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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Overcoming Apartheid: Can Truth Reconcile a Divided Nation?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Por Cory McCruden</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>de James L. Gibson, Nueva York, Russell Sage Foundation, 2004, 456 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Universidad de Yale</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;La verdad ha llevado a Sud&aacute;frica a la reconciliaci&oacute;n?" es el tema de <i>Overcoming Apartheid (Venciendo al Apartheid), </i>una extensa evaluaci&oacute;n sobre la <i>South Africa's Truth and Reconciliation Commission (Comisi&oacute;n de Verdad y Reconciliaci&oacute;n de Sud&aacute;frica) </i>del profesor James L. Gibson. El trabajo es uno de los an&aacute;lisis m&aacute;s ambiciosos y completos sobre un programa de justicia de transici&oacute;n. Se basa en una encuesta realizada en 2000&#150;2001 con el fin de probar si la verdad ha llevado a la reconciliaci&oacute;n a los sudafricanos y es una secuela del trabajo colaborativo de Gibson en 1996, el cual consisti&oacute; en una encuesta de preguntas similares. Aunque se public&oacute; tard&iacute;amente en 2004, este estudio arroja a la luz una parte importante de la historia nacional de Sud&aacute;frica y su transici&oacute;n del <i>Apartheid </i>a la democracia. Se ha renovado el inter&eacute;s sobre el estudio debido a que en Sud&aacute;frica tuvo lugar el Mundial de F&uacute;tbol 2010. Como se trata de un libro viejo que ha sido estudiado por muchos otros, me quedar&eacute; con un breve resumen y me referir&eacute; a otros para m&aacute;s detalles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La South Africa's Truth and Reconciliation Commission (TRC) se estableci&oacute; despu&eacute;s del Apartheid en 1995 y fue dise&ntilde;ada para ayudar al pa&iacute;s durante el periodo de transici&oacute;n hacia la democracia. El proceso consisti&oacute; en una serie de audiencias sobre los violadores de los derechos humanos y testimonios de v&iacute;ctimas y sus familias. Comisiones similares han sido creadas en otros pa&iacute;ses posconflicto: Timor Oriental, Ghana, Nigeria, Per&uacute; y Sierra Leona.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la TRC ha llevado a la reconciliaci&oacute;n, argumenta Gibson, es s&oacute;lo cuesti&oacute;n de aplicar una prueba emp&iacute;rica, la cual intenta el autor con una encuesta masiva. Sin embargo, en su estudio no mide el alcance con el cual la "verdad" lleva a la reconciliaci&oacute;n, sino que la compara con la TRC. Como otros (v&eacute;ase la rese&ntilde;a de Graybill, 2006), yo estaba preocupado por este supuesto. Gibson explica que mientras &eacute;l considere que no hay un relato objetivo del pasado, seguir&aacute; creyendo que la TRC adopt&oacute; y propag&oacute; una versi&oacute;n espec&iacute;fica de la historia. Esto es problem&aacute;tico porque acepta de manera poco cr&iacute;tica la presentaci&oacute;n hist&oacute;rica de los hechos de la TRC y que la aceptaci&oacute;n de estos hechos debe llevarnos a la reconciliaci&oacute;n. En segundo lugar, no toma en cuenta que la TRC era un proceso pol&iacute;tico influido por figuras nacionales e internacionales. Finalmente, cuestiona la validez externa de los resultados de Gibson, ya que cada comisi&oacute;n de la verdad tendr&iacute;a su propia versi&oacute;n que puede o no conducir a la reconciliaci&oacute;n. Hasta este punto, implementar la reconciliaci&oacute;n puede estar m&aacute;s relacionado con la manera en que se produce la verdad que con la verdad misma o la TRC.