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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si "apres&uacute;rate despacio" fue la paradoja que anim&oacute; el proyecto general sobre <i>formas de la lentitud</i> y, en particular, el primer volumen, es ahora "repunte y redoblamiento de la lentitud" el sintagma que alienta la presente entrega. As&iacute;, hemos pasado, siempre desde la perspectiva de la significaci&oacute;n, de un modo a otro de plantear la cuesti&oacute;n que nos ocupa. Aquella cl&aacute;sica expresi&oacute;n nos permiti&oacute; recurrir primero a un rasgo de la rapidez, contrastado en s&iacute; mismo, para lograr despu&eacute;s internarnos plenamente en el dominio de la lentitud. Una vez echado a andar nuestro derrotero la problem&aacute;tica misma nos otorga un nuevo estado de la cuesti&oacute;n. Sin embargo, esto no quiere decir que nos estemos refiriendo a un progreso cualitativo que pudiera darse entre el primer y el segundo volumen, ni que tampoco del primer volumen a &eacute;ste se haya dado un avance jer&aacute;rquico. S&iacute;, estamos seguras, se ha dado una amplitud en la reflexi&oacute;n, porque en este momento contamos, m&aacute;s que antes, con una mayor cantidad de puntos de vista. Entonces, esta particularidad del <i>tempo</i> a la que hemos decidido apuntar nuestra mira, se ve, sin duda, enriquecida, lo cual se debe a los aspectos m&aacute;s diversos que la lentitud ha mostrado, surgidos todos estos a lo largo de nuestros dos vol&uacute;menes y fruto de las observaciones a las que ha sido sometida. Considerando la suma de los dos compendios podemos advertir que la carga sem&aacute;ntica de la lentitud, en tanto objeto significante y, desde luego, como objeto de estudio, se ha hecho m&aacute;s densa, ha crecido; la extensidad ha dado lugar a un despliegue del intelecto que enriqueci&oacute; la problem&aacute;tica inicial. Estamos, pues, frente al caso en que la cantidad deviene calidad, condici&oacute;n de sustancia sem&aacute;ntica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo dicho hasta aqu&iacute; se entiende mejor con la siguiente explicaci&oacute;n: la totalidad de las contribuciones respondieron a la misma convocatoria y fueron llegando dentro del plazo previsto, s&oacute;lo que sobrepasaron lo que normalmente integra un n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos</i>. De all&iacute; nuestra decisi&oacute;n de organizar la totalidad de los trabajos recibidos en dos partes; en lugar de una sola y voluminosa publicaci&oacute;n, preferimos una reuni&oacute;n diversificada de dichas investigaciones para darles mejor acogida. Luego, en el interior de cada una de las partes, tales colaboraciones &#151;de acuerdo a una combinatoria de subtemas y estilos de pensamiento&#151; fueron encontrando sus propios lugares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, cuando decimos "repunte y redoblamiento de la lentitud", evidentemente, estamos expres&aacute;ndonos en t&eacute;rminos de semi&oacute;tica tensiva, lo cual no podr&iacute;a ser m&aacute;s consecuente con nuestros prop&oacute;sitos pues esta teor&iacute;a, dentro de la semi&oacute;tica general, es la que ha reflexionado de manera particular sobre la materia del <i>tempo</i> y ha ido encontrando &#151;mediante an&aacute;lisis y estudios de textos&#151; sus formas y sus modelos de representaci&oacute;n. Y he aqu&iacute; una prueba del car&aacute;cter reversible y siempre relativo de los fen&oacute;menos semi&oacute;ticos porque, seg&uacute;n sabemos, el <i>repunte</i> y el <i>redoblamiento</i> ser&iacute;an los formantes de la <i>ascendencia</i>, si la consideramos una forma, o sus funtivos, si la consideramos una funci&oacute;n, o bien, sus analizantes, si, desde otro punto de vista, la visualizamos como un objeto descomponible. El caso es que la lentitud, con relaci&oacute;n a la celeridad, es una variante del <i>tempo</i> cuya direcci&oacute;n en la estructura ser&iacute;a <i>decadente</i>, tendiendo al sentido contrario que el de la rapidez el cual ser&iacute;a <i>ascendente</i> hasta sobrepasar la cima y llegar al exceso. &iquest;C&oacute;mo es entonces que aplicamos a la lentitud dos t&eacute;rminos que corresponden m&aacute;s bien a su movimiento contrario?