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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Escribir sobre s&iacute; mismo. Consideraciones sobre el estilo tard&iacute;o de Nietzsche<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Martin Seel**</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Institut f&uuml;r Philosophie, Johann Wolfgang Goethe&#150;Universit&auml;t Frankfurt,</i> <a href="mailto:seel@em.unifrankfurt.de">seel@em.unifrankfurt.de</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los seres humanos, dice Ernst Tugendhat &#151;en su libro <i>Egozentrizit&auml;t und Mystik </i>haciendo un gesto cr&iacute;tico ante Heidegger, quien a su vez se hab&iacute;a referido cr&iacute;ticamente en <i>Sein und Zeit, </i>al met&oacute;dico eg&oacute;mano llamado Descartes&#151;, son seres&#150;que&#150;dicen&#150;yo &#91;<i>Ich&#150;Sager</i>&#93;.<sup><a href="#notas">1</a></sup> El ser humano se experimenta a s&iacute; mismo como <i>algo </i>entre otras cosas y como <i>uno </i>o <i>una </i>entre otros u otras. Al conocer y al actuar, el ser humano s&oacute;lo puede referirse tanto a las cosas y a los acontecimientos de un mundo objetivo, como tambi&eacute;n a los otros seres humanos entre los que vive, al colocarse en relaci&oacute;n con ellos. Tiene que poder decir "yo" y relacionarse as&iacute; consigo mismo para alcanzar, en una orientaci&oacute;n consciente y determinada, a los otros y lo otro. Al hacerlo, debe poner constantemente en juego <i>sus </i>convicciones e intenciones, si es que quiere llevar en general un curso de vida medianamente reflexivo. Tiene que darse importancia para poder conceder importancia a algo o a alguien &#151;en todo caso, hasta un cierto grado.</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los que dicen 'yo' &#91;dice Tugendhat&#93; parecen darse una importancia absoluta, pero en forma m&aacute;s o menos expresa son conscientes de que los otros tambi&eacute;n se dan importancia, de que est&aacute;n en un mundo en que ellos mismos pueden conceder importancia a otras cosas y de que ante ese mundo, finalmente, pueden considerarse como m&aacute;s o menos insignificantes. (Tugendhat, 2004: 36)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los fil&oacute;sofos en verdad &#151;as&iacute; lo dejan en claro estas observaciones preliminares y la cita en la que desembocan&#151; son de suyo seres que dicen&#150;ello &#91;<i>Es&#150;Sager</i>&#93;. Tratan de decir qu&eacute; tiene que ver <i>ello </i>&#91;<i>Es</i>&#93; con el decir yo &#91;<i>Ich</i>&#93;, con la conciencia y la autoconciencia, con la causalidad, el arte, la moral, el derecho, la ciencia y, para concluir, con el acto mismo de filosofar. Hacen esto tomando como punto de partida reflexivo y cr&iacute;tico las comprensiones de estos temas que circulan fuera y dentro del propio gremio. Lo hacen con el prop&oacute;sito de desarrollar una concepci&oacute;n de estas concepciones lo m&aacute;s adecuada posible: una comprensi&oacute;n de nosotros mismos y del mundo que sea capaz de dirigir con sentido la acci&oacute;n, tanto en el terreno de la teor&iacute;a restante, como en el de la praxis habitual. Quieren saber, y tambi&eacute;n decir, c&oacute;mo est&aacute;n las cosas respecto de la pretensi&oacute;n y el alcance de las orientaciones humanas. Quieren superar la etapa de la mera opini&oacute;n; quieren saber, y tambi&eacute;n decir, en qu&eacute; estado se encuentra ello con el saber humano. Donde era yo &#91;<i>Ich</i>&#93;, debe llegar a ser ello &#91;<i>Es</i>&#93; &#151;tal es el perenne credo de la ilustraci&oacute;n filos&oacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, fil&oacute;sofos y fil&oacute;sofas son asimismo seres humanos. No pueden ser de otro modo; tienen que partir de s&iacute; mismos &#151;y de lo que han hecho suyo por la educaci&oacute;n, la tradici&oacute;n, el trato con los dem&aacute;s y la propia pr&aacute;ctica&#151;. Pero as&iacute; est&aacute;n las cosas no s&oacute;lo en toda perspectiva trivial, como el hecho de que tengan que dominar el sistema de los pronombres personales para poder decir "yo", o el hecho de que puedan referirse s&oacute;lo a lo poco que conocen mediante la experiencia y la lectura, sino tambi&eacute;n en el meollo de su actividad. En cuanto fil&oacute;sofos, tienen que dar raz&oacute;n de sus evidencias y confiar en su juicio. Cuando quieren decir c&oacute;mo est&aacute; <i>ello </i>con algo, tienen que tomarse la libertad de decir c&oacute;mo est&aacute;n las cosas seg&uacute;n <i>su </i>parecer. Al exponer <i>una </i>perspectiva, exponen la <i>suya </i>en cada caso. Esto es v&aacute;lido no s&oacute;lo en el discurso oral, sino tambi&eacute;n precisamente en la escritura. Si en su prosa usan el "yo" o eligen un gesto m&aacute;s objetivo, son <i>ellos </i>los que ponen a discusi&oacute;n lo que deben discutir. Adoptan una posici&oacute;n, a saber, la de <i>su </i>yo, para desarrollar a partir de ella la progresi&oacute;n de sus propios pensamientos. Impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente emplean el "yo" para hacer valer un "ello" &#151;temas, tesis o tambi&eacute;n terapias&#151;. En todo caso, as&iacute; son las cosas en el t&iacute;pico discurso filos&oacute;fico oral y de la escritura &#151;un patr&oacute;n al que Nietzsche, especialmente el Nietzsche tard&iacute;o, rehus&oacute;, al parecer, someterse.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entender adecuadamente el tipo y el sentido de esta negativa, es importante hacer una descripci&oacute;n liberal de este modelo, que sea capaz de dar raz&oacute;n de la gran amplitud del discurso filos&oacute;fico oral y de la escritura. Esta posici&oacute;n original quisiera esbozarla de la siguiente manera:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Filosofar es pensar, a partir de la posici&oacute;n de alguien determinado, la posici&oacute;n de cualquier otro. Si se suprime el sujeto filos&oacute;fico que aqu&iacute; pone en juego <i>su </i>posici&oacute;n, entonces se suprime tambi&eacute;n la filosof&iacute;a que aqu&iacute; puede ganar <i>una </i>posici&oacute;n que se distingue de la posici&oacute;n de las ciencias, del asunto de la orientaci&oacute;n de la vida. La meta de la actividad filos&oacute;fica no es el simple conocimiento en el sentido de resultado que uno pueda asegurar y emplear, sino la intuici&oacute;n: la