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la reconciliaci&oacute;n, Gibson es m&aacute;s sistem&aacute;tico y anal&iacute;tico. A nivel individual, identifica las siguientes caracter&iacute;sticas como indicadores de reconciliaci&oacute;n: tolerancia a otras razas, creencia en la igualdad y los derechos humanos, apoyo a importantes instituciones pol&iacute;ticas. La reconciliaci&oacute;n est&aacute; dividida en cuatro subconceptos, los cuales son el tema de un cap&iacute;tulo completo de su libro. Los cap&iacute;tulos versan sobre reconciliaci&oacute;n interracial, apoyo a los derechos humanos, tolerancia pol&iacute;tica y legitimaci&oacute;n de un nuevo n&uacute;cleo de instituciones pol&iacute;ticas. La cuesti&oacute;n de si la aceptaci&oacute;n de la verdad (es decir, la TRC) conduce o no a cada una de estas dimensiones se comprueba en los cap&iacute;tulos 4,5,6 y 8.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados no proveen una rotunda afirmaci&oacute;n de que la verdad lleve a la reconciliaci&oacute;n. En breve (para un resumen m&aacute;s extenso, v&eacute;ase Graybill, 2006), Gibson encuentra, especialmente entre negros sudafricanos, que la TRC no ha mejorado la reconciliaci&oacute;n racial, aunque tambi&eacute;n clama que tampoco la ha empeorado. En cuanto al apoyo a los derechos humanos con los que Gibson equipara al Estado de derecho, &eacute;l encuentra que no hay mucho apoyo por parte de los sudafricanos. Comparado con las respuestas de la encuesta de 1996, el autor no encuentra diferencia. En cuanto a la tolerancia pol&iacute;tica, observa que entre los blancos la verdad y la tolerancia pol&iacute;tica est&aacute;n fuertemente relacionadas, mientras que entre los mestizos y negros es mucho m&aacute;s limitada, y entre los asi&aacute;ticos no hay relaci&oacute;n alguna. Finalmente, los sudafricanos no apoyan la legitimaci&oacute;n de su Corte Constitucional y el Parlamento Nacional. Gibson comenta que esto podr&iacute;a deberse a que &eacute;stas son nuevas instituciones y que ser&aacute;n consideradas m&aacute;s leg&iacute;timas con el tiempo y el ejercicio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, el autor trata de buscar principalmente la relaci&oacute;n entre la verdad y la reconciliaci&oacute;n dentro de los cuatro grupos raciales m&aacute;s importantes: africano (negro), blanco (de habla inglesa y afrik&aacute;ans), mestizo y asi&aacute;tico. De acuerdo con el Acta de Registro de Poblaci&oacute;n de 1950, &eacute;stos fueron los principales grupos en los que los sudafricanos fueron divididos. La categorizaci&oacute;n se bas&oacute; en los rasgos f&iacute;sicos, as&iacute; como en la residencia, la profesi&oacute;n y el c&iacute;rculo social. Un medio particularmente atroz de determinaci&oacute;n era usar un l&aacute;piz para medir el rizo del cabello de las personas &#151;si el l&aacute;piz ca&iacute;a, la persona ser&iacute;a clasifcada como blanca y si no, el individuo ser&iacute;a clasificado como blanco o mestizo <i>(The Economist, </i>2010a, p. 15).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor considera que la raza no es una construcci&oacute;n biol&oacute;gica sino social, y que debe tenerse cuidado de no percibir la raza como el factor determinante de las actitudes de la reconciliaci&oacute;n. &Eacute;l se&ntilde;ala que "la raza es casi siempre un sustituto para algunas otras variables representando las experiencias o actitudes de los miembros del grupo". Sin embargo, Gibson agrupa las respuestas de la encuesta por raza, lo cual oculta importantes divisiones de negros entre los hablantes del Zulu y Xhosa, y divisiones de blancos entre los hablantes del ingl&eacute;s y el afrik&aacute;ans. Quisiera que Gibson dijera m&aacute;s acerca de la raza que podr&iacute;a ser la base de una aculturaci&oacute;n y en qu&eacute; condiciones y con cu&aacute;les caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas importar&iacute;a m&aacute;s que otras. Por ejemplo, &iquest;cu&aacute;ndo la raza es un punto de aculturaci&oacute;n para la educaci&oacute;n contra el idioma o el estatus econ&oacute;mico contra la cultura?