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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alejandro Tomasini Bassols (2012), <i>Pecados capitales y filosof&iacute;a</i></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Gustavo Ortiz Mill&aacute;n*</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Plaza y Vald&eacute;s Editores, 268 pp.</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#45;Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico,</i> <a href="mailto:gmom@filosoficas.unam.mx">gmom@filosoficas.unam.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos pensamos que <i>pecado</i> es un t&eacute;rmino esencialmente religioso, el cual s&oacute;lo tiene sentido dentro de una concepci&oacute;n te&iacute;sta del mundo y que, por lo tanto, si &eacute;sta se abandona, tambi&eacute;n deber&iacute;amos dejar de lado ese t&eacute;rmino. Sin embargo, Alejandro Tomasini no comparte este punto de vista: &eacute;l sostiene que es posible apropiarse del concepto de <i>pecado</i> fuera de la perspectiva religiosa. Seg&uacute;n esto, los legos podr&iacute;amos reivindicar el lenguaje religioso sin comprometernos con una perspectiva te&iacute;sta. Hablar de pecado tendr&iacute;a sentido para el no creyente, porque este concepto captura m&aacute;s de lo que nuestras ideas de vicio o de incorrecci&oacute;n moral contraen. As&iacute;, uno no necesita ser jud&iacute;o o cristiano para usar significativamente la terminolog&iacute;a de los pecados. De hecho, seg&uacute;n argumenta en sus libros anteriores, no se necesita la perspectiva religiosa para usar con sentido t&eacute;rminos como <i>dios, fe, milagros, experiencia religiosa</i> y otros m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomasini no defiende ninguna perspectiva religiosa, sino la posibilidad de usar dicha terminolog&iacute;a incluso rechazando la pr&aacute;ctica que le dio origen. &Eacute;l afirma que esta posici&oacute;n es compatible con una perspectiva <i>wittgensteiniana</i> de la filosof&iacute;a, seg&uacute;n la cual "el lenguaje religioso es parte del lenguaje natural &#91;y&#93; sin el primero el segundo estar&iacute;a incompleto" (p. 15) &#151;aunque, a decir verdad, no s&eacute; de alg&uacute;n pasaje donde Wittgenstein afirme que el segundo estar&iacute;a incompleto sin el primero&#151;. Seg&uacute;n el autor, el lenguaje religioso permite que la gente signifique sus experiencias y sus vidas, pues sin &eacute;ste quedar&iacute;a un hueco que otras &aacute;reas del lenguaje no podr&iacute;an llenar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, Tomasini invita al an&aacute;lisis de cada uno de los siete pecados capitales de los que habla la tradici&oacute;n cristiana. Hay muchos libros recientes acerca del tema, pero &eacute;ste hace dos aportaciones singulares: en primer lugar, un an&aacute;lisis sem&aacute;ntico de los conceptos de <i>soberbia, gula, lujuria, avaricia, pereza, ira</i> y <i>envidia;</i> en segundo lugar, un an&aacute;lisis psicol&oacute;gico acerca de qu&eacute; causa y qu&eacute; conducta generan estos pecados. Habr&iacute;a que a&ntilde;adir tambi&eacute;n un an&aacute;lisis moral donde da por buena la lista de pecados y los ve como vicios universalmente despreciables, injustificables desde la moral e imperdonables. Seg&uacute;n &eacute;l, la lista es perfecta porque logra capturar los peores vicios morales. Sin embargo, aunque el libro hace aportaciones valiosas en sus diversos an&aacute;lisis, no por ello est&aacute; exento de problemas. En esta rese&ntilde;a quiero analizar algunos de ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La premisa de la cual parte es quiz&aacute; una de las tesis m&aacute;s discutibles de su libro. &iquest;Pueden usarse con sentido tanto la terminolog&iacute;a de los pecados, como la religiosa en general, a pesar de no adoptar una perspectiva religiosa, es decir, de no ser creyente? Podr&iacute;amos pensar que hay muchas palabras en diversos contextos que han sobrevivido a su contexto de origen, las cuales seguimos usando y tienen utilidad, nuestro lenguaje cotidiano est&aacute; lleno de ellas. Para poner un ejemplo sencillo: actualmente, en M&eacute;xico