intuici&oacute;n cognoscitiva de la propia posici&oacute;n como una que no es s&oacute;lo la propia o la visi&oacute;n cognoscitiva de una posici&oacute;n ajena en la cual se encuentran rasgos de la propia. Sin partir de la posici&oacute;n contingente <i>de este </i>sujeto cognoscente no se llega a un conocimiento reflexivo de la posici&oacute;n <i>no s&oacute;lo </i>de este sujeto, esto es, no se llega a proposici&oacute;n filos&oacute;fica alguna. Encontrar lo que no es relativo en lo relativo y no olvidar lo relativo donde no lo es, son las dos caras de una misma moneda. &#91;Dicho de otra manera, filosofar es la actividad de reflexionar sobre relaciones, reflexi&oacute;n sobre las cuales tarde o temprano se vuelve inevitable para todos los que pueden reflexionar sin una meta externa. Para el que quiera comprarse un helado, puede valer la pena reflexionar d&oacute;nde se puede encontrar el mejor helado al precio m&aacute;s barato. Quien no quiera comprar un helado no tiene necesidad de emplear su cabeza pensando en ello. Pero quien pueda desear un helado o alguna otra cosa, y lo sabe y por esto se pregunta c&oacute;mo debe satisfacerse el deseo, puede preguntarse qu&eacute; significa tener un deseo y cumplirlo. (&iquest;Desear significa siempre desear el cumplimiento?, podr&iacute;a preguntarse; no, podr&iacute;a ser la respuesta.) Cada quien puede cuestionarse esto respecto de cualquier otra persona o de cualquier otra cosa, cada uno y cada una que se pueda preguntar algo, puede cuestionar c&oacute;mo es ello no s&oacute;lo para ellos y tambi&eacute;n lo que significa encontrarse en esta o aquella clase de situaci&oacute;n en la vida. Es decir, pueden comenzar consigo mismos. En la pregunta: "&iquest;Qu&eacute; significa esto no s&oacute;lo para m&iacute;, si no importa para otra persona determinada?" permanece vivo como punto de partida el "para m&iacute;", aun cuando se levante toda restricci&oacute;n a un "solamente para m&iacute;".&#93;<sup><a href="#notas">2</a></sup> Al filosofar no hablamos <i>sobre </i>todos, sino <i>para </i>todos los que se encuentran en una situaci&oacute;n como la nuestra &#151;sean estos muchos o todos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, este procedimiento conoce innumerables caminos. "Si yo escribo un alem&aacute;n mejor del que escribe la mayor&iacute;a de los escritores de mi generaci&oacute;n", aclara Walter Benjamin en su <i>Berliner Chronik </i>(Cr&oacute;nica berlinesa), "esto lo debo en buena parte a haber observado durante veinte a&ntilde;os una sola peque&ntilde;a regla de redacci&oacute;n. Esta tiene el tenor siguiente: No emplear nunca la palabra 'yo', a no ser en las cartas". En los tratados, como en los ensayos, piensa Benjamin, se intenta dejar que las cosas tratadas aparezcan tan pl&aacute;sticas como sea posible. El velo del opinar roba innecesariamente luz y contraste a lo opinado. De acuerdo con esto, habr&iacute;a alcanzado la plenitud de la escritura filos&oacute;fica aqu&eacute;l que pueda expresar la propia posici&oacute;n sin ponerse en primer plano. <i>No </i>hablar de s&iacute; mismo es tanto hoy como ayer un modelo fundamental de escritura filos&oacute;fica &#151;y por esto un modelo ortodoxo dentro del que he llamado <i>liberal&#151;, </i>un modelo que no pocos consideran su v&iacute;a regia. Pero tambi&eacute;n aqu&iacute; hay muchas variantes. Uno puede jugar con diferentes registros en el desarrollo de una doctrina como lo hace Plat&oacute;n en sus primeros di&aacute;logos. Arist&oacute;teles emplea este procedimiento en sus reflexiones al hacer constantemente suyas las opiniones en boga respecto de un tema en cuesti&oacute;n. En la interpretaci&oacute;n de uno o muchos autores se puede arrojar luz sobre viejos problemas. Uno convierte la materia de un libro en su sujeto gramatical, como Hegel, cuando en su <i>Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu </i>ayuda al esp&iacute;ritu a emprender un viaje de descubrimiento hacia s&iacute; mismo. Otro posible estilo que no deja de ser objetivo es el uso de la primera persona del plural. Aun cuando sea empleado como <i>Pluralis Majestatis, </i>oculta la persona individual del que habla en este plural. Por el contrario, en un hombro a hombro ret&oacute;rico con los lectores, el uso del "nosotros" como tambi&eacute;n del "nuestro", vuelve invisible el propio yo del autor haci&eacute;ndolo desaparecer en un nosotros colectivo m&aacute;s o menos amplio &#151;al volver actuales hip&oacute;tesis, situaciones de vida o problemas que el escritor cree compartir con sus lectores&#151;. Aun cuando este "nosotros" est&eacute; gramaticalmente del lado del sujeto del discurso, aparece menos como <i>sujeto </i>que como <i>objeto </i>de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica: como esa <i>relaci&oacute;n </i>con la constituci&oacute;n del mundo y de la vida, relaci&oacute;n que es el punto en el que brota toda reflexi&oacute;n filos&oacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera oraci&oacute;n del escrito de Nietzsche sobre el nacimiento de la tragedia comienza consciente de s&iacute;: "Mucho es lo que habremos ganado para la Est&eacute;tica cient&iacute;fica cuando hayamos llegado no a la intelecci&oacute;n l&oacute;gica, sino a la seguridad inmediata de la intuici&oacute;n de que el progreso del arte est&aacute; ligado con la duplicidad de lo apol&iacute;neo y lo dionisiaco" (1980: I,&nbsp;25/2009: 41). "Vemos las cosas a trav&eacute;s de la cabeza del ser humano y no podemos cortar esta cabeza; aunque es cierto que queda pendiente la pregunta &iquest;qu&eacute; quedar&iacute;a a&uacute;n del mundo si se la hubiera cortado?" (1980: II,&nbsp;29). As&iacute; est&aacute; escrito al principio de <i>Menschliches, Allzumenschliches </i>(Humano, demasiado humano) en relaci&oacute;n con el problema de un mundo <i>metaf&iacute;sico. </i>Tambi&eacute;n en Nietzsche es completamente normal el nosotros filos&oacute;fico con el cual se cubren relaciones universales; aunque mal conocidas hasta ahora a las "nuestras", las <i>humanas. </i>A pesar de que se presente como miembro humano de un c&iacute;rculo que lleva el nombre de "nosotros los fil&oacute;logos" o invente una federaci&oacute;n "de esp&iacute;ritus libres", habla en nombre de un nosotros colectivo delimitado no importa c&oacute;mo (en &uacute;ltimo caso, incluso imaginario). Se delinea un "nosotros" al que le est&aacute; confiada una cosmovisi&oacute;n, no <i>m&aacute;s verdadera </i>pero s&iacute; <i>superior.