<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1665-2037</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Política y gobierno]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Polít. gob]]></abbrev-journal-title>
<issn>1665-2037</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C., División de Estudios Políticos]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1665-20372013000100010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La legitimidad democrática: Imparcialidad, reflexividad, proximidad]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Jurado]]></surname>
<given-names><![CDATA[Roberto]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco Departamento de Política y Cultura ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>20</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>206</fpage>
<lpage>209</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1665-20372013000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1665-20372013000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1665-20372013000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>La legitimidad democr&aacute;tica: Imparcialidad, reflexividad, proximidad</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Por Roberto Garc&iacute;a Jurado</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Pierre Rosanvall&oacute;n, Buenos Aires, Manantial, 2009, 334 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Pol&iacute;tica y Cultura, UAM &#45;Xochimilco.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con toda seguridad la democracia es el mejor de los reg&iacute;menes posibles a los que realmente tienen acceso las sociedades modernas, y tal vez por esa misma raz&oacute;n sus instituciones pol&iacute;ticas sean las que de mejor manera aceptan y respetan a los individuos gobernados por ellas; sin embargo, eso no asegura que estos gobiernos est&eacute;n exentos de protestas, estallidos e incluso rebeliones populares. Si bien la ola de agitaciones y disturbios que sacudi&oacute; al mundo &aacute;rabe en 2010 parec&iacute;a plenamente explicable y justificable debido al tipo de gobiernos autoritarios que rigen en la mayor parte de esos pa&iacute;ses, en 2011 hemos presenciado manifestaciones populares casi tan violentas como aquellas en ciudades como Madrid o Londres, lo que constituye clara evidencia de que ni las instituciones democr&aacute;ticas m&aacute;s arraigadas est&aacute;n libres de cr&iacute;tica, indignaci&oacute;n y protesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Independientemente de las razones particulares que existen en cada caso para que se genere un movimiento social contestatario, podr&iacute;a presumirse que las bases de la legitimidad democr&aacute;tica que protegen este tipo de gobiernos los preservan de los m&aacute;s graves desaf&iacute;os pol&iacute;ticos, e incluso de tentativas revolucionarias; sin embargo, como ha quedado recientemente demostrado, &eacute;sta s&oacute;lo les brinda protecci&oacute;n limitada, y no es de ninguna manera una vacuna o una muralla infranqueable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;ste es precisamente el prop&oacute;sito de Rosanvall&oacute;n: examinar los principios de legitimidad de los gobiernos democr&aacute;ticos. Para alcanzar su objetivo, hace una interesante descripci&oacute;n de lo que, a su juicio, ha sido el desarrollo de estas bases de legitimidad. Aunque &eacute;l desarrolla detallada y ampliamente este proceso, para esquematizar podr&iacute;amos decir que para &eacute;l la clave se encuentra en identificar el punto de quiebre, el parteaguas que se produce en la d&eacute;cada de 1990 del siglo XX, cuando se agota el sistema de doble legitimidad que sosten&iacute;a a los gobiernos democr&aacute;ticos desde el siglo XIX y se genera un nuevo sistema que incorpora nuevos principios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la exposici&oacute;n de Rosanvall&oacute;n, la primera fuente de legitimidad de los gobiernos democr&aacute;ticos fue, y muy probablemente lo siga siendo, la elecci&oacute;n popular. En el mundo occidental, y sobre todo en Francia y Estados Unidos, los ejemplos a los que &eacute;l m&aacute;s recurre, la instalaci&oacute;n de los gobiernos democr&aacute;ticos a finales del siglo XIX y principios del XX se bas&oacute; fundamentalmente en la constituci&oacute;n de los mismos por la v&iacute;a electoral, con lo cual pod&iacute;a consider&aacute;rseles plena y claramente como expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a popular. As&iacute;, no s&oacute;lo se acept&oacute; que el procedimiento electoral pod&iacute;a interpretarse como el medio de expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a popular, sino que tambi&eacute;n era plenamente v&aacute;lido equiparar a la mayor&iacute;a con &eacute;sta, de manera que los gobiernos emanados de estos procesos electorales, si bien eran tan s&oacute;lo la preferencia manifiesta de una parte del pueblo, se convino en que su car&aacute;cter mayoritario les confer&iacute;a el derecho a reclamarse representantes del todo. A la larga, esto les confiri&oacute; una legitimidad democr&aacute;tica indiscutible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, muy pronto, en el transcurso del siglo XIX, los protagonistas de estos procesos electorales fundadores de la democracia, sobre todo los l&iacute;deres y los partidos pol&iacute;ticos, perdieron una buena parte de la estimaci&oacute;n de que disfrutaron en un principio, gan&aacute;ndose en cambio un sentimiento de sospecha y desconfianza por parte de la ciudadan&iacute;a. De este modo, entre 1890 y 1920 asistimos a lo que Rosanvall&oacute;n llama una <i>crisis de la democracia,</i> tal vez la primera, en la cual las instituciones pol&iacute;ticas de este r&eacute;gimen experimentaron el primer gran alejamiento con respecto al pueblo que dec&iacute;an representar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue entonces cuando la legitimidad democr&aacute;tica comenz&oacute; a apoyarse en una nueva base, la de la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Ya en esa &eacute;poca el Estado hab&iacute;a comenzado a asumir la prestaci&oacute;n de numerosos servicios p&uacute;blicos, por lo que la sociedad lo ve&iacute;a ya no s&oacute;lo como una autoridad que impon&iacute;a un determinado orden, sino tambi&eacute;n como una agencia que prestaba servicios. As&iacute;, en tanto prestador de servicios, los ciudadanos comenzaron a valorar, exigir y esperar racionalidad y eficiencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Rosanvall&oacute;n, qued&oacute; conformado de esta manera el sistema de doble legitimidad que sostendr&iacute;a a las democracias durante la mayor parte del siglo XX. Un sistema que dio origen precisamente a una teor&iacute;a de la legitimidad dual: la legitimidad de origen y la legitimidad funcional, o bien, los otros t&eacute;rminos que Rosanvall&oacute;n utiliza para designarlas: legitimidad de establecimiento y legitimidad de resultados, o <i>input legitimacy</i> y <i>output legitimacy.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, como se ha dicho ya, a partir de 1980 este sistema de doble legitimidad entr&oacute; en crisis. Rosanvall&oacute;n no da ninguna explicaci&oacute;n de por qu&eacute; eligi&oacute; esa fecha, pero lo que s&iacute; expone con amplitud son las tres fuentes de legitimidad que vinieron a suceder o complementar al sistema binario: la legitimidad de imparcialidad, la legitimidad de reflexividad y la legitimidad de proximidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimidad de imparcialidad que se han visto obligadas a buscar las democracias contempor&aacute;neas se debe al desprestigio y deterioro progresivo que ha sufrido el gobierno de partido, el gobierno ejercido en nombre de una mayor&iacute;a, lo cual ha sido cada vez m&aacute;s cuestionado debido tanto a la propia calidad del representante como a la forma misma de constituci&oacute;n e integraci&oacute;n de esa mayor&iacute;a. A ra&iacute;z de ello y otras causas conexas, los gobiernos democr&aacute;ticos se han visto orillados frecuentemente a crear instituciones independientes y aut&oacute;nomas respecto a ellos mismos con el fin de atender un &aacute;rea espec&iacute;fica de regulaci&oacute;n socioecon&oacute;mica u otras actividades igualmente sensibles para el conjunto social. Rosanvall&oacute;n explica que a pesar de que este tipo de organismos ya exist&iacute;a antes de la d&eacute;cada de 1980, a partir de esa &eacute;poca proliferaron en muchos pa&iacute;ses, tanto desarrollados como subdesarrollados, debido a los signos crecientes de corrupci&oacute;n, parcialidad e incompetencia que mostraban sus administraciones p&uacute;blicas. Desde entonces, y hasta la actualidad, la ciudadan&iacute;a tiene una percepci&oacute;n y opini&oacute;n m&aacute;s favorable de muchas de estas instituciones que de las que dependen directamente