usamos la expresi&oacute;n "&iexcl;aguas!" para advertir a alguien de alg&uacute;n peligro o para que tenga cuidado. La expresi&oacute;n viene de la &eacute;poca colonial, en la cual antes de arrojar el contenido de una bacinica por la ventana se gritaba "&iexcl;aguas!", para advertir a los viandantes. La pr&aacute;ctica ha desaparecido, sin embargo, la expresi&oacute;n sobrevivi&oacute; y tiene utilidad porque pudimos adaptarla a contextos diferentes. Podr&iacute;amos pensar que algo similar ha sucedido para los no creyentes con el lenguaje religioso: a pesar de que la pr&aacute;ctica pueda no tener sentido, &eacute;ste forma parte del lenguaje natural y tiene utilidad. Seg&uacute;n Tomasini, le da significado a experiencias y a las vidas de los no creyentes de un modo que el lenguaje no religioso no lo hace.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, muchos pensamos de modo diferente. Las palabras de Elizabeth Anscombe acerca del concepto de <i>obligaci&oacute;n moral</i> podr&iacute;an extenderse aqu&iacute; al de pecado, entonces podr&iacute;amos decir que &eacute;ste es un sobreviviente de una concepci&oacute;n anterior de la &eacute;tica que, en general, ya no pervive en las sociedades laicas y sin ella s&oacute;lo hace da&ntilde;o. Para el no creyente, el concepto de pecado s&oacute;lo tiene sentido dentro de una concepci&oacute;n te&iacute;sta de la moral y sin &eacute;sta el uso del concepto s&oacute;lo perjudica, pues genera malentendidos e introduce connotaciones de una moralidad religiosa en contextos donde &eacute;stas ya no tienen sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de <i>pecado</i> est&aacute; ligado de manera intr&iacute;nseca con la idea de un vicio moral o de un quebrantamiento de las leyes divinas. Ahora, si seguimos aqu&iacute; a Wittgenstein, los conceptos responden a juegos del lenguaje y a formas de vida, pero si se pierde ese contexto, entonces &eacute;stos dejan de tener sentido (o tal vez adquieren otro, si es que tiene utilidad). De hecho, en contextos seculares la noci&oacute;n de <i>pecado</i> est&aacute; cayendo en desuso, tal vez porque tenemos otros t&eacute;rminos mucho mejores para hablar de ese tipo de vicios. &iquest;Deber&iacute;amos conservarlo porque, de lo contrario, perdemos un vocabulario que permite darle sentido a nuestras experiencias e incluso a nuestras vidas o porque queda un hueco en el lenguaje natural? No me lo parece: nuestro lenguaje tiene sentido en la medida en que hay un juego de lenguaje y formas de vida que lo sustentan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recordemos las palabras del propio Wittgenstein, las cuales Tomasini conoce bien: "La expresi&oacute;n <i>'juego</i> de lenguaje' debe poner de relieve aqu&iacute; que <i>hablar</i> el lenguaje forma parte de una actividad o de una forma de vida" <i>(Investigaciones filos&oacute;ficas,</i> &sect; 23), y en <i>Zettel</i> afirma: "Las palabras tienen significado s&oacute;lo en el curso de los pensamientos y de la vida" (&sect; 173). Entonces, me parece incluso antiwittgensteiniano, como lo juzga Tomasini, afirmar que hay palabras, como <i>pecado,</i> las cuales pueden tener significado fuera del juego de lenguaje o del curso de los pensamientos y la vida que le dan sustento. Si entiendo bien a Wittgenstein, fuera del juego de lenguaje y de la forma de vida religiosa, la palabra <i>pecado</i> no tiene significado. Por lo mismo, no creo que quienes no participamos de una forma de vida religiosa estemos imposibilitados para darle sentido a algunas de nuestras experiencias o incluso a nuestras vidas por no emplear esos conceptos; sin duda alguna, la forma de vida secular ofrece otros t&eacute;rminos. Si no fuera as&iacute;, eso s&oacute;lo revelar&iacute;a que el no creyente, de alg&uacute;n modo, todav&iacute;a participa de la forma de vida religiosa. Pero eso es muy cuestionable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n tengo dudas acerca de la gravedad de los vicios plasmados en la lista de Gregorio Magno de los siete pecados capitales. Para Tomasini,</font></p>     <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; hablar de vicios capitales es, pues, hablar de fallas humanas y decir que se trata de pecados mortales no es m&aacute;s que otra forma de decir que quien los comete de alguna manera se deslig&oacute; de sus cong&eacute;neres, de alg&uacute;n modo rompi&oacute; un v&iacute;nculo con sus "hermanos" y merece ser castigado de la forma m&aacute;s terrible posible. (p. 17).