;gimen propiamente constituido? Si las herramientas institucionales son las que fuerzan a los competidores a un juego de dos niveles y ayudan a que los aut&oacute;cratas mantengan el poder, entonces, &iquest;c&oacute;mo podemos entender los breves periodos autoritarios en los que los aut&oacute;cratas pose&iacute;an dichas herramientas y, sin embargo, perdieron en seguida?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda &aacute;rea principal que quiero mencionar tiene que ver con la noci&oacute;n de Schedler de un juego a dos niveles jugado por el gobierno y la oposici&oacute;n. Estos actores compiten simult&aacute;neamente por los votos y por las reglas b&aacute;sicas bajo las que se da la competencia electoral. Esta distinci&oacute;n inteligente e innovadora es una "Schedler cl&aacute;sica". Lo puedo imaginar leyendo las meditaciones de Borges sobre los laberintos y teniendo la epifan&iacute;a de los juegos a dos niveles. Me gusta mucho la idea del juego a dos niveles. Centra nuestra atenci&oacute;n en lo que est&aacute; en juego &#151;si el autoritarismo electoral contin&uacute;a o si el r&eacute;gimen instituye reglas m&iacute;nimamente democr&aacute;ticas para la competencia partidaria&#151;. Schedler sostiene que: "La identidad de los actores del r&eacute;gimen y de la oposici&oacute;n no se deriva de sus posiciones sociales sino de la ubicaci&oacute;n pol&iacute;tica. El conflicto central es pol&iacute;tico: tiene que ver con la distribuci&oacute;n del poder, no con la distribuci&oacute;n de los recursos materiales" (Schedler, 2013, p. 20).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que este foco en la naturaleza del r&eacute;gimen es una fortaleza real, hace que me surjan algunas preguntas. Cuanto m&aacute;s central se vuelve la competencia sobre las reglas electorales, la oposici&oacute;n tiene m&aacute;s razones para coordinar sus esfuerzos en contra del partido gobernante (Andreas reconoce esto respecto de los sistemas electorales en el cap&iacute;tulo tres, nota de pie de p&aacute;gina 11). Esto parece como un error estrat&eacute;gico para los que gobiernan: &iquest;por qu&eacute; no mejor dividir a la oposici&oacute;n de manera transversal, en lugar de facilitar su coordinaci&oacute;n? De hecho, me parece que muchas de las autocracias h&iacute;bridas van en este sentido. En Taiw&aacute;n, la cuesti&oacute;n de la independencia nacional dividi&oacute; al Partido Dem&oacute;crata Progresista (DPP) y al Partido Nacionalista (NP) que desafiaban al Partido Nacionalista Chino (KMT).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Malasia y en Botsuana pas&oacute; algo similar. Y en M&eacute;xico, cuestiones distributivas dividieron a la izquierda y, finalmente, al Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD) del Partido Acci&oacute;n Nacional (PAN). Recuerdo cuando entr&eacute; a la sede nacional del PRD el lunes el 3 de julio de 2000 y me sorprendi&oacute; ver que todos estaban deprimidos. Cuando le dec&iacute;a a la gente: "Pero el PRI ha perdido, hoy por hoy, M&eacute;xico es una democracia competitiva. Han luchado por esto durante d&eacute;cadas. Muchos de sus compadres y de sus comadres han muerto por esto. Se acab&oacute;". Ellos me miraron desanimados y dijeron: "S&iacute;, &iexcl;pero es el PAN!" No se obtiene este tipo de respuestas de grupos que han apartado sus diferencias ideol&oacute;gicas para reunirse como un frente amplio de oposici&oacute;n para derrotar al r&eacute;gimen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, un comentario m&aacute;s general sobre la perspectiva institucional centrada en el r&eacute;gimen propuesta por Andreas Schedler que &eacute;l contrasta con los an&aacute;lisis centrados en la sociedad, en el Estado o en las &eacute;lites. Esos otros enfoques tienden a leer las preferencias de los actores desde sus intereses de clase, su cercan&iacute;a al erario p&uacute;blico o su papel dentro de la coalici&oacute;n gobernante. El enfoque de Schedler identifica los intereses de los actores seg&uacute;n su ubicaci&oacute;n dentro o fuera del r&eacute;gimen. Los actores del r&eacute;gimen tratan de organizar y contener el conflicto. Los actores societales tratan de socavar al r&eacute;gimen. En este nivel elevado de abstracci&oacute;n, el enfoque de Schedler abarca un amplio rango de estrategias y tipos de actores. El r&eacute;gimen puede desplegar cualquier cantidad de herramientas autoritarias tales como la represi&oacute;n, la manipulaci&oacute;n electoral, la censura o la exclusi&oacute;n y la oposici&oacute;n puede responder con rebeli&oacute;n, protesta, boicots u otras acciones contenciosas. La ventaja de esta perspectiva es su flexibilidad. El costo es que todav&iacute;a no conocemos cu&aacute;les son las condiciones que provocan ciertas formas de gobierno electoral autoritario, por qu&eacute; los contrincantes responden de cierta manera y cu&aacute;les son los efectos de estas respuestas. Me parece que a medida que examinemos estos asuntos, el enfoque institucional se complementar&aacute; con argumentos basados en otros enfoques. Pero quiz&aacute; estoy equivocado y la l&oacute;gica institucional por s&iacute; sola arrojar&aacute; perspectivas completamente diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue un verdadero placer leer este libro magistral escrito por un amigo cercano y un acad&eacute;mico profundamente reflexivo. Aprecio mucho la oportunidad de comentarlo y espero que continuemos el debate sobre los reg&iacute;menes h&iacute;bridos, debate que, durante alg&uacute;n tiempo, girar&aacute; alrededor de este fascinante libro.