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todas estas formas de la exposici&oacute;n filos&oacute;fica, los escritores no tienen que comprometerse <i>como personas. </i>Ni siquiera tienen que hacerlo &#151;y a menudo lo hacen&#151; cuando suelen hacer un uso m&aacute;s o menos generoso del pronombre "yo" en sus textos, como es costumbre en el discurso oral. Pues en muchos casos se presentan el autor o la autora simplemente como los que en sus declaraciones escritas responden de aquello sobre lo que discurren en ellas, sin darle voz a su restante s&iacute; mismo, en sentido biogr&aacute;fico m&aacute;s amplio. Para esto reservan, en un terreno m&aacute;s bien convencional, s&oacute;lo los paratextos de las dedicatorias y agradecimientos. Aqu&iacute; puede abrirse una ancha hendidura que sirva de puerta de acceso a la vida de la persona que est&aacute; detr&aacute;s del libro, pero, por regla general, para volverla a cerrar inmediatamente. Nuestra curiosidad &#151;la de los lectores&#151; se despierta, pero sin quedar satisfecha. Uno de mis ejemplos preferidos al respecto es el terceto que J&uuml;rgen Habermas antepone en su libro <i>Philosophischer Diskurs der Moderne </i>&#91;Discurso filos&oacute;fico de la modernidad&#93;: "Para Rebeca / que ha puesto el neo&#150;estructuralismo / m&aacute;s a mi alcance". El delicado adverbio comparativo hace cre&iacute;ble la cosa y pone de relieve una tensi&oacute;n fundamental no s&oacute;lo en el texto, sino tambi&eacute;n entre padre e hija. Varios autores son capaces de hacerlo de un modo un poco m&aacute;s excesivo. "The Summer my daughter felt in love with James Steerforth, she was fourteen and I was forty" (Este verano se enamor&oacute; mi hija de James Steerforth; ella ten&iacute;a catorce a&ntilde;os y yo cuarenta): as&iacute; reza la primera oraci&oacute;n del ensayo de Martha Nussbaum en su libro <i>Love's Knowledge</i>&#93;. El escenario cl&aacute;sico propio de las confesiones de los autores filos&oacute;ficos son sus pr&oacute;logos. En ellos, a veces se levanta un poco m&aacute;s el tel&oacute;n para que aparezca m&aacute;s y mejor la persona del escritor. En este contexto puede pensarse, por ejemplo, en el prefacio de Johann Fichte a su libro <i>Grundlage der gesamten Wissenschaftslehre </i>&#91;Principios de toda la doctrina completa de la ciencia&#93;, en los pr&oacute;logos a las diversas ediciones de <i>Die Welt als Wille und Vorstellung </i>&#91;El mundo como voluntad y representaci&oacute;n&#93; o a los pr&oacute;logos soberbiamente humildes que Ludwig Wittgenstein escribe tanto a su <i>Tractatus </i>como tambi&eacute;n a sus <i>Philosophische Untersuchungen </i>&#91;Investigaciones filos&oacute;ficas&#93; o, precisamente, y ante todo, en Nietzsche. Desde el principio, comenzando con el "Pr&oacute;logo a Richard Wagner", antepuesto al escrito sobre el nacimiento de la tragedia, o con el preludio a <i>Menschliches, Allzumenschliches, </i>que celebra la propia soledad productiva, sus prefacios son excesos del decir "yo" &#151;excesos que culminan en aquel escrito, extenso como un tratado, no publicado en vida, que no consiste en otra cosa m&aacute;s que en una serie de pr&oacute;logos, a&ntilde;adidos posteriormente y a la vez anticipados, a las propias obras pasadas y venideras (aunque nunca escritas), a saber, en el escrito <i>Ecce homo: </i>texto en el que Nietzsche habla, al parecer <i>exclusivamente, </i>de s&iacute; mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para poner en claro lo que pasa dentro del g&eacute;nero de la literatura filos&oacute;fica, tengo que tomar de nuevo un poco de &iacute;mpetu. Pues existe naturalmente esa larga tradici&oacute;n de la escritura filos&oacute;fica en la que el yo ficticio o real del autor o la autora juega un papel, y a veces hasta el papel central. Pi&eacute;nsese en las <i>Confesiones </i>de San Agust&iacute;n o en las <i>Confesiones </i>de Rousseau, en los <i>Essais </i>de Montaigne, los <i>Pens&eacute;es </i>de Pascal, hasta &#151;para volvernos a saltar a Nietzsche&#151; en las <i>Philosophische Untersuchungen </i>de Wittgenstein o en <i>Minima Moralia </i>de Adorno. Estos no son s&oacute;lo diferentes casos de un filosofar decididamente literario, sino tambi&eacute;n del decir&#150;yo filos&oacute;fico. Hasta cierto punto es irrelevante en esos casos la cantidad de veces que se usa la breve palabra "yo". En <i>Minima Moralia, </i>por ejemplo, su aparici&oacute;n es relativamente rara. Pero el "inter&eacute;s espec&iacute;fico" del libro, como lo dice la dedicatoria a Max Horkheimer, consiste en "presentar, a partir de la experiencia subjetiva, momentos de la filosof&iacute;a que han hecho en com&uacute;n", y, por cierto, de tal manera que al hacerlo se parte "en cada momento del estrech&iacute;simo &aacute;mbito del intelectual en situaci&oacute;n de emigraci&oacute;n" (Adorno, 1973: 12 y 11). Incluso donde <i>no </i>habla de s&iacute; mismo, dice, el autor se percibe en este libro de acuerdo con su propia disposici&oacute;n afectiva. De un modo formalmente an&aacute;logo, ya Pascal hab&iacute;a hablado, en el sombr&iacute;o tono de su fe, de la miseria del ser humano en el mundo. &#91;A su vez, al tornasolado discurso, dicho en primera persona, en las <i>Philosophische Untersuchungen, </i>le corresponde un papel completamente diferente. Unas veces se refiere el autor a su pensamiento anterior; otras, asume la funci&oacute;n de representante con el fin de mostrar c&oacute;mo procede <i>cualquiera </i>en el momento de hablar y actuar. Pero, sobre todo, marca la posici&oacute;n de un ego que est&aacute; involucrado en un di&aacute;logo interno permanente con un alter ego, con quien busca salidas a los frascos de moscas te&oacute;ricos. Mediante la presentaci&oacute;n de <i>su </i>proceso mental, el autor escenifica ante los ojos de sus lectores <i>un </i>proceso mental que les prescribe como terapia.&#93; Montaigne, por el contrario, a quien junto con Pascal Nietzsche cuenta en <i>Ecce Homo </i>entre sus pocas afinidades electivas, podr&iacute;a pensarse, se contenta con dar a conocer <i>sus </i>puntos de vista sobre las cosas grandes y peque&ntilde;as de la vida. Sin embargo, tambi&eacute;n hace variaciones a las posibilidades de <i>un </i>magn&iacute;fico comportamiento consigo y con el mundo: el comportamiento de un sujeto moderno que trata de encontrar su <i>propia </i>rima en la marcha de las cosas, a la que se somete pero tambi&eacute;n trata de dirigir.