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, pueden verse como fallas y algunos de ellos implican el quebrantamiento de normas y v&iacute;nculos sociales, pero habr&iacute;a que argumentar m&aacute;s, dentro del contexto de una teor&iacute;a de la justificaci&oacute;n moral del castigo, por qu&eacute; merecen la pena m&aacute;s terrible posible. Por s&iacute; mismos no los creemos tan graves, sino que s&oacute;lo en casos realmente extremos deber&iacute;an castigarse. Creo que, en general, en nuestras sociedades occidentales contempor&aacute;neas, no pensamos en la envidia, la gula, la avaricia o los otros pecados capitales como faltas tan graves merecedoras de castigarse "de la forma m&aacute;s terrible posible". A mi parecer, son vicios que ordinariamente todos tenemos e, incluso, hay vicios peores, los cuales no est&aacute;n incluidos en la lista, pero que s&iacute; merecen castigarse severamente. No obstante, se debe tener en cuenta, como dice Tomasini, que la configuraci&oacute;n de esta lista respondi&oacute; a necesidades pr&aacute;cticas de la Iglesia cat&oacute;lica en la &eacute;poca de Gregorio Magno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, se puede no estar de acuerdo con Tomasini en su perspectiva general y, sin embargo, beneficiarse del an&aacute;lisis particular de los pecados capitales que hace. Incluso si no los llamamos <i>pecados,</i> la lujuria, la envidia, la avaricia, la gula, la pereza, la ira y la soberbia, como se&ntilde;ala el autor, son en s&iacute; mismos temas intemporales de inter&eacute;s filos&oacute;fico y rebasan la perspectiva cat&oacute;lica tradicional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus an&aacute;lisis sem&aacute;nticos de los t&eacute;rminos de <i>pecado,</i> Tomasini habla, por ejemplo, de qu&eacute; debemos entender por <i>soberbia,</i> o de c&oacute;mo habr&iacute;a que diferenciar a la envidia de los celos, entre otros. Tal vez uno de los casos m&aacute;s problem&aacute;ticos para el an&aacute;lisis sem&aacute;ntico sea el de la pereza, pues uno se puede preguntar qu&eacute; hace en una lista de pecados mortales. El autor sigue a santo Tom&aacute;s al decirnos que <i>pereza</i> no significa flojera, holgazaner&iacute;a o negligencia, sino acedia, es decir, una especie de tristeza espiritual, la cual impide hacer un esfuerzo intelectual que lleve a entender las verdades de la religi&oacute;n. Es una especie de indolencia o de falta de ganas para comprender y, en ese sentido, aleja de dios. Sin embargo, &eacute;ste es s&oacute;lo un aspecto. Otro, que no analiza Tomasini, es el que ve a la acedia como un estado de apat&iacute;a o letargo, de no preocuparse por uno mismo o por el mundo, el cual lleva a no poder realizar nuestros deberes. Tom&aacute;s de Aquino habla de un "tedio por un bien interno", una "tristeza interna del alma" y de una "tristeza por el mundo"; se convierte en un pecado mortal cuando la raz&oacute;n deja que el hombre huya del bien divino. En los or&iacute;genes de la Iglesia, la acedia se se&ntilde;al&oacute; como un problema entre los monjes anacoretas y ascetas, quienes manten&iacute;an una vida solitaria, pues se deprim&iacute;an y terminaban dej&aacute;ndose morir. Cualquiera que lea esta descripci&oacute;n de la acedia relacionar&aacute; este fen&oacute;meno con el de la depresi&oacute;n. Aqu&iacute; cabr&iacute;a preguntarse, si la depresi&oacute;n est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del control del individuo, entonces &iquest;por qu&eacute; culparlo por ella?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s del an&aacute;lisis sem&aacute;ntico de los pecados, Tomasini ofrece un an&aacute;lisis psicol&oacute;gico. De hecho, en algunos casos, estos dos aspectos van &iacute;ntimamente unidos: qu&eacute; signifique un t&eacute;rmino como <i>envidia</i> va a determinar nuestro entendimiento psicol&oacute;gico de &eacute;sta. En el caso de la envidia, el autor piensa, por ejemplo, que no es una emoci&oacute;n: "Para m&uacute;ltiples autores, la envidia es ante todo y en primer lugar una emoci&oacute;n, tesis que en mi opini&oacute;n &#91;...