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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Voting for Autocracy: Hegemonic Party Survival and Its Demise in Mexico</i>, de Beatriz Magaloni</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Andreas Schedler*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York, Cambridge University Press, 2006, 296 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIDE.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los grandes temas de la pol&iacute;tica comparada en el &uacute;ltimo cuarto de siglo ha sido los procesos de <i>democratizaci&oacute;n pol&iacute;tica. </i>Sin embargo, ante la persistencia tenaz de algunas autocracias de larga duraci&oacute;n (como en China, Cuba y Myanmar) y la creaci&oacute;n de otras detr&aacute;s de fachadas multipartidistas (como en Rusia, Venezuela y Zimbabwe) hemos visto surgir una nueva generaci&oacute;n de estudios de <i>reg&iacute;menes autoritarios. </i>Formando parte de esta nueva corriente, el libro de Beatriz Magaloni sobre "la supervivencia y el declive" del partido hegem&oacute;nico en M&eacute;xico se centra en un tema todav&iacute;a muy poco investigado: el comportamiento de los votantes en los reg&iacute;menes electorales autoritarios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su mayor&iacute;a, la literatura contempor&aacute;nea emergente se centra en las estrategias de supervivencia de los gobiernos no democr&aacute;ticos. Analiza las alianzas sociales, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y las creaciones institucionales que les permiten mantenerse a flote ante la amenaza perenne de golpes y rebeliones. Muy pocos trabajos emp&iacute;ricos estudian las bases de <i>legitimidad popular </i>sobre las que descansan las dictaduras. No es casual. Las autocracias son los reinos de la opacidad y de la simulaci&oacute;n. En ausencia de elecciones confiables y encuestas de opini&oacute;n p&uacute;blica cre&iacute;bles, nadie sabe "a ciencia cierta" de cu&aacute;nto apoyo real gozan los aut&oacute;cratas entre sus s&uacute;bditos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n informativa est&aacute; algo mejor en las llamadas autocracias electorales. Estos reg&iacute;menes organizan elecciones regulares multipartidistas en todos los &aacute;mbitos, al tiempo que tratan de contenerlas a trav&eacute;s de un amplio repertorio de estrategias de manipulaci&oacute;n, como el fraude, la exclusi&oacute;n de candidatos, el control de medios y la represi&oacute;n selectiva. En los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos, como el r&eacute;gimen posrevolucionario mexicano que estudia Magaloni en su libro, la competencia es muy tenue y la oposici&oacute;n, muy d&eacute;bil, ante un partido gobernante que pr&aacute;cticamente monopoliza las victorias electorales y el poder p&uacute;blico. En este tipo de reg&iacute;menes tampoco tenemos "datos duros" sobre la materia blanda de la legitimidad blanda. Pero algo s&iacute; tenemos: los resultados electorales. En condiciones no democr&aacute;ticas, la distribuci&oacute;n de votos es el resultado conjunto entre preferencias ciudadanas y estrategias autoritarias. Es complicado saber qu&eacute; tanto peso tiene cada uno. Los estudios comparados han centrado su atenci&oacute;n en las estrategias de manipulaci&oacute;n m&aacute;s que en las decisiones de los votantes. Sin embargo, los votantes tambi&eacute;n importan, aun en elecciones autoritarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabemos poco de decisiones y estrategias electorales en condiciones no democr&aacute;ticas. Para el caso mexicano, investigadores como Jorge Buend&iacute;a, Jorge Dom&iacute;nguez, Kenneth Greene, Joy Langston, Chappell Lawson, James McCann y Alejandro Moreno, entre otros, han tratado de descifrar la l&oacute;gica de votantes y candidatos en contextos de autoritarismo y transici&oacute;n. Beatriz Magaloni se adentra en este campo complejo y poco explorado de estudios electorales autoritarios de manera creativa y sofisticada, rica en reflexi&oacute;n te&oacute;rica y datos emp&iacute;ricos. Su intuici&oacute;n central es sencilla: los reg&iacute;menes de partidos hegem&oacute;nicos, como el mexicano de la posrevoluci&oacute;n, no deben su longevidad s&oacute;lo (o primariamente) a pr&aacute;cticas