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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rodolfo Su&aacute;rez Molnar (2007), <i>Explicaci&oacute;n hist&oacute;rica </i><i>y tiempo social</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Illades Aguiar*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> Barcelona, Espa&ntilde;a, UAM/Anthropos, 206 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor de la Divisi&oacute;n de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Cuajimalpa,</i> <a href="mailto:cillades@correo.cua.uam.mx">cillades@correo.cua.uam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace unos a&ntilde;os Peter Gay, el principal exponente de la psicohistoria, se quej&oacute; del asedio sufrido por la Historia "despu&eacute;s de que los mercaderes posmodernos del subjetivismo invadieran el terreno y, en lugar de ensanchar el horizonte de los historiadores, arrojaran dudas totalmente irracionales sobre la b&uacute;squeda de la verdad del pasado" (2002: 17). De hecho, no s&oacute;lo han puesto en entredicho su estatuto cient&iacute;fico y la pretensi&oacute;n de verdad que la acompa&ntilde;a, sino su existencia como disciplina aut&oacute;noma. En primer lugar, las preguntas han girado del terreno historiogr&aacute;fico hacia el filos&oacute;fico, particularmente cuando la indagaci&oacute;n referente al <i>sentido </i>est&aacute; ahora en el foco del an&aacute;lisis. En segundo t&eacute;rmino, porque el deslinde entre Historia y literatura, que parec&iacute;a consumado en el siglo XIX, tiende a difuminarse, perdiendo relevancia los controles emp&iacute;ricos asociados con la disciplina desde su nacimiento. La disoluci&oacute;n de la frontera que separaba la literatura de la Historia tambi&eacute;n vino de la mano de la pulverizaci&oacute;n de &eacute;sta en m&uacute;ltiples historias, con min&uacute;scula, cada vez menos distantes del relato. Por &uacute;ltimo, la comprensi&oacute;n (con Dilthey) y la interpretaci&oacute;n (con Nietzsche, quien pensaba que no exist&iacute;an los hechos sino tan s&oacute;lo interpretaciones), ambas asumidas como prop&oacute;sitos del saber hist&oacute;rico, marginan cada vez m&aacute;s cualquier tentativa de explicaci&oacute;n del pasado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, <i>Explicaci&oacute;n hist&oacute;rica y tiempo social</i>, el libro de Rodolfo Su&aacute;rez Molnar, intenta remar contra la corriente, una buena raz&oacute;n, al menos para m&iacute;, para darle la bienvenida. De inicio, en obvia conexi&oacute;n con su trayectoria profesional, el autor plantea historizar la psicolog&iacute;a social o si se prefiere, analizar los elementos conceptuales de una "historia social fundamentada en la psicolog&iacute;a colectiva" (p. 9). No estoy seguro que una cosa equivalga a la otra, lo que s&iacute; creo es que una posibilidad de abordar el problema habr&iacute;a sido centrar el an&aacute;lisis en los historiadores que han estudiado la multitud (Lefebvre, Soboul, Rud&eacute;, Thompson o Tilly; Womack y Van Young dentro de la historiograf&iacute;a mexicana), lo que habr&iacute;a permitido abordar el problema crucial de la interacci&oacute;n entre las estructuras (econ&oacute;micas, sociales, demogr&aacute;ficas, etc&eacute;tera) y la acci&oacute;n colectiva, ya sea organizada o espont&aacute;nea, adem&aacute;s de explorar categor&iacute;as tales como experiencia, conciencia o <i>ideolog&iacute;a inherente</i>, si hemos de utilizar la terminolog&iacute;a de Rud&eacute;. Sin embargo, el autor opta por Collingwood, para entrar al t&oacute;pico del autoconocimiento de la mente y despu&eacute;s llevarlo hacia el campo de la psicolog&iacute;a, y por Braudel, de quien extrae la noci&oacute;n de tiempo social, utilizando su conocida caracterizaci&oacute;n de la temporalidad hist&oacute;rica: la larga duraci&oacute;n propia de las estructuras; la mediana duraci&oacute;n, referida sobre todo a los procesos sociales, y la historia epis&oacute;dica o historia de los acontecimientos, la que nos dice Su&aacute;rez Molnar ha sido el objeto privilegiado del an&aacute;lisis epist&eacute;mico (p. 11).