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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La existencia del mundo exterior. Un estudio sobre la refutación kantiana del idealismo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Santiago Echeverri (2008), <i>La existencia del mundo </i><i>exterior. Un estudio sobre la refutaci&oacute;n kantiana del idealismo</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>&Aacute;lvaro J. Pel&aacute;ez Cedres<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Medell&iacute;n, Colombia, Editorial Universidad de Antioquia, 329 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Profesor&#150;investigador de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#150;Iztapalapa</i>, <a href="mailto:alvpelaez@hotmail.com" target="_blank">alvpelaez@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su forma m&aacute;s general, el escepticismo tradicional acerca de la existencia del mundo externo puede ser puesto de la siguiente forma: la experiencia subjetiva podr&iacute;a, l&oacute;gicamente, ser como es sin que fuera el caso que las cosas materiales o f&iacute;sicas existieran actualmente. Como es bien sabido, Immanuel Kant consider&oacute; esta posibilidad como <i>un esc&aacute;ndalo para la filosof&iacute;a y la raz&oacute;n universal humana</i>, y vio la necesidad de proveer, contra quien se atreviera a sostenerla, una prueba satisfactoria. As&iacute;, se supone que partes medulares de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>, la "Deducci&oacute;n transcendental" y la "Refutaci&oacute;n del idealismo", constituyen esa respuesta de Kant al desaf&iacute;o esc&eacute;ptico. Pero hay algo particularmente peculiar en la respuesta de Kant al esc&eacute;ptico sobre el mundo externo, a saber, pretende responder al escepticismo idealista desde un punto de vista que &eacute;l mismo consideraba como idealista. De este modo, la "Refutaci&oacute;n del idealismo", constituye una trabajosa respuesta idealista al idealismo y a la posibilidad de que la experiencia siga siendo como es sin que el mundo externo exista en absoluto. Desde este punto de vista, como pieza de filosof&iacute;a, la "Refutaci&oacute;n del idealismo" podr&iacute;a servirnos de dos formas: como bater&iacute;a argumental contra el esc&eacute;ptico y como fuente de an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n de una forma peculiar de idealismo que discute con el idealismo tradicional, a saber, el idealismo trascendental de Kant.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es el punto de partida del libro que comento aqu&iacute;. En este sentido, Santiago Echeverri est&aacute; convencido de que Kant no tuvo &eacute;xito al tratar de refutar la hip&oacute;tesis esc&eacute;ptica, aunque su esfuerzo por hacerlo puede ser considerado como pieza clave para entender su forma particular de idealismo, pues all&iacute; "examina la legitimidad y aplicaci&oacute;n de algunos de los conceptos centrales de su teor&iacute;a de la experiencia" (XXII).<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro consta de cuatro cap&iacute;tulos. El primero trata las cr&iacute;ticas del joven Kant al idealismo de Gottfried Leibniz entre los a&ntilde;os 1755 y 1772. Aqu&iacute;, Echeverri intenta mostrar que si bien en este periodo las cr&iacute;ticas al idealismo son m&aacute;s veladas y basadas en argumentos diferentes que en su filosof&iacute;a madura, Kant ya estaba intentando deslindarse de dicha tradici&oacute;n, lo que puede servir para trazar una l&iacute;nea de continuidad entre los dos periodos. El cap&iacute;tulo 2 analiza la relaci&oacute;n entre Kant y George Berkeley, las semejanzas y diferencias entre ambos fil&oacute;sofos; as&iacute; como las cr&iacute;ticas que Kant hizo de las tesis berkelyanas desde la primera edici&oacute;n de la <i>Cr&iacute;tica</i>. El cap&iacute;tulo 3, por su parte, presenta una discusi&oacute;n del argumento de Kant contra el idealismo desde el texto de la segunda edici&oacute;n, as&iacute; como la integraci&oacute;n de dicho argumento con desarrollos ulteriores del mismo. El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo reconstruye la postura de Kant sobre el problema de la ilusi&oacute;n de los sentidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que sigue, y por razones de espacio, s&oacute;lo mencionar&eacute; los aspectos que desde mi punto de vista son m&aacute;s relevantes de los cap&iacute;tulos 1 y 2, y me centrar&eacute; m&aacute;s en el 3.