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;Tanto m&aacute;s ejemplar es el modo en el que proceden las confesiones autobiogr&aacute;ficas &#151;o, dicho con mayor precauci&oacute;n, las confesiones organizadas autobiogr&aacute;ficamente&#151; de San Agust&iacute;n. "Pero &iquest;c&oacute;mo invocar&eacute; yo a mi Dios, a mi Dios y mi Se&ntilde;or", pregunta al principio de sus <i>Confesiones, </i>"puesto que al invocarle le he de llamar a m&iacute;? Y &iquest;qu&eacute; lugar hay en m&iacute; a donde venga mi Dios a m&iacute;?" (Agust&iacute;n, 1987: 13/2005: 74). Esta pregunta a la vez por el sujeto y el objeto de la fe puede &#151;y debe&#151; hac&eacute;rsela tambi&eacute;n el lector a quien en el curso de la lectura la vida del autor debe mediar una explicaci&oacute;n adecuada de esta fe.&#93; A su vez &#151;y al parecer radicalmente&#151; se plantea de modo diferente la correlaci&oacute;n de referencia al yo y referencia al otro en las <i>Confesiones </i>de Rousseau. "Emprendo una tarea", con estas palabras inicia el autor el estudio de s&iacute; mismo, "de la que nunca hubo ejemplo y cuya ejecuci&oacute;n jam&aacute;s tendr&aacute; imitadores. Quiero mostrar a mis semejantes un ser humano en toda la verdad de la naturaleza; y ese ser humano ser&eacute; yo. &Uacute;nica y exclusivamente yo" (1985: 37/2008: 29). De esta manera, en efecto, queda excluida toda posibilidad de que el lector asuma e interprete el papel del yo del narrador. Pero es decisiva la raz&oacute;n que el autor da en la primera p&aacute;gina de su libro.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siento mi coraz&oacute;n &#151;y conozco a los seres humanos. No estoy hecho como ninguno de cuantos he visto; me atrevo a creer que no estoy hecho como ninguno de cuantos existen. Si la naturaleza hizo bien o mal al romper el molde en que me vaci&oacute;, es cosa que no puede juzgarse hasta despu&eacute;s de haberme le&iacute;do. (Rousseau, 2008: 29)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta formulaci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cito que Rousseau quer&iacute;a "leer<i>"se </i>en este texto de tal manera que <i>otros </i>pudieran leerlo tal como &eacute;l se experimenta a s&iacute; mismo. "He desnudado mi alma tal como t&uacute; mismo la viste, Esp&iacute;ritu eterno", dice en seguida haciendo una equiparaci&oacute;n tan espectacular como blasfema de la propia perspectiva que tiene de s&iacute; mismo con la perspectiva que Dios tiene de &eacute;l. Respecto de sus semejantes, por supuesto que Rousseau a&ntilde;ade: "Que cada uno de ellos desnude a su vez su coraz&oacute;n a los pies de tu trono con igual sinceridad" (2008: 30). Con esta expresi&oacute;n no queda excluido, sino expresamente incluido, que los dem&aacute;s son igualmente &uacute;nicos como &eacute;l mismo. De este modo se presenta el texto de estas confesiones como el <i>modelo </i>de un aut&eacute;ntico decir&#150;yo. Ciertamente habr&aacute; de conducir a un resultado diferente por completo al que, fi&aacute;ndose de &eacute;l, haga suyo este modelo. Pero sigue siendo un modelo de lo que significa ser un ser especial e irrepresentable entre sus semejantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esto llego &#151;finalmente&#151; a mi primera tesis: el decir&#150;yo filos&oacute;fico en las obras que acabamos de citar es siempre un decir&#150;yo <i>ejemplar. </i>Representa un est&aacute;ndar, aunque heterodoxo, <i>dentro del </i>est&aacute;ndar del discurso filos&oacute;fico que he caracterizado como liberal. De diferentes modos, estos y otros autores escriben en el centro de sus obras sobre s&iacute; mismos, <i>a partir de </i>su ejemplo o <i>en </i>su ejemplo, para delinear una visi&oacute;n <i>que trasciende </i>su ejemplo <i>individual. </i>Los autores se ponen en juego como personas, escriben de manera expl&iacute;cita y en parte excesivamente sobre s&iacute; mismos para mediar a sus lectores de una manera lo m&aacute;s intuitiva posible una orientaci&oacute;n <i>general. </i>Aunque en sus textos tratan de s&iacute; mismos, nunca se trata s&oacute;lo (y, en definitiva, a menudo no absolutamente) de ellos mismos. En este punto, as&iacute; quisiera afirmarlo, se distingue el decir&#150;yo filos&oacute;fico liberal en la <i>actitud, </i>pero no en su <i>posici&oacute;n fundamental, </i>de los tonos m&aacute;s objetivos del decir&#150;ello o decir&#150;nosotros, que domina la literatura filos&oacute;fica. Aqu&iacute; tambi&eacute;n, en el discurso de un sujeto a todas luces <i>determinado </i>que no se inhibe <i>ante </i>las propias peculiaridades ni incluso ante la propia unicidad, tiene que abrirse una comprensi&oacute;n de no cualquiera entre los asuntos humanos que tendr&iacute;a que ser compartida por <i>cualquier </i>sujeto.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de analizar por fin a Nietzsche, perm&iacute;taseme recordar a un autor que se mueve atinadamente en un c&eacute;lebre tramo de su obra, en la frontera entre la l&iacute;nea tradicional ortodoxa y la heterodoxa de la escritura filos&oacute;fica. Hablo de Ren&eacute; Descartes. Sobre todo en las dos primeras de sus <i>Meditaciones </i>opera con una figura&#150;del&#150;yo &#91;<i>Ich&#150;Figur</i>&#93;, cuyas reflexiones llevan directamente al coraz&oacute;n de la gigantesca tarea de provocar una subversi&oacute;n de todas las certezas dudosas para poder poner a continuaci&oacute;n un fundamento seguro al saber humano. Este ejercicio se lleva a cabo con un estilo narrativo. El sujeto del discurso se retira a la soledad, se sienta cerca de la estufa con su abrigo de invierno puesto, mira desde la ventana siguiendo el curso de sus reflexiones, etc&eacute;tera. En seis cap&iacute;tulos &#151;que nos pueden hacer pensar en la historia cristiana de la creaci&oacute;n&#151; lleva una especie de diario sobre los resultados del estudio de s&iacute; mismo. Es de pies a cabeza Descartes mismo quien habla en el diario, pero habla &#151;al escribir&#151; en una forma sumamente estilizada. Todo se reduce aqu&iacute; al tipo de estilizaci&oacute;n. Pues en esta narraci&oacute;n filos&oacute;fica no se trata precisamente de la <i>persona </i>del autor. M&aacute;s bien