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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La autenticidad y la normatividad de la identidad en Rousseau<a href="#nota">&#42;</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alessandro Ferrara&#42;&#42;</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Universidad de Roma "Tor Vergata"</i>, <a href="mailto:Alessandro.Ferrara@fastwebnet.it">Alessandro.Ferrara@fastwebnet.it</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dif&iacute;cil de leer, asistem&aacute;tico, visceral, sujeto a trav&eacute;s del tiempo a malas interpretaciones que se acercan a la caricatura, activo en tal multiplicidad de campos como para incentivar una recepci&oacute;n segregada de su trabajo como te&oacute;rico pol&iacute;tico, moralista, cr&iacute;tico social y cultural; o pedagogo, novelista y escritor literario; invitando al h&aacute;bito condescendiente de referirse a &eacute;l como Jean&#45;Jacques; de todos los autores modernos que le han dado forma al mundo que habitamos, Rousseau es el fil&oacute;sofo a quien debemos la siguiente intuici&oacute;n fundamental: la identidad es la fuente de la normatividad y lo es porque otorga la capacidad de ser aut&eacute;ntico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta intuici&oacute;n unifica muchas otras ideas de las que Rousseau merece cr&eacute;dito: la idea de que los incentivos a trav&eacute;s de los cuales la sociedad coordina su reproducci&oacute;n son responsables por el car&aacute;cter de los seres humanos y por sustituir el <i>amour&#45;propre</i> por el natural <i>amor de s&iacute;</i> (<i>self&#45;love</i>); la idea de que la mejor educaci&oacute;n consiste en resguardar al ser humano del influjo de los modelos sociales y culturales, en vez de someterlo a los mismos; la idea acerca de un r&eacute;gimen que proteja nuestra vida y propiedad y nos deje tan libres como antes; o la idea de que la vida moral moderna nos confronta con un tipo de tragedia del todo nuevo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel central de la autenticidad en el trabajo de Rousseau ser&aacute; reconstruida en la primera secci&oacute;n de este art&iacute;culo. La idea de la autenticidad no solamente se encuentra en el centro de la obra rousseauniana &#151;una de las consecuencias negativas de una vida social competitiva es el surgimiento de un abismo entre <i>ser</i> y <i>parecer</i>&#151;, sino que tambi&eacute;n concibe una identidad aut&eacute;ntica cuyas maneras ofrecen importantes implicaciones que, incluso actualmente, permiten comprender mejor algunas de las teor&iacute;as contempor&aacute;neas m&aacute;s influyentes sobre el yo (<i>self</i>) y su constituci&oacute;n. En la segunda secci&oacute;n, me avocar&eacute; a estas implicaciones con referencia a lo que entiende Harry Frankfurt por <i>identificaci&oacute;n decisiva</i>, a la teor&iacute;a de la <i>autoconstituci&oacute;n</i> de Christine Korsgaard y a la idea de Charles Larmore de una <i>relaci&oacute;n pr&aacute;ctica del yo (self)</i> consigo mismo. En la tercera y &uacute;ltima secci&oacute;n, explorar&eacute; las implicaciones de la postura de Rousseau acerca de la normatividad de la identidad para la filosof&iacute;a pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA AUTENTICIDAD COMO PIEDRA ANGULAR DE LA OBRA DE ROUSSEAU</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede encontrar una idea coherente que subyace a los distintos aspectos y temas de la vida y obra de Rousseau. Una noci&oacute;n impl&iacute;cita de autenticidad unifica sus reflexiones acerca de los efectos negativos del orden social, sobre el orden pol&iacute;tico justo, la educaci&oacute;n y, de manera m&aacute;s general, la &eacute;tica. En ninguna parte Rousseau clarifica expl&iacute;citamente la relaci&oacute;n que guardan entre s&iacute; sus trabajos m&aacute;s importantes. Sin embargo, se puede entender <i>El contrato social</i>, <i>Emilio</i> y <i>La nueva Elo&iacute;sa</i>, como obras que constituyen tres momentos de la soluci&oacute;n a un solo problema: primero, percibido de forma vaga durante su autobiogr&aacute;ficamente celebrado <i>momento de iluminaci&oacute;n</i> de camino a visitar a Diderot en Vincenne (Rousseau, 2008: 435&#45;437); luego, delineado a modo de bosquejo en el <i>Discurso sobre las ciencias y las artes</i>; y, finalmente, articulado de una manera m&aacute;s detallada en el <i>Discurso sobre el origen de la desigualdad.</i> El problema es el efecto que la desigualdad social, as&iacute; como la competencia por adquirir riquezas, poder y prestigio, tienen de manera directa en el individuo e indirecta sobre la sociedad: aunque coevos con los or&iacute;genes de la vida social, la desigualdad y la competencia se acent&uacute;an exponencialmente en la sociedad civil moderna y, en especial, en la floreciente vida metropolitana de mediados del siglo XVIII en Par&iacute;s. En trabajos subsecuentes, Rousseau explora los modos en que estos efectos pueden ser eliminados o al menos mitigados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de autenticidad que hay en Rousseau puede extraerse de su cr&iacute;tica de la <i>inautenticidad</i> como algo generado y acogido por una competici&oacute;n social dirigida para obtener de bienes intr&iacute;nsecamente divisivos, de suma cero. El <i>Discurso sobre el origen de la desigualdad</i> hace de Rousseau el fundador de la filosof&iacute;a social, centrada en explicar las patolog&iacute;as de la Modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Rousseau, desde que la competencia por el rango, la propiedad y el poder hicieron su aparici&oacute;n en las sociedades agr&oacute;nomas primitivas "en provecho propio hubo que mostrarse diferente de lo que uno era en efecto" (1991a: 262) para asegurar las recompensas &#151;riqueza, poder y prestigio&#151; otorgadas por un patr&oacute;n de reproducci&oacute;n social basado en una divisi&oacute;n competitiva del trabajo. Estas recompensas son objetos de suma cero: para que la adquisici&oacute;n de riqueza constituya una meta significativa para m&iacute;, deben existir otros que <i>no</i> sean ricos. De manera similar, las personas pueden tener inter&eacute;s en el poder s&oacute;lo en tanto ven la posibilidad de ganarlo <i>sobre</i> otros y pueden desarrollar un inter&eacute;s en la gloria y el prestigio s&oacute;lo en tanto signos de <i>distinci&oacute;n</i> de los dem&aacute;s. M&aacute;s a&uacute;n, el resultado de cualquier competencia depende, entre otras cosas, de lo que los dem&aacute;s <i>crean</i> acerca de nosotros. As&iacute;, sostiene Rousseau, al recompensar en conformidad con los papeles existentes y la participaci&oacute;n exitosa en la divisi&oacute;n del trabajo con bienes de suma cero, todas las sociedades &#151;en especial la sociedad civil moderna&#151; han premiado tanto el ingenio, la habilidad de enga&ntilde;ar e inducir temor, como la envidia y el retraimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, mediante la competencia, la sociedad induce no s&oacute;lo <i>insinceridad</i>, sino tambi&eacute;n <i>inautenticidad</i>. Puesto que es redituable parecer algo distinto de lo que se es, la zanja entre la conducta externa y la interna se agranda. El temor de perder terreno en la competencia social hace que para la gente sea conveniente escoger el dominio s&oacute;lido de las formas establecidas, estereot&iacute;picas de autorepresentaci&oacute;n, m&aacute;s que aventurarse a una ardua b&uacute;squeda por su identidad y sus motivos verdaderos. Tal como Rousseau hace decir a Saint&#45;Preux &#151;uno de los personajes de <i>La nueva Elo&iacute;sa</i>&#151;, la gente "acude cada noche a su tertulia para enterarse de lo que habr&aacute; de pensar al d&iacute;a siguiente" (2013: 421, libro II, carta 14). Bajo la presi&oacute;n de la competencia, la gente se vuelve tan dependiente de la opini&oacute;n de los dem&aacute;s que incluso su propio sentido de cohesi&oacute;n peligra y el yo (<i>self</i>) se reduce gradualmente a pura exterioridad, a una mera copia de lo que la sociedad requiere. En la cima de la evoluci&oacute;n social, en la sociedad parisina celebrada por Diderot como una fuente de nuevas posibilidades para la expresi&oacute;n de uno mismo y como un caleidoscopio exhilarante de estilos de vida, Rousseau &#151;hijo de un relojero y nacido en Suiza&#151; pudo ver una galer&iacute;a de m&aacute;scaras bajo las cuales las personas ya no exist&iacute;an, a la reificaci&oacute;n total en el &aacute;rea de la relaci&oacute;n con uno mismo y a la <i>inautenticidad</i> aguzada.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta intuici&oacute;n sobre la relaci&oacute;n entre el mecanismo de reproducci&oacute;n social y los rasgos de car&aacute;cter dominantes es, junto con la normatividad de la identidad, uno de los elementos m&aacute;s valiosos que se encuentran en el legado de Rousseau. Hoy, en un mundo globalizado, una cr&iacute;tica de este tipo se interpela bajo un nuevo aspecto. La presi&oacute;n para ser inaut&eacute;ntico, que alguna vez afect&oacute; la relaci&oacute;n del individuo consigo mismo, esta vez se manifiesta como una fuerza homogeneizadora ejercida en cada pa&iacute;s del mundo, en especial en los m&aacute;s pobres y vulnerables. La matriz de incentivos es exactamente la misma. En una econom&iacute;a global, donde la competencia coacciona a actores estatales y empresas para bajar el costo de la mano de obra y aumentar la <i>flexibilidad</i> en los contratos laborales, los pa&iacute;ses, en particular los pobres y aqu&eacute;llos que se encuentran en la periferia, dif&iacute;cilmente pueden sostener la b&uacute;squeda penosa e incierta de un perfil econ&oacute;mico original o rehusar el incentivo del &eacute;xito &#151;o simplemente la supervivencia&#151; que viene con las pol&iacute;ticas prefabricadas de la flexibilidad y la mano de obra barata (Habermas, 2001: 75).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta misma intuici&oacute;n, acerca de lo destructivo de los arreglos sociales que estimulan la competencia mediante incentivos divisivos, nunca abandona la filosof&iacute;a rousseauniana desde 1755. Algunas veces queda estilizado en forma de pr&oacute;logo, otras opera como presupuesto impl&iacute;cito, pero el ginebrino en ning&uacute;n momento se desdice cuando m&aacute;s tarde se concentra en los posibles remedios para el predicamento <i>irreversible</i> &#151;pese a la legi&oacute;n de int&eacute;rpretes que crearon el mito del Rousseau primitivista&#151;. Un arreglo as&iacute; no se puede revertir, pues cuando el estado de naturaleza <i>real</i> &#151;no el estado <i>pseudo</i>&#45;natural de guerra de todos contra todos descrito por Hobbes, insostenible si no se presupone una habilidad social completa por parte de los individuos que toman en cuenta las intenciones de los dem&aacute;s&#151; es dejado atr&aacute;s, el individuo social no puede <i>desaprender</i>, por decirlo de alg&uacute;n modo, a tomar en cuenta las expectativas de los dem&aacute;s. La habilidad de comparar no puede desaparecer de este marco ni tampoco su sedimento ps&iacute;quico, la preocupaci&oacute;n por lo que otros puedan pensar de nosotros llamada por Rousseau <i>amour&#45;propre</i> como contrapuesto al <i>amor de s&iacute; (self&#45;love)</i>. No podemos siquiera desear, con sentido, eliminar el <i>amour&#45;propre</i> del todo, pues ello coartar&iacute;a &#151;mediante la eliminaci&oacute;n de nuestra consciencia de la subjetividad del otro&#151; la posibilidad que tenemos de involucrarnos en acciones m&aacute;s all&aacute; de aqu&eacute;llas consideradas solipsistas, no&#45;sociales. Todo cuanto podemos esperar es, por tanto, domesticar la variante <i>inflamada</i> o extrema del <i>amour&#45;propre</i> originada en lo competitivo, la propiedad dominada y la forma perjudicial de la vida social moderna, as&iacute; como controlar sus consecuencias.