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Dan Slater, La disputa por el Estado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recib&iacute; el libro de Andreas Schedler en mi hotel en Kuala Lumpur, Malasia, donde estaba realizando una investigaci&oacute;n sobre uno de los reg&iacute;menes electorales autoritarios m&aacute;s duraderos del mundo. Las ense&ntilde;anzas y reflexiones de este libro eran exactamente lo que necesitaba despu&eacute;s de un mes de trabajo de campo, en el que me la pas&eacute; luchando por hacer inteligible la mezcolanza de cambios reformistas y continuidades represivas de Malasia desde la renuncia de su autocr&aacute;tico primer ministro, Mahathir Mohamad, en 2003. Hab&iacute;a algo sugerente en el hecho de que el libro de Andreas fuera enviado de M&eacute;xico a Malasia, o de Am&eacute;rica Latina al Sureste de Asia. En estos dos pa&iacute;ses y en estas dos regiones el fen&oacute;meno contempor&aacute;neo del autoritarismo electoral tiene sus ra&iacute;ces hist&oacute;ricas m&aacute;s profundas. Como se&ntilde;ala Andreas, s&oacute;lo seis de los 51 pa&iacute;ses que considera como de autoritarismo electoral entre 1980 y 2002 fueron clasificados como tales desde antes del fin de la Guerra Fr&iacute;a: dos de &eacute;stos (M&eacute;xico y Paraguay) se encuentran en Am&eacute;rica Latina, y los otros cuatro reg&iacute;menes autoritarios electorales estaban en el sureste asi&aacute;tico (Indonesia, Malasia, las Filipinas y Singapur). En otros t&eacute;rminos, mientras que el sureste asi&aacute;tico s&oacute;lo tiene aproximadamente cinco por ciento de los pa&iacute;ses del mundo, durante la Guerra Fr&iacute;a esta regi&oacute;n ten&iacute;a 66 por ciento de los reg&iacute;menes autoritarios electorales del mundo. As&iacute;, con un raro y envidioso orgullo declaro mi regi&oacute;n de especializaci&oacute;n como la capital mundial para el autoritarismo electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto sugiere que si el libro de Andreas logra sus ambiciones globales, deber&iacute;a hacer al menos decentemente inteligible el autoritarismo electoral del sureste asi&aacute;tico. Y como un estudioso &aacute;vido del autoritarismo del sureste asi&aacute;tico, estoy contento de anunciar que <i>The Politics of Uncertainty</i> fue como m&uacute;sica para mis o&iacute;dos. P&aacute;gina tras p&aacute;gina encontr&eacute; lecciones, resultados, modelos y argumentos relevantes. Por favor, perm&iacute;tanme a continuaci&oacute;n simplemente anotar unos pocos que fueron especialmente relevantes para un acad&eacute;mico que est&aacute; metido hasta el cuello en la interpretaci&oacute;n de la trayectoria del r&eacute;gimen autoritario electoral de Malasia, mientras &eacute;ste cambia de lo que Andreas llama una posici&oacute;n en el poder "hegem&oacute;nica" hacia una posici&oacute;n m&aacute;s "competitiva".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; lo que m&aacute;s agradezco es la insistencia de Andreas respecto de que los reg&iacute;menes como los de Malasia deben estudiarse como autoritarios, no como democr&aacute;ticos. Aun cuando un r&eacute;gimen no cometa cada tipo de abuso autoritario y de manipulaci&oacute;n, actuar como autoritario es ser autoritario. Como un trabajo de teor&iacute;a pol&iacute;tica normativa, &eacute;ste es simplemente el mejor libro que tenemos sobre el car&aacute;cter decididamente no democr&aacute;tico de los llamados reg&iacute;menes autoritarios "h&iacute;bridos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andreas tambi&eacute;n establece un nuevo est&aacute;ndar al profundizar en nuestra comprensi&oacute;n de la superficialidad de la estabilidad autoritaria. Por supuesto, &eacute;ste es el punto principal del libro: los reg&iacute;menes autoritarios no pueden simplemente escapar de los problemas de incertidumbre y opacidad. Nunca pueden saber a ciencia cierta qu&eacute; tan populares o seguros son en la actualidad, o qu&eacute; tan probable es que se enfrenten a mayores desaf&iacute;os en el futuro. De esta manera, el libro de Andreas es un an&aacute;lisis cr&iacute;tico pionero de las dos pretensiones m&aacute;s comunes que tienen los reg&iacute;menes electorales autoritarios: que fueran verdaderamente democr&aacute;ticos a pesar de sus muchas manipulaciones, y que fueran verdaderamente estables a pesar de su renuencia a basar su legitimidad en el apoyo popular libre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Andreas se ha vuelto inmediatamente indispensable para m&iacute; por dos razones adicionales que tambi&eacute;n vale la pena mencionar aqu&iacute;. Una es su reconocimiento incisivo de que las estrategias de supervivencia &oacute;ptimas de los reg&iacute;menes autoritarios se vuelven profundamente indeterminadas durante tiempos de declive del r&eacute;gimen. Es dif&iacute;cil para m&iacute; exagerar qu&eacute; tan importante es esta visi&oacute;n en el caso de Malasia, sobre todo. Cuando la oposici&oacute;n empieza a ganar terreno, es verdaderamente imposible para un r&eacute;gimen autoritario saber si el aumento de la represi&oacute;n y de la manipulaci&oacute;n detendr&aacute; o acelerar&aacute; su declive. En una de sus muchas expresiones evocadoras y memorables, Andreas se&ntilde;ala que las estrategias racionales de auto<i>defensa</i> de los dictadores igual pueden producir resultados de auto<i>derrota.