construye para sus lectores una posici&oacute;n que les permita colocarse <i>a s&iacute; mismos </i>en el lugar del yo del autor. En este sentido las <i>Meditaciones </i>est&aacute;n compuestas como los retratos de personas que dan la espalda al espectador que pinta un Caspar David Friedrich (<i>M&ouml;nch am Meer </i>&#91;Monje a la orilla del mar&#93; es s&oacute;lo el ejemplo m&aacute;s conocido), que seducen a los espectadores para que entren con la imaginaci&oacute;n en el espacio del cuadro y experimenten el paisaje desplegado en &eacute;l como desde la perspectiva de las figuras que est&aacute;n <i>dentro del </i>cuadro. La figura&#150;del&#150;yo &#91;<i>Ich&#150;Figur</i>&#93; que escribe junto a la estufa con su abrigo de invierno puesto y que, al hacerlo, subvierte y reconstruye el mundo en su pensamiento, es un lugarteniente del lector, a quien se le exige que lleve a cabo exactamente, dondequiera que se encuentre, esta operaci&oacute;n en su propio cuerpo y en su propia alma. Hasta este grado ha de entenderse de antemano <i>met&oacute;dicamente </i>la egoman&iacute;a de este texto que le pon&iacute;a a Heidegger los nervios de punta porque parec&iacute;a separar al sujeto del contexto de su mundo: <i>cada uno </i>est&aacute; invitado a ponerse en sus propias reflexiones en el lugar de este ser&#150;que&#150;dice&#150;yo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este decir&#150;yo neutral constituye ahora el estricto polo contrario de aquel con el que Nietzsche entra en escena en <i>Ecce Homo </i>ante sus potenciales lectores. Porque aqu&iacute; absolutamente nada es neutral. Nietzsche rompe no s&oacute;lo con la tradici&oacute;n dominante del decir&#150;nosotros &#91;<i>Wir&#150;Sagen</i>&#93; o decir&#150;ello &#91;<i>Es&#150;Sagen</i>&#93; filos&oacute;fico; rompe no menos radicalmente con todas las variantes que han existido hasta hoy de un decir&#150;yo filos&oacute;fico. En todo caso, este es el tenor de mi segunda tesis. Es la ley de un decir&#150;yo <i>ejemplar, </i>seguido por Descartes en su forma quiz&aacute; m&aacute;s estricta y por muchos otros autores en una forma fuertemente relajada, y que Nietzsche trata de derogar. Pues &#151;para decirlo ante todo en una forma hasta cierto grado parad&oacute;jica&#151; es una ejemplaridad <i>exclusiva </i>la que &eacute;l reclama en su &uacute;ltimo ensayo para s&iacute; y para su escritura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"He aqu&iacute; <i>un </i>hombre", as&iacute; es como se tiene que leer el t&iacute;tulo de esta desbordante autodenuncia. Es Nietzsche mismo el que celebra su forma de vivir, su talento y su tarea, su autor&iacute;a, en una palabra, su "divinidad" (1980: VI, 268).<sup><a href="#notas">3</a></sup> Aqu&iacute; se presenta un ser humano &uacute;nico con su patrimonio. El tema del libro, lo dice la primera de todas las frases, es la pregunta "&iquest;qui&eacute;n soy yo?" "&iexcl;Escuchadme! Yo soy tal y tal. &iexcl;Sobre todo, no me confund&aacute;is con otros!" (257). Con esta obertura queda bloqueada autom&aacute;ticamente la puerta a la expectativa de que el autor vaya a hablar en su discurso de <i>s&iacute; </i>pero al mismo tiempo para <i>otros. </i>"Yo me cuento mi vida <i>a m&iacute; mismo", </i>se dice un poco m&aacute;s adelante (264). A los hipot&eacute;ticos lectores se les cierra toda posibilidad de asumir la perspectiva del yo figurado. De principio a fin se trata &#151;como se dice al final&#151; de "lo que me pone aparte de todo el resto de la humanidad" (371). Esto, por cierto, apenas suena diferente a la furiosa obertura de las <i>Confesiones </i>de Rousseau; pero en <i>Ecce homo </i>falta ese esp&iacute;ritu democr&aacute;tico que otorga a cada uno la <i>propia </i>singularidad y con &eacute;sta la posibilidad de una relaci&oacute;n sinceramente veraz consigo mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es verdad que se da <i>un </i>caso, escribe Nietzsche, "La se&ntilde;ora C&oacute;sima Wagner es, con mucho, la naturaleza m&aacute;s aristocr&aacute;tica; y, para no decir una palabra de menos, afirmo que Richard Wagner ha sido, con mucho, el hombre m&aacute;s af&iacute;n a m&iacute;. Lo dem&aacute;s es silencio" (268). Pero &eacute;sta y las otras pocas concesiones expl&iacute;citas que se encuentran en el texto se retiran inmediatamente. Pues lo que Nietzsche encontraba en alguien como Richard Wagner era, una vez m&aacute;s, a fin de cuentas, s&oacute;lo a s&iacute; mismo. &eacute;l insiste en "que lo que en mis a&ntilde;os j&oacute;venes o&iacute; yo en la m&uacute;sica wagneriana no tiene nada que ver en absoluto con Wagner" (313). Su escrito sobre <i>Wagner in Bayreuth </i>ha sido, visto con cuidado, una "visi&oacute;n de mi futuro"; la pieza sobre <i>Schopenhauer als Erzieher </i>&#91;Schopenhauer como educador&#93; trata propiamente de "Nietzsche como educador" (320). "Ahora que vuelvo la vista desde cierta lejan&iacute;a a las situaciones de las que estos escritos son testimonio, no quisiera yo negar que en el fondo hablan meramente de m&iacute;" (320). Tambi&eacute;n donde Nietzsche escribi&oacute; de otros, es decir, donde &eacute;l, como corresponde a las buenas costumbres de nuestro gremio, entr&oacute; en escena como int&eacute;rprete y as&iacute; como uno que dice &eacute;l, ha estado obrando como un ser&#150;que&#150;dice&#150;yo encubierto. Modelo ejemplar de esta aventurada retrospecci&oacute;n es nadie menos que Plat&oacute;n. "As&iacute; es como Plat&oacute;n se sirvi&oacute; de S&oacute;crates, como de una semi&oacute;tica para Plat&oacute;n" (320). Nietzsche emplea el mismo procedimiento tambi&eacute;n en su rese&ntilde;a hagiogr&aacute;fica de <i>Menschliches, Allzumenschliches.</i></font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del modo como yo pensaba entonces (1876) acerca de m&iacute; mismo, de la seguridad tan inmensa con que conoc&iacute;a mi tarea y la importancia hist&oacute;rico&#150;universal de ella, de eso da testimonio el libro entero, pero sobre todo un pasaje muy expl&iacute;cito: s&oacute;lo que tambi&eacute;n aqu&iacute; evit&eacute;, con mi instintiva astucia, la part&iacute;cula "yo" y esta vez lanc&eacute; los rayos de una gloria hist&oacute;rico&#150;universal no sobre Schopenhauer o sobre Wagner, sino sobre uno de mis amigos, el distinguido doctor Paul R&eacute;e. (327&#150;328)</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso donde Nietzsche ni siquiera dec&iacute;a "yo" en su texto, pensaba, sin embargo, exclusivamente en s&iacute; mismo. Esto tambi&eacute;n es v&aacute;lido de la legendaria figura que invent&oacute;. "Zaratustra define en una ocasi&oacute;n, con rigor, su tarea &#151;es tambi&eacute;n la m&iacute;a" (348).