&#93; es enteramente falsa y resultado de incomprensiones de diversa &iacute;ndole" (p. 59). Realiza esta afirmaci&oacute;n apoy&aacute;ndose en un criterio basado en la expresi&oacute;n facial o corporal de las emociones:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conceptos de emoci&oacute;n son en general y ante todo construidos en conexi&oacute;n con las expresiones del rostro humano. O sea, distinguimos y reconocemos emociones a trav&eacute;s o por medio de los gestos y las muecas que hacemos en determinadas circunstancias o contextos. (p. 77).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como la envidia no tiene manifestaciones faciales, entonces no es una emoci&oacute;n. Sin embargo, de acuerdo con este criterio, se deber&iacute;an negar muchas "emociones" que efectivamente lo sean. El odio, el amor, el resentimiento, el orgullo, no parecen tener siempre manifestaciones faciales o conductuales asociadas, y en algunos casos no parecen tenerlas en absoluto, y seg&uacute;n este criterio, no deber&iacute;amos considerarlas emociones, as&iacute; como tampoco todas las emociones que tienen un car&aacute;cter disposicional, por ejemplo, los odios o los amores que duran toda la vida. Sin embargo, mientras afirma que la envidia no es una emoci&oacute;n, Tomasini tambi&eacute;n dice que &eacute;sta es un "sentimiento moral vergonzoso", y se&ntilde;ala: "un sentimiento fuerte, que lleva a quien lo tiene a conducirse activamente de manera congruente con &eacute;l, es lo que podr&iacute;amos llamar una 'pasi&oacute;n'" (p. 88). Pero entonces deber&iacute;a explicar cu&aacute;l es la diferencia entre una emoci&oacute;n, un sentimiento y una pasi&oacute;n. No todos los sentimientos ni las pasiones tienen manifestaciones faciales o conductuales asociadas. Es probable que lo haya hecho en alguno de sus otros libros, pero para un lector de esta obra, no deja de llamar la atenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, ya sea que la envidia sea emoci&oacute;n, sentimiento o pasi&oacute;n, es posible preguntar en cualquiera de estos casos si podemos responsabilizar a alguien por sentir envidia. Para hacerlo, deber&iacute;amos suponer que siempre podemos tener control sobre nuestras emociones, es decir, que no son pasivas, como sugiere la idea de una pasi&oacute;n. Buena parte de la literatura sobre emociones cuestiona la idea de poder tener control activo sobre ellas, y si esto es as&iacute;, entonces estar&iacute;a fuera de lugar culpar a la gente por ello. Respecto de la ira, deber&iacute;an realizarse los mismos cuestionamientos, es decir, si tiene sentido responsabilizar a alguien por algo que no siempre puede controlar. Pero independientemente de estos cuestionamientos, Tomasini se pregunta por qu&eacute; la ira puede considerarse como un pecado capital, si muchas veces podr&iacute;a pensarse que en s&iacute; misma no es ni buena ni mala, es decir, si en ocasiones da lugar a acciones justas y otras injustas; a veces enfurecerse es imprudente, pero otras veces es la reacci&oacute;n adecuada. Sin embargo, afirma: la ira es en esencia pecaminosa porque "equivale a un procedimiento para hacer el mal de manera deliberada" (p. 175). No obstante, &eacute;l reconoce que la ira no necesariamente obliga a proceder con acciones malas y que es, en principio, controlable. Es decir, no obliga a hacer el mal de manera deliberada. Pero entonces, &iquest;por qu&eacute; es mala la ira?</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La faceta horripilante de la ira &#91;dice Tomasini&#93; es que se contrapone a la piedad, a la compasi&oacute;n, a la caridad. Por eso es intr&iacute;nsecamente mala, si bien genera un pecado capital s&oacute;lo cuando se manifiesta de determinada manera. (p. 176).