<sup><a href="#nota">2</a><a href="#bookmark6"></a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer plano donde puede encontrarse un remedio a este predicamento es una rectificaci&oacute;n al <i>pacto social desigual,</i> el cual se dio espont&aacute;neamente con el surgimiento de las sociedades agr&oacute;nomas y es la causa de que el ser humano &#151;nacido libre&#151; viva encadenado por doquier. Un pacto social desigual como &eacute;ste ha tornado la cristalizaci&oacute;n de la posesi&oacute;n en propiedad, cuyo resultado es la legitimaci&oacute;n de las desigualdades sociales, ya no naturales, sino del todo nuevas. Dicha rectificaci&oacute;n del pacto social desigual, nuevamente, para Rousseau, no puede consistir en revertir esta evoluci&oacute;n, eliminando la propiedad y las desigualdades sociales por completo. M&aacute;s bien, consiste en un desacoplamiento de las desigualdades sociales y pol&iacute;ticas con la mirada puesta hacia el frente: en una sociedad justa basada en el contrato social, mientras los ciudadanos permanecen, moderadamente, desiguales desde un punto de vista social, tendr&aacute;n igual influencia pol&iacute;tica en la determinaci&oacute;n de la voluntad general, disfrutar&aacute;n de igual protecci&oacute;n y permanecer&aacute;n tan libres como lo eran antes. Si este fuera el &uacute;nico plano donde Rousseau hubiera buscado remedio a los males que conllevan los arreglos sociales que erosionan la subjetividad, ser&iacute;a recordado &uacute;nicamente como un fil&oacute;sofo pol&iacute;tico brillante; el inventor de la idea del gobierno leg&iacute;timo que llega m&aacute;s all&aacute; del criterio liberal cl&aacute;sico del <i>consentimiento de los gobernados</i>, y entiende al gobierno leg&iacute;timo y su coerci&oacute;n como presupuestos, un elemento activo y democr&aacute;tico de <i>autor&iacute;a de</i>, no s&oacute;lo de <i>consentimiento a</i>, las leyes que uno obedece.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, el remedio de Rousseau para los males de la reproducci&oacute;n competitiva de la sociedad no s&oacute;lo previene las desigualdades sociales resultantes de la dominaci&oacute;n pol&iacute;tica. Un remedio real &#151;esto fue una intuici&oacute;n suya sobre los <i>l&iacute;mites de la pol&iacute;tica</i>&#151; requiere tambi&eacute;n fortalecer las defensas inmunol&oacute;gicas individuales contra la influencia corruptora de la competencia para obtener recompensas divisivas. Dicho fortalecimiento, a su vez, puede verse desde dos perspectivas distintas. Por una parte, puede entenderse como un <i>programa para una educaci&oacute;n hacia la autonom&iacute;a;</i> por otra, como una <i>b&uacute;squeda personal de la autenticidad.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Emilio,</i> el programa de la educaci&oacute;n para la autonom&iacute;a se convierte en un manifiesto por la <i>educaci&oacute;n negativa</i>, seg&uacute;n el cual no se puede permitir ning&uacute;n intento directo de conformar las creencias del ni&ntilde;o, su car&aacute;cter o moralidad, en el cual, la tarea del educador consiste en crear un ambiente social y emocional donde las potencialidades del ni&ntilde;o puedan desenvolverse sin constre&ntilde;imientos ni influencias por parte de la sociedad.<sup><a href="#nota">3</a><a href="#bookmark7"></a></sup> Rousseau condensa su idea de <i>educaci&oacute;n negativa</i> en la imagen de un &aacute;rbol a mitad de la carretera. Sin la protecci&oacute;n que provee la educaci&oacute;n, el ni&ntilde;o &#151;al igual que el &aacute;rbol&#151; queda expuesto, en su caso, al prejuicio y a la autoridad; "ser&iacute;a entonces como un arbolillo que al azar hace nacer en medio de un camino, y que de pronto los transe&uacute;ntes hacen perecer sacudi&eacute;ndolo por todas partes y dobl&aacute;ndolo en todos los sentidos" (2007: 37). No me ocupar&eacute; aqu&iacute; de la secuencia de etapas psicol&oacute;gicas y de aprendizaje propuestas por Rousseau,<sup><a href="#nota">4</a></sup> sino que me limitar&eacute; a recordar dos ideas importantes contenidas en <i>Emilio</i>. La primera idea es que el desarrollo individual imita el orden seguido por el desarrollo de la especie humana en su desacoplamiento gradual de la naturaleza. Para Rousseau hay algo de universal en tanto que cada humano atraviesa estas etapas en el mismo orden en que lo hizo la especie, pero hay algo de &uacute;nico en tanto repetimos dicha secuencia bajo ciertas circunstancias y en respuesta a retos diferentes para cada individuo. El hombre social comparte con el hombre natural, en &uacute;ltima instancia, la ordenaci&oacute;n de su desarrollo ps&iacute;quico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda idea refiere a los efectos de encontrar una soluci&oacute;n original o innovadora, como opuesto a seguir un modelo preestablecido, para los retos vitales enfrentados. As&iacute; como la humanidad ha encontrado soluciones originales para las dificultades surgidas y ha sido llevada por su ingenio cultural m&aacute;s all&aacute; de las otras especies, tambi&eacute;n el resultado del desarrollo individual, de acuerdo con Rousseau, ser&aacute; diferente si al individuo se le ha permitido responder aut&oacute;nomamente a los diversos retos o bien si se ha adecuado a soluciones preestablecidas. De este modo, la autonom&iacute;a para resolver problemas vitales &#151;una capacidad que el medio ambiente <i>impuso</i> en el hombre presocial y convertido en tarea de la educaci&oacute;n negativa cultivar en el ni&ntilde;o&#151; designa una propiedad de la psique individual que, a su vez, constituye el factor clave en la consolidaci&oacute;n del yo (<i>self</i>) y el crecimiento de un sentido de su cohesi&oacute;n y vigor. Quien quiera que, siendo ni&ntilde;o, haya sido forzado a conformarse seg&uacute;n las expectativas externas, como adulto, se convertir&aacute; en lo exijido por la sociedad, la moda pasajera o el grupo de referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Rousseau, el individuo atraviesa por una suerte de desarrollo de <i>car&aacute;cter</i>. Con la maduraci&oacute;n, emerge una distribuci&oacute;n de &aacute;reas fuertes y d&eacute;biles de la personalidad y refleja las &aacute;reas de conducta donde a la persona se le ha permitido ejercer su autonom&iacute;a en mayor o menor medida. La distribuci&oacute;n de &aacute;reas de autonom&iacute;a y, consecuentemente, la zanja entre el yo (<i>self</i>) actual e ideal est&aacute; fincada en las circunstancias que hacen a cada persona un individuo <i>&uacute;nico</i>; por ejemplo, las caracter&iacute;sticas &uacute;nicas del contexto en el cual han aparecido los retos vitales decisivos para cada persona, los sentimientos &uacute;nicos conectados con la soluci&oacute;n de dichos problemas y las cualidades &uacute;nicas de los objetos a los cuales corresponden estos sentimientos. Dichas circunstancias no s&oacute;lo marcan la unicidad que tiene cada individuo para el desarrollo <i>universal por etapas secuenciales</i> de nuestras facultades, tambi&eacute;n crean sentimientos y necesidades que, a su vez, proveen el fundamento motivacional para desviarnos de nuestro yo (<i>self</i>) ideal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto, la educaci&oacute;n para la autonom&iacute;a, mediante la cual Rousseau vislumbra el fortalecimiento del individuo contra los procesos sociales que inducen a la inautenticidad, se intersecta con la b&uacute;squeda por la autenticidad. Esta intersecci&oacute;n se relaciona con la discrepancia ineliminable entre el yo (<i>self</i>) ideal y el real. Para Rousseau, dicha discrepancia no es simplemente una imperfecci&oacute;n no deseada que pudiera suprimirse por un ejercicio determinado de la voluntad moral; por el contrario, con frecuencia se relaciona con un complejo de motivaciones, en gran medida inconscientes, el cual debemos comprender m&aacute;s que tratar de eliminar o controlar instrumentalmente. Cualquier intento de dominar dichas motivaciones, sin comprender a plenitud el patr&oacute;n que les subyace, est&aacute; destinado a ser un mero desplazamiento de sus efectos y socavar as&iacute; la identidad del individuo &#151;como veremos en el caso de Julia&#151;. La autenticidad de la identidad puede socavarse, en otras palabras, no s&oacute;lo <i>desde fuera</i>, por los arreglos sociales competitivos, sino tambi&eacute;n <i>desde dentro</i>, debido a una voluntad moral que desatiende la normatividad emanada de nuestra propia identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, la educaci&oacute;n para la autonom&iacute;a, considerada en s&iacute; misma, no basta. Tambi&eacute;n hace falta la <i>autenticidad</i>, es decir, la capacidad de distinguir los aspectos del mundo interno de una persona cruciales para su identidad de aquellos dispensables, el conocimiento de uno mismo, la empat&iacute;a y la capacidad de aceptar emocionalmente los aspectos no deseados del verdadero yo (<i>self</i>) y el valor para seguir las propias intuiciones morales. La autenticidad, no obstante, no puede ser objeto de <i>ense&ntilde;anza</i> y por tanto queda fuera de los alcances de <i>Emilio</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau no define en ninguna parte, de manera expl&iacute;cita, lo que significa que una identidad sea aut&eacute;ntica o el proceso que lleva al yo (<i>self</i>) para adquirir autenticidad; pero en <i>La nueva Elo&iacute;sa</i> ilustra la dimensi&oacute;n normativa asociada con la identidad. La novela inicia con una declaraci&oacute;n de amor mutuo entre Julia d'Etange &#151;el &uacute;nico hijo vivo de un noble que pone en el matrimonio de ella todas sus esperanzas de salvar la mermada fortuna de la familia&#151; y Saint&#45;Preux, su preceptor &#151;un burgu&eacute;s con temperamento generoso, pero sin estatura social o econ&oacute;mica&#151;. Debido al previsible destino desafortunado de su amor, &eacute;l se ofrece a dejar el pueblo, en apariencia para evitar el riesgo de un esc&aacute;ndalo, pero de hecho lo hace para sondear la profundidad de los sentimientos de Julia, ella, sin embargo, le pide quedarse y convertirse en su amante secreto. Para complicar las cosas, lord Edouard Bomston, un adinerado ingl&eacute;s amigo del padre de Julia, llega de visita con la familia d'Etange. Entre &eacute;l y Saint&#45;Preux surge una simpat&iacute;a a primera vista, pero al poco tiempo este &uacute;ltimo sospecha que aqu&eacute;l podr&iacute;a estar negociando en secreto un eventual matrimonio con Julia. La tensi&oacute;n aumenta, ocurre un malentendido, los &aacute;nimos se caldean y Saint&#45;Preux desaf&iacute;a a lord Bomston. El duelo eventualmente es evitado, pero la situaci&oacute;n permanece muy vol&aacute;til. El bar&oacute;n d'Etange comienza a cuestionar las razones de Saint&#45;Preux para permanecer en la casa. Entre tanto, lord Bomston, reconciliado con Saint&#45;Preux y enterado del desafortunado amor entre &eacute;ste y Julia, por un impulso generoso pero irreflexivo, decide interceder ante el padre de ella. El bar&oacute;n d'Etange rechaza con desd&eacute;n el prospecto de matrimonio entre Julia y Saint&#45;Preux. Cuando el esc&aacute;ndalo est&aacute; pr&oacute;ximo a estallar, Julia pide a su amado que deje el pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, llegamos al punto donde surge una relaci&oacute;n con la autenticidad. Lord Bomston, en parte por conmiseraci&oacute;n a los amantes, y por un deseo de compensarlos por las consecuencias de su faux pas, le ofrece a Julia una gran propiedad en Inglaterra donde podr&aacute; vivir con su amante abandonando a su familia. Consciente de que su oferta ser&aacute; tomada como un acto de traici&oacute;n por la familia d'Etange y que sin duda ser&aacute; condenada por todo el pueblo, lord Bomston anticipa la incertidumbre de Julia e intenta convencerla con dos argumentos. El primero contrasta &#151;de manera familiar&#151; la peque&ntilde;ez de conformarse con las costumbres comunitarias frente a la dignidad de la autonom&iacute;a &eacute;tica interior. Hay poco de novedoso en esta oposici&oacute;n a la <i>aprobaci&oacute;n p&uacute;blica</i> y en el <i>grito de la conciencia.