</i> Entonces, &iquest;c&oacute;mo se supone que debemos teorizar estos momentos cr&iacute;ticos como cient&iacute;ficos pol&iacute;ticos? Comparto algunos pensamientos sobre esto m&aacute;s adelante, pero por ahora el punto vital es que Andreas, muy atractivamente, reconoce las limitaciones de nuestras teor&iacute;as y de nuestros m&eacute;todos al momento de evaluar los dilemas estrat&eacute;gicos a los que se enfrentan los reg&iacute;menes autoritarios cuando comienzan a vivir tiempos dif&iacute;ciles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andreas no solamente lucha con estos dilemas de manipulaci&oacute;n y reforma, tambi&eacute;n ofrece un nuevo modelo para lo que alguna vez c&eacute;lebremente llam&oacute; "el men&uacute; de la manipulaci&oacute;n", del que escogen los dictadores. En s&iacute;ntesis, pueden desplegar represi&oacute;n, fraude, censura y exclusi&oacute;n. De manera fascinante, las pruebas cuantitativas de Andreas sugieren que las &uacute;ltimas dos t&aacute;cticas, la censura y la exclusi&oacute;n, est&aacute;n fuertemente asociadas con los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos o con aquellos con posiciones s&uacute;per mayoritarias en la legislatura nacional. Mientras tanto, los reg&iacute;menes m&aacute;s competitivos, o aquellos en las posiciones m&aacute;s vulnerables, generalmente se apoyan de manera m&aacute;s fuerte en la represi&oacute;n y en el fraude. &Eacute;ste bien podr&iacute;a ser el hallazgo emp&iacute;rico m&aacute;s interesante del libro de Andreas. Sin embargo, pienso que lo interpreto de manera un poco diferente de lo que lo hace Andreas. En &eacute;ste y en otros casos, mi entendimiento de la din&aacute;mica autoritaria electoral difiere sutilmente del de Andreas debido a nuestros puntos de partida te&oacute;ricos distintos. En la segunda mitad de mis comentarios expongo estas diferencias, sutiles pero significativas, y sugiero que mi enfoque podr&iacute;a ofrecer un complemento &uacute;til al aparato anal&iacute;tico elaborado en <i>The Politics of Uncertainty.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mi trabajo sobre los leviatanes del sureste asi&aacute;tico (Slater 2010) analizo los <i>poderes duraderos y subyacentes que diferencian</i> los reg&iacute;menes autoritarios electorales, que es sutil pero relevantemente diferente del enfoque de Andreas que se basa en las <i>incertidumbres inmediatas que definen</i> los reg&iacute;menes autoritarios electorales. Para aclarar perfectamente los tres puntos de contraste: mientras que la variable principal de Andreas es la incertidumbre, la m&iacute;a es el poder; mientras &eacute;l estudia la incertidumbre en una perspectiva relativamente inmediata o de corto plazo, yo estudio el poder en una perspectiva m&aacute;s duradera, hist&oacute;rica; y mientras el objetivo principal de Andreas es descubrir los rasgos <i>compartidos</i> que <i>definen</i> los reg&iacute;menes autoritarios electorales, mi agenda de investigaci&oacute;n se ha centrado en explicar las <i>variaciones</i> que <i>diferencian</i> algunos reg&iacute;menes autoritarios electorales de otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo sucede, exactamente, que un enfoque que pone el acento en los poderes duraderos y subyacentes de los reg&iacute;menes autoritarios electorales complemente un enfoque que centra su atenci&oacute;n en sus incertidumbres definitorias m&aacute;s inmediatas? Con referencia directa a los casos del sureste asi&aacute;tico, sobre todo Malasia, me gustar&iacute;a resaltar tres &aacute;reas donde mi enfoque complementa el de Andreas: las variedades de la manipulaci&oacute;n, las protestas democr&aacute;ticas y las concesiones autoritarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a las variedades de la manipulaci&oacute;n, Schedler sostiene y demuestra que los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos descansan m&aacute;s en la censura y en la exclusi&oacute;n, mientras que los reg&iacute;menes competitivos dependen m&aacute;s del fraude y de la represi&oacute;n (Schedler, 2013, p. 198). Pero, &iquest;acaso esta diferencia es principalmente un producto de la variaci&oacute;n en la competitividad electoral o de la fortaleza del r&eacute;gimen? Los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos como los de Malasia y Singapur tienen la capacidad de utilizar la censura y la exclusi&oacute;n de manera estrat&eacute;gica y preventiva en las fases tempranas del ciclo electoral, de modo que no necesiten depender tanto del fraude y de la represi&oacute;n cuando se lleven realmente a cabo las elecciones. La diferencia entre los reg&iacute;menes de Singapur y Malasia frente a los de Camboya y Birmania se relaciona m&aacute;s con las variaciones duraderas en la preparaci&oacute;n y la capacidad de anticipar, no aplastar, los retos (es decir, la fortaleza del r&eacute;gimen) que con la competitividad de la arena electoral.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel de las protestas democr&aacute;ticas en los reg&iacute;menes autoritarios es otro tema que puede entenderse mejor si se pone m&aacute;s atenci&oacute;n al poder y a la historia. En <i>The Politics of Uncertainty</i> las protestas democr&aacute;ticas se inscriben en la teor&iacute;a centrada en las elecciones. Sin embargo, el derrumbamiento del r&eacute;gimen no siempre se debe a la incertidumbre electoral: consideremos la ca&iacute;da de los reg&iacute;menes en Indonesia, Egipto y T&uacute;nez a pesar de la debilidad o incluso la ausencia de desaf&iacute;os electorales. En esos casos, el surgimiento y la fuerza de las protestas no pueden entenderse sin apreciar otros procesos de largo plazo que conforman la fuerza relativa de los actores autoritarios y de la oposici&oacute;n. Por ejemplo, la efectividad de las f&oacute;rmulas de legitimidad de los dictadores puede variar con el tiempo, lo que significa que sus actos de manipulaci&oacute;n pueden producir "costos de legitimidad" muy distintos (p&aacute;g. 131) en momentos diferentes durante el ciclo de vida de un r&eacute;gimen. De manera similar, las protestas democr&aacute;ticas masivas indican t&iacute;picamente una lucha exitosa a largo plazo de la oposici&oacute;n para construir algo que Schedler toma como un hecho caracter&iacute;stico de los reg&iacute;menes autoritarios electorales: el clivaje de r&eacute;gimen, el