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mi opini&oacute;n, los puntos m&aacute;s interesantes del an&aacute;lisis de Echeverri del periodo precr&iacute;tico de la filosof&iacute;a de Kant, lo constituyen sus comentarios sobre la <i>Disertatio </i>y la "Carta a Marcus Herz". En relaci&oacute;n con la primera obra, Echeverri explota ciertos esbozos de argumentos que proceden de la distinci&oacute;n misma que Kant traza entre una facultad de sensibilidad, asociada al mundo de las apariencias, y una facultad de entendimiento, asociada a una realidad noumenal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo primero que Kant aprovecha de su distinci&oacute;n, que tiene que ver con la se&ntilde;alada caracterizaci&oacute;n de la sensibilidad como facultad que nos arroja conocimiento de apariencias, es que por <i>apariencia </i>no debe entenderse algo irreal o poco fiable. Kant insiste en que, si bien la sensibilidad no arroja un conocimiento que expresa <i>la interna y absoluta constituci&oacute;n de los objetos</i>, igualmente hay que considerar al mismo como algo <i>absolutamente </i>verdadero. Echeverri sostiene sobre esto que, m&aacute;s que un argumento cuidadoso, lo que Kant hace es extraer un corolario de su definici&oacute;n de la facultad de sensibilidad como facultad de receptividad. En toda receptividad es imprescindible un agente y un influjo sobre el paciente. Para que algo sea afectado es imprescindible que el agente exista por s&iacute; mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta l&iacute;nea de pensamiento, con su terminolog&iacute;a causal impl&iacute;cita, ser&aacute; repetida en la <i>Cr&iacute;tica</i>, con la consecuente y consabida ambig&uuml;edad a la hora de identificar el origen de la afecci&oacute;n, o bien en la realidad trascendente, lo que lleva a un absurdo manifiesto, o en la realidad fenom&eacute;nica. Pero Echeverri menciona otras dos cr&iacute;ticas posibles a la posici&oacute;n de Kant que son interesantes: la primera tiene que ver con la petici&oacute;n de principio que ocurre en el argumento, a saber, que la sensibilidad opera de manera receptiva, que es lo que hay que probar. A esto Echeverri menciona que una l&iacute;nea posible de respuesta, la cual considero promisoria, ser&iacute;a apelar a la idea de que la naturaleza pasiva de nuestra sensibilidad, seg&uacute;n Kant, implica que hay un aspecto de las representaciones que ella nos entrega que no depende de nosotros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda objeci&oacute;n tiene que ver con la asunci&oacute;n de Kant de que el agente que activa la sensibilidad es algo real. Como se&ntilde;ala Echeverri: "Kant supone que el agente de la afecci&oacute;n est&aacute; presente y, adem&aacute;s, que es diferente del sujeto" (p. 61). Es claro que, como apunta el autor, Kant est&aacute; de nuevo cometiendo una petici&oacute;n de principio, pues no se sigue de la asunci&oacute;n de la naturaleza pasiva de la sensibilidad el que el sujeto sea capaz de trascender sus propias afecciones y remontarse a un conocimiento de aquello que las causa. Pero Kant refuerza su primer argumento en favor de la fiabilidad de la sensibilidad con una segunda l&iacute;nea de pensamiento, a saber, que la sensibilidad es, de hecho, fuente de conocimientos muy confiables como la aritm&eacute;tica y la geometr&iacute;a. En este punto, creo que el an&aacute;lisis de Echeverri es confuso y se deja convencer demasiado r&aacute;pido por la opini&oacute;n com&uacute;n de que la fundamentaci&oacute;n filos&oacute;fica de la geometr&iacute;a llevada a cabo por Kant es un fracaso. Esto tiene sus peligros, pues como ha se&ntilde;alado, a mi modo de ver de manera excelente, Jaakko Hintikka (1998), bien podr&iacute;a entenderse el m&eacute;todo epistemol&oacute;gico general kantiano sobre la base de su concepci&oacute;n acerca de la producci&oacute;n del conocimiento geom&eacute;trico, la cual estaba tratando de hacer justicia al m&eacute;todo constructivo euclidiano. Pienso que si atendemos a las observaciones de Kant sobre la geometr&iacute;a, de la cual dice en la <i>Disertatio </i>que es <i>modelo de todo conocimiento</i>, podemos obtener un argumento contra el idealismo, a saber, que la totalidad del conocimiento es algo construible de acuerdo con ciertas reglas estrictamente formales. Y esto aparece ya de manera expl&iacute;cita en la "Carta a Marcus Herz", donde Kant muestra su frontal aversi&oacute;n a toda forma de intelecto intuitivo o intuici&oacute;n intelectual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como he mencionado antes, el cap&iacute;tulo 2 realiza una evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica de la discusi&oacute;n, hist&oacute;rica y sistem&aacute;tica, en torno a las semejanzas y diferencias entre los puntos de vista de Kant y Berkeley acerca de la cuesti&oacute;n de la existencia del mundo externo. Seg&uacute;n mi opini&oacute;n, con buenas razones, Echeverri difiere fundamentalmente de la tesis de la semejanza, seg&uacute;n la cual la idea del idealismo trascendental de que el mundo se reduce a nuestras representaciones acerca mucho m&aacute;s a Kant al obispo Berkeley de lo aqu&eacute;l hubiera querido. La raz&oacute;n fundamental para rechazar este acercamiento es, seg&uacute;n nuestro autor, la diferencia profunda existente en la concepci&oacute;n del sujeto de ambos fil&oacute;sofos. Como es claro, para Berkeley, y en general para el empirismo, el sujeto de conocimiento es el sujeto emp&iacute;rico, psicol&oacute;gico. El sujeto trascendental kantiano, por otro lado, queda definido no mediante atributos psicol&oacute;gicos, sino por estar en posesi&oacute;n de un instrumental esencialmente formal, una serie de principios de orden de lo dado en la experiencia. As&iacute;, cuando Berkeley postula su famoso <i>esse est percipi</i>, est&aacute; entendiendo <i>percepci&oacute;n </i>en el sentido de lo que es afecci&oacute;n actual de nuestras superficies sensoriales. Para Kant, en cambio, lo que es real no es el contenido actual de mis representaciones, sino aquello que queda determinado por las condiciones formales generales de la experiencia posible. Si esto es as&iacute;, resulta absurda la comparaci&oacute;n, a menudo hecha, entre los siguientes pasajes de Kant y Berkeley, respectivamente:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posibilidad de que haya habitantes en la luna debe ser admitida aunque nadie los haya percibido jam&aacute;s. Admitirlo s&oacute;lo significa que podr&iacute;amos encontrar tales habitantes en el posible avance de la experiencia. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mesa en que escribo &#151;digo&#151; existe; esto es, la veo y la siento. Y si estando yo fuera de mi estudio dijera que la mesa existe, lo que yo estar&iacute;a diciendo es que, si yo entrara de nuevo en mi estudio, podr&iacute;a percibirla, o que alg&uacute;n otro esp&iacute;ritu est&aacute; de hecho percibi&eacute;ndola. (Citados en p. 103)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La frase de Kant debe ser entendida como que en principio, dadas las condiciones generales de una experiencia posible, esto es, una experiencia determinada espacio&#150;temporalmente y por categor&iacute;as, podr&iacute;amos decir que la luna posee habitantes, pues estos objetos cumplir&iacute;an con esas condiciones <i>a priori</i>. Por otro lado, el obispo irland&eacute;s, puesto que no cree que existan semejantes condiciones generales formales, piensa que s&oacute;lo en la medida en que experimentamos el mundo, una y otra vez, podemos dar cuenta de su existencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasemos ahora al cap&iacute;tulo 3. La "Refutaci&oacute;n del idealismo" ha sido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os objeto de cuidadosa atenci&oacute;n por parte de un n&uacute;mero importante de fil&oacute;sofos e int&eacute;rpretes de Kant. Esta diversidad de an&aacute;lisis ha provocado una discusi&oacute;n interesante no s&oacute;lo sobre los aspectos cruciales de contenido del pasaje en cuesti&oacute;n, sino tambi&eacute;n de su papel dentro de la <i>Cr&iacute;tica </i>y de su estructura argumental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Echeverri comienza su an&aacute;lisis reconstruyendo la discusi&oacute;n sobre estos dos &uacute;ltimos aspectos y tomando partido en la misma. Desde el punto de