<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1665-1324</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Signos filosóficos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Sig. Fil]]></abbrev-journal-title>
<issn>1665-1324</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma Metropolitana, División de Ciencias Sociales y Humanidades]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1665-13242011000200008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Informe de Rudolf Carnap sobre filósofos mexicanos presos]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carnap]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rudolf]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>13</volume>
<numero>26</numero>
<fpage>155</fpage>
<lpage>160</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1665-13242011000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1665-13242011000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1665-13242011000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducciones</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Informe de Rudolf Carnap sobre fil&oacute;sofos mexicanos presos<sup><a href="#notas">*</a></sup></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rudolf Carnap</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente es un reporte preparado por Rudolf Carnap, pocas semanas antes de su muerte, para un comit&eacute; de la American Philosophical Association sobre fil&oacute;sofos mexicanos encarcelados. Los editores de la revista est&aacute;n honrados por tener la oportunidad de publicarlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>A. ALGUNAS OBSERVACIONES PRELIMINARES</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando estuve en M&eacute;xico en agosto y septiembre de 1963, yo junto a Feigl, quien lleg&oacute; para el Congreso Internacional de Filosof&iacute;a, conocimos a los dos primeros de los siguientes tres fil&oacute;sofos, y pronto nos volvimos buenos amigos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Rafael Ruiz Harrel. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de M&eacute;xico, quien tambi&eacute;n ense&ntilde;a en el Departamento de Filosof&iacute;a. &Eacute;l est&aacute; especialmente interesado en los fundamentos filos&oacute;ficos de la ciencia y la jurisprudencia.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Nicol&aacute;s Molina Flores. Profesor en la preparatoria (entre la secundaria y la universidad). Planeaba una antolog&iacute;a de art&iacute;culos de los empiristas l&oacute;gicos. Manten&iacute;a correspondencia sobre este proyecto con Feigl y Hempel.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Eli de Gortari. Profesor de filosof&iacute;a en la Universidad de M&eacute;xico. A finales de 1969, yo y otros firmantes de la carta del New York Times recibimos una carta suya (yo no lo conoc&iacute;a personalmente). List&oacute; ocho libros por &eacute;l publicados, sobre los fundamentos de la ciencia y la l&oacute;gica dial&eacute;ctica. &Eacute;l escribi&oacute; esa carta desde la c&aacute;rcel (la C&aacute;rcel Preventiva de Lecumberri).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina y de Gortari ten&iacute;an alrededor de cincuenta a&ntilde;os de edad. Ambos fueron arrestados en noviembre de 1968 por polic&iacute;as que entraron a sus casas por la fuerza, sin justificaci&oacute;n formal para el arresto. Cuando estuve en la Ciudad de M&eacute;xico en enero de 1970, estuve en contacto cercano con Ruiz, quien me dio informaci&oacute;n acerca de los fil&oacute;sofos detenidos. Propuse darle una suma de dinero para los prisioneros, cuyo destino se podr&iacute;a determinar posteriormente; pero &eacute;l recomend&oacute; otra cosa. Dijo que los profesores detenidos todav&iacute;a recib&iacute;an sus salarios. Por lo que la ayuda financiera no era urgente en dicho momento. No obstante, cuando un veredicto largamente esperado toma lugar y por lo tanto un prisionero es declarado culpable y sentenciado, entonces su salario cesa autom&aacute;ticamente. En ese momento la ayuda financiera ser&iacute;a urgente. &Eacute;l me informar&iacute;a tan pronto esto ocurriera. Poco tiempo antes hab&iacute;a o&iacute;do que las autoridades ofrecieron liberar a uno de los profesores tan pronto tuviera una visa y un boleto para Inglaterra. Ahora supe que esta posibilidad ya no exist&iacute;a (si alguna vez existi&oacute;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A solicitud m&iacute;a, Ruiz me present&oacute; a la Sra. de Gortari (Se&ntilde;ora Artemisa de Gortari, Bah&iacute;a de Chachalacas 78&#45;2, Ver&oacute;nica Anzures, M&eacute;xico 17, D. F.