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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>La posdemocracia,</i> por Colin Crouch</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M&oacute;nica Judith S&aacute;nchez Flores*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, Taurus, 2004, 179 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Divisi&oacute;n de Historia, CIDE.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo cr&iacute;tico de Colin Crouch comienza por se&ntilde;alar que aparentemente la democracia se encuentra en un momento de auge mundial, pues el n&uacute;mero de pa&iacute;ses que celebran elecciones m&aacute;s o menos libres ha ido en aumento desde la ca&iacute;da del imperio sovi&eacute;tico. Sin embargo, Crouch cuestiona esta postura desde la observaci&oacute;n de elementos cualitativos en la democracia actual que la convierten en lo que &eacute;l llama "posdemocracia": Una reducci&oacute;n en el inter&eacute;s ciudadano por participar en los procesos democr&aacute;ticos en los pa&iacute;ses desarrollados y la actividad pol&iacute;tica que se produce principalmente entre gobiernos electos y &eacute;lites empresariales. Esto, a juicio de Crouch, provoca que en los pa&iacute;ses desarrollados la izquierda se arrincone y la actividad pol&iacute;tica tienda a la derecha sin que se considere el tema de la igualdad ni de la redistribuci&oacute;n del poder y la riqueza. Aunque acepta que la agenda igualitarista y la decadencia de la democracia no son exactamente el mismo asunto, plantea que ambas cuestiones se entrecruzan en puntos determinantes y all&iacute; es donde enfoca la atenci&oacute;n este ensayo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el autor, un rasgo importante que define a la posdemocracia es que los subordinados pierden poder pol&iacute;tico y para ello hace referencia a la "par&aacute;bola de la clase trabajadora", donde menciona c&oacute;mo a lo largo de la historia &eacute;sta pas&oacute; de ser d&eacute;bil y excluida a convertirse en una fuerza poderosa y numerosa hacia su apogeo con el Estado de bienestar, y que en la actualidad declina hasta ser una clase marginada del escenario pol&iacute;tico. Alude tambi&eacute;n a la apat&iacute;a del resto de las clases sociales (profesionales, administradores, personal de oficinas, ventas, empleados de instituciones financieras, funcionarios y servidores p&uacute;blicos) que no han creado un perfil pol&iacute;tico aut&oacute;nomo. De igual forma, Crouch hace uso del viejo argumento de la izquierda cr&iacute;tica que plantea el uso de la manipulaci&oacute;n constante de las masas para el logro de los intereses de las minor&iacute;as en el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico: Posdemocracia es un t&eacute;rmino que sirve para describir el constante uso de t&eacute;cnicas de encuesta y mercadeo para averiguar qu&eacute; es lo que la gente quiere escuchar y comunicar eso mismo a trav&eacute;s de los medios masivos de comunicaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crouch prosigue a examinar las causas y las consecuencias pol&iacute;ticas de la posdemocracia. Comienza por hablar de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica como el factor m&aacute;s destacado detr&aacute;s de este fen&oacute;meno y de c&oacute;mo, dentro de &eacute;sta, los Estados deben competir entre ellos para ofrecer a las grandes corporaciones las condiciones m&aacute;s favorables a fin de atraer su inversi&oacute;n. Esto ha producido el debilitamiento de la importancia pol&iacute;tica de los trabajadores, quienes sufren las consecuencias de que las grandes empresas muevan sus operaciones estrat&eacute;gicamente a los pa&iacute;ses con mano de obra barata y sin los costos de aquellos beneficios que constituyeron los grandes &eacute;xitos de la lucha obrera. Ante estas facilidades, las empresas mismas se transforman, externalizan y subcontratan de m&aacute;s en m&aacute;s los procesos productivos, qued&aacute;ndose con la sede central de poder donde se toman las decisiones estrat&eacute;gicas, y no constituyen m&aacute;s que acumulaciones financieras temporales y an&oacute;nimas. A este fen&oacute;meno, Crouch lo llama la "empresa fantasma" y dice que, siguiendo su ejemplo, los Estados intentan desprenderse gradualmente de toda responsabilidad directa del funcionamiento de los servicios p&uacute;blicos, se limitan a garantizar la libertad de mercado y a construir su imagen. Surge la subcontrataci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos y se gestiona por medio de concesiones sujetas a renovaciones peri&oacute;dicas. Esto se convierte en una alianza de &eacute;lites en la que las empresas ofrecen al liderazgo de los partidos los fondos