</i> La segunda raz&oacute;n por la cual Julia deber&iacute;a aceptar la oferta, en cambio, consiste en el primer ejemplo de un nuevo tipo de argumento moral: el cual parte desde el punto de vista de la normatividad de la identidad. "Nunca har&aacute;s desaparecer la fuerte impresi&oacute;n del amor" advierte lord Bomston,</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; no conseguir&aacute;s nunca borrar su impresi&oacute;n profunda &#91;advierte Lord Bomston&#93; sin borrar a la vez todos y cada uno de los exquisitos sentimientos que recibisteis de la naturaleza. &#91;Al final, contin&uacute;a,&#93; y cuando ya nada os quede de vuestro amor, nada os quedar&aacute; de vuestra capacidad de amar; en el fondo, nada digno de estima. (2013: 373, libro II, carta 3)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Atestiguamos aqu&iacute; el nacimiento de una nueva forma de tragedia moderna. La novedad del predicamento tr&aacute;gico de Julia, en lo cual descansa el argumento moral de Bomston, consiste en el hecho de estar atrapado no s&oacute;lo entre dos normas o imperativos incompatibles &#151;como en la tragedia cl&aacute;sica&#151;, sino tambi&eacute;n entre dos preceptos morales autoimpuestos: la prohibici&oacute;n de hacer infelices a los propios padres y, adem&aacute;s, un <i>sentimiento</i>, que no posee fuerza normativa para sus ojos, sin embargo, tiene una significaci&oacute;n crucial para la coherencia de su propia identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuevos sucesos aceleran la trama. La madre de Julia, secretamente solidaria con el amor de ellos, muere de s&uacute;bito y ella siente culpa por haber contribuido de alg&uacute;n modo a su muerte. Entonces resulta m&aacute;s f&aacute;cil para el bar&oacute;n d'Etrange convencer a su hija de casarse con Wolmar, un amigo noble, viejo, racional e impasible, a quien le debe la vida y le ha prometido la mano de Julia. En una escena muy emotiva, el viejo bar&oacute;n se arrodilla ante Julia llorando y le implora no destruir su paz y su reputaci&oacute;n en los a&ntilde;os que le quedan. Julia concluye que, sin importar las consecuencias para su propia vida, realmente no tiene derecho a buscar su propia felicidad a costa de la desesperaci&oacute;n paterna. Dicha felicidad ser&iacute;a inmerecida y manchada por el remordimiento. Entonces, decide terminar su relaci&oacute;n con Saint&#45;Preux y casarse con Wolmar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de ah&iacute;, la novela gira en torno a las intrincadas justificaciones y racionalizaciones elaboradas por Julia para mantener la coherencia de su propia identidad. Su primera estrategia es un retiro estoico a la inviolabilidad de su yo (<i>self</i>) interior: es decir, aceptar&aacute; a Wolmar como amo de su vida exterior, pero no de su coraz&oacute;n. M&aacute;s tarde, el d&iacute;a de la boda, Julia se percata de que esta ilusi&oacute;n es insostenible. Una vida de insinceridad tambi&eacute;n est&aacute; contra la moralidad y no puede llevar de ning&uacute;n modo a la felicidad. Entonces, mientras entra a la iglesia, una emoci&oacute;n nunca antes experimentada se apodera de ella. La vista del altar, del ministro, de su padre, de todo el lugar, la solemnidad de la m&uacute;sica de &oacute;rgano, todo le produce un sobrecogimiento y un gran temor s&oacute;lo de pensar en cometer perjurio. Julia describe su estado en aquellos momentos como una "s&uacute;bita revoluci&oacute;n interior" en la cual sus emociones ca&oacute;ticas se enderezan "seg&uacute;n la ley del deber y la naturaleza" (Rousseau, 2013: 586, libro III, carta 18). Tras su conversi&oacute;n Julia se enorgullece por el hecho de que la imagen de Saint&#45;Preux ya no acecha sus fantas&iacute;as (Mauzi, 1959). Pronuncia su amor como extinto y en alg&uacute;n punto se refiere a &eacute;l como un error pasajero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Julia tambi&eacute;n reconsidera todas sus ideas sobre el matrimonio, el amor y la familia.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Es un error &#151;le dice por escrito a Saint&#45;Preux&#151; pensar que el amor es indispensable para un matrimonio feliz: en cambio, "la honestidad, la virtud, ciertas conveniencias, y no tanto condici&oacute;n y edad como car&aacute;cter y humor, bastan entre dos esposos" (Rousseau, 2013: 610, libro III, carta 20). Tal uni&oacute;n puede no ser dichosa, pero ciertamente generar&aacute; un afecto mutuo "no menos placentero que durable". Con base en esto, Julia ve su relaci&oacute;n con Wolmar como ejemplo de virtud moral y est&aacute;ndar frente al cual juzga su amor pasado por Saint&#45;Preux. Al final, Julia se persuade de que si volviera en el tiempo y debiera escoger de nuevo seg&uacute;n los sentimientos del momento, pero con el conocimiento del presente escoger&iacute;a a Wolmar y no a Saint&#45;Preux. Termina la carta pidi&eacute;ndole a este &uacute;ltimo que deje de escribirle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras cuatro a&ntilde;os de aventuras y experiencias, Saint&#45;Preux regresa y los Wolmar lo invitan a visitar su propiedad. En una de sus cartas m&aacute;s introspectivas, Julia le escribe a Saint&#45;Preux sobre la sensaci&oacute;n que tiene de estar rodeada de "razones para ser feliz" sin ser realmente capaz de disfrutar nada de ello. Julia lamenta que una "languidez secreta" y sentimientos de vac&iacute;o la hayan tomado presa, pero cierra la carta declarando que estos sentimientos deben atribuirse a su "excesiva felicidad" (Rousseau, 2013: 394, libro II, carta 8).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La trama culmina con el accidente que acaba con la vida de Julia: durante un paseo por la costa de un lago, uno de sus hijos cae dentro, Julia se zambulle en el agua helada para salvarlo, pero a causa de ello contrae neumon&iacute;a, a los pocos d&iacute;as desarrolla una fiebre alta y se deja llevar por la muerte sin oponer pr&aacute;cticamente resistencia a la enfermedad. En su lecho de muerte, la coraza de virtud de Julia y su yo real (<i>self</i>) se desacoplan, por lo cual comprende y acepta la validez de lo que profetiz&oacute; lord Bomston. La &uacute;ltima rememoraci&oacute;n de su vida la deja con la duda de que en cada etapa de su b&uacute;squeda por la virtud &#151;su decisi&oacute;n inicial de casarse con Wolmar, su retiro hacia el sue&ntilde;o estoico de conseguir la libertad interior, su conversi&oacute;n y subsecuente vida en Clarens&#151; era un paso m&aacute;s hacia la erosi&oacute;n de su propio sentido de la identidad. Entonces Julia llama a esas elecciones <i>sacrificios</i> y se confiesa a s&iacute; misma que morir &#151;ese <i>&uacute;ltimo sacrificio</i>&#151; en realidad significa <i>tan s&oacute;lo morir una vez m&aacute;s</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ENCONTR&Aacute;NDOLE SENTIDO A LA NORMATIVIDAD DE LA IDENTIDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lecci&oacute;n que debe obtenerse de la visi&oacute;n de Rousseau acerca de la autenticidad contiene implicaciones de gran relevancia para las discusiones filos&oacute;ficas contempor&aacute;neas en dos &aacute;reas importantes. Su proyecto de realizar una cr&iacute;tica de la Modernidad, qua una cr&iacute;tica de las patolog&iacute;as sociales generadas por la forma de vida moderna, representa una contribuci&oacute;n inicial a la tradici&oacute;n de filosof&iacute;a social cr&iacute;tica que Axel Honneth ha intentado reconstruir (1995; 2007a: 3&#45;48; y 2007b). El trabajo de Rousseau podr&iacute;a verse como una de las fuentes fundamentales para una teor&iacute;a de la reificaci&oacute;n y para el cuestionamiento de la idea extendida de que la sociedad moderna ha provocado un aumento de la individuaci&oacute;n del hombre. O mejor dicho, su teor&iacute;a sugiere que la vida social competitiva moderna ha desembocado en el fen&oacute;meno de la desindividualizaci&oacute;n. Bajo el rubro de <i>despotismo suave</i>, su intuici&oacute;n se desarrolla en el siglo XIX siguiendo l&iacute;neas menos pesimistas por Alexis de Tocqueville y en el siglo XX por Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Jos&eacute; Ortega y Gasset y un n&uacute;mero de cr&iacute;ticos de la transformaci&oacute;n de personalidad negativa en direcci&oacute;n de la dirigida a lo otro, la personalidad narcisista o la personalidad terap&eacute;utica (Lasch, 1980; Rieff, 1973; y Riesman, 1964). En el siglo XXI, la intuici&oacute;n rousseauniana sobre los efectos de la competitividad en la personalidad se refleja en los trabajos de Richard Sennett (1998), Anthony Elliott y Charles Lemert (2006) y Zygmunt Bauman (1998 y 2000). Sin embargo, dejar&eacute; esto de lado para enfocarme en una segunda &aacute;rea filos&oacute;fica donde los trabajos de Rousseau ofrecen tres implicaciones relevantes para los debates actuales: la relaci&oacute;n del yo (<i>self</i>) con la normatividad de su propia identidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de encontrar un remedio para los efectos de la vida moderna, Rousseau elabora impl&iacute;citamente una visi&oacute;n de la autenticidad que contiene intuiciones valiosas sobre la naturaleza especial de la normatividad de la identidad y del proceso de autoconstituci&oacute;n. Estas intuiciones a&uacute;n dicen algo relevante en tanto que tres de sus implicaciones son atinentes de forma directa para las posturas modernas de la relaci&oacute;n pr&aacute;ctica del yo (<i>self</i>) consigo mismo, del <i>consentimiento reflexivo</i> y de la <i>identificaci&oacute;n decisiva</i>.<sup><a href="#nota">6</a></sup> La intuici&oacute;n fundamental de Rousseau consiste en pensar a la substancia de una identidad no como una esencia, sino como algo de nuestra propia <i>hechura</i> &#151;la identidad de Julia est&aacute; conformada por su amor a Saint&#45;Preux y m&aacute;s tarde por su elecci&oacute;n de casarse con Wolmar&#151; y a&uacute;n as&iacute; algo que no se encuentra a nuestra entera disposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia de la visi&oacute;n que tiene Rousseau acerca de la normatividad se comprende mejor si la reformulamos en una terminolog&iacute;a contempor&aacute;nea. Si por la frase la <i>substancia de la identidad</i> se quiere referir simplemente a la respuesta de las preguntas <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i> (para un sujeto individual) y <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos?</i> (para uno colectivo), entonces la autenticidad es la cualidad de una conducta de vida que de alg&uacute;n modo reflexiona o al menos va en l&iacute;nea con la respuesta a la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i><sup><a href="#nota">7</a></sup> La conducta observable puede reflejar err&oacute;neamente de <i>manera intencional</i> la realidad del sujeto, como en la <i>insinceridad</i>, o puede no hacerlo por falta de ponderaci&oacute;n o autoenga&ntilde;o por parte del actor, como sucede con la <i>inautenticidad</i>. Resulta m&aacute;s complicado definir de manera positiva estos t&eacute;rminos. Tanto la acci&oacute;n <i>sincera</i> como la <i>aut&eacute;ntica</i> supuestamente reflejan los estados internos del actor. Es conocida la formulaci&oacute;n de Lionel Trilling: mientras que en el caso de la sinceridad la alineaci&oacute;n de la conducta externa y los estados internos est&aacute; motivada por el deseo de reconocimiento o de evitar la atribuci&oacute;n negativa de insinceridad, en el caso de la autenticidad est&aacute; motivada por nuestro anhelo de autoexpresividad "buscada por s&iacute; misma" (Trilling, 1971: 10&#45;11). Ciertamente, la distinci&oacute;n de Trilling captura parte de la diferencia entre sinceridad y autenticidad, pero hay aspectos adicionales que pueden iluminarse apelando al trabajo de Harry Frankfurt. &Eacute;l distingue entre las voliciones de <i>primer orden</i>, que motivan la acci&oacute;n directamente, y las de <i>segundo orden</i>, que toman a las voliciones de primer orden como su objeto; esto sucede, por ejemplo, cuando me formo el deseo de no ceder al deseo de fumar. Entonces, la sinceridad parece <i>prima facie</i> una alineaci&oacute;n de estos dos tipos de deseos: mi deseo de dejar de fumar no es sincero si continuamente me contradigo cediendo a mi antojo por un cigarro m&aacute;s. Empero, el modelo de Frankfurt permite un <i>tercer</i> nivel de voliciones, que organiza grandes conjuntos de deseos de segundo orden y da forma a la conducta de vida: puedo identificarme con la <i>bios theoretik&ograve;s</i>, con la b&uacute;squeda de la salvaci&oacute;n, con la intimaci&oacute;n epic&uacute;rea del <i>lathe biosas</i> <i>(vivir sin generar atenci&oacute;n p&uacute;blica a uno mismo)</i>, con perseguir la <i>imitatio Christi</i>, con hacer de la vida una obra de arte, con enfrentar la verdad. La <i>autenticidad</i>, m&aacute;s que la sinceridad, parece el t&eacute;rmino correcto para capturar una alineaci&oacute;n de las voliciones en este alto nivel junto con voliciones de niveles m&aacute;s bajos. De hecho, si la identidad es una respuesta a la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i>, el tercer nivel de voliciones parece el m&aacute;s adecuado para dar una respuesta: con mayor frecuencia nos describimos diciendo "Soy un estoico" o "Soy un artista de vanguardia", que diciendo "Soy un no fumador". As&iacute;, parece haber mayor diferencia entre la sinceridad y la autenticidad, que la mera oposici&oacute;n entre realizar una acci&oacute;n como uno se siente para buscar reconocimiento <i>versus</i> por s&iacute; misma. La autenticidad se relaciona con el <i>nivel</i> de voliciones en el cual ocurre una alineaci&oacute;n entre estados internos y conducta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, la autenticidad designa tanto el <i>intento</i> de conformar la cadena de voliciones de modo que aquellas subordinadas reflejen, o al menos no sean inconsistentes en relaci&oacute;n con las superiores y con el <i>&eacute;xito</i> del agente en esta ardua tarea. En otras palabras, la autenticidad tiene dos lados. Por una parte, es una manifestaci&oacute;n de la preocupaci&oacute;n heideggeriana que tiene una persona por su propio ser (y en este sentido, la <i>inautenticidad</i> es una falta de preocupaci&oacute;n por el propio ser); por otra parte, la inautenticidad de una persona tambi&eacute;n es una funci&oacute;n del grado en el que se logran alinear los distintos niveles de deseos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estos conceptos en mente podemos resaltar mejor la <i>primera</i> implicaci&oacute;n de la visi&oacute;n que tiene Rousseau sobre la autenticidad y la identidad. Para &eacute;l &#151;al igual que para autores contempor&aacute;neos como Charles Larmore, Christine Korsgaard y Frankfurt&#151; la relaci&oacute;n de una persona con su identidad no se puede entender s&oacute;lo como <i>cognitiva</i>. Hay tres razones para dudar de la suposici&oacute;n de que al responder la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i>, el actor encuentra en la formulaci&oacute;n de la tercera persona qu&eacute; es su realidad interior. Para empezar, una comprensi&oacute;n del v&iacute;nculo entre el actor y su identidad, fincada en t&eacute;rminos s&oacute;lo cognitivos, resulta ser emp&iacute;ricamente problem&aacute;tica: un psic&oacute;logo cl&iacute;nico podr&iacute;a entender mejor la naturaleza de un motivo que el actor involucrado. Sin duda Lord Bomston entiende mejor que Julia las consecuencias para su sentido interno de la integridad de darle seguimiento a su amor sofocante por Saint&#45;Preux. M&aacute;s a&uacute;n, una visi&oacute;n cognitivista de la autenticidad de la identidad lleva a un camino filos&oacute;fico sin salida. De hecho, el proyecto de conducir a la consciencia a toda la naturaleza interior est&aacute; destinado a chocar contra la cualidad de naturaleza interior com&uacute;n de la consciencia cognoscente y su <i>objeto de conocimiento</i>: la parte cognoscente del yo (<i>self</i>) no puede conocerse m&aacute;s de lo que el ojo puede conocerse a s&iacute; mismo.<sup><a href="#nota">8</a></sup> Por &uacute;ltimo, incluso si no fuera un proyecto inherentemente inviable, la idea y meta de inscribir por completo la naturaleza propia, como dada, en la conducta de vida de uno mismo, apenas contar&iacute;a como una instancia de <i>libertad</i>, m&aacute;s bien parecer&iacute;a que se embosca al agente bajo una <i>necesidad contingente</i>. Ir&oacute;nicamente, el agente podr&iacute;a lamentarse porque ya es bastante desafortunado ser quien es como para tener que sufrir por el imperativo de <i>realizar</i> dicha naturaleza interior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la relaci&oacute;n del actor con su identidad puede entenderse mejor como una relaci&oacute;n <i>pr&aacute;ctica</i>, un tipo de compromiso (Larmore, 2004: 151&#45;185). Cuando Lutero dice "Aqu&iacute; estoy. No puedo hacer otra cosa", no quiere decir "no puedo" en un sentido emp&iacute;rico, como cuando digo que no puedo volar, ni tampoco en un sentido en el cual violar&iacute;a alg&uacute;n imperativo externo. Quiere decir que al actuar de otro modo no estar&iacute;a en una posici&oacute;n para responder a la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i> como &eacute;l quisiera. De manera similar, cuando se dice "Te amo" a alguien, no se pretende meramente <i>describir</i> un estado mental interno, sino expresar el compromiso de tratar a la persona como a alguien amado: de este compromiso pr&aacute;ctico se sigue la posibilidad de que se le reproche posteriormente no haber actuado como amante. El destino de Julia no est&aacute; escrito en su naturaleza psicol&oacute;gica, sino que fluye a partir de sus propias elecciones y de los compromisos adquiridos, a los cuales renuncia o reniega. En este sentido, lo que entiende Rousseau acerca de la realizaci&oacute;n y de los mecanismos de la identidad podr&iacute;a considerarse una brillante anticipaci&oacute;n de lo mostrado en las teor&iacute;as contempor&aacute;neas de la agencia y la auto&#45;constituci&oacute;n de Larmore, Korsgaard y Frankfurt.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hay una <i>segunda</i> implicaci&oacute;n de la idea de Rousseau acerca de la identidad y la autenticidad que contiene importantes intuiciones hasta ahora inmejoradas por el trabajo de los te&oacute;ricos contempor&aacute;neos. La dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica, como opuesta a la cognitiva, de la relaci&oacute;n del actor con su propia identidad &#151;el hecho de que &eacute;sta y, de manera consecuente, la autenticidad sean un asunto de elecci&oacute;n y no de descubrimiento&#151; no puede desembocar en una relaci&oacute;n de absoluta soberan&iacute;a del actor de cara a su identidad. Dicha relaci&oacute;n de soberan&iacute;a puede resumirse en el verso de la canci&oacute;n "Innuendo" de Queen que dice "Puedes ser lo que quieras ser. S&oacute;lo convi&eacute;rtete en lo que fuera que pienses que pudieras ser" y en la l&iacute;nea pronunciada por Agrado, el personaje travesti de la pel&iacute;cula <i>Todo sobre mi madre</i> de Pedro Almod&oacute;var: "una es m&aacute;s aut&eacute;ntica mientras m&aacute;s se parece a lo que ha so&ntilde;ado sobre s&iacute; misma". Cuando la autenticidad se concibe a lo largo de estas l&iacute;neas, como una omnipotencia importante para la propia identidad, se pierde la posibilidad de distinguir conceptualmente entre la expresi&oacute;n de Lutero "No puedo hacer otra cosa" y la expresi&oacute;n "No quiero hacer otra cosa".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio, el personaje rousseauniano de Julia ejemplifica la futilidad de la idea de una total plasticidad de la identidad. En la escena donde se enfrenta con la elecci&oacute;n tr&aacute;gica de aceptar la oferta de lord Bomston para comenzar una nueva vida con Saint&#45;Preux en Inglaterra o sacrificar su amor y casarse con Wolmar, Julia sopesa err&oacute;neamente la relevancia que posee su sentimiento de amor con la coherencia de su identidad, resuelve convertirse en la esposa fiel y respetada que sue&ntilde;a ser pero encuentra el fracaso. El giro que trata de imprimir sobre su identidad deja de resonar con ella misma y la p&eacute;rdida del amor que err&oacute;neamente considera como perif&eacute;rico para su sentido del yo (<i>self</i>), y por tanto dispensable, reverbera de manera negativa en su autopercepci&oacute;n, vac&iacute;a todas las formas compensatorias de realizaci&oacute;n buscadas por ella y eventualmente &#151;como predijo lord Bomston&#151; arrebata su sentido de tener un yo (<i>self</i>). Parafraseando a Lutero, Julia piensa err&oacute;neamente que "podr&iacute;a hacer otra cosa" cuando de hecho no es as&iacute;. Queda por explicar c&oacute;mo puede conceptualizarse mejor el error, cuya posibilidad limita la soberan&iacute;a del actor sobre su propia identidad. Una posibilidad es pensar que la respuesta a la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i> no est&aacute; enteramente a disposici&oacute;n del actor ni tampoco puede ser forzada por razones externas bajo la voluntad del mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la autenticidad debe retener un momento de autoreflexi&oacute;n y sensibilidad con lo real, como opuesto a un yo (<i>self</i>) potencial proyectado con deseo; momento al cual Julia no hace justicia. Este momento de sensibilidad a la realidad del yo (<i>self</i>) es precisamente lo que permite distinguir entre "No puedo hacer otra cosa" de "No quiero hacer otra cosa". El "Yo puedo" se descifrar&iacute;a como la imposibilidad de realizar <i>p</i> y al mismo tiempo continuar respondiendo con sentido la cuesti&oacute;n <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i> del mismo modo. Rousseau expresa este punto mediante la met&aacute;fora del yo (<i>self</i>) que colapsa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo perspicuo del enfoque de Rousseau acerca de la autenticidad puede apreciarse mejor en contraste con la postura de Harry Frankfurt sobre la <i>identificaci&oacute;n</i> decisiva. Reconstruir&eacute; primero la postura del autor sobre este asunto, que no es muy distinta de las de Christine Korsgaard y Charles Larmore sobre lo mismo. Para evitar lo <i>arbitrario</i> en la adopci&oacute;n del actor de un deseo, Frankfurt sugiere que una persona puede <i>identificarse decisivamente</i> con un deseo, su <i>compromiso</i> "resuena mediante una serie potencialmente infinita de &oacute;rdenes superiores" (2007: 21). Esto sucede porque en este caso la persona "ha decidido que ninguna pregunta sobre su volici&oacute;n de segundo orden queda por responderse en ning&uacute;n orden superior" (2007: 22). Frankfurt pide imaginar que alguien decide en alg&uacute;n punto de su vida "enfocarse en el trabajo". La persona puede rechazar como carente de sentido cualquier exigencia de justificar esta volici&oacute;n con base en una volici&oacute;n superior. Ha puesto su identidad al frente al decidir, como opuesto a elegir, convertirse en una persona enfocada en su trabajo. En una terminolog&iacute;a distinta, la persona ha establecido <i>enfocarse en el trabajo</i> como su fin &uacute;ltimo, en tanto convertirlo en un fin que no es instrumental para conseguir alg&uacute;n otro al cual est&eacute; ordenado. Se puede concluir con Frankfurt, y otros autores en la misma l&iacute;nea, que la identidad de una persona se reduce a la serie ordenada de sus <i>identificaciones decisivas</i> (Frankfurt) de sus <i>compromisos pr&aacute;cticos</i> (Larmore) o de sus <i>consentimientos reflexivos</i> (Korsgaard).