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todos estos gestos queda clara una ulterior ruptura ret&oacute;rica con toda la tradici&oacute;n en su conjunto. Sin embargo, los fil&oacute;sofos, por m&aacute;s que puedan comportarse de un modo insubordinado y a veces pol&eacute;mico respecto de algunos de sus predecesores, entienden su tarea, ante todo y en la mayor&iacute;a de los casos, como la de una <i>apropiaci&oacute;n </i>siempre cr&iacute;tica de lo que otros han pensado antes que ellos. Ellos siguen <i>adelante </i>donde otros han terminado; est&aacute;n &#151;y se consideran&#151; en deuda con ellos. El penetrante autoelogio en <i>Ecce homo, </i>que quiz&aacute; supere ostentosamente el productivo narcisismo y megaloman&iacute;a de cada escritor, descarta, sin embargo, este tipo de concomitante humildad creadora. Dice que con su <i>Zaratustra </i>ha "hecho a la humanidad el mayor regalo que hasta ahora &eacute;sta haya recibido", el libro "m&aacute;s elevado" y "m&aacute;s profundo" "que existe" (259). "Algo as&iacute; llega tan s&oacute;lo a los m&aacute;s elegidos entre todos" (260). <i>G&ouml;tzen&#150;D&auml;mmerung </i>&#91;Crep&uacute;sculo de los &iacute;dolos&#93;, terminado precisamente en 1888, es "la excepci&oacute;n absoluta entre los libros" (354) &#151;la que, a decir verdad, ser&iacute;a ya la segunda&#151;. "Si alguien quiere formarse brevemente una idea de c&oacute;mo, antes de m&iacute;, todo se hallaba cabeza abajo, empiece por este escrito" (354). "Yo soy el primero", prosigue, "en tener en mis manos el metro para medir 'verdades'" &#151;"verdades" entre comillas (355)&#151;. "Nadie, antes de m&iacute;, conoc&iacute;a el camino recto" (355). "La verdad &#91;habla&#93; desde m&iacute;", dice un poco despu&eacute;s (365); y esta vez Nietzsche no se pone los "guantes" (259) de las comillas para hacer uso de esta palabra. Pero este regalo tendr&iacute;a que ayudar tambi&eacute;n a otros &#151;por lo menos a <i>algunos </i>otros&#151; a tener una perspectiva correcta y as&iacute; una direcci&oacute;n que enriquezca su pensamiento y su acci&oacute;n. Pero Nietzsche repele. "Ahora lo tengo en la mano, poseo la mano para dar la vuelta a las perspectivas" &#151;perspectivas, deber&iacute;a uno pensar, que podr&iacute;an compartir tambi&eacute;n sus lectores&#151;. Pero Nietzsche prosigue: "raz&oacute;n por la cual acaso &uacute;nicamente a m&iacute; me sea posible en absoluto una 'transvaloraci&oacute;n de los valores'" (266). Las ense&ntilde;anzas de este autor, es lo que parece aqu&iacute;, tienen s&oacute;lo un mismo y &uacute;nico destinatario: &eacute;l mismo. Ante los lectores interpreta el papel estelar de un <i>destino </i>en el que no participan ni pueden participar. Est&aacute;n permanentemente excluidos. La experiencia que este ser&#150;que&#150;dice&#150;yo tiene de s&iacute; mismo supera el horizonte de los lectores. "Esta es <i>mi </i>experiencia de la inspiraci&oacute;n", dice Nietzsche en su relato de la redacci&oacute;n de <i>Zaratustra; </i>"no tengo duda de que es preciso retroceder milenios atr&aacute;s para encontrar a alguien que tenga derecho a decir 'es tambi&eacute;n la m&iacute;a'" (340). Por esta raz&oacute;n tiene, como lo dijo anteriormente en el texto, "m&aacute;s derecho que ning&uacute;n otro mortal a la palabra grandeza" (296). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>6.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A decir verdad, este comparativo solo no deber&iacute;a sorprendernos. Quien no deja de estarse comparando con los dem&aacute;s no puede, por cierto, ser del todo tan incomparable. A&uacute;n la celebraci&oacute;n de s&iacute; mismo como individuo absolutamente singular sigue siendo &#151;nada m&aacute;s porque se trata de una celebraci&oacute;n&#151; una acci&oacute;n ejemplar. Con ella el autor est&aacute; se&ntilde;alando siempre de nuevo m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo. Una ret&oacute;rica de la singularidad no se ha de mantener en la filosof&iacute;a &#151;como tampoco en el resto de la literatura&#151;, ni siquiera en Nietzsche, el m&aacute;s desinhibido y egoc&eacute;ntrico ser&#150;que&#150;dice&#150;yo de todos los tiempos. Tampoco Nietzsche es una excepci&oacute;n, tal es el tenor de mi tercera tesis, a la ley del decir&#150;yo ejemplar. Ninguna paradoja hay, vi&eacute;ndolo de m&aacute;s cerca, en lo que antes he llamado &#151;<i>de alguna manera parad&oacute;jicamente</i>&#151; la ejemplaridad <i>exclusiva </i>de Nietzsche. Tampoco, y precisamente en <i>Ecce homo, </i>puede el escritor hacer otra cosa. &eacute;l se presenta como un individuo distinguido, cuyo <i>ejemplo </i>despliega ante los ojos de los dem&aacute;s &#151;por pocos que puedan ser los capaces de seguirlo.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tres veces dice en este texto (319, 328, 366) que &eacute;l es el "primer inmoralista". Pero donde hay un primero, siempre podr&iacute;a haber un segundo, al que podr&iacute;an seguir otros tantos. A una moral, ciertamente no para todos, pero s&iacute; para pocos, conduce tambi&eacute;n el notable &#151;porque notablemente ambivalente&#151; tratamiento del azar en <i>Ecce homo</i>.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Todo azar debe transformarse en necesidad, tal es el tenor del credo del autor, que expresa en una <i>f&oacute;rmula, </i>esto es, en una proposici&oacute;n general. "Mi f&oacute;rmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati &#91;amor al hado&#93;" (297). Pero en este lugar no quisiera comentar el inmoralismo ni el fatalismo de Nietzsche, sino atenerme al <i>estilo </i>de su &uacute;ltimo escrito. Aqu&iacute; se encuentra ante todo <i>una </i>palabra inveros&iacute;mil que sin parar recorre como espectro todo el texto, librando al hacerlo un duelo astuto con su antagonista, el "yo", que parece dominarlo todo. Quiero decir la palabra pronominal "se &#91;<i>man</i>&#93;" &#151;una expresi&oacute;n con la cual se sustrae el que habla a insistir s&oacute;lo en s&iacute; mismo, a la revelaci&oacute;n de s&oacute;lo sus propias pasiones, a toda afirmaci&oacute;n de s&oacute;lo la propia existencia&#151;. Se oculta detr&aacute;s de un colectivo an&oacute;nimo. A decir verdad, ning&uacute;n azar gramatical est&aacute; obrando aqu&iacute;, sino <i>Nietzsche mismo </i>es el que queda perplejo ante su ostentosa fijaci&oacute;n en la propia incomparabilidad. No se tiene m&aacute;s que leer el subt&iacute;tulo que sirve de recuadro al t&iacute;tulo narcisista de este estudio de s&iacute; mismo: "C&oacute;mo se &#91;<i>man</i>&#93; llega a ser lo que se &#91;<i>man</i>&#93; es".