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, lo esperable para describir la lentitud ser&iacute;an la <i>atenuaci&oacute;n</i> y la <i>aminoraci&oacute;n</i> (lo que tambi&eacute;n podr&iacute;a decirse, disminuci&oacute;n y merma) cuyas correlaciones nos permitir&iacute;an aprehender la velocidad en descenso de un acontecimiento que ha perdido su intensidad. Tal seguimiento se har&iacute;a hasta que se lograra agotar el an&aacute;lisis del proceso completo y poder dar cuenta de &eacute;l cuando finalmente llega a la detenci&oacute;n. Y en efecto, la mayor&iacute;a de los discursos se refieren al <i>tempo</i> lento como una velocidad que va de la <i>atenuaci&oacute;n</i> a la <i>aminoraci&oacute;n</i> y, adem&aacute;s, gravada por la aton&iacute;a y alentada por la contracorriente de una disforia alta y una euforia baja. Pero no necesariamente ese criterio tiene que ser una norma puesto que quiz&aacute;s s&oacute;lo se trate de un punto de vista, de una valoraci&oacute;n del sentido com&uacute;n, lo cual, por supuesto, no dejar&iacute;a de tener importancia en la semi&oacute;sfera donde se desenvuelve. La teor&iacute;a nos otorga el beneficio de variar las focalizaciones, colocar la mira en una posici&oacute;n diferente y apuntar el objetivo hacia otro lado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dada vuelta as&iacute; la perspectiva, vemos que la lentitud, en su propia ley juzgada, alcanzar&iacute;a tambi&eacute;n su exceso de velocidad y vistas as&iacute; las cosas no s&oacute;lo la rapidez conducir&iacute;a a la p&eacute;rdida del sentido, a la quiebra de la estructura y, en suma, a la desubjetivizaci&oacute;n. Estado quiz&aacute;s buscado por el propio sujeto o impuesto por una fuerza interna meta&#45;modalizante que le otorga el car&aacute;cter del sobrevenir pero que, de todas maneras, es el arribo a un grado superlativo de lentitud que comienza a repuntar cuando la celeridad ha disminuido. En el <i>redoblamiento</i>, que indica la merma completa de la rapidez, la lentitud estar&iacute;a muy lejos de mostrarse con la templanza que se le ha adjudicado porque estar&iacute;a a un paso de convertirse en una pasi&oacute;n de gran capacidad afectante, aunque &aacute;tona, donde el sujeto perder&iacute;a su cualidad. &iquest;Y no ser&iacute;a que a esa altura de la intensidad un poco de <i>allegro</i> reequilibrar&iacute;a las tensiones?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, el universo de la lentitud, quiz&aacute;s mensurable, quiz&aacute;s cuantificable, cuando no un valor absoluto, nos ha ido mostrando sus contrastes y contrariedades internas &#151;e incluso sus contradicciones&#151; sin que la celeridad estuviera en lo inmediato ofreci&eacute;ndole su polo opuesto, sea &eacute;ste valorado positiva o negativamente. Esto ha ocurrido en el conjunto de estas investigaciones porque ellas nos han mostrado que la lentitud es una dependencia sujeta a un sinn&uacute;mero de correlaciones donde intervienen la tonicidad, la temporalidad, la espacialidad y aun los patrones r&iacute;tmicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, la lentitud, observada en estos estudios ha exhibido sus procedimientos l&oacute;gicos y nos ha permitido ser conscientes de las infinitas redes que ella tiende hacia la memoria, como edificio de lo inteligible y como lo contrario al vac&iacute;o del olvido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente volumen abre con "El sosiego ritual" de Mar&iacute;a Luisa Sol&iacute;s Zepeda y Jacques Fontanille. La pr&aacute;ctica significante del ritual comporta