autoritarias, sino a su apoyo popular. Nadie tiene ni puede tener datos confiables sobre el conjunto de las pr&aacute;cticas autoritarias que ayudaron a reproducir el r&eacute;gimen del PRI durante d&eacute;cadas. Por lo tanto, el libro no puede arbitrar entre una u otra explicaci&oacute;n, ni asignar pesos relativos. Tiene que centrarse en una tarea m&aacute;s modesta: la tarea laboriosa de ensamblar evidencia emp&iacute;rica que ilumine las dos caras de la moneda electoral, es decir, que demuestre <i>1) </i>que el partido en el gobierno se preocup&oacute; consistentemente por regenerar su cuota de apoyo popular en las elecciones y <i>2) </i>que los votantes no fueron a las urnas en piloto autom&aacute;tico, sino que tomaron en cuenta el desempe&ntilde;o del gobierno al momento de depositar su voto. El libro no lo hace expl&iacute;cito, pero &eacute;stos parecen ser sus dos prop&oacute;sitos emp&iacute;ricos centrales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus ocho cap&iacute;tulos, la monograf&iacute;a ofrece un conjunto rico de reflexiones te&oacute;ricas y an&aacute;lisis emp&iacute;ricos. No desarrolla una sola l&iacute;nea argumentativa, sino que re&uacute;ne una colecci&oacute;n de ensayos que est&aacute;n conectados de manera tem&aacute;tica, pero no plenamente integrados en t&eacute;rminos argumentativos. Dada su naturaleza algo dispersa, voy a dar un breve repaso a su recorrido te&oacute;rico y emp&iacute;rico, iniciando con la introducci&oacute;n, que sit&uacute;a el caso mexicano de modo ilustrativo en perspectiva comparada. En esta secci&oacute;n, la autora estipula que los reg&iacute;menes hegem&oacute;nicos se apoyan en dos pilares fundamentales: un buen desempe&ntilde;o macroecon&oacute;mico (altas tasas de crecimiento econ&oacute;mico sostenido) y una suerte de clientelismo punitivo que canaliza beneficios particulares a quienes apoyan al gobierno y se los niega a quienes se oponen ("r&eacute;gimen de castigo"). Ambas variables son condiciones necesarias para mantener un "equilibrio autoritario autosostenido". Si falta una o ambas, el equilibrio hegem&oacute;nico se vuelve "inestable" o "autodestructivo" (p. 20). Quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s preciso decir que en estos casos el equilibrio mismo se acaba y con &eacute;l la hegemon&iacute;a. Un r&eacute;gimen hegem&oacute;nico, mientras siga siendo hegem&oacute;nico, es un r&eacute;gimen en equilibrio. Cuando pierde el equilibrio, deja de ser hegem&oacute;nico. Para una concepci&oacute;n m&aacute;s plena de equilibrios institucionales, habr&iacute;a que ir m&aacute;s all&aacute; de los c&aacute;lculos de costos y beneficios. Har&iacute;a falta incluir un elemento que la autora enfatiza en otras partes del libro: las bases cognitivas de la estabilidad autoritaria, es decir, la percepci&oacute;n compartida (tanto por aliados como por adversarios) de la <i>invencibilidad </i>del r&eacute;gimen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo de contenido primordialmente te&oacute;rico, la autora reformula su intuici&oacute;n sobre las bases macroecon&oacute;micas y clientelares del autoritarismo hegem&oacute;nico desde la perspectiva del votante individual. De manera creativa y elegante, ampl&iacute;a y adapta los modelos de votaci&oacute;n est&aacute;ndar que se emplean en el an&aacute;lisis de elecciones democr&aacute;ticas. El marco anal&iacute;tico que gu&iacute;a el an&aacute;lisis es la teor&iacute;a de decisiones, el c&aacute;lculo de utilidad de los votantes. El voto es fundamentalmente prospectivo; depende de la utilidad esperada que los electores atribuyen a la victoria electoral de los partidos en competencia. Adicionalmente a variables comunes &#151;como el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico esperado (evaluaciones sociotr&oacute;picas), los beneficios personales esperados (evaluaciones egoc&eacute;ntricas) y la distancia program&aacute;tica entre los partidos (evaluaciones ideol&oacute;gicas)&#151;, Magaloni introduce de manera perspicaz una variable clave para elecciones manipuladas y disputadas (aunque la retome s&oacute;lo en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo): las expectativas de conflictos violentos postelectorales (v&eacute;ase la ecuaci&oacute;n resumida en la p. 55). Esencialmente, el arte de mantener la hegemon&iacute;a