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Puede esta decisi&oacute;n constitutiva de la identidad ser caprichosa y veleidosa, tal como una elecci&oacute;n arbitraria? Seg&uacute;n Frankfurt no, de hecho no es meramente un "rechazo arbitrario a permitir un ascenso interminable hacia &oacute;rdenes superiores" (2007: 179). La diferencia radica en la noci&oacute;n de <i>identificaci&oacute;n</i>, entendida como la capacidad del actor para <i>adoptar</i> un resultado deliberativo, donde <i>adoptar</i> significa <i>hacerlo propio</i>, relacionarse con &eacute;l del mismo modo en que Lutero se relaciona con la acci&oacute;n que se reh&uacute;sa a dejar de hacer. En la terminolog&iacute;a aqu&iacute; propuesta, apoyada en la noci&oacute;n de <i>autenticidad</i> como fuente de la normatividad, el actor siente en determinado punto de su deliberaci&oacute;n que est&aacute; en posici&oacute;n de <i>tener la capacidad de no hacer otra cosa</i> que adoptar la decisi&oacute;n de convertirse en <i>otra persona</i>, en el sentido de tener que responder de manera distinta la pregunta <i>&iquest;Qui&eacute;n soy?</i>. Finalmente, dada la idea de que nos <i>constituimos</i> como personas mediante una serie de decisiones como &eacute;stas, con las cuales nos <i>identificamos</i>, las <i>decisiones</i> pueden entenderse como acciones que "hacemos a nosotros mismos" (Frankfurt, 2007: 172). As&iacute;, cuando se detona una <i>identificaci&oacute;n decisiva</i> &#151;el <i>Entschlossenheit</i> heideggeriano, cuya vacuidad Theodor Adorno (1973: 49&#45;60) c&eacute;lebremente ironiz&oacute; en <i>La jerga de la autenticidad</i>&#151;, al mismo tiempo se redefine el conflicto interior, que ya no es entre deseos opuestos y se convierte en un conflicto entre el deseo y <i>la persona</i>, la cual se ha identificado con otro deseo (Frankfurt, 2007: 172). De ah&iacute; la diferencia entre una <i>decisi&oacute;n</i> en sentido propio (que contribuye a constituir a la persona) y una mera <i>elecci&oacute;n</i> entre alternativas de las cuales ninguna es constitutiva de la persona.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La visi&oacute;n impl&iacute;cita de Rousseau sobre la autenticidad arroja dudas sobre dos dificultades inherentes a su postura. En primer lugar, est&aacute; lejos de ser evidente la idea de que el actor podr&iacute;a tener una <i>identificaci&oacute;n decisiva</i> &#151;como un soberano schmittiano de su propia psique&#151; con cualquier cosa y reconstruir el orden de sus otras voliciones de acuerdo con esto. Aun as&iacute;, no hay duda de que lo suyo es una identificaci&oacute;n decisiva (Frankfurt), un compromiso pr&aacute;ctico (Larmore) o un consentimiento reflexivo (Korsgaard). La fenomenolog&iacute;a moral de la identificaci&oacute;n que delinea Frankfurt, seg&uacute;n la cual <i>cualquier acto de identificaci&oacute;n</i> &#151;puesto que sea genuinamente decisivo&#151; trae unidad al actor, resulta problem&aacute;tica. En la novela de Rousseau se encuentra el ejemplo de una posibilidad ignorada por Frankfurt, la de una <i>falsa identificaci&oacute;n,</i> no menos decisiva que la se&ntilde;alada por &eacute;l, pero incapaz de dar al actor unidad m&aacute;s all&aacute; de <i>elecciones arbitrarias</i>. Tambi&eacute;n es interesante el hecho de que el problema con la identificaci&oacute;n decisiva de Julia no sea la inconsistencia o el ceder a la presi&oacute;n social; de hecho, Kant admiraba la orientaci&oacute;n de Julia al <i>principio</i> de no lograr la propia felicidad a expensas de los dem&aacute;s.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Tampoco el fracaso de su identificaci&oacute;n de casarse con Wolmar puede ser entendido como producto de la <i>arbitrariedad</i>. De hecho Julia percibe como arbitrario su amor previo por Saint&#45;Preux, cuando lo desestima como un <i>error pasajero</i>. Del mismo modo, no es imposible realizar el fin <i>substantivo</i> de la identificaci&oacute;n de Julia, como si se hubiera comprometido con el proyecto de levantarse a s&iacute; misma jal&aacute;ndose de las botas (al estilo de M&uuml;nchausen): es decir, identificarse con la meta de casarse y formar una familia es un tipo de identificaci&oacute;n completamente normal que unifica y provee de sentido a muchas vidas humanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas consideraciones llevan a una <i>tercera</i> implicaci&oacute;n de la visi&oacute;n de Rousseau sobre la normatividad de la identidad. La coherencia no es la &uacute;nica dimensi&oacute;n de la identidad plenamente satisfecha. La relevancia vigente de esta implicaci&oacute;n puede ilustrarse mejor refiriendo al influyente intento de Korsgaard, en <i>Las fuentes de la normatividad</i> (1996) y en su m&aacute;s reciente libro <i>Autoconstituci&oacute;n</i> (2009), por reconstruir la coacci&oacute;n normativa de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica como algo que deriva de la propia naturaleza como seres "condenados a la elecci&oacute;n y a la acci&oacute;n" (Korsgaard, 2009: 1) o condenados a constituirse a s&iacute; mismos mediante sus acciones y a partir de la funci&oacute;n unificadora que utiliza los principios de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica.<sup><a href="#nota">10</a></sup> Hay algo de parad&oacute;jico en la autoconstituci&oacute;n, como Korsgaard enfatiza de manera elocuente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; como poseedor de una identidad personal o pr&aacute;ctica uno mismo es autor de sus acciones y responsable de ellas; adem&aacute;s, al mismo tiempo, al elegirlas uno crea su identidad. Esto significa que uno se constituye a s&iacute; mismo <i>como</i> el autor de sus acciones en el mismo acto de elegirlas. &#91;De ah&iacute; la paradoja:&#93; &iquest;C&oacute;mo se puede constituir uno mismo, crearse a s&iacute; mismo, si no estaba ya ah&iacute;? (2009: 20)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El personaje rousseauniano de Julia es la encarnaci&oacute;n de este aspecto parad&oacute;jico de la autoconstituci&oacute;n, pero al mismo tiempo hace notar la presencia de dos problemas generales en la explicaci&oacute;n de Korsgaard. En primer lugar, puesto que escribe en &eacute;pocas prekantianas, Rousseau no est&aacute; preso por el <i>encantamiento de los principios</i>. Asumir con Korsgaard, por mor del argumento, que la funci&oacute;n unificadora &#151;hacer del actor un centro de imputabilidad y no s&oacute;lo el origen de los movimientos corporales&#151; se realiza por la capacidad moral del actor de <i>consentir reflexivamente</i> sus actos, &iquest;c&oacute;mo es que esta funci&oacute;n unificadora de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica podr&iacute;a proveer <i>leyes</i> o <i>principios</i> para el consentimiento reflexivo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n requiere de un detallado argumento contrastante que no puede hallarse en su libro, pues falta un argumento mucho m&aacute;s espec&iacute;fico de parte de Korsgaard para destacar al <i>imperativo categ&oacute;rico</i> <i>kantiano</i> como &uacute;nico principio capaz de llevar a cabo la unificaci&oacute;n, frente a, por ejemplo, un principio utilitario &#151;igualmente formal&#151; de maximizaci&oacute;n de la felicidad. La ense&ntilde;anza de Rousseau desemboca en la idea de que la funci&oacute;n de unificar al agente no debe comprenderse como principio o ley. Pero &iquest;qu&eacute; m&aacute;s podr&iacute;a ser? Podr&iacute;a ser un <i>proyecto</i> o una <i>narraci&oacute;n</i>. El ejercicio est&eacute;tico ofrece un ejemplo tangible de una pr&aacute;ctica donde el agente, en este caso el artista, comienza desde su inclinaci&oacute;n est&eacute;tica a conformar materiales para realizar un proyecto, pero debe acotar esta inclinaci&oacute;n a la luz del <i>gusto</i> (para usar el t&eacute;rmino de Kant). Aplicamos entonces la categor&iacute;a de <i>unidad</i> y <i>carencia de unidad</i> a los productos est&eacute;ticos y a las capacidades de los artistas, pero los factores unificadores, el gusto y el juicio, no tienen en absoluto las caracter&iacute;sticas de un principio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro ejemplo se puede encontrar en la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica, aplicado a los rasgos sobresalientes de la identidad psicol&oacute;gica. Una vez m&aacute;s, la unidad de una vida se puede aprehender al unir los elementos constitutivos no a trav&eacute;s de un principio, sino de una <i>narraci&oacute;n</i>. El caso de Julia ilustra c&oacute;mo <i>el encantamiento de los principios</i> puede ser tan autodestructivo como la arbitrariedad: evaluar la aceptaci&oacute;n de una sola acci&oacute;n &#151;lo l&iacute;cito de casarse con la persona amada frente a una opini&oacute;n familiar adversa&#151; a la luz de un principio (evitar la falta de reciprocidad que involucra "obtener la propia felicidad a costa de la desesperaci&oacute;n paterna") sin considerar debidamente lo significativo que puede ser ese amor para la narraci&oacute;n de la propia vida, a final de cuentas desemboca en una unificaci&oacute;n aparente del yo (<i>self</i>). Korsgaard objetar&iacute;a que el principio escogido por Julia es err&oacute;neo, por ello su identidad colapsa. Esta r&eacute;plica, empero, no hace justicia a la intuici&oacute;n rousseauniana sobre la forma moderna de lo tr&aacute;gico donde Julia es la ep&iacute;tome: en ocasiones podemos no estar, hist&oacute;rica o psicol&oacute;gicamente, en posici&oacute;n de articular los requerimientos para la realizaci&oacute;n de la identidad bajo la forma de un <i>principio</i> y no obstante la fuerza normativa que tiene sobre nosotros permanece inc&oacute;lume.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, mientras que la idea de <i>unificaci&oacute;n</i> del agente como clave para la autoconstituci&oacute;n recoge completamente bien el punto de vista de la responsabilidad que caracteriza a un actor constituido, podr&iacute;amos pensar, de manera err&oacute;nea, que la coherencia es la &uacute;nica dimensi&oacute;n de un yo (<i>self</i>) propiamente constituido. Por esta raz&oacute;n, sigo pensando que la autenticidad es un mejor t&eacute;rmino que la <i>integridad</i> o la <i>coherencia</i>. De nuevo, Rousseau impl&iacute;citamente duda del hecho de que la condici&oacute;n de estar <i>unificado</i> &#151;resaltada por Korsgaard como la dimensi&oacute;n fundamental de la autoconstituci&oacute;n&#151;<sup><a href="#nota">11</a></sup> sea suficiente, m&aacute;s all&aacute; de lo obvio de su necesidad, para el prop&oacute;sito de definir la autoconstituci&oacute;n. Julia escogi&oacute; casarse con Wolmar, se identific&oacute; decisivamente con su matrimonio y actu&oacute; de forma deliberada bajo un principio. No se podr&iacute;a pedir m&aacute;s de un actor moral concienzudo. La sustancia de su elecci&oacute;n &#151;una vida de devoci&oacute;n a su esposo y familia&#151; conduce satisfactoriamente a la unificaci&oacute;n y a la coherencia. Sin embargo, Julia se fragmenta, se desintegra con el tiempo. &iquest;Qu&eacute; sali&oacute; mal?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos considerar otras preguntas que surgen con motivo de la explicaci&oacute;n de Rousseau. En alg&uacute;n punto, al tirano que Tras&iacute;maco considera antagonista de la persona virtuosa socr&aacute;tica, Korsgaard lo recaracteriza como "el capo glamoroso",</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; preparado para hacer lo que sea necesario para lograr lo que quiere &#91;...