una temporalidad intr&iacute;nseca, que emerge de la oposici&oacute;n, tensi&oacute;n y complementariedad de dos reg&iacute;menes temporales: el de la existencia (tiempo cronol&oacute;gico) y el de la experiencia (tiempo vivido). En tanto proceso, la acci&oacute;n ritual implica el despliegue de un complejo temporal, del cual dan cuenta los autores tomando como objeto de estudio el ritual penitencial de los disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra. Su an&aacute;lisis contin&uacute;a una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que emprendiera Ingrid Geist sobre la liminaridad en las pr&aacute;cticas rituales de los huicholes, desde el terreno de la antropolog&iacute;a bajo una perspectiva semi&oacute;tica. Centrados en <i>la separaci&oacute;n</i> &#45;la primera de las tres etapas en que se desarrolla el ritual&#45;, se encuentra que cada una de las distintas acciones son ejecutadas a una cierta velocidad, y que en conjunto crean un ritmo general, un fluir temporal hecho de intervalos y acentos, de diferenciales de <i>tempo</i>. Dichos reg&iacute;menes temporales quedan representados en la procesi&oacute;n: el avance del grupo participante es rectil&iacute;neo, constante y uniforme, va de sureste a noroeste y figurativiza el flujo del tiempo social; mientras que el tiempo vivido se observa en los disciplinantes, en su cuerpo. La marcha de &eacute;stos es m&aacute;s lenta con respecto al grupo que los acompa&ntilde;a, no s&oacute;lo porque sus pasos son m&aacute;s cortos sino porque caminan de espaldas llegados a un determinado punto; en la misma medida, los golpes que se infligen son r&aacute;pidos e intensos, pero celosamente regulados por el acompa&ntilde;ante, de tal suerte que &eacute;ste sabr&aacute; el momento preciso de aplicar los piquetes en la espalda del disciplinante para hacer brotar la sangre, lo que impedir&aacute; que llegue al desfallecimiento. As&iacute;, lentitud de la marcha, celeridad de los golpes, la detenci&oacute;n del paso y la rapidez con que brota la sangre constituyen al cuerpo como tiempo. No obstante, para el surgimiento de este tercer tiempo, propio del ritual, la lentitud parece cobrar un cierto protagonismo, toda vez que favorece, durante la marcha, la facultad anal&iacute;tica del disciplinante orientada al examen de sus condici&oacute;n pecaminosa con miras hacia el arrepentimiento y en consecuencia a su salvaci&oacute;n y el correspondiente sosiego al dilatarse el alma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guillermina Casasco, en "Paciente espera", tambi&eacute;n centra su atenci&oacute;n en la temporalidad de la experiencia ritual; concretamente aborda la experiencia m&iacute;stica, que deviene con la contemplaci&oacute;n de dos paisajes particulares: el desierto y la monta&ntilde;a. Desde el psicoan&aacute;lisis y la poes&iacute;a, la autora reflexiona en torno a una forma de la lentitud: la espera. La entrega total del asceta a la visi&oacute;n del desierto supone la suspensi&oacute;n del tiempo cotidiano para dar lugar al tiempo de la meditaci&oacute;n que posibilita el acontecer de la verdad, su revelaci&oacute;n, que por fuerza impone el silencio, esa otra llanura en la que podemos ver figurativizada la duraci&oacute;n. As&iacute; sucede tambi&eacute;n para el comulgante, pensemos en San Juan de la Cruz, cuyo lento ascenso a la monta&ntilde;a implica el sacrificio del cuerpo de las palabras para que conduzcan al silencio, pues s&oacute;lo de ese modo se puede escuchar la voz de Dios, quien s&oacute;lo se revela en el &eacute;xtasis de la contemplaci&oacute;n. La culminaci&oacute;n de &eacute;ste indica el final del camino. Dicho &eacute;xtasis, dado por la comuni&oacute;n del sujeto con Dios o el Uno, significa una suspensi&oacute;n, un recorte, del tiempo hist&oacute;rico y obliga tambi&eacute;n al silencio, que se convierte en el sosiego, en la paz interior. No obstante, eso