vista del papel de la "Refutaci&oacute;n del idealismo" dentro de la <i>Cr&iacute;tica</i>, el autor rechaza ver a dicho pasaje tanto desde la perspectiva de la <i>patchwork theory</i>, seg&uacute;n la cual la Cr&iacute;tica ser&iacute;a una obra fragmentaria, carente de unidad, y la "Refutaci&oacute;n del idealismo" un texto a lo sumo apresurado, como la interpretaci&oacute;n que ve a dicho texto como un mero ap&eacute;ndice a la "Deducci&oacute;n trascendental". En cuanto a la naturaleza del argumento que Kant utiliza en el pasaje, Echeverri rechaza la visi&oacute;n, debida a Jonathan Bennett, seg&uacute;n la cual el argumento kantiano ser&iacute;a una clase de argumento deductivo, y se alinea detr&aacute;s de los que lo entienden como un argumento de tipo trascendental. A continuaci&oacute;n, realiza un cuidadoso an&aacute;lisis del argumento de Kant en el pasaje en cuesti&oacute;n. Veamos los aspectos m&aacute;s importantes de este an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer paso del argumento queda enunciado as&iacute;: "Soy consciente de mi existencia como determinada en el tiempo" (p. 155). Aparte del sentido mismo de la premisa, a lo que primero debe atenderse en ella es, de acuerdo con Echeverri, si est&aacute; formulada seg&uacute;n el requerimiento cartesiano o no, es decir, si se comienza desde el <i>yo pienso</i>. La respuesta es que claramente no cumple dicho requerimiento,<sup><a href="#notas">2</a></sup> aunque su planteamiento es susceptible de ser aceptado tanto por un cartesiano o por cualquier persona. En cuanto al sentido de la misma, Echeverri coincide con Richard Aquila y los int&eacute;rpretes que ven dicha premisa en el contexto del problema de la identidad personal, aunque cree que ser&iacute;a mejor no suponer, para que dicha premisa sea objeto de aceptaci&oacute;n por cualquiera, que lo que Kant estar&iacute;a suministrando ser&iacute;an criterios suficientes de la identidad personal. Antes bien, cree que es posible pensar la determinaci&oacute;n temporal de la existencia como simplemente la conciencia de que nuestros estados mentales est&aacute;n ordenados de acuerdo con las relaciones de simultaneidad y sucesi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo paso del argumento se formula as&iacute;: "Toda determinaci&oacute;n de tiempo presupone algo permanente en la percepci&oacute;n" (p. 168). Como bien apunta Echeverri, este segundo paso es de un nivel de generalidad mayor que el contenido de la premisa anterior, pues aqu&iacute; ya no se refiere a la existencia en el tiempo, sino a toda determinaci&oacute;n temporal. El prop&oacute;sito de Kant consiste en mostrarle al idealista que no habr&iacute;a ordenaci&oacute;n temporal alguna si no hubiera un flujo constante en la percepci&oacute;n. Dada la naturaleza puramente formal del tiempo, resultar&iacute;a un absurdo hablar de <i>determinaciones temporales </i>sin un contenido en la percepci&oacute;n. El que esto sea permanente, depende del car&aacute;cter mismo del tiempo como un continuo unidimensional en el que se dan s&oacute;lo relaciones de simultaneidad y sucesi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer paso del argumento, el m&aacute;s importante y controversial, lo enuncia Kant de la siguiente manera:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero ese elemento permanente no puede ser algo en m&iacute;, ya que mi propia existencia s&oacute;lo puede ser determinada en el tiempo mediante dicho elemento. La percepci&oacute;n de &eacute;ste s&oacute;lo es, pues, posible a trav&eacute;s de una cosa exterior a m&iacute;, no a trav&eacute;s de la simple representaci&oacute;n de una cosa exterior a m&iacute;. (p. 171)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como bien observa Echeverri, este es el paso decisivo, el paso que consiste en tratar de mostrar al idealista que lo permanente que determina mi existencia en el tiempo es el mundo externo. Pero, &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a estar entendiendo Kant por <i>mundo externo</i>? Aqu&iacute;, como en otros pasajes clave, las interpretaciones divergen fundamentalmente. Por un lado est&aacute;n aquellos que sostienen que Kant quer&iacute;a probar la existencia de las cosas en s&iacute; mismas; por otro, los que sostienen que por <i>mundo