&#93; suficientemente aguzado como para darle la vuelta a la ley y dispuesto a ganarle en inteligencia o ingenio; o si es necesario, a balazos a quien sea o lo que sea que se interponga entre &eacute;l y la satisfacci&oacute;n de su deseo. (2009: 170)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema es que el tirano o el capo incuestionablemente est&aacute; m&aacute;s unificado comparado con la persona promedio. Podr&iacute;amos objetar que por m&aacute;s unificado que est&eacute;, <i>su alma no est&aacute; autogobernada</i>; ciertamente est&aacute; m&aacute;s unificado: su vida gira en torno a un patr&oacute;n sistem&aacute;tico, aunque cuestionable moralmente, el cual penetra en cada acci&oacute;n llevada a cabo. As&iacute;, la afirmaci&oacute;n de Korsgaard de que la <i>unificaci&oacute;n</i> aparente, amoral, es una unificaci&oacute;n bajo un principio (honor, ego&iacute;smo, arbitrariedad u obsesi&oacute;n) m&aacute;s all&aacute; del alcance de la autonom&iacute;a de la persona. Empero, mientras que la unificaci&oacute;n bajo la autoregulaci&oacute;n puede ser ciertamente mejor a la aparente unificaci&oacute;n bajo un <i>principio</i> heter&oacute;nomo, no es claro que la poca unificaci&oacute;n de la persona promedio &#151;"estando constre&ntilde;ida por reglas y restricciones, una persona buena dif&iacute;cilmente puede dar paso sin el permiso de Dios o de la sociedad" (Korsgaard, 2009: 171)&#151; sea mejor al patr&oacute;n unificado del capo de la mafia. El aspecto intermitente de la ley moral t&iacute;pica del agente promedio no puede proveer m&aacute;s integraci&oacute;n que la disposici&oacute;n unificada del malvado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomo estas dificultades como s&iacute;ntomas de un problema m&aacute;s general: acaso en la autoconstituci&oacute;n hay algo m&aacute;s que s&oacute;lo unidad, coherencia o cohesi&oacute;n. Sin duda Korsgaard en cierto punto compara la obsesi&oacute;n del tirano con el delirio del psic&oacute;tico: ambos est&aacute;n preparados para ordenar toda su percepci&oacute;n del mundo en t&eacute;rminos de su fijaci&oacute;n "incluso a expensas de perder el contacto con la realidad" (2009: 172). Tambi&eacute;n una cualidad de <i>madurez</i> es crucial para la autoconstituci&oacute;n: la madurez entendida como la habilidad de cuestionar la realidad y como un cierto sentido de proporcionalidad con el propio proyecto. Parece, <i>prima facie</i>, que esta dimensi&oacute;n de la madurez, como opuesta a la propensi&oacute;n a la fantas&iacute;a y a los delirios de grandeza, es un ingrediente de la agencia no relacionado con la ley moral. As&iacute;, al menos hay otro factor que contribuye a la autoconstituci&oacute;n. Otra dimensi&oacute;n &#151;por ejemplo, la vitalidad del agente como opuesta a la apat&iacute;a y la depresi&oacute;n o una dimensi&oacute;n de receptividad hacia instancias inesperadas de lo bueno&#151; podr&iacute;a jugar un papel en la autoconstituci&oacute;n del actor, junto con la coherencia y la unificaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Retomando la tercera implicaci&oacute;n de la noci&oacute;n de identidad de Rousseau: en el caso de Julia, lo que le quita su elecci&oacute;n <i>principiada</i> de casarse con Wolmar e identificarse con su matrimonio no es la coherencia o la unidad. M&aacute;s bien, el efecto de su elecci&oacute;n <i>errada</i> es, en palabras de Lord Bomston, "extirpar todos los sentimientos exquisitos", los cuales ella ha "recibido de la naturaleza" al punto de que "nada digno de estima permanezca" (Rousseau, 2013: libro II, carta 3). En otras palabras, su elecci&oacute;n de un camino poco propicio para la coherencia extingui&oacute; su <i>vitalidad</i> o <i>joie de vivre</i> e introdujo la falsedad en su percepci&oacute;n de s&iacute; en lugar de la espontaneidad de su amor por Saint&#45;Preux. No es la falta de coherencia (la dimensi&oacute;n por la cual Julia se preocupa obsesivamente), sino la p&eacute;rdida de otra dimensi&oacute;n de la autoconstituci&oacute;n &#151;de manera notoria, la <i>vitalidad</i>&#151; lo que termina por colapsarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para sintetizar, la intuici&oacute;n contenida en la novela de Rousseau se resume en apuntar que una normatividad de la identidad no puede entenderse en t&eacute;rminos esencialistas, como algo puesto que el actor descuida bajo su propio riesgo, ni puede entenderse &#151;seg&uacute;n sugieren las teor&iacute;as contempor&aacute;neas de la autoconstituci&oacute;n&#151; como producto entero de la voluntad. M&aacute;s a&uacute;n, el requerimiento de esta normatividad de la identidad no puede entenderse reductivamente como un asunto de establecer y mantener a trav&eacute;s del tiempo un patr&oacute;n de coherencia o como la realizaci&oacute;n exitosa de un plan de vida. Sin embargo, poco puede encontrarse en el texto de Rousseau referente a una especificaci&oacute;n positiva de la normatividad de la identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, de manera consistente con la postura de Rousseau, una concepci&oacute;n de la normatividad de la identidad podr&iacute;a entender la relaci&oacute;n entre la identidad y los materiales simb&oacute;licos con que se constituye, de modo similar a la relaci&oacute;n de la obra de arte con el contexto estil&iacute;stico a partir del cual &eacute;sta se origina. Una obra de arte no puede ser la mera ejecuci&oacute;n de ciertos elementos estil&iacute;sticos ni puede surgir de una <i>tabula rasa</i>. Para ser art&iacute;sticamente bien formada debe contener innovaci&oacute;n y adem&aacute;s preservar un rastro del estilo que est&aacute; siendo transformado. Desde esta transformaci&oacute;n y preservaci&oacute;n de un foco reconocible, emana una normatividad <i>sui generis</i> que gira en torno a la ejemplaridad (Ferrara, 2008: 2&#45;4). As&iacute;, Julia encarna una ejemplaridad potencial &#151;lord Bomston le indic&oacute; el modo de materializarla&#151; y, sin embargo, malograda; localizada en la encrucijada de la normatividad sedimentada de las relaciones familiares establecidas (por completo leg&iacute;timas para Julia) y la ejemplaridad normativa de las nuevas relaciones, basada enteramente en el amor rom&aacute;ntico, que ser&iacute;a reconocido s&oacute;lo por una comunidad futura y a los ojos de Julia s&oacute;lo podr&iacute;a descansar en la normatividad de su propia identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL LEGISLADOR Y LA NORMATIVIDAD DE LA IDENTIDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La postura de Rousseau sobre la normatividad de la identidad conlleva gran importancia para la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. Arroja nueva luz sobre las p&aacute;ginas de <i>El contrato social</i>, donde Rousseau discute el papel del <i>legislador</i> (1991b: 45&#45;49).<sup><a href="#nota">13</a></sup> &iquest;Qui&eacute;n es el legislador? Ciertamente no es un <i>fil&oacute;sofo&#45;rey</i> plat&oacute;nico que impone de manera autoritaria su comprensi&oacute;n de una <i>polis</i> justa y luego, una vez establecida, gobernarla con sabidur&iacute;a. De ser as&iacute;, el legislador despojar&iacute;a al pueblo de su soberan&iacute;a. No obstante, si el soberano leg&iacute;timo es el pueblo, &iquest;para qu&eacute; hace falta un legislador? Se necesita porque la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Rousseau se basa en la distinci&oacute;n entre <i>la voluntad de todos</i> y <i>la voluntad general</i>. Emp&iacute;ricamente, ambas pueden manifestarse del mismo modo, es decir, como actos un&aacute;nimes de la voluntad de la totalidad de los miembros del cuerpo deliberativo, pero s&oacute;lo la voluntad general toma al bien com&uacute;n del cuerpo deliberativo como su objeto. La unanimidad de la voluntad de todos, en cambio, podr&iacute;a descansar en una convergencia fortuita de voluntades particulares que buscan, cada una, su bien particular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera consecuente, la voluntad de un cuerpo deliberativo s&oacute;lo puede leg&iacute;timamente ser calificada como la <i>voluntad general</i> si se dirige al bien com&uacute;n y lo rastrea. A menos que construyamos una caricatura probabil&iacute;stica de la postura de Rousseau, seg&uacute;n la cual, lo que todo el mundo quiere algunas veces coincide aleatoriamente con lo bueno para todos, la formaci&oacute;n de una aut&eacute;ntica voluntad general requiere tener una representaci&oacute;n colectiva de lo que es bueno para todos. S&oacute;lo podemos querer el bien com&uacute;n si <i>sabemos</i> todas sus implicaciones. En este punto, el papel del legislador se vuelve relevante. &Eacute;sta es la figura capaz de remediar el hecho de que el pueblo, en tanto soberano leg&iacute;timo, incluso en aquellas ocasiones donde busca su propio bien "no siempre lo discierne", incluso en tanto <i>multitud ciega (multitude aveugle)</i>, una colecci&oacute;n de individuos "rara vez sabe lo que es bueno para ella" (Rousseau, 1991b: 44). Se requiere mucho esfuerzo antes de unir la voluntad de individuos singulares y de que las distintas partes del cuerpo social puedan engendrar una aut&eacute;ntica voluntad general, dirigida a la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n. A esta voluntad emp&iacute;rica:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que hacerle ver los objetos tal cual son, a veces tal cual deben parecerle, mostrarle el buen camino que busca, garantizarle de la seducci&oacute;n de las voluntades particulares, acerca a sus ojos lugares y tiempos, equilibrar el atractivo de ventajas presentes y sensibles con el peligro de los males alejados y ocultos. (Rousseau, 1991b: 45)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, mientras los individuos s&iacute; <i>ven el bien que rechazan</i> &#151;es decir, saben muy bien lo que les repele&#151;, los colectivos y los grupos desean de manera abstracta <i>un bien que no ven</i>. Los colectivos, los grupos y los pueblos necesitan les sea mostrado en qu&eacute; consiste el bien deseado de modo abstracto: en t&eacute;rminos de Rousseau, "hay que ense&ntilde;ar al otro a conocer lo que quiere" (1991b: 45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto se supone debe hacer el legislador, lo que Licurgo, Sol&oacute;n, Mois&eacute;s y otros han hecho. El legislador no est&aacute; en una posici&oacute;n para decretar lo que es el bien com&uacute;n, no puede infundir normatividad de manera performativa en &eacute;ste, no puede transformar el <i>supuesto bien com&uacute;n</i> en bien com&uacute;n por decreto. S&oacute;lo puede decir en qu&eacute; consiste para que las mentes individuales puedan reconocerlo y las manos individuales se levanten mostrando aprobaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que el legislador, seg&uacute;n Rousseau, ni dicta ni &uacute;nicamente registra las preferencias populares y disposiciones, sino m&aacute;s bien <i>indica</i> o <i>sugiere</i> c&oacute;mo <i>deber&iacute;an ser</i>, ofrece dos problemas. En primer lugar, &iquest;en qu&eacute; direcci&oacute;n apunta? En segundo lugar, &iquest;en virtud de qu&eacute; el legislador convence al pueblo soberano de acatar esto?, &iquest;en d&oacute;nde esta autoridad especial toma la fuerza que Rousseau parad&oacute;jicamente llama "una autoridad que no es nada" (1991b: 47)?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la primera cuesti&oacute;n, para discernir en qu&eacute; direcci&oacute;n apunta la mano del legislador, se necesita recordar que para Rousseau el bien com&uacute;n, igual que el individual de Julia, siempre revela algo del sujeto para el cual es un bien. Saberlo no implica adquirir conocimiento de algo <i>independiente a qui&eacute;nes somos</i>. En palabras de Rousseau:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igual que el arquitecto observa y sondea antes de levantar un gran edificio para ver si puede aguantar su peso, el sabio legislador no empieza por redactar leyes buenas en s&iacute; mismas, sino que antes examina si el pueblo al que las destina es apto para soportarlas. (1991b: 49&#45;50)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el legislador no pretende indicar qu&eacute; es el <i>bien en general</i>, independientemente del pueblo al que es destinado o con base en alg&uacute;n modelo de justicia v&aacute;lido para todo tiempo y en todo mundo posible, sino que indica aquellos principios de justicia con los cuales un pueblo puede <i>identificarse decisivamente.