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ella me dijo que su esposo y Molina estaban en la misma c&aacute;rcel y en la misma barraca, de modo que estaban en contacto diario. Yo hab&iacute;a escuchado antes que los criminales (no pol&iacute;ticos) detenidos en la misma c&aacute;rcel, quienes ten&iacute;an sentimientos hostiles contra los presos pol&iacute;ticos, hab&iacute;an en cierto momento invadido sus barracas, robado o destruido algunas de sus posesiones, y aun lastimado a algunos de los presos pol&iacute;ticos. El manuscrito de Molina de la antolog&iacute;a hab&iacute;a sido robado y tambi&eacute;n su m&aacute;quina de escribir. Pero exist&iacute;a alguna posibilidad de recuperarlos mediante el pago de dinero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo le hab&iacute;a dicho a Ruiz que, si era posible, me gustar&iacute;a ver a mi viejo amigo Molina. La Sra. de Gortari dijo que su esposo ser&iacute;a muy feliz si lo visitara y en dicha ocasi&oacute;n podr&iacute;a tambi&eacute;n ver a Molina, dado que los prisioneros que tienen habitaciones en las mismas barracas son libres de visitarse mutuamente y aun de caminar por el patio fuera de las barracas. Yo acept&eacute; con mucho gusto el ofrecimiento de la Sra. de Gortari a ir con ella a su pr&oacute;xima visita a la c&aacute;rcel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>B. MI VISITA A LA C&Aacute;RCEL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 22 de enero nos condujimos a la c&aacute;rcel de Lecumberri. Entramos al edificio de la administraci&oacute;n de la c&aacute;rcel, que es muy grande, con varias alas y patios interiores. Llegamos primero a la oficina del m&aacute;s alto funcionario administrativo, quien determina la admisi&oacute;n de los visitantes. La se&ntilde;ora de Gortari me present&oacute;; entonces &eacute;l me dijo que volviera a la sala de espera. Posteriormente ella volvi&oacute; con los papeles que conced&iacute;an el permiso para ver a de Gortari. No obstante, para mi decepci&oacute;n, la visita no estaba especificada para las barracas (donde yo podr&iacute;a tambi&eacute;n haber visto a Molina), sino para un edificio aleda&ntilde;o llamado "El pol&iacute;gono". All&iacute; comenzamos nuestro largo camino para cumplir las numerosas formalidades requeridas para cualquier visitante. Para este prop&oacute;sito, habr&iacute;amos de ir a trav&eacute;s de diversas alas y patios, largos corredores y diversas habitaciones. En una habitaci&oacute;n tuve que entregar mi pasaporte y mi tarjeta de turista mexicana. En otra habitaci&oacute;n tuve que entregar todo el dinero que llevaba conmigo. Luego, un polic&iacute;a me registr&oacute; muy cuidadosamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un patio interior nos encontramos por casualidad a la madre de Molina, quien tambi&eacute;n estaba atravesando por el mismo procedimiento. Le ped&iacute; que le trasmitiera a su hijo saludos cordiales y los mejores deseos m&iacute;os y de Ruiz, y mi profundo pesar por no poder verlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente caminamos un largo camino entre filas de barracas. Vimos al final una alta estructura de vidrio y metal. Cuando nos aproximamos, vimos que era octagonal; este era el pol&iacute;gono. Ingresamos a su interior, consistente en una &uacute;nica y gran habitaci&oacute;n. Un agente de polic&iacute;a estaba sentado detr&aacute;s de un gran escritorio, teniendo a su lado algunos funcionarios no uniformados. Adem&aacute;s, otro polic&iacute;a que notoriamente no ten&iacute;a nada que hacer, daba vueltas alrededor. Mataban el tiempo hablando entre s&iacute;. La Sra. de Gortari y yo &eacute;ramos los &uacute;nicos civiles. Le mostramos al oficial nuestros permisos y nos sentamos en sillas que estaban frente a una pared de vidrio. El oficial envi&oacute; a un hombre, quien tras un momento, volvi&oacute; con de Gortari.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Gortari es un hombre de estatura alta y complexi&oacute;n fuerte. Su esposa me present&oacute; y &eacute;l expres&oacute; felicidad al verme. Se sent&oacute; entre nosotros y hablamos. Refiriendo a su carta de agosto, 1969, elogi&eacute; sus amplios intereses, documentados por sus publicaciones, que van desde la metodolog&iacute;a de la f&iacute;sica a campos tan alejados como la teor&iacute;a axiom&aacute;tica de conjuntos, por ejemplo, un art&iacute;culo sobre la prueba de Cohen. Tambi&eacute;n hice algunos comentarios sobre su manuscrito "El tiempo en la f&iacute;sica at&oacute;mica", que su esposa me hab&iacute;a dado unos d&iacute;as antes. Mis comentarios concernieron fundamentalmente a sus observaciones cr&iacute;ticas sobre Heinsenberg. &Eacute;l parec&iacute;a muy feliz y estimulado con la rara visita de un fil&oacute;sofo con intereses comunes. Su conversaci&oacute;n fue animada y el rostro de su esposa reflejaba su felicidad por encima de su buen humor. Ella le dijo que s&oacute;lo ten&iacute;amos permiso para el pol&iacute;gono y que yo lamentaba no poder ver a Molina. Por ello, &eacute;l se acerc&oacute; al oficial de polic&iacute;a y habl&oacute; con &eacute;l (quiz&aacute;s le dijo que yo era un fil&oacute;sofo que ven&iacute;a de los Estados Unidos y que deseaba ver urgentemente a Molina). Para mi sorpresa, el oficial envi&oacute; a un polic&iacute;a y tras un momento regres&oacute; con Molina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salud&eacute; a mi amigo con <i>un cordial abrazo</i>.