no puede darse sino por el impulso del deseo. &Eacute;ste, afirma la autora, es el operador incesante de un movimiento meton&iacute;mico que al desplazar el objeto impone un retardo, una postergaci&oacute;n de su encuentro que se traduce en sentimiento de lentitud: la espera, la cual es "la manifestaci&oacute;n temporal del erotismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista de la semi&oacute;tica tensiva, Luisa Ruiz Moreno y Jos&eacute; Omar Aca Cholula, en "Variaciones de la lentitud", analizan cuatro textos &#45;un fragmento de la novela <i>Los lentos tranv&iacute;as</i> de No&eacute; Jitrik, la letra de dos canciones, <i>Manuelita la tortuga</i> de Mar&iacute;a Elena Walsh y <i>La trama y el desenlace</i> de Jorge Drexler, y el cuento <i>Los Vetriccioli</i> de Fabio M&oacute;rabito&#45;. Si bien cada uno de los ejemplos muestra una problem&aacute;tica y una articulaci&oacute;n particular de la lentitud, la preocupaci&oacute;n de los auto&#45;res ser&aacute;, en todo momento, aprehender la lentitud en la estructura del sujeto. En el caso de Jitrik, se hace evidente el v&iacute;nculo entre lentitud y memoria, de tal manera que el acto de rememorar parece dar lugar a lo que Zilberberg ha denominado <i>cronopoiesis</i>, la creaci&oacute;n de un tiempo otro en que la lentitud cobra un papel decisivo en la actividad inteligible del sujeto, pero no menos sensible, puesto que de ella resulta una suerte de placer, de goce intelectual. Sin embargo, la lentitud puede vivirse tambi&eacute;n como una insuficiencia, cuando entra en juego la eficacia o ineficacia del cuerpo para reaccionar frente a un evento del exterior; esta relaci&oacute;n entre lentitud y corporalidad es una veta explorada aqu&iacute; tambi&eacute;n. En la canci&oacute;n de Mar&iacute;a Elena Walsh vemos c&oacute;mo la lentitud puede llegar a equipararse con un valor aparentemente contrario, la audacia, mostrando as&iacute; que la lentitud puede llegar a ser una competencia del sujeto. La cuesti&oacute;n planteada, a prop&oacute;sito del texto de Drexler, es de tipo aspectual: retardar o acelerar el proceso, preferir la trama o el desenlace. El cuento de Mor&aacute;bito da pie para dilucidar, a partir de un conflicto generacional de ritmos y <i>tempos</i>, sobre las modulaciones del espacio tensivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Miguel &Aacute;ngel Murillo Gudi&ntilde;o, con inquietud filos&oacute;fica e inter&eacute;s sociol&oacute;gico indaga sobre el sentido o los sentidos que adquiere la lentitud en un mundo regido por el paradigma de la rapidez, as&iacute; como sobre sus posibles causas. Si bien en un principio el hombre organiz&oacute; su vida seg&uacute;n el modelo r&iacute;tmico del cosmos, paulatinamente fue alej&aacute;ndose de &eacute;ste para fabricar nuevos ritmos, generando as&iacute; una vertiginosa tensi&oacute;n y un continuo deseo por desafiar los l&iacute;mites del cuerpo humano. La posibilidad de acelerar o retardar procesos f&iacute;sicos y sociales muestra la capacidad de transformaci&oacute;n y control que el hombre tiene, lo que ha conducido a plantear, en una econom&iacute;a del tiempo, la prontitud como un "sistema valorativo" cuyo sost&eacute;n es en &uacute;ltima instancia la rentabilidad econ&oacute;mica. En este marco, la lentitud representar&iacute;a un "desperdicio y falta de competitividad". No obstante, en la actualidad se han suscitado reacciones en defensa de la lentitud, como el movimiento <i>Slow</i>, cuyas tendencias &#45;que pueden ir de la franca dromofobia a la b&uacute;squeda de un sabio equilibrio de los <i>tempos</i>&#45; son descritas y analizadas por el autor, haci&eacute;ndonos ver algunos de los matices de la lentitud, tales como lo que el autor llama: lo despacio, el sosiego, el acompasamiento y la tardanza, capaces de ofrecer un principio de armon&iacute;a que conduzca, piensa el autor, a una forma de ser y devenir