para sus campa&ntilde;as nacionales, sobre todo las televisivas, que resultan tan onerosas, y las empresas privadas est&aacute;n en contacto permanente con los <i>lobbies, </i>c&iacute;rculos de asesores y grupos de presi&oacute;n para lograr esas concesiones y contratos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el autor apunta que la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos asociada con el Estado de bienestar pertenece al &aacute;mbito del inter&eacute;s general y deber&iacute;a estar protegida contra injerencias del mercado, pues &eacute;ste crea barreras que no permiten el acceso a dichos servicios a menos que se pague por ellos. Crouch tambi&eacute;n se&ntilde;ala que se asume que los servicios tendr&aacute;n mayor calidad al ser prestados por la iniciativa privada bajo el supuesto de competencia perfecta de los manuales de econom&iacute;a y de las ideas de la Nueva Gesti&oacute;n P&uacute;blica, pero esta situaci&oacute;n nunca se encuentra en la realidad emp&iacute;rica. Lo que ocurre es que las grandes empresas son tan influyentes pol&iacute;ticamente que no permiten competir a las medianas y peque&ntilde;as, y los supuestos de eficiencia en condiciones de mercado no se dan. Esto a su vez compromete la validez de los controles democr&aacute;ticos sobre el abuso de poder y de las influencias. Por otro lado, en la prestaci&oacute;n privada de dichos servicios, el ciudadano pierde capacidad pol&iacute;tica, pues se relaciona a trav&eacute;s del sistema electoral con el gobierno, pero no tiene ninguna relaci&oacute;n ni de mercado ni de ciudadan&iacute;a con el proveedor privado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crouch concluye que el mayor problema de la posdemocracia radica en que la pol&iacute;tica se est&aacute; convirtiendo en un asunto de &eacute;lites cerradas, as&iacute; como ocurr&iacute;a en los tiempos predemocr&aacute;ticos. Recomienda que para detener esta tendencia se deben crear pol&iacute;ticas cuyos efectos act&uacute;en en tres niveles: <i>1) </i>detener el creciente dominio de las &eacute;lites empresariales, <i>2) </i>reformar el ejercicio de la pol&iacute;tica como tal, sobre todo interviniendo para que los partidos contrarresten la desigualdad que promueve la posdemocracia y <i>3) </i>ayudar a que los ciudadanos se involucren y participen m&aacute;s en la pol&iacute;tica. Adem&aacute;s, Crouch menciona que la creaci&oacute;n de nuevas identidades sociales conlleva la posibilidad de rehabilitar las energ&iacute;as democr&aacute;ticas e igualitaristas de la pol&iacute;tica de izquierda. El autor nos recuerda que las sociedades modernas se han desplazado hacia un nuevo momento hist&oacute;rico y que haber llegado all&iacute; ha tra&iacute;do consigo un legado de lecciones y desarrollos que han de aprovecharse. Para &eacute;l, los nuevos movimientos pueden ser los "portadores de la vitalidad futura de la democracia" (p. 169).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el ensayo de Crouch sobre la situaci&oacute;n actual de la democracia constituye una cr&iacute;tica de la izquierda igualitarista hacia ciertas tendencias que se presentan en las sociedades desarrolladas contempor&aacute;neas. Ilustra sus argumentos con ejemplos tomados de la pol&iacute;tica de Europa y del mundo anglosaj&oacute;n, y diagnostica una tendencia perniciosa en las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas actuales hacia lo que define como posdemocracia, que es en realidad una situaci&oacute;n en la que los valores democr&aacute;ticos de participaci&oacute;n e igualdad se van perdiendo. El ensayo resulta una cr&iacute;tica acertada a muchas de las tendencias pol&iacute;ticas que pueden vislumbrarse sobre todo en el mundo desarrollado, y que podr&iacute;an comprometer la participaci&oacute;n de los ciudadanos, sobre todo de aquellos con menor poder social y econ&oacute;mico, como las mujeres. Es una situaci&oacute;n sin duda preocupante que Crouch deja examinada, pero con pocas sugerencias sobre c&oacute;mo lidiar con ella. Concluye dando valor a los movimientos sociales como posibles portadores de la vitalidad futura de la democracia, aun cuando al principio de su ensayo menciona que carecen de posibilidades reales para ejercer presi&oacute;n por su falta de poder econ&oacute;mico y por su actividad al margen de la pol&iacute;tica electoral. A pesar de que Crouch termina sus reflexiones con una deontolog&iacute;a que da lugar m&aacute;s bien a la desesperanza que a cualquier soluci&oacute;n posible, este libro plantea un problema claro de las sociedades desarrolladas que es necesario reconocer y abordar desde una perspectiva cr&iacute;tica.</font></p>      ]]></body>
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