<sup><a href="#notas">**</a></sup> Nos sentamos y le pregunt&eacute; sobre su vida y trabajo, especialmente acerca del manuscrito de la antolog&iacute;a, sus planes futuros, etc&eacute;tera. Supe, para mi consternaci&oacute;n, que no hab&iacute;a esperanzas de recuperar el manuscrito; hab&iacute;a sido roto en pedazos y destruido. Pero &eacute;l no se permit&iacute;a desanimarse por esta mala suerte. Estaba trabajando con entusiasmo reescribiendo las traducciones de los art&iacute;culos. En muchos casos todav&iacute;a era capaz de recordar sus traducciones anteriores. Junto con un n&uacute;mero de otros prisioneros, hab&iacute;a iniciado en diciembre una huelga de hambre, en protesta por el encarcelamiento. Pero por la insistencia de sus amigos, incluyendo a Ruiz, la hab&iacute;a abandonado tras cuarenta d&iacute;as. Los amigos pensaron (correctamente, me pareci&oacute; a m&iacute;) que la continuaci&oacute;n de la huelga de hambre no ayudar&iacute;a, sino que meramente disminuir&iacute;a sus fuerzas para el trabajo. Yo le cont&eacute; que la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de mi libro sobre los fundamentos filos&oacute;ficos de la f&iacute;sica hab&iacute;a sido publicada en Buenos Aires; pero Ruiz, a quien le gustaba usar este libro para su curso de filosof&iacute;a de la ciencia, me hab&iacute;a dicho que su solicitud de varios ejemplares hab&iacute;a sido rechazada por el editor, quien quer&iacute;a distribuir la primera edici&oacute;n s&oacute;lo en Am&eacute;rica del Sur. Le dije a Molina que solicitar&iacute;a algunas copias al editor, y si las obten&iacute;a, le enviar&iacute;a una a Ruiz, as&iacute; como a Molina y a de Gortari. (En el inter&iacute;n, ya las he enviado.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina me dijo que estaba trabajando en la mejora de su ingl&eacute;s. Su principal motivaci&oacute;n para esto era su plan de emigrar a Inglaterra cuando saliera de la prisi&oacute;n. Le pregunt&eacute; por qu&eacute; no planeaba mejor ir a los Estados Unidos. Dijo que dudaba mucho que los prisioneros pol&iacute;ticos, quienes son descritos por sus propios gobiernos como rebeldes proclives a la violencia, fueran admitidos en los Estados Unidos. Le dije que esto era en efecto dudoso bajo el gobierno actual de los Estados Unidos, pero que esper&aacute;bamos que en 1972 fuera electo un presidente m&aacute;s liberal. Si fuera as&iacute;, entonces, pienso que habr&iacute;a una mejor oportunidad para que fuera admitido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Sra. de Gortari me dio dos tarjetas blancas y me pidi&oacute; que escribiera unas pocas palabras para cada uno de los fil&oacute;sofos. Al principio dud&eacute;, debido a que podr&iacute;a verse sospechoso por el polic&iacute;a; pero hab&iacute;a observado que ellos no hab&iacute;an prestado la m&aacute;s m&iacute;nima atenci&oacute;n a nuestra conversaci&oacute;n. As&iacute;, escrib&iacute; para cada uno de ellos algunas palabras de admiraci&oacute;n por la fortaleza, tenacidad y ecuanimidad estoica con la cual hab&iacute;an enfrentado su duro destino, dedicando su tiempo al trabajo fruct&iacute;fero y positivo; y tambi&eacute;n expres&eacute; la esperanza de que el d&iacute;a de la liberaci&oacute;n no se aplazara mucho. (Ruiz me hab&iacute;a dicho que la elecci&oacute;n presidencial ocurrir&iacute;a en Julio, y la inauguraci&oacute;n del nuevo presidente a comienzos de diciembre, y que usualmente en navidades se declaraba una amnist&iacute;a para algunos presos pol&iacute;ticos.) Ambos hombres leyeron las tarjetas y estaban visiblemente emocionados; dijeron que guardar&iacute;an y cuidar&iacute;an esas tarjetas para siempre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sorpresivamente las trompetas y los tambores dieron la se&ntilde;al para el final del periodo de visita. Me desped&iacute; muy cordialmente <i>con un abrazo</i><sup><a href="#notas">**</a></sup> de de Gortari y luego de Molina. Ellos expresaron su agradecimiento muy calurosamente; dijeron que hab&iacute;a sido su mejor d&iacute;a desde septiembre de 1968. Luego camin&eacute; con la Sra. de Gortari el largo camino entre las filas de barracas. Varias veces mir&eacute; hacia atr&aacute;s; vi a los dos hombres parados en la puerta y los salud&eacute;. Luego entramos de nuevo en la oficina de la administraci&oacute;n, me devolvieron mi dinero y pasaporte, y finalmente dejamos la prisi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">RUDOLF CARNAP, VERANO DE 1970.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>*</sup> Traducci&oacute;n de &Aacute;lvaro Pel&aacute;ez Cedr&eacute;s. Publicado originalmente en la secci&oacute;n "NOTAS y noticias" (1970), <i>The Journal of Philosophy,</i> vol. 67, n&uacute;m. 24, pp. 1026&#45;1029. Publicado con los permisos de <i>The Journal of Philosophy</i> y Open Courth.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>**</sup> Las palabras en cursivas aparecen en espa&ntilde;ol en el original. N. del T.</font></p>      ]]></body>
</article>