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, al parecer, <i>no</i> es mala ni pecaminosa de forma intr&iacute;nseca, si su maldad depende de que se manifieste de determinada manera y llegue a contraponerse &#151;no siempre lo hace&#151; a la piedad, la compasi&oacute;n y la caridad. No necesariamente se contrapone a estas virtudes: el enojo puede llevar incluso a cometer actos buenos, como el mismo autor afirma. Si no hay vinculaci&oacute;n necesaria, entonces &eacute;se no puede ser el criterio para determinar el car&aacute;cter malo de la ira. No s&eacute; entonces si hay algo en esencia malo en la ira; pero lo mismo podr&iacute;a decirse de los otros pecados capitales, y, si esto es cierto, entonces no tendr&iacute;an por qu&eacute; considerarse siempre como vicios o como rasgos de car&aacute;cter esencial e intr&iacute;nsecamente malos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero concluir esta rese&ntilde;a del libro de Tomasini con un comentario acerca de su afirmaci&oacute;n, en el contexto de su discusi&oacute;n sobre la envidia, de que &eacute;sta puede controlarse a trav&eacute;s de la &eacute;tica, pero que no es superable meramente a trav&eacute;s de la rectificaci&oacute;n moral:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que a trav&eacute;s de la correcci&oacute;n moral ciertamente se puede lograr es, pues, enderezar la conducta objetiva o p&uacute;blica del individuo, pero eso obviamente no significa la superaci&oacute;n real de la envidia. Significa, a lo sumo, la superaci&oacute;n de la faceta social y pr&aacute;ctica de la envidia. Si queremos ir m&aacute;s all&aacute;, a lo que tenemos que recurrir es a la religi&oacute;n y por consiguiente no podremos prescindir del lenguaje religioso para aludir a la superaci&oacute;n definitiva de la envidia. Diremos entonces que es s&oacute;lo a trav&eacute;s de la vida religiosa que se puede acabar con la envidia en el coraz&oacute;n del individuo. &#91;...&#93; El triunfo total y definitivo sobre la envidia s&oacute;lo se puede lograr no gracias al psicoan&aacute;lisis, las terapias, las pastillas, etc., sino por medio de una genuina vida religiosa. La envidia se nulifica, es decir, se extirpa s&oacute;lo gracias a vivencias religiosas reales, las cuales acarrean consigo un cambio radical de actitud frente al mundo y la vida. Es s&oacute;lo creyendo genuinamente en Dios que el envidioso puede liberarse de la envidia que lo atormenta y lo corroe y dejarla atr&aacute;s. (p. 90).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Supongo que esto tambi&eacute;n puede generalizarse para los otros pecados. La &eacute;tica, las convicciones morales (incluso el psicoan&aacute;lisis, las terapias y las pastillas), pueden ayudarnos a controlar la gula, la pereza, la ira y los otros pecados, pero el &uacute;nico modo de librarse, de "limpiarse", de ellos y dejarlos atr&aacute;s, es a trav&eacute;s de la vida religiosa y de la creencia en dios. A pesar de haber dicho que podemos utilizar el discurso de los pecados desde una perspectiva no religiosa, Tomasini parece se&ntilde;alar que no hay modo de librarnos de nuestros peores vicios si no es a trav&eacute;s de la religi&oacute;n y de la creencia genuina en dios. No dice, sin embargo, por qu&eacute; ve en la religi&oacute;n la &uacute;nica v&iacute;a de liberaci&oacute;n del pecado. No parece darnos una respuesta y creo que debe hacerlo, sobre todo a sus lectores no creyentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede diferir de la interpretaci&oacute;n de Tomasini acerca de los pecados capitales y del modo de superarlos, pero sin duda una virtud de <i>Pecados capitales y filosof&iacute;a</i> es que realmente invita a pensar sobre temas muchas veces ignorados. Supongo que &eacute;se es uno de los valores m&aacute;s importantes de la filosof&iacute;a: llevarnos a ver lo cotidiano con una mirada nueva, hacer que cuestionemos las cosas tradicionalmente dichas acerca de los pecados, los vicios y las virtudes. Puede haber en el libro interpretaciones debatibles y podemos diferir de las posiciones del autor, pero eso es <i>peccata minuta</i> frente a su gran virtud: una reinterpretaci&oacute;n original y muy personal de un tema cl&aacute;sico de la filosof&iacute;a.</font></p>      ]]></body>
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