est&aacute; en <i>1) </i>seguir generando beneficios positivos para los votantes y <i>2) </i>seguir manteniendo la expectativa de que la oposici&oacute;n no puede ganar nunca, por lo que no tiene caso votar por ella. En teor&iacute;a, por lo tanto, las expectativas ("la imagen de invencibilidad") son tan importantes como los beneficios. Los an&aacute;lisis emp&iacute;ricos subsecuentes, sin embargo, dejan de lado esta parte cognitiva de los c&aacute;lculos electorales. Tambi&eacute;n tienen que dejar de lado lo que naturalmente constituye la objeci&oacute;n mayor contra los estudios electorales, por sofisticados que sean, en condiciones autocr&aacute;ticas: el hecho de que los resultados oficiales no son fruto de las preferencias ciudadanas &uacute;nicamente, sino tambi&eacute;n de la manipulaci&oacute;n autoritaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos emp&iacute;ricos del libro, la autora, m&aacute;s que evaluar distintas hip&oacute;tesis derivadas de la teor&iacute;a, examina distintos tipos de datos emp&iacute;ricos (m&aacute;s o menos recientes) que nos permiten aproximarnos tanto a las estrategias electorales del gobierno como a los c&aacute;lculos electorales de los ciudadanos que reprodujeron (y en alg&uacute;n momento socavaron) el apoyo popular al r&eacute;gimen hegem&oacute;nico. Al comenzar los an&aacute;lisis emp&iacute;ricos, el segundo cap&iacute;tulo revisa "las bases estructurales del apoyo popular" al r&eacute;gimen con base en series de datos econ&oacute;micos y sociales (las variables independientes), y resultados electorales a nivel municipal, estatal y federal (de elecciones legislativas aparentemente). En esencia, confirma la asociaci&oacute;n entre la modernizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y el declive secular del PRI entre 1943 y 2000. Poco sensible a las variaciones en las tasas anuales de crecimiento econ&oacute;mico, el apoyo electoral del partido hegem&oacute;nico declin&oacute; de manera paralela al desarrollo econ&oacute;mico del pa&iacute;s, aunque mucho menos en los municipios rurales y pobres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo sobre "ciclos presupuestales" entre 1938 y 2000 descubre, a partir de indicadores anuales y cuatrimestrales de gasto p&uacute;blico, inflaci&oacute;n y salarios reales, rastros de una manipulaci&oacute;n recurrente de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica para obtener beneficios electorales. Posiblemente, empero, la din&aacute;mica pol&iacute;tica que gener&oacute; los aumentos recurrentes de gasto, inflaci&oacute;n y salarios en periodos preelectorales fue m&aacute;s complicada y rebas&oacute; la simple voluntad manipuladora de secretarios de Estado ambiciosos. Quiz&aacute;s, en periodos preelectorales, el gobierno enfrent&oacute; regularmente un aumento de presiones verticales y laterales que lo obligaron a apagar fuegos nacientes por medio de ca&ntilde;onazos financieros m&aacute;s o menos focalizados. No sabemos en qu&eacute; se gastaron los fondos p&uacute;blicos adicionales. En todo caso, los ciclos econ&oacute;micos documentados por Magaloni demuestran de manera convincente que el PRI fue sensible a presiones pol&iacute;ticas en v&iacute;speras de elecciones federales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo analiza la l&oacute;gica pol&iacute;tica de la distribuci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos en el marco de Pronasol, el programa social estrella durante la presidencia de Carlos Salinas. A partir de una amplia base de datos en el &aacute;mbito municipal, Magaloni socava algunas explicaciones comunes de la estrategia social salinista. Seg&uacute;n sus hallazgos, los operadores del programa no premiaron a los m&aacute;s leales al PRI (que igual iban a permanecer leales), ni trataron de comprar a quienes le hab&iacute;an dado la espalda (evitando as&iacute; premiar a los desleales), sino que implementaron un r&eacute;gimen efectivo de castigo que reduc&iacute;a el flujo de recursos hacia municipios opositores. Sin embargo, dado que Pronasol inclu&iacute;a un componente de autogesti&oacute;n por parte de las comunidades, es probable que canalizara una buena porci&oacute;n de sus recursos a las comunidades mejor organizadas. Estas comunidades posiblemente no eran ni las m&aacute;s pri&iacute;stas (sumidas en la marginaci&oacute;n) ni las m&aacute;s opositoras (con una sociedad civil apenas emergente). De esta manera, la <i>oferta </i>clientelistas desde arriba muy probablemente se engranaba con una <i>demanda </i>clientelista desde abajo. En todo caso, al parecer no se trataba de una "compra de votos" en un sentido estrecho (como lo sugiere el t&iacute;tulo del cap&iacute;tulo), sino de una producci&oacute;n sesgada de bienes p&uacute;blicos locales que surg&iacute;a de una alianza renovada entre pri&iacute;stas organizados en el &aacute;rea local y pri&iacute;stas preocupados a nivel central.