conflicto por la naturaleza del r&eacute;gimen, que separa a la oposici&oacute;n del r&eacute;gimen (p&aacute;g. 8). Por un lado, los recientes logros de la oposici&oacute;n de Malasia reflejan el &eacute;xito que apenas ha alcanzado, sobre todo por medio de protestas masivas por la reforma electoral, en establecer la relevancia de la lucha por el r&eacute;gimen. Por el otro lado, la principal estrategia de los autoritarios de Malasia por conservar el poder es hacer retroceder la pol&iacute;tica hacia otras l&iacute;neas de conflicto, como la &eacute;tnica y la religi&oacute;n, en las que durante mucho tiempo han tenido ventaja. En resumen, las protestas democr&aacute;ticas raramente son s&oacute;lo momentos de locura o expresiones de indignaci&oacute;n por la manipulaci&oacute;n electoral, sino una culminaci&oacute;n de largas luchas hist&oacute;ricas por el poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la variaci&oacute;n en el poder del r&eacute;gimen tiene consecuencias sumamente importantes para los modos de salida autoritaria. Los reg&iacute;menes d&eacute;biles no pueden hacer concesiones democr&aacute;ticas sin correr el riesgo de perder rotundamente el poder, pero los reg&iacute;menes m&aacute;s fuertes pueden aceptar la democracia sin abrazar la derrota. &Eacute;sta es una lecci&oacute;n central de la democratizaci&oacute;n del este de Asia, como se vio en casos como los de Taiw&aacute;n, Corea del Sur e Indonesia. Tambi&eacute;n parece aplicar bastante bien la experiencia de cambio democr&aacute;tico gradual de M&eacute;xico en las d&eacute;cadas de 1980 y 1990. De hecho, una de las implicaciones m&aacute;s atractivas del trabajo de Schedler es que, en la medida en que el autoritarismo electoral siempre es una empresa incierta, las reformas democr&aacute;ticas por parte de los reg&iacute;menes autoritarios fuertes (y a menudo hegem&oacute;nicos) pueden mejorar realmente la estabilidad pol&iacute;tica en lugar de debilitarla. Si los mundos de democracia y autoritarismo son mundos inciertos, el mundo democr&aacute;tico les puede parecer preferible a los aut&oacute;cratas iluminados, dado que el peor resultado posible es una derrota electoral a manos de un gobierno cuyos poderes de retribuci&oacute;n se encuentran algo limitados constitucionalmente cuando menos. En un escenario a&uacute;n m&aacute;s optimista una victoria firme en una elecci&oacute;n verdaderamente democr&aacute;tica promete a los aut&oacute;cratas un periodo de mando fijo: un resultado deseablemente seguro que ni la versi&oacute;n hegem&oacute;nica ni la competitiva del autoritarismo electoral podri&aacute;n garantizar con seguridad en alg&uacute;n momento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, las luchas pol&iacute;ticas bajo el autoritarismo electoral no son s&oacute;lo luchas por y en la incertidumbre: son luchas por el poder en un equilibrio de poder hist&oacute;ricamente heredado. De hecho, la incertidumbre puede ser un rasgo definidor de todos, con la excepci&oacute;n de los reg&iacute;menes autoritarios hegem&oacute;nicos m&aacute;s s&oacute;lidos. Pero en la medida en que los niveles variables de poder del r&eacute;gimen influyen tan profundamente en los niveles variables de incertidumbre del r&eacute;gimen, necesitaremos conservar el poder y no s&oacute;lo la incertidumbre en el centro mismo de nuestros an&aacute;lisis comparativos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Andreas Schedler, La disputa por la incertidumbre</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mejores amigos son los mejores cr&iacute;ticos. Agradezco mucho las flores que mi libro recibi&oacute; de parte de Kenneth Greene y Dan Slater, pero agradezco a&uacute;n m&aacute;s sus cr&iacute;ticas. Las flores, bellas y esplendorosas, las pone uno en el florero y se marchitan pronto. Las cr&iacute;ticas son semillas en el terreno f&eacute;rtil de nuestros debates. Dan frutos argumentativos a largo plazo. Aprovecho entonces para responder a las preguntas amistosas de mis colegas y cr&iacute;ticos constructivos.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La disputa por las fronteras</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entrada, Ken Greene se&ntilde;ala un problema conceptual grave: Llevamos m&aacute;s de una d&eacute;cada de debates intensos sobre los reg&iacute;menes electorales autoritarios y todav&iacute;a no nos ponemos de acuerdo sobre su delimitaci&oacute;n precisa. Todav&iacute;a no hay acuerdo sobre el universo de casos que pertenece a la familia de las autocracias electorales. Como lo indica Ken, esto pone en entredicho nuestra capacidad de generalizaci&oacute;n. Los hallazgos emp&iacute;ricos que tengamos sobre las din&aacute;micas de autocracias electorales, &iquest;qu&eacute; tan particulares son para la muestra particular de casos que estemos estudiando? &iquest;Qu&eacute; tanto var&iacute;an si variamos nuestro conjunto de casos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los reg&iacute;menes electorales autoritarios forman una categor&iacute;a intermedia de reg&iacute;menes. Est&aacute;n delimitados por dos fronteras. Por un lado, se distinguen de las "dictaduras cerradas" que no tienen elecciones pluripartidistas a nivel nacional. Por otro lado, se distinguen de las "democracias electorales" que tienen ciertos defectos de calidad, aunque cumplen con las normas m&iacute;nimas de la democracia. Ambas fronteras son controvertidas y varios autores hemos utilizado diferentes puntos de corte. &iquest;Cu&aacute;les son los problemas de fondo? &iquest;Y cu&aacute;les ser&iacute;an soluciones posibles?