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El legislador en el &aacute;mbito p&uacute;blico muestra al soberano, tal como Lord Bomston muestra a Julia en el &aacute;mbito privado, l&iacute;neas apropiadas de conducta que responden a una normatividad singular. El error que Rousseau atribuye a Pedro el Grande es ilustrativo. Aunque este &uacute;ltimo no es exactamente el legislador de un pueblo democr&aacute;tico, podr&iacute;a decirse que ten&iacute;a un <i>genio imitativo</i>, pero de acuerdo con Rousseau "no el aut&eacute;ntico genio", pues deseaba convertir a sus s&uacute;bditos rusos en "alemanes, ingleses, cuando hab&iacute;a que empezar por hacer rusos" y as&iacute; "impidi&oacute; que sus s&uacute;bditos llegaran a ser alguna vez lo que podr&iacute;an ser, persuadi&eacute;ndoles de que eran lo que no son" (1991b: 51&#45;52).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con la primera cuesti&oacute;n, podr&iacute;a decirse que el bien que el legislador supuestamente <i>muestra</i> al pueblo soberano no se descubre de manera independiente a las cualidades subjetivas del pueblo en cuesti&oacute;n &#151;como si fuera un principio igualmente v&aacute;lido para todos los pueblos&#151;; m&aacute;s bien, consiste en un tipo de visi&oacute;n moral que el pueblo en cuesti&oacute;n debe adoptar como suya y como objeto de su voluntad. Una visi&oacute;n que, nuevamente, emerge como un deber o un precepto normativo desde la autorepresentaci&oacute;n del pueblo. Dos siglos y 18 a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1980, esta visi&oacute;n de la <i>normatividad singular</i>, emanada de la autorepresentaci&oacute;n del pueblo, resurge de manera poderosa en la interpretaci&oacute;n de John Rawls acerca de la validez de la <i>justicia como equidad</i>, en tanto interpretaci&oacute;n de los t&eacute;rminos de la vida pol&iacute;tica justa de un pueblo democr&aacute;tico moderno. En sus palabras:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que justifica una concepci&oacute;n de la justicia no es que sea fiel a un orden previo que nos haya sido otorgado, sino su congruencia con una comprensi&oacute;n profunda que tenemos de nosotros mismos y de nuestras aspiraciones, y en reparar en que, dada nuestra historia y las tradiciones insertas en nuestra vida p&uacute;blica, se trata de la doctrina m&aacute;s razonable para nosotros. (Rawls, 1980: 519)<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de la segunda pregunta, &iquest;sobre qu&eacute; puede apoyarse el legislador para persuadir al pueblo de buscar el bien com&uacute;n? En un famoso pasaje, Rousseau toma esta cuesti&oacute;n de un modo aparentemente obscuro. Nos recuerda que un legislador "no puede emplear ni la fuerza ni el razonamiento" (1991b: 48). Sobra decir por qu&eacute; el legislador no puede usar leg&iacute;timamente la fuerza. Queda menos claro el motivo por el cual no debe usar el razonamiento. &iquest;Por qu&eacute; no? En vez de razonar, arguye Rousseau, el legislador debe apelar a "una autoridad de otro orden, que pueda arrastrar sin violencia y persuadir sin convencer" (1991b: 48). &iquest;C&oacute;mo debe interpretarse la frase <i>persuadir sin convencer</i>?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau sugiere que dicha forma de persuasi&oacute;n frecuentemente ha sido pedir la <i>intervenci&oacute;n celestial</i> para invocar autoridad divina como un modo de conseguir lo que la mera prudencia humana no habr&iacute;a podido motivar al pueblo a buscar. Empero, este recurso a la capacidad de <i>persuadir sin convencer</i>, t&iacute;pica de los s&iacute;mbolos religiosos, no puede emplearse en un tenor instrumental, es decir, para persuadir al pueblo de cualquier cosa que el legislador pueda considerar <i>bueno para el pueblo</i>. Es posible grabar tablillas de piedra uno mismo, la comunicaci&oacute;n con la divinidad puede fingirse, se pueden reportar sue&ntilde;os, pero quien quiera establecer su reconocimiento como legislador con estos recursos no llegar&aacute; muy lejos. Podr&iacute;a llegar a ser legislador de una multitud de tontos, pero "jam&aacute;s fundar&aacute; un imperio" (1991b: 48). Lo que persuade y moviliza a los pueblos no son los meros s&iacute;mbolos de trascendencia, sino el aura infundida por &eacute;stos como si tuvieran una sustancia normativa que reflejara algo m&aacute;s profundo no disponible ni al legislador ni al pueblo. Tal como Lutero, el legislador muestra al pueblo lo que <i>no puede no hacer</i>, so pena de convertirse en algo que no es.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fuerza a la cual apela el legislador para guiar la mente de los individuos hacia la voluntad general &#151;y &eacute;sta es la direcci&oacute;n de la respuesta de Rousseau a nuestra segunda pregunta&#151; es la fuerza normativa de la identidad, la normatividad que emana del modo como queremos responder a la pregunta: <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos pol&iacute;ticamente?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresemos ahora a nuestra primera cuesti&oacute;n. El legislador de Rousseau apunta a lo que la voluntad del pueblo debe tener por objeto para poder ser <i>general</i>. Hemos aprendido, revisando la obra de Rousseau, que el dedo del legislador no apunta hacia afuera, a un m&iacute;tico sol naciente en el horizonte; m&aacute;s bien apunta hacia adentro: indica al pueblo que nosotros (pues el legislador es miembro del pueblo, no un consejero externo o una autoridad por encima del pueblo), <i>con respecto a c&oacute;mo queremos pensar acerca de nosotros mismos,</i> no podemos sino adoptar este tipo de r&eacute;gimen pol&iacute;tico, esta estructura b&aacute;sica o conjunto de principios constitucionales esenciales. La normatividad a la cual el legislador apela es en &uacute;ltima instancia la normatividad de la identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a se presenta un resurgimiento del inter&eacute;s por la verdad en pol&iacute;tica, la verdad como algo distinto de la justificaci&oacute;n; un inter&eacute;s que muestra distancia respecto a lo que supuestamente es una cierta incapacidad del pensamiento liberal&#45;democr&aacute;tico para en realidad considerar la dimensi&oacute;n de la verdad. Lo que resulta atractivo de la verdad, como opuesta a la justificaci&oacute;n, es su <i>Unverf&uuml;gbarkeit</i>, el hecho de que trasciende la dimensi&oacute;n del acuerdo, del compromiso, incluso de las buenas razones o del mejor argumento dentro de la raz&oacute;n p&uacute;blica. A quienes no son particularmente receptivos a la fuerza normativa de lo no&#45;negociable y de lo que nos compele independientemente del contexto, esta revisi&oacute;n al trabajo de Rousseau puede sugerir que el momento de esta <i>Unverf&uuml;gbarkeit</i> en la verdad que les resulta tan atractiva, no necesariamente va unida con la idea de representaci&oacute;n cognitiva de algo independiente de nosotros; como nos han hecho pensar dos milenios de variaciones del tema que figura en la alegor&iacute;a de la caverna de Plat&oacute;n. Dicho momento de irreductibilidad al acuerdo y al consenso puede articularse en un modo pr&aacute;ctico en vez de cognitivo; es decir, como indicaci&oacute;n de una substancia normativa, un marco institucional, un esquema constitucional que no podemos darnos el lujo de rechazar sin perder la capacidad de responder a la pregunta de <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos?</i>, en el modo en c&oacute;mo queremos responderla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adorno, Theodor W. (1973), <i>The Jargon of Authenticity,</i> Evanston, Northwestern University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713125&pid=S1665-1324201400010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Babbit, Irving (1991), <i>Rousseau and Romanticism,</i> New Brunswick, Transaction Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713127&pid=S1665-1324201400010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barnard, Frederick (1988), <i>Self&#45;Direction and Political Legitimacy: Rousseau and Herder,</i> Oxford, Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713129&pid=S1665-1324201400010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauman, Zygmunt (2000), <i>Liquid Modernity</i>, Cambridge, Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713131&pid=S1665-1324201400010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauman, Zygmunt (1998), <i>Globalization: The Human Consequences,</i> Nueva York, Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713133&pid=S1665-1324201400010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berman, Marshall (1972), <i>The Politics of Authenticity: Radical Individualism and the Emergence of Modern Society,</i> Nueva York, Athenaum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713135&pid=S1665-1324201400010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burgelin, Pierre (1977 &#91;c. 1952&#93;), <i>La philosophie de l'Existence de J.&#45;J. Rousseau,</i> Par&iacute;s, Presses Universitaires de France.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713137&pid=S1665-1324201400010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cassirer, Ernst (1970), <i>Rousseau, Kant, Goethe,</i> Princeton, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713139&pid=S1665-1324201400010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Charvet, John (1974), <i>The Social Problem in the Philosophy of Rousseau</i>, Londres, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713141&pid=S1665-1324201400010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elliott, Anthony y Charles Lemert (2006), <i>The New Individualism. The Emotional Costs of Globalization</i>, Londres, Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713143&pid=S1665-1324201400010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrara, Alessandro (2009), "Authenticity without a true self", en Phillip Vannini y Patrick Williams (eds.), <i>Authenticity in Culture, Self, and Society,</i> Farnham, Ashgate, pp. 21&#45;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713145&pid=S1665-1324201400010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrara, Alessandro (2008), <i>The Force of the Example. Explorations in the Paradigm of Judgment,</i> Nueva York, Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713147&pid=S1665-1324201400010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrara, Alessandro (1998)<i>, Reflective Authenticity: Rethinking the Project of Modernity,</i> Londres/ Nueva York, Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713149&pid=S1665-1324201400010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferrara, Alessandro (1993), <i>Modernity and Authenticity. A Study of the Social and Ethical Thought of Jean&#45;Jacques Rousseau,</i> Albany, State University of New York Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713151&pid=S1665-1324201400010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frankfurt, Harry (2007), <i>The Importance of What We Care About. Philosophical Essays,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713153&pid=S1665-1324201400010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grimsley, Ronald (1969 &#91;c. 1968&#93;), <i>Jean&#45;Jacques Rousseau. A Study in Self&#45;Awareness,</i> Cardiff, University of Wales Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713155&pid=S1665-1324201400010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, Jurgen (2001), <i>The Postnational Constellation,</i> Cambridge, The MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713157&pid=S1665-1324201400010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Honneth, Axel (2007a), <i>Disrespect: The Normative Foundations of Critical Theory,</i> Cambridge, Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713159&pid=S1665-1324201400010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Honneth, Axel (2007b), <i>Reification. A New Look at an Old Idea,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713161&pid=S1665-1324201400010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Honneth, Axel (1995), <i>The Fragmented World of the Social Essays in Social and Political Philosophy,</i> Albany, State University of New York Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713163&pid=S1665-1324201400010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Korsgaard, Christine (2009), <i>Self&#45;Constitution. Agency, Identity, and Integrity,</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713165&pid=S1665-1324201400010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Korsgaard, Christine (1996), <i>The Sources of Normativity,</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713167&pid=S1665-1324201400010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larmore, Charles (2004), <i>Les practiques du moi,</i> Paris, Presses Universitaires de France.