externo</i>, Kant se estar&iacute;a refiriendo a la realidad emp&iacute;rica o fenom&eacute;nica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en mi opini&oacute;n, en este punto crucial el an&aacute;lisis de Echeverri se vuelve un tanto ambiguo. Por un lado ataca con buenas razones la primera interpretaci&oacute;n, se&ntilde;alando las conocidas inconsistencias con las tesis b&aacute;sicas del idealismo trascendental a las que la misma conduce. Por otro, tambi&eacute;n rechaza, aunque en mi opini&oacute;n muy r&aacute;pido, la segunda interpretaci&oacute;n. Sin embargo, parece simpatizar al fin con la primera l&iacute;nea exeg&eacute;tica, cuando reconoce que "nuestro diagn&oacute;stico del problema es que Kant se ve tentado por las cosas en s&iacute; mismas, pues carece de un concepto de realidad adecuado para responderle al idealista esc&eacute;ptico" (p. 189). Es sobre la base de esta misma interpretaci&oacute;n, que luego concluye que el argumento mismo no es satisfactorio, pues Kant no podr&iacute;a explicar c&oacute;mo la existencia de las cosas en s&iacute; mismas es condici&oacute;n de la existencia de todos nuestros estados mentales, incluidos la fantas&iacute;a o el sue&ntilde;o.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un punto m&aacute;s para terminar. Al comienzo de esta rese&ntilde;a se&ntilde;al&eacute; cu&aacute;l me parec&iacute;a que era el prop&oacute;sito del autor y su estrategia a seguir. Desde su punto de vista, la "Refutaci&oacute;n del idealismo", independientemente de su &eacute;xito como argumento contra el esc&eacute;ptico, nos ense&ntilde;ar&iacute;a cosas importantes sobre la peculiaridad del idealismo de Immanuel Kant. Sin embargo, desde mi punto de vista, escindir la eficacia del argumento de su sentido doctrinal no me parece muy acertado, pues como se&ntilde;al&eacute; al principio, Kant est&aacute; intentando dar una respuesta idealista al idealismo. Si falla el argumento, falla tambi&eacute;n el diagn&oacute;stico de idealismo para la doctrina kantiana. Como mencion&eacute; hace un momento, Echeverri descarta muy apresuradamente, la &uacute;nica manera posible en la que el argumento de Kant funcionar&iacute;a al tiempo que su posici&oacute;n se mantiene dentro de los l&iacute;mites del idealismo, a saber, la idea de que aunque los objetos de la percepci&oacute;n inmediata sean objetos constituidos por nuestras habilidades cognitivas, no por ello dejan de ser reales. Si como he intentado mostrar en el p&aacute;rrafo anterior, Echeverri finalmente parece creer que lo que Kant estaba intentando probar era la existencia de las cosas en s&iacute; mismas, entonces todo lo que queda del idealismo trascendental es una serie de sinsentidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hintikka, Jaakko (1998), "Las reflexiones de Kant sobre el m&eacute;todo de las matem&aacute;ticas", en <i>El viaje filos&oacute;fico m&aacute;s largo. De Arist&oacute;teles a Virginia Woolf</i>, Barcelona, Espa&ntilde;a, Gedisa, pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9580328&pid=S1665-1324200900020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En este sentido, el t&iacute;tulo del libro se me hace un tanto equ&iacute;voco, pues es claro que el centro del inter&eacute;s del autor es el idealismo kantiano y no espec&iacute;ficamente la prueba kantiana de la existencia del mundo externo. No obstante, &eacute;ste es un punto menor que no demerita en absoluto el trabajo de Echeverri.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Echeverri aclara que la raz&oacute;n de Kant para evitar la referencia al <i>yo pienso </i>cartesiano tiene que ver, naturalmente, con el sentido diferente que le conced&iacute;a a dicha f&oacute;rmula. Para Kant el <i>yo pienso </i>indica un principio formal que no tiene nada que ver con la posibilidad del autoconocimiento, lo cual s&oacute;lo puede proceder con referencia a la sensibilidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">D. R. &copy; &Aacute;lvaro J. Pel&aacute;ez Cedrez, M&eacute;xico D.F., enero&#150;junio, 2009.</font></p>      ]]></body><back>
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<source><![CDATA[El viaje filosófico más largo. De Aristóteles a Virginia Woolf]]></source>
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