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Movi&eacute;ndose del an&aacute;lisis de resultados electorales hacia un an&aacute;lisis de encuestas representativas de opini&oacute;n p&uacute;blica, el quinto cap&iacute;tulo examina la trayectoria de las tasas de aprobaci&oacute;n presidencial entre 1988 y 2000, es decir, durante las presidencias de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Parte del an&aacute;lisis se basa en datos agregados y explora la relaci&oacute;n entre variables macroecon&oacute;micas y las tasas medias de aprobaci&oacute;n), otra parte en datos individuales (se ocupa de la relaci&oacute;n entre las percepciones econ&oacute;micas y la aprobaci&oacute;n presidencial). Los datos revelan diferencias sutiles entre las dos presidencias. La m&aacute;s importante se relaciona con el impacto del crecimiento econ&oacute;mico. Mientras Salinas, despu&eacute;s de su inicio controvertido, invariablemente gozaba de altas tasas de aprobaci&oacute;n, la popularidad de Zedillo fue muy sensible primero a la ca&iacute;da de la econom&iacute;a, luego a su recuperaci&oacute;n. En contraste, lo que ya no se recuper&oacute; despu&eacute;s de la crisis de 1995, despu&eacute;s de tantos golpes macroecon&oacute;micos, fue la confianza en el PRI . Por fin, los votantes "aprendieron a desconfiar" (p. 174) de las capacidades de un partido en el gobierno que llevaba ya varias d&eacute;cadas mostrando, de manera fehaciente, sus rasgos represivos, corruptos e incompetentes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El PRI siempre ten&iacute;a la inteligencia estrat&eacute;gica de situarse en el centro del espectro ideol&oacute;gico izquierda&#150;derecha, alineando a sus opositores a sus lados (hasta invent&aacute;ndose sus opositores bilaterales, cuando era necesario). Por lo tanto, en M&eacute;xico como en muchos otros casos de autocracias electorales el eje de conflicto de democratizaci&oacute;n siempre ten&iacute;a que competir con el eje de conflicto ideol&oacute;gico. La divisi&oacute;n ideol&oacute;gica de la oposici&oacute;n dificultaba su unificaci&oacute;n en contra del r&eacute;gimen del PRI en torno al gran objetivo com&uacute;n de la democratizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el sexto cap&iacute;tulo, Magaloni estudia los problemas de coordinaci&oacute;n que enfrentaron los partidos de oposici&oacute;n, con base en datos de opini&oacute;n p&uacute;blica para las elecciones federales de 1994, 1997 y 2000. Casi todos los cap&iacute;tulos del libro sufren de cierta disyunci&oacute;n entre la teor&iacute;a (que pretende explicar las d&eacute;cadas de estabilidad hegem&oacute;nica) y la disponibilidad de datos (que apenas han surgido en &eacute;pocas m&aacute;s recientes de transici&oacute;n democr&aacute;tica). En el an&aacute;lisis de motivos electorales del cap&iacute;tulo sexto, esta disyunci&oacute;n es particularmente evidente. La autora cataloga, con buenas razones, las elecciones federales desde 1994 como "libres de fraude" (p. 144). En consecuencia, su an&aacute;lisis de las elecciones democr&aacute;ticas federales de 1994 a 2000 no nos dice mucho de elecciones hegem&oacute;nicas. Nos revela problemas de coordinaci&oacute;n electoral que son t&iacute;picos de elecciones democr&aacute;ticas en las que el n&uacute;mero de candidatos excede el n&uacute;mero de puestos electivos m&aacute;s uno (la magnitud del distrito m&aacute;s uno, en los t&eacute;rminos generales propuestos por Gary Cox).