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La frontera autoritaria</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diferencia entre autocracias electorales y dictaduras cerradas es institucional. Las primeras tienen elecciones formalmente competitivas, las segundas no. Para trazar la "frontera autoritaria", la pregunta central es emp&iacute;rica: &iquest;Qu&eacute; tipo de elecciones autoritarias plurales tienen la relevancia causal suficiente para que puedan definir el tipo de r&eacute;gimen, es decir, para que tenga sentido hablar de una autocracia electoral? Mi respuesta es bastante restrictiva: necesitamos que las elecciones se den a nivel nacional; que sean pluripartidistas, regulares e incluyentes, y que se desarrollen bajo un m&iacute;nimo de capacidad y soberan&iacute;a del Estado. Mi supuesto es que todos los dem&aacute;s tipos de elecciones no tienen el mismo efecto transformador para la pol&iacute;tica nacional de un r&eacute;gimen. Las elecciones subnacionales, unipartidistas, ocasionales, excluyentes y las elecciones bajo condiciones de guerra civil o dominaci&oacute;n externa no introducen la misma din&aacute;mica competitiva entre gobierno y oposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay buenas razones te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas que apoyan esta premisa. Sin embargo, no pido que se adopte ciegamente como convenci&oacute;n conceptual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo ideal ser&iacute;a que estudi&aacute;ramos (sea de manera cuantitativa o cualitativa) <i>todos los tipos de elecciones</i> como posibles <i>variables explicativas</i> de din&aacute;micas autoritarias: elecciones pluripartidistas y unipartidistas, legislativas y ejecutivas, regulares y ocasionales, incluyentes y excluyentes, nacionales y subnacionales, soberanas y coloniales. Si de esta manera descubrimos que el universo de elecciones transformadoras es m&aacute;s o menos amplio de lo que he estado proponiendo, tendremos que repensar el umbral cualitativo que separa el autoritarismo electoral de dictaduras cerradas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La frontera democr&aacute;tica</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la superficie institucional, las autocracias electorales y las democracias electorales se ven iguales. Hay elecciones regulares a escala nacional, con sufragio universal y partidos de oposici&oacute;n. La diferencia entre ambos tipos de r&eacute;gimen no est&aacute; en las instituciones formales, sino en las pr&aacute;cticas reales. Para delinear la "frontera democr&aacute;tica", la pregunta central es normativa: &iquest;Qu&eacute; tipo de pr&aacute;cticas violan las normas democr&aacute;ticas de manera tan severa y sistem&aacute;tica que nos obliguen a clasificar elecciones formalmente competitivas como autoritarias? O al rev&eacute;s, &iquest;qu&eacute; tan libres, incluyentes, competitivas, equitativas, limpias y pac&iacute;ficas deben ser elecciones formalmente plurales para que se merezcan el t&iacute;tulo de "democr&aacute;ticas"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de fijar umbrales consensuados no solamente surge de desacuerdos normativos sobre los requisitos m&iacute;nimos de la democracia. Tambi&eacute;n surge de problemas estructurales de informaci&oacute;n. Muchas pr&aacute;cticas de manipulaci&oacute;n electoral son ilegales y se llevan a cabo a escondidas. Nunca sabemos "a ciencia cierta" cu&aacute;nta manipulaci&oacute;n se haya dado en una determinada elecci&oacute;n. Las elecciones adem&aacute;s son eventos muy grandes y complejos que involucran un sinf&iacute;n de actos y actores. Su mera magnitud y complejidad genera problemas de agregaci&oacute;n y ponderaci&oacute;n. Todas las violaciones individuales de normas democr&aacute;ticas que podamos observar las tenemos que evaluar en su contexto. &iquest;Qu&eacute; tan excepcionales son o qu&eacute; tan representativas para la elecci&oacute;n en su conjunto? &iquest;Qu&eacute; tanto inciden en la calidad democr&aacute;tica de la elecci&oacute;n en todas sus fases y dimensiones?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los problemas de observaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n electoral son end&oacute;genos a los reg&iacute;menes electorales autoritarios. Los mismos reg&iacute;menes son h&aacute;biles en crearlas y agravarlos. Son expertos de la ambig&uuml;edad e inconsistencia calculadas. No sorprende, por lo tanto, que los protagonistas pol&iacute;ticos raras veces concuerdan en sus diagn&oacute;sticos sobre la calidad autoritaria de una elecci&oacute;n. La oposici&oacute;n siempre va a ser m&aacute;s cr&iacute;tica, el gobierno m&aacute;s complaciente. En la mayor&iacute;a de los casos, los juicios de expertos imparciales convergen de manera aproximada, pero no siempre. Recordemos nada m&aacute;s las controversias que han suscitado las elecciones presidenciales mexicanas de los a&ntilde;os 1988 y 2006.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos saltarnos todos los problemas de observaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de <i>procesos</i> electorales y fijarnos nada m&aacute;s en los <i>resultados</i> electorales. Mientras las elecciones siempre sacan el mismo ganador, podemos inferir que no hay democracia. En cambio, en el momento en que la oposici&oacute;n logra tumbar al gobierno por la v&iacute;a electoral, podemos asumir que el proceso haya sido democr&aacute;tico. Esta es la "regla de alternancia" que propusieron Adam Przeworski y sus coautores. Es una regla de clasificaci&oacute;n ingeniosa, pero como lo se&ntilde;ala Ken Greene, no sirve muy bien para distinguir democracias electorales (que no siempre tienen alternancia) de autocracias electorales (que a veces admiten la alternancia).