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713169&pid=S1665-1324201400010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larmore, Charles (1996), <i>The Romantic Legacy,</i> Nueva York, Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713171&pid=S1665-1324201400010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lasch, Christopher (1980), <i>The Culture of Narcissism. American Life in an Age of Diminishing Expectations,</i> Londres, Sphere Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713173&pid=S1665-1324201400010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Levine, Andrew (1976), <i>The Politics of Autonomy. A Kantian Reading of Rousseau's 'Social Contract',</i> Amherst, University of Massachusetts Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713175&pid=S1665-1324201400010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Masters, Roger D. (1968), <i>The Political Philosophy of Rousseau,</i> Princeton, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713177&pid=S1665-1324201400010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mauzi, Robert (1959), "La conversion de Julie dans 'La Nouvelle Helo&iuml;se'", <i>Annales de la Societ&eacute; Jean Jacques Rousseau,</i> tomo 35, pp. 29&#45;48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713179&pid=S1665-1324201400010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Neuhouser, Frederick (2008), <i>Rousseau's Theodicy of Self&#45;Love. Evil, Rationality, and the Drive for Recognition,</i> Nueva York, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713181&pid=S1665-1324201400010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Polin, Raymond (1964), "La fonction du l&eacute;gislateur chez J. J. Rousseau", en <i>Jean&#45;Jacques Rousseau et son oeuvre</i>, Par&iacute;s, Klincksieck, pp. 231&#45;247.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713183&pid=S1665-1324201400010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pulcini, Elena (1998), <i>Amour&#45;passion et amour conjugal. Rousseau et l'origine d'un conflit moderne,</i> Par&iacute;s/Ginebra, Champion/Slatkine.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713185&pid=S1665-1324201400010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, John (1993), <i>Political Liberalism,</i> Nueva York, Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713187&pid=S1665-1324201400010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, John (1980), "Kantian constructivism in moral theory", <i>The Journal of Philosophy</i>, vol. 77, num. 9, pp. 515&#45;572.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713189&pid=S1665-1324201400010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rieff, Philip (1973), <i>The Triumph of the Therapeutic,</i> Harmondsworth, Penguin Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713191&pid=S1665-1324201400010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Riesman, David (1964), <i>The Lonely Crowd,</i> New Haven, Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713193&pid=S1665-1324201400010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques (2013), <i>La nueva Eloisa</i>, Madrid, C&aacute;tedra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713195&pid=S1665-1324201400010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques (2008), <i>Las confesiones,</i> Madrid, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713197&pid=S1665-1324201400010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques (2007), <i>Emilio, o de la educaci&oacute;n</i>, Madrid, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713199&pid=S1665-1324201400010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques (2001), "Letter to Christophe Beaumont", en <i>The Collected Writings of Rousseau,</i> Hanover, University Press of New England, pp. 17&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713201&pid=S1665-1324201400010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>          <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques (1991a), <i>Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, en Del contrato social, Discurso sobre las ciencias y las artes, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres,</i> Madrid, Alianza Editorial, pp. 177&#45;287.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: 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Work in the New Capitalism,</i> Nueva York, W. W. Norton &amp;&nbsp;Company.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713207&pid=S1665-1324201400010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Starobinski, Jean (1971), <i>Jean&#45;Jacques Rousseau. La transparence et l'Obstacle,</i> Par&iacute;s, Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713209&pid=S1665-1324201400010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strong, Tracy B. (1994), <i>Jean&#45;Jacques Rousseau: The Politics of the Ordinary,</i> Thousand Oaks, CA, Sage Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713211&pid=S1665-1324201400010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taylor, Charles (1992), <i>The Ethics of Authenticity,</i> Cambridge, Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713213&pid=S1665-1324201400010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trilling, Lionel (1971), <i>Sincerity and Authenticity,</i> Cambridge, Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713215&pid=S1665-1324201400010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varga, Somogy (2011), <i>Authenticity as an Ethical Ideal,</i> Nueva York, Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9713217&pid=S1665-1324201400010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#42; Publicado originalmente en (2012), <i>La filosof&iacute;a pol&iacute;tica di Jean Jaques Rousseau</i>, Mil&aacute;n, Angeli, pp. 9&#45;34. Agradecemos al autor la cesi&oacute;n de los derechos. Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s de Alejandro V&aacute;zquez del Mercado Hern&aacute;ndez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Acerca de la interpretaci&oacute;n cr&iacute;tica de Rousseau a la sociedad moderna, v&eacute;anse Starobinski, 1971: 15; Berman, 1972: 136&#45;144; Taylor, 1992: 48&#45;49; y Ferrara, 1993: 47&#45;50. Para suplementos importantes en esta l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n v&eacute;anse tambi&eacute;n Babbit, 1991; el estudio cl&aacute;sico Burgelin, 1977; Charvet, 1974; Grimsley, 1968; Strong, 1994; Levine, 1976; Masters, 1968; y Barnard, 1988.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> En <i>Rousseau's Theodicy of Self&#45;Love</i>, Frederick Neuhouser ofrece una interesante discusi&oacute;n sobre c&oacute;mo ser&iacute;a una versi&oacute;n no&#45;patol&oacute;gica, no&#45;inflamada del <i>amour&#45;propre</i>, que fuera consistente con la totalidad del marco rousseauniano y adecuado para una sociedad diferenciada. Ciertas formas del deseo de <i>excelencia reconocida</i> &#151;tal como ser el objeto de deseo idealizado del amor de otra persona o ser generalmente reconocido como <i>el mejor</i> en un campo espec&iacute;fico&#151; no parecen divisivas ni llevan al conflicto. Sin duda, el deseo de ser considerado excelente (por uno, por algunos, o por todos) en una sola &aacute;rea podr&iacute;a ser generalizable, en la medida en que buscar este tipo de reconocimiento, como se&ntilde;ala Neuhouser al evocar una famosa frase de Locke, el actor que busca reconocimiento "no priva a otros de la oportunidad de encontrar estima que sea 'suficiente y tan buena como' la que uno ha encontrado para s&iacute;" (2008: 100).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para una elucidaci&oacute;n completa de los principios de la <i>educaci&oacute;n negativa</i>, v&eacute;ase Rousseau, 2001: 23.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Para un an&aacute;lisis en t&eacute;rminos de etapas impl&iacute;citas y expl&iacute;citas, v&eacute;ase Ferrara, 1993: 72&#45;82.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Para una reconstrucci&oacute;n iluminadora, v&eacute;ase Pulcini, 1998.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> V&eacute;anse Larmore, 2004; Korsgaard, 1996 y 2009; y Frankfurt, 2007.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Sobre la independencia conceptual que tiene la noci&oacute;n de autenticidad de las concepciones esencialistas del yo (<i>self</i>), v&eacute;ase Ferrara, 2009, desde la perspectiva de una visi&oacute;n reflexiva de la autenticidad. Para un enfoque no&#45;reflexivo de la autenticidad v&eacute;anse Larmore, 1996: 95; y Varga, 2011: cap&iacute;tulo 4.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Para una extraordinaria reconstrucci&oacute;n del tema, v&eacute;ase Larmore, 2004: 15&#45;89.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Sobre este punto v&eacute;ase Cassirer, 1970: 14&#45;18, y la famosa carta de Herder sobre las lecturas de Kant durante la primera parte de la d&eacute;cada de 1760, incluidas en Herder, <i>Briefe zur Bef&ouml;rderun der Humanit&auml;t</i>, citada en Cassirer 1970: 14.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Como es se&ntilde;alado de manera sucinta al final del par&aacute;grafo 1.4.8, "La necesidad de actuar... es nuestra carga. Los principios de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica son pues, normativos para nosotros, tan s&oacute;lo porque tenemos que actuar" (Korsgaard, 2009: 26).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Partiendo de la respuesta de S&oacute;crates a Tras&iacute;maco (<i>Rep&uacute;blica</i>, 351b&#45;352c), donde cuestiona que "incluso una banda de asaltantes y ladrones con un prop&oacute;sito injusto podr&iacute;an lograr sus objetivos siendo injustos unos con otros", y, por tanto, cualquier grupo humano que desestimara por completo la justicia ser&iacute;a incapaz de lograr algo como una unidad, Korsgaard concluye que podemos entender "el punto de la normatividad", lo justo de la justicia &#151;por decirlo de alg&uacute;n modo&#151;, como algo fundamentado en la capacidad de "lograr la unidad ps&iacute;quica que hace posible a la agencia" (2009: 7). Ciertamente para ella la <i>autoconstituci&oacute;n</i> es la tarea de lograr la unidad ps&iacute;quica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Algunas de estas dimensiones est&aacute;n detalladas en Ferrara, 1998: 80&#45;107. Charles Larmore ha defendido de manera convincente que entre las dimensiones de un yo (<i>self</i>) bien constituido tambi&eacute;n est&aacute; la receptividad &#151;designada por el t&eacute;rmino <i>sagesse</i>, distinto de <i>prudence</i>&#151; hacia los bienes inesperados que exige reestructurar el plan de vida y, por tanto, retan la dimensi&oacute;n cristalizada de la coherencia (2004: 262).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Sobre el papel del legislador, v&eacute;anse las discusiones ofrecidas en Masters, 1968: 354380; y Polin, 1964: 231&#45;247.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Una postura similar puede encontrarse en <i>El liberalismo pol&iacute;tico</i>, donde Rawls afirma que una concepci&oacute;n de justicia que pase la prueba del equilibrio reflexivo "es la concepci&oacute;n que, hasta donde podemos decir, resulta m&aacute;s razonable para nosotros" (1993: 28).</font></p>     ]]></body>
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