humanos distinta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo al tema de las pr&aacute;cticas rituales, esta vez, propias de sociedades modernas, Jean&#45;Jacques Boutaud y Erik Bertin dan cuenta de la constituci&oacute;n de la degustaci&oacute;n del caf&eacute; como una forma de vida a trav&eacute;s del an&aacute;lisis del discurso publicitario, desde una perspectiva semio&#45;pragm&aacute;tica. Como hab&iacute;amos visto con Fontanille y Sol&iacute;s Zepeda, el ritual implica una temporalidad propia; en el caso estudiado por Boutaud y Bertin, si bien se trata de una pr&aacute;ctica, ciertamente, ritualizada, no estamos frente a lo ritual en sentido estricto ni frente a lo liminar, sino a lo que Turner denominar&iacute;a lo <i>liminoide</i>. Sin embargo, tambi&eacute;n se plantea aqu&iacute; el problema central de la temporalidad, espec&iacute;ficamente, del <i>tempo</i> en la emergencia de los valores, del sentido, pues son justamente el aminoramiento y la suspensi&oacute;n del tiempo los que rigen las estrategias figurativas de representaci&oacute;n de la experiencia semi&oacute;tica del caf&eacute;. Aunque, si bien la degustaci&oacute;n del caf&eacute;, dadas las cualidades sensibles del objeto, apela a una desaceleraci&oacute;n del tiempo, incluso una suspensi&oacute;n, no implica que no exista una tensi&oacute;n entre aceleraci&oacute;n y lentitud, entre lo t&oacute;nico y lo &aacute;tono, es decir, entre lo intenso y lo extenso, tal como puede advertirse desde el t&iacute;tulo mismo "Espresso ma non troppo". Los autores pormenorizan estas modulaciones del espacio tensivo y el despliegue figurativo de la lentitud como valor expresivo del gusto, que parte de lo est&eacute;sico hacia lo &eacute;tico pasando por lo est&eacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero cierra con un ensayo de Raymundo Mier al que le hemos dado un lugar especial en la medida en que constituye una suerte de <i>summa</i>. En ella la lentitud ha sido tratada en toda su complejidad y contradicci&oacute;n, reuniendo las diferentes aristas surgidas desde los trabajos del Seminario de Estudios de la Significaci&oacute;n hasta los dos vol&uacute;menes dedicados a explorar la significaci&oacute;n de la lentitud. De tal manera que la contribuci&oacute;n del autor viene a ser una condensaci&oacute;n y al mismo tiempo una expansi&oacute;n del conocimiento de nuestra materia de estudio, de ah&iacute; su exposici&oacute;n fragmentaria, cuyas partes no est&aacute;n encadenadas secuencialmente, son estampas de la lentitud que en su interior alcanzan un desarrollo completo y acabado. Su reflexi&oacute;n brota a partir de la mirada que se proyecta sobre distintas expresiones est&eacute;ticas &#45;musicales, narrativas y po&eacute;ticas&#45; y pone al descubierto una vez m&aacute;s el car&aacute;cter puramente relacional de la lentitud, as&iacute; como su constituci&oacute;n paradojal cuando toca los l&iacute;mites de su propia estructura. En sus extremos la lentitud aparece as&iacute; como una apertura hacia el abismo interior del sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A modo de balance quisi&eacute;ramos decir que estos dos vol&uacute;menes han significado un verdadero aporte a la investigaci&oacute;n de la lentitud en semi&oacute;tica. Y como toda contribuci&oacute;n que se precia de serlo, revela tambi&eacute;n sus proyecciones futuras. Esto es, lo que falta por hacer, por profundizar, por descubrir. En este sentido, como coordinadoras de este proyecto de investigaci&oacute;n, nos sentimos agradecidas con todos los autores que hicieron eco de nuestra convocatoria y se dieron generosamente un tiempo para crearle un tiempo propio a la reflexi&oacute;n sobre la lentitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Blanca Alberta Rodr&iacute;guez    <br> 	Luisa Ruiz Moreno</i></font></p>     ]]></body>
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