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final del d&iacute;a, entonces, para trazar la l&iacute;nea divisoria entre democracias y autocracias electorales, dependemos del juicio de expertos. Esto es cierto cuando utilizamos, como lo hago en el libro, datos generales sobre la calidad democr&aacute;tica del r&eacute;gimen pol&iacute;tico (tipo <i>Freedom House</i> o <i>Polity).</i> Tambi&eacute;n es cierto cuando utilizamos, como lo propone Ken Greene, datos m&aacute;s puntuales sobre distintas estrategias de manipulaci&oacute;n electoral (como el fraude o la exclusi&oacute;n). De todos modos, la estrategia desagregada que propone &eacute;l es superior a la m&iacute;a. Es m&aacute;s f&aacute;cil evaluar la validez de indicadores estrechos de estrategias espec&iacute;ficas que de datos &oacute;mnibus de reg&iacute;menes enteros. Nos permite un debate normativo, conceptual y metodol&oacute;gico m&aacute;s enfocado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, aun cuando nos propongamos colocar mojones fronterizos m&aacute;s precisos debemos resolver una pregunta general: &iquest;Qu&eacute; tipo de errores de delimitaci&oacute;n nos duelen menos? En principio, nos podemos equivocar hacia cualquiera de los dos lados. Podemos clasificar como autocracias a reg&iacute;menes que "en realidad" son democr&aacute;ticos (porque cumplen los m&iacute;nimos). O al rev&eacute;s, podemos clasificar como democracias a reg&iacute;menes que "en realidad" son autoritarios (porque violan los m&iacute;nimos democr&aacute;ticos de manera severa y sistem&aacute;tica). &iquest;Qu&eacute; nos importa m&aacute;s? &iquest;Tener mucha confianza de que una autocracia es una autocracia, o de que una democracia es una democracia? Veo dif&iacute;cil que nos pongamos de acuerdo. &iquest;Pero qu&eacute; nos queda en ausencia de un acuerdo normativo de este tipo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una respuesta posible: podemos trabajar con muestras distintas de reg&iacute;menes para evaluar nuestras teor&iacute;as causales. La distinci&oacute;n entre autocracias y democracias electorales es normativa, pero tambi&eacute;n tiene implicaciones emp&iacute;ricas. Los dos tipos de r&eacute;gimen, se supone, funcionan de maneras distintas: bajo condiciones autoritarias, todos los actores &#151;los gobiernos, los funcionarios, los partidos y los votantes&#151; se mueven de manera distinta de como se mueven en contextos democr&aacute;ticos. Por lo tanto, nuevamente, la din&aacute;mica causal de reg&iacute;menes lim&iacute;trofes nos puede ayudar a determinar de qu&eacute; lado de la frontera normativa se ubican. Si ciertos autores clasifican a ciertos reg&iacute;menes fronterizos como autoritarios y si estos reg&iacute;menes efectivamente se comportan como tales, podemos tener mayor confianza en su membres&iacute;a en el club autoritario.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autonom&iacute;a de las elecciones</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea misma del autoritarismo electoral conlleva la premisa de que las elecciones importan. Naturalmente, esta premisa invita a ser cuestionada. Con tanta gente que duda que las elecciones democr&aacute;ticas importen, &iquest;por qu&eacute; vamos a creer que las elecciones autoritarias importen? Ambos de mis amables cr&iacute;ticos articulan esta duda de varias maneras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es mi posici&oacute;n inicial? Con cierto toque pol&eacute;mico, sit&uacute;o mi enfoque como una instancia de "institucionalismo pol&iacute;tico". Esto quiere decir que mi an&aacute;lisis de la pol&iacute;tica autoritaria toma en serio las <i>instituciones</i> formalmente representativas del r&eacute;gimen autoritario (las elecciones pluripartidistas), pero tambi&eacute;n la <i>pol&iacute;tica</i> que se desarrolla dentro de estas instituciones, es decir, en la arena electoral. Afirmo, entonces, que las elecciones autoritarias tienen un peso propio. Su mera existencia cambia el juego pol&iacute;tico dentro de las autocracias. Al mismo tiempo, las instituciones no act&uacute;an. No tienen peso causal por si solas. Abren espacios de interacci&oacute;n entre actores. Los resultados finales del juego pol&iacute;tico dependen de c&oacute;mo se mueven los actores dentro de las restricciones y oportunidades institucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro, construyo un marco de an&aacute;lisis para comprender las interacciones conflictivas entre gobierno y oposici&oacute;n en elecciones autoritarias. Desarrollo intuiciones te&oacute;ricas sobre estas din&aacute;micas interactivas y las eval&uacute;o de manera tentativa con base en datos comparados sobre el comportamiento de los dos conjuntos de antagonistas. Todo el libro se centra en elecciones. Todas sus bases conceptuales, te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas son expl&iacute;citamente "eleccioc&eacute;ntricas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta perspectiva naturalmente se abre a la cr&iacute;tica de conceder demasiado peso y espacio a las instituciones electorales y la pol&iacute;tica electoral. Corre el riesgo de olvidarse de los anclajes estructurales de ambos. Por lo mismo, en varias partes libro, enfatizo que las elecciones autoritarias no se dan en el vac&iacute;o. No son eventos flotantes, aislados de su contexto. Al contrario, est&aacute;n profundamente inmersos en su entorno social, pol&iacute;tico e institucional. Mis cr&iacute;ticos tienen raz&oacute;n en resaltar este punto. Tienen raz&oacute;n en insistir en que la correlaci&oacute;n de fuerzas en la arena electoral depende de muchas maneras de factores externos a la arena electoral. Quisiera mirar brevemente las dos caras de la moneda electoral: la fortaleza del r&eacute;gimen y la fortaleza de la oposici&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La fortaleza del