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, la autora retoma sus reflexiones acerca de las din&aacute;micas de cambio de r&eacute;gimen. Si antes, en la introducci&oacute;n del libro, hab&iacute;a modelado la interacci&oacute;n entre dos actores (gobierno y oposici&oacute;n), ahora complica el modelo al introducir un segundo partido de oposici&oacute;n. En clave de teor&iacute;a de elecci&oacute;n racional, presenta un juego en forma extensiva (tipo &aacute;rbol de decisiones binarias secuenciales) en donde primero el gobierno decide si comete fraude o no y luego los partidos de oposici&oacute;n responden uno tras otro aceptando el resultado electoral resultante o no. No est&aacute; muy claro en que condiciones el fraude se torna relevante, ya que la autora asume que durante las &eacute;pocas doradas de su hegemon&iacute;a, de 1940 a 1982, el PRI no ten&iacute;a la necesidad de cometer fraude (p. 21), mientras que en las elecciones federales a partir de 1994 ya renunciaba a cometer fraude. Adem&aacute;s, no est&aacute; muy claro c&oacute;mo llegamos a saber (y c&oacute;mo llegan a saber los actores pol&iacute;ticos) si el partido gobernante gana de manera limpia o de manera fraudulenta, ya que "el 'juego del fraude' se produce en un estado de informaci&oacute;n imperfecta en el cual no es posible saber a ciencia cierta si el partido gobernante realmente gan&oacute; o no" (p. 76).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, son dos las condiciones que Magaloni estipula para que el partido gobernante decida realizar elecciones limpias: <i>1) </i>la amenaza cre&iacute;ble de la oposici&oacute;n en su conjunto de generar problemas de gobernabilidad en caso de fraude y <i>2) </i>la certeza relativa que tiene el partido en el gobierno de seguir ganando las elecciones, aun sin recurrir al fraude electoral. Seg&uacute;n la autora, el obst&aacute;culo central para la transici&oacute;n reside en la divisi&oacute;n de los partidos de oposici&oacute;n. Si act&uacute;an de manera conjunta contra el fraude electoral, es posible que la transici&oacute;n se realice con &eacute;xito. Si se dividen, la democratizaci&oacute;n est&aacute; condenada a fracasar. Como nos explica, el segundo escenario es el m&aacute;s probable, ya que los actores moderados de oposici&oacute;n enfrentan un problema cl&aacute;sico de cooperaci&oacute;n. La oposici&oacute;n radical siempre protesta, pero la oposici&oacute;n moderada tiende a callarse, ya que no quiere arriesgar ni el apoyo de sus seguidores moderados ni los frutos de su cooptaci&oacute;n por el r&eacute;gimen autoritario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distinci&oacute;n entre oposici&oacute;n moderada y radical es com&uacute;n en la literatura de democratizaci&oacute;n, pero muchas veces, como en este caso, no est&aacute; muy claro en d&oacute;nde radica la diferencia. &iquest;Se trata de preferencias, percepciones, expectativas, actitudes o compromisos normativos distintos hacia el riesgo? En los an&aacute;lisis tipo elecci&oacute;n racional el peso de la explicaci&oacute;n recae sobre el entorno que enfrentan los actores. En principio, todos los actores son homog&eacute;neos; act&uacute;an de maneras semejantes ante estructuras de incentivos parecidos y niveles de informaci&oacute;n similares. Siempre, que sacamos de nuestros sombreros te&oacute;ricos una tipolog&iacute;a de actores heterog&eacute;neos se introduce cierta inconsistencia a la explicaci&oacute;n racional. Ante entornos carentes de claridad recurrimos a distinciones ex&oacute;genas de actores para poder construir explicaciones inequ&iacute;vocas, que siempre son m&aacute;s elegantes que las explicaciones contingentes, no deterministas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; termina el recorrido, tan extenso como intenso, de la monograf&iacute;a de Beatriz Magaloni. Es un libro de muchos m&eacute;ritos. Reflejo de ello han sido los dos importantes reconocimientos que le fueron otorgados por secciones organizadas de la Asociaci&oacute;n Americana de Ciencia Pol&iacute;tica (APSA) en el a&ntilde;o posterior a su publicaci&oacute;n: el Premio Leon Epstein para el mejor libro en el &aacute;rea de partidos pol&iacute;ticos y el premio para el mejor libro en el &aacute;rea de democratizaci&oacute;n comparada. Se trata de una lectura imprescindible para la comprensi&oacute;n del tortuoso proceso de democratizaci&oacute;n por la v&iacute;a electoral que ha transitado M&eacute;xico.</font></p>      ]]></body>
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