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con una argumentaci&oacute;n refinada e inteligente, el autor entra de lleno a los grandes temas de la explicaci&oacute;n hist&oacute;rica que, m&aacute;s que nada, son las objeciones que recurrentemente se hacen a la Historia como saber positivo. Sobre estos aspectos centrar&eacute; mi comentario. Hayden White y sus seguidores han insistido en que toda Historia, con may&uacute;scula, supone una teleolog&iacute;a: como el historiador ya conoce lo que sucedi&oacute;, la operaci&oacute;n que realiza consiste b&aacute;sicamente en seleccionar los acontecimientos que permiten llegar a este final anunciado de antemano y articularlos a trav&eacute;s de una narraci&oacute;n. Incluso esto sucede en los metarrelatos en que la secuencia de los hechos aparece regida por la necesidad. Su&aacute;rez Molnar recurre a Braudel y su caracterizaci&oacute;n de la larga duraci&oacute;n para enfocar el problema desde otra posici&oacute;n te&oacute;rica: sin perspectiva no hay Historia, porque &eacute;sta justamente permite discernir lo relevante de lo que no es, la significaci&oacute;n hist&oacute;rica de la experiencia cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Pero qu&eacute; es lo realmente significativo? A Braudel le parec&iacute;a importante analizar los hechos que se repet&iacute;an, es decir, los que marcaban regularidades, coloc&aacute;ndose en el extremo opuesto de la historia epis&oacute;dica. En sentido estricto, y trivial agrega Su&aacute;rez Molnar, todos los hechos son &uacute;nicos e irrepetibles. Sin embargo, si se emplea un nivel mayor de abstracci&oacute;n es posible encontrar figuras unitarias que los agrupen en conceptos y categor&iacute;as m&aacute;s generales. Lo plantea de la siguiente manera:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; hablamos de un acontecimiento hist&oacute;rico cuando su lugar en el tiempo puede fijarse de manera independiente de la fecha de su ocurrencia, y cuando ciertas condiciones y caracter&iacute;sticas que lo hacen <i>espec&iacute;fico </i>se presentan como las <i>razones objetivas </i>que justifican su inserci&oacute;n en una figura unitaria. (p. 67)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aceptar que existen constantes hist&oacute;ricas, sin embargo, no lo conducen a adoptar el modelo nomol&oacute;gico&#150;deductivo desarrollado por Hempel, donde las leyes universales expresan las regularidades. La pregunta ser&iacute;a entonces si los hechos hist&oacute;ricos son <i>necesarios</i>, es decir, si habr&iacute;an de ocurrir de cualquier manera. Aqu&iacute; el autor es cauto, y recula un poco:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; la idea tampoco obliga a suponer que la regularidad que lo social implica al nivel de los acontecimientos sea tal que los contenidos espec&iacute;ficos queden absolutamente determinados por aqu&eacute;llas, ni mucho menos que en funci&oacute;n de la repetibilidad formal de los acontecimientos pueda obtenerse una explicaci&oacute;n estrictamente nomol&oacute;gica de su ocurrencia. (p. 73)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal cautela me record&oacute; un art&iacute;culo publicado por Carlos Pereyra a finales de la d&eacute;cada de 1970, titulado "El determinismo hist&oacute;rico". All&iacute;, el conocido fil&oacute;sofo marxista plante&oacute; que, al menos parcialmente, el curso de la historia depend&iacute;a de articulaciones causales que bien a bien no alcanzaban el car&aacute;cter de leyes (Pereyra, 1979: 87&#150;102).