r&eacute;gimen</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como bien lo se&ntilde;ala Dan Slater, la fortaleza del r&eacute;gimen no se decide en la arena electoral. No en primera instancia, aunque posiblemente s&iacute; en &uacute;ltima instancia. El poder de los aut&oacute;cratas depende primeramente de su infraestructura burocr&aacute;tica. Depende del poder del Estado que presiden y del poder del partido que dirigen. Esto aplica para cualquier tipo de dictadura, no solamente para autocracias electorales. Tengan o no elecciones formalmente plurales, es muy dif&iacute;cil tumbar autocracias que cuenten con un Estado fuerte y un partido fuerte. Su infraestructura estatal determina sus capacidades de coerci&oacute;n, distribuci&oacute;n y regulaci&oacute;n. Su infraestructura partidaria determina su capacidad de mantener unido al Estado y vincularlo con la sociedad. En autocracias electorales, ambos &aacute;mbitos institucionales son clave, tanto para la capacidad de movilizaci&oacute;n electoral del r&eacute;gimen como para su capacidad de manipulaci&oacute;n electoral. Necesitamos entonces pensar de manera m&aacute;s sistem&aacute;tica c&oacute;mo podemos incorporar el Estado en los estudios electorales autoritarios, pero tambi&eacute;n al rev&eacute;s, como podemos incorporar las din&aacute;micas electorales en el estudio del Estado autoritario.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La fortaleza de la oposici&oacute;n</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la medida en que importen los votantes en las elecciones autoritarias, importar&aacute; tambi&eacute;n para ellos la naturaleza autoritaria de las elecciones. Cuando la oposici&oacute;n logra convencer a los ciudadanos de que la lucha por la democratizaci&oacute;n del r&eacute;gimen es importante, podr&aacute; acumular fuerzas en las elecciones. En cambio, cuando el gobierno logra convencerlos de que otros asuntos son m&aacute;s importantes, la oposici&oacute;n quedar&aacute; condenada a ser una minor&iacute;a perpetua. En buena parte, esta lucha por la agenda pol&iacute;tica se da en el espacio p&uacute;blico y en las campa&ntilde;as electorales. Sin embargo, su resultado no depende exclusivamente de las estrategias de comunicaci&oacute;n que emprendan el gobierno y la oposici&oacute;n, sino de la estructura del electorado. &iquest;Qu&eacute; tan receptivos son los votantes para mensajes de democratizaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; tanto para mensajes autoritarios de miedo, nacionalismo u oportunismo econ&oacute;mico? Ken Greene tiene raz&oacute;n: no podemos asumir que el clivaje anti r&eacute;gimen sea relevante para los ciudadanos. Necesitamos estudiar la opini&oacute;n p&uacute;blica y las campa&ntilde;as electorales para saber qu&eacute; tan relevante es. Ambas &aacute;reas, tanto el estudio de la opini&oacute;n p&uacute;blica como el estudio de campa&ntilde;as electorales, todav&iacute;a constituyen terrenos casi v&iacute;rgenes en el estudio comparado de las elecciones autoritarias.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El peso de la incertidumbre</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las dictaduras, afirma Dan Slater, la lucha es por el poder, no solamente por la incertidumbre. Mi respuesta es sencilla: la lucha por la incertidumbre es una parte fundamental de la lucha por el poder. El poder no es una cosa objetiva que exista independientemente de nuestras percepciones. Es una relaci&oacute;n social que depende vitalmente de nuestras expectativas. Igual que la virtud, necesita ser fuerte y parecerlo tambi&eacute;n. Cuando las &eacute;lites o los ciudadanos creen que el gobierno es d&eacute;bil, es m&aacute;s f&aacute;cil que se pasen a la oposici&oacute;n. Cuando creen que es fuerte, ser&aacute;n mucho m&aacute;s renuentes a desertar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciencia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea vive una suerte de esquizofrenia metodol&oacute;gica, un divorcio estructural entre teor&iacute;a e investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. En sus microfundamentos, pr&aacute;cticamente todas nuestras teor&iacute;as son teor&iacute;as de racionalidad prospectiva. Asumimos que los actores, al elegir entre varios cursos posibles de acci&oacute;n, anticipan y ponderan las consecuencias futuras de sus acciones. Sin importar si se mueven por consideraciones utilitarias o normativas, sus expectativas a futuro casi invariablemente son un ingrediente fundamental de sus decisiones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestras teor&iacute;as de acci&oacute;n tienen entonces un n&uacute;cleo cognitivo que atribuye gran peso causal a las percepciones y expectativas. En contraste, en nuestras estrategias de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica nos rehusamos a recolectar y evaluar evidencia emp&iacute;rica de percepciones y expectativas. Siguiendo el lugar com&uacute;n de que no podemos ver lo que sucede en las cabezas de los actores, desterramos sus percepciones y expectativos del reino de la evidencia leg&iacute;tima. No nos creemos capaces de escuchar a los actores y evaluar de manera cr&iacute;tica lo que nos digan. Al no poder tener <i>certeza</i> sobre fen&oacute;menos cognitivos, pretendemos que no podemos saber <i>nada</i> de ellos y los metemos en una caja negra herm&eacute;ticamente sellada. Renunciando a la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica y tambi&eacute;n al desarrollo de teor&iacute;as s&oacute;lidas sobre la formaci&oacute;n de percepciones y expectativas, llenamos la <i>black box</i> con premisas c&oacute;modas. Terminamos con una paradoja que <i>The Politics of Uncertainty</i> se&ntilde;ala, pero no resuelve: abrazamos teor&iacute;as de racionalidad, pero