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una posible interpretaci&oacute;n ser&iacute;a ciertamente que Nietzsche, aun donde cuida este sujeto gramatical neutro, habla una y otra vez s&oacute;lo de s&iacute; mismo como del &uacute;nico que cumple las condiciones de este "se". Y en cierto modo las cosas son tambi&eacute;n as&iacute;. Sin embargo, las condiciones que se formulan y publican aqu&iacute; son las <i>condiciones generales </i>de este "se". "La elecci&oacute;n en la alimentaci&oacute;n, la elecci&oacute;n de clima y lugar &#151;lo tercero en lo que por nada del mundo es l&iacute;cito cometer un desacierto es en la elecci&oacute;n de su forma de descansar" (284). Por lo que ata&ntilde;e a estas cosas, se dice en otro lugar, "se tiene que comenzar a cambiar lo aprendido" (295). Por lo que se refiere a la autoestima: "Se tiene que mantener la superficie de la conciencia &#151;la conciencia <i>es </i>superficie&#151; limpia de cualquiera de los grandes imperativos" (294). Estas son, de nuevo, recetas que no s&oacute;lo est&aacute;n acu&ntilde;adas para el <i>uno </i>que las propone, sino para <i>cualquiera </i>de sus destinatarios. "No ver muchas cosas, no o&iacute;rlas, no dejar que se nos acerquen &#151;primera cordura, primera prueba de que no se es un azar, sino una necesidad" (292). Por m&aacute;s que el autor se considere el &uacute;nico para el cual esto es v&aacute;lido, esta sentencia, sin embargo, es completada un poco m&aacute;s adelante por otra (y es una de las m&aacute;s estremecedoras en el texto en su conjunto) que suspende enf&aacute;ticamente el gesto de una exclusiva revelaci&oacute;n de s&iacute; mismo. "Que se llegue a ser lo que se es, presupone no barruntar ni de lejos <i>lo que </i>se es" (293).<sup><a href="#notas">6</a></sup> Este solo <i>se&ntilde;alar m&aacute;s all&aacute; </i>de s&iacute; mismo es lo que una y otra vez le permite al autor hablar en f&oacute;rmulas generales. "Tomarse a s&iacute; mismo como un fatum &#91;hado&#93;, no quererse 'distinto' &#151;esto, en tales circunstancias, constituye la <i>gran raz&oacute;n </i>misma" (273). Porque pretende haberlo experimentado en su propia carne, Nietzsche puede conjurar esta especie de raz&oacute;n pr&aacute;ctica ante sus <i>semejantes. </i>Y s&oacute;lo por esto &#151;porque esta raz&oacute;n, en caso de que sea una, no es s&oacute;lo la suya&#151; puede decir con una salvaje hip&eacute;rbole siempre nueva: "Yo llevo sobre mis espaldas el destino de la humanidad" (364).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>7.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco Nietzsche, con otras palabras, es una excepci&oacute;n a la racionalidad espec&iacute;fica del discurso filos&oacute;fico, tal cual lo representa su modelo can&oacute;nico &#151;si bien es cierto que con variantes heterog&eacute;neas de principio a fin&#151;. La licencia, no s&oacute;lo en la periferia sino tambi&eacute;n en el coraz&oacute;n de sus textos, para hablar de s&iacute; mismo, est&aacute; atada en la filosof&iacute;a a aquella otra que consiste en poner a tal grado a disposici&oacute;n la propia posici&oacute;n que los otros tambi&eacute;n puedan hacerla suya. Los fil&oacute;sofos, como lo dec&iacute;a al principio, son de suyo seres&#150;que&#150;dicen&#150;ello &#91;<i>Es&#150;Sager</i>&#93;. Lo son tambi&eacute;n, y precisamente, cuando operan como seres&#150;que&#150;dicen&#150;yo &#91;<i>Ich&#150;Sager</i>&#93;. Pues, aun en las formas extremas de un Rousseau o de un Nietzsche, el decir&#150;yo pone la muestra de un posible decir&#150;yo <i>de otros </i>que reconozcan que aqu&iacute; tambi&eacute;n se habla de <i>sus </i>propias posibilidades. El estudio reflexivo de s&iacute; mismo que hace <i>este </i>sujeto constituye una rampa de salida para que se interrogue a s&iacute; mismo <i>cualquier </i>sujeto. Este estudio opera una exploraci&oacute;n no s&oacute;lo acerca de c&oacute;mo es la situaci&oacute;n de aquellos que exponen su pensamiento escribi&eacute;ndolo. Sus textos hablan siempre de c&oacute;mo <i>ello se </i>comporta con el acceso al mundo y con la relaci&oacute;n consigo mismos de algunos, de muchos o de todos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"No la duda, sino la certeza es lo que vuelve loco", escribe Nietzsche en un sorprendente pasaje de <i>Ecce homo </i>que se refiere a la figura de Hamlet (287). Tambi&eacute;n &eacute;ste es uno de los momentos l&uacute;cidos en el cual el autor horada un instante la propia certeza patol&oacute;gica de s&iacute; mismo. Mi atenci&oacute;n tampoco se dirige aqu&iacute; otra vez al estado psicol&oacute;gico del autor, sino a la din&aacute;mica del estilo con la que se anula el egocentrismo man&iacute;aco de su texto. Sin embargo, a diferencia de la mayor&iacute;a de las maneras de escribir que Nietzsche ha ensayado anteriormente, sucede esto aqu&iacute;, como he tratado de mostrarlo, en cierto modo contra la voluntad del autor. Pero sucede. Lo que esto significa quisiera tratar de formularlo en mi cuarta y &uacute;ltima tesis: hasta el delirante narcisismo excesivo de <i>Ecce homo </i>se&ntilde;ala una genuina posibilidad, muy desde&ntilde;ada por el resto de la filosof&iacute;a, de la escritura filos&oacute;fica, la posibilidad de una <i>ejemplaridad abierta </i>del decir&#150;yo que intencionalmente deja indeterminado el alcance de sus inclusiones y exclusiones. Esta escritura &#151;junto con el pensamiento que se articula en ella&#151; no es una fijaci&oacute;n en hablar incondicionalmente <i>para todos </i>ni en hablar incondicionalmente <i>para s&iacute; mismo. </i>Se deja que lectoras y lectores digan <i>si, c&oacute;mo </i>y <i>hasta d&oacute;nde </i>pueden y quieren reconocerse en la persona, la posici&oacute;n y la perspectiva de la figura&#150;del&#150;yo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adorno, Theodor W. (1973), <i>Minima Moralia, </i>Fr&aacute;ncfort del Meno, Alemania, Suhrkamp. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2006), <i>Minima Moralia: reflexiones desde la vida da&ntilde;ada, </i>Madrid, Espa&ntilde;a, Akal.&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agust&iacute;n, San (1987), <i>Bekenntnisse, </i>Fr&aacute;ncfort del Meno, Alemania, Fischer. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2005), <i>Obras completas, </i>tomo II: <i>Las confesiones, </i>edici&oacute;n cr&iacute;tica y anotada por &aacute;ngel Custodio Vega, texto biling&uuml;e, Madrid, Espa&ntilde;a, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542156&pid=S1665-1324201200010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;    <br> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heidegger, Martin (1979), <i>Sein und Zeit, </i>Tubinga, Alemania, Max Niemeyer Verlag. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2003), <i>El ser y el tiempo, </i>traducci&oacute;n, pr&oacute;logo y notas de Jorge Eduardo Rivera, Madrid, Espa&ntilde;a, Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542159&pid=S1665-1324201200010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche, Friedrich (1980), <i>Kritische Studienausgabe, </i>vol. 1: <i>Die Geburt der Trag&ouml;die, </i>editada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Munich/Berl&iacute;n, Alemania, Verlag de Gruyter. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2009), <i>El nacimiento de la tragedia, </i>introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Pascual, Madrid, Espa&ntilde;a, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542161&pid=S1665-1324201200010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche, Friedrich (1980), <i>Kritische Studienausgabe, </i>vol. 2: <i>Menschliches, Allzumenschliches. Ein Buch f&uuml;r freie Geister, </i>editada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Munich/Berl&iacute;n, Alemania, Verlag de Gruyter. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2009), <i>El nacimiento de la tragedia, </i>introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Pascual, Madrid, Espa&ntilde;a, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542163&pid=S1665-1324201200010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche, Friedrich (1980), <i>Kritische Studienausgabe, </i>vol. 6: <i>Ecce homo, </i>editada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Munich/Berl&iacute;n, Alemania, Verlag de Gruyter. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2008), <i>Ecce homo, </i>introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Pascual, Madrid, Espa&ntilde;a, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542165&pid=S1665-1324201200010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#150;Jacques (1985), <i>Bekenntnisse, </i>Fr&aacute;ncfort del Meno, Alemania, Insel Verlag. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2008), <i>Las confesiones, </i>traducci&oacute;n del franc&eacute;s, pr&oacute;logo y notas de Mauro Armi&ntilde;o, Madrid, Espa&ntilde;a, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542167&pid=S1665-1324201200010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seel, Martin (2001), "Philosophie nach der Postmoderne", en Martin Seel, <i>Vom Handwerk der Philosophie, </i>Munich, Alemania, Hanser.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542169&pid=S1665-1324201200010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tugendhat, Ernst (2003), <i>Egozentrizit&auml;t und Mystik, </i>Munich, Alemania, Beck. &#91;Edici&oacute;n en espa&ntilde;ol (2004), <i>Egocentricidad y m&iacute;stica, </i>traducci&oacute;n de Mauricio Su&aacute;rez Crothers, Barcelona, Espa&ntilde;a, Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9542171&pid=S1665-1324201200010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->&#93;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Traducci&oacute;n del alem&aacute;n de Jos&eacute; Andr&eacute;s Ancona Quiroz. Revisi&oacute;n de Gustavo Leyva. Aparecido originalmente como "&Uuml;ber sich selbst schreiben. Betrachtungen zu Nietzsches Sp&auml;stil", en <i>Westend, </i>a&ntilde;o 7, n&uacute;m. 1, 2011, pp. 26&#150;37. Agradecemos al autor la cesi&oacute;n de los derechos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Tugendhat, 2003: especialmente caps. 1 y 3 (traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol 2004); Heidegger, 1979, especialmente 322 y s.: "El ser&#150;s&iacute;&#150;mismo propio en cuanto <i>silente </i>precisamente no dice 'yo, yo', sino que en su silenciosidad 'es' el ente arrojado que &eacute;l puede ser en cuanto propio" (Heidegger, 2003: 340).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El pasaje entre corchetes est&aacute; tomado ampliamente de Seel, 2001: 155 y s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> A continuaci&oacute;n el n&uacute;mero de las p&aacute;ginas que se indican dentro de este ensayo se refieren a este texto. Todas las citas en espa&ntilde;ol est&aacute;n tomadas de la edici&oacute;n de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Pascual (2008) .</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Un indicio marginal de esto es &mdash;si he contado bien&mdash; la muchas veces usada palabra <i>quiz&aacute; </i>con la que Nietzsche interrumpe en algunos pasajes su man&iacute;a de realzarse a s&iacute; mismo (336, 343, 350, 365).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Por ejemplo: "Siempre estoy a la altura del azar" (269). "Hay que evitar en lo posible el azar, el est&iacute;mulo venido de fuera" (284). "Stendhal, el m&aacute;s bello azar de mi vida" (285). "Considero una suerte de primer rango el haber vivido en el momento oportuno" (290). "&#91;...&#93; el alma m&aacute;s necesaria, que por placer se precipita en el azar" (344).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Poco m&aacute;s adelante: "En todo esto puede expresarse una gran cordura, incluso la cordura suprema: <i>si el nosce te ipsum </i>&#91;con&oacute;cete a t&iacute; mismo&#93; fuera la receta para perecer, entonces el olvidarse, el malentenderse, el empeque&ntilde;ecerse, el encogerse, el volverse mediocre se transformar&iacute;an en la raz&oacute;n misma" (293).</font></p>     ]]></body>
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