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gibson est&aacute; consciente de los retos metodol&oacute;gicos del estudio si la verdad causa la reconciliaci&oacute;n. Admite las limitaciones de la medici&oacute;n de actitudes en cierto punto contra el panel de datos, el cual evaluar&iacute;a actitudes individuales antes y despu&eacute;s de la exposici&oacute;n a la TRC. Aun cuando esto sea un problema, debido a que la exposici&oacute;n a la TRC no es un asunto azaroso, es posible que los individuos que han sido predispuestos a ciertas actitudes escojan tambi&eacute;n qu&eacute; tanto quieren exponerse a la TRC.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Overcoming Apartheid es </i>nada menos que un extremadamente ambicioso y completamente provocativo trabajo. Es mucho m&aacute;s interesante considerar el trabajo de Gibson hoy en d&iacute;a, a casi diez a&ntilde;os de que concluyera la TRC y 16 a&ntilde;os desde que termin&oacute; el <i>Apartheid. </i>Uno no puede perderse del entusiasmo de la Copa del Mundo que toma lugar en territorio sudafricano este verano. Hoy en d&iacute;a, en efecto, es un lugar diferente al que era cuando Gibson realiz&oacute; sus encuestas (en 1996 y 2001). Ahora muchas cosas son diferentes desde el <i>Apartheid y </i>el inmediato periodo <i>post Apartheid, </i>Sud&aacute;frica contin&uacute;a enfrentando importantes obst&aacute;culos econ&oacute;micos y sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El final del <i>Apartheid y </i>el respeto a los derechos de los negros, mestizos y asi&aacute;ticos, entre otros, no han tra&iacute;do prosperidad econ&oacute;mica y empleos. Esfuerzos por redistribuir la riqueza entre los negros a trav&eacute;s del Black Economic Empowerment (BEE, Empoderamiento de la Econom&iacute;a Negra) ha tenido &eacute;xito al transferir una gran cantidad de riqueza s&oacute;lo a un peque&ntilde;o subconjunto de negros y haciendo a unos cuantos fenomenalmente ricos. De esta manera, las divisiones m&aacute;s preocupantes en Sud&aacute;frica parecen ya no ser entre negros y blancos, sino ente ricos y pobres. De acuerdo con las autoridades, el desempleo abarca cerca de 25 por ciento de la poblaci&oacute;n &#151;el peor porcentaje del mundo&#151;. A diferencia de otras econom&iacute;as emergentes, y de Brasil e India, que tienen un sector informal sustancial, Sud&aacute;frica no tiene ning&uacute;n otro mercado fuera del formal que absorba el desempleo <i>(The Economist, </i>2010b, p. 21). La tasa de casos de VIH en Sud&aacute;frica es m&aacute;s alta que en ning&uacute;n otro pa&iacute;s, y el &iacute;ndice de delincuencia es uno de los peores en el mundo. Claramente, Sud&aacute;frica ha recorrido un largo camino, pero a&uacute;n le falta mucho por andar antes de que "la naci&oacute;n arcoiris" alcance su mayor potencial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Graybill, Lyn (2006), Rese&ntilde;a a James L. Gibson, <i>Overcoming Apartheid: Can Truth Reconcile a Divided Nation? </i>HSAfrica, marzo, Sam Nunn School of International Affairs, Georgia Institute of Technology.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6255883&pid=S1665-2037201100010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>The Economist </i>(2010a), "Colour me South African", 3 de junio, p. 15, en: <a href="http://www.economist.com/node/16248631" target="_blank">http://www.economist.com/node/16248631</a>&#91;consultado el 7 de junio de 2010&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6255885&pid=S1665-2037201100010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. (2010b), "Jobless Growth", 3 de junio, p. 21, en: <a href="http://www.economist.com/node/16248641?story_id=16248641&amp;fsrc=rss" target="_blank">http://www.economist.com/node/16248641?story_id=16248641&fsrc=rss</a>&#91;consultado el 7 de junio de 2010&#93;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body><back>
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