nos negamos a escuchar razones. &iquest;Cu&aacute;l es la soluci&oacute;n? Ya que el reto es colectivo, mejor no digo nada y todos nos ponemos a reflexionar. </font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Boix, Carles y Susan C. Stokes (2003), "Endogenous Democratization", en <i>World Politics,</i> 55(4), pp. 517&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234264&pid=S1665-2037201500010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Greene, Kenneth F. (2007), <i>Why Dominant Parties Lose? Mexico's Democratization in Comparative Perspective,</i> Nueva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234266&pid=S1665-2037201500010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Levitsky, Steven y Lucan A. Way (2010), <i>Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes After the Cold War,</i> Nueva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234268&pid=S1665-2037201500010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Linz, Juan (2000), <i>Totalitarian and Authoritarian Regimes,</i> Boulder, Lynne Rienner.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234270&pid=S1665-2037201500010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Przeworski, Adam, Michael &Aacute;lvarez, Jos&eacute; Antonio Cheibub y Fernando Limongi (2000), <i>Democracy and Development: Political Insititutions and Well&#45;Beingin the World, 1950&#45;1990,</i> Nueva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234272&pid=S1665-2037201500010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schedler, Andreas (2013), <i>The Politics of Uncertainty: Sustaining and Subverting Electoral Authoritarianism,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234274&pid=S1665-2037201500010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sidney Verba y Almond, Gabriel A. (1963), <i>The Civic Culture: Political Attitudes and Democracy in Five Nations,</i> Boston, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234276&pid=S1665-2037201500010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Slater, Dan (2010), <i>Ordering Power. Contentious Politics and Authoritarian Leviathans in Southeast Asia,</i> Nueva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6234278&pid=S1665-2037201500010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los comentarios fueron presentados originalmente en un foro de discusi&oacute;n que tuvo lugar en el Foro del Tejedor de la cafebrer&iacute;a El P&eacute;ndulo Roma, en la ciudad de M&eacute;xico, el 9 de diciembre de 2013.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Entre las obras de estos profesores destacan el libro de Kenneth F. Greene <i>Why Dominant Parties Lose? Mexico's Democratization in Comparative Perspective</i> (Cambridge University Press, 2007) y el libro de Dan Slater <i>Ordering Power: Contentious Politics and Authoritarian Leviathans in Southeast Asia</i> (Cambridge University Press, 2010).</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Boix]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carles]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Stokes]]></surname>
<given-names><![CDATA[Susan C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Endogenous Democratization]]></article-title>
<source><![CDATA[World Politics]]></source>
<year>2003</year>
<volume>55</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>517-49</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greene]]></surname>
<given-names><![CDATA[Kenneth F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Why Dominant Parties Lose? Mexico's Democratization in Comparative Perspective]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Levitsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[Steven]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Way]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lucan A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes After the Cold War]]></source>
<year>2010</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Linz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Totalitarian and Authoritarian Regimes]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boulder ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lynne Rienner]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Przeworski]]></surname>
<given-names><![CDATA[Adam]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Álvarez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michael]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cheibub]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Antonio]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Limongi]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fernando]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democracy and Development: Political Insititutions and Well-Beingin the World, 1950-1990]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schedler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Politics of Uncertainty: Sustaining and Subverting Electoral Authoritarianism]]></source>
<year>2013</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sidney]]></surname>
<given-names><![CDATA[Verba]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Almond]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gabriel A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Civic Culture: Political Attitudes and Democracy in Five Nations]]></source>
<year>1963</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boston ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Slater]]></surname>
<given-names><![CDATA[Dan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ordering Power. Contentious Politics and Authoritarian Leviathans in Southeast Asia]]></source>
<year>2010</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