de los poderes ejecutivos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimidad de reflexividad se opone a lo que Rosanvall&oacute;n llama la democracia inmediata, es decir, a los afanes de ver realizada instant&aacute;neamente la voluntad popular, sin que medie calma, reflexi&oacute;n o reconsideraci&oacute;n alguna. Sin duda la democracia requiere canales expeditos y eficientes para la expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a popular, sin embargo, est&aacute; mejor servida si adem&aacute;s median mecanismos e instituciones que permitan la discusi&oacute;n, deliberaci&oacute;n y acuerdo sobre las decisiones a tomar, funci&oacute;n que deb&iacute;a ser cumplida por las instituciones de la democracia representativa cl&aacute;sica y que por una u otra raz&oacute;n no han desempe&ntilde;ado satisfactoriamente. De acuerdo con Rosanvall&oacute;n, en los sistemas democr&aacute;ticos actuales esta funci&oacute;n est&aacute; siendo desempe&ntilde;ada por las cortes constitucionales. En este punto llama la atenci&oacute;n su interesante interpretaci&oacute;n al respecto, merecedora adem&aacute;s de una discusi&oacute;n de mayores proporciones. Tradicionalmente, tanto en la teor&iacute;a jur&iacute;dica como en la pol&iacute;tica, las cortes constitucionales hab&iacute;an sido presentadas como instituciones conservadoras y contramayoritarias, como mecanismos de freno y contenci&oacute;n a los impulsos democr&aacute;ticos m&aacute;s intempestivos. No obstante, Rosanvall&oacute;n llama la atenci&oacute;n sobre las <i>temporalidades</i> de las mayor&iacute;as, es decir, sobre el hecho de que tanto la constituci&oacute;n, como el parlamento y como la misma corte constitucional son creaci&oacute;n de la mayor&iacute;a pol&iacute;tica, aunque en diversos momentos. De tal suerte que la corte constitucional no puede ser vista s&oacute;lo como una instituci&oacute;n contramayoritaria, sino como una de las instituciones m&aacute;s consistentemente democr&aacute;ticas, en tanto que da una certidumbre a largo plazo y mayor profundidad al imperio de la mayor&iacute;a que se manifest&oacute; en cierto momento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimidad de proximidad trata de contrarrestar la percepci&oacute;n cada vez m&aacute;s generalizada en el ciudadano com&uacute;n de la lejan&iacute;a e indiferencia de la administraci&oacute;n p&uacute;blica con respecto a sus problemas m&aacute;s personales. Ya sea por el tama&ntilde;o que han adquirido las sociedades contempor&aacute;neas o por el nuevo posicionamiento y significaci&oacute;n del individuo dentro de ellas, la sensaci&oacute;n de &eacute;ste es que cada vez la administraci&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; m&aacute;s lejos de &eacute;l. A diferencia de los dos casos anteriores, no hay instituciones p&uacute;blicas que hasta el momento hayan emprendido la tarea de cubrir este hueco, siendo instituciones propias de la sociedad civil, como los movimientos sociales, las redes sociales o los comit&eacute;s ciudadanos las que han permitido alguna aproximaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Rosanvall&oacute;n, estos tres tipos de nueva legitimaci&oacute;n democr&aacute;tica han venido a fortalecer y complementar el sistema binario tradicional, aunque habr&iacute;a que se&ntilde;alar que tal vez no se ocupe lo suficiente de indicar de qu&eacute; modo interact&uacute;an o forman un nuevo sistema. No obstante, uno de los se&ntilde;alamientos m&aacute;s interesantes hacia el final del libro es que no puede pasarse por alto que los sistemas democr&aacute;ticos deben contener tanto instituciones que canalicen el conflicto como otras que propicien el consenso; dicho de otro modo, deben permitir que se d&eacute; foro y preeminencia a las expresiones de la mayor&iacute;a en el corto plazo, ya sean &eacute;stas expresadas mediante un l&iacute;der, un partido o un programa pol&iacute;tico, pero tambi&eacute;n deben garantizar la viabilidad del gobierno y del Estado a largo plazo, en donde muy probablemente se produzca un cumplimiento m&aacute;s cabal de la voluntad popular, se atienda mejor el inter&eacute;s mayoritario y se logre una mayor aproximaci&oacute;n al bien com&uacute;n, una observaci&oacute;n que deb&iacute;a ser m&aacute;s atendida a la hora de concretar las transiciones pol&iacute;ticas, realizar los dise&ntilde;os institucionales y pactar las reformas constitucionales.</font></p>      ]]></body>
</article>