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consabida objeci&oacute;n a este planteamiento es que en los procesos hist&oacute;ricos intervienen no pocas veces actores dotados de cierto grado de autonom&iacute;a y voluntad. La contrarr&eacute;plica consiste en afirmar que ning&uacute;n actor, por poderoso que sea, tiene el control de aquel proceso, escapando frecuentemente el resultado a sus prop&oacute;sitos e intenciones. Su&aacute;rez Molnar no abunda mucho en este asunto, una antinomia que aparece recurrentemente dentro de la teor&iacute;a de la Historia, concentr&aacute;ndose en la noci&oacute;n de causa hist&oacute;rica. Esta parte del libro es s&oacute;lida e interesante; en ella reitera y discute algo que hace unos a&ntilde;os era obvio y que ahora es cada vez m&aacute;s nebuloso: "lo que he querido sugerir es que tanto la explicaci&oacute;n como el ordenamiento y configuraci&oacute;n de la materia hist&oacute;rica, est&aacute;n supeditadas al uso de cierto tipo de conceptos y de hip&oacute;tesis generales" (p. 76). Sin &eacute;stas, los historiadores no encontrar&iacute;an en los archivos m&aacute;s que papeles viejos. Curiosamente, despu&eacute;s los esgrimir&iacute;an como prueba de que lo que dicen es cierto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su&aacute;rez Molnar contrasta la explicaci&oacute;n nomol&oacute;gica con la hist&oacute;rica. La primera, indica, "pretende la incorporaci&oacute;n de hechos particulares en enunciados o conceptos de clase"; en tanto que la otra "tomar&iacute;a como punto de partida los conceptos generales para identificar despu&eacute;s las particularidades del acontecimiento" (p. 79). La distinci&oacute;n es relevante, aunque no la considero aplicable a toda la historiograf&iacute;a. En la tradici&oacute;n marxista sin duda vale, pues para ella los hechos son la instanciaci&oacute;n de fen&oacute;menos m&aacute;s profundos y pueden ser comparables porque a fin de cuentas proceden de una matriz com&uacute;n (los modos de producci&oacute;n en el marxismo cl&aacute;sico; el Estado absolutista de Perry Anderson, o los <i>ethos </i>culturales de Bol&iacute;var Echeverr&iacute;a, por ejemplo). Tanto en el m&eacute;todo comparativo de Marc Bloch como en la microhistoria de Carlo Ginzburg, el procedimiento parece ser el inverso: hay que identificar primero las diferencias para despu&eacute;s encontrar las similitudes, remiti&eacute;ndonos a los <i>parecidos de familia </i>de Wittgenstein.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como todo ejercicio filos&oacute;fico genuino, el trabajo de Su&aacute;rez Molnar logra su cometido fundamental: distinguir los problemas de los que no lo son (Wittgenstein <i>dixit</i>), plantear claramente los que merecen pensarse, para entonces esbozar las posibles respuestas o formular nuevas preguntas. A mi juicio ese es el mayor m&eacute;rito de <i>Explicaci&oacute;n hist&oacute;rica y tiempo social</i>. Su cuidado, claridad y rigor son cualidades que conf&iacute;o ser&aacute;n apreciadas por sus lectores, entre los que ojal&aacute; se cuenten algunos historiadores, provincianamente empe&ntilde;ados en defender su parcela de la irrupci&oacute;n de los extra&ntilde;os, y en particular los j&oacute;venes, hijos de la sociedad de consumo m&aacute;s que de la sociedad del conocimiento, golosos devoradores de historias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gay, Peter (2002), <i>Schnitlzer y su tiempo. Retrato cultural de la Viena del siglo XIX</i>, Barcelona, </font><font face="verdana" size="2">Espa&ntilde;a, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9580203&pid=S1665-1324200900010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pereyra, Carlos (1979), <i>Configuraciones: teor&iacute;a e historia</i>, M&eacute;xico, M&eacute;xico, Edicol.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9580205&pid=S1665-1324200900010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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